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Espiritualidad a partir de la tierra




  1. Introducción
  2. Una persona libre
  3. Una espiritualidad con los pies en la tierra
  4. Una espiritualidad con proyección?humana
  5. Espiritualidad para la comunión
  6. Espiritualidad para el cambio
  7. Conclusión

Introducción

          La espiritualidad es algo que tiene identidad propia. Es decir, que no va ligada a religión alguna. Al contrario, hay casos en que son las mismas religiones las que terminan con la espiritualidad. La espiritualidad no es doctrina ni dogmas, sino más bien una actitud, una forma de ser, caracterizada por nacer o alimentarse desde el amor.

La espiritualidad se cimenta en el ser. Por eso, nada más lejano a ella que las apariencias. Es más, por más que se quiera aparentar la espiritualidad es imposible lograrlo. Porque la espiritualidad es verdad. La espiritualidad es la que permite vivir el presente con todo su esplendor y particularidad. Es decir, que no cae en la superficialidad ni se ahoga en el egoísmo. Es propio de ella, tener en cuenta todos los detalles para demostrar una sola cosa: que el otro es un ser valioso, único, y sagrado. La espiritualidad no se queda en palabras, actúa; y de forma oportuna. Esta es una de sus principales características.

          En este ensayo sobre espiritualidad desde la tierra vamos a relatar nuestras vivencias y lo que hemos observado de positivo y de negativo a lo largo de nuestro recorrido; y esto con un solo objetivo: animar a cada uno a andar los caminos de espiritualidad, convencidos que es una de las mejores maneras de ocupar y aprovechar el tiempo de la vida de la mejor manera.

          Sentimos que en nuestros días lo más grave que está sucediendo es la crisis ecológica, la cual va está afectando ya a todas las especies que pueblan la tierra. Por lo que nos parece que centrándonos en la tierra estaremos partiendo del núcleo central a partir del cual ascenderemos hasta la misma trascendencia. Y que no es un ascenso hacia arriba sino hacia adentro, hacia el corazón de la creación.

          Finalmente, expresar que no pretendemos polemizar con nadie, solamente reclamamos el derecho a expresar nuestro punto de vista sobre algo tan importante y que no es propiedad de nadie como es la espiritualidad. También somos conscientes que nuestro centro es la experiencia y la urgencia de atención que reclama la tierra para poder dar vida a las especies que todavía le quedan vivas.... miles de ellas ya han desaparecido por la acción incontrolada e irracional de grupos de hombres que disponen de mucho poder y hacen mucho daño.

I. La espiritualidad. La espiritualidad es como un río que se abre camino sin cesar. Su esencia es ser dinámica, creativa, sincera, humilde; pero a su vez, fuerte, perseverante, valiente, libre. Revistiendo de todas estas cualidades a la persona que la porta.

1. Una persona libre

                        Es aquella que pone a un lado las normas y leyes, las estructuras y tradiciones..., y es el amor el motor de su vida y de sus actos. El amor comienza por el amor a si mismo, pero no se queda allí, sino que se expande y dirige hacia los otros. Al punto de pasar a ser los otros los motivos principales de su existencia. Se existe para que los otros tengan vida.

          La persona que es libre sabe callar, sabe esperar, y no deja pasar ninguna oportunidad para dejar que el amor que habita en su ser actué. Se manifieste. Su libertad la hace ser versátil, flexible, inteligente, prudente, astuta y exitosa. Convirtiéndose así la espiritualidad en la mejor aliada de la persona para ser feliz. Entendiendo por felicidad el mayor desarrollo de su potencial como persona. Siendo su plenitud el ser humano (no el ser divino). O sea, es divino siendo humano. No destruyendo su humanidad. Como el árbol para ser árbol necesita de la tierra.

La espiritualidad del vaciamiento tiene por objetivo debilitar al ser del individuo, volverlo como un cascaron, sin vida ni sentimientos propios. Eso es absurdo. Es anti divino. Y lo que en esta práctica hay es que no se reflexiona, se impide reflexionar, pensar, analizar. A cambio se reitera hasta la saciedad el dogma. El así es. Lo de que tal propuesta es la verdad.

          En fin, lo que sucede es un vaciamiento de la libertad personal. Un irrespeto a su dignidad y autonomía en nombre de lo doctrinal, de la autoridad y de lo que se afirma que ha sido revelado. Y con esto se pretende ignorar, ocultar la actual revelación, que es constante, diaria y novedosa sin cesar.  Las doctrinas secan, la espiritualidad, llena. Las doctrinas no hacen libre a nadie sino que lo sujetan y hasta asfixian. Entonces, a mayor espiritualidad, mayor libertad; y viceversa. Tenemos que entrenarnos a ser libres, y lo demás viene como consecuencia.

2. Una espiritualidad con los pies en la tierra.  

Postulamos que nuestra espiritualidad no nos debe sacar de la tierra sino ayudarnos a establecer con ella una relación más amable, cordial y respetuosa. No podemos seguir tolerando que a partir de la espiritualidad tradicional hayamos llegado a ser unos bárbaros que pisan la tierra, destruyéndola, contaminándola.

        Nos hemos olvidado o queremos ignorar que somos tierra. O sea, la tierra no es un elemento extraño a nosotros. Tratar mal a la tierra es tratarnos mal a nosotros mismos. Ir en contra de la tierra es ir en contra de nosotros mismos. Por lo tanto, por eso hablamos de no desprender nuestros pies de la tierra.

                 Para ello tenemos que perder el miedo; ese temor que proviene de la ideología generalizada que recibimos desde muy pequeños. Generalmente sin una pisca de espíritu crítico. Es decir, totalmente entregados al discurso de los dirigentes. Esto ha sido muy nocivo para unos y otros. No es cierto que la doctrina religiosa sea intocable. Se ampara excesivamente en el concepto de ser o inspirarse en lo revelado. Y no se trata de negar la revelación pero si de tener en cuenta  que por motivo de la antigua y localizada revelación no se niegue o desconozca la actual y continua revelación en la vida cotidiana, y a través de la naturaleza.

          Esta también es revelación valida, actual, novedosa. Dios no es del pasado o del futuro; Dios es del presente. Un presente eterno. Es comprensible que no sea para nada acogido y reconocido por las estructuras de poder, porque precisamente no se necesita de su mediación para esta relación con la revelación, es decir, con Dios.

          Y hay un paso más, siguiendo las enseñanzas oficiales, Dios habita dentro de ti, por el hecho que Dios habita en el ser. El ser es gracias a la consistencia que le da Dios, su energía lo constituye como tal. Por lo tanto, no es necesario buscar a Dios fuera de sí mismo si está dentro de uno mismo. Él está en todas partes y en todo tiempo. Esto significa que está en ti y en tu presente.

3. Una espiritualidad con proyección humana. 

El objetivo fundamental y central tiene que ser nuestra dimensión humana como tal. No como se ha puesto tanto afán en demoler la condición humana para edificar algo muy extraño que se le llama naturaleza divina. Para nosotros, lo humano es lo divino. Esto conlleva una serie de grandes consecuencias positivas hacia nosotros mismos y hacia nuestro medio ambiente. Ambos pasan a ser lo central de nuestra atención, trabajo y vida espiritual.

          De esta manera sentimos que recobramos la unidad perdida y que nos encontramos con nosotros mismos. Volvemos a nuestra unidad. El objetivo de nuestra espiritualidad es lograr nuestra unidad. Aceptarnos como somos. Amarnos y amar a todos con quienes convivimos. Siendo, entonces, nuestra felicidad lograr vivir en comunión, en comunidad.

4. Espiritualidad para la comunión.

Pensamos no la comunión del grupito que se juntan tras las mismas creencias y ceremonias sino de aquella comunión con todo lo diverso. Comunión no significa identificarse, sino acercarse con respeto y actitud de escucha. Es decir, no creyéndose ser los portadores de la verdad. En este sentido, la espiritualidad de que hablamos no es para separarnos sino para unirnos al mundo, al Planeta. El propósito final está dentro y fuera de nosotros mismos; porque somos una unidad. No podemos hablar de comunión si no estamos abiertos a unirnos con todos, particularmente con lo diverso a como somos o creemos.

        La comunión es lo que menos existe por el predominio de las divisiones y odiosidades entre unos y otros. Con frecuencia estas rivalidades son incentivadas en nombre del puritanismo, de no mezclarse con lo malo. Sin embargo, es el espíritu de comunión el que nos va a llevar al encuentro del otro. Ese encuentro solamente es posible si uno se abre y se acerca al otro con actitud de respeto, humildad y de aprendizaje. O sea, lejos de la prepotencia o creyéndose superior al otro por cualquier motivo.

       Apostar por la comunión en un mundo tan dividido solo puede ser un desafío asumido por la espiritualidad. Es un reto muy grande. Algo casi inverosímil, pero es el fin de la espiritualidad. Por eso es necesaria cultivarla en cada ser y en todo hogar. Su ausencia es la mayor pérdida aunque pase desapercibida o ignorada por la fuerza del bullicio fuera y dentro de uno mismo. Cultivarla (la espiritualidad) se ha vuelto un acto de valentía, porque es ir en contra de la corriente, o mejor, del huracán.

       Por otras vías se ha intentado lograr la unidad pero ha producido todo lo contrario. Hablamos de ideologías y uso de la fuerza. Toda reacción genera más tensión. Para que el poder se transforme en servicio es necesaria la espiritualidad. Una espiritualidad independiente de las religiones y cuya fuente sea el ser humano. Su naturaleza. Su esencia. Dicha condición solo es posible para el ser humano que la conozca y viva si permanece unido a la tierra. Su ruptura con ella lo vuelve un ser extraño a si mismo y al planeta. Es el peor camino que pueda tomar. En el se aleja cada vez mas de si mismo, de su verdad, de su condición.

          Es cierto que siempre se ha promovido una desconfianza en el ser humano como tal; se ha visto en ese ser un peligro. Entonces, han crecido las doctrinas y adoctrinamientos para de alguna manera domesticarlo, mutilarlo, transformarlo. Todos estos esfuerzos han sido en vano  a nivel de sociedad. Con la excepción  de casos particulares, llamados santos o héroes.

         En realidad somos seres muy extraños, muy complejos. Somos seres que no somos sino que nos vamos haciendo en el camino. Esta condición y experiencia generalmente es fuente de mucha angustia; el hecho que no sabe a dónde va ni porque va, entonces todo se convierte en un riesgo, en unos actos de fe. Y así se le pasa la vida. Por eso mismo es individuo busca asociarse a otro ser de su especie pero del sexo opuesto buscando su complementariedad, su unidad, su sentido..., que no encuentra en sí mismo. A veces, cuenta con la buena estrella y la encuentra. Constituyendo el mayor éxito de su vida porque puede dedicarse a vivir amando y siendo amado.

5. Espiritualidad para el cambio. 

Efectivamente, hablar de espiritualidad es hablar de cambio. Y la falta de espiritualidad produce el estancamiento del desarrollo de la persona. La espiritualidad es un motor para el cambio, para el desarrollo de procesos sin cesar. Ella acampana a la novedad y la crea. Siendo de esta manera su gran aporte a la persona y a la sociedad Precisamente la falta de personas espirituales hace que nuestra sociedad se desconcierte y tome otros rumbos de consecuencias lamentables para todos, incluyendo, por supuesto, la tierra con todos sus componentes y seres vivos que contiene.

          La espiritualidad no puede ser para alimentar la rutina, el círculo vicioso que perdure hasta el día de la muerte física. Si bien existe ese tipo de enfoques, que convoca a bastante gente, pero al sondear en ellas nos damos cuenta que son personas que no están convencidas sino que las mueve la fuerza de la costumbre, tradiciones y porque no conocen otras alternativas porque se las ocultan o se las presentan con juicios en contra y denigrantes.

         Generalmente el cambio nos produce temor; no quisiéramos cambio cuando creemos estar bien. Pero el cambio constituye nuestra naturaleza. Y son un bien. La vida es un viaje que tiene un inicio y un término. Sin embargo, a pesar que todos los días lo vemos, nos negamos a admitirlo, aceptarlo de buena manera, sin drama. Entonces, la espiritualidad es la energía que nos auxilia y nos vuelve capaces de admitir lo que somos: seres temporales, seres en tránsito, seres haciéndonos.

Conclusión

Camino para adquirir la espiritualidad que necesitamos.  El camino es uno mismo. Es cierto que nos han ensenado a desconfiar de nosotros mismos; mas es nuestra conciencia la única brújula natural y divina para acertar en la elección de la senda a recorrer. Este postulado está en todas las grandes religiones pero la práctica no se condice con los principios. Lo cual también es un secreto a voces.

         Está inscrito en todos los seres cual es el camino hacia la vida y cual hacia la muerte. De lo que se trata es guiarse por las mociones y no acallarlas con el ruido de las creencias y de las ambiciones. A eso se le llama sabiduría. Entonces, sabiduría no es saber muchas cosas sino practicar el bien.  Por otra parte, siempre, si buscamos, vamos a encontrar personas espirituales, personas sabias, personas que van guiándose en sus acciones por su propia conciencia. Generalmente pasan desapercibidas, no tienen grandes cargos, pero son responsables en su propio ámbito. Entendiendo por responsabilidad su capacidad pro-activa y creadora para vivir y trabajar, para ser ellos mismo y para vivir en comunidad.

         Este es el tipo de ser humano que hoy se necesita; es decir, que sea espiritual y no meramente religioso. El desafío es de todos. Y la urgencia también es para todos. Es probable que todavía estemos en tiempo para prevenir el caos ecológico y social.

 

 

 

Autor:

José Leandro Flores.

140917


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