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El paradigma de la complejidad




Monografía destacada
  1. Introducción
  2. El paradigma emergente de la complejidad
  3. Paradigma de la complejidad
  4. Principios del paradigma de la complejidad
  5. Críticas al modelo determinista
  6. El desafío a la racionalidad científica: azar, caos y desorden
  7. La teoría del caos
  8. El redescubrimiento del tiempo
  9. La incertidumbre del saber
  10. La alianza de los saberes: Iiya Prigogine
  11. La teoría de la complejidad y los docentes
  12. Conclusión
  13. Referencias bibliográficas

Introducción

Los principios epistemológicos sobre los que se apoya el Paradigma de la Complejidad y la Teoría del Caos, así como también contextualizar su desarrollo en el marco del debate epistemológico actual ,aglutina a científicos de diversos campos de conocimiento que insisten en la conveniencia de adoptar nuevos modelos teóricos, metodológicos y, por ende, una nueva epistemología, que permita a la comunidad científica elaborar teorías más ajustadas de la realidad. Teorías que permitan diseñar (modernizar) y poner en prácticas modelos de intervención –social, sanitaria, educativa, política, económica, ambiental, cultural, entre otros. Más eficaces que ayuden a conducir y regular las acciones individuales y colectivas. Subyace en esta actitud reformista un firme intento de reformar la racionalidad sobre la que la ciencia y la tecnología se han venido apoyando.

 El paradigma emergente de la complejidad

La ciencia ha avanzado a pasos agigantados, a zancadas, y, también ha penetrado a profundidades y espacios que hasta hace relativamente poco tiempo eran inalcanzables; lo que ayer era excluido o desconocido hoy surge con un poder inusitado; pero lo que fue admitido sin reticencias y hoy es cuestionado deja una marca indeleble, una estela de compromisos incrustados en la mente que no es posible desenraizar de un solo tajo; para cambiar, será necesario afrontar dos tensiones: primera olvidarse de lo aprendido, segundo, entender que la realidad no se revela en sus verdaderas dimensiones y tiende al hombre trampas.

Los paradigmas que han hecho carrera han encontrado una aparente concordancia con la realidad, pero ahora cuando se está consciente de los múltiples rostros que asume se abren inquietudes que es preciso disuadir. La nueva ciencia se enfrenta a este tipo de fenómenos y la complejidad y el caos son una muestra elocuente, por lo que para comprenderlos habrá que hacer gala de altas dosis de recursividad, apertura de la mente y al tiempo tomar las precauciones que hace Karel Kosik (Gilbert, 1999:1): "Si la apariencia fenoménica y la esencia de las cosas coincidieran totalmente, la ciencia y la filosofía serían superfluas".

Como es natural el paradigma emergente está sujeto a toda clase de cuestionamientos y en el caso del paradigma de la complejidad con mucha más razón por cuanto que como afirma Prigogine –en la definición que más adelante se formula- "la complejidad es uno de esos conceptos cuya definición corresponde esencialmente a los problemas que genera" y tanto más cuando se trata de un tema no totalmente acabado. En este sentido los tratadistas han sido claros.

A pesar de eso los adelantos logrados brindan certezas que traen al espíritu una señal inequívoca de confianza.

El paradigma de la complejidad declara su omnipresencia particularmente en los organismos vivos, es en ellos en donde se despliegan en forma vehemente todas las propiedades que los tipifican. En este enfoque se intenta hacerlo extensivo a la organización y a la economía como si fueran de la misma naturaleza que lo biológico. Por supuesto, no es nueva la perspectiva de mirar la sociedad y el ambiente empresarial como un organismo vivo. Lo que ha llevado a pensar de esta manera es que el avance del conocimiento está permitiendo descubrir que existe una gran conformidad entre lo que ocurre en el mundo natural y lo que acontece en las relaciones organizacionales complejas.

Tal vez el aspecto más controvertido sea precisamente considerar a la sociedad y de hecho al mercado y a la gestión empresarial como organismos vivos. En sentido estricto no lo son y eso está claro. Con todo, se comportan como tales porque las pautas sociales y las estructuras institucionales desarrolladas reflejan la forma en que el ser humano ordena sus propias ideas y la experiencia de pensar, al fin y al cabo, no son otra cosa que un fiel reflejo de lo que ve en los fenómenos naturales y en su propia arquitectura. Maturana y Varela los catalogan, como se verá, como organismos vivos de tercer orden.

Paradigma de la complejidad

A partir de finales del siglo XIX y principios del XX comienza a tomar forma el paradigma de la complejidad. Uno de los momentos concretos en que esto ocurre es con la irrupción de lo complejo y del desorden en el universo físico. Esto se da a través de la segunda ley de termodinámica que explica como un sistema (conformado por un input, caja negra y output) se desgasta por su propio funcionamiento, lo que tarde o temprano provoca un desequilibrio que pone en juego la existencia del mismo, provocando caos y desorden.

Esta ley indica que el universo tiende a la entropía total, pero que a partir de ésta se organiza y se desarrolla, o sea que lo caótico y el azar son necesarios para lograr el orden. Los opuestos son complementarios y se articulan entre sí. Se comienza a ver que la realidad es incompleta e imperfecta. El sistema no se puede reducir a la suma de las partes, o sea que es más que ésta. Lo reinante es la diversidad.

Las características principales del paradigma de la complejidad son: la

cultura nacional y el regionalismo, el relativismo axiológico, lo articulable, el

cambio, lo abierto, las ciencias alternativas, la fragmentación, lo heterogéneo, lo subjetivo, la pluralidad de códigos morales. El paradigma de la complejidad, característico de la Posmodernidad, conlleva una mirada abierta y sin leyes abarcadoras. Como seres humanos se vive en un determinado contexto que condiciona cultural y socialmente.

Provee un lenguaje y un saber que son necesarios para poder reflexionar de manera autónoma. Esto marca una dependencia de un gran conjunto de variables (educación, cultura, sociedad) que generalmente actúan guiadas por el azar. Nosotros interaccionamos con estos sistemas y llegamos a darnos cuenta de que en cierta medida los poseemos y ellos nos poseen.

Principios del paradigma de la complejidad

El primero es el principio dialógico: orden y desorden son enemigos

opuestos, pero en ciertos casos colaboran y producen la organización y la

complejidad; la dualidad en el seno de la unidad, el protón y el electrón dentro del átomo.

El segundo es el principio de la recursividad organizacional: un proceso recursivo en un sistema se da cuando los productos y efectos son, al mismo tiempo, causas y productores de aquello que los produce. Las interacciones de los individuos producen una sociedad, pero la sociedad produce a los individuos. Sin individuos no hay sociedad y sin sociedad no hay individuos.

El tercero es el principio hologramático: la parte más pequeña de algo

contiene la información de la totalidad de ese algo. Cada célula de nuestro cuerpo contiene la totalidad de nuestra información genética. No se puede concebir el todo sin las partes y tampoco se pueden concebir las partes sin el todo.

El paradigma de la complejidad muestra un mundo construido sobre una base caótica de variables articuladas que generan (o tratan de generar) sistemas de retroalimentación críticos, fundamentales para crear una sensación de orden, envidiable por parte del paradigma de la simplicidad. La influencia que tiene esta cultura sobre las ciencias y estudios es muy clara: las observaciones y descripciones de fenómenos de la realidad se realizan desde dentro de ella. El científico y el estudioso son tan partes de lo que observan como el resto de las variables involucradas en dicho fenómeno. El análisis y descripción de un sistema no puede ser jamás objetivo ya que, además de los respectivos filtros cognoscitivos mentales de los observadores, éstos también forman parte de aquello que estudian, con lo que al realizar el acto cognoscitivo y descriptivo están modificando el fenómeno analizado.

Críticas al modelo determinista

Dos posturas acerca de la conformación y desarrollo de la naturaleza han caracterizado el pensamiento de la humanidad; el determinismo y el indeterminismo. Leucipo (s. V a.C.) afirmaba que «Nada sucede porque sí, sino que todo sucede con razón y por necesidad». El término "necesidad" se entiende como: no puede ser de otra manera o, forzosamente debe ser así; esta es la formulación general del principio de causalidad o principio de razón suficiente.

El determinismo es una doctrina filosófica que afirma que todo acontecimiento, incluyendo el pensamiento humano y las acciones, está causalmente determinado por la irrompible e ineludible cadena causa - consecuencia. No hay milagros ni ocurren sucesos al azar. El determinismo sostiene que nuestra vida está regida por circunstancias que escapan a nuestro control de modo que nadie es responsable de lo que hace o deja de hacer. Desde el punto de vista humano, el determinismo sostiene que no existe el libre albedrío.

El científico francés marqués de Pierre Simón Laplace, basado en el éxito de las teorías Científicas, principalmente en el de la teoría de la gravedad de Newton, afirmó, a principios del siglo XIX, que el universo era completamente determinista; es decir, que debía existir un conjunto de leyes científicas las cuales nos permitirían predecir todo lo que aconteciera en el universo, incluido el comportamiento humano, si fuésemos capaces de conocer el estado completo del universo en un instante del tiempo. La historia demostró que esto era parcialmente cierto; sólo para condiciones de nuestra "cotidianidad", para la física clásica.

La biología, la astronomía y la velocidad a gran escala y la física a pequeñísima escala o física cuántica afirman otra cosa: el azar también interviene notablemente en el comportamiento del universo.

En el lado opuesto de la moneda está el indeterminismo y la complejidad. El tema de la complejidad, estrechamente vinculado al indeterminismo, ha sido tratado desde la antigüedad. Hacia el siglo V a.C., Eurípides afirma que: "Lo esperado no se cumple y para lo inesperado un Dios abre la puerta".

El criterio "explicativo" de las ciencias naturales es insuficiente ante las expectativas de entendimiento, comprensión e interpretación, propios de las ciencias del espíritu. La interacción humana para consigo mismo, con los demás y con la naturaleza es muy compleja. Igualmente, otras teorías y eventos de la realidad como la teoría de la relatividad, la biología, el comportamiento económico y el del clima han corroborado la complejidad de la naturaleza.

En términos sencillos se entiende por complejidad una situación de la realidad compuesta por múltiples componentes entrelazados y vinculados entre sí; esta situación "compuesta" se concibe como una "totalidad" que presenta ciertas propiedades "emergentes" que no están presentes en las partes vistas aisladamente.

El término complejidad se refiere también a la cantidad de posibilidades de combinación de los elementos constitutivos de una situación o sistema; a mayor cantidad de elementos, mayor información y complejidad del sistema. El modo de entrelazamiento o vínculo entre las partes se puede dar de manera coherente originando una situación de "orden" ó, de manera incoherente originando una situación de "caos". Henri Atlan, biólogo francés, usa para esto la metáfora «entre el cristal y el humo». En la vida cotidiana este enfoque evita que caigamos en "reduccionismos" a la hora de concebir sistemas y procesos, organizacionalmente hablando. No se trata de "complicar" las cosas. Se trata de tener en cuenta "todos los factores" de una situación, de generar las hipótesis más pertinentes y, precisamente, de dejar lo menos posible en manos del "azar". Realidades como la política, la economía, la dinámica social, cultural, productiva, educativa y ambiental son complejas. Del análisis de la complejidad han surgido diferentes teorías que nos ayudan a comprender e interpretar la realidad con el fin de transformarla adecuadamente.

El desafío a la racionalidad científica: azar, caos y desorden

Es importante mencionar que uno de los grandes pilares del paradigma de la complejidad es la Teoría del Caos. Esta es la rama de las matemáticas que trata acerca del comportamiento cualitativo a largo plazo de un sistema dinámico. Su base es la segunda ley de la Termodinámica y su principal objetivo es demostrar que los sistemas que rigen la naturaleza están muy lejos de ser mensurables de forma exacta. Las variables que interactúan en los mismos son extremadamente complejas y pueden pasar de una funcionalidad plena a una total disfuncionalidad en el corto plazo, provocando la destrucción del sistema y el nacimiento de otro en su lugar que se adapte al contexto continuamente cambiante.

La teoría del caos y el paradigma de la complejidad constituyen los actuales modelos científicos transdisciplinares de los que se nutren teóricos de diversas áreas científicas, desde la Física, la Química, la Neurofisiología, la Biología y la Medicina hasta el Derecho, la Sociología, la Economía y la Pedagogía para aproximarse a sus respectivos objetos de estudio.

La teoría del caos

En la contemporaneidad se entiende por caos una disciplina científica que ofrece un instrumental teórico-metodológico que ayuda a comprender la complejidad del mundo, sus procesos creadores e innovadores.

La teoría del caos tiene como principal representante al belga Ilya Pregonine, Premio Nobel de Química de 1977. Está constituida por una teoría sobre ciertos modelos matemáticos y sus aplicaciones los cuales sirven para explicar el comportamiento del universo y de la vida que, contrario a lo que se creía, no se desarrolla como el mecanismo de un reloj, de manera previsible y determinada, sino de forma aleatoria y caótica. "El término científico «caos» se refiere a una interconexión entre los componentes de cualquier porción de la realidad que se manifiesta en acontecimientos aparentemente aleatorios. La ciencia del caos se centra en los modelos ocultos, en los matices, en la «sensibilidad» de las cosas y en las «reglas» sobre cómo lo impredecible conduce a lo nuevo".

Para efectos prácticos la teoría del caos maneja tres conceptos clave transversales: el control, la creatividad y la sutileza. La incertidumbre y la contingencia son fenómenos que acompañan toda la vida de las personas y de las organizaciones; siempre se ha buscado maneras de enfrentarla y de eliminarla sin haberlo logrado. En las organizaciones siempre se ha luchado, a veces de manera obsesiva-compulsiva, por "tener el control" de todo lo que sucede y, en nombre de él, se cometen muchos abusos contra las personas. Las personas que conocen la teoría del caos saben muy bien que la obsesión de "mantener el control" es lo más contraproducente que los dirigentes de una organización pueden hacer. La alternativa más inteligente es la de propiciar la autonomía de las personas con el fin de obtener mayor compromiso y niveles de responsabilidad por parte de los trabajadores; un ambiente de mayor flexibilidad y participación es la mejor solución en el empeño por lograr resultados efectivos en un contexto de organización humanizada.

Cuando se acepta la incertidumbre, como una característica de la vida, se acepta el caos, es entonces cuando aparece la creatividad. No es posible desarrollar y utilizar la creatividad en ambientes rígidos y autoritarios. Las ideas fluyen libremente, en principio sin ningún control, permitiendo que la creatividad y la imaginación corran como un río en la montaña. De igual forma que un río nace y muere en el mar, así las ideas tienen su tiempo para nacer y su tiempo para morir.

Eso es el caos: muerte y nacimiento, destrucción y creación al mismo tiempo. Este es el origen de muchas propuestas contemporáneas acerca de la Gestión del Conocimiento como la "deconstrucción" de Jacques Derrida o el Pensamiento Paralelo y Lateral de Edward de Bono, o los Mapas Mentales de Tony Duzzán.

De igual forma, aceptar la incertidumbre y permitir que fluya la imaginación, permitirá, al mismo tiempo, poner atención a las pequeñas sutilezas, a los pequeños detalles que pueden provocar cambios significativos en las personas. Esto implica el respeto de las opiniones de las otras personas, su derecho a disentir. El gran postulado de la ciencia-arte de la hermenéutica, según palabras de H.G.Gadamer es que "es muy posible que yo no tenga la razón; lo más probable es que la tenga el otro". Para Immanuel Kant la evidencia más clara de la racionalidad de una persona, además de su autonomía cognitiva y moral es su capacidad de "ponerse en los zapatos del otro".

La teoría del caos nos ayuda a comprender que si se evita el control y se acepta la incertidumbre, se ingresará al mundo de la sutileza y la ambigüedad, donde la vida se vive en plenitud.

El redescubrimiento del tiempo

Según Prigogine, premio Nobel de Química, "hoy asistimos a un redescubrimiento del tiempo físico y pensamos que tal redescubrimiento no resulta de la simple lógica interna de las teorías científicas, sino de cuestiones que hubo que decidir si seguirían planteándose o podrían ser olvidadas por una física que intenta comprender la naturaleza". Se introduce de este modo, la necesidad de un  profundo cambio conceptual vinculado a la física actual y extensiva a los diversos campos de conocimiento; cambio en el que ocupa un lugar privilegiado la idea del tiempo irreversible.

La noción de irreversibilidad temporal  es fundamental en la historia  del pensamiento, pues va ligada a la vivencia de la finitud humana, a la conciencia de la muerte y al recomienzo de la vida. Sin embargo, siglos de tradición científica instalaron la idea de un tiempo reversible, matemático, absoluto.  Tiempo reversible, tiempo irreversible son los dos términos de una polémica que se encuentra en el corazón de las ciencias contemporáneas.

Según sea nuestra opción por uno u otro de estos conceptos de la temporalidad así resultarán nuestras representaciones teóricas-prácticas en los diversos campos del conocimiento de las ciencias naturales y sociales, de la filosofía y las humanidades, del arte.

También se ha afirmado que la recuperación de la multiplicidad de los tiempos, en sus tres dimensiones y en las especificidades de la evolución de la materia y del pensamiento introducirá una metamorfosis de la ciencia, un nuevo diálogo con la naturaleza, entre los hombres y entre las culturas, es decir una nueva alianza que compromete el futuro de la humanidad en la encrucijada del presente, en el punto de bifurcación que se manifiesta como la gran crisis de las últimas décadas del siglo XX y los desafíos del siglo XXI. De este modo la ciencia renovada y la asunción de su responsabilidad ética frente a la naturaleza y los seres humanos reintroduce junto con el redescubrimiento del tiempo, la emergencia de nuevos saberes que hacen lugar a la invención de lo inédito,  tanto en las ciencias como en el arte y la filosofía. Se abre así también la posibilidad de la utopía, puesto que el futuro permanece siempre abierto al acontecimiento, a la invención de lo nuevo.

La incertidumbre del saber

Una nueva conciencia empieza a surgir: el hombre, enfrentado a las incertidumbres por todos los lados, es arrastrado hacia una nueva aventura. Hay que aprender a enfrentar la incertidumbre puesto que se vive en una época cambiante donde los valores son ambivalentes, donde todo está ligado. Es por eso que la educación del futuro debe volver sobre las incertidumbres ligadas al conocimiento ya que existe:

  • Un principio de incertidumbre cerebro-mental que se deriva del proceso de traducción/reconstrucción propio a todo conocimiento.

  • Un principio de incertidumbre lógica. Como decía Pascal muy claramente: « ni la contradicción es señal de falsedad ni la no contradicción es señal de verdad ».

  • Un principio de incertidumbre racional ya que la racionalidad, si no mantiene su vigilancia autocrítica, cae en la racionalización.

  • Un principio de incertidumbre sicológica: No existe la posibilidad de ser totalmente consciente de lo que pasa en la maquinaria de nuestra mente, la cual siempre conserva algo fundamentalmente inconsciente. Existe pues, la dificultad de un auto-examen crítico por medio del cual nuestra sinceridad no garantiza certidumbre; existen límites para cualquier auto-conocimiento.

Tantos problemas dramáticamente ligados hacen pensar que el mundo no sólo está en crisis, está en este estado violento donde se enfrentan las fuerzas de muerte y las fuerzas de vida que se le podría llamar agonía. Aunque solidarios, los humanos siguen siendo enemigos entre sí y el desencadenamiento de odios entre razas, religiones, ideologías siempre acarrea guerras, masacres, torturas, odios, desprecios. Los procesos son destructores de un mundo antiguo, multimilenario por un lado, multisecular por el otro. La humanidad no acaba de explicarse la Humanidad. Aún no se sabe si sólo se trata de la agonía de un viejo mundo que anuncia un nuevo nacimiento o de una agonía mortal. Una conciencia nueva empieza a surgir: la Humanidad es llevada hacia una aventura desconocida.

La ciencia no trata sobre saberlo todo, trata más sobre saber exactamente qué no sabemos. Al asimilar algo así es cuando el concepto de creencia se revela absurdo. Pocas veces se ha visto divulgación científica a este nivel.

«Es mucho más interesante vivir sin saber que teniendo respuestas que podrían estar equivocadas (...) Pero no tengo que tener una respuesta. No me da miedo no saber cosas.»

La alianza de los saberes: Iiya Prigogine

La alianza de saberes que propugna Prigogine consiste en un ordenamiento eficaz del lenguaje propio de la secta prigoginiana. Primero porque muy habitualmente estos cursos son dictados por personas que conocen poco y nada del mundo de la física y de una temática que es dificultosa aún para los expertos. Segundo y más importante, porque aunque los cursos fueran dictados por expertos, también se convierte en una experiencia sin sentido debido a que la capacidad de reflexión es cuanto menos dudosa en el sentido siguiente: primero se enseña a leer y luego se puede hablar de los problemas de sentido del lenguaje; es más que difícil que en un curso de iniciación a la literatura se pueda abordar reflexivamente las turbulencias de sentido de la monumental obra Yo, El Supremo de A. Roa Bastos.

En consecuencia, aun hablando la misma lengua, es posible reproducir el mito de la torre de Babel en cuanto al problema del sentido y la verdad. El sistema prigoginiana crea sus propias categorías de interacción, transacción, organización, teleología, ontología; sus propios modos de construir la realidad y sus propios códigos de aceptación de lo verdadero. El sistema simula hablar para todos pero en realidad habla para si mismo y para el contacto que establece con otros miembros del mismo sistema; lo que importa es la relación entre la verdad del acto de enunciación y la experiencia de la recepción por parte de dichos miembros. Los gestos, los rituales que rodean la enunciación, los dispositivos tecnológicos, son los que confieren verosimilitud veracidad a los conceptos que son aparatos para la producción de hechos internos al sistema. J. Baudrilliard define éste fenómeno como el de la estética hiperreal, que consiste en suplantar lo real por los signos de un real aparente, de modo tal que los conceptos se transforman en productores de realidad, pero es realidad interna al sistema, donde lo único que se recordará es el sonido de la voz de Prigogine y sus pretendidos nuevos paradigmas.

La cuestión es: ¿han ocurrido en la ciencia en general, y en la termodinámica en particular, las reformulaciones que postulan los partidarios de Prigogine? La terrible concretidud de lo real, que a algunos parece no importarle demasiado, demuestra claramente que las pretensiones de Prigogine están muy lejos de ser realidad:

1) En las cuestiones que están más relacionadas con mi especialidad, matemática, puedo decir con certeza que las especulaciones de Prigogine en los campos de caos, determinismo, bifurcaciones, etc., son fallidas.

2) En el campo de la mecánica estadística, procesos disipativos y estructuras auto-organizativas, podemos decir que una cuidadosa inspección de la bibliografía en la temática y las revisiones de los libros y trabajos de Prigogine, demuestran que ninguna de las modernas teorías de Prigogine funciona en el mundo de la física. En particular, al menos por ahora, no hay ninguna reformulación de la entropía ni del segundo principio de la termodinámica.

3) El postulado de Prigogine destinado a reconciliar el tiempo de Bergson con el tiempo relativista no pasa, al menos por ahora, de meras declaraciones fetichistas; sus operadores "cuánticos" del tiempo no son más que afirmaciones del quizás sería bueno pero no sé cómo.

Por otra parte, ¿sobre qué bases racionales es posible concluir que estos eventuales cambios en la termodinámica influirían en una nueva alianza entre ciencia y filosofía? Es al menos muy dudoso que se pueda construir sobre estas bases incorrectas una nueva alianza de los saberes humanísticos y científicos. Por supuesto, los partidarios de la nueva alianza recurren inmediatamente al argumento de la supuesta guerra de identidades entre ciencia y humanismo, pero no hay tal cosa, aún en ciencias humanas es válido el principio de Parménides de justificar lo que se dice y, las teorías de Prigogine, no aparecen por el momento con la solidez necesaria para proveer de las justificaciones necesarias.

La teoría de la complejidad y los docentes

Ante esta nueva visión acerca de la realidad, los educadores se encuentran con una misión indelegable: la de transmitir "no saber puro, sino una cultura que permita comprender nuestra condición y ayudarnos a vivir. Al mismo tiempo favorecer una manera de pensar abierta y libre".

Se debe transmitir un conocimiento que se dé cuenta que las partes dependen del todo y viceversa; que no aísle los fenómenos (como pretendía Descartes) sino que los integre en la totalidad y que detecte lo uno en lo diverso; admitiendo la diversidad y la unidad a la vez. Esto debe estar acompañado de la incansable búsqueda (por parte del docente) de que los alumnos logren un estado interior y profundo de reflexión para poder orientarse por sí mismos en la vida.

La incapacidad que los actores de la comunidad educativa poseen para interpretar sistemas complejos no es innata. La modernidad es la culpable de haber eclipsado lo que los griegos, los hebreos y los medievales pudieron vislumbrar. La aceptación de un plus de misterio complejo que escapa al entendimiento humano y que enfrenta a éste con sus límites -dejándolo en el campo del asombro-ya había sido hecha por nuestros antecesores milenarios.

Pero en la fragmentación cartesiana se sobrevaloró lo claro y distinto. La escuela argentina acepto esta propuesta gnoseológica y la combinó (como ya se dijo) con elementos del Positivismo, Conductismo y La Ilustración. Por lo tanto desde sus comienzos se enseñó "al soberano" a dividir la realidad para entenderla; y si es posible entenderla con detalles eruditos y de memoria. Definitivamente un cambio de paradigma es imperioso.

Es decir que las prácticas educativas no deben centrarse en un enciclopedismo que transmita lo puramente cognitivo, eso lo puede hacer una computadora, un libro o un programa de TV. La verdadera educación es un encuentro entre seres humanos, donde la vida misma es la protagonista. Se deben cuestionar las instancias pedagógicas tradicionales y buscar la perspectiva compleja. Los contenidos tratados en clase deben apuntar a la transformación del sujeto, "no son neutros, se presentan en concreto, con un determinado grado de valor. (...) en consecuencia, cada contenido educativo no debe ser propuesto sólo como conocimiento objetivo, también debe ser reconocida la libertad del sujeto para apreciarlo como valioso para sí."

En su gran libro Educar es un riesgo Luigi Giussani advierte que la verdadera educación es aquella que introduce al estudiante a la realidad total. "Realidad es para la palabra educación como la meta para el camino" y, según lo que venimos exponiendo, dicha realidad es compleja.

Es por eso que es imprescindible que el docente de hoy presente los contenidos integrados al conocimiento cotidiano e intereses del alumno, es decir a su realidad total. La escuela debe tener en cuenta constantemente la realidad de los alumnos. El contexto en el que ellos se desenvuelven los modifica sin cesar; por eso en educación la relación con el medio, con el contexto, con la realidad total es imprescindible en los docentes. Se debe estar al tanto de la vida de los jóvenes: sus códigos, sus costumbres, su forma de pensar, los peligros a los que se exponen, los personajes de televisión con los cuales se identifican etc.

Morín afirma que la escuela debe enseñar la condición humana. A mi entender esta afirmación está en estrecha relación con la postura de Giussani anteriormente citada.

Enseñar la condición humana no es algo que le corresponde sólo a las Ciencias Humanas ni a la Literatura. Es también responsabilidad de las Ciencias Naturales, integrando en este término la cosmología, la ecología entre otras. De esta manera el hombre se mostraría situado dentro del cosmos y la vida. La condición humana se le presenta a todos los hombres, así vivan la existencia más rutinaria. No es patrimonio exclusivo de quien filosofa o del poeta tomar conciencia de la tragedia de la muerte, de lo misteriosa que es la vida, de la pregunta por la existencia de Dios. Esas preguntas están en el corazón del hombre, por lo tanto nadie está exento de esos planteos existenciales.

Con una metáfora muy adecuada, Morín nos habla de una "gigantesca Torre de Babel" de la cual emana más confusión que conocimiento, haciendo referencia a la ola interminable de saberes disociados y descontextualizados que emergen desde las ciencias, medios de comunicación, etc. Se activó el conocimiento pero se adormeció la capacidad crítica y reflexiva. El ser humano, desesperado, observa como el conocimiento se escapa, inasible, de sus manos.

Aprender a vivir es, no sólo conocer, sino transformación de ese conocimiento en sapiencia para la vida. Si no se logra este cometido, el alumno quedará rezagado en la Torre de Babel antes citada.

Dicha sapiencia está fundada en la contextualización del saber. Las clases del docente de la era planetaria deben enseñar a contextualizar los conocimientos. La aptitud para contextualizar debe ser un imperativo categórico de la educación.

La Complejidad exige al docente, entre tantas otras cuestiones, considerar al alumno en su individualidad, entenderlo como un ser único e irrepetible. "Cada grupo, cada alumno, cada suceso educativo representa una problemática a resolver, por lo que no se pueden aplicar teorías o técnicas estandarizadas; sólo una permanente actitud reflexiva acerca de los acontecimientos vividos va constituyendo un almacén experiencia, al que el docente puede acudir en circunstancias de incertidumbre"

La humildad que esta cita reclama a la profesión docente es notable. Cuando más sumergidos estamos en el pensamiento complejo, más modestia necesitamos. La teoría de Morin nos muestra, en gran parte, la lucha constante contra el entendimiento de la realidad desde una sola visión y nos invita a ver las situaciones desde el suelo de la incertidumbre.

Conclusión

El Paradigma de la Complejidad, como cultura y forma de ver el mundo en la Posmodernidad, crea un proceso de pensamiento sistémico que muestra la realidad como un enorme conjunto de sistemas con una difícilmente cuantificable cantidad de variables polares que interactúan entre sí. Esta interacción, que a simple vista parece caótica y desordenada, posee un equilibrio intrínseco que permite la adaptación a las nuevas reglas de juego del entorno. En caso que falle, el sistema incapaz de adaptarse colapsa y otro asume su lugar, llenando el espacio vacío.

Se ha venido hablando de lo complejo y la complejidad; creo que es el momento de expresar su significado de manera accesible. Prigogine deja entrever que se refiere a complejidad cuando en un sistema interactúa un gran número de elementos –no es posible identificar los elementos que intervienen ni cuántos son- y, por lo mismo, no se pueden anticipar las consecuencias de la interactuación. En general se considera complejo aquello que no se alcanza a explicar, lo que produce turbación, confusión, lo que no se puede definir de manera simple o nombrar de manera clara, lo que no puede resumirse en una palabra maestra, lo que no parece obedecer ninguna ley, aquello que no puede reducirse a una idea simple porque se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre, lo impredecible, (Morin, 1996, 21). En suma, la complejidad siempre está relacionada con el azar; está ligada a una mezcla íntima de orden y de desorden.

Referencias bibliográficas

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Comenzamos el trabajo con un análisis de publicaciones de varios autores y sus diferentes posturas acerca de paradigma y el conocimiento de la ciencia que tratan de interpretar. Se intenta a partir de esas lecturas realizar algunas reflexiones, con una mirada hacia las organizaciones sociales y a la situación de aula, entre las que citamos las siguientes:

Desde mi perspectiva, me amparo en una densa capa de convicciones por lo que palpo principalmente en los avatares de la vida cotidiana. Todo nace en el espacio de la experiencia, del simple hecho de mantener los sentidos abiertos. La vida normal, la corriente, no transcurre plácidamente siguiendo un desenvolvimiento lineal; sufre altibajos, saltos imprevistos, sorpresas impensadas, discontinuidades que llevan al convencimiento que ese es el camino que siguen todos los fenómenos que asedian al hombre.

Ahora bien, la complejidad o, lo que es igual, indagar las relaciones

dinámicas del todo con las partes y las relaciones dinámicas entre azar (indeterminado) y necesidad (determinado, probabilístico). El «todo» o «sistema», como nos enseña la Sistémica, implica algo más que una magnitud, sino como una estructura diferenciada, con identidad (autonomía) propia que responde a un tipo de organización en funcionamiento y en relación específica. Esta estructura o sistema estaría compuesta por elementos interrelacionados que actúan y retro actúan en el interior del sistema en un flujo dinámico haciendo funcionar al sistema, transformándolo por los intercambios con el medio (entorno del sistema).

 

 

Autor:

Lic. Yeslando González. Msc

Santa Bárbara de Zulia, junio de 2015


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