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Veneno

Enviado por m_pucciarelli



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Índice

2. Plantas Venenosas
3. Toxicomanía
4. Bibliografía

1. Introducción

Se llama veneno a cualquier sustancia que produce enfermedad, lesión tisular, o que interrumpe los procesos vitales naturales al entrar en contacto con el organismo. La mayoría de los venenos tomados en cantidades suficientes son mortales. Una sustancia venenosa puede ser de origen mineral, vegetal o animal, y puede asumir la forma de un sólido, un líquido o un gas. Dependiendo del tipo de veneno ejercerá su acción sobre la superficie corporal o, de forma más grave, sobre los órganos internos o el sistema nervioso.

Tipos de venenos
En los seres humanos los venenos se suelen clasificar según sus efectos en corrosivos, irritantes, o narcóticos; estos últimos
también se conocen como venenos sistémicos o nerviosos.
Los venenos corrosivos incluyen los ácidos o álcalis fuertes, que producen destrucción tisular externa o interna, es decir, abrasan la piel o la mucosa gástrica. Los vómitos se desencadenan de inmediato y están mezclados con sangre. Los venenos habituales, llamados agentes corrosivos, incluyen el ácido clorhídrico, el ácido carbónico, el bicloruro de mercurio y el amoniaco.
Los irritantes, como el arsénico, el mercurio, el yodo y los laxantes, actúan directamente sobre la membrana mucosa provocando irritación o inflamación gastrointestinal acompañada de dolor y vómitos. Los venenos corrosivos diluidos también tienen estos efectos. Los irritantes incluyen venenos acumulativos, aquellas sustancias que se absorben poco a poco sin provocar lesión aparente hasta que de forma repentina producen su efecto.
Los venenos narcóticos actúan sobre el sistema nervioso central o sobre órganos como el corazón, el hígado, los pulmones o los riñones hasta que afectan los sistemas respiratorio y circulatorio. Estos venenos pueden producir coma, convulsiones, o delirio. Los venenos narcóticos incluyen alcohol, opio y sus derivados, belladona, trementina, cianuro potásico, cloroformo y estricnina. En esta categoría también se incluye uno de los venenos más peligrosos que se conocen, la toxina botulínica, una potente toxina bacteriana causa de intoxicación alimentaria aguda (botulismo).
El envenenamiento de la sangre, también de naturaleza bacteriana, se produce cuando un microorganismo virulento invade la circulación sanguínea a través de una herida o una infección. Los síntomas incluyen escalofríos, fiebre, postración, y con frecuencia, infecciones o abscesos secundarios en varios órganos. La mayoría de los venenos gaseosos también afectan a la sangre. Debido a que estos gases restringen la capacidad del organismo de absorber oxígeno, suelen incluirse en la categoría de los asfixiantes, grupo al que pertenece el conocido monóxido de carbono. Sin embargo, hay también venenos gaseosos corrosivos o irritantes.
Cerca del 50% de todos los casos de envenenamiento humano en el mundo occidental se deben a fármacos o productos domésticos habituales como aspirinas, barbitúricos, insecticidas, y cosméticos. Debido a que los barbitúricos son accesibles con facilidad, los efectos tóxicos que derivan de su mal uso no son infrecuentes. El envenenamiento agudo puede deberse a una sobredosis o una interacción con otros fármacos, en especial el alcohol. La víctima de un envenenamiento agudo por barbitúricos experimenta agitación y náuseas, o entra en un sueño profundo marcado por una respiración cada vez más superficial cuyo posible fin es el coma y el fallo cardiaco. El envenenamiento crónico por barbitúricos, causado por el uso prolongado de estos fármacos, se caracteriza por irritación gastrointestinal, pérdida de apetito y anemia. En estados avanzados de envenenamiento crónico por barbitúricos la víctima sufre confusión mental.

Tratamiento
Son diversos los tratamientos para contrarrestar el efecto de un veneno. En la mayoría de los casos se aconseja la dilución, es decir, la ingestión de grandes cantidades de agua o leche. En otros se recomienda utilizar un emético, una sustancia que induce el vómito y libera al estómago de ciertos venenos. Los eméticos actúan a nivel local, como por ejemplo, sobre los nervios gástricos, o a nivel sistémico, sobre el centro del vómito del cerebro. Los remedios domésticos consisten en una cucharada de sal disuelta en agua caliente o dos cucharadas de mostaza disueltas en medio litro de agua. Los eméticos no se deben administrar a personas que han ingerido un veneno corrosivo. A diferencia de un emético, un antídoto es un remedio que contrarresta químicamente el efecto de un veneno, aunque de modo indirecto pueda provocar el vómito. Un antídoto puede actuar contra un veneno neutralizándolo, convirtiéndolo en insoluble, absorbiéndolo, aislándolo, o produciendo un efecto fisiológico general opuesto. En cualquier envenenamiento es imprescindible iniciar el tratamiento de forma inmediata.

2. Plantas Venenosas

Son plantas que contienen sustancias que, al penetrar en el organismo provocan reacciones nocivas que causan lesiones o la muerte. Es muy posible que exista hasta un 1% de especies de plantas venenosas aunque aún no se haya reconocido esa condición en todas ellas. Las plantas peligrosas gozan de amplia distribución en bosques (hierba de San Cristóbal o actea), campos (leche de gallina), pantanos (eléboros como el vedegambre y la rosa de navidad), regiones secas (ciertos chaparros o encinos), bordes de caminos (celastráceas) y parques (kalmia), y crecen tanto silvestres (celidonia o celedonia, celidueña, hierba de la golondrina) como cultivadas (glicina o wistaria). Muchas plantas ornamentales comunes, como la adelfa o balandre, laurel rosa, blanco o colorado, la convalaria (muguete, lirio de los valles o hierba de San Juan) o el muérdago, son venenosas.
Los botánicos no han fijado normas que permitan determinar con exactitud si una planta concreta es venenosa. Las especies tóxicas están dispersas, en cuanto a sus hábitats y a sus relaciones botánicas. Contienen más de veinte en especial tóxicos, en especial alcaloides, glucósidos, saponinas, resinoides, oxalatos, compuestos fotosensibilizadores y ciertos minerales, como selenio o nitratos, que toman del suelo y van acumulando. Los compuestos venenosos pueden estar distribuidos por todas las partes de la planta (cicuta) o acumularse más en unos lugares que en otros, como la raíz (tsuga), las bayas (daphne) o las hojas (laurel de montaña). La toxicidad de una planta puede variar con la edad; por lo general, la nocividad aumenta con la madurez, sin embargo, algunas especies muy tóxicas en sus fases juveniles se transforman luego en inocuas (cadillo).
Ciertos principios activos provocan irritación de la piel (ortiga), mientras que otros desencadenan una reacción alérgica (hiedra venenosa). Pero casi todos los venenos deben penetrar en el organismo para actuar y, en la mayor parte de los casos, esa entrada se produce por ingestión. Por lo general, una persona adulta tendría que comer más de 60 g de la parte venenosa de la planta para intoxicarse (esta cantidad es, en proporción, menor para los niños). No obstante, algunas plantas son tóxicas en cantidades muy inferiores; así, bastan una o dos semillas de ricino (higuera, higuereta, palmacristi, tártago de Venezuela) para matar a un niño.
Después de la ingestión, el veneno puede actuar inmediatamente sobre el aparato digestivo (diefembaquia, euforbia, ciertas Solanáceas) y provocar dolor abdominal agudo, vómitos e, incluso, hemorragias internas, o bien pasar al torrente sanguíneo. En este caso, primero llega al hígado, que puede resultar lesionado. Los oxalatos cristalizan en el riñón (ruibarbo) y desgarran los túbulos. Algunas plantas afectan al corazón (adelfa); ingeridas en pequeñas cantidades, algunas de estas toxinas tienen virtudes medicinales (digital o dedalera). Las especies que contienen alcaloides suelen inducir reacciones desagradables o peligrosas en el sistema nervioso. Son ejemplo la parálisis (cicuta), las alucinaciones (estramonio o toloache, hierba del diablo, o chamico) o el paro cardiaco (tejo). Algunos tóxicos actúan directamente sobre las células del organismo. El ejemplo más claro es el cianuro, liberado a partir de un glucósido vegetal (laurel cerezo), que impide que las células absorban oxígeno. Por su parte, los nitratos, que ciertas plantas contienen en concentraciones excesivas, se combinan con la hemoglobina de la sangre, que queda incapacitada para transportar oxígeno a las células. Algunas reacciones son muy específicas; así, el helecho común destruye la médula ósea, donde se forman las células hemáticas; el hipérico o hipericón contiene un veneno que, al ser ingerido por los animales, reacciona con la luz solar y provoca quemaduras y lesiones graves en la piel expuesta.
Las plantas venenosas son demasiado numerosas como para pensar en erradicarlas y muchas son muy apreciadas como ornamentales de jardín o de interior. En caso de sospecha de intoxicación, hay que acudir al médico cuanto antes.

Barbitúrico
Proviene de la familia de fármacos derivados del ácido barbitúrico (C4H4N2O3) (combinación de urea y ácido malónico) que producen depresión cerebral. Dependiendo de su dosis y formulación presentan un efecto sedante (tranquilizante), hipnótico (inductor del sueño), anticonvulsivo, o anestésico. Los barbitúricos de acción ultracorta, como el tiopental, se utilizan por vía intravenosa para inducir la anestesia quirúrgica. Los de acción larga, como el fenobarbital, se emplean para prevenir las crisis epilépticas. Otros barbitúricos como el secobarbital se utilizaron como ansiolíticos, fármacos que evitan los estados de ansiedad, hasta el desarrollo de los tranquilizantes (benzodiacepinas). Todavía se usan para el tratamiento del insomnio, aunque las benzodiacepinas son más aconsejables. A veces se utilizan como drogas de abuso, pues tanto por vía intravenosa como por vía oral producen síntomas similares al alcohol (borrachera barbitúrica): desinhibición, comportamiento rudo y violento, pérdida de coordinación muscular, depresión y sedación. Además, producen dependencia física y adicción. La sobredosis puede causar shock, depresión respiratoria, coma o la muerte.

Tranquilizantes
Es el nombre que se aplica a un tipo de fármacos que se emplea para tratar la ansiedad y el insomnio. Al principio, el término comprendía dos grupos: los tranquilizantes mayores —las fenotiazinas, como la clorpromazina— útiles en el tratamiento de los pacientes con enfermedad mental aguda y los tranquilizantes menores —las benzodiazepinas, como el diazepan (Valium)—. Debido al uso, el término se refiere en la actualidad sólo al segundo grupo de fármacos. A principios de la década de 1980, estos tranquilizantes menores eran los medicamentos más utilizados en todo el mundo. Aunque son útiles para disminuir la ansiedad y el insomnio de forma temporal, desde 1979, se considera que no son eficaces para periodos superiores a dos semanas.
Los tranquilizantes menores son seguros cuando se emplean solos, pero cuando se mezclan con alcohol en dosis suficientes pueden producir coma e incluso la muerte. La administración a largo plazo de benzodiazepinas a dosis mayores de las habituales puede producir dependencia física, con síntomas de abstinencia característicos, desde pesadillas nocturnas hasta convulsiones cuando se interrumpe la administración del fármaco.

Psicofarmacología
Es estudio de la relación entre los fármacos y la función cerebral, incluyendo el estado de ánimo, el comportamiento o las percepciones. La psicofarmacología es una rama de la farmacología, ciencia que estudia la acción de los fármacos en los organismos vivos. La psicofarmacología es una herramienta de la psiquiatría, la psicología, la neurología y las especialidades médicas que estudian la función cerebral.
A lo largo de la historia las diferentes culturas han buscado medios para alterar el estado de la conciencia utilizando sustancias extraídas de plantas, que son la base de los psicofármacos actuales. Algunos hitos en la historia de la psicofarmacología son el descubrimiento y el uso del alcohol, el cannabis y el opio en Europa y en Asia, y la cafeína, la nicotina, la cocaína y las plantas alucinógenas como el peyote y la psilocibina, en la América precolombina. Durante el siglo XIX los hallazgos más relevantes fueron: la extracción, a partir del opio, de un analgésico potente denominado morfina; como anestésicos, la introducción del óxido nitroso, el éter y el triclorometano (cloroformo) y, como estimulante, el uso de la cocaína. Los primeros hipnóticos sedantes, los barbitúricos, fueron descubiertos a principios del siglo XX, así como las anfetaminas (adrenalina), que empezaron a emplearse como psicoestimulantes hacia 1930; posteriormente, en 1943, un alucinógeno, la dietilamida del ácido lisérgico (LSD); en 1948, el carbonato de litio, un fármaco eficaz en el tratamiento de la psicosis maníaco- depresiva; en 1952, el fármaco antipsicótico y antiesquizofrénico clorpromacina, y, en 1957, dos fármacos para el tratamiento de la depresión: los antidepresivos tricíclicos y los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO). En estos últimos años del siglo XX siguen apareciendo fármacos y drogas que pertenecen a las distintas categorías de psicofármacos. Los llamados tranquilizantes menores, o benzodiacepinas, son también agentes psicoactivos.

Psicofármacos
Son sustancias químicas que alteran el comportamiento, el humor, la percepción o las funciones mentales. Las diferentes culturas a lo largo de la historia han utilizado diversas sustancias con el objetivo de cambiar el estado de consciencia. En la práctica médica actual, las sustancias psicoactivas conocidas como psicofármacos se han desarrollado para tratar a los pacientes con trastornos mentales. Los psicofármacos ejercen su acción modificando ciertos procesos bioquímicos o fisiológicos cerebrales. Los mensajes entre las distintas células nerviosas (neuronas) se transmiten a través de estímulos eléctricos o químicos. Las neuronas no entran en contacto directo entre sí; en las sinápsis (espacio entre las neuronas) el mensaje se transmite por sustancias químicas denominadas neuroreguladores o neurotransmisores. La mayoría de los psicofármacos actúan alterando el proceso de neurotransmisión. Otros, como las sales de litio, actúan modificando la permeabilidad de la membrana neuronal. Existen seis categorías principales de psicofármacos dependiendo de sus efectos psicológicos o sobre el comportamiento: hipnoticosedantes, analgésicos narcóticos, estimulantes euforizantes, alucinógenos, alcohol y agentes psicotrópicos. El alcohol ha sido la sustancia psicoactiva más utilizada. En la mayor parte de los países se trata de la única sustancia psicoactiva legalmente permitida sin receta. Los consumidores buscan relajación y bienestar, pero la intoxicación etílica altera las funciones mentales y motoras. La ingesta crónica de alcohol puede lesionar el hígado y las células cerebrales y produce adicción (dando lugar al alcoholismo); su retirada brusca produce graves cuadros (síndromes) de abstinencia. Los agentes hipnoticosedantes como los barbitúricos o el diazepán (más conocido como válium) incluyen los depresores cerebrales como los somníferos (pastillas para dormir), o los ansiolíticos (que producen relajación sin inducir sueño). La utilización de los agentes hipnoticosedantes como relajantes, tranquilizantes o euforizantes fuera de la prescripción médica es ilegal. La sobredosis puede conducir a la muerte. La mayoría producen adicción, y algunos pueden producir un grave síndrome de abstinencia al interrumpir su ingesta. Los analgésicos narcóticos (opiáceos como el opio, morfina o heroína) se utilizan como analgésicos. Debido a que el alivio del dolor es uno de los objetivos principales de la práctica médica, los opiáceos han supuesto una gran ayuda en el tratamiento de muchas situaciones. Fuera del contexto legal, la heroína es el principal analgésico narcótico empleado en inyección intravenosa para producir euforia. Los opiáceos producen dependencia física y adicción y su retirada produce un síndrome de abstinencia. Los agentes estimulantes euforizantes como las anfetaminas pueden emplearse para suprimir el apetito o en el tratamiento de los niños con síndrome de hiperactividad. En estos niños, las anfetaminas tienen un efecto relajante paradójico y pueden mejorar la falta de concentración que se asocia a la hiperactividad. En medicina, se emplea un derivado de la cocaína como anestésico local. El uso ilegal de las anfetaminas y la cocaína incluye su utilización como euforizantes, como estimulantes, para mejorar el rendimiento físico o mental en situaciones como las competiciones atléticas o los exámenes universitarios, o para prevenir el mareo. Los alucinógenos (fármacos psicodélicos) como el LSD —dietilamida del ácido lisérgico—, la mescalina, el PCP —fenciclidina— no tienen hoy ningún uso médico. Su utilización ilegal tiene por objetivo conseguir estados alterados de la conciencia. La marihuana es un alucinógeno débil de cierta utilidad médica para eliminar las náuseas producidas por los tratamientos contra el cáncer; también reduce la presión ocular en algunos casos graves de glaucoma. Los fármacos psicotrópicos se vienen empleando desde comienzos de la década de 1950. Consiguen mejorar los síntomas de los pacientes esquizofrénicos, permitiendo en muchos casos su reincorporación a la sociedad y la disminución del número de pacientes esquizofrénicos ingresados en hospitales psiquiátricos. Los fármacos antidepresivos se dividen en dos grupos principales: antidepresivos tricíclicos e inhibidores de la monoamino oxidasa (IMAO). Los dos mejoran, a veces de forma espectacular, los síntomas de la depresión. Las sales de litio se emplean en el tratamiento de la psicosis maníaco-depresiva y permiten reducir los episodios de euforia o depresión que sufren estos enfermos.

Alcaloide
Grupo de compuestos débilmente alcalinos que contienen nitrógeno, y son en su mayoría de origen vegetal; poseen una complejidad molecular moderada que produce varios efectos fisiológicos en el cuerpo.
Se han registrado unos 3.000 alcaloides. El primero que se preparó sintéticamente (1886) es uno de los más simples, la coniína, o 2-propil piperidina, C5H10NC3H7; es muy venenoso, una dosis menor de 0,2 g es letal. La coniína, obtenida de las semillas de la cicuta, fue el veneno utilizado en la ejecución de Sócrates. Aproximadamente 30 de los alcaloides conocidos se usan en medicina. Por ejemplo, la atropina, que se obtiene de la belladona, dilata las pupilas; la morfina es un calmante; la quinina es un remedio específico para la malaria; la nicotina es un insecticida potente y la reserpina un tranquilizador.

Arsénico
Aplicaciones
El arsénico se usa en grandes cantidades en la fabricación de vidrio para eliminar el color verde causado por las impurezas de compuestos de hierro. Una carga típica en un horno de vidrio contiene un 0,5 % de trióxido de arsénico. A veces se añade al plomo para endurecerlo, y también se usa en la fabricación de gases venenosos militares como la lewisita y la adamsita. Hasta la introducción de la penicilina, el arsénico era muy importante en el tratamiento de la sífilis. En otros usos médicos ha sido desplazado por las sulfamidas o los antibióticos. Los arseniatos de plomo y calcio se usan frecuentemente como insecticidas. Ciertos compuestos de arsénico, como el arseniuro de galio (GaAs), se utilizan como semiconductores. El GaAs se usa también como láser. El disulfuro de arsénico (As2S2), conocido también como oropimente rojo y rubí arsénico, se usa como pigmento en la fabricación de fuegos artificiales y pinturas.
El arsénico es venenoso en dosis significativamente mayores a 65 mg, y el envenenamiento puede producirse por una única dosis alta, pero también por acumulación progresiva de pequeñas dosis repetidas, como, por ejemplo, la inhalación de gases o polvo de arsénico. Por otra parte, algunas personas, en concreto los que ingieren arsénico en las montañas del sur de Austria, han descubierto que el arsénico tiene un efecto tónico, y han desarrollado cierta tolerancia hacia él que les permite ingerir cada día una cantidad que normalmente sería una dosis fatal. Sin embargo, esta tolerancia no les protege contra la misma cantidad de arsénico administrada hipodérmicamente.
A menudo es importante contar con un test fiable que detecte la presencia de cantidades pequeñas de arsénico, porque el arsénico, aun siendo un veneno violento, es ampliamente usado y, por tanto, es un contaminante muy difundido. La prueba de Marsh, llamado así por su inventor, el químico inglés James Marsh, proporciona un método simple para detectar trazas de arsénico tan mínimas que no podrían descubrirse con un análisis ordinario. La sustancia a analizar se coloca en un generador de hidrógeno, y el arsénico presente se convierte en arsenamina (AsH3), que se mezcla con el hidrógeno. Si el flujo de hidrógeno se calienta mientras pasa por un tubo de vidrio, la arsenamina se descompone, y el arsénico metálico se deposita en el tubo. Cantidades mínimas producen una mancha apreciable. Utilizando la prueba de Marsh se pueden detectar cantidades tan mínimas como 0,1 mg de arsénico o de antimonio.

Esteroides
Grupo extenso de lípidos naturales o sintéticos, o compuestos químicos liposolubles, con una diversidad de actividad fisiológica muy amplia. Dentro de los esteroides se consideran determinados alcoholes (esteroles), ácidos biliares, muchas hormonas importantes, algunos fármacos naturales y los venenos hallados en la piel de algunos sapos. Varios esteroles que se encuentran en la piel de los seres humanos se transforman en vitamina D cuando son expuestos a los rayos ultravioletas del sol. Las hormonas esteroideas, que son similares pero no idénticas a los esteroles, comprenden los esteroides de la corteza de las glándulas suprarrenales, cortisol, cortisona, aldosterona, y progesterona; las hormonas sexuales masculinas y femeninas (estrógenos y testosterona); y fármacos cardiotónicos (que estimulan el corazón), como digoxina y digitoxina. El colesterol, uno de los principales responsables de la aterosclerosis, es un esterol. La mayor parte de los anticonceptivos orales son esteroides sintéticos compuestos por hormonas sexuales femeninas que inhiben la ovulación. Tal vez los esteroides con un empleo más extendido en medicina sean la cortisona y varios derivados sintéticos de esta sustancia. Dichos esteroides son fármacos que se prescriben en una variedad de afecciones cutáneas, artritis reumatoide, asma, alergias y en varias enfermedades oculares, así como en casos de insuficiencia suprarrenal o de funcionamiento inadecuado de la corteza suprarrenal.
Los esteroides anabolizantes inducen al aumento de peso y de masa muscular. En su origen se desarrollaron para ayudar a los pacientes con cáncer y a las víctimas del hambre y procedían de la hormona sexual masculina testosterona. En las últimas décadas, se ha producido un abuso del empleo de esteroides por parte de muchos atletas con la esperanza de mejorar su rendimiento físico. Además de la deslealtad que supone su uso en las competencias deportivas, los esteroides pueden tener graves efectos secundarios, psicológicos y fisiológicos, incluyendo una conducta cada vez más agresiva y el cáncer hepático. En 1974, el Comité Olímpico Internacional sancionó el uso de esteroides, a partir de la disponibilidad de la prueba de cromatografía de gases para detectar su presencia. Desde entonces, algunos atletas han sido descalificados en diversas disciplinas deportivas.

Tomaínas
Tipo de compuestos orgánicos nitrogenados formados por la acción de las bacterias responsables de la putrefacción sobre la materia nitrogenada. Las tomaínas son similares en sus propiedades químicas, físicas y fisiológicas a los alcaloides, que son bases vegetales nitrogenadas, a las leucomaínas, producidas normalmente en el cuerpo de los animales; y a ciertas toxinas, que son productos de secreción de animales y bacterias. La mayoría de las tomaínas son aminas y contienen el radical NH2; algunas, como la putresceína, NH2(CH2)4NH2, y la cadaverina, NH2(CH2)5NH2, comunes en la carne podrida, son diaminas y se forman en la descomposición de los aminoácidos correspondientes. Algunas tomaínas son venenosas, aunque la mayoría son inofensivas. El término tomaína se aplicaba antiguamente a todos los venenos nitrogenados, incluyendo alcaloides y toxinas. El término envenenamiento por tomaína se usa erróneamente para indicar una enfermedad que es producida (según se ha descubierto) por toxinas bacterianas.

Prozac
Es el nombre comercial de un fármaco, la fluoxetina, utilizado en el tratamiento de la depresión. El Prozac fue introducido en 1986, y en 1994 más de 10 millones de personas lo han utilizado en todo el mundo. Ha sido empleado con éxito en el tratamiento de diferentes trastornos que hasta entonces se trataban con psicoterapia. Además se utiliza para el tratamiento de procesos obsesivo- compulsivos, ataques de ansiedad, miedo al rechazo, falta de autoestima y problemas similares. Se considera un gran descubrimiento, y muchos usuarios confirman sus grandes beneficios.
Los efectos del Prozac tardan varias semanas en aparecer, y no se conoce del todo su mecanismo de acción. El fármaco es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina en el cerebro. Actúa bloqueando el transportador de la serotonina en la membrana de las conexiones nerviosas (sinapsis). Permite pues que la serotonina permanezca durante más tiempo en el lugar donde ha sido liberada. Sin embargo, no está claro por qué un aumento de la acción de la serotonina tiene un efecto clínico beneficioso. Existen similitudes entre el Prozac y otros fármacos, como la imipramina (un antidepresivo tricíclico) que bloquea la recaptación de noradrenalina y serotonina, pero el Prozac tiene menos efectos secundarios. Los posibles efectos secundarios del Prozac incluyen náuseas, vómitos, diarrea, fiebre, ansiedad, insomnio, erupciones cutáneas y convulsiones.

Depresor
Fármaco o sustancia química que disminuye la actividad de una función corporal. Se utiliza en fármacos que reducen la
actividad del sistema nervioso central. Estos agentes, a dosis bajas, producen sedación o adormecimiento y disminuyen la ansiedad. Por esta razón los fármacos depresores se utilizan en medicina para tratar el insomnio, la ansiedad y el dolor. En este grupo están incluidos los barbitúricos, los tranquilizantes como el diazepam (Valium) y el meprobamato, y los narcóticos analgésicos como la morfina, la codeína, la meperidina y el propoxifeno.
En dosis elevadas, los fármacos depresores producen un coma o la muerte; los opiáceos en particular pueden paralizar el centro respiratorio hasta causar la muerte. Todos estos fármacos producen dependencia física y psicológica si se toman durante demasiado tiempo, por indicación errónea o en dosis excesivas. El depresor de uso no médico más extendido es el etanol o alcohol de las bebidas alcohólicas. El efecto estimulante paradójico del etanol en dosis bajas se debe a que debilita los centros inhibidores cerebrales.

Sedante
Fármaco cuyo efecto principal es reducir la tensión nerviosa o inducir el sueño. También se denominan fármacos hipnóticos. Tienen un efecto calmante y relajante sobre el sistema nervioso central y los músculos cuando la dosis es baja, y un efecto hipnótico (inductor del sueño) a dosis superiores. Durante siglos, el alcohol y el opio eran las únicas sustancias conocidas con ese efecto, pero en las últimas décadas se han descubierto más de cincuenta productos, cada uno con diferente efecto sedante. Entre los sedantes utilizados para reducir la tensión emocional, se encuentran el tranquilizante Tranxilium (clorazepato dipotásico) y el Valium (diazepam). Fármacos más utilizados como inductores del sueño en Estados Unidos son los barbitúricos como el secobarbital, pentobarbital y fenobarbital (de acción hipnótica corta, intermedia y duradera, respectivamente). En Europa se emplean mucho más los fármacos de la familia de las benzodiacepinas, cuyo espectro de acción va desde la inducción del sueño (algunos son inductores rápidos y de efectos transitorios, y otros tienen un periodo de latencia y un efecto más prolongados), hasta el efecto sedante puro. Los antihistamínicos (clorhidratos de paraldehído), y la metacualona son también fármacos hipnóticos y sedantes.
Los sedantes crean dependencia psicológica, y en ocasiones serios problemas de adicción. Desde la década de 1960 son una de las familias de medicamentos utilizados en demasía, ya que se recetan con demasiada asiduidad.

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