Enviado por María Elvia Edith Alanis PérezEste trabajo se encuentra en formato PDF. Para visualizarlo necesita
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La última vez que lo vi, fue a unos 10 metros de distancia el extendió su brazo, y me vio directamente a los ojos y me dijo adiós. Yo estaba dentro de mi auto y debía de irme. Dos días después estaba dentro de una caja y no se movía, su rostro moreno se mostraba en una paz, que trastornaría los sentidos lógicos de esta historia. Me pareció verlo, me pareció escucharlo, me pareció abrazarlo y me pareció haberlo escuchado reír, todo me pareció, porque hoy no lo puedo demostrar, es una cuestión que ya no puedo repetirla. Yo quisiera volver a hacer todo esto, pero no encuentro a Ulises por ningún lado. Dicen que existen unas cenizas de él, que las depositaron en un panteón, yo no he visto sus cenizas, solo lo vi en esa caja que después donaron, no sé el color de las cenizas, no las toque, no las vi, y no vi donde las guardaron. Solo estoy segura de algo, no lo he vuelto a ver. Aunque hace unos días, estaba parada fuera de mi casa, y paso una camioneta, cuando voltee a ver al conductor, me pareció haber visto exactamente su cara, y por si fuese raro, esa persona se sonrió y era exactamente igual a él, fueron solo unos instantes y luego la persona se volteo y deje de ver su rostro era otra persona diferente a él, me sentí sumamente feliz, por haberlo vuelto a mirar, a pesar de conocer que él ya había muerto. Hoy me atrevo a escribir estas líneas porque me pregunto una y otra vez, y donde está él, más allá de cualquier explicación científica o religiosa, quisiera saber a dónde se fue. Ayer le pregunte a su padre ¿Cómo te encuentras con respecto a tu hijo? y me contesto “fue la decisión de Dios, y yo no soy nadie para haberlo evitado, solo tengo que aceptarlo, estoy bien”. Si el está bien, ¿también, lo estoy yo?. Es que quiero volver a hablar con él, donde quiera que se encuentre, quiero saber donde se encuentran sus ojos, sus dientes, su cara, sus manos, sus tatuajes, sus ojos verdosos y su piel morena. A sus 20 años, no me dejo verlo cumplir 21. Ya le conozco a sus tres hijos, a sus amigos y a sus enemigos he visto también a su pareja. Pero donde esta él. Un ser cualquiera que sea, deberá de estar compuesto de algo, que se toque o no. El hecho de que yo hable de Uli, significa que hablo de algo, de lo cual incluso puedo platicar con otros seres que lo vieron y lo conocieron y que saben que ya no lo volverán a ver. Los cuales pueden ser sus familiares incluso los vecinos, además puedo conversar con otras personas sobre él, por ejemplo, el día que murió yo falte a mi trabajo, al día siguiente, cuando hable con el directivo principal, envió un email a todo el personal y les dijo que lamentaba la muerte de alguien cercano a mí, y después de ello, cuando yo estaba concentrada en funciones de mi trabajo, de repente llegaba una persona y otra, y me decían, lamento la muerte de Uli. ¿Y cómo es que funciona esto?, como pueden lamentar algo sobre alguien a quien no conocieron. Y siendo amable, debo de responder, un agradecimiento y un abrazo de consuelo, y luego en ese abrazo, mi cuerpo responde con un sollozo en recuerdo a él. (En formato PDF)
Enviado por María Elvia Edith Alanis Pérez
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