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El Banco Mundial

Enviado por dguillen



Resúmen

Debido a los acontecimientos registrados en los 12 últimos meses, comenzando por la crisis de Asia oriental --mucho más profunda de lo previsto--, las perspectivas de los países en desarrollo y la economía mundial en los tres próximos años son ahora mucho más difíciles e inciertas. Las malas noticias se han sucedido con sorprendente celeridad y continuidad: el Japón se ha hundido en la recesión, Rusia ha encontrado graves dificultades financieras, los flujos de capital hacia los mercados emergentes han caído de forma brusca y, en medio de un ambiente de creciente aversión del riesgo en los mercados financieros mundiales, se ha producido una contracción del crédito capaz de sofocar el crecimiento. Además, muchas partes del mundo han acusado los negativos efectos de El Niño y otras catástrofes naturales.

En consecuencia, una fuerte desaceleración mundial de la producción, el comercio y los flujos de capitales --ya iniciada-- está ensombreciendo las perspectivas a corto plazo. La demanda interna, con un crecimiento actual superior a la tasa tendencial, se está desacelerando en países que representan el 60% de la producción mundial, en particular en los Estados Unidos y Europa; se está contrayendo fuertemente en países que realizan un cuarto de la producción mundial, a saber, Asia oriental, el Japón, Rusia y el Medio Oriente, y se está contrayendo en otros, sobre todo en América Latina.

Es probable que algunas políticas prometidas o ya aplicadas recientemente contribuyan de forma notable a llevar de nuevo a la economía por un rumbo más seguro. Los Estados Unidos y otros países industriales están suavizando sus políticas monetarias. El organismo legislativo del Japón ha aprobado un plan de revitalización financiera y otras medidas de estímulo fiscal. El Congreso estadounidense ha asignado fondos para las instituciones financieras internacionales, lo que puede marcar la pauta para otros países. El gobierno brasileño ha adoptado un programa para reducir su déficit fiscal, que ha recibido firme apoyo financiero de instituciones multilaterales y gobiernos. Los dirigentes del Grupo de los Siete han propuesto un conjunto de medidas para reforzar la economía mundial. El Japón y otros países han prometido más apoyo financiero para los países afectados por la crisis de Asia oriental. Estas y otras medidas deberán impulsar la recuperación económica mundial a mediano plazo y ayudar a impedir una recesión mundial. Pero las políticas tardan en dar resultado y las perspectivas a corto plazo continúan siendo precarias.

Las crisis financieras en que se han visto sumidos los países en desarrollo y la economía mundial durante los 12 últimos meses han puesto de manifiesto varias deficiencias que, por separado y en conjunto, han contribuido a la crisis. Destacan entre ellas la fragilidad de los sistemas financieros nacionales, las lagunas de las políticas macroeconómicas, las imperfecciones de los mercados de capitales internacionales y la incapacidad de la arquitectura financiera internacional para prevenir y resolver las crisis.

Perspectivas

La desaceleración del crecimiento económico mundial en 1998-2000 se hará especialmente visible en los países en desarrollo, en particular en los que se encuentran próximos a mercados de exportación en retroceso y en aquellos cuyos ingresos de exportación proceden sobre todo de la venta de productos primarios y cuyos déficit en cuenta corriente se deberán financiar con flujos de capital privado.

Según las previsiones, el crecimiento de la producción mundial se reducirá casi a la mitad, pasando del 3,2% en 1997 al 1,8% en 1998, y se reactivará sólo de forma moderada en 1999, en que alcanzará el 1,9%. Como elementos positivos cabe señalar el crecimiento menos dinámico pero todavía firme de Europa continental y una desaceleración de la economía estadounidense con espacio suficiente para preparar un aterrizaje suave. Los países de Asia oriental castigados por la crisis y el Japón, más vacilantes pero animados por los acontecimientos recientes, pasarán, según las previsiones, de la fuerte recesión de 1998 a la estabilización en 1999, lo que significa que dejarán de representar un freno para el crecimiento de la producción mundial. Aun en el supuesto básico, se prevé que el crecimiento de los países en desarrollo se reducirá a menos de la mitad, pasando del 4,8% en 1997 al 2% en 1998 --la segunda desaceleración más grave de los últimos 30 años—y comenzará una modesta recuperación en 1999. En cifras per cápita, se prevé que el crecimiento de los países en desarrollo descenderá al 0,4% en 1998, por debajo del 1,4% de los países industriales. Brasil, Indonesia, Rusia y otros 33 países en desarrollo --que suman el 42% del PIB total del mundo en desarrollo y más de un cuarto de su población-- registrarán probablemente este año un crecimiento per cápita negativo, mientras que en 1997 sólo se encontraron en esa situación 21 países (que representaban el 10% del PIB de los países en desarrollo y el 7% de su población).

A pesar de las sombrías perspectivas actuales, la economía mundial podría crecer a largo plazo (2001-07) algo más del 3% anual si se adoptan rápidamente políticas para impedir una depresión mundial más profunda y los países en desarrollo refuerzan los sectores financieros e intensifican las reformas. La crisis de los mercados emergentes afectará a los flujos de capital y lo hará no sólo a corto plazo, pero el crecimiento a largo plazo de los países en desarrollo (excluidas las conomías en transición) podría llegar a ser de más del 5%, aproximadamente igual que en 1991-97.

El optimismo de estas perspectivas a largo plazo está basado en la expectativa de revitalización económica de los países industriales. Según las previsiones, el crecimiento de los países de la OCDE se intensificará a medida que el Japón consiga resolver sus problemas bancarios, la Unión Monetaria Europea (UME) ayude a consolidar la integración europea y a alcanzar una mayor eficiencia y crecimiento, y los Estados Unidos logren aumentar su productividad. Es importante evitar una recesión a corto plazo con el fin de mantener el consenso en favor de las políticas en que se basa la globalización, y los recientes acontecimientos en el marco de las políticas deben confirmar ese resultado. Según las previsiones, el comercio mundial registrará un crecimiento más sólido a largo plazo, impulsado por el aumento de la producción mundial y la reducción de los obstáculos al comercio, el transporte y las comunicaciones.

Los países en desarrollo se están beneficiando también de los resultados obtenidos tras casi dos decenios de reforma. Pero el futuro resulta más problemático: los flujos de capital privado tardarán más tiempo en volver y serán más modestos, lo que contribuirá a reducir las proyecciones de a largo plazo (y requerirá mayor ahorro interno para el crecimiento). Habida cuenta de la profundidad de la crisis, no probable que las economías de Asia oriental recuperen las tasas de crecimiento extraordinariamente rápidas de los primeros años noventa, pero podrán conseguir un crecimiento moderado (basado en el aumento de la productividad más que en un alto nivel de inversiones). Se han revisiones menores a la baja (de 0,3-0,5 puntos) en los casos de Rusia, Asia oriental y otros lugares, como de las deficiencias institucionales y de otro tipo puestas de recientemente.

Hay todavía un riesgo bastante elevado de que la economía, en vez de experimentar el lento crecimiento descrito en las de referencia, se hunda en la recesión en 1999. Este riesgo se debe a un conjunto de imprevistos que se relacionan y mutuamente: el agravamiento de la recesión en el Japón; la pérdida de confianza en los mercados de capitales internacionales, que daría lugar a un amplio fenómeno de cierre general de los flujos de capital privado a los países en desarrollo (especialmente de América Latina), y una corrección del 20%-30% mercado de valores que reduzca el crecimiento en los Estados y Europa.

El Japón está aplicando políticas fiscales y monetarias y ha anunciado un conjunto de iniciativas más firmes de reestructuración financiera, pero su aplicación podría presentar dificultades, que originarían a su vez una de la demanda interna y una pérdida de confianza de los consumidores y las empresas, al mismo tiempo que las exportaciones disminuir debido a los problemas registrados en todo el resto de oriental. El efecto riqueza y, sobre todo, la pérdida de confianza de consumidores y las empresas por el hundimiento de los precios de las acciones (y también, en parte, por la actual restricción del crédito) obstaculizarían gravemente el crecimiento en los Estados Unidos y Europa. Por su parte, América Latina se sumiría en una fuerte recesión si los flujos de capital se interrumpieran durante un largo período. Aunque las autoridades monetarias de los países industriales adopten importantes medidas de liberalización, en este marco hipotético el crecimiento de la producción mundial desciende a cero en 1999. Los resultados son graves para los países en desarrollo, en donde los efectos de la falta de acceso a los flujos de capital privados se ven agravados por el hecho de que la disminución del crecimiento de las exportaciones y de los precios de los productos primarios es todavía mayor que en el panorama de referencia, lo que reduciría otro 2% el crecimiento agregado, que en 1999 sería de sólo el 0,7%.

Afrontar las crisis

La interacción entre las deficiencias institucionales en la liberalización del sistema financiero interno, por un lado, y, por el otro, las imperfecciones de los mercados de capital internacionales y la utilización de políticas macroeconómicas contradictorias ha generado graves vulnerabilidades que han constituido la base de la crisis de Asia oriental. La vulnerabilidad inmediata crítica de los países que han sufrido esta crisis se debió a una excesiva acumulación de deuda en divisas a corto plazo en los balances de los agentes privados.

El aumento de las entradas de capital y la debilidad de la reglamentación financiera contribuyeron al repentino aumento del financiamiento interno en Asia oriental, en muchos casos con destino a sectores de alto riesgo, como el inmobiliario, lo que dio lugar a una gran fragilidad de los

sectores financieros internos. El excesivo apalancamiento de las empresas y el deterioro de la rentabilidad hizo a éstas muy vulnerables a las conmociones registradas en flujo de fondos y en el patrimonio neto.

En Tailandia, el debilitamiento del sector financiero, la desaceleración de las exportaciones y el notable aumento del crédito del Banco Central a bancos en quiebra contribuyeron a desencadenar un movimiento especulativo contra el baht. La crisis se difundió a otros países de la región debido a la existencia de vulnerabilidades comunes: elevada deuda a corto plazo, debilidades del sector financiero, influencias a través de los vínculos del comercio internacional y el contagio de una actitud de desconfianza hacia el mercado de capitales. La actividad real de la región inició un fuerte descenso impulsado por los fuertes

trastornos de la inversión privada --debido a la mayor incertidumbre, a la retirada del financiamiento externo y a los efectos de la subida de las tasas de interés y de las devaluaciones monetarias en la liquidez y los balances de los bancos y empresas.

Debido a la considerable caída de la inversión y el consumo privados, la política fiscal inicial, en contra de lo previsto, optó por la austeridad --austeridad que habría sido muy rigurosa si la política se hubiera aplicado en su integridad. Al hacerse patente la gravedad de las recesiones, las políticas fiscales se suavizaron deforma significativa. Algunas de las respuestas iniciales trataron

también de elevar las tasas de interés con el fin de estabilizar los tipos de cambio, pero no consiguieron corregir inmediatamente la subvaloración cambiaria y agravaron los efectos negativos sobre las economías reales.

Los tipos de cambio se han ido recuperando de sus fuertes caídas, debido al brusco viraje registrado en las balanzas por cuenta corriente--consecuencia, a su vez, de la gravedad de las contracciones en la producción interna. Las tasas de interés han disminuido también recientemente hasta situarse en niveles próximos o inferiores a las de antes de la crisis. En cualquier caso, ha permanecido el malestar de los sectores financieros y empresariales (y la consiguiente contracción del crédito), lo que ha obstaculizado la recuperación. Ya a mediados de 1998, una parte considerable del sector financiero y empresarial de los países más afectados era insolvente o estaba atravesando enormes dificultades financieras. La fuerte respuesta de las exportaciones a la devaluación cambiaria, que había respaldado la rápida recuperación después de la crisis mexicana de 1994-95, se vio obstaculizada por la contracción de la economía en toda la región, incluido el Japón, así como por las dificultades crediticias de las empresas.

El cometido principal de la política fiscal y monetaria es actualmente apoyar la demanda agregada, ampliar el sistema de protección social y aportar recursos para recapitalizar los sistemas financieros sin aumentar la inflación. En ese sentido, es imprescindible el continuado apoyo financiero de la comunidad Internacional.

La experiencia de los distintos países parece indicar que una reestructuración bancaria de la debida magnitud en varios de los países afectados por la crisis (con costos que ascenderían al 20%-30% del PIB) necesitará la intervención estatal en el marco de un plan global sobre el sector financiero, con inclusión de una cuantiosa aportación de fondos públicos. Para no incentivar actitudes excesivamente arriesgadas (riesgo moral), una parte considerable de las pérdidas de la reestructuración deberá asignarse a aquellos que más se hayan beneficiado de los riesgos anteriores, como los accionistas y administradores de los bancos. Este objetivo a largo plazo debe compaginarse con la prioridad inmediata de no agravar la contracción del crédito.

Para reestructurar el sistema bancario habrá que reestructurar también las deudas de empresas locales. Se requerirá una ordenada renegociación de la deuda --procedimientos menos formales para reunir a los acreedores y deudores interesados en una negociación voluntaria-- tanto interna como externa. Los gobiernos de la OCDE, en particular, pueden apoyar medidas oportunas de renegociación entre deudores y acreedores privados externos --por ejemplo, no ofreciendo a los acreedores la posibilidad de medidas de rescate más favorables en el futuro. La ampliación de los flujos de inversión extranjera directa y en capital social puede contribuir también notablemente a una acertada reestructuración financiera y empresarial.

La crisis ha tenido un enorme costo social --especialmente para los pobres-- y, en algunos países, ha intensificado los conflictos sociales. La política social debe formar parte integrante de la selección de las medidas contra la crisis económica. Los sistemas de protección social, si bien no pueden sustituir a unas políticas macroeconómicas acertadas en favor del crecimiento, pueden ayudar a mitigar los efectos sociales de las crisis económicas. Otra enseñanza de la presente crisis es la importancia de establecer de antemano sistemas de protección social en todos los países.

Asia oriental había reducido la pobreza y mejorado los niveles y condiciones de vida a un ritmo sin precedente en la historia. De todas formas, investigaciones relativas a los distintos países permiten concluir que las crisis prolongadas provocan más pobreza, mayor desigualdad de los ingresos y, en ocasiones, un deterioro de los indicadores sociales, como la malnutrición infantil. Estas tendencias pueden tener efectos duraderos en el bienestar físico de las personas y en su capacidad de participar en la economía. Según las previsiones, en Indonesia, la República de Corea y Tailandia el desempleo se triplicará con creces entre 1996 y 1998. Los salarios reales están disminuyendo de forma dramática en Indonesia. El número de personas que cayeron en la pobreza en 1998 podría llegar a 25 millones en Indonesia y Tailandia solamente, y podría ser mucho mayor si se agrava la desigualdad de los ingresos. Las medidas prioritarias para proteger a los pobres son, entre otras, la garantía del suministro alimentario mediante transferencias directas y subvenciones, la generación de ingreso para los pobres a través de transferencias de efectivo y obras públicas, la conservación del capital humano de los pobres con servicios básicos de atención de salud y educación y una mayor capacitación y ayuda en la búsqueda de empleo para los desempleados.

Evitar las crisis Los países en desarrollo son vulnerables a las crisis financieras. No obstante, las estructuras institucionales y las políticas públicas internas necesarias para protegerlos de las crisis sólo cambian con lentitud. Debido en parte al hecho de que muchas de las pequeñas economías en desarrollo son ahora más vulnerables a los altibajos de euforia y pánico de los mercados de capitales internacionales, la frecuencia y costos de las crisis financieras han aumentado en los últimos años.

Hasta el fuerte aumento de los flujos de capital privado registrado en los años noventa, las crisis surgían en los países en desarrollo sobre todo como consecuencia de una mala gestión macroeconómica, en particular, un déficit público y un endeudamiento externo excesivos. En cambio, las crisis observadas en Asia oriental desde 1997, en México en 1994-95 y en Chile en 1982 están fuertemente conectadas con el aumento de los flujos de capital dentro del sector privado y con los sistemas financieros internos e internacionales que actúan como intermediarios de esos flujos. Los países en desarrollo han estado expuestos a una oleada enorme de entradas de capital pero tienen poca experiencia en las salvaguardias institucionales y normativas necesarias para administrarlas sin peligro.

Las instituciones necesitan tiempo para poder desarrollarse y los obstáculos políticos a la adopción de medidas inmediatas para evitar las crisis son con frecuencia muy difíciles de superar. Por el contrario, los países industriales están aplicando desde hace 100 años reformas institucionales y de las políticas públicas con el fin de evitar crisis sistémicas. Al parecer, han reducido la incidencia y gravedad de las crisis --pero no las han eliminado (recuérdese, por ejemplo, la crisis del sistema de ahorro y crédito en los Estados Unidos en los años ochenta, o las crisis bancarias de los países nórdicos en los primeros años noventa y los problemas del sector financiero en el Japón). Deberá impulsarse en forma decidida el establecimiento de instituciones y salvaguardias en los países en desarrollo para hacer realidad los beneficios de la globalización y reducir los riesgos.

El análisis de las causas de las crisis financieras y de las políticas adecuadas para evitarlas pone de manifiesto la interacción de los distintos factores que amplifican los riesgos y las vulnerabilidades: políticas macroeconómicas desacertadas, aumentos repentinos de los flujos de capital, fragilidad de los sistemas financieros internos y precipitación en la liberalización financiera o de la cuenta de capital (o ambas a la vez) y debilidad de la gestión empresarial.

Las políticas macroeconómicas desacertadas hacen a un país vulnerable a las crisis financieras, y todo intento de protección debe partir de la adopción de políticas prudentes. De todas formas, cuando las entradas de capital adquieren un volumen considerable y los sistemas financieros son débiles, el margen de maniobra para adoptar políticas macroeconómicas adecuadas con el fin de controlar un endeudamiento privado y unos riesgos excesivos se ve limitado por la necesidad de buscar soluciones de compromiso, teniendo también en cuenta los problemas de distribución. Se necesita un enfoque multidimensional, lo que en muchos casos supone la adopción de tipos de cambio más flexibles, una mayor utilización de la política fiscal y el perfeccionamiento y endurecimiento de la reglamentación financiera interna (y, en caso necesario, restricciones a los flujos de capital) con el fin de reducir las entradas excesivas de capital, los aumentos repentinos del crédito interno y los riesgos de crisis financieras.

La liberalización del sector financiero interno, que puede incrementar significativamente el riesgo de crisis (sobre todo en coincidencia con la apertura de las cuentas de capital), debe llevarse a cabo con precaución y de acuerdo con la capacidad de diseñar y aplicar medidas más estrictas de regulación y supervisión. Al mismo tiempo, deberán acelerarse los esfuerzos por las medidas de salvaguardia prudencial y las operaciones bancarias. Hay pruebas convincentes de que la probabilidad de crisis financiera es mayor después de una liberalización que no va acompañada de las correspondientes medidas de salvaguardia prudencial, incluso en los países industriales. La estructura normativa de un país en desarrollo debe estar de acuerdo con su situación. Es preciso reforzar los reglamentos que aumentan la seguridad y la estabilidad. La reforma bancaria y del mercado de capitales, orientada hacia una mejor gestión de riesgos, continúa siendo un ingrediente fundamental de toda estrategia encaminada a impedir las crisis financieras. Son también imprescindibles políticas públicas y reformas institucionales que combatan los créditos a personas vinculadas y mejoren la gestión de las empresas. La liberalización de la cuenta de capital deberá efectuarse concautela, en forma ordenada y gradual. Es poco realista esperarlos países en desarrollo cuenten con las políticas más acertadas y instituciones más sólidas y, de esa manera, se aleje el riesgo de. Al considerar los beneficios de la liberalización de la cuenta de y el aumento de los flujos de capital no se deben perder de vista la probabilidad de crisis ni sus costos. En el caso de la inversión extranjera directa y de las entradas de capital a largo plazo, el balance de los beneficios previstos con relación a los costos asociados a las crisis financieras es sin duda positivo, y los países en desarrollo deberán buscar la apertura. Pero, en lo que se refiere a la cartera de deuda más inestable y a los flujos de deuda interbancaria a corto plazo (y la correspondiente política de total convertibilidad de la cuenta de capital), hay mayores riesgos asociados de crisis financiera y mayor incertidumbre sobre los beneficios. Unas medidas más rigurosas de regulación cautelar de los bancos y, si el sistema normativo interno no es lo bastante sólido, la aplicación de restricciones a los flujos a corto plazo más inestables (mediante impuestos, por ejemplo) pueden contribuir a reducir el riesgo de crisis. En los países que vuelvan a introducir estas restricciones a las entradas de capital, estas medidas deberán aplicarse con precaución para evitar la pérdida de confianza; su aplicación a las salidas de capital --no considerada en estas páginas-- podría plantear problemas más espinosos.

Se necesitan cambios en la arquitectura del sistema financiero internacional, habida cuenta de la excesiva inestabilidad (euforias y pánicos), los fuertes efectos de contagio y el mayor riesgo moral en los mercados financieros internacionales. La necesidad más apremiante es establecer mecanismos más idóneos para facilitar la reestructuración de la deuda entre distintas partes del sector privado, incluida la moratoria de la deuda externa en determinadas condiciones, y recuperar los flujos de capital y una mayor liquidez internacional para los países en crisis. Aunque hay argumentos de peso que aconsejan la existencia de un prestamista de último recurso, ello plantea delicadas cuestiones sobre la debida distribución de la carga, las normas de intervención y la eliminación del riesgo moral. También se puede reducir la probabilidad de crisis introduciendo mejoras en la reglamentación aplicada por las autoridades de los países acreedores y en la gestión de riesgos de los créditos bancarios a los mercados emergentes. Es conveniente una información más oportuna y fiable, pero la total transparencia y una mejor información no bastarán por sí solas para evitar la crisis. En cualquier caso, una mejor utilización de los indicadores de advertencia puede ayudar a los gobiernos a adoptar medidas correctoras con la antelación suficiente para reducir el alcance y el costo de las crisis. Estas cuestiones son objeto de debate y consideración en diferentes foros.

Conclusión

Los acontecimientos registrados en estos 12 últimos meses pueden ser el pórtico de un entorno nuevo, más realista y estimulante para los países en desarrollo. Las crisis financieras que han sacudido los mercados emergentes no deben llevar a los países en desarrollo a la conclusión de que deben renunciar a la globalización. Los beneficios de una mayor apertura del comercio son uno de los principales medios a través de los cuales los países pueden conseguir un crecimiento más rápido a largo plazo. De la misma manera, los beneficios de la apertura a la inversión extranjera directa son considerables --ofrecer acceso a tecnologías más valiosas, una mayor productividad y nuevos conocimientos técnicos. Los países en desarrollo pueden beneficiarse también de otros flujos de capital a largo plazo procedentes de los mercados financieros mundiales; para ello se requiere un mayor desarrollo de los mercados internos de bonos y capitales. Las principales enseñanzas de la crisis son que los países deben desarrollar y reforzar sus capacidades normativas e institucionales para lograr la seguridad y estabilidad de los sistemas financieros, especialmente en sus interconexiones con los mercados financieros internacionales, y que es preciso consolidar la arquitectura internacional para evitar las crisis y afrontarlas con mayor eficacia.

El fortalecimiento institucional requerirá tiempo y un diseño esmerado en las cuestiones relacionadas con la regulación y supervisión financiera y con la apertura de la cuenta de capital (a los flujos de entrada). La distinta situación de cada país impondrá diferencias en el ritmo y orden de las reformas. La consolidación de la arquitectura internacional obliga también a abordar cuestiones difíciles. Los primeros años noventa se distinguieron por la excepcional euforia generada sobre los beneficios de la liberalización financiera, los flujos de capital privado y los mercados emergentes. Ahora, cuando se han hecho más patentes los riesgos y los costos, es posible que se pueda contar con una sólida base para obtener esos beneficios, pero con menos riesgo.

Banco Mundial

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Venezuela es rica en recursos naturales, pero políticas económicas pobres encima del pasado dos décadas llevadas a la actuación sumamente pobre. Un estampido temporal demanda-llevado en crecimiento durante el 1973-74 levantamiento en precios de aceite, fue seguido por negativo por crecimiento del cápital en cada uno año de 1979 a 1985—despite la segunda ronda de precio de aceite aumenta más de 1979-80. Por 1985, después de las ganancias de suerte inesperada de los dos aumentos de precio de aceite (y con los precios calme alto), por el PNB del cápita 19 %estaba debajo del nivel de 1972. Las políticas expansionistas eran seguido de 1986 a 1988 que llevaron a un levantamiento temporal en crecimiento, pero las políticas seguido era unsustainable. La inflación subió a pesar de los mandos del precio, las reservas externas eran vaciado, y las escaseces extendidas desarrollaron.

Esta actuación del pobres fue causada por políticas que estaban pareciendo hacia el centro, favorablemente el estatico, y enfocó en la asignación muy discrecional de recursos por personal del gobierno. Como el la situación deterioró, el gobierno respondido más allá apretando mandos en precios, y intercambio extranjero y asignaciones del crédito. El resultado era eficacia baja y intercambio tase políticas que lo hicieron imposible para la economía de no-aceite ser competitivo. Como un consecuencia, las exportaciones de aceite continuaron considerando para más de 80% de exportaciones, y más que la mitad de réditos gubernamentales.

Las políticas llevaron a cabo 1988 llevados a una estructura económica muy ineficaz con bajo o el crecimiento de productividad negativo, y una economía muy dependiente en aceite y vulnerable a el vagaries de precios de aceite internacionales.

Las cuentas del sector público también eran muy dependientes en aceite y unos otro exportaciones artículo-basado (aluminio, mena férrica, acero). Las cuentas eran, así, muy sensible a sustos externos y las consecuencias de políticas gobernar doméstico el tipo de cambio real y los precios de combustible realmente domésticos.

El gobierno que tardó oficina rápidamente en 1989 de febrero instituyó una reforma de largo alcance programando para intentar alterar este curso de política económica. Este gobierno empezó con un situación muy desesperada, con casi ninguna reserva externa y las escaseces extendidas de artículos de comida básicos. En esta atmósfera muy tensa, el doblando de precios de gasolina de menudeo (de aproximadamente $0.12 equivalente por el galón, a aproximadamente $0.24) llevó a chóferes del autobús para doblar su fares—even aunque el aumento en precios de combustible sólo agregados aproximadamente 10 %a su los costs—which activaron armando escándalo extendido en que más de 300 se murió.

El gobierno escogió empujar delante con las reformas, aunque tímidamente y despacio en el caso de precios de combustible. El programa consistió esencialmente en desmantelar administrativo aparato para la asignación discrecional de los recursos del economy—which dañada el benefiting de intereses vestido de este system—and que mueve a confianza en mercados.

Las reformas principales incluyeron moviendo de un tipo de cambio arreglado por gobierno decree—with personal gubernamental que entonces decide cómo el intercambio extranjero debe ser asignado entre "el priorities"—to un sistema del tipo de cambio mercado-determinado, y de proporciones de interés arregladas por decreto del gobierno (de nuevo con reglas muy discrecionales determinando quién recibió crédito a estas proporciones muy bajas) a un sistema mercado-basado.

El gobierno también movió de los aranceles altos y inconstantes en importaciones, para mugir y más aranceles uniformes, inversión del deregulated y otras áreas, y abrió sectores con público empresas a la competición. Los subsidios de comida generalizados fueron reemplazados por programas targeted al pobres, y se privatizaron varios empresas públicas, el más notable siendo la compañía de las telecomunicaciones. El gobierno también redujo el déficit fiscal de 9.4 %de PIB en 1988, a 1.4 %de PIB en 1989, y movió a los sobrantes de 1.1 %y 0.7 %de PIB en 1990 y 1991.

Las reformas fueron apoyadas por una restructuración importante de Venezuela es externo

deuda comercial. Esencialmente todos esta deuda ($19.7 mil millones) fue cubierto por una deuda y el deuda servicio reducción acuerdo concluyó en 1991.

Los resultados de este programa eran muy positivos. Después del susto de los ajustes mayores requerido en 1989 PIB causado para caerse 8.6 por ciento, PIB subió en promedio a través de 7.4% un año más de 1990-92. La inversión tumbó 53 %en 1989, y un 8 %extenso en 1990, pero entonces la rosa 81 %en 1991 y un 37 %extenso en 1992. Exportaciones privadas (en corriente términos del dólar) era casi tres veces más alto más de 1989-92 que en 1988. Ellos saltaron grandemente en 1989, debido al retroceso que año y los incentivos de la exportación especiales, pero permanecía una vez a este nivel alto la economía recuperada y los incentivos especiales eran quitado.

Dos esfuerzos del golpe militares estaban montados contra el gobierno en 1992, el primero en Febrero y el segundo en noviembre. Mientras ellos no tuvieron éxito derrocando el gobierno, ellos llevaron a eficazmente helar las reformas. Había, por ejemplo, no más allá los ajustes en combustible o los precios de electricidades aunque éstos todavía eran sumamente bajos.

No se cambiaron precios de gasolina en absoluto entre el 1992 de enero y el 1995 de septiembre, cuando los precios de combustible de premio eran increased—and precios de combustible regulares bajados por un muy pequeño sume, aunque la inflación encima de este periodo era 333 por ciento. Pero más ampliamente, el los mandos previamente cuidadosos para guardar el déficit fiscal bajo se soltaron en el difícil situación política que sigue los golpes, con el crecimiento deficitario fiscal a 6.3 %de PIB, en 1992. Se detuvieron el programa de la privatización y otras tales medidas.

El presidente fue obligado a resignar en 1993 de mayo. El presidente del Senado asumió el

presidencia durante un mes, y entonces, a través de un acuerdo general entre el principal político fiestas, un senador fue escogido terminar el resto del término presidencial. Elecciones se sostuvo, en el ciclo regular, en 1993 de diciembre, y un presidente anterior fue elegido.

Durante este periodo de estancamiento político, había progreso limitado en algunas áreas. Para ejemplo, el congreso le concedió poder especial al presidente interino para promulgar por decreto medidas para llevar a cabo un valor agregado impuesto y para instituir una nueva ley banca. Sin embargo, en general las autoridades eran involuntarias promulgar lo que ellos percibieron como impopular medidas, particularmente en el año de la elección de 1993. Como una consecuencia, el económico la situación deterioró. El déficit fiscal estaba un poco reducido a 3.0% de PIB pero permanecido demasiado alto y la inflación subió (de 32% en 1992 a 46% en 1993). PIB el crecimiento se cayó de 6.1 %en 1992, a un negativo 0.4% en 1993, con no-aceite PIB cayéndose a través de 1.5 por ciento.

Recientes Desarrollos Económicos

La situación económica deteriorando trajo a la superficie los problemas de débil y deteriorando bancos. En 1994 de enero, menos de un mes ante el nuevo presidente inauguración, el segundo banco más grande en Venezuela, el latino de Banco, falló y se tomó encima de por el gobierno. Había fracasos del banco extensos a través de la primavera y continuando a través del año y en 1995. Estas intervenciones muy costoso al gobierno: el costos reservados en 1994 alone—there no son todavía costes extensos el realized—amounted a 13% del PIB. Estos costos altos, más preocupaciones encima de la dirección del gobierno, políticas, llevó al vuelo importante y presiona en el tipo de cambio. Aproximadamente $3 mil millones de extranjero las reservas estaban perdidas en el primero la mitad de 1994. En mayo los respetaron e independiente presidente del banco central resignó.

En contestación a esta situación rápidamente deteriorando, el gobierno escogió imponer manta mandos del intercambio extranjeros, con el tipo de cambio arreglado a las BsS170 al dólar. Precio los mandos también se pusieron adelante aproximadamente 100 artículos. El tipo de cambio no era inicialmente lejos de eso que la proporción del mercado. Sin embargo, la proporción quedaba entonces a este nivel hasta el 1995 de diciembre, aunque la inflación encima de este periodo era 107 por ciento. La apreciación creciente del el tipo de cambio creó distorsiones en el mercado de género de tradeable y más allá minó las cuentas fiscales. Además, los mandos en las salidas importantes y una falta de alternativa las oportunidades de la inversión domésticas atractivas llevaron a una caída afilada en proporciones de interés, de encima de 50% en los depósitos del banco en junio, al 26% justo en septiembre. La inflación subió a 71% para 1994 en conjunto.

Grandemente debido a los problemas del sistema banca, el déficit fiscal explotó a 14 % de PIB en 1994. Las distorsiones crecieron, sobre todo en el segundo la mitad del año, del los mandos del intercambio, el tipo de cambio real apreciando, que algún precio controla, y favorablemente proporciones de interés reales negativas. El resultado era crecimiento negativo. No-aceite PIB tumbó 4.5 %en 1994, y PIB total tumbó 2.8 por ciento. La producción de aceite era principalmente inmune a éstos dificultades domésticas, y rosa como consecuencia de un programa de la inversión caminar-despierto empezado en principios de años noventa. Así el aceite PIB subido por 4.6 por ciento, igual que 1993, con el engrase sector que considera para aproximadamente quinto de PIB.

Los problemas continuaron en 1995. Había costes extensos que fluyen de la crisis banca

(4 %de PIB comprendió en 1995), y el déficit fiscal creció a 9 %de PIB. La política monetaria era errática, con proporciones de interés en la subasta del banco central de 91-días, empapele tan bajo como 10 %en marzo temprano, subiendo a 53 %en diciembre tarde. Con el tipo de cambio fijo persistió en las 170 hasta diciembre, más los mandos del precio, la inflación moderado un poco a 56.6 %durante el año, pero fue reconocido ampliamente esto pudo no se mantenido. Los precios subieron 8.1 %en 1995 de enero, y 8 %en febrero, implicando una proporción del annualized de 153 por ciento.

Los precios de gasolina permanecían helados hasta el 1994 de septiembre a los niveles que ellos habían sido subsecuentemente 1992 de enero. Por ese tiempo, los precios estaban el equivalente de sólo sobre $0.08 por el galón, basado en el tipo de cambio paralelo. El gobierno subió los precios de premio entonces combustibles a través de 140 por ciento, a sobre $0.20 por el galón equivalente, mientras bajando los precios de combustible regular por una cantidad muy pequeña como un gesto de la ficha. Los precios permanecían helados hasta 1996 de abril, y al marzo 1996 tipo de cambio del mercado paralelo, la gasolina regular era sobre $0.04 por el galón. Comparado al costo de la oportunidad a los venezolanos de estas ventas, esto representó un subsidio grande.

El precio de gasolina bajo también es un subsidio sumamente regresivo, cuando las personas más ricas consumen más gasolina que las personas pobres y beneficio desproporcionadamente. Basado en datos adelante los modelos del consumo de combustibles por personas en categorías del ingreso diferentes, para cada bolívar de este subsidio por la persona en el tercio más bajo de la población, 14.9 bolivares de subsidio era con tal de que por la persona a la cima quinto de la población.

El tipo de cambio se persistió en las 170 al dólar hasta el 1995 de diciembre, cuando fue levantado a Bs290. En junio, el gobierno autorizó la creación de un mercado paralelo para extranjero intercambie, a través de comerciar localmente (para el pago en dinero local) en ataduras de Brady. Esto ayudado releve presión en la economía permitiendo un camino alternativo los importadores a compra el intercambio extranjero y los dólares proporcionando a través de un mecanismo del mercado para la capital transacciones. Esta proporción estaba alrededor de 230 a 240 por el verano, pero entonces la rosa a más de 350 en Noviembre. En temprano el 1996 de marzo el bolívar comerció a las 490, o 69 %sobre el oficial proporción de 290.

A través del primero la mitad de 1995 amplio intercambio extranjero fue proporcionado por el gobierno para importaciones a la 170 proporción, reduciendo reservas $2.5 mil millones de enero a octubre temprano. El resultado era una explosión en importaciones que crecieron a través de 44 %en términos del dólar en 1995 a pesar de la economía deprimida. Las cuentas externas fueron ayudadas, sin embargo, por precios de aceite favorables (11 %más alto en 1995) y los volúmenes de exportación aceite mayores (5 %más alto). La cuenta actual permanecía por consiguiente en sobrante a las $1,572 millón, aunque a un nivel más bajo que el $2,450 millones de sobrante de 1994.

En este ambiente, el sector de producción de aceite pudo no obstante crecer, cuando es relativamente inmune de los factores domésticos. Su crecimiento se ató más a la inversión anterior en el sector en el que se caminó a principios de años noventa. Así aceite que PIB subido por 6.0 %en 1995, basó en las estimaciones oficiales iniciales. Este crecimiento fuerte en aceite ayudado cierto sectors—such unido como también taladrar producers—and de la cañería aliviado el constreñimiento de importación (rosa de importaciones a través de 44 por ciento). La estimación inicial es eso en 1995 no-aceite que PIB creció a través de 1.0 el %y total que PIB creció a través de 2.2 por ciento; se espera que esto deteriore en 1996.

La economía de Venezuela empeoró durante los primeros meses de 1996. La actividad de no-aceite era las políticas estancado y financieras permanecían flojas. Presiones en el tipo de cambio paralelo y los precios continuaron intensificando, mientras las proporciones de interés reales permanecían muy el negativo. Por medio-abril, el tipo de cambio paralelo comerció a las Bs465 al dólar, o 60 %sobre el proporción oficial de 290. Durante los primeros cinco meses de 1996, la inflación mensual promedió 8 por ciento. Confianza en el sistema del financial/monetary rechazado y la demanda para ancho dinero (M2) el cayéndose continuado en términos reales.

En luz de este unsustainable la situación económica, el gobierno empezó a un comandante programa de la estabilización en consultación con el FMI en medio-abril. Las autoridades significativamente el combustible doméstico aumentado precia, el interés liberalizado tasa, se unificó el tipo de cambio sistema bajo un flotador temporal, mandos abolidos en la corriente y las transacciones importantes, el precio eliminado controla (salvo las medicinas), y empezó fortaleciendo el social las seguridades tejen una malla. En julio el FMI aprobó un 12-month acuerdo de reserva que aclara la manera para unos $1.4 mil millones más $2 a $3 mil millones de las instituciones multilaterales.

Se espera que PIB real rechace a través de 1 %en 1996, y es probable que la inflación alcance 95 %por el extremo de año. El programa económico busca invertir esta situación, y reduce la publicación mensual de inflación a 1.5 a 2 %en el segundo la mitad de 1996, y 1 publicación mensual del %en el primero la mitad de 1997. Se espera que PIB real crezca a través de 4 %en 1997, y el sobrante de cuenta actual externo para nivelar a la mitad la 1996 estimación de 4.3 %de PIB. Central al esfuerzo de ajuste la reducción del déficit fiscal es a menos de 1.5 %de PIB en 1996, y equilibra en 1997. Bajar expectativas inflacionarias llevan más allá, el el banco central estableció en julio que 1996 tipo de cambio ata alrededor de una proporción central que quiere se ajustado en línea con blancos de inflación pre-anunciados.

Perspectivas del medio-término

Con su base del recurso natural grande, no sólo de aceite y gasea, pero también de mena férrica, oro, bauxita, poder eléctrico hidro-basado barato, tierra agrícola, y otros recursos básicos, Las perspectivas de Venezuela deben ser sólidas. A pesar de sus dificultades en a corto plazo dirección macroeconómica, el gobierno durante el último año hecho significante, adelantos en varias medidas que adelantarán sus perspectivas del medio-término. Particularmente notable era la decisión para permitir la participación de compañías de aceite extranjeras en el desarrollo de medio prometedor y el fields—not de aceite ligero los campos absolutamente marginales, como tenía se permitido antes. Esto culminó en una subasta muy exitosa en 1996 de enero de aceite el desarrollo corrige en diez campos.

Deuda externa

La carga de la deuda externa de Venezuela no es excepcionalmente alta. En 1994 su servicio de la deuda a la proporción de las exportaciones era 19 por ciento, y su deuda a la proporción de las exportaciones era 210 por ciento. En contraste, en conjunto para América Latina el servicio de la deuda a la proporción de las exportaciones era más de 50 %más alto a un estimó 29 por ciento, y la deuda a la proporción de las exportaciones era 250 por ciento. Éstos más los niveles modestos para Venezuela son en parte una reflexión de lo bajo el que se había planeado el la deuda y deuda servicio reducción acuerdo que Venezuela firmó con su anuncio acreedores del banco en 1991. Un total de $19.7 mil millones de deuda del banco comercial fue reestructurado bajo este acuerdo. No obstante, como consecuencia de sus dificultades fiscales interiores el el sector público ha estado ejecutando un nivel sustancial de atrasos externos de los que variaron`sobre $750 a $950 millón encima del curso de 1995.

 

 

Autor:

Daniel Guillén

dguillen[arroba]caracas.c-com.net


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