Archive for the ‘Monografias’ Category

Presentaciones Multimedia en Monografias.com

Martes, Junio 10th, 2008

Tenemos el agrado de informarles que se comenzó con la publicación de las primeras presentaciones multimedia, sumando así un nuevo formato (PPT) en Monografias.com a los aportes elaborados en DOC y PDF.

Para poder visualizarlas es necesario contar con Flash Player instalado en el navegador de Internet.

Los invitamos a que nos envíen sus aportes realizados en Power Point (PPT O PPS) o utilizando Impress de OpenOffice.org, a través de los métodos de envío disponibles en la siguiente dirección: http://www.monografias.com/participar.shtml

Al enviarnos su presentación, le pedimos que por favor incluyan una breve descripción del contenido para que puedan ser encontradas por los lectores en sus búsquedas. Existe un requisito de extensión de 5 diapositivas como mínimo y el aporte debe desarrollar un tema de interés que resulte útil para estudiantes o quienes efectúen una exposición sobre el mismo.

Cabe aclarar que no se aceptaran presentaciones como las que se envían en cadenas de e-mail o similares.

Esperamos que la inclusión de este nuevo formato resulte útil para que nuestra comunidad continúe creciendo.

El equipo de Monografias.com

La nueva aplicacion - MonoExpress

Jueves, Noviembre 15th, 2007

Hoy queremos compartir con ustedes el lanzamiento de nuestra nueva herramienta MonoExpress. Con esta aplicación esperamos simplificarles el envío de los aportes que deseen publicar, sin la necesidad de utilizar el correo electrónico, aunque también pueden hacerlo enviándolos como siempre a trabajos@monografias.com.

Describiéndolo brevemente, MonoExpress es de uso simple; compatible con Microsoft Word (en sus versiones 2000, XP y 2003 bajo Windows XP); y pesa solamente 200kb.

Los invitamos a que lo utilicen y vean los videos tutoriales que les preparamos para que aprendan a instalarlo y a utilizarlo, haciendo click aquí.

También aprovechamos para contarles que se encuentra lista la sección de Descargas donde también van a poder encontrar todas las aplicaciones disponibles.

El Equipo de Monografias.com

Coctel

Jueves, Noviembre 8th, 2007

No, no voy a darles la receta de una bebida.

Éste es un cóctel de idiomas, más precisamente uno que bauticé “Cóctel de pequeña caña dulce española” en homenaje a nuestra letra eñe.

Un homenaje más sentido se lo ofrece Jeremías Díaz en “El idioma español“, donde puede leerse: “Ñ: decimoquinta letra del alfabeto español. Su nombre es eñe y sólo se usa en español. La tilde que lleva en la parte superior tiene su origen en la escritura de los copistas medievales, que la emplearon desde el siglo XII como signo escrito sobre una letra y que significaba carácter repetido, es decir, ñ=nn…”. Y luego sigue el capítulo “La Ñ en la Internet”.

Yo quise usar precisamente esa letra en el título de esta nota, y su ausencia o escasez en Internet me lo impidió. Tal vez sea posible sacar alguna conclusión al respecto leyendo el trabajo de Díaz. El nombre de mi título era “Con eñe de español y de morriña”.

Antes de continuar, y como, aunque uso la palabra, no conozco muy bien el significado de morriña (más que de habérsela oído repetir a mi padre), abro el diccionario:

Morriña: coloq. Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal (Diccionario de la Real Academia Española).

Cierro el diccionario y recuerdo con morriña la antigua sonoridad de ciertos escritores y oradores leídos y escuchados.

Sé muy bien, como reza la cita de Valenzuela que encabeza “Spanglish: un cóctel lingüístico“, que “la pureza lingüística no existe. Todas las lenguas se influyen entre sí y todas las lenguas cambian constantemente…”.

Pero pretendo para mi idioma -aun dentro de ese sensato relativismo- un alto puesto. No es tan sencillo como que no se puede olvidar que en español escribieron sus versos Lope, Quevedo, Vallejo, Borges, porque del mismo modo puede hablarse homenajeando al quechua, el elaborado idioma que habló un pueblo tan importante como el de los incas, y sobre el cual convendría leer “Dialectos en el Perú. Dialectos en la serranía“.

El español ahora -y después de todo lo remoto y excelso, como El Quijote y el Siglo de Oro- conserva su singular encanto y, a la vez, ha actualizado su practicidad.

Dejando toda nostalgia de lado, revuelvo mi carpeta de recortes periodísticos y encuentro que hace unos meses se realizó en Cartagena de Indias, Colombia, el Congreso Internacional de la Lengua Española.

Allí Antonio Skármeta (autor entre otras cosas del libro de la película El cartero, sobre la vida de Neruda) expresó varias preocupaciones referentes a nuestro idioma. Habló fundamentalmente de “el español que no se habla”, que, según su definición, es el de “aquellos que están más cerca del silencio que de las palabras”, no por decisión propia sino por debilidades y carencias del sistema educativo e influencia dañina de los medios. Lo cual implica según él (y nosotros junto a él) una “indefensión cultural y una reducción del mundo”. Dijo respecto a su país de origen que Chile sufre una “pavorosa reducción del español”. Tal vez no se atrevió a incluir a otros países latinoamericanos, pero que la sufrimos es muy cierto para casi todos.

En igual oportunidad, sin embargo, se lo vio eufórico al colombiano Juan Gossaín. En China estaba a punto de aparecer (ignoro si finalmente apareció o si sigue “estando por aparecer”) un diario en español. Aparte, 48 millones de personas en el planeta están aprendiéndolo; y Estados Unidos es la quinta nación en número de hablantes. Todas estas afirmaciones fueron hechas por Gossaín en su disertación sobre “El español, lengua de comunicación universal”. (Para acompañar su optimismo, empezamos leyendo “Origen del Español“, y de allí partimos hacia “Historia de la Lengua Española“.)

En esta misma sesion del por mí recordado, o recuperado, Congreso, Enrique Durand, de la CNN, aseveró que la nuestra es una lengua “vigorosa, cambiante y viva” y “vehículo por excelencia para la expansión de los medios de comunicación”. Manfredo Kempff, académico boliviano, se sumó a las preocupaciones de Skármeta y puso en alerta sobre los cuidados que deben tenerse, ya que al ser una lengua universal corre los “riesgos de la diversidad” y “existen factores que atentan contra él desde adentro”. (En este caso, nos consolamos leyendo “Cervantes y la lengua española“.)

Mis recortes cuentan que cuando la sesión terminó, Gabriel García Márquez invitó al ex presidente norteamericano Bill Clinton a visitar su casa cartaginesa. He aquí la noticia que redacté entonces:

De cómo el Congreso de la Lengua Española puede influir en la salud de Fidel Castro

García Márquez -cada vez más leído y más famoso, aunque parezca imposible: hay una noticia en Internet que afirma que cada pocos segundos se venden cantidades enormes de Cien años…- posee una deliciosa casa de vacaciones en Cartagena de Indias, donde se reunió el Congreso de la Lengua.

Gabo, ni lerdo ni perezoso, lo invitó a conversar en casa a Bill Clinton, que se encontraba en el Congreso como invitado.

Repasaron todo tipo de temas literarios -Kafka y Faulkner, tal vez Hemingway, Onetti, Fuentes, ya que Clinton es un buen lector-, hasta que el escritor colombiano percibió que había llegado el momento de tocar el asunto que más le interesa: Cuba. García Márquez le había pedido en una oportunidad a Clinton, cuando éste era presidente de EE.UU., el desbloqueo de Cuba. Pero no obtuvo la respuesta que ahora le daría el mismo Bill si tuviera el poder, es decir, un Sí redondo.

Parece que de todos modos Gabo le dio consejos sobre cómo utilizar estratégicamente sus influencias de “ex” y quizá de “futuro” mandatario.

La conversación de 3 horas incluyó también -hay que ser generosos- la mayor preocupación de Clinton, que es el descrédito creciente que padece Norteamérica en el mundo.

Nunca se baja dos veces al mismo río

Tenía razón Heráclito el Oscuro (”Heráclito de Éfeso: ¿melancolía o esquizofrenia?“). Hoy bajé al río virtual y no vi lo que vi hace unos meses, en cuanto al último punto del artículo que transcribí en parte. Ya no es Bill Clinton un posible futuro presidente, aunque sí es un posible “príncipe consorte”, ya que no se puede decir “primer caballero”, como sustituto de “primera dama” (pero, ¿por qué no se puede?).

Gabo está en este momento bastante alejado, pero Fidel Castro, aunque ya no al volante del gobierno, no tiene descanso -Bush le hace encontrar réplicas apropiadas y lo mantiene mentalmente ágil- y está recuperándose (no sé si influyó la reunión de García Márquez con Clinton, según profeticé). A esto último tómenlo como humorada…

En qué no influyeron los Beatles

La monografía que cité algunos párrafos arriba, “Spanglish: un cóctel lingüístico“, asegura que fue a partir de los años 60, “con el surgimiento de los Beatles”, que “nuestra lengua materna… se ha visto más influenciada por el inglés”.

En este caso, perdonamos de todo corazón a los “influenciadores” y leemos “Los Beatles” en busca de alguna revelación. Es difícil, porque todo parece haber sido dicho -y escuchado- sobre ellos, pero tengamos esperanzas, o continuemos con “Impacto de la música sobre los adolescentes“, que los menciona y que además nos haría bien leer si somos padres jóvenes.

¡Y que viva la eñe! (aunque los Beatles no la conocían).

Mora Torres

Esa cosa liviana, alada y sagrada, segun Platon

Jueves, Octubre 11th, 2007

Solía decir Borges -con un humor que a veces tomaba matices muy oscuros- que hay gente que siente escasamente la poesía, y que esa gente es generalmente la que se dedica a enseñarla.

No estoy segura de que sea verdad, pero sí estoy segura de que personas que no tienen ni títulos ni honores en poesía, pueden sentirla tanto como los que se llevan los laureles por escribirla o predicarla.

La poesía es un lenguaje extrañamente universal y privado a un tiempo. El verso que yo pueda leer con ustedes no dibuja en mí la misma sombra, los mismos símbolos, ni tiene la misma música. Ni siquiera nos habla de lo mismo: a cada uno de nosotros nos revela un secreto diferente.

Hace muchos años -porque debo contarles que ya no soy joven, en especial a los que vieron en mi nota anterior una admiración juvenil por el Che- redacté algo tratando ingenuamente de definir lo que era un poeta.

Decía que “el poeta está señalado por algo indefinido, sin nombre, que hace que le sea muy difícil conseguir un empleo, educar a los hijos, amar, tener amigos. Uno se encuentra todos los días con la penosa certidumbre de que el mundo no necesita de los poetas”.

Yo era muy joven cuando lo escribí; sangraba por la herida.

Me encantaría que ustedes desmintieran ahora mis palabras apresuradamente escritas.

Actualmente tengo el empleo, y amigos, y los hijos crecieron, y lo que sigo creyendo de aquel tiempo es que lo que merece ser vivido de la vida no es “la necesidad” (o sea el empleo) sino “el lujo” (es decir, la poesía).

Pero está claro que, irremediablemente, para disfrutar de ella, debemos tener al menos dos comidas diarias, y luego el alimento de los versos.

La divina comida

Sin más, les paso la carta que escogí de “platos” latinoamericanos. El que no los perciba sabrosos, puede mandar otras recetas.

Empiezo con Neruda, de quien sé que muchos esperan que transcriba unas líneas.

Como son tantas las que escribió, apelo a lo primero que recuerdo, sin intentar escoger las mejores (malas no van a ser, supongo):

Sucede que me canso de ser hombre,
que entro en las estaciones y los bares
cansado, impenetrable como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

Son líneas de un comienzo, igual que éstas:

Te recuerdo como eras en el último otoño;
eras la boina gris y el corazón en calma.

De la gran voz que hoy casi no se oye del peruano César Vallejo una primera estrofa me estranguló siempre:

“Hay golpes en la vida tan fuertes,
yo no sé,
golpes como del odio de Dios”.

(Para leer las biografías de Neruda y Vallejo y descubrir a otros poetas, y repasar a narradores, ver “Principales exponentes de la literatura del siglo XX“, de Yamara Esquivel, de Cuba.)

Más adelante, más atrás.

Y yendo mucho más atrás les regalo joyas, que pueden encontrar en el excelente envío de Rebeca Rodríguez, “Literatura hispanoamericana“. Una muestra de los “amautas” (poetas aztecas):

Por segunda vez no venimos a la tierra,
príncipes chichimecas.
¡Gocemos!
¿Llevaremos nuestras flores a la muerte?
Solamente prestadas las tenemos.

Información final

Tantos son los poetas que escribieron y vivieron, o que viven y escriben en Latinoamérica, que sólo puedo pedirles que recuerden a algunos (Gabriela Mistral, Nicolás Guillén, Octavio Paz, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, etc.) sin olvidar que hay otros tan grandes como ellos cuyos papeles el viento desparramó, de quienes apenas podemos encontrar algún verso, y que vale la pena mover cielo e infierno para rescatarlo.

En otro post les hablaré de un festival de poetas de todo el mundo llevado a cabo en Rosario, Argentina, al que me invitaron.

Escuché la voz de dos o tres grandes, pero la actividad más importante fue para mí el encuentro con los presos del taller literario de la Unidad Penitenciaria Nº 3.

Nos condujeron a una especie de aula lúgubre. Apoyadas en las paredes había sillas estilo Van Gogh (si buscan en Internet, seguro está el cuadro de la silla de Van Gogh)

En el centro un largo tablón hacía de mesa, con platos descartables llenos de caramelos y galletas marinas.

“La poesía es un rincón luminoso donde nadie puede hallarnos”, estaba escrito en el pizarrón del fondo, por los presos, con tiza.

Mora Torres

Nuevo buscador en Monografias.com

Domingo, Septiembre 9th, 2007

Después de varias semanas de pruebas, hemos lanzado un nuevo motor de búsqueda interna. A diferencia del anterior, que sólo buscaba en la descripción o resumen, ahora el análisis será realizado también en todo el texto de cada documento.
A su vez, actualmente las búsquedas son ordenadas por la relevancia del texto en el trabajo y no solo por la categoría del mismo.
Simultaneamente estamos probando un sistema de sugerencias, que permite corregir ortográficamente el texto buscado y proveer sugerencias alternativas.

Aun debemos terminar de ajustar las opciones avanzadas, pero esperamos tenerlas operativas en breve (quizas al momento de leer esta nota ya estén funcionando)

Esperamos vuestro feedback!

Lucas.

Sobre etica y virtud, ¿ambas alcanzan a la democracia?

Jueves, Septiembre 6th, 2007

“El hombre por naturaleza aspira a obrar bien…” se afirma en un ensayo enviado por Mabel Díaz desde Uruguay, “Trabajo de ética. ¿Qué significa obrar bien?“. Sin embargo, entre los más destacados filósofos, muchos afirman que “los enunciados éticos sólo tienen significado emocional o persuasivo” (ver “Ética“, que se analiza más adelante).

Trueco la afirmación citada al comienzo por una interrogante: ¿El hombre, por naturaleza, aspira a obrar bien?

Mirando para el Norte, el Sur, el Este y el Oeste del mundo, el viento, o la brisa, o los huracanes, parecerían traerme una respuesta negativa; un enorme glaciar derritiéndose en forma de NO; un bosque talado en forma de NO; un agujero de ozono, una repartición de las riquezas públicas y privadas, unos sentimientos de egoísmo y soberbia, y matanzas que dibujan el monosílabo NO como única réplica.

Lo mismo ocurre si en lugar de mirar hacia el espacio miro hacia adentro del tiempo.
No encuentro la naturaleza ética o al menos benévola del hombre…

Continúo revisando nuestras monografías. Sigo con “Códigos y principios de la ética en el ámbito social“, enviada por Víctor Javier Valverde.

El primer párrafo ya me permite hacer la necesaria diferenciación entre ética y moral: “Es importante distinguir entre el comportamiento moral del hombre y la sociedad, que es la moral, y la reflexión filosófica de este comportamiento, que es la filosofía moral o Ética. Ningún hombre escapa a la moralidad, todos sus actos libres tienen una calificación moral positiva o negativa. Pero además existe un criterio verdaderamente científico capaz de determinar la conducta moral por medio de principios universales y necesarios aplicables a todos los hombres en cualquier época y latitud. De este modo, lo moral deja de ser un tópico o una cuestión de apreciación subjetiva para constituirse en un orden científico que procede por demostraciones rigurosas”. Deduzco que no debí mirar hacia todos los puntos cardinales en el espacio o hacia el fondo en la historia: lo que llegaré a encontrar allí es sólo moral a la que puedo individualmente etiquetar de buena o mala. La ética es entonces atemporal y pertenece al orden científico, no a mis subjetivas consideraciones.

Pese a todo, no quedo convencida.

En Ética, del profesor José Luis Dell’Ordine, de Argentina, encuentro claramente definida a la misma como “principios o pautas de la conducta humana… y por extensión, (es) el estudio de esos principios, a veces llamado filosofía moral”. El autor aclara que su artículo “se concreta al ámbito de la civilización occidental, aunque cada cultura ha desarrollado un modelo ético propio”. Demás está decir que mi reflexión basada en la lectura de otro trabajo respecto de que la ética es atemporal empieza a parecerme el resultado de mi dudosa comprensión de la filosofía.

Principios Éticos

El profesor Dell’Ordine dice además que “En la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales, cada uno de los cuales ha sido propuesto por varios grupos o individuos como el bien más elevado: la felicidad o placer; el deber, la virtud o la obligación, y la perfección, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas”.

Y es precisamente el último modelo el que debería ajustarse a nuestra actual sociedad, considerando que, en el ámbito de los principios y según el brillante escrito de los licenciados José Miguel Ramírez Bilbao, Maurilio García González y Jaime Vargas Flores, de México, existen basamentos esenciales de justicia dentro de la ética, tales como el Principio de Igualdad, “cada persona ha de tener un derecho igual al más amplio sistema total de libertades básicas compatible con un sistema similar de libertad para todos”, y el Principio de Diferencia: “las desigualdades económicas y sociales han de ser estructuradas de manera que sean para: 1. Mayor beneficio de los menos aventajados, y 2. Unido a que los cargos y funciones sean asequibles a todos bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades”. (”Pensamiento filosófico de la ética política, con relación al México actual” ).

Sólo pregunto, ¿en nuestros países latinoamericanos es visible o palpable este axioma fundamental de las democracias? ¿Podrán contestármelo mis lectores?

En “Replanteamiento de la teoría de la virtud desde un enfoque axiológico“, el Dr. Arturo Sánchez Fernández, que además de médico es diplomado en bioética y teoría de los valores, comienza haciendo un recorrido histórico y etimológico por la “teoría de la virtud” o “aretología”: “La teoría de la virtud o aretología constituye una de las numerosas respuestas…” a las interrogantes: “¿Cómo debo actuar” y “¿Cómo debo pensar y estar preparado para actuar correctamente?”
“‘Virtud’ proviene del latín ‘virtus’ y al igual que su equivalente griego ‘areté’ significa cualidad excelente de las cosas o personas para realizar sus funciones. El areté de un cuchillo significa que tenga un buen filo, que sea maniobrable, liviano. Cuando se habla de virtud o areté en el hombre se hace referencia a cualidades que lo capacitan para realizar excelentemente las múltiples funciones que puede desempeñar. En este sentido se habla de virtuosismo en el arte, el deporte, la ciencia… La virtud moral… no es otra cosa que cualidades excelentes de una persona en el ámbito moral. Los antecedentes de esta teoría se remontan a la Antigüedad”.

Aquí este autor pasa a mencionar las definiciones que dieron de virtud filósofos como Sócrates (”identifica la virtud con el conocimiento”; Euclides de Megara, quien afirma que a la virtud puede llegarse por razonamientos lógicos. Aristipo de Cirene considera virtud y finalidad de la virtud “alcanzar el mayor placer posible”, aunque advirtiendo que el hombre “no ha de convertirse en esclavo del goce, sino tender al placer prudente”.

Es Aristóteles “el primero que hace una sistematización de conocimientos relacionados con la ética, y da el nombre a esta ciencia. La orientación fundamental de su sistema ético-filosófico es la felicidad (eudemonismo)” a la que no debe confundirse con la búsqueda de placer de Aristipo.

Y como tal vez me he extendido demasiado tratando de entender y de que entendamos juntos este espinoso tema, para terminar sólo repito la pregunta ya efectuada (es para destacarla y que ustedes me contesten): la ética y la virtud -y no precisamente las de Aristipo, sino las de Platón y de Aristóteles-, ¿se evidencian en nuestros países latinoamericanos como bases firmes de la democracia?

Mora Torres

BlogDay 2007

Viernes, Agosto 31st, 2007

Por tercera vez consecutiva se celebra el 31 de Agosto el “Día del Blog” o “BlogDay”, ideado por un grupo de Bloggers que deseaba contar con un día dedicado a conocer otros Blogs y Bloggers de otros países que abordaran distintas temáticas.

La propuesta de BlogDay.org consiste en recomendar 5 Blogs nuevos cada 31 de Agosto. Celebrando este nuevo aniversario y para unirnos al “BlogDay2007″ queremos recomendarles a todos ustedes los siguientes Blogs que nos parecieron muy interesantes:

  • AulaBlog: un proyecto impulsado por un grupo de profesores/as de diferentes puntos de España interesados en promover el uso de las TIC en la educación, especialmente de los Weblogs.
  • Martin Varsavsky: blog del empresario exitoso argentino/español que ha fundado varias empresas involucradas con Internet, entre otras.
  • Blog del Amasijo: blog de la escritora y poeta argentina María del Carmen Colombo dedicado a la poesía, el arte y la política latinoamericana.
  • Pixel y Dixel: un weblog sobre el mundo digital, Internet, tecnología, música, video, fotografía, publicidad, cine, tendencias y otros temas de interés general.
  • Weblog de Educ.ar: con el objetivo de incrementar la participación y colaboración en la gestión de contenidos referidos a educación y tecnología, apoyando la utilización de los Blog como una herramienta de publicación para generar conceptos y promover la participación democrática.

El Equipo de Monografias.com

Eva -y Adan- en libertad

Jueves, Agosto 30th, 2007

Los primeros humanos que habitaron la tierra no relacionaron los encuentros sexuales, aquellos placenteros encuentros que solían tener mujeres y hombres, con la maternidad.

Por eso la mujer era una diosa; de su vientre salía la vida. Y los artistas de las cavernas la homenajeaban con sus estatuillas -hay cientos de éstas rescatadas por los arqueólogos, quienes las llamaron “Venus de…” (los tres puntos son ocupados por el nombre del lugar donde fue hallada la escultura).

Como diosa, la mujer tenía el poder, por lo que en esas épocas el poder se llamaba matriarcado. (Los invito a leer “La problemática de la mujer en la sociedad a través del tiempo”, de la argentina Adriana Sosa. Copio de allí: “La Humanidad era en aquella época tan diferente que su mismo nombre se traduciría por el de ‘Feminidad’”.)

No duró mucho. Cuando el varón comprendió su secreta participación en la génesis de los hijos, la mujer dejó de ser misteriosa y sagrada. Y cuando comprendió también que la aventajaba en una cosa –aunque realmente se trataba de una sola, diminuta ventaja, es decir, en la fuerza física, que no es la fortaleza psicológica precisamente- decidió hacer uso de este detalle que siendo tan pequeño como cualidad es tan útil para atacar, defender, poseer y tomar el poder. Este poder se llamaba y se llama “patriarcado”. (En uno de nuestros trabajos, “Violencia intrafamiliar: El Salvador” -cuyo autor sólo da una dirección de correo electrónico-, un extenso Capítulo, el primero, explica claramente la Teoría del Género.)

Cuando la historia comenzó a escribirse, los varones ya se sentían seguros y superiores. En esos principios, la mujer fue insertada en crónicas y relatos, pero a ella poco se le permitió escribir o escribirse.

Los hombres iban alegremente a la guerra, recorrían mundo en expediciones y cruzadas y, como ellos sí estaban autorizados para aprender a leer y dibujar signos caligráficos, contaban batallas, daban reglas morales y hasta redactaban diarios en donde la mujer nunca dejaba de estar presente, al modo en que suelen aparecer en la actualidad las graciosas mascotas familiares en los papeles íntimos y cartas.

De vez en cuando se mencionaba la existencia de alguna fémina singular; toda una excepción. A esas mujeres excepcionales podría equiparárselas a los animales domésticos de quienes sus dueños aseguran que “sólo les falta hablar”.

A la mujer no le faltaba el habla, siempre que se lo permitieran. Sólo le faltaba tener alma, y algunos buenos hombres aseguraban que casi la tenía, y otros, los menos, que la tenía completamente, lo que dio lugar a concienzudas y famosas polémicas, y famosos concilios.

Tenían argumentos notables quienes sostenían la carencia de alma y atributos intelectuales en la mujer: ella no producía grandes cosas, en absoluto, ni en ciencia, ni en arte. Tampoco creaba religiones.

Dejando de lado que toda obra femenina (a menos que se tratara de un rosado bebé, al que ni siquiera lo hacía la mujer sola) era rechazada por la comunidad bien pensante (integrada en su totalidad por representantes masculinos), hay que decir que es verdad que era imposible que la mujer se pusiera a la par del hombre en el Conocimiento. Así como un niño desnutrido no podría ganar una carrera frente a otro de su misma edad pero perfectamente alimentado, a la dama le habían escondido todos los víveres del intelecto y no podía participar en ninguna competencia.

Y así como la pobreza y la desnutrición vienen desde tan lejos en la historia, aún hoy la mujer tiene carencias de otro tipo. Aunque ya haya escrito, pintado y esculpido obras maestras. Aunque ya haya sido filósofa, psicoanalista y pedagoga.

En general lo ha sido después de parir, alimentar, limpiar la casa y atender marido y niños. También después de someterse a diferentes torturas para tratar de alcanzar el grado de belleza que a su hombre lo enamora. (Es obvio que los temas más recurrentes en la televisión son aquellos que más público atraen; en este momento los programas que van primero en el cable son los de “medicina y cirugía cosmética”. A propósito, y volviendo específicamente a nuestro asunto, conviene dar un paseo por el trabajo que enviaron Laura Buglione y María Eugenia Kremky: “La televisión argentina y el machismo“)

Se dirá que, si la mujer fuera sabia, habría dejado de lado la “frivolidad” de la belleza física y se ocuparía sólo de su mente y de la salud de su cuerpo. Pero es un juicio algo apresurado.

Si la mujer estuvo sometida durante miles de años al régimen de complacer al hombre y a la sociedad, ¿cómo exigirle que de la noche a la mañana y sin ninguna garantía de sobrevivir socialmente deponga sus armas? (Respecto a esta “misión” de la mujer, y acerca de los roles de género, se puede recurrir a interesantes trabajos masculinos, tales como “Noción de género para el estudio de las sociedades precolombinas”, de Pedro B. Quiroux, y “Machismo y psicología social”, de Boris Isla Molina, de Chile. También recomiendo, de Leticia Núñez, de Paraguay, “La mujer en el desarrollo de la cultura paraguaya a través de la historia”).

Escribe Celia Moreno Serrano en “Simone de Beauvoir”, una monografía que incluye además dos subtítulos tan importantes como “La mujer indígena. Rigoberta Menchú” y “Madre Teresa de Calcuta”:
“Guardo de Simone de Beauvoir dos legados importantes: primero, la lucha por la igualdad del género femenino y en esto nos queda todavía un camino largo para andar, sobre todo en nuestros países latinoamericanos (…) El segundo es el respeto a los derechos humanos, el derecho a la diferencia. Este respeto lo podemos medir en la capacidad que tenemos de aceptar al otro en su diferencia y aceptar significa entender al otro ser humano, no al que se nos parece, sino a aquel que por sus opiniones, valores u opciones está más alejado de nosotros…”.

Si de algo no relacionado con el físico se ha hablado entre hombres respecto a la mujer es de los movimientos feministas. Hasta célebres escritores de fines del siglo XIX y de la jerarquía de Henry James (en Las bostonianas, por ejemplo) se interesaron por el tema, aunque en sus escritos siempre se dibuja una sutil sonrisa de afecto y de ironía al mismo tiempo. Otros utilizaron el asunto francamente para la burla. Muy pocos escribieron en su apoyo.

En “El movimiento feminista hoy. Pasado, presente y futuro” de Ximena Briceño Olivera, de Chile, puede leerse que el feminismo nació junto con la Revolución Francesa y los demás movimientos independentistas de la época, pero que “pronto surgió la gran contradicción que marcó la lucha del primer feminismo: las libertades, los derechos y la igualdad jurídica que habían sido las grandes conquistas de las revoluciones liberales no afectaron a la mujer. Los Derechos del Hombre y del Ciudadano que proclamaba la revolución francesa se referían en exclusiva al ‘hombre’, no al conjunto de los seres humanos”.

Esto me recuerda que anteriormente los griegos, los hebreos, los romanos, Confucio y el propio Buda rechazaron a las mujeres como discípulas, Confucio señalando que la mujer era “como un hombre pequeño”. (Confucio fue rescatado de una cueva -adonde lo había abandonado su padre al nacer- por su madre, quien hizo tantos sacrificios para que nuestro sabio tuviera la oportunidad de estudiar que murió de fatiga y escasa alimentación en plena juventud.)

¿Qué haré, como mujer, con estas historias y otras semejantes? ¿Me perderé, por ejemplo, la luz que suele aportarme Confucio, aunque haya hablado para hombres solamente y no para todos los seres humanos? No, no dejaré de lado sus Analectas.

Creo que tal como empezó mi nota, todo se trata de poder. Y que del poder también es víctima el que lo ejerce, y que el poder tiene que ver con la libertad, o mejor dicho con su contracara, la esclavitud. En la nota anterior hablé de la libertad en referencia a un tema muy distinto: la lectura.

Me parece que todo es ella, la libertad; que todo empieza y termina con ella. Creo que seremos mejores cuando a la libertad pueda encontrársela en todos los lugares; que seremos personas, más que hombres y mujeres machistas o feministas.

Mora Torres

Librandola

Jueves, Agosto 23rd, 2007

No, el título de esta nota no se refiere a que estamos “librando” ninguna batalla, la cual, aplicada a este escrito, podría tratarse de la que gira entre los libros de papel y los libros virtuales. Ése es un viejo debate ya resuelto entre ustedes y yo… aunque a pesar de mi amor por el “físico” de los libros, continúo pensando que, mientras se lea, poco importa la mayor o menor calidad del soporte. Siempre habrá –en el caso de falta de papel- algún libro guardado, como en mi estante los viejos cuentos de hadas ilustrados, o, quizá, antes de la demolición de las bibliotecas públicas rematarán para los ricos La divina comedia o El Quijote ilustrados por Doré (un día voy a contarles algo de este artista, Gustavo Doré).

Esta nota y su título se refieren a que los libros nos libran vaya a saber de qué, pero seguro que lo hacen (más adelante encontrarán algunas razones que hallé al respecto). Se refieren, en pocas y muy usadas palabras, al placer de la lectura y a cómo tratar de difundirlo para felicidad de todos.

Un ensayo muy recomendable referente al tema, y para quienes quieran con placer participar, por supuesto, es “Descripción métodos de iniciación a la lectura y escritura“, enviado por Cecilia Ayala desde México.

Otro que aporta mucho -de los que he leído en este sitio, hay varios más- es “La lectura y sus procesos“, que viene de Colombia, con varias firmas.

La falta de afición a la lectura no parece asunto de primera necesidad a tratar en un universo que se desangra: nadie parece haber muerto por esa carencia. Y sin embargo no es así.

Conozco gente que ha muerto de depresión y que hubiera podido salvarse con sólo encontrar (a veces reencontrar) el impulso necesario para abrir un libro, empezar a leerlo y continuar mientras las desgracias personales se apagan más y más y se vuelve a sentir de verdad, en las calles, encrucijadas y laberintos de la literatura. Ya que allí las desgracias temporales se convierten en gracia, y a la alegría de una página que agrada puede llamársele felicidad.

El olvido de sí mismo y de su condición puede salvar al melancólico, porque frente a él –en las páginas o en la pantalla de la computadora, es lo de menos- se concentran hombres, mujeres y reflexiones no más interesantes que su propia vida, pero que, con el ardor singular de la letra de molde la vuelven, a esa vida, otra vez a su cauce: la belleza de la tierra y el cielo, la inteligencia humana y hasta la tragedia de su inseguridad, de no saber quién es. Cobran sentido viejas preguntas (¿para qué estoy, adónde voy, cuál es el sentido de la existencia?) y se originan otras, nuevas, que renuevan. Y estas interrogaciones, cuando el libro se cierra, devuelven la intensidad (o sea la vida, que no es otra cosa que el soñar y el pensar, el vuelo del pensar).

Fomentan títeres placer de la lectura en niños“, se me atraviesa el título de un diario mexicano dentro de mis búsquedas por Internet: “A través de música, baile y títeres, la obra infantil Librándola busca fomentar en el público infantil el gusto por la lectura, en un juego en que los protagonistas adentran a los niños en mundos mágicos, donde se encuentra el placer de leer”.

Sí, es en el mundo “mágico” “donde se encuentra el placer de leer”, no en otra parte.

Y el mundo es mágico. Si no lo fuera, no se hubieran escrito libros y sinfonías, levantado catedrales y pintado cuadros durante miles de años.

Por otra parte me admira el acierto del breve título de la obra infantil. Librándola habla de libros y de libertad al mismo tiempo, y es esto lo que intento decir.

Los libros nos hacen libres, no sólo porque nos traen ideas de liberación y desapego. Mientras los niños leen, por ejemplo, “la última” de Harry Potter, y acá conviene incursionar en “Harry Potter“, el cuerpo deja de molestarles. Ese cuerpo infantil que necesita saltar, correr, ir de uno a otro lado entre gritos, risas y descubrimientos, se acalla y deja que la mente lo sustituya en sus aventuras mientras él reposa por unas horas (ver “Cuentos infantiles del Puerto de la Alegría“, del cubano Gilberto Darcy Herrera López).

Y en las lecturas de los adultos, el cuerpo también deja de molestar con sus urgencias, o de doler, o de tener antiguas marcas, y toma el aire de la inmortalidad.

Mora Torres

El Mal

Viernes, Agosto 17th, 2007

Acabo de leer “El Mal y el hombre moderno”, de Ángel I. Grimalt J.

Es un trabajo que discurre sobre la realidad, o no, de Dios; la crueldad ciega de la Historia y los males del mundo. Esencialmente intenta definir “ese enigma que es la existencia del mal en el hombre moderno”. También cita a Urs Von Baltasar a quien, explica, citó Ernesto Sabato* en Antes del Fin. Me sumo a la cadena de transcriptores de Baltasar copiando el final del párrafo que eligió Sabato: “Hemos fracasado sobre los bancos de arena del racionalismo, demos un paso atrás y volvamos a tocar la roca abrupta del misterio”.

Es cierto, el Mal es uno de los misterios más complejos que acompañan al ser humano a lo largo del tiempo; no creo que sólo o más intensamente al hombre “moderno”. Pero seguramente que para referirnos al Mal, más vale hablar de lo que contemplamos ahora que de lo que otros vieron y testimoniaron como -se me ocurren rápidos ejemplos-, la perversión del Imperio Romano o las barbaridades de la Inquisición. También es cierto lo que dice Grimalt a mitad de su trabajo, respecto al consentimiento del mal: cuando no tratamos de evitarlo, cuando miramos a un costado. Y ese aspecto del mal es el que se me había ocurrido tratar hoy, después de regocijarme en la nota anterior con juguetones fantasmas que siempre están rozando la sombra perdida de nuestra infancia y siempre, de algún modo, nos hacen felices.

El consentimiento

El domingo recibí el diario Página/12 Web, de Argentina. Fui inmediatamente al apartado “Todos los títulos”, donde, como ya habrán adivinado, está sólo la lista de las notas que aparecen en distintas secciones.

La que primero me interesó, visto su nombre, fue: “El costado perverso de la desigualdad social: que a nadie le importa”. Claro que la leí, y es un excelente reportaje de Jorge Halperín al economista Javier Lindenboin. Pero fue solamente el título el que me llevó a pensar que era urgente, para mi conciencia, dejar caer de mi alocada pluma algún escrito sobre el mal.

Seguí leyendo titulares y buscando sus notas correspondientes, el domingo en el Página, y encontré “Cielo, tierra y mar en estados alterados”, que es, como otra vez podrán adivinar, sobre fenómenos climáticos actuales, en especial el calentamiento global, y contiene pronósticos alarmantes. Además, contiene esta frase de quien la redactó: “Los investigadores calificaron su análisis como una nueva confirmación de la influencia del hombre en el cambio del clima”.

A esta nota la sigue “Me importa un Kioto”, de Santiago O’Donnell. Se refiere –y con seguridad es la tercera vez que adivinan- a que “para reducir el calentamiento global que produce el clima loco que afecta al planeta, los países más importantes firmaron algo que se llama el Protocolo de Kioto. Bush, en cambio, haciendo gala de su fama de cavernícola, se negó a firmarlo. El protocolo es muy complicado y muy difícil de cumplir. Sin apoyo de Estados Unidos, sus metas parecen inalcanzables”.

Y no seguí leyendo más. Me sentía parte de lo denunciado. Aunque mi influencia sobre Bush y sobre la humanidad en general se pueda medir en millonésimas de micrones, ¿qué hago yo para que esto no suceda? Aun siendo poco menos que una hormiga que mira las estrellas, algo debería aportar.

Por otro lado, ya había arribado en días anteriores a esa conclusión sobre el mal; los artículos del diario sólo la reforzaron: el más destructor de todos es el de la indiferencia.

La lectura que me abrió los ojos

Reconozco que hacía un tiempo que estaba dándole vueltas al asunto de que la indiferencia es el mal, de que lo anodino de nuestros días y de nuestros ocios es lo que se cobra vidas, y hasta había buscado en Internet a escritores que hubieran hablado sobre el mal con originalidad, para darle un matiz colorido –o trágico- a mis hipótesis. Hallé algo muy interesante, que primero me impresionó y me mantuvo reflexiva –en principio parece una teoría completamente opuesta a la que yo había esbozado- y después me condujo hacia el lugar desde donde había partido.

Lo que encontré fue un asombroso prólogo del irlandés Arthur Machen, que se los recomiendo. Enunciados como: “Brujería y santidad, he aquí las únicas realidades”, que aparecen en el inicio, me impulsaron a seguir leyendo. Habla de la grandeza, tanto del Bien como del Mal, y cómo esta grandeza es tan poco común y los hombres apenas la conocen.

Es un punto de vista luminoso, aunque parezca extraño. Aquí lo que se condena es la mediocridad de sentimientos. Hay un párrafo que me hizo pensar en si nosotros, tan mediocres para el bien como para el mal, tenemos derecho a condenar actos igualmente triviales que se han salido de la norma sólo por azar y por la continuidad de la miseria.

Seré valiente y copiaré los párrafos que más me impactaron, aclarando que este prólogo está redactado como diálogo:

“-¿Opináis pues que no comprendemos la verdadera naturaleza del Mal? (…) Por una parte, llamamos pecado a las infracciones de los reglamentos de la sociedad de los tabúes sociales. Es una exageración absurda. Por otra parte atribuimos una importancia tan enorme al ‘pecado’ que consiste en meter mano a nuestros bienes o a nuestras mujeres que hemos perdido de vista lo que hay de horrible en los verdaderos pecados”.
“-Entonces, ¿qué es el pecado? –dijo Cotgrave (…).”
“-Querer tomar el cielo por asalto –respondió Ambrosio-. El pecado consiste en la voluntad de penetrar de manera prohibida en otra esfera más alta. Esto explica que sea tan raro. En realidad pocos hombres desean penetrar en otras esferas, sean altas o bajas, y de manera autorizada o prohibida. Hay pocos santos. Y los pecadores son todavía más raros. Y los hombres de genio (que a veces participan de aquellos dos) también escasean mucho…”

Entonces comprendí que denominar “Pecado” a las transgresiones cotidianas sin importancia es el verdadero, el auténtico, contemporáneo mal, y que se escribe con minúsculas aunque sea tan dañino como el “clásico”. Nos quedamos mirando las faltas de nuestros conocidos y nos llenamos de juicios condenatorios, porque lo que de verdad nos falta parece una simpleza, y es amor, comprensión, participación en los problemas del prójimo, de los prójimos y del planeta.

No pecamos en grande ni somos apasionados o amorosos, y por eso, en realidad, es que pecamos en grande.

Nos volvimos grises, temerosos, ya no iluminamos. Nuestro egoísmo nos hace muy poco interesantes, ya que no tenemos ningún tipo de riqueza para dar y, si la tenemos –material o espiritual- la cuidamos de modo que sólo nos sirva a nosotros mismos.

Tal vez nos hemos olvidado del verso que nos legaron los poetas griegos, que es breve y resplandece para siempre: “Mientras vivas, brilla”.

* Ernesto Sabato suele molestarse por la tilde que le han endilgado a su apellido, que, por ser italiano, se acentúa tácitamente en la primera “a”. Ha llamado a diarios y revistas para aclararlo… Ahorrémosle un nuevo disgusto y de aquí en adelante intentemos olvidar la fastidiosa tilde cuando escribimos el nombre de este gran narrador.

Mora Torres