La imaginación al poder - Editorial

El estrés es nuestra cuota de sufrimiento cotidiano ("La experiencia y el sufrimiento"; "El Amor"; "El sufrimiento").
Pero también está la rutina, como refresco.
El círculo -cuando no hay imaginación- se cierra entre esos dos sufrires: huyendo de uno caemos en la otra, y para escapar de la rutina nos estresamos.
Pensándolo bien, la espantosa cotidianidad no existiría si nuestros ojos se abrieran completamente cada día. Sobre la vida cotidiana existe un trabajo en este sitio llamado "La vida cotidiana desde la perspectiva de la psicología", cuyo primer punto abre con la oportuna cita siguiente:
"Las callejuelas de la vida cotidiana son frecuentemente callejones sin salida, pero a veces permiten vislumbrar la cara oculta de las grandes avenidas".
Abrir los ojos
Cada mañana tiene una nueva señal, una luz diferente ("Isabel Guerra, la pintora de la luz"), que no ven nuestros entrecerrados y adormecidos ojos ("A través de los ojos de los niños").
En el budismo zen ("Budismo. Un estilo de vida") se considera el "despertar", la "iluminación".
La gente cree que el despertar o iluminación de los budistas refiere a una especie de milagro ("Milagro en el bosque") durante el cual el mundo se transforma, los astros hacen una revolución en el cielo y Buda extiende su mano hacia el iluminado.
Pero la iluminación, al menos en el camino zen, es un estado mucho más sencillo.
Significa sólo "ver las cosas tales como son".
Lo cual, para el habitante de la ciudad ("Ecología de la ciudad"), en esta época, es, sino un milagro, un fruto pocas veces probado.
Correr el velo
Parecería tan simple ver que las cosas son lo que son.
Pero primero tenemos que ver el velo que cubre nuestros ojos.
Fue tejiéndose desde que nacimos con lo que recibimos como "conocimiento" ("Relaciones pedagógicas: el lugar del conocimiento...").
Tiene hebras de codicia, de resentimiento y de egoísmo.
También, de deseos tan absurdos que no podremos alcanzar jamás la paz y la felicidad cuando ellos se cumplan.
Ningún nuevo automóvil ("Historia del automóvil") nos hará más felices; sólo nos dará el empuje necesario para aburrirnos de él y mirarlo como otro objeto rutinario de nuestra colección.
Y de allí, el empuje para intentar salir de la rutina: el estrés que nos producirá trabajar y ahorrar el doble ("El ahorro"), o efectuar complicadas operaciones dinerarias, para obtener otro objeto que calme por unos días nuestra ansiedad ("Trastornos de la ansiedad").
Una vez visto el velo, ¿cómo extraerlo?
El ejercicio es arduo; nada más difícil que cambiar nuestra mirada.
Pueden ayudarnos ciertos ejercicios de yoga ("Yogaterapia") y de meditación ("Aprender a vivir. Cuatro actitudes y un camino" capítulo 6, "El camino de la meditación"), que ponen las cosas en su justo punto.
Pero es sabido que precisamente la incapacidad del hombre actual es sentarse, quedarse quieto, relajarse.
Quienes ya practican métodos de relajación o de control mental no necesitan estos apurados consejos, y quienes, en el infierno de todos los sentidos en que se ha convertido el vivir, están al borde de estallar, son incapaces de seguirlos.
Sólo el razonamiento puede inducir al humano actual a hacer un cambio. Y, aunque con alguna dificultad, la contemplación de su futuro ("¿Qué mundo se está construyendo a futuro?").
Sin querer en absoluto, atemorizarlos, hay algo seguro para el futuro en lo cual se puede pensar: la muerte ("La muerte en la historia").
Es con el pensamiento de la muerte como se inician todos los grandes cambios en la vida, y cada cosa adquiere su preciso valor.