El estrés y la virtud - Editorial

Una de naufragios
Es metafórico el subtítulo, no se trata de los naufragios en el mar...
Aunque para los que se apasionan por el tema hay un trabajo llamado "Álvar Núñez Cabeza de Vaca: una mirada de sobrevivientes".
Entre otras cosas se refiere al naufragio que sufrió nuestro "héroe", pero abarca diversos momentos de la vida de Cabeza de Vaca, cuyo nombre mezclamos con recuerdos escolares -y con recuerdos de risitas tontas, debido al apellido- desconociendo su impresionante biografía y sus agudas observaciones de cronista, aún siendo -lamentablemente- uno de los "conquistadores" de nuestra América.
El subtítulo se refiere en realidad a "naufragar" y convertirnos en náufragos en Internet, lo que nos sucede a tantos adultos (leer para reflexionar sobre el tema un trabajo más bien dirigido a empresarios y gente de negocios, pero que vale para todos los que tenemos "dificultades tecnológicas": "Preciosamente dirigiendo un mundo que no existe".
"Naufragando" entonces por Internet me topé con un análisis del estrés relativo a un tema puntual y poco puntualizado: el estrés en los anestesistas, proveniente de un estudio médico venezolano de un anestesiólogo del Hospital Vargas de Caracas ("Estres en anestesiología").
Frente a la mesa de operaciones y en el cuerpo de quienes tienen en sus manos vidas humanas, el estrés presenta una gravedad singular.
Nos horrorizamos y nuestras defensas bajan ("Emociones y salud"), y colapsamos por la incertidumbre de lo que nos puede tocar algún día a nosotros o a nuestros contemporáneos tan proclives a sufrir operaciones quirúrgicas.
Pero atención: soy demasiado impresionable y aprensiva y cuento en mi haber con diversas fobias ("Trastornos de ansiedad fóbica en sus diferentes formas de manifestación"). Quizá me convendría comenzar algunos tratamientos de relajación ("Curso de relajamiento consciente") y terapias afines antes de comunicar mis impresiones personales y alarmar a lectores desprevenidos.
Aunque... el estrés... para los que no somos anestesistas, ni cirujanos, ni pilotos de avión, también existe.
Y se lleva de a poco nuestras vidas, es un estado que concierne a todos los habitantes de la ciudad, de una ciudad ("Las ciudades a través del tiempo", y "Ciudades en uso y desuso") como la que describió Octavio Paz:
"Hablo de la ciudad
novedad de hoy y ruina de pasado mañana, enterrada y resucitada cada día,
convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines, teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas,
la ciudad enorme que cabe en un cuarto de tres metros cuadrados inacabable como una galaxia,
la ciudad que nos sueña a todos y que todos hacemos y deshacemos y rehacemos mientras soñamos,
la ciudad que todos soñamos y que cambia sin cesar mientras la soñamos...
... con sus monumentos y sus estatuas ("Turismo en Roma"), sus historias y sus leyendas...
... antes de las escuelas y las prisiones ("La moralidad del poder de castigar -Sobre Vigilar y castigar- de Michel Foucault"), los alfabetos y los números, el altar y la ley..."
El estrés también afecta a los que vistos desde la ciudad llevan una lírica vida llena de amaneceres y puestas de sol y verdes distancias, la gente de campo ("Algo acerca de los campesinos" y "Envejecimiento en comunidades campesinas: proyecto envejecer en el campo"). Las lluvias, las sequías, nieves y soles borrascosos complican las relaciones del campesino con su tierra.