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Los Ferrocarriles Argentinos y su historia

Enviado por Acuña Gabriel



Los Ferrocarriles Argentinos y su historia - Monografias.com

En 1853 se firmó la primera Constitución Nacional en Argentina. Cuatro años más tarde, se trazó la primera red ferroviaria, en un contexto postrevolucionario. Esto fue vital para la consolidación del Estado, ya que se estaba asentando el nuevo modelo agroexportador y para que su desarrollo sea exitoso, era sumamente necesaria una red de comunicación y de transporte eficaz.

Antes de que se dé este proceso, Argentina se caracterizaba por tener una sociedad fundamentalmente rural. La llegada del ferrocarril sumado a otros factores como los frigoríficos, provocaron una transformación en la estructura económica del país. Para que fuera posible el trazado de las vías era necesaria una población mayor de la que tenía Argentina. Es por eso, que entre 1857 y 1930 ingresaron al país más de 6 millones de trabajadores inmigrantes, lo que generó un crecimiento muy significativo de Buenos Aires, que la posicionó como una de las ciudades más grande del planeta y a la Argentina, posteriormente, como el "granero del mundo".

Como fecha de iniciación de la historia de los ferrocarriles argentinos puede tomarse el 29 de agosto de 1857, oportunidad en que se inauguró la primera línea ferroviaria, construida por la "Sociedad del Camino de Hierro de Buenos Aires al Oeste" formada por capitales argentinos. Esta primera línea unía Plaza Lavalle con San José de Flores en un recorrido de 10 Km. y en ella funcionó "La Porteña", locomotora adquirida a los ingleses. Este ferrocarril nació impulsado por un grupo de comerciantes, pero posteriormente fue adquirido por el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Para 1870, de los 772 km. de vías que se extendían en la región, 177 km. correspondían al Ferrocarril del Oeste, que luego de su tramo inaugural llegaba ya a Bragado. Luego se extendería hasta 9 de Julio, y en 1890 se detiene en Trenque Lauquen, donde se construye un taller y depósito de locomotoras que generaría empleo en esa ciudad fundada pocos años atrás. El Ferrocarril del Oeste se extendía por las áreas productivas tanto ganaderas como agrícolas, con un destino fijo: llegar a Chile.

A mediados de 1869, el Ferrocarril Central Argentino comenzó la tarea de colonizar campos que anteriormente se les habían cedido a ambos lados de las vías tendidas hasta entonces entre Rosario y Córdoba.

Algunos de los pueblos fundados a la vera de las vías férreas estan desapareciendo debido a la inactividad ferroviaria en esas zonas.

En 1870 ya había 722 km de vías. El ferrocarril del Oeste fue el primero en entrar en funcionamiento para cubrir la distancia entre plaza Lavalle y Floresta, en Buenos Aires. El trazado no parte radialmente desde la capital, sino desde ésta, Buenos Aires, y desde Rosario.

El Ferrocarril del Sud (construido con capital inglés) llegó primero a Chascomús y, más tarde, a Las Flores, Bahía Blanca, Neuquén, Zapala y Mar del Plata, además de contar con varios ramales secundarios. El ferrocarril Central tuvo sus inicios en Rosario, se extendió a Córdoba y después a Santa Fe y Tucumán; posteriormente, enlazó con Buenos Aires.

Otra línea se extendía desde Río Cuarto hasta Mendoza. El ferrocarril que comunicaba Buenos Aires con el Pacífico y el ferrocarril del Oeste llegaron al pie de los Andes: San Rafael, Mendoza y San Juan.

Estaba presente en los directivos tanto del Ferrocarril del Oeste como del Ferrocarril del Sud, la idea de ocupar con sus líneas férreas las ricas tierras del sur de la provincia de Buenos Aires, que luego de la campaña del desierto sería altamente valorizada, y extender luego los rieles hasta Bahía Blanca.

Existió entonces una verdadera rivalidad entre ambos ferrocarriles.

El del Sud se transformaría más tarde en una de las líneas ferroviarias más poderosas del país. En cambio, el Ferrocarril del Oeste no pudo hacer frente a sus dificultades y fue adquirido luego por capitales ingleses. Ambos tendrían más adelante pactos y convenios comerciales en común.

El capital privado fue el primero que intervino en la construcción de líneas férreas, y poco después el Estado se hizo cargo de la explotación y de la construcción de nuevas líneas. Pero hacia 1887, por la influencia de las ideas liberales, entonces en auge, el gobierno comienza a vender los ferrocarriles, los cuales son adquiridos en su mayoría por capitales ingleses, que prosiguen la construcción de nuevas líneas.

Con la intervención de intereses ingleses el tendido de las líneas, que en manos del estado había tenido como fin el progreso y desarrollo económico de las regiones más alejadas de otros medios de comunicación, adquirió fisonomía particular.

Se lleva a cabo así la formación de una basta red cuyo nudo era Buenos Aires, principal puerto de exportación. De esta manera, se modeló en cierta manera la economía argentina, haciéndola casi exclusivamente proveedora de materias primas para la industria europea.

Por esta razón la red ferroviaria cubrió pronto la zona agropecuaria. A diferencia de lo que ocurrió en Europa, donde el ferrocarril era un complemento de otros medios de comunicación ya existentes, en nuestro país fue el factor determinante de la explotación de sus riquezas.

Es importante destacar que el trazado de vías no partía radialmente desde el puerto de Buenos Aires, sino desde dos centros: Buenos Aires y Rosario, dos ciudades que contaban por entonces con las mejores probabilidades de ser federalizadas. Recién en 1883, cuando las vías del Ferrocarril del Sud llegan a Bahía Blanca, comenzaría a perfilarse el tercer punto importante de convergencia, junto a Buenos Aires y Rosario, sobre los cuales se estructuraría la red ferroviaria.

En 1891 el ferrocarril Pacífico que por muchos años explotó líneas de Bahía Blanca, fue también la empresa que más contribuyó a la ciudad. Por intermedio de varias compañías subsidiarias dotó a la ciudad de aguas corrientes, luz eléctrica, gas y tranvías.

Todas estas instalaciones, como los ramales fueron vendidas a la empresa Ferrocarril del Sud.

Hacia 1895 se advirtió la necesidad de unir las poblaciones cordilleranas de Neuquén y se dispuso la construcción acelerada del ramal Bahía Blanca hacia la confluencia de los ríos Neuquén y Limay. La obra fue terminada en solo 4 años. En 1913 llegaba a Zapala, pasando por Plaza Huincul.

El ferrocarril ocupó el espacio, integro el territorio, facilitó el poblamiento y el desarrollo de las actividades. Todo se movió a su ritmo. Fue un factor vital de humanización y valorización de los espacios agrarios.

El ferrocarril contribuyó a radicar familias en el espacio rural, fertilizar tierras, modernizar métodos de cultivo, introducir nuevas espacies vegetales, buscar nuevas salidas portuarias y nuevas perspectivas de explotación. Casi todas las líneas tenían chacras experimentales, algunas destinadas a carnes, otras a cereales, etc.

Podemos afirmar que el papel que asumió el ferrocarril fue transformador, ya que actuó como palanca del desarrollo y del poblamiento del territorio del país. Benefició la fundación de pueblos y ciudades alrededor de las estaciones.

Pero no sólo fue un cambio positivo, también produjo un efecto aislante, de modo que las zonas no conectadas con vías férreas, principalmente el interior, permanecieron en una incomunicación tanto económica como social. Consecuentemente dichas regiones, no lograron integrarse en el sistema económico impuesto en ese entonces.

Posiblemente no hay ningún país que sea más idealmente adecuado para el transporte ferroviario que la República Argentina. La razón fundamental de esta afirmación radica en el hecho de que el área de mayor densidad de tránsito es absolutamente llana. Esto, además de facilitar el transporte en sí, favorece el desarrollo de industrias, que se suma a la realidad agrícola–ganadera de la basta región pampeana y a la expansión de esas actividades hacia el interior.

Ningún medio de transporte terrestre puede ser más conveniente que el ferrocarril para el transporte masivo de esos productos a largas distancias. Todo depende de que el sistema sea eficiente y el suministro de vagones sea oportuno.

 

 

 

Autor:

Acuña Gabriel

 


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