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La enseñanza de las ciencias naturales en las primeras edades




  1. Introducción
  2. El niño y su mundo básico a nivel cognitivo
  3. La infancia y la cultura de la ciencia
  4. Conclusión
  5. Bibliografía

Introducción

Los autores del capítulo 1 reconocen que la ciencia puede representar una parte integral en la cultura educativa de los niños, ya que durante las primeras edades; los niños no se hallan sometidos y condicionados por los paradigmas o los modelos que los adultos siguen al pie de la letra.

De tal modo que la curiosidad por el mundo y su capacidad por indagar a través de las preguntas, constituyen un presunto universo para el diseño y creación de múltiples realidades. Es decir, los docentes y educadores pueden reconocer que los niños y niñas durante la infancia construyen mapas mentales que guiaran sus rutas cognitivas y de aprendizaje por el resto de sus vidas, de ahí que la ciencia no solo sea ciencia, si no que valla más allá hasta convertirse en una cultura educativa de lo infantil.

El niño y su mundo básico a nivel cognitivo

Presuntamente los científicos no se interesan por la educación infantil, Dado que, esta última no representa su campo de acción, mucho menos su proyección social. Por ello, parece más viable que los pedagogos de las ciencias naturales sean quienes se preocupen por la gran capacidad cognitiva de los niños y niñas como futuros científicos, pues estos serán quienes hagan avanzar la ciencia y el pensamiento científico.

Porque de lo contrario, pueden surgir dificultades, a saber:

Si no se interviene para introducir un enfoque científico en su exploración del mundo, es fácil que las ideas que elaboren los niños sean acientíficas y dificulten el aprendizaje en la enseñanza de las ciencias en secundaria y la universidad. (Daza y Quintanilla, 2011, p. 35)

En este sentido los autores son muy acertados, ya que los niños forman enfoques cognitivos que pueden ser negativos o positivos para sus actos educativos en la posteridad.

Ahora: quizás uno de los problemas más comunes es la dificultad de los términos científicos, su tecnicidad y la forma de enseñanza, porque los infantes no tienen la madurez biológica para asimilarlos y comprenderlos de inmediato, pues esto requiere de largo tiempo, lenguajes sencillos y bastante cotidianos.

En síntesis:

Hoy sabemos desde La Psicología Evolutiva que el pensamiento del niño no es igual al del adulto; sino que responde a una lógica diferente; no se trata de una estructura mental donde deba aumentarse grandemente el volumen de información, sino de dar y formar estructuras mentales relacionadas con lo descriptivo, lo explicativo, la convivencia y la visualización.

(Daza y Quintanilla, 2011, p. 35)

La infancia y la cultura de la ciencia

Los autores conciben la cultura como una visión compleja, estética y totalizadora que se diseña en el mundo entero, pues es tierra fértil y va más allá de la literatura y el arte sin dejar de lado estas últimas.

Por estas razones, la cultura de la ciencia se convierte en algo bastante divertido, en juego y en una pequeña parte del maravilloso mundo de los niños y niñas, ese mundo que todos experimentamos un día, pero que fue olvidado y cerrado a las posibilidades plásticas y elásticas que ofrece la imaginación, porque los adultos apagaron la mente del niño.

Líneas más adelante los autores afirman:

Cuando enseñamos ciencias a los niños en edades tempranas no estamos formando solo " futuros ciudadanos", pues los niños, en tanto integrantes del cuerpo social actual, pueden ser hoy también responsables del cuidado del medio ambiente, pueden hoy actuar de modo consciente y solidario respecto de temáticas vinculadas al bienestar de la sociedad de la que forman parte.

(Daza y Quintanilla, 2011, p. 39)

Este argumento es lógico y coherente con la realidad social, pues todos los niños y niñas del mundo entero serán los futuros políticos, abogados, funcionarios públicos, empresarios, científicos, pensadores, escritores, artistas, educadores, etc. Lo cual indica que ellos asumirán el destino del mundo, y que si estos poseen una cultura científica desde su infancia, se encargaran de proteger el medio ambiente, pues sin la naturaleza toda la tierra se volvería un pedazo de escombro y quizás un gran basurero que podría acabar con la historia de la humanidad.

En ese orden de ideas:

Comprometernos con la cultura de las ciencias durante las primeras edades iniciales es invitar a través de ella, a todos los niños a mirar el mundo con otros ojos, transformando aspectos de su cotidianidad en contenidos para ser enseñados, brindando oportunidades para explorar y pensar el mundo desde otro, desde otra perspectiva, con los anteojos de la ciencia.

(Daza y Quintanilla, 2011, p. 42)

Es decir, si todos los niños y niñas aprenden a pensar como científicos al servicio de la humanidad, podrán ver el mundo con las necesidades de otros, no con sus intereses egoístas y egocéntricos, ya que aprenderán a pensar en sus prójimos y a respetarlos como así mismos.

Conclusión

La ciencia como cultura y cultura de la ciencia, representa una acción e ideología para el aprendizaje y enseñanza del pensamiento científico en los niños y niñas, a fin de que lleguen a ser científicos humanistas.

Bibliografía

Daza, Silvio. Quintanilla, Mario. (2011). La Enseñanza De Las Ciencias Naturales En Las Primeras Edades. Su Contribución A La Promoción De Competencias De Pensamiento Científico. Volumen 5. GRECI INYUBA. Colombia.

 

 

 

Autor:

José Orlando Melo Naranjo

Catedrático de Merito.

Universidad Autónoma e Independiente de México

Estudios a Distancia en Ciencias Políticas y Filosofía de la Educación

2016


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