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La conquista de córdoba y de su reino




Enviado por rmslba



    Tras la toma de Úbeda por los castellanos en 1233
    la frontera oriental del reino musulmán cordobés
    presentaba un flanco casi completamente desguarnecido con una
    fácil vía de acceso hacia la capital a
    través del Guadalquivir. Por el norte, ya desde el
    establecimiento de la frontera en 1212, el camino ofrecía
    mayores dificultades más por razones geográficas
    que por las puramente militares.

    Las primeras iniciativas para la conquista de
    Córdoba parten del lado oriental, desde Andújar, al
    conocerse, en colaboración con algunos de sus habitantes,
    el descuido y la escasa vigilancia de las fortificaciones de la
    ciudad.

    Los fronteros de Andújar y algunos de
    Úbeda escalaron de noche las murallas de la
    Ajerquía apoderándose rápidamente de esta
    amplia zona urbana. Los musulmanes solicitan el auxilio de Ibn
    Hud mientras los cristianos, ante las dificultades de resistencia de
    los cordobeses estratégicamente mejor situados en la
    Medina, envían solicitud de socorro a Fernando III que se
    hallaba en Benavente.

    El rey castellano en
    pocas jornadas hace el itinerario pasando por ciudad Rodrigo,
    Medellín, Dos Hermanas hasta establecer su campamento en
    Alcolea. Ibn Hud se puso en marcha hacia Córdoba pero,
    engañado por Lorenzo Suárez, abandonó toda
    tentativa de enfrentamiento con los cristianos y se
    dirigió a la región oriental de
    al-Andalus.

    Los habitantes de Córdoba, perdida toda esperanza
    al tener noticias del abandono del rey moro, acordaron rendirse
    en buenas condiciones, pero Fernando III estrechó
    aún más el cerco hasta rendir a los defensores
    privándoles de alimentos. El rey
    castellano, tras
    su rendición sólo respetó la vida y la
    libertad de
    los cordobeses.

    En la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo, la
    ciudad de córdoba quedó en posesión de los
    castellanos leoneses, quienes hicieron su entrada solemne
    colocando, a la vista de todos, la cruz sobre el alminar de
    Abderramán III de la mezquita Aljama.

    La caída de la que fue capital
    indiscutible de al-Andalus era más que un símbolo,
    era la realidad de la eliminación de Islam como
    fuerza
    política
    de peso en la Península Ibérica
    (J.
    Valdeón).

    Entre 1239 y 1240 se entregaron a Fernando III:
    Écija, Estepa, Almodóvar, Luque, Lucena, Setefilla,
    Santaella, Moratalla, Hornachuelos, Rute, Bella, Montoro,
    Aguilar, Benamejí, Zambra, Osuna, Baena y Zueros. Es
    presumible que a las facilidades que prestaban los factores
    físicos para la rápida conquista de la
    Campiña, donde las cosechas parecían
    cañaverales florecientes más que mieses,
    hay
    que añadir el temor y el desconcierto que produjo en
    los ánimos musulmanes andalusíes la
    rendición de la capital, unido
    a la grave situación política de
    al-Andalus cuyos territorios todavía no habían
    encontrado su unificación
    . ( C. Torres).

    La conquista de la Sierra desde Espiel a Gahete y desde
    los Pedroches a Fuenteovejuna, queda en penumbra histórica
    aún no iluminada por la investigación
    documental.

    EL POBLAMIENTO Y LA PROPIEDAD

    Las consecuencias de la conquista castellana se dejaron
    sentir de inmediato en los cambios de población vinculados en cada zona al modo
    de conquista en el reparto y estructuración de la propiedad
    urbana y rústica.

    Después de firmar la capitulación de
    Córdoba la población musulmana fue totalmente
    erradicada, pero la fama de su riqueza y su agricultura se
    extendió por toda España
    poblándose rápidamente con gentes de todas partes
    que llegarán a la ciudad en masa hasta el punto que
    había más habitantes que casas. Se asienta en
    Córdoba un nuevo grupo humano
    procedente de lugares del reino de León, Toledo, Talavera,
    Burgos y de la ribera de Navarra del reino de Castilla. Lo mismo
    parece haber ocurrido según la documentación en la
    zona del valle de Guadalquivir hasta Andújar, incluido
    Bujalance.

    El poblamiento campiñés adquiere otras
    características en virtud de la entrega
    voluntaria de las villas y castillos en manos de Fernando III.
    Según el profesor J. González entregados esos
    pueblos, en parte, por pactos, permanece en ellos la
    mayoría de sus pobladores musulmanes con administración de justicia,
    mezquitas y propiedades. Los castellanos se limitan a
    posesionarse de las fortificaciones y a repartirse las casas y
    tierras abandonadas por los fugitivos y los del
    fisco.

    El asentamiento de cristianos en la campiña fue,
    en un principio, pequeño, adquiriendo distinto signo
    después de la rebelión de los mudéjares en
    1263 aplastada con dureza. Aun así, las fuentes
    documentales autorizan a calificar de notable el número de
    musulmanes que permanecieron en sus pueblos y en la capital
    después de dicho año.

    Al conocimiento
    de la población de la sierra sólo podemos
    llegar hoy por rutas indirectas tales como el folclore, estudios
    fonéticos, estilos arquitectónicos, la vivienda y
    otros. Todo nos hace sospechar un despoblamiento musulmán
    voluntario y rápido tras la caída de la capital y un
    repoblamiento de origen extremeño y manchego.

    La propiedad, en
    general, cambió de manos pero se mantuvo, con toda
    probabilidad,
    la misma estructura.
    Los repartimientos de Fernando III respetaron el latifundismo
    heredado de romanos y musulmanes, y el minifundio, pequeña
    propiedad, de
    los ruedos de la capital y de los pueblos. El rey castellano no
    hizo mas que cambiar los nombres de los propietarios en las
    escrituras.

    Los habitantes de la campiña quedaron afincados
    en sus tierras con su mismo genero de vida y
    cultivando sus campos con las técnicas acostumbradas. Esta
    situación de la propiedad solo
    se vera afectada después de 1263 por el proceso de
    señorializacion de los pueblos campiñeses. El sur
    del Reino se confiara a señoríos de la familia
    real, de la Iglesia y de
    las Ordenes Militares desde mediados del siglo XIII a causa de su
    situación fronteriza con el reino de Granada. Su
    carácter de zona militar debió influir sobre la
    propiedad y su
    aprovechamiento.

    EVOLUCION SEÑORIAL

    Los repartimientos de tierras que siguieron a la
    reconquista del siglo XIII, constituyeron una fuente importante
    de nuevos señoríos. Se produce un proceso
    evolutivo que va del acaparamiento de tierras por la nobleza
    hasta la jurisdicción que ejercen sobre ellas.

    Durante estos siglos la ciudad de Córdoba
    experimenta una intensificación del proceso de
    señorialización de los organismos rectores del
    municipio, pudiéndose decir lo mismo sobre los
    núcleos de población de la campiña y de algunos
    de la sierra.

    Ya desde fines del siglo XIII el proceso que
    conduce del antiguo concejo democrático y abierto a otro
    oligárquico y cerrado comienza a madurar. Al concluir el
    siglo XIV de los veinticuatro regidores de la ciudad casi la
    mitad son miembros de la nobleza regional o están
    emparentados con ella muy directamente. En los años
    finales de este siglo la pérdida de influencia del
    municipio cordobés sobre los lugares vecinos y la
    anulación de la autonomía en la mayor parte de los
    grandes núcleos de población de la Campiña, son hechos
    prácticamente irreversibles.

    A principios del
    siglo XV encontramos núcleos de población sometidos
    ya bajo un poder
    señorial ya constituido: Aguilar, Baena, el Carpio,
    Morente, Luque, Montilla.. .otros se encuentran en proceso de
    señorialización : Cabra, Cañete, Espejo,
    Priego….y finalmente, núcleos de población
    presionados, por un creciente proceso de
    señorialización en torno suyo:
    Córdoba, Bujalance, Santaella y Montoro

    Pocas son las poblaciomnes que se pueden considerar
    libres de un progresivo estado de de
    dependencia señorial.

    A finales de este último siglo, Córdoba y
    su Reino se encuentran inmersos en un proceso bastante avanzado
    que correspondería a las siguientes características:
    señorialización creciente apreciable en las
    mercedes regias de distintos lugares e intromisión de la
    oligarquía nobiliaria de forma cada vez más acusada
    en los puestos de la administración municipal o militar, y , en
    segundo lugar, adquisición por parte de esta
    oligarquía , de bienes
    raíces en forma de casas en los núcleos de
    población más importantes y de tierras de labranza
    que contribuirán a reforzar desde el punto de vista
    económico su ya preeminente posición
    jurídica y social.

    EL ESTAMENTO POPULAR

    La inmensa mayoría de los habitantes de
    Córdoba y de su Reino son campesinos. Campesinos que
    trabajan en los grandes cortijos de la nobleza y de la
    burguesía.

    Un grupo no muy
    grande, posee pequeñas propiedades en los ruedos de la
    ciudad y de villas o bien trabaja en los pequeños huertos
    unidos a la propia vivienda.

    Al lado de la masa rural encontramos otro sector del
    estamento popular que dedica su tiempo a tareas
    no agrícolas, son innumerables los menestrales de los
    medios
    urbanos, los herreros, los albañiles, carpinteros,
    armeros, silleros, canteros etc.

    Los cristianos formaban la mayor parte de la
    población, gentes procedentes de distintas provincias como
    eran los castellanos, leoneses, navarros, gallegos y
    asturianos

    La historia de este incontable
    grupo humano
    la hemos podido seguir a través de uno de sus aspectos
    más trágicos, porque tras el optimismo de las
    conquistas del siglo XIII y el consiguiente repartimiento, es un
    pueblo cuyo destino a lo largo de la Baja Edad Media
    será sufrir. Sufrir epidemias, carestías, alza de
    precios,
    hambres…

    Sus dificultades económicas comenzarán a
    partir del último cuarto del siglo XIII, según ha
    demostrado el profesor G. Jiménez, para prolongarse hasta
    la segunda mitad del siglo XV, pero el siglo XIV se nos muestra
    especialmente crítico.

    La primera gran crisis de este
    siglo en Córdoba llega con la Peste Negra que se inicia en
    la ciudad a partir de marzo de 1349. Su intensidad parece que se
    mantuvo hasta la mitad del mes de agosto del mismo año.
    Pero esta calamidad no produciría el mayor descenso
    demográfico del siglo. La peste de los años 1363-64
    alzó una situación bastante más grave que
    con la peste anterior: se comprueba una extensa mortandad unida a
    una intensa carestía de dinero. La
    carestía y la epidemia, máximos ingredientes de un
    trauma fisiológico, se coaligan en estos
    años.

    La fecha 1375 señala el cúlmen más
    agudo de otra nueva crisis que
    llega cuando aún se padecen las consecuencias de la
    anterior. Se trata en este caso de una crisis de
    carácter exclusivamente económico que de nuevo
    podemos constatar en 1383 y 1386-87.

    Así, el pueblo llegaba a finales del siglo de los
    desastres diezmado, famélico y físicamente
    deshecho. Estos acontecimientos fueron germen de revueltas como
    se demostraría en el Robo de la Judería en el
    año 1391 y en los robos e incendios de
    casas y haciendas de conversos- detentadores del poder
    económico y social en Córdoba tras la
    desaparición de la judería – ocurridos en
    1479.

    LAS MINORÍAS Y SU COMPORTAMIENTO:

    JUDÍOS Y MUSULMANES

    La documentación existente ofrece grandes
    posibilidades para el estudio tanto de la minoría
    judía como de la musulmana como elementos de suma
    importancia en la composición de la población
    cordobesa durante estos siglos.

    El planteamiento y la exposición de la
    problemática judía en Córdoba de este
    período se encuentran condicionados por el comportamiento
    y relaciones anteriores a la conquista de Córdoba por
    Fernando III entre esta minoría étnica y religiosa
    con la Monarquía castellano-leonesa, con la Iglesia y con
    el pueblo.

    La posición jurídica de la
    población judía en la ciudad venía ya
    señalada y determinada por el Fuero de Córdoba en
    el que se mandaba que ningún judío, ni judío
    converso pudiera tener autoridad
    sobre ningún otro cristiano. Pero, a pesar de semejante
    restricción, los judíos contaron siempre con el
    apoyo de la Monarquía aún en la
    desgracia.

    Los judíos cordobeses, en su mayoría,
    vivían reducidos en el barrio de la judería.
    También lo hicieron, a partir de 1260, en las calles y
    barrios más próximos a la judería. Su
    radio de
    acción y su residencias se alejaron aún más
    de su núcleo original llegándose a instalar en La
    Puerta de Hierro y en
    Realejo de San Andrés. Esta ampliación a sectores
    urbanos en los que se podrían encontrar indefensos,
    muestra el
    grado de seguridad que
    obtuvieron y se les concedió en Córdoba durante la
    segunda mitad del siglo XIII y casi todo el XIV.

    Hecha una recensión de los oficios que ocupaban
    los judíos cordobeses encontramos en primer lugar, los
    almojarifes, y después a escala artesanal,
    alfayates, ceradores, tejedores, bodegueros, albañiles,
    tenderos etc., corredores y recaudadores.

    No resulta posible, por ahora dar una cifra exacta del
    número de judíos que vivieron en la Córdoba
    medieval cristiana. Como toda comunidad, y esta
    con más razón por sus peculiaridades, la cordobesa
    contaba con todos los servicios
    necesarios. Para la vida de la aljama dispone de servicios
    religiosos, de seguridad y orden
    a más de salvaguardar el cumplimiento de algunas leyes
    específicas de la ley
    judía.

    Su estilo de operaciones
    mercantiles en Córdoba confirma la opinión de que
    los únicos que en Castilla conocían el valor del
    dinero eran
    los judíos. Porque en Córdoba se nos descubren
    nuevos aspectos desconocidos en la relación de los
    judíos con el
    dinero-moneda.

    No resulta fácil aportar datos concretos
    sobre el tema de los préstamos e intereses ya que las
    leyes
    regulaban el interés.
    En manos de los judíos vemos a conquistadores de
    Córdoba, terratenientes y eclesiásticos. Nada
    sabemos de la actuación de los judíos con el pueblo
    llano, pero su comportamiento
    debió ser más duro y exigente que con los
    estamentos superiores.

    Por ello el desquite no se hizo esperar. En 1391 el
    pueblo ataca la judería con la expresa finalidad de robo
    matando a unos y obligando a convertirse a los más. Era el
    fin de la tan celebrada Judería cordobesa bajomedieval.
    Las motivaciones socio-económicas del robo de la
    judería
    si no explican enteramente dicho acto,
    sí al menos ofrecen un cuadro de casualidades evidentes si
    se relacionan con el cuadro ya descrito que sufre el pueblo
    cordobés al final de esta centuria.

    En cuanto a la problemática que presenta la
    minoría musulmana es completamente diferente: en este caso
    se trata de los vencidos. La cláusula impuesta por
    Fernando III el día de la Capitulación en 1236
    imponía el exilio a los musulmanes a quienes sólo
    se respetaría su vida y libertad. A
    los pocos años de la conquista, en 1241, la
    documentación reconoce la existencia de la Morería
    cordobesa, se trata de la legislación foral sobre
    relaciones entre cristianos y musulmanes en la ciudad y su
    término.

    La revolución
    mudéjar de 1263 obligó a los castellanos a un
    replanteamiento de la situación social y jurídica
    de los musulmanes, las consecuencias de esta temible
    sublevación, según cuentan los cronistas
    contemporáneos, en la morería de la ciudad parece
    se manifiestan en la imposición, por parte de las
    autoridades cristianas, de cargas tales como trabajos
    obligatorios y gratuitos en la conservación de la Mezquita
    y aportaciones para la reparación de las murallas de la
    ciudad.

    La comunidad
    mudéjar parece ocupada en los trabajos campesinos, en los
    oficios de zapatería, alarifes, caleros, herreros,
    carpinteros etc. Los de los pueblos se engloban en el grupo de los
    campesinos a jornal o bien se arriendan en tierras de
    cristianos.

    No conocemos ni la localización por barrios ni el
    número de los mudéjares cordobeses en el s. XIII,
    pero en el censo de los moriscos de 1582 su distribución en algunas colaciones
    es:

    COLACIONES NÚMERO MORISCOS

    San Salvador 150

    Santa María 589

    Omnium Sanctorum 138

    San Andrés 539

    La Magdalena 79

    Santa Marina 166

    San Miguel 54

    Total…………………………………………………………………1.769

    Datos muy parciales ya que no existen para otras
    parroquias, según O. Belmonte el 70 u 80 por ciento de los
    mudéjares en tales fechas procedían de Granada y
    sólo el resto eran cordobeses o bien descendientes de
    aquellos musulmanes que regresaron a Córdoba tras la
    conquista.

    El asentamiento de la comunidad
    mudéjar, su aljama, al menos la principal, estaría
    situada en torno a la
    llamada calle Morería en la parte más septentrional
    de la villa, y la morisca, procedente sobre todo de Granada, en
    la calle de Los Moriscos que desemboca en la plaza de Santa
    Marina.

    Por último, aunque no en el momento de la
    conquista, pero a finales del siglo XIII existía en
    Córdoba una colonia de extranjeros -francos, genoveses y
    florentinos- establecidos en lo que se llamó "Barrio de
    los Francos" por similitud al ya existente en Toledo.

    LA CIUDAD EN EL SIGLO XIII

    De 1236 a 1241 Córdoba atraviesa una serie de
    vicisitudes: el regreso a sus hogares de las huestes que
    habían realizado la conquista, pudo poner en peligro los
    éxitos logrados mediante conquista, peligro que se
    solucionó dejando en la ciudad una guarnición de
    caballeros por orden del rey. Por otro lado, la
    superpoblación que estaba sufriendo Córdoba a
    raíz del regreso masivo de cristianos provocó la
    escasez de viviendas y hambres. De 1238 a 1241 Fernando III
    vuelve para dirigir personalmente la reorganización de
    Córdoba.

    EXTENSIÓN DE CÓRDOBA EN EL S.
    XII

    El repartimiento urbano de Córdoba es una
    materia
    todavía sin estudiar, sólo sabemos de ella a
    través de una serie de artículos y referencias
    indirectas sobre parroquias establecidas por Fernando XIII y
    conventos aparecidos en el s. XIII, de tal forma que con tan
    escasa información deducimos cual fue la
    Córdoba que pasaron a habitar los cristianos

    Las parroquias erigidas por Fernando III fueron catorce,
    siete en la Madina y siete en la Ajarquía, su
    localización es lo suficientemente dispersa como para
    poder concluir
    que, sin lugar a dudas, la Córdoba de este siglo
    tenía una extensión aproximadamente igual a la de
    la Madina y Ajarquía árabes, extensión que
    se mantuvo, según parece confirmar un mapa de la ciudad de
    1811, con pocas ampliaciones y que subsiste hasta principios del
    siglo XX.

    De este conjunto, al momento de la conquista, la Madina
    estaba perfectamente amurallada, al igual que la Ajarquía
    como así lo afirma J. González. En cuanto a la
    exacta delimitación de las murallas de la Ajarquía
    en la época de la conquista, resulta imposible tanto por
    la ausencia de descripción literaria como por la
    dificultad arqueológica de su reconstrucción. Sin
    embargo sí resulta posible afirmar el origen de las
    murallas que probablemente fueron almohade y almorávide, y
    seguiría un trazado similar al que luego se
    estableció en el resto de la Edad Media y
    Moderna.

    ESTUCTURA URBANA

    Tras la conquista, la ciudad de Córdoba mantuvo
    su centro comercial, artesano y eclesiástico-
    administrativo en torno a la
    Mezquita, prueba de ello es que inmediatamente después de
    la reconquista fue erigida en Iglesia
    Catedral y que el Alcázar de los Reyes Católicos se
    construyera no muy lejos de ella.

    Esta afirmación viene corroborada en el aspecto
    económico por las donaciones que se conocen de locales
    comerciales y la toponimia tradicional de las calles circundantes
    a la catedral, que llevan nombres indudablemente medievales
    referentes a oficios artesanos o labores comerciales.

    Según estos datos, el centro
    económico en el s. XIII, estaba en la antigua Madina, al
    este de la catedral, centro que se extendía hacia el este,
    hacia la Ajarquía, exactamente igual que en época
    musulmana.

    Los motivos de esta similitud probablemente fueron para
    evitar discordancias, estando el centro político y
    religioso en la Catedral, el centro económico cerco del
    puerto fluvial que seguía funcionando activamente y que
    implicaba también la ubicación en la zona la
    Aduana.

    La cercanía al río Guadalquivir
    permitía las comunicaciones
    con todo el sur y oeste andaluz, que además acogía
    favorablemente el comercio de
    pescado traído en barco desde Sevilla.

    Pronto la zona económico-comercial de
    Córdoba empezaría a emigrar hacia el
    norte.

    EVOLUCIÓN URBANA A PARTIR DEL SIGLO
    XIII

    Desde los siglos XIII al XVIII la ciudad de
    Córdoba carece de expansión, víctima de una
    economía
    estancada, enferma demografía y modos de vida sin renovar.
    Sin embargo en tan dilatado tiempo hubo una
    serie de reformas, aunque escasas que merece la pena
    mencionar.

    TRAZADO DE LAS MURALLAS

    Las murallas no eran reformadas, aparte por las razones
    ya citadas, por otras de tipo militar que prohibían la
    construcción de casas fuera de las murallas
    para evitar que se impidiera el libre acceso al camino de ronda,
    la seguridad
    obligaba que no hubiera casas extramuros ya que el enemigo
    podía hostilizarlas perdiendo de tal modo la muralla su
    función defensiva.

    A pesar de las prohibiciones, se localizaron en estos
    lugares algunos arrabales que crecieron a lo largo de la Baja
    Edad Media y
    Moderna.

    La longitud de las murallas fueron medidas
    meticulosamente en ele siglo XVI por el regidor Andrés
    Padilla y Morales dando como resultado un perímetro de
    7278 metros. Estas murallas se comunicaban con el exterior a
    través de trece puertas de servicio, que
    no fueron todas coincidentes plenamente con las que conocemos de
    época musulmana y romana.

    Al norte: Puerta de Osario, antigua puerta de tiempos
    romanos y califales; Puerta del Rincón; la de Colodro cuyo
    nombre le viene de uno de los asaltantes cristianos de
    época de la reconquista, y la de la Misericordia. No
    existiendo buena visibilidad de la muralla entre la Puerta de
    Colodro y la del Rincón se hizo preciso construir una
    torre albarrana que fue la famosa torre de la malmuerta, nombre
    que debe a una oscura leyenda que dice que un califa
    emparedó en ella a una de sus mujeres por el delito de
    infidelidad.

    Las orientales eran: la de Plasencia y la de
    Andújar, ambas probablemente de época árabe;
    más al sur, por último se encontraba la Puerta de
    Baeza.

    En la parte meridional había dos, la del Sol y la
    del Puente. Esta última era la más importante de la
    ciudad, puesto que canalizaba todo el tráfico con el sur a
    través de un puente romano y aunque existía desde
    la antigüedad, fue reconstruida con estilo herreriano en
    1571. De

    la Puerta del Sol a la desembocadura de la calle San
    Fernando, la muralla era, en su parte inferior, de época
    romana, al oeste la muralla fue levantada para defensa del
    Alcázar de los Reyes Cristianos en el siglo
    XIV.

    El lado occidental de la muralla contaba con tres
    puertas: la Puerta de Gallegos, la de Almodovar y la Puerta de
    Sevilla, las dos primeras coinciden con otras dos existentes en
    tiempos romanos, siendo la tercera modificada durante la Edad Media,
    aunque equivalente a una anterior.

    El Alcázar es esencialmente obra de Alfonso XI,
    aunque en él realizaron también modificaciones los
    Trastamaras y los Reyes Católicos. El barrio de San
    Basileo debe su nombre actual al convento de monjes de dicha
    orden que se establecieron ahí en el siglo XVI , pero sus
    orígenes se remontan al privilegio que dio Enrique III a
    sus ballesteros para que allí se establecieran. El
    cerramiento de este sector y su incorporación al recinto
    amurallado, según Castejón, es realizado en el s.
    XIV por Enrique II, quien erigió las defensas militares de
    Córdoba para protegerla de incursiones
    granadinas.

    REFORMAS URBANÍSTICAS

    Dentro de un rígido y estable trazado
    urbanístico de tiempos árabes, pocas modificaciones
    se realizaron en la Córdoba de intramuros, las
    renovaciones y modificaciones realizadas se pueden reducir a
    tres.

    En primer lugar, se procedió a urbanizar la zona
    comprendida entre el muro oriental de la Madina árabe y la
    neta separación de esta con la Ajarquía, la
    ejecución tiene como resultado la aparición del eje
    urbano más importante de Córdoba, que desde la
    Puerta Piscatoria, por la calle Mayor, se dirige en línea
    recta hacia la Puerta del Rincón.

    En segundo lugar, la creación de la plaza Mayor
    de Córdoba, llamada más tarde de la Corredera, para
    edificar junto a ella cárcel, pósito y casa de los
    corregidores y en cuyo recinto se celebraban corridas de toros,
    justas, ahorcamientos y autos de fe de
    la Inquisición.

    Durante el siglo XVI se acordó hacer un
    andén desde el Rastro a la Puerta del Puente sobre las
    ruinas de varias casas y restos de la antigua muralla, en 1574 se
    plantó una alameda desde el molino de la Albolafia a la
    fuente de las arcas, que desplazó el Campillo como lugar
    de recreo.

    Las tres reformas del trazado urbano nos ilustran sobre
    el cambio de la
    estructura
    funcional en relación con el siglo XIII.

    El centro económico de Córdoba, como ya
    dijimos mencionamos antes, se empieza a desplazar, cada vez
    depende menos de del religiosos administrativo
    –Mezquita/Alcázar- y se desplaza hacia el este
    pasando la plaza del Potro a constituirse en dicho centro
    mercantil ganadero ya en el siglo XIV, será el centro de
    contratación de los jornaleros para trabajos
    agrícolas, y también centro de pícaros,
    truhanes y vendedores que tanta importancia tienen en el siglo de
    Oro español, razón por la cual muchos escritores
    clásicos españoles citan dicha plaza como
    típicamente cordobesa

    A su vez, este desplazamiento del centro comercial
    cordobés a la Plaza del Potro fue posible porque su
    emplazamiento mediaba entre la calle Real, eje viario de la
    Córdoba de entonces, y la plaza Mayor que cada vez se
    define más como centro administrativo y
    recreativo.

    La función económica de la plaza del Potro
    no es incompatible con que ella también se desarrollase a
    lo largo de la calle Real y en sus alrededores,

    A partir del siglo XIV se conoce el emplazamiento de
    establecimientos comerciales en dicha zona. Esta dirección de los establecimientos
    económicos cordobeses hacia el norte es un lento proceso
    en busca del actual centro urbano que es la Plaza de las
    Tendillas.

    LAS FUNCIONES URBANAS
    DE CÓRDOBA EN LA EDAD MEDIA Y
    MODERNA

    Hasta la definitiva conquista del Reino de Granada,
    cordoba siguió desempeñando una clara
    función militar.

    Ello articuló un sólido sistema defensivo
    en toda la Campiña para protegerse de los musulmanes
    granadinos, fue centro de partida de operaciones para
    las grandes campñas de la Reconquista, por ejemplo las de
    Alfonso XI y Reyes Católicos, y proporcionó para
    tales fines hombres, dinero y
    cuantiosos bienes
    materiales.

    Después de desaparecer dicha frontra,
    Espeña se lanza a otra gran epopeya: la conquista de
    América. Pero Córdoba carece
    aquí de papel
    principal, función que sería legada a las
    provincias de Sevilla y Cádiz, como centros de organización y partida hacia América.

    Durante toda la época cristiano-medieval y
    moderna, Córdoba es un gran centro agrario de primer orden
    y con influencia en toda la campiña. Esto fue posible no
    sólo porque Córdoba tenía una extensa y muy
    fértil jurisdicción, sino también porque los
    grandes latifundistas de la Campiña, entonces nobles,
    tenían en casi su totalidad sus casas solariegas en esta
    ciudad.

    Y por último, en este largo período,
    Córdoba no desempeña destacada función
    industrial o comercial. La industria
    pañera y sedera le confirió cierto espendlor en el
    s. XVI y XVII, pero fue pasajero y limitado.

    Comercialmente, aún existiendo hasta el siglo XVI
    la navegación entre Córdoba y Sevilla, que tanta
    vida ecónómica le había proporcionado en
    tiempos anteriores, con posterioridad desapareció y los
    sucesivos proyectos de
    hacer navegable el Guadalquivir no se concretaron en nada
    práctico.

    Así, pues, Córdoba vio reducido su
    comercio al
    terrestre, que no traspasaba los límites del autoconsumo
    local.

    En este terreno económico no le alcanzó lo
    más mínimo los beneficios que supusieron el
    relanzamiento económico de España en
    el siglo XVIII.

    A pesar de las excelencias de la ciudad de
    Córdoba esta pasa de ser docta, opulenta y rica a
    despoblada y pobre

     

     

    Autor:

    Belén Suárez de Lezo

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