Índice.
2. Desarrollo
3. Conclusiones
preliminares
4. Bibliografía
Le debemos a la vida la oportunidad de vivir una
transición milenaria. Desde la aparición del homo
sapiens, según los estudiosos del tema, el mismo
acontecimiento lo han vivido ya en otras doscientas ocasiones
nuestros antepasados. Desde el descubrimiento de la agricultura es
ya la décima celebración milenaria. Y la segunda en
el recuento cristiano del tiempo
histórico.
Siendo excepcional la oportunidad, el deber es aprovecharla de la
mejor manera.
Creo que lo hacemos si nos atrevemos a colocarnos con realismo en la
rica y compleja encrucijada que vivimos, acertamos en identificar
las grandes líneas del futuro y nos comprometemos
visionariamente con nuevas esperanzas y nuevas
utopías.
Es en este contexto, que sabemos y conocemos de que en todo el
planeta existen grupos
desfavorecidos de las poblaciones que no tienen acceso a ninguna
forma permanente de atención de salud; éstos grupos
sociales, localizados principalmente en las zonas rurales y
en las áreas periurbanas de grandes ciudades, representan
en conjunto, probablemente, las 4/5 de la población mundial.
A medida en que se avanzan los conocimientos, la atención
médica se esta volviendo más complicada
técnicamente y más costosa, y ni siquiera los
países más prósperos cuentan con suficientes
recursos para
llevar a cabo todo lo que la investigación médica ha hecho
posible y han advertido la disparidad existente entre los
elevados costos de la
asistencia y los escasos beneficios para la salud que reportan
estos sistemas.
Es en este sentido que el presente trabajo tiene como objetivo
central hacer una reflexión
teórico-metodológica que permita retomar cuatro
elementos centrales: la mortalidad infantil y la mortalidad
materna y su vinculación o concatenación con el
crecimiento demográfico, analizando este proceso desde
el punto de vista social de la salud reproductiva.
Para el alcance de este objetivo, es necesario identificar el
punto de partida, el contexto actual y plantear una prospectiva
que permita entre otras cuestiones, el debatir algunos problemas
concretos desde la óptica
de la demografía, la salud colectiva y el
contexto social, y sus repercusiones desde la salud reproductiva,
así como con los indicadores
que propician y dan pié y que de alguna u otra manera nos
explican la mortalidad, como serían la pobreza,
la
educación y su vinculación con la salud y la
nutrición,
aspectos que repercuten de igual manera en el crecimiento
demográfico, para terminar con una propuesta que rescate
estos últimos elementos y concretamente que propicien una
crítica reflexión. Es así como esta
organizado el presente ensayo.
"Los que trabajan en demografía.... tienen
mejores posibilidades que cualquier otro grupo de
añadir a su labor una nueva dimensión, creando
medios no
sólo para transmitir información a sus colegas, sino
también para divulgarla de manera inteligible. De este
modo, llegarán a conocimiento
del público los problemas planteados por la
población y todos podrán captar la importancia que
este factor tiene en la vida diaria.
Así como el desarrollo
cabal depende del conocimiento preciso de los recursos
naturales y de toda otra clase, así también la
planificación efectiva del desarrollo
depende del conocimiento correcto de la composición, el
crecimiento y el movimiento de
la población".
Rafael Salas
Director Ejecutivo
Fondo de las Naciones Unidas
para las
Actividades de Población
a). La pobreza en
México
Los datos publicados
por el INEGI a través de la encuesta
nacional de empleo,
utilizando las líneas de ingreso per capita muestran que,
entre la década de los 80’s y 1995 el porcentaje de
la población mexicana que viven en situación de
pobreza aumenta de un 28% a un 48%, llegando a un 26.8% los
hogares que se encuentran en situación de indigencia (para
obtener la proporción de hogares en estado de
indigencia, se relaciona el valor de la
canasta alimentaria básica con la distribución de hogares según
ingresos, que
se extrae de la encuesta de hogares por muestreo en
México.
Es decir los hogares que están en condiciones de pobreza
extrema o indigencia, son aquellos que reciben un ingreso por
trabajo igual o inferior al costo de una
canasta básica de alimentos).
Por otro lado, Ontiveros y González reportan que la
pobreza extrema aumenta durante los 80’s de 4.8% en 1981 a
11.2% en 1991 y el de pobreza crítica de 14.06% a 20%.
Además la mortalidad infantil es la más afectada
con esta situación, ya que más de un 50% de los
menores mexicanos viven en condiciones de pobreza.
Los resultados del estudio de "LA POBREZA EN MÉXICO" en el
cual se utiliza el método de
necesidades básicas insatisfechas (NDI) para analizar la
data arrojada por los censos de población y vivienda en
los años de 1980 y 1990, muestran que para 1980 el
porcentaje de HOGARES POBRES es de 35%, mientras que en el censo
del 90 es del 38%.
b). El contexto Social
La economía
mexicana, como es de todos conocido, se encuentra en la
actualidad atravesando una de las más severas crisis de su
historia, ya que
su impacto en las condiciones de salud de la población,
así como en sus niveles de pobreza antes descritos, se
hacen pues más evidentes a través del deterioro
general de la calidad de
vida de la población. Es por eso necesario
también para entender la relación entre la
mortalidad de estos dos grupos sociales de riesgo con el
crecimiento demográfico, el comprender las características estructurales de la crisis
mexicana, para estar en condiciones de comprender, asimilar y
analizar su influencia sobre las condiciones de vida de estos dos
grupos sociales y para conocer los cambios en la dinámica poblacional.
Es en este contexto, que entendemos pues que la crisis
económica nacional que afecta a las condiciones sociales y
de producción tiene como expresiones generales
su carácter
tributario respecto del poder
transnacional y la consolidación de modelos
socio-económicos internos concentradores y excluyentes,
con un desarrollo empresarial monopolítico asentado sobre
una base económica tradicional, esto se traduce en una
política
neoliberal que llevo a nuestro país en el sexenio
salinista a la crisis más severa de nuestra historia.
Los inicios de la década de los 70’s marcaron el
deterioro de la agro-exportación mexicana, debido principalmente
a la reducción de la demanda
internacional, y a la recuperación y mayor competitividad
de nuestro vecino del norte. Estos hechos caracterizaron la
relación de dependencia de la economía mexicana
respecto de la internacional.
A partir de la década de los 80’s y a pesar "del
boom" petrolero , esta fase de falso auge determinó un
acelerado proceso de modernización del aparato productivo
con claros efectos en la recomposición social y en el
surgimiento de nuevos patrones de vida urbanos. La fase del
"petrolerismo" determinó una agresiva penetración
de tecnología externa y paradójicamente
una mayor labilidad de la economía nacional.
La marcha económica pasó a caracterizarse por un
aumento de la dependencia, monopolización,
inflación, espectacular endeudamiento externo, desempleo y
subempleo.
Según varios autores, el inicio de la década de los
90’s marcó el fin de un modelo de
acumulación sustentado en la renta petrolera, el capital y
tecnología extranjeros y se inauguró la era del
acelerado crecimiento, en el cual la expectativa de los mexicanos
era hacer de nuestra nación
un país del primer mundo.
Con la entrada del Tratado de Libre
Comercio de Norteamérica y al margen de los mexicanos,
el país sufrió un endeudamiento desmesurado y en
apenas seis años de salinato, la deuda externa se
cuadriplicó, llegando al fin de este sexenio con los
lastres de todos conocidos: pobreza, marginalidad
extrema, desempleo, deterioro poblacional en los aspectos de
salud, nutrición, educación y marcada
tendencia a la perpetuación de una pobreza y una crisis
que a pesar de las declaraciones oficiales sigue teniendo un
profundo impacto social.
Como efectos sociales de esta crisis podemos mencionar el
deterioro cada vez mayor de la calidad de vida
de los mexicanos, ya que la población mexicana ha
mantenido un crecimiento promedio anual del 6.5%. La estructura
demográfica definida en su evolución a través de las
condiciones de vida de la población, evidencia importantes
modificaciones en su conformación general y por grupos de
edad, debido obviamente a los cambios operados en la fecundidad,
natalidad y mortalidad infantil y debido a la progresiva
incorporación de la mujer al
proceso productivo como fuerza de
trabajo directo en busca de complementar un cada vez más
deteriorado ingreso familiar y como estrategia que
permita mejorar el acceso cuanti-cualitativo al consumo de
bienes de
reposición básica y a las forjadas conductas frente
a la reproducción biológica han
favorecido el aumento del deterioro de vida de la mujer con el
consiguiente incremento de la mortalidad materna.
Esto quiere decir, que los perfiles reproductivos sociales en
última instancia deben estar definiendo los perfiles de
comportamiento
demográfico.
En la mortalidad es de todos conocidos a través de la
información oficialista que ha habido una
disminución persistente en México; se dice que su
tasa bajo de 16.2 a 6.2 por mil habitantes en el presente
siglo.
c). Causas de Mortalidad
Entre las causas de mortalidad que ponen de manifiesto el
denominado fenómeno de Transición
Epidemiológica (dicha teoría
tiene una deficiencia en los términos en que fue
planteada, pues no toma en cuenta la repercusión de las
enfermedades
sobre la respuesta social, o al menos asume que dicha
repercusión se expresa a través de la mortalidad),
en el cual se pasa de un perfil a otro, se distinguen tres
grupos: las causas de muerte que
tienden a disminuir, las que se han mantenido estables y las que
han mostrado un incremento de frecuencia.
Las reducciones más acentuadas corresponden a enfermedades
infecciosas y los aumentos se observan en las enfermedades
de lenta evolución y en los accidentes. De
hecho, las enfermedades cardiovasculares, los accidentes por
vehículos de motor y la
diabetes, tienden
a reemplazar a las enfermedades transmisibles, por lo que toca a
su contribución proporcional a la mortalidad.
Al analizar la mortalidad infantil, podemos observar una
reducción en su tasa general de 39.9 por mil nacidos vivos
registrados, a 17.5 entre 1980 y 1993, de las cuales las tres
principales causas de mortalidad se observan o están
representadas por las afecciones originadas en el periodo
perinatal, las anomalías congénitas y la
neumonía e influenza; del mismo modo se observa el
desplazamiento de las enfermedades infecciosas intestinales que
se han desplazado del segundo al cuarto sitio,
observándose algunas variaciones a nivel nacional, lo que
nos indica la desigualdad económica entre las entidades
federativas del país.
En lo que respecta a la mortalidad materna, esta pasó de
143 por cada 100 000 nacidos vivos registrados en 1970, a 94.5 en
1980 y a 44.7 en 1993, observándose entre las tres
principales causas de mortalidad materna a la toxemia del
embarazo, la
hemorragia del embarazo y el parto y las
complicaciones del puerperio. En el contexto de lo
biológico, estas tres causas pudieran considerarse
según las estadísticas oficiales, sin embargo, como
se enuncia en párrafos anteriores, la incorporación
de la mujer al aparato productivo ha modificado los patrones de
mortalidad debido a las causas antes mencionadas.
Pudiera resultar paradójicamente afirmar que las
extraordinarias condiciones sociales que oficialmente son
manifestadas por los políticos no sólo aquellos que
ocupan puestos o corules en algún partido, sino
también aquellos políticos que rigen los destinos
de las políticas
de salud en México, son problemas superados y que estamos
arribando a una situación social de privilegio, que
alejados estamos de esta utopía.
Como podemos observar, pobreza y número de hijos van de la
mano, así como desnutrición y mortalidad, no podemos
nosotros conceptualizar ni afirmar que la llamada
transición demográfica es la respuesta adecuada a
una política sanitaria equivocada en nuestro país,
debido a que desgraciadamente la expansión
demográfica acentuada en las áreas rurales esta
estrechamente vinculada con la mortalidad infantil y como
resultado de la inserción de la mujer al aparato
productivo se ha reflejado en la mortalidad materna.
Apegados a indicadores oficialistas, si es posible concebir que
las tres principales causas de muerte en la mujer son las
derivadas del
embarazo, parto o puerperio, sin embargo, la mortalidad materna
no la podemos reducir a esos tres indicadores, ya que eso implica
el tener una visión reduccionista de los problemas de la
mujer, ya que si ubicamos el vínculo mortalidad materna y
pobreza, estaremos dando una visión amplia y
crítica de las causas sociales y de los efectos
poblacionales que afectan a la mortalidad materna.
Sin embargo, el apegarnos a estadísticas oficiales nos
obliga a retomar los aspectos cuantitativos, y en este orden de
ideas podemos mencionar que la fecundidad, como indicador de
calidad de vida ha tendió un progresivo descenso en su
tasa global, ya que en el Estado de
Zacatecas bajó de 8 hijos por mujer en 1970 a 4 en
1995.
La natalidad en el mismo sentido de calidad de vida que como
indicador representa, evidencía un comportamiento muy
similar producto de
los cambios ocurridos en la vida familiar y en el quehacer
mujer-madre, así como en los procesos
estructurales sociales y en el valor que los hijos tienen en el
contexto económico y social del hogar, disminuyendo de
igual forma la tasa de natalidad .
Las formas características de unión conyugal, la
intensidad o frecuencia de las uniones maritales, los tipos y
estilos de reproducción biológica que corresponden
a las distintas clases
sociales y que hacen parte de la estrategia global de
supervivencia de las mismas, parecen sufrir modificaciones
durante las fases de crisis, como lo sugieren varios estudios de
el Colegio de México.
En el mismo contexto de los efectos sociales de la crisis,
podemos mencionar el crecimiento de la subocupación y
desocupación, y en la población
inmersa en este grave problema no es tan sólo los jefes de
familia que
buscan un ingreso con el fin de remediar en parte las necesidades
urgentes de su familia, sino que son los jóvenes, el
cúmulo de fuerza laboral que busca
repetidamente una fuente de trabajo, el grupo que engrosa el
estrato de los no ocupados u ocupados temporalmente.
El área urbana es el sector más impactado por el
desempleo, agravado por el constante desplazamiento de mano de
obra que se opera desde las unidades agrícolas del sector
rural, produciéndose una migración
progresiva y definitiva de fuerza de trabajo depauperada a los
centros urbanos y la conformación de los llamados
cinturones de miseria en las grandes ciudades.
La mujer, como hemos venido describiendo, se halla vinculada a
formas atrasadas de trabajo, circunscritas a lo que los
epidemiólogos latinoamericanos han dado en denominar la
"Triple Carga", como son un trabajo mal remunerado, una
práctica doméstica cada vez más deprimente y
una procreación más acentuada.
El trabajo
materno, que ya de por sí implica en estas condiciones, un
deterioro de su calidad de vida, implica la posibilidad del
abandono de los hijos, situación que genera el
aparecimiento de una serie de determinaciones que operan
directamente no sólo en los aspectos de
reproducción biológica, sino también
reiteramos, en los graves riesgos de muerte
tanto en la madre como en los hijos.
A nivel nacional, el 47% de las madres que trabajan tienen la
oportunidad de llevar a sus hijos y ofrecerles un cuidado
más cercano a través de guarderías, centros
de recreación, etc., aunque por las
circunstancias del trabajo, ese cuidado no es el más
adecuado. Esta característica es más frecuente en
el sector rural, posiblemente debido al tipo de trabajo materno
fundamentalmente agrícola, en el que la madre es
acompañada de sus hijos, quienes, como fuerza de trabajo
complementaria, ejecutan conjuntamente las labores.
Es interesante analizar las causas de mortalidad infantil que
prevalecen en los niños
sujetos a esta condición social (hijos de madres
trabajadoras), ya que la madre al abandonar el hogar para ir al
trabajo, en muchas ocasiones deja a sus hijos al cuidado de un
menor de quince años y otro porcentaje los deja totalmente
abandonados, situación que los deja a expensas a
accidentes de todo tipo que viene a provocar en ocasiones
la muerte.
Sintetizando lo anterior, enfermedad y muerte caracterizan a la
profunda crisis que vivimos en México. La mortalidad de
las madres evidencía un mínimo descenso de la
década de los 70’s y a pesar de los grandes
subregistros que subyacen en las estadísticas
oficialistas, las defunciones maternas aumentan a 1.9 por cada
mil nacidos vivos.
La mortalidad infantil calculada a través de la
técnica de Brass Trussel muestran igualmente un lento
decrecer de la tasa de defunciones en el grupo de menores de 1
año y tampoco la mortalidad general escapa a este
comportamiento.
Al parecer la crisis pues que afecta al país y el
deterioro de la vida de las familias, limita la sobrevida de la
población infantil y potencía, a través de
su sostenido deterioro, el aparecimiento de problemas
asociados.
d). Aspectos Demográficos
La caracterización que hemos venido haciendo a
través del presente ensayo, conjuga dos factores: por un
lado el apego irrestricto a datos estadísticos
oficialistas y por otro una perspectiva crítica desde el
aspecto social; siguiendo en el rubro del primer planteamiento,
los aspectos demográficos han sido tradicionalmente
estudiados en nuestro país apegados a normas y procedimientos de
la política oficial.
Es en este contexto que surge el Plan Nacional de
Planificación
Familiar, el cual en el sexenio de 1973 a 1982 y con base en
los lineamientos del Consejo Nacional de Población, da a
conocer en el año de 1977 los principios y
objetivos de
la política demográfica nacional, estableciendo
además, metas de crecimiento natural para el país,
las cuales proponían reducir las tasas de crecimiento de
3.2% en 1976 a 2.5% en 1982, 1.9% en 1988 y la proyección
estadística del 1% en el año 2000.
Así la población al final del siglo sería de
100 millones en lugar de los 132 millones que se estimaban en
caso de mantenerse el ritmo de crecimiento entonces
observado.
Las metas se establecieron proponiendo ritmos de crecimiento que
produjeron estructuras
por edad de la población favorables a un desarrollo
socioeconómico más armónico del
país.
La meta final
de este programa fue la
de reducir la tasa de crecimiento poblacional a 2.5%.
En este mismo sentido, en el año de 1983 la
política oficialista de hacer proyecciones
estadísticas de la expansión demográfica y
su control propone
el plan interinstitucional de planificación familiar, el
cual a través de su decisión política de
continuar las acciones
encaminadas a modificar el rumbo demográfico del
país establece cuatro criterios o variables que
sirvieron de referencia para justificar los objetivos, metas y
estrategias de
planificación familiar. Dichos indicadores fueron entre
otros: la fecundidad, la anticoncepción, la cobertura de
servicios y la
demanda insatisfecha.
Estas políticas obviamente dejan de lado indicadores no
oficiales y quizá no previstos en ese momento, como es la
gran crisis que vive nuestro país, la cual desde una
perspectiva económica, nutricional, política,
moral,
psicológica y cultural han dado pié y surgimiento a
nuevas teorías
y a nuevas concepciones de vincular a la mortalidad con la
dinámica poblacional, no sólo en los aspectos de
expansión, no sólo en la mera correlación
numérica o cuantitativa desde el punto de vista de la
proyección estadística, sino también desde
un aspecto cualitativo, en el cual no sirven de mucho las
políticas oficiales, ni las buenas intensiones de los
políticos que establecen, por decreto la forma y rumbo del
tipo de muerte que tendrán los niños y las mujeres
de nuestro país, ni tampoco es tan mecánico el
problema del crecimiento demográfico, ya que como
reiteradamente hemos puntualizado, esto se puede valorar desde
otras teorías y desde otra perspectivo como es entre
otros:
* El impacto de la crisis en la calidad de vida en los
mexicanos.
* La correlación que existe entre el modelo
económico y la dinámica demográfica
* El modelo de desarrollo social
y las condicionantes que este conlleva.
Los mexicanos enfermamos y morimos de clase, esto es, el
comprender a la mortalidad infantil y a la mortalidad materna
como el resultado de un complejo andamiaje que desde la trama de
lo social se entreteje y determina el tipo de muerte y el tipo de
enfermedad, esto desde una perspectiva cuali-cuantitativa nos
relaciona y conlleva a una dinámica poblacional no
sólo de expansión y crecimiento, sino de una
estática y regresión, pues en la
medida de la pobreza o en la medida de la riqueza, es como
podemos entender desgraciadamente el bienestar social de la
población.
La desigualdad ante la muerte y ante la enfermedad, se refleja
ante la existencia de importantes diferencias en las tasas y en
la estructura de mortalidad de acuerdo a las condiciones de vida
de la población. Ya que podemos mencionar la existencia de
una relación directa entre un alto porcentaje de
necesidades básicas insatisfechas de determinados grupos
de población (los municipios) y mayores tasas de natalidad
y mortalidad general, infantil y maternas.
De igual forma, la vinculación de la desigualdad ante la
muerte y la dinámica poblacional es obvia al afirmar que
la probabilidad de
morir de los niños menores de cinco años depende de
las condiciones socioeconómicas de las comunidades donde
habitan, así como las desigualdades que existen en el
acceso a los servicios de salud de acuerdo al habitat
geográfico y a los niveles de ingreso.
El indicador de mortalidad infantil y mortalidad materna han sido
utilizados como un índice de bienestar social que refleja
los problemas de salud que confronta el niño menor de un
año, y por ende sus necesidades de sobrevivencia;
así mismo, es un índice del estado de salud de la
madre y de los niveles de crecimiento poblacional.
La tasa de mortalidad de niños menores de 5 años
por 1000 nacidos vivos es un índice que ha sido
recomendado como el indicador más representativo del
progreso social de un país, además de ser
también un indicador de supervivencia infantil, es reflejo
de la salud de las madres y de su acceso a los servicios y
programas
entre otros de planificación familiar.
Se ha puesto de manifiesto el grave deterioro de las condiciones
de vida mexicana, así como las significativas
desigualdades que se observan en el país. La sociedad y el
Estado mexicano se encuentran frente a una grave encrucijada,
donde las necesidades de mantener los equilibrios
macroeconómicos y de impulsar el crecimiento y preservar
la estabilidad política, han venido compitiendo con la
satisfacción de demandas sociales impostergables. No es
casualidad que en el programa de gobierno del Sr.
Presidente Dr. Ernesto Zedillo, se reivindique con inusitado
énfasis la política demográfica,
instrumentada a través del Consejo Nacional de
Población y del Sector Salud.
Bajo este marco de análisis, y específicamente para
aquellos que se desempeñan como agentes de cambio en el
sector salud y educación se hace necesario dar una
discusión sobre las políticas oficiales y el
papel que
estas juegan con la sociedad, ya que en esa medida del diálogo y
el análisis, estaremos en condiciones de emerger a una
nueva política, a una nueva visión y a un nuevo
horizonte que reclama de nosotros la población
mexicana.
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15-182.
Alfredo Salazar De Santiago
Edad: 31 Años
Estudios Realizados:
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