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La Pedagogía como Ciencia

Indice
1. Introducción
2. Algunas consideraciones sobre las Tendencias Pedagógicas Contemporáneas
3. Pedagogía Tradicional: algunas esencialidades
4. Escuela Nueva: algunas esencialidades
5. Enfoque personalista en la Psicología y su Influencia en la Pedagogía no Directiva
6. Bibliografía

1. Introducción

Considerada primero como el ARTE DE ENSEÑAR, la Pedagogía se la tiene en la actualidad como una ciencia particular, social o del hombre, que tiene por objeto el descubrimiento, apropiación cognoscitiva y aplicación adecuada y correcta de las leyes y regularidades que rigen y condicionan los procesos de aprendizaje, conocimiento, educación y capacitación. Se ocupa, en su esencia, del ordenamiento en el tiempo y en el espacio de las acciones, imprescindibles y necesarias que han de realizarse para que tales procesos resulten a la postre eficiente y eficaces, tanto para el educando como para el educador.
El sustrato metodológico de la Pedagogía como ciencia es materialista y dialéctico. Es una parte importante en el contexto de la concepción sistémica de la Ciencia, de aquí que en su avance y perfeccionamiento intervengan el de otros campos que abordan diferentes aspectos de la realidad material y social, de manera concatenada y unitaria.
En el desenvolvimiento de su praxis, la Pedagogía toma en consideración las direcciones que se han de seguir para que, en el decursar del proceso de enseñanza, se logre el mayor grado posible de aprendizaje, con un esfuerzo mínimo y una eficiencia máxima, premisas si se quiere del conocimiento imprescindible que, en base de una relación costo-beneficio aceptable de todo tipo, garantice una educación y capacitación en correspondencia con las necesidades reales de su sujeto-objeto de trabajo.

2. Algunas consideraciones sobre las Tendencias Pedagógicas Contemporáneas

En su devenir evolutivo, histórico y concreto, la Pedagogía ha estado influida por condiciones económicas, políticas, culturales y sociales, las cuales han intervenido, con mayor o menor fuerza, en el desarrollo del nuevo conocimiento pedagógico, o lo que es igual, en el surgimiento y aplicación de los procedimientos dirigidos a favorecer el hecho de la apropiación, por parte del hombre, de la información requerida para el enfrentamiento exitoso de las situaciones cambiantes de su entorno material y social, en consecuencia con sus propios intereses y en correspondencia con el beneficio de los demás.
Las tendencias pedagógicas, desde el punto de vista de sus aplicaciones en la práctica, han de favorecer, en la misma medida en que éstas sean correctas, la apropiación, con la mayor aproximación posible, del conocimiento verdadero, objetivo, en definitiva, del conocimiento científico el cual se sustenta en las teorías-núcleos, teorías, leyes, tendencias y regularidades determinantes de los cambios y transformaciones, continuos e indetenibles, del mundo material, la sociedad y del propio ser humano, como personalidad, espiritualidad e individualidad.
Las tendencias pedagógicas, de ser lógicas, deben recorrer el camino conducente a la toma de una plena conciencia de la relación obligada entre la unidad didáctica y la interacción del contenido de la ciencia con las condiciones sociales, económicas, culturales, históricas y de los factores personales, sobre los cuales ejerce su influencia determinante la práctica histórico-social en el desarrollo de tal relación.
La Pedagogía como ciencia y sus tendencias están en relación dialéctica con otras ciencias particulares de la contemporaneidad entre las cuales se encuentra, de manera particularmente importante, la Psicología, relacionada esta última directamente con la percepción, por el individuo, del reflejo del mundo material y social en su cerebro y del propio Yo subjetivo, decir, lo pedagógico habrá de alcanzar sus objetivos en la misma medida en que lo subyacente psicológico lo posibiliten y viceversa, y sobre esta base se está obligado a trabajar en el camino hacia una educación y capacitación mejorada o de excelencia.
En las tendencias pedagógicas están contenidas y ellas en si mismas, expresan las concepciones e ideas que en, correspondencia con acciones adecuadas, por su sistematización, determinan, con sus múltiples variantes y alternativas de organización, que el proceso de enseñanza resulte más efectivo y, por ende facilitan el proceso de aprendizaje.
En las tendencias pedagógicas se plantean, y son objeto de análisis, sus bases filosóficas y psicológicas, se normalizan las formas del trabajo que se ha de desarrollar en el proceso de enseñanza facilitador de un aprendizaje eficiente, el papel que se le asigna tanto al educando como al educador y se plantean así mismo las repercusiones que éstas hayan podido tener en la práctica pedagógica desde el mismo momento en que fueron presentados hasta los momentos actuales. En ellas, consideradas como sistema, se encuentran las esencialidades prácticas necesarias para la superación de las deficiencias conocidas y catalogadas, de la pedagogía tradicional conformada desde el siglo XIX, y que ha transcendido hasta nuestros días. Así se resaltan el carácter activo del sujeto en la apropiación del conocimiento acerca de la realidad objetiva del entorno material y social en el cual se mueve, espacio temporalmente, de manera existencial; la importancia transcendental que tienen la práctica de la individualización y del grupo en la educación; el empleo consecuente, en cantidad y calidad de los medios de enseñanza en las diferentes posibilidades que brindan; el papel, también con alto grado de transcendencia, del complicado pero necesario, proceso de la autogestión en la consecución de una educación integral, plena y eficiente; la importancia categórica de la investigación y la concientización del papel transformador que tiene, de manera obligada, el propio sujeto en el proceso de aprendizaje.

3. Pedagogía Tradicional: algunas esencialidades

El pensamiento pedagógico puede decirse que comenzó su desarrollo desde los propios albores de la humanidad. Él si mismo no es más que una consecuencia de su devenir histórico, en correspondencia con la necesidad del ser humano de transmitir con eficiencia y eficacia a sus congéneres las experiencias adquiridas y la información obtenida en su enfrentamiento cotidiano con su medio natural y social.
Así se encuentra el pensamiento pedagógico, expresándose de manera concreta a través de acciones de una educación incipiente, ejerciendo su influencia en el proceso de transformación de la llamada comunidad primitiva en una sociedad dividida en clases; sirve aquí de instrumento y arma para luchar contra las tradiciones y las ideas movilizadoras para la acción de las entonces comunidades tribales. Las ideas pedagógicas abogan en ese momento crucial de la historia del ser humano como ente social por la separación en lo que respecta a la formación intelectual y el desarrollo de las habilidades y las capacidades que habrían de lograrse en aquellos hombres en que sus tareas principales no fueran las del pensar, sino las requeridas para el esfuerzo físico productivo tales ideas pedagógicas debían entonces insistir lo suficiente para lograr en la práctica que la mayoría o la totalidad de "la gran masa laboriosa" aceptara esa condición de desigualdad. Con estas concepciones es que surgen las denominadas escuelas para la enseñanza de los conocimientos que se poseían hasta ese momento para el usufructo exclusivo de las clases sociales selectas asignándoseles a las emergentes clases explotadas, como única salida de sobrevivencia, el papel protagónico de la realización del trabajo físico.
Tales concepciones e ideas pedagógicas, conjuntamente con las cualidades que deben poseer tanto el alumno como el maestro, aparecen en manuscritos muy antiguos de China, la India y el Egipto.
El desarrollo de un pensamiento pedagógico semejante tiene lugar en Grecia y Roma con figuras tan sobresalientes como Democrito, Quintiliano, Sócrates, Aristóteles y Platón. Este último aparece en la Historia como el pensador que llegó a poseer una verdadera filosofía de la educación, con una caracterización de los campos de la acción educativa, a qué exigencias debía responder la misma y en que condiciones tales acciones resultaban posibles.
No obstante ello, el pensamiento pedagógico emerge con un contenido y una estructura que le permite alcanzar un cuerpo teórico verdadero, de una disciplina cognoscitiva con personalidad propia, en el renacimiento, etapa en la cual ya la humanidad ha alcanzado determinado grado de desarrollo científico capaz de sustentar y promocionar el desarrollo social, situación esta que obliga a la nueva clase social, progresista por entonces, la burguesía a valorar con toda fuerza y en su real dimensión e importancia lo relativo al progreso científico y técnico con vistas a su perpetuación en el poder garantizando al mismo tiempo su progreso económico sostenido. Aquí la Pedagogía adquiere por primera vez un carácter de disciplina independiente, emerge como la posibilidad tangible de solución a la necesidad que tiene la sociedad de contar con una base teórica fuerte sobre la cual sustentar, de manera fundamental, la enseñanza en la misma.
En este último período la figura más representativa de la ya Pedagogía como ciencia independiente es Juan Amos Comenius quien, en esencia, estableció los fundamentos de la enseñanza general, al tiempo que elaboró todo un sistema educativo integral y unitario con una fundamentación lógica de la estructuración del proceso docente en sí que debía desarrollarse en la escuela con el objetivo principal de contribuir y lograr un aprendizaje satisfactorio, capaz de proyectarse en la práctica de manera resolutiva respecto a la realidad enfrentada con vistas a su transformación en aras del beneficio propio y de los demás. Amos Comenius fue un gran revelador de los principios básicos sobre los cuales se sustenta la enseñanza, de aquí se le considere el padre de la Didáctica y el primero en plantear la importancia de la necesidad de vincular la teoría con la práctica como procedimiento facilitador, incluso, del ulterior aprendizaje.
Entre 1548 y 1762 surge y se desarrolla la Pedagogía Eclesiástica, principalmente la de los Jesuitas, fundada por Ignacio Loyola y que más tarde, en 1832, sus esencialidades son retomadas para llegar a convertirse en el antecedente de mayor influencia en la Pedagogía Tradicional.
Tal Pedagogía Eclesiástica tiene como centro la disciplina, de manera férrea e indiscutible, que persigue, en última instancia, afianzar, cada vez más, el poder del Papa, en un intento de fortalecer la Iglesia ya amenazada por la Reforma Protestante y a la cual le resultaba necesario el poder disponer de hombres que les respondieran sin vacilación alguna, en base de una conducta formada en la rigidez y el orden absoluto. Al margen de algunos de los antecedentes planteados, puede decirse que la Pedagogía Tradicional comienza a fraguarse en el siglo XVIII, que emerge en ese momento del desarrollo social de la humanidad, con la aparición de las llamadas Escuelas Públicas, tanto en Europa como en la América Latina, reflejos a la postre de los grandes cambios precipitados por las revoluciones republicanas de los siglos XVIII y XIX, animadas por la doctrina política y social del liberalismo.
Es en el siglo XIX, que la Pedagogía Tradicional, como práctica pedagógica ya ampliamente extendida alcanza su mayor grado de esplendor, convirtiéndose entonces en la primera institución social del estado nacionalista que le concede a la escuela el valor insustituible de ser la primera institución social, responsabilizada con la educación de todas las capas sociales.
Es precisamente a partir de este momento en que surge la concepción de la escuela como la institución básica, primaria e insustituible, que educa al hombre para la lucha consciente por alcanzar los objetivos que persigue el Estado, lo que determina que la Pedagogía Tradicional adquiera un verdadero e importante carácter de Tendencia Pedagógica, en cuyo modelo estructural los objetivos se presentan de manera tan solo descriptiva y declarativa más dirigidos a la tarea que el profesor debe realizar que a las acciones que el alumno debe ejecutar sin establecimiento o especificación de las habilidades que se deben desarrollar en los educandos, otorgándoles a éstos últimos el papel de entes pasivos en el proceso de enseñanza al cual se le exige la memorización de la información a él transmitida, llevándolo a reflejar la realidad objetiva como algo estático, detenida en el tiempo y en el espacio, como si no contara de manera alguna la experiencia existencial de quienes aprenden como si los contenidos que se ofrecen estuvieran desvinculados, en parte o en su totalidad de la mencionada realidad objetiva, constituyendo un conjunto de conocimientos y valores sociales acumulados por las generaciones precedentes y que se transmiten como si fueran verdades acabadas, disociados del entorno material y social del educando.
La Tendencia Pedagógica Tradicional no profundiza en el conocimiento de los mecanismos mediante los cuales se desarrolla el proceso de aprendizaje. Ella modela los conocimientos y habilidades que se habrán de alcanzar, de manera empírica en el estudiante, por lo que su pensamiento teórico nunca alcanza un adecuado desarrollo. La información la recibe el alumno en forma de discurso y la carga de trabajo práctico es mínima sin control del desarrollo de los procesos que subyacen en la adquisición del conocimiento, cualquiera que sea la naturaleza de éste, lo que determina que ese componente tan importante de la medición del aprendizaje que es la evaluación este dirigido a poner en evidencia el resultado alcanzado mediante ejercicios evaluativos meramente reproductivos, que no enfatizan, o lo hacen a escala menor, en el análisis y en el razonamiento.
En la relación alumno-profesor predomina plenamente la autoridad del segundo, con un aspecto cognoscitivo paternalista: lo que dice el profesor es respetado y cumplido por el alumno, con principios educativos poco flexibles, impositivos y cohercitivos.
La Tendencia Pedagógica Tradicional tiene, desde el punto de vista curricular un carácter racionalista académico en el cual se plantea que el objetivo esencial de la capacitación del hombre es que el mismo adquiera los instrumentos necesarios que le permitan tan solo intervenir en la tradición cultural de la sociedad; no obstante ello esta tendencia se mantiene bastante generalizada en la actualidad con la incorporación de algunos avances e influencias del modelo psicológico del conductismo que surge y se desarrolla en el siglo XX.
En resumen, la Tendencia Tradicional resulta insuficiente y deficiente en el plano teórico cognitivo y de la praxis del ser humano por cuanto ve en éste último a un simple receptor de información, sin preocuparse de forma profunda y esencial de los procesos que intervienen en la asimilación del conocimiento como reflejo más o menos acabado de la realidad objetiva, sin prestarle la debida importancia al papel, ciertamente decisivo de los aspectos internos que mueven la determinación de la conducta social del individuo y las influencias, favorecedoras o no, que éstas puedan tener sobre el aprendizaje del mismo: la retención de la información se alcanza en base de una repetición mecánica de ejercicios sistemáticos y recapitulados, de manera esquemática y enciclopedista.

4. Escuela Nueva: algunas esencialidades

La Tendencia pedagógica conocida con el nombre de la Escuela Nueva, puede decirse que surgió con el filósofo y pedagogo norteamericano John Dewey (1859-1952), quien planteó desde un principio que el propósito principal de la educación, condicionador de las distintas tareas o aspectos del proceso de enseñanza-aprendizaje debía estar dado por los intereses de los propios alumnos, es decir, por las fuerzas interiores que llevan a estos a la búsqueda de la información educativa y al desarrollo de las habilidades capacitivas. En esta tendencia pedagógica alcanzan un mayor auge los intentos por dirigir a los educandos más hacia las acciones prácticas concretas, que hacia los ejercicios teóricos, situación esta que ya se había iniciado hacia finales del siglo XIX con una mayor propagación en las primeras décadas de este siglo y en cuya esencia todo se dirigía, a una crítica profunda de los procedimientos autoritarios e inflexibles condicionados por la Tendencia Pedagógica Tradicional, en contra del enciclopedismo pasivo asignado al alumno.
La Escuela Nueva, como Tendencia Pedagógica que es, enfatiza la importancia que tiene que el educando asuma un papel activo, consciente de lo que desea aprender, en consecuencia con sus posibilidades e intereses, lo que trae aparejado un cambio importante de las funciones que entonces debe realizar el profesor en el desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje que posibilite alcanzar realmente, de forma medible, los objetivos propuestos..
La Escuela Nueva persigue, en sus concepciones teóricas y proyecciones prácticas, garantizar el logro de una mayor participación con un grado más elevado de compromiso de todo ciudadano con el sistema económico-social imperante, en base de la consideración, no del todo correcta, de que la satisfacción de las aspiraciones del ser humano, como individuo y como ser social, contribuiría de manera sustancial a lograr cierto tipo de equilibrio en la sociedad, a punto de partida, sobre todo de la suavización o eliminación de las contradicciones entre las clases y dentro de las clases mismas.
En las ideas de Dewey aflora con meridiana claridad que la escuela es una real institución social en la cual se deben concentrar todos los medios disponibles que contribuyan y posibiliten que el individuo exprese, con la mayor fuerza y alcance, las potencialidades biológicas y cognitivas que posee, o lo que es lo mismo, que el individuo llegue a desarrollar al máximo sus capacidades para luego proyectarlas en la sociedad de manera tal que contribuya a su desarrollo ulterior y al suyo propio. "El hombre se forma para vivir dentro de su medio social" decía este filósofo y pedagogo norteamericano, "como si la escuela fuera en la práctica una comunidad en miniatura, con un fuerte sentido democrático favorecedor de la colaboración y ayuda mutua entre los ciudadanos; a ella resulta necesario llevar el avance industrial de todo tipo alcanzado hasta ese momento para poner así en contacto al individuo con lo ya logrado y promover en él la necesidad de alcanzar otros nuevos y superiores".
La divisa de la Escuela Nueva como tendencia pedagógica es aprenderlo todo, haciéndolo, en un intento de subordinar a la experiencia práctica concreta los aspectos teóricos contenidos en los libros.
En resumen, a la Tendencia Pedagógica desarrollada y que se sustenta esencialmente en las ideas de Dewey se le puede considerar como una pedagogía que además de tener una esencia genética resulta, al mismo tiempo, funcional y social. Lo genético está en correspondencia con el hecho de que la educación no es más que la apariencia fenoménica de la expresión de determinadas potencialidades biológicas determinantes a su vez de capacidades cognitivas en el individuo. Es también funcional porque en definitiva persigue desarrollar las referidas potencialidades biológicas cognitivas en el camino de la búsqueda y consecución de los procesos mentales que resulten útiles tanto para la acción presente como para la futura, es decir, considera a los procesos y actividades de naturaleza psíquica. Como los instrumentos capaces de proporcionarle al individuo el mantenimiento de su propia vida. El aspecto social se basa en la concepción de que siendo el ser humano una parte o elemento necesario de la sociedad es imprescindible educarlo de manera tal que en su práctica resulte útil para la misma y contribuya a su desarrollo progresivo
La Pedagogía como Ciencia de la Educación se preocupa por el carácter práctico que se materializa en la metodología y en los medios utilizados con tal propósito. Así mismo, en correspondencia consecuente con la existencia del llamado pronóstico pedagógico científico, en el cual tiene su más viva expresión las leyes que rigen el desarrollo y obtención del conocimiento verdadero de la realidad objetiva, la tecnología educativa, siempre y cuando se la utilice de manera racional y lógica puede favorecer, la apropiación del mismo.

5. Enfoque personalista en la Psicología y su Influencia en la Pedagogía no Directiva

El motor impulsor de la acción del individuo, su fuerza motriz fundamental, es la motivación de éste que desencadena su interés por adentrarse en los caminos del saber teórico y práctico que tiene como propósito el enfrentar de manera resolutiva y exitosa, las nuevas situaciones problémicas que puedan surgir en su entorno natural y social, para lo cual, precisamente, el hombre se educa y capacita en un proceso de intensa e incesante transmisión, acopio o almacenamiento, retención, consolidación y enriquecimiento progresivo de información. Así mismo, el incesante flujo informacional alcanza su objetivo educativo- capacitivo sólo cuando el mismo se ajusta a las potencialidades biológicas genotípicas de desarrollo y a las perspectivas que respecto al mensaje transmitido tiene el propio educando, constituyendo el logro de un equilibrio apropiado entre ambos aspectos, el propósito principal de cualquier sistema educativo.
La tendencia Pedagógica-Psicológica-Personalista surge con el norteamericano Rogers en la década de los años cuarenta. Este profesor y psicoterapeuta plantea que lo principal para el aprendizaje, la educación y la capacitación del individuo es la existencia en el de un determinado grado de disposición, de una necesidad de desarrollo personal que lo faculta para ello. Considera que "todo organismo está animado por una tendencia inherente a desarrollar todas sus potencialidades de modo que favorezcan su conservación y enriquecimiento". Es como si la persona elaborará una imagen de si misma con una determinada forma de organización y reorganización dinámicas, en armonía, mientras ello que sea posible, con la experiencia posee y la realidad que enfrenta, es decir, se estructura una imagen del "yo" en la que concuerdan los elementos de vivencias precedentes, a disposición de la conciencia, mientras que aquellos que no se corresponden con ellos son interceptados. La idea del "yo" surge así como un mecanismo regulador del comportamiento, siempre y cuando la noción de éste (del "yo") sea realista, fundamentada en la experiencia práctica y libre del sujeto.
En resumen, el enfoque personalista como tendencia pedagógica contemporánea, promueve y posibilita, siempre y cuando sea utilizado con la mesura y dosificación adecuadas, un incremento del grado de rendimiento del proceso enseñanza-aprendizaje, con mejoramiento subsiguiente de la educación y capacitación del individuo al implicarlo más en todo lo personal relacionado con los mismos, en base del supuesto de que todo ser humano, en condiciones de normalidad biológica es capaz de llegar a comprenderse, de solucionar su problemática existencial del modo que le permita lograr el grado de satisfacción y la eficacia necesarios para sostener su funcionamiento autoregenerativo en relación con los cambios de todo tipo que puedan producirse en su entorno y que él necesariamente está obligado a enfrentar.
El Enfoque Personalista-Psicológico ha influido poderosamente en la llamada Orientación no Directiva en la Pedagogía. Esta orientación considera que el profesor no debe desempeñarse como reformador, como ente que cambia, diagnóstica y valora unilateralmente la conducta, el comportamiento, las necesidades y los objetivos del educando, sino que debe conducirse, en todo momento, como promotor y facilitador de todas aquellas condiciones que puedan a su vez influir en la expresión de las potencialidades y capacidades de autodeterminación de los educandos, tanto en lo individual como en el contexto social.
La Orientación no Directiva promueve el rompimiento definitivo con una actitud de desconfianza en las posibilidades con que cuenta el ser humano para su desarrollo, liberándolo de las restricciones que respecto a ello puedan imponerle determinados programas de enseñanza-aprendizaje que, de manera inflexible, puedan asignarle desde afuera y que lo único que sirven, a decir de Rogers, es para ser dependiente al sujeto alumno y pedirle el movimiento evolutivo de su autocontrol, creándole barreras e inhibiciones de múltiples tipos, que atentan todas ellas, contra el aprendizaje eficiente y la adquisición de conocimientos adecuados, en lo cuantitativo y lo cualitativo.
Pudiera resumirse diciendo que si bien el enfoque o estilo no directivo puede resultar un modelo indóneo, hasta cierto punto, en lo referente a la facilitación del aprendizaje y la educación capacitiva, no debe olvidarse, igualmente, que nunca van a existir grupos de sujetos educandos apoderándose de un conocimiento determinado por si solos y que tampoco habrán sujetos profesores o docentes enseñando a objetos-sujetos que no sean los primeros, aunque ello no significa que éstos últimos hayan de oponerse a sus intereses, deseos o necesidades.
Un rasgo distintivo de la práctica pedagógica científica contemporánea es el número elevado de corrientes y de teorías que, apoyándose en diferentes puntos de vistas económicos, filosóficos, sociales y psicológicos, intentan explicar el largo y complejo proceso de la educación del hombre, sobre todo en lo referente al desarrollo y consolidación de su personalidad, la que luego a su vez interviene, de manera controladora y reguladora cognitiva, a la expresión de una praxis que se integra, en correspondencia con sus intereses, más o menos mejor en el contexto social del cual no le es dado sustraerse y al cual contribuye, necesariamente, en su movimiento.

La Educación Como Hecho Cultural Es En Esencia El Cultivo De Lo Humano
La educación como hecho cultural puede ser mirada de diversos modos: como acontecimiento histórico, como el proceso de formación del hombre, su mejoramiento y su perfeccionamiento; así como los modos de vivir y de pensar que deben ser pulimentados y civilizados. Ésta manera de concebir la educación ha sido producto de la evolución advertida desde la paideia griega como fenómeno civilizatorio, en donde el cultivo de lo humano se constituye en principio y fundamento del desarrollo de las actitudes y potencialidades del individuo y la colectividad.
En la educación se reconoce el valor esencial a lo que el HOMBRE ES Y DEBE SER; de hecho la educación no tiene valor en sí misma, sino que la tiene con respecto de algo o de alguien; ese alguien es el hombre en lo que es y en lo que debe ser: El HOMBRE como un ser biopsicosocial, abierto al mundo y con un horizonte pleno de posibilidades de realización. Así, el objeto de la educación según Kant "es desarrollar en el individuo toda la perfección de la que es susceptible, el desarrollo armónico de todas sus facultades humanas".
Ello supone que la opción por la educación debe ser decidida y auténticamente humana, esto es, reconocer los elementos constitutivos de su experiencia vital (sensaciones, emociones, percepciones y vivencias). "cada hombre en cuanto tarea para sí mismo, de sí mismo, es decir, en cuanto Ser en construcción de sí mismo y de los procesos sociales, tiene capacidad para transformar y transformarse, en una interacción dialéctica con el mundo de la vida, a partir de la cual crea y recrea parcial y simbólicamente la realidad"
Esta tarea cobra sentido y significado en la medida en que se puede comprender que las búsquedas y realizaciones humanas tienen su dinámica propia, y es desde ésta comprensión que la educación como un rasgo distintivo de la cultura emerge como proyecto que convoca y congrega a cada individuo en particular y a la sociedad en su conjunto. Cobra vigencia en la medida en que crea y recrea modos de vida e incorpora nuevos elementos que redimensionan la perspectiva del individuo y de su realidad. En este sentido la educación del hombre y la existencia se condicionan mutuamente.
De este modo, la educación no es sólo un conjunto elaborado de ideas, refiere igualmente a un tipo de experiencias que constituyen el hecho educativo. Un acto que tiene significado y sentido; un diálogo donde convergen los ideales de formación y los implícitos y explícitos proyectos de vida de un colectivo. En esta perspectiva el hecho educativo en "esencia" viene a ser la formación que en palabras de Montaigne "es la pregunta por el cultivo del hombre, su naturaleza humana, sus inclinaciones, su vocación, su relación con la cultura clásica y su dedicación al trabajo"
Así, la educación como un continium dota al ser humano en todo tiempo y lugar de posibilidades impredecibles para trazar y dibujar su realidad, de manera que la pueda categorizar deliberada e intecionadamente y articularla propositivamente a los retos y desafíos que le presenta la historia, para aportar a la construcción del proyecto de Nación.
"Una sociedad se convierte en Nación de la misma forma como un hombre se convierte en persona de carácter: respondiendo con respuestas positivas a los desafíos que le presenta la vida". (José Bernardo Toro).
El hecho educativo, en este sentido, no se puede justificar por sí mismo, sino por su significado sociocultural; así la sociedad en cada época histórica ha tenido una tabla ideal de valores, de donde el individuo ha derivado los derroteros para la edificación de su vida y la educación para su realización. Ello supone que se asigne un valor a las cosas en la medida en que éstas tienen relación con sus intereses, por tanto, la educación se convierte en el primer interés sobre el cual gira la posibilidad de construir un país democrático y competitivo con equidad.
En este marco contextual, la educación como proceso comprometido en la configuración y transformación social tiene que partir de identificar las fortalezas y debilidades de un país en relación con los recursos humanos, físicos y ambientales, para plantear un proyecto educativo que más allá de la enunciación formal posibilite niveles óptimos de concreción en perspectiva de acrecentar las competencias individuales y sociales para la consecución de un desarrollo humano sustentable y sostenible.
Entendida la educación como un proceso orientado al Desarrollo Humano, requiere tener en cuenta instancias históricas, geográficas y culturales que al mismo tiempo que limitan y condicionan el mejoramiento continuo de la educación, también favorecen una nueva "manera de Ser" en la sociedad.
Pensar la sociedad desde la educación es lograr conjugar en una triada de permanente interacción, lo racional, lo afectivo y lo valorar, en la perspectiva de construir con ellos un ensanchamiento de las potencialidades humanas, es decir, tener la capacidad de visualizar y de ir más allá de las limitaciones que consciente o inconscientemente se han incorporado cultural e históricamente, de tal manera que se vislumbren otras posibilidades que en el plano de la realidad tengan una mayor sedimentación. Dewey sostiene que "no es tan fructífero contemplar lo puramente imaginario, dado que esto no constituye la alternativa verdadera, pero si no lo hiciéramos, es decir, si no miráramos otras posibilidades, debilitaríamos nuestra capacidad de comprensión en vez de ampliarla".
Algo similar ocurre entonces sí avizoramos respecto al futuro... corresponde ahora iluminar el presente y lo que compete hacer; no se trata de poner límite a las búsquedas y a las posibilidades, tampoco de fantasear con la mente, sino reconocer que todo límite radica en la imposibilidad de relacionar las experiencias presentes con las pasadas. Pensar en la educación es hacer como diría Freud" que el principio del placer trabaje en función del principio de realidad; esto es encontrar placer al crear y creer en lo que se crea".
Implica para la educación:

  • Confrontar la heterogeneidad con la complejidad de la realidad y reconstruir la narrativa que explique la época.
  • Dar cabida a nuevos horizontes de reflexión y orientación conceptual que permita comprender las subjetividades tanto individuales como colectivas de cara a la construcción social de la realidad.
  • Hacer posible la pluralidad del conocimiento, esto es buscar conocimientos diversos, no sólo como experiencia racional, que permitan reorganizar creativamente las visiones de cambio.
  • Reconocer el lenguaje como una mediación cultural que permite acercar los diversos entramados de sentidos en la construcción de un proyecto de vida individual y colectivo.
  • Emerger como sujetos participantes desde la construcción de un sí mismo y un mi mismo que posibilite el establecimiento de nexos con la sociedad.
  • Conformar comunidades de acción y pensamiento.

La educación como portadora de historia y constructora de cultura ES y DEBE SER permanentemente creadora, está llamada a implicar y dejarse implicar; rescata al hombre de su representación como arquetipo histórico y lo sitúa en el mundo de la vida, lo hace salir de sí, para que se sepa como un ser renovado y distinto.
Ahora bien, Pensar la utopía de la educación desde esta perspectiva, es despojar al hombre de la prefiguración arquetípica que de él se ha erigido, y cultivar lo que humanamente ha de llegar a Ser.
Es una huida al pasado, para hacer presencia un presente que no desea depositar en un futuro incierto, la realizaciones que como persona está llamado a celebrar.
La pedagogía es una ciencia social que reflexiona sobre la formación humana.
Toda ciencia en su conjunto como creación humana y como fuente inspiradora para la comprensión y solución de problemas que le acaecen al individuo y la sociedad, tienden al cultivo y al desarrollo de lo "esencialmente" humano.
Así, la Ciencias Sociales aportan a la construcción del individuo y transformación de la cultura en la medida en que posibilitan la adquisición, apropiación, modificación y construcción de diferentes formas de ver, sentir, conocer y representar la realidad; relacionarse y actuar en el mundo.

La Pedagogía entendida como una Ciencia Social aporta a la construcción del Ser humano como sujeto individual y social en la medida en que reflexiona sobre la FORMACION HUMANA, y, en cuanto FORMACION, halla su fuente de provocación y orientación teórica en las ciencias, las artes y la cultura como elementos que coadyuvan a la realización plena de los individuos.
La formación entendida como una "acción", o efecto de "formar" o "formarse", provoca en el individuo la aparición de algo que no existía antes, es develar aquello que está "oculto", y que de alguna manera requiere ser proyectado, es decir, "otorgar" a la condición de hombre aquello por lo que se es "esencialmente" humano.
En este sentido, la pedagogía orientada hacia la formación humana, es una opción histórica y cultural que se compromete con el proceso de construcción de la persona, para cada vez más, acercarse en relación intima al proyecto de humanidad.
La pedagogía como ciencia social tiene un estatuto científico.
La pedagogía tiene un objeto de estudio propio
Partiendo de la base de que la Educación es un hecho cultural, que tiene como propósito fundamental el cultivo de lo humano, y de que la pedagogía es una reflexión sobre la formación humana, el objeto de estudio de ésta debe ser delimitado y precisado en función del proceso formativo: Cómo se forma el ser humano, qué circunstancias intervienen en ella, cómo aprende el ser humano, cómo enseñar a ese ser humano, qué necesidades sociales, políticas, económicas y culturales llevan a una época a dirigir sus esfuerzos a la formación de un determinado tipo de ser humano. Esto quiere decir, que de la indagación sobre las formas de formarse los individuos, sobre las necesidades e intereses de aprendizaje, emanan diversas formas de enseñar, de formar, de transmitir y de recontextualizar saberes y conocimientos.
La pedagogía así entendida tiene como objeto de estudio una relación: de un lado el ser humano en formación que se materializa en el sujeto que aprende y de otro el objeto a ser enseñado, es decir las disciplinas, las destrezas y los valores a formar en ese sujeto. Esto es, la relación dialéctica entre aprendizaje y enseñanza.

La Pedagogía Tiene Un Método Propio
El método de la pedagogía está determinado por el cómo formar y el cómo enseñar. A partir del conocimiento sobre la formación y el aprendizaje humano, se van generando diversos métodos para forjar los contenidos de la cultura, la ciencia y las artes, los instrumentos del conocimiento , las habilidades del pensamiento y las competencias requeridas para favorecer en los individuos el desarrollo pleno de sus potencialidades. La didáctica, en este sentido, aporta a la reflexión sobre el método.
Ahora bien, entendiendo que el objeto de estudio de la pedagogía es la relación aprendizaje y enseñanza. Y en esta relación radica la investigación pedagógica, la discusión sobre el método investigativo, que como ciencia social, aplica la pedagogía es relevante. En efecto la articulación entre producción científica, aprendizaje y enseñanza es condición necesaria para la pedagogía.
Diversos son los métodos utilizados por las ciencias sociales para explicar, comprender y transformar la realidad. A la pedagogía como ciencia social, se le exige profundizar sobre el método(s) propio de abordaje de la investigación pedagógica, de tal manera que a través de un proceso riguroso permita: validar y estandarizar enfoques y métodos cada vez más científicos, elaborar teorías sobre la enseñanza, comprender los acontecimientos culturales dados en la escuela y en el aula y su relación con las estructuras de poder más amplias o propiciar cambios o transformaciones en la realidad cotidiana.

La pedagogía tiene un estatuto epistemologico propio
El definir el objeto de estudio de la pedagogía como la relación entre el aprendizaje y la enseñanza deja al descubierto la pregunta por la naturaleza de la relación entre el sujeto que aprende y el sujeto que enseña. Cómo se produce esta relación y qué tipo de conocimiento genera, constituye el producto de la reflexión epistemológica.
El conocimiento obtenido en esta relación se ubica en las formas de aprender y como consecuencia en las formas de enseñar, a diversas poblaciones, con diferentes necesidades y en distintas etapas de desarrollo.

La pedagogía tiene un codigo comunicativo propio
Para que una ciencia se constituya como tal tiene que dotarse de un código comunicativo propio a través del cual transmite sus postulados. En el caso de la pedagogía estos conceptos serían: la enseñabilidad, la educabilidad, la aprendibilidad, la didáctica, el curriculo.
A partir de la teoria pedagogica se generan diversos enfoques sobre la formación humana.
La pedagogía ha construído, a partir de su historia, una serie de enfoques pedagógicos, que le han permitido explicar teóricamente, su hacer, es decir, comprender lo existente. Al interior de cada enfoque se han ido sistematizando modelos pedagógicos acordes con la intencionalidad del proceso educativo y los propósitos formativos que han llenado de sentido la relación entre aprendizaje y enseñanza.

6. Bibliografía

Valera Alfonso O. Orientaciones pedagógicas contemporáneas. Santa fé de Bogotá: Cooperativa Editorial Magiterio; 1999.
Mikúlinskiy SR. Ciencia, Historia de la Ciencia, Cienciología. Recopilación de artículos. La Habana: Editorial Academia; 1985. p. 70
López J. El carácter científico de la Pedagogía en Cuba. Ciudad de la Habana: Pueblo y Educación; 1996.
Gallego Badillo R. Saber pedagógico. Una visión alternativa. Colección Mesa Redonda. Santafé de Bogotá: Editorial Magisterio; 1996.
Abbganano y A. Visalberghi. Historia de la Pedagogía. Fondo de Cultura Económica. México, 1996.
BRAVO SALINAS, Néstor. Pedagogía Problémica. Acerca de los Nuevos Paradigmas en Educación. Santafé de Bogotá : Convenio Andrés Bello, 1997.
CAMPO, Rafael y RESTREPO, Mariluz. Formación Integral. Modalidad de Educación Posibilitadora de lo Humano. Universidad Javeriana, 1999.

 

 

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