Indice
1.
Introducción
3.
Suicidio
4.
Conclusión
5.
Anexos
6.
Bibliografía
La mayoría de las personas sufren de depresión
en algún momento en su vida. Hay varios grados de
depresión: Pude se desde un problema leve hasta una
enfermedad que amenaza la vida: La depresión es curable. A
muchas personas el tratamiento les puede cambiar la vida por
completo
La ciencia
médica esta entendiendo cada vez mejor la
depresión: La mayoría de los casos serios de
depresión se deben a un desequilibrio de las sustancias
químicas (neutrotransmisores) en el cerebro. Hay
muchas cosas que pueden provocar dicho
desequilibrio.
* Perdida de un ser querido o de algo que se estime mucho.
* Tensión crónica o un evento que cause mucha
tensión
* Enfermedad grave
* Reacciones a medicinas
* Alcoholismo,
abuso de drogas,
demencia (locura) y otros problemas de
salud mental.
* La falta de luz ida durante
el invierno puede causarles a algunas personas un tipo de
depresión llamada "depresión de invierno".
Algunas personas, por herencia, corren
un mayor riesgo de padecer
de desequilibrios químicos en el cerebro, Por fortuna, hay
tratamientos efectivos para estas y otras personas que pueden
sufrir depresión.
Todo el mundo se puede sentir triste de vez en cuando. Para
decidir que hacer, quizás le ayude a entender que tan
profunda esta su tristeza
El estar triste no siempre quiere decir que usted vaya a tener
depresión muy fuerte. Las malas noticias y las decepciones
pueden hacer que usted se ponga triste, quizás por varios
días. Esto es normal, siempre y cuando la tristeza no se
vuelva permanente. El pesar y la pena también puede causar
tristeza normal.
2. Marco Teórico
Depresión
La sensación de sentirse triste, decaído
emocionalmente, y perder interés en
las cosas que antes disfrutaba es lo que se llama
depresión. Se debe saber que la depresión es una
enfermedad como puede ser la diabetes o la
artritis, y no es solo una sensación de tristeza o de
desánimo. Esta enfermedad progresa cada día
afectando sus pensamientos, sentimientos, salud física, y su forma de
comportarse. La depresión no es culpa de la persona que la
padece, como tampoco es una debilidad de la
personalidad. Es una enfermedad médica que es muy
frecuente y puede afectar a cualquier persona.
Todos hemos experimentado estados de ánimo que implican
depresión o alegría en algún momento de
nuestras vidas. La pérdida de un trabajo o la muerte de
un ser amado pueden dar por resultado depresión.
La depresión es una de las condiciones diagnosticadas en
forma más común entre los pacientes hospitalizados
por trastornos mentales y también es bastante frecuente en
la población en general.
La depresión no respeta posición
socioeconómica, logros educativos o cualidades personales;
puede afligir a ricos o pobres, a personas con éxito o
fracasados, a los muy educados o a los analfabetos.
La depresión es mucho más común entre las
mujeres que entre los hombres. Sin importar la región del
mundo, raza, etnicidad y clase social, las mujeres tienen casi el
doble de probabilidad de
sufrir depresión que los hombres.
Las mujeres tienden a amplificar sus estados de ánimo
depresivos y los hombres encuentran medios de
minimizar la misma.
El problema central de la depresión, en el mundo
contemporáneo, no solo se funda en la extensión
creciente del fenómeno, principalmente en las ultimas
décadas, ni en el reconocimiento de que " la
depresión es el síntoma universal de la
psicopatología y la clínica psiquiátrica", a
tal punto que la nuestra ha sido llamada la "era de la
depresión".
Se debe unir a lo anterior varios factores, relacionados entre
sí, al crecimiento de su perfil sintomatológico, a
sus nuevas modos expresivos cada vez más detectados por la
clínica; al crecimiento de los métodos
terapéuticos, biodinámicos, y psicodinámicos
a nuestro alcance; a la mundialización del proceso
perceptible y ubicable en múltiples formas clínicas
en todas las culturas que pueblan el orbe.
En los tiempos actuales la depresión es un síntoma
psíquico muy frecuente relacionado con el tipo de vida que
llevamos, nuestras relaciones familiares (problemas con la pareja
o los hijos), en el ámbito académico (problemas en
la escuela o
universidad) o
laboral (falta
de empleo,
remuneración insuficiente, problemas con el jefe) y
otros.
La misma lleva al que la siente, a la soledad, la pérdida
de motivación, el retraso motor y la
fatiga. Puede llegar incluso a convertirse en un trastorno
psicótico donde el individuo se queda completamente
incapacitado para actuar en forma normal en su vida de
relación.
Las personas deprimidas se consideran desgraciadas, frustradas,
humilladas, rechazadas o castigadas. Miran el futuro sin
esperanza.
Los individuos deprimidos muestran:
Una consideración negativa de sí mismo. La persona
deprimida muestra una
marcada tendencia a considerarse como deficiente, inadecuada e
inútil y atribuye sus experiencias desagradables a un
defecto físico, moral o
mental. Tiende a rechazarse a sí misma, ya que cree que
los demás la rechazarán.
Una consideración negativa del mundo. Se siente derrotado
socialmente. Considera al mundo como haciéndole enormes
exigencias y presentándole obstáculos que se
interfieren con el logro de los objetivos de
su vida.
Una consideración negativa del futuro. Ve el futuro desde
una perspectiva negativa y le da vueltas y más vueltas a
una serie de expectativas negativas. El deprimido prevé
que sus problemas y experiencias comunes continuarán
indefinidamente y que se le amontonarán otros mucho peores
en su vida.
Tienden a deformar sus experiencias, malinterpretan
acontecimientos concretos e irrelevantes tomándolos como
fracaso, privación o rechazo personal.
Exageran o generalizan excesivamente cualquier situación
por más sencilla que sea, tienden también a hacer
predicciones indiscriminadas y negativas del futuro.
Todo siempre va a ir contra sí mismo, acentuando lo
negativo hasta casi excluir los hechos positivos.
Las personas que padecen de depresión tienen ciertos
síntomas característicos que les afectan casi todos
los días por lo menos por un período de dos
semanas.
De estos síntomas los más característicos
son :
Y se asocian los siguiente síntomas secundarios:
Además se asocian otros síntomas de tipo físico o psicológico, como pueden ser:
En la cultura
occidental se enfoca el papel de los
eventos
estresantes y recursos en los
trastornos afectivos y luego se plantea la cuestión de los
índices de depresión en apariencia más altos
entre las mujeres que entre los hombres.
Las conceptualizaciones del papel del estrés en
la psicopatología en general y en la depresión en
particular han propuesto de manera típica que este es uno
de los tres factores amplios que es importante considerar:
diátesis,
estrés y recursos o apoyos sociales. La diátesis se
refiere al hecho de que debido a condiciones genéticas o
constitucionales o sociales, ciertos individuos pueden tener una
predisposición o vulnerabilidad para desarrollar
depresión. El estrés puede actuar como un
desencadenante para activar esta predisposición, en
especial cuando los individuos carecen de recursos para adaptarse
al mismo.
La depresión es a la psicopatología lo que el
catarro a la medicina; nos
afecta a todos, pero en mayor medida a las mujeres (la
proporción es de 3 mujeres por cada hombre) aunque
la mayor incidencia de suicidios consumados corresponde a los
varones. El índice es mayor en mujeres casadas que en
solteras. Se ha demostrado que las mujeres reaccionan de forma
más ansiosa que los hombres frente a las situaciones
conflictivas de la vida.
La mujer
deprimida percibe a menudo fuertes sentimientos de
aversión hacia sí misma; se siente inútil y
culpable de sus insuficiencias. Pueden comenzar a producirse
ataques de llanto, pérdida de peso e insomnio. La comida
no sabe bien, el sexo no
resulta excitante y se pierde todo el interés por la gente
afectivamente ligada a ella. Esta mujer deprimida
puede empezar a tener deseos suicidas. A medida que sus
intenciones se hacen más serias, las ideas
esporádicas se convierten en deseos; preparará
incluso un plan y lo
pondrá en práctica. Hay pocos trastornos
psicológicos que sean tan debilitadores y ninguno que
produzca tanto sufrimiento como la depresión grave.
Si se puede mejorar la orientación negativa o dicho de
otra forma, lo que el individuo se dice a sí mismo de los
hechos o pensamientos que le acontecen en el diario vivir,
entonces se puede decir que mejora y pasa a tomar la vida de una
forma más real, positiva, logrando así un cambio de su
conducta tanto
para él como con respecto a lo que lo rodea, sean personas
o acontecimientos en general. Para ello, lógicamente, se
necesita una terapia personalizada.
Cuando se ha pasado por varias depresiones y se tienen datos suficientes
para pensar que son orgánicas, existe medicación
que previene, con distinta eficacia
según los casos, la aparición de futuros episodios
depresivos.
Un modo de vida adecuado puede hacernos más inmunes a la
depresión. Cada persona ha de encontrar la forma en que
quiere vivir, quizá lo más conveniente sería
diversificar los intereses y encontrar un equilibrio
entre ellos, considerar los diversos aspectos de nuestra vida
como el trabajo, el
descanso, la familia, la
pareja, los hijos, las amistades, los hobbies, la vida
espiritual, y desarrollarlos adecuadamente. La
polarización sobre unos aspectos, olvidando los otros, nos
hacen más vulnerables.
El tratamiento ha de ser abordado por profesionales de la salud,
psiquiatras o psicólogos, y los métodos son
diversos, según los casos. Si estamos ante un episodio
agudo de depresión o ante un período de progresivo
deterioro, estará indicada la hospitalización. En
depresiones graves puede estar indicado el uso de terapia
convulsiva.
El tratamiento médico con medicación es siempre
adecuado, pues alivia un sufrimiento innecesario.
En todos los casos, la psicoterapia de apoyo es necesaria, en
ella se ayuda al enfermo, en un principio a desahogarse, y
posteriormente a identificar y asimilar los eventos de su
vivencia, que pueden estar implicados en el desarrollo y
mantenimiento
de su estado, para
mediante el entendimiento, la comprensión, la simulación, el aprendizaje y
el cambio de determinados aspectos de la vida, prevenir futuros
episodios.
Las personas desarrollan defensas para afrontar y superar las
depresiones leves que se originan por las frustraciones
cotidianas.
Debemos saber que la depresión va más allá
de la voluntad; por ello cuando se trate de familiares no se
deben poner metas difíciles de alcanzar, tampoco reclamar
su conducta, sino asimilar que es el proceso de una enfermedad
que rompe con los hábitos. Hay gente que se abraza a la
depresión y la hace una forma de vivir; es entonces cuando
la familia se
separa y quien no conoce la naturaleza de
esta patología dice y hace cosas que lastiman al
enfermo.
No se debe acusar a la persona deprimida de aparentar enfermedades o flojera ni
esperar que salga inmediatamente de la depresión. Con el
tratamiento adecuado presentará mejoría en un plazo
de dos a tres semanas, ya que el tiempo de
recuperación en psiquiatría es muy lento.
Hay que tener en cuenta que la ansiedad hace a las personas
trabajar cuando es funcional; cuando es disfuncional las paraliza
y sólo cuando altera sus vidas acuden al médico;
aunque con la depresión también se vuelven
más sensibles, más receptivos; crecen y entienden
más la vida.
Para el tratamiento de las depresiones más comunes, las
reactivas, se han formulado tres teorías
en la psicoterapia conductual.
Baja proporción de reforzamiento. La depresión se
debe a una baja proporción del reforzamiento positivo
seguido de respuestas específicas, bien porque existen
pocos acontecimientos reforzadores en el ambiente del
paciente y porque éste no suele tener respuestas
gratificantes (posiblemente por falta de habilidades sociales).
Los síntomas cognitivos y verbales de la depresión
son consecuencia de la ausencia de respuestas que crea esta
pérdida de reforzamiento. Es decir, el individuo deja de
hacer más esfuerzos para obtener los resultados deseados
porque los anteriores fracasaron. La terapia se dirige a
identificar fuentes
potenciales de reforzamiento en el ambiente del paciente y a
desarrollar métodos para aumentar su disponibilidad
(entrenamiento en
habilidades sociales).
Pérdida de control:
indefensión aprendida. Una persona se deprime cuando cree
que su conducta tiene poca o ninguna influencia sobre el
resultado de los acontecimientos, es decir, no tiene
ningún control. La terapéutica incluye:
Cambiar la posibilidad de acontecimientos provocadores de
depresión con cambios ambientales.
Reevaluar las metas y las normas del
paciente para que se vuelva más realista y reducir la
posibilidad de que insista en el fracaso (pueden utilizarse
varios tipos de terapias cognitivas para ello).
Desarrollar expectativas de control, por ejemplo, resaltando la
variedad de habilidades sociales y comunicativas relevantes del
paciente, aumentando el repertorio de actividades generales de
modo que existan más oportunidades de resultados positivos
y proporcionar estrategias de
autocontrol eficaces.
Modificar atributos poco realistas de los fracasos, resaltando
las circunstancias que impiden el resultado deseado.
Modificar atributos poco realistas de éxito, resaltando
las cualidades personales relevantes (fomento de la autoestima).
Distorsiones cognitivas. El estado
depresivo surge de distorsiones cognitivas basadas en un conjunto
de pensamientos negativos respecto a la visión del
individuo de sí mismo, del mundo y del futuro. La terapia
se dirige a la variedad creciente de actividades del paciente,
identificando los pensamientos automáticos que siguen a la
percepción de una dificultad, generando
pensamientos alternativos (no depresivos) de índole
más realista y adaptable, poniendo a prueba la
credibilidad de estas alternativas y modificando los supuestos
inadaptados que parecen caracterizar los pensamientos
automáticos que conducen a las respuestas depresivas.
La depresión ha sido subdividida en varias
categorías. A continuación se explican algunas de
las principales.
Trastornos Depresivos
Primarios
Básicamente los Trastornos Depresivos Primarios se dividen
en 2 grandes grupos:
Trastorno depresivo mayor. Este se caracteriza por la presencia de uno o más Episodios Depresivos Mayores. El Episodio Depresivo Mayor abarca 5 o más de los siguientes síntomas:
Estos síntomas persisten por lo menos dos semanas
y producen un malestar muy significativo que altera la vida
familiar, social, laboral y de otras áreas importantes de
la actividad de la persona. Cuando estos episodios depresivos
mayores se repiten (Depresión Mayor Recurrente) suele
haber por lo menos un intervalo libre de síntomas, de
alrededor de dos meses, entre uno y otro.
En la forma melancólica de la depresión mayor se
incluyen los siguientes síntomas
típicos:
El tratamiento del Episodio Depresivo Mayor es
fundamentalmente farmacológico acompañado por una
psicoterapia de apoyo al paciente y de orientación y
psicoeducación a los familiares del mismo respecto a lo
que pueden y/o deben realizar para ayudar a la persona que
está sufriendo. Suele ser muy difícil para una
persona que nunca ha experimentado un episodio depresivo poder
entender que se trata. El apoyo afectivo por parte de la familia
es de fundamental importancia. En los casos severos,
especialmente cuando existe ideación suicida, se
podría indicar una internación hospitalaria. Cuando
el paciente comienza a recuperarse puede comenzar a trabajarse
mediante psicoterapia, ya que durante la fase de duración
del Episodio Depresivo Mayor la persona es prácticamente
inaccesible a las palabras, es decir, que hablándoles no
es posible ayudarlos completamente, ya que el dolor que padecen
es demasiado intenso. Incluso algunos pacientes se niegan a
hablar o escuchar durante esta fase de esta forma de
depresión, sólo quieren "dormir todo el día"
o estar a "oscuras y en silencio en su habitación". Cuando
un paciente experimenta por primera vez en su vida un Episodio
Depresivo Mayor tiene un 50% de probabilidades de padecer otro,
si ha experimentado un segundo Episodio Depresivo Mayor tiene un
80% de probabilidades de padecer un tercero. En situaciones como
éstas se habla de Depresión Mayor Recurrente. El
tratamiento farmacológico y psicoterapéutico cobran
una vital importancia. El mismo tiene como fin: evitar que
éstos episodios nunca más se repitan y en el caso
de producirse un nuevo Episodio Depresivo Mayor, que éste
tenga una duración más corta y una intensidad
menor.
El trastorno depresivo mayor, tanto en adolescentes
como en adultos, es dos veces más frecuente en mujeres que
en varones. En la edad prepuberal los niños y
las niñas están afectados en la misma
proporción. Tanto en varones como en mujeres las tasas son
más altas en el grupo de
edades comprendidas entre los 25 y los 44 años, mientras
que tanto en hombres como en mujeres las tasas más bajas
se dan en las personas de más de 65 años.
Los estudios del trastorno depresivo mayor han indicado un amplio
intervalo de valores para
la proporción de la población adulta que padece el
trastorno.
El trastorno depresivo mayor puede empezar a cualquier edad, y la
edad promedio de inicio es alrededor de los 35 años. Los
datos epidemiológicos sugieren que la edad de inicio
está disminuyendo entre las personas nacidas más
recientemente. El curso del trastorno depresivo mayor,
recurrente, es variable. Algunas personas tienen episodios
aislados separados por muchos años sin síntomas
depresivos, en tanto que otras tienen episodios agrupados, e
incluso otras tienen episodios cada vez más frecuentes a
medida que se hacen mayores. Algunos datos sugieren que, en
general, los períodos entre cada episodio duran más
en las fases tempranas del curso del trastorno. El número
de episodios previos es predictor de las probabilidades de
presentar un episodio depresivo mayor posterior.
Los episodios depresivos mayores pueden desaparecer completamente
(aproximadamente en dos terceras partes de los casos) y no
hacerlo o hacerlo sólo parcialmente (en aproximadamente un
tercio de los casos). Los sujetos que presentan sólo una
remisión parcial tienen más probabilidades de
presentar otros episodios y de continuar con el patrón de
recuperación parcial ínter episódica. Por
tanto, las especificaciones de curso, con recuperación
ínter episódica total sin recuperación
ínter episódica total, pueden tener valor
pronóstico. Algunos sujetos presentan un trastorno
distímico previo al inicio del trastorno depresivo mayor,
episodio único.
Los estudios de seguimiento del curso natural sugieren que
después de 1 año del diagnóstico de un episodio depresivo mayor
del 40% de los sujetos presenta aún síntomas que
son de la suficiente gravedad como para cumplir los criterios
para un episodio depresivo mayor, más o menos el 20% sigue
teniendo algunos síntomas que ya no cumplen los criterios
completos para un episodio depresivo mayor y un 40% no presenta
trastorno del estado de ánimo. La gravedad del episodio
depresivo mayor inicial parece ser predictora de la persistencia
del trastorno. También las enfermedades médicas son
un factor de riesgo
para episodios más persistentes.
A menudo, los episodios de trastorno depresivo mayor se producen
después de un estrés psicosocial grave, como la
muerte de un ser querido o el divorcio.
Algunos estudios sugieren que los acontecimientos psicosociales
(estresores) desempeñan un papel importante en la
precipitación del primer o el segundo episodios
posteriores. Las enfermedades médicas crónicas y la
dependencia de sustancias (especialmente la dependencia de
alcohol o
cocaína) pueden contribuir al inicio o la
exacerbación del trastorno depresivo mayor.
El trastorno depresivo mayor es 1,5-3 veces más frecuente
en los familiares biológicos de primer grado de las
personas con este trastorno que en la población general.
Hay pruebas de un
mayor riesgo de dependencia del alcohol en familiares
biológicos de primer grado adultos y puede haber un
aumento de la incidencia de trastorno por déficit de
atención con
hiperactividad en los hijos de adultos con este trastorno.
Distimia. La distimia presenta síntomas similares a la
depresión mayor, pero se diferencian entre sí
respecto a:
El tratamiento de la Distimia (o Neurosis
Depresiva) es fundamentalmente psicoterapéutico. Aunque
cuando el Trastorno Distímico dificulta la vida de
relación del individuo (con los familiares y amigos) o el
rendimiento laboral o académico, los fármacos
antidepresivos pueden llegar a ser de gran ayuda para que el
individuo recupere a corto plazo un nivel de bienestar que no lo
discapacite para desempeñarse en su vida afectiva, social
y laboral.
En los niños el trastorno distímico parece
presentarse por igual en ambos sexos y provoca frecuentemente un
deterioro del rendimiento escolar y de la interacción
social. En general, los niños y adolescentes con un
trastorno distímico están irritables e inestables,
además de tristes. Tienen una baja autoestima y escasas
habilidades sociales, y son pesimistas. En los adultos las
mujeres son dos o tres veces más propensas que los varones
a presentar un trastorno distímico.
Frecuentemente, el trastorno distímico tiene un inicio
temprano e insidioso (por Ej., en la niñez, adolescencia o
al principio de la edad adulta), así como un curso
crónico. Habitualmente, en el marco clínico, los
sujetos con trastorno distímico presentan un trastorno
depresivo mayor superpuesto, que suele ser la razón por la
que buscan tratamiento. Si el trastorno distímico precede
al inicio del trastorno depresivo mayor, es menos probable que se
produzca una recuperación completa espontánea entre
los episodios depresivos mayores y hay más probabilidades
de presentar más episodios posteriores.
El trastorno distímico es más frecuente entre los
familiares biológicos de primer grado de las personas con
trastorno depresivo mayor que entre la población
general.
Trastornos Depresivos
Secundarios
Los trastornos depresivos secundarios comprenden:
Los síntomas son similares a los de los
Trastornos primarios del estado de ánimo (Depresión
mayor, Distimia y Trastornos bipolares).
Depresión debida a sustancias. Las causas más
comunes son:
Depresión debida a enfermedad o condición médica. Las causas más comunes son:
Depresión secundaria a otro trastorno mental.
Duelo. Ocurre como una reacción normal ante la muerte de un ser querido. Se piensa que este duelo intenso tiene una función psicológica positiva al ayudar a las personas a adaptarse. Sin embargo, un periodo de duelo prolongado en exceso acompañado de preocupación por sentimientos de inutilidad, deterioro marcado del funcionamiento y retardo psicomotor grave, pueden indicar un trastorno afectivo importante. Las culturas varían en duración normal del duelo, pero la depresión grave, incapacitante, rara vez continua después de los primeros tres meses.
Depresión en la
Infancia y en
la Adolescencia
La historia de la
depresión infantil ha atravesado diferentes etapas. De ser
intensamente cuestionada o negada, a ser considerada una de las
más frecuentes causas de consulta
psicopediátrica.
La depresión infantil posee algunas características
similares a la depresión en el adulto, aunque con
síntomas acompañantes peculiares.
Cualquier trastorno emocional que se manifieste a través
de síntomas en la conducta o en los aprendizajes, puede
ser debido a una depresión. Cualquier cambio de conducta,
a peor, en un niño, puede ser un índice de
depresión.
La depresión infantil, al igual que la de los adultos,
responde bien a la combinación de dos tipos de
tratamiento:
En toda depresión hay factores bioquímicos. También en toda depresión hay factores psicológicos, y de ahí que la combinación de terapéuticas que aborden ambos factores sean lo más eficaz.
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