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Parque Nacional Los Glaciares

Enviado por juanpbarani



En Armonía con la Naturaleza

La gran extensión del territorio y la gran diversidad de climas que caracterizan la Argentina determinan una realidad fitogeográfica muy variada, así como muy rica desde el punto de vista de la fauna. En ella están representadas casi todas las formaciones o tipos de asociación vegetal, desde la selva subtropical hasta la estepa y el desierto, lo que vuelve difícil establecer una clasificación precisa y definitiva.

Cada uno de los paisajes que cubren la vastedad del país contiene uno o varios ecosistemas, de gran interés económico, científico o simplemente recreativo. Integrado por un extraordinario número de especies –unas 300 de mamíferos, 1.000 de aves y cerca de 10.000 plantas vasculares-, el elenco de flora y fauna de la República Argentina se halla entre los de mayor biodiversidad a nivel de géneros y familias.

Al igual que en el resto de los países, también en el nuestro la acción del hombre ha modificado el paisaje, a menudo peligrosamente, hasta el punto de poner en peligro de extinción a ciertas especies de animales y vegetales. La erosión del suelo, la falta de nutrientes, la producción de metano, el agujero de ozono, la deforestación y la pérdida de diversidad biológica son consecuencias, en definitiva, de un estilo de vida que, en las postrimerías de este milenio, ha entrado en crisis en todo el planeta. La República Argentina no constituye una excepción.

Valga un ejemplo: en la región de los Pastizales de la Pampa Húmeda, los desequilibrios ecológicos son de larga data. Desde el siglo XVI, a partir de la fundación de Buenos Aires, la actividad ganadera empezó a desarrollarse de manera desmesurada. Primero se desarrolló la ganadería extensiva del ganado bovino, ovino y caballar sobre la base de pasturas naturales y luego se pasó a la ganadería de bovinos, basada en alfalfares, primero, y en cereales forrajeros después.

Simultáneamente, en el litoral fluvial, la urbanización cobró fuerza de manera incontrolada. Se transformaron las condiciones de drenaje, la fertilidad del suelo y la composición de los pastizales, lo que acarreó la desaparición de numerosos especies vegetales y animales. La fauna autóctona de esta región hoy está desplazada por la intensa modificación del hábitat, la caza, la transformación de la mayoría de los ecosistemas naturales en agrosistemas y la competencia con el ganado. Desaparecieron los grandes herbívoros, como es el caso del guanaco, y se hallan en franco retroceso numérico otras especies como el zorro gris y el ñandú común. El ciervo de las pampas está en peligro y drásticamente reducido a dos áreas relictuales al este y oeste de la región.

Para evitar la degradación ambiental y la depredación de la flora y la fauna, la Argentina ha sido realmente pionera en el establecimiento de áreas protegidas. La creación de la primera área de este tipo se debe al Perito Francisco Pascasio Moreno, quien, en 1903 donó a la nación tres leguas cuadradas (unas 75.000 ha) en el área que actualmente ocupa el Parque Nacional Nahuel Huapi. Con esas tierras se inició la reservación de bosques permanentes. En 1934 se creó el primer parque nacional y sucesivas disposiciones –entre otras, la ley 12.103 de 1934, y la 22.351, de 1080 han permitido establecer dicho sistema que, a mediados de 1993, ya involucraba casi 14 millones de hectáreas, con responsabilidad administrativa, a cargo de los gobiernos nacional, provincial y municipales. San Juan se destaca por ser la provincia con mayor porcentaje de superficie protegida: algo más del 20% de su territorio.

Cabe destacar la acción de la Administración de Parques Nacionales, organismo dependiente de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano. Además, existen áreas protegidas por acuerdos internacionales en varias provincias argentinas. Por sus excepcionales características, dos sitios han sido declarados patrimonio natural de la humanidad.

Sistema nacional de áreas protegidas

En materia de preservación de la naturaleza y del equilibrio ecológico, hay que resaltar la acción de la Administración de Parques Nacionales, que ha elaborado una legislación precisa en todo lo relativo a las áreas protegidas. Este organismo ha definido una clasificación basada en dos categorías: estrictas y no estrictas.

Categorías Estrictas. Esta primera clasificación incluye áreas en las que se admite la presencia humana sólo en calidad de visitante. Comprende:

Reserva científica o Reserva natural estricta: Áreas significativas por la excepcionalidad de sus ecosistemas, de sus comunidades naturales o de su flora y fauna, cuya protección sea necesaria para fines científicos de interés nacional. Por ejemplo Campos del Tuyú, en la provincia de Buenos Aires.

Parque nacional o parque provincial: Áreas biogeográficamente representativas, no afectadas por la actividad humana y poseedoras de ecosistemas y especies de flora y fauna, geoformas o paisajes naturales de excepcional belleza, con fines científicos, educativos o recreativos. Por ejemplo, Talampaya, en la provincia de La Rioja.

Monumento natural (nacional o provincial): Áreas o sitios que contienen elementos de notable importancia como poblaciones animales o vegetales, espacios naturales, geoformas, etc., cuya singularidad exige ponerlos en resguardos con fines educativos o recreativos. Por ejemplo, Bosque Petrificado Sarmiento en Chubut.

Categorías No Estrictas. Esta segunda clasificación admite la presencia humana con ocupación y actividades, pero ordenadas. Comprende los siguientes tipos de áreas:

Reserva natural manejada o Santuario de flora y fauna: Áreas específicas indispensables para preservar la existencia o mejorar la condición de vida posible de especies o variedades individuales de importancia nacional o provincial. Por ejemplo, la Costanera Sur, en la ciudad de Buenos Aires.

Paisaje protegido: Lugares protegidos para mantener la calidad escénica de paisajes seminaturales o culturales, dignos de ser preservados. Por ejemplo Pereyra Iraola, en la provincia de Buenos Aires.

Reserva de recursos: Áreas destinadas a conservar los recursos naturales de zonas deshabitadas o poco habitadas, de las cuales, por no poderse evaluar los efectos de su transformación en tierras de uso agrícola, ganadero, forestal o urbano, se ha resuelto conservar sin utilización, salvo el usufructo tradicional que ejerce la población local. Por ejemplo, El Leoncito, en la provincia de San Juan.

Reserva natural-cultural: Áreas destinadas a la conservación de espacios naturales en los que habitan comunidades aborígenes interesadas en preservar sus recursos naturales y las pautas naturales de usufructo. Por ejemplo, Cerro Colorado, en la provincia de Córdoba.

Reserva de usos múltiples: Áreas en las que se privilegia la convivencia armónica entre las actividades productivas del hombre y el mantenimiento ambientes naturales con sus recursos silvestres. Por ejemplo, Valle Fértil, en la provincia de San Juan.

Protección Internacional

A partir de que en la segunda mitad de este siglo tomaron cuerpo las denuncias acerca de los múltiples atropellos ecológicos que ponen en peligro la integridad del planeta, diferentes entidades internacionales se han preocupado por salvaguardar regiones, paisajes o especies animales y vegetales del mundo, ya sea porque se hallan en peligro de extinción o de manera simplemente preventiva, consagrándolas cómo áreas de interés universal. En la Argentina, los organismos internacionales han establecido dos categorías:

Reserva de la biósfera: Áreas destinadas a la conservación de recursos biológicos y al conocimiento del funcionamiento de los ecosistemas. En estos espacios se procura mantener formas tradicionales de uso de los recursos naturales y aprender de ellas a fin de mejorar su manejo, y conciliar la conservación de la naturaleza con el desarrollo de poblaciones humanas. Por ejemplo, Laguna Blanca, en Catamarca.

Sitio de patrimonio mundial (natural): Incluye sitios que posean un patrimonio natural de interés y valor excepcional para toda la humanidad. Por ejemplo, Los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz, e Iguazú, en la de Misiones.

Parque Nacional los glaciares

El Parque Nacional Los Glaciares fue creado en 1937 para preservar las maravillas naturales de esta parte de los Andes patagónicos.

Comprende una superficie de 6.000km2 de los cuales, una cuarta parte pertenece a la Reserva Nacional y las otras tres al Parque propiamente dicho.

Sus límites por el oeste siguen en todo momento la línea divisoria internacional chileno-argentina entre los paralelos 49º 15´ y 50º 50´Sur (desde el Cerro Fitz-Roy hasta el Cerro Stokes) abarcando parte de los Hielos Continentales y todos los glaciares que de ellos descienden hacia el lado oriental.

Debido a su interés paisajístico por un lado, y a parte de su flora y fauna en peligro de extinción por el otro, la UNESCO lo declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Además de la Intendencia Central, sita en Calafate, el parque dispone de cuatro seccionales (Lago Roca, Río Mitre, Glaciar Perito Moreno y El Chaltén) permanentemente habilitadas, donde los visitantes podrán recabar datos referentes a la zona.

de glaciares y glaciaciones

Introducción

os glaciares llegaron a cubrir en el pico de la última gran glaciación, hace aproximadamente 18.000 años, un tercio de las tierras emergidas, lo que supuso 3 veces más de su extensión actual. El nivel del mar bajó entonces 120m, resultando de ello grandes extensiones hoy cubiertas por las aguas marinas, eran entonces tierra firme, dato a tener muy en cuenta cuando se piensa en las grandes migraciones humanas y animales que signaron aquellas épocas. Gracias a ello se pudo pasar a pie desde Siberia hasta Alaska -comenzando así el poblamiento americano- y de Europa a Inglaterra, entre otros ejemplos.

Por el carácter plástico del magma que yace bajo la corteza terrestre, las tierras que sufrían la presión de los hielos se deprimieron bajo sus casquetes polares, como ocurre actualmente con la Antártida y Groenlandia y poco a poco, al retirarse los hielos, fueron de nuevo elevándose lentamente, fenómeno no del todo concluido (se ha calculado que Groenlandia todavía se eleva 1m por siglo). Los más beneficiados por este hecho han resultado ser los habitantes de un pequeño archipiélago frente a las costas de Finlandia, que cada 50 años desde hace unos siglos, tienen la agradable obligación de repartirse las tierras que el mar les regala.

A pesar de que –por impresionantes que nos puedan parecer hoy, los glaciares son sólo reducidas reliquias de las extensiones glaciales de antaño- todavía juegan un papel importantísimo en nuestros días: Ocupando el 10% de las tierras emergidas, suponen el 90% del agua dulce del planeta (dato interesante en un mundo cada vez con menos agua potable y más contaminada). Además, con las corrientes de aire y agua que crean, contribuyen a equilibrar el clima de la tierra, que sin ellos sería asfixiante.

También fueron ellos los que antaño excavaron, transportaron y pulverizaron minerales de todo tipo que después, por las violentas tempestades que soplaron desde sus masas heladas, se distribuyeron por diferentes regiones del globo (China, América del Norte, Europa Central, Pampas Argentinas...) creando suelos muy fértiles para la agricultura. En la Patagonia Austral, sin embargo, la formación de los suelos se debió principalmente a los procesos magmático-eruptivos ocurridos en la actual zona andina.

En el pico de la glaciación, la disminución de la temperatura media varió ostensiblemente en diferentes lugares del globo: diez grados menos en Alaska, seis en Inglaterra, dos en los Trópicos, y prácticamente sin variación en el Ecuador.

Se ha calculado que si los glaciares se derritieran hoy, el nivel del mar subiría entre 60 y 70 metros inundando enormes extensiones de terrenos costeros y varias de las principales ciudades del mundo.

Si bien hoy sabemos que las glaciaciones son un fenómeno que se viene dando desde remotísimas eras geológicas en distintos lugares de la tierra, (hace 450 millones de años, antes de la separación de los continentes, el actual desierto del Sahara ocupaba precisamente el Polo Sur y sufría una enorme glaciación de la que todavía quedan restos visibles en forma de grandes estrías sobre las superficies de roca pulida), la glaciación más conocida, mejor estudiada, y a las que nos referiremos en éstas páginas es, naturalmente, la última.

Se dio simultáneamente en los dos hemisferios, aunque las mayores extensiones las alcanzó en el Hemisferio Norte: En Europa el hielo avanzó hasta cubrir casi toda la isla de Gran Bretaña, norte de Alemania y Polonia, y en Norteamérica, el manto de hielo que bajaba del Polo Norte, sepultó todo Canadá y alcanzó hasta más al sur de los actuales lagos estadounidenses que, como los patagónicos y los alpinos, se formaron sobre las hondonadas que dejaron libres las masas glaciares que acababan de retirarse.

A pesar de que todos éstos datos hoy son normalmente admitidos, no fue fácil para los pioneros de la glaciología convencer a sus contemporáneos del protagonismo de los glaciares en la formación de los paisajes actuales. Veamos cómo empezó todo:

Comienza la Glaciología

En 1837 un sabio suizo, Louis Agassiz, hasta entonces admirado por sus conocimientos en fósiles marinos, lanza una teoría, que a los oídos de sus eminentes colegas de la Sociedad Científica resulta poco menos que una blasfemia en medio de una Misa Mayor: "Las formas actuales de paisaje habrían sido provocadas por antiguos glaciares y no por el Diluvio Universal como hasta entonces se venía aceptando". Los glaciares, según él, habrían horadado valles, movido montañas, transportado materiales y excavado lagos.

Eran los comienzos del siglo XIX y las ciencias naturales, tal como hoy las entendemos, estaban todavía en pañales. La geología estaba a tal punto influenciada por la Biblia y la religión, que sus más preclaros cultores admitían todavía la teoría formulada por un arzobispo y un vicecanciller de Cambridge que, aunando su agudeza matemática, religiosa, antropológica sentenciaron en 1654: "El cielo, las nubes llenas de agua y el hombre fueron creados por la Santísima Trinidad el 26 de octubre del año 4004 antes de Cristo, a las 9 de la mañana".

Eran tiempos aquellos en que para explicar lo inexplicable estaba siempre el recurso de la brujería, como en el caso de los bloques erráticos, enormes piedras sembradas por las campiñas del norte de Europa sin ninguna conexión geológica con el paisaje circundante, y cuyo transporte por los glaciares desde sus puntos de origen sería después demostrado por Agassiz.

A medida que transcurre el siglo XIX las teorías de Agassiz son cada vez más aceptadas, así como sus derivaciones: descenso del nivel del mar, depresión de las tierras bajo el peso de los hielos y elevación de las mismas después de la fusión, formaciones de morrenas, deposición de bloques erráticos, etc.

Al principio se creyó en una sola glaciación, pero el hallazgo de varios restos vegetales entre las capas de las morrenas hizo pensar que después de cada retirada glacial, un clima más benévolo se instaló sobre las zonas anteriormente ocupadas por el hielo y permitió de nuevo el surgimiento de la vida hasta que todo fue cubierto otra vez por el próximo avance glaciar: había nacido la idea de las glaciaciones.

Los avances y retiradas de los hielos, estando en relación con los sucesivos enfriamientos de la tierra, se vio entonces en la glaciología como una herramienta para descubrir el clima de la tierra en épocas pasadas y en diferentes lugares del globo, herramienta que hoy siguen utilizando los científicos que estudian los casquetes polares de la Antártida y Groenlandia en el afán de develar el pasado climático del planeta. Estudios hechos al final del siglo pasado en Norteamérica y Europa, escenarios de las grandes glaciaciones del Pleistoceno, dieron idénticas edades para las grandes glaciaciones de esta era geológica que comprende aproximadamente los últimos 2 millones de años.

También los estudios demostraron que las grandes invasiones del hielo se produjeron en los dos hemisferios al mismo tiempo y fluyeron siguiendo siempre los mismos recorridos.

Causas de las Glaciaciones

Quedaba por resolver las causas de todos estos cambios climáticos. Teorías de todo tipo se han barajado desde entonces: elevamientos y contracciones de la corteza terrestre, enormes erupciones volcánicas que hubieran lanzado tales cantidades de polvo a la estratosfera como para reducir las radiaciones solares, diferencias de actividad en las manchas solares, etc.

A pesar de que todas ellas pueden tener parte de razón, ninguna explica por completo el fenómeno y mucho menos su relativa periodicidad.

La teoría más admitida hoy como causa de las variaciones climáticas que a su vez provocaron las glaciaciones es la llamada teoría astronómica.

Ya en el siglo II a.d.C., Hiparco, astrónomo griego, descubrió que la Tierra en el espacio se comportaba como un trompo, girando no sólo sobre sí misma sino dando también a su eje un movimiento giratorio. Había dado, sin saberlo, el primer paso para lo que luego vino a llamarse la teoría astronómica de las glaciaciones que desarrolló completamente el matemático yugoslavo Milutin Milankovitch, que dedicó toda su vida a elaborar complejísimos cálculos, en los que intentó demostrar que la interacción de 3 ciclos astronómicos alteraba lo suficiente las radiaciones solares en la tierra como para producir enfriamientos que devinieran en glaciaciones. Se trataría de estos tres ciclos:

  1. Ciclo de la órbita terrestre: Cada 100.000 años la órbita terrestre alrededor del sol pasa de ser casi un círculo a una perfecta elipse y después de nuevo circular.
  2. Ciclo de la inclinación axial: Cada 41.000 años la inclinación del eje de la tierra sobre su órbita pasa de 21,5 a 24,5 grados para volver de nuevo a 21,5. Es precisamente esta inclinación la que origina las estaciones. Cuanto mayor sea, más extremas será estas (inviernos más fríos y veranos más cálidos).
  3. Ciclo de precesión de los equinoccios: Cada 26.000 años, como una peonza en el espacio, el eje de la tierra describe un círculo total. Curiosamente, han sido los mares, además de posteriores observaciones geológicas, los que han dado el definitivo espaldarazo a la teoría astronómica de Milankovich. Analizando y datando los sedimentos de los fondos abisales, se han podido determinar claramente los ciclos glaciares en función de elementos que sólo pueden existir en aguas más calientes o más frías (microorganismos, diferentes isótopos del Oxígeno, etc.).

De cualquier forma, el mecanismo de los climas es de tal complejidad, que admitiendo que los fenómenos astronómicos hayan sido los principales causantes de las glaciaciones, también es probable que fenómenos tales como erupciones volcánicas, manchas solares, meteoritos, etc. hayan intervenido en las fluctuaciones climáticas generales.

En cuanto a futuras previsiones del clima basadas en estudios y ciclos del pasado, el asunto se complica aún más: el alocado empleo del Planeta por el supuesto "Homus civilizatus" están introduciendo nuevas variantes que cada vez alejan más el futuro de cualquier previsión científica y lo acercan mucho más a una lotería: la concentración de gas carbónico en la atmósfera debido a la utilización de los combustibles fósiles, las deforestaciones a gran escala de las selvas tropicales y un sinfin de nuevas alteraciones ecológicas que se han venido produciendo en el último siglo, son factores con los que nunca la Tierra se había encontrado antes y su reacción a ellos es hoy un tema que provoca entre los científicos las más variadas polémicas.

Con respecto a grandes deforestaciones, recordemos que no han faltado teorías que hayan asociado las deforestaciones masivas ocurridas en Europa al final de la Edad Media con el comienzo de la llamada "Pequeña Edad del Hielo", recrudeciendo general del clima que sacudió al Planeta desde el siglo XVI al XIX.

Las Glaciaciones En La Patagonia

Por más importantes que hoy nos puedan parecer, nuestros glaciares y mantos de hielos patagónicos son sólo minúsculas reliquias de las grandes glaciaciones de antaño.

En la Patagonia austral, la primera glaciación que dejó huellas claras se dio hace 3,5 millones de años y en aquella época, el hielo se extendió por lo menos 60 km al este de la actual Cordillera. Otra gran glaciación, que supondría la mayor de las experimentadas en Patagonia, se habría dado hace 1 millón de años aproximadamente. Las morrenas terminales de ésta última se pueden observar en la meseta sur del río Santa Cruz, a la altura de Cóndor Cliff, a casi 200 km de distancia de la actual Cordillera.

Si bien hay algunas discrepancias sobre éste punto, hoy parece y a generalmente admitido que los hielos sólo cubrieron la meseta patagónica en su parte más austral, es decir al sur del río Gallegos, donde una enorme lengua se extendía sobre el actual Estrecho de Magallanes, (que no es sino otro valle formado por el hielo e invadido después por el mar) y la casi totalidad de Tierra del Fuego, como lo prueban morrenas que se han encontrado bajo el actual nivel de las aguas del Atlántico. En el resto de la Patagonia los hielos avanzaron según grandes ejes oeste-este, sin llegar nunca hasta la actual costa atlántica.

En el período geológico llamado Pleistoceno, los glaciares se extendieron hasta 100 km más al este del presente límite oriental del Lago Argentino, y en la zona cordillerana, llegaron a alcanzar luna altura de más de 1000 metros sobre el actual nivel del Lago. El descenso del nivel del mar permitió que la línea de la costa atlántica se situara hasta 150 km. más al Este de la que hoy conocemos.

En las épocas más cálidas, que alternaron con los períodos glaciares, gigantescos ríos de fusión cortaron las mesetas hacia el Atlántico, excavando valles a su paso. Sobre estos valles, (el del río Santa Cruz es un claro ejemplo) se deslizaron más tarde los glaciares en las posteriores glaciaciones, depositando materiales y al mismo tiempo, excavando el suelo con su enorme poder erosivo. Después de su última retirada, enormes cuencas habían quedado en el terreno, que se llenaron con las aguas de fusión, formando así los lagos glaciares que hoy podemos ver.

Se entiende bien, después de todos éstos procesos por qué Louis Agassiz, el fundador de la glaciología, llamó a los glaciares "Los arados de Dios".

Las Glaciaciones en nuestra zona

A continuación damos un breve resumen del desarrollo en la zona del Lago Argentino y Río Santa Cruz de las etapas de la última glaciación:

  • Hace 18/20.000 años, en el pico máximo de la última glaciación la lengua glaciar que se originaba en la Cordillera se extendía a lo largo del hoy Lago Argentino y Río Santa Cruz hasta el actual paraje de Cóndor Cliff, 100 km más al este del presente límite oriental del lago.
  • Posteriormente, se dio un gran retroceso y los glaciares se retiraron hasta aproximadamente sus límites actuales.
  • Vino más tarde otro nuevo avance del hielo que nos ha dejado dos series de morrenas: una a 25 km al este del actual lago y la otra, posterior, que es la que circunda en éstos momentos el Lago, pasando por las cercanías de Calafate y continuando hasta el Cerro Frías. Esta última es fácilmente apreciable cuando se circula por la ruta desde Calafate a Chaltén: las constantes subidas y bajadas del camino durante 15/20 km. después de dejar la ruta asfaltada nos indican que estamos transitando precisamente por dicha morrena. Un enorme bloque errático a la derecha, 1 km. después de cruzar el río Santa Cruz es también visible al costado del camino.
  • Nuevo retroceso hacia la Cordillera, en el que se formaría ya definitivamente el actual Lago Argentino. En éste retroceso (o tal vez en un pequeño nuevo avance tras él) se formaron las morrenas cercanas a Punta Bandera y las que circundan el Brazo Rico en su parte oriental, fácilmente visibles ambas desde la ruta hacia el Glaciar Moreno.
  • Una vez retrocedidos los glaciares hasta sus posiciones actuales aproximadamente, hubo, ya en tiempos históricos, otro nuevo avance que ha dejado morrenas terminales entre 2 y 10 km. de los actuales frentes glaciares: se trata de lo que se ha dado en llamar la "Pequeña Edad del Hielo" período de enfriamiento que duró desde el final de la Edad Media hasta mediados del siglo XIX.
  • Desde entonces y salvo contadas excepciones, los glaciares patagónicos, como los del resto del mundo, vienen retrocediendo en mayor o menor medida.

Que es un Glaciar

Drama en dos actos

Se suele comparar un glaciar a un río de hielo. Si bien la comparación puede ser válida en ciertos aspectos (cuenca de alimentación con afluentes, capacidad erosiva, mayor velocidad en el centro del cauce que en los bordes...) no es menos cierto que los últimos estudios demuestran que el movimiento del hielo, que como todos los cuerpos, responde a las leyes de gravedad, también responde a comportamientos muy particulares que poco tienen en común con el agua.

Acto 1: Formación

El hielo de los glaciares no es otra cosa que el producto de la compresión de la nieve por efecto de su propio peso. Así que, para la formación de un glaciar hace falta que se cumpla una condición fundamental: Que la cantidad de nieve caída a lo largo del año en una determinada zona, sea mayor que la ablacionada. De esto se deduce que, para la formación de un glaciar, no sólo son necesarias grandes nevadas, sino, más importante todavía, que la temperatura media anual permita conservar la nieve caída. Por eso las grandes extensiones de hielo actuales (Antártida, Groenlandia) no están situadas en las altas Cordilleras de latitudes medianas, donde las nevadas son abundantes, pero también lo es la fusión veraniega, sino en los extremos de cada Hemisferio donde la escasa radiación solar no permite la desaparición de la nieve. Ejemplo típico lo encontramos en la Antártida, considerada técnicamente un desierto por su nivosidad, (entre 120 y 140 mm anuales) en su zona central) y que sin embargo, supone la mayor concentración de hielo del planeta (90%) con espesores que superan a veces los 4.500 m.

Pero volvamos al escenario de nuestro primer acto: la nieve caída empieza a comprimirse apenas toca el suelo: sus cristales, pequeños corpúsculos de apenas un cuarto de mm de espesor, que todos conocemos por la caprichosa belleza de sus formas, comienzan a perder sus extremidades, que al entrar en contacto unas con otras se funden, liberando el aire en sus intersticios y dando a los cristales una forma más granulada.

A medida que se acumulan nuevas capas de nieve, su peso continúa liberando las burbujas de aire entre los cristales y provocando una mayor compactación de éstos, proceso que continúa hasta formar el hielo.

El tiempo necesario para la formación de hielo a partir de la nieve varía enormemente de un glaciar a otro (desde una decena de años, en glaciares templados como los patagónicos o los alpinos, a varios cientos en Antártida) en función de dos factores: la nivosidad y la temperatura. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, más rápidamente se forma el hielo cuanto más templado sea un glaciar: antes citábamos la fusión de los cristales; con temperaturas superiores a 0 grados, ésta fusión se traduce en agua que se infiltra hacia el fondo, helándose nuevamente y liberando nuevamente pequeñas cantidades de calor. Este calor debilita la dureza de los cristales inferiores facilitando a su vez la fusión y compactación entre ellos, lo que redunda en una mayor rapidez de formación de hielo.

Acto 2: Movimiento

Un glaciar no sólo es una masa de hielo, sino sobre todo, una masa de hielo en movimiento.

Obviamente, como todo cuerpo en movimiento y a lo largo de una pendiente, el hielo es influenciado por la gravedad y en mayor medida cuanto más pronunciada sea esta pendiente. Esta similitud con el agua es lo que ha llevado por mucho tiempo a comparar los glaciares con los ríos, lo cual, si no es del todo falso, a la luz de los últimos estudios, tampoco parece ser del todo verdadero.

Según los glaciólogos, un glaciar registra dos tipos de procesos: de deslizamiento y de deformación interna. Ambos tipos se dan en todos los glaciares, pero el deslizamiento de los glaciares llamados templados (Andes, Alpes, Himalaya...) y la deformación interna del hielo es el principal causante del movimiento en los casquetes polares (Groenlandia y Antártida) donde las pendientes a veces son mínimas. El deslizamiento responde por supuesto a la acción de gravedad. A pesar de lo simple del principio, tiene aspectos sorprendentes: Este deslizamiento solo puede darse en presencia de agua en su base, que en los glaciares templados proviene de dos causas: por una parte de la fusión de las capas superiores, que va filtrándose hacia el fondo. Por otra, la base del glaciar, al friccionar la roca determina un cierto recalentamiento que también ayuda para la fusión de pequeñas cantidades de agua.

Así pues, una fina película líquida recorre siempre la base de los glaciares actuando como lubricante entre el hielo y su sustrato rocoso. Es esta lubricación interna uno de los factores que va a determinar la velocidad de avance de un glaciar.

En los glaciares fríos, las temperaturas extremas impiden toda fusión y el glaciar queda "soldado" por su base: será entonces la deformación interna del hielo la causa principal de su movimiento. Más compleja y menos conocida que el deslizamiento, la deformación interna podría compararse al proceso que sufren ciertos metales o minerales, sometidos a tensiones por temperaturas ligeramente inferiores a su punto de fusión: como bien saben los herreros desde tiempo inmemorial, éstos cuerpos adquieren la capacidad de deformarse.

En el caso del hielo, es su mismo peso, que en algunos glaciares puede llegar a presiones de 650 Tn./m2, el que produce tensiones que llevan al glaciar a deformarse: los cristales de hierro redisponen sus moléculas en capas más o menos paralelas a la superficie glaciar. Estas capas se deslizan una sobre otra. El movimiento acumulado de las capas de moléculas en el interior de cada cristal más un cierto efecto de patinaje entre los cristales es lo que se llama pues, deformación interna. Paradójicamente pues, las leyes físicas que rigen éste fenómeno están mas cercanas a la flexión de un hierro al rojo vivo, que al deslizamiento del agua por una canaleta.

Pero volvamos al principio del acto: veíamos que un glaciar sólo es glaciar si se mueve . Para comenzar a moverse, el hielo necesita un cierto espesor crítico de alrededor de 20 metros.

A partir de aquí, tres factores condicionarán la velocidad de avance de un glaciar: el espesor, la pendiente y la temperatura del hielo. Cuanto más espesor tenga un glaciar, más deprisa avanzará y obviamente también será más rápido cuanto mayor sea la pendiente por la que se desliza.

Antes citábamos glaciares fríos y templados: Cuanto más "templado" sea un glaciar, más rápido será, a causa de la mayor cantidad de agua fusionada que circula por su base facilitando el deslizamiento, y a causa de que la energía calórica que libera parte de ese agua infiltrada al recristalizar de nuevo, contribuye a debilitar los cristales de hielo haciéndolos más moldeables y fáciles de deformar.

Esta misma cantidad de agua de fusión corriendo por la base y lubricando el frotamiento del hielo con la roca, es lo que causa una mayor velocidad del glaciar en los días cálidos o lluviosos que en los fríos o secos y lógicamente, también en verano más que en invierno.

La velocidad pues, es un fenómeno altamente variable de unos glaciares a otros e incluso en el mismo glaciar, no sólo en función de la época, sino también del lugar: al igual que en las corrientes de agua, el frotamiento de sus bordes con la tierra frena el movimiento de éstos haciendo la corriente más rápida en su centro que en sus bordes. El frotamiento en su base es a su vez la causa de que la velocidad de la superficie sea mayor que la del fondo.

El punto de mayor velocidad de un glaciar se encontraría sobre la línea de equilibrio del mismo. Es ésta una línea imaginaria que divide la zona de acumulación de un glaciar, que es aquella en que la cantidad de nieve caída anualmente es mayor que la perdida por evaporación o fusión, y que corresponde a sus zonas más altas, de la zona de ablación, donde, inversamente a la anterior, la nieve perdida es mayor que la caída y se sitúa, como es natural, en sus zonas inferiores.

Delimitar ésta línea es muy importante para el estudio de cualquier glaciar, pues la situación de la misma y la relación de superficie entre las dos zonas antes citadas, son datos muy importantes para la determinación del comportamiento del glaciar y su respuesta frente a los cambios climáticos. A simple vista, podríamos definir esta línea de equilibrio como la serie de puntos todavía con nieve a fines de Otoño, antes de las primeras nevadas. En glaciares muy agrietados es más fácil distinguirla, pues marca la frontera entre la zona de grietas y la zona en que éstas (por lo menos las más pequeñas) son ocultadas por la nieve. Por supuesto que ésta línea de nieves permanentes no será igual todos los años y también variará de unos glaciares a otros con la orientación, las condiciones de la pendiente, las variaciones climáticas, etc.

Otro de los fenómenos comunes a los glaciares y de extrema ayuda para sus estudiosos son las morenas o morrenas, que podríamos definir brevemente como acumulaciones de piedras, arenas y arcillas transportadas por los glaciares. Su importancia viene dada porque son ellas las que denotan las pasadas posiciones de un glaciar. Asimismo, estudiando los restos orgánicos mezclados en ellas, fácilmente datables por el sistema del Carbono 14, se puede llegar a conocer la cronología de 1os antiguos movimientos del glaciar. En función de su posición, las morrenas se pueden clasificar en laterales o centrales. Estas últimas resultan de la unión de las morrenas laterales de un glaciar y de su afluente, resultando así una línea característica de materiales rocosos que corre por el centro de un glaciar en el mismo sentido de su marcha. Otro tipo de morrena muy importante para el glaciólogo es la morrena terminal que, como su nombre indica, viene a señalar la posición más extrema alcanzada por el hielo y el punto en el que el mismo comenzó a retroceder. Quisiéramos terminar ésta breve introducción a los glaciares hablando de las grietas y los seracs, dos aspectos muy comunes en toda geografía glacial, y que constituyen el mayor peligro para quienes por ellos transitan. Como hemos visto anteriormente, la velocidad de un glaciar no es igual en todos sus puntos. Diferentes velocidades en diferentes puntos provocan tensiones que la plasticidad del hielo no puede siempre absorber completamente y que resultan en un resquebrajamiento de su superficie (las grietas no suelen tener más de 30m de profundidad). Debido a las grandes presiones, el fondo permanece siempre compacto. Las grietas pueden tener una enorme variedad de longitudes o anchuras y se vuelven especialmente peligrosas para los andinistas cuando la nieve fresca forma sobre ellas puentes que por un lado las ocultan a la vista, pero por otro no son suficientemente sólidos para soportar el peso de una persona. Cuando el lecho de un glaciar sufre una pendiente pronuncia- da, la velocidad puede triplicarse durante algunos metros. Este repentino cambio de velocidad provoca en la superficie una serie de grietas entrecortadas y muy inclinadas que forman una caótica acumulación de bloques o seracs de un equilibrio altamente inestable. Cualquier alteración por erosión de viento, lluvia, temperatura o ligeros empujes del hielo que desciende de más arriba, pueden provocar el derrumbe de estos muros de hielo, que, junto con la caída en las grietas, son las causas más comunes de los accidentes mortales en la montaña.

Tipos de glaciares

Los glaciares se suelen clasificar en función de dos factores: su temperatura o su morfología.

En cuanto a su temperatura los glaciares se dividen en fríos y templados. A los primeros corresponden las dos grandes superficies polares (Antártida y Groenlandia) y a los segundos, todos los demás, situados en latitudes más templadas.

En cuanto a su morfología, citaremos brevemente algunos de los más comunes:

  • Indlansis: o enormes superficies horizontales de hielo. La Antártida y Groenlandia serían también los mayores Indlansis, si bien, otras superficies menores como el Hielo Continental Patagónico, y las masas glaciares de Islandia o las Islas Spitzberg podrían estar también comprendidos.
  • De Circo: llamados así por ocupar las partes superiores de los circos montañosos.
  • De Valle: glaciares que discurren por un valle bien definido.
  • Piedmont: glaciares de valle, que al llegar a terrenos inferiores y más llanos ensanchan considerablemente su frente en forma de abanico.
  • Compuesto: es el glaciar alimentado por otros menores, que a manera de afluentes en un río, llegan por los costados a engrosar su caudal. Las morrenas laterales de los afluentes pasan así a ser morrenas centrales en el glaciar principal. En nuestra región, tenemos en el Glaciar Upsala un claro ejemplo de este tipo.
  • De Calving: llámanse así a los glaciares cuyo frente está en contacto con el agua, sea ésta lacustre o marina. En el Lago Argentino tenemos tres glaciares de éste tipo: Upsala, Moreno y Spegazzini y en el Lago Viedma, el glaciar homónimo.

El Hielo Continental Patagónico

¿Qué hacen 17000 km2 de hielo, una superficie casi tan grande como el Estado de Israel o la Provincia de Tucumán en una latitud que trasladada al Hemisferio Norte nos colocaría en lugares tan poco englaciados como Londres, París o cualquier punto de la frontera entre Canadá y Estados Unidos? Cualquiera que haya mirado con detenimiento un planisferio, se habrá seguramente planteado a misma pregunta. En el Hemisferio Norte, para empezar a encontrar masas de hielo considerables hay que remontarse hasta los 60 grados de latitud (Islandia, extremo sur de Groenlandia...) mientras que en nuestro hemisferio, el Hielo Continental Patagónico, la tercera masa glaciar de la tierra después de la Antártida y Groenlandia, se extiende desde los 47º a los 51º, ostentando el récord de poseer el glaciar más cercano al Ecuador que llega hasta el nivel del mar (Glaciar San Rafael, -Chile- a los 46 grados 45 minutos, la latitud correspondiente a la Bretaña francesa en Europa o a Quebec en Canadá), La razón no es, desde luego, la altura de la Cordillera, pues precisamente en esta zona los Andes disminuyen bastante su altitud media, comparada con regiones más septentrionales.

Parafraseando a Bob Dylan, se podría decir que "La respuesta está en el viento".

¿Qué lector de novelas de viajes no se ha estremecido con los relatos de los navegantes de antaño? Descubridores, piratas, comerciantes o aventureros, todos los que transitaron estas aguas nos contaron acerca de los famosos "cuarenta rugientes" y "cincuenta ululantes" esos vientos huracanados que sembraron de naufragios las costas australes.

Son precisamente estos vientos, que en las latitudes de 40 y 50 grados sur recorren la tierra constantemente desde el Oeste hacia e1 Este, los que llegan cargados de humedad después de un viaje oceánico por el Pacífico y encuentran a su paso los Andes Patagónicos, único obstáculo a su recorrido en todo e1 Hemisferio Sur (Australia apenas llega a los 40 y Nueva Zelanda a los 45 grados de latitud Sur).

Al encontrar la Cordillera, el aire cargado de humedad comienza a remontarla y al hacerlo se enfría, condensándose a1 principio en forma de lluvia (los archipiélagos chileno-patagónicos están entre las regiones más lluviosas del mundo con precipitaciones de hasta ¡4000 mm y 323 días de lluvia a1 año!) y, a medida que sigue ascendiendo y enfriándose, en nieve.

La nivosidad en ésas zonas alcanza los 5000 mm anuales creando así las condiciones para la formación de una masa de hielo que se derrama después en numerosas lenguas glaciares, que por el lado oeste llegan hasta el nivel del mar en los fiordos chilenos y por e1 este hasta los lagos argentinos.

Desde las primeras expediciones que se adentraron por el Hielo allá en los albores del siglo, su grandiosa geografía por un lado, y el desafío deportivo que suponen sus difíciles accesos y sus infernales condiciones climáticas por otro, han hecho del Hielo Continental Patagónico, al decir del historiador chileno Mateo Martinic "La última gran frontera interior del sur americano en este siglo".

Transcribimos a continuación un pasaje del relato del Dr. Reichert, el primero en alcanzar en el año 1914 la divisoria continental de las aguas oceánicas en una auténtica proeza deportiva para la época: "Nos hallamos en un lugar extraordinariamente salvaje. Un paisaje que parece el Infierno de Dante se abre hacia el valle del fiordo y el viajero se estremece ante el aspecto de este mundo de eternos hielos. Un sinnúmero de poderosas y fantásticas montañas se levantan de un mar helado que inunda toda la Cordillera. Los glaciares, como cascadas congeladas que se precipitan a ambos lados de las pendientes, son el caos de las entrañas que alimentan el corazón de la Cordillera y dan al paisaje su carácter grandioso, desolado, cruelmente salvaje..."

La existencia de un mítico volcán humeante del que tanto leyendas indígenas, relatos de exploradores y navegantes del siglo pasado y pobladores de la zona daban cuenta, acució la curiosidad por descubrirlo, siendo al fin el inglés Eric Shipton, en Enero de 1960 el que divisaría una montaña en el medio del Hielo, "de la que fluía una espesa columna de vapor que se remontaba en el aire varios cientos de pies."

Allí estaba por fin el legendario volcán de los hielos: se trataba del Cerro Lautaro, una de las mayores montañas del Hielo Patagónico con sus 3380 m.s.n.m., situado aproximadamente a 40 km. al noroeste del Fitz-Roy al que, esta vez equivocadamente, también por muchos años se lo había tomado por otro volcán.

El Hielo Continental Patagónico está a su vez subdividido en dos partes: el Hielo Patagónico Norte con 4.200 km', situado totalmente en la XI región chilena o de Aisén . En él se encuentra el Monte San Valentín que con sus 4.060 m.s.n.m. es el pico más alto de los Andes Patagónicos, y el Hielo Patagónico Sur con 13.000 km' compartido entre Chile y la Argentina. Tiene una longitud de 360 km y una anchura promedio de 40 km si bien en algunos lugares alcanza los 90.

Los Hielos Patagónicos están considerados técnicamente en glaciología como masas de hielo de tipo "Indlansis", palabra noruega que quiere decir "hielo entre las montañas" ya que precisamente son casquetes de hielo que, a una altura media de 1500 m.s.n.m. recubren los valles entre las cadenas montañosas, cuyas partes superiores se elevan por sobre las llanuras heladas. Estas inmensas superficies heladas suponen una vasta zona de alimentación para las lenguas glaciares que desde ellas se derraman tanto hacia el este, como hacia el oeste, llegando en este caso hasta los fiordos y canales del Pacífico. Los más conocidos, por su belleza y accesibilidad son el Moreno y el Upsala en la Argentina, y el Glaciar San Rafael en Chile.

En las mesetas glaciares asoman a veces unas islas de roca conocidas como "nunataks" palabra de origen esquimal, que no son otra cosa que pequeñas montañas que el hielo cubre en su casi totalidad, dejando sólo visibles sus partes superiores.

El Glaciar Perito Moreno

Algunos Datos

El glaciar Perito Moreno, como todos los glaciares patagónicos, (salvo los del Cerro Tronador, cerca de Bariloche) tiene su origen en el Hielo Continental Patagónico, del que se habla más extensamente en éste libro en el capítulo de Glaciaciones.

  • Situación geográfica: 50º29' Sur y 73º03' Oeste.
  • Velocidad: 2,2 metros por día en el centro y 0.35 m/día en los bordes. La velocidad fue medida a 5 km. del frente y con un intervalo de un solo día en 1990 por ANIYA / SVARKA y coincide aprox. con la de Raffo, Colki y Madejski, que midieron en 1952 con un intervalo de más de más de un año. Como ya vimos en el capítulo de Glaciología, la velocidad de un glaciar es un factor altamente variable, en función, no sólo de la época, sino también del lugar del glaciar donde se efectúe.
  • Longitud: 30 km.
  • Superficie: 257 km'.
  • Espesor: Todavía no tenemos datos concretos sobre ello, pero estudios hechos en las morrenas laterales y en el bosque que flanquea el glaciar (se han encontrado árboles junto al hielo de más de 500 años) han hecho suponer a los especialistas que, también al contrario del resto de los glaciares de la zona, el Perito Moreno no ha variado sustancialmente su masa glaciar en los últimos 500/1000 años.
  • Anchura del frente: 4 km. aproximadamente
  • Línea de equilibrio: Alrededor de 1150 m.s.n.m.
  • Estado de su frente: Estacionario aprox. desde 1917. A pesar que desde entonces, el Glaciar ha estado oscilando en leves avances y retrocesos, se puede decir que en general, conserva el estado que tenía en aquella ocasión.
  • A propósito del frente querríamos aclarar un par de conceptos que a veces se mezclan y confunden en lo que respecta al avance de un glaciar: cuando se dice que un glaciar avanza o retrocede, nos estamos refiriendo solamente a la línea de su frente, ya que, como vimos anteriormente, en todos los glaciares, el hielo está en constante movimiento de avance, por deslizamiento o deformación.
  • El factor que hará avanzar o retroceder un frente glaciar será la relación, positiva o negativa, entre las cantidades de hielo que le llegan desde sus cuencas superiores y las que pierde por fusión o evaporación en sus cuencas inferiores.
  • Altura del frente sobre el nivel del lago: De 50 a 70 metros.
  • Máxima altura de su cuenca: Cerro Pietrobelli (2950 m.s.n.m. )
  • Profundidad del lago: Sólo en una ocasión se midió la profundidad del Brazo Rico junto al Glaciar (Hauthal 1900) encontrándose una máxima de 137 m. Altura del lago sobre el nivel del mar: 185 metros.
  • Temperatura del agua del lago: De 4 a 6 grados.
  • Color del agua: El característico color del Lago, conocido comúnmente como "leche glaciar", se debe a las partículas minerales suspendidas en el agua, provenientes de la abrasión del glaciar contra sus lechos rocosos y de las rocas entre sí, que por su microscópico tamaño no llegan a sedimentarse en el fondo.

Un poco de historia

Curiosamente, a pesar de haber estado muy cerca en su exploración de 1876, El Perito Moreno nunca vio el Glaciar, ya que no lo cita en ningún momento de su informe. Su interés en la zona en aquellos tiempos era verificar si el Brazo Rico pertenecía al Lago Argentino, cosa que logró recorriendo el Canal de los Témpanos un poco más al oeste del actual pueblito de Punta Bandera, plantando una bandera argentina – de ahí el nombre – y por el otro lado, llegando hasta el extremo este del actual Brazo Rico, donde hoy se encuentra la entrada al Parque Nacional.

En 1879, Juan Tomás Rodgers, capitán inglés de la Armada Chilena, en expedición desde Punta Arenas sería el primer explorador en citar el glaciar y darle nombre: lo llamó Glaciar Francisco Vidal Gormaz en honor del Director de la Oficina Hidrográfica de la Marina de Chile, organismo patrocinador de la expedición.

Años más tarde Hauthal, adscrito a la Comisión Argentina de Límites, lo llamaría Bismarck en honor del Canciller prusiano, nombre con el que todavía figura en algunos mapas alemanes y chilenos.

El Teniente Iglesias, encargado de unos estudios para el Instituto Hidrográfico Argentino en 1899 lo nombra en honor del Perito Moreno, nombre que quedaría como definitivo.

A partir de entonces fue frecuentado por andinistas, exploradores y científicos. A través de ellos, hemos podido seguir su evolución desde entonces, primero en lo referente a su gran avance desde principios de siglo y después, una vez estabilizado su frente, al fenómeno de sus diferentes rupturas:

En 1900, el frente del Glaciar estaba a 750 m de la costa de la Península de Magallanes.

En 1908, a 350 m.

En 1914, a 100 m.

En 1917, tocó por primera vez la Península Magallanes abriéndose unas semanas más tarde sin mayores consecuencias.

De los años siguientes no tenemos mayores datos hasta 1926 en que el geólogo E. Feruglio, recogiendo informaciones de los pobladores de la región, anota que "...el canal entre el glaciar y la orilla del Cerro Buenos Aires era bastante ancho como para permitir pasar un pequeño bote, sin peligro a los constantes bloques de hielo desprendidos del frente escarpado del glaciar".

En 1928 el Padre Agostini, que además de ser el gran pionero del andinismo patagónico nos dejó un invalorable archivo fotográfico de sus expediciones, tomó fotos del glaciar que nos permiten deducir que por aquel entonces la anchura del canal era de unos 150 m.

De nuevo nos faltan datos hasta el año 1935 en que sabemos que cerró por segunda vez, aunque sólo por un breve tiempo, como había ocurrido la primera vez en 1917.

En el verano del 1939-40 se dio por primera vez el fenómeno por el que luego el Perito Moreno atraería la atención primero de los glaciólogos y después, por su belleza espectacular, del mundo entero: la ruptura de su frente en febrero de 1940.

En marzo de 1942, su segunda ruptura, la diferencia de nivel de las aguas llegó a 19 m provocando de nuevo grandes inundaciones sobre las costas del Brazo Rico.

Después de esta ruptura, y durante diez años, la lengua del glaciar tocó varias veces la costa produciendo sucesivas rupturas (1947, 1949).

En los años 1949 y 1950 se registran en la zona precipitaciones muy superiores a las normales. El avance glaciar registra este aumento y en julio de 1951, ante e1 fuerte tapón, las costas del Rico comienzan de nuevo a inundarse. Con casi 13 m de diferencia la presión hace estallar la barrera de hielo y en marzo de 1952 se produce la ruptura.

En septiembre de ése mismo año, el glaciar cerraba de nuevo, y de nuevo en marzo de 1953 se producía una nueva ruptura al alcanzar las aguas una altura de 14,50 m.

Tres años después, a principios de 1956 se produce una nueva ruptura.

Los siguientes cierres, hasta el año 1966, parecen no haber provocado grandes inundaciones.

Desde e1 año 1970 al 1988, el glaciar sufrió varias rupturas con un ciclo de 2 a 4 años (1970, 1972, 1975, 1977, 1980, 1984, siendo la última y más documentada, la del 17 de febrero de 1988.

La ruptura: Los caprichos de un gigante

La ruptura del Glaciar Perito Moreno es, sin duda alguna, uno de los fenómenos naturales más impresionantes que se han podido contemplar en los últimos tiempos. Y cuando digo contemplar me refiero al hecho de que, generalmente, no es muy dable estar cerca y a salvo de los grandes accidentes naturales (volcanes, inundaciones, etc...)

Su fama ha trascendido fronteras y en la última ruptura de 1988, canales nacionales e internacionales de televisión esperaron pacientemente, algunos durante meses, para poder filmar el evento, que en aquella ocasión sólo duró 24 horas. La facilidad del acceso hizo que cientos de personas pudieran contemplar desde un balcón natural privilegiado el desarrollo de este inofensivo cataclismo.

Es frecuente escuchar que la ruptura del Moreno es un fenómeno que se repite cíclicamente cada 3 ó 4 años. Como vimos anteriormente, ésta regularidad sólo se dio en los últimos años. Basta observar la lista de las rupturas que se detalla en páginas anteriores de este trabajo para comprobar lo inexacto de esa idea. La prueba más reciente la tenemos en el hecho que desde la última ruptura de 1988 hasta nuestros días (1997) no se ha producido ninguna otra. El glaciar cerró, pero no con la solidez suficiente para embalsar las aguas del Brazo Rico, que inmediatamente se abrieron paso perforando un túnel.

Otro de los errores comunes sobre el Glaciar y su ruptura es el de considerarlo un fenómeno único en el mundo. Un caso muy cercano de ruptura lo podemos encontrar en el Glaciar del Plomo, en la alta cuenca del Río Mendoza, que en 1934, bloqueando el curso del río Plomo, afluente del Mendoza, provocó un embalse de 40 m de altura cuya presión horadó un túnel en el glaciar provocando aluviones que destruyeron el Ferrocarril Transandino de Mendoza a Santiago. En el verano del 84/85, el embalsamiento volvió a repetirse, sin llegar esta vez a producirse la ruptura.

Otro fenómeno muy parecido al del Moreno ocurrió a fines del siglo XIX en el Valle del Simadal, en Noruega. Después de repetirse por varios años las inundaciones en la zona a causa de las sucesivas rupturas, hubo que construir un túnel de descarga por la roca para evitar los aumentos de nivel, cosa que parecía haberse logrado, hasta que en 1937 estalló la pared de hielo produciendo de nuevo la catástrofe aguas abajo.

Y hablando de catástrofes, también el Moreno en su primera inundación de 1939 anegó los terrenos de las costas del Brazo Rico, que por sus pasturas se contaban entre los mejores de la región, obligando a varios de sus pobladores a abandonar ranchos y estancias que significaban muchos años de trabajos y esfuerzos, a medida que la inundación se acercaba. Desde la ruta hacia el glaciar y apenas pasada la portería del Parque Nacional, todavía hoy se pueden ver los restos de las casas abandonadas del otro lado del Brazo Rico.

Ante la inexorable subida de las aguas y para provocar el rompimiento del tapón de hielo, la Armada Argentina envía dos aviones que bombardean la zona de contacto sin ningún resultado práctico: el hielo no se inmuta y el agua sigue subiendo. Se proponen entonces varias soluciones a cual más impracticables: una de ellas consiste en ensayar la aplicación de cuerpos negros (hollín, colorantes...) para acelerar la fusión del hielo al aumentar la absorción de los rayos solares, método ya experimentado en aquellos años por científicos rusos en glaciares del Tibet. Tras complicadas fórmulas se llega a la conclusión de que harían falta nada menos que... 4 anos! para derretir el tapón de hielo.

También alguien se tomó la molestia de calcular matemáticamente la cantidad de petróleo necesaria para fundir la lengua de contacto: nada menos que 2.700 toneladas.

Se estudió también la apertura de un túnel a través de la roca, aplicada por los noruegos en el Valle de Simadal: haría falta mover en éste caso 500.000 m3 en un lugar al que entonces no llegaba ni la ruta.

Todas las soluciones humanas inviables, fue al fin la misma Naturaleza que lo había cerrado, la que lo abrió un tiempo más tarde como lo vino haciendo en años sucesivos cada vez que el muro de hielo taponó el natural desague del Brazo Rico, en el Lago Argentino.

Esquema de una ruptura

El glaciar, al tocar la Península de Magallanes, forma un dique natural de hielo, que obstruye completamente la comunicación entre el Brazo Rico y el Canal de los Témpanos. Las aguas del Lago Argentino siguen fluyendo naturalmente hacia el mar a través del Río Santa Cruz, mientras que el Brazo Rico, al quedar aislado del Lago y seguir recibiendo aportes de agua (lluvia, fusión de nieve y hielo...) comienza a subir de nivel.

El aumento del nivel de las aguas va creando una presión sobre el dique de hielo. Bajo esta presión, el agua consigue poco a poco filtrarse y horadar el hielo en su punto más débil, que corresponde a la zona de contacto con la tierra. Una vez abierto el primer resquicio, el paso del agua irá acelerando la fusión de la barrera helada, abriendo por ella un túnel, que con la correntada se irá haciendo cada vez más grande hasta derrumbarse totalmente, quedando entre el Glaciar y la costa el Canal que las aguas abrieron a su paso y que ahora de nuevo comunica el Brazo Rico con el Lago Argentino.

Cuando el frente glaciar avanza de nuevo sobre el Canal hasta tocar la costa, comienza el proceso de la siguiente ruptura.

El desnivel necesario en el Brazo Rico para producir una ruptura ha variado notablemente en las diferentes ocasiones: desde 13 metros en 1952, a 25 m en 1988.

Causas

El Glaciar Moreno es uno de los que excepcionalmente han avanzado en este siglo, en una zona donde la tendencia ha sido de general retroceso (En realidad, desde 1917, su línea de frente no ha sufrido grandes cambios por lo que actualmente, más que avanzando, se lo considera en equilibrio). La otra excepción de la región sería el Glaciar Pío XI, que fluye hacia el Pacífico también desde el Hielo Continental Sur y que en los últimos años viene arrasando el bosque adyacente como una monumental topadora.

Las causas de este avance han tenido diferentes explicaciones según los especialistas: En Glaciología, como en el resto del saber humano, por cada especialista con una teoría, hay otro tan especialista como él con otra diferente. Si bien ninguna ha podido ser demostrada, citaremos las de Raffo, Colqui y Madejski, los que en 1952 realizaron e1 estudio más completo sobre el Glaciar.

Según ellos, la causa principal de los fuertes avances del Glaciar habría sido la captura de una porción de la cuenca de alimentación de su vecino del sur, el Glaciar Frías. Debido quizá a movimientos sísmicos que habrían alterado la división subglacial de ambos glaciares inclinándola hacia el Moreno, lo que vendría corroborado por el hecho de que el Frías sufrió un fuerte retroceso en este siglo, comparado con los del resto de la zona. Otra causa secundaria, según los mismos autores, podría ser la nivosidad especialmente abundante en su cuenca de alimentación.

Fueron también éstos mismos autores los que calcularon la cota máxima de inundación del Brazo Rico: En caso de que la presión del agua no lograra romper el dique de hielo, el Brazo Rico desaguaría naturalmente por su extremo oriental hacia el Lago Argentino por la cuenca del río Centinela a partir de una altura de 30,8 metros sobre su nivel normal.

Si difícil es saber las causas que provocaron el comporta- miento del Moreno, mucho más se nos presenta el intentar un pronóstico para el futuro. ¿Seguirá habiendo rupturas...? ¿Avanzará su frente...? ¿O bien el calentamiento general de la Tierra, causa aparente hoy día de tantos descalabros ambientales obligará al Glaciar a retirarse como lo hacen en éstos momentos la práctica totalidad del resto del mundo? Son enigmas éstos que sólo la Naturaleza develará en su momento.

GLACIAR UPSALA

Por ser, junto con el Moreno, el Glaciar más visitado de la región, queremos también añadir una breve reseña en este libro de ese otro gran glaciar patagónico.

El Glaciar Upsala debe su nombre a la ciudad sueca cuya Universidad patrocinó en 1908 el primer estudio glaciológico de la región entre cuyos objetivos estaba, precisamente, dicho glaciar.

Consta de dos lenguas terminales de apoximadamente 4 km. de ancho cada una. (Desde la excursión lacustre se puede observar solamente la lengua occidental). Su superficie es de 870 km' y su longitud de 60 km. lo que lo hacen el más largo del Hielo Continental y por lo tanto de Sudamérica. La altura de su frente es de aproximadamente 60 metros sobre el nivel del Lago.

Su parte superior es tan llana, que fue elegido por el Comando Antártico del Ejército Argentino como zona de entrenamiento para sus dotaciones destinadas al Continente Blanco, y sobre él se hizo aterrizar un avión DC-3, hoy en exposición en el Museo Aeronáutico del Aeroparque de Buenos Aires.

Su velocidad en el frente, medida en noviembre de 1990 sobre un intervalo de 4 días fue de 3,6 metros por día. Los autores del estudio, (P. SKVARCA y ANIYA) anotan sin embargo, que esta excepcionalmente rápida velocidad podría estar provocada por las anormales condiciones de lluvia, viento y altas temperaturas registradas durante el estudio, lo que habría supuesto un incremento de las corrientes de agua por la base del glaciar que, como vimos antes, es una de las causas que aumentan la velocidad de los glaciares.

Contrariamente al Moreno, que se caracteriza por su estabilidad, el Glaciar Upsala ha presentado en los últimos años un comportamiento muy particular en lo que hace a la posición de su frente:

Entre 1968 y 1970 la parte oriental de su frente avanzó 150 m mientras que la Oeste retrocedía 300.

Entre 1970 y 1978 la parte este avanzó 250 m más y la Oeste apenas retrocedía un poco.

Después, el glaciar comenzó a retroceder, especialmente en su parte oriental a un promedio de 700 metros por año en el período de 1981 a 1984. (En 1982, un poblador de la zona contaba a los autores antes citados que ese verano era el más cálido que él recordaba y que el lago por aquel entonces estaba lleno de témpanos).

Desde entonces hasta 1990 el glaciar ha retrocedido en ambos costados a razón de 200 metros por año aproximadamente.

Como se deduce de los datos anteriores, el comportamiento del Glaciar Upsala en los últimos tiempos ha sido de una gran inestabilidad, si bien la tendencia general ha sido de retroceso (aprox. 60 metros por año en los últimos 60 años).

El Glaciar Upsala, después de su último gran avance que nos dejó las morrenas de Punta Bandera, y su posterior retroceso tuvo varios pequeños avances en tiempos muy recientes, cuya huella se puede observar sobre los bosques de su costado derecho y el último de los cuales tuvo su pico en el año 1800 de nuestra era, correspondiendo en el tiempo con los numerosos avances glaciáricos que en Europa se han dado en llamarla "Pequeña Edad del Hielo".

Uno de los espectáculos más bellos con que el Glaciar Upsala nos obsequia, es e1 de sus grandes témpanos a la deriva, que desprendidos del frente del glaciar, navegan después empujados por el viento a lo largo del Brazo Norte y después del Lago Argentino, hasta fondearse a veces en e1 extremo oriental de éste, donde viento, sol y lluvias acaban fundiéndolos.

HISTORIA GEOLOGICA DE LA COMARCA

Hace 150 millones de años, la Patagonia austral era todavía una planicie. Todavía no existían los Andes y el aire húmedo del Pacífico pasaba sin obstáculos a lo largo y ancho de la actual estepa, que por aquel entonces era una selva cuyos árboles, hoy petrificados por las posteriores lluvias de ceniza volcánica, llegaban a tener más de 25 m de altura y 3 de diámetro. Antecesores de las actuales araucarias del norte de la Patagonia, algunos de esos ejemplares se pueden admirar en los Bosques Petrificados de Jaramillo y Sarmiento (Norte de la Provincia de Santa Cruz y Sur de Chubut).

La enorme actividad volcánica de la Tierra por aquel entonces, lanzó al espacio ingentes cantidades de cenizas que, transportadas por los vientos, se fueron depositando en mantos sucesivos. Las cenizas se fueron compactando después de la caída, ya sea por ser entonces pastosas y calientes, o por posteriores procesos de compactación: lluvias, procesos químicos, etc.

De cualquier forma, el hecho es que se transformaron en rocas sólidas, que durante muchos años se pensó fueran lavas. Hoy se sabe, sin embargo, que se trata de tobas volcánicas formadas de la manera anteriormente descrita y cuyo espesor es de 500 metros sobre un basamento de roca anterior todavía hoy poco conocido.

Terminada la deposición del Complejo Porfírico, como se ha llamado a los depósitos anteriores, el próximo episodio geológico en la Patagonia transcurre en el Jurásico superior y Cretácico, es decir, un intervalo de tiempo que empezó hace 140 millones de años y terminó hace 80.

Durante ese lapso las actuales mesetas patagónicas sufrieron un hundimiento que permitió la invasión de las aguas oceánicas, resultando de esta invasión el Complejo Marino con sus fósiles (Belemnites, Amonites, etc). Este mar, invadió desde el Pacífico el área de lo que posteriormente sería la Cordillera (recuérdese que esta toda- vía no se había formado).

Tras esa ingresión marina, se produjo un breve retiro del mar al que siguió otra nueva invasión marina hacia fines del Cretácico (hace unos 70 millones de años) en la que se depositaron sobre el suelo nuevas capas arenosas y de conglomerados.

Al terminar e1 Cretácico, todos esos sedimentos anteriores comienzan a ser comprimidos y plegados: se inicia el Ciclo Orogénico Andino creador de la Cordillera. Para el Oligoceno (hace 30 millones de años) la Cordillera ya elevada, comienza la que sería la última ingresión marina que dejó en el paisaje una nueva capa de sedimentos, esta vez de naturaleza volcánica.

Tras este último depósito del Terciario, la Cordillera y el continente siguieron elevándose cada vez más por lo que el océano no pudo volver a invadirlo. En la Cordillera nacieron ríos, que en su marcha hacia el Atlántico comenzaron a erosionar los terrenos, formando ya el inicio de los actuales valles, que más tarde serían profundizados por los glaciares, que como ya sabemos, trabajan el paisaje como una gigantesca lima flexible.

El último gran evento geológico en la zona se dio con la intrusión desde el interior de la tierra y a través de las rocas sedimentarias formadas anteriormente, de macizos magmáticos, que al enfriarse lentamente dieron origen a batolitos graníticos, que la erosión glaciar posterior iría modelando paulatinamente, hasta formar las verticales agujas que hoy desafían a las mejores expediciones andinísticas del mundo y conmueven por su imponencia a los que a ellas se acercan.

Las formaciones de este tipo más conocidas en nuestra zona son los Macizos del Fitz-Roy (16 millones de años) y del Paine (12 millones de años).

La siguiente gran alteración de los paisajes vendría con las glaciaciones, fenómeno que queda más ampliamente explicado en otro capítulo.

Historia

Poblamiento americano

Muchas son las teorías que intentaron develar el origen del poblamiento americano: Egipcios llegando en balsas por el Atlántico, polinesios por el Pacífico... tampoco faltaron los americanistas tan arrebatados de celo patriótico que vieron el origen de la humanidad en tierras americanas.

Hoy por hoy sin embargo, la teoría más aceptada, sin excluir las otras, es que los primeros pobladores de América entraron a pie por el Estrecho de Behring entre Alaska y Siberia hace aproximadamente 20.000 años. En aquella época, debido a la gran glaciación que estaba alcanzado su máxima extensión, el nivel de los mares era más de 100 metros inferior al actual, lo que permitió al hombre y los animales de entonces pasar por lugares hoy cubiertos por el agua.

Hace 18.000 años los glaciares comenzaron a retirarse, dejando el paso libre hacia el sur a los humanos que, 8.000 años más tarde, ya habían alcanzado el extremo sur del Continente, pues los restos más antiguos encontrados en Tierra del Fuego da- tan de hace 10.000 años.

Numerosas pinturas rupestres se han encontrado a lo largo y ancho de Patagonia, de las cuales, por su cantidad y calidad de conservación destacan las de la Cueva de las Manos, en el noroeste de la provincia de Santa Cruz: curiosamente muy parecidas a ciertas pinturas rupestres europeas de la época de Cro-Magnon, los dibujos de las manos se obtenían apoyando la mano abierta contra la roca y después soplando, tal vez con una caña, pigmentos coloreados, de forma que el negativo de la mano quedaba grabado contra la pared. También hay representadas escenas de caza de guanacos. La datación más antigua de la Cueva de las Manos se remonta a 9.000 años antes del presente.

Los Tehuelches

Nada se conocía del hombre patagónico hasta que en 1520, la expedición de Magallanes, por medio de su meticuloso cronista, Antonio Pigaffeta, nos da cuenta de unos afables gigantones vestidos y calzados con pieles de guanaco.

Según una versión muy común, el nombre de Patagones y por añadidura el de Patagonia para la región que habitaban, habría sido asimilado por los hombres de Magallanes a causa de los enormes pies, pues a su ya respetable natural talla, se le añadía el hecho de estar envueltos en pieles de guanaco. Sin embargo, según la versión más aceptada por los estudiosos del tema, el nombre de Patagones se debería a la semejanza física de los aborígenes con Patagón, personaje protagonista de una de las novelas caballerescas más populares a principios del siglo XVI. Recordemos que la novelas caballerescas eran los auténticos "best sellers" de la época y sus personajes tan populares como nuestros ídolos televisivos.

El Perito Moreno, en mediciones hechas a los tehuelches de la zona del río Santa Cruz, también llega a la conclusión de que el tamaño de sus pies no justificaba para nada el apodo, pues si bien su talla era considerable, los pies eran relativamente pequeños para la misma.

Venga su nombre de donde venga, el caso es que ellos se llamaban a sí mismos AoniKenk, cosa que por supuesto, a nadie en aquellos tiempos se le ocurrió preguntar, -rasgo éste muy común en la historia de las colonizaciones civilizatorias que en el mundo han sido- y vivían principalmente de la caza de guanacos y choiques (ñandúes). También eran recolectores de raíces, hierbas, bayas y semillas, con las que hacían harina. En sus nomadeos recorrían totalmente las mesetas patagónicas desde la Cordillera hasta el Atlántico siguiendo las manadas de guanacos. Su organización social consistía en grupos de varias familias bajo el mando de un cacique. El territorio de cada grupo estaba bastante delimitado y la violación de los límites era causa de no pocas luchas y contiendas entre ellos. Sus lugares preferidos para acampar (AIKES) según las estaciones y la concentración de la caza, han quedado hoy en numerosos parajes de la toponimia regional: Güer-aike, Tapi-aike, Chali-aike...

De su número exacto nada sabemos, si bien parece que la extrema movilidad a que se veían sometidos a causa de sus nomadeos no permitía grandes concentraciones humanas del estilo de las civilizaciones precolombinas de Perú o Méjico. El censo de 1869 nos da una cantidad de 24.000 para toda la Patagonia y el de 1895 solamente 5.500. Si bien la exactitud de los censos por aquellos tiempos es- taba muy lejos de la actual, y las cifras hay que tomarlas muy relativamente, la drástica disminución en tan poco tiempo nos da una idea de la suerte que corrieron aquellos "afables gigantones" en su contacto con razas más "civilizadas".

Estos eran los habitantes que poblaban las márgenes del Lago Argentino hasta la llegada de los primeros europeos. Apenas un siglo después de que la Patagonia comenzó a ser poblada por los blancos, hoy los Tehuelches están completamente extinguidos: el alcohol, las nuevas enfermedades para las que no tenían defensa, las matanzas -algunos de los recientes propietarios de tierras y estancias llegaron a pagar por oreja de indio presentada, como todavía hoy se hace con la piel del puma- y sobre todo, un tipo de cultura sedentaria y de explotación ganadera extensiva diametralmente opuesta a la suya, acabaron con ellos.

Como en toda mitología, los tehuelches encontraban en la suya muchas de las explicaciones del mundo natural que los rodeaba. Citaremos aquí sólo algunas de ellas:

La Cruz del Sur era una de las muchas señales dejadas en el cielo por Elal para orientar a sus amigos tehuelches en su póstumo viaje hacia las estrellas.

El mar y el viento eran lágrimas y suspiros de Kooch, el supremo creador.

El ñandú no puede volar al ser castigado por Elal, por haber llegado tarde a la reunión de animales donde se preparaba su huida.

El nauseabundo olor del zorrino sería un castigo por la

EL MUNDO SEGUN LOS TEHUELCHES

Kooch, el creador, siempre existió; triste y solitario, rompió a llorar un día, y de sus lágrimas fue creado el mar, de sus suspiros el viento, y de sus manos el sol, que disipó las tinieblas primigenias. El sol, las nubes y el viento fueron después ordenados por el creador. En el medio del mar hizo surgir una isla, y en ella puso los animales.

Para alumbrar la tierra en los descansos del sol, creó la luna, que más tarde acabaría en amores con el astro-rey con la complicidad de las nubes.

Mientras sol y luna se amaban, el tiempo fecundó a la noche, que a resultas parió espíritus maléficos y monstruos gigantescos que vivían en las montañas.

Uno de estos gigantes, Noshtex, raptó una nube, la llevó a su caverna y de aquella unión nacería Elal, el héroe principal de la mitología tehuelche y creador de los hombres.

A sabiendas por el viento de que el hijo sería más poderoso que su padre, éste intentó matarlo por todos los medios, siendo al final un pequeño roedor, el tucu-tucu, quien lo salvaría escondiéndolo en su cueva.

Cuando el héroe divino no pudo ser por más tiempo escondido, el tucu-tucu organizó una reunión con todos los animales, que protegieron la huida de Elal hacia una región hoy conocida como Patagonia, volando sobre la espalda de un cisne.

El cisne se posó sobre el Chaltén, desde donde Elal bajó hacia la tierra. Para defenderse del frió y la nieve que a poco de llegar lo atacaron, golpea dos piedras y crea el fuego.

Avisado por el cóndor de la nueva residencia de su hijo, Noshtex, el malvado padre, se trasladará a Patagonia para intentar eliminarlo. Para defenderse de él, Elal creará los bosques y los hombres (Chonek), a los que también enseñará a cazar con arco y flecha.

De una enconada lucha con un gigante enviado por su padre, nacerá el Lago Cardiel, de aguas amargas por la transpiración de los dos gladiadores. Durante la lucha, los Chonek o Tehuelches ) e fueron infieles a su creador y tomaron partido por su contrincante, por lo que Elal, a pesar de perdonarlos, decepcionado por sus criaturas, decide partir.

Cumplida su misión, los hombres instruidos en las técnicas de caza, los obstáculos naturales allanados, a Elal sólo le resta dejar a los hombres un espíritu protector que los cuidará en vida y los acompañará tras la muerte ante el juicio de Elal, después del cual podrán reunirse con sus amigos a conversar alrededor de un fuego que nunca se extingue.

Una mañana, en silencio y montado en un cisne, como había llega- do, partió hacia el este, descansando en las islas que surgían allá donde sus flechas herían la mar.

traición de dicho animal con ocasión de la anterior reunión.

El flamenco fue obsequiado con e] color del amanecer como premio a su fidelidad.

El pecho colorado, que en aquella reunión distrajo a los gigantes con su canto, herido y muerto por ellos, y resucitado posteriormente por Elal, fue premiado con el espléndido color rojo de su pecho.

Los arreboles del amanecer serían la sangre de la nube- madre de Elal al ser muerta por el padre, Noshtex.

Exploradores

Si exceptuamos los frustrados intentos españoles de colonizar la Patagonia en Cabo Vírgenes (1584), Puerto Deseado, (1780) y Puerto San Julián (1781 y 1790), hasta bien entrado el siglo XIX, la Patagonia fue visitada solamente por marinos que se acercaban a sus costas en busca de aguadas o transitorios abrigos contra las tempestades tan temidas y frecuentes en la zona.

Los primeros europeos en acercarse al Lago Argentino fueron los incansables Fitz-Roy y Darwin, que en su viaje de exploración a lo largo del globo en 1834, remontaron el Río Santa Cruz y a punto estuvieron de llegar hasta el Lago, alcanzando hasta el actual paraje del Río Bote. Desalentados por la interminable llanura que todavía se extendía ante ellos a la que llamaron "Llanura del Misterio", por la fuerte correntada del río y por los víveres que ya venían acabándose, decidieron sin embargo, quedarían para siempre en la región: Fitz-Roy en el cerro que luego su admirador el Perito Moreno bautizaría en su honor, y Darwin, con sus innumerables y agudas observaciones sobre la flora y la fauna inmortalizado en multitud de nombres científicos de muchas especies patagónicas. Hasta el navío que utilizaron (el BEAGLE) quedó en la topografía de la región nombrando el Canal que separa la Isla de Tierra del Fuego de la Isla Navarino.

En 1859, el Comandante Luis Piedrabuena se instala cerca de la desembocadura del Río Santa Cruz, inaugurando así el poblamiento argentino de la región. Legendario y admirable pionero para su época, Piedrabuena comercia con los indios, caza lobos, salva navíos y, sangre de explorador obliga, organiza y financia expediciones.

En una de éstas, en 1867, el inglés Gardiner con otros tres marineros de la misma nacionalidad, son los primeros blancos en llegar al Lago Argentino. Pensaron que era e1 Viedma, del que ya se tenían noticias desde 1782, después de la expedición de don Antonio de Viedma, que en tiempos de la Colonia y guiado por los indios, cruzó las estepas patagónicas desde e] Atlántico hasta la Cordillera en busca de maderas para edificar. Lo avanzado de la estación le hizo retroceder antes de lograr su objetivo, pero su nombre quedó unido para siempre a otro de los grandes lagos patagónicos. Los marinos ingleses, que contra lo que su oficio pudiera suponer subieron por tierra y a caballo, continuaron por la margen sur del Lago hasta llegar a los actuales Lago Roca y Brazo Rico documentando por primera vez la región, que consideraron muy aceptable para el establecimiento humano y la explotación ganadera.

En 1873, otra expedición al mando del capitán Feilberg, ésta vez subiendo por el río, descubre al fin las fuentes del Río Santa Cruz en el Lago, aunque también, como sus predecesores, lo confundieron con el Lago Viedma.

Sería la expedición a1 mando de Francisco Pascasio Moreno, más conocido después como el Perito Moreno, la que en 1876/ 77 no sólo llegara hasta el Lago remontando el río, sino también la que por primera vez, realizara un extenso recorrido por la zona del que surgieron varias conclusiones muy importantes, no sólo desde el punto de vista geográfico, sino también desde el político: sería éste vasto conocimiento de la zona el que permitiría al Perito Moreno años más tarde defender la soberanía argentina en la zona con total conocimiento de causa. Una breve reseña de su vida y obra se podrá encontrar en las páginas dedicadas al Glaciar Perito Moreno.

Una vez cartografiada la zona y sus incógnitas desveladas, otras expediciones, esta vez con más signo científico que descubridor, se van sucediendo. El poblamiento tardaría todavía en llegar unos años, pues el conflicto de los límites con Chile desanimaba a los potenciales pobladores.

Poblamiento del Lago Argentino

Solucionado en parte el problema después del tratado de 1881 con el país vecino, el hasta entonces desierto patagónico, tras la primera oleada de exploradores, veía llegar ahora otras de pobladores.

Lejos estaban los tiempos en que Darwin pronunciara su famosa frase sobre Patagonia: "La maldición de la esterilidad pesa sobre estas tierras". La lana era cada vez más cotizada en el mundo y en las estepas antes desiertas, florecían ahora establecimientos ganaderos donde aventureros, forajidos e inmigrantes de cualquier parte del mundo venían a probar fortuna. Se trajeron las primeras ovejas desde las Islas Malvinas y poco a poco se fueron ocupando los terrenos más cercanos a la costa, pues el mar era todavía el único camino de llegada a estas regiones y sus puertos la única salida de su producción.

Un par de datos bastan para darnos idea del estallido ganadero de la zona por aquellos tiempos: En 1895 había en la Provincia de Santa Cruz 370.000 ovinos; veinte años más tarde, con casi 4.000.000, la cifra se había multiplicado por diez.

En el capítulo dedicado a las estancias, detallamos un poco más ampliamente este fenómeno económico y social que sacudió toda la Patagonia austral.

A comienzos del presente siglo, los que querían poblar debían hacerlo cada vez más hacia el oeste. Así llegaron a la zona del Lago Argentino los primeros pobladores, diseminándose por lugares otorgados por el Gobierno en concesión, arrendamiento o propiedad, que con el tiempo darían nacimiento a las estancias que hoy pueblan la región.

Verdaderos pioneros al mejor estilo "Far South", sus vidas fueron auténticos ejemplos de tesón y sacrificio para domar unas tierras tan bellas como inhóspitas.

Hacia 1925, el Lago Argentino estaba ya completamente rodeado por pobladores rurales establecidos en una veintena de estancias, por lo general bien instaladas, con grandes galpones para esquila, casas para peones y capataces, corrales, huertas y arboledas para protección del viento. En el verano, la comarca entera se animaba con la llegada de comparsas de esquiladores chilenos y ocasionales visitantes.

En 1934, encontramos ya en la zona una población de 1574 habitantes, de los cuales más de la mitad son extranjeros (principalmente españoles).

La producción lanera se lleva hasta la costa atlántica en carretas de bueyes primero (todavía se pueden ver un par de ellas a la entrada de El Calafate) y a partir de la década del 30, en vehículos a motor.

Orígenes de El Calafate

En los comienzos del siglo, el transporte de la región (lana y cueros hacia Río Gallegos y otros puertos del Atlántico, y víveres y enseres desde allá hacia la Cordillera) se hacía únicamente en carretas de bueyes.

Las huellas carreteras patagónicas tenían paradores cada 3 ó 4 leguas (20 km aprox.), distancia media de una jornada para las carretas. Estos lugares de detención coincidían con arroyos, lagunas o con alguna protección natural del terreno. Al cabo de un tiempo, acababa estableciéndose en el lugar un almacén de ramos generales con bar y hotel.

El camino de Río Gallegos hacia el Lago Argentino se bifurcaba en el vado del río Santa Cruz, hoy llamado Charles Fhurpor el nombre del poblador que allí se había establecido: el ramal de la derecha, después de cruzar el río en balsa, seguía hacia el norte costeando el río La Leona hacia el Lago Viedma en lo que después sería la ruta 40. El de la izquierda, costeaba la ribera sur del Lago hacia la Cordillera. Una de las postas de este último camino, estaba junto a un arroyo, que debido a la gran mata de calafate de su ribera acabó llamándose como ella, nombre que por extensión, los carreteros también pusieron a la montaña que lo dominaba y después designaría el futuro pueblo que hoy conocemos como tal.

En 1913 se instalan las dos primeras familias en el lugar y comienzan a explotar un pequeño hospedaje y almacén para los viajeros camino a la Cordillera. Sufridos inmigrantes gallegos acostumbrados a tierras más mezquinas, en pocos años de arar y trabajar las llanuras aluvionales del arroyo, convirtieron aquello en un pequeño vergel donde, al reparo de las barreras de álamos, empezaron a crecer cereales, frutas y hortalizas.

En los años 1921/22 la región se conmueve con la huelga general que protagonizan los trabajadores de las estancias patagónicas y que el gobierno de aquel entonces reprime con gran dureza. El episodio final ocurrió en la Estancia Anita, a 20 km. de Calafate, donde los últimos resistentes fueron masacrados tras rendirse a la tropa. El inspirador y cabecilla de la huelga, un anarquista español, logró huir hacia Chile por las montañas, y tras mil rocambolescas peripecias volvió a Río Gallegos 12 años después, de donde fue expulsado del país por el entonces Gobernador Gregores. Murió en Punta Arenas en 1963.

El caso es que todos estos acontecimientos aceleraron la decisión de las autoridades para la creación de varios pueblos en e1 interior de la provincia, entre ellos, "uno en el lugar denominado El Calafate, al sur del Lago Argentino".

El 7 de Diciembre de 1927, quedaría el pueblo al fin oficialmente formado. En los años siguientes se instalan los principales servicios: médico, correos, juez de paz...

En 1946 cuenta ya el pueblo con 368 habitantes y precisamente este mismo año se inician los vuelos comerciales a cargo de la entonces Aeroposta Argentina, que más tarde, daría origen a la actual Aerolíneas Argentinas.

En 1950 se instala en el pueblo la Intendencia del Parque Nacional Los Glaciares, creado en 1937.

A principios de la década del ´60, Parques Nacionales abre el camino hasta el Glaciar Perito Moreno, al que hasta entonces sólo se llegaba a caballo desde la actual entrada del parque (Seccional Río Mitre).

En 1969, contando el pueblo con 700 habitantes, se instala el Banco Provincia.

En 1972 se lanza oficialmente la primera temporada turística. El gobierno nacional acaba de aprobar ese mismo año importantes partidas económicas para mejoramiento de infraestructura turística: hoteles, aeropuerto, muelle de Punta Bandera.

El camino al Glaciar, apenas una trocha para vehículos todo terreno, mejora notablemente su transitabilidad al colocar el Ejército puentes articulados sobre los diferentes arroyos, solucionando así el problema de las grandes crecidas primaverales causadas por los deshielos y consolidando a Calafate como punto de entrada hacia la Cordillera.

En 1978 se traslada al pueblo el Escuadrón de Gendarmería Nacional como base operativa para los diversos puestos ya existentes en la Cordillera. Muchos de los gendarmes, llegados desde provincias norteñas, se quedarán en el pueblo, suponiendo uno de los factores de crecimiento más importantes hasta la llegada del turismo.

Otro paso reciente hacia el futuro del turismo en la zona ha sido la reciente inauguración del nuevo aeropuerto pavimentado, en agosto de 1993.

Clima

La comarca del Lago Argentino tiene varios tipos de climas, que van desde el níveo de la Cordillera hasta el árido de la estepa patagónica, en un trayecto de apenas 40 km en línea recta.

En el inmenso manto del Hielo Continental se calculan precipitaciones níveas de hasta 8000 mm anuales, que descienden un poco más al este hasta alrededor de los 1500 en forma ya de lluvias en el extremo de los canales del lago (fiordos Mayo y Ameghino). Esta abundancia de lluvias permite la formación de densos bosques colindando con las extremidades de los glaciares.

Desde aquí y siguiendo siempre hacia el este, una faja de 30/40 km permite todavía la formación de bosques que decrecen en densidad y altura en proporción directa a la disminución de lluvias. Esta faja encuentra su límite a la altura de Punta Bandera. La pluviosidad de ésta faja oscila desde los 1000 a los 500 mm anuales.

Más al este y hasta el Atlántico, la pluviosidad decrece hasta alrededor de los 300 mm y el paisaje seco de la estepa apenas permite una escasa vegetación de gramíneas y plantas xerófilas. Las únicas excepciones a este clima las encontramos en el fondo de las cuencas lacustres y fluviales, donde si bien las precipitaciones siguen siendo escasas, la humedad ambiental y la temperatura se ven influidas por la cercanía de las masas de agua y en el caso de Calafate, todo esto añadido al hecho de estar situado en un declive orientado hacia el norte y la protección artificial de sus arboledas, le permiten beneficiar de un microclima mucho más benigno que el de las mesetas circundantes.

Damos a continuación algunos datos geográficos y climáticos de Calafate:

Coordenadas: Latitud: 50º 20' Sur Longitud: 72º 18' Oeste

Elevación s.n.m.: 190 metros.

Temperaturas Medias:

Media mínima (julio): -1,8º

Media máxima (enero): 18,6º

Media anual: 7,2"

Duroción del día:

Mínima (21 de junio): 8 horas

Máxima (21 de diciembre.) 16 1/2 horas

Pluviosidad Media:

250 mm anuales

Ventosidad:

Fuertes vientos del sector oeste durante la primavera y verano, con ráfagas de hasta 120 km/h y predominancia en las horas diurnas.

No querríamos dejar pasar la oportunidad para extendernos un poco más en la explicación de la formación y la dinámica del viento en Patagonia ya que, además de ser la causa de muchos aspectos del paisaje, resulta ser una especie de símbolo legendario de la región, que nunca deja de ser nombrado (y no pocas veces exagerado) en cualquier relato sobre la zona.

Como ya vimos en el capitulo de Glaciología, las corrientes de viento húmedo provenientes del Pacífico son las responsables de la sucesiva formación en Patagonia de los campos de hielo primero, de los bosques después y finalmente de la estepa si nos trasladamos de oeste a este.

Por otra parte, estos vientos son predominantes en la primavera y el verano australes (ver gráfico adjunto) debido al desplazamiento hacia el sur del gran anticiclón del Pacífico Sur, lo que hace que las latitudes comprendidas entre 40º y 60º sean especialmente afectadas en esas estaciones.

Además, la rotación de la tierra crea una serie de vientos y corrientes marinas en el planeta, que en el Hemisferio Sur se traducen en un gran anillo de vientos en dirección oeste-este, también en las latitudes antes citadas.

Hemos anotado líneas arriba que la predominancia del viento se da en las horas diurnas: ("El viento salta a las diez" según reza el viejo refrán patagónico). La causa de esto, es que siendo las mesetas patagónicas una enorme extensión esteparia, su calentamiento por el sol produce en ellas una zona de baja presión al elevarse el aire caldeado, lo que permite al viento que llega del oeste por las causas anteriormente citadas, acelerar todavía más su velocidad. Por la noche, al enfriarse las tierras se produce el fenómeno inverso, lo que de alguna manera "frena" los vientos.

flora

Una mirada botánica por la zona

La pluviosidad, que como ya vimos anteriormente, disminuye rápidamente a medida que nos desplazamos hacia el este desde la cordillera, determina en la zona del Lago Argentino diversos tipos de vegetación que genéricamente podríamos dividir en tres zonas:

Zona esteparia:

Las precipitaciones no llegan a 400 mm anuales y las plantas existentes, bajas y generalmente espinosas, son sólo aquellas adaptadas a tan rígidas condiciones meteorológicas: fuertes vientos, sequedad, bajas temperaturas invernales, etc.

Matorral pre-andino y bosque de transición:

El aumento de precipitaciones permite en esta zona el mayor crecimiento de especies que ya se encontraban en la anterior y la aparición de arbustos y árboles, que anuncian el gran bosque magallánico.

Bosque magallánico:

Con precipitaciones de 800 a 2000 mm anuales, corresponde esta zona a los bosques cordilleranos más occidentales, que crecen junto a los glaciares, formando un conjunto paisajístico raramente observable en otros lugares. Los límites del bosque son, por una parte, los glaciares antes citados, y por otra, la altura, ya que a partir de los 800m.s.n.m aproximadamente, los árboles empiezan a achaparrarse, hasta llegar a convertirse en arbustos cada vez más rastreros y desaparecer completamente hacia 1000 m.s.n.m, donde las extremas condiciones climáticas apenas permiten la vida vegetal: sólo pequeñas plantas y líquenes adaptados a las grandes diferencias de temperatura y al peso de la nieve. Se conoce a ésta ú1timn provincia biótica como prado alpino o desierto de altura.

Como la enumeración de todas las especies de la zona excede los propósitos divulgatorios de esta monografía, daremos sólo al final de éste capítulo una breve lista de las especies más fácilmente observables.

Entretanto, proponemos una especie de "mirada botánica" a lo largo de la excursión al Glaciar Perito Moreno, obligado recorrido de todos nuestros visitantes, y que justamente atraviesa por las tres provincias vegetales citadas anteriormente, que por otra parte, son comunes en toda la Patagonia austral.

ESTEPA

Apenas salidos del pueblo, nos rodea ya el típico paisaje de la estepa patagónica: plantas bajas y xerófilas (adaptadas a la vida en lugares secos) entre las que sobresalen gramíneas como el amarillento coiron (1) que en sus cuatro variedades es la planta predominante de la estepa.

Empezamos también a observar dispersas matas de calafate (2). El calafate en primavera se adorna con flores de intenso color amarillo y hacia fin del verano y se pueden recolectar sus frutos, unas dulcísimas bayas de color negruzco azulado con las que se prepara mermelada.

La tradición cuenta que quien coma calafate volverá a Patagonia, así que recomendamos probarlo a quien quiera asegurarse el retorno por estos pagos.

A veinte kilómetros de la salida y en las riberas del río Centinela, otro arbusto típico de la estepa patagónica, la mata negra (3) cubre la zona.

A medida que avanzamos hacia el oeste, otras plantas y arbustos van apareciendo: el neneo (4) típica planta xerófila con formas semiesféricas y grandes espinas, cuyos frutos, al ser comidos por las ovejas dan un fuerte gusto a la carne, la mata guanaco (5) que en primavera se recubre de pequeñas flores de un rojo intenso, la paramela (6) con hojas de un fuerte olor resinoso, e1 romerillo (7) también de un particular aroma...

En primavera son frecuentes en la estepa los zapatitos de la virgen (8) y las topa-topa (9) que adornan con sus vivos colores la parquedad de los pajonales.

MATORRAL PRE-ANDINO y BOSQUE DE TRANSICIÓN

A 40 km de Calafate, encontramos las primeras montañas de la Cordillera: se trata de la Sierra Buenos Aires. En los pequeños cañadones de sus flancos, más próximos a la estepa, podemos observar un fenómeno que nos ilustra bien sobre la relación entre vegetación y exposición solar: las laderas orientadas al norte están secas, mientras que los árboles cubren las orientadas al sur. Poco antes de la entrada del Parque Nacional, a la altura del río Mitre, encontramos los primeros árboles junto a la ruta: se trata de ñires (10) uno de los tres Nothofagus originarios de la zona y que marcan siempre la transición entre la zona esteparia y el bosque magallánico.

Los Nothofagus son una especie endémica de Patagonia, Tierra del Fuego, Nueva Zelanda, Australia y Tasmania, regiones que, en un remoto pasado, estuvieron unidas a través de la Antártida con el extremo sur de América, formando parte de Gondwana, continente que empezó a fragmentarse hace 220 millones de años.

En las ramas de los ñires, y más adelante de otras especies, se observan frecuentemente unas esferas vegetales de un verde vivo, conocidos en la zona como farolillos chinos (11). Se trata de una especie de mizodendrums, plantas semiparásitas que, a falta de raíces, se instalan en el árbol y le chupan una parte de su savia, que después elaboran por sí mismas ya que poseen clorofila y por tanto son capaces de realizar el proceso de la fotosíntesis. Otro vegetal que nos llama la atención por su abundancia en troncos y ramas de los árboles es la usnea (12) o barba de viejo, un liquen presente incluso en los matorrales de la estepa, pero especialmente abundante en todos los árboles de la zona.

También en los nothofagus se pueden apreciar de vez en cuando una especie de nudos que envuelven ramas o tronco: se trata de una reacción de defensa por parte del árbol, generando una hiperproducción de hormonas (hiperplasia) ante la irritación producida por la presencia de un hongo parásito, el Cyttaria darwinii, que se introduce al árbol por cualquier intersticio o abertura de éste (heridas, cortes... ). Sus órganos reproductores, unas pelotillas amarillentas que por servir de alimento a los indios de antaño son conocidos como pan de indio, (13) salen especialmente en otoño e in viern o.

Bajo el bosque, empiezan ya a aparecer nuevos arbustos como la chaura (14) de pequeñas bayas parecidas a manzanitas y el sietecamisas (15). En primavera, abundan las anémonas (16).

BOSQUE MAGALlaniCO

Apenas traspasado el umbral del Parque Nacional, los ñires desaparecen para dejar paso a otro árbol de mayor porte y de ramas más derechas: la lenga (17). Arbol principal y el más numeroso de la zona, su tamaño va aumentando notoriamente a medida que avanzamos hacia el oeste, debido al aumento de pluviosidad. La lenga también delimita las partes superiores del bosque, en forma de arbusto achaparrado y rastrero a una altura aproximada de 1000m.s.n.m. como citamos anteriormente, si bien esta altura varía en otras regiones patagónicas: En el Parque Nacional Lanín llega a los 1800, y en Tierra de Fuego, a sólo 600 m.s.n.m.

A medida que avanzamos, otro nuevo arbusto nos llama la atención, sobre todo en primavera o principios de verano, cuando rebosa de sus vistosas flores rojas: el notro (18) también conocido como ciruelillo. A pesar de que aquí 1o veremos siempre bajo forma de arbusto más o menos grande, en otros lugares puede tomar el porte de un árbol pequeño.

A ras del suelo abundan las arvejillas (19) que a veces alfombran de violeta grandes manchas bajo el bosque.

Siempre hacia el oeste, como a 7 km antes de llegar al Glaciar, unos árboles de un verde especial, primero aislados entre las lengas y después cada vez más frecuentes, se nos van apareciendo en el paisaje: se trata de los guindos o coihues de Magallanes (20) el tercer Nothofagus de la zona y único de los tres con hojas perennes. El coihue crece sólo en zonas muy húmedas (a partir de 800 mm de precipitación anual) y puede alcanzar 25/30 m de altura. Cerca de la Seccional de Parques Nacionales del Glaciar Perito Moreno, se pueden admirar algunos bellos ejemplares de este árbol.

También en ese mismo lugar se encuentran algunos canelos (21), árboles sagrados de los araucanos y cuya corteza tiene propiedades medicinales. En Tierra del Fuego, sus hojas eran utilizadas por los marinos para curar el escorbuto. Otro árbol de zona húmeda es el ciprés de las guaitecas (22), conífera de la que existen muy contados ejemplares en las partes más occidentales del Parque. Llamado también en Chile "Ciprés de mallín" por su propiedad de crecer en las zonas más húmedas del suelo, su madera es prácticamente imputrescible, por lo que ha sido casi extinguido en la región, sobre todo por talas indiscriminadas. La creación de] Parque Nacional en 1937 supuso la salvación de los últimos ejemplares existentes.

También casi desaparecido, pero esta vez a causa de los ganados que un día pastaron en el hoy Parque Nacional, es la leña dura (23) un arbusto/árbol de follaje persistente.

En el sotobosque, otras flores y arbustos aparecen en ésta zona: la fuchsia magallánica o chilco (24), la ourisia, (25), ambas en lugares bien umbríos y húmedos, la parrilla (26) de cuyo fruto se elaboran mermeladas, la violeta (27), abundante a todo lo largo del sotobosque de Nothofagus, la mutilla (28) arbusto muy achaparrado y extendido de pequeñas frutas rojas comestibles. Su presencia es síntoma de temperaturas muy bajas, por lo que también, junto a la lenga, suele ser una de las últimas presencias vegetales en las zonas más altas.

En el bosque patagónico, desde sus zonas más secas hasta las más húmedas se pueden encontrar 5 clases de orquídeas, siendo las más comunes la orquídea amarilla (29), fácilmente divisable a lo largo de las pasarelas frente al Perito Moreno, y la orquídea blanca, o palomita,(30) en partes más umbrías, también en las cercanías del Glaciar.

Por último, y antes de terminar este capítulo sobre la flora patagónica, nos gustaría citar dos árboles, que a pesar de no ser originarios de la zona, por su fortaleza, rápido crecimiento y capacidad de adaptación, fueron adoptados por todas las estancias para formar1as necesarias barreras protectoras contra el viento: se trata del álamo y el sauce, únicas pinceladas de verdor en los desolados paisajes de la estepa e inequívocos anunciadores de la presencia humana en medio del desierto patagónico.

FAUNA

ZORRO COLORADO

(Red fox)

Dusicyon culpaeus

Orden: Carnívoro

Familia: Cánidos (Lobos, chacales...)

Tamaño, peso, aspecto: Puede llegar a 1.30 m desde el hocico a la punta de la cola, que a su vez representa la tercera parte de su longitud aproximadamente. De la subespecie fueguina se ha encontrado un ejemplar de 1,50 m. La hembra pesa alrededor de 9 Kg y el macho 12 Kg. El mayor de los zorros sudamericanos (exceptuando el Aguará Guazú), es de un pelaje rojizo y largo en vientre, patas y cabeza, con el dorso gris y el extremo de la cola, negro.

Alimentación: Su alimentación principal es a base de aves, huevos y roedores, aunque también puede alimentarse de ovejas y principalmente de corderos.

Reproducción: Puede llegar a tener hasta 5 crías.

Predadores: Su único predador natural es el puma. Sin embargo, es cazado constantemente por los estancieros o peones a causa de sus ataques al ganado ovino y del alto valor de su piel.

Comentarios: Si bien es cierto que el zorro colorado provoca grandes bajas entre ovejas y corderos, parece que no todos los zorros tienen como hábito matar ovinos, y por el porcentaje de éstos depende en cada estancia de su "salud ecológica": en la medida en que haya más pasturas, mallines etc. para alimentar a aves y roedores, menos estará obligado el zorro a matar ovejas y corderos. Por otra parte, los métodos empleados hasta ahora para su eliminación, especialmente la estricnina, puede ser enormemente contraproducentes para el mismo propietario a causa de la extinción de animales que se alimenten del zorro muerto: cóndores, águilas, carancho... etc. que deja el lugar desprotegido de predadores y carroñeros, indispensables para el equilibrio ecológico de los campos.

ZORRO GRIS

(Patagonian fox)

Dusicyon griseus

Orden: Carnívoro

Familia: Canidae

Tamaño, peso, aspecto: El largo total ronda los 80 ó 90 cm de los cuales, 30 a 36 pertenecen a la cola. Su peso oscila entre 3,5 a 4 Kg. De menor porte que el anterior, es de un color grisáceo, con las patas y flancos levemente rojizos y el extremo de la cola oscuro.

Alimentación: Su dieta incluye todo tipo de insectos, roedores, aves, huevos, liebres y carroña, al igual que bayas como el calafate, la chaura o la zarzaparrilla.

Reproducción: Puede tener hasta 6 crías.

Predadores: Al igual que el colorado, su predador natural es el puma. Su piel, es de menor valor económico que la de aquél, también es comercializada en peletería, pero lo que es víctima de las trampas-cepo diseminadas por los campos. La exhaustiva persecución, tanto del zorro gris como el del colorado a causado que el puma, al faltarle una de sus presas naturales, se aficione cada vez más al ganado ovino, consiguiendo así el efecto contrario al deseado, cosa muy frecuente cuando se rompe la cadena ecológica-alimentaria de un animal.

Comentarios: En los últimos tiempos ha venido siendo desplazado en la zona por el Zorro Colorado, más voraz y más agresivo.

GUANACO

Lama guanicoe

Orden: Artyodilactila

Familia: Camelidae

Tamaño, peso, aspecto: Es el más alto de la fauna terrestre argentina, su altura en la cruz es alrededor de 1,10 m y la distancia entre su hocico y la base de la cola de 1,85 m. Su peso oscila entre los 120 y 150 Kg. Tiene aspecto de llama, con el cuello y las patas más largas y la coloración ocrácea y acanelada de la vicuña. Pelo largo y grueso con ojos grandes de largas pestañas. Los pies tiene dos almohadillas y pezuñas bien diferenciadas.

Alimentación: Herbívora, basada en pastos, arbustos y líquenes especialmente en invierno.

Reproducción: Tienen una cría por año, en primavera o verano, tras 11 meses de gestación. Pocos días después de la parición se realizan las cópulas para el año siguiente.

Predadores: Su predador natural es el puma, aunque también las crías son muy perseguidas por el hombre a causa de su fina piel, que cambian a los dos meses de edad. El zorro colorado puede ser también un ocasional predador, sobre todo de las crías.

Comentarios: El guanaco se encuentra a lo largo de la Cordillera de los Andes, desde Bolivia hasta Tierra del Fuego. Habitual habitante de las estepas, rara vez se lo ve bajo los bosques, salvo en Tierra del Fuego, donde es común que en invierno busque la protección de éstos últimos. Junto con el choique, o ñandú petiso, fue la base de la subsistencia de los antiguos tehuelches, cuyas tolderías y vestimentas se fabricaban con su piel.

Es un animal gregario que forma grupos de un macho con varias hembras, a las que defiende del acercamiento de otros machos. Este macho-jefe de la tropilla se encuentra constantemente vigilante de su harén, y lo hace siempre desde alguna prominencia, emitiendo una especie de relincho ante la mínima situación de peligro e indicando al resto el camino de huida. Fuera de la época de cría, se forman grupos mucho mayores de varios cientos de ejemplares. Los machos sin hembras forman también grupos aparte. Los viejos machos suelen vagar solitarios.

Acostumbraban formar bosteaderos comunes donde varios individuos defecan habitualmente, formando un gran circulo de bosta, donde se suelan acercar los ñandúes en busca de insectos.

También son frecuentes en su territorio los "baños de polvo", lugares donde se revuelcan para higienizar su pelo y liberarlo de parásitos.

En primavera, cuando entran en celo, los machos protagonizan violentas peleas y persecuciones en las que no faltan las escupidas en la cara que han hecho famosas a sus congéneres las llamas y alpacas.

Sufren de una sarna característica, que no transmiten a los ovinos como generalmente se cree, que los hace ser expulsados por los otros integrantes de la manada.

Contrariamente a la oveja, que con sus pezuñas cortantes y su manera de pastar arrancado a veces la vegetación de raíz, ha provocado la cuasi desertificación de grandes extensiones de la estepa, el guanaco dispone de almohadillas en las patas y al comer no arranca la vegetación sino que la corta, por lo que están comenzando el la Patagonia varios experimentos de cría en cautividad, con resultados hasta ahora esperanzadores. La superior calidad de su lana, en éstos tiempos en los que la de oveja viene disminuyendo su precio en un mercado cada vez dominado por las fibras sintéticas, lo convierte en una esperanza para la deprimida producción lanera patagónica.

LIEBRE

(European hare)

Lepus capensis

Orden: Lagomorpha

Familia: Leporidae (conejos...)

Tamaño, peso, aspecto: Puede medir hasta 65 cm y pesar 4 Kg. Pelaje pardo que se confunde fácilmente con los colores de la estepa.

Alimentación: Herbívoro

Reproducción: Contrariamente a su congénere el conejo, de una gran fertilidad, la liebre tiene solo una camada anual, con una o dos crías.

Predadores: Pumas, zorros y gatos salvajes han sido los predadores naturales desde su introducción desde Europa a fines del siglo XIX. Ultimamente ha empezado a cazársela en temporada invernal, para ser posteriormente enlatada y exportada, principalmente en Europa.

Comentarios: Como indicábamos anteriormente, la caza de la liebre en temporada invernal viene siendo en los últimos años una actividad cada vez más extendida en la zona. Durante toda la noche, vehículos dotados de potentes focos giratorios recorren las rutas encandilando y disparando a los animales. En una buena noche un vehículo puede "cosechar" arriba de los 150 ejemplares. Sólo en la zona del Lago Argentino, en las últimas temporadas se viene cazando una medida de 30.000 ejemplares por año.

ZORRINO

(Skunk)

Conepatus humboldtii

Orden: Carnívoro

Familia: Mustelidae (Hurones, comadrejas, lobitos de río...)

Tamaño, peso, aspecto: 50 a 60 cm de largo total de los cuales la cola supone la tercera parte. De color marrón ocráceo con dos bandas blancas desde el hocico hasta la cola.

Alimentación: Omnívoro, puede comer desde insectos y roedores hasta frutas y raíces.

Reproducción: Después de un mes y medio de gestación llega a tener de 3 a 4 crías en primavera.

Predadores: Los carnívoros patagónicos (puma, zorros, gatos monteses) son sus predadores naturales, si bien también le cabe la mala suerte de tener una piel cotizable en peletería por lo que, como es natural, es diezmado por el poblador rural en sus recorridas por el campo. A menudo cae en las trampas destinadas a los zorros.

Comentarios: Su defensa ante el acercamiento de algún predador es un líquido altamente desagradable al olor que dispara con certera puntería desde la base de su cola, hasta 4 m de distancia. El líquido puede ser muy urticante en contacto con los ojos, si bien no causa ceguera, como es creencia popular. En cautividad llegan a ser muy dóciles, sirviendo de mascotas en algunas estancias, previa eliminación de las glándulas secretoras del líquido, por su puesto.

PICHE

(Armadillo)

Zaerius pichyi-pichyi

Orden: Xenarthra

Familia: Dasypodidae

Tamaño y peso: Puede llegar hasta 40 cm y 3kg de peso

Alimentación: Es omnívoro. Su alimento incluye desde raíces hasta huevos de aves, que alcanza a veces horadando un túnel por debajo del niño.

Predadores: Los carnívoros patagónicos (puma, zorros...) son sus predadores naturales.

Comentarios: De la misma familia que los armadillos altoandinos, su caparazón no es utilizado en Patagonia para hacer instrumentos como el charango, pero su carne es muy cotizada por el hombre de campo. Tímido y de corta carrera, su sola defensa es enterrarse rápidamente ante el acecho del mínimo peligro, o enrollarse completamente en su caparazón.

HUEMUL

Hipocamellus bisulcus

Orden: Artyodactila

Familia: Cervidae

Tamaño y peso: En la cruz puede llegar a los 80 cm y su peso alcanza los 100 kg

Alimentación: Herbívora

Reproducción: 1 cría por año. Gestación de 6 a 7 meses.

Predadores: Antes de la llegada del hombre a sus hábitats (bosque cordilleranos y estepas cercanas) el puma y el zorro colorado eran sus predadores naturales.

Comentarios: De pelaje marrón oscuro que aclara notablemente en invierno. Los machos tienen una pequeña cornamenta que se reemplaza anualmente. Al contrario que los animales citados anteriormente, hoy es prácticamente imposible observarlos en la zona. Casi completamente extinguidos a pesar de su antigua abundancia, los pocos que quedan se esconden en los cañadones más inaccesibles de la cordillera. Su mansedumbre y su confianza los perdió.

Al respecto, transcribimos unos párrafos de las memorias de Andreas Madsen, pionero danés de la zona del Chatén: "Cuando cierro los ojos y vuelvo al pasado, me produce tristeza y pesadumbre recordar el bosque de antes con sus millares de ciervos paciendo apaciblemente..." Las grandes compañías productora de lana se van instalando en la región, y Madsen nos hablas de sus métodos: "Cuando legaron sus equipos a cortar en el bosque maderas para los edificios y postes para empalizadas, no solo cortaron lo necesarios, sino que quemaron y destruyeron el resto, matando al ciervo solo por gusto de matar. Matanza en grande, por docenas a la vez, para probar las armas y dejando pudrirse los cadáveres."

AVES

En la zona del Lago Argentino, por la variedad de ecosistemas, se dan prácticamente todas las especies de la avifauna patagónica, salvo naturalmente, las marinas. El propósito de ésta guía no es enumerarlas todas, sino citar y detenernos en las más frecuentes y visibles para el visitante.

CONDOR

(Andean Condor)

Vultur gryphus

Orden: Falconiformes

Familia: Cathartidae

Tamaño: La mayor de las aves americanas, puede llegar a los 3 metros de envergadura.

Alimentación: La base de su alimentación es la carroña, si bien en caso de necesidad también caza pequeñas crías abandonadas por las madres.

Reproducción: Pone un solo huevo. La cría tarda 3 años en llegar a la edad adulta.

Hábitos: Símbolo y emperador de los Andes, es el ave de montaña por excelencia: anida en paredones rocosos, nunca en árboles, y, mediante sus perfectos planeos puede llegar hasta 10.000 metros de altura si bien en nuestra zona se lo suele ver volar bastante más bajo.

Su vista es 8 veces superior a la humana, lo que permite, a la altura en que vuela, abarcar una enorme radio de vigilancia en procura de alimento.

Los ejemplares adultos se diferencian de los juveniles por un collar de plumas blancas y la hembra del macho, por la cresta y las carnosidades del cuello de éste último.

Salvo cuando bajan a comer, nunca se lo ve posado en el suelo, pues, debido a la envergadura de sus alas, el despegue le es sumamente dificultoso. Cuando descansa lo hace siempre sobre riscos verticales.

Es excelente planeador y sólo en total ausencia de viento, utiliza las alas para aletear.

AGUILA MORA

( Black chested buzzard eagle)

Geranoetus melanoleucus

Orden: Falconiforme

Familia: Accipitridae

Tamaño: 65 cm el macho, y algo más la hembra.

Alimentación: Animales muertos, pequeños mamíferos y aves. Se le suele ver comiendo carroña, mientras que el resto de posibles comensales (caranchos, chimangos...) esperan pacientemente su turno. Tampoco rechaza los corderitos recién nacidos que se separan de su madre.

Reproducción: Pone uno o dos huevos. El plumaje de los juveniles es marrón, con mechas pardo acaneladas. Como la mayoría de los integrantes de su orden, tarda años en llegar al plumaje definitivo, que en este caso es gris claro con pecho blanco y negro cerca de la cabeza.

Hábitos: Vuelo lento con amplios planeos a gran altura, lo que hace que a veces se la pueda confundir con el cóndor, del que la diferencian sus alas más triangulares y su menor talla. Su nido se ubica casi siempre en lo alto de acantilados, desde los que divisa su territorio de caza y, a veces, en la copa de los árboles altos.

Su grito, que sólo emite cerca del nido en caso de peligro, se asemeja a una salvaje risa humana.

CARANCHO

(Crested Caracara)

Polyborus plancus

Orden: Falconiforme

Familia: Falconidae

Tamaño: Alrededor de 60 cm

Alimentación: Come de todo, desde carronea a presas vivas, incluidos corderitos y hasta ovejas enfermas.

Reproducción: De 2 a 3 huevos.

Hábitos: Extendido por toda Sudamérica, por su astucia y recursos, figura en la mitología de muchos pueblos precolombinos, desde los Incas hasta los Onas de Tierra del Fuego.

Hoy en día, se lo sigue encontrando por todas partes: zonas pobladas o inhóspitas, estepas o bosques. Es atrevido y pendenciero y en las luchas entre los machos en la época de celo, más de uno queda muerto a causa de las heridas, al que sus congéneres no tardan en comerse. forma pareja para toda la vida y sus lugares de descanso suelen ser muy fijos al punto de que, si se trata de un árbol lo hace siempre sobre la misma rama.

No tiene diferencia de plumaje entre macho y hembra. Los ejemplares juveniles son de color crema sucio, más oscuro en la cabeza

Perdón si el documento tiene algunos errores de ortografía; lo examiné todo, pero alguno se me debe haber pasado. Espero que te sirva para tu trabajo

Si tenés alguna duda sobre los glaciares, o querés saber algo de la Patagonia, no dudes en dejarme un e-mail. Tambiém tengo fotos.

Juan Pablo Barani

JuanPBarani[arroba]arnet.com.ar


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