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El gran conflicto; el bien y el mal




Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. El gran conflicto
  3. Guerra en el cielo
  4. La fe en medio de la turbulencia
  5. La realidad del gran conflicto
  6. El conflicto: milagros de Jesús
  7. Citas bíblicas
  8. Bibliografía

Introducción

Muy a menudo la vida parece ser un enredo de preguntas, y preguntas difíciles, sin pretender cuestionar el amor de Dios y su poderío; pero para entender este tema resulta necesario hacernos algunas preguntas, difíciles para mí, por cierto, Vgr. ¿Por qué tiembla la Tierra, matando a centenares de cada sacudida?. ¿Por qué caen las lluvias excesivas, y destruyen el equivalente a una temporada de alimentos con cada chaparrón?, entre otros acontecimientos. Si Dios es un Dios de amor, ¿por qué muchas personas con cáncer?. ¿Si Dios es Todopoderoso, por qué no quita a las personas de las enfermedades o las alivia?. En fin muchas preguntas que hacerse.

Estas preguntas, y una infinidad de otras como ellas, nos llevan a estudiar a lo que hemos de llamar el tema del "Gran Conflicto", como veremos que se le denomina por otros autores como "El Conflicto Cósmico" o "La Gran Batalla en el Cielo"; lo cual es el gran tema de la batalla entre Cristo y Satanás[1]que está entretejido en toda la Biblia, desde las páginas iniciales hasta el cierre de esta. Mediante relatos cautivantes y verdades inspiradoras, este tema, el de la batalla entre Cristo y Satanás, entre "El Bien y el Mal", nos da una comprensión básica, una estructura esencial, dentro de lo cual podemos procurar entender algo de estas preguntas difíciles, antes descritas.

El tema proporciona una visión de nuestros orígenes y destino, y el flujo y reflujo de la historia humana. También ofrece un bosquejo, aunque amplio (y a veces tosco) de lo siguiente: 1) cómo comenzó el pecado[2]2) por qué sufrimos; 3) cómo puede Dios ser justo y amante; 4) el significado del ministerio celestial de Jesús; 5) cómo debemos relacionarnos con la Ley de Dios, su amor, su gracia y su juicio; y, 6) cómo terminará el pecado.

La humanidad entera se encuentra envuelta en un gran conflicto de proporciones extraordinarias entre Cristo y Satanás en torno al carácter de Dios, su ley y su soberanía sobre el Universo[3]Veremos más adelante, que este Conflicto se desarrolló en el Cielo.

Que si bien es cierto que este tema del "Gran Conflicto: El Bien y el Mal", no cubre todo lo que uno desearía en cuanto a este tema en estudio, ¿quién podría lograrlo?; pero, en cambio, proveerá un esquema que, aunque no da respuestas a las preguntas difíciles, proporcionará el marco a partir del cual podremos, por lo menos, vislumbrar la esperanza que se encuentra de ellas, en tanto estemos en comunión con Dios y confiemos verdaderamente en Él.

El gran conflicto

  • Su origen.

La Biblia nos muestra que Dios es amor y que es santo (2). En el Libro de Génesis nos muestra que cada aspecto de su creación era perfecto (3).

Si Dios es perfecto y creó un cosmos perfecto, ¿cómo y cuándo se originó el pecado?. Cuando Jesús habló de Satanás como "homicida desde el principio" y "padre de mentira" (4), estaba rastrando el origen del pecado y del "Gran Conflicto" con Satanás. El Libro del Apocalipsis habla de una guerra en el cielo en el cual Satanás, que "engañaba al mundo entero" (5), fue echado del Cielo y cayó a la Tierra (6). De este modo, la guerra entre "El Bien y el Mal", comenzó en el cielo cuando un tercio de los ángeles, bajo la dirección de "Lucifer", eligió rebelarse contra Dios.

Antes de admitir a los Ángeles a la visión plena de Su Gloria (Visión Beatífica[4]Dios los sometió a una prueba, al igual que el hombre tuvo su prueba.

La naturaleza de la prueba no se conoce con certeza, pero muchos teólogos sostienen que el Padre Eterno reveló a los Ángeles la futura Encarnación de Su Divino Hijo, y les hizo saber que al Dios-hecho-Hombre deberían rendir adoración.

La conclusión de esta batalla entre los Ángeles Buenos y los ángeles malos se encuentra en el Apocalipsis (7): "En ese momento empezó una batalla en el Cielo: "Miguel", según Juan en el Apocalipsis se refiere a "Jesús", y sus Ángeles combatieron contra el Monstruo. El Monstruo se defendía apoyado por sus ángeles, pero no pudieron resistir, y ya no hubo lugar para ellos en el Cielo. Echaron, pues, al enorme Monstruo, a la Serpiente antigua, al "Diablo" o "Satanás", como lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él".

Wálter Duran, explica en su obra: "El Gran Conflicto", quien nos comenta inicialmente que, "Pedro dijo: "Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los encerró en cavernas tenebrosas, arrojándolos al Infierno." (8). No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los seres humanos después de la muerte. Y el Catecismo nos dice que no fue por un defecto de la Misericordia Divina que el pecado de los ángeles caídos no fuera perdonado, sino debido al carácter irrevocable de su elección. 

La figura del demonio se asoció siempre a la maldad más destructiva, a la insolencia y a la fealdad más repulsiva concebida por la mente humana. Pero cabe hacer un brevísimo repaso a éste ángel caído, el primero que se rebeló ante Dios y fue expulsado del paraíso y excluido de la Creación.

"Lucifer" fue el primer ángel que despertó y fue la más grande criatura de magnificente belleza en la aurora cósmica. Este ángel tenía una hermosura increíble y no comparada a ninguna otra creación. Todos los Ángeles que fueron creados después de él no tenían la belleza ni la grandeza que poseía el primer ángel de la mañana. Él fue el encargado de encender las primeras luces del universo, y en memoria a aquella primera luz se llamó "Lucero" a la primera estrella de la mañana conocida también como Venus que diariamente aparece antes que llegue el sol.

La imaginación y la incipiente iglesia católica de otros tiempos reunieron en un solo personaje a todos estos nombres para meter dentro de la misma bolsa todo aquello que no se ajustaba al orden que trataba de imponer en sus tiempos. Así es como que si los gitanos hablaban de cualquier extranjero llamándolo "Diablo" para excluir a ese pueblo y sus creencias de la iglesia, le achacaron a los gitanos que eran adoradores del Diablo y todos sus actos eran despreciados y marginados de la sociedad. La iglesia católica contribuyo más que cualquier otro a darle una enorme fama al demonio y sus actos que cualquier otra religión, esto se extendió luego a todas las derivaciones del catolicismo en sus diferentes religiones nuevas como sectas. Si bien no es el lugar este para discutir el tema religioso de otras épocas, esto es como introducción al conocimiento de la idea del diablo y por qué tuvo tanta fama en las personas a partir de la edad media.

Al principio de los tiempos siderales todos los Ángeles estaban reunidos en torno al Señor, esperando la señal que del El viniera para ir hacia los mundos y coayudar en la Creación, pero una disensión entre los ángeles, desató la polémica primero y la guerra de los cielos después. Sucedió que llegaba el instante de la creación del hombre. Hubo ángeles que querían al hombre perfecto, superior, a la misma altura de ellos, por eso no escatimarían esfuerzos en lograrlo y estaban dispuestos a hacer sus mejores obras. Otros Ángeles en cambio, querían que el hombre y su conciencia fuera ascendiendo en el plano universal a través de escalas hasta llegar a Dios y su perfección, a través del trabajo diario y por los siglos de los siglos. Esto era para asegurarse que el hombre, a pesar de su lentitud en lograr la perfección, algún día llegaría a Dios totalmente consciente y con sus capacidades acrecentadas. Este fue el motivo principal de la polémica. Unos querían que el hombre fuera perfecto desde el principio, y si se equivocaban destruirían la creación del mismo hasta lograr un ser superior, y los otros querían la vía de la ascensión. De los Ángeles rebeldes, hubo uno que logró ponerse a la cabeza de todos, su nombre era Shaitan, el adversario, el que desafió al resto de los Ángeles y a Dios mismo. El pecado de este ángel fue el de la soberbia, porque dijo que lograría hacer al hombre tan superior o más que a los mismos arcángeles. Este ángel expresó aquello de ¿quién como yo? a lo que fue inmediatamente respondido por el siguiente ángel en el orden jerárquico que fue "Mikaeil[5]"Miguel" era el primer arcángel en la jerarquía de los cuatro, acompañado por "Gabriel", "Rafael" y "Uriel". El dominio de "Miguel" ("Jesús"), quien era el fuego, el que fuera encendido por un ángel anterior de nombre "Luzbel", sólo que éste tenía la misión de encender la chispa primigenia en todos, mientras que "Miguel" conserva y cuida que el fuego del universo no se extinga. Por esto Miguel es de una jerarquía superior, pues por él el universo se mantiene encendido. El arcángel Miguel enfrentó directamente a Shaitan y le respondió ¿Quién como Dios? y a partir de ese momento se desató la guerra, pues se abalanzaron todos los Ángeles a las órdenes de Miguel sobre los de Shaitan. Esta guerra duró miles de millones de años, hasta que las dos terceras partes de los Ángeles lograron vencer a la tercera que fue arrojada hacia los abismos, esto es fuera del universo. Fue en ese momento que la maldición se pronunció, pero esto no significa que alguien haya dicho algo, significa que en el universo se quebró la paz que existía hasta entonces, y lo que se creara ya no tendría jamás el acuerdo beneplácito de todos los Ángeles, de toda la Creación del Señor. De allí hacia adelante en la evolución, los Ángeles caídos o arrojados al abismo, han tratado de malograr toda creación sobre el hombre con el fin de demostrar que el hombre no sirve para nada, y sean reconocidos, estos Ángeles como que tenían razón. Por esto aquel ángel rebelde, lleno de soberbia quiere destruir al ser humano, pues no es de su agrado y lo considera un ser totalmente inútil.

Bueno, hasta aquí y muy sucintamente, el relato sobre el demonio. Como ven, esta entidad, no tiene ningún interés en el ser humano que no sea su destrucción, por lo que cualquier herramienta que tenga a mano para acercarse, engañar y destruir al humano, la usará con esos fines. Por eso el conocimiento es una luz que ilumina a quien sepa servirse de ella, pero fulminará a quien se abuse de la misma. Solo paso a paso se llega a un lugar, no es salteando etapas que se llegara más lejos. A veces no aceptar el destino o utilizar demasiado al Yo personal a lo único que conduce es al fracaso y a la humillación ante Dios. Y aquel que tenga un ego demasiado inflado como para que no tenga lugar ningún tipo de misericordia o compasión o que no tenga un poco de sabiduría que reconozca su limitación, abre sus puertas para las entidades nefastas de las que tanto se conoce en estos tiempos y que fueran llamados en otros: posesiones. La falta de información y la superstición hacen a veces también estragos, pues estas faltas son también aprovechadas por el ángel de los abismos."[6]

La primera vez que se cita el nombre de "Lucifer" es en un texto del profeta Isaías (10) de la Vulgata de San Jerónimo (siglo V), traducción que él hace de la Biblia, del griego (Nuevo Testamento) y hebreo (Antiguo Testamento) al latín, para designar a la palabra "Lucero". En este texto se vislumbra el antiguo relato del ángel caído: "Quomodo cecidisti de caelo, "lucifer", fili aurorae?. !Deiectus es in terram, qui deiciebas gentes!, qui dicebas in corde tuo: 'In caelum conscendam, super astra Dei exaltabo solium meum, sedebo in monte conventus in lateribus aquilonis; ascendam super altitudinem nubium, similis ero Altissimo'", que traducido al español, significa: "¡Cómo has caído del cielo, "Lucero", hijo de la Aurora" !Has sido abatido a la tierra dominador de naciones!. Tú decías en tu corazón: "escalaré los cielos; elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios; me sentaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo" ".

No obstante, además del sentido grecolatino del término, "Lucifer" ya era identificado por la tradición veterotestamentaria con una estrella caída, ya que en el lenguaje bíblico las estrellas representan a los ángeles.

Otro texto del profeta Ezequiel también podría ser ilustrativo: "Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza. En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación. Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban. Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre." (11)

Dicha caída es lo que se relata en el Génesis, cuando Satanás es simbolizado como "la serpiente".

Durante los tiempos antiguos -Antiguo Testamento- "Satanás" estaba en el ámbito terrestre (había perdido su condición de querubín celestial), pero podía retornar al cielo. El relato de Job permite esa deducción: "Y dijo el Señor a Satán: ¿De dónde vienes tú? Y respondió Satán: He dado la vuelta por la tierra." (12)

Siglos después, en tiempos de Jesús, estaba siendo juzgado (13), pero aún no había ocurrido lo fundamental. Jesús explica que el Reino de Dios tiene como fin contrarrestar "la autoridad y poder de Satanás". Para confinarlo en tierra (sin retorno al cielo) era indispensable el sacrificio de Cristo. Eso fue lo determinante.

"... la sangre del Cordero" determinó que "no tenga más lugar en el cielo". (14). Luego, la acción de arrojarlo por tierra es efectuada por el arcángel Miguel con sus ángeles. Las implicancias de ese hecho se describen en el mismo Libro de Apocalipsis. (15).

Para el diablo, lo trágico es que si antes podía subir al cielo (16), desde el triunfo de Cristo ha perdido ese privilegio, o sea, no puede volver hasta aquél nivel como "acusador". (17)

Por eso la alegría celestial: "alegraos, ¡oh cielos, y los que moráis en ellos! ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira..." (18).

Por lo demás, "Lucifer" forma parte también del panteón de deidades vuduistas[7]hecho éste que hace ostensible, una vez más, el carácter sincrético de este culto.

Salvador Corrales, en su Obra "Antropología Teológica", nos explica que en la humanidad, existen creencias cristianas y creencias no cristianas, estas últimas tienen que ver con deidades oscuras y espíritus malignos; que son usados por estos desde la antigüedad para realizar maleficios, maldades, entre otros, apoyándose en el "Demonio."[8]

  • Su naturaleza.

La naturaleza del "Gran Conflicto" tiene varios aspectos, como se observa en los pasajes bíblicos de Isaías (19), Ezequiel (20) y en Epístola de San Judas (21).

Primero, "El Gran Conflicto" es una batalla del yo contra la soberanía de Dios. "Seré semejante al Altísimo", se jactaba "Lucifer" (22). Por su origen, la relación Creador-criatura, refiriéndose a "Luzbel" cuando era Ángel, luego se convertiría en "Lucifer" (Satanás), tiene en sí misma un límite. El Creador otorga vida, amor y compañerismo a la criatura. La criatura responde con amor, obediencia y alabanza. Cuando esta línea se cruza, hay una rebelión contra el Creador.

Segundo, "El Gran Conflicto" es una batalla por la lealtad. ¿Pertenecemos a Dios o a Satanás?. En lugar de procurar que Dios fuese objeto principal de los afectos y de la obediencia de sus criaturas, "Lucifer" se esforzó por granjearse el servicio y el homenaje de ellas. Y codiciando los honores que el Padre Infinito había concedido a su hijo, este príncipe de los ángeles sublevados aspiraba a un poder que sólo Cristo tenía derecho a ejercer.

Tercero, "El Gran Conflicto" es una batalla universal que afecta a cada individuo, hasta que concluya con la destrucción de "Satanás" (23). El cristiano debería comprender la naturaleza de los principios que luchan por la supremacía y aprender a rastrear su obra a través de las crónicas de la historia y de la profecía, hasta la gran culminación. Deberíamos verificar cómo interviene este conflicto en todos los aspectos de nuestra vida humana; cómo, en nuestro caso, cada acto de nuestra vida revela uno u otro de estos dos motivos antagónicos; y, cómo, consciente o inconscientemente, ahora mismo debemos estar decidiendo en qué lado de la contienda nos vamos a encontrar.

  • Cuáles fueron sus consecuencias iniciales.

Juan nos dice que "Dios es amor" (24). El lugar de la morada de Dios se caracteriza por su amor, y todos los que viven en Él viven de tal modo que dan gloria a su carácter.

Pero aquí hay un gran misterio. "Lucifer", un ser angélico que vivía en la presencia de Dios, escogió cuestionar el carácter amante de Dios. Poco a poco, este ser esparció su descontento entre los ángeles, provocando "una gran batalla en el Cielo". (25)

  • Su importancia.

Dos preguntas vitales dominan la historia y nuestra existencia: Por qué existe el mal?. ¿Cuál es la solución definitiva de su presencia?. De tapa a tapa, esto es, desde el inicio hasta el final de las Sagradas Escrituras, nos da respuestas dentro del tema unificador del "Gran Conflicto" entre Dios y Satanás. El estudio de este tema es importante por diversas razones:

La primera, es que el tema nos concede una visión del mundo que es singular para comprender la vida y sus misterios. Al decir "visión del mundo" queremos indicar un principio integrador alrededor del cual podamos organizar nuestras vidas y comprender sus grandes interrogantes. El tema del "Gran Conflicto" señala el amor y la soberanía de Dios: "En principio creó Dios" (26). En él, "vivimos, y nos movemos, y somos" (27). Él crea, redime y restaura (28). Ésta es la base de la visión cristiana del mundo.

La segunda razón, es que el tema nos muestra quien es responsable por el mal: "El Diablo peca desde el principio". (29)

La tercera, "El Gran Conflicto" nos muestra que el carácter de Dios es amor (30), y ese amor hace posible hace que seamos redimidos del poder del pecado (31). Los que permanecen en su amor son sus hijos (32), y como tales tenemos la victoria sobre "Satanás". (33)

Y la cuarta razón, es que el tema proporciona sentido a la historia, a pesar de su naturaleza caótica. "La lucha entre el Bien y el Mal" se realiza en el contexto de la situación humana; y, al fin, por causa de lo que "Dios" hizo mediante "Cristo", la historia concluirá con la vindicación de Dios y la destrucción del mal. (34)

Guerra en el cielo

¿Dónde comenzó el "Gran Conflicto"?. Pero aquí hay un gran misterio. "Luzbel"[9], aquel Ángel que Dios quiso mucho y que vivía en la presencia de Dios, escogió cuestionar el carácter amante de Dios. Poco a poco este se esparció su descontento en los Ángeles, provocando "una gran batalla en el cielo". "Miguel" ("Jesús") y sus Ángeles luchaban contra el dragón ("Lucifer"[10]); y lucharon el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el Cielo (41).

La forma en que Dios eligió manejar este "conflicto", ejemplifica otra vez su carácter amante, dador de amor. El escrudiñar y estudiar las Sagradas Escrituras sobre este "Gran Conflicto" y comenzar a comprender como podemos obtener la victoria en nuestra propia vida; recordemos que Lucifer "no prevaleció", entonces (cuando se rebeló contra Cristo, al principio) y no prevalecerá ahora, porque el amor de Dios es "para siempre" (42).

Como cristianos, talvez no estemos familiarizados con el "Gran Conflicto" (algunos de nosotros), repasa la historia de este "Conflicto Celestial", conocido como "El Gran Conflicto", conocidos por otros como "El Conflicto Cósmico", decíamos, repasa la historia de este conflicto entre "Cristo" y "Satanás". La historia redentora se comprende mejor en el contexto de este conflicto.

La fe en medio de la turbulencia

  • La fe puesta a prueba.

En el fundamento de una experiencia de fe hay un conocimiento experimental de Dios, Job y Abraham conocían así a Dios. La Biblia describe a Job con tres frases hermosas: "Hombre perfecto y recto", "temeroso de Dios" y "apartado del mal". (43)

"Satanás" puso a prueba la fe de Job. Él alegaba que Job era fiel a Dios por causa de los favores especiales y la protección que recibía de Dios.

Es cierto que la fe en Dios resulta fácil cuando la vida es buena y serena, pero cuando la vida es difícil y tormentosa, la fe a menudo llega a ser primera víctima. Sin embargo, la fe salvadora permanece arraigada en Dios, no importa lo que venga. La experiencia de Job muestra que en medio de las tormentas que destruyen lo que es más cercano y querido, la fe puede decir: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo." (44). Con esta confianza en la soberanía y la justicia de Dios, tanto ahora como al fin de la historia, "No pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno." (45)

Abraham, el padre de los fieles, ilustra que la única base para la obediencia es "porque Dios así lo ha dicho". Mientras "Satanás" quiere que cuestionemos la lógica de los mandamientos de Dios, Abraham era una persona que no veía tal necesidad. El mandato de Dios de sacrificar a Isaac puede parecer irracional a los que no son salvos, pero para quienes tiene una fe genuina, los requerimientos de Dios no son gravosos. Abraham sabía que Isaac era el don de Dios, y que el gran dador de dones sabía qué era lo mejor para el presente y futuro de Abraham. Abraham era humano, y sus pasiones y sus inclinaciones era como la nuestras; pero no se detuvo a discutir con su dolido corazón. Sabía que Dios era justo y recto en todos sus requerimientos, y obedeció al mandato al pie de la letra.

  • Valor para ponerse a lado de Dios.

Rut y Ester tomaron una posición firme y valerosa de ponerse de lado de Dios, desafiando los intentos del enemigo de destruir a la comunidad de la fe. Una dijo: "Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios." (46). La otra declaró: "Si perezco, que perezca." (47)

Ambas declaraciones revelan un aspecto importante de la guerra espiritual: la elección de obedecer a Dios no se encuentra sola. Tiene una paralelo definido: afirmar el amor y el parentesco con otros seres humanos, específicamente con los que pertenecen a la comunidad de la fe. Rut era "moabita[11]pero su elección del Dios de Israel incluía el compañerismo con el pueblo de Israel. Su identificación con Dios y su pueblo le recordó al enemigo que Dios es el Señor y Redentor de toda la humanidad. Su amor no conoce límites ni fronteras ni barreras ante su pueblo. Siempre está listo para redimir a cualquiera que viene a Él.

El Relato de Ester nos dice que dondequiera que esté el pueblo de Dios existen también enemigos de Dios. La gran controversia se lleva adelante en medio de la gente por medios de agentes humanos. Ester, Amán, Moisés y el Faraón, Nehemías y Sanbalat son sólo representantes de dos mundos en conflicto. La misión de Satanás es destruir la fe de la gente en Dios. Pero el pueblo de Dios toma el estandarte de la fe y marcha en su nombre para derrotar al mal y proclamar la justicia. Por medio de la morada del Espíritu Santo en ellos, realizan su dedicación y obtienen fuerzas para hacerle frente.

La causa divina nos llama a ser como Rut y Ester. Aun una sola persona puede producir una diferencia en el "Conflicto Cósmico.

La realidad del gran conflicto

La parábola del buen sembrador y de los suelos (58) enseña la forma en que Satanás actúa para destruir la verdad en los corazones de la gente. Él quita las semillas de la verdad, impidiendo que se arraiguen, o consigue que los cuidados del mundo ahoguen la plantita. Es el plan de "Satanás" confundir los puntos en discusión en la gran controversia, de modo que la Palabra de Dios no produzca frutos. Así como los pájaros están listos para sacar la semilla de junto al camino, "Satanás" está listo para quitar del corazón las semillas de la verdad divina. Con un fervor solamente igualable a u malicia, trata de desbaratar la obra del Espíritu d Dios. Mientras Cristo está atrayendo el corazón por su amor, "Satanás" trata de desviar la atención del que es inducido a buscar al Salvador.

Pero las personas que eligen dejar que la verdad de Dios permanezca en sus corazones experimentan la victoria. Dios ha hecho provisión para que todos reciban la verdad. Él es quien siembra la semilla. Sin embargo, sólo los que reciben la verdad pueden experimentar el crecimiento y llevar fruto.

Sin embargo, la interferencia de "Satanás" (59) no quedará sin castigo. Él recibirá su justa paga cuando la controversia llegue a su fin, y se obtenga la victoria divina.

El conflicto: milagros de Jesús

Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivía. Y todo aquel que vive y crece en mí no morirá eternamente." (60)

Nos hemos preguntado alguna vez ¿Qué describen los milagros de Jesús acerca de Él?. ¿De qué modo ayudan a adelantar la causa de la salvación, y cómo confrontaron la posición de "Satanás" en el "Gran Conflicto"?

Primero veamos la definición de "milagro"; según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, se llama "milagro" a un evento atribuido a la intervención divina.

Según el cristianismo, un "milagro[12]es en sí un hecho sobrenatural en el cual se manifiesta el amor de Dios hacia los seres humanos.

En el caso del Nuevo Testamento se encuentra una gran cantidad de milagros, principalmente aquellos realizados por Jesús. Cuando se analiza un relato de milagro desde la perspectiva literaria, no se hace ningún juicio sobre el valor histórico del mismo. La investigación histórica tiene sus propias reglas, que son diferentes de las literarias.

Pablo de Tarso presentó al carisma de obrar curaciones y al poder de obrar milagros como procedentes del espíritu de Dios y destinados al bien común: "En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. (...) A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro fe, en el mismo Espíritu; a otro carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad." (61)

Para el cristianismo en general, el milagro sería un hecho sin explicación científica razonable. Agustín de Hipona, ofreció la siguiente definición de milagro: "Milagro llamo a lo que, siendo arduo e insólito, parece rebasar las esperanzas posibles y la capacidad del que lo contempla". Pero el mismo autor no pone tanto énfasis en los milagros como «desafíos a las leyes naturales». Agustín de Hipona, marca que todos los hechos (ordinarios o extraordinarios) tienen una significación religiosa: visto desde el punto de vista de la fe, "tanto el crecimiento de la mies como la multiplicación de los panes tienen el sello del amor y del poder del Dios"[13].

Santo Tomás de Aquino, en el siglo XIII, definió "milagro" como algo hecho por Dios más allá de las causas conocidas por los hombres.[14]

El filósofo Karl Popper argumentó que los milagros, entendidos como una intervención en el universo de una entidad todopoderosa superior al propio universo, no pueden ser estudiados por el método científico. Según Popper, una proposición no puede considerarse ajustada al método científico si fuese imposible verificar su eventual falsedad. Hablando de los milagros mismos, científicamente, se pueden hacer hipótesis que buscan explicar un determinado fenómeno, para demostrar o no una explicación al suceso por medio de un experimento. El problema es que, muchos de los que afirman la existencia de milagros, suelen no efectuar un análisis serio antes de concluir que algo no tiene explicación. Además, parece para muchos una contradicción lógica afirmar que a "algo que no tiene explicación científica" pueda atribuírsele una "explicación sobrenatural". Eso hace que el, en parte del mundo académico, la existencia de milagros haya perdido credibilidad, aún para personas teístas liberales. El escepticismo científico busca descartar su existencia por medio de la lógica y mediante explicaciones naturales y analizar críticamente las evidencias dadas a una afirmación milagrosa[15]

En la actualidad, la fe y la ciencia no se consideran excluyentes en la Iglesia católica, según señala el Concilio Vaticano II: "(...) por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe."[16]

Como consecuencia de lo anterior, la posición actual de la Iglesia católica no es opuesta a la ciencia. El milagro no es considerado hoy un "suceso mágico" que controla las fuerzas cósmicas, sino -en la postura de los creyentes- un suceso que dependería de Dios (de quien, por otra parte, también dependerían todas las leyes naturales). Para los creyentes, científicos o no, la atención no se centra en lo sorprendente o extraordinario del hecho ocurrido, sino en la autoridad de quien supuestamente lo realizó (Dios)[17].

Sin embargo, nosotros lo entendemos como "milagro" a un suceso que no podemos comprender por las limitaciones inherentes del conocimiento humano. Son cosas que ocurren fuera de los límites conocidos por la ciencia y las leyes naturales; no pueden explicarse por medio de los fenómenos físicos comunes. Por esto se los llama "milagros".

La Biblia registra unos 35 milagros que Jesús realizó mientras estuvo en la Tierra. Cada uno de ellos tuvo un propósito específico, y todos juntos contribuyeron a realizar su misión de derrotar a "Satanás", la muerte y el pecado. Estos milagros también muestran cuán estrechamente se libra el conflicto entre el bien y el mal en las vidas individuales de las personas.

Los milagros que Jesús realizó y su negativa de realizar otros milagros, ilustran un propósito claro: mostrar la voluntad de Dios y glorificarlo a Él. Cada "milagro" hacía avanzar la misión del Padre al enviar a Cristo a la Tierra, lo que incluía: 1) notificar a "Satanás" que su derrota era segura; y, 2) asegurar a la humanidad que mediante Jesús puede alcanzar la redención. Cada curación ("milagro") que realizó Jesús no era sólo para hacer retroceder a la muerte, sino también para invadir el dominio del pecado. No s que exista una correspondencia entre cada pecado y las enfermedades individuales; sino más bien, al igual que la presencia de la muerte, el hecho de que realmente existe la enfermedad es una consecuencia de la condición pecaminosa de toda la humanidad.

De los 35 milagros registrados que realizó Jesús, 26 fueron de sanidad y resurrección. Estos milagros muestran que el sufrimiento y la muerte son parte de nuestra vida. También nos enseña que llegará un momento cuando el pecado y la muerte no existan más. Jesús ha garantizado la victoria final sobre el sufrimiento.

Consideremos sólo de los tantos milagros ya señalados hechos por Jesús, cuatro de ellos analizaremos en este tema, "El Gran Conflicto: El Bien y el Mal", el conflicto entre Cristo y "Satanás":

  • 1. Siendo que Jesús sanó al hombre junto al estanque de Betesda en un día de reposo, según la Santa Biblia, un sábado, los líderes judíos lo acusaron de violar la ley de Dios (62). Este choque no se produjo acerca de la necesidad de guardar el día de reposo, sino sobre el propósito central de la ley de Dios. "Satanás" está contento mientras seamos fieles a las rutinas de la religión, mientras olvidemos el núcleo de la experiencia religiosa, qu es la relación que tenemos con Cristo. Cuán fácil es sacrificar la fidelidad a Dios, el amor genuino por su pueblo, en el altar de las pretensiones religiosas que adhieren a las formas pero rechazan la esencia y el poder de la religión.

  • 2. La curación del siervo del centurión muestra la importancia de eliminar barreras entre las personas (63). Las divisiones entre los seres humanos son resultado del pecado[18]y una de las armas que "Satanás" usa para destruir el carácter abarcante del Reno de Dios. La compasión del centurión por su esclavo y la disposición de Jesús de ir al hogar del centurión eran inaceptables en la sociedad romana y en la judía. Sin embargo, al aceptar de forma genuina la voluntad de Dios se derriba aquello que nos separa. Cualquier comunidad o persona que pretende pertenecer a Dios y, sin embargo, discrimina y divide, realmente es una aliado de "Satanás".

  • 3. El caso del endemoniado es una ilustración perfecta de que el "Gran Conflicto" o "Conflicto Cósmico", como quiera llamársele, se libra en nuestra mente (64). La Biblia describe de una mente controlada por "Satanás" (65).

Aunque la posición demoniaca puede ser no tan común o tan visible, no podemos negar que la batalla se libra por el demonio en nuestra mente, y hasta en nuestros corazones. El verdadero punto de contienda es: ¿De quién se ocupan nuestros pensamientos?. Es realmente nuestro cuerpo el Templo de Dios?. ¿O es un esclavo de fuerzas opuestas a la voluntad de Dios?. Recordemos que la persona que se entrega a Cristo llega a ser una fortaleza suya, que Él sostiene en un mundo en rebelión, y no quiere que otra autoridad sea conocida en ella sino la suya. Un ser humano así guardado en posesión por los agentes celestiales (Ángeles) es inexpugnable para los asaltos de "Satanás".

  • 4. La resurrección de Lázaro revela tanto la realidad de la muerte como el poder que Jesús tiene sobre ésta (66). Desde que Adán y Eva[19]cayeron, la muerte ha sido parte de la tragedia humana. Pero Jesús conquistó la muerte directamente por medio de su propia muerte, al derramar su sangre y lavar nuestros pecados, en la cruz (67). El Calvario y la tumba vacía capacitan a Jesús para ser nuestra resurrección y vida. Por causa de su victoria, Jesús pudo decir: "El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (68). Encontramos vida eterna sólo en Jesús (69). Por medio de "Satanás" se produce la separación eterna de Dios: la muerte definitiva. Entonces, es momento en que debemos elegir entre estas dos posiciones: ¿Pertenecemos a "Cristo" o a "Satanás"?.

La negación de Jesús de realizar ciertos milagros.

En algunos casos, Jesús rehusó realizar un "milagro". Estos incluyen: 1) Cuando afrontó a "Satanás" en el desierto (70); 2) cuando los fariseos le pidieron que hiciera un "milagro" (71); 3) cuando la carga del pecado pesaba sobre Él en el Getsemaní (72); 4) cundo Herodes quiso saber si realmente era el Mesías (73); y, 5) cuando la multitud lo animaba a demostrar que era el Hijo de Dios, pidiéndole que descienda dela cruz (74).

¿Por qué Jesús no hizo milagros en esas ocasiones?; Cristo no había de ejercer el poder divino para su propio beneficio. Había venido para soportar la prueba, como debemos soportarla nosotros, dejándonos un ejemplo de fe y sumisión. Ni en esta ocasión, ni en ninguna otra ulterior en su vida terrenal, realizó Él un "milagro" en favor suyo. Sus obras son admirables, fueron todas hechas para beneficio de otro.

Citas bíblicas

(Versión Reina - Valera - 1995.)

Partes: 1, 2

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