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Los fines del Matrimonio

Indice
1. Introducción
2. Los fines del matrimonio
3. Conclusiones
4. Bibliografía

1. Introducción

En el desarrollo del presente tema, primeramente se expondrán aspectos generales relacionados con los fines del matrimonio, tales como algunas consideraciones doctrinales sobre el particular; posteriormente se comenzarán a exponer los principales fines del matrimonio, como lo son la procreación y la fidelidad, recurriendo a opiniones que sobre estos aspectos tienen algunos connotados estudiosos del Derecho, asimismo, se recurrirá a la legislación civil, para efectos de efectuar un breve análisis comparativo, de acuerdo a los que establecen los ordenamientos de distintas Entidades Federativas, y sin dejar pasar por alto aunque de manera muy breve alguna referencia jurisprudencial al respecto.
Asimismo, se explicarán otros fines del matrimonio tales como la ayuda y el socorro mutuo, estableciendo las diferencias que entre ellos existan; posteriormente se determinará situaciones propias del matrimonio tales como su celebración como vínculo indisoluble, el que se lleve a cabo entre un solo hombre y una sola mujer, así como también los deberes matrimoniales de cohabitación, respeto y diálogo, explicándose brevemente en que consisten.
Para finalizar, se expondrá la enumeración de los impedimentos para contraer matrimonio, recurriendo a la clasificación que de los mismos realiza un distinguido jurista mexicano.

2. Los fines del matrimonio

Generalidades: En relación con este aspecto Alberto Pacheco en su libro "La Familia en el Derecho Civil Mexicano" clasifica a los fines del matrimonio en primarios y secundarios, afirmando al respecto: "Está claro para todo hombre después de la pubertad, que la finalidad más importante del matrimonio es la procreación de hijos y como consecuencia necesaria y exigencia de la naturaleza humana, la educación de los mismos, pues los hijos no nacen educados y es lo natural que sean los padres que los trajeron al mundo los que se encarguen y queden obligados a llevar a cabo su educación. Para eso la naturaleza provee de un afecto paterno y materno a los progenitores que crean el medio ambiente más adecuado para la educación de la prole. El hombre debe ser educado, no es como los animales que se manejan por solo instintos y que pueden subsistir y realizar plenamente su naturaleza animal sin ninguna educación. Estos son los dos fines primarios o principales del matrimonio: la procreación de la prole y la educación de la prole. El matrimonio tiene también unos fines secundarios que son la ayuda mutua y el remedio de las pasiones sexuales de los cónyuges. Siendo el matrimonio esa unión total de todas las cosas divinas y humanas de la cual nos hablaba Modestino, se entiende perfectamente que así sea, pues la unión íntima necesaria para procrear hijos no puede más que llevar a la creación de ese lazo fortísimo entre ambos cónyuges; la ayuda mutua entre éstos es una cosa que se presenta como lógica derivación de los fines primarios. El cuarto fin, o sea el remedio de las pasiones, se presenta como una situación subsidiaria del matrimonio o sea una finalidad que se logra como consecuencia, indirectamente; los fines del matrimonio tienen entre sí una jerarquía que no puede ser desconocida. Los fines primarios son más importantes que los secundarios, y como tales deben ser perseguidos prioritariamente a éstos. Si se invirtieran los términos, se pervertiría el matrimonio y no se lograrían siquiera los fines secundarios, los fines primarios centrados en la prole, son los que hacen que los cónyuges se abran a los demás y no se cierren egoístamente sobre ellos mismos."
En lo que respecta la le legislación, en el artículo 147 del Código Civil del Estado de Nuevo León, además de establecer la definición del matrimonio, deriva de ésta los fines del mismo al señalar: "El matrimonio es la unión legítima de un solo hombre y una sola mujer, para procurar su ayuda mutua, guardarse fidelidad, perpetuar la especie y crear entre ellos una comunidad de vida permanente. Cualquiera condición contraria a estos fines se tendrá por no puesta."
Por su parte, el Código Civil del Distrito Federal, define al matrimonio en su artículo 146, y señala los fines del matrimonio en términos distintos a los expresados por el Código Civil de Nuevo León, al establecer que: "Matrimonio es la unión libre de un hombre y una mujer para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua con la posibilidad de procrear hijos de manera libre, responsable e informada. Debe celebrarse ante el Juez del Registro Civil y con las formalidades que esta ley exige."
Distinción entre Deberes y Obligaciones: antes de profundizar en el estudio individualizado de los fines del matrimonio, se considera pertinente establecer las diferencias existentes entre deberes y obligaciones, para ello recurriremos a las reflexiones que realiza Manuel Chávez Asencio en su obra "La Familia en el Derecho", afirmando que: "el matrimonio como acto jurídico genera una relación jurídica. Esta se integra fundamentalmente por un conjunto de deberes jurídicos conyugales y en forma complementaria por obligaciones necesarias para que los consortes puedan vivir en común. Ya expresamos que el objeto del acto jurídico matrimonial es crear un vínculo jurídico conyugal y un estado jurídico o comunidad íntima de vida, de donde surgen los deberes y facultades así como obligaciones y derechos conyugales necesarios para la conservación y fortalecimiento del vínculo. Desde antiguo, la doctrina viene estableciendo la distinción entre efectos personales que se derivan del matrimonio y efectos patrimoniales del mismo, respondiendo la misma a una diversidad fundamental e intrínseca, que por su naturaleza, tienen las relaciones situadas en uno y otro plano. Así al hacer referencia a los deberes jurídicos conyugales se entiende que estoy mencionando aquella relación entre consortes que no tiene contenido económico alguno, por lo contrario, al hablar de obligaciones, me refiero a aquellas que tienen un contenido económico, es decir que pueden ser valoradas pecuniariamente. Sobre esta materia debemos hacer una distinción. En esta relación jurídica conyugal se comprenden sólo los asuntos conyugales comunes, pues los asuntos particulares de un cónyuge son de su competencia exclusiva."
Características de los Deberes Jurídicos Conyugales: en relación con este aspecto continuamos con lo que señala Chávez Asencio en su obra anteriormente citada, siendo las características las siguientes:

  1. Contenido no económico. Como primera característica que diferencia el deber jurídico de las obligaciones, está que el deber no tiene contenido económico a título de ejemplo, podemos señalar la fidelidad, que es un deber conyugal y no tiene, ni puede tener, contenido económico.
  2. Influencia de la moral y religión. Los deberes jurídicos reconocen como origen deberes morales, sociales o religiosos por considerarse de fundamental importancia para la convivencia social, el Derecho los asume, los integra a la norma jurídica, pasando a ser deberes jurídicos.
  3. Los deberes jurídicos no son coercibles, o son difícilmente exigibles. Es sumamente difícil exigir un deber jurídico conyugal, pues aún cuando teóricamente pudiéramos imaginar la posibilidad de acudir a los tribunales para exigir, por ejemplo, el cumplimiento del deber jurídico de la fidelidad en la práctica vemos la dificultad evidente de lograr su cumplimiento.
  4. Distinto es el concepto de acreedor. A diferencia de las obligaciones en relación a las cuales encontramos siempre un acreedor, en los deberes jurídicos conyugales no le encontramos en el mismo sentido, ni con las mismas facultades que en las relaciones jurídicas de carácter económico.

Características de las Obligaciones Familiares: en relación con este punto citamos a Chávez Asencio quien señala las siguientes características:

  1. Distinta la participación de la voluntad. En el Derecho de Familia se presenta un fenómeno distinto al que ocurre en el Derecho patrimonial económico, pues aún cuando en ambos por virtud del acto jurídico se crean derechos y obligaciones, en las instituciones familiares se toma en cuenta la voluntad humana para dar nacimiento al estado familiar, pero no necesariamente para determinar el alcance y naturaleza de los derechos, obligaciones y deberes que del mismo derivan, toda vez que éstos quedan definidos por la ley.
  2. Distinto origen. Esto significa que los derechos y obligaciones patrimoniales surgen de cualquier otro acto del hombre, o hecho jurídico relacionado con el hombre. Mientras que los derechos y obligaciones familiares, y en ellas comprendidas las conyugales, surgen de la naturaleza orgánica del hombre y llevan el sello de la necesidad.
  3. Permanencia de las obligaciones matrimoniales. Hemos observado que uno de los efectos principales de los actos jurídicos familiares es crear un estado familiar. Es decir un estado jurídico familiar por naturaleza permanente, y mientras subsista, se están dando en esa relación jurídica un conjunto de derechos y obligaciones de carácter patrimonial, que giran en torno a los consortes con un dinamismo especial.
  4. Son obligaciones y derechos relativos. Esto al referirnos a la especial relación jurídica que entre consortes se establece, y esta relación genera derechos y obligaciones de naturaleza relativos. Son relativos, porque sólo se dan entre consortes.
  5. Interés público. Esto ya se ha señalado y basta recordarlo para no abundar en esta materia. Todo lo relativo a la familia y al matrimonio es de orden público.
  6. Intransmisibles. Podíamos afirmar que en esta materia los derechos y obligaciones conyugales son intransmisibles, en virtud de que los derechos se conceden en consideración de la persona titular y las obligaciones también se exigen en consideración de la misma relación jurídica.
  7. Irrenunciables. En términos generales observamos que no sólo los deberes jurídicos familiares se caracterizan como irrenunciables, sino también los derechos subjetivos patrimoniales, como por ejemplo, los alimentos.

La Procreación: Sobre este punto citaremos nuevamente lo referido por Alberto Pacheco, en el sentido de que al llegar a la juventud: "la finalidad más importante del matrimonio es la procreación de hijos y como consecuencia necesaria y exigencia de la naturaleza humana, la educación de los mismos..."
En cuanto a la Legislación, en el Código Civil del Estado de Nuevo León, en el artículo 147, como se había señalado con anterioridad, además de definir al matrimonio, indica claramente, entre una de sus finalidades expresas la de perpetuar la especie, estableciéndolo así. " El matrimonio es la unión legítima de un solo hombre y una sola mujer, para procurar su ayuda mutua, guardarse fidelidad, perpetuar la especie y crear en ellos una comunidad de vida permanente. Cualesquiera condición contraria a estos fines se tendrá por no puesta." En términos semejantes a los expresados por la legislación civil de Nuevo León, lo hace la del Estado de Coahuila, al determinar en el artículo 254 del Código Civil que: "cualquiera condición contraria a la perpetuación de la especie o a la ayuda mutua que se deben los cónyuges se tendrá por no puesta." Por su parte, el Código Civil del Distrito Federal establece a la procreación como una posibilidad dentro de los fines del matrimonio, en el texto del artículo 146, en donde además se define al matrimonio, diciendo que: "Matrimonio es la unión libre de un hombre y una mujer para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua con la posibilidad de procrear hijos de manera libre responsable e informada..." El Código Civil del Estado de Quintana Roo, por su parte coincide con lo expresado, en lo general, con lo dispuesto por la legislación del Distrito Federal, determinando en el artículo 707: "los cónyuges de común acuerdo y de manera libres responsable e informada decidirán el número de sus hijos, y la diferencia de edad entre ellos."
La Jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en una de sus tesis reconoce como uno de los fines del matrimonio el de la perpetuación de la especie, sin embargo señala que la frustración de dicho fin no da lugar al divorcio:
5ª. EPOCA
CIVIL
TESIS DE SALA
MATRIMONIO, FINES DEL.
Es cierto que uno de los fines del matrimonio es la perpetuación de la especie, pero la frustración de ese fin, no da lugar al divorcio.
TOMO LXXV, Pág. 677. Jara José Ignacio. 11 de enero de 1943. cinco votos
SEMANARIO JUDICIAL. QUINTA ÈPOCA. 3ª. SALA. TOMO LXXV. Pág. 677
La Fidelidad: En relación con este aspecto, existen considerables opiniones de doctrinarios sobre el particular, se expondrán en esta apartado algunas de ellas; así, Luis Fernández Clérigo afirma: "el principio está consignado, sin excepción, pero tampoco es fácil su aseguramiento. En casi todas las legislaciones, las consecuencias del incumplimiento de esa tradicional obligación de fidelidad suelen ser las mismas. Dar lugar a una acción de divorcio y poder ser constitutiva de un delito de adulterio, aunque la acción en este caso sea privada y reservada al cónyuge inocente."
Marcel Planiol, sobre la fidelidad señala: "Es este, desde el punto de vista moral, el principal de los deberes que engendra el matrimonio, y la falta más grave que no de los esposos puede cometer es la violación de este deber,. El adulterio. El deber de fidelidad no es una obligación puramente moral, esta sancionada también por la ley positiva."
Chávez Asencio comenta por su parte con mayor amplitud este punto: "nace del matrimonio y comprende, no sólo los actos de no hacer relativos a abstenerse de relaciones genito sexuales con persona distinta del cónyuge, sino en especial el cumplimiento al cumplimiento de la promesa dada y al compromiso diario y permanente entre cónyuges, comprende la permanencia del matrimonio como forma y camino de vida. La fidelidad es un deber que se da en igualdad, complementario y se exige como recíproco, es intransmisible, intransigible e irrenunciable."
Rojina Villegas se manifiesta en términos semejantes señalando: "el derecho a exigir fidelidad, y la obligación correlativa, implican fundamentalmente la facultad reconocida en la ley para exigir y obtener del otro cónyuge una conducta decorosa y, por lo tanto, excluye la posibilidad de que existan relaciones de intimidad con persona de otro sexo, que sin llegar al adulterio sí implican un ataque a la honra y al honor del otro cónyuge. La creencia vulgar de que las relaciones íntimas que tenga el cónyuge con personas de otro sexo, sin llegar al adulterio, no se encuentran sancionadas jurídicamente, sólo podría ser exacta desde el punto de vista estrictamente penal, pero el derecho civil es evidente que concede una acción al cónyuge ofendido para exigir el divorcio por injuria grave."
En lo que respecta a las legislaciones de los Estados, en los Códigos Civiles de Nuevo León en su artículo 147, ya citado, se hace referencia a que los cónyuges deberán: "...guardarse fidelidad...", en términos semejantes se manifiesta el Código Civil del Estado de Quintana Roo al señalar en su artículo 707 que los cónyuges están obligados a: "...respetarse, guardarse fidelidad...". Por lo que hace al Código Civil del Distrito Federal, no hace mención específica del término fidelidad en su articulado, si bien señala los fines relativos al respeto y ayuda mutua.
Ayuda Mutua: En relación con este punto Chávez Asencio afirma: "la ayuda y el socorro mutuo son consignados en los artículos 147 y 162 del Código Civil. Se refieren no sólo a situaciones de emergencia o aisladas, sino a todo momento y durante toda la vida del matrimonio. No son similares los términos de ayuda y socorro mutuo, cada uno tiene su propia significación. Entiendo que la ayuda mutua hace referencia más bien al aspecto económico, lo relativo a los alimentos, administración de bienes, etc. Debemos tomar en cuenta que con relación a la ayuda mutua, los alimentos no sólo comprenden la comida, el vestido, la habitación, sino también la asistencia en caso de enfermedad, y respecto a los menores los alimentos comprenden además, los gastos necesarios para educación primaria del alimentista y para proporcionarles algún oficio, arte o profesión honestos, adecuados a su sexo y circunstancias personales."
Fernández Clérigo, por su parte, no formula una distinción específica ente asistencia y auxilio mutuo, exponiendo que: "todos los códigos y leyes referentes al matrimonio, vigentes en los diferentes países, consignan estas recíprocas obligaciones conyugales. El llamado mutuo auxilio se desarrolla y diversifica en un conjunto de atenciones, cuidados, consideraciones, cooperación social y económica de índole tan variada, que casi ninguna legislación puede entrar a detallarlos, y suelen condensarse en un concepto global, que sólo la jurisprudencia puede precisar."
Planiol, sobre el deber de asistencia señala: "la asistencia no se confunde con el socorro, consiste en los cuidados personales que deben darse al cónyuge enfermo, por tanto es una obligación de hacer, en tanto que la de socorro es de dar.
Por su parte, distintas legislaciones estatales hacen referencia en su articulado al término "ayuda mutua", así lo indican, entre otras las legislaciones de Nuevo León, Distrito Federal, Quintana Roo y Coahuila; sin embargo no formulan de manera específica en que consiste la mencionada ayuda.
Socorro Mutuo: En relación con este aspecto, Marcel Planiol habla únicamente del deber de socorro en términos siguientes: "para los esposos el deber de socorro consiste en la obligación que tiene cada uno, de proporcionar a su cónyuge todo lo que le sea necesario para vivir. Esta obligación es equivalente a la alimentaria de los parientes por consanguinidad o afinidad."
Rojina Villegas, por su parte, afirma sobre el socorro mutuo: "otro de los deberes que impone el matrimonio y, por consiguiente, de los derechos que nacen de ese estado civil, es el de socorro y ayuda mutua. Una de las principales manifestaciones del derecho-obligación que analizamos es la relativa a la prestación de alimentos que la ley impone a los consortes; el deber de socorro también comprende la asistencia recíproca en los casos de enfermedad, y sobre todo el auxilio espiritual que mutuamente deben dispensarse los cónyuges."
Cohabitación: En relación con este aspecto, Planiol expone: "La mujer debe habitar con el marido... y éste está obligado a
recibirla", dice el Art. 214. este deber es común a ambos esposos, y es el principal de todos, pues sirve de base condición a los demás, ya que el objeto del matrimonio es el establecimiento de la vida común. Cuando no se cumple, la unión de los esposos estará destruida y no se ha realizado el fin del matrimonio."
En términos análogos se expresa Manuel Chávez Asencio: "la vida común se refiere al deber conyugal de vivir juntos en el domicilio conyugal, que hará posible el cumplimiento de los otros deberes. Se trata de un deber entre iguales, complementario,
recíproco. El deber de vida en común es uno de los principales, dado que a través de él puede existir la posibilidad, física y espiritual, de cumplir los fines objetivos del matrimonio. Podemos decir que constituye una relación jurídica fundamental, de la cual dependen un conjunto de relaciones jurídicas que podemos denominar fundadas o accesorias. La vida en común implica la relación jurídica fundamental, porque si no se realiza no podrán cumplirse las relaciones jurídicas fundadas. Así los cónyuges vivirán juntos en el domicilio conyugal. Se considera domicilio conyugal, el lugar establecido de común acuerdo por los cónyuges, en el cual ambos disfrutan de autoridad propia y consideraciones iguales."
Rojina Villegas, formula las siguiente consideraciones sobre el tema: "El derecho a exigir vida en común, con la obligación de habitar bajo el mismo techo, es indiscutiblemente el principal de todos los enumerados, dado que sólo a través de él puede existir la posibilidad física y espiritual de cumplir con los fines del matrimonio."
Fernández Clérigo, realiza además algunas consideraciones en cuanto a las excepciones a la estricta fijación del domicilio: "Casi todas las legislaciones contienen el principio de que la fijación del domicilio corresponde al marido. Sin embargo, la obligación no puede ser tan rígida que no admita excepciones. Hay casos, en los que, por designar el marido un domicilio lejano e insalubre, o por trasladarse a un país extranjero o a un lugar cuyo clima sea nocivo para la salud de la mujer resultaría una injusticia, y a veces una crueldad el obligar a la esposa a residir con el marido."
Respeto: En relación con este particular Chávez Asencio expone: "El respeto a la persona es otro de los valores conyugales. Es un deber que nace del matrimonio y se da como recíproco y complementario. El respeto a la persona se encuentra y promueve en el matrimonio y está relacionado estrechamente con la promoción humana, hay disposiciones dentro de la legislación que se orientan al respeto de la dignidad humana, y en especial de la dignidad de los cónyuges, así, marido y mujer tendrán en el hogar autoridad y consideraciones iguales y podrán desempeñar cualquier actividad, excepto las que dañen la moralidad de la familia o la estructura de ésta."
Por lo que hace a las legislaciones civiles, en el Código Civil de Nuevo León no se hace referencia específica al respeto, en tanto que este si se menciona específicamente en el Código Civil del Distrito Federal, en su artículo 147, en donde además de definir al matrimonio señala: "Matrimonio es la unión libre de un hombre y una mujer para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua...". El Código Civil de Quintana Roo en su artículo 706 además de establecer que los cónyuges deben vivir juntos en el domicilio conyugal señala: "...y están obligados a respetarse, a guardarse fidelidad y a contribuir cada uno con los fines del matrimonio."
Diálogo: Para abordar este punto nos referimos a Chávez Ascencio quién señala al respecto: "Aún cuando este deber no está expresamente contenido dentro de nuestra legislación, se deriva del contexto del Código Civil o de normas de sanción tomadas como causales de divorcio, que nos hacen pensar en una mejor reglamentación. El diálogo se presenta tanto en el matrimonio como en la familia, y se estima necesario para la amor conyugal y la promoción integral. Entendemos que el diálogo está implícitamente comprendido dentro del socorro y ayuda mutua. Es un deber que nace del matrimonio; se exige como recíproco y complementario. El diálogo no es sólo de palabra, sino la actitud y comunicación constante entre marido y mujer, por lo que la legislación previene que los cónyuges vivirán en el domicilio conyugal. Todo aquellos que impida el diálogo, que comprende las manifestaciones de afecto y actos conyugales, creará grave conflicto, hará peligrar la estabilidad matrimonial, y puede crear su destrucción propiciando el divorcio."
Un Solo Hombre Con Una Sola Mujer: En relación con este punto puede señalarse que la unión de un hombre con una mujer es necesaria para el efecto de que el matrimonio cumpla con sus fines, pues de otra manera, existirían problemas para asumir y cumplir con las responsabilidades de la paternidad de los hijos, si se diera el caso de que el hombre contrajera matrimonio con varias mujeres, o en caso inverso, se volvería incierta la paternidad si una mujer contrajera matrimonio con varios hombres.
Sobre el asunto, Alberto Pacheco reflexiona: "Rompería la unidad la poligamia, o sea la posibilidad de contraer sucesivos matrimonios sin haber disuelto el anterior. La poligamia en efecto, al permitir matrimonios sucesivos de un hombre con varias mujeres, ataca directamente a los fines del matrimonio. La procreación biológica no se perjudicaría, pero la educación de la prole se vería claramente trastornada, también la ayuda mutua se trastornaría pues un solo marido no podría prestar la ayuda que necesitarían todas sus mujeres. En la poliandria, no sólo se trastornan los fines del matrimonio, sino que la paternidad de vuelve incierta por la misma naturaleza humana, con lo cual se estarían pervirtiendo todos los fines del matrimonio. Por lo tanto concluimos: la única manera eficaz que tienen los hombres para lograr los fines del matrimonio es un matrimonio en el cual se respete la unidad, o sea un solo hombre, casado con una sola mujer."
Planiol comenta al respecto: "Siendo cada esposo personalmente apto para el matrimonio, es necesario que quienes pretendan casarse sean de sexo diferente. Esta condición es de tal manera evidente, que la ley no habla de ella. Sin embargo, debe ser verificada. Ordinariamente su existencia es indudable por sí misma."
Vínculo Indisoluble: con relación a este aspecto, Planiol afirma que: "El gran hecho histórico que cambió la concepción del matrimonio, es el establecimiento más o menos total de su indisolubilidad. Se produce en la forma de una reglamentación restrictiva del divorcio que, en los países católicos y en la misma Francia llegó hasta su completa supresión. Si no se hubiera establecido esta indisolubilidad, la desaparición de las castas, bajo la influencia de las ideas cristianas de igualdad y de fraternidad hubieran confundido el matrimonio con el concubinato."
Fernández Clérigo por su parte afirma en relación con el tema: "La teoría de las nulidades en materia matrimonial y con ella la expresión legislativa, dista mucho de atemperarse a los principios y normas establecidos para la nulidad de los contratos, lo cual no sería explicable si el matrimonio fuese como otro contrato cualquiera. Otro tanto ocurre con las causas de disolución, dejando de lado el fenómeno de la muerte, en lo que respecta al divorcio, unas legislaciones no admiten el divorcio en cuanto al vínculo y sólo acogen la separación de personas y de bienes. Otras, la mayoría, lo admiten, pero aún en estas últimas, algunas no toleran la disolución del vínculo por el mutuo disenso de los contrayentes, y el grupo más importante que acoge este motivo de divorcio vincular, lejos de consentir que se llegue a la disolución del matrimonio por la simple declaración de voluntad, establecen procedimientos especiales para asegurarse de la permanencia y continuidad de aquella situación de disentimiento."
Impedimentos Para Contraer Matrimonio: Con relación a este punto, Rafael Rojina Villegas establece aspectos del derecho canónico para efecto de clasificar los referidos impedimentos, afirmando que: "El artículo 156 enumera diez impedimentos para contraer matrimonio, previniéndose en el artículo 235, fracción II, que el matrimonio será nulo cuando se celebre concurriendo algunos de los citados impedimentos. Tradicionalmente se han caracterizado los impedimentos distinguiendo, según el Derecho Canónico, los dirimentes de los impedientes; los impedimentos dirimentes son aquellos que originan la nulidad del matrimonio, en tanto que los impedientes no afectan su validez, pero motivan determinadas consecuencias. El artículo 156 consagra exclusivamente impedimentos dirimentes, ya que todos ellos originan la nulidad del matrimonio. En cambio en el artículo 264 se reconocen impedimentos impedientes, que no afectan la validez del acto. Dice este último precepto: "Es ilícito pero no nulo el matrimonio: I.- Cuando se ha contraído estando pendiente la decisión de un impedimento que sea susceptible de dispensa. II.- cuando no se haya otorgado la previa dispensa que requiere el artículo 159, y cuando se celebre sin que hayan transcurrido los términos fijados en los artículos 158 y 289. a su vez en los artículos 158, 158 y 289 se contienen prohibiciones para contraer matrimonio, pero si estas son violadas, el matrimonio sólo se considerará ilícito, pero no nulo. Respectivamente establecen los preceptos citados: "La mujer no puede contraer nuevo matrimonio sino hasta pasados trescientos días después de la disolución del anterior, a menos que dentro de ese plazo diere a luz un hijo. En los casos de nulidad o de divorcio, puede contarse este tiempo desde que se interrumpió la cohabitación." "El tutor no puede contraer matrimonio con la persona que ha estado o está bajo su guarda, a no ser que obtenga dispensa, la que no se le concederá por el Presidente Municipal respectivo, sino cuando hayan sido aprobadas las cuentas de la tutela." "Si el matrimonio se celebrare en contravención de lo dispuesto en el artículo anterior, el juez nombrará inmediatamente un tutor interino que reciba los bienes y los administre mientras se obtiene la dispensa." "En virtud del divorcio, los cónyuges recobrarán su entera capacidad para contraer nuevo matrimonio. El cónyuge que haya dado causa al divorcio no podrá volver a casarse sino después de dos años, a contar desde que se decretó el divorcio." "Para que los cónyuges que se divorcian voluntariamente puedan volver a contraer matrimonio, es indispensable que haya transcurrido un año desde que obtuvieron el divorcio." De la clasificación canónica podemos aceptar las definiciones propuestas, para aplicarlas en nuestro derecho, pues ya dijimos que según el artículo 235, fracción II, habrá nulidad del matrimonio cuando éste se contraiga existiendo impedimentos dirimentes, en tanto que cuando sólo existan los impedimentos impedientes, sólo cabe decir que el matrimonio es válido, pero ilícito según la terminología un tanto contradictoria de nuestra ley."
Por su parte, el Código Civil del Estado de Nuevo León, en su artículo 156 establece los impedimentos para celebrar el contrato de matrimonio, señalando al efecto: "I.- La falta de edad requerida por la ley, cuando no haya sido dispensada." Así, el mencionado artículo exige, interpretado a contrario sensu que los contrayentes tengan la edad requerida por la ley, o sea 16 años en el hombre y 14 años en la mujer. Al respecto Rojina Villegas argumenta: "En nuestro Derecho las falta de edad núbil es un impedimento dirimente, dado que origina la nulidad del matrimonio cuando no se observa. Se deben distinguir, según el artículo 237, dos casos en que la misma desaparece: 1.- cuando ha habido hijos, y 2.- cuando, aunque no los haya habido, el menor hubiere llegado a los dieciocho años y ni el ni el otro cónyuge hubieran intentado la nulidad."
La fracción II del referido artículo establece como impedimento: "La falta de consentimiento del que, o los que ejerzan la patria potestad, del tutor, o del juez, en sus respectivos casos." Así las cosas, se requiere de su consentimiento para la validez del matrimonio; Rojina Villegas señala que la citada nulidad, de conformidad con lo dispuesto por los artículos 238 a 240 sólo podrá alegarse dentro del término de treinta días de celebrado el matrimonio.
Por su parte, la fracción III del citado artículo señala otro impedimento: "El parentesco de consanguinidad legítima o natural sin limitación de grado en la línea recta, ascendente o descendente. En la línea colateral igual, el impedimento se extiende a los hermanos y medios hermanos. En la colateral desigual, el impedimento se extiende solamente a los tíos y sobrinos, siempre que estén en el tercer grado y no hayan obtenido dispensa." En estos grados de parentesco citados se establece un impedimento dirimente.
La fracción IV del numeral citado refiere al efecto: "El parentesco de afinidad en línea recta, sin limitación alguna." Al respecto Rojina Villegas señala: "Este impedimento supone que el matrimonio que dio origen al citado parentesco de afinidad, se ha disuelto por divorcio, por nulidad o por muerte de uno de los cónyuges, pero para la ley, continua el parentesco por afinidad sólo para constituir un impedimento entre uno de los excónyuges y los ascendientes o descendientes del otro."
La fracción V del referido artículo señala: "El adulterio habido entre las personas que pretendan contraer matrimonio, cuando ese adulterio haya sido judicialmente comprobado." Con relación a este precepto, Rojina Villegas señala: "Por razones de orden moral y en vista de la violación de las buenas costumbres se impone este caso de nulidad del matrimonio contraído entre adulteraos."
Por otro lado la fracción VI señala como impedimento: "El atentado contra la vida de alguno de los casados para contraer matrimonio con el que quede libre." En relación con esta fracción, de acuerdo con el artículo 244, si se realiza el matrimonio, los hijos del cónyuge víctima del atentado o el ministerio Público disponen de seis meses para solicitar la nulidad del mismo, a partir de la celebración del mismo.
La fracción VII, por su parte determina como impedimento: "La fuerza o miedo graves. En caso de rapto, subsiste el impedimento entre el raptor y la raptada, mientras esta no sea restituida a lugar seguro, donde libremente pueda expresar su voluntad." En este caso existe un vicio de la voluntad, por cuanto el consorte que es víctima de violencia no puede expresar libremente su consentimiento.
Continuando, la fracción VIII establece con relación a los impedimentos: "La embriaguez habitual, la morfinomanía, la eternonomía y el uso indebido y persistente de las demás drogas enervantes. La impotencia incurable para la cópula, la sífilis, la locura y las enfermedades crónicas e incurables que sean además, contagiosas o hereditarias." En relación con esta fracción el artículo 246 señala que la acción de nulidad deberá ser solicitada por cualquiera de los cónyuges dentro de los sesenta días de celebrado el mismo.
La fracción IX determina como impedimento: "El idiotismo y la imbecilidad." Al respecto el artículo 247 señala que tienen derecho a pedir la nulidad el otro cónyuge y el tutor del incapacitado, no señalándose término de prescripción al efecto.
Finalmente, la fracción X expone como impedimento: "El matrimonio subsistente con persona distinta de aquella con quien se pretende contraer." En este caso, de acuerdo con el artículo 248 se encuentran facultados para solicitar la nulidad, el cónyuge del primer matrimonio, sus hijos o herederos; los cónyuges que contrajeron el segundo matrimonio o el Ministerio Público.

3. Conclusiones

Los fines del matrimonio se constituyen como los objetivos a alcanzar por esta institución jurídica, destacándose al efecto, aunque en la actualidad ya no tiene el carácter absoluto y total, el de la procreación de la especie, como máxima y prácticamente única finalidad, ya que algunas legislaciones, establecen este hecho como una posibilidad, o bien como un acontecimiento que deberá realizarse de manera responsable e informada. Puede señalarse además que los fines del matrimonio son clasificados de acuerdo al criterio señalado previamente en primaros, que son aquellos directamente relacionados con los hijos; y secundarios, en cuanto a que se refieren a los cónyuges y sus relaciones entre sí. En cuanto a la fidelidad, resalta como uno de los aspectos mas importantes del matrimonio, ya que es un deber recíproco sobre el cual descansa la estabilidad y unidad del matrimonio, en lo que respecta a la ayuda y el socorro mutuos, destaca como factor diferencial el que la primera tiene un contenido fundamentalmente económico, como los alimentos o administración de bienes, en tanto el segundo, -socorro- se refiere más que todo a aspectos de carácter de asistencia entre cónyuges, así sería en caso de enfermedad. Por otro lado surge un deber de importancia fundamental para que pueda continuar un matrimonio y cumplir con sus demás finalidades, en este caso se habla de la cohabitación, ya que si marido y mujer no habitan juntos el domicilio conyugal y cada uno viviese separado es lógico pensar que es poco factible el cumplimiento de los fines matrimoniales; en cuanto al respeto y el diálogo, aunque el primero es mencionado en algunas legislaciones estatales, no así de manera expresa en la de Nuevo León, se consideran como elementos importantes que fortalecen la relación matrimonial y favorecen la comunicación entre los cónyuges. Por otra parte, la circunstancia de que el matrimonio deba celebrarse entre un solo hombre y una sola mujer se explica porque de no ser así se trastocaría la realización adecuada de los fines del matrimonio, tanto en relación con los hijos, si los hubiere; generándose una serie de problemas en cuanto a su atención, así como también en lo que respecta a la adecuada asistencia que se pudieren prestar los cónyuges entre sí, por mencionar algunos factores que con relación a esa situación pudieran presentarse en caso de no prevalecer la unidad del matrimonio. Finalmente se establece que los impedimentos para la celebración del matrimonio pueden tener carácter de dirimentes, en cuyo caso afectan de nulidad al matrimonio, o bien de impedientes, generando otras consecuencias jurídicas, no impidiendo su validez.

4. Bibliografía

CHÁVEZ ASENCIO, Manuel; La Familia en el Derecho, Editorial Porrúa, 2ª. Ed. México, 1990.
FERNÁNDEZ CLÉRIGO, Luis; El Derecho de Familia en la Legislación Comparada, Unión Tipográfica Editorial Hispanoamericana (UTEHA). México. 1947
PACHECO E. Alberto; La Familia en el Derecho Civil Mexicano; Panorama editora. 2ª. Ed. México, 1991
PLANIOL, Marcel y Georges Ripert; Tratado Elemental de Derecho Civil; (Trad. Lic. José M. Cajica) Ed. Cárdenas. México.1981
ROJINA VILLEGAS, Rafael; Compendio de Derecho Civil, Tomo I, Ed. Porrúa, 21ª. Ed. México, 1986
Código Civil para el Estado de Nuevo León.
Código Civil para el Distrito Federal.
Juris 2000, Suprema Corte de Justicia de la Nación (Disco Compacto)

 

 

Trabajo enviado por:
Juan c. Benavides

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