Índice
2. Plantas
Venenosas
3.
Toxicomanía
4.
Bibliografía
Se llama veneno a cualquier sustancia que produce enfermedad, lesión tisular, o que interrumpe los procesos vitales naturales al entrar en contacto con el organismo. La mayoría de los venenos tomados en cantidades suficientes son mortales. Una sustancia venenosa puede ser de origen mineral, vegetal o animal, y puede asumir la forma de un sólido, un líquido o un gas. Dependiendo del tipo de veneno ejercerá su acción sobre la superficie corporal o, de forma más grave, sobre los órganos internos o el sistema nervioso.
Tipos de venenos
En los seres humanos los venenos se suelen clasificar
según sus efectos en corrosivos, irritantes, o
narcóticos; estos últimos
también se conocen como venenos sistémicos o
nerviosos.
Los venenos corrosivos incluyen los ácidos o
álcalis fuertes, que producen destrucción tisular
externa o interna, es decir, abrasan la piel o la
mucosa gástrica. Los vómitos se
desencadenan de inmediato y están mezclados con sangre. Los
venenos habituales, llamados agentes corrosivos, incluyen el
ácido clorhídrico, el ácido
carbónico, el bicloruro de mercurio y el amoniaco.
Los irritantes, como el arsénico, el mercurio, el yodo y
los laxantes, actúan directamente sobre la membrana mucosa
provocando irritación o inflamación
gastrointestinal acompañada de dolor y vómitos. Los
venenos corrosivos diluidos también tienen estos efectos.
Los irritantes incluyen venenos acumulativos, aquellas sustancias
que se absorben poco a poco sin provocar lesión aparente
hasta que de forma repentina producen su efecto.
Los venenos narcóticos actúan sobre el sistema nervioso
central o sobre órganos como el corazón,
el hígado, los pulmones o los riñones hasta que
afectan los sistemas
respiratorio y circulatorio. Estos venenos pueden producir coma,
convulsiones, o delirio. Los venenos narcóticos incluyen
alcohol, opio
y sus derivados, belladona, trementina, cianuro potásico,
cloroformo y estricnina. En esta categoría también
se incluye uno de los venenos más peligrosos que se
conocen, la toxina botulínica, una potente toxina
bacteriana causa de intoxicación alimentaria aguda
(botulismo).
El envenenamiento de la sangre, también de naturaleza
bacteriana, se produce cuando un microorganismo virulento invade
la circulación sanguínea a través de una
herida o una infección. Los síntomas incluyen
escalofríos, fiebre, postración, y con frecuencia,
infecciones o abscesos secundarios en varios órganos. La
mayoría de los venenos gaseosos también afectan a
la sangre. Debido a que estos gases
restringen la capacidad del organismo de absorber oxígeno, suelen incluirse en la
categoría de los asfixiantes, grupo al que
pertenece el conocido monóxido de carbono. Sin
embargo, hay también venenos gaseosos corrosivos o
irritantes.
Cerca del 50% de todos los casos de envenenamiento humano en el
mundo occidental se deben a fármacos o productos
domésticos habituales como aspirinas, barbitúricos,
insecticidas, y cosméticos. Debido a que los
barbitúricos son accesibles con facilidad, los efectos
tóxicos que derivan de su mal uso no son infrecuentes. El
envenenamiento agudo puede deberse a una sobredosis o una
interacción con otros fármacos, en especial el
alcohol. La víctima de un envenenamiento agudo por
barbitúricos experimenta agitación y
náuseas, o entra en un sueño profundo marcado por
una respiración cada vez más superficial
cuyo posible fin es el coma y el fallo cardiaco. El
envenenamiento crónico por barbitúricos, causado
por el uso prolongado de estos fármacos, se caracteriza
por irritación gastrointestinal, pérdida de apetito
y anemia. En estados avanzados de envenenamiento crónico
por barbitúricos la víctima sufre confusión
mental.
Tratamiento
Son diversos los tratamientos para contrarrestar el efecto de un
veneno. En la mayoría de los casos se aconseja la
dilución, es decir, la ingestión de grandes
cantidades de agua o
leche. En
otros se recomienda utilizar un emético, una sustancia que
induce el vómito y libera
al estómago de ciertos venenos. Los eméticos
actúan a nivel local, como por ejemplo, sobre los nervios
gástricos, o a nivel sistémico, sobre el centro del
vómito del cerebro. Los
remedios domésticos consisten en una cucharada de sal
disuelta en agua caliente o dos cucharadas de mostaza disueltas
en medio litro de agua. Los eméticos no se deben
administrar a personas que han ingerido un veneno corrosivo. A
diferencia de un emético, un antídoto es un remedio
que contrarresta químicamente el efecto de un veneno,
aunque de modo indirecto pueda provocar el vómito. Un
antídoto puede actuar contra un veneno
neutralizándolo, convirtiéndolo en insoluble,
absorbiéndolo, aislándolo, o produciendo un efecto
fisiológico general opuesto. En cualquier envenenamiento
es imprescindible iniciar el tratamiento de forma
inmediata.
Son plantas que contienen sustancias que, al penetrar en
el organismo provocan reacciones nocivas que causan lesiones o
la muerte. Es
muy posible que exista hasta un 1% de especies de plantas
venenosas aunque aún no se haya reconocido esa
condición en todas ellas. Las plantas peligrosas gozan de
amplia distribución en bosques (hierba de San
Cristóbal o actea), campos (leche de gallina), pantanos
(eléboros como el vedegambre y la rosa de navidad),
regiones secas (ciertos chaparros o encinos), bordes de caminos
(celastráceas) y parques (kalmia), y crecen tanto
silvestres (celidonia o celedonia, celidueña, hierba de la
golondrina) como cultivadas (glicina o wistaria). Muchas plantas
ornamentales comunes, como la adelfa o balandre, laurel rosa,
blanco o colorado, la convalaria (muguete, lirio de los valles o
hierba de San Juan) o el muérdago, son venenosas.
Los botánicos no han fijado normas que
permitan determinar con exactitud si una planta concreta es
venenosa. Las especies tóxicas están dispersas, en
cuanto a sus hábitats y a sus relaciones botánicas.
Contienen más de veinte en especial tóxicos, en
especial alcaloides, glucósidos, saponinas, resinoides,
oxalatos, compuestos fotosensibilizadores y ciertos minerales, como
selenio o nitratos, que toman del suelo y van
acumulando. Los compuestos venenosos pueden estar distribuidos
por todas las partes de la planta (cicuta) o acumularse
más en unos lugares que en otros, como la raíz
(tsuga), las bayas (daphne) o las hojas (laurel de
montaña). La toxicidad de una planta puede variar con la
edad; por lo general, la nocividad aumenta con la madurez, sin
embargo, algunas especies muy tóxicas en sus fases
juveniles se transforman luego en inocuas (cadillo).
Ciertos principios
activos provocan
irritación de la piel (ortiga), mientras que otros
desencadenan una reacción alérgica (hiedra
venenosa). Pero casi todos los venenos deben penetrar en el
organismo para actuar y, en la mayor parte de los casos, esa
entrada se produce por ingestión. Por lo general, una
persona adulta
tendría que comer más de 60 g de la parte venenosa
de la planta para intoxicarse (esta cantidad es, en
proporción, menor para los niños).
No obstante, algunas plantas son tóxicas en cantidades muy
inferiores; así, bastan una o dos semillas de ricino
(higuera, higuereta, palmacristi, tártago de Venezuela)
para matar a un niño.
Después de la ingestión, el veneno puede actuar
inmediatamente sobre el aparato digestivo
(diefembaquia, euforbia, ciertas Solanáceas) y provocar
dolor abdominal agudo, vómitos e, incluso, hemorragias
internas, o bien pasar al torrente sanguíneo. En este
caso, primero llega al hígado, que puede resultar
lesionado. Los oxalatos cristalizan en el riñón
(ruibarbo) y desgarran los túbulos. Algunas plantas
afectan al corazón (adelfa); ingeridas en pequeñas
cantidades, algunas de estas toxinas tienen virtudes medicinales
(digital o dedalera). Las especies que contienen alcaloides
suelen inducir reacciones desagradables o peligrosas en el
sistema nervioso.
Son ejemplo la parálisis (cicuta), las alucinaciones
(estramonio o toloache, hierba del diablo, o chamico) o el paro
cardiaco (tejo). Algunos tóxicos actúan
directamente sobre las células
del organismo. El ejemplo más claro es el cianuro,
liberado a partir de un glucósido vegetal (laurel cerezo),
que impide que las células absorban oxígeno. Por su
parte, los nitratos, que ciertas plantas contienen en
concentraciones excesivas, se combinan con la hemoglobina de la
sangre, que queda incapacitada para transportar oxígeno a
las células. Algunas reacciones son muy
específicas; así, el helecho común destruye
la médula ósea, donde se forman las células
hemáticas; el hipérico o hipericón contiene
un veneno que, al ser ingerido por los animales,
reacciona con la luz solar y
provoca quemaduras y lesiones graves en la piel expuesta.
Las plantas venenosas son demasiado numerosas como para pensar en
erradicarlas y muchas son muy apreciadas como ornamentales de
jardín o de interior. En caso de sospecha de
intoxicación, hay que acudir al médico cuanto
antes.
Barbitúrico
Proviene de la familia de
fármacos derivados del ácido barbitúrico
(C4H4N2O3) (combinación de urea y ácido
malónico) que producen depresión
cerebral. Dependiendo de su dosis y formulación presentan
un efecto sedante (tranquilizante), hipnótico (inductor
del sueño), anticonvulsivo, o anestésico. Los
barbitúricos de acción ultracorta, como el
tiopental, se utilizan por vía intravenosa para inducir la
anestesia quirúrgica. Los de acción larga, como el
fenobarbital, se emplean para prevenir las crisis
epilépticas. Otros barbitúricos como el
secobarbital se utilizaron como ansiolíticos,
fármacos que evitan los estados de ansiedad, hasta el
desarrollo de
los tranquilizantes (benzodiacepinas). Todavía se usan
para el tratamiento del insomnio, aunque las benzodiacepinas son
más aconsejables. A veces se utilizan como drogas de
abuso, pues tanto por vía intravenosa como por vía
oral producen síntomas similares al alcohol (borrachera
barbitúrica): desinhibición, comportamiento
rudo y violento, pérdida de coordinación muscular, depresión y
sedación. Además, producen dependencia física y
adicción. La sobredosis puede causar shock,
depresión respiratoria, coma o la muerte.
Tranquilizantes
Es el nombre que se aplica a un tipo de fármacos que se
emplea para tratar la ansiedad y el insomnio. Al principio, el
término comprendía dos grupos: los
tranquilizantes mayores —las fenotiazinas, como la
clorpromazina— útiles en el tratamiento de los
pacientes con enfermedad mental aguda y los tranquilizantes
menores —las benzodiazepinas, como el diazepan
(Valium)—. Debido al uso, el término se refiere en
la actualidad sólo al segundo grupo de fármacos. A
principios de la década de 1980, estos tranquilizantes
menores eran los medicamentos más utilizados en todo el
mundo. Aunque son útiles para disminuir la ansiedad y el
insomnio de forma temporal, desde 1979, se considera que no son
eficaces para periodos superiores a dos semanas.
Los tranquilizantes menores son seguros cuando se
emplean solos, pero cuando se mezclan con alcohol en dosis
suficientes pueden producir coma e incluso la muerte. La
administración a largo plazo de benzodiazepinas a
dosis mayores de las habituales puede producir dependencia
física, con síntomas de abstinencia característicos, desde pesadillas nocturnas
hasta convulsiones cuando se interrumpe la administración del
fármaco.
Psicofarmacología
Es estudio de la relación entre los fármacos y la
función
cerebral, incluyendo el estado de
ánimo, el comportamiento o las percepciones. La
psicofarmacología es una rama de la farmacología,
ciencia que
estudia la acción de los fármacos en los organismos
vivos. La psicofarmacología es una herramienta de la
psiquiatría, la psicología, la
neurología y las especialidades médicas que
estudian la función cerebral.
A lo largo de la historia las diferentes
culturas han buscado medios para
alterar el estado de la
conciencia
utilizando sustancias extraídas de plantas, que son la
base de los psicofármacos actuales. Algunos hitos en la
historia de la psicofarmacología son el descubrimiento y
el uso del alcohol, el cannabis y el opio en Europa y en
Asia, y la
cafeína, la nicotina, la cocaína y
las plantas alucinógenas como el peyote y la psilocibina,
en la América
precolombina. Durante el siglo XIX los hallazgos más
relevantes fueron: la extracción, a partir del opio, de un
analgésico potente denominado morfina; como
anestésicos, la introducción del óxido nitroso, el
éter y el triclorometano (cloroformo) y, como estimulante,
el uso de la cocaína. Los primeros hipnóticos
sedantes, los barbitúricos, fueron descubiertos a
principios del siglo XX, así como las anfetaminas
(adrenalina), que empezaron a emplearse como psicoestimulantes
hacia 1930; posteriormente, en 1943, un alucinógeno, la
dietilamida del ácido lisérgico (LSD); en 1948, el
carbonato de litio, un fármaco eficaz en el tratamiento de
la psicosis
maníaco- depresiva; en 1952, el fármaco
antipsicótico y antiesquizofrénico clorpromacina,
y, en 1957, dos fármacos para el tratamiento de la
depresión: los antidepresivos tricíclicos y los
inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO). En estos
últimos años del siglo XX siguen apareciendo
fármacos y drogas que pertenecen a las distintas
categorías de psicofármacos. Los llamados
tranquilizantes menores, o benzodiacepinas, son también
agentes psicoactivos.
Psicofármacos
Son sustancias químicas que alteran el comportamiento, el
humor, la percepción
o las funciones
mentales. Las diferentes culturas a lo largo de la historia han
utilizado diversas sustancias con el objetivo de
cambiar el estado de consciencia. En la práctica
médica actual, las sustancias psicoactivas conocidas como
psicofármacos se han desarrollado para tratar a los
pacientes con trastornos mentales. Los psicofármacos
ejercen su acción modificando ciertos procesos
bioquímicos o fisiológicos cerebrales. Los mensajes
entre las distintas células nerviosas (neuronas) se
transmiten a través de estímulos eléctricos
o químicos. Las neuronas no entran en contacto directo
entre sí; en las sinápsis (espacio entre las
neuronas) el mensaje se transmite por sustancias químicas
denominadas neuroreguladores o neurotransmisores. La
mayoría de los psicofármacos actúan
alterando el proceso de
neurotransmisión. Otros, como las sales de litio,
actúan modificando la permeabilidad de la membrana
neuronal. Existen seis categorías principales de
psicofármacos dependiendo de sus efectos
psicológicos o sobre el comportamiento: hipnoticosedantes,
analgésicos narcóticos, estimulantes euforizantes,
alucinógenos, alcohol y agentes psicotrópicos. El
alcohol ha sido la sustancia psicoactiva más utilizada. En
la mayor parte de los países se trata de la única
sustancia psicoactiva legalmente permitida sin receta. Los
consumidores buscan relajación y bienestar, pero la
intoxicación etílica altera las funciones mentales
y motoras. La ingesta crónica de alcohol puede lesionar el
hígado y las células cerebrales y produce
adicción (dando lugar al alcoholismo);
su retirada brusca produce graves cuadros (síndromes) de
abstinencia. Los agentes hipnoticosedantes como los
barbitúricos o el diazepán (más conocido
como válium) incluyen los depresores cerebrales como los
somníferos (pastillas para dormir), o los
ansiolíticos (que producen relajación sin inducir
sueño). La utilización de los agentes
hipnoticosedantes como relajantes, tranquilizantes o euforizantes
fuera de la prescripción médica es ilegal. La
sobredosis puede conducir a la muerte. La mayoría producen
adicción, y algunos pueden producir un grave
síndrome de abstinencia al interrumpir su ingesta. Los
analgésicos narcóticos (opiáceos como el
opio, morfina o heroína) se utilizan como
analgésicos. Debido a que el alivio del dolor es uno de
los objetivos
principales de la práctica médica, los
opiáceos han supuesto una gran ayuda en el tratamiento de
muchas situaciones. Fuera del contexto legal, la heroína
es el principal analgésico narcótico empleado en
inyección intravenosa para producir euforia. Los
opiáceos producen dependencia física y
adicción y su retirada produce un síndrome de
abstinencia. Los agentes estimulantes euforizantes como las
anfetaminas pueden emplearse para suprimir el apetito o en el
tratamiento de los niños con síndrome de
hiperactividad. En estos niños, las anfetaminas tienen un
efecto relajante paradójico y pueden mejorar la falta de
concentración que se asocia a la hiperactividad. En
medicina, se
emplea un derivado de la cocaína como anestésico
local. El uso ilegal de las anfetaminas y la cocaína
incluye su utilización como euforizantes, como
estimulantes, para mejorar el rendimiento físico o mental
en situaciones como las competiciones atléticas o los
exámenes universitarios, o para prevenir el mareo. Los
alucinógenos (fármacos psicodélicos) como el
LSD —dietilamida del ácido lisérgico—,
la mescalina, el PCP —fenciclidina— no tienen hoy
ningún uso médico. Su utilización ilegal
tiene por objetivo conseguir estados alterados de la conciencia.
La marihuana es
un alucinógeno débil de cierta utilidad
médica para eliminar las náuseas producidas por los
tratamientos contra el cáncer;
también reduce la presión
ocular en algunos casos graves de glaucoma. Los fármacos
psicotrópicos se vienen empleando desde comienzos de la
década de 1950. Consiguen mejorar los síntomas de
los pacientes esquizofrénicos, permitiendo en muchos casos
su reincorporación a la sociedad y la
disminución del número de pacientes
esquizofrénicos ingresados en hospitales
psiquiátricos. Los fármacos antidepresivos se
dividen en dos grupos principales: antidepresivos
tricíclicos e inhibidores de la monoamino oxidasa (IMAO).
Los dos mejoran, a veces de forma espectacular, los
síntomas de la depresión. Las sales de litio se
emplean en el tratamiento de la psicosis maníaco-depresiva
y permiten reducir los episodios de euforia o depresión
que sufren estos enfermos.
Alcaloide
Grupo de compuestos débilmente alcalinos que contienen
nitrógeno, y son en su mayoría de origen vegetal;
poseen una complejidad molecular moderada que produce varios
efectos fisiológicos en el cuerpo.
Se han registrado unos 3.000 alcaloides. El primero que se
preparó sintéticamente (1886) es uno de los
más simples, la coniína, o 2-propil piperidina,
C5H10NC3H7; es muy venenoso, una dosis menor de 0,2 g es letal.
La coniína, obtenida de las semillas de la cicuta, fue el
veneno utilizado en la ejecución de Sócrates.
Aproximadamente 30 de los alcaloides conocidos se usan en
medicina. Por ejemplo, la atropina, que se obtiene de la
belladona, dilata las pupilas; la morfina es un calmante; la
quinina es un remedio específico para la malaria; la
nicotina es un insecticida potente y la reserpina un
tranquilizador.
Arsénico
Aplicaciones
El arsénico se usa en grandes
cantidades en la fabricación de vidrio para
eliminar el color verde
causado por las impurezas de compuestos de hierro. Una
carga típica en un horno de vidrio contiene un 0,5 % de
trióxido de arsénico. A veces se añade al
plomo para endurecerlo, y también se usa en la
fabricación de gases venenosos militares como la lewisita
y la adamsita. Hasta la introducción de la penicilina, el
arsénico era muy importante en el tratamiento de la
sífilis. En otros usos médicos ha
sido desplazado por las sulfamidas o los antibióticos. Los
arseniatos de plomo y calcio se usan frecuentemente como
insecticidas. Ciertos compuestos de arsénico, como el
arseniuro de galio (GaAs), se utilizan como semiconductores.
El GaAs se usa también como láser. El
disulfuro de arsénico (As2S2), conocido también
como oropimente rojo y rubí arsénico, se usa como
pigmento en la fabricación de fuegos artificiales y
pinturas.
El arsénico es venenoso en dosis significativamente
mayores a 65 mg, y el envenenamiento puede producirse por una
única dosis alta, pero también por
acumulación progresiva de pequeñas dosis repetidas,
como, por ejemplo, la inhalación de gases o polvo de
arsénico. Por otra parte, algunas personas, en concreto los
que ingieren arsénico en las montañas del sur de
Austria, han descubierto que el arsénico tiene un efecto
tónico, y han desarrollado cierta tolerancia hacia
él que les permite ingerir cada día una cantidad
que normalmente sería una dosis fatal. Sin embargo, esta
tolerancia no les protege contra la misma cantidad de
arsénico administrada hipodérmicamente.
A menudo es importante contar con un test fiable que
detecte la presencia de cantidades pequeñas de
arsénico, porque el arsénico, aun siendo un veneno
violento, es ampliamente usado y, por tanto, es un contaminante
muy difundido. La prueba de Marsh, llamado así por su
inventor, el químico inglés
James Marsh, proporciona un método
simple para detectar trazas de arsénico tan mínimas
que no podrían descubrirse con un análisis ordinario. La sustancia a analizar
se coloca en un generador de hidrógeno, y el
arsénico presente se convierte en arsenamina (AsH3), que
se mezcla con el hidrógeno. Si el flujo de
hidrógeno se calienta mientras pasa por un tubo de vidrio,
la arsenamina se descompone, y el arsénico metálico
se deposita en el tubo. Cantidades mínimas producen una
mancha apreciable. Utilizando la prueba de Marsh se pueden
detectar cantidades tan mínimas como 0,1 mg de
arsénico o de antimonio.
Esteroides
Grupo extenso de lípidos
naturales o sintéticos, o compuestos químicos
liposolubles, con una diversidad de actividad fisiológica
muy amplia. Dentro de los esteroides se consideran determinados
alcoholes
(esteroles), ácidos biliares, muchas hormonas
importantes, algunos fármacos naturales y los venenos
hallados en la piel de algunos sapos. Varios esteroles que se
encuentran en la piel de los seres humanos se transforman en
vitamina D cuando son expuestos a los rayos ultravioletas del
sol. Las hormonas esteroideas, que son similares pero no
idénticas a los esteroles, comprenden los esteroides de la
corteza de las glándulas suprarrenales, cortisol,
cortisona, aldosterona, y progesterona; las hormonas sexuales
masculinas y femeninas (estrógenos y testosterona); y
fármacos cardiotónicos (que estimulan el
corazón), como digoxina y digitoxina. El colesterol, uno
de los principales responsables de la aterosclerosis, es un
esterol. La mayor parte de los anticonceptivos orales son esteroides
sintéticos compuestos por hormonas sexuales femeninas que
inhiben la ovulación. Tal vez los esteroides con un
empleo
más extendido en medicina sean la cortisona y varios
derivados sintéticos de esta sustancia. Dichos esteroides
son fármacos que se prescriben en una variedad de
afecciones cutáneas, artritis reumatoide, asma, alergias y
en varias enfermedades oculares,
así como en casos de insuficiencia suprarrenal o de
funcionamiento inadecuado de la corteza suprarrenal.
Los esteroides anabolizantes inducen al aumento de peso y de masa
muscular. En su origen se desarrollaron para ayudar a los
pacientes con cáncer y a las víctimas del hambre y
procedían de la hormona sexual masculina testosterona. En
las últimas décadas, se ha producido un abuso del
empleo de esteroides por parte de muchos atletas con la esperanza
de mejorar su rendimiento físico. Además de la
deslealtad que supone su uso en las competencias
deportivas, los esteroides pueden tener graves efectos
secundarios, psicológicos y fisiológicos,
incluyendo una conducta cada vez
más agresiva y el cáncer hepático. En 1974,
el Comité Olímpico Internacional sancionó el
uso de esteroides, a partir de la disponibilidad de la prueba de
cromatografía de gases para detectar su
presencia. Desde entonces, algunos atletas han sido
descalificados en diversas disciplinas deportivas.
Tomaínas
Tipo de compuestos
orgánicos nitrogenados formados por la acción
de las bacterias
responsables de la putrefacción sobre la materia
nitrogenada. Las tomaínas son similares en sus propiedades
químicas, físicas y fisiológicas a los
alcaloides, que son bases vegetales nitrogenadas, a las
leucomaínas, producidas normalmente en el cuerpo de los
animales; y a ciertas toxinas, que son productos de
secreción de animales y bacterias. La mayoría de
las tomaínas son aminas y contienen el radical NH2;
algunas, como la putresceína, NH2(CH2)4NH2, y la
cadaverina, NH2(CH2)5NH2, comunes en la carne podrida, son
diaminas y se forman en la descomposición de los
aminoácidos correspondientes. Algunas tomaínas son
venenosas, aunque la mayoría son inofensivas. El
término tomaína se aplicaba antiguamente a todos
los venenos nitrogenados, incluyendo alcaloides y toxinas. El
término envenenamiento por tomaína se usa
erróneamente para indicar una enfermedad que es producida
(según se ha descubierto) por toxinas
bacterianas.
Prozac
Es el nombre comercial de un fármaco, la fluoxetina,
utilizado en el tratamiento de la depresión. El Prozac fue
introducido en 1986, y en 1994 más de 10 millones de
personas lo han utilizado en todo el mundo. Ha sido empleado con
éxito
en el tratamiento de diferentes trastornos que hasta entonces se
trataban con psicoterapia. Además se utiliza para el
tratamiento de procesos obsesivo- compulsivos, ataques de
ansiedad, miedo al rechazo, falta de autoestima y
problemas
similares. Se considera un gran descubrimiento, y muchos usuarios
confirman sus grandes beneficios.
Los efectos del Prozac tardan varias semanas en aparecer, y no se
conoce del todo su mecanismo de acción. El fármaco
es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina
en el cerebro. Actúa bloqueando el transportador de la
serotonina en la membrana de las conexiones nerviosas (sinapsis).
Permite pues que la serotonina permanezca durante más
tiempo en el
lugar donde ha sido liberada. Sin embargo, no está claro
por qué un aumento de la acción de la serotonina
tiene un efecto clínico beneficioso. Existen similitudes
entre el Prozac y otros fármacos, como la imipramina (un
antidepresivo tricíclico) que bloquea la
recaptación de noradrenalina y serotonina, pero el Prozac
tiene menos efectos secundarios. Los posibles efectos secundarios
del Prozac incluyen náuseas, vómitos, diarrea,
fiebre, ansiedad, insomnio, erupciones cutáneas y
convulsiones.
Depresor
Fármaco o sustancia química que disminuye
la actividad de una función corporal. Se utiliza en
fármacos que reducen la
actividad del sistema nervioso central. Estos agentes, a dosis
bajas, producen sedación o adormecimiento y disminuyen la
ansiedad. Por esta razón los fármacos depresores se
utilizan en medicina para tratar el insomnio, la ansiedad y el
dolor. En este grupo están incluidos los
barbitúricos, los tranquilizantes como el diazepam
(Valium) y el meprobamato, y los narcóticos
analgésicos como la morfina, la codeína, la
meperidina y el propoxifeno.
En dosis elevadas, los fármacos depresores producen un
coma o la muerte; los opiáceos en particular pueden
paralizar el centro respiratorio hasta causar la muerte. Todos
estos fármacos producen dependencia física y
psicológica si se toman durante demasiado tiempo, por
indicación errónea o en dosis excesivas. El
depresor de uso no médico más extendido es el
etanol o alcohol de las bebidas alcohólicas. El efecto
estimulante paradójico del etanol en dosis bajas se debe a
que debilita los centros inhibidores cerebrales.
Sedante
Fármaco cuyo efecto principal es reducir la tensión
nerviosa o inducir el sueño. También se denominan
fármacos hipnóticos. Tienen un efecto calmante y
relajante sobre el sistema nervioso central y los músculos
cuando la dosis es baja, y un efecto hipnótico (inductor
del sueño) a dosis superiores. Durante siglos, el alcohol
y el opio eran las únicas sustancias conocidas con ese
efecto, pero en las últimas décadas se han
descubierto más de cincuenta productos, cada uno con
diferente efecto sedante. Entre los sedantes utilizados para
reducir la tensión emocional, se encuentran el
tranquilizante Tranxilium (clorazepato dipotásico) y el
Valium (diazepam). Fármacos más utilizados como
inductores del sueño en Estados Unidos
son los barbitúricos como el secobarbital, pentobarbital y
fenobarbital (de acción hipnótica corta, intermedia
y duradera, respectivamente). En Europa se emplean mucho
más los fármacos de la familia de las
benzodiacepinas, cuyo espectro de acción va desde la
inducción del sueño (algunos son
inductores rápidos y de efectos transitorios, y otros
tienen un periodo de latencia y un efecto más
prolongados), hasta el efecto sedante puro. Los
antihistamínicos (clorhidratos de paraldehído), y
la metacualona son también fármacos
hipnóticos y sedantes.
Los sedantes crean dependencia psicológica, y en ocasiones
serios problemas de adicción. Desde la década de
1960 son una de las familias de medicamentos utilizados en
demasía, ya que se recetan con demasiada
asiduidad.
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