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¿Las políticas de Trump perjudican o benefician a la Unión Europea? (Parte I)

Enviado por Ricardo Lomoro



Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7
Monografía destacada
  1. Introducción - ¡Good morning America! and? ¿Good bay Europe?
  2. Eurobarómetro ("maldita hemeroteca" de los primeros 45 días en la era Trump y la "sensación térmica" europea, ante la llegada de una "ciclogénesis perfecta")
  3. ¿American Psycho? Comienza el "reality show" de "Huracán" Donald: ¡"globalización" estás "despedida"!
  4. ¿Quo vadis, Europa?
  5. La Unión Europea, obligada a "matar" al padre: ¡Thank you, Mr. Trump!
  6. No importa que el libro sea "blanco" o "negro". Mientras cace ratones, es un buen libro

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Introducción - ¡Good morning America! and… ¿Good bay Europe?

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El huevo de la serpiente: la factura de la crisis (rescate a la banca): socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias. (2008) De aquellos polvos…

Planes de rescate en la Unión Europea

Alemania. De los 470.000 millones en ayudas, 70.000 millones estarán destinados a la recapitalización de entidades en problemas, mientras que el resto -400.000 millones- formará parte de un fondo que garantizará los préstamos entre bancos hasta el 31 de diciembre de 2009.

Francia. Su plan de rescate contará con 320.000 millones de euros para avalar los préstamos interbancarios y 40.000 millones para recapitalizar las entidades con graves dificultades.

España. El Consejo de Ministros ha aprobado un plan de 100.000 millones en avales bancarios que se une al fondo de 30.000 millones anunciado la pasada semana para comprar activos de las entidades.

Reino Unido. Ha anunciado un plan de ayuda de 500.000 millones de libras -638.000 millones de euros-, un "rescate" que ya por sí solo supera al de EEUU. Unos 46.000 millones se destinarán a "nacionalizar" parcialmente tres bancos del país -RBS, HBOS y Lloyds-, mientras que más de 320.000 millones se emplearán para garantizar la deuda de las entidades. El Banco de Inglaterra concederá además más de 250.000 millones en préstamos a corto plazo.

Austria. Su plan será de 100.000 millones de euros, 85.000 de los cuales se destinarán a avales estatales y los 15.000 millones restantes para inyecciones de capital en los bancos.

Italia. El Banco de Italia ha aprobado crear un fondo de 40.000 millones de euros para refinanciar las entidades del país.

Fuente: El Mundo - 13/10/08

La auditoría del "rescate" en Estados Unidos (informe del GAO)

 La Reserva Federal ha actuado en el más absoluto secreto y a espaldas de la gente para rescatar a un sistema financiero fraudulento y corrupto. De acuerdo a una auditoría encargada por el Senador Bernie Sanders y realizada por la Oficina Gubernamental de Rendición de Cuentas (Government Accountability Office), se publicó este informe, en julio de 2011, que indica que Estados Unidos proporcionó más de 16 billones de dólares en préstamos secretos para rescatar a bancos y empresas de Estados Unidos y de Europa de la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión. En su página web, Bern Sanders señaló:

Como resultado de esta auditoría, ahora sabemos que la Reserva Federal proporcionó más de 16 billones de dólares en asistencia financiera total a algunas de las mayores instituciones financieras y corporaciones en los Estados Unidos y en todo el mundo...

Este es un claro caso de socialismo para los ricos y de resistente individualismo para todos los demás. Se socializan las pérdidas pero las ganancias siempre son de carácter privado.

Fuente: El Blog Salmón - 8/10/13

La Eurozona sólo ha recuperado el 40% de los 800.000 millones dedicados a rescatar la banca

Durante la crisis financiera sufrida en Europa entre 2008 y 2014, los Gobiernos de la zona euro destinaron alrededor de 800.000 millones de euros, el equivalente al 8% del PIB de la región, a prestar asistencia al sector financiero, una ayuda de la que sólo se ha recuperado el algo más del 40%, una tasa de recuperación relativamente baja en comparación con otras crisis internacionales, según el Banco Central Europeo (BCE).

Fuente: El Economista - 16/9/15

Statistics Paper Series (European Central Bank - Nº 7 April 2015)

Fiscal impacts of Euro Area interventions on financial sector from 2008 to 2013

(…)

Bridging these two approaches, the fourth section presents the main fiscal impact of the financial assistance measures in the euro area for the period 2008-2013. In terms of magnitude, the financial resources needed to finance government bailouts in the euro area are estimated at 5.1% of GDP for the whole period 2008-2013. The government acquires these resources either by issuing debt, or in fewer cases, by selling financial assets. These financial needs were essentially recorded during the first three years (4.9% of GDP) of the period 2008-2010. The governments allocated 3.4% of GDP to the net acquisition of financial 1 See Annex 1 for more details on the EDP framework Statistics Paper No 7 / April 2015 4 assets. The situation is very heterogeneous among euro area countries. The impact on debt for half of the countries was over 5% of GDP up to end-2013. Taking into account the impact for the guarantors of the European Financial Stability Facility (EFSF) 2, the whole impact of the bailouts on gross government debt, as defined by the Excessive Deficit Procedure (EDP) for the euro area from 2008 to 2013, is about 6% of GDP out of a total change in debt of 26% of GDP in the same period. Up to end-2013, the cumulative losses for euro area government balances are estimated at 1.7% of GDP, including capital transfers to financial institutions of up to 2% of GDP. These capital transfers consist, for instance, of deficit-increasing recapitalisations, debt assumptions or the purchase of impaired assets (such as "bad loans" or "toxic assets") by governments. The losses are spread equally over the whole period. Miscellaneous revenues such as guarantee fees, dividends and net interest arising from the interventions represent, on average, a gain of 0.3% of GDP for the government. Further information on the current holding gains/losses on the acquired assets is derived from the useful but incomplete balance sheet of the EDP supplementary table collected by the ESS. The outstanding amount of contingent liabilities (guarantees) of euro area governments declines at a slow pace from 7.8% of GDP at end-2009 to 4.7% at end-2013. When compared with the huge guarantees made in the UK in 2009 (34% of GDP), which have already vanished, this suggests that persistent difficulties might exist for some financial institutions in the euro area at the end of 2013 as assets need to be further guaranteed by governments. On the other hand, the euro area governments that intervened at the earliest stage of the crisis by taking on the bulk of the losses associated with the bailout are now granting a much-reduced amount of guarantees to the banking sector. Compared with the euro area, the impact of the UK government"s interventions to its financial sector were rather similar up to the end of 2013. The relative magnitude of both the respective financial needs and the estimated loss to the government is just slightly higher and could be explained by the importance of its financial sector. However, as these interventions took place in the earliest period of the financial crisis, it can be seen that the unwinding phase in the UK is slightly ahead of the euro area. Indeed, the net acquired assets have decreased more since 2011, and all the guarantees granted to the financial sector have now been withdrawn. However, since 2014, over seven years after the crisis began, the phasing-out of financial assistance measures in the euro area has become more prevalent than the development of new measures. In this closing stage, governments are predominantly unwinding past interventions by 2 See Section 2.4.1 for further details on the recording of support to Euro Area countries Statistics Paper No 7 / April 2015 5 selling the financial assets acquired in the initial phase of the crisis. This unwinding phase of the interventions is bringing new accounting challenges such as measuring the holding gains and losses, which are described in the fifth section.

… estos lodos (2017): ¿Hasta dónde llegará la marea? (los problemas que se nos vienen encima…)

"El orden económico y social está experimentando mutaciones profundas. Tenemos la incómoda sensación de que nos movemos hacia territorios insospechados. No es por culpa de Trump, ni de Brexit, ni otras manifestaciones del ascenso del populismo contrario a la globalización. Estos solo son síntomas (malignos) de las preocupaciones de mucha gente sobre las consecuencias de transformaciones estructurales asociadas a los cambios demográficos, las nuevas características del progreso tecnológico, impulsado por la robótica y la inteligencia artificial, y el cambio climático"... El futuro ya no es lo que era (tampoco en Bruselas) (Juan Francisco Jimeno - Fedea - 2/3/17)

En primer lugar, las tendencias demográficas harán que, en muy poco tiempo, la estructura por edades de la población cambie radicalmente, con consecuencias socioeconómicas que solo empezamos a comprender. Por ejemplo, políticas sociales financiadas por transferencias de los jóvenes a la población de mayor edad (como es el caso de las pensiones de jubilación) son fácilmente sostenibles en un escenario de elevados crecimientos demográfico y de la productividad. No lo son tanto a medida que crece el peso de la población a proteger y la productividad se estanca. En esta situación, cabe dudar de la capacidad de los Gobiernos nacionales para sostener estas prestaciones en el futuro, sobre todo cuando se han acumulado deudas muy elevadas a las que tendrán que hacer frente las mismas generaciones que se supone que han de financiar las prestaciones de la población de mayor edad. Los temores a un encogimiento del Estado del Bienestar y a la llegada de "competidores que vienen a aprovecharse de lo que pueda quedar de él", parecen causar la xenofobia, la construcción de muros en las fronteras y la recuperación de controles a la inmigración.

Las innovaciones tecnológicas, aun en el escenario favorable en el que el crecimiento de la productividad se recupere por los avances en la robótica y la inteligencia artificial (las bases más probables de la nueva ola de dichas innovaciones), también generan incertidumbre e inquietud. ¿Cuánto empleo es susceptible de ser "robotizado"? ¿Qué habilidades deberían adquirir los seres humanos para seguir siendo útiles en la producción de bienes y servicios? Y si los robots se encargan de la mayor parte de la producción, ¿qué harán los seres humanos? ¿Cómo se distribuirá dicha producción entre la población evitando una concentración aun mayor de la renta y de la riqueza en los propietarios del capital? ¿Cómo conseguir que la distribución de la propiedad de los robots sea más igualitaria, de manera que todos nos beneficiemos de este nuevo proceso de automatización?

Finalmente, a todo ello hay que añadir que cada vez resulta más evidente que las consecuencias económicas del cambio climático pueden ser considerables. Aquí caben tres escenarios. Uno es una transición gradual hacia tecnologías limpias y compatibles con las sostenibilidad del medio ambiente sin costes elevados en términos de desaceleración del crecimiento económico. Otro es que el control de los costes medioambientales sea mayor por la necesidad de implementar políticas mucho más agresivas y de mucho mayor alcance para conseguir una eliminación más rápida de tecnologías contaminantes. Pero también puede ser que el cambio climático ya sea irreversible y que se produzcan desastres medioambientales con consecuencias graves para la localización de la producción y los movimientos migratorios internacionales.

Estos fenómenos plantean retos considerables a las políticas económicas y sociales, que siguen mirando hacia atrás, especialmente las educativas y las de empleo.

Con estas incertidumbres por resolver (y otras, que veremos a lo largo de este relato) y con políticas y regulaciones nacionales por adaptar, la Comisión Europea tiene que decidir "qué quiere ser de mayor".

Se supone que los objetivos a lograr son: a) el desarrollo sostenible, basado en un crecimiento económico equilibrado y en la estabilidad de los precios, en una economía social de mercado altamente competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social, y en un nivel elevado de protección y mejora de la calidad del medio ambiente, b) la lucha contra la exclusión social y la discriminación, el fomento de la justicia y la protección sociales, la igualdad entre mujeres y hombres, la solidaridad entre las generaciones y la protección de los derechos del niño, y c) el fomento de la cohesión económica, social y territorial, y la solidaridad entre los Estados miembros…

Todo ello se puede resumir en una gran cuestión: el futuro de la integración europea.

The walking dead (los zombis del "mal menor", camino al precipicio)

¿Rebelión en la granja? (¡estábamos "mejor", cuando estábamos "peor"!)

"Los países del Grupo de Visegrado -que están tanteando una fusión con la Alianza de Bucarest, formada por los mismos países, más Rumanía, Bulgaria, Estonia, Letonia y Lituania- no quieren que se cumpla el diagnóstico/profecía del ex líder soviético Mijaíl Gorbachov y que la UE se convierta en una URSS sonriente"... El Grupo de Visegrado o los "deplorables" de la UE (Gaceta.es - 1/3/17)

El Grupo de Visegrado, integrado por cuatro de los "patitos feos" de la Unión Europea (Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia), cuyos ministros de Exteriores se reúne en Varsovia, mientras la Unión Europea hace aguas por todos lados y tiene más frentes abiertos de los que puede abarcar, Frau Merkel hubo de advertir recientemente que quizá sea necesario esa "Europa de dos velocidades" que hasta ayer mismo se consideraba tabú, pero la verdadera división que se perfila no es tanto de velocidades como de visión. Por decirlo claramente, la gran línea divisoria separa a los países que han vivido bajo el comunismo de los que no.

Quizá por eso los países del Grupo de Visegrado -que están tanteando una fusión con la Alianza de Bucarest, formada por los mismos países, más Rumanía, Bulgaria, Estonia, Letonia y Lituania- no quieren que se cumpla el diagnóstico/profecía del ex líder soviético Mijaíl Gorbachov y que la UE se convierta en una URSS sonriente.

Entre la integración y la disolución se barajan caminos intermedios, como el propuesto por el presidente esloveno Borut Pahor de dividir la UE en "regiones" integradas por intereses estratégicos y económicos comunes. Se sugieren, por ejemplo, un grupo atlántico, otro de los países bálticos y del Mar del Norte, otro grupo Danubio-Mar Negro y, finalmente, otro de los países mediterráneos.

Lo cierto es que este grupo de los cuatro es el peor grano que le ha salido a Bruselas o, al menos, el más respondón. El húngaro Orbán fue durante los primeros meses de la crisis de los refugiados el "Hitler del momento", amenazando la Comisión con sanciones si no se sometía al diktat de Bruselas sobre inmigración aunque luego hubieran de copiarles muchas de sus iniciativas; y Polonia, con un parlamento sin un solo escaño de izquierdas y un espectacular "revival" nacionalista.

La UE rica (es un decir), naturalmente, les ningunea cuanto puede, como muestra el hecho, denunciado por el grupo, de que ninguno de sus miembros haya sido invitado a la reunión que el 6 de marzo (2017) mantendrán en Versalles (Francia) el presidente francés, François Hollande, el jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni.

Pero el cambio geopolítico se huele en el aire, el vuelco que han supuesto el "brexit" y, no menor, la elección en la primera superpotencia mundial, de un país que ayer mismo se comprometía a respetar la independencia de las naciones y aseguraba que "las naciones libres son el mejor vehículo de la voluntad del pueblo", un mensaje que ha debido sonar como un tiro en la burocracia de la UE y que da alas a las aspiración de los "deplorables de Visegrado".

De hecho, Viktor Orbán ha recibido una carta de Donald Trump en la que el presidente norteamericano señala: "Nos enfrentamos a retos que, estoy convencido, podemos superar conjuntamente, a través de una alianza. Pero también se nos abren enormes oportunidades para avanzar hacia el logro de nuestros objetivos comunes".

La "danza de los enanos" (hay cadáveres que gozan de mejor salud)

"Cuando los británicos votaron a favor de salir de la Unión Europea en junio del año pasado, se abrieron varios escenarios posibles: que el Brexit supusiera la desintegración del club, que la salida del socio díscolo eliminara obstáculos a una mayor integración gradual entre el resto, que el miedo a perder lo logrado en los últimos 60 años ejerciera de fuerza catártica para avanzar rápidamente... Pero todos esos escenarios partían de una idea transversal: la UE postBrexit sería distinta a la UE preBrexit. Y no solo porque fuera a haber un país menos. Este lunes en Versalles, los líderes políticos de los cuatro grandes países de la nueva UE a 27 dejaron claro por dónde quieren que vayan los tiros: la Europa de las varias velocidades, en las que unos países avanzan en la integración política y económica, mientras que otros quedan rezagados pero con la puerta abierta a unirse cuando lo consideren oportuno. Las áreas prioritarias: defensa, seguridad, política exterior y economíaLos cuatro grandes de la UE a 27 se comprometen a liderar la Europa de varias velocidades (Expansión - 7/3/17)

El presidente francés, François Hollande, ejerció de anfitrión de la canciller alemana, Angela Merkel; del primer ministro italiano, Paolo Gentiloni y del presidente español, Mariano Rajoy. Entre los cuatro representan a 256 millones de ciudadanos, exactamente el 50% de los 510 millones que viven ahora mismo en la UE y el 57% una vez que abandonen el club los 65 millones de británicos. En términos económicos su peso es aún mayor. Alemania, Francia, Italia y España suponen ahora mismo el 54% del PIB de la UE y el 65% si no se tiene en cuenta el Reino Unido. Y luego, aunque a algunos diplomáticos les incomoda reconocerlo, está la enjundia histórica del grupo reunido ayer en Versalles: el eje franco-alemán, motor de la integración europea; Italia como país fundador y España, una de las más claras historias de éxito del proyecto.

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Hollande, Merkel, Rajoy y Gentiloni se reunieron en Versalles antes del Consejo Europeo del 9 y 10 de marzo de 2017

El mensaje ha sido claro para quien quisiera escucharlo. Primero fue la Comisión Europea, que lanzó la semana pasada un Libro Blanco para la UE a 27 en el que esbozaba varios escenarios posibles. Uno de ellos: la UE a varias velocidades. El Ejecutivo no se posicionaba por ninguno, pero el pase al hueco estaba lanzado ya.

El balón salió el 1 de marzo (2017) de Bruselas y lo recogieron el 6 de marzo en Versalles. "Tenemos que tener el valor de aceptar que algunos países puedan avanzar más rápido que otros", dijo Merkel. "Unidad no significa uniformidad (...) algunos querrán ir más rápido y otros más lento (...) los países que no lo hagan que no se opongan", anticipó Hollande. "Me gusta la opción que apuesta por más y por mejor integración. Europa debe mirar lejos (...) España está dispuesta a ir más allá en la integración con todos los que quieran seguir más allá en la integración", remató Rajoy. Todo ello a tres días de que comience el próximo 9 de marzo (2017) una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE en Bruselas y a dos semanas y media de los fastos para conmemorar el 60 aniversario del Tratado de Roma, que alumbró lo que acabó siendo la actual UE y que muchos en Bruselas esperan que sirva de refundación del proyecto.

Idea principal: los cuatro grandes avanzarán en una política de defensa común, en seguridad y lucha antiterrorista, en política exterior y migratoria y en la unión económica y monetaria. La puerta quedará abierta para quien quiera sumarse, bien ahora, bien más adelante. Dardo entre líneas: si a algunos países de Europa del Este no les gusta, tendrán que aguantarse.

Cada palabra de los discursos de Hollande, Merkel, Rajoy y Gentiloni ha echado una palada de tierra sobre la era de los intrincados consensos comunitarios a Veintiocho. Esta suerte de café para todos se ha revelado algo lento, exasperante, ineficiente e ininteligible para unos ciudadanos que desde el estallido de la crisis financiera hace ya una década miraban hacia Bruselas a la espera de resultados, no de ejercicios de estilismo diplomático. Con el siempre opositor Reino Unido de camino a abandonar la UE y el Grupo de Visegrado -Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia- cada vez más intratable, las cuatro potencias apuestan por una mayor integración europea, pero con "diferentes niveles de ambición y donde se puedan dar respuestas diversas" a los retos que se planteen, en palabras de Gentiloni.

La opción de la UE a múltiples velocidades causa urticaria en los líderes de países como Hungría, Polonia, República Checa o Eslovaquia -el conocido como Grupo de Visegrado-, temerosos de que esto acabe generando europeos de primera, segunda o incluso tercera y cuarta categoría.

Hasta ahora, en las grandes políticas de la Unión, siempre se había tenido en cuenta ese recelo. De hecho, la opción de avanzar a varias velocidades es legalmente posible y ya está ocurriendo de facto, con la zona euro, pero siempre se había evitado aplicarla a otras grandes políticas, como la defensa, la seguridad o la política exterior. Pero ahora las cosas han cambiado, tanto en el interior como en el exterior.

En el interior, la salida del Reino Unido ha enfrentado a la UE frente a sus propias debilidades e incoherencias y obliga a dar una respuesta. Además, Merkel ha sentido como una traición que los países del Este no quisieran colaborar con la acogida de refugiados. "No se puede querer mucha Europa para fondos estructurales pero escurrir el bulto cuando no interesa", resumían la semana pasada fuentes diplomáticas.

En el exterior, Donald Trump en la Casa Blanca obliga a replantear cosas que se han dado por hechas durante décadas, como que EEUU acudirá en defensa de Europa cuando esta lo necesite; la Rusia Vladimir Putin quiere recuperar su influencia perdida tras la disolución de la URSS y China reclama que su peso geopolítico se equipare al económico y demográfico.

Llega la hora de la verdad. La segunda década del siglo XXI agoniza entre el auge del populismo, del aislacionismo, del nacionalismo y del proteccionismo económico. Una cadena de "ismos" cuya combinación en el pasado ha dado lugar a algunos de los episodios más negros de la humanidad, incluidas dos guerras mundiales. La UE está obligada a reinventarse y buscar su sitio en ese tablero.

El mix entre economicismo y progresismo sobre el que han discurrido décadas de globalización, desmanteló valores y cadenas de valores que eran fundamentales. Y ahora que se están invirtiendo las magnitudes, todos se echan las manos a la cabeza.

No se trata de una desconfianza irracional hacía la globalización sino de una desconfianza muy fundamentada hacia la clase dirigente, porque ésta no salvaguarda valores fundamentales e, incluso, en muchas ocasiones renuncia a aplicar la ley alegando razones de paz social, de tolerancia y de discriminación positiva.

Una apuesta por una Unión Europea a la carta para evitar la parálisis

Las conclusiones de la minicumbre de Versalles se trasladarán ahora al Consejo Europeo que se celebra el 9 y 10 de marzo (2017) en Bruselas. Y servirán como punto de partida para la cumbre de celebración del 60 aniversario del Tratado de Roma, prevista para el 25 de marzo en la capital italiana, donde tiene que definirse el rumbo futuro de la Unión sin Reino Unido.

A diferencia de lo ocurrido el año pasado cuando estaba en funciones, el presidente español, Mariano Rajoy, sí ha sido invitado en esta ocasión a la reunión de las potencias europeas en Versalles, aunque ha llegado literalmente el último, con casi media hora de retraso. En Bruselas se envidia la relativa estabilidad de su Gobierno, que contrasta con la gran incertidumbre política por las elecciones en Holanda, Francia y Alemania, marcadas por el auge de las fuerzas populistas y antieuropeas.

Ámbitos de cooperación

La Europa a la carta es una de las cinco opciones propuestas por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en su reciente Libro blanco sobre el futuro de la UE tras el brexit. Para Juncker, partidario de seguir con la integración a 27, no se trata del escenario "ideal", sobre todo porque margina al Ejecutivo comunitario y da prioridad a la cooperación entre Gobiernos. De hecho, ningún representante de la Comisión ha sido invitado a Versalles. El Libro blanco da varias pistas sobre los posibles espacios de cooperación para las "coaliciones de voluntarios" que quieran ir más rápido:

Defensa: Es la política en la que hay más consenso, sobre todo tras el brexit y la elección como presidente de Estados Unidos de Donald Trump, que ha amenazado varias veces con desentenderse de la OTAN. De hecho, los ministros de Exteriores de la UE han acordado este lunes en Bruselas crear el embrión de un cuartel general de la UE en Bruselas para planificar misiones militares. De la cooperación militar podrían desvincularse los países neutrales, como Irlanda, Suecia, Finlandia y Austria.

Los países miembros que decidan colaborar más en defensa podrían por ejemplo adquirir conjuntamente drones para objetivos militares o crear un programa conjunto de defensa para proteger a las infraestructuras básicas de ciberataques, según los ejemplos que pone la Comisión.

Seguridad y justicia: Un grupo de Gobiernos podría establecer un cuerpo conjunto de policía para investigar actividades criminales transfronterizas y poner en marcha un intercambio automático de información en materia de seguridad y lucha contra el terrorismo. Una fiscalía europea permitiría investigar colectivamente casos de fraude, blanqueo de dinero y tráfico de armas y drogas a escala comunitaria. Bruselas contempla también la posibilidad de que una vanguardia de voluntarios cree un área común de justicia en asuntos civiles. Los líderes de los cuatro grandes han reclamado más cooperación en la gestión de los flujos migratorios y el control de las fronteras.

Fiscalidad y derechos sociales: Otro territorio en el que la Comisión ve posible que los países de la eurozona avancen más rápido que el resto es el de la fiscalidad y los derechos sociales. Ello se traduciría, por ejemplo, en unos estándares laborales comunes y en una mayor armonización del impuesto de sociedades para combatir de forma eficaz la elusión fiscal de las multinacionales. Rajoy ha defendido una unión fiscal y un presupuesto para la eurozona.

Los países del este, en el punto de mira

En el punto de mira de esta Europa de geometría variable están los países del este, que en los últimos meses se han opuesto o han boicoteado activamente las iniciativas para hacer frente a la crisis de refugiados, como el reparto de los demandantes de asilo, lo que ha provocado una grave fractura en la Unión. A Bruselas le preocupa especialmente la deriva autoritaria y nacionalista de los Gobiernos euroescépticos de Viktor Orbán en Hungría y del partido Ley y Justicia en Polonia, controlado por Jaroslaw Kaczynskci. Kaczynskci pretende incluso desbancar a su compatriota Donald Tusk, también conservador pero europeísta, de la presidencia del Consejo Europeo.

"Hay una escuela de pensamiento que dice que la Europa a múltiples velocidades es la estrategia que se ha inventado para cortar el camino a Orbán y Kaczynski y hacer la UE sin ellos", admite un alto funcionario europeo. Pero tanto la Comisión como el propio Hollande niegan que su objetivo sea agravar las divisiones en el seno de la Unión. Al contrario, aducen que la Europa a la carta no está cerrada para nadie y puede servir de acicate para que los más rezagados aceleren.

Conscientes del riesgo de quedar excluidos del núcleo europeo, los miembros del denominado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) han lanzado un llamamiento al consenso. "La unidad de la UE es de vital importancia y debe ser siempre el punto de partida", afirman los primeros ministros de los cuatro países en su respuesta común al Libro blanco. "Independientemente de la velocidad de integración, necesitamos tirar todos en la misma dirección", señala su declaración conjunta.

El grupo de Visegrado acepta que, en aras de una cierta "flexibilidad", se permita a algunos países avanzar más rápido en determinadas políticas. Pero exige que esta cooperación esté abierta a cualquier Estado miembro que quiera sumarse más tarde y no ponga en riesgo el mercado único. En realidad, estos países son partidarios de renacionalizar algunas competencias que ahora están en manos de la UE, como la inmigración, y concentrarse en el mercado único.

La Europa a varias velocidades no supone una ruptura con el pasado, sino que ya es una realidad en estos momentos. Sólo 19 de los 27 Estados miembros están en la eurozona, mientras que en el espacio sin fronteras Schengen no participan Irlanda, Reino Unido, Croacia, Chipre, Rumanía y Bulgaria, aunque sí están Liechtenstein, Noruega, Islandia y Suiza, que no forman parte de la UE.

Además, la posibilidad de que se creen grupos de vanguardia ya está prevista en la legislación de la UE desde el Tratado de Ámsterdam, que entró en vigor en 1999 e introdujo las denominadas en jerga comunitaria "cooperaciones reforzadas". El vigente Tratado de Lisboa amplió los ámbitos de colaboración para incluir también la defensa.

El lanzamiento de una "cooperación reforzada" exige que al menos 9 países miembros quieran avanzar más rápidamente en una determinada política. El procedimiento se diseñó precisamente para superar la parálisis, las situaciones en las que una propuesta legislativa queda bloqueada porque hay un país o grupo de países que no desean formar parte de la iniciativa. Sin embargo, en todo este tiempo apenas se han aprobado tres cooperaciones reforzadas: sobre la legislación de divorcio, la patente europea (en la que no participa España por la exclusión del castellano como lengua de trabajo) y los regímenes patrimoniales de las parejas internacionales. Otras dos se han puesto en marcha sin resultados de momento: la tasa a las transacciones financieras y la fiscalía europea.

Ópera bufa: Europa en punto muerto desde el estallido de la crisis de la zona euro (septiembre 2008) y en riesgo de ir marcha atrás (marzo 2017), ¿puede atribuir sus debilidades, dudas y fracasos, a la llegada del "Trumpcalipsis"? Bajemos al quisco de la prensa, en busca de respuesta.

Eurobarómetro ("maldita hemeroteca" de los primeros 45 días en la era Trump y la "sensación térmica" europea, ante la llegada de una "ciclogénesis perfecta")

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"Los "sabios" critican al BCE y quieren que Alemania baje impuestos y amplíe superávit fiscal para dar ejemplo"... Indignación de los asesores de Merkel: "En el euro falta disciplina presupuestaria" (Libertad Digital - 3/11/16)

Para guiar el rumbo de la política económica alemana, el gobierno teutón creó en 1963 un organismo consultivo conocido popularmente como el "consejo de los cinco sabios". Esta entidad juega un rol centrar a la hora de guiar al Ejecutivo germano en la toma de las grandes decisiones.

A principios de noviembre (2016), el "consejo de los cinco sabios" ha dado a conocer su informe anual, que servirá como pilar para las próximas decisiones de la canciller Ángela Merkel. El documento incluye propuestas para Alemania, pero centra su análisis en el plano europeo, por lo que sus conclusiones son relevantes para toda la Eurozona, sobre todo por el duro tono de algunas recomendaciones.

Según el informe anual del consejo, el crecimiento en Alemania va a llegar al 1,9% en 2016 y al 1,3% en 2017. La proyección para la Eurozona apunta a un aumento del PIB del 1,6% durante el presente ejercicio y un repunte del 1,4% a lo largo del siguiente año. Sin embargo, el "consejo de los cinco sabios" entiende que el crecimiento alemán cuenta con bases mucho más sólidas que el del resto de países integrados en la moneda única.

Así, los cinco sabios denuncian que la política monetaria del Banco Central Europea ha sido "extraordinariamente flexible", lo que ha contribuido a la recuperación por la vía de reducir la urgencia de aplicar reformas. Para los asesores del gobierno teutón, "la recuperación económica no está siendo adecuada, dado que persisten los problemas estructurales y el repunte del crecimiento no es sostenible".

Según denuncian los expertos germanos, "el empeño reformista está decayendo y algunos países miembros no demuestran la disciplina presupuestaria necesaria". Mirando adelante, el informe apunta que "salir de una política monetaria tan expansiva se está convirtiendo en un reto cada vez más complejo".

En clave europea, los sabios apuntan que "en campos como la seguridad, la inmigración o el medio ambiente, es deseable una mayor integración europea. Sin embargo, los asuntos fiscales, laborales y sociales deben seguir siendo una responsabilidad de los gobiernos nacionales".

El organismo entiende que aprobar los tratados comerciales con Estados Unidos y Canadá es un reto crucial para el Viejo Continente, sobre todo a raíz del Brexit. Los expertos teutones entienden que "impulsar reformas es fundamental, porque si los resultados económicos de la Unión Europea no mejoran, habrá nuevos contratiempos en el proceso de integración".

De hecho, el consejo apunta que "habida cuenta de las crecientes fuerzas centrífugas en la UE, hay que entender con inteligencia la subsidiariedad: en algunos campos, como la seguridad, la inmigración o el medioambiente, es deseable que haya más cooperación entre los países miembros; sin embargo, en el plano fiscal, laboral o de las políticas sociales, la responsabilidad debe permanecer en el plano nacional".

En cuanto a las normas de estabilidad fiscal, el mensaje que mandan los asesores de Merkel es claro: "las reglas deben hacerse cumplir". Mirando al futuro, los sabios hablan de la importancia de concebir eventuales "rescates" desde el punto de vista privado y no público, pasando del bail out al bail in.

- La hoguera de las certidumbres (Expansión - FT - 9/11/16)

(Por John Authers / Financial Times)

Junto con el voto del Brexit de junio, la reacción política que muchos pensaron llegaría en 2009 se ha hecho realidad.

Al igual que Reino Unido, EEUU ha optado por invertir el proceso de globalización. Francia, Alemania e Italia tienen una oportunidad de cambiar su statu quo en las elecciones de los próximos meses.

Entre las certezas que tranquilizaron a inversores y financieros desde la era de Thatcher y Reagan y que ahora se cuestionan, están el compromiso con el libre comercio, los bancos centrales independientes, una versión financializada del capitalismo y unas redes de protección social relativamente limitadas.

Aunque muchos de los que votaron a favor del Brexit y de Donald Trump sienten una profunda desconfianza de los gobiernos, el resultado más probable serán administraciones más intervencionistas.

El carácter imprevisible de Trump añade un componente de incertidumbre. Como dijo en vano el presidente Barack Obama, "me preocupa que alguien que no puede manejar su propia cuenta de Twitter, tenga el mando de los códigos nucleares". Esta incertidumbre sin duda afectará a los precios de los activos y a la confianza.

A grandes rasgos, el resultado no debería haber sido una sorpresa. En 2008, cuando estalló la crisis financiera, muchos pensaron que se desencadenaría una crisis política. Sorprendentemente, el desenlace se ha aplazado hasta ahora.

Culpar a los banqueros centrales, como han hecho muchos responsables de las revueltas populistas que han tenido lugar en EEUU y Reino Unido es no entender nada de lo que está pasando.

Las políticas de relajación monetaria de los últimos ocho años han acentuado la desigualdad y no han servido para impulsar las economías estadounidense y británica. Pero los banqueros centrales siguieron estas políticas para dar tiempo a los políticos. Las medidas más importantes, como inversiones en infraestructuras y reformas estructurales no se han llevado a cabo. Y los bancos centrales dan la impresión de estar cada vez más incómodos en su nuevo papel.

En los próximos días, seguramente asistamos a una repetición de las reacciones que siguieron al Brexit. Se espera que haya ventas masivas de activos estadounidenses, a las que seguirán los posteriores repuntes. Los mercados emergentes serán los más afectados debido a su dependencia comercial.

Ahora que parecían estar a punto de iniciar su recuperación, esta se vuelve a cuestionar. Los mercados suelen excederse en su reacción, lo que sin duda dará lugar a buenas oportunidades de compra. Sólo cuando Trump tome posesión del cargo, se marcará un rumbo claro. El primer asunto de la agenda será la Reserva Federal.

Las ventas de los mercados deberían llevar a la Fed a aplazar la subida de tipos del mes que viene.

Un intento de obstaculizar la independencia de la Fed, o una salida de la presidenta Janet Yellen, podría crear alarma.

Lo demás queda de la mano del presidente Trump. El abanico de resultados es enorme. Una agresiva expansión fiscal podría aumentar la inflación, como también podría animar a los mercados de activos.

Por otra parte, la guerra arancelaria que Donald Trump prometió durante la campaña afectaría negativamente a los mercados de capital y éste es un aspecto en el que el presidente tiene un gran margen de acción.

En términos históricos, las posibilidades van desde los primeros años de Reagan -cuando el mercado alcista echó raíces-, a la desastrosa ley arancelaria de Smoot-Hawley que siguió a la crisis de 1929.

De lo que no hay duda es que la volatilidad será extrema. A medida que desaparece la certidumbre, estas elecciones irán marcando el triunfo de los pesimistas en el mercado.

- Alemania, Francia e Italia irán tras EEUU (El Economista - 9/11/16)

(Por Matthew Lynn)

Primero el Brexit, ahora Trump, ¿después qué? La respuesta es seguramente obvia. Mientras la onda de populismo que arrolla la política del mundo desarrollado se anota la victoria más importante hasta ahora, con la elección de Donald Trump, parece inevitable que las próximas revueltas contra las élites dirigentes establecidas vengan de Italia, Francia e incluso la Alemania de Merkel.

Los mercados han asumido la victoria de Trump? por ahora. A medida que se confirma la certeza de un referéndum sobre el euro en Italia y que el próximo presidente francés se comprometerá a sacar al país de la moneda única, habrá episodios bastante turbulentos en el futuro. El riesgo político que se había vuelto un cliché en los mercados, a menudo exagerado, está a punto de volverse muy real.

Cuando los mercados europeos se han despertado con la victoria imprevista de Trump, la reacción inicial ha sido sorprendentemente silenciosa. En Londres, el índice de referencia FTSE-100 solo se había desviado 70 puntos (un movimiento que puede verse cualquier mañana lluviosa de noviembre). Casi lo mismo ocurría en las bolsas de todo el continente. Los inversores estarán pensando sin duda en el rebote del Brexit que les pilló por sorpresa hace solo cuatro meses. Vendieron títulos esperando el Armagedón pero los índices rebotaron muy rápido. Se perdieron toneladas de dinero en muchos fondos de cobertura. No quieren esparcir la misma tinta roja en esta ocasión.

Dicho eso, hay muchos motivos para estar nerviosos. Trump ha defendido las barreras al comercio, los aranceles y el proteccionismo, y todo lo que sabemos sobre la economía global nos dice que eso siempre es muy malo para el crecimiento. Lo único que hay que debatir es si es solo retórica discursiva o si el presidente electo cumplirá con ello cuando se instale en la Casa Blanca.

Desde el resto del mundo, la plataforma de Trump no tiene muy buena pinta. Es la elección de los estadounidenses, sin duda, y tienen derecho a ella. Lo preocupante es hacia dónde se dirige el gigante del populismo.

A estas alturas estará claro que la economía globalizada del libre comercio desarrollada desde la caída del Muro de Berlín 1989 ha dejado a demasiadas personas atrás. El crecimiento salarial se ha estancado, la desigualdad se ha ensanchado y las elites políticas, escondidas detrás de una pared de instituciones globales, parecían cada vez más remotas. La salida de Reino Unido de la Unión Europea, contra la opinión de todos salvo precisamente Trump, fue una manifestación de eso. La victoria de Trump esta semana ha sido otra. ¿Por qué pensar que será la última? Pensemos en Italia. El primer ministro Matteo Renzi se enfrenta a un referéndum espinoso sobre la reforma constitucional. Habría que ser un inversor estúpido para creer posible su victoria (Renzi ya estaba detrás en las encuestas antes de la victoria de Trump). Renzi se hizo con el poder en un golpe de Estado interno del partido y todavía no se ha enfrentado a unas elecciones generales. Si le obligan a convocarlas, el vencedor probable será el Movimiento 5 Estrellas, básicamente Trump pero con chistes mejores. Se ha propuesto celebrar un referéndum sobre la membresía del país de la moneda única. ¿Qué probabilidades hay de que gane? Más que cero, quizás, pero no muchas más. Recordemos que es un país tan perjudicado por el euro que actualmente es más pobre que en el año 2000.

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