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La convivencia en los centros educativos desde la mirada de la cultura de paz (página 2)

Enviado por JOSÉ TUVILLA RAYO



Partes: 1, 2

3. Cultura de paz y resolución no violenta de los conflictos

La definición de la educación comprometida con el progreso social y confiada en las posibilidades transformadoras de la escuela no es ajena a los retos que la sociedad deberá superar en el actual milenio, sometida de manera acelerada a numerosos cambios. Entre estos retos se encuentra, sin lugar a dudas, la construcción de la paz, anhelo (universalmente reconocido actualmente como derecho humano) que ha sido expresado e ilustrado a lo largo de la historia, en los documentos de más hondo contenido de la cultura humana. La paz como aspiración y necesidad humana significa no sólo una disminución de todo tipo de violencia (directa, estructural o cultural), sino condición indispensable para que los conflictos puedan ser transformados creativamente y de forma no violenta.
Una de las finalidades que los sistemas educativos contemporáneos asignan a la educación- refrendada en numerosos instrumentos internacionales y en las actuales reformas educativas- es la formación de una ciudadanía responsable en los valores de la paz, la solidaridad, la cooperación, la tolerancia y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Es decir en los elementos básicos que conforman la definición de Cultura de paz acuñada por Naciones Unidas. En este contexto podemos definir la pedagogía de la paz como el conjunto de teorías y prácticas educativas orientadas a la construcción de la paz a través de un modelo concreto de educación.
La formación de una ciudadanía democrática y participativa es uno de los elementos básicos de la Cultura de Paz que consiste en un conjunto de ideas (derechos humanos y libertades fundamentales, democracia, ciudadanía y sociedad civil, Globalización y desarrollo) y de valores fundamentales (justicia social, igualdad, pluralismo, cohesión social, integración, protección de las minorías, solidaridad, paz y seguridad) que son comunes al conjunto de las democracias modernas. Una buena comprensión de estas ideas y valores y de sus relaciones recíprocas es, en un contexto de acelerados cambios donde se incrementan los desafíos, condición indispensable para una participación positiva y responsable en los procesos de construcción social de la Paz. Las instituciones educativas es obvio que no pueden quedar al margen de esta finalidad general y deben interrogarse sobre cómo estas ideas y valores se hacen efectivos e impregnan la cultura escolar, así como de saber cuál es el mejor método para que los sujetos en formación (todos los miembros de la comunidad educativa) aprendan y construyan colectivamente el conjunto de competencias necesarias que hacen posible esas ideas y valores.  

COMPETENCIAS

ACTITUDES

Fundamentales

Necesarias para vivir en sociedad

  • Convicción de los principios de la Cultura de Paz en las instituciones educativas, así como en la acción social.
  • Convicción de la importancia de la responsabilidad individual y colectiva.
  • Reconocimiento del principio de desarrollo humano sostenible.
  • Razonamiento y reflexión crítica.
  • Creatividad.
  • Aptitud para resolver problemas.
  • Capacidad de participación y consenso.
  • Aptitud para la reflexión moral.
  • Capacidad de evaluación.
  • Participación en ámbitos sociales diferentes.
  • Comunicación.
  • Cooperación y trabajo en equipo.
  • Discusión, consenso y compromiso social.
  • Aptitud para la comunicación intercultural.
  • Capacidades para la prevención y la resolución no violenta de los conflictos.
  • Responsabilidad democrática.

 

La Cultura de Paz, en el ámbito escolar, está estrechamente unida a la Educación para la Paz, los derechos humanos, la democracia y la tolerancia que constituye en la actualidad el hilo conductor de muchas de las reformas educativas actuales. Este tipo de educación está respaldado a nivel internacional por la Declaración y Plan de Acción, surgida de la Conferencia Internacional de Educación celebrada en 1994 y aprobada por UNESCO en su conferencia general celebrada un año más tarde. En dicho Plan se señalan las finalidades de dicha educación, las estrategias de acción y las políticas y orientaciones en los planos institucional, nacional e internacional. Y representa un nuevo intento de garantizar -a través de la educación- las libertades fundamentales, la paz, los derechos humanos y la democracia, y de fomentar al mismo tiempo el desarrollo económico y social sostenible y equitativo ya que se trata de componentes esenciales de la construcción de una cultura de paz. Dicho Plan, después de justificar en su introducción la necesidad de este tipo de educación, establece las siguientes finalidades

  • La finalidad principal de una educación para la paz, los derechos humanos y la democracia ha de ser el fomento en todos los individuos, del sentido de los valores universales y los tipos de comportamiento en que se basa una cultura de paz. Incluso en contextos socioculturales diferentes es posible identificar valores que puedan ser reconocidos universalmente.
  • La educación ha de fomentar la capacidad de apreciar el valor de la libertad y las aptitudes que permitan responder a sus retos. Ello supone que se prepare a los ciudadanos para que sepan manejar situaciones difíciles e inciertas, prepararlos para la autonomía y la responsabilidad individuales. Esta última ha de estar ligada al reconocimiento del valor del compromiso cívico, de la asociación con los demás para resolver los problemas y trabajar por una comunidad justa, pacífica y democrática.
  • La educación debe desarrollar la capacidad de reconocer y aceptar los valores que existen en la diversidad de los individuos, los sexos, los pueblos y las culturas, y desarrollar la capacidad de comunicar, compartir y cooperar con los demás. Los ciudadanos de una sociedad pluralista y de un mundo multicultural deben ser capaces de admitir que su interpretación de las situaciones y de los problemas se desprende de su propia vida, de la historia de su sociedad y de sus tradiciones culturales y que, por consiguiente, no hay un solo grupo que tenga la única respuesta a los problemas, y puede haber más de una solución para cada problema. Por tanto, las personas deberían comprenderse y respetarse mutuamente y negociar en pie de igualdad con miras a buscar un terreno común. Así, la educación deberá fortalecer la identidad personal y favorecer la convergencia de ideas y soluciones que refuercen la paz, la amistad y la fraternidad entre los individuos y los pueblos.
  • La educación debe desarrollar la capacidad de resolver los conflictos con métodos no violentos. Por consiguiente, debe promover también el desarrollo de la paz interior en la mente de los estudiantes para que puedan asentar con mayor firmeza las dotes de tolerancia, solidaridad, voluntad de compartir y atención hacia los demás.
  • La educación ha de cultivar en el ciudadano la capacidad de hacer elecciones con conocimiento, basando sus juicios y sus actos no sólo en el análisis de las situaciones actuales, sino también en la visión de un futuro al que aspira.
  • La educación debe enseñar a los ciudadanos a respetar el patrimonio cultural, a proteger el medio ambiente y a adoptar métodos de producción y pautas de consumo que conduzcan al desarrollo sostenible. También es indispensable la armonía entre los valores individuales y los colectivos y entre las necesidades básicas inmediatas y los intereses a largo plazo.
  • La educación ha de nutrir sentimientos de solidaridad y equidad en los planos nacional e internacional en la perspectiva de un desarrollo equilibrado y a largo plazo.

Es evidente que dicho texto asume las tendencias y propuestas actuales relativas a este tipo de educación. Y nos lleva a determinar un conjunto de finalidades educativas que se concretan en los siguientes objetivos interactivos:
Preparación para la no violencia: Preparar a nuestros jóvenes en el pensamiento y prácticas de la no violencia es uno de los objetivos básicos de una educación basada en la búsqueda de nuevas formas de resolver los conflictos y de construir una paz basada en la justicia. Y esto es obvio pues ni los contenidos, los objetivos y las formas de educar para la paz pueden ser contrarias a la finalidad última que este tipo de educación persigue.
Responsabilidad de los ciudadanos del mundo: En todos los procesos de interrelación social se precisa un mínimo de responsabilidad. La responsabilidad no consiste sólo en cumplir las obligaciones y deberes, sino que además supone captar los rasgos morales de esta interrelación, actuar conforme a ellos. Situarse en el mundo, conocer sus problemas y tomar conciencia de la necesidad de cambio; es decir, adoptar un comportamiento ético ante las cosas que pasan ante nuestras miradas, en nuestra proximidad más cercana, como individuos y seres sociales, y, también, en esa aldea global en la que todos vivimos. Ubicarse en el mundo significa dar respuesta a sus interrogantes, una respuesta que debe comenzar por ser individual, pero que también ha de ser compartida colectivamente. La responsabilidad es un rasgo esencial de la experiencia moral de los individuos y de la comunidad, del desarrollo de un aprendizaje que permite la consolidación autónoma de una actitud ética frente al mundo y de una conciencia planetaria.
Igualdad de actitudes: La Educación para la paz es una forma particular de educación en valores que persigue el desarrollo de actitudes iguales en todos los jóvenes del mundo, de ahí su vocación internacional, para ante valores antitéticos a la cultura de la paz como la obediencia ciega, el conformismo y consumismo, la indiferencia e insolidaridad, la intolerancia o la discriminación se cuestionen sus consecuencias y actúen guiados por la justicia, la tolerancia y la solidaridad. De aquí la necesidad de que los temas controvertidos como la violencia, la desigualdad, los conflictos armados, la discriminación y tantos otros reciban una atención especial en las instituciones educativas con el fin de adecuar el currículo a las exigencias de nuestro tiempo.
La educación para la paz como educación que es moral no defiende valores absolutos, pero tampoco es relativista. El aprendizaje de la autonomía personal y de actitudes favorecedoras de una verdadera solidaridad internacional sólo puede llevarse a cabo, en el seno de las instituciones educativas, únicamente considerándolas como un verdadero lugar de aprendizaje democrático y en democracia. Y esto significa criticar la institución escolar misma, su cultura, su propia organización, sus relaciones con el entorno donde se ubica y los espacios limitados de poder que, muchas veces, se dan en las tomas de decisiones entre los miembros de la comunidad educativa. La paradoja de la escuela reside muchas veces en poseer un currículo que toma en cuenta los temas controvertidos de nuestra época, pero que sigue manteniendo una relación asimétrica entre alumnado/ profesorado lo que conlleva un déficit en esa educación para la autonomía y la cooperación a la que aspira.
La educación para la paz como educación en valores debe vertebrarse alrededor de dos ejes complementarios: a) El respeto mutuo y el reconocimiento recíproco y; b) El aprendizaje en la escucha mutua y el diálogo. Ejes que por otra parte derivan en la cooperación que constituye tanto un "saber hacer" y "un saber estar" como una competencia social, que como la autonomía, contiene elementos morales y políticos enlazados con el concepto de solidaridad.
Investigación crítica de alternativas: La educación tiene como misión hacer que los jóvenes examinen los obstáculos que a menudo nos impiden experimentar un progreso hacia la paz; familiarizarles con destrezas específicas que venzan esas dificultades y brindarles modelos de personas y de grupos cuyas acciones se encaminan en pro de una paz realizable. La educación para la paz está reñida con la retórica , con una concepción mecanicista de la ciencia y con el modelo de escuela reproductora; pues responde a un paradigma holístico, ecológico y crítico. A un modelo de persona que participa en un proceso de emancipación cuya razón está en la comunicación y en un concepto de paz que rebasa la contemplación crítica del mundo y que investiga y ejecuta alternativas.
Cualquier acción que se emprende ha introducido antes una amplia gama de opciones. Construir la paz positiva conlleva determinar la sociedad deseada. La educación para la paz trata de dotar al alumnado de aquellas estrategias que le permitan investigar críticamente diferentes alternativas a la problemática mundial. Es decir: educar en futuros. Como ha escrito Slaughter: "Las visiones y las imágenes de futuro deseables llegan siempre antes que su realización. El estudio de los futuros contribuye por eso directamente al proyecto central de todo trabajo sobre la paz. Explora y define el contexto más amplio, proporciona conceptos, métodos, perspectivas y propuestas que complementen la atención más minuciosa del agente de la paz hacia cuestiones específicas. De ahí que cualquier currículo que opere en pro de un mundo mejor y más pacífico tendrá siempre un componente intenso y explícito de futuros".
De lo expuesto anteriormente se deduce que cualquier proyecto educativo de carácter global debe considerar, desde la perspectiva ecológica y sistémica de la prevención de la violencia, cuatro ámbitos generales de actuación : el aprendizaje de la ciudadanía democrática de toda la sociedad, la implementación en el currículo de programas específicos a través de los llamados ejes transversales de educación para la paz, los derechos humanos, la democracia y la tolerancia, la mejora de la convivencia escolar y el desarrollo de planes específicos de prevención de la violencia dirigidos a toda la comunidad educativa.

La educación que inspira la Cultura de Paz dirigida al proceso de reglamentación de los conflictos interpersonales se fundamenta, como ya hemos señalado, en los principios de la no violencia, respecto de uno mismo y de los otros, así como en la voluntad de encontrar soluciones mutuamente aceptadas. La no violencia es concebida como un principio en virtud del cual se regula toda forma de violencia, sea personal, social o política para buscar soluciones positivas. Esta formación pasa por la convicción de cambiar las estructuras que conducen a la violencia como el sexismo, la discriminación contra las minorías raciales y étnicas, así como el reparto desigual de la riqueza. El objetivo a largo plazo es reducir la dependencia de cada persona en relación con cualquier tipo de uso de la violencia como medio de resolver los problemas. Y constituye un conjunto de aptitudes y habilidades enormemente necesarias para comprender y apoyar los derechos de las personas.
Para muchos autores esta educación es simplemente un "instrumento" valioso que permite resolver los conflictos a través de la utilización de diversas técnicas que plantean los problemas contenidos en la Educación para la Paz en su dimensión relacional y prosocial. Otros sin embargo, estiman que debe considerarse un elemento autónomo de esta educación con dimensión internacional que permite la confrontación crítica de los conflictos posibilitando que la Educación para la Paz alcance su último y principal objetivo: transformar la realidad.
El conflicto, de forma esquemática, puede definirse como "una situación en la que un actor (una persona, una comunidad, un Estado, etc.) se encuentra en oposición consciente con otro actor (del mismo o diferente rango), a partir del momento en que persiguen objetivos incompatibles (o éstos son percibidos como tales), lo que les conduce a una oposición enfrentamiento o lucha". También puede caracterizarse como "un proceso natural a toda sociedad y un fenómeno necesario para la vida humana, que puede ser un factor positivo en el cambio y en las relaciones, o destructivo, según la manera de regularlo". Existen diferentes definiciones de conflicto dependiendo de la variedad de escuelas actuales de investigación. No es nuestra intención el análisis de estas corrientes, por lo que trazaremos escuetamente la descripción de los componentes que permiten una aproximación al estudio de la paz. El conflicto pertenece a la naturaleza humana, indispensable para el desarrollo y crecimiento de las personas y las sociedades. Debe ser considerado como un instrumento que posibilita la transformación social. La praxis de la educación para la paz es precisamente aprender a descubrir y a enfrentar conflictos, para aprender a resolverlos de manera no violenta.
La cultura para la paz se basa en el equilibrio o armonía de los seres humanos en tres niveles (personal, nacional e internacional) en su relación tanto con el resto de miembros que forman un grupo o sociedad como con la naturaleza. Este mínimo esquema de interpretación ha dado lugar a diferentes enfoques que van desde los que consideran que la resolución no violenta de los conflictos en la escuela sólo debe tener como contenido específico temas como el maltrato y el fenómeno de violencia escolar; hasta aquellos que, desde una visión menos restringida, consideran necesario el estudio y tratamiento de la gestión del conflicto y la negociación como contenidos de gran utilidad para la vida tanto de los ciudadanos como de cualquier organización.
El conflicto, desde un punto de vista positivo, es el motor de cambio social y sus efectos siempre que sepamos gestionarlo bien permiten establecer relaciones cada vez más cooperativas. De ahí que la negociación resulte imprescindible. Tanto el conflicto como la negociación constituyen un modo de relación rica y permanente de la vida cotidiana: personal, grupal y organizacional. Impulsar por tanto, desde la educación, la cooperación frente a la competición y la concertación frente al conflicto, subrayará el aspecto más enriquecedor y satisfactorio de las relaciones interpersonales. El estudio de los conflictos y las formas de gestionarlos hacia la cooperación son, sin lugar a dudas, el elemento principal de cualquier educación que pretenda construir o fabricar la paz. Es por lo que la resolución no violenta de los conflictos ha constituido uno de los campos de investigación y de acción tanto de la Investigación sobre la paz como de los movimientos alternativos. Y es un elemento primordial de cualquier plan de intervención preventiva de la violencia escolar.
Los jóvenes deben saber que el conflicto es un aspecto más o menos permanente de sus vidas y un proceso interactivo que se da en un contexto determinado. Como todo proceso de construcción social, el conflicto, diferenciado de los distintos tipos de violencia, puede ser positivo o negativo con posibilidades de ser conducido, transformado y superado. Es esencial que los educadores apliquen técnicas que permitan al alumnado comprender aquellos conflictos más inmediatos, en los que están implicados directa o indirectamente, al objeto de sistematizar su estudio y resolución a los problemas de la comunidad internacional.
El origen de un conflicto puede deberse a diversas causas como la escasez de recursos, el uso de poder, la posición social o predominio cultural de los actores. Y produce una situación real generadora de acciones conflictivas. Las personas se enfrentan diariamente a múltiples problemas que han de solucionar a través de la fuerza vital inherente, condicionadas por el contexto o medio en el que se desenvuelven. Esa fuerza vital o agresividad necesaria para superar los obstáculos y limitaciones que se les presentan a los individuos provoca comportamientos positivos o negativos. Un conflicto es resuelto violentamente cuando se ponen en acción comportamientos (de personas o instituciones) que constituyen una violación o arrebato de algo esencial a la persona (integridad física, derechos, satisfacción de necesidades...). Estos conflictos que pueden estudiarse en clase desde lo afectivo a lo racional pertenecen a los niveles: individual (familia, escuela, vida social), nacional (tensiones entre diversos grupos de población) y mundial (conflictos de baja intensidad, litigios fronterizos,...).
¿Cómo gestionar un conflicto? Existen dos condiciones de fundamental importancia que se producen entre dos partes en conflicto, o en el interior de cada una, que influyen en la manera de afrontar dicha situación: el grado de confianza o desconfianza; y el grado de comunicabilidad o distancia. Es obvio que para mantener un conflicto en los límites de lo positivo, es necesario un mínimo de confianza por lo que se necesita tener en cuenta tanto el mundo de las percepciones como los estereotipos. Facilitar espacios de comunicación entre los adversarios es esencial para buscar soluciones a sus controversias. En algunas circunstancias puede ser útil para las partes "contendientes" reducir o interrumpir completamente los contactos.
La resolución no violenta de los conflictos persigue la cooperación como forma de resolver las disputas y representa el modo más ventajoso para ambas partes, pues cada una cede una porción de sus intereses en beneficio de una colaboración que satisface tanto las necesidades como los intereses recíprocos. No siempre, los conflictos se resuelven gracias a la voluntad de las partes en litigio y necesitan la intervención de terceros: de un intermediario (proporciona una canal de comunicación entre partes contrarias), de un mediador (facilita el diálogo y la negociación de las partes) o el arbitraje (intervención de un agente neutral, aceptado por ambas partes ayuda a encontrar soluciones o arbitra una solución aceptable que las partes se han comprometido previamente a aceptar).
Los conflictos tienen un carácter cíclico, con una determinada estructura y una dinámica singular. Necesitan en primer lugar su comprensión: actores que participan, proceso que siguen en su evolución, las diferencias esenciales de incompatibilidad (intereses, deseos, objetivos, valores,...) y los elementos distorsionadores (mala comunicación, estereotipos, desinformación, mal entendimiento del proceso). A veces, se dan conflictos de gran violencia, de duración prolongada y de carácter interno y extensivos a los que no es fácil llegar a una solución: son los conflictos intratables. Christopher R. Mitchell apunta para ellos algunas claves: 1/ Aceptar que la " resolución de conflictos" es un proceso a largo plazo que requiere paciencia, tenacidad y aplicación; 2/ Implicar a todas las partes en las discusiones y decisiones relevantes para el proceso de tratamiento y resolución del conflicto; 3/ Realizar en varios niveles sociales el proceso de resolución; 4/ Aprovechar cambios estructurales del entorno del conflicto; 5/ Considerar la resolución de conflictos como un proceso interactivo; 6/ Tomar en cuenta los daños psicológicos sufridos durante el conflicto; 7/ Realizar esfuerzos serios para sustituir una "cultura de venganza" suele ser especialmente duro; 8/ Tener en cuenta los miedos y los intereses de la parte dominante en el conflicto; 9/ No pensar en la resolución de conflictos como un estadio final sino como un proceso que continúa.
Para intervenir y resolver un conflicto con éxito hace falta, según Lederach, un proceso que cumpla los siguientes requisitos:

  • Clarificar el origen, la estructura y la magnitud del problema: establecer quién está involucrado, y quién puede influenciar el resultado del proceso; concretar los asuntos más importantes a tratar; distinguir y separar los intereses y las necesidades de cada uno.
  • Facilitar y mejorar la comunicación: controlar la dinámica destructiva de hacer generalizaciones, proliferar los problemas, y estereotipar a las personas; proveer un ambiente de diálogo para buscar soluciones verdaderas y constructivas.
  • Trabajar sobre los problemas concretos que tienen las personas en oposición: separar las personas de los problemas e impedir la personalización; centrarse, primero, sobre los intereses y necesidades de cada uno, no sobre sus posturas; establecer un ambiente de negociación, y así evaluar las bases de mutua influencia y, en lo posible, igualarlas; así como ayudar a cada uno a reflexionar sobre la situación y el alcance del poder propio.

Esta educación no olvida que las técnicas aplicadas no pueden desligarse de otros contenidos propios de la cooperación en la escuela como las aptitudes para la comunicación (escuchar y dialogar); la cooperación y la instauración de la confianza en el seno del grupo; el respeto de uno mismo y de los otros, la tolerancia y el respeto hacia las opiniones diferentes; la toma de decisiones democráticas en asamblea; la aceptación de las responsabilidades propias y ajenas; la solución de problemas en las relaciones interpersonales; y el control de las emociones.
El problema de la violencia escolar y del carácter conflictivo de la sociedad ha dado lugar a una preocupación creciente de parte de psicólogos, sociólogos, antropólogos, economistas, etc., ampliando la visión de los conflictos y creando áreas de investigación interdisciplinaria. La violencia y la resolución de los conflictos en la escuela tienen una gran tradición pedagógica y evolución sobre todo en la segunda mitad de nuestro siglo, aunque su implantación y reconocimiento en los sistemas educativos ha sido reciente. Desde hace casi veinte años el Consejo de Europa se comprometió con firmeza en este tipo de educación, ha organizado diversos foros de estudio o publicado los resultados de diversas investigaciones sobre la enseñanza de las aptitudes para resolver los problemas interpersonales en las escuelas europeas. UNESCO, por su parte, dentro del programa de "Cultura de paz" desarrolla iniciativas centradas sobre la prevención de los conflictos como la consolidación de la paz después de los conflictos que contienen actividades educativas. Por otro lado, en los últimos años han venido publicándose una interesante bibliografía con programas concretos para ayudar a educadores y alumnado a manejar el conflicto de manera positiva, transformando la clase en una comunidad basada en el respeto mutuo, la cooperación y el diálogo.

4. Escuelas pacíficas, resolución de conflictos y mediación escolar

De algún modo el lector podrá deducir de lo ya expuesto algunas de las características que tienen las llamadas escuelas pacíficas. Escuelas que inspiran sus proyectos globales de centro desde la perspectiva o mirada que sugiere la Cultura de Paz; implican en sus procesos participativos a toda la comunidad escolar en sentido amplio reforzando los procesos de democracia igualitaria y constituyen verdaderas comunidades de aprendizaje; y aplican estrategias curriculares de resolución no violenta de los conflictos interviniendo eficazmente en la prevención de la violencia escolar.

El enfoque aplicado por estas escuelas se basa en la consideración de la organización escolar desde un paradigma humanista y comunicativo, lejos de los modelos industriales, economicistas o de clientela. Y esto en dos sentidos estrechamente interrelacionados: la gestión y organización escolar favorece los espacios de convivencia y esta a su vez incide en la organización al estar basada en la mejora de las relaciones interpersonales de sus miembros, considerar al centro como un sistema abierto de aprendizaje y orientarse constantemente a la eficacia a través de una autoevaluación continua que desde su autonomía busca respuestas alternativas a los conflictos que en toda organización se producen. La convivencia escolar como interrelación es un elemento que forma parte del mismo proceso de enseñanza aprendizaje en el cual la participación del alumnado es esencial. Por otro lado, la resolución no violenta de los conflictos es un elemento esencial de la convivencia que supera el concepto de disciplina igualando los poderes reales y simbólicos de todos los miembros de la comunidad educativa sin olvidar que no todos tienen en el seno de la organización escolar los mismos niveles de información, participación y decisión.
Partiendo de un análisis crítico de la violencia estructural o institucional que se genera en los centros escolares, las escuelas pacíficas implicadas en los procesos de humanización tienen en cuenta que los conflictos no sólo se originan por la existencia de objetivos e intereses diferentes sino también tratan de modificar las estructuras y los espacios físicos que junto con la presión de un currículo meramente academicista incita a la competitividad. Por otro lado, también son conscientes de la necesidad de distribuir los recursos humanos y materiales siempre escasos y aprovechar para mejorar su eficiencia la diversidad de opiniones, culturas y valores presentes siempre en las organizaciones escolares.
Abordar la resolución de los conflictos desde un proyecto de "escuela pacífica" implica en primer lugar la consideración de los tipos de conflictos escolares existentes: curricular (referido a las diferentes formas de conocer, de construir conocimientos, de producir y legitimar saberes), relacional (atiende los comportamientos que alteran la neutralidad de las interacciones quebrando los dispositivos de control y desequilibrando las relaciones de fuerza y de poder del centro docente), cultural (se da a nivel de las representaciones o constructos simbólicos desvelando las contradicciones entre la cultura escolar formal y la cultura escolar invisible) y social (se da en el ámbito de relación entre el centro docente y el entorno inmediato, entre la cultura escolar y la cultura social dominante). Y, por otro lado, trata de favorecer los factores de protección a través de procesos de creación de grupos de cooperación.

Las escuelas pacíficas pueden definirse, por tanto, como aquellos centros docentes- tendentes a convertirse en verdaderas comunidades de aprendizaje- que desarrollan proyectos integradores orientados por la sinergia de cinco principios: cooperación, comunicación, tolerancia, expresión positiva de las emociones y resolución de conflictos. Dentro de estos proyectos ocupan un gran papel tanto el aprendizaje de las habilidades sociales y comunicativas como el desarrollo de la inteligencia emocional lo que Goleman llama "la escolarización de las emociones".
En la actualidad son muchos los centros educativos en todo el mundo que incorporan en sus proyectos modelos de prevención de la violencia escolar basados en los principios generales que hemos venido presentando en este artículo, introduciendo, especialmente en el campo de la resolución de conflictos, la intervención a través de programas específicos de mediación. La mediación como explica John Paul Lederach es "una técnica muy amplia, que consiste en la intervención de un tercero (un individuo, un equipo, etc.) que facilita el logro de acuerdos en torno a un conflicto". Son muchos los niveles y los enfoques utilizados en los programas de mediación que va desde aquellos orientados a la eliminación de conductas violentas sólo del alumnado con actuaciones como la organización de espacios individuales para realizar el seguimiento de los alumnos más difíciles, el trabajo a nivel del grupo clase, recogida de información por parte del profesorado sobre los conflictos más frecuentes y significativos y la celebración de reuniones de profesores que atienden una misma aula, hasta propuestas más integradoras que aúnan programas curriculares de mediación en el centro educativo (aprendizaje y comprensión teórica del conflicto y su gestión), junto con programas de mediación entre compañeros, sumados ambos a programas con implicación directa de familias y profesorado y programas de resolución de conflictos para otras personas del entorno más cercano al centro. 

En resumen, la mediación es una de las alternativas a la violencia escolar que tiene como objetivos: Promover la gestión positiva de los conflictos, facilitar acuerdos constructivos, pacificar las partes y reducir tensiones y crear un clima escolar pacífico y constructivo donde se pueda desarrollar: la afirmación personal y la autoestima, la confianza mutua, la capacidad de compartir sentimientos, información y experiencias y una actitud positiva y optimista ante la vida.

5. Conclusión

La educación para la paz, los derechos humanos, la democracia y la tolerancia, es considerada en la actualidad tanto a escala regional como internacional no sólo como una necesidad de las sociedades para hacer frente a los cambios y buscar alternativas a los problemas mundiales, sino como la finalidad esencial del derecho a la educación. Educación que por otra parte cuenta con directivas y leyes en muchos países y con el respaldo y la acción unánime de la sociedad civil. Frente a la pregunta que un día se hiciera García Márquez de si nuestro Planeta es una aldea sin memoria y ante las líneas que marcan el futuro, esta educación es la mejor de las propuestas posibles para construir esa cultura de la conciencia basada en un modelo de justicia llamada paz. La Cultura de Paz supone pues todo un reto para los sistemas educativos y orienta tanto el currículo como la organización de los centros educativos. El derecho humano a la paz lejos de ser una utopía cuenta en la actualidad con numerosas experiencias e innovaciones educativas que desde los modelos de las llamadas escuelas pacíficas constituyen una alternativa a la violencia escolar a través de la realización de proyectos integrales de prevención donde la resolución no violenta de los conflictos es uno de sus ejes principales. Y aspiran al ideal de alcanzar la paz a través de la escuela tal como pretendían los padres de la Escuela Nueva, devolviendo así a la práctica educativa una función social transformadora y comprometida.

 

 

 

 

Autor:


José Tuvilla Rayo

Partes: 1, 2


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