Solamente con mirar

Julio 23rd, 2008

En el mundo conviven cosas agradables, seductoras, con el dolor, la angustia, la desesperación; y casi podría decirse que unas no podrían vivir sin las otras: todo eso lo sé porque percibo, claro, y a veces porque trato de mirar (Guamán Poma, escritor por el dolor de su pueblo).

Para lo que no encuentro muchas explicaciones es para el aburrimiento -y el aburrimiento existe y está seguramente en quien tiene los ojos, los oídos, el olfato y el tacto dormidos, ya que los paisajes pueden aparecer y los objetos ser observados con cualquiera o con cada uno de nuestros sentidos (Nuestras percepciones).

Es más, aun no teniendo casi ninguno de ellos, hay seres extraordinarios que vivieron presentes en su tiempo y disfrutando de él -de la música y hasta de la pintura, como Hellen Keller (Herbert Marcuse. El lenguaje funcional).

Leí un libro de Diderot llamado Carta sobre los ciegos para uso de los que ven en el que el escritor explica -según el relato que ella misma le hace- cómo ve una muchacha ciega los contrastes y matices del color; y cómo un geómetra sin ojos (Sobre el Discurso del Método, la Dióptrica, el Meteoros y la Geometría) enseña su materia, en la cual parecería que nada puede librarse de la forma, y que la forma es percibida sólo con la vista.

Cuando era chica mi madre me fascinaba con un versito que terminaba así: “Cuando la vista se acorta/ es cuando se empieza a ver”.

Dije que no entendía el aburrimiento, y me fui por las ramas

Sí, me fui por las ramas.

Porque lo que quería decir es que quien mira, ve, observa, no puede jamás aburrirse en el mundo -aunque tal vez esto sólo me parezca a mí.

Para la filosofía oriental (La filosofía oriental en la concepción de hombre), el célebre “Despertar” no es un momento en que el mundo se convierte en milagroso y caen flores del cielo y uno las ve; el verdadero despertar es empezar a comprobar que el mundo es efectivamente un milagro -para cualquier camino de búsqueda, incluido el de los que no creen en nada.

Para abrir los regalos que la vida nos dio cuando nacimos, considero que basta observar y, observando, olvidar la manía de clasificar como quien deshoja margaritas: me gusta, no me gusta, e inaugurar el hábito de develar: ¿qué tienen para decirme esta fruta, este cielo, esta invención científica (Nivel de Invención), este error de la gente? ¿Por qué me deslumbra el anochecer en el río, con la luna reflejándose? ¿Porque es bello? ¿Y qué es lo bello, lo bueno, lo malo, lo feo, lo liviano, lo grotesco de los objetos? (Adorno, Theodor Wiesengrund).

Llevamos incorporada una máquina de percibir que es como un caleidoscopio no sólo de colores y formas sino de perfumes, de sensaciones táctiles y gustativas.

A los niños se los lleva a los museos y en el mejor de los casos se les explica un poco antes de salir del aula ciertas “técnicas” de observación; pero a observar no se aprende en rápidos resúmenes o manuales.

Sin embargo, tal vez haya una “técnica” que ayude: la de hacerse y contestarse preguntas (ante un cuadro o cualquier mínimo objeto o variación de temperatura), ya que, como escribe nuestro ya mencionado muchas veces Gaston Bachelard, “todo conocimiento es una respuesta a una pregunta”, y agrego humildemente que, si indagamos lo suficiente para dar nosotros mismos con la respuesta, la percepción es doble (es mariposa de cuatro pares de alas la percepción, lo sabían los antiguos).

Envío

Me gusta Pascal cuando se admira de “La diversidad que es tan amplia con todos los tonos de voz, todas las maneras de andar, de toser, de sonarse, de estornudar… Una ciudad, un campo, de lejos es una ciudad, un campo, pero a medida que me acerco son casas, árboles, tejas, hojas, hierbas, hormigas, patas de hormiga hasta el infinito; todo eso estaba dentro del campo”.

Y miro la pantalla de la computadora como Pascal miraba esa “ciudad-campo” (ciudad y campo estaban muy unidos en su época): hay rostros, manos, escrituras, pensares y cantares dignos de la mayor atención, y mis amigos del blog, que son los que mayor interés me despiertan (”la carne es flaca”).

Para ellos hoy busqué a mi poeta preferido entre todos, de origen lituano, que escribía en francés generalmente; los que transcribo son fragmentos de la traducción de Lysandro Z. D. Galtier de “La extranjera”, de Oscar de Lubicz Milosz:

Yo nada sé de tu pasado, has debido soñarlo;
sí, has debido soñarlo, de seguro.
Sólo vislumbro tu rostro en la irisación grisácea de la lluvia.
Noviembre sepulta el paisaje, y mi vida.
Nada sé y nada quiero saber de tu pasado.

Tus ojos me hablan de brumosas ciudades últimas
que no he de ver jamás
y cuyos nombres jamás oiré en tu voz.
Noviembre cae sobre mi alma, y también sobre la llanura.
Yo te veo, oh desconocida, a través de un tiempo Otro.

Son cosas desde hace mucho muertas,
irremediablemente muertas;
músicas sofocadas, ajadas lujurias.
Podría asegurar que noviembre aguarda tras la puerta.
Veo además vivir en tu pecho aquello que tu corazón olvida.

Yo reconozco en ti a seres misteriosos,
a viajeros con rumbo secreto
encontrados otrora en la bruma de las estaciones
donde todos los ruidos adquieren inflexiones de adioses.
(…)

Es algo triste a pesar de su belleza; en la obra de Milosz (les aclaro que no es el poeta que obtuvo el Premio Nobel aunque llevan el mismo apellido -es el tío del Nobel) hay una evolución muy sabia; llegan a ser místicos versos a la alegría, algo oscuros pero a la vez inolvidables; prometo hablar de él y de su historia alguna vez.

Abrazos: hoy son de mariposa cuadruplicada.

Mora Torres

Ganamos nuestro acento

Julio 21st, 2008

Hoy nos complace anunciar que ganamos el acento, o tilde, que nos faltaba. Esto quiere decir que ahora accediendo a www.monografías.com (con tilde) también se puede acceder a nuestro sitio.

Creo que es una muy buena noticia que el Centro de Arbitraje y Mediación de la OMPI, Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, haya fallado a nuestro favor en este caso, proporcionando un precedente para ayudar a otras marcas reconocidas de Internet en nuestro idioma.

A continuación pueden leer la nota de prensa…

Internet: Monografias.com gana su acento

La OMPI falló a favor de Monografias.com en la demanda por su nombre de dominio con tilde.

Un panel del Centro de Arbitraje y Mediación de la OMPI, Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, admitió la reclamación de Monografias.com y ordenó el traspaso del nombre de dominio www.monografías.com (con tilde).

La configuración de Internet identifica los caracteres de un código llamado ASCII (American Standard Código para el Intercambio de Información), basado en el alfabeto latino, pero no permite el uso de tildes o acentos. Sin embargo, algunos registradores de nombre de dominio han encontrado la manera de registrarlos con tilde aplicando caracteres de otros códigos que pueden ser traducidos a través de un sistema de codificación llamado Punycode, compatible con ASCII. En este ejemplo, si un usuario escribe www.monografías.com (con acento) en un navegador de Internet, llega al dominio llamado www.xn-monografas-r8a.com. Esto también sucede con otros nombres de dominio de marcas notoriamente conocidas como los periódicos Clarín y La Nación de Argentina y El País de España, entre otros.

El sitio web Monografias.com (http://www.monografias.com), establecido hace diez años, inició una demanda por arbitraje contra el individuo que había registrado el dominio con acento, idéntico o confusamente similar al nombre del sitio del demandante, argumentando que lo estaba utilizando de mala fe y no poseía derechos o intereses legítimos sobre dicho dominio.

El 28 de mayo de 2008, el panel de tres miembros del Centro de Arbitraje y Mediación se pronunció a favor de Monografias.com y ordenó el traslado del controvertido nombre de dominio. En este caso, la OMPI reconoció que el registrante ha utilizado de mala fe la nueva tecnología que permite el registro de nombres de dominio con tilde sobre las letras.

Acerca de Monografias.com

Monografias.com es un sitio que facilita la búsqueda y publicación de información de distintos temas de interés general a través de trabajos monográficos publicados por autores hispanohablantes, principalmente de América Latina y España. Nacido en 1997, hoy es utilizado por más de 17 millones de visitantes únicos mensuales y es uno de los sitios más visitados de la región.

El oro y el moro

Julio 16th, 2008

“El oro y el moro”, dicho que significa “retener más de lo que le corresponde a uno por derecho” (Derecho).

Con su cortejo de misterio y aire desconocido, bajo su velo de iluminismo y su carácter maravilloso, la alquimia evoca toda una serie de lejanas historias, de relatos milagrosos, de testimonios sorprendentes. Sus teorías singulares, sus extrañas recetas, el renombre secular de sus grandes maestros, las controversias apasionadas que suscitó, el favor del que gozó en la Edad Media, su literatura oscura, enigmática, paradójica, parecen desprender el olor enmohecido, de aire rarificado que adquieren, por el largo paso de los años, los sepulcros vacíos, las flores muertas, las viviendas abandonadas, los pergaminos amarillentos. Fulcanelli

Es sabido que no hay que aceptar cuando nos prometen el oro y el moro; no obstante, aunque podamos prescindir del moro, para los humanos el oro -por el motivo que fuere: su belleza, su poder o su mitología- es irresistible (El oro maldito y la teoría del sapo)

Busco en Monografias.com la palabra oro, y aparecen: fiebre del oro, edad de oro, siglo de oro español, La ajorca de oro de Bécquer, El escarabajo de oro de Poe, el becerro de oro, El gallo de las espuelas de oro y la cresta de oro (Lo rural maravilloso en la narrativa de Guillermo Morón), y tanto oro más que forma una montaña indescriptible e intranscribible.

Leo en “El Blog de Salmón” en Internet que “Hay que recordar que este metal amarillo es sólo eso, un metal amarillo. No obstante históricamente se le ha dado mucho más valor, y el único valor adicional que tiene es la propaganda desde hace siglos de que este metal es algo más que un metal”…

…y eso es precisamente lo que deberíamos indagar, ¿qué hay en el oro que lo hace espléndido también para el espíritu?
Dice Sancho Panza (Sentido del humor) que “el amor, según he oído decir, mira con unos anteojos que hacen parecer oro al cobre”
Y en los Versos de Oro atribuidos a Pitágoras (Historias de matemáticos), se lee al final: “Si descuidas tu cuerpo y lo dejas volar (es decir, no lo abrumas con joyas pesadas como el oro) / hasta la libertad de los mundos del aire / serás un dios incorruptible e inmortal / ya no sujeto a la muerte”.

Las carretas del oro

Veo en mi infancia mágica pasar carretas con mujeres, con niños; levantar campamentos, lavar ropa en el río (La resistencia en la infancia y pubertad).

Los hombres iban adelante con herramientas que me parecían sacadas de los cuentos de niños pero cuyos nombres no conocía; había redes de cristal, objetos con números grabados, metros de madera, hierro, balanzas para pesar cada pepita de oro imaginada, soñada o recogida (Memorias de un aventurero venezolano: Rafael de Nogales Méndez).

Veo pasar y pasar todo eso sin poder oler, ni palpar ni palpitarlo más que con mi imaginación infantil, porque estoy plácidamente sentada en una butaca de un cine de mi barrio (Cine).

Un día, en ese cine, reponen La quimera del oro, con Chaplin; es acá donde el personaje de Charlot ofrenda una de las más exquisitas escenas del cine: cuando come la suela de sus zapatos, con hambre y esperanza.

Llego a mi casa de ver esa película y enfilo hacia la parte de la biblioteca que mi padre me deja leer: la Colección Amarilla, libros de aventuras juveniles, y descubro a quienes escribieron sobre esa “fiebre del oro”, por ejemplo Jack London, por ejemplo el autor de “mi” Tom Sawyer, el vital y profundo Mark Twain.

La aurora luminosa

Hoy, entre mis libros, se escucha la voz de Fulcanelli.

Éste es un extraño caballero que vivió desde fines del siglo diecinueve hasta 1930, en Francia, y de quien todas las noticias -las que aún quedan en viejos textos que junté- dicen que fue “el último alquimista”; su apellido en realidad es un seudónimo de alguien cuyo nombre no se recuerda o no trascendió.

Copio de sus Moradas Filosofales: “el exterior es llevado al interior, el interior es manifestado al exterior, y entonces es el Oro Probo”.
¡Quién pudiera encontrar ese oro!

Todo lo relacionado con el oro tiene matices de leyenda, misticismo, lirismo.

De los primeros a los últimos buscadores de esa sustancia mágica -¿saben que en la actualidad la búsqueda de oro se practica como “deporte”?- hasta los primeros y los últimos alquimistas, la búsqueda es la de un “fuego noble”; en algunos casos una metáfora de la transmutación: en latín oro quiere decir “aurora luminosa”.

El oro, aunque también es símbolo de dinero, tiene una larga trayectoria de emblema de lo puro, de resultado límpido y luminoso de todo lo oscuro y corrupto que el fuego quemó.

Envío

Antes del “envío”, diré algo que puede molestar -pero no es esa mi intención, sino la de decir lo que es mi más honda convicción: Dios creó todas las religiones (las buenas, las nobles).

Hoy quiero “regalarles” un fragmento del maestro zen contemporáneo Sokei-an Sasaki:

“Un día borré de mi mente todas las nociones. Abandoné todos los deseos. Descarté todas las palabras con las que pensaba y me quedé quieto. Me sentí un poco raro, como si fuera llevado hacia algo… cuando ¡paf! entré. Perdí los límites de mi cuerpo físico. Desde luego tenía mi piel, pero sentía que estaba en el centro del cosmos. Hablaba, pero mis palabras habían perdido sentido. Vi gente que venía hacia mí, pero todos eran el mismo hombre. ¡Todos eran yo mismo! Nunca había estado en este mundo. Había creído que yo había sido creado, pero ahora tengo que cambiar de opinión: nunca fui creado. Yo era el cosmos. No existía ningún señor Sasaki individual”.

Estoy a punto de creer que soy ustedes…

Los abrazo y me abrazo

Mora Torres

La escritora fantasma

Julio 10th, 2008

Hace unos días me puse a arreglar la biblioteca (Función social de la biblioteca pública).

Desempolvaba libro tras libro mientras rumiaba “reflexiones” como: “La cultura y la salud no están siempre de acuerdo”, debido al polvo que había levantado yo en el cuarto (Humanismo y cultura y Psicología de la salud), lo que me condujo hacia el recuerdo del soneto de Quevedo (Figuras retóricas) que termina diciendo: “polvo serán, mas polvo enamorado”; y de allí, con unas pocas “ideas” más, mi mente concurrió a preguntarse si, en la época de Quevedo y aparte de las muy famosas Teresa y Sor Juana (Acercamiento a la obra literaria de Sor Juana Inés de la Cruz), o antes aún, no habría habido escritoras y poetas en lengua española.

Casi de inmediato, un segmento de libros que todavía no había limpiado se desmoronó.

Uno de ellos fue a dar más lejos que los otros, y corrí a recogerlo, porque me parecía desconocido, como que nunca antes lo hubiera tenido en las manos.

Era verdad, no lo conocía.

Se llamaba Las escritoras españolas, de Margarita Nelken, un ejemplar de 1930 de la extinta Editorial Labor de Barcelona, (Redes de mujeres: Un desafío para las tecnologías de la información y la comunicación).

Cayó abierto en la siguiente frase: “Abundan las citas que prueban el desprestigio en que sus contemporáneos tenían a las juglaresas o juglaras” (Época Medieval).

Me estremecí; alguien, algo, me estaba dando una respuesta; ponía frente a mí la fuente donde podría apagar mi sed.

Alguien, algo, ¿un fantasma? (El Fantasma Victoriano).

Habla el fantasma

Luego de advertir que no recogerá en su ensayo a “las escritoras que sólo empuñaron la pluma para disculparse de los cargos de herejía, o para rechazar el peligroso calificativo de ‘alumbradas’” (Santa Inquisición), el primer capítulo del libro de Nelsen se titula “Mientras se forma el idioma”, y asegura que las mujeres de ese momento -varias y muy creativas y cultas- escribían, por supuesto, todavía en latín.

Explica que es a partir del siglo VIII cuando la Córdoba española se convierte en la Atenas de esos tiempos, donde conviven tres civilizaciones en paz, con señalada intensidad, con sus mujeres talentosas: la árabe, la judía, la cristiana… esa Córdoba de la que la monja Roswitha, enclaustrada muy lejos, cerca del Rhin, escribe: “es la gala del mundo” (La conquista de Córdoba y de su reino).

Y que yéndonos al siglo XIII, ya podemos hablar de escritoras de códices y de juglaresas:
“Conviene no confundir a las grandes damas que gustaban de presidir cortes de amor y actuar en éstas o alentar con su afición a los trovadores con las juglaresas y soldaderas que trabajaban -cual su nombre lo indica- por una soldada. Entre unas y otras existía la misma diferencia social que entre trovadores o juglares nobles y profesionales: los primeros no admitían retribución; los segundos se ganaban la vida cantando y recitando (…) Entre las mujeres que pueden ser incluidas en el grupo de trovadores las dos que más se destacaron fueron Bertanda de Forcadels y Guillermina de Sales, y vivieron, la primera, en tiempos del rey don Martín de Aragón, en Tortosa, en donde formó con sus damas un verdadero Parnaso, y la segunda, esposa de Hugo Mataplana, el Conde Trovador, a principios del siglo XIII, en el Castillo de Mataplana, convertido por ella en importantísimo centro literario”.

¡Maravilla de maravillas!; María Celeste, “La López”, Gloria, Socorro, Blanca Estela, Ylba María, y varias más, no son las primeras trovadoras; no son las primeras juglaresas, ni las últimas, con toda seguridad, aunque sus caminos sean las rutas (peligrosas algunas) de Internet, y no el Languedoc…

Envío

Querría saludarlos a todos, decirles otra vez que son ustedes los dueños de las notas, porque el valor de sus comentarios no se compara con mi simple “abrir fuego”.

Les dejo de regalo el mejor soneto del mundo, según juzgan gravemente los estudiosos; es del muchas veces nombrado Francisco de Quevedo, y seguro que alguno de ustedes tiene algo para reflexionar sobre el poema:

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no desotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Ah, y el estudio de nuestra fantasma -Margarita Nelken- rescata a cientos de mujeres literatas, y llega hasta el siglo XIX (¡si no fuera porque tengo tan limitados espacio y tiempo les contaría más!).

Abrazos sin tiempo y sin espacio.

Mora Torres

El fracaso y la gloria de Confucio

Julio 3rd, 2008

Se dice que Confucio no era un reformador sino un conservador (Resumen del libro “Con los valores quién se anima?”); que no se ocupó del espíritu sino de la forma, que su principal logro es el de haber organizado el imperio chino…

…nombro a Confucio porque quizá alguna de sus enseñanzas podamos rescatar para esta época… (Filosofía oriental en la concepción de hombre).

Confucio nació unos 500 o 600 años antes de Cristo -época muy concurrida por grandes pensadores universales: Lao Tse (La educación de la China), Buda (Energía cósmica inteligente), Sócrates (La forma del conocimiento del amor en Sócrates)-, cuando ya se había apagado el recuerdo de las primeras comunidades -en ellas la gente se había puesto de acuerdo y transcurría la vida con serenidad.

También se dice que Confucio era un hombre ambicioso: por lo que llevo leído, fue casi “un simple” de tan poco ambicioso (Tipos de motivación).
Sólo que estaba tan seguro de que su pensamiento salvaría a su país, que intentó ocupar diversos cargos públicos: nadie se los otorgó, aunque acosó a reyes y ministros con sus enfáticas convicciones.

Existe una leyenda romántica respecto de nuestro personaje, que le atribuye una vida de éxitos, pero lo cierto es que vio la luz y murió en la China anárquica, la de los terrores del “Período de los Estados en Guerra”, durante el cual pueblos enteros eran ejecutados en masa por el deseo del vencedor-conquistador –hay registros de matanzas de 40.000, 80.000, 400.000 personas.

Debido a tanto caos e individualismo, se vio obligado a pensar en una cuestión única: ¿cómo hacer para que los hijos de una sola nación dejen de destruirse unos a otros, cómo enseñarles valores solidarios? (Individualismo).

Confucio no era un reformador ni tampoco un místico: era un lúcido desesperado que comprendía que la solución –si alguna vez los humanos nos volvíamos sensatos- pasaba por la unidad de todos, por “el pegamento” que mantiene unidos a los seres de los distintos niveles sociales.

Ahora bien, ¿qué consideró él adecuado para solucionar los problemas de la comunidad?

No del todo la razón, sino especialmente las emociones que surgen de la convivencia y de respetar conjuntamente las tradiciones, bajo el perfume de los rituales, era considerado por Confucio el pasaporte de la salvación (Emociones y salud).

La Era de la Gran Armonía es la edad dorada de los chinos, y aun para Confucio quedaba en el pasado: “Dado que entonces las costumbres eran obligatorias, la gente las respetaba, y dado que estaban muy bien forjadas, el respetarlas producía paz y felicidad”.

Sabemos que la sabiduría de Confucio se empezó a aplicar mucho después de su muerte, y que su gloria no abarcó su vida: terminó sus días en la pobreza y jamás ocupó el puesto público soñado para preparar convenientemente a su pueblo.

Envío

Quiero saludar especialmente a nuestros amigos colombianos –aunque el mundo entero es el que festeja- por el rescate de Ingrid Betancourt y otros catorce rehenes de las FARC.

A todos: tal vez si se examina con cuidado, mi nostalgia de Confucio es una respuesta a los destacados aportes que ustedes hicieron en el último post. Gracias también a todos los que participan con tanta generosidad desde hace varios meses.

Mi creencia actual, que abreva en Confucio, de que pueden “construirse” personas más desinteresadas y nobles, tiene que ver con los aportes que a lo largo de mucho tiempo se han tomado el trabajo de hacer con inteligencia y las mejores intenciones ustedes, los participantes de este blog.

Como “obsequio”, acá les habla Confucio, aunque sea en su versión más cotidiana:

“Lo que podría conseguirse después de una pelea de tres horas, es seguro que se conseguirá con tres palabras impregnadas de amor”.

(Impregnadas de Amor, claro.)

Tres reyes mandan en el poquer

Junio 26th, 2008

No sé nada de póquer; tampoco sé jugar al truco; el título de esta nota fue extraído de la frase “Tres reyes mandan en el póquer y no significan nada en el truco”, para mí una de las más brillantemente resumidas alocuciones de Jorge Luis Borges.

Creo que el autor se refiere así específicamente a lo gratuito de la injuria, ya que, en efecto, el que agrede, en general, habla un lenguaje diferente al de su agredido; juega al truco con las cartas del póquer, o viceversa (El juego online: entre el ocio y el negocio).

El truco, para quienes acaso no lo conocen, es un juego de naipes de origen argentino, se juega con la baraja española (Inmigración a la Argentina 1830-1950).

Desde las tierras de los hombres antiguos

En las magníficas tierras de los hombres antiguos se reía con ferocidad (El hombre y el Universo).

El tiempo fue refinando las costumbres y la risa (y la burla) pasó a la literatura, a lo escrito, donde se convirtió en un torneo de habilidades tan cruel como los antiguos juegos de la guerra (Didáctica lúdica: jugando también se aprende).

Así Quevedo (La Ilusión. Su relación con sueño y proyecto de vida), dice -y describe para siempre, de un modo que ya no podrá ser superado, a un narigón:

“Érase un hombre a una nariz pegado…”

y todo lo que sigue en el soneto, por ejemplo la segunda frase: “Érase una nariz superlativa”, podría considerarse “predicado”, siendo el sujeto de tan eximia mofa sólo el “hombre a una nariz pegado”.

Maestro superado

Pero dejémonos de narigones que sólo por la gloria de los ingenios de Quevedo los menciono: mis más caros amigos tienen una enorme entrada al rostro que es su noble nariz, una puerta grande y bien labrada, como cualquier palacio (Arquitectura de Mesopotamia).

Dejemos a Quevedo, el enjuiciador de tantas formas, formalidades y narices para pasar a quien considero su heredero legítimo –aunque quizá superador- y que nombré al comenzar (no repliquen que no lo es, a menos que lo hagan con mucha gracia y donosura), Jorge Luis Borges, que dice en “Arte de injuriar” que al estudiar en profundidad los géneros literarios, se convenció de que “la vituperación y la burla valdrían necesariamente algo más”:

“El agresor (me dije) sabe que el agredido será él, y que cualquier palabra que pronuncie podrá ser invocada en su contra… Ese temor lo obligará a especiales desvelos”.

El arte de injuriar

La tragedia en todo su esplendor –la de los dioses, la de las emociones humanas- surge en cuanto puede, como crece la hierba entre las junturas de una baldosa o en las laderas de una montaña.

Sólo hace falta letra viva para que aparezca en el mundo toda la angustia, la alegría, la pasión, el fanatismo, el miedo y hasta el deseo de poner sobre la cabeza de alguien un enorme coturno –un coturno era una especie de zapato muy alto sobre el que se subían los actores griegos para representar detrás de sus máscaras, máscaras que a su vez eran llamadas “personas”, y de donde proviene nuestra palabra castellana para designarnos.

Basta para eso una carta escrita con letra infantil en un cuaderno tanto como un texto de Eurípides o Shakespeare.

Y la riqueza de las emociones que el arte o la ociosidad convocan es siempre conmovedora; nadie puede ponerle límites a esa vitalidad.

Sólo me gustaría que quien tenga ganas de insultar o insultarme –a mí o a mis amigos, por lo que aquí escribimos, ya sea que le produzca incomprensión, frío, duda o indignación ideológica- lea previamente el libro mencionado, Historia de la Eternidad, en su capítulo “Arte de injuriar”.

Ya saben que, así como otros siempre tienen un as en la manga, yo siempre tengo preparado “un Borges”.

Envío

La confortable sensación que da estar en este espacio es la de escribir juntos, la de reunirnos y opinar, la de hacer una fiesta también de las palabras y sobre todo saber que cada palabra escrita por ustedes o por mí llega comoquiera que llegue a los ojos y el corazón de otro alguien.

Todos estamos solos, pero no tanto.

Este momento de comunicación es como el antiguo sonido de tambores que convocan.

Tambores sagrados; siento que son sagrados por el estremecimiento que recorre todas las respuestas y la pasión por la poesía, es decir por la vida.

Gloria: como parte de la tragedia y la alegría, fuiste la gran protagonista de nuestro club el último jueves; ¡qué esfuerzo hicieron tantos amigos por ti y por mí!

Pero no es necesario que les agradezcas tanto, sino que los tengas presentes a todos en cualquier momento.

Y sigue leyendo y leyéndonos a Neruda (Dimensiones de la cultura en la obra de Pablo Neruda):

“Para que tú me oigas mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas…”

¡Hay que aprender a rezar hasta con los versos de Neruda!

Mora Torres

La divina primera persona

Junio 19th, 2008

Yo, tú, él, nosotros…; me enseñaron a conjugar los verbos en las personas correspondientes apenas empecé la escuela primaria (Escuela y cultura: una relación conflictiva).

De a poco comprendí que “Yo” es una construcción tan artificial como toda la gramática, como las represas, los puentes y las catedrales, como Internet (Análisis de la edificación y de su evolución actual).

Hoy me puse a pensar en otras construcciones más sutiles derivadas de “Yo”, como, por ejemplo, las figuras de baile (Propuesta de un programa de actividades físicas y coreográficas regulares que contribuyan a mejorar la calidad de vida del adulto mayor).

La divina Isadora: no danzar, no bailar, sino elevarse

Ella, Isadora Duncan, dijo que había empezado a bailar en el vientre de su madre, que había testigos de esa increíble danza, manos que rozaron los pies más pequeños del mundo cuando éstos llevaban el compás de la música dentro de una cálida cueva, de un asilo de carne temporario (Ponencia sobre la danza del vientre).

Que el médico, el obstetra de su madre, le indicó a la embarazada, para ritmar con esos pasos incipientes de ballet, una dieta que consistía sólo en champán y ostras (El pisco. Producto peruano).

-He oído que la comida de Afrodita consistía exclusivamente en ostras; no sé si habrá bebido algo similar al champán, que no se había inventado ni para los dioses- (Las Tres Gracias… Una celebración a la mujer).

Y bajo el signo doble, perturbador, inteligente y misterioso de los gemelos, Isadora nació el 27 de mayo de 1878.

Escribe Alberto Savinio que Isadora creía en la astrología celestial, y que estaba segura de que los dioses la favorecerían, cuando ya todas las divinidades habían muerto –a pesar de que Wagner hubiera intentado su rescate (Astrología).

Aunque ella llegó un poco tarde al siglo XIX, todavía faltaban unos años para el cambio de centuria y para el cambio de ciertas nociones “incuestionables” del arte que ayudó a modificar…
…del arte de la danza y la “belleza” de los decorados, en su caso específico.

“Mi vida”

“He nacido a la orilla del mar. A la orilla del mar se han producido los hechos más importantes de mi vida (…) Miraba las hojas temblar con la brisa de la mañana y ese movimiento me sugirió esa vibración de los brazos, de las manos y los dedos que muchas de quienes pretenden seguirme han deformado” (El Mar).

Pasaba días enteros en Florencia frente a La primavera de Boticelli (Renacimiento), y se quedaba contemplando: “…poco a poco las flores fueron empezando a brotar, los pies descalzos a danzar, los cuerpos a moverse”.

Isadora Duncan “hizo” la revolución con su danza –es decir con sus pies- y también con su autobiografía (precisamente llamada Mi vida), en donde se respira el aire puro de la libertad.

Si alguno de ustedes no la conoce y quiere saber más de ella, puede leer Mi vida, y también informarse en muchos sitios de Internet.

Lo que yo quiero es ir dando un rápido vistazo transversal a seres excepcionales del pasado –este pasado es bastante cercano dentro de todo-, ya que a los excepcionales del futuro aún ni los sueño, y los del presente son mis contemporáneos; como sabemos todos, nadie es profeta en su tierra ni en su tiempo.

Envío

Tal vez no esté mal que me sienta orgullosa; no de lo que escribo, ya que muchos de “mis lectores” han demostrado saber hacerlo mejor, sino de lo que recibo: creo que voy a dedicar una o varias notas a agradecerles “personalizamente”.

También lo que les conté en la entrada anterior es posible: la idea es publicar en especial las respuestas de ustedes, ese murmullo y esa música de Latinoamérica y España; por todos los medios lo intentaré.

En cuanto al artículo de hoy, está dedicado a “Gloria”, una colaboradora que no se encuentra muy bien, según sus comentarios.

A Gloria: intenté escribirte y la dirección que das me devuelve los mensajes.

A todos: ¿me ayudarían a “levantar” a Gloria, para que aprenda a volar con una sola ala, que sí se puede?

Los abrazos de siempre, y uno más.

Mora Torres

La amistad y otros amores

Junio 12th, 2008

Para continuar con esa manía antigua de encontrar diferencias y no similitudes, diré en este comienzo que lo que diferencia a los humanos de los animales es… el lujo (Las siete maravillas del mundo).

Un escritor que no nombro –porque estoy en duda entre si fue un inglés del siglo XIX o un mexicano del XX (Literaturas)- dijo que el lujo es anterior a la necesidad; que la gente antes se cubrió de adornos y tocó los tambores y luego atendió a su sustento (El hombre y el arte en el Paleolítico y el Neolítico).

¿Y qué es el lujo sino el sobrante de la necesidad?

Sin embargo, pienso que hay lujos que me hacen humana, y “más” humana, y lujos que me hacen descender en la escala; a veces mi avidez para conseguir determinados esplendores me relega a mucho menos que a la tierna simplicidad de un animal (Sobre evolucionismo y comportamiento humano).

Las crueldades del lujo

El planeta es intenso y múltiple; todo lo que está en danza dentro y fuera de él lo es (El Planeta Tierra).

Y todo me atrae, y todo quiero tenerlo: un prado, un río, una montaña con su oro, una selva con sus árboles y animales (La herencia cultural de nuestros antepasados aborígenes – Costa Rica).

No soy yo sola la depredadora, el mal viene de lejos, es tan antiguo como mi especie; leo una respuesta que dio hace años Marguerite Yourcenar (Universitas magistroni et scolarium) a un reportero:
“…Platón explica ya que el Ática de su tiempo se había vuelto seca y semiárida porque le habían cortado los árboles durante la guerra del Peloponeso, para devastar los territorios enemigos o construir flotas. Luego, la costa dálmata fue talada por la república de Venecia, que necesitaba materia prima para sus navíos. De allí el cambio del clima, el empobrecimiento del suelo, etc. Los antiguos se equivocaban como nosotros” (Guerra del Peloponeso).

Me digo a mí misma que –con mayor conciencia que “los antiguos” a fuerza de escuchar noticias y catástrofes- necesito consumir menos por simpatía con la gente; que necesito lujos que no desgasten a la tierra, como la música, el arte y la amistad.

Me digo también que debo utilizar otro “lujo” para poder vivir: la filosofía, tal como lo propone Séneca, llevándola a mi vida cotidiana, sintiendo, a medida que me desprendo de las cuestiones materiales más groseras, que la dicha alumbra; que necesito menos cosas materiales y, a la vez, mayor bienestar (Teorías éticas: los grandes autores).

Las cosas materiales suelen pesar tanto como una enorme piedra atada por una soga al cuello.

Me digo que debo ser agradecida con todo lo que crece en el mundo, y amiga, en lo posible, de todos los humanos -por ejemplo, de ustedes, a quienes por no saber cómo llamarlos nombro como “mis lectores”, que han creado este espacio de fraternidad entre “diferentes” -diferentes por religión, por sexo, por edad (Mínimas diferencias culturales entre México y Japón).

La amistad como lecho de rosas

Al mirar las delicadas estrellas de una noche, hace algunos días, pensé en mis amigos.

Tengo amigos que vienen de atrás, desde mi infancia y adolescencia; alguna vez, cuando tenga tiempo (y espacio) les hablaré de estos personajes: ahora les pido que traten de recordar ustedes a alguno de ellos y hagan, si pueden, una “semblanza”, que compartiremos.

Por ahora puedo decirles que quizá no exista un arte más laborioso que el de la amistad, aunque no hay tampoco almohada, lecho o paisaje que brinde el reposo que nos brinda un alma abierta hacia nosotros, desinteresada para recibirnos y prodigiosa para darnos su amor.

Poeta de Nicaragua y del mundo

Hoy encontré entre mis libros uno de Rubén Darío, y rescaté un poema que les incumbe, a mi modo de ver:

Ama tu ritmo

Ama tu ritmo y rima tus acciones
bajo tu ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.
La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;
mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

Envío

¡Qué buenos poemas, epitafios y reflexiones –y hasta preciosas narraciones de leyendas urbanas o rurales- enviaron en la última entrada! Es una gloria recibir semejantes presentes, y pensar que tantos se esfuerzan en complacer a la otra gente del blog, y en complacerme: de esa especie de amor y de amistad era de lo que quería hablar, por si no me salió demasiado claro el artículo.

Puedo adelantarles que estoy pensando hacer algo –un libro o lo que sea- con ese material, con esas inscripciones dejadas en la página que hacen señales luminosas (antes de concretarlo, por supuesto, les pediré permiso).

En “Seamos princesas y príncipes felices” hay un mensaje firmado por “La López” que termina de este modo:
“Os diré, a los que andais por el blog, que os leo desde España y me hacen tanta gracia vuestros acentos, que casi puedo oiros hablar”.

Es verdad; las voces que se oyen en este sitio están llenas de acentos y colores; son voces de latinoamericanas y españoles, de españolas y latinoamericanos, que hablan de poesía (y otras angustias); son el más necesario de los lujos.

Mora Torres

Presentaciones Multimedia en Monografias.com

Junio 10th, 2008

Tenemos el agrado de informarles que se comenzó con la publicación de las primeras presentaciones multimedia, sumando así un nuevo formato (PPT) en Monografias.com a los aportes elaborados en DOC y PDF.

Para poder visualizarlas es necesario contar con Flash Player instalado en el navegador de Internet.

Los invitamos a que nos envíen sus aportes realizados en Power Point (PPT O PPS) o utilizando Impress de OpenOffice.org, a través de los métodos de envío disponibles en la siguiente dirección: http://www.monografias.com/participar.shtml

Al enviarnos su presentación, le pedimos que por favor incluyan una breve descripción del contenido para que puedan ser encontradas por los lectores en sus búsquedas. Existe un requisito de extensión de 5 diapositivas como mínimo y el aporte debe desarrollar un tema de interés que resulte útil para estudiantes o quienes efectúen una exposición sobre el mismo.

Cabe aclarar que no se aceptaran presentaciones como las que se envían en cadenas de e-mail o similares.

Esperamos que la inclusión de este nuevo formato resulte útil para que nuestra comunidad continúe creciendo.

El equipo de Monografias.com

Seamos princesas y principes felices

Junio 5th, 2008

Mis ojos devoran cuanto encuentran en busca de una idea para llevarles cada jueves, desde un ropero completamente blanco, un ropero que contiene papeles que pueden capturar toda mi historia, hasta estantes de libros de diversas encuadernaciones y tamaños (Función social de la Biblioteca Pública).

En los estantes de libros, de pronto se detienen en uno de donde sale una vocecilla como en los cuentos árabes sale un mago de una botella (La “Nación Árabe”).

Se trata de las obras completas de Oscar Wilde (Fidelidad y coherencia); entonces me detengo a escuchar una de las anécdotas; es en verdad no un cuento escrito sino una “anécdota” que contaba Wilde en los salones, como si hubiera sucedido:

Lloraban todas las flores, todos los árboles y piedras el día que Narciso se ahogó (Mitología griega).

Le pidieron entonces al río que les prestara agua.

El río preguntó para qué.

Le contestaron que sus lágrimas se habían secado pero querían seguir llorando por la pérdida de la hermosura increíble de Narciso, ya que por eso lo habían amado tanto.

El río contestó que él había amado mucho más que ellos a Narciso, y que gastaría su agua en sus propias lágrimas para llorarlo, pero que ignoraba que hubiera sido tan bello.

Le preguntaron –flores, árboles y piedras- si no lo había advertido cada vez que Narciso se asomaba a mirarse a su superficie.

Y el río contestó que no, que no lo había advertido, y que amaba a Narciso porque cada vez que se inclinaba sobre él para admirarse, él –el río- podía observar su propia hermosura en las pupila enormes, transparentes, límpidas de Narciso.

Mucho más que corbatas

Como asegura con encanto wildeano Jorge Luis Borges (Borges, el cuentista), Oscar Wilde no fue sólo un señor que se ocupaba de corbatas y de fiestas.

Aunque sea más conocido por lo que en su época se denominó “el gran escándalo” –que le costó la cárcel, la infamia (es decir, lo contrario de la “fama”), y finalmente la muerte a los 45 años-, Wilde poseía sentido de la estética, profundidad filosófica, gran capacidad como crítico literario, enorme talento como narrador y como poeta y un “charme” por encima de cualquier circunstancia –sus circunstancias no tuvieron tonos intermedios: fueron la felicidad o la desgracia (El retrato de Dorian Gray).

En sus últimas épocas, en sus años de tribulaciones e infortunios, se encontraba viviendo en París en un hotelito de los que todavía guarda esa ciudad –un miserable “aguantadero”- donde pasaba mucho frío y , algunas veces, hambre.

Sin embargo, dos o tres amigos solían invitarlo a sus veladas; uno de estos amigos era la gran Sara Bernhard (Historia y evolución del teatro universal) -quien lo fue hasta el final de la vida de nuestro autor.

Ella lo acercó cierta noche a una actriz cuya belleza había sido de gran fama en el mundo entero, ya bastante madura en ese momento, y Wilde dijo esta galantería como presentación: “Qué curioso… ¿puede decirme por qué tiñe su cabello de blanco?”.

Juegos de máscaras y de poesía

Parafraseando a Wilde, debo decir que creo que todos los que “peinamos canas” en este blog –según aseguran varios participantes, somos muchos-, lo hacemos porque tuvimos el capricho de teñirnos el cabello de blanco.

De otro modo no podrían explicarse nuestras pasiones juveniles, como el juego de máscaras, los juegos de artificio y el juego de “tomar el té con la poesía los jueves” que es este blog.

Hay diversas edades y ocupaciones aquí, pero en definitiva todos somos…  jóvenes poetas, título resplandeciente por el que debemos considerarnos muy felices.

No soy yo en especial la musa o la más creativa o apasionada, ¡son ustedes!; basta leer los comentarios para asombrarse, ¿alguien pensó alguna vez que en Internet hubiera gente discutiendo tan acaloradamente por el bien, por el mal, por la religión, por la poesía, por “Itaca”?

Yo agradezco con… epitafios

En agradecimiento, les envío algunos pocos epitafios, atenta a la devolución que me llegará de vuelta, pero primero continúo con mi lista de poetas que hago representar a sus países (yo, caprichosamente, les confiero la representación):

Argentina

Ella es Alejandra Pizarnik:

Mendiga voz

Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado

En mi mirada lo he perdido todo.

Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.

Él es Roberto Juarroz:

Segunda poesía vertical, 52

Si alguien,
cayendo de sí mismo en sí mismo,
manotea para sostenerse de sí
y encuentra entre él y él
una puerta que lleva a otra parte,
feliz de él y de él,
pues ha encontrado su borrador más antiguo,
la primera copia.

Breve introducción para hablar de epitafios sin pecar de melancólica

No es triste hablar de epitafios; algunos son una celebración de la vida.

Los hay dramáticos, pero no siempre debemos huir de lo dramático (y que lo digan los autores de teatro, y algunos geniales autores de culebrones).

Los hay muy cómicos también, y siempre debemos correr hacia el humor y la risa, aunque ésta se produzca por contraste con la solemnidad consagrada de la muerte, que, a mi modo de ver, nada tiene de solemne sino de natural (en ese orden de ideas ¿acaso es solemne un nacimiento?).

Además, ninguno de ustedes ignora que va a morir y que, por lo tanto, es posible que donde descanse brille un bello, delirante, simple o mediocre epitafio de circunstancias.

Aunque se diga que hay dos cosas que los humanos no podemos mirar de frente, la muerte y el sol, les aseguro que si los miramos con los ojos bien abiertos no nos producen ceguera ni locura, sino calma y sensación de compañía: no estamos solos, la muerte y el sol nos acompañan y en la luz y en la muerte todos estamos juntos.

¿Por qué debería ser malo algo que está destinado a todo el mundo?

Trágicos y tristes son los dramas particulares, aquellos que asolan a individuos o grupos en particular y no a la especie (en este caso a todas las especies).

Epitafios notables

Una vez visité el viejo cementerio de Esperanza, una ciudad fundada en la provincia de Santa Fe, Argentina, por inmigrantes suizos, alemanes e italianos. Rescato, entre otras “notables”, las siguientes frases grabadas en la lápida:

“Aquí descansa J. S. (un nombre alemán), asesinado por la espalda una mañana de primavera mientras caminaba por las calles de Esperanza y el sol le bañaba la cara”.

Y frente a la tumba de un suizo-francés, E. D., esta inscripción, que quizá una esposa haya mandado colocar:

“¿Quién fue tu Amada?” (no he hallado después nada más enigmático en su brevedad que estas palabras sobre lápida).

Una jovencita conocida mía, Mercedes Tello, escribió algo que quiere que sea su epitafio –en un lejanísimo futuro- y que me parece digno y alegre:

“Hay algo que no destruirás: es la ceniza.
Trabajas
para que tu ceniza sea bella
y cuando todo se cierre se abrirá
una flor de cenizas cuyos pétalos
caerán suavemente
sobre lo que hayas sido”.

Ya transcribí alguna vez para ustedes el cruel epitafio que escribió Quevedo:

Aquí yace Estefanía/flaca y aguda mujer/que bien pudo aguja ser/pues sólo un ojo tenía… (y sigue todavía más “insolente”).

Y también el que escribió para don Quijote: “Aquí yace Don Quijote/el que en provincias diversas/los tuertos vengó, y los bizcos/a puro vivir a ciegas”.

Keats, el poeta que le cantaba al Ruiseñor, escribió su propio epitafio con estas bellas pero equivocadas palabras:

“Aquí yace un hombre cuyo nombre fue escrito en el agua”.

Pedido:

¿Me mandan epitafios, ya sea célebres, o descubiertos en algún desolado o multitudinario cementerio, o, inclusive, el epitafio que escribirían para ustedes mismos?

Insisto en aventar toda tristeza o melancolía: la muerte nos recuerda que vivimos y, aparte, la verdad nunca es triste, “lo que no tiene es remedio”, según Serrat.

Seamos felices porque estamos vivos y porque lo estaremos después, si alguien tiene palabras que nos nombren y traigan al recuerdo.

Mora Torres