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Número 3
Mayo de 2003 |
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Titulares Muere el escultor vasco Jorge Oteiza El 9 de abril falleció a los 94 años de edad, víctima de una neumonía, el artista guipuzcoano Jorge Oteiza, uno de los máximos representantes de la escultura española del siglo XX. La noticia fue ampliamente recogida por las agencias (EFE) y los medios de comunicación hispanos (El Mundo, La Razón, La Vanguardia, CNN en español, El Periódico): El Mundo: Agencia EFE: La Razón: La Vanguardia: CNN es español: Hemos elaborado la nota siguiente a partir de la información aportada en estos medios: Nacido en el pueblo vasco de Orio en 1908, el escultor, arquitecto, ensayista y poeta Jorge Oteiza fue, ante todo, un hombre de personalidad muy marcada. Aunque él mismo se definió como un «obrero metafísico», otros muchos han tratado de describir su natural con calificativos ciertamente variados: temperamental, agresivo, controvertido, polémico, impenitente, airado, vehemente, irrefrenable, infatigable, incruento, odiador, apasionado, sentimental, llorón, cariñoso y generoso con sus amigos, parlanchín, enrabietado, hostil, radical, agitador, renovador, visionario, experimentador, activista cultural de gran influencia popular, religioso, espiritual, excesivo, aparentemente contradictorio... Jorge Oteiza fue, en definitiva, un genio creativo. Quizá las palabras de alabanza del arquitecto estadounidense Frank Gehry (autor del Museo Guggenheim de Bilbao), con quien, por cierto, no se llevaba muy bien, nos puedan ayudar a comprender la trascendencia de la obra del autor vasco: «Oteiza era como el Picasso de la escultura moderna». Forjador del vacío y el silencio, el guipuzcoano revolucionó la escultura a mediados del siglo pasado. Su obra atravesó tres diferentes etapas: entre 1930 y 1950 se dedicó a buscar las herramientas conceptuales que definieran un propósito experimental; entre 1950 y 1957 desarrolló el citado propósito; y entre 1957 y 1959 se dedicó a extraer conclusiones del referido desarrollo; abandonó el expresionismo y la figuración para dirigirse a la vía de la abstracción y la investigación geométrico-racional de los constructivistas rusos de principios de siglo, lo que le llevó al vacío en la escultura. Tras iniciar los estudios de Medicina y realizar sus primeros trabajos escultóricos, Oteiza decidió marchar a América en 1935 con el fin de desarrollar su carrera artística. Permaneció trece años al otro lado del Atlántico. En dicho período reflexionó sobre el arte nuevo en la posguerra en la Carta a los artistas de América, uno de los textos más trascendentales de su obra teórica, que tuvo una gran repercusión en su época. Realizó exposiciones en Santiago de Chile, Buenos Aires y Bogotá que le llevaron a ganar diferentes galardones internacionales. En 1951 ganó la XI Trienal de Milán y en 1957 el Gran Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de Sao Paulo. Su obra derivó desde el expresionismo con influencias del primitivismo hacia la abstracción, cercana al constructivismo ruso y al minimalismo. El reconocimiento internacional no fue, sin embargo, motivo suficiente para que Oteiza aplazase su decisión de retirarse de la escultura, hecho que argumentó en su obra El final del arte contemporáneo. El guipuzcoano decidió seguir trabajando en su taller, pero se apartó de la vida pública. Pese a ello, siguió realizando exposiciones y ganando premios, como el Concurso Internacional de Escultura de Montevideo en 1969. Entre sus trabajos más emblemáticos podemos resaltar Desocupación no cúbica del espacio, Variante ovoide de la desocupación de la esfera, Caja metafísica por conjunción de dos triedos, La ola -donada en 1998 al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA)-, la Pietà -instalada desde 1999 en San Sebastián- y el Odiseo -ubicado en los jardines de la ciudadela de Pamplona. También merecen ser destacadas las formas expresionistas proyectadas para la basílica de Aránzazu. Jorge Oteiza se consideraba un poeta que había sido escultor durante un tiempo. Sus trabajos transmiten emociones pese a ser estructuras abstractas, geométricas, casi arquitectónicas... A menudo producen en los contempladores parecidos efectos que la poesía. Oteiza reflexionaba sobre la importancia de la lírica en su vida: «Es lo que me cura, lo que me quita la angustia y me devuelve el equilibrio. La poesía es mi marcapasos». El artista fue autor de esculturas poéticas y también de versos de insólita intensidad. Como escritor abordó la esencia de la escultura y la arquitectura, dejando, asimismo, ensayos de indudable valor sobre la cultura vasca. Oteiza tuvo siempre presente sus raíces tanto en su obra como en su propia vida. Por ello, su procedencia siempre apareció de manera explícita en los diferentes apelativos que se le atribuyeron: el último artista y único superviviente de la vanguardia vasca de la República, el padre de la escultura abstracta vasca, el patriarca del arte contemporáneo vasco. Txomin Badiola, uno de sus «hijos artísticos», dijo de él que supo liderar la renovación de la escultura vasca «entre los restos del naufragio vanguardista y la incertidumbre ante un horizonte presidido por la guerra y la destrucción». La obra de Oteiza fue capaz de poner en relación el arte del País Vasco con los movimientos internacionales, desde el expresionismo hasta la abstracción. Dedicó buena parte de su vida a buscar la esencia vasca a través del Arte y la promoción de instituciones culturales, chocando con los dirigentes políticos y con diferentes personalidades de la cultura. Por otra parte, también se manifestó públicamente en relación con ETA: si bien en los 60 fue uno de sus dirigentes, posteriormente intentó que la organización terrorista se convirtiese en un partido político, y acabó abominando de ella, acusando a sus componentes de criminales. Otro rasgo que marcó el talante del «obrero metafísico» fue su participación en sonadas polémicas. La más destacada, a la vez que dilatada en el tiempo, fue la que mantuvo con el otro gran escultor español del siglo XX, Eduardo Chillida, al que acusó de plagio y de gustar en exceso de los homenajes. Ambos estuvieron enfrentados durante tres décadas, hasta 1997, año en que hicieron las paces por medio de un abrazo inmortalizado en Zabalaga, el caserío del artista fallecido el agosto pasado, con el fin de dar ejemplo a sus paisanos en un momento especialmente violento. La enemistad fue tan enconada que ha quedado reflejada en el Paso Nuevo de San Sebastián, donde, frente al Peine de los Vientos de Chillida, ha sido colocada la Construcción vacía de Oteiza. Siempre enemigo de los museos y de los circuitos comerciales, el «forjador del vacío» también fue crítico con el Guggenheim de Bilbao, donde jamás quiso entrar o exponer. Llegó a decir de él que había que prenderle fuego. No obstante, también se reconcilió con su arquitecto, Frank Gehry. No escaparon tampoco de sus diatribas los responsables de la gestión cultural del nacionalismo vasco. Tras diversos litigios con el Gobierno de Eukadi, decidió donar toda su obra (1.662 esculturas, 2.138 maquetas y piezas de su laboratorio de tizas, metal y escayola, así como dibujos, bocetos, diseños y proyectos), además de su biblioteca (compuesta por más de 4.000 volúmenes, libros, cartas y reflexiones), al pueblo de Navarra a fin de que quedase expuesta en el Museo de la Fundación Jorge Oteiza en Alzuza (Valle de Egües) y se crease en dicha población un centro de investigación y creación artística alejado de los citados gestores vascos. De cualquier forma, la citada fundación tampoco escapó de sus iras... Jorge Oteiza fue reconocido con premios como el Príncipe de Asturias de las Artes en 1988 o la Medalla de las Bellas Artes. Su muerte ha provocado numerosas reacciones por parte del mundo político, social y cultural. Por ello, creemos que su obra será objeto de una amplio tratamiento en los años venideros. El «poeta del espacio» tenía en su mesa un letrero que decía: «Dios bendiga a quien no me haga perder el tiempo». Oteiza vivió intensamente. Reflexionaba con frecuencia sobre su vida, llegando a afirmar en alguna ocasión que «La obra de cada uno es para curarse de la muerte, pero la muerte es la que te cura de la vida». |
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