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Religión Islámica




Enviado por argaix



    Introducción

    Arabia
    Preislámica:

    La religión
    islámica está íntimamente ligada a la
    región geográfica y al país en que se
    originó. La península de Arabia, de clima tropical,
    árida e inhóspita en buena parte de su
    extensión, fue cuna del islamismo, una de las religiones más
    importantes del mundo actual. Lo fue, en su zona occidental
    contigua al Mar Rojo, situada al norte de la región
    montañosa del Yemen, más rica en aguas y asiento de
    culturas antiguas, en decadencia en la época en que
    vivió el profeta del Islam. La zona
    mencionada abarca el extremo noroeste de la península de
    Arabia y contaba con buenos oasis y ciudades muy activas gracias
    a su privilegiada situación entre Siria y los fabulosos
    mercados de la
    India. El ir y
    venir de los mercaderes, con el trasiego de mercancías,
    llevó a esta región, llamada Hedjaz, ideas de otros
    países y culturas que no dejaron de influir en los
    habitantes de los centros urbanos, antiguos beduinos vueltos
    sedentarios en su mayor parte, mientras las tribus de pastores
    nómadas se mostraban menos propicias a contactos e
    innovaciones.

    El camello con su gran resistencia a la
    sed, era el medio de transporte
    más eficaz para las caravanas que recorrían las
    tierras desérticas. Y el beduino, podía convertirse
    según las circunstancias en amigo o enemigo del mercader
    forastero, pero su trato era deferente, su hospitalidad
    proverbial y su curiosidad despierta. Aficionados a la poesía.
    lírica aunque vigorosa y realista, han conservado con ella
    tradiciones preislámicas

    Creencias de la Arabia
    preislámica:

    Sus creencias en un polidemonismo, o
    pluralidad de espíritus protectores que residen en
    el agua, los
    bosques y las piedras, están enraizadas en el viejo
    panteón de los antiguos semitas. En especial, las piedras
    eran objeto de veneración. En la ciudad de La Meca
    existía desde muy antiguo un santuario que centraba las
    peregrinaciones de los beduinos. Este santuario, de planta
    rectangular, con un gran patio central a cielo abierto,
    había ido recogiendo, con el tiempo, los
    ídolos de muchas tribus y familias, convirtiéndose
    en el panteón preislámico por excelencia. De todos
    estos ídolos, el más importante era una piedra
    basáltica negra, tal vez un aerolito, que
    constituía el gran fetiche de los joraichitas, a la que
    algunos identifican con Húbal, la divinidad
    principal.

    El santuario de la
    Caaba:

    El santuario mequés de la piedra
    negra
    o piedra sagrada ha perdurado hasta nuestros
    días tras sucesivas modificaciones; siendo la
    última importante ña del siglo XVII. La planta del
    santuario propiamente dicho, rectangular, mide diez por doce
    metros. Todavía se conserva y venera la piedra
    basáltica, engastada en su extremo sur oriental, a metro y
    medio del nivel del suelo, y el pozo
    sagrado de Zemzem para las abluciones. Continúan
    practicándose viejas normas rituales
    de origen mágico. Y la Caaba sigue siendo centro obligado
    de visita en las peregrinaciones islámicas a La
    Meca.

    Prácticas
    rituales:

    Entre las prácticas religiosas de las
    distintas tribus sobresalía, con carácter
    unificador, el culto a las piedras (litolatría), en
    especial a las "piedras divinas" o aerolitos, caídas del
    cielo, que también se hallan entre los primitivos hebreos
    ( adoración de betilos).

    Junto a los dioses protectores de las distintas
    tribus, se precisan tres divinidades femeninas, entre ellas
    Uzzá, asimilable a la Venus asiática, con un
    santuario propio en Nákhlah. Estas divinidades estaban
    supeditadas al "dios protector de la tribu" que recibía el
    nombre genérico de Alláh (dios). Pero no
    cabe pensar en un culto monoteístico anterior a Mahoma. Se
    conocían los sacrificios, en general de camellos, que
    tenían lugar en ciertas épocas del año en
    los santuarios tribales. Los fieles se reunían en ellos,
    se rapaban la cabeza en señal de penitencia y participaban
    en la comida ritual, comiendo de la carne del animal inmolado.
    Las procesiones y las vueltas en torno del
    santuario, con cánticos y aclamaciones, constituían
    el suplemento de estas ceremonias primitivas. No existía
    clase sacerdotal, aunque sí guardianes en los santuarios,
    y arúspices (sacerdotes de la antigua Roma que
    examinaba las entrañas de las víctimas para hacer
    presagios: Lat. haruspex) y adivinos que predecían
    el porvenir.

    Precursores de Mahoma:

    La tradición islámica se
    refiere a la aspiración de las tribus litolátricas
    de la Arabia preislámica a una vida mejor. La investigación admite la creencia en seres
    maléficos ultraterrenos, pero no permite vislumbrar la
    noción concreta de una vida futura o de la inmortalidad
    del alma. Se conocen algunas figuras privilegiadas del Hedjaz,
    anteriores a Mahoma, que profesaron un monoteísmo no
    identificable con el judío ni con el cristiano, que
    rechazaron las creencias y prácticas de sus
    contemporáneos, y que luego se mantuvieron apartadas de la
    renovación islámica. Se ha pensado que estas
    figuras se inspiraron en los gnósticos. La
    tradición les llama hanifs. De hecho, son
    precursores que preparan el ambiente para
    la labor sintetizadora de Mahoma, aunque luego disientan del
    profeta.

    Mahoma:

    El Profeta del Islam, Mahoma o
    Muhammad, también llamado Ahmad en el Corán,
    nació "el lunes 9 del mes de Rabi-Awal" (20 de Abril del
    año 571 d. C.). Pertenecía a la familia de
    los hachemitas, de ascendencia aristocrática, pero de
    posición humilde. Su padre, Abdalláh, y su madre,
    Amina, fallecieron siendo él muy joven. Se desconoce la
    mayor parte de su niñez y juventud, en
    que la tradición islámica supone que realizó
    varios viajes,
    estableciendo contacto con monjes cristianos. Su abuelo, abd-
    al-Muttalib y al fallecer éste, su tío, Abu Talib,
    recogieron al muchacho huérfano y procuraron su educación, en parte
    junto a su primo Alí.

    A los veinticinco años, cuando ya se
    hallaba entrenado en el negocio caravanero, casó con una
    viuda rica, Jadicha, cuarentona, de la que tuvo varios hijos,
    sobreviviéndole tan sólo su hija Fátima, que
    casó con Alí. Del matrimonio del
    primo de Mahoma con su hija, surgiría la familia de
    los descendientes legítimos del profeta. "Abul Feda,
    príncipe de Hama a comienzos del siglo XIV, describe de
    este modo a Mahoma: era de talla mediana; tenía la cabeza
    grande y muy fuertes las manos y los pies; era de recios huesos y cuerpo
    vigoroso; su barba espesa, la color rosada, los
    ojos negros, muy agradable y noble rostro, lacio el cabello y el
    cuello blanco y terso como el marfil
    ".

    A los treinta años de edad (601 d.C.)
    experimentó una crisis
    espiritual en la que "recibió" el Corán, tras
    visiones nocturnas en las que "la sabiduría eterna
    selló sus leyes"
    (Corán 44,3). El destino humano le preocupaba: "Los
    incrédulos dicen: sólo tenemos una muerte que
    sufrir y no resucitaremos" (Corán 44, 33 y 34). El
    pensamiento en
    el más allá motivó su conversión:
    "Acuérdate del nombre de tu Señor y sepárate
    de todos los demás, para entregarte por completo a
    Él" (Corán 73,8). "Él es el Señor del
    Oriente y Occidente; no hay más Dios que Él:
    tómale pues, oh Mahoma, por tu patrono" (Corán
    73,9). Esta afirmación monoteísta y la creencia en
    la resurrección, que aparecen en el judaísmo y en
    el cristianismo,
    debían significar una ruptura con el pasado
    preislámico y erigirse en puntos clave de la nueva
    religión.

    Cuando Mahoma, percatado de su misión,
    que creía inspirada por Dios a través del
    arcángel Gabriel, empezó a predicar en La Meca,
    chocó con la indiferencia de sus conciudadanos y muy
    pronto, con la oposición abierta de los ricos, a quienes
    molestaba su mensaje de justicia
    social. Alláh, clemente y misericordioso, le llevó
    durante la noche "al templo lejano de Jerusalén (la
    tercera ciudad santa de los islamitas), cuyo recinto bendijo para
    hacerle ver sus milagros" (Corán 17,1). Esta
    división debía reconfortarle, pero el número
    de prosélitos seguía siendo exiguo, reducido al
    círculo de sus parientes y amigos íntimos. Dos de
    éstos, Abu Bekr y Omar, espíritus resueltos,
    figuraban entre sus primeros seguidores.

    La Hégira:

    Tras un intento de hacer conversos entre
    los habitantes de Taif, entró en contacto con
    árabes de Yatrib que le invitaron a ir a su ciudad. La
    Emigración o hégira de La Meca a Yatrib tuvo
    lugar el 16 de julio del año 622, fecha que señala
    el inicio del calendario musulmán. Mahoma contaba entonces
    cincuenta y un años de edad, e iba a cambiar de
    táctica. A la finalidad puramente espiritual de
    conversión de los árabes añadía el
    recurso bélico. Yatrib que sería desde ahora la
    "ciudad del profeta" (Madinat al-Nabi) o Medina, se
    convertiría en centro de sus operaciones. La
    "guerra santa"
    contra los mequeses infieles estuvo declarada cuando Mahoma hubo
    hecho los primeros prosélitos entre los medineses y
    obtenido la jefatura de la ciudad.

    Los medineses le apoyaron con tesón.
    Mahoma procuró, de momento, contemporizar con los
    judíos, arbitrar entre las distintas tribus rivales y dar
    unidad al pueblo árabe, declarando el vínculo de la
    fe islámica superior al de la sangre.

    El Islam se iba a
    convertir en una teocracia capaz de humillar a los infieles. Los
    joraichitas fueron los primeros en experimentarlo en Badr (624),
    dedicándose a preparar la revancha desde La Meca y
    logrando derrotar a los musulmanes en Uhud (625). Mahoma, herido
    en la refriega, se rehizo pronto y reavivó el ánimo
    de sus gentes lanzándolas a asaltar las caravanas
    mequesas. Beduinos del desierto y abisinios acudieron a la
    llamada de La Meca para aniquilar las huestes de Mahoma,
    bloqueándolas en Medina (627) durante un mes y
    retirándose más tarde sin haber pasado el foso que
    mandara construir el profeta para proteger la
    ciudad.

    El fracaso de los atacantes permitió
    llegar a una avenencia con los poraichitas mequeses. Mahoma
    ensayó la vía diplomática y entró en
    tratos con La Meca, en espera de poder
    conquistarla. Casó incluso con Umm Habiba, hija de un
    joraichita notable, Abu Sufyan, y éste le facilitó
    la entrada en la ciudad (630). Dos años después de
    su retorno a La Meca, cuando contaba sesenta y uno de edad, el 8
    de junio del 632, falleció el profeta en Medina. A su
    muerte, tan
    sólo la región del Hedjaz podía considerarse
    bastante islamizada. El espíritu tribal revivió.
    Los beduinos se separaron. La sucesión fue discutida,
    recayendo al fin en el padre de la favorita del profeta, Aicha, y
    amigo íntimo en los momentos duros de los comienzos de la
    predicación islámica: Abu Bekr, primer
    califa o vicario del profeta.

    El Islam:

    La doctrina predicada por Mahoma fue
    recogida en el Corán, libro sagrado
    de los musulmanes y en el conjunto de la Sunna o Tradición
    islamita. El Profeta no redactó obra alguna; se
    había limitado a predicar el Islam, religión nueva cuyo
    principio básico consiste en la sumisión plena a la
    voluntad de Alláh, el Dios único.

    El Islam iba a triunfar sobre el paganismo de los
    árabes, asimilando en parte sus tradiciones y
    lograría una expansión rápida por Occidente
    y Oriente. Antes de examinar estos aspectos, no obstante,
    conviene que nos detengamos un poco en la esencia de su
    doctrina.

    La profesión de fe ( XAHÁDA
    ), RESUME LA EXPRESIÓN DE LA FE ISLÁMICA EN LA
    FRASE: "No hay más Dios que Alláh y Mahoma es su
    profeta
    ". El Corán la glosa así: "¡ Oh
    fieles!, creed en Dios, en su Enviado, en el libro que
    Alláh envió a su profeta Mahoma y en las escrituras
    que envió antes. Pues el que no creyere en Dios, en sus
    ángeles, en sus libros, en sus
    profetas y en el juicio final, se halla en un error lejano de la
    verdad" (Cor., 4,135). El poderío
    de Dios es infinito (Cor., 11,4), pero "el Señor es el
    más equitativo de los jueces (Cor., 10,109), es clemente y
    misericordioso" (Cor., 10,107)

    Acaso la mejor expresión de fe en
    Alláh se halle en el siguiente versículo: "El que
    busca la verdadera grandeza la encuentra en Dios, fuente de donde
    manan todas las perfecciones": (Cor., 35,11)

    La oración (SALÁT): Elevad
    plegarias, haced limosnas, inclinaos sumisos …" (Cor., 2,40).
    "Queremos que el lugar a donde tu diriges tus ruegos te sea
    grato. Vuelve tu frente hacia el templo de Haram (la mezquita
    sagrada de La Meca). En cualquier lugar donde te halles, dirige
    tus miradas hacia el santuario augusto". (Cor., 2,139)
    "¡Oh, creyentes! No oréis cuando estéis
    embriagados; esperad a poder
    comprender vuestras plegarias. No oréis tampoco cuando
    estéis sucios. . . frotaos el rostro y las manos con polvo
    si no tenéis agua". (Cor.,
    4,46). "Cumplid con todas las oraciones; pues la oración
    prescrita a los creyentes tiene fijadas diferentes horas". (Cor.,
    4,102). "Haced la oración al nacimiento del día, a
    la puesta del sol y por la noche". (Cor., 11,116).
    "Entrégate a la oración, desde el momento en que
    empieza a declinar el sol, hasta que
    haya entrado la oscuridad de la noche; y a la lectura del
    Corán en la aurora…" (Cor., 17,79). "Cumplid exactamente
    las plegarias, sobre todo las del mediodía. Alzaos y rogad
    con devoción. Si tuviereis miedo podéis hacer la
    plegaria marchando, ya a pie ya a caballo…" (Cor., 2,239 y
    240).

    Pero, en la azora de la caridad añade:
    "¡Desgraciados de los que hacen la oración y la
    hacen con negligencia! O la hacen por ostentación, y se
    niegan a socorrer a sus semejantes": (Cor., 107,
    4-7)

    El ayuno ( Sawm)

    "¡Oh creyentes! Está escrito que
    seréis sometidos al ayuno como lo fueron vuestros padres,
    a fin de que temáis al Señor. Los días de
    ayuno son contados, y el que estuviera enfermo o en viaje,
    ayunará después un número de días
    igual" (Cor., 2, 179 y 180). "El mes del Ramadán, en el
    cual el Corán ha descendido del cielo para ser la
    guía, la luz de los
    hombres y la regla de sus deberes, es el tiempo destinado
    a la abstinencia… La comida y la bebida os son permitidos hasta
    el instante en que podáis distinguir, a la naciente
    luz del
    día, un hilo blanco de un hilo negro. Cumplid en seguida
    el ayuno hasta la noche; alejaos de vuestras mujeres y llenad el
    día con vuestras plegarias". (Cor., 2, 181 y
    183)

    Limosna ritual ( Zakah)

    "… dad limosna; el bien que hagáis lo
    hallaréis cerca de Dios, que ve vuestras acciones".
    (Cor., 2,104) …¡no anuléis el mérito de
    vuestras limosnas, con la murmuración y la iniquidad!…
    (Cor. 2,266). !Haced limosnas de los bienes que
    hayáis adquirido y de los que hemos hecho surgir de
    la tierra; no
    escojáis la peor parte de lo que tengáis para las
    dádivas. No ofrezcáis aquello que no quisierais
    recibir": (Cor., 2,191). "La limosna que hagáis y el voto
    que hayáis prometido, serán conocidos del cielo":
    (Cor., 2,273).

    Peregrinación a La
    Meca

    "Cumplid la peregrinación a La Meca, por
    lo menos una vez a la vida, y la visita al Templo, en honor de
    Dios. Si tenéis impedimento, ofreced al menos un
    pequeño regalo. No afeitéis vuestras cabezas hasta
    que las víctimas hayan llegado al lugar donde deben ser
    inmoladas. Quien por enfermedad u otro accidente, se viera
    obligado a afeitarse antes de este momento, tendrá por
    expiación el ayuno, la limosna o la ofrenda. Cuando ya no
    tenga nada que temer, aquel que emprende el peregrinaje a La
    Meca, ofrecerá, después de haber visitado los
    santos lugares, tanto como su peculio le permita. Y quien nada
    pueda ofrecer, ayunará tres días durante el viaje y
    siete después de su regreso … La peregrinación se
    hará en los meses prescritos… Tomad provisiones para el
    viaje y sabed que la mejor provisión es la piedad…
    Cuando regreséis del monte Arafat, acordaos del
    Señor cerca del momento de Haram. Haced en seguida
    procesiones en los lugares donde los otros las hacen e implorad
    la clemencia del Señor". (Cor., 2,
    192-195).

    La guerra santa (
    Jihad )

    Un sexto precepto cabe añadir a los
    cinco apuntados: el de la Guerra Santa o
    Jihad. "Combatid por la defensa de la fe…" (Cor., 2,245).
    "Combatid con denuedo bajo los estandartes de Dios…".(Cor.,
    22,77). "Combatid a vuestros enemigos en la guerra
    encendida por la defensa de la religión; pero no
    ataquéis los primeros. Dios niega a los agresores. Matad a
    vuestros enemigos donde quiera que los encontréis…"
    (Cor., 2, 186 y 187). "Combatid… hasta que el culto divino se
    haya restablecido". (Cor., 2, 189). "Si morís u os matan
    combatiendo en la senda de Alláh, os espera su
    misericordia, que es mejor que las riquezas mundanas que
    atesoráis". (Cor., 3, 158). "No digáis que esos que
    han caído luchando bajo los estandartes de la ley, han muerto.
    Al contrario, viven aunque vosotros no los sentís". (Cor.,
    2, 149)

    El paraíso

    Mahoma promete a sus creyentes como
    recompensa futura, ultraterrena, el goce infinito en el
    Paraíso. "Aquellos que hagan oración, que sirvan y
    elogien al Señor, que le adoren, que ayunen, que ordenen
    la justicia, que
    prohiban el crimen y guarden los mandatos divinos, serán
    felices". (Cor., 9,113) ¿ En qué consistirá
    esta felicidad? "Estarán en posesión del
    Paraíso y gozarán eternamente". (Cor., 2,72), "…
    vivirán en los jardines donde corren los arroyos. Cuando
    coman las frutas que allí crecen se dirán: he
    aquí las frutas de que nos nutríamos en la tierra;
    pero de las frutas terrestres sólo tendrán la
    apariencia. Y encontrarán allí las mujeres
    purificadas, las jóvenes huríes. Y su estancia en
    los jardines será eterna". (Cor., 2,23), "y la paz
    será con ellos".(Cor., 10,10)

    El infierno

    "… Los que han tratado de embustes los
    signos del cielo y los deprecian, no entrarán en el
    Paraíso hasta que pase un camello por el agujero de una
    aguja. El infierno será su lecho, cubierto con mantas de
    fuego…" (Cor., 7,41-42), "y nunca podrán salir de
    él". (Cor., 4,120)

    La ley
    islámica

    El Corán es para los musulmanes,
    además, el código moral, civil y
    penal. Los preceptos sociales de la ley
    coránica, regulan la alimentación,
    prohiben el uso del vino y el consumo de
    carne de cerdo, los juegos de
    azar, "la suerte de las flechas", la caza en ciertas condiciones,
    etc. Fijan también la condición de la mujer,
    prescriben su conducta,
    reglamentan el matrimonio (se
    permite al musulmán tener cuatro esposas legítimas
    y las esclavas que pueda mantener), el adulterio, el repudio,
    etc. El conjunto de normas que
    Alláh estableció para la conducta de los
    creyentes constituye la Ley musulmana o
    Xaríah. La ley
    islámica es, pues, la expresión de la voluntad de
    Alláh y en consecuencia precisa sólo de
    intérprete y de ejecutor. Es ley revelada y Dios el
    único legislador.

    La Sunna y el
    Hadith

    Además del Corán, los islamitas
    sunnitas poseen en la "costumbre" o "tradición" (Sunna)
    una segunda fuente de la fe y de la ley. No siempre todos se
    hallan de acuerdo en su valor y en su
    interpretación, lo cual ha motivado distintas tendencias
    religiosas, desde el siglo I de la hégira ( siglo VII-VIII
    de Cristo). La Sunna vino a completar y a explicar el
    Corán después de la muerte de
    Mahoma, pero en ocasiones se halló en aparente
    contradicción con las palabras del libro sagrado.
    Los testimonios de la vida de Mahoma, las prácticas
    religiosas de los "compañeros del Profeta" y su recuerdo
    ayudaron a precisar la reglamentación de la fe, que se fue
    elaborando en Medina durante los cuarenta primeros años de
    la hégira, a través del "comentario"
    vivo.

    A su vez, los comentarios y narraciones,
    tendentes a precisar y valorar la Sunna, pasaron de boca en boca
    y en el siglo II de la hégira dieron lugar al
    florecimiento del Hadith, regalo piadoso, en general breve
    y concreto, en
    que se refieren hechos atribuidos al profeta y a sus
    compañeros. El proceso de
    transmisión de los hadith solía señalarse
    siempre cuando estos relatos se fijaban por escrito. Se
    consideraba importante este extremo, puesto que en los hadith se
    recogen sentencias de Mahoma y se precisan muchos aspectos
    íntimos de su vida y actuación (qué
    comía, cómo vestía, etc.). Las distintas
    facciones políticas
    los han aprovechado para sus conveniencias y por ello la
    crítica ha debido desplegar una actividad intensa, en
    busca de la autenticidad de estos hadith, para desenmascarar
    falsificaciones interesadas.

    La expansión
    islámica

    Las luchas internas ensangrentaron por unos
    momentos el naciente Estado
    teocrático islámico. Surgieron falsos profetas y
    síntomas de disgregación. El primer califa, Abu
    Bekr (632-634), contó no obstante, con un caudillo
    experto, Jalid ibn al-Walid, para dominar las tribus insurrectas.
    La expansión extrapeninsular se inició a
    continuación, por Siria en el 634. Damasco, futura
    capital del
    Islam, cayó en septiembre del año 635 bajo el mando
    de Jalid. Las tropas del emperador bizantino Heraclio sucumbieron
    en la batalla del río Yarmuk (636) y luego los musulmanes
    ocuparon Jerusalén (638) y Cesarea (640). La conquista de
    Siria pudo completarse en el 640. Los musulmanes inauguraron un
    régimen de tolerancia con
    los monofisistas sirios, obligados únicamente al pago de
    tributos y por
    lo general fueron bien recibidos.

    El Irak y la
    Persia de los sasánidas se convirtieron en otros tantos
    objetivos en
    la década del califa Omar (634- 644). Sad, jefe de las
    tropas del califa, ocupó Ctesifonte (637), capital del
    imperio sasánida, y recibió la sumisión del
    Irak. Cayeron,
    sucesivamente, Mosul (641) y Persépolis (649), pero no se
    alcanzaron los límites orientales del antiguo imperio
    persa hasta el 652. El campamento militar de Kufa se
    convirtió en la primera capital
    musulmana del Irak.

    La conquista de Egipto,
    Trípoli y Barca, fue obra del ímpetu del joraichita
    Amrú. Comenzada el año 639, culminó con la
    entrada en Alejandría (642), capital de la
    hasta entonces provincia bizantina de Egipto. Los
    coptos (monofisistas) apoyaron a los musulmanes, quienes
    establecieron su centro administrativo en Al-Fustat (el
    campamento).

    Desde Egipto y Siria
    se organizaron las flotas islámicas que en 655
    debían derrotar a la marina de Bizancio poniendo fin a su
    predominio en el Mediterráneo. Y desde Egipto
    también, avanzaron las huestes musulmanas hacia el oeste
    ocupando la región de Barca, Trípoli y Cartago; y
    hacia el sur hasta Nubia. Desde Siria se conquistó
    Capadocia (647), Frigia y Armenia (653). Mientras tanto a Omar le
    había sucedido Otmán (644-656) que acabó sus
    días asesinado, entablándose una lucha por el
    poder en la
    que Alí salió triunfante. pero el gobernador de
    Siria, Moavia, rehusó reconocerle y se alzó contra
    él, obligándole a trabar combate en la llanura de
    Siffin (657) y a recurrir luego a un astuto arbitraje en que
    Alí fue depuesto.

    La facción de los jarichíes o
    jarejitas, se separó de los chiítas o partidarios
    de Alí, originándose la primera secta
    islámica.

    El califato Omeya

    La proclamación del joraichita Moavia en
    Jerusalén daba origen, en el 661, al califato omeya, que
    duraría hasta el 750 con capital en
    Damasco. La influencia de la civilización sirio-bizantina
    sobre el mundo islámico fue considerable, en esta
    época, sustituyéndola más adelante la de la
    civilización persa-irania durante el califato
    abbasí (750 – 1258), que fijó su capital en
    Bagdad.

    Durante la etapa omeya, este califato
    alcanzó su mayor extensión. Incluso la capital del
    Imperio bizantino, Constantinopla, tuvo que soportar los ataques
    árabes. Se creó la gran fortaleza de Cairuán
    (670), se ocuparon las islas de Rodas (672) y Creta (674), y
    Cartago cayó en poder de
    Hassán (695), prosiguiendo la ocupación del norte
    de África y alcanzando la orilla del Atlántico en
    el 704. La última plaza bizantina en África, Ceuta,
    fue tomada en 711. Simultáneamente, avanzaban los
    musulmanes por el extremo sur occidental de Europa,
    instalándose en España
    (711-714) y penetrando en el Languedoc, y proseguían sus
    campañas en Asia Menor,
    apoderándose de Antioquía de Pisidia (713) y
    asediaban una vez más Constantinopla
    (718).

    Por el este se había conquistado al mismo
    tiempo el
    Jorasán (663-671) y se alcanzó Bújara, en el
    Turquestán (674), ganada más tarde (706-709); y
    seguida de la Sogdiana, Samarcanda (710-712) y Jovaresmia. La
    Transoxiana quedaba agregada al imperio omeya en el 715.
    Más al sur se apoderaban las huestes islámicas del
    valle inferior del Indo (712) y de parte del Penjab meridional
    (713), en la India.

    Con las nuevas conquistas, se extendía de
    los Pirineos al Indo el vasto imperio omeya y con él la
    religión musulmana, experimentando un serio retroceso el
    cristianismo
    en el sur de Europa, en el
    norte de África y en el suroeste de Asia. Las
    disensiones internas del mundo islámico no tardarán
    mucho tiempo, sin
    embargo, en beneficiar a los reinos, e imperios,
    cristianos.

    Los omeyas, y con ellos los distintos grupos y pueblos
    enrolados en las filas del Islam, durante su primer siglo de
    grandes conquistas, no se propusieron la conversión total
    de las gentes sometidas a su dominio. Los
    cristianos, y en general también los judíos, en su
    calidad de
    "gentes escriturísticas" o depositarias de la Biblia,
    recibieron un trato benigno y se les concedió libertad para
    practicar sus religiones. Las necesidades
    económicas del nuevo imperio condicionaron a su vez, la
    política
    religiosa, porque no convenía que el Estado
    dejara de percibir el canon fijo (chizia) por individuo
    infiel, del mismo modo que se respetaron las propiedades de los
    vencidos para cobrar una suerte de contribución
    territorial ( jarach).

    Durante el siglo VII y la primera mitad del VIII,
    el estudio del Corán y la "ciencia de la
    tradición" adquirieron gran relieve en
    Medina, en Kufa, en Basora y en Damasco, extendiéndose por
    otros muchos centros. En estos estudios se fundamentó la
    teología y también la ley ( fiqh),
    esencialmente religiosa. Sus principales intérpretes
    fueron: Abdullah ibbn-Masud (m.653), gran recitador de
    tradiciones ( o hadiths) coetáneas del profeta; Al-Hasan
    al-Basri (m. 728), pensador místico de Basora que
    ejerció notable influencia en los sufíes, en los
    sunnitas y en los mutazilíes; y al-Shabi (m. 728), maestro
    del extraordinario Abu Hanifa (m. 767).

    La exégesis coránica y la
    especulación religiosa de esta época dieron lugar a
    los movimientos filosóficos religiosos. Un
    discípulo de Al-Basri, Vásil inb-Ata (m. 748),
    fundó en Basora la escuela
    mutazilí ("disidente" de la de su maestro),
    defensora de la libertad del
    hombre en el
    problema de la relación entre la fe y las obras,
    racionalista y propugnadora del libre albedrío, que
    extremó la unidad de Dios, no admitiendo la posibilidad de
    asignarle atributos y menos el antropomorfismo de Alláh,
    pero insistiendo en el principio de la justicia
    divina.

    La escuela
    cadari, defensora también de la libertad
    humana frente a la predestinación y partidaria asimismo
    del libre examen por oposición a los predeterministas
    rigurosos, fue la primera escuela
    filosófica. Como primera secta propiamente religiosa cabe
    considerar a los jarichíes ( o jarejitas)
    disgregados de los chiítas o partidarios de Alí,
    demócratas puritanos, enemigos de los jaraichitas y del
    culto a los santones, los ibadíes actuales son su
    última derivación.

    Los mujires o murgíes, más
    tolerantes, tuvieron menos trascendencia, pero frente a los
    jarichíes declaraban esencial la profesión de fe,
    que no quedaba anulada por una culpa grave.

    Mucha mayor importancia tuvo el
    chiísmo, éste introdujo en el islamismo un
    elemento nuevo: el imam o imán, persona que hace
    de intermediario entre Dios y el creyente, en especial Alí
    y sus descendientes. Su fundador fue Abdullah ibn-Otmán,
    judío islamizado (ismailítas, carmatianos,
    nusairíes y drusos
    salieron del tronco
    chiíta).

    La ley coránica (fiqh) reglamenta la vida
    del musulmán en su triple calidad de
    creyente, hombre y
    ciudadano del Estado
    teocrático. El faqui y el alim ( o
    ulema
    ), dedicados al estudio de la Ley, son teólogos y
    jurisconsultos al propio tiempo. El
    fiqh es un "derecho revelado" y en consecuencia, es
    inmutable. Su fuente es la sabiduría divina. La
    experiencia permita, no obstante, adelantar en su
    interpretación. Las "raíces de la Ley son pues: 1.-
    El Corán, 2.- La Sunna o Tradición, 3.- La
    "analogía" ( quiyás), que tiende a resolver
    los problemas o
    casos nuevos por sus semejantes, 4.- El "consentimiento
    universal" (ichmá) o unanimidad de opinión
    de los expertos en la interpretación de la Ley y 5.- el
    "juicio humano" ( rai ) u opinión personal del
    experto cuando no existen precedentes respecto de un caso
    concreto. La
    valoración o no aceptación de las distintas
    "raíces" dio lugar a la aparición de "escuelas", en
    tiempo del califato abbasí.

    La Mezquita

    El templo islámico o mezquita fue en los
    primeros tiempos un simple patio rectangular, a cielo abierto,
    cercado por un vallado de cañas o por cuatro paredes de
    arcilla. Pronto se le añadió una especie de techo
    periférico de hojas de palmera y barro, que más
    tarde se convertiría en un patio forticado. Un
    púlpito de madera (
    mimbar), más o menos sencillo, constituía
    todo el mobiliario.

    En sus conquistas, los árabes entraron en
    contacto con pueblos de gran técnica arquitectónica
    y asimilaron elementos distintos ( romanos, sirios, bizantinos,
    persas, hindúes, egipcios, etc.) que les permitieron crear
    sus obras de arte. Con el
    tiempo se convirtió la mezquita en edificio cubierto, con
    nicho de base semicircular o capilla (mihrab) en una de
    sus paredes para dar a conocer la dirección en que debían dirigirse
    las oraciones, con la fuente para abluciones y con el "minarete"
    o torre para que el almuédano pudiera anunciar a
    los creyentes las horas del rezo. El mihrab pasó a ser el
    lugar más respetado del templo, y el patio, se
    conservó en general, a modo de antesala. Las filigranas
    decorativas, inscripciones coránicas, cúpulas y
    columnas, cortinas, lámparas y esteras fueron los
    únicos adornos. El santuario de La Meca y la mezquita de
    Mahoma en Medina, sirvieron de modelos
    iniciales, pero luego se adaptaron tradiciones de los
    países conquistados, se aprovecharon templos de otras
    religiones o
    elementos de los mismos y las mezquitas pasaron a ser edificios
    grandiosos, bellos y decorativos.

    El culto

    El viernes de cada semana, día santo de
    los islamitas, día santo de los islamitas, es el destinado
    a la oración solemne en la mezquita, presidida por el
    propio califa en persona, en el
    califato, por el iman o por algún creyente notable. La
    santificación del viernes no lleva implícita para
    los musulmanes la obligación del descanso o cese de las
    actividades cotidianas, sino únicamente la asistencia al
    rezo en común del mediodía, precedido del
    sermón ( la jutba ) en lengua
    árabe, que predica un imán ( jatib ) desde
    lo alto del mimbar, o púlpito. Para que pueda celebrarse
    esta oración pública es precisa la asistencia de
    cuarenta fieles o más. En ella se pronuncian invocaciones
    pidiendo a Alláh que bendiga al soberano, a los
    príncipes y musulmanes todos, y que confunda a los
    enemigos infieles e incrédulos.

    No existe, propiamente, un sacerdocio
    islámico y el islamismo carece de liturgia. Tan
    sólo los sufíes, organizan ceremonias que
    incluyen el rezo de letanías, cantos y danzas, pero
    éstas no son comunes a todos los sufíes, sino
    exclusivas de cada comunidad. Los
    almuédanos o servidores de las
    mezquitas no precisan de formación especial con tal que
    conozcan la lengua
    árabe. La enseñanza del árabe comienza
    todavía con la lectura y
    recitación de memoria del
    Corán, lo cual implica un conocimiento
    directo del libro sagrado
    por parte de los jóvenes islamitas
    cultos.

    Como es fácil suponer, estas
    prácticas se hallan en la antigua tradición de la
    época omeya y pueden considerarse plenamente
    tradicionales.

    El califato
    ABBASÍ

    Antes de que concluyera el califato omeya en el
    750, los musulmanes habían tenido que desistir de penetrar
    en la Europa central (
    batalla de Poitiers, 732) y de apoderarse de los restos del
    imperio bizantino. Sus correrías en Occidente durante los
    califatos de Abul Abbas (750 – 754), fundador de la
    dinastía abbasí, y de sus primeros sucesores, se
    centraron en los países mediterráneos. Hubo
    todavía conquistas nuevas: un grupo de
    árabes andaluces, sublevadas contra el emir Al-Haka,, se
    refugió en Egipto (816) y
    luego marchó a la isla de Creta (827) desde donde, por
    espacio de cuatro generaciones ( hasta 961, en que la
    reconquistaron los bizantinos), se dedicaron a piratear y
    obstaculizar el comercio
    marítimo. El mismo año de la ocupación de
    Creta, el 827, los musulmanes de Cairuán iniciaron la
    conquista de Sicilia; tomando Palermo (831) ocupando la parte
    occidental de esta isla y convirtiéndola en base de sus
    expediciones a Brindisi (838), Tarento (839-840) y Bari (841).
    Luego cayó Mesina (842), se saqueó la
    Basílica de San Pedro, en Roma (846) y se
    ocupó la Apulia (850).

    En el Oriente, a la muerte del
    califa abbasí al-Mamún (833) siguieron unos
    años de paz en Asia Menor.
    Reemprendida la lucha por el califa al-Mutassin (833 – 842), los
    musulmanes tomaron Amorium (838) e intentaron reforzar sus
    posiciones; pero el emperador bizantino Basilio I (867-886)
    logró contenerles. No pudo impedir, en cambio, que
    ocuparan la isla de Malta (869) y la ciudad de Siracusa (878).
    Ibrahim II ibn-Ahmed, con la conquista de Taormina (902)
    completaría la de la isla de Sicilia. En los primeros
    años del siglo X y hasta el 915, la Campania se
    convirtió en su presa preferida. A esta obra de conquista
    siguió la de islamización, mucho más lenta.
    Hasta las medidas de intolerancia de mediados del siglo IX no se
    observaron conversiones forzosas en masa. La conversión
    progresiva, para obviar el tributo humillante y adquirir mayor
    prestigio en la sociedad
    musulmana, se dio en Siria, Egipto, Líbano, etc., pero en
    todos estos países sigue habiendo todavía hoy
    núcleos cristianos importantes.

    El califato abbasí con capital en Bagdad,
    ciudad de civilización refinada y emporio mercantil de
    gran actividad, había ido perdiendo ya a comienzos del
    siglo X, autoridad
    efectiva sobre el mundo islámico. Cuando el jefe de la
    guardia turca del califa al-Muqtadir (908-932) tomó el
    título de emir-al-umará (gobernador en
    jefe), y relegó al califa a un plano poco más que
    decorativo, éste perdió también autoridad
    moral sobre
    los creyentes. Las sectas de los jarejitas o
    jarichíes
    , provocaron revueltas que degeneraron en
    verdaderas guerras
    civiles. Los desmembramientos se sucedías, tras haberse
    iniciado por las provincias más alejadas del centro
    califal.

    Abb al-Rahmán I había independizado
    el emirato de España de
    la autoridad
    abbasí el año 756, fundando la dinastía
    omeya floreciente. Idrís ben Abdallah se proclamaba, a su
    vez, emir en Fez y fundaba en 788 el reino de los Idrisíes
    en Marruecos (788 -794). Los Aglabíes de
    Cairuán, señores de Túnez, actuaban
    también por su cuenta desde la época de Ibrahim I
    ibn-Aglab (800-909), siendo los verdaderos islamizadores de
    Sicilia, donde crearon una civilización de cuño
    musulmán de gran relieve.

    Las cuatro escuelas
    ortodoxas

    Las cuatro escuelas jurídicas
    islámicas consideradas ortodoxas en su
    interpretación de la ley musulmana, se desarrollaron a
    partir de los siglos VIII y IX, la gran época "formativa"
    del islamismo, alcanzando la actualidad.

    La escuela
    malequí, malikí o medinesa, creada en
    Medina, sede del primer califato, y centro de la actividad
    jurídica, por el imam Málik ibn Ánas
    (m.795), se propuso conservar puro el legado de la época
    profética, admitiendo el recurrir, además de al
    Corán, a la Sunna o Tradición seguida por Mahoma y
    sus primeros compañeros y procediendo a coleccionar esta
    tradición en el famoso libro
    Al-Muwátta. La escuela
    Malequí es pues, sunnita por antonomasia. La
    opinión de cada uno de los primeros jueces medineses se
    considera fuente indiscutible de Ley por sí misma, con lo
    cual se valora extraordinariamente la sunna profética.
    Piensa que el creyente puede seguir con libertad la
    "opinión" o sentencia que más le plazca, dentro de
    estas "raíces" o fuentes
    legislativas. La escuela malequí tuvo muchos adeptos en
    España
    y en África.

    La escuela hanafí o
    siria-iraquí, fundada por el iman Abu Hanifa (m. 767),
    alcanzó gran predicamento en los países turcos, en
    Asia central y
    en la India
    islamizada. Su método
    tiende a tomar el Corán como base y comparar las
    sentencias de los jueces buscando "analogías", con lo cual
    valora el razonamiento individual (rai) como fuente de la
    Ley, y permite seleccionar la sentencia mejor, en caso de
    oposición entre la base coránica y la
    tradición local. Esta actitud
    disminuye, de hecho, el valor de la
    Sunna puesto que el creyente debe seguir siempre la sentencia
    "mejor", prescindiendo o relegando a un segundo término
    las restantes relativas al objeto considerado. La actitud
    selectiva personal
    quedó restringida, por obra del mejor discípulo de
    Hanifa, Abu Yusuf (m.798), a los casos jurídicos
    estrictamente necesarios.

    La escuela hanbalí, ideada por un
    discípulo de ash-Shafií, el iman Ahmad ibn Hanbal
    (m. 855) partiendo en parte de la tendencia dahrí,
    literalista o zahirí tuvo muchos adeptos en Siria y
    en Mesopotamia. Es
    la más rigorista, la más tradicional y la que menos
    se presta a interpretaciones libres del derecho coránico,
    pues acepta sólo el Corán y la Sunna, rechaza la
    analogía y reduce la validez del ichmá al caso del
    consenso unánime de los compañeros directos del
    profeta.

    Todo buen musulmán debe pertenecer a una
    de estas cuatro escuelas y puede pasar de una a otra debe
    pertenecer a una de estas cuatro escuelas y puede pasar de una a
    otra con libertad. Pero
    todas deben aprobar las resoluciones que afecten a la generalidad
    del mundo islámico. Los ulemas son intérpretes
    autorizados de la Ley a los que pueden recurrir los creyentes. Y
    entre los ulemas ocupan una categoría especial los
    muftíes, intérpretes de la ley encargados
    oficialmente de dar soluciones a
    los problemas o
    dudas que se les planteen. El cadí o juez, titular
    de un juzgado, es escogido entre los ulemas.

    Los recopiladores de la tradición
    piadosa

    Entre los recopiladores de hadith,
    destacan el citado Ahmad ibn Hanbal, que recogió unos
    treinta mil; su discípulo Al-Bujari (m.870), que los
    sometió a crítica, sistematizó y
    comentó; Muslim (m.874), que se limitó a agruparlos
    por temas pero sin comentarlos; Abu Dawud (m.888), Tírmizi
    (m.892), discípulo de ibn Hanbal; Nasai (m.886). Los seis
    últimos constituyen la autoridad
    tradicional en la materia,
    formando la colección de los "seis libros", de
    los cuales el más estimado y utilizado es el de Al-Bujari,
    el gran sistematizador de la tradición
    jurídica.

    Al concluir, en el siglo IX, la labro de
    éstos y otros juristas, quedaban prácticamente
    estudiados los problemas
    fundamentales que planteara la formación de la Ley
    islámica.

    Los estados islámicos de
    Oriente

    En Asia central, el
    Jorasán se independizó pronto del califato
    abbasí sucediéndose tres dinastías
    enraizadas en la tradición irania del país: la de
    los Tahiríes (820-872), con centro primero en Marv
    y luego en Naysabur. La de los Saffaríes (872-
    908)
    , fundada por Yacub Al-Saffar, que incorporó a los
    dominios de los Tahiríes la mayor parte de Persia y los
    territorios limítrofes con la India. Le
    sucedió la dinastía de los Samaníes
    (900-999), que creó Naser ibn-Ahmad, nieto de Saman y que
    ejerció el poder en Transjordania, el Jorasán;
    Sijistán y Tabaristán, figurando en sus dominios
    las ricas ciudades de Bújara y Samarcanda, rivales de
    Bagdad por sus estudios y desarrollo del
    saber, y por su magnificencia.

    Una dinastía turco-musulmana, la de los
    Gaznavíes, cuyos inicios se sitúan en Gazna
    el años 932, fundó el imperio gaznaví,
    extendido por el Afganistán y el Penjab (162-1186), que
    alcanzó su época áurea en tiempos de Mahmud
    de Gazna (999 – 1030), islamizador del norte de la India con
    centro en Lahore. En el Irán occidental, el chiíta
    Ahmad al-Buyhí, estableció en el 945 el sultanato
    de los Buyhíes o Buidas, con los restos del imperio
    abbasí que comprendían la mayor parte del
    Irán y Mesopotamia.
    habiendo fijado en Chiraz su capital, este sultanato
    perduró hasta la llegada de los turcos selyúcidas
    en 1055. En todo este tiempo, los sultanes designaban con entera
    libertad a los califas de la familia
    abbasí y gobernaban a su antojo.

    Egipto. El califato
    Fatimí

    En Egipto y Siria, Ahmad ibn-tulun
    (868-884), hijo de un esclavo turco, fundó la
    dinastía de los Tulunidas, en el año 879.
    Esta dinastía, en manos de los hijos y nietos del
    fundador, perduró hasta el 905, en que Egipto y Siria
    volvieron a convertirse en provincias del califato abbasí.
    No duró mucho esta unión. El mahdí
    Obeid-Allah (909-934), descendiente de Fátima, la hija del
    profeta y de su esposo Alí, en 910 derribó la
    dinastía aglabí de Cairúan,
    tomó el título de califa, hecho muy significativo,
    y proclamó la guerra santa
    contra los abbasíes. Tal es el origen de los
    Fatimíes que iban a centrar sus actividades en
    Egipto. Mientras tanto, otra dinastía de origen turco, la
    de los Ijchídíes (935-969), sentó sus
    reales en el Al-Fustat, se incorporó Siria (941) y la zona
    costera de Arabia (con Medina y La Meca) y detentó por
    unos años (hasta 969) el poder en Egipto. Muy pronto los
    Hamdaníes del norte de Mesopotamia
    obtuvieron el control de Siria
    (944) y fundaron el reino de Alepo (944-1003) y poco
    después los Fatimíes de Cairuán, regidos por
    el califa Al-Muizz (952-975), penetrando en tierra egipcia
    tomaban Al-Fustat (969), y fundaban la ciudad nueva de El Cairo,
    estableciendo en Egipto la dinastía fatimí, de dos
    siglos de duración.

    España. El califato de
    Córdoba

    El ejemplo de Obeil en Cairuán,
    creador de un segundo califato frente al abbasí en 910,
    fue seguido muy pronto por el emir omeya de España,
    Abd al-Rahmán III ( 912- 961) quien se hizo proclamar a
    sí mismo califa de Córdoba el año 929. El
    mundo islámico pasó a tener tres cabezas, tres
    califas, "guías de los creyentes". El califato omeya de
    Córdoba subsistió hasta el 1031, fecha en que se
    deshizo la unidad política del Islam
    español. El califato fatimí de Egipto
    perduró hasta 1171.

    El califato abbasí, con el centro en
    Bagdad, conservó sus apariencias de tal hasta el 1258. Una
    vez substituido en 1055 el poder de los sultanes buyhíes
    por el de los turcos seljúcidas (o saliuquíes), a
    quienes los califas abbasíes saludaron como libertadores,
    heredaron los nuevos conquistadores el título oficial de
    al-sultán ( el que gobierna) asimilable al de "jefe
    de gobierno" (el
    califa equivaldría en teoría
    al "jefe de Estado",
    teniendo en cuenta que este Estado no era
    sólo civil sino esencialmente religioso,
    teocrático, mientras su "jefe" era persona civil, no
    "religiosa").

    Las escuelas jurídicas en
    España

    La escuela malequí era conocida y
    aceptada en España
    desde fines del siglo VIII. Unos autores atribuyen la
    introducción de la misma a Zeyad al-Lajmí, mientras
    otros piensan que debióse a un discípulo directo de
    Malik, Yahya ibn-Yahya al-Laití. Los representantes
    hispanos de esta escuela fueron numerosos. Tal vez los más
    significativos sean Abul Ualid el Bejí (1012-1081), Abul
    Ualid ibn-Roxd (1058-1126), abuelo de Averroes, y el granadino
    Aben Hasam (1359-1426).

    La escuela shafií o xafeí fue
    introducida en España, según parece, por el
    cordobés Al-Cásim ibn-Muhamad ibn-Zeyar (m. 891), a
    su regreso de un viaje a Oriente. Sus discípulos, fueron
    muchos. También difundió esta tendencia sincretista
    otro cordobés coetáneo de Al-Cásim, el
    piadoso Baqui ibn-Majlad (m. 886), exegeta del
    Corán.

    La escuela dahirí, precursora de la
    hanbalí, tuvo un esforzado propagador en Al-Mundir
    ibn-Said (m. 966), cadí supremo de
    Córdoba.

    Las sectas
    islámicas

    El estudio de la esencia y atributos de
    Alláh; el de los varios aspectos de su acción
    creadora; el de la relación entre la libertad humana y la
    predestinación; la esencia y definición de la fe;
    el antropomorfismo de la divinidad y más aún las
    discusiones políticas,
    han motivado la aparición de varias sectas en el seno del
    islamismo. Mahoma predijo que su religión se
    dividiría en setenta y tres facciones, una sola de las
    cuales estaría en posesión plena de la verdad. Los
    sunnitas u ortodoxos creen ser esta facción,
    admitiendo cuatro escuelas jurídico- teológicas en
    su seno.

    Las tendencias divergentes de la ortodoxia
    sunnita que han tenido alguna trascendencia, no han sido tantas.
    A partir de la muerte del
    profeta empezaron las divergencias, con motivo de su
    sucesión. La reserva del Califato o vicariato, de momento,
    para la tribu de los joraichitas por haber sido la de
    Mahoma, no fue admitida por los disidentes o
    jarichíes.

    Los jarichíes

    Protestaron los jarichíes, en el siglo
    VII, de que la dignidad califal fuera detentada por una tribu o
    por una familia,
    considerando que para sucesor del profeta debía elegirse
    el más digno, fuera quien fuese, incluso un esclavo negro.
    Se apartaban de los sunnitas u ortodoxos en algunos aspectos
    importantes, demostrando una mentalidad de tendencia más
    democrática, que en los primeros siglos del Islam
    provocó conflictos
    sangrientos por la ocupación del
    califato.

    En nuestros días reciben el nombre de
    ibadíes (o ibaditas), por haber sido Ibn Ibad uno
    de sus jefes. Sus principales puntos de disidencia son: negar que
    el Corán sea un libro "increado"; prohibir el culto de los
    santos; combatir las comunidades sufíes; abominar de las
    peregrinaciones locales y negar que los musulmanes pueden
    salvarse sin practicar "buenas obras" ( es decir, con sólo
    la fe islámica y la intercesión de
    Mahoma).

    Se hallan divididos, a su vez, en varios grupos que
    difieren entre sí en detalles menores.

    Los chiítas

    También los chiítas, enemigos
    declarados de los jarichíes, lucharon en los primeros
    siglos del islamismo por la sucesión al califato. Pero
    éstos, siendo partidarios de la candidatura de Alí,
    por considerar que su suegro Mahoma le había designado
    para sucederle, lo fueron luego de sus herederos directos. Los
    chiítas constituyeron un "partido" ( chía)
    numeroso, provocando un cisma de amplia extensión y graves
    consecuencias. Introdujeron en el Islam la creencia en los
    imams o imanes, doctores de la religión. Rechazan
    la Sunna o tradición sunnita por creerla muy
    adulterada (y en consecuencia, poco digna de fe). Se llaman a
    sí mismos alidios o adelíes
    (partidarios de la justicia) y
    sostienen: la reencarnación parcial de la divinidad en sus
    personas, la reaparición y la metempsícosis y la
    sobrevivencia del iman chiíta.

    Los chiítas se dividen a su vez en unas
    setenta sectas, que se anatematizan entre sí. Niegan que
    el califato, en su calidad de
    vicariato del profeta, pueda ser objeto de elección, por
    quedar exclusivamente vinculado al matrimonio de
    Fátima y Alí. Cada califa debe designar sucesor
    entre sus hijos, sucediéndose dentro de la familia.
    Todos los miembros de la misma, descendientes del
    primogénito de Alí, se consideran nobles y los de
    su hermano menor, Husain,
    señores.

    Los chiítas veneran en especial,
    además de Mahoma, a Alí y a Husain, habiendo creado
    una trinidad simbólica, en la que se atribuye: a Mahoma,
    la revelación; a Alí, la interpretación
    coránica y a Husain, la redención. La muerte de
    Husain en Kerbelá ( el 10 de octubre del año 680)
    dio pie a esta interpretación de la redención,
    tomada del cristianismo.

    Para ellos, Kerbalá y Nagiaf, con La Meca,
    son centros de peregrinación sagrada, por guardar los
    despojos de Husain y Alí.

    Las persecuciones de que fueron objeto por parte
    de los Omeyas y de los Abbasíes, les llevaron a profesar
    sus creencias en secreto (katmán),
    disimulándolas cuando se hallaban entre adversarios. Les
    está permitido, en esos casos, hablar y actuar como si no
    fueran chiítas.

    Los zahidíes, una de las sectas
    chiítas, no admiten la "prudencia" (taqiyya) o
    simulación, pero, en cambio, la
    practican otras muchas, como las de los ismailitas,
    nusairíes, y drusos.

    Los chiítas, considerando
    usurpadores a los califas sunnitas, idearon la teoría
    de su sumisión a un "imam invisible", doctor y
    pontífice infalible, descendiente directo de
    Fátima, es decir: fatimí. de quien se
    consideran súbditos devotos. Además de la
    infalible, este jefe espiritual goza de la "impecabilidad" y es
    vehículo de santificación para los
    creyentes.

    Esta última circunstancia aleja a los
    chiítas del sufismo, por no precisar de la
    comunicación directa con la divinidad al poseer el
    intermediario nato o imam.

    Imamitas o
    Duodecimanes

    Las luchas por alcanzar el imanato
    motivaron enemistades entre los miembros de la familia de
    Alí, y fueron la causa principal de la
    fragmentación en el seno del chiísmo. Entre las
    sectas surgidas del tronco chiíta, la más
    importante es la de los imamitas puros o duodecimanes,
    así llamados por reconocer la existencia de doce imanes,
    descendientes por línea directa de Husain, hijo de
    Alí.

    Del hijo de Husain, llamado Alí, como su
    abuelo, surgieron dos troncos sectarios; pues, mientras los
    partidarios de su hijo mayor Zaid recibieron el nombre de
    zaidíes, los duodecimanes aceptaron por iman al
    hijo menor Muhammad ( quinto iman de los duodecimanes). A su vez,
    un nieto de Muhammad, Ismail, fue el iman de los
    ismailitas, mientras otro nieto, Musa, se erigió en
    séptimo iman de los duocecimanes.

    El hijo de Hasan al-Áskari (iman
    undécimo), llamado Muhammad al-Muntazar, fue considerado
    el duodécimo iman. El hecho de haber desaparecido en
    condiciones misteriosas, permite suponerle resucitado o muerto,
    pero en todo caso preparado para reaparecer cuando llegue la hora
    de cumplir la misión
    asignada al Mahdi.

    Todos los chiítas creen en la vuelta de un
    mahdi para restablecer ña justicia en
    la tierra, y
    piensan que este "guía" debe ser un iman fatimita. El
    Mahdi será el precursor del fin del
    mundo.

    Aprovechada con habilidad por oportunistas
    políticos, esta creencia chiíta ha dado lugar a
    revoluciones en distintos países
    islámicos.

    La doctrina del imam-Mahdi es un dogma
    fundamental en las discrepancias entre sunnitas y chiítas.
    Los chiítas rinden culto a los imanes y aceptan las
    teorías
    dogmáticas de los mutazilíes. De hecho, las
    divergencias entre la Chía y la Sunna no son
    mayores que las que distinguen las cuatro escuelas ortodoxas
    entre sí, y algunos proponen considerar al chiísmo
    "la quinta escuela ortodoxa", dándole el nombre de escuela
    gaifarí, por haber sido su sexto iman, Giafar
    as-Sadiq, el autor de la Ley imamita. La Chía es la
    tradición o Sunna de los chiítas, y por tener
    tradición propia, rechazan la Sunna o Tradición de
    los sunnitas como fuente de fe. Asimismo buscan una
    interpretación alegórica (tá wil) en
    el Corán, e introducen algunas pequeñas variaciones
    en el texto, que
    modifican el sentido en su provecho.

    Los zaidíes

    Secta derivada del chiísmo, deben su
    nombre a Zaid ibn-Alí (m. 740), a quien consideran su iman
    por haber muerto en defensa del imanato, luchando contra las
    tropas del califa omeya Himax. El grupo tiene su
    asiento en el Yemen y es el retoño chiíta
    más cercano a la ortodoxia sunnita.

    Los zaídes defienden el derecho al
    Alí al califato, usurpado por los omeyas, por sus
    méritos propios tanto como por el parentesco que le
    unía a Mahoma, pero no maldicen a los omeyas. Tampoco,
    según se ha visto, admiten la simulación
    (taqiyya) común a las otras sectas chiítas y
    manifiestan abiertamente sus ideas a las que cabría
    calificar de "chiísmo moderado", en deuda con los
    mutazilíes.

    Los ismaelitas

    Deben su nombre al iman Ismail ibn-Giafar (m.
    762). En éste, según ellos, termina la serie de los
    "imanes visibles" descendientes de Fátima y de
    Alí.

    Los otros chiítas imamitas excluyen a
    Ismail de la serie de los imanes y siguen la línea de su
    hermano menor Musa. Por el hecho de ocupar Ismail el
    séptimo lugar en la sucesión de la familia
    imamí, se llama también "septimanes" (
    sabiyya) a los ismaelitas.

    En la secta se ingresa por vía de
    iniciación. Es pues, secta secreta de "iniciados". Los
    ismaelitas proclaman la inaccesibilidad hasta Dios y la
    intangibilidad y supremacía de la enseñanza o
    (talim) de su iman, al que atribuyen prerrogativas
    sobrehumanas. De no haber sido por el vigor que dio al ismaelismo
    la incorporación de los batiníes o
    cármatas, grupos rebeldes
    al poder califal, fundados por Hamdan Carmat a fines del siglo
    IX, y constituidos en sociedad secreta
    (que difundieron un comunismo social
    y ensangrentaron Siria y Mesopotamia de
    los siglos IX al XI), es probable que los ismaelitas no hubieran
    experimentado jamás la expansión que entonces
    lograron. Esta unión fue el punto de partida que
    condicionó la creación del califato fatimí;
    típico califato chiíta, en el que se
    practicó un ismaelismo evolucionado por los
    cármatas.

    El atractivo gnóstico del "sentido
    íntimo, alegórico" dado al Corán, el
    simbolismo del número siete, su organización secreta de propaganda,
    los siete grados de iniciación impuestos a sus
    adeptos, les han proporcionado el atractivo que el misterio
    ejerce sobre el espíritu humano. la incorporación
    al ismaelismo (1090) de los asesinos a axixinos de las
    montañas de Siria, así llamados por embriagarse con
    una droga
    (haxix), condujo a una reforma del fanatismo: el
    neoismaelismo, obra del xej Hasan ibn-Sabbah (m. 1124) o "Viejo
    de la Montaña", en el sentido de purificación y
    capacitación de adeptos por el exterminio
    de las fuerzas adversas. En el siglo XII aterrorizaron con sus
    violencias el territorio sirio que habían ocupado los
    cruzados de la cristiandad.

    El ismaelismo aparece bastante extendido hoy por
    el mundo islámico a pesar de las pocas simpatías de
    que goza entre los sunnitas y chiítas. Su cabeza visible,
    el Aga Khan, en torno del cual
    manifiestan gran solidaridad los
    elementos rectores del ismaelismo, ha adquirido notable relieve a
    partir de la crisis
    experimentada por el califato turco en 1924. La propaganda,
    bien llevada, ha despertado las simpatías hacia el mismo
    en muchos sectores no musulmanes.

    Los drusos

    Los califas fatimíes acentuaron
    hasta tal punto el papel del
    iman, que llegaron a considerarse "signos fulgentes" de
    Alláh. El califa Al-Hakim (996-1020), yendo más
    lejos aún en esta interpretación, se
    presentó como encarnación definitiva de la
    divinidad, dando con ello origen al drusismo. Dejó
    crecer sus cabellos, vistió un hábito de lana y se
    mostró en público cabalgando en un asno. En todos
    estos signos externos vieron sus seguidores un profundo
    simbolismo. Uno de ellos, ad-Darazi, familiar de Al-Hakim, fue
    quien dio su nombre popular a la secta, no obstante haber sido
    condenado a muerte por los
    propios sectarios a causa de haber intentado suplantar a Hamza
    ibn Alí, portavoz oficial de Al-Hakim. El druismo debe su
    sistematización a Hamza. Es, en el fondo, un ismailismo
    extremista y audaz, que se ha mantenido independiente hasta
    nuestros días en el sur del Líbano; que sigue el
    sistema de
    admisión por iniciación y que practica la ayuda
    mutua entre sus miembros. Éstos se dividen en dos
    categorías: "espirituales" o iniciados en el misterio y
    "corporales" o profanos no iniciados.

    Nusairíes

    Un devoto de Hasan al-Áskari (m.
    873), undécimo iman alida, conocido por ibn Nusair y
    residente en Siria a comienzos del siglo X, fundó un
    sistema religioso
    sincretista con elementos cristianos, paganos y musulmanes, dando
    origen a los musairíes. Su sistema parece
    haber surgido del drusismo. Para ibn Nusair, Alí era la
    encarnación auténtica de la divinidad ( y no
    al-Hakim). Desarrolló el dogma de una trinidad divina,
    compuesta por el "Sentido", el "Nombre" o "Velo" y la "Puerta", e
    impulsó una liturgia propia cuyas ceremonias tienen lugar
    por la noche en el domicilio particular de uno de los creyentes y
    a las que sólo pueden asistir los iniciados. Los
    musairíes toman nombres cristianos y celebran las fiestas
    de Navidad,
    Año Nuevo, Epifanía y Pentecostés, caso
    único entre los islamitas.

    Muy afecta a los nusairíes es la secta de
    los Alí Ilahi, que no parece anterior al siglo XVII
    y diviniza también a Alí. Carece de un cuerpo de
    doctrina sistemático y se subdivide en numerosos grupos que
    mantienen secretas sus creencias entre turcos, persas y curdos,
    adoptando en apariencia las prácticas comunes en los
    lugares donde residen.

    La doctrina conciliadora
    Axarí

    El Islam, con originalidad va acumulando
    elementos de las fuerzas espirituales que encuentra a su paso. De
    este modo, completa y perfecciona su propio acervo espiritual.
    Pero llega un momento en que se precisa la capitulación,
    en que se trata de coordinar los esfuerzos dispares para el
    progreso, la coherencia y la armonía del sistema
    religioso: en que es preciso distinguir con claridad la
    heterodoxia de la ortodoxia. Y surge en ese momento, comienzos
    del siglo X, un miembro de la escuela mutazalí,
    al-Áxari (m. 936), formado en Basora, su ciudad natal, y
    en Bagdad, quien, apartándose de su maestro Al-Jubbai (m.
    915), trata de conciliar la tradición y esencia del Islam
    profético aprendido de ibn Hanbal, con la
    aplicación del método
    racional de los mutazilíes a los estudios
    teológicos, buscando un término medio exento de
    extremismos que pueda considerarse el camino recto, ortodoxo,
    aceptable por el Islam sunní.

    La síntesis conciliadora de
    al-Áxari admite el carácter increado del
    Corán que le lleva a aceptar la existencia en Alláh
    de atributos eternos, explícitos en el libro sagrado. La
    libertad humana queda "determinada" por la creencia de que Dios
    crea el acto, y el hombre se
    limita a "cumplirlo", pero no la "causa". En la
    representación de Alláh tiende al antropomorfismo,
    pero considera que el sentido total de las expresiones
    coránicas relativas a Alláh escapa a la inteligencia
    humana. Aunque de espíritu conservador, al-Áxari no
    cae en los extremos de los literalistas.

    Como los mutazilíes, aplica el
    Kalám, método de
    la teología especulativa, y la argumentación
    racional para hacer progresar la teología ortodoxa,
    pasando de la simple teología positiva de los
    hanbalíes a la especulación. Esto equivale a decir
    que aplica un método
    progresivo a las enseñanzas de la escuela hanbalí.
    En este aspecto el sistema
    axarí es reformista y los hanbalíes lo miran con
    recelo. En el aspecto jurídico, en cambio,
    al-Áxari sigue la escuela xafeí, ecléctica
    también. Se debe considerar en términos generales a
    al-Áxari como fundador de la teología
    escolástica islámica, pues preparó el camino
    para la conciliación entre la ortodoxia islámica y
    la filosofía griega.

    Al equilibrio de
    tendencias dispares tiende, al propio tiempo, la fórmula
    propuesta por Al-Maturidi (m. 945), creador del sistema de
    compromiso llamado maturídico, partiendo del
    hanafí y sacándolo de su anquilosamiento. Al
    Maturidi, no tuvo en la evolución del pensamiento
    islámico, a pesar de su intento, la importancia que
    logró al-Áxari.

    =====================================================

    Los mamelucos en Egipto

    Los sucesores de Saladino, caballeroso como
    él en sus luchas religiosas con los cruzados, no
    alcanzaron su talla. Y acabaron reemplazados por los
    mamelucos, o esclavos turcos de su propia guardia, quienes
    en 1250 en Egipto, y diez años después en Siria,
    pasaron a ocupar su puesto, poniendo fin a la dinastía
    ayubí. Bajo los mamelucos, dinastía iniciada por
    Aybak (1250-1257) y vigorizada por Baibars (1260- 1277), Siria y
    Egipto permanecieron unidos de nuevo, hasta 15|7 en que los
    turcos otomanos les sucedieron. Los mamelucos dieron nuevo
    impulso a la recuperación de los territorios que
    aún se hallaban en poder de los cristianos. Sucesivamente,
    Baibars ocupó Nazaret (1263) y Cesarea (1265) y
    capitularon Arsuf, Jaffa (1268) y Antioquía. Su sucesor
    tomó Trípoli (1289) y otras fortalezas y al-Ashraf
    (1290 – 1291) acabó con el dominio cristiano
    en Siria tras la toma y destrucción de San Juan de Acre en
    1291, que hizo cayeran Tiro, Sidón, Beirut y otras plazas
    menores.

    En el aspecto religioso desde el siglo XIII al
    XVI no se produjeron novedades destacadas. Cabe señalar no
    obstante, que Baibars se propuso restaurar el califato
    abbasí, dando lugar a una nueva serie de califas, desde
    1261, que tuvieron por misiones esenciales administrar los fondos
    religiosos, presidir las ceremonias de los viernes en El Cairo, e
    investir a los sultanes mamelucos. La ficción
    continuó hasta que en 1517 el sultán otomano Salim,
    al ocupar Egipto, se llevó al último califa,
    Al-Mutavakil, a Estambul (Constantinopla).

    Los turcos Otomanos

    Hacia el año 1300 se extinguió la
    dinastía saliuquí que tenía su centro en
    Iconium, Asia Menor y varias casas locales turcas se repartieron
    su territorio, entre otras las de Karamán, Kermian,
    Saruján y Aidín. De todas ellas la más
    importante fue con el tiempo la de los turcos otomanos, que se
    inició en la antigua Frigia para extenderse a costa de los
    saliuquíes y de los bizantinos. Su fundador, Otmán
    (1299-1326) y su hijo Orján (1326-1360) tomaron a los
    bizantinos las ciudades de Brusa (1326), Nicomedia (1327) y Nicea
    (1331). bajo Murad I (1360-1389), los otomanos, con su capital en
    Brusa, afirmaron su poder en Anatolia y comenzaron las conquistas
    en la Europa
    balcánica, por Tracia. Sucesivamente cayeron Didimoteichos
    (1361), Adrianópolis (!362), Sofía (1385) y luego,
    en Macedonia, la región de Tesalónica (1387). El
    sultán siguiente, Bayaceto (1389-1402), completó la
    conquista de Servia y Bulgaria, tras las victorias de Amselfeld
    (Kosovo, 1389), Suctari (1393), Tirnovo (1393) y Nicópolis
    (1396), e hizo tributario al Principado de Valaquia
    (1396).

    La caída de Constantinopla en 1453 en
    manos del sultán otomano Mohamed II (1451- 1481)
    señaló el fin del Imperio bizantino y
    proporcionó al imperio otomano una excelente capital en
    Europa,
    rebautizada con el nombre de Estambul. La iglesia de
    Santa Sofía se convirtió en su mezquita mayor,
    después de experimentar varias
    reformas.

    Trabajo realizado por:
    Dr. Angel Ricardo Guevara Hdz.


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