Por toda otra boca - Editorial

El mito, el alma, los contrastes
No sé si esta noticia ha sido confirmada, pero copio:
"La gruta de Rómulo y Remo: Un grupo de arqueólogos italianos anunció el hallazgo de una gruta en la que los antiguos romanos creían que una loba amamantó a Rómulo y a Remo" - BBC Mundo.
"Descubren cueva donde loba amamantó a Rómulo y Remo" - El Universal (México).
"Dicen haber hallado la cueva de Rómulo y Remo" - La Nación (Argentina).
Hay también un "ex superintendente de Cultura italiano" que, según Radio Cooperativa, niega que "el cubil descubierto sea la cueva" donde, "según la leyenda, la loba Luperca amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma".
Y recuerdo "Los constructores", de Lila Spreafico:
"Servio, Honorio, Aurelio, arquitectos de Roma, / la construyeron para que allí naciera/ un antepasado mío/ de modo que yo pudiera hoy / distraídamente escribir que sin Roma/ esta tinta no mancharía la página/ y el destino de estos papeles sería/ quizá una invitación para una muestra de pintura/ o el cálculo detallado de los gastos del mes de alguna otra persona/ o una receta homeopática que indicaría la cura a contemplar/ aunque jamás podría indicarla si Roma no existiera."
"Si Roma no existiera..."...
Es posible entrever lo que pasaría en América Latina en ese caso leyendo "Inmigración y literatura: los italianos", de Ana María González Rouco.
El mito y el alma
El hombre primitivo se sentó un día en medio de su caverna y se puso a pensar en los extraños fenómenos del sueño (ver "Los sueños: productos automáticos de nuestra mente", de Félix Larocca). Y los comparó con los de la muerte ("No quitar la esperanza"), que él había advertido en algunos vecinos.
De allí, dándole muchas vueltas al asunto -quién sabe cuántos días estuvo sentado en la oscuridad de esa cueva para llegar a esto-, concluyó que debía haber algo intermedio entre lo desconocido e invisible y el mundo de las cosas concretas, tan concretas como la carne de los animales, las tormentas, el hielo, los árboles, el sol que a veces mata con sus rayos o cocina la presa ("Los desastres naturales y sus consecuencias" de Ariadna E. Navarro y otros, de México).
A eso invisible, con el tiempo y la aparición del habla lo llamó alma.
La intuición (o invención) del alma dio origen a la invención (o intuición) del Mito (ver "El Mito", del colombiano Santiago Gallego).
Mitos devenidos en "leyendas urbanas"
Mucho se habla de leyendas urbanas actualmente ("Lecturas urbanas. Semiología y ciudad"; para lograr algún contraste, conviene leer seguidamente "El duende del bosque y la cosmovisión forestal del poblador rural amazónico").
Da la impresión de que seguimos necesitando mitos, y de que los hemos adaptado a nuestra forma y mundo.
Es posible que esas pequeñas (o "minimalistas") y entretenidas leyendas - por ejemplo, fantasmas en el tren subterráneo- tengan el mismo sentido para nosotros que el mito para los pueblos antiguos. Es posible que obren de igual modo en nuestra psiquis que los Mitos, que sean sus "réplicas".
¿Estamos luciendo la réplica de la joya en el pecho y dejando bajo siete llaves la verdadera?
Los humanos tenemos inmensas riquezas que no usamos y las ponemos a buen resguardo en el Museo (podemos ilustrar esta afirmación con la lectura, entre otros muchos trabajos sobre el tema, de "Museos de la ciudad de Quito").
Al museo sólo van los que ya tienen esas riquezas.
Ya conocen el arte o los testimonios científicos que se exponen y van a confirmarlos, lo que es de todos modos una suerte para quien los creó o descubrió.
Aunque, tal como las riquezas cotidianas, estas otras que tienen que ver con la cultura están mal repartidas, y la curiosidad del espíritu también. ¿Por qué no les enseñamos, a todos los niños al menos, a reclamar su parte? (Podemos repasar al respecto el excelente trabajo dedicado a niños especiales y llamado "Instructores de arte", que viene desde Cuba.)
Todo se educa, hasta el alma que "inventaron" los pueblos primitivos puede educarse. Hasta el deseo de participar del festín del arte como muy respetable espectador.