Indice
1.
Presentación
2. Antecedentes
3. Elementos del Lenguaje
Cinematográfico.
4. Toma, Escena y
Secuencia
Lo que a simple vista era un gusto personal
terminó, finalmente, en una interesante exploración
acerca de la obra del realizador cinematográfico que hoy
en día subsiste, quizás, como uno de los pocos
sobrevivientes de aquella inteligente generación de
cineastas que impulsaron lo que en el contexto histórico
de la cinematografía mundial se conoce como el Nuevo
Cine
Alemán.
Enmarcada dentro del llamado milagro alemán, esta
corriente sesentera se caracterizaba por intentar un cine
regionalista y de cierto contenido social, que buscaba nuevas
historias qué rompieran con lo tradicionalmente realizado
en los últimos años, en lo que fue el cine producto de la
posguerra controlado por el Estado.
La intención que perseguimos en la realización de
este trabajo, es tratar de comprender el pensamiento de
un cineasta y, para ello, haremos un recorrido a través de
su filmografía más representativa tratando de
precisar las influencias de la cultura y
algunos géneros cinematográficos norteamericanos,
influencias que seguramente han contribuido a su vigencia en un
mercado tan
competitivo como el de la industria
hollywoodense.
Y como toda historia tiene un inicio, el
de ésta deberá atravesar, primero, por los
antecedentes de una voyante industria
fílmica alemana, rebozante de calidad estética e innovadora como lo fue su
"época de oro". Posteriormente, la incursión por el
cine que durante la Segunda Guerra
Mundial se produjo será importante para comprender las
nuevas tendencias que afloraron en la posguerra e, inmediatamente
después, realizaremos una investigación por los productos
fílmicos que se dieron en ambos lados del muro.
En ésta primera parte del texto
sólo he querido trabajar lo relacionado al discurso
cinematográfico como mensaje, las principales
ponderaciones semióticas sobre el tema y, finalmente, una
taxonomía ejemplificada del lenguaje
cinematográfico pues, considerando la complejidad que
debido a su mayor número de códigos y referentes
ostenta este lenguaje en
relación con otras formas discursivas como el lenguaje
literario, el de la fotografía, la música, etc.,
desprendemos la necesidad de que el estudiante de comunicación conozca –a modo de
introducción– las bases y elementos
del lenguaje cinematográfico a la luz del desarrollo
"del cine como medio y del medio como extensión del
hombre"
[McLuhan, 1969:--]
El cine... ¿Lengua o
lenguaje?.
Cuando en 1912 el cineasta inglés
David Griffith realizó la muchacha confiada, no se
imaginó que con ello inauguraba un innovador manejo de la
narración, dotándola de mayor fluidez como producto de la
sucesión de diferentes planos; décadas
después sería considerado por muchos como el "Padre
del lenguaje cinematográfico" y reconocido, además,
por ser el primero en lograr inducir el suspenso. Esa
sucesión de planos empleada por Griffith es lo que hoy se
conoce como montaje o edición. Tomando en cuenta lo
anterior, entenderemos a éste como un elemento fundamental
del lenguaje del cine. Pero, ¿cómo llegamos a esta
conclusión, cuál es el carácter
del discurso cinematográfico, lengua o
lenguaje?.
Partiendo de las aportaciones de De Saussure lengua es el
sistema de signos
relacionados entre sí bajo el que se desarrollan nuestros
actos de comunicación verbal. Por otro lado, al
lenguaje lo consideraremos como el "medio de expresión
susceptible de organizar, construir y comunicar pensamientos, que
puede desarrollar ideas que se modifican, que se forma y se
transforma"; si este lenguaje es articulado, nos referimos al
lenguaje verbal, de lo contrario estamos hablando de
manifestaciones no articuladas del lenguaje (no verbales), como
la pintura, la
escultura, la fotografía, el cine o la
comunicación gestual. Esta definición de
lenguaje proporcionada por Jean Mitry, sirvió como punto
de partida para romper, primero, con una tradición
impuesta que ponderaba al lenguaje como medio de intercambio
comunicacional exclusivamente verbal y, segundo, para vislumbrar
la posibilidad de un intercambio a partir de la imagen, llegando
así a una concepción del lenguaje
cinematográfico totalmente emancipado del lenguaje verbal;
sin embargo, aunque esta definición es aceptable, Mitry
sigue incurriendo en la tendencia de interponer al montaje como
su principal fundamento.
Fue hasta el año de 1964 con la publicación de los
artículos del francés Christian Metz, que la
conceptualización en pos del análisis semiológico del filme
empezó a ser vista con interés.
Estructuralista de corazón y
ferviente seguidor de la lingüística saussureana,
Metz inicia sus estudios reconociendo la existencia de dos
vertientes a seguir: en la primera, propone la existencia de
códigos antropológico culturales, los cuales son
asimilados por el individuo desde el biberón e integran
los códigos perceptivo, de reconocimiento e
icónicos; éstos códigos, aunados a las
normas
naturales del conocimiento
empírico, la memoria y
la experiencia, se traducen en algo así como una filmic
competence análoga a la lingüistic competence
propuesta por Chomsky, que representaría nuestra frontera
de entrada, de percepción. En la segunda vertiente de su
análisis, Metz menciona la existencia de
otros códigos con una complejidad superior derivada de su
especificidad técnica, aquí se refiere a las
múltiples combinaciones del lenguaje que se adquieren
sólo en casos determinados tales como la gramática de los códigos
iconográficos, códigos de las funciones
normativas y reglas del montaje. Precisamente es esta segunda
vertiente en el análisis de Metz la que proporciona el
objeto de estudio a la semiología del cine. Al examinar
las posibles vías de acceso en su investigación, Metz reconoce la existencia
de un fundamento, de una sustancia: de un ente indivisible
imposible de analizar a través de unidades más
discretas que lo originen por articulaciones
sucesivas. Éste ente es la imagen, una
especie de reproducción análoga de la realidad
cuya índole es semejante al símbolo icónico
de Pierce, que por su condición, además, no puede
ser referida a las convenciones tradicionales de una
"lengua".
De esta manera se considera que la semiótica del cine debiera ser igual a la
de una palabra que no tiene lengua a sus espaldas, pues no tiene
vocabulario y su fundamento es el "neologismo" visual; es decir:
debería ser –como dijera Umberto Eco– la de
las "grandes unidades sintagmáticas cuya
combinación da lugar al desarrollo
fílmico."
¿Es el cine es un lenguaje sin lengua?
Tal afirmación se debe a la ausencia de la "primera y
doble articulación" comunes a toda lengua y por la
existencia -única en el cine- de una tercera
articulación.
Tomaremos como referencia la propuesta que en el Festival de
Pesaro de 1970 hiciera el mismo Eco. En su ponencia, hacía
mención al apoyo que el cine tomaba de la kinésica,
la proxémica y los encuadres, signos y semas
icónicos que, al ser articulados en los niveles
sincrónico y diacrónico, producen figuras
icónicas independientemente de la palabra y el sonido. Por su
parte, Metz había fundamentado, primero, la ausencia de la
doble articulación considerando a la imagen como el
significante y lo que representa la imagen como su significado;
de tal forma resultaba imposible recortar el uno sin afectar al
otro; segundo, explicaba que el cine no tiene segunda
articulación puesto que carece de fonemas y palabras, y
asegura que la imagen siempre es habla, nunca lengua.
Ambas propuestas eran novedosas para la época, pues lo que
buscaban, además de caracterizar al cine como lenguaje,
era encontrar sus unidades mínimas de significación
(léase elementos); contrario a lo que poco antes
había hecho Passolini al buscar las consecuencias
ideológicas, políticas
y estéticas, que surgían como resultado de
privilegiar al montaje dentro del encuadre (y el plano
secuencia), sobre el corte directo.
A partir de esto, Passolini se convirtió en el precursor
de la teoría
que establece la marcada diferencia entre el cine de prosa y el
cine de poesía:
"...el cine, es de momento un lenguaje artístico no
filosófico. Puede ser parábola, nunca
expresión conceptual directa. He aquí por
consiguiente, un tercer modo de afirmar la prevalente
artisticidad del cine, su violencia
expresiva, su corporeidad onírica: o sea, su fundamental
metaforicidad. O sea: todos sus elementos irracionales,
oníricos, elementales y bárbaros han sido
mantenidos bajo el nivel de la conciencia: es
decir, han sido explotados como elementos inconscientes de choque
y encantamiento: y sobre este monstruo hipnótico que es
siempre un filme, ha sido edificado rápidamente aquella
convención narrativa que ha proporcionado materia para
inútiles y pseudo críticos parangones con el
teatro y la novela. Tal
concepción narrativa pertenece indudablemente, por
analogía a la lengua de la
comunicación en prosa: pero con ésta lengua
sólo tiene en común el aspecto exterior - los
procedimientos
lógicos e ilustrativos – mientras carece de un
elemento fundamental de la "lengua de prosa": la
racionalidad".
Esta postura tuvo gran eco en Latinoamérica gracias a la constante
efervescencia político ideológica de la
década de los sesentas. Por ejemplo, Glauber Rocha,
integrante principal del Cinema Novo Brasileño, intenta
diferenciar su obra de la estética comercial establecida por
Hollywood (productora de mercancías de consumo), y de
la estética populista demagógica de la
entonces URSS (productora de consignas y líneas de
acción), guarda también su distancia con la
estética burguesa europea (productora de mensajes
sofisticados y culteranos). Asímismo, Fernando Solanas y
Octavio Gettino en Argentina,
consideraron la existencia de un cine destinado a reproducir
industrialmente al sistema para
entregarlo a un público consumidor de
ocio; y Jorge Sanjinés, en Bolivia, opone
al cine contra el pueblo el cine junto al pueblo.
La discusión entre el "cine de Poesía"
contra el "cine de Prosa" se puede resumir a través del
siguiente cuadro ejemplificador de ambas tendencias, donde
sólo se expresan las líneas más generales
pues su vasto contenido ideológico se presta a un
análisis más profundo.
|
CINE DE PROSA |
CINE DE POESÍA |
|
|
Los acontecimientos se suceden en el orden previsto por el realizador. Los planos se barajan. |
|
Los episodios sucesivos se montan para formar un todo semántico. |
|
Gran plano. Primer plano. Plano general. |
|
Angulos expresivos (distintos tipos de desplazamiento del eje visual en vertical y horizontal). |
|
Ritmo acelerado. Cámara lenta. Parada. |
horizonte natural. |
Distintos tipos de inclinación. Plano volcado. |
|
Panorámica (filmación vertical y horizontal). |
|
Marcha atrás de la imagen. |
|
Utilización de objetivos y de otros procedimientos para distorsionar las proporciones. |
|
Sobreimpresión. |
|
Sonido desplazado o transformado; se monta con la imagen, pero no coincide automáticamente con ella. |
|
Fundido. |
|
Imagen en color y blanco y negro, grises, sepias. |
|
Plano negativo. |
El cuadro anterior es el resumen de la
extrapolación del discurso
fílmico producto de la
búsqueda de las consecuencias ideológicas y
políticas que ocasiona en el espectador. De
ahí desprendemos la importancia en el trabajo de
Christian Metz, quien además de su caracterización
del cine (como lenguaje), precisa que la materia prima
de la teoría
fílmica no es ni la realidad social ni el medio particular
de significación como lo son las atracciones del
montaje.
Metz procede, entonces, a delimitar que lo intrínsecamente
propio del cine, es su estructura
interna compuesta por los siguientes tres elementos:
Primero: Los cinco canales de información - composición del
filme:
Imágenes
Trazos
Lenguaje hablado o grabado
Música
Ruidos y efectos sonoros.
Segundo: Los tres códigos:
Grados de especifidad del filme, como pueden ser las ediciones
rápidas y redundantes de la actualidad, la iluminación claroscuro del estilo del
expresionismo,
los relatos contenidos dentro de otros relatos así como el
final feliz;
Los grados de generalidad o patrones de conducta de la
sociedad donde
se ha filmado la película y que a su vez reproduce, y
Reductibilidad a subcódigos impuestos por
cada director diferentes a los códigos generales de
iluminación, musicalización,
etc.
Tercero: Aquí se trata al texto, el
lugar donde se incluyen todos los mensajes que el autor quisiera
transmitir, independientemente de si son enunciados en una misma
secuencia, en un mismo filme o en la totalidad de la obra de un
director o varios directores que hayan manejado un mismo género. El
texto
–agrega–, organiza los mensajes de un filme en
torno a dos ejes:
el eje sintagmático y el eje paradigmático. El
sintagmático representa al flujo horizontal de los
mensajes, enlazados entre sí en la cadena del texto,
mientras que el paradigmático se refiere a la
dimensión vertical de selectividad del filme, los paradigmas a
seguir, los ejemplos valiosos, las moralejas subrayadas.
La observación que se le puede hacer a Metz es
que considera al montaje como elemento principal del discurso
fílmico; sin embargo, esto no debería
extrañarnos pues esa ha sido la discusión medular
en la historia de la
teoría
cinematográfica. El húngaro Bela Balázs, por
ejemplo, fue la piedra angular en el estudio sistemático
del lenguaje cinematográfico mucho tiempo antes que
iniciaran las disertaciones en torno al carácter
del filme. Cuatro años antes de su muerte (1949),
publicó el libro El film.
Evolución y esencia de un arte nuevo,
dónde al tratar de diferenciar al cine del teatro enuncia
cuatro principios que
caracterizan al lenguaje cinematográfico:
Con esta última enunciación, los aportes
de Balázs se convierten en pieza clave para el estudio del
montaje y su posterior desarrollo en
el que contribuyen, principalmente, Lev Kuléchov, Sergei
Eisenstein, Vsevild Pudovkin y Dziga Vertov. Balázs
clasifica, entonces, las formas de edición del cine mudo
según el principio de atracción, sosteniendo que
dos imágenes
sucesivas forman una preposición. Pudovkin, por su parte,
habla de un principio de continuidad donde, apoyándose en
un montaje simbólico y direccional, nos dice que el
sentido de una imagen es una proposición que
continúa el sentido de la anterior y así
sucesivamente; es evidente que en la época de Pudovkin
el lenguaje
cinematográfico todavía no contemplaba las rupturas
temporales aque producen el flash back y el
flash
foreward. Finalmente, Eisenstein nos habla de un principio
de colisión que consiste en afirmar que la suma de dos
tomas es diferente a la suma del sentido de cada una de ellas;
tal afirmación, ha sido el resultado de no respetar la
relación causa y efecto de las imágenes.
Una vez "reconocido" el cine como lenguaje, visto el montaje como
elemento fundamental de aquél y justo cuando creemos que
la polémica teórica fílmica amaina, surgen
nuevos ángulos analíticos y enfoques
filosóficos, psicológicos, sociológicos y de
las llamadas ciencias de
la
comunicación en pos de una comprensión cabal
del fenómeno fílmico. Y como nuestro objeto de
estudio no es encajarnos en un desglose general de todas las
teorías
que han surgido en torno al cine, y
en un franco afán de desmitificar todas las teorías
que ensalzan al montaje como fundamento de su lenguaje,
recurrimos a Umberto Eco para concluir el problema de las formas
cinematográficas. Podríamos así resumir, a
vuelo de pájaro, las formas más representativas
prevalecientes en los productos
culturales de Occidente como sigue: Mientras en el Medioevo los
mensajes adquieren su forma en función de
la tradición, cargados de redundancia; el Barroco se
alimenta de la invención y la sorpresa ante una nueva
sociedad
Burguesa dónde la innovación se convierte en el
parámetro de la modernidad y el
progreso, y cuya producción cultural se orienta a la
ruptura. En la actualidad se tienen que mezclar ambas y,
paradójicamente, son el cambio social,
el continuo surgimiento de nuevas
tecnologías, las nuevas pautas de comportamiento
y la disolución de las tradiciones consecuencia de
la
globalización, los factores que obligan a la
imposición de una nueva narrativa visual basada otra vez
en la redundancia. Lo anterior se debe claramente a fines de
mercado que
aprovechan el ocio, el reposo y la necesidad de diversión.
Sin embargo, es esta ruptura, más que cualquier otra cosa,
la causa fundamental del desarrollo del cine y su
caracterización como lenguaje, pues queda a
disposición de cada autor, del desarrollo
tecnológico y de la necesidad de innovación, el que este lenguaje
continúe creciendo con toda libertad, sin
las convenciones de una lengua y sin más límite que
la creatividad.
3. Elementos del Lenguaje Cinematográfico.
A éstas alturas del partido hemos establecido la
existencia de un lenguaje cinematográfico, entonces, como
todo lenguaje, éste debe tener una gramática: la gramática fílmica, y con ella, un
conjunto de reglas para manejarla; además, como el
término denota los niveles del análisis
lingüístico, de allí surge el desglose de sus
gramemas.
El primer nivel que estudiaremos es el nivel morfológico.
En él se encuentran las unidades mínimas formales
llamadas morfemas cinematográficos y, en éstos
morfemas, sólo existe la forma visual carente de sentido
estético tales como fotogramas, encuadres o figuras que
nos denotan las unidades mínimas de sentido.
En el segundo nivel, los morfemas cinematográficos
(fotogramas, encuadres, etc.), se articulan entre sí dando
origen a las unidades mínimas de sentido estético.
A este segundo nivel del lenguaje cinematográfico que nos
representa a su vez el primer nivel de la estética del
filme, se le conoce como el nivel de los motivos.
En el tercer nivel, estos motivos se conjugan en escenas y
secuencias a fin de formar las unidades sintácticas (las
que construyen los grandes bloques de significado), las cuales no
son más que las grandes unidades de significación.
Este es el nivel sintáctico, el espacio donde encontramos
la médula del filme, es decir, la estructura
narrativa, las escenas, secuencias, los recursos del
montaje, etc.
Finalmente, tenemos al cuarto nivel conocido como el nivel
textual. En este nivel se contempla al filme como unidad global,
se observa como un todo formado por el conjunto de las unidades
parciales a él subordinadas; este es el nivel que da
verdadera coherencia al significado estético de la obra
fílmica.
Repartidos en estos cuatro niveles podemos encontrar al plano, la
escena y la secuencia como elementos del lenguaje
cinematográfico, de la gramática fílmica. A
continuación, procederemos a un análisis de cada
uno de ellos así como de las unidades individuales que
aunque no le son exclusivos al film, sí son elementos de
su lenguaje y forman parte de la gramática fílmica
propiamente dicha. Nos referimos al tiempo, el
sonido y el
color.
El Tiempo
Cinematográfico.
Haciendo un ejercicio, tomaremos las siguientes cuatro
fotografías: en la primera vemos a un individuo durmiendo
en su cama (llamémosle Juan); en la segunda, Juan camina
por la acera sosteniendo un sobre en las manos; en la tercera
Juan está parado en la entrada de la Oficina de
Correos; en la cuarta, Juan se encuentra al pie de una
ventanilla, en el instante justo en que intercambia el sobre con
la encargada. Con este mínimo de elementos ya nos
encontramos en condiciones de construir una pequeña
historia que
resumiríamos en algo así como "Juan se despierta,
va a la Oficina de
Correos y deposita su sobre". Sin embargo, esta breve secuencia
de imágenes a cuya conclusión aparente podemos
llegar con sólo observarla durante veinte segundos poco
más o menos, representa una acción que medida en
intervalos de tiempo real difícilmente podría ser
inferior a los treinta minutos; por otra parte, si invertimos el
orden de la secuencia, estaríamos en posibilidades de
cambiar rotundamente el sentido de la historia, dando origen a
otra que bien podría titularse "Juan va a la Oficina de
Correos, regresa a su casa y duerme una siesta".
Con el ejemplo anterior podemos comprender a Gianfranco Bettetini
cuando dice que: "...el cine es un aparato que produce tiempo,
además de sentido; no se limita a producir una
temporalidad simbólica, si no que significa y expresa a
través de una temporalidad concreta". De allí
entonces uno de los elementos fundamentales del cine: su
capacidad de expandir o contraer el tiempo. El discurso del film
está organizado en una sucesión de tomas cuyas
características cronológicas
individuales pueden representar cualquier momento de la
enunciación, pues no están desligadas de sus
contenidos y del plano de sus significados, por eso se dice que
el tiempo es materia de la
expresión cinematográfica.
En el filme, el tiempo en es arbitrario. Gracias a la
edición los realizadores pueden proyectar en noventa
minutos promedio los acontecimientos sucedidos a lo largo de
años o décadas. Un claro ejemplo de ello lo tenemos
en 2001: odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Kubrick,
1968), cuando ese hombre
primitivo, presa del sentimiento de júbilo y sorpresa que
experimenta al ver lo frágil que es la existencia y las
posibilidades que tiene de alterarla, toma su improvisada arma y
la arroja al aire. En esta
secuencia, Stanley Kubrick nos ha producido, en una sóla
transición de planos, una ruptura temporal de cuatro
millones de años hasta el momento en que el hueso rotante
se desvanece y se transforma en el Orion, la nave comandada por
David Bowman, pero dominada por la enigmática computadora
HAL-9000.
El Último Emperador (The Last Emperor, Bertolucci, 1987),
es otro ejemplo un poco más común de este manejo
temporal. La película resulta una interesante mezcla de
historia épica, política e intriga
dónde el realizador nos cuenta, en 160 minutos, los
últimos 59 años en la vida de Asin-Gioro "Henry"
Pu-Yi (último emperador de China), desde
el momento en que asume el "trono del Dragón", a la edad
de tres años, hasta su muerte en
1967.
En ambos casos, la edición fue pieza fundamental para el
manejo del tiempo en la historia y ha sido decisión de
cada realizador el énfasis que se hace en ello. Kubrick,
por ejemplo, marca su
prólogo con la elipsis y ésta le sirve para hacer
hincapié en el planteamiento de su historia pues, en
realidad, a partir de ese momento empieza la trama; Bertolucci
por su parte, utiliza las rupturas temporales a lo largo de toda
la historia para poder
representar las distintas etapas en el crecimiento del personaje
central.
El Sonido.
A pesar de que la entrada del sonido al cine se da en 1927 con la
producción de El cantante de jazz (The Jazz
Singer, Crosland, 1927), realmente las proyecciones siempre
estuvieron acompañadas de algún tipo de música. En esos
casos, regularmente había alguien tocando una pianola y,
en ocasiones, era el mismo público quien coreaba la
melodía. Importantes cintas como Los nibelungos (Die
Nibelungen, Lang, 1924), o El acorazado Potemkin (Potemkin,
Eisenstein, 1925), destacaron por contar con una excelente banda
sonora incluida en la cinta, que prescindía de cualquier
otro tipo de aditamento. El éxito
de Alan Crosland en El cantante de Jazz, consistió sin
duda en la inclusión por vez primera de diálogos,
de alli que se le considere como la primer película
Talkie.
Partiendo de lo anterior, hablaremos de la sonorización
sincrónica y la sonorización asincrónica. El
tipo de sonorización al que estamos más
familiarizados es el sincrónico, en él, el sonido
se origina en la imagen y nos permite observar cuál es la
fuente que lo produce; al hablar los personajes, logramos verlos
y escucharlos al mismo tiempo. Aquí es donde reiteramos el
mérito de Crosland pues, por sencillo que esto parezca, la
sincronización del movimiento de
los labios con la emisión del sonido (lipsing), resulta
una tarea complicada, si no, basta echar una mirada al cine
mexicano, que si de algo ha adolecido, es de la
sincronización sonora.
La sonorización asincrónica suele ser más
ingeniosa e imaginativa que la sincrónica por tres razones
sustanciales: 1. Le permite a los directores substituir
algún sonido por una imagen y viceversa; 2. los faculta a
contrastar el sonido y la imagen; 3. Los estimula a yuxtaponer
sonidos e imágenes que normalmente no ocurrirían al
mismo tiempo.
Viendo El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, Schlöndorff,
1978-79), podemos apreciar un excelente ejemplo de esta
yuxtaposición de imágenes perfectamente bien
conjugadas con la mezcla de sonorización sincrónica
y asincrónica. La película narra la historia del
pequeño Óskar Matzerath quien, harto del
hipócrita comportamiento
de los adultos, en su tercer aniversario decide no crecer
más, prefiriendo en vez de ello tocar su pequeño
tambor de hojalata y romper vidrios con su voz. Durante la
secuencia del desfile que celebra el advenimiento al poder del
partido nazi en tierras kachubes (una pequeña
minoría polaca), el pequeño Óskar decide
combatir la maldad alemana, entonces, armado con su tamborcito y
sus baquetas se esconde bajo la tarima principal y al ritmo del
lago de los cisnes sabotea el desfile convirtiéndolo en un
auténtico carnaval.
Consecuentemente, podemos clasificar el sonido como real o
comentativo. El sonido real proviene de una fuente que podemos
identificar, contrario al sonido comentativo que no proviene de
una fuente visible. Regularmente los sonidos incidentales suelen
ser comentativos; en ocasiones escuchamos en una película
los toquidos de una puerta o el sonido de un timbre y, aunque no
necesariamente vemos una mano golpeando o un dedo apachurrando un
botón, ello no nos impide identificarlos. De igual forma,
la música
de fondo es comentativa y se utiliza para efectos
dramáticos. De esta manera es como en la mayoría de
las películas de terror o suspenso, la música se
emplea para indicarnos que el "malo" anda cerca o para
prevenirnos de que algo va a suceder y será fundamental
para el desarrollo narrativo de la historia.
La ausencia de sonido tampoco puede ser intrascendente. En El
perfecto asesino (Leon, Besson, 1996), es fundamental para
transmitir mayor dramatismo a la escena en que el corrupto
detective, interpretado por Gary Oldman, asesina por la espalda
al fugitivo (Jean Reno), cuando éste se encuentra a unos
cuantos pasos de la salida del túnel que le representa la
libertad. Para
la escena, el director no sólo decidió omitir el
sonido de la detonación, sino también nos ha
privado de la típica imagen del arma escupiendo fuego; en
su lugar, prefirió platicarnos la acción con una
toma subjetiva desde el punto de vista del fugitivo, en el
momento de desplomarse (al recibir el impacto) y con una breve
pero angustiante cámara lenta. Para el espectador que ha
logrado involucrarse con la trama y simpatiza con el
protagonista, la falta de grafismo le dificulta creer que su
héroe (antihéroe) ha muerto: quizá sea
necesario verlo derrumbado y envuelto en su propia sangre para
asimilarlo.
El Color.
A pesar de que el empleo del
color difícilmente podría contar una historia por
sí sólo, se ha vuelto muy común que los
realizadores hagan uso de él con intenciones más
pretenciosas que las de un simple medio para embellecer el film,
en el cumplimiento de una función
meramente decorativa. Se parte de la virtud que algunos colores tienen de
transmitir estados anímicos, según algún
tipo de convención social, cultural y psicológica.
El rojo, por ejemplo, se asocia con la pasión, el crimen,
el amor; el
blanco con la pureza, la inocencia, el bien (en contraparte con
el negro); o el azul con la tranquilidad, etc. Por ello, no es
extraño que el despampanante atavío de Kim Basinger
en Mi novia es un extraterrestre (My Stepmother is an Alien,
Benjamin, 1988), sea rojo de pies a cabeza, o que la insinuante,
coqueta y desinhibida Kelly LeBrock de La chica de rojo (The
Woman in Red,
Wilder,1984), esté vestida precisamente de eso: rojo.
Realizadores como Stanley Kubrick, Peter Greenaway o Steven
Spielberg, entre otros, han encontrado en el color la posibilidad
de influir directamente en el personaje o en la historia. En El
cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (The Cook, The
Thief, His Wife & Her Lover, Greenaway, 1989), la atmósfera que
envuelve la escena del restaurante es pesada y factores como la
escenografía o el vestuario contribuyen para advertirnos
que en ese lugar se propiciarán las pasiones más
intensas: el amor, el odio
y la venganza. En el filme, Greenaway juega con los elementos
anteriores y utiliza en el restaurant un color rojo omnipresente
en el vestuario de los personajes, los manteles, las servilletas,
la alfombra, las cortinas, etc., presentándolo de tal
forma que al cabo de un rato llega a pasar desapercibido; sin
embargo, cuando la acción se traslada a otro escenario,
modifica los colores de
acuerdo a las emociones que en
cada uno se desatarán. En el baño, por ejemplo, la
escena es de un blanco deslumbrante, quizá porque
ahí es donde nace el "amor
desinteresado" entre los personajes y a Greenaway se le ocurre
que la mejor forma de apoyar el estadío es a través
del color blanco. La genialidad de este ejemplo estriba en que
cuando los personajes hacen la transición de un set a
otro, el color del vestuario les cambia y se ajusta a la escena
con la misma característica cromática
omnipresente.
De igual forma, en Naranja mecánica (A Clockwork Orange, Kubrick,
1971), entendemos que el color blanco se haya empleado partiendo
de la misma base; tal vez por eso el atuendo de Alex (Malcolm
MacDowell), y su pandilla es de un blanco total, pero que
paulatinamente se va ensuciando, posiblemente en un afán
de Stanley Kubrick por subrayar la proporcional
degradación interna que sufre el personaje.
Por otra parte, el manejo de un color en particular no
necesariamente obedece a la intención de contribuir en el
desarrollo de la historia o para remarcar alguna emoción
en especial. En Grandes esperanzas (Great Expectations,
Cuarón, 1997), el verde invade la pantalla por todas
partes: el vestuario, la iluminación, la asfixiante
vegetación que siempre rodea las escenas, la profundidad
de campo, etc., por lo que podríamos suponer que su
presencia cumple con una función
específica dentro del filme; sin embargo, el mismo Alfonso
Cuarón aclaró:
"...lo único que puedo decir al respecto, es que el verde
es el único color que verdaderamente entiendo. Me gusta
organizar todo el caos del mundo en un orden y en una lógica
verde. Por otra parte, creo que las emociones que
transmite el verde son muy particulares y me identifico
perfectamente con ellas, aunque si me preguntas cuáles
emociones son,
lo único que te puedo decir es que me hacen sentir
‘verde’".
En cuanto al empleo del
color o el blanco y negro, realmente no existe una regla que
determine en qué momento el filme deberá realizarse
de una u otra forma. Regularmente, la decisión es responsabilidad del director, quien posiblemente
tomará en cuenta desde el presupuesto
(porque evidentemente un filme en b/n resulta mucho más
barato), hasta la consideración de ciertas convenciones
que relacionan al blanco y negro con la época del cine
silente y, por consiguiente, con una idea de lo "antiguo". No nos
sorprende entonces que Tim Burton, por ejemplo, para la
realización del filme biográfico sobre la historia
del controvertido cineasta ED WOOD (Ed Wood, Burton, 199X), haya
optado por un blanco y negro que nos situara en la época
donde Wood se desarrolló, contrario a Richard
Attenborough, quien para la realización de CHAPLIN
(Chaplin, Attenborough, 1992), prefirió el technicolor, a
pesar de tratarse de un filme con características biográficas
semejantes al anterior.
Las posibilidades de embellecer el film con el uso creativo del
color son ilimitadas y la combinación del color y el b/n
pueden incrementar su efecto dramático, proporcionando a
la historia nuevos elementos de significado e
interpretación. Esto lo sabe bien Steven Spielberg, quien
en uno de sus mejores trabajos, La lista de Schindler
(Schindler’s List, Spielberg, 1993), emplea el color
sólo durante el planteamiento y el epílogo de la
historia, con ello los distingue del resto de la trama y nos
marca la
situación espacio temporal del film; por el contrario,
para el desarrollo de la película utiliza, cual si fuera
un flashback, la excelente fotografía
en blanco y negro del joven polaco Janusz Kaminski para
involucrarnos y contagiarnos del ambiente de
temor, opresión y miseria que embargaba a los
judíos durante la Segunda Guerra
Mundial. Ahí, confundida dentro del desolador cuadro
de un campo de concentración, apenas y destaca una
pequeña vestida de rojo quien, en compañía
de su madre, busca la sobrevivencia proporcionada al abrigo de la
multidud. Es posible que en ese momento entendamos a la
niña de rojo más como ícono que como
personaje; un ícono que nos simboliza la inocencia, la
esperanza. Por eso cuando la vemos confundida entre los
demás cadáveres, comprendemos que realmente fue el
medio de Spielberg para transmitirnos su mensaje: el holocausto
no perdona y ni siquiera la inocencia tiene esperanzas de
sobrevivir.
Hemos visto el tiempo, el sonido y el color, como elementos
individuales fundamentales para el lenguaje
cinematográfico. Todo film deberá contar con una
mezcla equilibrada de ellos, elaborada según las
necesidades comunicativas o las características
narrativas de cada realizador y además, será
él quien decida la relevancia de cada uno por sobre los
demás, dictando su alternancia dentro de la
película.
Para muestra, tenemos
las graves notas del contrabajo de Julie, el tono del
diapasón de los hermanos Kube y sus cajitas que mugen al
voltearse, el golpeteo del tapete que sacude la vecina, el raspar
del rodillo sobre la pared de Louison, la bomba de aire y los
sonidos incidentales que se producen en casa de la familia
Tapioca. Todos ellos son los elementos sonoros incidentales que
se sincronizan a la perfección con el rechinar de los
resortes de la desvencijada y quejumbrosa cama del carnicero que,
al ritmo de sus grotescos embates sexuales, transmite su
rítmico rechinido por todo el edificio a través de
los viejos ductos de calefacción, dominando la escena. La
armoniosa mezcla de elementos sonoros, su ritmo, la
iluminación, la escenografía, y la edición,
convierten esta secuencia de DELICATESSEN (Delicatessen, Jeunet y
Caro, 1991), en una de las más interesantes del film, y en
un claro ejemplo de armonía y creatividad
que sólo en un medio que cuente con lenguaje propio, como
el cine, se pueden encontrar.
La Gramática del Lenguaje
Cinematográfico
Un film se encuentra fragmentado por tomas, escenas y secuencias.
En estos tres elementos se encuentran repartidos el contenido
dramático y estético de la historia; dependiendo de
sus características técnicas y
duración es que nos pueden representar desde un simple
dato, que individualmente no signifique mucho, hasta una
acción continua, formada con unidades de información que la hagan comprensible por
sí sola. Cada uno de ellos juega un papel
determinado en la construcción del film y, de igual manera,
su forma puede ser muy variada.
La toma
La toma es un solo tiro de cámara de principio a fin; es
decir: abarca desde que el director dice ¡Acción!,
hasta que dice ¡Corte!, sin importar su duración.
Existen tres elementos fundamentales que la conforman: el plano
como medida de proporción (encuadre), la posición o
emplazamiento de la cámara con respecto al objeto
(angulamiento) y los movimientos de cámara. Estos tres
elementos se combinan para poder
brindarnos algún tipo de información respecto a la historia, de
allí que a la toma se le equipare con el plano, la unidad
básica de expresión.
En el final de INTERIORES (Interiors, Allen, 1978), vemos
estática la toma lateral de una ventana muy
luminosa, Entonces entra a cuadro Renata (Diane Keaton), seguida
de Joey (Mary Beth Hurt), quienes pierden la mirada en el
vacío. El silencio lo rompe Joey, quien le comenta a
Renata:
–El mar está tan calmado.
–Sí, está muy apacible. –le responde
Renata.
Finalmente aparece Flyn (Kristin Griffith), quien sin
decir palabra, se coloca al fondo... la imagen se desvanece y
aparecen los créditos. Quien no haya visto la
película completa y sólo vea el final, no
comprenderá por qué Woody Allen quiso concluir la
historia con esa toma tan apacible, con ese breve diálogo; y
difícilmente podrá apreciar algo más que no
sean la excelente composición fotográfica o la
atinada iluminación de Sven Nivkist. Lo que sucede
aquí es que por mucho que una toma represente la exposición
factual o simbólica de un objeto, personaje o
acción, no deja de ser más que un punto de vista
que necesitará siempre de un contexto para una mejor
lectura.
También existen imágenes que siempre llevan consigo
un simbolismo convencionalmente aceptado. En éste caso,
generalmente logran transmitir su significado independientemente
del contexto, de modo tal que llegan a alterar la historia. Con
la película Bajos Instintos (Basic Instinct, Verhoven,
1992), podemos estudiar este aspecto de la toma. Segundos antes
de que Catherine Tramell (Sharon Stone) en pleno orgasmo le
agujeree el pecho a su amante en turno, se ve una toma de abajo
de la cama que muestra el
momento en que coge el picahielo asesino; cuando aparece esa
toma, nosotros ya no necesitamos esperar para poder adivinar lo
que va a pasar, pues la simple imagen del arma nos evoca por
anticipado el crimen que se realizará. He aquí el
simbolismo que de ciertas imágenes el director de una
película puede aprovecharse para explotar la
función emotiva de la toma en beneficio de la historia.
Hacia el final de la película lo comprobamos, pues se
produce una escena muy semejante a la anterior, sólo que
ahora el amante en turno es el detective Nick Curran (Michael
Douglas). De igual forma, vemos por anticipado la toma que nos
muestra el
picahielo debajo de la cama y, cuando en la acción
Catherine extiende su mano hacia atrás, todo nos hace
suponer que tomará el picahielo y asesinará a Nick
igual que al primer amante... pero no sucede así. Esa toma
del picahielo colaboró con el director para producirnos la
última sensación de suspenso en la película,
y ha sido gracias al contexto en que se desarrolló la
historia y al simbolismo propio de la imagen que el objetivo se
cumple, no obstante que el omitirla tampoco hubiera representado
cambios sensibles en el resultado final de la cinta.
Aún cuando las tomas transmiten únicamente trozos
de información y por lo tanto son una parte elemental del
lenguaje cinematográfico, pueden ser bastante complejas.
Esta complejidad depende de la composición. Las tomas se
distinguen por la distancia de la cámara en
relación con el objetivo, por
el ángulo de cámara, por los movimientos o por la
ausencia de ellos, etc. Al mencionar la variedad de las tomas,
entonces, hablamos de los distintos planos existentes y su
función.
El Plano
El plano es la unidad básica de expresión
fílmica. Por ir de un corte a otro, independientemente de
tamaño y tiempo, equivale a la toma o shot y puede
encerrar diversos propósitos. A continuación
haremos un breve recorrido por los distintos planos existentes
según su encuadre, posición o emplazamiento y
movimientos de cámara o lente.
Según Encuadre
Long Shot o Plano Largo.
Es una vista muy amplia donde
lo que predomina es el paisaje, los edificios, el cielo, las
particularidades de un inmueble visto en su totalidad, de un
cerro, etc., amén de las funciones
emotivas con que éste plano pueda cumplir. Su objetivo
principal es contribuir a la construcción del contexto ubicando
físicamente la acción.
Full Shot o Plano General
Este plano se encuentra determinado por su altura que cubre al
personaje o los personajes completos de la cabeza a los pies.
Este plano nos permite apreciar algunas características de
nuestro personaje, como su estatura, su complexión, la
ropa que usa y, al mismo tiempo, nos deja apreciar el espacio en
que se mueve.
American Shot o Plano Americano.
Va desde un poco arriba de la cabeza hasta la parte inferior o
superior de la rodilla. Este es un plano que nos sirve para
detallar aún más al personaje permitiéndonos
apreciar mejor la expresión corporal de su
performance,
Medium Shot o Plano Medio.
Detalla cada vez más al personaje. Aquí el entorno
empieza a perderse porque nuestro personaje incrementa su
presencia al ocupar un mayor espacio en la pantalla. Este plano
abarca desde un poco arriba de la cabeza, hasta el nivel de la
cintura más o menos.
Medium Close-up.
Abarca desde arriba de la cabeza hasta el pecho del personaje, y
empieza a detallarlo minuciosamente hasta el grado en que casi
nos impide ver su entorno. Este es un plano de detalle que nos
brinda cierta soltura, pues el personaje todavía puede
trabajar con cierto rango de movimiento sin
correr el riesgo de salir
de cuadro.
Close-up o acercamiento.
En el Close-up no leemos más que el rostro del personaje,
ya que abarca del cabello a los hombros. Es un plano muy cerrado
que nos detalla con minuciosidad los rostros y las emociones; el
entorno desaparece acrecentando la importancia de los gestos y
las miradas, por lo que tiende a meternos al mundo interior del
personaje.
Este es un plano difícil y riesgoso que casi impide el
movimiento al
personaje y precisa de un manejo focal exacto para evitar
indefiniciones que empobrecerían la toma.
Big Close-up o Gran Acercamiento.
Es el plano más cerrado. Puede ser de los ojos o de una
parte de uno de ellos, de una mano o de una uña. Este es
un plano que detalla partes muy específicas de un rostro o
de un objeto y omite, en lo absoluto, aspectos del
entorno.
Insert o Plano Detalle
Básicamente éste plano es igual que el interior, si
acaso la única diferencia consiste en que el insert se
avoca más a los objetos o pequeñas acciones que
al rostro del personaje.
Según posiciones de cámara:
Generalmente, la cámara se sitúa al nivel de la
mirada del hombre. En la
medida en que colocamos la cámara por encima del sujeto
dirigiéndola hacia abajo, estamos en posición de
picada. La altura máxima que se puede alcanzar es la
posición cenital; pero a medida en que bajamos nuestro
punto de vista por debajo del sujeto dirigiendo la cámara
hacia arriba, ésa picada se convierte en contrapicada o
escorzo.
Según movimientos de cámara:
Existen diversos movimientos que se pueden presentar en una
película:
De aquí desprendemos la existencia de cinco movimientos fundamentales: Dolly, Travelling, Tilt, Panning y Zooming. Los primeros cuatro son movimientos de cámara propiamente dichos, mientras que el último es un movimiento de lentes.
Dolly
El Dolly es el movimiento hacia atrás o adelante que sobre
su eje hace la cámara (con todo y soporte),
alejándose o acercándose del objeto
respectivamente; se dice Dolly-in si es hacia delante y
Dolly-back si es hacia atrás.
Regularmente el Dolly contribuye para involucrar al espectador
con la acción induciéndonos a centrar nuestra
atención con el objeto o sujeto deseado. Un
Dolly-in hacia el personaje nos obliga a percibir sus emociones
atendiendo a sus palabras, acciones o
gestos. Así sucede en el plano inicial de Betty Bleu
(37º2 Le Matin, Beneix, 1989), alli, a Jean-Jacques Beneix
se le ha ocurrido predisponernos desde el inicio de la
película involucrándonos de golpe en la historia
con un lentísimo Dolly-in hacia una peculiar
acción. A partir de ése momento, percibimos la
atmósfera
que rodeará la película.
El Dolly-back, por el contrario, nos proporciona sensaciones
diferentes. Al alejarse la cámara del objeto o personaje,
lo funde con su entorno y nos permite experimentar su soledad. En
KANAL (Kanal, Wajda, 1956), vemos otro Dolly al inicio de la
película, pero por las características propias del
movimiento, apreciamos mejor el espacio físico en que se
desarrolla la acción, como un telón que se va
levantando, y compartimos la angustia y frustración de
ése pelotón polaco en la Segunda Guerra
Mundial.
La emoción que produce el Dolly-in es distinta a la del
Dolly-back, pues hay que considerar que mientras uno nos acerca
hacia un plano que ya habíamos visto con mayor amplitud,
haciendo énfasis en un punto determinado, el otro nos lo
va develando poco a poco, dándonos la sensación de
quien va de espaldas.
Travelling.
Se conoce como Travelling a los desplazamientos laterales que
hace la cámara sobre su eje. Se nombra Travel left si el
desplazamiento es hacia la izquierda y Travel right si es hacia
la derecha. Una de las funciones
principales del Travelling es transmitirnos el dinamismo de la
imagen, nos involucra en la acción del personaje a la vez
que nos sitúa físicamente con una breve descripción del contexto.
Tilt.
Tanto el Tilt como el Panning son movimientos que se hacen
girando el cuello del tripié sin desplazar la
cámara. El Tilt es un movimiento hacia arriba o hacia
abajo que equivale al que se realiza con la cabeza al afirmar
algo. Cuando el movimiento es hacia arriba se llama Tilt-up, y
cuando es hacia abajo Tilt-down.
Ambos movimientos son harto descriptivos. Una vez más, en
Betty Bleu, cuando Betty (Beatrice Dalla), se presenta en el
umbral de la puerta ante Phillipe (Jean-Hughes Anglade), un
Tilt-up es más que excelente para transmitirnos la
coquetería de su personaje y señalarnos el punto de
atención de él, a la postre, su
obsesión.
Panning.
Este último movimiento de cámara equivale a la
negación con la cabeza y prácticamente es un
semi-giro. Hacia la izquierda se llama Pan-left y hacia la
derecha Pan-right.
Zooming.
El zooming es un movimiento de lentes exclusivamente. Consiste en
acercarse o alejarse del objeto pero sin desplazar la
cámara; al acercarse se le nombra zoom-in y zoom-out al
alejarse.
Finalmente, tanto encuadres como movimientos de cámara se
conjugarán para la realización del filme de acuerdo
a los designios del director del filme. Es muy frecuente que
gracias a los movimientos de cámara, el director decida
pasar de un plano a otro en una misma toma para satisfacer
así las sus exigencias creativas y las necesidades
expresivas de la historia.
La Escena
La escena es una unidad abstracta que nos cuenta una
cláusula dramática. Está compuesta por un
grupo de tomas
que al unirse entre sí, generan una unidad temática
de presencia en la pantalla.
Los rudimentos constitutivos de ésta cláusula
dramática que distingue a la escena pueden encontrarse en
cualquier thriller de suspenso. Para ejemplificar, primero
seleccionemos al torvo asesino con su cuchillote; éste lo
podemos escoger entre los traumados Norman Bates de Psicosis (Psycho,
Hitchcock, 1960), Michael Myers de HALLOWEEN
(Halloween,
Carpenter, 1978); el popular Freddy Krueger de Pesadilla en la
calle del infierno (Nightmare On Elm Street, Craven,XXXX), el
eterno y vitalicio Jason de Viernes 13 (Friday The
13th, Cunningham,1980), o la tímida pero
terrible Hedra Carlson (Jennifer Jason Leigh), de Mujer Soltera
Busca (Single White Female, Schroeder, 1992). Una vez que hemos
escogido al asesino, imaginemos en la historia que éste
busca afanosamente –y con pésimas intenciones–
a nuestra guapa heroína (tiene que ser una rubia tonta de
las que le gustan a Hitchcock), la cual se encuentra agazapada
escondiéndose en algún lugar de su casa. Ahora
bien, en un plano vemos al asesino entrando a la casa,
empuñando el cuchillote y mirando por todos lados; en otro
plano vemos a la temerosa heroína escondida detrás
de la alacena de su cocina, entonces, en un descuido tira al
suelo una taza
que estaba mal puesta; por último, en un tercer plano
vemos al asesino que la continúa buscando, de repente,
reacciona al escuchar el sonido que produjo la taza al
estrellarse contra el suelo y voltea en
la dirección en que se ha escondido nuestra
torpe heroína... su fin ha llegado. El asesino la
encontrará y todos sabemos qué sucederá a
continuación.
La unión de esas tres tomas interrelacionadas entre
sí y en el mismo eje de la historia, establecen una
visible relación causa-efecto, con un peso
específico en las implicaciones dramáticas del
filme.
Visto de otra forma, la escena puede ser la unión de dos o
más tomas con el fin de comunicarnos una acción
específica dentro de una secuencia de la película.
De aquí entonces, podemos citar escenas vistosas de
algún filme como La vida en el abismo (Trainspotting,
Boyle, 1996), cuando Renton (Ewan MacGregor), vuelve a inyectarse
heroína, al sucumbir en su fallido intento de abandonar el
vicio; tenemos también en BLADE RUNNER (Blade Runner,
Scott, 1982), cuando muere Roy Batty (Rutger Hauer), el líder
de los replicantes disidentes y vemos cómo remonta el
vuelo una paloma al ser liberada por su captor. Por otra parte,
está la escena censurada en que Dwight Warden (Tommy Lee
Jones), Alcalde de la penitenciaría de Betongaville, es
decapitado por los reos durante el motín que desatan
Mickey y Mallory Knox en una de las secuencias finales de
Asesinos por Naturaleza
(Natural Born Killers, Stone, 1995); escena impresionante es
también en Tiempos violentos (Pulp Fiction, Tarantino,
1994), cuando Vincent (John Travolta), le clava a Mia (Uma
Thurman), una inyección de adrenalina en el pecho para
reanimarla. Finalmente, no queremos privarnos de mencionar la
coqueta escena de bajos instintos dónde Catherine Tramell
(Sharon Stone), deja atónitos a los presentes (y
espectadores), con su cruce de piernas durante la secuencia del
interrogatorio al que la someten.
Cada una de las escenas antes mencionadas representan un momento
determinante en la historia, tienen significado propio; sin
embargo, no pueden emanciparse de la Secuencia.
La Secuencia.
Cuando vemos una película, difícilmente recordamos
una escena en particular pues no es ni una imagen sobresaliente,
ni un gran drama; lo que sí recordamos es, o bien una toma
individual que por su peculiaridad o carga visual nos haya
impactado, o bien una secuencia que posea una autonomía
narrativa dentro del filme. De hecho, en las escenas citadas como
ejemplo lo que nos hace recordarlas es, en una, la toma del
interior de la jeringa que se inyecta Renton; en otra es la toma
dónde algún reo sostiene la cabeza de Warden con un
palo y en la final, es la toma dónde apreciamos por breves
instantes la parte más íntima de Sharon Stone. De
lo anterior desprendemos la dificultad para percatarnos del
cuándo una escena se ha transformado en secuencia.
La secuencia es, entonces, una unidad de tiempo y espacio
compuesta por una serie de escenas interrelacionadas que, por su
capacidad de contar un pequeño filme dentro del filme
mismo, se convierten en autónomas.
Para ejemplificar volvamos a "la escena de la inyección de
adrenalina" en TIEMPOS VIOLENTOS de Quentin Tarantino. En
realidad, ésta escena forma parte de lo que
llamaríamos "la secuencia dónde Mia sufre una
sobredosis". Como si fuera un pequeño filme, aquí
Tarantino ha marcado a la perfección el planteamiento, el
clímax y el fin de la secuencia delimitándola,
inclusive, con un par de fadesa negro. En el planteamiento,
Vincent (Travolta), y Mia (Thurman), llegan a casa luego del
Twist contest, y se ponen cómodos. Mientras él va
al baño, ella aprovecha para drogarse sin saber que lo que
ha inhalado es heroína en vez de cocaína, por lo
que la sobredosis es inminente y el resultado obvio. Como el
desarrollo de la secuencia inicia con el mismo plano en que
concluye el planteamiento, Tarantino marca ésta
transición con otro fade; el desarrollo inicia, pues,
cuando escuchando en Off a Vincent, apreciamos la toma
dónde Mia, desmayada, está con la nariz sangrante y
la boca llena de vómito.
Aquí comienza la acción y vemos la escena donde
Vincent, desesperado, conduce su auto a toda velocidad y
tratando de comunicarse por su celular con quien le ha vendido la
droga: Lance
(Eric Stoltz). Sin imaginar nada, Lance se encuentra en su casa
viendo tranquilamente la
televisión, indiferente ante el timbre del teléfono. Cuando decide contestar entabla
una desesperada conversación con Vincent, quien lo pone al
tanto de los hechos y le advierte que se dirige a su casa;
recién colgaba el teléfono Lance cuando Vincent llega a su
casa estrellando su auto en algún lugar del jardín.
Inmediatamente Lance sale y ayuda a Vincent a introducir a Mia a
la casa. Una vez en el interior de la casa se desarrolla la
acción principal y mientras Vincent atiende a Mia
–aún inconsciente-, Lance discute con su mujer (Rossana
Arquette), quien no le sabe decir dónde está el
libro de
enfermería que indica el procedimiento a
seguir para aplicar la inyección (aquí Tarantino
presume un breve plano secuencia). Cuando todo aparece en su
lugar, es Vincent quien se anima a clavar la aguja en el pecho de
Mia, quien para la tranquilidad de todos reacciona
favorablemente.
Finalmente, Vincent conduce a Mia a su casa en silencio,
concluyendo la secuencia al llegar, no sin antes haber acordado
guardar el secreto. Como epílogo, en pago a su confianza
Mia decide contarle el horrendo chiste de los tomates. El
último plano muestra cuando Vincent le envía un
cariñoso beso soplado, y poco a poco la imagen se funde a
negros.
El Plano - Secuencia.
Aunque en realidad el plano-secuencia es más un alarde de
precisión técnica y actoral que un elemento del
lenguaje
cinematográfico en toda la extensión de la palabra,
merece una mención particular por su contenido
estético y su función comunicativa.
Recibe su nombre por tratarse de una sola toma que contiene
regularmente una escena completa, aunque difícilmente una
secuencia. El plano-secuencia se integra por tomas largas, que se
distinguen por narrar la escena pasando de un plano a otro sin
cortar la toma; es decir, técnicamente posee la
duración de la toma, pero narrativamente contiene la
acción dramática que aporta la escena.
Independientemente de las virtudes visuales con que contribuye al
filme evitando la ruptura temporal que proporciona el corte, el
plano-secuencia brinda al espectador el dinamismo de una
acción que está sucediendo en la misma unidad de
tiempo, en ése momento y sin omitir detalles.
En la cinta LA SOGA (The rope, Hitchcock,1998), primera producción en color del "mago del suspenso"
Alfred Hitchcock; realiza un auténtico experimento teatral
al narrarnos la historia de dos jóvenes de preparatoria
que asesinan a un compañero, y cuando se percatan de una
visita inesperada, deciden ocultar en un baúl el
cadáver de su compañero. Aparentemente, toda la
historia se desarrolla en el interior de la habitación
dónde se cometió el crimen y es narrada a
través un sólo plano secuencia que dura los ochenta
minutos que dura la cinta. Aunque esto suponga una aparente
facilidad para su realización, hay que considerar un dato
importante: aún en la actualidad, no existe el rollo de
película que dure más de doce minutos, por lo que
el mérito de Hitchcock consiste en haber sabido unir las
tomas de modo en que los cortes fuesen imperceptibles al ojo del
espectador y la sensación del plano secuencia funcionara
sin pifias.
En la actualidad cada vez es más común que los
realizadores recurran al plano secuencia pues, entre otras cosas,
también facilita el proceso de
post-producción. Woody Allen, por ejemplo, prefiere montar
la escena sólo con su fotógrafo y en ausencia de
los actores; juntos preparan la iluminación y ensayan la
"coreografía de la cámara". En éste proceso,
ocasionalmente se llevaban horas sin filmar nada, todo el
día dedicado a planear y entonces, ya entrada la tarde,
hacía entrar a los actores para filmar durante diez
minutos aproximadamente; el resultado: en ese escaso tiempo
lograban meter siete páginas del guión en la lata.
Sobre ésta técnica agrega Allen:
"El truco es mantener la acción en movimiento de la manera
adecuada; tratar de que los actores caminen de manera natural,
pero llevándolos a diferentes posiciones a lo largo de la
secuencia: medium-shot, close-up y long-shot. De éste modo
no tienes que cortar a un close-up. Hay muchas veces en que el
actor o los actores no deben ser vistos, y no hay que preocuparse
por ello. [...] Tienes que tener la sensibilidad de saber cuando
realmente no importa si la cámara no toma a una persona. A veces
no es necesario que los veas ni siquiera en sus parlamentos
más importantes, los de más peso: puede resultar
tanto o más efectivo así que teniéndolos en
pantalla."
En maridos y esposas (Husbands And Wives, Allen, 1992), se puede
comprobar el planteamiento anterior. Gabe (Woody Allen), es un
maestro universitario casado con Judy (Mia Farrow), que labora
como editora de una revista de
arte; ambos
son anfitriones de una cena íntima dónde esperan a
sus mejores amigos Jack (Sydney Pollack), y Sally (Judy Davis),
quienes al llegar, lo primero que hacen es "notificar" a sus
amigos que han decidido separarse. Este acontecimiento, la
separación de Jack y Sally, representa el planteamiento
inicial de la película y posee una fuerza
dramática sustentada principalmente en el diálogo;
quizás por eso Allen ha decido emplear el plano secuencia,
para no perder detalle de la conversación, y recurre a los
violentos movimientos de cámara (latigazos), de Carlo di
Palma para brindar a la escena el dinamismo necesario que impida
la distracción del espectador.
Como ejemplo para terminar, y dicho sea de paso, con la
realización de Ojo de serpiente (Snake Eye, de Palma,
1998), el realizador Brian de Palma además de reafirmar su
tendencia hacia los thrillers, nos confirma su madurez como
realizador regalándonos el plano secuencia más
largo de la historia; sólo como muestra de la
contribución que la tecnología brinda al
realizador, y en un claro ejemplo del empleo
pertinente de los elementos del lenguaje fílmico.
En el presente capítulo hemos visto los elementos
básicos que componen el film: tiempo, color, sonido, toma,
plano, escena, secuencia; sin embargo, en materia del
lenguaje cinematográfico no se ha dicho todo. Para tal
efecto, sería necesario analizar otros elementos como los
cortes, las transiciones, la edición, los recursos
literarios, etc.; pero como nuestro objetivo principal es
analizar la obra cinematográfica de Wim Wenders y no la
realización de una taxonomía
total del filme, consideramos que los datos
proporcionados hasta el momento son suficientes para ocuparnos de
su técnica y estética visual, ya para comprender su
contenido será pertinente dirigir nuestro estudio por
otros caminos.
Autor:
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