Desde la más remota antigüedad encontramos referencias a la existencia de rutas comerciales entre Oriente y el lejano, remoto y un tanto desconocido Occidente plasmado en las temibles “Columnas de Hércules” y el mítico reino de Tartessos (la Tarsis bíblica). En este pequeño ensayo me propongo examinar qué relación existió entre Mastia, la primitiva ciudad ibérica y posterior colonia cartaginesa Qart Hadasth, hoy Cartagena, y Tartessos en ese mundo del comercio, conquistas y guerras en base a referencias históricas de autores clásicos bien conocidos.
El Estrecho de Gibraltar separa dos grandes masas de agua: el Mar Mediterráneo por un lado, de aguas cálidas, y el Océano Atlántico, de aguas frías, por el otro. Cerrando el contacto entre ambas se encuentran Europa al norte y África al sur, dejando entre ambas un estrecho navegable que fue, en el pasado, importante vía comercial entre los productos del Norte de Europa, rica en metales y productos exóticos como el ámbar, y los pueblos ribereños del Mediterráneo como Fenicia, Creta, Egipto, Cartago, Etruria y Grecia, muy necesitados de metales (el oro de los ríos Genil, Darro o Segura, la plata del sur y sudeste, el cobre de Almería, Riotinto o El Algarve así como el plomo y estaño de Galicia) y otros artículos comerciales de lujo. Desde los asentamientos fenicios, griegos y cartagineses en Iberia partían rutas comerciales hacia Oriente con escalas intermedias en la Magna Grecia, Cartago, Etruria, Marsella, las ciudades de Grecia y sus colonias en las diversas islas así como las ciudades de Oriente Medio a través de Fenicia.
Francisco A. Violat Bordonau
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