El encuentro de la poesia con la ciencia
Jueves, Marzo 27th, 2008Acabo de soñar con fuego, con columnas antiguas (Grecia) y con que vuelo en un vuelo silencioso donde al volar escucho el silencio, agradecida (Hacia una pedagogía del silencio).
Semidespierta, semidormida, me pregunto por el delicioso a veces, otras veces terrorífico pero siempre interesante mundo de los sueños (Los sueños: Productos automáticos de nuestra mente).
Abro la ventana de un día nuevo y trato de mirar como si acabara de llegar y no supiera nada de nada de la vida.
O como alguien dormido hace cien años que despertó hoy (esto, no me reprendan por ser tan infantil, me recuerda otro maravilloso cuento de mi infancia, el de la Bella Durmiente: Shrek y los cuentos de hadas).
Mis ojos miran hacia los cuatro costados, por la ventana, y también hacia dentro de mi cuarto.
Hay una biblioteca con libros que recogí en el camino y con libros heredados de mucha gente que vivió antes que yo (Plan de Acción para elevar la motivación del hábito de lectura…).
De entre los libros heredados, encuentro uno muy pequeño que parece salirse de su espacio para llamarme la atención.
Lo libero de su prisión entre sus congéneres y leo título y autor: “El aire y los sueños“, de Gaston Bachelard.
Intento, primero, averiguar quién es o fue Bachelard (El proceso y los componentes de la investigación científica).
Silbando bajito, recordando mal
Tal vez no estoy despierta ni semidespierta ni semidormida, tal vez no desperté, pero me encamino a las enciclopedias (Diccionarios y Enciclopedias) mientras como quien silba bajo la lluvia, recito:
“Atlas, enciclopedias, cosmogonías/ todo el ayer y el hoy representados”…,
…pero no, no era así el poema, acabo de herir a uno de los mejores escritores del mundo recordándolo mal.
Aunque Borges, seguro, me perdona (Borges y la eternidad en construcción).
El encuentro de la filosofía con la ciencia
Una de mis enciclopedias dice que Bachelard fue un filósofo francés nacido a fines del siglo diecinueve (Vida cotidiana de la oligarquía argentina – 1880-1890), que murió en París (Ernest Hemingway) en 1962 y que fue además “un tratadista de filosofía de la ciencia y psicoanálisis…“. Menciona varias de sus publicaciones, y una en especial llamada hermosamente “Psicoanálisis del fuego“. También menciona “La formación del espíritu científico” y “El materialismo racional“.
Transcribí los dos últimos nombres de las obras de este filósofo inusual, porque sus títulos parecen desmentir la afirmación de la contratapa de mi libro encontrado.
En ella leo que los lectores descifrarán en el libro diferentes cuestiones, tratadas “con un sentido eminentemente lírico“.
Sitúo entonces rápidamente a Gaston Bachelard entre los científicos, psicoanalistas y filósofos que desmembraron la realidad con un “sentido eminentemente lírico“.
Pero, ¿es posible tal encuentro de la poesía con la ciencia?
Sólo me resta abrir el libro y leer.
Abro el libro y encuentro “El sueño de vuelo“
Como les dije, acabo de soñar, entre otras cosas, con que vuelo en un vuelo silencioso.
Y he aquí que el primer capítulo del libro “El aire y los sueños” se llama ¡”El sueño de vuelo“!
Me siento ante el hallazgo de una nueva “coincidencia significativa“, como llamaba Jung a las “casualidades“, una coincidencia que involucra mi soñar, mi despertar mirando hacia los cuatro costados, mi hallar el libro de Gaston Bachelard y sólo y precisamente ese libro.
Pero, además de ese hallazgo que llamaría personal, porque aunque trascendente sólo concierne a mi persona, descubro aquí, precisamente, en este libro, lo que siempre busqué: el punto de encuentro, visible, indudable, entre la ciencia - abarcando en esta palabra todo lo racional - y la poesía - abarcando en esta palabra todo lo que trasciende las palabras, como la música y la religiosidad.
Leamos juntos por ejemplo esta frase:
“El psicoanálisis clásico descuida, por lo menos en dos aspectos, el deber de curiosidad: no da cuenta del carácter estético del sueño de vuelo, ni de los esfuerzos de racionalización que trabajan y deforman este sueño fundamental”.
Acordarán conmigo en que nuestro autor junta cuestiones como “el deber de la curiosidad“, “el carácter estético” con los “esfuerzos de racionalización“, lo que no es ni más ni menos, a mi entender, que poetizar la ciencia y racionalizar la poesía. Pero hay más: la escritura de Bachelard, cuando habla de ciencia, se acerca a la escritura de un poema:
“Admitamos, con el psicoanálisis, que la voluptuosidad onírica se satisface haciendo volar al soñador. ¿Cómo esta impresión sorda, confusa, oscura, podrá recibir las imágenes graciosas del vuelo? ¿Cómo recurrirá en su monotonía esencial a lo pintoresco para dar a los relatos interminables de los viajes alados.”
“La respuesta a estas dos preguntas constituiría una aportación a la estética del amor y una racionalización de los viajes imaginarios.”
Aun sin entender demasiado bien el significado de lo que escribe mi filósofo, sí entiendo, amigos lectores, que:
¡La ciencia necesita de la poesía para descifrar el mundo!:
“El amor y sus imágenes se acumulan sobre este tema (el del vuelo). Al estudiarlo veremos, pues, cómo el amor produce imágenes“.
Cómo el amor produce imágenes
(más allá de cualquier golosina)
El subtítulo es un guiño hacia esos lectores que me recomendaron ser algo más concreta con mis temas, y me lo recomendaron en respuesta a mi último artículo, llamado “El chocolate y sus misterios“.
Respeto, considero, admiro, evalúo y pienso las opiniones que me dan ustedes no saben hasta qué punto… pero…
Pero es mi mano la que escribe, como si fuera en otro sueño, no yo.
Y mi mano se niega a escribir ante el papel en blanco, hoy.
Hoy, ante el papel en blanco, o más bien ante la pantalla de la computadora, mi mano quedó muda, y debí hablar apelando a lo “razonable” o “racional” (Acercamiento a la noción de texto desde la física cuántica).
Con lo cual debían de algún modo ser más concretas y coherentes mis reflexiones.
Sin embargo, releyendo estos párrafos, algo ociosos, comprendo que no hay mucha diferencia entre lo que “siento” y lo que “sesudamente” pienso.
Pero tal vez esa ociosidad, ese no ser del todo concreto, sea el mundo que entrego a descifrar, junto con las sí consistentes monografías que recomiendo.
A ser descifrado por mis lectores, acompañándome con la lectura de esos trabajos.
Les agradezco por todo lo que recibo, por todo lo aprendido en estos meses.
Hoy no les ofrezco chocolates, les ofrezco un escritor y científico para descubrir, que es Bachelard, a quien acabo de conocer yo misma.
Crecer juntos es mi aspiración mayor, y conocerlos a través de sus respuestas es mi alegría diaria.
Para ustedes, todo mi reconocimiento y todos mis abrazos.
Mora Torres

