Nuestros queridos personajes

Ya nos hemos referido en ocasiones pasadas al sexo y al humor; hoy, al placer. Que nadie piense que nos hemos vuelto frívolos; el placer es una cosa demasiado seria para tomarla con liviandad: tengan la seguridad de que, si no existiera, ni siquiera habríamos nacido.

Pero los goces a los que nos referimos hoy tienen más que ver con… ¿el espíritu? No, para nada, aunque no alcanzamos a situarlos del todo: una novela policial y nuestros personajes detectivescos preferidos, ¿tendrán que ver con un sentido indeterminado que nos hace alegres testigos del mal y sus avances, sólo en la ficción? ¿Es decir que sí, que tiene que ver con categorías tan espirituales como la del bien y la del mal?.

Novelas, cuentos, películas de suspenso, ¿no hemos visto y leído suficientes, no estamos casi capacitados para resolver -después de tanto tiempo de entrenamiento desde Edgar Allan Poe- todos los entuertos de estas damas y estos caballeros?.

Pero nos atraen, nos deleitan, y hasta queremos más… como bombones, como golosinas.
Nos parece más probable que nuestro amor por este tipo de relatos sea un residuo de nuestros héroes y fantasmas infantiles. El ritual es el mismo que el de comer confites con hadas y con ogros. La alegría y, a veces, el terror, son iguales.

Y así como tratándose de cuentos infantiles cada niño tiene sus preferencias, nosotros, los mayores, elegimos de entre la gran cantidad de literatura de suspenso y horror a nuestros personajes adorables.

Nuestras preferencias no provienen de la literatura en lengua española, sencillamente porque en ella no recordamos a personajes muy impresionantes o constantes (es decir, que reaparezcan en diversos libros), si bien es bien importante la lista de buenos autores. También es posible que algún lector nos refresque la memoria.

Elegimos por ahora, entonces, a detectives belgas, franceses, ingleses, norteamericanos, porque son los que hemos conocido, los que principalmente nos han ofrecido las editoriales:

Uno de Poe, claro: Auguste Dupin, el padre de todos los detectives.
Y el Drácula de Stoker en cuanto a personaje de Terror.

Arthur Conan Doyle: si pensaron que elegiríamos al “preclaro” Sherlock Holmes, erraron. Preferimos la serenidad y la constancia de su amigo el Doctor Watson que, dicen, era muy parecido a Conan Doyle (éste abandonó la medicina para dedicarse a escribir).

Gilbert K. Chesterton: su candoroso Padre Brown es la sabiduría hecha cura… y está dotado intelectual y psicológicamente como su extraordinario autor.

Agatha Christie: nos encanta el extraño belga con cabeza en forma de huevo y muchas neuronas que es su detective Hercules Poirot, pero preferimos a la amable miss Marple. La imaginábamos igual a Agatha Christie, pero luego de leer la autobiografía de esta autora comprendimos que su personaje es más inocente. Miss Marple, solterona feliz, vive en la campiña inglesa y resuelve sus casos tomando té en vajilla de porcelana y mirando a lo lejos, sin ver, un jardín bien cuidado pero nada simétrico, como todos los jardines de las revistas de decoración inglesas. A la simetría la señorita Marple la reserva para sus deducciones, lógicas, impecables

Raymond Chandler: su Philip Marlowe parece un típico detective privado norteamericano, que simula ser bastante insensible y en realidad como figura de ficción tiene una alta categoría, tanto moral como artística. Es ético y orgulloso y con un sutilísimo aire bizarro a modo del Quijote luchando con molinos de viento. Pero Marlowe lucha sin creer en los molinos de viento: es un escéptico. Tan atormentado como el más conocido protagonista de las novelas de Dostoievsky, su tortura es aún mayor por transcurrir en los desolados mundos del crimen de Los Angeles o de Chicago.

Patricia Highsmith tiene a Tom Ripley, su cultísimo y sádico personaje que toca el piano, es lector exquisito, conoce de pintura, es bisexual y delincuente “de guante blanco” y, si es necesario, asesino. Pertenece a una categoría de protagonistas que son muy bien recibidos por el público y suelen pasar con gloria al cine. Ripley fue encarnado en distintos films por Alain Delon, Dennis Hopper, Matt Damon y John Malkovich.

Mora Torres

Una Respuesta to “Nuestros queridos personajes”

  1. angel sequeyro Escribio:

    Es terriblemente cierto, no hay en la literatura policiaca española un personaje con el encanto y la presencia de esos que rememoras. He leido a la mayoría de los autores que mencionas y entre los personajes que evocas, me sonó raro que atribuyas a Poe al gran Arsenio Lupín de Maurice Leblanc y de inmediato traté de recordar algún detective mexicano y se me vino a la mente Peter Pérez el detective de Peralvillo. No recuerdo quien fue el autor que creó este personaje chusco y solamente lo situo en los años 40 0 50 (Uuyy) Sin embargo, aunque se trataba de un argumento ligero, se le daba el mismo tratamiento que se emplea en la novela policiaca. No creo que podamos encontrar el libro a que me refiero, aunque no supongo ser el único que lo recuerde. Para mi puede hermanarse con Chava Flores y su acertado folclore urbano, pero pido perdón por mi olvido al creador del único personaje de novela policiaca mexicana que recuerdo.
    Saludos
    Ángel

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