El envenenador de Mozart

¿Las mentiras deforman o las mentiras de Forman?

Hace unos veinte años fui (y acá empiezo a hablar en primera persona del singular, para seguir haciéndolo así en esta bitácora) al estreno de Amadeus, la película de Milos Forman que le dio mayor popularidad al director checoslovaco. Cuando salí, mi ánimo no era el de discutir los valores artísticos del film, ni sus errores y virtudes. Estaba demasiado triste. Había creído lo que el director narraba, no podía detenerme a examinar cómo lo narraba.

Mi amado genio, mi frágil genio, Mozart, había sido asesinado en plena juventud por un mediocre y envidioso músico: Antonio Salieri.

Dándole vueltas y vueltas al asunto decidí pensar en términos de humanidad y llegué a la conclusión de que debía perdonar a Salieri por su crimen. Mi endeble defensa consistía en que sin dudas el asesino había obrado por amor. Por amor a la música. Él no era un buen compositor pero sí un devoto admirador de la música, de la perfecta música de Mozart.

Me asombraron entonces las pasiones a que podía dar lugar el arte, y puse a Salieri entre mis demonios más apreciados. Al envenenador de Mozart le reservé un lugar no del todo indigno en mi memoria, pero me resultaba incómodo su recuerdo, el recuerdo de su papel en Amadeus.

Hasta que mis intereses y cultura se ampliaron un poco y, deshaciendo prejuicios, escuché por primera vez en un disco una sinfonía de Salieri.

La música no puede volverse palabra: escuchen ustedes, lectores, a Antonio Salieri, sus óperas y conciertos. Y una vez que lo hayan escuchado, opinen si, quien además de ser un magnífico compositor, fue profesor de Mozart, Beethoven, Liszt y Schubert, necesitaba asesinar al más brillante de sus alumnos para que no le hiciera competencia.

De cualquier modo no sólo su talento proclama su inocencia, sino que hay sólidos argumentos que la apoyan. En este sitio dos trabajos lo rescatan: “La revancha de Salieri” de Silvana Lorena Stieben, y “Wolfgang Amadeus Mozart”, de Gabriel Timo.

En cuanto a las intenciones de Milos Forman, nunca fueron muy claras respecto de su film Amadeus, pero puedo disculparlo recordando una frase que aparece en “La historia del cine”, de Eudes Piña, trabajo seleccionado en el último newsletter. De la manera más apropiada y sintética, Piña nos informa del nacimiento del cine como arte:
“En 1896 el ilusionista francés Georges Méliès demostró que el cine no sólo servía para grabar la realidad, sino que también podía recrearla o falsearla”.

El ilusionista, el músico, el director, el arte… ¿Pueden ayudarme a salir de la trampa? Espero sus opiniones y desde ya las agradezco.

PD: un agradecimiento para Ángel Siqueyro por haberme advertido de una equivocación en la entrada pasada, y por haber colaborado con buena prosa también en temas anteriores. Perdonada la mala memoria, que tan mala no es…

Mora Torres

3 Respuestas to “El envenenador de Mozart”

  1. bromio Escribio:

    Quiero comentar dos lecturas del editorial, con la primera estoy en desacuerdo y con la segunda compagino tremendamente: Estoy convencido de la necesedad de separar el artista del cientifico cuando hablamos de personalidades de èpocas remotas (y no tan remotas) por que el arte y la ciencia tienen màs en comùn de lo que muchos pensamos. Tal vez lo que molesta no es el contenido de la comparaciòn sino “el tonito” con el que se pretende engrandecer a la ciencia por encima de los demàs campos del conocimiento. Este tema estarìa para comentar en un espacio màs grande que el de una nota como estas, pero bueno, es la primera vez que me animo. Con lo que si estoy plenamente de acuerdo es con el escrito sobre el fin del libro y la carta a Borges de Sontag…es una respuesta muy bella.

  2. Ángel Escribio:

    A Mozart se le ha mostrado en varias películas como un ente berrinchudo y terrible (de poco tiempo acá) y eso puede ser el precio de su enorme genio. Bajo esta premisa, no extraña que alguien que no alcanzó su desmesurada fama y en cambio tuviera que tolerar al monstruo, lo haya asesinado. No conozco la música de Antonio Salieri y no creo que supere a su alumno (¿Lo fue?) pero no me aferro a lo que me gusta en detrimento de lo que puede ser bueno para mi crecimiento intelectual.
    Saludos
    Ángel

  3. ELGUSTA Escribio:

    Yo vi por primera vez Amadeus en el cable (¿se acuerdan cuando HBO era para todos?). Tuve la suerte de leer antes en la revista una excelente crítica en la que se incluía el detalle que la película se basa en una obra de teatro de Peter Schaffer que mediante la ficción histórica trata el tema de la mediocridad y la envidia en el arte. Los personajes son dos: el sacerdote y Salieri y toda la obra es la confesión de este último. Según ese informe la obra se había representado durante años en Inglaterra y el papel de Salieri lo encarnaba el mismo actor que Forman puso en su película. Tal vez a raíz de ese informe es que nunca vi esta excelente película como una biografía. Pero sospecho que Forman descuidó la necesidad de una aclaración en la propia película.
    Para terminar: Antonio Salieri es un excelente y prolífico compositor ¿de qué otra manera hubiera podido ser Kapellmeister de la corte de José II?

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