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Parque Nacional Los Glaciares




Enviado por juanpbarani



    En Armonía con la
    Naturaleza

    La gran extensión del territorio y la gran
    diversidad de climas que caracterizan la Argentina
    determinan una realidad fitogeográfica muy variada,
    así como muy rica desde el punto de vista de la fauna. En ella
    están representadas casi todas las formaciones o tipos de
    asociación vegetal, desde la selva subtropical hasta la
    estepa y el desierto, lo que vuelve difícil establecer una
    clasificación precisa y definitiva.

    Cada uno de los paisajes que cubren la vastedad del
    país contiene uno o varios ecosistemas,
    de gran interés
    económico, científico o simplemente recreativo.
    Integrado por un extraordinario número de especies
    –unas 300 de mamíferos, 1.000 de aves y cerca
    de 10.000 plantas
    vasculares-, el elenco de flora y fauna de la
    República Argentina se
    halla entre los de mayor biodiversidad
    a nivel de géneros y familias.

    Al igual que en el resto de los países,
    también en el nuestro la acción del hombre ha
    modificado el paisaje, a menudo peligrosamente, hasta el punto de
    poner en peligro de extinción a ciertas especies de
    animales y
    vegetales. La erosión del suelo, la falta
    de nutrientes, la producción de metano, el agujero de ozono,
    la deforestación y la pérdida de diversidad
    biológica son consecuencias, en definitiva, de un estilo
    de vida que, en las postrimerías de este milenio, ha
    entrado en crisis en todo
    el planeta. La República Argentina no
    constituye una excepción.

    Valga un ejemplo: en la región de los Pastizales
    de la Pampa Húmeda, los desequilibrios ecológicos
    son de larga data. Desde el siglo XVI, a partir de la
    fundación de Buenos Aires, la
    actividad ganadera empezó a desarrollarse de manera
    desmesurada. Primero se desarrolló la ganadería
    extensiva del ganado bovino, ovino y caballar sobre la base de
    pasturas naturales y luego se pasó a la ganadería
    de bovinos, basada en alfalfares, primero, y en cereales
    forrajeros después.

    Simultáneamente, en el litoral fluvial, la
    urbanización cobró fuerza de
    manera incontrolada. Se transformaron las condiciones de drenaje,
    la fertilidad del suelo y la
    composición de los pastizales, lo que acarreó la
    desaparición de numerosos especies vegetales y animales. La
    fauna
    autóctona de esta región hoy está desplazada
    por la intensa modificación del hábitat, la caza,
    la transformación de la mayoría de los ecosistemas
    naturales en agrosistemas y la competencia con
    el ganado. Desaparecieron los grandes herbívoros, como es
    el caso del guanaco, y se hallan en franco retroceso
    numérico otras especies como el zorro gris y el
    ñandú común. El ciervo de las pampas
    está en peligro y drásticamente reducido a dos
    áreas relictuales al este y oeste de la
    región.

    Para evitar la degradación ambiental y la
    depredación de la flora y la fauna, la
    Argentina ha
    sido realmente pionera en el establecimiento de áreas
    protegidas. La creación de la primera área de este
    tipo se debe al Perito Francisco Pascasio Moreno, quien, en 1903
    donó a la nación tres leguas cuadradas (unas 75.000
    ha) en el área que actualmente ocupa el Parque Nacional
    Nahuel Huapi. Con esas tierras se inició la
    reservación de bosques permanentes. En 1934 se creó
    el primer parque nacional y sucesivas disposiciones –entre
    otras, la ley 12.103 de
    1934, y la 22.351, de 1080 han permitido establecer dicho
    sistema que, a
    mediados de 1993, ya involucraba casi 14 millones de
    hectáreas, con responsabilidad administrativa, a cargo de los
    gobiernos nacional, provincial y municipales. San Juan se destaca
    por ser la provincia con mayor porcentaje de superficie
    protegida: algo más del 20% de su territorio.

    Cabe destacar la acción de la Administración de Parques Nacionales,
    organismo dependiente de la Secretaría de Recursos
    Naturales y Ambiente
    Humano. Además, existen áreas protegidas por
    acuerdos internacionales en varias provincias argentinas. Por sus
    excepcionales características, dos sitios han sido
    declarados patrimonio
    natural de la humanidad.

    Sistema nacional de áreas protegidas

    En materia de
    preservación de la naturaleza y del
    equilibrio
    ecológico, hay que resaltar la acción de la
    Administración de Parques Nacionales, que
    ha elaborado una legislación precisa en todo lo relativo a
    las áreas protegidas. Este organismo ha definido una
    clasificación basada en dos categorías: estrictas y
    no estrictas.

    Categorías Estrictas. Esta primera
    clasificación incluye áreas en las que se admite la
    presencia humana sólo en calidad de
    visitante. Comprende:

    Reserva científica o Reserva natural
    estricta:
    Áreas significativas por la excepcionalidad
    de sus ecosistemas,
    de sus comunidades naturales o de su flora y fauna, cuya
    protección sea necesaria para fines científicos de
    interés
    nacional. Por ejemplo Campos del Tuyú, en la provincia de
    Buenos
    Aires.

    Parque nacional o parque provincial: Áreas
    biogeográficamente representativas, no afectadas por la
    actividad humana y poseedoras de ecosistemas y
    especies de flora y fauna, geoformas o paisajes naturales de
    excepcional belleza, con fines científicos, educativos o
    recreativos. Por ejemplo, Talampaya, en la provincia de La
    Rioja.

    Monumento natural (nacional o provincial):
    Áreas o sitios que contienen elementos de notable
    importancia como poblaciones animales o
    vegetales, espacios naturales, geoformas, etc., cuya singularidad
    exige ponerlos en resguardos con fines educativos o recreativos.
    Por ejemplo, Bosque Petrificado Sarmiento en Chubut.

    Categorías No Estrictas. Esta segunda
    clasificación admite la presencia humana con
    ocupación y actividades, pero ordenadas. Comprende los
    siguientes tipos de áreas:

    Reserva natural manejada o Santuario de flora y
    fauna:
    Áreas específicas indispensables para
    preservar la existencia o mejorar la condición de vida
    posible de especies o variedades individuales de importancia
    nacional o provincial. Por ejemplo, la Costanera Sur, en la
    ciudad de Buenos
    Aires.

    Paisaje protegido: Lugares protegidos para
    mantener la calidad
    escénica de paisajes seminaturales o culturales, dignos de
    ser preservados. Por ejemplo Pereyra Iraola, en la provincia de
    Buenos
    Aires.

    Reserva de recursos:
    Áreas destinadas a conservar los recursos
    naturales de zonas deshabitadas o poco habitadas, de las
    cuales, por no poderse evaluar los efectos de su
    transformación en tierras de uso agrícola,
    ganadero, forestal o urbano, se ha resuelto conservar sin
    utilización, salvo el usufructo tradicional que ejerce la
    población local. Por ejemplo, El Leoncito,
    en la provincia de San Juan.

    Reserva natural-cultural: Áreas destinadas
    a la conservación de espacios naturales en los que habitan
    comunidades aborígenes interesadas en preservar sus
    recursos
    naturales y las pautas naturales de usufructo. Por ejemplo,
    Cerro Colorado, en la provincia de Córdoba.

    Reserva de usos múltiples: Áreas en las
    que se privilegia la convivencia armónica entre las
    actividades productivas del hombre y el
    mantenimiento
    ambientes naturales con sus recursos
    silvestres. Por ejemplo, Valle Fértil, en la provincia de
    San Juan.

    Protección
    Internacional

    A partir de que en la segunda mitad de este siglo
    tomaron cuerpo las denuncias acerca de los múltiples
    atropellos ecológicos que ponen en peligro la integridad
    del planeta, diferentes entidades internacionales se han
    preocupado por salvaguardar regiones, paisajes o especies
    animales y
    vegetales del mundo, ya sea porque se hallan en peligro de
    extinción o de manera simplemente preventiva,
    consagrándolas cómo áreas de interés
    universal. En la Argentina, los
    organismos internacionales han establecido dos
    categorías:

    Reserva de la biósfera: Áreas
    destinadas a la conservación de recursos
    biológicos y al conocimiento
    del funcionamiento de los ecosistemas.
    En estos espacios se procura mantener formas tradicionales de uso
    de los recursos
    naturales y aprender de ellas a fin de mejorar su manejo, y
    conciliar la conservación de la naturaleza con el
    desarrollo de
    poblaciones humanas. Por ejemplo, Laguna Blanca, en
    Catamarca.

    Sitio de patrimonio
    mundial (natural):
    Incluye sitios que posean un patrimonio
    natural de interés y
    valor
    excepcional para toda la humanidad. Por ejemplo, Los Glaciares,
    en la provincia de Santa Cruz, e Iguazú, en la de
    Misiones.

    Parque Nacional los
    glaciares

    El Parque Nacional Los Glaciares fue creado en 1937 para
    preservar las maravillas naturales de esta parte de los Andes
    patagónicos.

    Comprende una superficie de 6.000km2 de los cuales, una
    cuarta parte pertenece a la Reserva Nacional y las otras tres al
    Parque propiamente dicho.

    Sus límites por el oeste siguen en todo momento
    la línea divisoria internacional chileno-argentina entre
    los paralelos 49º 15´ y 50º 50´Sur (desde
    el Cerro Fitz-Roy hasta el Cerro Stokes) abarcando parte de los
    Hielos Continentales y todos los glaciares que de ellos
    descienden hacia el lado oriental.

    Debido a su interés
    paisajístico por un lado, y a parte de su flora y fauna en
    peligro de extinción por el otro, la UNESCO lo
    declaró Patrimonio
    Mundial de la Humanidad.

    Además de la Intendencia Central, sita en
    Calafate, el parque dispone de cuatro seccionales (Lago Roca,
    Río Mitre, Glaciar Perito Moreno y El Chaltén)
    permanentemente habilitadas, donde los visitantes podrán
    recabar datos referentes
    a la zona.

    de glaciares y
    glaciaciones

    Introducción

    os glaciares llegaron a cubrir en el pico de la
    última gran glaciación, hace aproximadamente 18.000
    años, un tercio de las tierras emergidas, lo que supuso 3
    veces más de su extensión actual. El nivel del mar
    bajó entonces 120m, resultando de ello grandes extensiones
    hoy cubiertas por las aguas marinas, eran entonces tierra firme,
    dato a tener muy en cuenta cuando se piensa en las grandes
    migraciones humanas y animales que
    signaron aquellas épocas. Gracias a ello se pudo pasar a
    pie desde Siberia hasta Alaska -comenzando así el
    poblamiento americano- y de Europa a Inglaterra, entre
    otros ejemplos.

    Por el carácter plástico del magma que
    yace bajo la corteza terrestre, las tierras que sufrían la
    presión de los hielos se deprimieron bajo sus casquetes
    polares, como ocurre actualmente con la Antártida y
    Groenlandia y poco a poco, al retirarse los hielos, fueron de
    nuevo elevándose lentamente, fenómeno no del todo
    concluido (se ha calculado que Groenlandia todavía se
    eleva 1m por siglo). Los más beneficiados por este hecho
    han resultado ser los habitantes de un pequeño
    archipiélago frente a las costas de Finlandia, que cada 50
    años desde hace unos siglos, tienen la agradable
    obligación de repartirse las tierras que el mar les
    regala.

    A pesar de que –por impresionantes que nos puedan
    parecer hoy, los glaciares son sólo reducidas reliquias de
    las extensiones glaciales de antaño- todavía juegan
    un papel
    importantísimo en nuestros días: Ocupando el 10% de
    las tierras emergidas, suponen el 90% del agua dulce del
    planeta (dato interesante en un mundo cada vez con menos agua potable y
    más contaminada). Además, con las corrientes de
    aire y agua que
    crean, contribuyen a equilibrar el clima de la tierra, que
    sin ellos sería asfixiante.

    También fueron ellos los que antaño
    excavaron, transportaron y pulverizaron minerales de todo
    tipo que después, por las violentas tempestades que
    soplaron desde sus masas heladas, se distribuyeron por diferentes
    regiones del globo (China,
    América
    del Norte, Europa Central,
    Pampas Argentinas…) creando suelos muy
    fértiles para la agricultura.
    En la Patagonia
    Austral, sin embargo, la formación de los suelos se
    debió principalmente a los procesos
    magmático-eruptivos ocurridos en la actual zona
    andina.

    En el pico de la glaciación, la
    disminución de la temperatura
    media varió ostensiblemente en diferentes lugares del
    globo: diez grados menos en Alaska, seis en Inglaterra, dos
    en los Trópicos, y prácticamente sin
    variación en el Ecuador.

    Se ha calculado que si los glaciares se derritieran hoy,
    el nivel del mar subiría entre 60 y 70 metros inundando
    enormes extensiones de terrenos costeros y varias de las
    principales ciudades del mundo.

    Si bien hoy sabemos que las glaciaciones son un
    fenómeno que se viene dando desde remotísimas
    eras
    geológicas en distintos lugares de la tierra,
    (hace 450 millones de años, antes de la separación
    de los continentes, el actual desierto del Sahara ocupaba
    precisamente el Polo Sur y sufría una enorme
    glaciación de la que todavía quedan restos visibles
    en forma de grandes estrías sobre las superficies de roca
    pulida), la glaciación más conocida, mejor
    estudiada, y a las que nos referiremos en éstas
    páginas es, naturalmente, la última.

    Se dio simultáneamente en los dos hemisferios,
    aunque las mayores extensiones las alcanzó en el
    Hemisferio Norte: En Europa el hielo
    avanzó hasta cubrir casi toda la isla de Gran
    Bretaña, norte de Alemania y
    Polonia, y en Norteamérica, el manto de hielo que bajaba
    del Polo Norte, sepultó todo Canadá y
    alcanzó hasta más al sur de los actuales lagos
    estadounidenses que, como los patagónicos y los alpinos,
    se formaron sobre las hondonadas que dejaron libres las masas
    glaciares que acababan de retirarse.

    A pesar de que todos éstos datos hoy son
    normalmente admitidos, no fue fácil para los pioneros de
    la glaciología convencer a sus contemporáneos del
    protagonismo de los glaciares en la formación de los
    paisajes actuales. Veamos cómo empezó
    todo:

    Comienza la Glaciología

    En 1837 un sabio suizo, Louis Agassiz, hasta entonces
    admirado por sus conocimientos en fósiles marinos, lanza
    una teoría,
    que a los oídos de sus eminentes colegas de la Sociedad
    Científica resulta poco menos que una blasfemia en medio
    de una Misa Mayor: "Las formas actuales de paisaje habrían
    sido provocadas por antiguos glaciares y no por el Diluvio
    Universal como hasta entonces se venía aceptando". Los
    glaciares, según él, habrían horadado
    valles, movido montañas, transportado materiales y
    excavado lagos.

    Eran los comienzos del siglo XIX y las ciencias
    naturales, tal como hoy las entendemos, estaban
    todavía en pañales. La geología
    estaba a tal punto influenciada por la Biblia y la religión, que sus
    más preclaros cultores admitían todavía la
    teoría
    formulada por un arzobispo y un vicecanciller de Cambridge que,
    aunando su agudeza matemática, religiosa, antropológica
    sentenciaron en 1654: "El cielo, las nubes llenas de agua y
    el hombre
    fueron creados por la Santísima Trinidad el 26 de octubre
    del año 4004 antes de Cristo, a las 9 de la
    mañana".

    Eran tiempos aquellos en que para explicar lo
    inexplicable estaba siempre el recurso de la brujería,
    como en el caso de los bloques erráticos, enormes piedras
    sembradas por las campiñas del norte de Europa sin
    ninguna conexión geológica con el paisaje
    circundante, y cuyo transporte por
    los glaciares desde sus puntos de origen sería
    después demostrado por Agassiz.

    A medida que transcurre el siglo XIX las teorías
    de Agassiz son cada vez más aceptadas, así como sus
    derivaciones: descenso del nivel del mar, depresión
    de las tierras bajo el peso de los hielos y elevación de
    las mismas después de la fusión,
    formaciones de morrenas, deposición de bloques
    erráticos, etc.

    Al principio se creyó en una sola
    glaciación, pero el hallazgo de varios restos vegetales
    entre las capas de las morrenas hizo pensar que después de
    cada retirada glacial, un clima más
    benévolo se instaló sobre las zonas anteriormente
    ocupadas por el hielo y permitió de nuevo el surgimiento
    de la vida hasta que todo fue cubierto otra vez por el
    próximo avance glaciar: había nacido la idea de las
    glaciaciones.

    Los avances y retiradas de los hielos, estando en
    relación con los sucesivos enfriamientos de la tierra, se
    vio entonces en la glaciología como una herramienta para
    descubrir el clima de la tierra en
    épocas pasadas y en diferentes lugares del globo,
    herramienta que hoy siguen utilizando los científicos que
    estudian los casquetes polares de la Antártida y
    Groenlandia en el afán de develar el pasado
    climático del planeta. Estudios hechos al final del siglo
    pasado en Norteamérica y Europa,
    escenarios de las grandes glaciaciones del Pleistoceno, dieron
    idénticas edades para las grandes glaciaciones de esta era
    geológica que comprende aproximadamente los últimos
    2 millones de años.

    También los estudios demostraron que las grandes
    invasiones del hielo se produjeron en los dos hemisferios al
    mismo tiempo y fluyeron
    siguiendo siempre los mismos recorridos.

    Causas de las Glaciaciones

    Quedaba por resolver las causas de todos estos cambios
    climáticos. Teorías
    de todo tipo se han barajado desde entonces: elevamientos y
    contracciones de la corteza terrestre, enormes erupciones
    volcánicas que hubieran lanzado tales cantidades de polvo
    a la estratosfera como para reducir las radiaciones solares,
    diferencias de actividad en las manchas solares, etc.

    A pesar de que todas ellas pueden tener parte de
    razón, ninguna explica por completo el fenómeno y
    mucho menos su relativa periodicidad.

    La teoría
    más admitida hoy como causa de las variaciones
    climáticas que a su vez provocaron las glaciaciones es la
    llamada teoría
    astronómica.

    Ya en el siglo II a.d.C., Hiparco, astrónomo
    griego, descubrió que la Tierra en
    el espacio se comportaba como un trompo, girando no sólo
    sobre sí misma sino dando también a su eje un
    movimiento
    giratorio. Había dado, sin saberlo, el primer paso para lo
    que luego vino a llamarse la teoría
    astronómica de las glaciaciones que desarrolló
    completamente el matemático yugoslavo Milutin
    Milankovitch, que dedicó toda su vida a elaborar
    complejísimos cálculos, en los que intentó
    demostrar que la interacción de 3 ciclos
    astronómicos alteraba lo suficiente las radiaciones
    solares en la tierra como
    para producir enfriamientos que devinieran en glaciaciones. Se
    trataría de estos tres ciclos:

    1. Ciclo de la órbita terrestre: Cada
      100.000 años la órbita terrestre alrededor del
      sol pasa de ser casi un círculo a una perfecta elipse y
      después de nuevo circular.
    2. Ciclo de la inclinación axial: Cada
      41.000 años la inclinación del eje de la tierra sobre
      su órbita pasa de 21,5 a 24,5 grados para volver de
      nuevo a 21,5. Es precisamente esta inclinación la que
      origina las estaciones. Cuanto mayor sea, más extremas
      será estas (inviernos más fríos y veranos
      más cálidos).
    3. Ciclo de precesión de los equinoccios:
      Cada 26.000 años, como una peonza en el espacio, el eje
      de la tierra
      describe un círculo total. Curiosamente, han sido los
      mares, además de posteriores observaciones
      geológicas, los que han dado el definitivo espaldarazo a
      la teoría astronómica de Milankovich. Analizando
      y datando los sedimentos de los fondos abisales, se han podido
      determinar claramente los ciclos glaciares en función de
      elementos que sólo pueden existir en aguas más
      calientes o más frías (microorganismos,
      diferentes isótopos del Oxígeno,
      etc.).

    De cualquier forma, el mecanismo de los climas es de tal
    complejidad, que admitiendo que los fenómenos
    astronómicos hayan sido los principales causantes de las
    glaciaciones, también es probable que fenómenos
    tales como erupciones volcánicas, manchas solares,
    meteoritos, etc. hayan intervenido en las fluctuaciones
    climáticas generales.

    En cuanto a futuras previsiones del clima basadas en
    estudios y ciclos del pasado, el asunto se complica aún
    más: el alocado empleo del
    Planeta por el supuesto "Homus civilizatus" están
    introduciendo nuevas variantes que cada vez alejan más el
    futuro de cualquier previsión científica y lo
    acercan mucho más a una lotería: la
    concentración de gas
    carbónico en la atmósfera debido a la
    utilización de los combustibles fósiles, las
    deforestaciones a gran escala de las
    selvas tropicales y un sinfin de nuevas alteraciones
    ecológicas que se han venido produciendo en el
    último siglo, son factores con los que nunca la Tierra se
    había encontrado antes y su reacción a ellos es hoy
    un tema que provoca entre los científicos las más
    variadas polémicas.

    Con respecto a grandes deforestaciones, recordemos que
    no han faltado teorías
    que hayan asociado las deforestaciones masivas ocurridas en
    Europa al final de la Edad Media con
    el comienzo de la llamada "Pequeña Edad del Hielo",
    recrudeciendo general del clima que
    sacudió al Planeta desde el siglo XVI al XIX.

    Las Glaciaciones En La
    Patagonia

    Por más importantes que hoy nos puedan parecer,
    nuestros glaciares y mantos de hielos patagónicos son
    sólo minúsculas reliquias de las grandes
    glaciaciones de antaño.

    En la Patagonia
    austral, la primera glaciación que dejó huellas
    claras se dio hace 3,5 millones de años y en aquella
    época, el hielo se extendió por lo menos 60 km al
    este de la actual Cordillera. Otra gran glaciación, que
    supondría la mayor de las experimentadas en Patagonia, se
    habría dado hace 1 millón de años
    aproximadamente. Las morrenas terminales de ésta
    última se pueden observar en la meseta sur del río
    Santa Cruz, a la altura de Cóndor Cliff, a casi 200 km de
    distancia de la actual Cordillera.

    Si bien hay algunas discrepancias sobre éste
    punto, hoy parece y a generalmente admitido que los hielos
    sólo cubrieron la meseta patagónica en su parte
    más austral, es decir al sur del río Gallegos,
    donde una enorme lengua se
    extendía sobre el actual Estrecho de Magallanes, (que no
    es sino otro valle formado por el hielo e invadido después
    por el mar) y la casi totalidad de Tierra del Fuego, como lo
    prueban morrenas que se han encontrado bajo el actual nivel de
    las aguas del Atlántico. En el resto de la Patagonia los
    hielos avanzaron según grandes ejes oeste-este, sin llegar
    nunca hasta la actual costa atlántica.

    En el período geológico llamado
    Pleistoceno, los glaciares se extendieron hasta 100 km más
    al este del presente límite oriental del Lago Argentino, y
    en la zona cordillerana, llegaron a alcanzar luna altura de
    más de 1000 metros sobre el actual nivel del Lago. El
    descenso del nivel del mar permitió que la línea de
    la costa atlántica se situara hasta 150 km. más al
    Este de la que hoy conocemos.

    En las épocas más cálidas, que
    alternaron con los períodos glaciares, gigantescos
    ríos de fusión
    cortaron las mesetas hacia el Atlántico, excavando valles
    a su paso. Sobre estos valles, (el del río Santa Cruz es
    un claro ejemplo) se deslizaron más tarde los glaciares en
    las posteriores glaciaciones, depositando materiales y
    al mismo tiempo, excavando
    el suelo con su
    enorme poder erosivo.
    Después de su última retirada, enormes cuencas
    habían quedado en el terreno, que se llenaron con las
    aguas de fusión,
    formando así los lagos glaciares que hoy podemos
    ver.

    Se entiende bien, después de todos éstos
    procesos por
    qué Louis Agassiz, el fundador de la glaciología,
    llamó a los glaciares "Los arados de Dios".

    Las Glaciaciones en nuestra
    zona

    A continuación damos un breve resumen del
    desarrollo en
    la zona del Lago Argentino y Río Santa Cruz de las etapas
    de la última glaciación:

    • Hace 18/20.000 años, en el pico máximo
      de la última glaciación la lengua
      glaciar que se originaba en la Cordillera se extendía a
      lo largo del hoy Lago Argentino y Río Santa Cruz hasta
      el actual paraje de Cóndor Cliff, 100 km más al
      este del presente límite oriental del lago.
    • Posteriormente, se dio un gran retroceso y los
      glaciares se retiraron hasta aproximadamente sus límites
      actuales.
    • Vino más tarde otro nuevo avance del hielo que
      nos ha dejado dos series de morrenas: una a 25 km al este del
      actual lago y la otra, posterior, que es la que circunda en
      éstos momentos el Lago, pasando por las cercanías
      de Calafate y continuando hasta el Cerro Frías. Esta
      última es fácilmente apreciable cuando se circula
      por la ruta desde Calafate a Chaltén: las constantes
      subidas y bajadas del camino durante 15/20 km. después
      de dejar la ruta asfaltada nos indican que estamos transitando
      precisamente por dicha morrena. Un enorme bloque
      errático a la derecha, 1 km. después de cruzar el
      río Santa Cruz es también visible al costado del
      camino.
    • Nuevo retroceso hacia la Cordillera, en el que se
      formaría ya definitivamente el actual Lago Argentino. En
      éste retroceso (o tal vez en un pequeño nuevo
      avance tras él) se formaron las morrenas cercanas a
      Punta Bandera y las que circundan el Brazo Rico en su parte
      oriental, fácilmente visibles ambas desde la ruta hacia
      el Glaciar Moreno.
    • Una vez retrocedidos los glaciares hasta sus
      posiciones actuales aproximadamente, hubo, ya en tiempos
      históricos, otro nuevo avance que ha dejado morrenas
      terminales entre 2 y 10 km. de los actuales frentes glaciares:
      se trata de lo que se ha dado en llamar la "Pequeña Edad
      del Hielo" período de enfriamiento que duró desde
      el final de la Edad Media
      hasta mediados del siglo XIX.
    • Desde entonces y salvo contadas excepciones, los
      glaciares patagónicos, como los del resto del mundo,
      vienen retrocediendo en mayor o menor medida.

    Que es un Glaciar

    Drama en dos
    actos

    Se suele comparar un glaciar a un río de hielo.
    Si bien la comparación puede ser válida en ciertos
    aspectos (cuenca de alimentación con
    afluentes, capacidad erosiva, mayor velocidad en
    el centro del cauce que en los bordes…) no es menos cierto que
    los últimos estudios demuestran que el movimiento del
    hielo, que como todos los cuerpos, responde a las leyes de
    gravedad, también responde a comportamientos muy
    particulares que poco tienen en común con el
    agua.

    Acto 1: Formación

    El hielo de los glaciares no es otra cosa que el
    producto de la
    compresión de la nieve por efecto de su propio peso.
    Así que, para la formación de un glaciar hace falta
    que se cumpla una condición fundamental: Que la cantidad
    de nieve caída a lo largo del año en una
    determinada zona, sea mayor que la ablacionada. De esto se deduce
    que, para la formación de un glaciar, no sólo son
    necesarias grandes nevadas, sino, más importante
    todavía, que la temperatura
    media anual permita conservar la nieve caída. Por eso las
    grandes extensiones de hielo actuales (Antártida,
    Groenlandia) no están situadas en las altas Cordilleras de
    latitudes medianas, donde las nevadas son abundantes, pero
    también lo es la fusión
    veraniega, sino en los extremos de cada Hemisferio donde la
    escasa radiación solar no permite la desaparición
    de la nieve. Ejemplo típico lo encontramos en la
    Antártida, considerada técnicamente un desierto por
    su nivosidad, (entre 120 y 140 mm anuales) en su zona central) y
    que sin embargo, supone la mayor concentración de hielo
    del planeta (90%) con espesores que superan a veces los 4.500
    m.

    Pero volvamos al escenario de nuestro primer acto: la
    nieve caída empieza a comprimirse apenas toca el suelo: sus
    cristales, pequeños corpúsculos de apenas un cuarto
    de mm de espesor, que todos conocemos por la caprichosa belleza
    de sus formas, comienzan a perder sus extremidades, que al entrar
    en contacto unas con otras se funden, liberando el aire en sus
    intersticios y dando a los cristales una forma más
    granulada.

    A medida que se acumulan nuevas capas de nieve, su peso
    continúa liberando las burbujas de aire entre los
    cristales y provocando una mayor compactación de
    éstos, proceso que
    continúa hasta formar el hielo.

    El tiempo necesario
    para la formación de hielo a partir de la nieve
    varía enormemente de un glaciar a otro (desde una decena
    de años, en glaciares templados como los
    patagónicos o los alpinos, a varios cientos en
    Antártida) en función de dos factores: la nivosidad
    y la temperatura.
    Contrariamente a lo que pudiera pensarse, más
    rápidamente se forma el hielo cuanto más templado
    sea un glaciar: antes citábamos la fusión de
    los cristales; con temperaturas superiores a 0 grados,
    ésta fusión se traduce en agua que se
    infiltra hacia el fondo, helándose nuevamente y liberando
    nuevamente pequeñas cantidades de calor. Este
    calor debilita
    la dureza de los cristales inferiores facilitando a su vez la
    fusión y compactación entre ellos, lo que redunda
    en una mayor rapidez de formación de hielo.

    Acto 2: Movimiento

    Un glaciar no sólo es una masa de hielo, sino
    sobre todo, una masa de hielo en movimiento.

    Obviamente, como todo cuerpo en movimiento y a
    lo largo de una pendiente, el hielo es influenciado por la
    gravedad y en mayor medida cuanto más pronunciada sea esta
    pendiente. Esta similitud con el agua es lo
    que ha llevado por mucho tiempo a comparar
    los glaciares con los ríos, lo cual, si no es del todo
    falso, a la luz de los
    últimos estudios, tampoco parece ser del todo
    verdadero.

    Según los glaciólogos, un glaciar registra
    dos tipos de procesos: de
    deslizamiento y de deformación interna. Ambos tipos se dan
    en todos los glaciares, pero el deslizamiento de los glaciares
    llamados templados (Andes, Alpes, Himalaya…) y la
    deformación interna del hielo es el principal causante del
    movimiento en
    los casquetes polares (Groenlandia y Antártida) donde las
    pendientes a veces son mínimas. El deslizamiento responde
    por supuesto a la acción de gravedad. A pesar de lo simple
    del principio, tiene aspectos sorprendentes: Este deslizamiento
    solo puede darse en presencia de agua en su base, que en los
    glaciares templados proviene de dos causas: por una parte de la
    fusión de las capas superiores, que va filtrándose
    hacia el fondo. Por otra, la base del glaciar, al friccionar la
    roca determina un cierto recalentamiento que también ayuda
    para la fusión de pequeñas cantidades de
    agua.

    Así pues, una fina película líquida
    recorre siempre la base de los glaciares actuando como lubricante
    entre el hielo y su sustrato rocoso. Es esta lubricación
    interna uno de los factores que va a determinar la velocidad de
    avance de un glaciar.

    En los glaciares fríos, las temperaturas extremas
    impiden toda fusión y el glaciar queda "soldado" por su
    base: será entonces la deformación interna del
    hielo la causa principal de su movimiento. Más compleja y
    menos conocida que el deslizamiento, la deformación
    interna podría compararse al proceso que
    sufren ciertos metales o minerales,
    sometidos a tensiones por temperaturas ligeramente inferiores a
    su punto de fusión: como bien saben los herreros desde
    tiempo
    inmemorial, éstos cuerpos adquieren la capacidad de
    deformarse.

    En el caso del hielo, es su mismo peso, que en algunos
    glaciares puede llegar a presiones de 650 Tn./m2, el que produce
    tensiones que llevan al glaciar a deformarse: los cristales de
    hierro
    redisponen sus moléculas en capas más o menos
    paralelas a la superficie glaciar. Estas capas se deslizan una
    sobre otra. El movimiento acumulado de las capas de
    moléculas en el interior de cada cristal más un
    cierto efecto de patinaje entre los cristales es lo que se llama
    pues, deformación interna. Paradójicamente pues,
    las leyes
    físicas que rigen éste fenómeno están
    mas cercanas a la flexión de un hierro al rojo
    vivo, que al deslizamiento del agua por una canaleta.

    Pero volvamos al principio del acto: veíamos que
    un glaciar sólo es glaciar si se mueve . Para comenzar a
    moverse, el hielo necesita un cierto espesor crítico de
    alrededor de 20 metros.

    A partir de aquí, tres factores
    condicionarán la velocidad de
    avance de un glaciar: el espesor, la pendiente y la temperatura
    del hielo. Cuanto más espesor tenga un glaciar, más
    deprisa avanzará y obviamente también será
    más rápido cuanto mayor sea la pendiente por la que
    se desliza.

    Antes citábamos glaciares fríos y
    templados: Cuanto más "templado" sea un glaciar,
    más rápido será, a causa de la mayor
    cantidad de agua fusionada que circula por su base facilitando el
    deslizamiento, y a causa de que la energía calórica
    que libera parte de ese agua infiltrada al recristalizar de
    nuevo, contribuye a debilitar los cristales de hielo
    haciéndolos más moldeables y fáciles de
    deformar.

    Esta misma cantidad de agua de fusión corriendo
    por la base y lubricando el frotamiento del hielo con la roca, es
    lo que causa una mayor velocidad del
    glaciar en los días cálidos o lluviosos que en los
    fríos o secos y lógicamente, también en
    verano más que en invierno.

    La velocidad
    pues, es un fenómeno altamente variable de unos glaciares
    a otros e incluso en el mismo glaciar, no sólo en
    función de la época, sino también del lugar:
    al igual que en las corrientes de agua, el frotamiento de sus
    bordes con la tierra frena el movimiento de éstos haciendo
    la corriente más rápida en su centro que en sus
    bordes. El frotamiento en su base es a su vez la causa de que la
    velocidad de la superficie sea mayor que la del fondo.

    El punto de mayor velocidad de un glaciar se
    encontraría sobre la línea de equilibrio del
    mismo. Es ésta una línea imaginaria que divide la
    zona de acumulación de un glaciar, que es aquella en que
    la cantidad de nieve caída anualmente es mayor que la
    perdida por evaporación o fusión, y que corresponde
    a sus zonas más altas, de la zona de ablación,
    donde, inversamente a la anterior, la nieve perdida es mayor que
    la caída y se sitúa, como es natural, en sus zonas
    inferiores.

    Delimitar ésta línea es muy importante
    para el estudio de cualquier glaciar, pues la situación de
    la misma y la relación de superficie entre las dos zonas
    antes citadas, son datos muy
    importantes para la determinación del comportamiento
    del glaciar y su respuesta frente a los cambios
    climáticos. A simple vista, podríamos definir esta
    línea de equilibrio
    como la serie de puntos todavía con nieve a fines de
    Otoño, antes de las primeras nevadas. En glaciares muy
    agrietados es más fácil distinguirla, pues marca la frontera
    entre la zona de grietas y la zona en que éstas (por lo
    menos las más pequeñas) son ocultadas por la nieve.
    Por supuesto que ésta línea de nieves permanentes
    no será igual todos los años y también
    variará de unos glaciares a otros con la
    orientación, las condiciones de la pendiente, las
    variaciones climáticas, etc.

    Otro de los fenómenos comunes a los glaciares y
    de extrema ayuda para sus estudiosos son las morenas o morrenas,
    que podríamos definir brevemente como acumulaciones de
    piedras, arenas y arcillas transportadas por los glaciares. Su
    importancia viene dada porque son ellas las que denotan las
    pasadas posiciones de un glaciar. Asimismo, estudiando los restos
    orgánicos mezclados en ellas, fácilmente datables
    por el sistema del
    Carbono 14, se
    puede llegar a conocer la cronología de 1os antiguos
    movimientos del glaciar. En función de su posición,
    las morrenas se pueden clasificar en laterales o
    centrales. Estas últimas resultan de la
    unión de las morrenas laterales de un glaciar y de su
    afluente, resultando así una línea característica de materiales
    rocosos que corre por el centro de un glaciar en el mismo sentido
    de su marcha. Otro tipo de morrena muy importante para el
    glaciólogo es la morrena terminal que, como su nombre
    indica, viene a señalar la posición más
    extrema alcanzada por el hielo y el punto en el que el mismo
    comenzó a retroceder. Quisiéramos terminar
    ésta breve introducción a los glaciares hablando de
    las grietas y los seracs, dos aspectos muy comunes en toda
    geografía
    glacial, y que constituyen el mayor peligro para quienes por
    ellos transitan. Como hemos visto anteriormente, la velocidad de
    un glaciar no es igual en todos sus puntos. Diferentes
    velocidades en diferentes puntos provocan tensiones que la
    plasticidad del hielo no puede siempre absorber completamente y
    que resultan en un resquebrajamiento de su superficie (las
    grietas no suelen tener más de 30m de profundidad). Debido
    a las grandes presiones, el fondo permanece siempre compacto. Las
    grietas pueden tener una enorme variedad de longitudes o anchuras
    y se vuelven especialmente peligrosas para los andinistas cuando
    la nieve fresca forma sobre ellas puentes que por un lado las
    ocultan a la vista, pero por otro no son suficientemente
    sólidos para soportar el peso de una persona. Cuando
    el lecho de un glaciar sufre una pendiente pronuncia- da, la
    velocidad puede triplicarse durante algunos metros. Este
    repentino cambio de
    velocidad provoca en la superficie una serie de grietas
    entrecortadas y muy inclinadas que forman una caótica
    acumulación de bloques o seracs de un equilibrio
    altamente inestable. Cualquier alteración por
    erosión de viento, lluvia, temperatura o
    ligeros empujes del hielo que desciende de más arriba,
    pueden provocar el derrumbe de estos muros de hielo, que, junto
    con la caída en las grietas, son las causas más
    comunes de los accidentes
    mortales en la montaña.

    Tipos de glaciares

    Los glaciares se suelen clasificar en función de
    dos factores: su temperatura o su morfología.

    En cuanto a su temperatura los glaciares se
    dividen en fríos y templados. A los primeros
    corresponden las dos grandes superficies polares
    (Antártida y Groenlandia) y a los segundos, todos los
    demás, situados en latitudes más
    templadas.

    En cuanto a su morfología, citaremos
    brevemente algunos de los más comunes:

    • Indlansis: o enormes superficies horizontales
      de hielo. La Antártida y Groenlandia serían
      también los mayores Indlansis, si bien, otras
      superficies menores como el Hielo Continental
      Patagónico, y las masas glaciares de Islandia o las
      Islas Spitzberg podrían estar también
      comprendidos.
    • De Circo: llamados así por ocupar las
      partes superiores de los circos montañosos.
    • De Valle: glaciares que discurren por un valle
      bien definido.
    • Piedmont: glaciares de valle, que al llegar a
      terrenos inferiores y más llanos ensanchan
      considerablemente su frente en forma de abanico.
    • Compuesto: es el glaciar alimentado por otros
      menores, que a manera de afluentes en un río, llegan por
      los costados a engrosar su caudal. Las morrenas laterales de
      los afluentes pasan así a ser morrenas centrales en el
      glaciar principal. En nuestra región, tenemos en el
      Glaciar Upsala un claro ejemplo de este tipo.
    • De Calving: llámanse así a los
      glaciares cuyo frente está en contacto con el agua, sea
      ésta lacustre o marina. En el Lago Argentino tenemos
      tres glaciares de éste tipo: Upsala, Moreno y Spegazzini
      y en el Lago Viedma, el glaciar homónimo.

    El Hielo Continental
    Patagónico

    ¿Qué hacen 17000 km2 de hielo, una
    superficie casi tan grande como el Estado de
    Israel o la
    Provincia de Tucumán en una latitud que trasladada al
    Hemisferio Norte nos colocaría en lugares tan poco
    englaciados como Londres, París o cualquier punto de la
    frontera entre Canadá y Estados Unidos?
    Cualquiera que haya mirado con detenimiento un planisferio, se
    habrá seguramente planteado a misma pregunta. En el
    Hemisferio Norte, para empezar a encontrar masas de hielo
    considerables hay que remontarse hasta los 60 grados de latitud
    (Islandia, extremo sur de Groenlandia…) mientras que en nuestro
    hemisferio, el Hielo Continental Patagónico, la tercera
    masa glaciar de la tierra después de la Antártida y
    Groenlandia, se extiende desde los 47º a los 51º,
    ostentando el récord de poseer el glaciar más
    cercano al Ecuador que llega
    hasta el nivel del mar (Glaciar San Rafael, -Chile- a los
    46 grados 45 minutos, la latitud correspondiente a la
    Bretaña francesa en Europa o a Quebec en Canadá),
    La razón no es, desde luego, la altura de la Cordillera,
    pues precisamente en esta zona los Andes disminuyen bastante su
    altitud media, comparada con regiones más
    septentrionales.

    Parafraseando a Bob Dylan, se podría decir que
    "La respuesta está en el viento".

    ¿Qué lector de novelas de
    viajes no se
    ha estremecido con los relatos de los navegantes de
    antaño? Descubridores, piratas, comerciantes o
    aventureros, todos los que transitaron estas aguas nos contaron
    acerca de los famosos "cuarenta rugientes" y "cincuenta
    ululantes" esos vientos huracanados que sembraron de naufragios
    las costas australes.

    Son precisamente estos vientos, que en las latitudes de
    40 y 50 grados sur recorren la tierra constantemente desde el
    Oeste hacia e1 Este, los que llegan cargados de humedad
    después de un viaje oceánico por el Pacífico
    y encuentran a su paso los Andes Patagónicos, único
    obstáculo a su recorrido en todo e1 Hemisferio Sur
    (Australia apenas llega a los 40 y Nueva Zelanda a los 45 grados
    de latitud Sur).

    Al encontrar la Cordillera, el aire cargado de
    humedad comienza a remontarla y al hacerlo se enfría,
    condensándose a1 principio en forma de lluvia (los
    archipiélagos chileno-patagónicos están
    entre las regiones más lluviosas del mundo con
    precipitaciones de hasta ¡4000 mm y 323 días de
    lluvia a1 año!) y, a medida que sigue ascendiendo y
    enfriándose, en nieve.

    La nivosidad en ésas zonas alcanza los 5000 mm
    anuales creando así las condiciones para la
    formación de una masa de hielo que se derrama
    después en numerosas lenguas glaciares, que por el lado
    oeste llegan hasta el nivel del mar en los fiordos chilenos y por
    e1 este hasta los lagos argentinos.

    Desde las primeras expediciones que se adentraron por el
    Hielo allá en los albores del siglo, su grandiosa geografía por un
    lado, y el desafío deportivo que suponen sus
    difíciles accesos y sus infernales condiciones
    climáticas por otro, han hecho del Hielo Continental
    Patagónico, al decir del historiador chileno Mateo
    Martinic "La última gran frontera interior del sur
    americano en este siglo".

    Transcribimos a continuación un pasaje del relato
    del Dr. Reichert, el primero en alcanzar en el año 1914 la
    divisoria continental de las aguas oceánicas en una
    auténtica proeza deportiva para la época: "Nos
    hallamos en un lugar extraordinariamente salvaje. Un paisaje que
    parece el Infierno de Dante se abre hacia el valle del fiordo y
    el viajero se estremece ante el aspecto de este mundo de eternos
    hielos. Un sinnúmero de poderosas y fantásticas
    montañas se levantan de un mar helado que inunda toda la
    Cordillera. Los glaciares, como cascadas congeladas que se
    precipitan a ambos lados de las pendientes, son el caos de las
    entrañas que alimentan el corazón de
    la Cordillera y dan al paisaje su carácter grandioso,
    desolado, cruelmente salvaje…"

    La existencia de un mítico volcán humeante
    del que tanto leyendas
    indígenas, relatos de exploradores y navegantes del siglo
    pasado y pobladores de la zona daban cuenta, acució la
    curiosidad por descubrirlo, siendo al fin el inglés
    Eric Shipton, en Enero de 1960 el que divisaría una
    montaña en el medio del Hielo, "de la que fluía una
    espesa columna de vapor que se remontaba en el aire varios
    cientos de pies."

    Allí estaba por fin el legendario volcán
    de los hielos: se trataba del Cerro Lautaro, una de las mayores
    montañas del Hielo Patagónico con sus 3380
    m.s.n.m., situado aproximadamente a 40 km. al noroeste del
    Fitz-Roy al que, esta vez equivocadamente, también por
    muchos años se lo había tomado por otro
    volcán.

    El Hielo Continental Patagónico está a su
    vez subdividido en dos partes: el Hielo Patagónico Norte
    con 4.200 km', situado totalmente en la XI región chilena
    o de Aisén . En él se encuentra el Monte San
    Valentín que con sus 4.060 m.s.n.m. es el pico más
    alto de los Andes Patagónicos, y el Hielo
    Patagónico Sur con 13.000 km' compartido entre Chile y la
    Argentina. Tiene una longitud de 360 km y una anchura promedio de
    40 km si bien en algunos lugares alcanza los 90.

    Los Hielos Patagónicos están considerados
    técnicamente en glaciología como masas de hielo de
    tipo "Indlansis", palabra noruega que quiere decir "hielo entre
    las montañas" ya que precisamente son casquetes de hielo
    que, a una altura media de 1500 m.s.n.m. recubren los valles
    entre las cadenas montañosas, cuyas partes superiores se
    elevan por sobre las llanuras heladas. Estas inmensas superficies
    heladas suponen una vasta zona de alimentación para las
    lenguas glaciares que desde ellas se derraman tanto hacia el
    este, como hacia el oeste, llegando en este caso hasta los
    fiordos y canales del Pacífico. Los más conocidos,
    por su belleza y accesibilidad son el Moreno y el Upsala en la
    Argentina, y el Glaciar San Rafael en Chile.

    En las mesetas glaciares asoman a veces unas islas de
    roca conocidas como "nunataks" palabra de origen esquimal, que no
    son otra cosa que pequeñas montañas que el hielo
    cubre en su casi totalidad, dejando sólo visibles sus
    partes superiores.

    El Glaciar Perito
    Moreno

    Algunos Datos

    El glaciar Perito Moreno, como todos los glaciares
    patagónicos, (salvo los del Cerro Tronador, cerca de
    Bariloche) tiene su origen en el Hielo Continental
    Patagónico, del que se habla más extensamente en
    éste libro en el
    capítulo de Glaciaciones.

    • Situación geográfica:
      50º29' Sur y 73º03' Oeste.
    • Velocidad: 2,2 metros por día en
      el centro y 0.35 m/día en los bordes. La velocidad fue
      medida a 5 km. del frente y con un intervalo de un solo
      día en 1990 por ANIYA / SVARKA y coincide aprox. con la
      de Raffo, Colki y Madejski, que midieron en 1952 con un
      intervalo de más de más de un año. Como ya
      vimos en el capítulo de Glaciología, la velocidad
      de un glaciar es un factor altamente variable, en
      función, no sólo de la época, sino
      también del lugar del glaciar donde se
      efectúe.
    • Longitud: 30 km.
    • Superficie: 257 km'.
    • Espesor: Todavía no tenemos
      datos concretos
      sobre ello, pero estudios hechos en las morrenas laterales y en
      el bosque que flanquea el glaciar (se han encontrado
      árboles junto al hielo de más de 500 años)
      han hecho suponer a los especialistas que, también al
      contrario del resto de los glaciares de la zona, el Perito
      Moreno no ha variado sustancialmente su masa glaciar en los
      últimos 500/1000 años.
    • Anchura del frente: 4 km.
      aproximadamente
    • Línea de equilibrio: Alrededor de 1150
      m.s.n.m.
    • Estado de su frente: Estacionario
      aprox. desde 1917. A pesar que desde entonces, el Glaciar ha
      estado
      oscilando en leves avances y retrocesos, se puede decir que en
      general, conserva el estado
      que tenía en aquella ocasión.
    • A propósito del frente querríamos
      aclarar un par de conceptos que a veces se mezclan y confunden
      en lo que respecta al avance de un glaciar: cuando se dice que
      un glaciar avanza o retrocede, nos estamos refiriendo solamente
      a la línea de su frente, ya que, como vimos
      anteriormente, en todos los glaciares, el hielo está en
      constante movimiento de avance, por deslizamiento o
      deformación.
    • El factor que hará avanzar o retroceder un
      frente glaciar será la relación, positiva o
      negativa, entre las cantidades de hielo que le llegan desde sus
      cuencas superiores y las que pierde por fusión o
      evaporación en sus cuencas inferiores.
    • Altura del frente sobre el nivel del
      lago:
      De 50 a 70 metros.
    • Máxima altura de su cuenca:
      Cerro Pietrobelli (2950 m.s.n.m. )
    • Profundidad del lago: Sólo en
      una ocasión se midió la profundidad del Brazo
      Rico junto al Glaciar (Hauthal 1900) encontrándose una
      máxima de 137 m. Altura del lago sobre el nivel del
      mar:
      185 metros.
    • Temperatura del agua del lago:
      De 4 a 6 grados.
    • Color del agua: El característico color del Lago,
      conocido comúnmente como "leche
      glaciar", se debe a las partículas minerales
      suspendidas en el agua,

      provenientes de la abrasión del glaciar contra sus
      lechos rocosos y de las rocas entre
      sí, que por su microscópico tamaño no
      llegan a sedimentarse en el fondo.

    Un poco de historia

    Curiosamente, a pesar de haber estado muy
    cerca en su exploración de 1876, El Perito Moreno nunca
    vio el Glaciar, ya que no lo cita en ningún momento de su
    informe. Su
    interés en la zona en aquellos tiempos era verificar si el
    Brazo Rico pertenecía al Lago Argentino, cosa que
    logró recorriendo el Canal de los Témpanos un poco
    más al oeste del actual pueblito de Punta Bandera,
    plantando una bandera argentina – de ahí el nombre
    – y por el otro lado, llegando hasta el extremo este del
    actual Brazo Rico, donde hoy se encuentra la entrada al Parque
    Nacional.

    En 1879, Juan Tomás Rodgers, capitán
    inglés
    de la Armada Chilena, en expedición desde Punta Arenas
    sería el primer explorador en citar el glaciar y darle
    nombre: lo llamó Glaciar Francisco Vidal Gormaz en honor
    del Director de la Oficina
    Hidrográfica de la Marina de Chile,
    organismo patrocinador de la expedición.

    Años más tarde Hauthal, adscrito a la
    Comisión Argentina de Límites, lo llamaría
    Bismarck en honor del Canciller prusiano, nombre con el que
    todavía figura en algunos mapas alemanes y
    chilenos.

    El Teniente Iglesias, encargado de unos estudios para el
    Instituto Hidrográfico Argentino en 1899 lo nombra en
    honor del Perito Moreno, nombre que quedaría como
    definitivo.

    A partir de entonces fue frecuentado por andinistas,
    exploradores y científicos. A través de ellos,
    hemos podido seguir su evolución desde entonces, primero en lo
    referente a su gran avance desde principios de
    siglo y después, una vez estabilizado su frente, al
    fenómeno de sus diferentes rupturas:

    En 1900, el frente del Glaciar estaba a 750 m de la
    costa de la Península de Magallanes.

    En 1908, a 350 m.

    En 1914, a 100 m.

    En 1917, tocó por primera vez la Península
    Magallanes abriéndose unas semanas más tarde sin
    mayores consecuencias.

    De los años siguientes no tenemos mayores datos
    hasta 1926 en que el geólogo E. Feruglio, recogiendo
    informaciones de los pobladores de la región, anota que
    "…el canal entre el glaciar y la orilla del Cerro Buenos Aires era
    bastante ancho como para permitir pasar un pequeño bote,
    sin peligro a los constantes bloques de hielo desprendidos del
    frente escarpado del glaciar".

    En 1928 el Padre Agostini, que además de ser el
    gran pionero del andinismo patagónico nos dejó un
    invalorable archivo
    fotográfico de sus expediciones, tomó fotos del glaciar
    que nos permiten deducir que por aquel entonces la anchura del
    canal era de unos 150 m.

    De nuevo nos faltan datos hasta el año 1935 en
    que sabemos que cerró por segunda vez, aunque sólo
    por un breve tiempo, como había ocurrido la primera vez en
    1917.

    En el verano del 1939-40 se dio por primera vez el
    fenómeno por el que luego el Perito Moreno atraería
    la atención primero de los glaciólogos y
    después, por su belleza espectacular, del mundo entero: la
    ruptura de su frente en febrero de 1940.

    En marzo de 1942, su segunda ruptura, la diferencia de
    nivel de las aguas llegó a 19 m provocando de nuevo
    grandes inundaciones sobre las costas del Brazo Rico.

    Después de esta ruptura, y durante diez
    años, la lengua del
    glaciar tocó varias veces la costa produciendo sucesivas
    rupturas (1947, 1949).

    En los años 1949 y 1950 se registran en la zona
    precipitaciones muy superiores a las normales. El avance glaciar
    registra este aumento y en julio de 1951, ante e1 fuerte
    tapón, las costas del Rico comienzan de nuevo a inundarse.
    Con casi 13 m de diferencia la presión hace estallar la
    barrera de hielo y en marzo de 1952 se produce la
    ruptura.

    En septiembre de ése mismo año, el glaciar
    cerraba de nuevo, y de nuevo en marzo de 1953 se producía
    una nueva ruptura al alcanzar las aguas una altura de 14,50
    m.

    Tres años después, a principios de
    1956 se produce una nueva ruptura.

    Los siguientes cierres, hasta el año 1966,
    parecen no haber provocado grandes inundaciones.

    Desde e1 año 1970 al 1988, el glaciar
    sufrió varias rupturas con un ciclo de 2 a 4 años
    (1970, 1972, 1975, 1977, 1980, 1984, siendo la última y
    más documentada, la del 17 de febrero de 1988.

    La ruptura: Los caprichos de un
    gigante

    La ruptura del Glaciar Perito Moreno es, sin duda
    alguna, uno de los fenómenos naturales más
    impresionantes que se han podido contemplar en los últimos
    tiempos. Y cuando digo contemplar me refiero al hecho de que,
    generalmente, no es muy dable estar cerca y a salvo de los
    grandes accidentes
    naturales (volcanes,
    inundaciones, etc…)

    Su fama ha trascendido fronteras y en la última
    ruptura de 1988, canales nacionales e internacionales de televisión
    esperaron pacientemente, algunos durante meses, para poder filmar
    el evento, que en aquella ocasión sólo duró
    24 horas. La facilidad del acceso hizo que cientos de personas
    pudieran contemplar desde un balcón natural privilegiado
    el desarrollo de
    este inofensivo cataclismo.

    Es frecuente escuchar que la ruptura del Moreno es un
    fenómeno que se repite cíclicamente cada 3 ó
    4 años. Como vimos anteriormente, ésta regularidad
    sólo se dio en los últimos años. Basta
    observar la lista de las rupturas que se detalla en
    páginas anteriores de este trabajo para comprobar lo
    inexacto de esa idea. La prueba más reciente la tenemos en
    el hecho que desde la última ruptura de 1988 hasta
    nuestros días (1997) no se ha producido ninguna otra. El
    glaciar cerró, pero no con la solidez suficiente para
    embalsar las aguas del Brazo Rico, que inmediatamente se abrieron
    paso perforando un túnel.

    Otro de los errores comunes sobre el Glaciar y su
    ruptura es el de considerarlo un fenómeno único en
    el mundo. Un caso muy cercano de ruptura lo podemos encontrar en
    el Glaciar del Plomo, en la alta cuenca del Río Mendoza,
    que en 1934, bloqueando el curso del río Plomo, afluente
    del Mendoza, provocó un embalse de 40 m de altura cuya
    presión horadó un túnel en el glaciar
    provocando aluviones que destruyeron el Ferrocarril Transandino
    de Mendoza a Santiago. En el verano del 84/85, el embalsamiento
    volvió a repetirse, sin llegar esta vez a producirse la
    ruptura.

    Otro fenómeno muy parecido al del Moreno
    ocurrió a fines del siglo XIX en el Valle del Simadal, en
    Noruega. Después de repetirse por varios años las
    inundaciones en la zona a causa de las sucesivas rupturas, hubo
    que construir un túnel de descarga por la roca para evitar
    los aumentos de nivel, cosa que parecía haberse logrado,
    hasta que en 1937 estalló la pared de hielo produciendo de
    nuevo la catástrofe aguas abajo.

    Y hablando de catástrofes, también el
    Moreno en su primera inundación de 1939 anegó los
    terrenos de las costas del Brazo Rico, que por sus pasturas se
    contaban entre los mejores de la región, obligando a
    varios de sus pobladores a abandonar ranchos y estancias que
    significaban muchos años de trabajos y esfuerzos, a medida
    que la inundación se acercaba. Desde la ruta hacia el
    glaciar y apenas pasada la portería del Parque Nacional,
    todavía hoy se pueden ver los restos de las casas
    abandonadas del otro lado del Brazo Rico.

    Ante la inexorable subida de las aguas y para provocar
    el rompimiento del tapón de hielo, la Armada Argentina
    envía dos aviones que bombardean la zona de contacto sin
    ningún resultado práctico: el hielo no se inmuta y
    el agua sigue
    subiendo. Se proponen entonces varias soluciones a
    cual más impracticables: una de ellas consiste en ensayar
    la aplicación de cuerpos negros (hollín,
    colorantes…) para acelerar la fusión del hielo al
    aumentar la absorción de los rayos solares, método ya
    experimentado en aquellos años por científicos
    rusos en glaciares del Tibet. Tras complicadas fórmulas se
    llega a la conclusión de que harían falta nada
    menos que… 4 anos! para derretir el tapón de
    hielo.

    También alguien se tomó la molestia de
    calcular matemáticamente la cantidad de petróleo
    necesaria para fundir la lengua de
    contacto: nada menos que 2.700 toneladas.

    Se estudió también la apertura de un
    túnel a través de la roca, aplicada por los
    noruegos en el Valle de Simadal: haría falta mover en
    éste caso 500.000 m3 en un lugar al que entonces no
    llegaba ni la ruta.

    Todas las soluciones
    humanas inviables, fue al fin la misma Naturaleza que lo
    había cerrado, la que lo abrió un tiempo más
    tarde como lo vino haciendo en años sucesivos cada vez que
    el muro de hielo taponó el natural desague del Brazo Rico,
    en el Lago Argentino.

    Esquema de una ruptura

    El glaciar, al tocar la Península de
    Magallanes,
    forma un dique natural de hielo, que obstruye
    completamente la
    comunicación entre el Brazo Rico y el Canal de los
    Témpanos. Las aguas del Lago Argentino siguen fluyendo
    naturalmente hacia el mar a través del Río Santa
    Cruz, mientras que el Brazo Rico, al quedar aislado del
    Lago y seguir recibiendo aportes de agua (lluvia, fusión
    de nieve y hielo…) comienza a subir de nivel.

    El aumento del nivel de las aguas va creando una
    presión sobre el dique de hielo. Bajo esta presión,
    el agua consigue poco a poco filtrarse y horadar el hielo en su
    punto más débil, que corresponde a la zona de
    contacto con la tierra. Una vez abierto el primer resquicio, el
    paso del agua irá acelerando la fusión de la
    barrera helada, abriendo por ella un túnel, que con la
    correntada se irá haciendo cada vez más grande
    hasta derrumbarse totalmente, quedando entre el Glaciar y
    la costa el Canal que las aguas abrieron a su paso y que ahora de
    nuevo comunica el Brazo Rico con el Lago Argentino.

    Cuando el frente glaciar avanza de nuevo sobre el Canal
    hasta tocar la costa, comienza el proceso de la
    siguiente ruptura.

    El desnivel necesario en el Brazo Rico para producir una
    ruptura ha variado notablemente en las diferentes ocasiones:
    desde 13 metros en 1952, a 25 m en 1988.

    Causas

    El Glaciar Moreno es uno de los que excepcionalmente han
    avanzado en este siglo, en una zona donde la tendencia ha sido de
    general retroceso (En realidad, desde 1917, su línea de
    frente no ha sufrido grandes cambios por lo que actualmente,
    más que avanzando, se lo considera en equilibrio). La otra
    excepción de la región sería el Glaciar
    Pío XI, que fluye hacia el Pacífico también
    desde el Hielo Continental Sur y que en los últimos
    años viene arrasando el bosque adyacente como una
    monumental topadora.

    Las causas de este avance han tenido diferentes
    explicaciones según los especialistas: En
    Glaciología, como en el resto del saber humano, por cada
    especialista con una teoría, hay otro tan especialista
    como él con otra diferente. Si bien ninguna ha podido ser
    demostrada, citaremos las de Raffo, Colqui y Madejski, los
    que en 1952 realizaron e1 estudio más completo sobre el
    Glaciar.

    Según ellos, la causa principal de los fuertes
    avances del Glaciar habría sido la captura de una
    porción de la cuenca de alimentación de su
    vecino del sur, el Glaciar Frías. Debido quizá a
    movimientos sísmicos que habrían alterado la
    división subglacial de ambos glaciares inclinándola
    hacia el Moreno, lo que vendría corroborado por el hecho
    de que el Frías sufrió un fuerte retroceso en este
    siglo, comparado con los del resto de la zona. Otra causa
    secundaria, según los mismos autores, podría ser la
    nivosidad especialmente abundante en su cuenca de alimentación.

    Fueron también éstos mismos autores los
    que calcularon la cota máxima de inundación del
    Brazo Rico: En caso de que la presión del agua no lograra
    romper el dique de hielo, el Brazo Rico desaguaría
    naturalmente por su extremo oriental hacia el Lago Argentino por
    la cuenca del río Centinela a partir de una altura de 30,8
    metros sobre su nivel normal.

    Si difícil es saber las causas que provocaron el
    comporta- miento del Moreno, mucho más se nos presenta el
    intentar un pronóstico para el futuro.
    ¿Seguirá habiendo rupturas…?
    ¿Avanzará su frente…? ¿O bien el
    calentamiento general de la Tierra, causa aparente hoy día
    de tantos descalabros ambientales obligará al Glaciar a
    retirarse como lo hacen en éstos momentos la
    práctica totalidad del resto del mundo? Son enigmas
    éstos que sólo la Naturaleza
    develará en su momento.

    GLACIAR UPSALA

    Por ser, junto con el Moreno, el Glaciar más
    visitado de la región, queremos también
    añadir una breve reseña en este libro de ese
    otro gran glaciar patagónico.

    El Glaciar Upsala debe su nombre a la ciudad sueca cuya
    Universidad
    patrocinó en 1908 el primer estudio glaciológico de
    la región entre cuyos objetivos
    estaba, precisamente, dicho glaciar.

    Consta de dos lenguas terminales de apoximadamente 4 km.
    de ancho cada una. (Desde la excursión lacustre se puede
    observar solamente la lengua
    occidental). Su superficie es de 870 km' y su longitud de 60 km.
    lo que lo hacen el más largo del Hielo Continental y por
    lo tanto de Sudamérica. La altura de su frente es de
    aproximadamente 60 metros sobre el nivel del Lago.

    Su parte superior es tan llana, que fue elegido por el
    Comando Antártico del Ejército Argentino como zona
    de entrenamiento
    para sus dotaciones destinadas al Continente Blanco, y sobre
    él se hizo aterrizar un avión DC-3, hoy en
    exposición en el Museo Aeronáutico del Aeroparque
    de Buenos Aires.

    Su velocidad en el frente, medida en noviembre de 1990
    sobre un intervalo de 4 días fue de 3,6 metros por
    día. Los autores del estudio, (P. SKVARCA y ANIYA)
    anotan sin embargo, que esta excepcionalmente rápida
    velocidad podría estar provocada por las anormales
    condiciones de lluvia, viento y altas temperaturas registradas
    durante el estudio, lo que habría supuesto un incremento
    de las corrientes de agua por la base del glaciar que, como vimos
    antes, es una de las causas que aumentan la velocidad de los
    glaciares.

    Contrariamente al Moreno, que se caracteriza por su
    estabilidad, el Glaciar Upsala ha presentado en los
    últimos años un comportamiento
    muy particular en lo que hace a la posición de su
    frente:

    Entre 1968 y 1970 la parte oriental de su frente
    avanzó 150 m mientras que la Oeste retrocedía
    300.

    Entre 1970 y 1978 la parte este avanzó 250 m
    más y la Oeste apenas retrocedía un
    poco.

    Después, el glaciar comenzó a retroceder,
    especialmente en su parte oriental a un promedio de 700 metros
    por año en el período de 1981 a 1984. (En 1982, un
    poblador de la zona contaba a los autores antes citados que ese
    verano era el más cálido que él recordaba y
    que el lago por aquel entonces estaba lleno de
    témpanos).

    Desde entonces hasta 1990 el glaciar ha retrocedido en
    ambos costados a razón de 200 metros por año
    aproximadamente.

    Como se deduce de los datos anteriores, el comportamiento
    del Glaciar Upsala en los últimos tiempos ha sido de una
    gran inestabilidad, si bien la tendencia general ha sido de
    retroceso (aprox. 60 metros por año en los últimos
    60 años).

    El Glaciar Upsala, después de su último
    gran avance que nos dejó las morrenas de Punta Bandera, y
    su posterior retroceso tuvo varios pequeños avances en
    tiempos muy recientes, cuya huella se puede observar sobre los
    bosques de su costado derecho y el último de los cuales
    tuvo su pico en el año 1800 de nuestra era,
    correspondiendo en el tiempo con los numerosos avances
    glaciáricos que en Europa se han dado en llamarla
    "Pequeña Edad del Hielo".

    Uno de los espectáculos más bellos con que
    el Glaciar Upsala nos obsequia, es e1 de sus grandes
    témpanos a la deriva, que desprendidos del frente del
    glaciar, navegan después empujados por el viento a lo
    largo del Brazo Norte y después del Lago Argentino, hasta
    fondearse a veces en e1 extremo oriental de éste, donde
    viento, sol y lluvias acaban fundiéndolos.

    HISTORIA GEOLOGICA DE LA
    COMARCA

    Hace 150 millones de años, la Patagonia
    austral era todavía una planicie. Todavía no
    existían los Andes y el aire húmedo del
    Pacífico pasaba sin obstáculos a lo largo y ancho
    de la actual estepa, que por aquel entonces era una selva cuyos
    árboles, hoy petrificados por las posteriores lluvias de
    ceniza volcánica, llegaban a tener más de 25 m de
    altura y 3 de diámetro. Antecesores de las actuales
    araucarias del norte de la Patagonia, algunos de esos ejemplares
    se pueden admirar en los Bosques Petrificados de Jaramillo y
    Sarmiento (Norte de la Provincia de Santa Cruz y Sur de
    Chubut).

    La enorme actividad volcánica de la Tierra por
    aquel entonces, lanzó al espacio ingentes cantidades de
    cenizas que, transportadas por los vientos, se fueron depositando
    en mantos sucesivos. Las cenizas se fueron compactando
    después de la caída, ya sea por ser entonces
    pastosas y calientes, o por posteriores procesos de
    compactación: lluvias, procesos
    químicos, etc.

    De cualquier forma, el hecho es que se transformaron en
    rocas
    sólidas, que durante muchos años se pensó
    fueran lavas. Hoy se sabe, sin embargo, que se trata de tobas
    volcánicas formadas de la manera anteriormente descrita y
    cuyo espesor es de 500 metros sobre un basamento de roca anterior
    todavía hoy poco conocido.

    Terminada la deposición del Complejo
    Porfírico, como se ha llamado a los depósitos
    anteriores, el próximo episodio geológico en la
    Patagonia transcurre en el Jurásico superior y
    Cretácico, es decir, un intervalo de tiempo que
    empezó hace 140 millones de años y terminó
    hace 80.

    Durante ese lapso las actuales mesetas
    patagónicas sufrieron un hundimiento que
    permitió la invasión de las aguas oceánicas,
    resultando de esta invasión el Complejo Marino con
    sus fósiles (Belemnites, Amonites, etc). Este mar,
    invadió desde el Pacífico el área de lo que
    posteriormente sería la Cordillera (recuérdese que
    esta toda- vía no se había formado).

    Tras esa ingresión marina, se produjo un breve
    retiro del mar al que siguió otra nueva invasión
    marina hacia fines del Cretácico (hace unos 70 millones de
    años) en la que se depositaron sobre el suelo nuevas
    capas arenosas y de conglomerados.

    Al terminar e1 Cretácico, todos esos sedimentos
    anteriores comienzan a ser comprimidos y plegados: se inicia el
    Ciclo Orogénico Andino creador de la Cordillera. Para el
    Oligoceno (hace 30 millones de años) la Cordillera ya
    elevada, comienza la que sería la última
    ingresión marina que dejó en el paisaje una nueva
    capa de sedimentos, esta vez de naturaleza
    volcánica.

    Tras este último depósito del Terciario,
    la Cordillera y el continente siguieron elevándose cada
    vez más
    por lo que el océano no pudo volver a
    invadirlo. En la Cordillera nacieron ríos, que en su
    marcha hacia el Atlántico comenzaron a erosionar los
    terrenos, formando ya el inicio de los actuales valles, que
    más tarde serían profundizados por los glaciares,
    que como ya sabemos, trabajan el paisaje como una gigantesca lima
    flexible.

    El último gran evento geológico en la zona
    se dio con la intrusión desde el interior de la
    tierra y a través de las rocas
    sedimentarias formadas anteriormente, de macizos
    magmáticos, que al enfriarse lentamente dieron origen a
    batolitos graníticos, que la erosión glaciar
    posterior iría modelando paulatinamente, hasta formar las
    verticales agujas que hoy desafían a las mejores
    expediciones andinísticas del mundo y conmueven por su
    imponencia a los que a ellas se acercan.

    Las formaciones de este tipo más conocidas en
    nuestra zona son los Macizos del Fitz-Roy (16 millones de
    años) y del Paine (12 millones de años).

    La siguiente gran alteración de los paisajes
    vendría con las glaciaciones, fenómeno que queda
    más ampliamente explicado en otro
    capítulo.

    Historia

    Poblamiento americano

    Muchas son las teorías
    que intentaron develar el origen del poblamiento americano:
    Egipcios llegando en balsas por el Atlántico, polinesios
    por el Pacífico… tampoco faltaron los americanistas tan
    arrebatados de celo patriótico que vieron el origen de la
    humanidad en tierras americanas.

    Hoy por hoy sin embargo, la teoría más
    aceptada, sin excluir las otras, es que los primeros pobladores
    de América
    entraron a pie por el Estrecho de Behring entre Alaska y Siberia
    hace aproximadamente 20.000 años. En aquella época,
    debido a la gran glaciación que estaba alcanzado su
    máxima extensión, el nivel de los mares era
    más de 100 metros inferior al actual, lo que
    permitió al hombre y los
    animales de entonces pasar por lugares hoy cubiertos por el
    agua.

    Hace 18.000 años los glaciares comenzaron a
    retirarse, dejando el paso libre hacia el sur a los humanos que,
    8.000 años más tarde, ya habían alcanzado el
    extremo sur del Continente, pues los restos más antiguos
    encontrados en Tierra del Fuego da- tan de hace 10.000
    años.

    Numerosas pinturas rupestres se han encontrado a lo
    largo y ancho de Patagonia, de las cuales, por su cantidad y
    calidad de
    conservación destacan las de la Cueva de las Manos,
    en el noroeste de la provincia de Santa Cruz: curiosamente muy
    parecidas a ciertas pinturas rupestres europeas de la
    época de Cro-Magnon, los dibujos de las
    manos se obtenían apoyando la mano abierta contra la roca
    y después soplando, tal vez con una caña, pigmentos
    coloreados, de forma que el negativo de la mano quedaba grabado
    contra la pared. También hay representadas escenas de caza
    de guanacos. La datación más antigua de la Cueva de
    las Manos se remonta a 9.000 años antes del
    presente.

    Los Tehuelches

    Nada se conocía del hombre
    patagónico hasta que en 1520, la expedición de
    Magallanes, por medio de su meticuloso cronista, Antonio
    Pigaffeta, nos da cuenta de unos afables gigantones vestidos y
    calzados con pieles de guanaco.

    Según una versión muy común, el
    nombre de Patagones y por añadidura el de Patagonia para
    la región que habitaban, habría sido asimilado por
    los hombres de Magallanes a causa de los enormes pies, pues a su
    ya respetable natural talla, se le añadía el hecho
    de estar envueltos en pieles de guanaco. Sin embargo,
    según la versión más aceptada por los
    estudiosos del tema, el nombre de Patagones se debería a
    la semejanza física de los
    aborígenes con Patagón, personaje protagonista de
    una de las novelas
    caballerescas más populares a principios del
    siglo XVI. Recordemos que la novelas
    caballerescas eran los auténticos "best sellers" de la
    época y sus personajes tan populares como nuestros
    ídolos televisivos.

    El Perito Moreno, en mediciones hechas a los tehuelches
    de la zona del río Santa Cruz, también llega a la
    conclusión de que el tamaño de sus pies no
    justificaba para nada el apodo, pues si bien su talla era
    considerable, los pies eran relativamente pequeños para la
    misma.

    Venga su nombre de donde venga, el caso es que ellos se
    llamaban a sí mismos AoniKenk, cosa que por supuesto, a
    nadie en aquellos tiempos se le ocurrió preguntar, -rasgo
    éste muy común en la historia de las
    colonizaciones civilizatorias que en el mundo han sido- y
    vivían principalmente de la caza de guanacos y choiques
    (ñandúes). También eran recolectores de
    raíces, hierbas, bayas y semillas, con las que
    hacían harina. En sus nomadeos recorrían totalmente
    las mesetas patagónicas desde la Cordillera hasta el
    Atlántico siguiendo las manadas de guanacos. Su organización social consistía en
    grupos de
    varias familias bajo el mando de un cacique. El territorio
    de cada grupo estaba
    bastante delimitado y la violación de los límites
    era causa de no pocas luchas y contiendas entre ellos. Sus
    lugares preferidos para acampar (AIKES) según las
    estaciones y la concentración de la caza, han quedado hoy
    en numerosos parajes de la toponimia regional: Güer-aike,
    Tapi-aike, Chali-aike…

    De su número exacto nada sabemos, si bien parece
    que la extrema movilidad a que se veían sometidos a causa
    de sus nomadeos no permitía grandes concentraciones
    humanas del estilo de las civilizaciones precolombinas de
    Perú o Méjico. El censo de 1869 nos da una cantidad
    de 24.000 para toda la Patagonia y el de 1895 solamente 5.500. Si
    bien la exactitud de los censos por aquellos tiempos es- taba muy
    lejos de la actual, y las cifras hay que tomarlas muy
    relativamente, la drástica disminución en tan poco
    tiempo nos da una idea de la suerte que corrieron aquellos
    "afables gigantones" en su contacto con razas más
    "civilizadas".

    Estos eran los habitantes que poblaban las
    márgenes del Lago Argentino hasta la llegada de los
    primeros europeos. Apenas un siglo después de que la
    Patagonia comenzó a ser poblada por los blancos, hoy los
    Tehuelches están completamente extinguidos: el alcohol, las
    nuevas enfermedades
    para las que no tenían defensa, las matanzas -algunos de
    los recientes propietarios de tierras y estancias llegaron a
    pagar por oreja de indio presentada, como todavía hoy se
    hace con la piel del puma-
    y sobre todo, un tipo de cultura
    sedentaria y de explotación ganadera extensiva
    diametralmente opuesta a la suya, acabaron con ellos.

    Como en toda mitología, los tehuelches
    encontraban en la suya muchas de las explicaciones del mundo
    natural que los rodeaba. Citaremos aquí sólo
    algunas de ellas:

    La Cruz del Sur era una de las muchas señales
    dejadas en el cielo por Elal para orientar a sus amigos
    tehuelches en su póstumo viaje hacia las
    estrellas.

    El mar y el viento eran lágrimas y suspiros de
    Kooch, el supremo creador.

    El ñandú no puede volar al ser castigado
    por Elal, por haber llegado tarde a la reunión de animales
    donde se preparaba su huida.

    El nauseabundo olor del zorrino sería un
    castigo por la

    EL MUNDO SEGUN LOS
    TEHUELCHES

    Kooch, el creador, siempre existió; triste
    y solitario, rompió a llorar un día, y de sus
    lágrimas fue creado el mar, de sus suspiros el viento, y
    de sus manos el sol, que
    disipó las tinieblas primigenias. El sol, las nubes
    y el viento fueron después ordenados por el creador. En el
    medio del mar hizo surgir una isla, y en ella puso los
    animales.

    Para alumbrar la tierra en los descansos del sol,
    creó la luna, que más tarde acabaría en
    amores con el astro-rey con la complicidad de las
    nubes.

    Mientras sol y luna se amaban, el tiempo fecundó
    a la noche, que a resultas parió espíritus
    maléficos y monstruos gigantescos que vivían en las
    montañas.

    Uno de estos gigantes, Noshtex, raptó una
    nube, la llevó a su caverna y de aquella unión
    nacería Elal, el héroe principal de la
    mitología tehuelche y creador de los hombres.

    A sabiendas por el viento de que el hijo sería
    más poderoso que su padre, éste intentó
    matarlo por todos los medios, siendo
    al final un pequeño roedor, el tucu-tucu, quien lo
    salvaría escondiéndolo en su cueva.

    Cuando el héroe divino no pudo ser por más
    tiempo escondido, el tucu-tucu organizó una reunión
    con todos los animales, que protegieron la huida de Elal hacia
    una región hoy conocida como Patagonia, volando sobre la
    espalda de un cisne.

    El cisne se posó sobre el
    Chaltén, desde donde Elal bajó hacia
    la tierra. Para defenderse del frió y la nieve que a poco
    de llegar lo atacaron, golpea dos piedras y crea el
    fuego.

    Avisado por el cóndor de la nueva residencia de
    su hijo, Noshtex, el malvado padre, se trasladará a
    Patagonia para intentar eliminarlo. Para defenderse de él,
    Elal creará los bosques y los hombres
    (Chonek), a los que también enseñará
    a cazar con arco y flecha.

    De una enconada lucha con un gigante enviado por su
    padre, nacerá el Lago Cardiel, de aguas amargas por
    la transpiración de los dos gladiadores. Durante la lucha,
    los Chonek o Tehuelches ) e fueron infieles a su creador y
    tomaron partido por su contrincante, por lo que Elal, a
    pesar de perdonarlos, decepcionado por sus criaturas, decide
    partir.

    Cumplida su misión,
    los hombres instruidos en las técnicas de caza, los
    obstáculos naturales allanados, a Elal sólo le
    resta dejar a los hombres un espíritu protector que los
    cuidará en vida y los acompañará tras
    la muerte ante
    el juicio de Elal, después del cual podrán
    reunirse con sus amigos a conversar alrededor de un fuego que
    nunca se extingue.

    Una mañana, en silencio y montado en un cisne,
    como había llega- do, partió hacia el este,
    descansando en las islas que surgían allá donde sus
    flechas herían la mar.

    traición de dicho animal con ocasión de la
    anterior reunión.

    El flamenco fue obsequiado con e] color del
    amanecer como premio a su fidelidad.

    El pecho colorado, que en aquella reunión
    distrajo a los gigantes con su canto, herido y muerto por ellos,
    y resucitado posteriormente por Elal, fue premiado con el
    espléndido color rojo de su
    pecho.

    Los arreboles del amanecer serían la
    sangre de la
    nube- madre de Elal al ser muerta por el padre,
    Noshtex.

    Exploradores

    Si exceptuamos los frustrados intentos españoles
    de colonizar la Patagonia en Cabo Vírgenes (1584), Puerto
    Deseado, (1780) y Puerto San Julián (1781 y 1790), hasta
    bien entrado el siglo XIX, la Patagonia fue visitada solamente
    por marinos que se acercaban a sus costas en busca de aguadas o
    transitorios abrigos contra las tempestades tan temidas y
    frecuentes en la zona.

    Los primeros europeos en acercarse al Lago Argentino
    fueron los incansables Fitz-Roy y Darwin, que en su viaje
    de exploración a lo largo del globo en 1834, remontaron el
    Río Santa Cruz y a punto estuvieron de llegar hasta el
    Lago, alcanzando hasta el actual paraje del Río Bote.
    Desalentados por la interminable llanura que todavía se
    extendía ante ellos a la que llamaron "Llanura del
    Misterio", por la fuerte correntada del río y por los
    víveres que ya venían acabándose, decidieron
    sin embargo, quedarían para siempre en la región:
    Fitz-Roy en el cerro que luego su admirador el Perito
    Moreno bautizaría en su honor, y Darwin, con sus
    innumerables y agudas observaciones sobre la flora y la fauna
    inmortalizado en multitud de nombres científicos de muchas
    especies patagónicas. Hasta el navío que utilizaron
    (el BEAGLE) quedó en la topografía de la región nombrando el
    Canal que separa la Isla de Tierra del Fuego de la Isla
    Navarino.

    En 1859, el Comandante Luis Piedrabuena se instala cerca
    de la desembocadura del Río Santa Cruz, inaugurando
    así el poblamiento argentino de la región.
    Legendario y admirable pionero para su época, Piedrabuena
    comercia con los indios, caza lobos, salva navíos y,
    sangre de
    explorador obliga, organiza y financia expediciones.

    En una de éstas, en 1867, el inglés
    Gardiner con otros tres marineros de la misma nacionalidad, son
    los primeros blancos en llegar al Lago Argentino. Pensaron que
    era e1 Viedma, del que ya se tenían noticias desde 1782,
    después de la expedición de don Antonio de Viedma,
    que en tiempos de la Colonia y guiado por los indios,
    cruzó las estepas patagónicas desde e]
    Atlántico hasta la Cordillera en busca de maderas para
    edificar. Lo avanzado de la estación le hizo retroceder
    antes de lograr su objetivo, pero
    su nombre quedó unido para siempre a otro de los grandes
    lagos patagónicos. Los marinos ingleses, que contra lo que
    su oficio pudiera suponer subieron por tierra y a caballo,
    continuaron por la margen sur del Lago hasta llegar a los
    actuales Lago Roca y Brazo Rico documentando por primera vez la
    región, que consideraron muy aceptable para el
    establecimiento humano y la explotación
    ganadera.

    En 1873, otra expedición al mando del
    capitán Feilberg, ésta vez subiendo por el
    río, descubre al fin las fuentes del
    Río Santa Cruz en el Lago, aunque también, como sus
    predecesores, lo confundieron con el Lago Viedma.

    Sería la expedición a1 mando de
    Francisco Pascasio Moreno, más conocido
    después como el Perito Moreno, la que en 1876/ 77 no
    sólo llegara hasta el Lago remontando el río, sino
    también la que por primera vez, realizara un extenso
    recorrido por la zona del que surgieron varias conclusiones muy
    importantes, no sólo desde el punto de vista
    geográfico, sino también desde el político:
    sería éste vasto conocimiento
    de la zona el que permitiría al Perito Moreno años
    más tarde defender la soberanía argentina en la zona con total
    conocimiento
    de causa. Una breve reseña de su vida y obra se
    podrá encontrar en las páginas dedicadas al Glaciar
    Perito Moreno.

    Una vez cartografiada la zona y sus incógnitas
    desveladas, otras expediciones, esta vez con más signo
    científico que descubridor, se van sucediendo. El
    poblamiento tardaría todavía en llegar unos
    años, pues el conflicto de
    los límites con Chile
    desanimaba a los potenciales pobladores.

    Poblamiento del Lago Argentino

    Solucionado en parte el problema después del
    tratado de 1881 con el país vecino, el hasta entonces
    desierto patagónico, tras la primera oleada de
    exploradores, veía llegar ahora otras de
    pobladores.

    Lejos estaban los tiempos en que Darwin
    pronunciara su famosa frase sobre Patagonia: "La
    maldición
    de la esterilidad pesa sobre estas tierras".
    La lana era cada vez más cotizada en el mundo y en las
    estepas antes desiertas, florecían ahora establecimientos
    ganaderos donde aventureros, forajidos e inmigrantes de cualquier
    parte del mundo venían a probar fortuna. Se trajeron las
    primeras ovejas desde las Islas Malvinas y
    poco a poco se fueron ocupando los terrenos más cercanos a
    la costa, pues el mar era todavía el único camino
    de llegada a estas regiones y sus puertos la única salida
    de su producción.

    Un par de datos bastan para darnos idea del estallido
    ganadero de la zona por aquellos tiempos: En 1895 había en
    la Provincia de Santa Cruz 370.000 ovinos; veinte años
    más tarde, con casi 4.000.000, la cifra se había
    multiplicado por diez.

    En el capítulo dedicado a las estancias,
    detallamos un poco más ampliamente este fenómeno
    económico y social que sacudió toda la Patagonia
    austral.

    A comienzos del presente siglo, los que querían
    poblar debían hacerlo cada vez más hacia el oeste.
    Así llegaron a la zona del Lago Argentino los primeros
    pobladores, diseminándose por lugares otorgados por el
    Gobierno en
    concesión, arrendamiento o propiedad, que
    con el tiempo darían nacimiento a las estancias que hoy
    pueblan la región.

    Verdaderos pioneros al mejor estilo "Far South", sus
    vidas fueron auténticos ejemplos de tesón y
    sacrificio para domar unas tierras tan bellas como
    inhóspitas.

    Hacia 1925, el Lago Argentino estaba ya completamente
    rodeado por pobladores rurales establecidos en una veintena de
    estancias, por lo general bien instaladas, con grandes galpones
    para esquila, casas para peones y capataces, corrales, huertas
    y arboledas para protección del viento. En el
    verano, la comarca entera se animaba con la llegada de comparsas
    de esquiladores chilenos y ocasionales visitantes.

    En 1934, encontramos ya en la zona una población de 1574 habitantes, de los cuales
    más de la mitad son extranjeros (principalmente
    españoles).

    La producción lanera se lleva hasta la costa
    atlántica en carretas de bueyes primero (todavía se
    pueden ver un par de ellas a la entrada de El Calafate) y a
    partir de la década del 30, en vehículos a motor.

    Orígenes de El Calafate

    En los comienzos del siglo, el transporte de
    la región (lana y cueros hacia Río Gallegos y otros
    puertos del Atlántico, y víveres y enseres desde
    allá hacia la Cordillera) se hacía
    únicamente en carretas de bueyes.

    Las huellas carreteras patagónicas tenían
    paradores cada 3 ó 4 leguas (20 km aprox.), distancia
    media de una jornada para las carretas. Estos lugares de
    detención coincidían con arroyos, lagunas o con
    alguna protección natural del terreno. Al cabo de un
    tiempo, acababa estableciéndose en el lugar un almacén de
    ramos generales con bar y hotel.

    El camino de Río Gallegos hacia el Lago Argentino
    se bifurcaba en el vado del río Santa Cruz, hoy llamado
    Charles Fhurpor el nombre del poblador que allí se
    había establecido: el ramal de la derecha, después
    de cruzar el río en balsa, seguía hacia el norte
    costeando el río La Leona hacia el Lago Viedma en lo que
    después sería la ruta 40. El de la izquierda,
    costeaba la ribera sur del Lago hacia la Cordillera. Una de las
    postas de este último camino, estaba junto a un arroyo,
    que debido a la gran mata de calafate de su ribera acabó
    llamándose como ella, nombre que por extensión, los
    carreteros también pusieron a la montaña que lo
    dominaba y después designaría el futuro pueblo que
    hoy conocemos como tal.

    En 1913 se instalan las dos primeras familias en el
    lugar y comienzan a explotar un pequeño hospedaje y
    almacén
    para los viajeros camino a la Cordillera. Sufridos inmigrantes
    gallegos acostumbrados a tierras más mezquinas, en pocos
    años de arar y trabajar las llanuras aluvionales del
    arroyo, convirtieron aquello en un pequeño vergel donde,
    al reparo de las barreras de álamos, empezaron a crecer
    cereales, frutas y hortalizas.

    En los años 1921/22 la región se conmueve
    con la huelga general
    que protagonizan los trabajadores de las estancias
    patagónicas y que el gobierno de aquel
    entonces reprime con gran dureza. El episodio final
    ocurrió en la Estancia Anita, a 20 km. de Calafate, donde
    los últimos resistentes fueron masacrados tras rendirse a
    la tropa. El inspirador y cabecilla de la huelga, un
    anarquista español, logró huir hacia Chile por las
    montañas, y tras mil rocambolescas peripecias
    volvió a Río Gallegos 12 años
    después, de donde fue expulsado del país por el
    entonces Gobernador Gregores. Murió en Punta Arenas en
    1963.

    El caso es que todos estos acontecimientos aceleraron la
    decisión de las autoridades para la creación de
    varios pueblos en e1 interior de la provincia, entre ellos, "uno
    en el lugar denominado El Calafate, al sur del Lago
    Argentino".

    El 7 de Diciembre de 1927, quedaría el pueblo al
    fin oficialmente formado. En los años siguientes se
    instalan los principales servicios:
    médico, correos, juez de paz…

    En 1946 cuenta ya el pueblo con 368 habitantes y
    precisamente este mismo año se inician los vuelos
    comerciales a cargo de la entonces Aeroposta Argentina, que
    más tarde, daría origen a la actual
    Aerolíneas Argentinas.

    En 1950 se instala en el pueblo la Intendencia del
    Parque Nacional Los Glaciares, creado en 1937.

    A principios de la
    década del ´60, Parques Nacionales abre el camino
    hasta el Glaciar Perito Moreno, al que hasta entonces sólo
    se llegaba a caballo desde la actual entrada del parque
    (Seccional Río Mitre).

    En 1969, contando el pueblo con 700 habitantes, se
    instala el Banco
    Provincia.

    En 1972 se lanza oficialmente la primera temporada
    turística. El gobierno nacional
    acaba de aprobar ese mismo año importantes partidas
    económicas para mejoramiento de infraestructura
    turística: hoteles,
    aeropuerto, muelle de Punta Bandera.

    El camino al Glaciar, apenas una trocha para
    vehículos todo terreno, mejora notablemente su
    transitabilidad al colocar el Ejército puentes articulados
    sobre los diferentes arroyos, solucionando así el problema
    de las grandes crecidas primaverales causadas por los deshielos y
    consolidando a Calafate como punto de entrada hacia la
    Cordillera.

    En 1978 se traslada al pueblo el Escuadrón de
    Gendarmería Nacional como base operativa para los diversos
    puestos ya existentes en la Cordillera. Muchos de los gendarmes,
    llegados desde provincias norteñas, se quedarán en
    el pueblo, suponiendo uno de los factores de crecimiento
    más importantes hasta la llegada del turismo.

    Otro paso reciente hacia el futuro del turismo en la zona ha sido
    la reciente inauguración del nuevo aeropuerto pavimentado,
    en agosto de 1993.

    Clima

    La comarca del Lago Argentino tiene varios tipos de
    climas, que van desde el níveo de la Cordillera hasta el
    árido de la estepa patagónica, en un trayecto de
    apenas 40 km en línea recta.

    En el inmenso manto del Hielo Continental se calculan
    precipitaciones níveas de hasta 8000 mm anuales, que
    descienden un poco más al este hasta alrededor de los 1500
    en forma ya de lluvias en el extremo de los canales del lago
    (fiordos Mayo y Ameghino). Esta abundancia de lluvias permite la
    formación de densos bosques colindando con las
    extremidades de los glaciares.

    Desde aquí y siguiendo siempre hacia el este, una
    faja de 30/40 km permite todavía la formación de
    bosques que decrecen en densidad y altura
    en proporción directa a la disminución de lluvias.
    Esta faja encuentra su límite a la altura de Punta
    Bandera. La pluviosidad de ésta faja oscila desde los 1000
    a los 500 mm anuales.

    Más al este y hasta el Atlántico, la
    pluviosidad decrece hasta alrededor de los 300 mm y el paisaje
    seco de la estepa apenas permite una escasa vegetación de
    gramíneas y plantas
    xerófilas. Las únicas excepciones a este clima las
    encontramos en el fondo de las cuencas lacustres y fluviales,
    donde si bien las precipitaciones siguen siendo escasas, la
    humedad ambiental y la temperatura se ven influidas por la
    cercanía de las masas de agua y en el caso de Calafate,
    todo esto añadido al hecho de estar situado en un declive
    orientado hacia el norte y la protección artificial de sus
    arboledas, le permiten beneficiar de un microclima mucho
    más benigno que el de las mesetas circundantes.

    Damos a continuación algunos datos
    geográficos y climáticos de Calafate:

    Coordenadas: Latitud: 50º 20' Sur
    Longitud: 72º 18' Oeste

    Elevación s.n.m.: 190
    metros.

    Temperaturas Medias:

    Media mínima (julio): -1,8º

    Media máxima (enero): 18,6º

    Media anual: 7,2"

    Duroción del
    día:

    Mínima (21 de junio): 8
    horas

    Máxima (21 de diciembre.) 16 1/2
    horas

    Pluviosidad Media:

    250 mm anuales

    Ventosidad:

    Fuertes vientos del sector oeste durante la primavera
    y verano, con ráfagas de hasta 120 km/h y predominancia
    en las horas diurnas.

    No querríamos dejar pasar la oportunidad para
    extendernos un poco más en la explicación de la
    formación y la dinámica del viento en Patagonia ya que,
    además de ser la causa de muchos aspectos del paisaje,
    resulta ser una especie de símbolo legendario de la
    región, que nunca deja de ser nombrado (y no pocas veces
    exagerado) en cualquier relato sobre la zona.

    Como ya vimos en el capitulo de Glaciología,
    las corrientes de viento húmedo provenientes del
    Pacífico son las responsables de la sucesiva
    formación en Patagonia de los campos de hielo primero,
    de los bosques después y finalmente de la estepa si nos
    trasladamos de oeste a este.

    Por otra parte, estos vientos son predominantes en la
    primavera y el verano australes (ver gráfico adjunto)
    debido al desplazamiento hacia el sur del gran
    anticiclón del Pacífico Sur, lo que hace que las
    latitudes comprendidas entre 40º y 60º sean
    especialmente afectadas en esas estaciones.

    Además, la rotación de la tierra crea
    una serie de vientos y corrientes marinas en el planeta, que en
    el Hemisferio Sur se traducen en un gran anillo de vientos en
    dirección oeste-este, también en
    las latitudes antes citadas.

    Hemos anotado líneas arriba que la
    predominancia del viento se da en las horas diurnas: ("El
    viento salta a las diez" según reza el viejo
    refrán patagónico). La causa de esto, es que
    siendo las mesetas patagónicas una enorme
    extensión esteparia, su calentamiento por el sol produce
    en ellas una zona de baja presión al elevarse el aire
    caldeado, lo que permite al viento que llega del oeste por las
    causas anteriormente citadas, acelerar todavía
    más su velocidad. Por la noche, al enfriarse las tierras
    se produce el fenómeno inverso, lo que de alguna manera
    "frena" los vientos.

    flora

    Una mirada botánica por la
    zona

    La pluviosidad, que como ya vimos anteriormente,
    disminuye rápidamente a medida que nos desplazamos hacia
    el este desde la cordillera, determina en la zona del Lago
    Argentino diversos tipos de vegetación que
    genéricamente podríamos dividir en tres
    zonas:

    Zona esteparia:

    Las precipitaciones no llegan a 400 mm anuales y las
    plantas
    existentes, bajas y generalmente espinosas, son sólo
    aquellas adaptadas a tan rígidas condiciones
    meteorológicas: fuertes vientos, sequedad, bajas
    temperaturas invernales, etc.

    Matorral pre-andino y bosque de
    transición:

    El aumento de precipitaciones permite en esta zona el
    mayor crecimiento de especies que ya se encontraban en la
    anterior y la aparición de arbustos y árboles, que
    anuncian el gran bosque magallánico.

    Bosque magallánico:

    Con precipitaciones de 800 a 2000 mm anuales,
    corresponde esta zona a los bosques cordilleranos más
    occidentales, que crecen junto a los glaciares, formando un
    conjunto paisajístico raramente observable en otros
    lugares. Los límites del bosque son, por una parte, los
    glaciares antes citados, y por otra, la altura, ya que a partir
    de los 800m.s.n.m aproximadamente, los árboles empiezan a
    achaparrarse, hasta llegar a convertirse en arbustos cada vez
    más rastreros y desaparecer completamente hacia 1000
    m.s.n.m, donde las extremas condiciones climáticas apenas
    permiten la vida vegetal: sólo pequeñas plantas y
    líquenes adaptados a las grandes diferencias de
    temperatura y al peso de la nieve. Se conoce a ésta
    ú1timn provincia biótica como prado alpino o
    desierto de altura.

    Como la enumeración de todas las especies de la
    zona excede los propósitos divulgatorios de esta monografía, daremos sólo al final de
    éste capítulo una breve lista de las especies
    más fácilmente observables.

    Entretanto, proponemos una especie de "mirada
    botánica" a lo largo de la excursión al Glaciar
    Perito Moreno, obligado recorrido de todos nuestros visitantes, y
    que justamente atraviesa por las tres provincias vegetales
    citadas anteriormente, que por otra parte, son comunes en toda la
    Patagonia austral.

    ESTEPA

    Apenas salidos del pueblo, nos rodea ya el típico
    paisaje de la estepa patagónica: plantas bajas y
    xerófilas (adaptadas a la vida en lugares secos) entre las
    que sobresalen gramíneas como el amarillento coiron
    (1)
    que en sus cuatro variedades es la planta predominante de
    la estepa.

    Empezamos también a observar dispersas matas de
    calafate (2). El calafate en primavera se adorna con flores de
    intenso color amarillo y
    hacia fin del verano y se pueden recolectar sus frutos, unas
    dulcísimas bayas de color negruzco
    azulado con las que se prepara mermelada.

    La tradición cuenta que quien coma calafate
    volverá a Patagonia, así que recomendamos probarlo
    a quien quiera asegurarse el retorno por estos pagos.

    A veinte kilómetros de la salida y en las riberas
    del río Centinela, otro arbusto típico de la estepa
    patagónica, la mata negra (3) cubre la zona.

    A medida que avanzamos hacia el oeste, otras plantas y
    arbustos van apareciendo: el neneo (4) típica planta
    xerófila con formas semiesféricas y grandes
    espinas, cuyos frutos, al ser comidos por las ovejas dan un
    fuerte gusto a la carne, la mata guanaco (5) que en primavera se
    recubre de pequeñas flores de un rojo intenso, la paramela
    (6) con hojas de un fuerte olor resinoso, e1 romerillo (7)
    también de un particular aroma…

    En primavera son frecuentes en la estepa los
    zapatitos de la virgen (8) y las topa-topa (9) que
    adornan con sus vivos colores la
    parquedad de los pajonales.

    MATORRAL PRE-ANDINO y BOSQUE DE
    TRANSICIÓN

    A 40 km de Calafate, encontramos las primeras
    montañas de la Cordillera: se trata de la Sierra Buenos
    Aires. En los pequeños cañadones de sus flancos,
    más próximos a la estepa, podemos observar un
    fenómeno que nos ilustra bien sobre la relación
    entre vegetación y exposición solar: las laderas
    orientadas al norte están secas, mientras que los
    árboles cubren las orientadas al sur. Poco antes de la
    entrada del Parque Nacional, a la altura del río Mitre,
    encontramos los primeros árboles junto a la ruta: se trata
    de ñires (10) uno de los tres Nothofagus
    originarios de la zona y que marcan siempre la transición
    entre la zona esteparia y el bosque
    magallánico.

    Los Nothofagus son una especie endémica de
    Patagonia, Tierra del Fuego, Nueva Zelanda, Australia y Tasmania,
    regiones que, en un remoto pasado, estuvieron unidas a
    través de la Antártida con el extremo sur de
    América, formando parte de Gondwana,
    continente que empezó a fragmentarse hace 220 millones de
    años.

    En las ramas de los ñires, y más adelante
    de otras especies, se observan frecuentemente unas esferas
    vegetales de un verde vivo, conocidos en la zona como farolillos
    chinos (11). Se trata de una especie de mizodendrums, plantas
    semiparásitas que, a falta de raíces, se instalan
    en el árbol y le chupan una parte de su savia, que
    después elaboran por sí mismas ya que poseen
    clorofila y por tanto son capaces de realizar el proceso de la
    fotosíntesis. Otro vegetal que nos llama la
    atención por su abundancia en troncos y ramas
    de los árboles es la usnea (12) o barba
    de viejo,
    un liquen presente incluso en los matorrales de la
    estepa, pero especialmente abundante en todos los árboles
    de la zona.

    También en los nothofagus se pueden apreciar de
    vez en cuando una especie de nudos que envuelven ramas o tronco:
    se trata de una reacción de defensa por parte del
    árbol, generando una hiperproducción de hormonas
    (hiperplasia) ante la irritación producida por la
    presencia de un hongo parásito, el Cyttaria darwinii, que
    se introduce al árbol por cualquier intersticio o abertura
    de éste (heridas, cortes… ). Sus órganos
    reproductores, unas pelotillas amarillentas que por servir de
    alimento a los indios de antaño son conocidos como pan de
    indio, (13) salen especialmente en otoño e in viern
    o.

    Bajo el bosque, empiezan ya a aparecer nuevos arbustos
    como la chaura (14) de pequeñas bayas parecidas a
    manzanitas y el sietecamisas (15). En primavera, abundan las
    anémonas (16).

    BOSQUE MAGALlaniCO

    Apenas traspasado el umbral del Parque Nacional, los
    ñires desaparecen para dejar paso a otro árbol de
    mayor porte y de ramas más derechas: la lenga (17). Arbol
    principal y el más numeroso de la zona, su tamaño
    va aumentando notoriamente a medida que avanzamos hacia el oeste,
    debido al aumento de pluviosidad. La lenga también
    delimita las partes superiores del bosque, en forma de arbusto
    achaparrado y rastrero a una altura aproximada de 1000m.s.n.m.
    como citamos anteriormente, si bien esta altura varía en
    otras regiones patagónicas: En el Parque Nacional Lanín
    llega a los 1800, y en Tierra de Fuego, a sólo 600
    m.s.n.m.

    A medida que avanzamos, otro nuevo arbusto nos llama la
    atención, sobre todo en primavera o principios de
    verano, cuando rebosa de sus vistosas flores rojas: el notro (18)
    también conocido como ciruelillo. A pesar de que
    aquí 1o veremos siempre bajo forma de arbusto más o
    menos grande, en otros lugares puede tomar el porte de un
    árbol pequeño.

    A ras del suelo abundan las arvejillas (19) que a
    veces alfombran de violeta grandes manchas bajo el
    bosque.

    Siempre hacia el oeste, como a 7 km antes de llegar al
    Glaciar, unos árboles de un verde especial, primero
    aislados entre las lengas y después cada vez más
    frecuentes, se nos van apareciendo en el paisaje: se trata de los
    guindos o coihues de Magallanes (20) el tercer Nothofagus de la
    zona y único de los tres con hojas perennes. El
    coihue crece sólo en zonas muy húmedas (a partir de
    800 mm de precipitación anual) y puede alcanzar 25/30 m de
    altura. Cerca de la Seccional de Parques Nacionales del Glaciar
    Perito Moreno, se pueden admirar algunos bellos ejemplares de
    este árbol.

    También en ese mismo lugar se encuentran algunos
    canelos (21), árboles sagrados de los araucanos y
    cuya corteza tiene propiedades medicinales. En Tierra del Fuego,
    sus hojas eran utilizadas por los marinos para curar el
    escorbuto. Otro árbol de zona húmeda es el
    ciprés de las guaitecas (22), conífera de la que
    existen muy contados ejemplares en las partes más
    occidentales del Parque. Llamado también en Chile
    "Ciprés de mallín" por su propiedad de
    crecer en las zonas más húmedas del suelo, su
    madera es
    prácticamente imputrescible, por lo que ha sido casi
    extinguido en la región, sobre todo por talas
    indiscriminadas. La creación de] Parque Nacional en 1937
    supuso la salvación de los últimos ejemplares
    existentes.

    También casi desaparecido, pero esta vez a causa
    de los ganados que un día pastaron en el hoy Parque
    Nacional, es la leña dura (23) un arbusto/árbol de
    follaje persistente.

    En el sotobosque, otras flores y arbustos aparecen en
    ésta zona: la fuchsia magallánica o chilco (24), la
    ourisia, (25), ambas en lugares bien umbríos y
    húmedos, la parrilla (26) de cuyo fruto se elaboran
    mermeladas, la violeta (27), abundante a todo lo largo del
    sotobosque de Nothofagus, la mutilla (28) arbusto muy achaparrado
    y extendido de pequeñas frutas rojas comestibles. Su
    presencia es síntoma de temperaturas muy bajas, por lo que
    también, junto a la lenga, suele ser una de las
    últimas presencias vegetales en las zonas más
    altas.

    En el bosque patagónico, desde sus zonas
    más secas hasta las más húmedas se pueden
    encontrar 5 clases de orquídeas, siendo las más
    comunes la orquídea amarilla (29), fácilmente
    divisable a lo largo de las pasarelas frente al Perito Moreno, y
    la orquídea blanca, o palomita,(30) en partes
    más umbrías, también en las cercanías
    del Glaciar.

    Por último, y antes de terminar este
    capítulo sobre la flora patagónica, nos
    gustaría citar dos árboles, que a pesar de no ser
    originarios de la zona, por su fortaleza, rápido
    crecimiento y capacidad de adaptación, fueron adoptados
    por todas las estancias para formar1as necesarias barreras
    protectoras contra el viento: se trata del álamo y
    el sauce, únicas pinceladas de verdor en los desolados
    paisajes de la estepa e inequívocos anunciadores de la
    presencia humana en medio del desierto
    patagónico.

    FAUNA

    ZORRO COLORADO

    (Red fox)

    Dusicyon culpaeus

    Orden: Carnívoro

    Familia: Cánidos (Lobos,
    chacales…)

    Tamaño, peso, aspecto: Puede llegar a 1.30
    m desde el hocico a la punta de la cola, que a su vez representa
    la tercera parte de su longitud aproximadamente. De la subespecie
    fueguina se ha encontrado un ejemplar de 1,50 m. La hembra pesa
    alrededor de 9 Kg y el macho 12 Kg. El mayor de los zorros
    sudamericanos (exceptuando el Aguará Guazú), es de
    un pelaje rojizo y largo en vientre, patas y cabeza, con el dorso
    gris y el extremo de la cola, negro.

    Alimentación: Su alimentación
    principal es a base de aves, huevos y
    roedores, aunque también puede alimentarse de ovejas y
    principalmente de corderos.

    Reproducción: Puede llegar a tener hasta 5
    crías.

    Predadores: Su único predador natural es
    el puma. Sin embargo, es cazado constantemente por los
    estancieros o peones a causa de sus ataques al ganado ovino y del
    alto valor de su
    piel.

    Comentarios: Si bien es cierto que el zorro
    colorado provoca grandes bajas entre ovejas y corderos, parece
    que no todos los zorros tienen como hábito matar ovinos, y
    por el porcentaje de éstos depende en cada estancia de su
    "salud
    ecológica": en la medida en que haya más pasturas,
    mallines etc. para alimentar a aves y
    roedores, menos estará obligado el zorro a matar ovejas y
    corderos. Por otra parte, los métodos
    empleados hasta ahora para su eliminación, especialmente
    la estricnina, puede ser enormemente contraproducentes para el
    mismo propietario a causa de la extinción de animales que
    se alimenten del zorro muerto: cóndores, águilas,
    carancho… etc. que deja el lugar desprotegido de predadores y
    carroñeros, indispensables para el equilibrio
    ecológico de los campos.

    ZORRO GRIS

    (Patagonian fox)

    Dusicyon griseus

    Orden: Carnívoro

    Familia: Canidae

    Tamaño, peso, aspecto: El largo total
    ronda los 80 ó 90 cm de los cuales, 30 a 36 pertenecen a
    la cola. Su peso oscila entre 3,5 a 4 Kg. De menor porte que el
    anterior, es de un color grisáceo, con las patas y flancos
    levemente rojizos y el extremo de la cola oscuro.

    Alimentación: Su dieta incluye todo tipo
    de insectos, roedores, aves, huevos,
    liebres y carroña, al igual que bayas como el calafate, la
    chaura o la zarzaparrilla.

    Reproducción: Puede tener hasta 6
    crías.

    Predadores: Al igual que el colorado, su predador
    natural es el puma. Su piel, es de
    menor valor
    económico que la de aquél, también es
    comercializada en peletería, pero lo que es víctima
    de las trampas-cepo diseminadas por los campos. La exhaustiva
    persecución, tanto del zorro gris como el del colorado a
    causado que el puma, al faltarle una de sus presas naturales, se
    aficione cada vez más al ganado ovino, consiguiendo
    así el efecto contrario al deseado, cosa muy frecuente
    cuando se rompe la cadena ecológica-alimentaria de un
    animal.

    Comentarios: En los últimos tiempos ha
    venido siendo desplazado en la zona por el Zorro Colorado,
    más voraz y más agresivo.

    GUANACO

    Lama guanicoe

    Orden: Artyodilactila

    Familia: Camelidae

    Tamaño, peso, aspecto: Es el más
    alto de la fauna terrestre argentina, su altura en la cruz es
    alrededor de 1,10 m y la distancia entre su hocico y la base de
    la cola de 1,85 m. Su peso oscila entre los 120 y 150 Kg. Tiene
    aspecto de llama, con el cuello y las patas más largas y
    la coloración ocrácea y acanelada de la
    vicuña. Pelo largo y grueso con ojos grandes de largas
    pestañas. Los pies tiene dos almohadillas y pezuñas
    bien diferenciadas.

    Alimentación: Herbívora, basada en
    pastos, arbustos y líquenes especialmente en
    invierno.

    Reproducción: Tienen una cría por
    año, en primavera o verano, tras 11 meses de
    gestación. Pocos días después de la
    parición se realizan las cópulas para el año
    siguiente.

    Predadores: Su predador natural es el puma,
    aunque también las crías son muy perseguidas por
    el hombre a
    causa de su fina piel, que
    cambian a los dos meses de edad. El zorro colorado puede ser
    también un ocasional predador, sobre todo de las
    crías.

    Comentarios: El guanaco se encuentra a lo largo
    de la Cordillera de los Andes, desde Bolivia hasta
    Tierra del Fuego. Habitual habitante de las estepas, rara vez se
    lo ve bajo los bosques, salvo en Tierra del Fuego, donde es
    común que en invierno busque la protección de
    éstos últimos. Junto con el choique, o
    ñandú petiso, fue la base de la subsistencia de los
    antiguos tehuelches, cuyas tolderías y vestimentas se
    fabricaban con su piel.

    Es un animal gregario que forma grupos de un
    macho con varias hembras, a las que defiende del acercamiento de
    otros machos. Este macho-jefe de la tropilla se encuentra
    constantemente vigilante de su harén, y lo hace siempre
    desde alguna prominencia, emitiendo una especie de relincho ante
    la mínima situación de peligro e indicando al resto
    el camino de huida. Fuera de la época de cría, se
    forman grupos mucho
    mayores de varios cientos de ejemplares. Los machos sin hembras
    forman también grupos aparte.
    Los viejos machos suelen vagar solitarios.

    Acostumbraban formar bosteaderos comunes donde varios
    individuos defecan habitualmente, formando un gran circulo de
    bosta, donde se suelan acercar los ñandúes en busca
    de insectos.

    También son frecuentes en su territorio los
    "baños de polvo", lugares donde se revuelcan para
    higienizar su pelo y liberarlo de parásitos.

    En primavera, cuando entran en celo, los machos
    protagonizan violentas peleas y persecuciones en las que no
    faltan las escupidas en la cara que han hecho famosas a sus
    congéneres las llamas y alpacas.

    Sufren de una sarna característica, que no transmiten a los
    ovinos como generalmente se cree, que los hace ser expulsados por
    los otros integrantes de la manada.

    Contrariamente a la oveja, que con sus pezuñas
    cortantes y su manera de pastar arrancado a veces la
    vegetación de raíz, ha provocado la cuasi
    desertificación de grandes extensiones de la estepa, el
    guanaco dispone de almohadillas en las patas y al comer no
    arranca la vegetación sino que la corta, por lo que
    están comenzando el la Patagonia varios experimentos de
    cría en cautividad, con resultados hasta ahora
    esperanzadores. La superior calidad de su
    lana, en éstos tiempos en los que la de oveja viene
    disminuyendo su precio en un
    mercado cada vez
    dominado por las fibras sintéticas, lo convierte en una
    esperanza para la deprimida producción lanera
    patagónica.

    LIEBRE

    (European hare)

    Lepus capensis

    Orden: Lagomorpha

    Familia: Leporidae (conejos…)

    Tamaño, peso, aspecto: Puede medir
    hasta 65 cm y pesar 4 Kg. Pelaje pardo que se confunde
    fácilmente con los colores de la
    estepa.

    Alimentación: Herbívoro

    Reproducción: Contrariamente a su
    congénere el conejo, de una gran fertilidad, la liebre
    tiene solo una camada anual, con una o dos
    crías.

    Predadores: Pumas, zorros y gatos salvajes han
    sido los predadores naturales desde su introducción desde
    Europa a fines del siglo XIX. Ultimamente ha empezado a
    cazársela en temporada invernal, para ser posteriormente
    enlatada y exportada, principalmente en Europa.

    Comentarios: Como indicábamos
    anteriormente, la caza de la liebre en temporada invernal viene
    siendo en los últimos años una actividad cada vez
    más extendida en la zona. Durante toda la noche,
    vehículos dotados de potentes focos giratorios recorren
    las rutas encandilando y disparando a los animales. En una buena
    noche un vehículo puede "cosechar" arriba de los 150
    ejemplares. Sólo en la zona del Lago Argentino, en las
    últimas temporadas se viene cazando una medida de 30.000
    ejemplares por año.

    ZORRINO

    (Skunk)

    Conepatus humboldtii

    Orden: Carnívoro

    Familia: Mustelidae (Hurones, comadrejas, lobitos
    de río…)

    Tamaño, peso, aspecto: 50 a 60 cm de largo
    total de los cuales la cola supone la tercera parte. De color
    marrón ocráceo con dos bandas blancas desde el
    hocico hasta la cola.

    Alimentación: Omnívoro, puede comer
    desde insectos y roedores hasta frutas y
    raíces.

    Reproducción: Después de un mes y
    medio de gestación llega a tener de 3 a 4 crías en
    primavera.

    Predadores: Los carnívoros
    patagónicos (puma, zorros, gatos monteses) son sus
    predadores naturales, si bien también le cabe la mala
    suerte de tener una piel cotizable en peletería por lo
    que, como es natural, es diezmado por el poblador rural en sus
    recorridas por el campo. A menudo cae en las trampas destinadas a
    los zorros.

    Comentarios: Su defensa ante el acercamiento de
    algún predador es un líquido altamente desagradable
    al olor que dispara con certera puntería desde la base de
    su cola, hasta 4 m de distancia. El líquido puede ser muy
    urticante en contacto con los ojos, si bien no causa ceguera,
    como es creencia popular. En cautividad llegan a ser muy
    dóciles, sirviendo de mascotas en algunas estancias,
    previa eliminación de las glándulas secretoras del
    líquido, por su puesto.

    PICHE

    (Armadillo)

    Zaerius pichyi-pichyi

    Orden: Xenarthra

    Familia: Dasypodidae

    Tamaño y peso: Puede llegar hasta 40 cm y 3kg de
    peso

    Alimentación: Es omnívoro. Su alimento
    incluye desde raíces hasta huevos de aves, que
    alcanza a veces horadando un túnel por debajo del
    niño.

    Predadores: Los carnívoros patagónicos
    (puma, zorros…) son sus predadores naturales.

    Comentarios: De la misma familia que los
    armadillos altoandinos, su caparazón no es utilizado en
    Patagonia para hacer instrumentos como el charango, pero su carne
    es muy cotizada por el hombre de
    campo. Tímido y de corta carrera, su sola defensa es
    enterrarse rápidamente ante el acecho del mínimo
    peligro, o enrollarse completamente en su
    caparazón.

    HUEMUL

    Hipocamellus bisulcus

    Orden: Artyodactila

    Familia: Cervidae

    Tamaño y peso: En la cruz puede llegar a los 80
    cm y su peso alcanza los 100 kg

    Alimentación: Herbívora

    Reproducción: 1 cría por año.
    Gestación de 6 a 7 meses.

    Predadores: Antes de la llegada del hombre a sus
    hábitats (bosque cordilleranos y estepas cercanas) el puma
    y el zorro colorado eran sus predadores naturales.

    Comentarios: De pelaje marrón oscuro que aclara
    notablemente en invierno. Los machos tienen una pequeña
    cornamenta que se reemplaza anualmente. Al contrario que los
    animales citados anteriormente, hoy es prácticamente
    imposible observarlos en la zona. Casi completamente extinguidos
    a pesar de su antigua abundancia, los pocos que quedan se
    esconden en los cañadones más inaccesibles de la
    cordillera. Su mansedumbre y su confianza los
    perdió.

    Al respecto, transcribimos unos párrafos de las
    memorias de
    Andreas Madsen, pionero danés de la zona del Chatén:
    "Cuando cierro los ojos y vuelvo al pasado, me produce tristeza y
    pesadumbre recordar el bosque de antes con sus millares de
    ciervos paciendo apaciblemente…" Las grandes
    compañías productora de lana se van instalando en
    la región, y Madsen nos hablas de sus métodos:
    "Cuando legaron sus equipos a cortar en el bosque maderas para
    los edificios y postes para empalizadas, no solo cortaron lo
    necesarios, sino que quemaron y destruyeron el resto, matando al
    ciervo solo por gusto de matar. Matanza en grande, por docenas a
    la vez, para probar las armas y dejando
    pudrirse los cadáveres."

    AVES

    En la zona del Lago Argentino, por la variedad de
    ecosistemas, se dan prácticamente todas las especies de la
    avifauna patagónica, salvo naturalmente, las marinas. El
    propósito de ésta guía no es enumerarlas
    todas, sino citar y detenernos en las más frecuentes y
    visibles para el visitante.

    CONDOR

    (Andean Condor)

    Vultur gryphus

    Orden: Falconiformes

    Familia: Cathartidae

    Tamaño: La mayor de las aves americanas, puede
    llegar a los 3 metros de envergadura.

    Alimentación: La base de su alimentación
    es la carroña, si bien en caso de necesidad también
    caza pequeñas crías abandonadas por las
    madres.

    Reproducción: Pone un solo huevo. La cría
    tarda 3 años en llegar a la edad adulta.

    Hábitos: Símbolo y emperador de los Andes,
    es el ave de montaña por excelencia: anida en paredones
    rocosos, nunca en árboles, y, mediante sus perfectos
    planeos puede llegar hasta 10.000 metros de altura si bien en
    nuestra zona se lo suele ver volar bastante más
    bajo.

    Su vista es 8 veces superior a la humana, lo que
    permite, a la altura en que vuela, abarcar una enorme radio de
    vigilancia en procura de alimento.

    Los ejemplares adultos se diferencian de los juveniles
    por un collar de plumas blancas y la hembra del macho, por la
    cresta y las carnosidades del cuello de éste
    último.

    Salvo cuando bajan a comer, nunca se lo ve posado en el
    suelo, pues, debido a la envergadura de sus alas, el despegue le
    es sumamente dificultoso. Cuando descansa lo hace siempre sobre
    riscos verticales.

    Es excelente planeador y sólo en total ausencia
    de viento, utiliza las alas para aletear.

    AGUILA MORA

    ( Black chested buzzard eagle)

    Geranoetus melanoleucus

    Orden: Falconiforme

    Familia: Accipitridae

    Tamaño: 65 cm el macho, y algo más la
    hembra.

    Alimentación: Animales muertos, pequeños
    mamíferos y aves. Se le suele ver comiendo carroña,
    mientras que el resto de posibles comensales (caranchos,
    chimangos…) esperan pacientemente su turno. Tampoco rechaza los
    corderitos recién nacidos que se separan de su
    madre.

    Reproducción: Pone uno o dos huevos. El plumaje
    de los juveniles es marrón, con mechas pardo acaneladas.
    Como la mayoría de los integrantes de su orden, tarda
    años en llegar al plumaje definitivo, que en este caso es
    gris claro con pecho blanco y negro cerca de la
    cabeza.

    Hábitos: Vuelo lento con amplios planeos a gran
    altura, lo que hace que a veces se la pueda confundir con el
    cóndor, del que la diferencian sus alas más
    triangulares y su menor talla. Su nido se ubica casi siempre en
    lo alto de acantilados, desde los que divisa su territorio de
    caza y, a veces, en la copa de los árboles
    altos.

    Su grito, que sólo emite cerca del nido en caso
    de peligro, se asemeja a una salvaje risa humana.

    CARANCHO

    (Crested Caracara)

    Polyborus plancus

    Orden: Falconiforme

    Familia: Falconidae

    Tamaño: Alrededor de 60 cm

    Alimentación: Come de todo, desde carronea a
    presas vivas, incluidos corderitos y hasta ovejas
    enfermas.

    Reproducción: De 2 a 3 huevos.

    Hábitos: Extendido por toda Sudamérica,
    por su astucia y recursos, figura
    en la mitología de muchos pueblos precolombinos, desde los
    Incas hasta
    los Onas de Tierra del Fuego.

    Hoy en día, se lo sigue encontrando por todas
    partes: zonas pobladas o inhóspitas, estepas o bosques. Es
    atrevido y pendenciero y en las luchas entre los machos en la
    época de celo, más de uno queda muerto a causa de
    las heridas, al que sus congéneres no tardan en comerse.
    forma pareja para toda la vida y sus lugares de descanso suelen
    ser muy fijos al punto de que, si se trata de un árbol lo
    hace siempre sobre la misma rama.

    No tiene diferencia de plumaje entre macho y hembra. Los
    ejemplares juveniles son de color crema sucio, más oscuro
    en la cabeza

    Perdón si el documento tiene algunos
    errores de ortografía; lo examiné todo, pero
    alguno se me debe haber pasado. Espero que te sirva para tu
    trabajo

    Si tenés alguna duda sobre los glaciares, o
    querés saber algo de la Patagonia, no dudes en dejarme un
    e-mail. Tambiém tengo fotos.

    Juan Pablo Barani

    JuanPBarani[arroba]arnet.com.ar

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