Básicamente la misión del Estado tiene como misión procurar el bien común de la población, existiendo diversas concepciones acerca de su conformación y actuación.
Para el liberalismo el Estado nace de un contrato donde el orden natural rige el mercado mediante las leyes naturales de la oferta y la demanda en un contexto de libre competencia donde se tiene presente el “natural” egoísmo humano, con una “mano invisible” (según Adam Smith) que regula su accionar. Por esta causa el Estado debe ser “mínimo” cumpliendo exclusivamente funciones que permitan proteger los derechos individuales y constituir un marco regulativo que proteja las leyes del mercado. Este modelo, donde el mercado se encuentra sobre el Estado, se impuso aproximadamente desde principios del siglo XVIII hasta la crisis de 930 donde puede afirmarse se produce una quiebra del liberalismo clásico.
A partir de ese momento y aproximadamente hasta 970, como respuesta al crack antedicho, Keynes introduce un modelo donde el Estado interviene a partir de incentivar la demanda, ya que fue ese el origen que se presentó en la crisis del `30. El objetivo es lograr el pleno empleo mediante la obra pública, establecer estabilidad salarial, reducir costos a partir de la optimización de las tareas (fordismo) y medidas que regulen la oferta para evitar excesos. El intervencionismo estatal, que Keynes sostenía como transitorio, se correspondía en el campo social con el Estado de Bienestar ya que éste era mediador en los conflictos introduciendo los derechos sociales (constitucionalismo social) que se consideran permanentes.
Existe también el modelo colectivista, cuyas pautas generales buscan que el Estado reemplace al mercado, originándose a través de los movimientos socialistas, incluyendo el marxismo, como reacción al modelo capitalista. El fin último de esa propuesta es la desaparición del Estado.
En la actualidad se presenta el denominado neoliberalismo con el llamado “Estado de Malestar” que busca imponer pautas que favorezcan la actividad privada a partir del accionar de las grandes corporaciones, intentando limitar los derechos sociales, aspectos negativos claramente advertidos por la Iglesia Católica que llama a aplicar los principios de subsidiariedad y solidaridad en el accionar del Estado, tal como se detalla más adelante en el presente desarrollo.
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Dr. Guillermo Hassel
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