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ÉMILIE DURKHEIM

Enviado por brunencio



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Indice
1. Introducción
2. De la división du travail social
3. Le Suicide (1897)
4. Carlos Marx
5. Max weber: protestantismo y capitalismo
6. Los Orígenes Del Espíritu Capitalista
7. La Influencia Del Protestantismo Ascético

1. Introducción

"...Las pasiones humanas solo se detienen ante un poder moral al que respetan...Mientras que las funciones económicas representaban otrora un papel secundario, hoy se encuentran en primer plano. Únicamente las funciones científicas pueden disputarle el lugar. Nuestras sociedades son o tienden a ser esencialmente industriales. Una forma de actividad que ha ocupado un lugar tan importante en el conjunto de la vida social, evidentemente no puede permanecer en ese punto sin sujetarse a reglas, porque de todo ello resultarán las más profundas perturbaciones. Sobre todo es una fuente de desmoralización general."

2. De la división du travail social

La tesis de doctorado de Durkheim es su primer gran libro.
También es la obra que perfila claramente la influencia de Augusto Comte. El tema de este primer libro es el tema central del pensamiento de Durkheim, el de la relación de los individuos y la colectividad. ¿De qué modo una reunión de individuos puede formar una sociedad? ¿Cómo puede realizar esa condición de la existencia social que es un consenso?
Durkheim responde a esta pregunta fundamental distinguiendo dos formas de solidaridad: la solidaridad denominada mecánica y la llamada orgánica.
Solidaridad mecánica (por similitud): Cuando esta forma de solidaridad domina una sociedad, los individuos difieren poco entre sí. La sociedad es coherente porque los individuos aún no se han diferenciado.
Solidaridad orgánica: es aquella en la cual el consenso, es decir la unidad coherente de la colectividad, resulta de la diferenciación o se expresa en ella. Los individuos ya no son semejantes, sino diferentes; y hasta cierto punto precisamente porque son distintos se obtiene el consenso.
Durkheim denomina orgánica a una solidaridad fundada en la diferenciación de los individuos por analogía con los órganos del
ser vivo, cada uno de los cuales cumple su propia función, y no se asemejan a los demás, pese a lo cual todos son igualmente indispensables para la vida.
La toma de conciencia de la individualidad se desprende del propio desarrollo histórico. En las sociedades primitivas, cada uno es lo que son los otros; en la conciencia de cada uno dominan, tanto por el número como por la intensidad, los sentimientos comunes a todos, o sentimientos colectivos.
La oposición de estas dos formas de solidaridad se combina con la oposición entre las sociedades segmentarias y las sociedades en que aparece la división moderna del trabajo. En el vocabulario de Durkheim, un segmento designa a un grupo social en que los individuos están integrados estrechamente. Pero el segmento es también un grupo situado localmente, relativamente aislado de los demás y que desarrolla su propia vida. Implica una solidaridad mecánica por similitud; pero supone también la separación con el mundo exterior.
Ocurre que, en efecto, como la división del trabajo es un fenómeno derivado y secundario, según acabamos de verlo, se desarrolla en la superficie de la vida social, y esta afirmación es aplicable sobre todo a la división del trabajo económico. Esta última se desarrolla a flor de piel.
No debemos juzgar el lugar que corresponde a una sociedad en la escala social de acuerdo con el estado de su civilización, y sobre todo de su civilización económica; pues ésta puede no ser más que una imitación, una copia y cubrir una estructura social de tipo inferior.
Por consiguiente, la idea de estructura segmentaria no se confunde con la solidaridad por similitud.
La división del trabajo que Durkheim procura aprehender y definir no se confunde con la que contemplan los economistas.
Partiendo de ésos temas fundamentales podemos dilucidar algunas de las ideas que se desprenden de este análisis y forman parte de la teoría general de nuestro autor.
La primera se relaciona con el concepto de conciencia colectiva, que desde esta época figura en el primer plano del pensamiento de Durkheim.
La conciencia colectiva, es simplemente "el conjunto de creencias y sentimientos comunes el término medio de los miembros de una sociedad"
De acuerdo con las diferentes sociedades, esta conciencia colectiva implica más o menos extensión o fuerza. En las sociedades en que domina la solidaridad mecánica, la conciencia colectiva engloba a la mayor parte de las conciencias individuales. En las sociedades arcaicas, la fracción de las existencias individuales sometidas a los sentimientos comunes es casi coextensiva de toda existencia.
En cambio, donde reina la solidaridad orgánica, Durkheim cree observar simultáneamente una reducción de la esfera de existencia correspondiente a la conciencia colectiva, un debilitamiento de las reacciones colectivas contra la violación de las prohibiciones, y sobre todo un margen más amplio de interpretación individual de los imperativos sociales.
De este análisis, Durkheim deduce una idea que ha mantenido toda su vida, y que por lo tanto se encuentra en el centro de su sociología, la que afirma que el individuo nace de la sociedad y no la sociedad de los individuos.
Si intento reconstruir el pensamiento de Durkheim, afirmaré que la primacía de la sociedad con respecto al individuo tiene por lo menos dos sentidos, que en el fondo de ningún modo son paradójicos.
El primer sentido es el de la prioridad histórica de las sociedades en que los individuos se asemejan unos a otros y por así decirlo están perdidos en el todo, sobre las sociedades cuyos miembros han adquirido al mismo tiempo conciencia de su responsabilidad y capacidad para expresarla. Las sociedades colectivistas, donde cada uno se asemejaba a todos, don históricamente las primeras.
De esta prioridad histórica resulta una prioridad lógica en la explicación de los fenómenos sociales. Si la solidaridad mecánica ha precedido a la solidaridad orgánica, no es posible, en efecto, explicar los fenómenos de diferenciación social y de solidaridad orgánica partiendo de los individuos.
Durkheim esboza aquí lo que será, durante toda su carrera, una de sus ideas fundamentales, la que le permite definir la sociología: es decir, la prioridad del todo sobre las partes, o aún la irreductibilidad del conjunto social a la suma de los elementos y la explicación de los elementos por el todo.
El fenómeno de la división del trabajo, que el sociólogo quiere explicar, difiere por lo tanto de lo que los economistas entienden con el mismo concepto. La división del trabajo es cierta estructura de la sociedad toda, y la división técnica o económica del trabajo no es mas que la expresión de aquélla.

Una vez definida científicamente la división del trabajo, es necesario estudiarla.
Para estudiar un fenómeno social, es necesario estudiarlo objetivamente (desde el exterior), determinando los estados de conciencia. Éstas expresiones de los fenómenos de conciencia son, en la División du travail social, los fenómenos jurídicos.
Durkheim distingue dos especies de derecho, cada una de ellas característica de uno de los tipos de solidaridad: el derecho represivo, que sanciona las faltas o los crímenes, y el derecho restitutivo o cooperativo, cuya esencia es reestablecer el estado de las cosas, cuando se ha cometido una falta, u organizar la cooperación entre los individuos.


El derecho represivo es el revelador de la conciencia colectiva en las sociedades de solidaridad mecánica. Cuanto más extensa, vigorosa y particularizada sea la conciencia colectiva, mayor el número de actos considerados delitos .
Esta definición del delito es típicamente sociológica. El delincuente es aquel que en una sociedad ha rehusado a obedecer a las leyes de la ciudad. En su opinión, la función y el sentido de la sanción no es intimidar a disuadir. La función del castigo es satisfacer la conciencia común. Pues ésta se ha visto lesionada por el acto cometido por uno de los miembros de la colectividad. Exige reparación, y el castigo del culpable es esta reparación ofrecida a los sentimientos generales.
En el derecho restitutivo, ya no se trata de castigar, sino de devolver las cosas al Estado en que debería encontrarse de acuerdo con la justicia . Es necesario entender el derecho restitutivo en un sentido muy amplio, de acuerdo con el cual engloba todas las reglas jurídicas cuyo objetivo es organizar la cooperación entre los individuos.
La idea de acuerdo con la cual una sociedad moderna está fundada esencialmente con el contrato , es decir en acuerdos concluidos libremente por los individuos. En este caso, la visión de Durkheim se ajustaría hasta cierto punto a la fórmula clásica "del estatuto al contrato", o aún "de una sociedad dominada por imperativos colectivos a una sociedad en la cual las libres desiciones de los individuos crean el orden común".
Si la sociedad moderna fuera una sociedad "contractual", se explicaría a partir de las formas individuales de conducta . Pero el sociólogo quiere demostrar precisamente lo contrario.
Al oponerse así a los "contractualistas" y a los economistas, Durkheim no niega que, efectivamente, en las sociedades modernas los contratos concertados libremente entre los individuos representan un papel cada vez más importante. Pero este elemento contractual es un derivado de la estructura de la sociedad, y aún un derivado del estado de la conciencia colectiva en la sociedad moderna.
Se conciertan contratos entre los individuos, pero las condiciones en que se los concierta están determinadas por una legislación que expresa la concepción de la sociedad en general acerca de lo justo y lo injusto, lo tolerable y lo prohibido.
Por vía de diferenciación la división del trabajo es la condición primordial de la existencia la existencia de una esfera contractual. Volvemos a hallar el principio de la prioridad de la estructura social sobre los individuos, o aún de la prioridad del tiempo social sobre los fenómenos individuales.
Pero ¿cuál es la causa de la solidaridad orgánica o de la diferenciación social considerada como la característica esencial de las sociedades modernas?
Pero Durkheim quiere determinar la causa del desarrollo de la división del trabajo en las sociedades modernas.
Se trata de un fenómeno esencialmente social, y por homogeneidad, la causa también debe ser social. Así es necesario eliminar la explicación individualista.
La diferenciación social no se explica por la búsqueda del placer o la persecución de la felicidad. Por consiguiente no es posible explicar la división del trabajo por el hastío, ni por la búsqueda de la felicidad, ni por le aumento de los placeres, ni por el deseo de aumentar el rendimiento del trabajo colectivo. La división del trabajo, que es un fenómeno social, solo puede explicarse por otro fenómeno social, y éste último es una combinación del volumen , la densidad material y la densidad moral de la sociedad. El volumen de la sociedad, es simplemente el número de individuos que pertenecen a una colectividad dada. Para que el volumen, se convierta en causa de la diferenciación es necesario agregar la densidad, en ambos sentidos, material y moral. La densidad moral es la intensidad de las comunicaciones y los intercambios de los individuos. Cuanto más elevado el número de relaciones de los individuos, más tienden a trabajar juntos. La diferenciación social resulta de la combinación de éstos dos fenómenos del volumen y la densidad material y moral.
Para explicar este mecanismo Durkheim invoca el concepto de la lucha por la vida, puesto de moda pro Darwin en la segunda mitad del S XIX. Desde el momento que los individuos ya no son semejantes, sino diferentes, ya no es necesario eliminar a la mayoría, pues cada cual contribuye con su propio aporte a la vida de todos.
Por consiguiente, a partir de este primer trabajo importante, ,el pensamiento de Durkheim se organiza alrededor de algunas
ideas esenciales.
La diferenciación social, fenómeno característico de las sociedades modernas, es la condición creadora de la libertad individual.
El individuo es la expresión de la colectividad. Aún en esta sociedad que autoriza a cada uno a ser él mismo, hay una parte, más considerable de los que creemos, de conciencia colectiva presente en las conciencias individuales. La sociedad de diferenciación orgánica no podría mantenerse si, fuera o por encima del reino contractual, no existiesen imperativos y prohibiciones, valores y sacrocolectivos, que vinculan a las personas con el todo social.

3. Le Suicide (1897)

El libro que Durkheim consagró al problema del suicidio se vincula estrechamente con el estudio de la división del trabajo. Durkheim aprueba el fenómeno de la división orgánica del trabajo.
Considera positiva la diferenciación de los oficios y los individuos, la regresión de la autoridad de la tradición, el dominio cada vez mas acentuado de la razón, sin embargo, observa también que no siempre el hombre se siente mas satisfecho de su suerte en las sociedades modernas, expresión y prueba de ciertos rasgos, quizás patológicos, de la organización actual de la vida en común.
La última parte del libro consagrado a la división del trabajo incluye un análisis de éstos rasgos patológicos. Examina luego ciertos fenómenos: las crisis económicas, la mala adaptación de los trabajadores a sus respectivos empleos, la violencia de las reivindicaciones que los individuos formulan a la colectividad. Todos estos fenómenos son patológicos. En cambio, el individualismo es el principio constitutivo de las sociedades modernas. En él los hombres son y se sienten diferentes unos de otros, y cada uno quiere obtener lo que, según su propio juicio, es su derecho. El principio individualista de justicia se convierte en el principio colectivo, indispensable, del orden actual. Las sociedades modernas pueden ser estables solo si respetan la justicia.
El problema fundamental de las sociedades modernas, es la relación de los individuos con el grupo. Ésta relación se transforma a causa de que el hombre ha adquirido excesiva conciencia de sí mismo para aceptar ciegamente los imperativos sociales. Es necesario tener una disciplina, que solo la sociedad puede imponer.
Durkheim alude a la solución del problema, la curación del mal endémico de las sociedades modernas: la organización de los grupos profesionales que favorecerán la integración de los individuos en la colectividad. El quiere demostrar hasta que punto los individuos están determinados por la realidad colectiva. Si se descubre que este fenómeno está regido por la sociedad, Durkheim habrá demostrado la verdad de ésta última.
El estudio del suicidio en Durkheim comienza con una definición del fenómeno; continúa con una refutación de las interpretaciones anteriores, luego, halamos una determinación de los tipos de suicidio-; y finalmente, sobre la base de esta tipología, se desarrolla una teoría general del fenómeno considerado.
El suicidio es "todo caso de muerte que resulta directa o indirectamente de un caso positivo o negativo realizado por la víctima misma, y que, según ella sabía, debía producir este resultado".
Acto positivo: dispararse un tiro en la sien. Acto negativo: no abandonar una casa en llama o rehusar todo alimento hasta dejarse morir. Una huelga de hambre llevada hasta la muerte es un ejemplo de suicidio.
La expresión "directa o indirectamente" remite a una distinción comparable a la que existe entre los positivo o lo negativo.
Las estadísticas demuestran inmediatamente que la tasa de suicidios es relativamente constante. No varía de modo arbitrario, sino en función de múltiples circunstancias.
Después de definir el fenómeno, Durkheim desecha las explicaciones de tipo psicológico. Reconoce que hay una predisposición psicológica al suicidio, la fuerza que determina el suicidio no es psicológica sino social. La discusión científica está centrada alrededor de estos dos términos: predisposición psicológica y determinación social.
Estudia las variaciones de la tasa de suicidios en las diferentes poblaciones y se esfuerza por demostrar que no hay correlación entre la frecuencia de los estados psicopatológicos y de la de los suicidios.
Rechaza igualmente en éstos análisis preliminares, la interpretación del suicidio a partir del fenómeno de la imitación (Gabriel Tarde, que creía que la imitación es el fenómeno clave del orden social). Para Durkheim se confunden tres fenómenos bajo el título general de la imitación.
El primero es que se denominaría hoy la fusión de las conciencias, el hecho de que un elevado número de hombre experimentan conjuntamente los mismos sentimientos (ej: una multitud revolucionaria).
En el segundo fenómeno el individuo se adapta a la colectividad y se conduce con los demás, sin que haya fusión de las conciencias (la moda es una forma atenuada de imperativo social).
Finalmente, el único que merece el nombre de imitación en el sentido preciso del término, es "un acto que tiene como antecedente inmediato la representación de un acto semejante, realizado anteriormente por otro, sin que entre esta representación y la ejecución se intercale ninguna operación intelectual implícita o explícita, referida a los caracteres intrínsecos del acto reproducido".
Aún puede afirmarse que conviene distinguir dos fenómenos, el contagio y la epidemia. El fenómeno va de un individuo a otro como una piedra que rebota sobre el agua. En cambio, la epidemia que puede transmitirse por contagio es un fenómeno colectivo que se apoya en el conjunto de la sociedad.
Después de éstos análisis formales, Durkheim refuta con la ayuda de estadísticas la idea de que la tasa de suicidios estaría determinada esencialmente por fenómenos de imitación (si los suicidios fuesen resultado del contagio, sería posible seguir en un mapa su difusión desde un centro). La distribución de las tasas es irregular, incompatible con la hipótesis de la imitación.
Resta cumplir la etapa principal de la investigación, la constitución de los tipos. Con este fin, Durkheim examina las estadísticas incompletas y parciales basadas en números reducidos (la tasa de suicidios oscila entre 100 y 300 por millón de personas en un año).
Los tres tipos de suicidios que Durkheim se cree autorizado a definir son: el suicidio egoísta, altruista y anómico.
Este primer tipo social de suicidio, establecido mediante el estudio estadístico de las correlaciones, se define con el término egoísmo. Los hombres o las mujeres tienden mas a quitarse la vida cuando piensan esencialmente en sí mismos, cuando no están integrados.
El segundo tipo de suicidio es el suicidio altruista - dos ejemplos principales: uno es el de la viuda que en la India acepta que la depositen sobre la pira donde arderá el cuerpo de su marido. Del mismo el comandante de una nave que no quiere sobrevivir a la pérdida de su embarcación se suicida por altruismo.
Por consiguiente la corriente suicidógena puede elegir dos tipos de hombres, los que están excesivamente apartados del grupo
social y los que no lo están bastante. Los egoístas se suicidan mas fácilmente que los otros, pero también lo hacen los que tiene exceso de altruismo, los que se confunden de tal modo con el grupo al que pertenecen que son incapaces de resistir los golpes de la suerte.
Finalmente, hay un tercer tipo social de suicidio, el suicidio anómico. Este tipo es el que interesa particularmente a Durkheim porque es el mas característico de la sociedad moderna. Este suicidio anómico es el que refleja en la correlación estadística entre la frecuencia de los suicidios y las fases del ciclo económico. Éstos fenómenos, el aumento de la frecuencia en las fases de agitación social, la disminución de la frecuencia en ocasión de los grandes acontecimientos, sugieren al sociólogo la idea del suicidio anómico. Éste no es solo el que aumenta durante las crisis económicas. Es también el suicidio cuya frecuencia crece paralelamente con el número de divorcios, el suicidio anómico que afecta a los individuos a causa de las condiciones de existencia que caracterizan a las sociedades modernas. En estas sociedades, la existencia social ya no es regulada por la costumbre; los individuos compiten permanentemente unos con otros; por lo tanto están acechados perpetuamente por el sufrimiento que se origina en la desproporción entre sus aspiraciones y satisfacciones. Durkheim procura luego demostrar que los tipos sociales que ha elaborado corresponden aproximadamente a tipos psicológicos.
El suicidio egoísta se manifestará por un estado de apatía y de ausencia de apego a la vida, el suicidio altruista por la energía y la pasión; y el suicidio anómico se caracterizará por un estado de irritación y de disgusto, que la existencia moderna ofrece, un disgusto que es resultado de que se ha cobrado conciencia de la desproporción entre las aspiraciones y las satisfacciones.
Podemos resumir la teoría de Durkheim: los suicidios son fenómenos individuales, que responden a causas esencialmente sociales.
Hallamos aquí una vez más el tema fundamental de la sociología de Durkheim, a saber que en sí mismas las sociedades son heterogéneas respecto de los individuos. Para extraer las consecuencias prácticas del estudio del suicidio, conviene examinar el carácter normal o patológico de éste fenómeno. A juicio de Durkheim el delito es un fenómeno socialmente normal, si consideramos lo que ocurre regularmente el delito no es un fenómeno patológico. A sí mismo, podemos considerar normal cierta tasa de suicidios pero Durkheim entiende que el aumento de la tasa de suicidios en la sociedad moderna es un fenómeno patológico.
Como se sabe, ésta última se caracteriza por la diferenciación social, la solidaridad orgánica, la densidad de la población, la intensidad de las comunicaciones y de la lucha por la vida. Todos estaos hechos, vinculados con la esencia de la sociedad
moderna, no deben ser considerados como anormales en sí mismos.
"Hay motivos para creer que este agravamiento (de la tasa de suicidios) responde, no a la naturaleza intrínseca del progreso, sino a las condiciones particulares en que aquel se realiza contemporáneamente, y nada nos asegura que las mismas sean normales. Pero entonces si la causa es anormal debe afirmarse lo mismo del efecto. Por consiguiente, lo que la marea ascendente de muertes voluntarias demuestra, no es el brillo cada vez mas intenso de nuestra civilización, sino un estado de crisis y perturbación que no puede prolongarse sin peligro"
¿Cómo puede restablecerse la integración del individuo con la colectividad? Durkheim examina sucesivamente el grupo familiar, el grupo religioso y el grupo político (sobre todo el estado) y procura demostrar que ninguno de los tres ofrece el marco social cercano al individuo que puede ofrecerle seguridad al mismo tiempo que lo somete a las exigencias de la solidaridad.
Desecha por dos razones la reintegración en el grupo familiar. Por una parte, la tasa de suicidios aómicos no aumenta menos en las personas casadas que en las célibes lo cual indica que el grupo familiar no ofrece una protección más eficaz contra la corriente suicidógena.
Por otra parte, las funciones de la familia decaen en la sociedad moderna.
El estado o agrupamiento político está demasiado lejos del individuo, es excesivamente abstracto tiende demasiado a lo autoritario para ofrecer el contexto necesario a la integración.
Finalmente, tampoco la religión puede poner fin a la anomia eliminando las causas profundas del mal. En las sociedades modernas las religiones presentan un carácter cada vez más abstracto e intelectual. Ya no son escuelas de disciplina como antaño. Ahora bien, lo que Durkheim busca para curar los males de la sociedad moderna, no son ideas abstractas y teorías, sino formas morales en acción.
Por lo tanto, el único grupo social que puede favorecer la integración de los individuos en la colectividad es la profesión; o para utilizar el término de Durkheim la corporación.
Pero en esta discusión del carácter patológico de las tasas actuales de suicidios y de la búsqueda de una terapéutica aparece una idea fundamental de la filosofía de Durkheim. El hombre, abandonado a sí mismo, está animado de ilimitados deseos. El individuo quiere siempre más de lo que tiene, y se siente permanentemente decepcionado por la satisfacciones que encuentra en una existencia dura.
El hombre individual es un ser formado de deseos, y desde luego la necesidad fundamental de la moral y la sociedad es la disciplina. El hombre necesita la disciplina de una fuerza superior, autoritaria y amable es decir, digna de ser amada, esta fuerza que al mismo tiempo se impone y atrae no puede ser sino la propia sociedad.
Las discusiones en relación con la tesis de Durkheim acerca del suicidio se han referido a varios puntos. El primero tratado sobre todo por el doctor A. Delmas, se refiere al valor de las estadísticas. Las variaciones de las tasas de suicidios carecen de significación en la mayoría delos casos, como consecuencias de los errores implicados en las estadísticas.
Dos fuentes de error son indudables: la primera, que generalmente se conoce un caso de suicidio solo por la declaración de la familia. Por consiguiente, de acuerdo con los medios sociales, las épocas y los casos puede variar la proporción de suicidios enmascarados.
El segundo motivo de incertidumbre proviene de la frecuencia de los suicidios fracasados o tentativas de suicidios. El segundo punto de discusión se refiere a la validez de correlaciones establecidas por Durkheim.
En general, el establecimiento de correlaciones entre la taza de suicidios y un factor como el religioso exige la demostración de que no hay otros factores diferenciales en los casos comparados. Ahora bien, a menudo no llegamos a un resultado indudable. Es difícil aislar el factor religioso en general, las poblaciones vecinas que tienen diferente religión poseen también distinto género de vida y de actividad profesional.
El tercer punto de discusión es la relación entre la interpretación sociológica y la psicológica. Los psicólogos y los sociólogos coinciden en un hecho: la mayoría de los que se suicidan tiene una constitución nerviosa y psíquica no siempre anormales pero en todo caso vulnerable.
En un texto de este orden el equívoco proviene de la expresión "corriente suicidógena". En este concepto parece sugerir que, en rigor, hay una fuerza social o colectiva, emanación del grupo total, que impulsa a los individuos a matarse. Ahora bien, ni los hechos individuales observados directamente ni los hechos estadísticos nos obligan a imaginar nada semejante.
El riesgo de la interpretación o el vocabulario de Durkheim, consiste en sustituir la interpretación positiva, que combina sin dificultad los factores individuales y los factores colectivos, con una cristalización mítica de los factores sociales transfigurados en una fuerza supraindividual, nuevo Moloch que elige a sus víctimas entre los individuos.

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