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Estado de Bienestar

Enviado por jmms74



  1. Auge y caida del fordismo
  2. El estado de bienestar frente a un nuevo panorama
  3. Modernidad relexiva
  4. Notas
  5. Bibliografia

Los antecedentes del Estado de Bienestar vienen desde muy lejos, pero se han desarrollado extraordinariamente después de la Segunda Guerra Mundial en Europa Occidental. Es durante el período comprendido desde la segunda posguerra hasta principios de la década del setenta (que el historiador Eric Hobsbawn denomina a esta etapa como "Edad de Oro") cuando se consolidan los Estados de Bienestar.

Durante la Edad de Oro se desarrolló en Occidente un intento de subordinar el trabajo, de desarrollar un nuevo capitalismo, que dependía mucho del uso y expansión del crédito para evitar o controlar el proceso de crisis que se había manifestado en los años treinta luego de la Gran Depresión.

Con la implementación de las políticas económicas llamadas "keynesianas", asistimos a una cierta explosión del gasto público durante este período, particularmente del gasto social: educación, salud, vivienda, jubilaciones, pensiones y prestaciones de desempleo.

Es conveniente subrayar que el estado de Bienestar se trata de un proceso en el cual se han abandonado en la práctica algunos elementos de la teoría liberal del Estado. En efecto, el estado ha dejado de ser "no intervencionista" y se ha considerado que era responsabilidad suya conseguir una situación de pleno empleo, un sistema de seguridad social que cubriera la totalidad de la población y la generalización de un alto nivel de consumo y la garantía de un nivel de vida mínimo incluso para los más desfavorecidos.

Este tipo de Estado asumía la obligación de suministrar asistencia y apoyo a aquellos que sufrieran necesidades y reconocía formalmente el papel de los sindicatos en la negociación colectiva y en la formación de los planes públicos.

El estado de Bienestar es un grupo de manifestaciones, en primer lugar, del deseo de la sociedad de sobrevivir como una totalidad orgánica y, en segundo lugar, del deseo expreso de todas las personas en el sentido de contribuir a la supervivencia de algunas personas. (1)

Ahora bien, ¿Cuáles eran las contradicciones socioculturales del capitalismo?

Durante la década del 60 las economías de los países occidentales vivían la mayor era de prosperidad y crecimiento en la historia del mundo civilizado. Eran años de gran crecimiento económico. Y es precisamente en ese contexto de expansión capitalista donde se va a gestar una contracultura, un nuevo estilo cultural, que cuestiona básicamente las pautas tradicionales de la vida occidental y los principales valores de la burguesía.

La contracultura es un rechazo a la cultura oficial caracterizada por el orden, la eficiencia, el progreso y el trabajo, entendidos como ejes primordiales que permiten el desarrollo capitalista.

Esta contracultura, opuesta a la oficialmente dada, comprende originales y novedosos valores en las relaciones humanas, en los hábitos y en las costumbres.

¿Quiénes son los que transmiten esta contracultura? ¿Son un grupo numeroso o son unos pocos? ¿Qué pretenden cambiar? ¿Plantean cambios revolucionarios en el ámbito social, político y económico? Son los jóvenes los principales transmisores de esta contracultura y son ellos los que aparecen como sujetos problemáticos en las sociedades plenamente industrializadas. Pero no son todos los jóvenes sino una minoría que se concentra en los centros educativos, principalmente en las universidades.

Eran jóvenes urbanos, de clase media y con estudios medios o superiores que se habían socializado en medio de un creciente bienestar y que planteaban la posibilidad de instaurar nuevos estilos de vida y diferentes pautas de conducta. La confrontación fue básicamente cultural y el cambio estaba orientado a cambiar la forma de vida. La vida y la práctica cotidiana pasaron a ser el lugar principal en donde se van a realizar las transformaciones revolucionarias.

Emerge una cantidad de valores que se presentan como crítica y rechazo a los ya establecidos e institucionalizados en la cultura oficial en lugares como la escuela, la familia y las universidades, entre otros. Valores personales como la autonomía, la creatividad, la crítica al poder, la contestación, la no-violencia, eran tomados por los jóvenes.

El joven pasa a ser crítico, radical, creativo, innovador de patrones culturales, utópico e independiente de la familia. Postulan cambios en la música, en la manera de vestirse, el concepto de familia comienza a desintegrarse y descubren la droga como una clara expresión contestataria contra las leyes y también como un gesto de rebeldía a lo establecido.

¿Qué alcance tuvo esta contracultura? Si bien no se llegó a una toma concreta del poder político, esta contracultura imprimió una extraordinaria transformación social en los años posteriores a la segunda guerra mundial. Se produjo sí una revolución cultural pero no política porque no figuraba en las mentes de los jóvenes tomar el poder.

Pero pronto el capitalismo vio con claridad como este sector social ocupaba un lugar privilegiado en las economías desarrolladas de mercado y es a partir de allí, cuando comienzan a fabricarse en gran cantidad una serie de productos: blue jeans, discos de rock and roll y películas. Finalmente, con la participación de los medios de comunicación la contracultura quedó envuelta en la estrategia del capitalismo, y a partir de allí, cayó en la vulgarización comercial.

La familia y la escuela son dos instituciones sociales que también fueron afectadas. La concepción de familia entra en crisis y abundan cada vez más las situaciones de familia "monoparental". Y esto repercute, en cierta medida, en los niños que sufren la ausencia de la pareja completa. Por otro lado, el salto cultural entre las generaciones dificulta la interacción de los diferentes actores sociales.

Ahora bien, ¿Frente a qué gran problema se enfrentaba el Estado de Bienestar? ¿Cuál era la verdadera situación de los trabajadores en las modernas sociedades industriales? La situación central que debió resolver fue, sin duda alguna, la explotación del trabajador en las empresas. Sin la protección sindical y sin la protección del estado, se explotaba a los trabajadores y por esa razón eran los pobres del sistema capitalista y también los excluidos de la sociedad.

En el aspecto laboral, los sindicatos y las leyes sociales le han otorgado a los trabajadores capacidad de negociación, lo cual ha permitido que pudieran disfrutar como consumidores de los altos niveles de consumo generalizado. No obstante, el cambio de la situación de la clase obrera no ha sido solamente de la solidaridad social, sino también el deseo de las clases económicamente hegemónicas de tener paz social.

El Estado adoptaba políticas que dirigían la actividad económica conforme al sistema capitalista de mercado al tiempo que compensaba las desigualdades sociales que ese mercado generaba.

El "pacto de paz fordista" se cifró en trabajo repetitivo y de escasa calificación por un lado, y de consumo de masas, por otro.

AUGE Y CAIDA DEL FORDISMO

¿En qué consistía el fordismo? ¿Cuáles eran las características principales en el proceso de producción? ¿Cómo era el trabajo? ¿Por qué fue implementado? Según David Harvey, hay dos amplias áreas de dificultad dentro de un sistema económico capitalista que deben negociarse con éxito si se quiere asegurar la viabilidad del sistema. La primera surge de las cualidades anárquicas de los mercados que fijan los precios, y la segunda, de la necesidad de controlar el despliegue de la fuerza de trabajo a fin de garantizar la plusvalía en la producción y, por lo tanto, las ganancias positivas para tantos capitalistas sean posibles.

Sin duda alguna, el acostumbramiento de los trabajadores asalariados al capitalismo fue un largo proceso histórico que debe renovarse con la incorporación de cada nueva generación de trabajadores a la fuerza de trabajo. La disciplina impuesta a la fuerza de trabajo en función de la acumulación capitalista es un asunto muy intrincado.

La socialización del trabajador a las condiciones de la producción capitalista supone el control social de fuerzas físicas y mentales sobre bases muy amplias. La educación, el entrenamiento, la persuasión, la movilización de ciertos sentimientos sociales (la ética del trabajo, la lealtad a la compañía, el orgullo nacional o local) y tendencias psicológicas (la búsqueda de identidad a través del trabajo, la iniciativa individual o solidaridad social), todo esto desempeña un papel y está íntimamente mezclado con la formación de las ideologías dominantes cultivadas por los medios masivos, las instituciones religiosas y educativas, las diversas ramas del aparato estatal, y afirmado por la simple articulación de su experiencia, por parte de aquellos que hacen el trabajo. (2)

El fordismo fue –hasta mediados de la década del setenta- el modelo de producción hegemónico de los principales centros capitalistas. La producción se hacía en las grandes fábricas organizadas alrededor de la línea de montaje de acuerdo con los principios adoptados por Henry Ford en la producción del Modelo T. El trabajo era repetitivo y no necesitaba mucha calificación pero los salarios eran relativamente altos. Ford no hizo más que racionalizar las viejas tecnologías y una división preexistente del trabajo especializado, si bien al hacer que el trabajo fluyera hacia un trabajador estacionario, logró grandes aumentos de productividad. La lógica de este sistema estaba basada en los altos salarios que permitían vivir la vida de consumo de masas y que al mismo tiempo generaba demanda de los productos. "La piedra angular de toda estructura eran los sindicatos y la práctica de la negociación colectiva". (3)

Lo novedoso de Ford fue su concepción, su reconocimiento explícito de que la producción en masa significaba un consumo masivo, un nuevo sistema de reproducción de la fuerza de trabajo, una nueva política de control y dirección del trabajo, una nueva estética y una nueva psicología; en una palabra "un nuevo tipo de sociedad racionalizada, modernista, populista y democrática" (4). Es en este sentido que Antonio Gramsci, en sus cuadernos de la Cárcel, sostiene que "el esfuerzo colectivo más grande que se ha realizado hasta la fecha para crear, con una velocidad sin precedentes y con una conciencia del objetivo que no tiene parangón en la historia, un nuevo tipo de trabajador y un nuevo tipo de hombre". Evidentemente, el fordismo dependía de que el Estado nacional asumiera un rol muy especial dentro del sistema global de regulación social.

Frente a esta perspectiva podemos resumir que en el "Estado de Bienestar" encontramos dos componentes constitutivos. Por una parte, el marco político consistente en el consenso para que los representantes de los trabajadores negocien con los empresarios y bajo la supervisión de las burocracias estatales los marcos referenciales del crecimiento económico.

Y por otra parte, un componente netamente económico consistente en la creación de las estructuras sociales por las cuales se canalizaba una importante masa de recursos económicos que, funcionando como salarios indirectos, aumentaban en forma real el nivel de vida de los sectores asalariados.

En este sentido, Claus Offe plantea una visión completa del asunto al afirmar que "…el Estado de Bienestar ha sido el resultado combinado de diversos factores (…) El reformismo socialdemócrata, el socialismo cristiano, elites políticas y económicas conservadoras ilustradas, y grandes sindicatos industriales fueron las fuerzas más importantes que abogaron en su favor y otorgaron esquemas más y más amplios de seguro obligatorio, leyes sobre protección del trabajo, salario mínimo, expansión de servicios sanitarios y educativos y alojamientos estatalmente subvencionados, así como el reconocimiento de los sindicatos como representantes económicos y políticos legítimos del trabajo…".

El éxito del Estado de Bienestar residió en que unió a los sindicatos, la agricultura y a los elementos del mercado en un "compromiso histórico". Es decir, en una alianza socioeconómica en donde cada uno de los integrantes se comprometía a cumplir con el pacto. Si bien esta coalición fue decisiva, esta varió según el tipo de régimen que se dio en cada estado de Bienestar.

AL respecto, Gosta Esping Anderson sostiene que "hay tres mundos" del Estado de Bienestar: corporativista, liberal y socialdemócrata. En el primero la seguridad social jerarquizada según las diferencias de status reforzaba la lealtad de las clases medias a un tipo peculiar de EB. En el segundo, en cambio, las clases medias llegaron a estar institucionalizadas unidas al mercado. Y en el tercero la socialdemocracia estuvo ligada al establecimiento de un EB de clases medias que beneficia tanto a la clase obrera como a los nuevos estratos de empleados.

Pero a fines de la década del `60 los altos salarios no compensaban ya el trabajo intenso y monótono. Los obreros comenzaron a cuestionar los poderes de la patronal y pronto la pérdida de autoridad dentro de las fábricas se tradujo en dificultades para la producción. Era evidente que el `tratado de paz fordista´, que había posibilitado un gran crecimiento económico durante 1950-1960, entraba en crisis.

"Estaba roto el equilibrio fordista, que hasta entonces había conseguido contener las frustraciones y mantener una estructura de control adecuada durante tanto tiempo que había terminado por conformar la imagen del capitalismo para toda la generación.

La crisis capitalista nunca es otra cosa que esto: la ruptura de un patrón de dominación de clase relativamente estable. Aparece como una crisis económica, que se expresa en una caída en la tasa de ganancia, pero su núcleo es el fracaso de un patrón de dominación establecido. Desde el punto de vista del capital la crisis sólo puede ser resuelta mediante el establecimiento de nuevos patrones de dominación." (5)

En otras palabras, lo que Holloway sostiene es que la recuperación de la crisis significa para el capital la reafirmación de su autoridad, su derecho a administrar y a mandar.

Ahora bien, ¿Qué sucedió en la década del ` 70 en el mundo? ¿Por qué se considera a esta fecha como punto de quiebre del momento de expansión de las economías occidentales capitalistas? ¿Cuáles son las características de esta nueva crisis del sistema capitalista? La expansión de la economía en 1970 entró en decadencia por un proceso inflacionario en expansión, un déficit público norteamericano ingente y que exportaba, vía el aumento de masa monetaria mundial, su carga inflacionaria al resto de la comunidad internacional. A ello se sumó el hundimiento del sistema financiero de Bretton Woods (1971) y la suba en el precio del petróleo en 1973. El crecimiento del P.B.I. mundial evidenció un menor crecimiento en comparación con las décadas precedentes y el fordismo ya presentaba signos de agotamiento como modo de trabajo. Por otro lado, surgió un nuevo centro de poder económico en el mundo. En los años setenta, los países del sudeste y este asiáticos se convirtieron en la región económica más dinámica de la economía.

Esta nueva crisis también afectó al consumo. Al mismo tiempo erosionó a los altos salarios, el pleno empleo, la expansión del Estado de Bienestar, es decir, la idea de que el capitalismo pudiera asegurar un desarrollo justo para todos. Los 70 liquidan todo esto.

"La historia de los veinte años que siguieron a 1973 es la historia de un mundo que perdió su rumbo y se deslizó hacia la inestabilidad y la crisis." (6)

Si bien es cierto que la economía mundial no quebró, ni siquiera momentáneamente, aunque la edad de oro finalizase en 1973-1975, el hecho central de las décadas de crisis es que las operaciones del capitalismo estaban fuera de control. Había una gran cantidad de nuevos problemas económicos y nadie sabía cómo enfrentarlos.

Frente a este panorama era necesario que el capitalismo realice una reestructuración. En las economías capitalistas, tanto los gobiernos como las empresas implementaron una nueva forma de capitalismo caracterizado por la globalización de las actividades económicas centrales, la flexibilidad organizativa y un mayor poder de las empresas en relación con los trabajadores. En efecto, nace un capitalismo mucho más flexible y dinámico. (7)

Junto a la crisis del capitalismo se da también la crisis de un modelo de producción que hasta ese entonces funcionaba eficientemente (fordismo). Se había quebrado la relación de dominación, es decir, se habían roto los patrones establecidos de control sobre el trabajo. (8) Es a partir de allí, cuando incidieron los nuevos métodos de trabajo japoneses: toyotismo.

¿En qué consistía el toyotismo? ¿Qué influencia tuvo en el mundo occidental? ¿Por qué fue implementado y qué era lo que pretendía resolver? El toyotismo consistió en un intento de reorganizar el proceso de trabajo, de reemplazar la vieja idea de producción masiva por una producción orientada a necesidades específicas, y de introducir nuevas formas de gerencia y management en las fábricas. El toyotismo y el sistema "justo a tiempo" tuvieron una influencia muy importante, no sólo en Japón sino también en las principales potencias de Occidente. Este nuevo modo de producción implicó un cambio drástico en la posición de los sindicatos frente al capital. El sindicalismo fue históricamente destruido y en su lugar se consolidó un sindicato de empresa mucho más cooperativo que conflictivo. "No estábamos en la época de Henry Ford sino de Benetton." (9)

Las transformaciones que se dirigen en el sentido de una mayor flexibilidad, tanto en el trabajo como fuera del trabajo, tienen un carácter irreversible. Es en este sentido que Robert Castels va a afirmar que la segmentación de los empleos, así como el irresistible crecimiento de los servicios, entraña una individualización de los comportamientos laborales totalmente distinta de las regulaciones colectivas de la organización "fordista".

El sistema productivo pronto quedó transformado por la revolución tecnológica y se globalizó con unas consecuencias inimaginables, pero la tragedia histórica de la década de crisis consistió en que la producción prescindía de los seres humanos a una velocidad superior a aquélla que la economía de mercado creaba nuevos puestos de trabajo para ellos. (10)

Ante las dificultades del Estado de Bienestar aparecen teorías de derecha e izquierda que pretendían terminar con la crisis que afectaba a la mayoría de las naciones. ¿Cuáles eran las principales bases teóricas que esgrimían ambas fuerzas políticas para poner fin al período de crisis?

El ataque más sostenido provino de la derecha y de la mano de un nuevo diagnóstico económico, que intentaba dar un marco teórico que permita enfrentar con medidas conducentes la recesión económica de mediados de los setenta.

El debate central giraba en torno a la continuidad del Estado de Bienestar como modelo de sociedad para los principales países de occidente. Y el principal adversario fue -sin duda alguna- el neoliberalismo.

Las políticas neoliberales propugnaban una vuelta al mercado de muchos sectores que estaban administrados por el estado. El neoliberalismo recuperaba la concepción del Estado propia del liberalismo clásico. Además, acusaban al Estado de producir "efectos perversos" con sus intervenciones, lo acusaba de ser ineficiente, lento con respecto a la adaptación y caro. En síntesis, los neoliberalismos propugnaban la reducción del Estado de Bienestar como una manera de estimular la economía y en la práctica realizaban reducciones de impuestos y de programas sociales.

En tanto, el gran dilema de la Izquierda era que el único modo de mejorar las condiciones materiales de los trabajadores y los pobres bajo el capitalismo era mediante una inversión estatal masiva y el estado no parecía ser un mecanismo fiable de intervención. El paciente estaba enfermo, había drogas disponibles, pero el médico era impotente. (11)

Por otra parte, el trabajo de Merkel permite matizar esta tendencia general. Parte de un diagnóstico análogo al de Hobsbawn en el sentido de considerar que la crisis económica, fundamentalmente a partir de 1973, no es un "quiebre" al estilo de la Depresión de 1930, sí es una ralentización, sí es una crisis económica pero no necesariamente conduce a una reducción drástica de los márgenes de acción político estatales.

Los indicadores macroeconómicos de los cuatro países de la "socialdemocracia establecida" (Noruega, Suecia, Finlandia y Austria) no permiten hablar de una decadencia de la política a partir de 1973-1974. Por el contrario:

"… la evolución del empleo, los precios y el PBI entre 1974 1989 desmiente la tesis de decadencia general. Es cierto que las cifras han empeorado ligeramente en relación a la época dorada. Pero, comparando los resultados de estos países con los del resto de los estados Europeos de la OCDE, el balance de su política de empleo ha mejorado ostensiblemente. En materia de precios, también se registra un avance de posiciones, aunque sea modesto. Y, en lo que se refiere a la evolución del crecimiento, el modelo de la "época dorada" se ha mantenido: los índicesposteriores a 1974 siguen siendo algo inferiores a los del conjunto de Europa occidental." (12)

EL ESTADO DE BIENESTAR FRENTE A UN NUEVO PANORAMA

La expansión del Estado de Bienestar ha sido indudablemente uno de los rasgos más destacados en la evolución del mundo capitalista durante el siglo XX.

Junto a esta expansión surgió una nueva sociedad en donde se llevó a cabo una transformación estructural en las relaciones de producción, en las relaciones de poder y en las relaciones sociales producto de una crisis que hizo que el capitalismo se reestructurara.

Las sociedades occidentales son hoy en día muy diferentes: en las estructuras por edades de la población, en el mercado del trabajo, en las estructuras familiares y en las causas de la pobreza.

Los Estados disminuyen su capacidad frente al mundo económico y la economía es cada vez más globalizada y dinámica.

Frente a este nuevo panorama (signado por los cambios tecnológicos en el área de la informática, la biogenética, las telecomunicaciones, la irrupción con fuerza en el escenario internacional de los países en desarrollo, los problemas medioambientales de carácter global, y los fenómenos migratorios potencialmente masivos) parece indispensable que el Estado de Bienestar debe reformarse con profundidad.

Y es en estos albores cuando aparecen las denominadas políticas de "terceras vías" que intentan plantear una renovación de la socialdemocracia en un mundo en que las viejas ideas de la izquierda han quedado obsoletas, mientras que las de la nueva derecha son inadecuadas. El gran dilema es cómo "humanizar" el mercado de manera que produzca los buenos efectos que se esperan, sin producir los graves inconvenientes que hasta ahora ha provocado.

En la actualidad, el Estado de Bienestar crea hoy tantos problemas como los que resuelve. Básicamente, Anthony Guiddens sostiene que la "tercera vía" se refiere a un marco de pensamiento y política práctica que busca adaptar la socialdemocracia a un mundo que ha cambiado esencialmente a lo largo de las tres últimas décadas. Es una tercera vía en cuanto es un intento por trascender tanto la socialdemocracia a la antigua como el neoliberalismo.

A propósito de Europa, Ulrich Beck explica que los llamados Estados de Bienestar de esta región han entrado en una espiral descendiente y sus postulados son enjuiciados bajo la lupa de la globalización, los costos financieros y económicos y la reducción de los ingresos fiscales. De igual modo la situación del trabajo mediante el saber y el capital genera preocupación, toda vez que no sólo las organizaciones sindicales pierden negociación sino que a los excluidos se los considera de manera oficial como económicamente inactivos o retirados.

Ahora bien, frente a las grandes transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales que se fueron gestando en este último lapso de tiempo es conveniente intentar encontrar una respuesta a dos interrogantes fundamentales. ¿Qué es la globalización y qué implicaciones tiene? ¿En que sentido el individualismo, si lo hay, está haciendo las sociedades modernas más individualizadas?

Como primer punto hay que tener en cuenta que la globalización no es sólo interdependencia económica, sino la transformación del tiempo y del espacio (13). En sociedades cada vez más informatizadas podemos observar claramente como la revolución en las comunicaciones y la extensión de la tecnología están vinculadas al proceso globalizador. Y esto conlleva a un mundo de comunicación electrónica instantánea que reorganiza las instituciones locales y las pautas vitales de la vida cotidiana (14).

En alusión al primer interrogante antes mencionado pienso que es de gran utilidad académica puntualizar tres definiciones que hace Beck al respecto. Para este pensador alemán, la primera definición está centrada en el concepto de globalismo definido como una concepción global según la cual el mercado mundial desaloja o sustituye al quehacer político (la ideología del dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo). La segunda definición tiene que ver con globalización, que viene a señalar los procesos en virtud de los cuales los estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados varios. Y finalmente, el significado del término globalidad, concepto que define la existencia de una sociedad mundial y la ficción de los espacios cerrados.

Tanto Guiddens como Beck ven a la globalización como una compleja serie de procesos, impulsados por una amalgama de factores políticos y económicos que está transformando la vida diaria, especialmente en los países desarrollados, a la vez que crea nuevos sistemas y fuerzas transnacionales. "La globalización está transformando las instituciones de las sociedades en que vivimos" (15).

Por otra parte, en las sociedades postradicionales (16), el nuevo individualismo está asociado a la aniquilación de la tradición y de la costumbre en nuestras vidas, fenómeno altamente relacionado con el impacto de la globalización. Se produce una transformación de las significaciones colectivas y hay un quiebre que impacta en el proceso de individualización. Ahora la cohesión social ya no puede garantizarse mediante la acción social del estado ni mediante el apego de la tradición.

Durante este proceso se establecen cambios significativos como la emergencia de un nuevo tipo societal, la ruptura en las instituciones sociales y la separación creciente entre el objeto y sujeto. Además, la integración social ya no puede entenderse como una correspondencia entre el actor y el sistema, la política y el trabajo dejan de ser determinantes y la identidad va estar centrada en el primado del Yo, es decir, que los individuos se definen a distancia de las estructuras sociales y a veces en contra de los colectivos sociales.

Es en estas sociedades postradicionales donde se produce el deterioro y descomposición de los magmas de sentido colectivo y de determinados grupos (por ejemplo, fe en el progreso, conciencia de clase) pertenecientes a la cultura de la sociedad industrial. De ahora en adelante todos los esfuerzos están centrados en la figura del individuo.

¿En qué consiste este proceso de individualización? ¿Y en qué se diferencia, por ejemplo, al mencionado por autores clásicos como G. Simmel, E. Durkheim y M. Weber? Básicamente este proceso de individualización significa un proceso de revinculación y desvinculación a nuevas formas de vida en una sociedad en la cual los individuos deben ser autores de su propia biografía. Cabe destacar que el término individualización no significa, en este caso, atomización, aislamiento o soledad sino que significa, primero, la desintegración y, segundo, la sustitución de las formas de vida socioindustriales por otras, en las que los individuos construyen sus propias biografías.

El individuo se libera de las normas obligatorias y las estructuras dejan de ser determinantes; en tanto, los entornos culturales ya no son determinantes y el obrar del hombre no está condicionado o sujeto a normas fijas sociales. El individuo se ve confrontado con sus nuevas decisiones individuales y autosignifica su propia vida al mismo tiempo que la familia deja de ser la unidad de reproducción social. "Los individuos no están condenados a ser libres sino a individualizarse " (Sartre).

El concepto de individualización presupone al "individuo como actor, diseñador, malabarista y director de escena de su propia biografía, identidad, redes sociales, compromisos y convicciones. Individualización significa la desintegración de las certezas de la sociedad industrial y de la compulsión de encontrar y buscar nuevas certezas para uno mismo y para quienes carecen de ellas. Pero también significa nuevas interdependencias, incluso interdependencias globales. La individualización y la globalización son, de hecho, dos caras del mismo proceso de modernización reflexiva" (17). En síntesis, el motor del cambio social es la individualización.

En tanto, la diferencia con los autores clásicos de la sociología (Simmel, Durkheim y Weber) se basa en que hoy los hombres no son "liberados" de las permanentes certezas religioso-trascendentales en el seno del mundo de la sociedad industrial, sino fuera, en la turbulencia de la sociedad mundial del riesgo. Los hombres deben entender su vida, desde ahora en adelante, como estando sometida a los más variados tipos de riesgo, los cuales tienen un alcance personal y global (18). El individuo está obligado a vivir de una manera más abierta y reflexiva que las generaciones anteriores.

MODERNIDAD RELEXIVA

Ahora bien, ¿Qué significa vivir de una manera reflexiva? ¿En qué consiste la modernidad reflexiva a la que aluden A. Guiddens y U. Beck? ¿Qué es lo que conduce a esta situación? ¿Qué diferencia se puede establecer con la sociedad industrial?

El concepto de modernidad reflexiva fue lanzado por U.Beck (y al que luego adhirió A. Guiddens y Scott Lash) en 1986 para sostener que se han diluido las certezas de la modernidad y ahora el hombre se enfrenta a nuevos desafíos (19).

La modernización reflexiva refiere: por un lado, a una época de la modernidad que se desvanece y, por otro, al surgimiento anónimo de otro lapso histórico, surgimiento que no se gesta a causa de elecciones políticas, del derrocamiento de gobierno alguno o por medio de una revolución, sino que obedece a los efectos colaterales latentes en el proceso de modernización autónoma según el esquema de la sociedad industrial occidental. El sujeto de esta destrucción creadora no es la crisis, sino el triunfo de la modernización occidental. (20)

La modernización reflexiva básicamente cuestiona la rigidez y la insuperabilidad de los supuestos de la sociedad industrial. No tiende a la autodestrucción, sino a la autotrasformación de la modernización industrial. La modernidad reflexiva alude no tanto a la reflexión (como el adjetivo "reflexivo" parece sugerir) sino a la autoconfrontación: el tránsito de la época industrial a la del riesgo se realiza anónima e imperceptiblemente en el curso de la modernización autónoma conforme al modelo de efectos colaterales latentes.

Lo importante a tener en cuenta como eje central de la modernización reflexiva es que el avance de la individualización ha liberado a los individuos de las estructuras colectivas y abstractas tales como la clase, la nación, la familia nuclear y la creencia incondicional en la validez de la ciencia.

De este modo, la modernidad reflexiva se alcanza sólo en la crisis de la familia nuclear y la autoorganización concomitante de las narraciones vitales; con la pérdida de influencia de las estructuras de clase sobre los agentes: en la conducta electoral, en las pautas de consumo, en la afiliación sindical; con el desplazamiento de la producción regulada por la flexibilidad laboral; con la nueva desconfianza ecológica y la práctica de la ciencia institucionalizada (21).

Antes de seguir avanzando con el desarrollo del trabajo creo que es conveniente esbozar una sutil diferencia entre la visión de U. Beck y A. Guidens, por un lado, y la plasmada por S. Lash, por el otro. Los dos primeros presuponen que la reflexividad tiene una naturaleza cognitiva (de supuestos racionalistas, la reflexividad en este caso está mediada por el conocimiento). En cambio, el enfoque de Lash pone énfasis no en la dimensión cognitiva sino en la dimensión estética de la reflexividad y entiende como estético no sólo al "gran arte", sino más bien a la cultura popular y la estética de la vida cotidiana.

Por otra parte, el concepto de riesgo es central para estos teóricos de la modernización reflexiva. La sociedad de riesgo –van a sostener- es sin duda un producto del capitalismo. Los procesos de modernización generan sus propios riesgos, es decir, que la modernización se vive como un proceso de radicalización en donde se rompen las certezas de la modernidad. La modernización genera riesgos que no puede controlar; riesgos sociales, ecológicos, técnicos.

Los peligros empiezan a dominar en el ambiente social. Las amenazas que produce este tipo de sociedad exceden la idea que tienen los hombres de seguridad y, en cierta medida, el hombre es inyectado a la sociedad industrial encontrándose con un sin número de riesgos. La sociedad se torna como un problema para sí misma y se ve enfrentada a problemas que no puede controlar, los riesgos se pueden expresar en términos de probabilidad pero no pueden eliminarse. Estos son de carácter incontrolable y de efectos innumerables. Y como las estructuras no pueden controlar el riesgo, entonces aparece la noción de incertidumbre.

El tránsito de la época industrial a la del riego se realiza anónima e imperceptiblemente en el curso de la modernidad autónoma conforme al modelo de efectos colaterales latentes. Las constelaciones de la sociedad de riesgo se producen a causa del dominio de los supuestos de la sociedad industrial sobre el pensamiento y la acción de los hombres e instituciones. Estos procesos de modernización -señala Beck- generan de manera latente peligros, que cuestionan, denuncian y transforman los fundamentos de la sociedad industrial.

El principal adversario de la industria atómica (la industria química y demás) no es el grupo de manifestantes concentrados frente a las centrales nucleares, o la opinión pública crítica (...), el adversario más convencido y pertinaz de la industria atómica es la industria atómica. La protesta puede decaer pero el escándalo del peligro perdura (22).

Es en este sentido, y a través de un agudo análisis, que Guiddens sostiene que la modernidad se ha hecho experimental. Todos los hombres, de alguna manera, están atrapados en un grandioso experimento pero no en un experimento en el sentido del laboratorio, porque no se gobiernan los resultados dentro de parámetros o patrones fijos; sino más bien puede ser visto como una aventura peligrosa. "Todos estamos atrapados en experimentos cotidianos cuyos resultados, en un sentido genérico, están tan abiertos como los que afectan a la humanidad en su conjunto" (Guiddens).

Ahora bien, ¿cómo es posible pensar en el bienestar social en una sociedad en donde la clase política incurre en la implantación de peligros en el mundo y en la minimización de su importancia, peligros que incluso amenazan la existencia misma de la humanidad? ¿Cómo debe pensarse la política en esta modernidad tardía o segunda modernidad?

Una de las características más notables de esta época es que, sin duda alguna, la política se ha devaluado. Los cambios producidos por la globalización han amenazado a los partidos ortodoxos, mientras que diferentes movimientos sociales pusieron de relieve las cuestiones que caían fuera de la política tradicional, la ecología, los derechos de los animales, la sexualidad, los derechos de los consumidores y muchas otras. Es en este sentido que U. Beck habla de una "subpolítica". Los nuevos movimientos, grupos y ONGs comienzan a ser verdaderos protagonistas en la escena mundial (23).

La meta general a la que apunta A. Guiddens cuando menciona a la tercera vía es que esta debería ayudar a los ciudadanos a guiarse en las grandes revoluciones de nuestro tiempo: la globalización, las transformaciones de la vida personal y la relación del hombre con la naturaleza. "La política de la tercera vía debería adoptar una posición positiva hacia la globalización" (Guiddens). Y para ello el tema de la modernidad reflexiva es condición fundamental para la nueva política que busca establecer una nueva relación entre individuo y comunidad, una redefinición de derechos y obligaciones.

Al respecto, U. Beck va a plantear algo similar a lo del sociólogo inglés al sostener que sólo si se logra mediante el monopolio político basado en el par de izquierda-derecha, que fue ideado originariamente con la revolución francesa y que consolida su poder con la modernización industrial, se pueden conceptualizar las tensiones de la modernidad reflexiva. Sólo entonces tales tensiones pueden adoptar forma de organización política. Y agrega que es fundamental crear una política creativa que justamente no cultive y renueve las viejas hostilidades, sino que proponga y forja nuevos contenidos, formas y coaliciones, es necesario que se genere la invención de lo político.

Ahora bien, en la modernidad reflexiva las oportunidades de vida -el resultado de quiénes son los ganadores de la reflexividad y quiénes los perdedores- dependen del lugar en el modo de la información. Las oportunidades de vida en la modernidad reflexiva son cuestión de acceso no al capital productivo o a las estructuras de producción, sino del acceso al y del lugar en las nuevas estructuras de información y comunicación (24).

Si bien es cierto que los teóricos de la modernidad reflexiva tienen sus ojos puestos en Europa, y básicamente en sociedades desarrolladas o llamadas de primer mundo, ¿es posible pensar en iguales términos en sociedades periféricas como la de países latinoamericanos castigados por una gran disparidad social y con índices de pobreza alarmantes?

Una respuesta a este enigma, y que pienso que abre un interesante abanico crítico al respecto, es la que plantea el sociólogo chileno Fernando Robles. Este pensador social sostiene que es imposible establecer algún tipo de comparación con las sociedades que él denomina periféricas "ya que los modelos de construcción de la individualidad así como que los paradigmas de reconstrucción, interpretación y observación de la sociología respecto de ellos, no pueden ser idénticos en sociedades de capitalismo desarrollado y en las sociedades de la periferia". Y en su estudio agrega que la dinámica de las sociedades periféricas si bien genera relaciones de interdependencia y asimetría con el resto de las naciones desarrolladas en el mundo globalizado, significa además relocalización y deslocalización. Deslocalización en la medida en que la globalización afecta singularmente desde afuera a los países de la periferia, y deslocalización porque para que la globalización funcione, debe convertir lo que proviene desde afuera en un componente de una cultura global. Por lo tanto, el capitalismo periférico nada tiene que ver con el capitalismo desarrollado, sino que es algo particular con características particulares en cada caso pero muy lejos de parecerse a aquel (25).

Finalmente, si bien es cierto que es difícil pensar en términos de modernidad reflexiva a las sociedades subdesarrolladas con altos índices de pobreza como las latinoamericanas y los países de tercer mundo, creo que lo novedoso de autores como Beck y Guiddens radica en que introducen nuevas categorías de análisis para el estudio de determinados fenómenos sociales. Y es en ese sentido donde radica su importancia académica.

 

NOTAS

  1. Richard Titmuss, Essays on the Welfare State, Londres, George Alle and Unwin, 1963, p. 39.
  2. David Harvey, La condición de la Posmodernidad, Amorrortu, noviembre 1998, p. 146.
  3. John Holloway, La rosa de Nissan, Cuadernos del Sur Nº 7, abril 1988, p. 115.
  4. D. Harvey, p. 148.
  5. Holloway, p. 118.
  6. Eric Hobsbawn, Historia del Siglo XX, Barcelona, Crítica, 1995, cap. XIV, p. 404.
  7. Manuel Castells, La era de la información, Madrid, Alianza, Vol. 3, cap. Conclusión, p. 371.
  8. Holloway, p. 129.
  9. Hobsbawn, p. 404.
  10. Hobsbawn, p. 414.
  11. Adam Prseworki y Michael Wallerstein, Why No Left Economic Alternative?, Manuscrito inédito, Universidad de Chicago, 1986.
  12. Wolgang Merkel, ¿Final de la socialdemocracia? Recursos de poder y política de gobierno de los partidos socialdemócratas en Europa Occidental, Valencia, Ediciones Alfons el Magnanim, 1995, cap. 6, p. 194.
  13. Anthony Guiddens. Tercera Vía.
  14. Román Gubern, en el libro "El eros electrónico", señala como las nuevas tecnologías de información y comunicación están generando efectos emocionales en la población que, previsiblemente, se irán incrementando en el futuro, adquiriendo nuevas características.
  15. Anthony Guiddens. Tercera Vía.
  16. Guiddens emplea el término de sociedad postradicional para referirse a un tipo de sociedad en donde la autoridad ya no puede legitimarse mediante símbolos tradicionales o diciendo "así es como se ha hecho siempre las cosas".
  17. Beck, Ulrich. La reinvención de la política: hacia una teoría de la teoría de la modernización reflexiva, en: U. Beck, A. Guiddens y S. Lash: Modernización Reflexiva. Política, Tradición y estética en el orden social moderno, Alianza, Madrid.
  18. Beck, Ulrich. Las consecuencias perversas de la Modernidad. Modernidad, contingencia y riesgo. Cap. VI, p. 205.
  19. Según la visión de Beck, la modernización reflexiva postula en cierta forma lo contrario a la "Dialéctica de la Ilustración" (Adorno y Horkheimer). Plantea una dinámica autónoma, que se autocontrarresta y, que por ello, claudica y se desgarra el férreo estuche de la industria moderna. Es decir, el envejecimiento de la modernidad industrial producido por sí misma no es un anhelo, ni esperanza, ni una promesa, sino un diagnóstico, según el cual: la modernidad industrial genera cual impulso y autodinámica con independencia de la voluntad y del pensamiento de los hombres, una segunda modernidad.
  20. Beck, Ulrich. Las consecuencias perversas de la modernidad: Modernidad, contingencia y riesgo. Teoría de la Modernización Reflexiva. Cap. VII.
  21. Ulrich Beck, Anthony Guiddens y Scott Lash. Modernidad Reflexiva. Política, tradición y estética en el orden social moderno. S. Lash, la reflexividad y sus dobles: estructura, estética, comunidad; Cap. III, p. 139. Alianza Editorial.
  22. Beck, Ulrich. Las consecuencias perversas de la modernidad: Modernidad, contingencia y riesgo. Teoría de la Modernización Reflexiva. Cap. VI, p. 208.
  23. El crecimiento abrupto que evidenciaron las organizaciones sociales y no gubernamentales en la Argentina en los últimos 20 años se convirtieron en un espacio que aglutina a 80.000 entidades, moviliza 12 millones de pesos anuales, emplea a 395.000 personas y convoca a más de 2,5 millones de voluntarios.
  24. Ulrich Beck, Anthony Guiddens y Scott Lash. Modernidad Reflexiva. Política, tradición y estética en el orden social moderno. S. Lash, la reflexividad y sus dobles: estructura, estética, comunidad; Cap. III, p. 150. Alianza Editorial.
  25. Fernando Robles. Individualización e individuación, inclusión/exclusión y construcción de identidad en las sociedades periféricas de riesgo. Lineamientos preparatorios para una sociología de la exclusión. Departamento de Sociología, Universidad de Concepción.

 

BIBLIOGRAFIA

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  • Beck U. La invención de lo político. Mexico, Fondo de Cultura Económica, 1999.
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  • Bobbio, Norberto. El futuro de la democracia. Fondo de Cultura Económica. México, 1992.
  • Castells Manuel. La era de la información. Madrid, Alianza, Vol. 3, cap. Conclusión.
  • Castells M. La metamorfosis de la cuestión social. Buenos Aires, Paidós, 1996. Conclusión: El individualismo negativo.
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  • Coriat Benjamin. Pensar al revés. Trabajo y organización en la empresa japonesa. España, Siglo XXI, cap. I y III.
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  • Esping-Andersen, Gosta. Los tres mundos del Estado de Bienestar. Madrid, 1993. * (1ra. Parte: 1,2 y 3)
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  • Harvey David. La condición de la posmodernidad. Argentina, Amorrortu, 1998.
  • Hobsbawn Eric. Historia del siglo XX. Barcelona, Crítica, 1995.
  • Hollaway John. La rosa de Nissan. Cuadernos del sur Nº7, abril 1998.
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  • Lash S. Sociología del posmodernismo. Buenos Aires, Amorrortu, 1997.
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  • Mann, Michael. Las fuentes del poder social, II. Editorial Alianza Universidad. Madrid, 1997, cap. VII.
  • Merkel Wolfang. ¿Final de la socialdemocracia? Recursos de poder de gobierno de los partidos socialdemócratas en Europa occidental. Valencia, Ediciones Afons el Magnanim, 1995, cap. VI y VIII.
  • Roszak Theodore. El nacimiento de una contracultura. Barcelona, Kairós, cap. I.

 

 

Juan Manuel Martinez Sáenz


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