APRENDIZAJES SIGNIFICATIVOS.
Para que esto se lleve a cabo, el material de aprendizaje presentado por el educador debe ser potencialmente significativo, tanto desde el punto de vista de la estructura lógica de la disciplina o área que se esté trabajando, como desde el punto de vista de la estructura psicológica del niño o la niña. Suscitando el conflicto cognitivo que provoque en el niño o la niña la necesidad de modificar los esquemas mentales con los que se representaba el mundo y proporcionándole al niño o la niña una nueva información que le ayude a reequilibrar esos esquemas mentales que el educador, intencionadamente, ha tratado de romper.
La intervención educativa debe tener como objetivo prioritario el posibilitar que los niños o las niñas realicen aprendizajes significativos por sí solos. Es decir, cultivar constructivamente su memoria comprensiva, ya que cuanto más rica sea la estructura cognitiva en donde se almacena la información, más fácil le será realizar aprendizajes por sí solos. Es, en el fondo, el llegar a lograr que los niños o las niñas aprendan a aprender.
Por otra parte la intervención educativa es un proceso de interactividad, educadores-educando o educandos entre sí. Tenemos que distinguir entre aquello que el niño o la niña es capaz de hacer y lo que es capaz de aprender con la ayuda de otras personas. La zona que se configura entre estos dos niveles, delimita el margen de incidencia de la acción educativa. El educador debe de intervenir precisamente en aquellas actividades que un niño o la niña todavía no es capaz de realizar por sí mismo, pero que puede llegar a solucionar si recibe la ayuda pedagógica conveniente.
El aprendizaje significativo supone una intensa actividad por parte del niño o la niña, para establecer relaciones ricas entre el nuevo contenido y los esquemas de conocimientos ya existentes.
La globalización está basada en el carácter sincrético de la percepción infantil, por lo cual el niño y la niña, al percibir la realidad, no la capta analíticamente sino por totalidades.
Pero podemos encontrar los fundamentos de la globalización también en la Sociología, ya que el medio social no ofrece fragmentos de la vida sino ésta en su totalidad. Lo cual implica una organización didáctica basada sobre las relaciones y no sobre elementos aislados, puesto que hay que preparar al niño y la niña por y para la vida.
La globalización es algo puramente didáctico para el educador. Consiste en organizar el conocimiento atendiendo al interés del niño o la niña y a su desarrollo psicológico, preparándolo para que sea capaz de afrontar situaciones futuras. Es decir, no se trata de adquirir habilidades por separado, desconectadas entre sí, sino «conjuntos de capacidades».
Tenemos que conseguir una educación positiva que prepare para la vida en lugar de disociarse de ella. No se trata de proporcionar al niño y la niña conocimientos aislados, desconectados de la vida, sino todo lo contrario: capacitarle para desenvolverse en ella de modo creativo y personal.
El aprendizaje no se produce por la suma o acumulación de conocimiento, sino estableciendo relaciones entre lo nuevo y lo ya sabido, experimentado o vivido. Es pues, un proceso global de acercamiento del individuo a la realidad que quiere conocer y que será más positivo cuanto que permita que las relaciones que se establezcan y los significados que se construyan sean amplios y diversificados. Adoptar un enfoque globalizador, que priorice la detección y resolución de problemas interesantes para los niños y las niñas, contribuye a poner en marcha un proceso activo de construcción de significados que parta necesariamente de la motivación y de la implicación de los pequeños.
La globalización intenta dar al niño y a la niña la materia del modo más parecido posible a cómo lo encuentra en la vida misma, es decir, en su totalidad.
La globalización exige como condición esencial la participación activa del niño o la niña y una determinación clara de objetivos para no dejar la educación convertida en algo anárquico, que puede dejar muchas lagunas.
Los objetivos educativos hemos globalizarlos en «unidades didácticas, centros motivadores, temas de interés, etc., que no solo presenten un carácter instructivo, sino también psicológico y social. Se trata de ordenar sobre un eje un conjunto de nociones, actividades y ejercicios que deben ser aprendidos y realizados en torno a un tema significativo e interesante para el niño y la niña, en cuya realización se debe poner en juego todos los poderes y facultades del niño y la niña.
En definitiva tratamos de buscar las conductas que más le interesan al niño y la niña en la edad concreta en que se encuentra, para encauzar su actividad, convirtiendo esas capacidades en centros de aprendizaje.
En el desarrollo de los programas, debemos hacer especial hincapié en la construcción de ambientes y de situaciones donde los diversos juegos y situaciones traten varias áreas a la vez. Debemos huir todo lo posible de la compartimentación de materias.
El papel del educador en la Educación Infantil no consiste en transmitir contenidos al niño o la niña para que éste los aprenda como fruto de esa transmisión, sino en facilitar la realización de actividades y experiencias que, conectando al máximo con las necesidades, intereses y motivaciones de los niños y las niñas, les ayuden a aprender y desarrollarse.
El educador debe asegurar que la actividad del niño o la niña sea una de las fuentes principales de sus aprendizajes y su desarrollo, teniendo un carácter realmente constructivo en la medida en que es a través de la acción y la experimentación cómo el niño y la niña, por un lado, expresa sus intereses y motivaciones y, por otro, descubre propiedades de los objetos, relaciones, etc. Es de todos conocido que la forma de actividad esencial de un niño y la niña sano consiste en el juego. Jugando, el niño o la niña toma conciencia de lo real, se implica en la acción, elabora su razonamiento, su juicio.
Pocas veces, como ocurre con los juegos, se cumplen tan cabalmente las condiciones exigidas por la verdadera actividad didáctica. Se ha definido el juego como «proceso sugestivo y substitutivo de adaptación y dominio», y de ahí su valor como instrumento de aprendizaje, puesto que aprender es enfrentarse con las situaciones, dominándolas o adaptándose a ellas. El juego tiene, además un valor «substitutivo», pues durante la primera y segunda infancia es tránsito de situaciones adultas: por ejemplo, al jugar a las tiendas, a las muñecas, etc.
Marginar el juego es privar a la educación de uno de sus instrumentos más eficaces; así lo han entendido Manjun, Föebel, Montessori, Decroly, creadores de un importantísimo material lúdico destinado, sobre todo, a estas edades. Esto no quiere decir, naturalmente, que las demás edades deban quedar excluidas del juego; lo que ocurre es que éste cambia al compás de la madurez general del sujeto y de la evolución de los intereses infantiles.
El juego es, en definitiva, una actividad total; por ello, hacer en la Centro de Educación Infantil una distinción entre juego y trabajo, entendiendo por éste una actividad seria y por aquél una actividad informal o un puro pasatiempo, está fuera de lugar; y es que nada hay más serio para el niño que el juego. A él debe, en buena parte, el desarrollo de sus facultades. El juego es un recurso creador, tanto en el sentido físico (desarrollo sensorial, motórico, muscular, coordinación psicomotriz), cuanto en el mental, porque el niño pone a contribución durante su desarrollo todo el ingenio e inventiva que posee, la originalidad, la capacidad intelectiva e imaginación. Tiene, además un claro valor social, puesto que contribuye a la formación de hábitos de cooperación y ayuda, de enfrentamiento con situaciones vitales y, por tanto, a un conocimiento más realista del mundo. Por otra parte es un medio de expresión afectivo-evolutiva, lo que hace de él una técnica proyectiva de gran utilidad al psicólogo y educador, sobre todo a la hora de conocer los problemas que afectan al niño.
Dado que la forma de actividad esencial de un niño es el juego, emplearemos éste como recurso metodológico básico, incorporándolo como base de la motivación para los aprendizajes y como forma de favorecer aprendizajes significativos
El juego proporciona el contexto apropiado en el que se puede satisfacer las necesidades educativas básicas del aprendizaje infantil. Puede y debe considerarse como instrumento mediador dada una serie de condiciones que facilitan el aprendizaje:
Su carácter motivador estimula al niño o niña y facilita su participación en las actividades que a priori pueden resultarle poco atractivas, convirtiéndose en la alternativa para aquellas actividades poco estimulantes o rutinarias.
A través del juego descubre el valor del "otro" por oposición a sí mismo, e interioriza actitudes, valores y normas que contribuyen a su desarrollo afectivo-social y a la consecución del proceso socializador que inicia.
La actividad lúdica permite el ensayo en una situación en la que el fallo no se considera frustrante.
DESARROLLO DEL JUEGO DE ROLES:
FORMACION DE LAS PREMISAS DEL JUEGO EN EL TERCER AÑO DE VIDA (2 –3 AÑOS).
Tenemos que partir de la definición de la clasificación de los tipos de juegos:
El juego de roles como tal surge al final de la infancia temprana (3 años) a partir de los modelos sociales introyectados (de formo consciente o inconsciente) por las figuras parentales de su entorno inmediato hacia formas de las mismas socialmente aceptadas; sin duda, este es el punto de partida para que el niño se reconozca a si mismo y exija niveles de independencia cada vez mayores, pero, las posibilidades reales no se lo permiten, por ello el juego se constituyen en el mecanismo de dar satisfacción a las demandas planteadas al adulto.
El juego de roles requiere una premisa básica, el dominio de las acciones instrumentales y del mundo de los objetos, ellos serán las base del desarrollo de su lenguaje, pensamiento, imaginación y creatividad, además, de que por su naturaleza se trata de una actividad colectiva.
Lo anterior nos lleva a levantar una estrategia de intervención con respecto al juego, dado que no se trata de una situación que parta de elementos congénitos y madurativos, sino más bien como un producto social en el cual se trasmite y hereda los productos socio – culturales de su entorno y la experiencia de la humanidad misma, a través de la educación como motor del desarrollo y modelador de las funciones psíquicas superiores.
Por ello, entendemos que con respecto al juego no debemos dejar en la espontaneidad su desarrollo y surgimiento, sino contribuir a su máximo desarrollo ulterior.
Podemos conceptualizar como las premisas del juego de roles las primeras manifestaciones de sus elementos estructurales, es decir, las acciones, la utilización de objetos sustitutos, los roles y las relaciones que surgen entre los participantes.
En este punto podemos establecer una primera hipótesis:
LA INFLUENCIA PEDAGOGICA - COTIDIANA SISTEMATICA, EJERCIDA FUNDAMENTALMENTE A PARTIR DE SU DEMOSTRACION POR EL ADULTO DE LOS MODOS DE ACCION Y DE RELACION LUDICRA, Y CON LA PARTICIPACION ACTIVA DEL NIÑO, PUEDEN LOGRARSE A FINALES DE LA INFANCIA TEMPRANA LAS PRIMERAS MANIFESTACIONES DE TODOS LOS ELEMENTOS QUE INTEGRAN LA ESTRUCTURA DEL JUEGO DE ROLES.
Este tipo de intervención (docente o desde la misma cotidianidad del niño) plantea un desarrollo más eficientes de las premisas del juego.
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INDICADORES |
1° NIVEL |
2° NIVEL |
3° NIVEL |
4° NIVEL |
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I. Carácter de las acciones. |
Acciones de manipulación sin un contenido definido. |
Acciones con contenido definido, aisladas o repetitivas, de carácter más bien objetal. |
Acciones lúdicras concatenadas sin sentido lógico aunque referidas a un rol específico. |
Secuencia de acciones con tendencia a reproducir la lógica de la vida real, incluidas en un argumento determinado. |
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II. Utilización de objetos sustitutos. |
No los utilizan. |
Utilización de algunos sustitutos y estados u objetos imaginarios, pero sin denominarlos por la función que realizan. |
Utilización de algunos sustitutos y estados u objetos imaginarios habituales y los denominan de acuerdo con su función. |
Crean situaciones lúdicras donde manifiestan las distintas formas de sustitución. |
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III. Adopción del rol. |
El rol está presente. |
El rol solo está presente en el contenido de las acciones que realizan |
Se atribuyen el nombre del rol al cual están referidas las acciones que realizan. |
Actúan en consecuencia con los roles asumidos y se denominan por el nombre de éstos. |
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IV. Relaciones con los coetáneos. |
Consisten en breves contactos casuales, son escasos y por motivos no lúdicros. |
Surgen casualmente en las acciones recíprocas no referidas a un rol. |
Surgen casualmente, implícitas en acciones lúdicras, con verbalizaciones o sin ella. |
Surgen a partir de los roles asumidos e incluyen comunicación mantenida en acciones que siguen la lógica del argumento. |
Este cuadro trata de visualizar los principales indicadores del juego de roles en el 3° año de vida.
En la etapa inicial del 3° año de vida están aún ausentes los elementos del juego de roles ya que la conducta de los niños es mayormente no lúdicra.
La secuencia de su conformación va desde la las relaciones con los coetáneos y la utilización de objetos sustitutos, luego, la secuencia de acciones vinculadas entre sí, y por fin la adopción de un rol. Obviamente tal secuencia se la conseguirá por completo al final de dicho periodo.
INFLUENCIA DEL JUEGO DE ROLES EN EL DESARROLLO INTELECTUAL.
En la teoría histórico cultural debemos partir de la consideración ontológica de la persona desde el punto de vista sociogénico en contraposición a una visión epistémica de los psicólogos de corte occidental.
Desde el punto de vista de dicha teoría, el principio fundamental de formación de las acciones intelectuales consiste en que estas acciones internas se forman en la vía de la interiorización de acciones materiales externas. Tanto las formas de acciones intelectuales internas, como el propio desarrollo intelectual del niño, son producto de la consecuente formación y perfeccionamiento de acciones externas.
De acuerdo con esta concepción, la comunicación, la actividad con objetos, el juego de roles y los distintos tipos de actividades productivas constituyen actividades fundamentales del niño en edad preescolar.
Elkonin señaló los factores que constituyen la estructura de los juegos de roles y demostró que éste no puede ser por naturaleza una fenómeno biológico, sino social, tanto por su contenido como por su origen. Formuló el origen histórico – cultural del juego de roles, analizó el origen ontogénico de ésta actividad, definiendo sus premisas; estableció, además los distintos niveles del desarrollo de esta actividad y descubrió la unidad existente entre los juegos de roles y los de reglas.
El índice de interiorización del juego de roles, se puede determinar en cada uno de los niños de acuerdo con los siguientes indicadores:
ORIENTACIONES METODOLOGICAS PARA LA DIRECCION PEDAGOGICA DEL JUEGO.
En el ciclo correspondiente al 4° y 5° año de vida, se dedica un tiempo específico para que los niños tengan la posibilidad de realizar diferentes tipos de juego, que son propuestos por el educador (a) o seleccionados por s¡ mismos. Durante ese horario se le presta especial atención a la dirección pedagógica del juego de roles, por su significación en la edad preescolar.
La dirección pedagógica del juego, al igual que la de todo proceso educativo, debe incluir su planificación, ejecución, control y evaluación. Cuando hablamos de planificar el juego, nos estamos refiriendo a la necesidad de que el educador (a), partiendo del nivel que han alcanzado los niños en esta actividad y de los objetivos que se propone, prevea los procedimientos que debe utilizar.
No es necesario que haga un planeamiento escrito, se trata de que piense por ejemplo si es suficiente preguntarle a los niños a que‚ quieren jugar, o es mejor proponerles algún juego en particular.
También debe pensar si los niños tienen los conocimientos necesarios para realizar ese juego, y de no ser así, determinar que actividades serán necesarias para ello: un paseo de observación, observación de láminas, una narración, conversación con algún trabajador, entre otros.
Un aspecto importante en esa planificación es el referido a los materiales que se van a utilizar en los juegos, por eso, es necesario que el educador (a) tenga presente de que disponen y que hace falta elaborar, incluyendo aquellos en los que puedan ayudar los niños. También debe prever cuáles y cuántos materiales deben estar a disposición del grupo cada día, para satisfacer sus intereses, necesidades y cumplir los objetivos propuestos.
Es oportuno recordar que el exceso de objetos en el área puede limitar las relaciones entre los compañeritos pues no se ven ante la necesidad de compartir los juguetes con ellos.
El nivel de juego de los niños de este ciclo permite desarrollar juegos con cierta creatividad, donde los juguetes no son un elemento indispensable de ahí la importancia de ofrecerles la oportunidad de utilizar objetos sustitutos o imaginarios, así por ejemplo, lo mismo pueden hacer la acción de pescar ó con un palito, que con un simple gesto de la mano.
Es aconsejable tener en el área de juego un lugar donde puedan encontrar objetos de uso diverso como cajitas y envases plásticos vacíos, hojas de papel, pedacitos de tela o de madera, para que sean utilizados como sustitutos de otros, es decir, con la función que cada niño quiere asignarle. La sugerencia para su uso o la demostración directa, estará en dependencia del desarrollo de los niños.
Durante la ejecución del juego, la dirección pedagógica se caracteriza porque el educador (a) actúa como un participante de éste y ocupa un rol mediante el cual logra, con procedimientos cada vez menos directos, que los niños desarrollen por sí mismos las situaciones lúdicras sugeridas o por su propia iniciativa.
Con preguntas, proposiciones, sugerencias y si fuera necesario, con demostraciones, puede lograr que realicen secuencias de acciones referidas a un mismo tema, utilicen objetos sustitutos, sean consecuentes con el rol atribuido, jueguen amistosamente con sus compañeros, resuelvan de manera adecuada los conflictos que puedan surgir, así como lograr en el caso de los mayores, la subordinación entre los diferentes roles que se desarrollen.
Previo el inicio del juego, es importante que el educador (a) converse brevemente con sus niños para que puedan determinar por sí mismos a que, con qué y con quien van a jugar para que ellos solos, o con ayuda del adulto organicen su lugar de juego. Este objetivo comienza a trabajarse en el 4° año de vida y es esperable que al finalizar el 5°, la mayoría lo haya logrado.
En el 4°. año de vida se presta particular atención a la realización de acciones en secuencias lógicas referidas a un mismo tema porque esto contribuye, entre otras cosas, a la estabilidad de los niños en el juego ya que anteriormente las reglas.
Es conveniente que el educador (a), mediante el rol que haya adoptado, proponga una nueva acción que propicie la continuidad del argumento y su enriquecimiento por ejemplo, si ella ha observado que el médicos se limita a reconocer a un mismo enfermo repetidas veces, puede hacer como si fuera otra paciente que necesita la atiendan rápidamente, y así, desde un rol secundario, puede sugerirle nuevas acciones como pedirle una inyección o una receta de medicina.
Es característica del 4° año de vida que los niños se atribuyan el nombre del rol de acuerdo con las acciones que está realizando, si al hablar con él, el educador (a) lo denomina por el nombre del rol que ha adoptado, estimulará la identificación del niño con éste por ejemplo, Doctor, creo que tengo fiebre...ó ¿Qué bien está pelando ese barbero!...
Los niños del 5° año de vida pueden desarrollar secuencias de acciones diversas, ricas en contenido y con un mayor nivel de independencia, por eso los procedimientos pedagógicos deben ser más indirectos.
El educador (a) siempre tendrá presente que uno de sus objetivos fundamentales es favorecer el desarrollo de las relaciones entre los niños y por eso le prestará especial atención desde el inicio del juego y durante todo el transcurso de este. Son efectivas la acciones y situaciones que, desde roles secundarios puede sugerirles para que realicen juegos conjuntos que contribuyan al surgimiento de relaciones lúdicras mediante las cuales, los pequeños van asimilando normas de conducta social. Por ejemplo, el chofer ó recordará al pasajero ó que tiene que pagar el bus... que deben darle el asiento a la compañera ó que viene con una niña cargada...
En el 5° año de vida se comienza a hacer énfasis en las relaciones de subordinación, para ello el educador (a) tratará de que en cada argumento existan roles principales y secundarios. Por ejemplo, en la escuelas los alumnos (roles secundarios) deben obedecer a la maestra, que es el rol principal. Se tendrá cuidado de que no siempre sean ocupados ambos roles por los mismos niños para que desarrollen cualidades positivas en ambos sentidos, es decir, que sean capaces de dirigir en el juego pero cambian de ser dirigidos.
También en el 5° año de vida los niños deben comenzar a valorar cómo han jugado sus compañeritos y para ello, en los momentos finales de este horario, o en cualquier momento del juego, si fuera necesario, el educador (a) se acerca a algunos de los grupos y por medio de preguntas, trata de que los niños expresen quién juega bien o mal y por qué. Es importante que recuerde que esta conversación debe hacerse en el propio lugar donde juegan, que debe ser breve, dinámica e informal tratando de dirigirla hacia aquello que tenga un verdadero valor educativo, es decir, que no se extiendan en narrar lo que hizo cada uno porque el objetivo es valorar como lo hicieron y por qué.
Para evaluar objetivamente el desarrollo que han alcanzado los niños en el juego resultan efectivos los Niveles de Juego. Como se puede observar, ellos incluyen los cuatro elementos fundamentales o indicadores que forman parte del juego de roles: las acciones, la adopción de un rol, la utilización de los objetos, y las relaciones entre los coetáneos.
Es necesario aclarar que esos niveles no son específicos para un determinado año de vida, sino que recogen elementos importantes en el surgimiento o evolución de este tipo de juego, desde la formación de sus premisas, hasta llegar a su forma más desarrollada su utilización permite evaluar al grupo de forma individual y colectiva.
Debe tenerse en consideración que el desarrollo no se logra al mismo tiempo en todos los niños de un mismo año de vida, ni en todos los indicadores por lo que puedan considerarse, por ejemplo, algunos que alcancen el cuarto nivel en la realización de las acciones y sin embargo tengan un nivel muy bajo en las relaciones con otros niños porque generalmente prefieren jugar solos, lo que alertará a el educador (a) sobre hacia dónde debe dirigir con más énfasis la dirección del juego.
Para comprobar el desarrollo que van alcanzando los niños en la actividad lúdicra, es conveniente que el educador (a), al inicio del curso haga una valoración sobre la base de esos niveles ya que eso le permitirá trazarse objetivos más precisos y en general hacer un trabajo pedagógico más adecuado.
Esa valoración puede hacerse mediante la observación sistemática del juego de los niños y además se pueden crear algunas situaciones pedagógicas que permitan comprobar determinado indicador.
Lo esperado, que al finalizar este ciclo, es que gran parte de los niños se encuentren en el 4° nivel de desarrollo, o muy cerca de éste en la mayoría de los indicadores. Teniendo en cuenta que durante este ciclo se tratará de que los niños realicen sus juegos de manera independiente, se considerará que han alcanzado un nivel determinado cuando sean capaces de hacer sin la ayuda del adulto, lo establecido en cada indicador.
En la dirección pedagógica del juego, participarán también las auxiliares pedagógicas, las cuales deben por tanto, se prepararán conjuntamente con el educador (a), para realizar adecuadamente esta tarea.
ORIENTACIONES METODOLOGICAS PARA LA DIRECCION PEDAGOGICA DEL JUEGO EN EL SEXTO AÑO DE VIDA.
El juego es una actividad de gran significación para los niños y es además un medio de educación de valor incalculable en la educación preescolar. Por esta razón es fácilmente comprensible que se le preste especial atención no sólo en los momentos establecidos específicamente para este, sino también como forma de la enseñanza.
Existen diversos tipos de juegos que la maestra puede utilizar para cumplir objetivos instructivos, para la formación de habilidades y capacidades, para contribuir al desarrollo físico y de cualidades sociales. En la bibliografía que se ofrece y en las orientaciones metodológicas de las diferentes áreas de desarrollo, se pueden encontrar múltiples ejemplos de ellos.
La maestra tendrá presente que el horario de juego está destinado a que los niños aprendan a jugar, es decir, aprendan a organizar y desarrollar por sí mismos diferentes tipos de juegos. Como es conocido, entre estos juegos existe uno que ha sido considerado la actividad fundamental en la edad preescolar -el juego de roles y por eso debe ser objeto de atención especial en el tiempo previsto para que los niños jueguen.
La participación de la maestra en este horario tiene gran importancia porque si siempre dejamos el juego a la simple espontaneidad de los niños estaríamos limitando considerablemente las posibilidades educativas que ofrece éste. No obstante, es conveniente recordar que el desarrollo de la independencia de los niños debe ser un objetivo permanente y al participar en el juego con ellos utilizará procedimientos que paulatinamente la propicien.
Está demostrado que si la dirección pedagógica es adecuada, al finalizar el sexto año de vida, los niños pueden ser capaces de planificar, organizar y desarrollar por sí mismos y de común acuerdo con sus compañeritos, variados temas de juego en los que asumen roles y crean situaciones lúdicas donde reflejan diversas situaciones del mundo de los adultos.
Para llevar a cabo un tema de juego, es indispensable que los participantes posean representaciones variadas acerca de éste, muchas las adquieren en el ámbito familiar y otras en las diferentes actividades que realizan en el centro educativo o en la escuela. No obstante, a veces surgen temas para los cuales es necesario propiciarles vivencias, en este sentido es conveniente realizar paseos, dramatizaciones, narrar cuentos o simplemente conversar con ellos para que expresen los conocimientos que tengan al respecto, contribuyendo así a enriquecer y organizar sus ideas.
Los niños de esta edad pueden realizar juegos muy variados y como principio debemos excluirles aquellos que encierren una influencia negativa para su desarrollo físico, psíquico o moral. Aunque generalmente deciden el tema que van a jugar, la maestra puede sugerirles uno que responda a sus objetivos educativos, por ejemplo: la bodeguita resultará más atractiva si la maestra le propone convertirla en un mercado con variados departamentos para lograr la incorporación de un mayor número de participantes y enriquecer el contenido del juego.
Cuando la maestra va a dirigir el juego debe tener en cuenta sus tres momentos: la organización, la realización y la valoración de éste por los propios niños; ninguno de ellos debe tener carácter formal ni obligatorio y tanto la participación de la maestra como la de los niños se va determinando por las posibilidades de éstos y por el carácter del propio juego.
Es muy productivo que cuando los niños se reúnan para jugar, se pongan primero de acuerdo para planificar lo que van a hacer. Debe recordarse que en los primeros meses del curso no todos los niños son capaces de planificar su juego de común acuerdo con otros compañeros, sin embargo esto se logra si la maestra conversa con ellos y mediante preguntas hace que decidan a qué van a jugar. Una vez decidido esto, puede invitarlos a que busquen los materiales que necesitan y preparen el lugar donde van a jugar, así paulatinamente los niños se irán agrupando según el juego que seleccionen y ella participará de manera indirecta en los grupos donde sea necesario, por ejemplo: en la distribución de los roles, en la proposición de las situaciones lúdicras.
Si hay niños indecisos que no logren llegar a un acuerdo, la maestra, como un participante más, puede proponer ideas interesantes que contribuyan a decidir la situación. Una gran ayuda les brindará si por medio de la conversación con ellos va logrando que organicen sus ideas, por ejemplo: si van a jugar a los constructores puede hacer preguntas como ¿quiénes van a trabajar en la construcción?, ¿con qué van a construir? ... . Una vez que los niños han planificado su juego y preparado el lugar donde van a realizarlo, comienzan a jugar.
La maestra puede ocupar un rol dentro del juego pero será cada vez más secundario, a medida que los niños van sabiendo como jugar; desde su rol ella puede proponer o sugerir situaciones que enriquezcan la atmósfera lúdica, promover las relaciones entre los niños, canalizar sus iniciativas, por ejemplo: cuando los niños-constructores terminan de construir el edificio se invitan a los familiares y amigos, para eso debe buscar dulces, vasos, regalos, utilizando los más diversos objetos, entre los que puede incluir algunos sustitutos e imaginarios.
Cuando se propicia una conversación entre los participantes del juego para que piensen sobre lo sucedido, se puede contribuir a la formación de cualidades de justicia, el sentido crítico y auto crítico, éste será un momento oportuno para que hagan valoraciones tanto de la conducta propia como de la de los demás. Y puede ser también un momento dónde los niños manifiesten su alegría por la actividad realizada. Esta valoración se logra sin dificultad si la maestra se acerca al grupo de niños que juegan juntos y por medio de preguntas promueve el análisis.
Así por ejemplo si la maestra observó que en el mercadito el dependiente no atendió correctamente a algunos clientes y esto provocó conflictos entre ellos, se le acerca para preguntarle: ¿cómo los atendió el dependiente? y dirigiéndose a éste: ¿cómo atendiste a los que vinieron a comprar?.
La participación de los niños irá aumentando gradualmente su carácter independiente hasta que la maestra solamente les proponga que inviten a sus compañeritos a jugar y se pongan de acuerdo entre ellos para organizar y realizar el juego.
Un aspecto importante es el que se refiere a los juguetes. Estos constituyen, sin duda alguna, un medio importante pues son fuente de motivación porque contienen en sí mismos la sugerencia y posibilidad de un juego. No obstante, el nivel de imaginación que tienen los niños le permite desarrollar juegos ricos en contenido en los cuales los juguetes no son un elemento indispensable. La maestra debe tener presente que en este tipo de actividad cualquier objeto puede servir de sustituto de cualquier instrumento real de trabajo - una simple hojita que encontró en el patio puede servir para pagar el ómnibus; un grupo de sillas puede ser la casita o un bote para los pescadores- en la imaginación infantil hay cabida para esa forma creativa de reflejar la realidad. Pueden incluso prescindir del objeto y con simples movimientos realizar, por ejemplo, la acción de pagar el ómnibus, barrer sin escoba, entre otras.
Cuando los niños tienen las vivencias y las condiciones materiales necesarias para realizar un juego, sólo queda a la maestra invitarlos a jugar y junto con ella, echar andar a la imaginación.
Valoración del nivel del juego:
Para valorar objetivamente el nivel de juego que han alcanzado los niños, la maestra puede utilizar los indicadores que a continuación se ofrecen. Ellos incluyen los cuatro elementos fundamentales que se pueden apreciar en este tipo de actividad: el carácter de las acciones, la adopción de un rol, la utilización de objetos y las relaciones entre los coetáneos.
Es necesario aclarar que los niveles que se ofrecen no son específicamente para el sexto año de vida sino para toda la etapa preescolar, pues como se observa recogen momentos fundamentales en el surgimiento y evolución de este tipo de juego, hasta llegar al quinto nivel que lo describe en su forma más desarrollada. Por esta razón la maestra debe proponerse que la mayoría de sus niños lo alcancen al finalizar el curso. Es probable que al inicio del curso algunos niños se encuentren en un tercer nivel -y aún en los inferiores- pero cualquiera que sea, debe tenerse presente que el nivel siguiente es el objetivo inmediato a lograr.
La utilización de estos indicadores permite evaluar a los niños de forma individual y colectiva, debe tomarse en consideración que el desarrollo no se logra al mismo tiempo en todos los niños ni en todos los indicadores por lo que puede encontrarse, por ejemplo, niños que alcancen el cuarto nivel en cuanto a la realización de las acciones y en los demás aspectos tengan niveles más bajos. Para hacer esta valoración la maestra utiliza la observación sistemática del comportamiento del niño en esta actividad, pero puede además
crear alguna situación pedagógica para comprobar determinado indicador, por ejemplo, si quiere conocer la posibilidad que tiene un niño -o varios- de utilizar objetos sustitutos e imaginarios, se le plantea que todos los juguetes se quedaron guardados y se le propone que jueguen sin ellos o con algunos materiales de desecho.
Es importante señalar que se considera que el niño ha alcanzado un nivel determinado cuando es capaz de hacer sin la ayuda del adulto lo que se contempla en sus diferentes indicadores, y que además puede decirse que estos caracterizan su juego.
Es importante y necesario orientar a los padres para que creen condiciones en el hogar para facilitar un juego rico, desarrollador e imaginario.
La maestra mediante diferentes actividades que organice para los padres le puede explicar las características del juego de los niños en el sexto año de vida, los indicadores que debe lograr al finalizar la etapa preescolar, la forma de jugar con el niño, entre otros.
INDICADORES PARA LA VALORACION DEL JUEGO DE ROLES
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INDICAD. |
1° NIVEL |
2° NIVEL |
3° NIVEL |
4° NIVEL |
5° NIVEL |
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I. |
Carácter de las actividades.
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Realizan acciones de imitación de su vida diaria. |
Realizan acciones lúdicras aisladas o repetitivas. |
Realizan varias acciones lúdicras re feridas a un mismo tema aunque no vinculadas entre sí. |
Realizan acciones lúdicras vinculadas entre sí que conforman la trama del juego. |
Las acciones lúdicras que realizan tienen una secuencia lógica y reflejan acciones de los adultos. |
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Adopción del rol. |
El rol solo se manifiesta en la acción que realizan. |
Se atribuyen el nombre del rol de acuerdo a las acciones que están |
Se denomina por un rol y actúan en consecuencia con éste. |
Asumen roles diversos y exigen el cumplimiento de las reglas que éstos llevan implícitos. |
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III. |
Utilización de los objetos. |
En ocasiones utilizan los objetos de acuerdo con la función real. |
Utilizan los objetos de acuerdo con el uso que tienen en la vida real. |
Introducen en sus acciones algunos objetos sustitutos e imaginarios. |
Desarrollan situaciones lúdicas con la utilización de objetos incluyen variados objetos. |
Crean situaciones lúdicras que enriquecen el contenido del juego social real. |
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IV. |
Relaciones con los coetáneos las acciones que realizan. |
Solo tienen lugar breves contactos con otros a partir del rol que se atribuyen. |
Se relacionan con otros niños casualmente a partir de durante este mantienen relaciones estables que pueden incluir la subordinación de roles. |
Juegan con otros niños pueden relacionarse entre ellos organizar un juego y mantienen relaciones lúdicas y además tienen lugar relaciones estables. |
Se ponen de acuerdo con otros niños para juegos conjuntos en cuyo no lúdicros. |
Se ponen de acuerdo para planificar y organizar niños por motivos reales que regulan el curso del argumento. |
Nota: Se considera que un niño ha alcanzado un nivel determinado cuando es capaz de realizar el mismo los indicadores que se plantean para ese nivel.
La valoración de la utilización del juego de roles en nuestra cultura ha sido intensa, sin que esto implique, además, la negación un proceso muy intenso en lo referido a la incorporación de acciones lúdicras de otros contextos (globalización). Históricamente a través del juego se han canalizado las demostraciones de las relaciones de poder existentes en nuestra sociedad así como sus contradicciones, el juego en si mismo está ahora expuesto a las limitaciones que la incorporación al trabajo productivo de niños y niñas lo permiten, pero a pesar de ello, en estas acciones laborales muchas de las veces opresivas y explotadoras se manifiestan tendencias de identificación con situaciones idealizadas con respecto a sí mismos y al grupo al que pertenecen.
El trabajo sistemático, hay que reconocer, no solo de trata de una metodología de intervención docente sino, que además, esta presente en la cotidianidad misma del niño, claro está, bajo otras directrices con fines más utilitarios.
El juego desde una perspectiva latinoamericano haya que entenderlo como un fenómeno no solo social, sino, sus raíces hay que encontrarlos en la etno – cultura andina y sus tradiciones.
Así, las actividades y experiencias presentadas tendrán un carácter básicamente lúdico, basadas en el juego como elemento globalizador, sin olvidar que deben de satisfacer la necesidad que los niños y niñas a partir de los 2-3 años tienen de sentir que están trabajando.
Con ello, hemos de elaborar las actividades teniendo en cuenta los siguientes principios:
Han de ser motivadoras y significativas para los niños / as de forma que supongan un reto para su competencia personal.
Favorecerán la interacción de los niños y el adulto en un clima acogedor, seguro y cálido.
Han de considerar todos los ámbitos de experiencias, los intereses y necesidades de los niños y niñas.
Teniendo en cuenta estos principios, las actividades a desarrollar para los niños y niñas, serán del tipo que enumeramos a continuación. No se tratan de actividades distintas desde el punto de vista formal, sino desde la perspectiva para la cual le sirven al educador en cada momento.
Motivadoras: Se propondrán actividades que susciten el interés y participación hacia los contenidos a trabajar. Dichas actividades nos servirán también para recoger información sobre los intereses, conocimientos previos y nivel de desarrollo alcanzado por los mismos. Dependiendo del Centro Motivador estas actividades podrán ser: cuentos, canciones, construcción de un mural colectivo, proyección de un vídeo, etc.
De Desarrollo: Se presentan un conjunto de actividades con las que se pretenden que el niñota descubra, organice y relacione la información que se le da.
De consolidación. Son diseñadas por el educador con el fin de que los niños y niñas afiancen el grado de desarrollo en los distintos tipos de capacidades que se pretenden alcanzar, en función de sus peculiares necesidades y ritmos de aprendizajes.
De prevención. Son diseñadas por el educador, junto al equipo de apoyo del centro sobre aquellos temas que se entienden deben trabajarse en el ámbito preventivo de la educación infantil
ORGANIZACIÓN DE LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS.
Las decisiones a este respecto, serán un elemento importante en el proceso educativo, ya que de la forma de agrupamiento que optemos en la realización de actividades, dependerá en buena medida la viabilidad de otras decisiones de tipo metodológico. Al no existir modelos únicos ni mejores a la hora de agrupar a los niño o las niñas, tendremos presentes una serie de indicaciones a la hora de establecer los agrupamientos:
La organización o agrupamiento ha de ser flexible atendiendo a la individualidad de los procesos de educación, así como las respuestas de apoyo y refuerzo educativo que pudieran ser necesarios.
No se puede olvidar la gran riqueza pedagógica de los grupos heterogéneos y lo que puede beneficiar a los niños y niñas el contacto y relación con otros de otras edades. Por lo tanto debemos especificar en que momento y de que forma se podrán llevar a cabo contacto con otros niños y niñas de diferentes grupos.
TIEMPOS. HORARIOS GENERALES Y PARTICULARES DE ACTIVIDADES
La organización del tiempo, del material y de los espacios, siempre es un medio para alcanzar el gran objetivo educativo: que el niño se desarrolle plenamente desde su individualidad y sus peculiaridades.
Para hablar de tiempos y en consecuencia de horarios, hemos de partir de lo que consideramos "tiempo del niño".
El niño de cero a seis años pasa de los movimientos reflejos a la coordinación psicomotriz, de la acción al pensamiento lógico, de la dependencia total a un alto nivel de autonomía, del egocentrismo a una considerable descentralización, etc. Todo este proceso de desarrollo físico, emocional y cognitivo se construye basándose en tanteos, de ensayos y errores, de repetición. Si observamos a los niños pequeños vemos la necesidad que tienen de repetir la misma acción, los mismos movimientos, los mismos juegos. Es el tiempo que cada niño necesita para construir sus estructuras mentales, para elaborar y resolver sus conflictos emocionales, para incorporarse e integrarse en su entorno.
El tiempo de cada niño supone vivir plenamente, lentamente su período sensoriomotor, su actividad simbólica, su mundo de fantasía, sus procesos mentales; por tanto, permitirle saciar adecuadamente sus necesidades desde su peculiar modo de ser. Es de capital importancia, por tanto, conocer el mecanismo y los procesos que generan el desarrollo humano, ya que sólo a partir de este conocimiento podemos comprender y valorar la importancia que tiene el tiempo en el crecimiento del niño.
El proceso "acomodación-asimilación", conlleva un tiempo para la acción, para la experiencia y un tiempo para la incorporación e integración de sensaciones, sentimientos, conceptos, etc. Ahora bien, todos sabemos que este tiempo es diferente desde donde actúa y en las que integra lo nuevo, los cambios, y desde donde avanza en el conocimiento de sí y del entorno que le rodea.
Este respeto al ritmo de autoestructuración emocional, cognitiva, social, se une también al ritmo que cada niño necesita para establecer la comunicación, la participación grupal, el cambio de actividades, el paso de una situación a otra, etc.
El respeto al ritmo de cada niño es, pues la premisa fundamental para que él viva como ser único, diferente y aceptado en su forma de ser y de actuar.
Las necesidades biológicas del niño son las que marcan, en un principio, los ritmos y frecuencias necesarias para su orientación temporal: el alimento, los cambios, los sueños, son las primeras pautas y las primeras referencias en el niño. De estas primeras pautas de tipo orgánico, el niño va pasando progresivamente a otras de tipo social, (marcadas por nosotros), pero ambas se tienen que vivir con un ritmo estable; es a partir de esta estabilidad desde donde el niño comienza a diferenciar los distintos momentos del día y lo que le permite recordar, prever y anticipar los que vendrá después.
Ahora bien, esta estabilidad no se puede confundir con rigidez, con una excesiva división del tiempo ni con que el niño haga en cada momento aquello que le apetezca o le venga en ganas.
El tiempo trabajo con los niños, es otro aspecto importante a determinar, tanto en lo que respecta al lapso de estimulación de cada dimensión del desarrollo como el grado de resistencia del organismo infantil para la asimilación de dicha estimulación.
El sistema nervioso del niño en la edad temprana es muy frágil, su actividad nerviosa superior es muy inestable, y en la actividad analítico – sintética de la corteza cerebral los procesos excitatorios predominan marcadamente sobre los inhibitorios. Esto hace que el niño sea muy propenso a la fatiga, pues sus neuronas aun no poseen una alta capacidad de trabajo, y requieren de un tiempo prudencial para su recuperación funcional. Por lo tanto, dosificar la estimulación es un asunto de extrema importancia para la salud del niño, y cuando se excede la resistencia de sus células nerviosas, sobreviene la fatiga y puede causarse gran daño al menor.
En este sentido hemos analizado programas de estimulación que no hacen la menor alusión al tiempo promedio por unidad de estimulación, y en otros, plantean un intervalo sencillamente exhaustivo. Las investigaciones mas recientes nos aconsejan las siguientes longitudes temporales de las actividades pedagógicas en función de la edad:
LONGITUD TEMPORAL PROMEDIO DE LAS ACTIVIDADES PEDAGÓGICAS
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GRUPO ETARIO (AÑO DE VIDA) |
TIEMPO PROMEDIO |
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Primer año de vida (0 – 1 años) |
2 a 3 minutos |
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Segundo año de vida (1 – 2 años) |
7 a 8 minutos |
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Tercer año de vida (2 – 3 años) |
Hasta 10 minutos |
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Cuarto año de vida (3 – 4 años) |
Hasta 15 minutos |
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Quinto año de vida (4 – 5 años) |
Hasta 20 minutos |
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Sexto año de vida (5 – 6 años) |
Hasta 25 minutos |
Cualquier exceso por encima no obtiene resultados positivos, y puede causar un efecto muy nocivo y perjudicial para el niño o la niña, por sobrecarga de excitación que excede la capacidad funcional de sus neuronas.
Esto no quiere decir que solamente al lactante en el día se le pueda estimular esos dos o tres minutos, sino que por unidad de estimulación, es decir, tiempo de la actividad estimulatoria en cada momento, no ha de exceder dicho margen. Luego se puede esperar la recuperación funcional del sistema nervioso y realizar otra unidad de estimulación aprovechando los momentos positivos de la vigilia. Lo importante es la calidad, no la cantidad de estimulación, calidad que implica que el contenido se dirija a lo que realmente se ha de ejercitar en cada momento, y con el tiempo requerido.
Esta estimulación, como se ha dicho, ha de ser adecuada, sistemática, continua, gradual, diferenciada, bien dirigida cualitativamente. Y por supuesto, ha de incluir todo aquello que es indispensable al desarrollo del niño y de la niña, en la esfera sensoperceptual, lo afectivo, lo cognoscitivo, lo motor, la formación de hábitos y organización de la conducta, lo sociomoral, lo motivacional, en fin, constituir un verdadero programa de estimulación científicamente concebido.
Con la premisa básica de considerar que el tiempo viene marcado fundamentalmente por el ritmo de los niños y niñas, es preciso organizar el horario del centro, ya que va a ser un elemento importante en la organización escolar, al regir y dispone el desarrollo práctico de todas las actividades escolares, armonizando tiempos, materias y elementos personales (docentes y grupos de niños y niñas).
La elaboración del horario para el Centro, ha de realizarse en función de los criterios didácticos-pedagógicos, psicológicos o de aprendizaje y fisiológicos o de higiene.
La organización del tiempo debe ser flexible y se ha de estructurar en torno a diversas actividades, además de las sugeridas en las programaciones de los docentes, para lo cual ha de tenerse en cuenta:
La distribución del tiempo en el aula es un marco de referencia que ayuda al niño y al docente en la tarea de tener que decidir qué se va a hacer después, o de saber de qué tiempo se dispone para realizar una actividad. Una vez encontrado el horario en el que los niños se sienten más a gusto, podemos hacerlo más flexibles en función de alargar algunas actividades en las que nos encontramos mejor o cambiar las siguientes por propuestas de actividades que interesen y que no habían sido programadas.
Es importante que los niños comprendan el horario, que tengan puntos de referencias claros para no andar perdidos en el tiempo. Para ello es conveniente seguiremos las siguientes pautas:
En el período de edad que abarca la educación infantil es importante tener en cuenta los periodos de rutina de los niños. Entendemos la rutina como "el conjunto de acciones con carácter repetitivo que el niño realiza cada día y que le conducen a la adquisición de un conjunto de hábitos y comportamientos.
Al hablar de rutina tendríamos que plantearnos el conjunto de acciones que el niño realiza de la misma forma y respetando el proceso de temporalización. Para adquirir una rutina tendremos que tener presente los siguientes puntos:
Por lo tanto la adquisición de una rutina requiere una buena planificación del horario que tiene como objetivo más que la ejecución de determinados trabajos la adaptación a los diferentes cambios en el proceso de temporalización. Estos pueden ser:
Conviene dejar claro, de todas maneras, que al referirnos a rutinas no manejamos ese término en su acepción más vulgar de automatización o secuencia rígida o inflexible. Aunque la rutina fija una secuencia o procedimiento no lo hacemos inflexible.
Con base a todo ello se elaboraran los distintos horarios para cada nivel que han de tener siempre las siguientes partes:
Elementos constitutivos:
El medio en el que el niño se desenvuelve y con el cual interacciona constantemente, le envía continuos y silenciosos mensajes, invitándolo a determinadas acciones, facilitándole determinadas actitudes.
Por lo tanto el estudio del medio, es decir, la reflexión, análisis y cuestionamiento de lo que rodea a los niños y de las posibilidades o limitaciones que proporciona o que proporcionamos los educadores, deben estar en la base del planteamiento educativo, y forma parte del trabajo del educador. Es una herramienta básica del proceso de aprendizaje y es el soporte de la función del educador.
El entorno jamás es neutro. Su estructuración, los elementos que lo configuran, comunican al individuo un mensaje que puede ser coherente o contradictorio con el que el educador quiere hacer llegar al niño. El educador no puede conformarse con el entorno tal como le viene dado. Debe comprometerse con él, debe incidir, transformar, personalizar el espacio donde desarrolla su tarea, hacerlo suyo, proyectarse, haciendo de este espacio un lugar donde el niño encuentre el ambiente necesario para su desarrollo.
Debemos tener en cuenta la realidad global que es el niño o niña considerando todas sus necesidades y en función de ellas organizar la planificación, diseño y posteriormente la intervención que el educador y todo el equipo harán sobre el espacio para facilitar y favorecer el desarrollo de todas sus potencialidades. Este debe responder a los siguientes criterios:
Necesidades fisiológicas: Limpieza, sueño, seguridad, confort. Son las necesidades primarias, básicas en la vida del niño y a las que la Centro de Educación Infantil tiene que dar una buena respuesta. Una zona para cambio, agradable y acogedora, que favorezca un momento placentero y provechoso. Unos servicios asequibles y limpios, cercanos y cómodos. Una zona de comidas, bien la clase o bien en zonas comunes, tranquila, cómoda, bonita, higiénica, que haga de las comidas puntos de encuentro, de descubrimiento, de placer. Un lugar para el descanso, que dependiendo de la edad será más o menos largo, pero en todo caso, es necesario en la Escuela Infantil, bien en hamacas, colchonetas, o en un rincón tranquilo donde poder descansar los niños que lo necesiten. Ofrecerá las condiciones de seguridad necesaria, así como los grados de temperaturas, ventilación, iluminación,... convenientes para conseguir un ambiente confortable.
Necesidad afectiva: El espacio debe favorecer una actitud del educador, de tranquilidad, disponibilidad,... Debe haber espacio para un contacto individual adulto-niño, para una charla reducida, un rincón cómodo, un banco de a dos en el jardín, una mesa camilla pequeña en un rincón del aula con sillas,... Estos lugares favorecen también el contacto entre dos niños, la intimidad, la confianza.
Necesidad de autonomía: Entre los 0 y los 3 años los niños pasan de una total dependencia a un grado de autonomía importante. Este es un proceso de avance y retroceso constante al que el Centro de Educación Infantil deberá prestar todo su apoyo. Si la organización espacial responde a esta necesidad de autonomía, la característica principal es la descentralización, es decir, la distribución en áreas de actividad, la accesibilidad a los materiales de trabajo, eliminaremos las barreras que impiden el acceso autónomo de los niños a materiales y espacios.
Necesidad de socialización: Siendo la Escuela Infantil un lugar básico donde se desarrolla la socialización del niño y donde ésta se da con mayor intensidad, debemos disponer el espacio de forma que se dé el encuentro, el trabajo en común, el conocimiento del otro, las conversaciones en grupo. Pero estando en un proceso complejo y cambiante, debemos entender que la adquisición del hábito de compartir conlleva al mismo tiempo ocasiones de, por momentos, no hacerlo. Por lo que planificaremos, cuidadosamente, espacios de grupo y espacios individuales, espacios para compartir y espacios para aislarse.
Necesidad de movimiento: Ésta es una de las necesidades básicas de los niños y niñas. Para moverse se necesita espacio, y espacio libre. Para los pequeños, una zona de la clase dedicada a este fin, con colchonetas, espejo, objetos, rampas,... También una zona interior sigue siendo necesaria para los mayores. Aprovecharemos los pasillos, las galerías, espacios de entrada, etc.
Necesidad de juego: Tendrá que haber espacio para los juegos, juegos de manipulación, de imitación, juego simbólico, hasta llegar a los juegos de reglas. Pensar un espacio de juego, creer que es principalmente a través del juego como el niño o la niña crece, se desarrolla y elabora sus aprendizajes, conlleva una organización espacial basadas en áreas de juego, con diferentes materiales que lo vayan enriqueciendo.
Necesidad de expresión: El intercambio, expresión y comunicación serán promovidos por medio de espacios para conversaciones, juegos de lenguaje, cuentos y canciones. Por otro lado será necesario un lugar para le recreación y creación con materiales plásticos, donde se pueda experimentar con la materia, ver sus posibilidades, expresarse por medio de ellas.
Necesidades de experimentación y descubrimiento: El niño o la niña se enriquece del entorno que le rodea, aprende de él, experimenta, conoce, transforma. Se deben pues prever entornos ricos en estímulos, buscando en estos más la calidad que la cantidad. Espacios que estimulen la exploración y el descubrimiento, en donde existan objetos y materiales diversos, plantas y animales, materiales naturales como el agua, arena, tierra, madera... y demás tipos de materiales como pueden ser imanes y materiales de desecho.
Nos interesa resaltar que:
Estas tres consideraciones nos llevan a utilizar el espacio de una forma abierta en la que utilizaremos las técnicas de organización de materiales por zonas en función de las características para su utilización. Para ello deberíamos hacer un pequeño análisis de la situación del Centro y de cada aula. Reflexionar desde el ámbito de nuestro Centro sobre:
¿Qué espacios tienen un mayor aprovechamiento?, ¿Por qué?, ¿Cómo los podríamos aprovechar?.
¿Hay un espacio para la consecución de los objetivos que nos planteamos en nuestro proyecto educativo?.
Desde el ámbito del aula pongámonos al nivel de altura de los niños y pensemos:
¿Se ven desde aquí las distintas áreas de trabajo?, ¿Se ve a los compañeros?, ¿Están claros los "caminos" para acceder a los materiales?.
¿Se utiliza la totalidad de la superficie de la clase?, ¿Cuál no?, ¿Por qué razón?, ¿De que forma podríamos aprovecharla?.
¿Por qué está cada elemento donde está?, ¿Lo hemos puesto así por algo o es que siempre ha estado así?, ¿Hay otras posibilidades?.
Imaginemos el espacio vacío, vamos a ir colocando cada mueble o elemento buscando el sitio más adecuado. Podemos hacer un pequeño plano de nuestra clase, recortar a escala sus elementos y jugar sobre un papel buscando todas sus posibilidades.
¿Se molestan los niños unos a otros cuando pasan a las distintas áreas de trabajo?.
¿Hay áreas ruidosas junto a otras tranquilas?, ¿Cómo podríamos evitar las interferencias?.
¿Hay un espacio para cada una de las necesidades de los niños?, ¿Hay espacios diferentes para los diferentes niños con sus características individuales?.
¿Me gusta la clase?, ¿Es bonita, me siento a gusto?, ¿Qué me dice este ambiente?, ¿Cómo podría mejorarlo?.
Las pregunta son múltiples, esto son solo algunos ejemplos. El educador y todo el conjunto de educadores del Centro debemos plantearnos un pequeño análisis de su realidad, lo más objetivo posible y elaborar un pequeño plan de actuación o mejora en la medida de las posibilidades.
Es necesario que el espacio tenga en cuenta las necesidades de los niños y las niñas, que les permita hacerlo suyo y situarse en él a partir de sus experiencias y relaciones con objetos y personas. Para cumplir con estas condiciones, el espacio, su distribución y las dependencias deben adecuarse a las variadas y cambiantes necesidades de los niños o las niñas, debiendo tener en cuenta a la hora de decidir la organización del espacio que ésta ha de ser:
MATERIALES.
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