Archive for the ‘Monografias’ Category

Librandola

Jueves, Agosto 23rd, 2007

No, el título de esta nota no se refiere a que estamos “librando” ninguna batalla, la cual, aplicada a este escrito, podría tratarse de la que gira entre los libros de papel y los libros virtuales. Ése es un viejo debate ya resuelto entre ustedes y yo… aunque a pesar de mi amor por el “físico” de los libros, continúo pensando que, mientras se lea, poco importa la mayor o menor calidad del soporte. Siempre habrá –en el caso de falta de papel- algún libro guardado, como en mi estante los viejos cuentos de hadas ilustrados, o, quizá, antes de la demolición de las bibliotecas públicas rematarán para los ricos La divina comedia o El Quijote ilustrados por Doré (un día voy a contarles algo de este artista, Gustavo Doré).

Esta nota y su título se refieren a que los libros nos libran vaya a saber de qué, pero seguro que lo hacen (más adelante encontrarán algunas razones que hallé al respecto). Se refieren, en pocas y muy usadas palabras, al placer de la lectura y a cómo tratar de difundirlo para felicidad de todos.

Un ensayo muy recomendable referente al tema, y para quienes quieran con placer participar, por supuesto, es “Descripción métodos de iniciación a la lectura y escritura“, enviado por Cecilia Ayala desde México.

Otro que aporta mucho -de los que he leído en este sitio, hay varios más- es “La lectura y sus procesos“, que viene de Colombia, con varias firmas.

La falta de afición a la lectura no parece asunto de primera necesidad a tratar en un universo que se desangra: nadie parece haber muerto por esa carencia. Y sin embargo no es así.

Conozco gente que ha muerto de depresión y que hubiera podido salvarse con sólo encontrar (a veces reencontrar) el impulso necesario para abrir un libro, empezar a leerlo y continuar mientras las desgracias personales se apagan más y más y se vuelve a sentir de verdad, en las calles, encrucijadas y laberintos de la literatura. Ya que allí las desgracias temporales se convierten en gracia, y a la alegría de una página que agrada puede llamársele felicidad.

El olvido de sí mismo y de su condición puede salvar al melancólico, porque frente a él –en las páginas o en la pantalla de la computadora, es lo de menos- se concentran hombres, mujeres y reflexiones no más interesantes que su propia vida, pero que, con el ardor singular de la letra de molde la vuelven, a esa vida, otra vez a su cauce: la belleza de la tierra y el cielo, la inteligencia humana y hasta la tragedia de su inseguridad, de no saber quién es. Cobran sentido viejas preguntas (¿para qué estoy, adónde voy, cuál es el sentido de la existencia?) y se originan otras, nuevas, que renuevan. Y estas interrogaciones, cuando el libro se cierra, devuelven la intensidad (o sea la vida, que no es otra cosa que el soñar y el pensar, el vuelo del pensar).

Fomentan títeres placer de la lectura en niños“, se me atraviesa el título de un diario mexicano dentro de mis búsquedas por Internet: “A través de música, baile y títeres, la obra infantil Librándola busca fomentar en el público infantil el gusto por la lectura, en un juego en que los protagonistas adentran a los niños en mundos mágicos, donde se encuentra el placer de leer”.

Sí, es en el mundo “mágico” “donde se encuentra el placer de leer”, no en otra parte.

Y el mundo es mágico. Si no lo fuera, no se hubieran escrito libros y sinfonías, levantado catedrales y pintado cuadros durante miles de años.

Por otra parte me admira el acierto del breve título de la obra infantil. Librándola habla de libros y de libertad al mismo tiempo, y es esto lo que intento decir.

Los libros nos hacen libres, no sólo porque nos traen ideas de liberación y desapego. Mientras los niños leen, por ejemplo, “la última” de Harry Potter, y acá conviene incursionar en “Harry Potter“, el cuerpo deja de molestarles. Ese cuerpo infantil que necesita saltar, correr, ir de uno a otro lado entre gritos, risas y descubrimientos, se acalla y deja que la mente lo sustituya en sus aventuras mientras él reposa por unas horas (ver “Cuentos infantiles del Puerto de la Alegría“, del cubano Gilberto Darcy Herrera López).

Y en las lecturas de los adultos, el cuerpo también deja de molestar con sus urgencias, o de doler, o de tener antiguas marcas, y toma el aire de la inmortalidad.

Mora Torres

El Mal

Viernes, Agosto 17th, 2007

Acabo de leer “El Mal y el hombre moderno”, de Ángel I. Grimalt J.

Es un trabajo que discurre sobre la realidad, o no, de Dios; la crueldad ciega de la Historia y los males del mundo. Esencialmente intenta definir “ese enigma que es la existencia del mal en el hombre moderno”. También cita a Urs Von Baltasar a quien, explica, citó Ernesto Sabato* en Antes del Fin. Me sumo a la cadena de transcriptores de Baltasar copiando el final del párrafo que eligió Sabato: “Hemos fracasado sobre los bancos de arena del racionalismo, demos un paso atrás y volvamos a tocar la roca abrupta del misterio”.

Es cierto, el Mal es uno de los misterios más complejos que acompañan al ser humano a lo largo del tiempo; no creo que sólo o más intensamente al hombre “moderno”. Pero seguramente que para referirnos al Mal, más vale hablar de lo que contemplamos ahora que de lo que otros vieron y testimoniaron como -se me ocurren rápidos ejemplos-, la perversión del Imperio Romano o las barbaridades de la Inquisición. También es cierto lo que dice Grimalt a mitad de su trabajo, respecto al consentimiento del mal: cuando no tratamos de evitarlo, cuando miramos a un costado. Y ese aspecto del mal es el que se me había ocurrido tratar hoy, después de regocijarme en la nota anterior con juguetones fantasmas que siempre están rozando la sombra perdida de nuestra infancia y siempre, de algún modo, nos hacen felices.

El consentimiento

El domingo recibí el diario Página/12 Web, de Argentina. Fui inmediatamente al apartado “Todos los títulos”, donde, como ya habrán adivinado, está sólo la lista de las notas que aparecen en distintas secciones.

La que primero me interesó, visto su nombre, fue: “El costado perverso de la desigualdad social: que a nadie le importa”. Claro que la leí, y es un excelente reportaje de Jorge Halperín al economista Javier Lindenboin. Pero fue solamente el título el que me llevó a pensar que era urgente, para mi conciencia, dejar caer de mi alocada pluma algún escrito sobre el mal.

Seguí leyendo titulares y buscando sus notas correspondientes, el domingo en el Página, y encontré “Cielo, tierra y mar en estados alterados”, que es, como otra vez podrán adivinar, sobre fenómenos climáticos actuales, en especial el calentamiento global, y contiene pronósticos alarmantes. Además, contiene esta frase de quien la redactó: “Los investigadores calificaron su análisis como una nueva confirmación de la influencia del hombre en el cambio del clima”.

A esta nota la sigue “Me importa un Kioto”, de Santiago O’Donnell. Se refiere –y con seguridad es la tercera vez que adivinan- a que “para reducir el calentamiento global que produce el clima loco que afecta al planeta, los países más importantes firmaron algo que se llama el Protocolo de Kioto. Bush, en cambio, haciendo gala de su fama de cavernícola, se negó a firmarlo. El protocolo es muy complicado y muy difícil de cumplir. Sin apoyo de Estados Unidos, sus metas parecen inalcanzables”.

Y no seguí leyendo más. Me sentía parte de lo denunciado. Aunque mi influencia sobre Bush y sobre la humanidad en general se pueda medir en millonésimas de micrones, ¿qué hago yo para que esto no suceda? Aun siendo poco menos que una hormiga que mira las estrellas, algo debería aportar.

Por otro lado, ya había arribado en días anteriores a esa conclusión sobre el mal; los artículos del diario sólo la reforzaron: el más destructor de todos es el de la indiferencia.

La lectura que me abrió los ojos

Reconozco que hacía un tiempo que estaba dándole vueltas al asunto de que la indiferencia es el mal, de que lo anodino de nuestros días y de nuestros ocios es lo que se cobra vidas, y hasta había buscado en Internet a escritores que hubieran hablado sobre el mal con originalidad, para darle un matiz colorido –o trágico- a mis hipótesis. Hallé algo muy interesante, que primero me impresionó y me mantuvo reflexiva –en principio parece una teoría completamente opuesta a la que yo había esbozado- y después me condujo hacia el lugar desde donde había partido.

Lo que encontré fue un asombroso prólogo del irlandés Arthur Machen, que se los recomiendo. Enunciados como: “Brujería y santidad, he aquí las únicas realidades”, que aparecen en el inicio, me impulsaron a seguir leyendo. Habla de la grandeza, tanto del Bien como del Mal, y cómo esta grandeza es tan poco común y los hombres apenas la conocen.

Es un punto de vista luminoso, aunque parezca extraño. Aquí lo que se condena es la mediocridad de sentimientos. Hay un párrafo que me hizo pensar en si nosotros, tan mediocres para el bien como para el mal, tenemos derecho a condenar actos igualmente triviales que se han salido de la norma sólo por azar y por la continuidad de la miseria.

Seré valiente y copiaré los párrafos que más me impactaron, aclarando que este prólogo está redactado como diálogo:

“-¿Opináis pues que no comprendemos la verdadera naturaleza del Mal? (…) Por una parte, llamamos pecado a las infracciones de los reglamentos de la sociedad de los tabúes sociales. Es una exageración absurda. Por otra parte atribuimos una importancia tan enorme al ‘pecado’ que consiste en meter mano a nuestros bienes o a nuestras mujeres que hemos perdido de vista lo que hay de horrible en los verdaderos pecados”.
“-Entonces, ¿qué es el pecado? –dijo Cotgrave (…).”
“-Querer tomar el cielo por asalto –respondió Ambrosio-. El pecado consiste en la voluntad de penetrar de manera prohibida en otra esfera más alta. Esto explica que sea tan raro. En realidad pocos hombres desean penetrar en otras esferas, sean altas o bajas, y de manera autorizada o prohibida. Hay pocos santos. Y los pecadores son todavía más raros. Y los hombres de genio (que a veces participan de aquellos dos) también escasean mucho…”

Entonces comprendí que denominar “Pecado” a las transgresiones cotidianas sin importancia es el verdadero, el auténtico, contemporáneo mal, y que se escribe con minúsculas aunque sea tan dañino como el “clásico”. Nos quedamos mirando las faltas de nuestros conocidos y nos llenamos de juicios condenatorios, porque lo que de verdad nos falta parece una simpleza, y es amor, comprensión, participación en los problemas del prójimo, de los prójimos y del planeta.

No pecamos en grande ni somos apasionados o amorosos, y por eso, en realidad, es que pecamos en grande.

Nos volvimos grises, temerosos, ya no iluminamos. Nuestro egoísmo nos hace muy poco interesantes, ya que no tenemos ningún tipo de riqueza para dar y, si la tenemos –material o espiritual- la cuidamos de modo que sólo nos sirva a nosotros mismos.

Tal vez nos hemos olvidado del verso que nos legaron los poetas griegos, que es breve y resplandece para siempre: “Mientras vivas, brilla”.

* Ernesto Sabato suele molestarse por la tilde que le han endilgado a su apellido, que, por ser italiano, se acentúa tácitamente en la primera “a”. Ha llamado a diarios y revistas para aclararlo… Ahorrémosle un nuevo disgusto y de aquí en adelante intentemos olvidar la fastidiosa tilde cuando escribimos el nombre de este gran narrador.

Mora Torres

¡Feliz Cumpleaños!

Viernes, Julio 20th, 2007

Hola a todos! Este mes Monografias.com cumple 10 años. Es increíble que haya pasado tanto tiempo, pero lo más increíble es el grupo de personas que hemos formado, tanto “real” como virtualmente. Somos literalmente millones de personas las que de una forma u otra, hoy cumplimos un aniversario muy significativo… Felicidades!

PD: Aquí brindamos por Uds. :-)

Cena 10 años Monografias.com

Lucas

Por la Paz

Jueves, Julio 19th, 2007

Robert Oppenheimer, el físico norteamericano a quien llamaron “el padre de la bomba atómica”, era un “papá” bastante joven todavía (de unos 30 años al comenzar el proyecto) y “sensible”. Alguien ha dicho que el día que “probaron” el invento, “él apenas respiraba. Se apoyó en una columna y se sostuvo allí. Cuando escuchó ‘ahora’ y observó el terrible estallido de luz y el estruendo de la explosión, en su cara resplandeció un alivio enorme”.

Pero, según Oppenheimer afirmó muchos años después, fue el Bhagavad-Gita lo que tuvo en su recuerdo mientras todo estallaba; el Bhagavad-Gita en el momento en que Dios revela: “Me he convertido en la muerte, la devastadora de mundos. En la espera de esa hora en que esté a punto su destrucción”.

Hay que leer muy bien ese libro sagrado para entender cómo la destrucción puede constituirse en una gracia purificadora… Aunque estamos seguros de que, a pesar de los esfuerzos de Oppenheimer por justificar con la palabra de Dios hechos infames, esos versos de devoción hinduista (el capítulo 5 de “5 Grandes religiones del mundo”- puede informarnos brevemente sobre el hinduismo) no se ajustan a aquellos tristísimos sucesos y pruebas “en cadena” previos y posteriores a la destrucción de dos ciudades. (Ver “Hiroshima y Nagasaki. La Bomba Atómica”, de Martín B. Jennifer, de Venezuela.

Creemos que más bien en el hinduismo y en todos sus nobles escritos –como en los de cualquiera de las grandes religiones- la muerte, la destrucción, la vida, la resurrección, son metáforas asociadas a la existencia del hombre en este mundo (y en otro un poco más allá), pero metáforas al fin que no deben leerse sin interpretaciones. De cualquier modo, las justificaciones del físico que entre otros inventó la bomba atómica resultan casi ingenuas en la actualidad; los gobernantes de su país han crecido, tanto en engaños como en poder…

Una de las interpretaciones más explícitas del hinduismo es la propia vida del Mahatma Gandhi. El siglo XX tuvo de un lado de la balanza a Hitler y a Stalin –entre otros pesos pesado- y del otro la frágil figura del Mahatma, pero el fiel se inclinó en definitiva –sacando lo desparejo- del lado de él, de Gandhi.

El logro de Gandhi que hace el contrapeso vencedor es su política de la paz, que dio por resultado la retirada de los invasores ingleses de la India. Pero no deja de ser importante en su biografía el haber empequeñecido las distancias sociales entre los propios habitantes del país. Los intocables, los parias, ya no llevan ese nombre en la India. Es conveniente reforzar esta noción no del todo conocida y algo confusa en “El poder ideológico: fuente de fortalecimiento de India y China”, de Elber Enrique Rozo Muñoz, en el capítulo 2, titulado: “India y el hinduismo: una visión de la estratificación social”).

Y, por fin, leer sin más agregados las distintas biografías de Gandhi, o aquellas que analizan su liderazgo tan poco común; los líderes no suelen parecerse a las palomas, y menos al símbolo que la paloma significa (ver, por favor, donde puedan hallarla, una paloma de Picasso).

Las recomendaciones son para todos, hay trabajos muy breves y sencillos que pueden inducir a conocer más:

Descolonización de la India”, un trabajo que viene de firmado solamente por “Xime”;

Gandhi”, de Andrea Rubio;

Mahatma Gandhi”, trabajo realizado por Pablo Correa Hernández, de Uruguay;

Estudio del liderazgo de Gandhi a través de las características de su personalidad”, de Oswaldo E. Ramírez Colina, de Venezuela.

A estas recomendaciones, sigue mi agradecimiento por los comentarios recibidos y la ayuda y compañía que significan. En algún momento escribiré una página sobre los mismos, pero, por ahora, continúen conmigo… Los sucesos de la actualidad, de los que no es inocente esta página sino más bien su sutil comentario, han hecho que dejemos a Harry Potter, su fenómeno mediático y su vieja magia para luego.

Mora Torres

Detrás del cuadro de la Mona Lisa

Jueves, Junio 21st, 2007

Alberto Pérez-Delgado Fernández, un graduado en Ciencias Físicas de la Universidad de La Habana y a la vez en Pintura en la Escuela de Bellas Artes de esa ciudad, escribió el ensayo bello e instructivo que se menciona al final del Newsletter #323. Para quienes no lo recibieron, repito título y link: “La breve sonrisa de Leonardo”.

La introducción de este trabajo me conmueve ya en su apertura: “¿Es desconsuelo lo que esconde la expresión de doña Lisa Cherardini?… Y la Venus de Milo, ¿son tan sugerentes sus caderas…? ¿Qué condición de belleza distingue la mezquita de Córdoba del Panteón romano? ¿Por qué serán eternos los planos alterados del cubismo; quién mira a quién en Las meninas? Y aún más importante, ¿qué relación guardan esas obras maestras con el trabajo de los campesinos atenienses, los herreros romanos, los artesanos indios o los laneros españoles?”.

La monografía que elegí me hace comprender que todo el arte magnífico de siglos y de siglos no existiría sin la historia -a veces cruel- del trabajo. Y desde el comienzo: “Es evidente la conexión de esencia que tuvieron en la Prehistoria el arte y el trabajo”.

Casi nadie ignora que los hombres antiguos pintaban en sus cuevas, con los más vivos colores y el mayor detalle posible, los animales que tratarían de capturar para comer. Ellos consideraban esta notable magia: el arte antes, para incentivar el esfuerzo de la cacería. Del mismo modo que la música se relacionaba en esa época con “los ritmos de las faenas agrícolas”.

Luego el autor desenvuelve todos los movimientos del arte y el trabajo, como “El Discóbolo y el trabajo campesino en la Grecia clásica”, “El Panteón y el trabajo del soldado y del esclavo en Roma”, “La mezquita de Córdoba…”, etc., hasta llegar a “Impresionismo y modernidad”. Allí, en algún momento, vuelve a hacerse la pregunta desde la cual partió: “Entonces, ¿es desconsuelo lo que esconde la expresión de doña Lisa Cherardini?…”.

Y opina que es posible que muchos de nosotros, al terminar la lectura de su ensayo, sepamos responder.

Mora Torres

Una perla para Jorge Luis Borges

Jueves, Mayo 31st, 2007

Hay una nota de la norteamericana Susan Sontag, escrita en 1996, cuando se cumplían diez años de la muerte de Borges. Está redactada en forma de carta. Copio uno de sus párrafos:

“Lamento tener que decirle que la suerte del libro nunca estuvo en igual decadencia. Son cada vez más los que se zambullen en el gran proyecto contemporáneo de destruir las condiciones que hacen la lectura posible, de repudiar el libro y sus efectos. Ya no está uno tirado en la cama o sentado en un rincón tranquilo de una biblioteca, dando vuelta lentamente las páginas bajo la luz de una lámpara. Pronto, nos dicen, llamaremos en ‘pantallas libros’ cualquier texto a pedido (…) Este es el glorioso futuro que se está creando -y que nos prometen- como algo más ‘democrático’. Por supuesto usted y yo sabemos, eso no significa nada menos que la muerte de la introspección… y del libro” (revista Proa; Argentina, “Querido Borges”, 1996).

Susan Sontag, la maravillosa y renovadora escritora con quien en este tema estamos en desacuerdo, también murió, y estará discutiendo con Borges la carta que le envió en homenaje. Por eso, del mismo modo que ella a nuestro autor, nosotros podemos escribirle unas líneas:

“Querida Susan Sontag: lamentamos tener que decirle que poco puede apreciar su descontento por la desaparición del libro como objeto físico Jorge Luis Borges. Con toda seguridad no ignorará que él, en esta vida, era ciego, y a partir de los cincuenta años debieron leerle los libros en voz alta. Acordará con nosotros en que esa función bien puede actualmente cumplirla cualquier computadora.”

Llegamos a la conclusión de que sea cual fuere el futuro soporte del libro (y esta afirmación puede sonar irreverente, lo sabemos), la misma es una curiosidad bastante menos trascendente de lo que parece. Que dentro de algunas décadas no exista más el objeto de papel y cartón o cuerina llamado libro sólo puede ser desconsolador para bibliófilos y especialistas en antigüedades, no para los lectores ávidos.

Mora Torres

El sexo, y también la revista del amaestrador de gusanos

Jueves, Mayo 24th, 2007

Lector de Monografias.com: no sólo escudriñe nuestras teorías, también practíquelas. Sin embargo, si le resulta muy duro investigar empíricamente alguna materia de conocimiento (como sería, por ejemplo, en Cosmología o Física, tratar de hallar el calor residual dejado por la gran explosión o Big Bang), le hemos preparado un experimento más liviano: aprenda a hacer sabiamente el amor. Para eso contamos, entre otras cosas, con:

Erotismo, amor, ternura y sexualidad”, de Leonardo Romero S., de Colombia, y
El arte de hacer el amor”, de José Alberto Vásquez Pérez, de Perú.
El principio del mundo, el origen de la vida… ¿Por qué no examinar entonces lo que más frecuentemente origina la vida, es decir, el deseo primero, seguidamente el sexo?.

Aprendamos sobre la atracción entre ambos géneros, en este caso, ya que no olvidamos que la homosexualidad también consiste en sexo, valga la redundancia, y en amor. Pero para “el origen”, es imprescindible que los que se unan sean los sexos opuestos. Y lo mejor es que lo hagan de la manera más amable, disfrutando y amando.

Otro tema: para cerrar por un tiempo nuestro discurrir por el origen de la vida, del mundo, de todo el universo, como quedó planteado tentativamente en nuestras entradas anteriores en el blog, tenemos a mano una nota inobjetable (por “nuestras entradas anteriores” entendemos las propias junto con los comentarios de todos los lectores que nos hicieron el honor de participar y de opinar).
La monografía tan recomendable se llama “El fraude y el humor en la ciencia”, y es del argentino Pablo Cazau, quien con notable conocimiento del tema y habilidad nos ha proporcionado momentos deliciosos y ha despertado en el equipo de monografias.com muchas sonrisas cómplices.

Por ejemplo, cuando nos habla de “el Premio Innoble”, una especie de parodia del Nobel, que se otorga anualmente a los científicos que más se han destacado por sus disparates, o sus disparatadas teorías, digamos. Cuenta que en 1991 se otorgó el Premio Innoble de Física a Thomas Kyle, un estudioso científico que seriamente trató de demostrar la existencia de una nueva clase de átomo “cuyo núcleo tiene muchos neutrones pero sólo uno de ellos trabaja en serio. Los demás son 8 asesores, 35 vice-neutrones y 256 asesores de vice-neutrones”. O cuando narra la creación de una publicación (Worm Runner’sDigest, o Revista del Amaestrador de Gusanos), por el conocido e “irreverente” investigador James V. Mc Connell.

Del principio hasta el fin, la nota mencionada no tiene desperdicio por rigurosa y, a la vez, irónica y amena. ¡Ah…! Y una notable contribución al humor en este tan científico escrito tiene que ver de alguna manera con nuestro primer apartado sobre sexo. En el primer párrafo del capítulo “Humor en la ciencia ficción” (y no me animo a reproducirlo sino con las palabras de Cazau), se puede leer: “La hermana menor de la ciencia tampoco escatimó esfuerzos por introducir el humor y la ironía. En la historia ‘División de condominio’, por ejemplo, aparecen unos seres extraterrestres con forma de ameba que vienen a buscar combustible para sus naves, a cambio del cual ellos entregarían a los terráqueos literatura pornográfica. Por supuesto, el único interesado en el canje fue un profesor de biología, que recibió un libro con fotografías de las distintas etapas de la división mitótica de aquellos seres.”

Mora Torres

Los cielos cuentan la gloria de Dios

Jueves, Mayo 17th, 2007

Agapito Orozco Moreyra responde a nuestro Newsletter #317 con un mensaje muy bello e interesante, que es casi una respuesta a la pregunta formulada en el NL actual, es decir: ¿El diálogo entre la ciencia y la religión se hace posible?):

“¿Que curioso, no? Aceptar estas lucubraciones del evolucionismo como verdad cientifica, es realmente una locura y miopía. Aun para los más renombrados evolucionistas, el registro fósil no evidencia formas de transición entre phylum, clase, y órdenes animales y vegetales. El autor comentado acepta que esta cuestion es ‘desgraciadamente bastante imprecisa, muy difícil de concretar’. El hombre se enreda en sus pobres e inútiles razonamientos y cada vez penetra más y más en las tinieblas. Frente a eso, la sublime sencillez de esta declaraciones: ‘En el principio creó Dios los cielos y la tierra’. ‘Los cielos cuentan la gloria de Dios’.”

A su vez, Félix Alburqueque escribió entre otras cosas que:
“…sobre el big ban o la gran explosión del universo y la trasnformación o evolución del hombre les diré que se necesita tener más fe para creer en esta teoría, que simplemente tener
fe como para creer que solo Dios con su palabra hizo al mundo y todo lo que existe en él. (…)
Prefiero creer que Dios en seis días formó el mundo con la fuerza de su poder que creer semejante cuento de quienes se hacen llamar científicos y no tienen explicación a la formación de la vida y de nuestro planeta.”

A estos corresponsales sólo queremos agradecerles su participación y responderles que estamos de acuerdo. La física, la astronomía, la biología, etc., muestran, demuestran, arriesgan y finalmente muchas veces niegan hipótesis y teorías incluso ya formuladas como tales, por lo que creemos que las verdades de la ciencia son tan relativas como las de la fe.

Así mismo, los invitamos a dejar plamados en este espacio los comentarios que crean pertinentes.

Mora Torres

El mundo está lleno de palabras

Jueves, Mayo 10th, 2007

En la historia de la evolución del hombre, el inicio de la palabra escrita es tan importante como el de la palabra pronunciada. Si nos remontamos a ese mundo recién nacido que vieron nuestros antepasados, y con la imaginación tratamos de explorarlo, vemos a nuestro respetable abuelo dibujando concentradísimo sobre los muros de su caverna.

Pero no dibujaba palabras, todavía.

Dicen que el hombre primitivo plasmaba sobre el muro lo que anhelaba que sucediera, por eso el arte rupestre tiene tantos bisontes soñados. Seguramente, poco después, esos bisontes fueron piezas cobradas a la naturaleza. El acto de dibujar era magia pura y otorgaba la fuerza suficiente para salir a cazar con decisión, y la energía para hacerlo con destreza. Eran rituales necesarios y sabios (todavía hoy nosotros planificamos antes de actuar, aunque no lo estampemos casi nunca en un papel).

Con el tiempo y tantos años empeñados en laboriosos y detallados dibujos, éstos se fueron estilizando hasta convertirse en símbolos. Los símbolos se convirtieron en caracteres que a su vez se transformaron en palabras escritas.

“El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3000 a.C. (…) Entre el V y IV milenio a.C. aparecieron los primeros códigos de escritura, en Egipto, Mesopotamia y China”. (“Historia de las computadoras. Desde que el hombre inventó la escritura, hasta las tecnologías del futuro” - de Hector Venti, explica también cómo el libro reemplaza al rollo, extendiéndose por toda la historia de la comunicación entre los hombres hasta llegar a la pregunta más actual: ¿libro real o virtual?

Prometemos continuar con este tema, por lo que recomendamos a nuestros usuarios que lean anticipadamente “Libro y lectura en la era digital. El gran desafío de la educación actual”, que viene desde Perú con la rúbrica de Jorge Paredes M.

Mora Torres

Nuevo diseño

Martes, Mayo 8th, 2007

Hoy estrenamos un nuevo diseño de nuestra querida “Mono” con formato dual que cambia la página según la pantalla del usuario, y algunas otras mejoras. Esperamos que les agrade!

Pensando en las horas que nos pasamos detrás de la pantalla para lograr esto, me acordaba de esta imagen que una vez vi en un sticker en un coche… ;-)
La evolución del ser humano

Aprovecho para agradecerles a todas las personas que colaboraron en este diseño y en la constante producción y feedback del nuevo Newsletter.

Esperamos con gusto sus opiniones :)

-Lucas.