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¿Existe el destino?

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  1. ¿Se puede conocer el secreto que ha permanecido oculto desde el principio de los siglos?
  2. El eterno dilema: ¿Controlamos nuestras vidas o somos simplemente marionetas de aquella fuerza desconocida que llamamos causalidad, erróneamente por algunos llamada casualidad?
  3. ¿Soy lo que soy porque ya estoy predeterminado o porque yo lo voy eligiendo poco a poco hasta llegar al fin último?
  4. ¿La verdad os hará libres?
  5. Conclusión

Introducción

William Shakespeare dijo una vez que "El destino es quien baraja las cartas pero somos nosotros quienes jugamos". ¿Existe tal vez la predestinación?.

Las Moiras, en la mitología griega eran las personificaciones del destino. Sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fata, las Laimas en la mitología báltica y en la nórdica las Nornas. Vestidas con túnicas blancas, su número terminó fijándose en tres.

Estas entidades son la personificación del destino de cada mortal, de la suerte que le corresponde en este mundo, controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta la muerte (y más allá).

La idea de tres Moiras (Parcas), Cloto, Láquesis y Átropo que, para cada mortal, regulaban la duración de la vida desde el nacimiento hasta la muerte, con ayuda de un hilo que la primera hilaba, la segunda enrollaba y la tercera cortaba cuando la correspondiente existencia llegaba a su término.

Estas tres hilanderas son hijas de Zeus y de Temis, y hermanas de las Horas, divinidades de las Estaciones y que en una época más tardía llegaron a personificar las Horas del día. Según otra genealogía, eran hijas de la Noche, como las Ceres, y, por consiguiente, pertenecían a la primera generación divina, la de las fuerzas elementales del mundo.

Tienden a veces a formar un grupo con Ilitía, divinidad, como ellas, del nacimiento. Asimismo se encuentran citadas junto a Tique (la Suerte), que encarna una noción afín.

Las Moiras, sin poseer una leyenda propiamente dicha, vienen a representar el símbolo de la búsqueda incesante del hombre por el sentido de su vida y de su permanencia en el mundo, y por consiguiente, simbolizan a su vez una concepción del mundo, parte filosófica, parte religiosa.

Volviendo a Shakespeare, en su obra Romeo y Julieta la tragedia se desata porque Romeo no llega a enterarse que Julieta no está muerta. Creyendo muerta al amor de su vida Romeo se mata, y ella al despertar lo ve muerto, y se mata. Pero ¿Qué hubiera pasado si Romeo se hubiera enterado a tiempo? ¿O si ella hubiera despertado minutos antes? ¿Habrían tenido igual un final trágico? ¿Pero se puede escapar del destino cuando ya está escrito? Si lo trágico son las acciones y decisiones de los hombres: ¿se puede evitar la tragedia?, o ¿nuestro destino ya está predeterminado y controlado por el metafórico hilo de la vida?.

I.- ¿Existe el Destino?

¿Se puede conocer el secreto que ha permanecido oculto desde el principio de los siglos?

"No sé quién me puso en el mundo, ni lo que es el mundo, ni lo que soy yo mismo; estoy en una ignorancia terrible de todas las cosas. No sé lo que es mi cuerpo, ni mis sentidos, ni mi alma, ni esa parte de mí mismo que piensa lo que digo, que reflexiona sobre todo y sobre sí misma; y que tampoco se conoce ella misma". Así se expresó una de las mentes más preclaras que la culta Francia ha producido en toda su historia.

La corta vida de Blas Pascal (Nace: Clermont-Ferrand, 19 de junio 1623. Muere: 19 de agosto de 1662, Paris-Francia), genio matemático, inventor, científico, filósofo y teólogo; fue un esfuerzo desesperado por comprender. En lo más profundo de su ser, alcanzaba a columbrar que había una dimensión del conocimiento que se escapaba a las matemáticas, a la física, a la filosofía y aun a la teología.

Por extraño que parezca, el propósito de la existencia y el destino del ser humano están íntimamente ligados al propósito de la existencia misma del Universo.

La ciencia puede explicar y utilizar las leyes físicas que rigen la materia y el movimiento de los astros. La prueba más reciente es el logro magistral de la puesta en Marte del laboratorio rodante Curiosity. Sin embargo, cuando se trata de explicar el propósito de la existencia del Universo, la ciencia se halla ante una barrera impenetrable.

El mismo Blas Pascal lo dijo con profunda elocuencia: "Veo los aterradores espacios de Universo que me encierran y me hallo pegado a un rincón de esta vasta inmensidad, sin que sepa por qué fui puesto en este lugar y no en otro; ni por qué el poco tiempo que me es dado para vivir me es asignado en este punto y no en otro de toda la eternidad que me precede y de toda la que queda por delante. No veo más que infinitos por doquier, que me encierran como un átomo y como una sombra sin retorno que no dura más que un instante. Todo lo que sé es que pronto he de morir; pero lo que más ignoro es esa misma muerte que no podré evitar".

Reflexión: "El curioso caso de Benjamín Button". https://www.youtube.com/watch?v=pXRtIp5XiFE&feature=share

II.- ¿Existe el Destino?

El eterno dilema: ¿Controlamos nuestras vidas o somos simplemente marionetas de aquella fuerza desconocida que llamamos causalidad, erróneamente por algunos llamada casualidad?

Los filósofos no necesitaron a Homero ni a los fariseos para convencerse de que el mundo se rige por leyes inmutables y que todas las causas producen sus efectos necesarios. He aquí cómo raciocinaban.

O el mundo subsiste por su propia naturaleza, esto es, por sus leyes físicas, o un Ser Supremo lo creó según sus leyes supremas. En un caso y en otro sus leyes son inmutables, y los cuerpos graves tenderán siempre hacia el centro de la tierra, sin tender nunca a descansar en el aire. Los perales no producirán nunca manzanas. El instinto de la zorra será siempre diferente del instinto del avestruz; todo está medido, engranado y limitado. El hombre no puede tener más que determinado número de dientes, de cabellos y de ideas. Es contradictorio que lo que pasó ayer no haya pasado siempre; que lo que pase hoy no pase mañana, como también es contradictorio que lo que deba ser no sea. Si el hombre pudiera desarreglar el destino de una mosca, podría también desarreglar el destino de las demás moscas, el de los otros animales, el de los hombres y el de toda la naturaleza; entonces el hombre sería más poderoso que Dios.

Hay soberbios que dicen: –El médico ha librado a mi tía de una enfermedad mortal, dándole diez años más de vida. Otros más presumidos dicen: –El hombre prudente sabe crearse su propio destino. Pero con frecuencia el prudente sucumbe a éste en vez de crearle; el destino es el que hace a los hombres prudentes.

El médico salvó a tu tía, pero salvándola no contradijo el orden de la naturaleza, sino que se sujetó a él. Es claro que tu tía no fue dueña de nacer en otra ciudad, ni de impedir que tuviera en determinado tiempo cierta enfermedad; el médico no pudo encontrarse en otra parte más que en la ciudad donde estaba; tu tía tuvo que llamarle y él debía prescribirle los medicamentos que la han curado, o que se cree que la curaron, porque pudo también la naturaleza ser su único médico.

Personas hay que, asustándose de esta verdad, sólo quieren creer la mitad de ella, como esos deudores que ofrecen la mitad a sus acreedores, y les piden un plazo para pagar el resto. Dichas personas dicen que hay acontecimientos necesarios y otros que no lo son. Sería gracioso que estuviera arreglada una parte del mundo y desarreglada la otra; que parte de lo que suceda deba suceder, y que otra parte de lo que sucede no debía haber sucedido. Cuando nos fijamos en esta cuestión, vemos lo absurda que es la doctrina contraria a la del destino; pero por desgracia, hay en el mundo muchos hombres destinados a razonar mal, algunos a no razonar y otros a perseguir a los que razonan.

El filósofo contemplando la naturaleza humana exclamo: ¡Siento necesariamente la pasión de escribir lo que escribo, y tú sientes la pasión de criticarme. Los dos somos tontos y los dos somos juguetes de destino; tu organización está creada para perjudicar, y la mía para amar la verdad y para publicarla, a pesar de tus críticas!.

El búho, que entre ruinas se alimenta con ratones, dijo al ruiseñor: –Deja de cantar en la espesura de los árboles, ven a mi madriguera, y en ella te devoraré. El ruiseñor le respondió: –He nacido para cantar en las ramas de los árboles y para burlarme de ti.

Reflexión: "Principio de la película Match Point". https://youtu.be/oxW-7dECSpc

III.- ¿Existe el Destino?

¿Soy lo que soy porque ya estoy predeterminado o porque yo lo voy eligiendo poco a poco hasta llegar al fin último?

Albert Einstein entiende que el universo es un mecanismo que funciona de acuerdo a unas leyes inmutables. Una vez que el universo se pone a marchar no hay nada que pueda alterar este mecanismo. Todo está predeterminado. No hay nada que pueda interferir o violar las leyes de la naturaleza.

Para Einstein todo el universo, incluso los seres humanos siguen unas leyes y principios ya preestablecidos, la voluntad de los hombres no puede modificar el curso natural de los acontecimientos: Todo está determinado, tanto el principio como el fin, por fuerzas sobre las cuales no tenemos ningún control. Está determinado para los insectos así como para las estrellas. Seres humanos, vegetales, o polvo cósmico, todos bailamos al son de una tonada misteriosa entonada en la distancia por un intérprete invisible.

Para Einstein los seres humanos están tan causalmente determinados como el movimiento de las estrellas. El hombre no tiene libertad para escoger como va a sentir, pensar, como va a actuar. Su decisión ya está determinada de antemano por su constitución física y psicológica. No hay nada que pueda hacer para modificar su destino.

Para Einstein simplemente no existe el libre albedrío.

Arthur Schopenhauer decía "un hombre puede hacer lo que desee pero no puede desear lo que quiera".

Pero entonces surge el problema: si todo ya está predeterminado, si cualquier acción está justificada por, digamos, nuestra carga genética ¿cómo introducir la responsabilidad moral? ¿Cómo vivir en sociedad sin aceptar responsabilidad moral por nuestros actos? De esta manera cualquier barbarie o acto criminal estaría justificado: yo soy así, mis genes me hicieron hacerlo.

No es que bajo este esquema el hombre tiene libertad para elegir, es que sencillamente NO tiene otra opción. Como dice J.P. Sartre, "el hombre está condenado a elegir", por lo que cada uno es responsable moralmente por sus actos.

Sin embargo, siendo aún el propio Einstein el que sentó las bases de la nueva física, nunca terminó de aceptarla, no podía concebir la idea de un universo sujeto a probabilidades, "Dios no juega dados con el universo" decía. La solución que encontró fue la de vivir la vida "como si el libre albedrío de hecho existiera" a pesar de saber que esto no es así. La moral aquí no sería más que una conveniencia práctica, un requisito indispensable para poder vivir en sociedad: actuar, en otras palabras, como si los hombres fueran en efecto responsables por sus actos aún sabiendo que sus acciones ya están predeterminadas: "Yo sé que filosóficamente un asesino no es responsable por el crimen que comete, pero preferiría no tomar té con él".

¿Existe el libre albedrío?

En 1970, el Dr. Benjamin Libet reconocido fisiólogo de la Universidad de California, realizó un experimento que originó un intenso debate acerca del problema del libre albedrío. Hasta el día de hoy estas investigaciones son la piedra de tranca para los que defienden la idea de que el hombre es dueño de sus acciones. El Dr. Libet conectó un electrocardiograma (EEG) a un grupo de voluntarios solicitándoles que movieran sus manos cuando ellos así lo desearan. Los EEG reportaron la activación en el cerebro de conexiones asociadas con esos movimientos. La sorpresa que arrojó este experimento fue que esas conexiones se registraron medio segundo "antes" del momento en que el sujeto decidía conscientemente iniciar el movimiento.

Estudios como estos se han repetido innumerables veces con los mismos resultados poniendo en evidencia cómo la "decisión" de iniciar el movimiento es tomada por el cerebro antes que nosotros la tomemos. Esto quiere decir que hay una inversión en la percepción del movimiento y la decisión misma: primero aparece la percepción del movimiento por parte del cerebro y luego la decisión, a diferencia de lo que se suponía de que primero surge la decisión conciente por parte del sujeto y luego la percepción del movimiento por el cerebro. Esto implicaría que los procesos neurológicos inconscientes son anteriores y preceden decisiones conscientes y totalmente espontáneas. Son éstos los que en realidad "causarían" los actos a voluntad. La decisión vendría a ser por tanto totalmente inconsciente a pesar de que nosotros creyéramos lo contrario.

Las implicaciones filosóficas de estos experimentos son importantes. Si esto es así como Libet demostró, si el cerebro ya ha tomado los pasos necesarios en iniciar una acción "antes" de que nosotros siquiera estemos conscientes del deseo de realizarla, los procesos inconscientes y no la conciencia, serían los verdaderos iniciadores de los actos volitivos por lo que no podríamos hablar de libre albedrío como tal.

Ante la controversia que estas conclusiones trajeron a raíz de estos experimentos Libet indicó que el único libre albedrío del que se pudiera hablar es el de la capacidad que tenemos de "vetar" la decisión del cerebro. Hasta cierto punto afirmó podemos evitar realizar la acción sugerida por el cerebro, por ejemplo cuando vetamos nuestro deseo de comernos un dulce apetitoso.

El problema con estas discusiones es que deben comenzar por clarificar cómo es o quién es este sujeto que toma las decisiones o si se puede en primer lugar hablar de un sujeto, de un "self" como tal. La idea del libre albedrío está directamente vinculada a la noción de sujeto, si no puede hablarse de un "self" no tiene sentido hablar de libre albedrío, no hay nadie que decida ni nada que decidir.

De cualquier manera estos resultados son un ataque contundente a la noción de libre albedrío. Los que defienden esta postura sostienen que el libre albedrío no es más que una ilusión. Creemos que decidimos cuando en realidad esta decisión ya fue tomada de antemano sin nuestro consentimiento. Como sostiene el Dr. Wegner de la Universidad de Harvard: "El libre albedrío es una ilusión, una ilusión muy persistente", sostiene, comparándola con el truco del mago que ha sido visto una y otra vez. "A pesar de que sabemos que es un truco, caemos siempre en la trampa y nos dejamos engañar".

Una vez Isaac Bashevis Singer comentando sobre el tema del libre albedrío dijo lo siguiente: "Claro que creo en el libre albedrío. ¡No tengo otra opción!"

Reflexión: "Visión del libre albedrío: Matrix Reloaded".

https://www.youtube.com/watch?v=PFu-vB5LaOY

IV.- ¿Existe el Destino?

¿La verdad os hará libres?

El ser humano se encuentra ante el dilema de ser víctima de su hado o dueño de su destino. No hay término medio ni posición neutral. Hablo del género humano y no del individuo.

Por ello, en lo que respecta a la explicación del destino del ser humano, tanto Agustín de Hipona (profundamente influido por la filosofía de Platón) como Tomás de Aquino (profundamente influido por la filosofía de Aristóteles) se basaron en el concepto de la inmortalidad del alma, el cual recibieron los griegos de la religión egipcia; y a su vez los egipcios de la religión babilónica.

Tal legado de conocimiento son un claro ejemplo de cómo la ciencia, la filosofía y la teología se hallan ante una barrera impenetrable cuando se trata de explicar la razón de ser y el destino del ser humano.

La clave para entender es tan sencilla que a más de uno le va a causar risa nacida de incredulidad. El aspecto crucial y esencial de esa clave es que su conocimiento por sí solo no basta para comprender el misterio. Para entender con plena certeza, es absolutamente esencial aplicar el conocimiento poniéndolo por obra. El conocimiento acompañado de la práctica de este constituye la clave para entender.

Lo que llamamos Dios, el Gran Arquitecto y Sublime Alquimista del Universo, que es energía e inteligencia pura e infinita y la causa primera de todas las cosas, en su omnipotente poder y voluntad, puede afectar sin disputa al hombre; y quienes se dediquen a investigar e intentar comprender, libres de dogmas y de falsa soberbia, las leyes de Dios y su gobierno del universo, pueden llegar a comprender de manera progresiva el método por el cual la voluntad de Dios se transfiere a la conciencia y al destino del hombre.

Todo ser humano tiene un espíritu. Este espíritu en el hombre no es un ser espiritual, sino una substancia inmaterial que le imparte el poder del intelecto al cerebro humano y lo diferencia radicalmente del cerebro de los animales, confiriéndole una mente que está hecha a la semejanza de la mente de Dios su Creador. Por eso dice la Escritura: "Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda" (Job 32:8).

Ahora bien, ese espíritu le permite a la mente humana comprender y utilizar las leyes de la física que gobiernan la materia. Pero la comprensión de la dimensión espiritual divina que le dio origen a las leyes de la física está, en principio, fuera de su alcance.

"Hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria" (1 Corintios 2:6-7).

"Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu (Hechos 5:32); porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido".

"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente… Porque ¿quién conoció la mente del Señor?, ¿Quién le instruirá?, más nosotros tenemos la mente de Cristo".

He aquí la causa y la razón por la cual ni los científicos, ni los filósofos, ni los teólogos más destacados de la historia, a pesar de su gran inteligencia, logran escudriñar "lo profundo de Dios", puesto que carecen, por orgullo, soberbia y falta de humildad, de ese elemento adicional que da acceso a la sabiduría de Dios, a la comprensión del misterio del destino humano oculto desde el principio de los siglos.

Así, a mayor nivel de conciencia, mayor es el nivel de conocimiento que se adquiere acerca de las leyes y potestades que rigen, gobiernan y determinan nuestro destino.

Es aquí donde debe existir sabiduría para comprender las palabras del divino maestro, Jesús, el Cristo Cósmico, el Logos Solar:

Mateo 6:27 "¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir una hora al curso de su vida?".

Mateo 6:33 "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas".

Juan 14 "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí".

Juan 14:6 "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí".

Juan 3:3 "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios".

5 "Que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios".

6 "Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es".

Mateo 11:25 "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los que son como niños".

26 "Sí, Padre, porque así te ha parecido mejor".

27 "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar".

Juan 8:32 "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres".

Reflexión: "Historia del filósofo que ríe y del filósofo que llora". Fragmento de la obra La Recta Provincia, del maestro y cineasta Raúl Ruiz. https://youtu.be/nCWERJH32XU

Conclusión

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"Conócete a ti mismo"

 

 

 

Autor:

FC

 


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