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Algunos aspectos de la delincuencia juvenil en la sociedad argentina

Enviado por fiscalmedina



I) Introducción:

La experiencia personal en el ejercicio de la abogacía, la función judicial en diversos cargos en el fuero penal -actualmente como Fiscales de Instrucción y Menores, de esta sede judicial-, como docentes y observadores de la realidad que recogen los medios de comunicación social, nos ha llevado a advertir un preocupante crecimiento cualitativo y cuantitativo, de conductas antisociales que la ley califica como delitos, protagonizadas por menores de dieciocho años de edad, conforme al Régimen Penal de la Minoridad (Ley 22.278 modificada por la 22.803). Ello ha motivado que el presente trabajo tuviera como objetivos:

Investigar si la percepción empírica señalada se ajusta a la realidad en la ciudad de Río Cuarto.

Estudiar los factores generadores del fenómeno conforme la doctrina que ilustra en relación a dicho tópico.

Establecer la tipología de delitos, grados de peligrosidad y caracteres diferenciales entre distintos tipos de transgresores.

Elaborar una teoría etiológica tomando en cuenta estos parámetros sobre la base del estudio de casos que registran entradas en la Secretaría Correccional del Juzgado de Menores y Juzgado Federal de Río Cuarto, seleccionados teniendo en cuenta el trabajo estadístico en elaboración, teniendo como fuente de conocimiento los Libros de Entrada de los referidos Tribunales.

El estudio de las medidas de prevención y tratamiento que se llevan a cabo, las que nos proporcionan un diagnóstico sobre esa realidad. Crítica de las primeras y propuestas alternativas.-

El presente trabajo es un avance de dicha investigación en relación a los tres primeros objetivos antes consignados: Percepción empírica y realidad científica, factores generadores del fenómeno, tipología de delitos, grados de peligrosidad y caracteres diferenciables entre distintos tipos de transgresores.

II ) Percepción empírica y realidad científica

La información proporcionada por los medios de comunicación social tanto nacionales como provinciales (La Nación, clarín, La Voz del Interior) dan cuenta de un sustancial incremento de delincuencia juvenil en los últimos tiempos. Según tituló La Nación del 25/8/95 se duplicó en diez años la delincuencia juvenil en el país, refiere el matutino que la cifra proporcionada por el Registro Nacional de Reincidencia y Estadística Criminal revelan que de los 428.172 hechos con intervención policial cometidos en 1985, 27.284 fueron perpetrados por menores de edad, en tanto que de los 560.214 registrados a la fecha de la publicación 57.024 fueron protagonizados por menores. El director de Política Criminal del Ministerio de Justicia de la Nación, Mariano Ciafardini señaló en Clarín (21/8/96) que ninguna investigación criminológica puede respaldar aquella afirmación, en primer lugar porque las estadísticas oficiales no reflejan el delito cometido sino el denunciado y entre y uno y otro puede haber diferencias del cincuenta por ciento o más y en segundo término teniendo en cuenta que como los autores de la inmensa mayoría de los delitos contra la propiedad no son atrapados ni individualizados no hay datos oficiales precisos sobre su edad. La mayor participación de personas más jóvenes en hechos delictivos, afirma el funcionario, se advierte en forma indirecta a partir de indicadores tales como el aumento de personas más jóvenes en la población carcelaria, o la edad de los autores de homicidio que en menores de dieciocho año sólo subió un siete por ciento. En tanto que en Córdoba, según refiere La Voz del Interior, en seis años se duplicaron las causas contra menores. Señala el matutino que según un relevamiento de la Fiscalía General de la Provincia de Córdoba, en diciembre de 1996, había en los distintos Juzgados en materia correccional 2679 expedientes en trámite, agregando la información que tres de cada cuatro menores detenidos portan armas cuando delinquen, aproximadamente el cincuenta por ciento están acusados por robo calificado.

La realidad en Río Cuarto

La realidad en materia de delincuencia juvenil en la ciudad de Río Cuarto, es el tema puntual de nuestro estudio. Para ello hemos realizado un relevamiento de los Libros de Entrada de la Secretaría Correccional del Juzgado de Menores, lo que nos ha aportado datos reveladores en relación al período de estudio que comprende los años 1990 a 1996. Ello comprende total de menores que han delinquido en dicho período, índice de menores inimputables (menores de dieciséis años), reiteración delictiva, tipos de delitos cometidos o tentados. Tipología delictiva: delitos contra la propiedad (hurtos, robos, robos calificados, daños;etc.), contra las personas (contra la vida – homicidio, lesiones-, contra la honestidad -violación, estupro, abuso deshonesto). Grados de peligrosidad (uso de armas, en banda; etc.)

En el período de referencia registran entrada un total de 1142 causas en las que se encuentran imputados menores de dieciocho años, de acuerdo al siguiente detalle:

CUADRO Nº 1

Año 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 Total %

Robo/hurto automotor 2 3 8 7 -- -- 5 25 2.18

Robo Calificado 23 29 29 13 14 18 27 153 13.4

Robo 36 40 64 32 31 6 32 241 21.1

Hurto Calificado 20 26 13 8 7 4 3 81 7.09

Hurto Simple 44 37 35 14 27 8 11 176 15.4

Daño 24 31 37 14 16 5 20 147 12.8

Homicidio y Tentativa de Homic. 4 4 1 9 1 4 7 30 2.6

Lesiones Graves 1 1 4 -- 1 -- -- 7 0.6

Lesiones leves 8 19 18 14 12 3 20 94 8.2

Abuso de arma 8 10 4 4 2 2 3 33 2.8

Violación 5 6 3 6 2 3 3 28 2.4

Estupro - - - - - - - - -

Abuso deshonesto 2 8 2 7 4 2 5 30 2.6

Otros delitos 25 13 14 9 16 4 16 97 8.4

 

TOTAL 202 227 232 137 133 59 152

 

CUADRO Nº2

Bien jurídicamente protegido Total período Promedio %

Delitos contra la propiedad 823 72.06

Delitos contra las personas 164 14.36

Delitos contra la honestidad 58 5.07

Otros delitos 97 8.49

CUADRO Nº 3

Año Total de causas Inimputables Reiteración Con mayores

Por año

1990 202 (17.68%) 107 (52.97 %) 98 (48.51 %) 25 (12.37%)

1991 227 (19.87 %) 80 (35.24 %) 127 (55.94 %) 20 (8.81 %)

1992 232 (20.31 %) 100 (43.10 %) 97 (41.81 %) 16 ( 6.89 %)

1993 137 (11.99 %) 77 (56.20 %) 56 (40.87 %) 5 (3.64 %)

1994 133 (11.64 %) 80 (60.15 %) 65 (48.87 %) 10 (7.51 %)

1995 59 (5.16 %) 44 (74.57 %) 50 (84.74 %) 25 (42.30 %)

1996 152 (13.30 %) 54 (35.52 %) 84 (55.26 %) 23 (15.13 %)

 

CUADRO Nº 4

OBSERVACIONES

A)Total de causas que registran entrada 1142

B) Total de causas en que han delinquido menores inimp. 542 (47.46 %)

C)

C1-Total de reiteración delictiva 577 (50.52 %)

C2-Total de menores reiterantes 71

C3-Promedio de delitos cometidos por los reiterantes 8.12 % c/u

D) Los mayores índices de crecimiento delictual , en el período estudiado, se registran en los años 1991 ( 17.24 %) y 1992 (18.44 %). El menor índice en el año 1995 (5.16 %) aunque con el más alto porcentaje de participación de inimputables (74.57 %), de reiterantes (84.74 %) y con mayores (42.30 %). En 1996 se ha observado un significativo crecimiento (13.30 %), lo que ha importado un aumento, con relación al año anterior, del 134 %.

factores generadores de la delincuencia juvenil

Con mucha frecuencia se suele apelar a la palabra "causa" para designar aquello que incide de algún modo en la aparición de la delincuencia, en la "delincuencia manifiesta".

Rechazamos el término mencionado en cuanto alude a un proceso causal, determinista, en el que a cierto antecedente –tal la causa- sigue necesariamente un consecuente, porque nos basamos en la delincuencia como protagonismo del hombre, como algo a lo que concurren todas sus potencias, como algo que él obra y no como algo que ocurre en él.

El ser humano se rige por leyes físicas, químicas, biológicas e instintivas en su corporeidad y sensibilidad, pero que regula su integridad por leyes éticas que lo encausa hacia su plenitud existencial. La circunstancia de que su primer año de vida lo muestre ligado a la satisfacción de sus apetitos, y de que frustraciones y conflictos graves subyazcan en un plano no conciente por su escasa racionalidad, que le veda resolver y asumir en un nivel conciente, y aún la otra, de que hechos actuales ingratos reaviven conflictos antiguos inconcientes y motivadores, no impiden el concurso del discernimiento y de la voluntad a partir de los años intermedios, a menos que haya un "pathos" determinante de actos inexorables, sin adhesión del sujeto que lo produce. "Se constata al fin que, por frecuentes que sean los conflictos no son, después de todo, si no unos accidentes de tráfico, de la carretera, y que todo cuanto ocurre en la zona apacible de nuestro espíritu tiene muchas más consecuencias para el desarrollo humano".

Situado en este punto, hemos preferido hablar de factores para designar los elementos internos y externos de la vida humana. En cuanto tales, gravitan sobre la personalidad del menor en ciernes, y puede devenir en configurantes de su antisocialidad.

Factores internos: Llamamos tales a los que operan desde el interior del sujeto y contribuyen a la configuración antisocial de la personalidad, sin impedir todo discernimiento y capacidad volitiva. Componen algo incorporado al sujeto en su mismidad y no obstan a la producción de verdaderos actos humanos, plataforma fáctica de la delincuencia.

La herencia: Si bien la misma no es fatalmente portadora de una conducta delictiva, su presencia en la vida humana se manifiesta en el temperamento, al cual pertenecen "los fenómenos característicos de la naturaleza emocional de un individuo, incluyendo su susceptibilidad ante los estímulos emocionales, la intensidad y rapidez habitual de sus respuestas, la calidad del temple de ánimo que predomina en él, y todas las particularidades de las fluctuaciones y la intensidad del mismo, considerándose estos fenómenos como dependientes de su estructura constitucional y en consecuencia de orígen principalmente hereditario".

La gestación: Gravita por lo que la vida intrauterina puede aportar al patrimonio psicofísico del menor, como presión negativa para lo futuro. Se afirma que inciden en la conducta y pueden concurrir a la formación caracterológica antisocial.

La deficiencia mental: Sea ésta de origen hereditario, congénito, traumático o infeccioso, es más "un déficit que limita su adecuado ajuste social" que un factor neto de delincuencia juvenil.

Las enfermedades psíquicas: Inciden desde el interior del sujeto menor en la caracterización antisocial y cuando no sobrepasen el límite que hace ya imposible explicar la actividad sin referirla directamente a ellas. Si hablamos de "delincuencia neurótica", aludimos a la presión ejercida por la neurosis en la configuración antisocial de la personalidad. Si nos referimos a la "delincuencia psicopática" encontramos como agente a un menor carente de poder identificatorio cuya afectividad está seriamente deteriorada y que no hace suyo un código ético encauzador de sus actos.

Factores externos:

Son los que actúan dinámicamente desde un emplazamiento exterior al sujeto, integrando el marco social dentro del cual se desenvuelve su vida. "Ciertamente, la especie humana se diferencia por su capacidad de autonomía frente al medio, por su posibilidad de modificar su propio ambiente y adecuarlo a sus necesidades e intereses; pero no es menos cierto que esa autonomía es relativa y que, al igual que el ser humano puede influir en su entorno, se ve influido por él.

No hay un único factor en el entorno, sino una pluralidad que ejerce presión diversa, según su significación en la niñez y en la adolescencia. Podemos enumerarlos del siguiente modo:

La familia, "factor primario de la delincuencia juvenil". Sus fallas impiden o debilitan la resistencia a otros estímulos adversos del ambiente, particularmente por las secuelas que dejan las experiencias muy dolorosas en los primeros años de la existencia. El adolescente construye su personalidad psicológica principalmente a través de mecanismos de imitación de esquemas humanos idealizados en su afanosa búsqueda de modelos de identificación

No cabe duda entonces, que el primer hábito social con el que convive: la familia, constituye su primer espejo donde mirarse; cumpliendo en consecuencia, un rol fundamental en su futuro desarrollo.

Qué sucede, pues, cuando por diferentes factores (hogares desquiciados por el alcoholismo, la promiscuidad y el hambre. O aquellos otros donde, a pesar del alto nivel socio-económico, los menores carecen de atención y de afecto) la familia no cumple con ese rol; ofreciendo una imagen enferma del mundo en el que le tocará vivir ¿. La respuesta es simple: El menor será, sin duda, un marginado. Es decir: se encontrará en un estado de abandono material o moral que no le permitirá desarrollar sus facultades físicas, mentales e intelectuales en forma saludable y estará condicionado a delinquir.

Veamos qué comportamiento asumen, en consecuencia, según los casos:

a) Los menores provenientes del segmento social más empobrecido incluyen al delito como alternativa válida para poder acceder a un nivel más digno del que observan a su alrededor. De allí que los delitos contra la propiedad: robos y hurtos, principalmente, sobresalgan en las estadísticas.

b) Menores pertenecientes a hogares económicamente sólidos que deciden desentenderse por completo de la realidad familiar que los rodea, mediante el consumo de drogas; que si bien no conforman, en sí mismo, un accionar delictivo mientras no se haga uso en lugares públicos o de acceso públicos, su vinculación con la esfera de lo ilegal es manifiesto. Puesto que el drogadicto –al fin y al cabo es un enfermo- tarde o temprano asumirá la calidad de traficante, al procurar sumar adictos entre sus allegados, como un modo de asegurar su propia provisión de dosis.

c) Menores pertenecientes a distintos grupos socio econonómicos, que encuentran en el delito el medio idóneo de llamar la atención social por su desamparo. Este es el caso de las patotas y los delitos derivados de su actuar: lesiones, daños, etc.; o de la banda, que sustraen vehículos con el solo propósito de usarlos en sus aventuras nocturnas.

La escuela: "en su conjunto gobierna el devenir del joven ser humano en medida decisiva. Allí se reúne, por primera vez, con otros seres humanos que le son, la mayoría de las veces, extraños, y con los cuales tiene que insertarse en un orden igual para todos y con frecuencia incomodo. El joven es valorado con arreglo a su capacidad y al resultado de su trabajo, y recibe un puesto fijo en la comunidad escolar".

El grupo étnico: ejerce influencia en la caracterización antisocial cuando opera a partir de alguno de los elementos que conforman la propia peculiaridad de la raza. Su mayor gravitación aparece cuando entra en colisión con una sociedad de origen racial distinto de la que pretende integrarse.

El barrio: Constituye el entorno inmediato del hogar, y en él el menor entabla relación con sus pares de familias afincadas en las proximidades, más o menos duradera.

La sociedad global: Aloja en sí elementos dinamizadores de la delincuencia juvenil y que gravitan desde temprano en la minoridad, directa o indirectamente.

Los distintos factores de carácter endógenos y exógenos previamente descriptos, se conjugan para la configuración de un estado delincuencial latente, de una inadaptación subyacente en la personalidad y que puede en algún momento patentizarse. Basta para ello que el equilibrio inestable que el niño o joven inadaptado porta se quiebre en virtud de circunstancias favorecedoras.

La "delincuencia manifiesta" de los menores constituye un fenómeno universal, predominantemente urbano y principalmente grupal.

Decimos que se trata de un fenómeno universal porque abarca a todos los países de la Tierra, no siendo obstáculo para ello que existan condiciones confortables de vida o rígidos mecanismos de seguridad. El fenómeno que reconoce su exteriorización en distintas modalidades de expresión de una subcultura juvenil que arraiga en la percepción –real o ficticia- de lo injusto y que halla consistencia en el uso de vías no convencionales –y generalmente ilegales- para dar satisfacción a los apetitos y estremecer el pensamiento del mundo adulto, ciertamente conformista.

Así como la delincuencia juvenil se manifiesta de modo unversal, también comprende a los distintos estratos que vertebran a cada sociedad. En cuanto expresión subcultural, responde a un sistema de normas independientes que se ha impuesto a las personas y grupos jóvenes pertenencientes a un determinado contexto sociocultural del cual es tributario y exhibe fuertes indicios de ser un producto de las tensiones existentes en las relaciones entre jóvenes y adultos.

Si hablamos de clases sociales, aludimos a los estratos surgidos de un proceso colectivo de diferenciación por las actividades, el nivel de vida, el acceso a la cultura, los bienes materiales y las creencias fundamentales. Los jóvenes de clase baja reciben, por lo común un trato de ciudadanos de segunda categoría por parte de profesores, empleadores, policías, magistrados, instituciones de bienestar y pares de familias acomodadas, estando demostrado que la gran mayoría de los individuos que manifiestan comportamiento desadaptado que ocupa el último escalón en la jerarquía social. Por sus deficitarias condiciones de vida, afincadas en la defección de sus mayores o en la injusticia de un orden que les niega oportunidades, y condenados a una existencia dolorosa y desesperanzada, se ven empujados hacia la conducta disconforme con la legalidad como una repulsa consciente de sus disposiciones. Subyace en la delincuencia juvenil de esta clase una protesta marcadamente sectorial, una queja por las privaciones y la postergación del estrato al cual socialmente pertenecen. Se advierten como rasgos tipificadores comunes la interrupción de sus estudios primarios y el desempeño de trabajos de ocasión.

En las clases pudientes la delincuencia juvenil aparece como expresión de la protesta generacional cuestionándose el lugar asignado a los jóvenes por sus mayores en el espectro social. Comúnmente la conducta que se manifiesta es en la modalidad antisocial llevada a cabo por individuos que canalizan su expresión mediante actos delictivos seleccionados sobre la base de la atención que quieren despertar en los adultos. Para fundamentar su proceder suelen apelar a un cierto ideario político, al uso de atuendos llamativos y uniformes, predicando la licencia en materia sexual.

No se trata de pretender trazar una división tajante en mérito a las connotaciones sociales ya que sólo indican circunstancias predominantes en uno u otro de los estratos sociales que permiten explicar por qué prevalecen ciertos cursos de acción sobre otros en la trayectoria delictiva. En los menores de clase baja, por ejemplo, los hechos furtivos suelen dirigirse tanto al juego como a la satisfacción de necesidades apremiantes, y aún de otras no tan urgentes, que no pueden atender por medios lícitos. En los de clase pudiente los hechos tienen por objeto principal el atraer la atención de los mayores.

Sostenemos que la delincuencia juvenil es un fenómeno predominantemente urbano porque surge con mayor frecuencia en las aglomeraciones humanas, donde la densidad de población, estrecheces y obligados contactos favorecen los agrupamientos y donde la formación de cinturones de miseria, con su cuota de enfermedad, subalimentación, desnudeces, promiscuidad, hacinamiento y expectativas defraudadas, alientan la antisocialidad.

Por último afirmamos que la delincuencia juvenil se exterioriza principalmente en grupo, advirtiéndose que la pandilla formada como experiencia convivencial en los años intermedios, interviene como su motor cuando por la influencia de uno o más inadaptados que la integran, promueven un curso delictivo de nivel creciente en el que demuestra su encono con el orden establecido o su prescindencia de los límites que impone y que basa su actividad en la seguridad y anonimato del colectivo. La expectativa de anonimato y las demás fuerzas emergentes de la interrelación grupal favorecen la acción delictiva en mayor medida de lo que lo hace el esfuerzo individual. Adopta la forma de "patota", cuna y escuela de la delincuencia juvenil. Nace espontáneamente y cultiva la jactancia, la crueldad y la perfidia como valores colectivos. Quien llega a ella para probarse como hombre leal, valiente, servicial y tolerante pronto descubre la ostentación de la mentira y del descaro como lo único que importa, sustento del código de exigencias que el cabecilla impone de modo indirecto por la burla o la ira y de manera directa por el ejemplo que da, ya que la jefatura recae en quien muestra mayor disposición antisocial y una llamativa disposición para "ir al frente" en los desmanes. Se evidencian en estos grupos actividades "in-crescendo" en cuanto a los valores que vulneran. Comienzan como actos antisociales de poca significación –volcar recipientes de residuos, manchar paredes, molestar a transeúntes- evolucionando hacia acciones furtivas que le dispensan sustento y diversión, existiendo una clara supremacía de los delitos contra la propiedad.

En orden a la tipología delictual de los menores puede esbozarse una enumeración de acuerdo a la siguiente clasificación que propone Gibbons:

a)El pandillero ladrón. Este transgresor incurre en diversos delitos contra la propiedad ajena, incluyendo latrocinios graves y robos con escalamiento. También suele hallarse comprometido en actos de vandalismo y en transgresiones de índole sexual.

b)El pandillero pendenciero. Este tipo lo conforman adolescentes varones que son miembros de pandillas que deambulan por calles de la ciudad provocando pleitos con iguales o con personas que a su criterio "los provocan".

c)El pandillero causal. En algunos casos, participan en riñas y otras veces cometen robos y vejaciones producto de un aglutinamiento ocasional teniendo como finalidad el divertirse de ese modo.

d)El delincuente casual no pandillero. Está constituído por adolescentes que no pertenecen a una pandilla determinada. Estos jóvenes tal vez cometan algún desmán en compañía de otros camaradas, pero no se siente pertenecientes a una pandilla ni se consideran a sí mismos delincuentes.

e)El ladrón de automóviles "paseador escandaloso". Roban automóviles con el objeto de armar fiestas al volante, no con el propósito de desmantelarlos ni con el ánimo de lucrar.

f)El drogadicto. Actúan con la finalidad de procurarse el objeto de su adicción. Para ello cometen delitos contra la propiedad que les reditúa los medios económicos para adquirir droga.

g)El agresivo de peligrosidad extrema "matón". Los jóvenes de agresidad más peligrosa son aquellos que perpetran ofensas aparentemente inexplicables contra sus iguales y, ocasionalmente, también en contra de personas adultas o animales. Las acciones vejatorias que cometen se caracterizan por su extrema crueldad. La mayoría de estos transgresores se contentan con ensañarse en sus víctimas de una manera física, sin despojarlos de sus pertenencias ni incurrir en otros delitos en contra de la propiedad.

h)La jóven delincuente. Cometen transgresiones con sus compañeros de pandilla de su mismo sexo, caracterizándose por rechazo de autoridad o actos de promiscuidad sexual. Generalmente no participan de actos violentos.

i)El delincuente psicópata –con predisposición obsesiva-. Son transgresores que perpetran delitos "extravagantes" de carácter individualista y casi siempre de orden grave. Comprende actos de homosexualismo, los ataques aislados y esporádicos y otros tipos de perversión sexual. Los transgresores aquí incluídos suelen recibir a menudo un diagnóstico clínico de "neuróticos" o de "presicópatas".

Desde otra perspectiva, González del Solar, siguiendo a Tieghi, distingue a los delincuentes juveniles del siguiente modo:

Los de personalidad antisocial, en los que la ausencia de socialización ha producido una perturbación en la adquisición de respuestas adecuadas a las exigencias de la vida en común.

Los subculturales, en los cuales hay una socialización desviada por su inserción en un ambiente subcultural que ofrece un marco distorsionado o distinto de los valores o normas que imperan en la sociedad global. Sus actos se ajustan a lo que el grupo de referencia admite como válido para procurarse los bienes que la sociedad propone.

Los institucionales, en los cuales hay una socialización crítica, generalmente en sociedades decadentes y con señales contradictorias. Desafían el orden social vigente en el que encuentran múltiples demostraciones de injusticia. Se manifiestan infiltrándose en actos políticos o gremiales protagonizando actos vandálicos justificando su accionar como luchas contra el orden social injusto.

La combinación de la edad con otras variables importantes, como la clase social y el sexo, conduce a un enriquecimiento del modelo y a un menor conocimiento de las tendencias existentes. Así es posible indagar la dirección que sigue el crimen en los sectores de escasos y de medianos recursos, y la participación de varones y mujeres según el tipo de crimen de que se trata.

Conclusión:

Con lo expuesto, no tenemos otra pretensión que la de aproximarnos al tema que es motivo de una profunda investigación relativa a determinar cuál es la realidad de la delincuencia en Río Cuarto, trabajo en el que también participan alumnos del Profesorado en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales, con el que esperamos poner a disposición de las autoridades competentes no sólo la verificación de una realidad comprobada científicamente, que nos proporcionará un diagnóstico sobre esa realidad, sino también propuestas alternativas en materia de persecución y tratamiento.

Bibliografía:

Gibbons, "Delincuentes Juveniles y criminales", Fondo de Cultura Económica, 1969.

David "Sociología Criminal Juvenil", Depalma, 1980.

Perenti y Pagani, "Psicología y delincuencia", Beta, 1978.-

Viader Vives, "Criminalidad Juvenil" Colección Maizal de divulgación jurídica.

"Conclusiones del Congreso Panamericano de Criminología", Bs. As. Noviembre de 1979.-

Pinatel "La Sociedad Criminógena", Aguilar,.

Daga, "Delincuencia urbana y política de prevención", Lerner, 1988.-

Irigoyen, "Conducta antisocial de menores en Córdoba", Lerner 1986.

D'Antonio, "El menor ante el delito·", Astrea, 1978.-

González del Solar, "Delincuencia y derecho de menores", Depalma, 1995.

Baquero Lazcano, "Situación de la delincuencia juvenil en la Ciudad de Córdoba", Semanario Jurídico Nº 718.

"Menores delincuentes", serie de cinco artículos publicados por La Voz del Interior entre el 14 y el 18 de abril de 1997.

 

Jorge Medina

 

 

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