El mas alla de la palabra
Jueves, Febrero 28th, 2008Le escribí a una conocida mía llamada Consuelo, sobre quien me comentaron “fuentes confiables” que había tenido “una experiencia extrasensorial, sobrenatural”, preguntándole sobre la misma.
Me contestó lo siguiente, aunque las palabras están traducidas, es decir, son mías (como si las palabras fueran de Alguien):
No vi fantasmas (Aproximación al devenir histórico de los fantasmas en el imaginario de la cultura occidental). Vi la Verdad (Brecht y la Verdad – Cinco pasos hacia su encuentro).
Más que buscarla, la verdad que nombro –la única- se me mostró por casualidad. Y es bella.
Aunque no tiene colores (Color, arquitectura y estados de ánimo).
Aunque no tiene música.
Aunque no tiene perfume (Aromaterapia).
Ni forma.
Vuelvo de allí sin saber mucho más de lo que siempre supe (Saber estudiar).
No sé si existen cielos, infiernos, purgatorios, transmigraciones, edenes (La muerte en la historia).
Ni siquiera sé si algo nos aguarda después de la muerte (Las imágenes de la Muerte).
No fue una experiencia sobrenatural. Quizá ni siquiera extrasensorial (Parapsicología – astrología).
Tampoco fue producto de lectura de libros de autoayuda (¿Es posible la felicidad? Vínculo y apego).
No vi la verdad de lo que es, de lo que no es, de lo que podemos o no esperar.
Pero lo que se me mostró, y por tanto aprendí, es muy intenso, muy poderoso (y disminuye increíblemente al ponerlo en palabras).
Vi por qué no sabemos la verdad.
Ahora estoy segura.
Descifrando la respuesta
La carta no deja muchas rendijas para volver a preguntar.
En especial, porque pondera la debilidad de las palabras, porque aclara en otro párrafo que tampoco es que con toda precisión haya visto por qué no sabemos, sino que la experiencia “pierde verdad” al ponerla en vocablos.
Intentemos –contradictoriamente al mensaje de Consuelo, lo sé- descifrar ese “vi por qué no sabemos”.
Noticia que me brindó inspiración
Leí hace pocos días en Internet que en mayo de este año ya va a ser posible realizar viajes en el tiempo.
(Dicho como en el párrafo anterior, ¡parece un infinito disparate!)
En esencia no importa cuánto de realidad tenga la información, lo bueno es que resulta inspiradora.
Sobre todo, para imaginar viajes hacia atrás.
Y tal vez descubrir a qué es a lo que se refiere la autora de la carta mencionada como central en su experiencia.
Yendo hacia atrás
Viajes hacia los tiempos más antiguos
Antes, siempre que imaginaba a los primeros humanos me conmovía una carencia o dificultad que “sufrían” en mayor grado que los actuales, que nosotros: la falta de un lenguaje bien estructurado para expresarse.
Para ilustrar mejor, cito unas frases de los comienzos de Cien años de soledad (mi veloz caballito de batalla):
“El mundo era tan reciente que las cosas no tenían nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
Pero, me digo ahora, los seres humanos, cuando organizamos, estructuramos, sistematizamos, “aprendimos”, perdimos, en el proceso, algunas cosas importantes.
En cierta forma nuestros ojos se velaron, porque las cosas empezaron a cubrirse de vestiduras, de polvo, de sombras, de vocablos.
Trato de imaginar quién sería yo si no tuviera este nombre, este apellido, esta blusa, esta lapicera; si no hubiera aprendido a leer y escribir y estuviera parada sobre una tierra sin nombre.
“¿Quién sería yo?” es tal vez una pregunta mal formulada, porque de todos modos la respuesta es que… seguiría siendo yo.
Después de todo también podrían ustedes, que no ven mi blusa, mi lapicera, mi computadora, mis manos, hacer una pregunta en tiempo presente sobre mí.
“¿Quién es la persona que nos está diciendo esto?”
“¿Alta, baja, vieja, joven?”
La pérdida
Lo que perdimos los seres humanos -pero supongo que a la vez ganamos mucho- cuando construimos sobre las cosas y los seres estructuras como catedrales (El Estilo Gótico), idiomas, números, fue saber quiénes somos sin necesidad de medir nuestra edad, altura, y hasta sin calcular si somos inteligentes o imaginativos o apáticos.
Al encontrar palabras encontramos límites y perdimos el más allá.
El más allá de la palabra, un lugar donde todo lo que estoy diciendo o intento decir se puede expresar con un guiño, un ademán o una carcajada.
Pero, claro, todo hubiera seguido pareciéndose a los sueños.
Sombras de bulto bello
El sueño, autor de representaciones,
en su teatro sobre el viento alzado
sombras suele vestir, de bulto bello,
dice Góngora, y es verdad.
Aunque… ¿la vida se hubiera parecido a los sueños si no hubiéramos construido sobre ella artificios?
Creemos que sí, pero entre otros artificios construimos cosas como la poesía, que a la vez se parece a los sueños.
La poesía se parece a los sueños porque todos soñamos y, del mismo modo, todos hacemos la poesía, aunque parezca extraño.
Los poetas surrealistas tenían una máxima extraída de un poeta anterior a ellos:
La poesía debe ser hecha por todos.
Envío
Sobre esta máxima, sobre los sueños como “arte poética individual” y sobre las cosas importantes que perdimos al aprender a hablar escribiré el próximo jueves.
Voy a contarles sueños, además.
¿Pueden contarme alguno, poetas amigos? (tengan en cuenta lo que cité sobre que la poesía debe ser hecha por todos).
Charles Nodier fue un escritor que amó las palabras y las plantas, y de tal modo escribió que existe “…algo maravillosamente dulce en el estudio de la naturaleza, que destina un nombre a todos los seres, un pensamiento a todas las palabras, amor y recuerdos a todos los pensamientos”.
De eso se trata.
Mora Torres