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Carcajadas de terror - La leyenda del Payaso Asustador




Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. La demonización del payaso
  3. Payaso mediático
  4. Palabras finales

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Introducción

Estamos invadidos de mentiras. Bombardeados por rumores. Sitiados por falsas noticias y exageraciones. Asustados a diario por amenazas ficticias que, de tanto repetirse, terminan condicionando la percepción de la realidad. Y es el miedo la principal materia prima con la que ésta se construye, generando prejuicios, alimentando sospechas y sumergiendo a las mayorías en un océano de temores, reales y ficticios, que acechan en todo momento.

Como dijera Jean Delumeau con relación a la Edad Moderna temprana, "Vivimos en una ciudad sitiada". Rodeada de amenazas, de monstruos, con los que se manipula y se confina a la gente a vivir un individualismo exacerbado, en extremo egoísta, sin deberes ni obligaciones. Personas comprometidas únicamente con ellas mismas, pero impulsadas a propagar advertencias morales, a diestra y siniestra, convirtiendo el mundo en un infierno de salvadores.

No cabe duda de que el miedo es el gran protagonista de nuestra época. Señorea. Organiza nuestras horas, nuestras charlas y opiniones, incluso nuestros entretenimientos (películas, series de televisión, historietas, juegos electrónicos, libros y revistas, están atravesadas por el temor y el placer de sentirlo).

El monstruo, el fantasma, el vampiro y diversos seres híbridos, capturan nuestra atención, exacerbando y anunciando la hiper-alimentada sensación de inseguridad que nos rodea. Nadie parece estar a salvo. El lobo siempre está atento y presto a atacar al ganado. Pero son las constantes advertencias las que agravan la amenaza. Una amenaza que toma mil rostros. El del ladrón, el del asesino, el del golpeador, el de las pestes y las guerras, el del granizo (siempre anunciado) y, últimamente, después de mucho tiempo, el de un ser maléfico que, no podía ser de otra forma, se lo tilda de asustador.

En este artículo intentaremos analizar y comprender a este extraño payaso que, según los medios y el rumor, amedrenta a la población y que, a no dudarlo, ya constituye un capítulo importante en la historia de las leyendas urbanas argentinas.

Buenos Aires

Noviembre 2014

PARTE 1

La demonización del payaso

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"Los rumores son siempre

proposiciones para ser creídas."

Pichón Riviere

"Lobo, ¿está?"

Pregunta de juego tradicional

¿Cuál es el origen de los payasos? ¿Dónde surgieron por primera vez? ¿Qué funciones cumplieron? ¿Cuándo adoptaron las notas morales que hoy los caracterizan?

No hay respuestas absolutas ni certeras a las dos primeras cuestiones, y si bien hay datos sobre la existencia de bufones que se remontan al antiguo Egipto y la China Imperial, no sería correcto asociarlos al tipo de payasos que hoy nos divierten o asustan.[1] Los párrafos aislados que han sobrevivido de aquellas lejanas épocas describen personajes que tienen que ver más con desvergonzados chanceros especiales que con los modernos clowns de circos. Es que enanos y personas con deformaciones físicas o retrasos mentales siempre han llamado la atención de los grandes soberanos. Desde las cortes faraónicas, pasando por las fiestas dionisíacas griegas, la comedia romana antigua, las exhibiciones de los señores feudales o reyezuelos de la Edad Media, hasta los espectáculos freaks del siglo XIX y principios del XX, los encontramos alimentando la morbosa diversión de las viejas generaciones. Un entretenimiento que radicaba especialmente en la libertad y plena inimputabilidad que esos personajes tenían a la hora de criticar y burlarse abiertamente del señor de turno, sin sufrir ninguna consecuencia. Pero tendremos que esperar hasta la segunda mitad del siglo XIX (circa 1870) para que los payasos se bajaran de los escenarios de mayor prestigio (los teatrales) y buscaran refugio en la arena de los circos. Sólo en las últimas décadas, tal vez por la decadencia de los espectáculos circenses tradicionales, algunos ganaron las calles sin una institución que los contengan; divirtiendo a los transeúntes y automovilistas con sus malabares y bufonadas, a cambio de unas monedas.[2]

Devenidos en artistas callejeros, muchos payasos pasaron a formar parte del escenario urbano. Ya no es necesario pagar una entrada para verlos. Nos topamos con ellos en muchas esquinas, desplegando sus habilidades, que van de la mímica a los trucos de magia, el canto improvisado a la chanza. Pero no se tardó mucho en verter sobre ellos un manto de sospecha. Ciertas novelas, películas y hechos policiales terminaron por demonizarlos, convirtiéndolos desde la década de 1980 en lo que no habían sido hasta entonces: seres maléficos, asaltantes, asesinos en serie o, simplemente, asustadores.

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La recién inaugurada primavera de 2014, que en Argentina coincide con el Día del Estudiante (21 de septiembre), fue recibida en el pueblo de Alberti (provincia de Buenos Aires), como es costumbre en esa localidad, con una Fiesta de la Juventud, en la que adolescentes de diversas edades salen a las calles y espacios verdes a realizar picnics en los que circulan sándwiches, música, algunos disfraces alegóricos a la estación que se inicia y, por supuesto, muchas hormonas.

Sin siquiera imaginarlo, son los herederos de ceremonias rituales colectivas que, desde la antigüedad, el hombre viene celebrando con el fin de convocar a las fuerzas de la Naturaleza para que la fertilidad y la prosperidad se extiendan a lo largo del ciclo agrícola que empieza, y así el hambre (entre otras calamidades) quedé mágicamente conjurada y confinada lejos de la comunidad.

Los viejos mitos, secularizados, todavía actúan y siguen actualizándose inconcientemente en pleno siglo XXI. Pero en esta ocasión, según el diagnóstico de algunos vecinos de Alberti y periodistas iluminados que salieron por televisión, la juvenil convocatoria pública habría despertado algo más bien oscuro y maligno. Sabemos que esta tendencia a demonizar a los jóvenes es un hecho recurrente en muchas partes; aunque lo interesante en esta ocasión es el giro que tomó y las consecuencias que de él se derivaron.

Una semana después de la primaveral celebración empezó a circular por el pueblo el rumor de que alguien disfrazado de payaso, asustaba y amenazaba con un cuchillo a los transeúntes, cuando caía a noche. En pocos días (el 2 de octubre) el comentario superó los límites de la localidad bonaerense y, al alcanzar difusión a través de los medios masivos de comunicación capitalinos, la histeria y la psicosis colectiva se desataron con mayor virulencia.

¿Por qué canales y periódicos de alcance nacional se hicieron eco de esa noticia en particular cuando, como se sabe al analizar el folclore del Interior, otros personajes macabros del imaginario vienen asechando el miedo de la gente desde hace décadas (la Llorona, la Chancha con Cadenas, el Lobisón, el Hombre-Gato, el Pombero y demás)? ¿Cómo actuó el contexto histórico-social para que ello ocurriera?

¿Por qué todos estaban tan ansiosos de sentir miedo a algo concreto e identificable como un tipo disfrazado de payaso? ¿Puro deseo de rating? ¿Necesidad de aumentar la venta de diarios?

No creemos que el tema se agote siguiendo ese camino. Otros factores son los que se conjugaron para que el temor se encarnara en ese supuesto clown que, desde entonces, fue bautizado mediáticamente como "El Payaso Asustador".

Vayamos primero a los titulares de los diarios y los reportajes televisivos y radiales.

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La cobertura que los medios masivos de comunicación le dieron al caso resulta por demás interesante, no sólo porque en ella queda reflejada de manera transparente el modo en el que un rumor nace, crece y se reproduce (confirmando el llamado "efecto bola de nieve"), sino también porque pone sobre el tapete las miserias y mediocridades de un estilo periodístico que, aparentemente serio y objetivo, no hace más que contribuir a la difusión de la leyenda urbana en cuestión.

El objetivo es siempre el mismo: alimentar el miedo y la sensación de inseguridad por medio de informes, artículos y reportajes de neto corte amarillista; mas propios de un tabloide anglosajón que de un medio que se dice centrado y responsable.

Por eso, leer de forma sistemática (casi) todo lo publicado sobre el tema en el mes de octubre de 2014, y transcribir las notas televisivas realizadas "en vivo", es de por sí muy revelador. Los términos y adjetivos utilizados, los títulos con los que la nota es presentada "al aire" y la edición que se hace de ella antes de emitirla, corroboran todos los preceptos antedichos.

Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en un informe puesto en pantalla por TELEFE NOTICIAS, el 3 de octubre, bajo el rimbombante título UN PUEBLO EN VILO POR EL PAYASO ASUSTADOR.

Como siempre, no sólo importa el contenido, sino la forma en que ese contenido es difundido. Y en este caso se reúnen, en una sola nota, la mayoría de los trucos emocionales que suelen utilizarse por televisión cuando se dan las noticias.[3]

Con un tema musical en verdad tétrico y una placa oscura decorada con la foto de un payaso con rasgos diabólicos como fondo, el informe periodístico abre la noticia de manera muy efectiva. Llama la atención. Convoca a la curiosidad y, por sobre todo, amedrenta de entrada.

El show acaba de empezar.

Dos anfitriones lo dirigen desde un escritorio del estudio mayor en Buenos Aires. Con rostros serios, comprometidos y voces graves, impostadas, plantean afirmaciones de las que después será muy difícil desdecirse (al menos en ese programa). Pero eso no importa. La verdad es lo que menos interesa. Ellos la están construyendo. Lo que se busca es sensacionalismo y debemos reconocer que lo consiguen con creces.

Desde el vamos, sentencian que el misterioso personaje "se trata de un hombre disfrazado" y que "acaba de volver a atacar hace pocas horas"; para, seguidamente afirmar que "hay una real paranoia en el pueblo y que las denuncias han llegado a la justicia, iniciándose así la búsqueda del sujeto".

La alerta no podría ser mayor. La denuncia está presentada y ellos están en vivo. En el lugar de los hechos (sic).

Acto seguido se pasa a un informe grabado en el que se suceden una media docena de vecinos del pueblo de Alberti (todos anónimos, ya que ninguno se identifica o da el apellido) que no hacen más que comunicar, una y otra vez, que "todos tienen miedo"; que la gente se encierra en sus casas no bien baja el sol y que la población en su conjunto está comprometida en la persecución del payaso, organizando rastrillajes por la zona. Por otra parte, el clima de tensión de esos testimonios se ve alimentado con imágenes extraídas de archivo. Por ejemplo, cuando se habla del peligro que corren los niños, se muestran chicos andando en bicicleta por zonas descampadas del pueblo. El efecto emocional es más que efectivo y la música contribuye a ello, sin importar lo ambiguo que los testimonios puedan ser o las contradicciones en las que incurren.

"Lo vieron varios. Creo que anda con peluca. Yo lo vi con el sacón, con capucha, desde atrás. Pero dicen que anda con una peluca. ¿Vio? Como los payasos esos que andan por la televisión. Una peluca verde y una roja. Algo así es." (Vecino 1).

"Es un poquito más alto que yo. No es gordo… Es normal, es. Treinta y pico de años tiene. O sea por el físico. Y tiene en el saco una raya blanca, o algo así. Y cuando me vio a mí disparó (salió corriendo). Tenemos miedo por los chicos. A los grandes no les hace nada. A los chicos los asusta… Los agarra del cogote." (Vecino 2)

"Yo tengo un nieto de 14 años, y de ahí para abajo otros. Todos tienen miedo. Abuela acompañame. Yo lo acompaño a la escuela, lo acompaño al comedor, a todos lados. Y así mismo andan todas las madres. Después de las seis de la tarde no ves un chico en la calle." (Vecina 3).[4]

"Cuando enfoco (miro) la casa de la vecina, que está al lado de lo de mi hija, salía una chiquita de ahí. ¡Ay, el payaso!, dice. No, digo, soy yo. Uy tío, me asusté, pensé que era el payaso. Seguimos viniendo (caminando) unos 30 metros y sentimos el ruido del portón de chapas y que salía la más grande (¿hija? ¿Sobrina?) en moto… ¡Y el payaso que la ataca! Y pegaba con el machete o cuchillo contra el portón. ¡Era un ruido que parecía que lo estaban rompiendo con un hacha!" (Vecino 1).

"Lo alumbro así… Lo tenía como a 10 metros y estaba vestido de negro, la cara blanca. Pero yo no podía pasar. Había ramas, espinos… tenía que pasar agachado. Ahora, el tipo ese, ¿cómo pasa él? ¡Pasa como si nada fuera!" (Vecino 2).

"Los chicos salen con palos y todo. Anoche no se si no golpearon a un pibe porque lo confundieron. Me contaron que lo golpearon y que lo habían llevado para el hospital. Es que empiezan a andar las motos, los chicos con palos, que esto, que lo otro… ¡Qué no pase lo que no tiene que pasar!" (Vecino 1).

Seguidamente, el notero instalado en Alberti (rodeado de gente, especialmente ¡menores!) informa al estudio central:

"La gente busca a una persona vestida de negro, con la cara pintada de blanco, porque atacó al hijo de la persona con la que estamos en estos momentos. Jorge es el papá de Iván. Iván tiene 12 años. Se desplazaba con la moto por acá (barrio del pueblo)… Jorge, yo te voy a pedir, por favor, que ingresemos a esta tapera (de donde habría salido este sinvergüenza que se está dedicando a asustar a las personas de la población de Alberti) y que nos cuentes, mientras caminamos en medio del descampado, en una tapera, ¿qué le pasó a tu nene? ¿Qué te contó Iván?" (Notero).

"Según Iván. Venía de la casa de la hermana en moto y cuando llegó a esta esquina fue a doblar y le salió el tipo de acá adentro (tapera) y, más o menos por ahí (señala) se le puso de frente con una cuchilla. Estaba vestido de negro con toda la cara pintada de blanco". (Jorge, vecino 3).

"¿Y qué hizo? ¿Le gritó? ¿Qué le dijo?", pregunta el periodista.

"Se le paró de frente y le dijo… ¿Cómo es?... Nada. No le dijo nada. Como que le amagó con el cuchillo, así. Se asustó. Se cayó la moto y el tipo salió disparando para acá adentro." (Jorge, vecino 3).

El notero sigue informando:

"Ahora, miren (les dice a sus colegas del estudio) el lugar donde estamos. Es una casa antigua, en ruinas. Una tapera como se dice en el campo. Y después está totalmente cubierta por la maleza. Esto que vemos acá (señala el suelo) son ramas cortadas. Fueron producto de los palazos y de los machetazos que le dieron los vecinos. Herramientas que usan para encontrar a este hombre que, después de la fiesta de la juventud, 21 de septiembre, empezó a acosar a la vecindad de Alberti. Tu hijo (volviéndose al vecino) se cayó, se lastimó y fue a tu casa en estado de shock absoluto."

"Sí, con la moto rota. Y lo tuvieron que llevar al hospital, recién. Y ahora está más o menos. Está con medicamentos y me lo dieron recién de vuelta, pero no quiere hablar con nadie." (Jorge, vecino 3).

Notero:

"¿Te dijo, papá, fue el payaso?"

"Sí, sí, sí… Aparte al médico le dijo. Yo con él mucho no hablé. Habló con el médico. El medico le hizo las preguntas y le dijo todo lo que me dijo a mí." (Jorge, vecino 3)

Entonces el notero incorpora a otra vecina, de nombre Jacqueline, quien dice ser testigo directo.

"Me apareció más o menos a 30 metros. Lo crucé. Vestido de blanco. Saltó de un zanjón a otro como si fuera un gato. ¡Tiene una agilidad impresionante! Medía 1,62 metros, más o menos, y corpulento. Bajito. El mío apareció blanco. Con un mameluco blanco… Tenemos miedo nosotros. A la hija de una amiga mía la tomó del cuello. O sea… ¡Le salió! Y no podemos saber quién es." (Jacqueline, Vecina 4)

Y el notero agrega:

"La policía está totalmente alterada. A propósito de la denuncia de una chica de 17 años, la policía nos dijo que las demás son comentarios. Hay un relato que hasta podríamos decir que es de ciencia ficción, inverosímil, de un joven que dice que lo corre a lo largo de 100 metros, y que todos describen aquí, que es una persona con mucha agilidad y que desaparece de golpe, y que trepa un muro, saltándolo. Un muro de tres metros, de la nada. Esos relatos los obteníamos de los vecinos mientras buscábamos en este matorral a esta persona que es un verdadero misterio. Y que es un bromista."

Inmediatamente, el reportero explica a cámara que todo se inició durante la fiesta de la primavera, con chicos disfrazados de payasos a los que muchos culpan; pero inmediatamente después reproduce un nuevo rumor:

"Sin embargo hoy, cuando hablábamos con personas que tienen tiendas de cotillón, tiendas de disfraces, nos decían de una persona mayor, misteriosa, que no era de Alberti, que había comprado pintura para la cara y que se había llevado una peluca de color negro. Bueno, podría tratarse de esa persona".

Desde el estudio mayor en Buenos Aires, el conductor sentencia:

"¡Realmente insólito!"

Y, de nuevo en el móvil de Alberti, el notero, haciendo gala de su capacidad deductiva estilo Sherlock Colmes, agrega:

"Yo pondría la atención en aquel rincón, en este matorral, donde desde muy temprano los vecinos llegaron, al igual que la policía… estamos hablando de un barrio que de la plaza central está a 15, 20 cuadras, y se dice, vaya a saber si es parte de la leyenda o no, que habría un sótano en el interior de esta tapera donde podría escaparse (sic). Jacqueline, vos que tuviste contacto directo desgraciadamente con esta persona, ¿qué hay acá? ¿Qué funciona en esta tapera?"

"Y… acá vivía un hombre que, supuestamente, hacía magia negra. Y… suelen decir que hay sótanos ahí." (Jacqueline, Vecina).[5]

La gran bola de nieve empezó a correr y aumentar de tamaño.

Ya no hay quien la detenga.

Del "se dice" al "ocurrió realmente" hay sólo un paso. Muy corto.

Pero no es sólo TELEFÉ NOTICIAS el noticiero encargado de desparramar el rumor. Otro canal de clase media culta, para nada popular y "comprometido con la independencia periodística", también refiere el caso.

En INFORME TN (TODO NOTICIAS), y con el título TERROR EN UN PUEBLO BONAERENSE POR UN PAYASO ASUSTADOR, otro notero/reportero recoge el testimonio de un vecino local que, como era de esperar, agrega nuevos condimentos a la historia.[6]

"En realidad ya no era una persona disfrazada de payaso. Era una persona con peluca, con pelo muy largo. Dicen que por momentos se pone toda ropa negra. Que anoche lo vieron con toda ropa blanca."

Y "María", una vecina más que se suma a la nota, relata:

María: "Nosotros estábamos adentro y empezamos a sentir mucho ruido y salimos afuera. ¡Y el tipo saltó el alambre! ¡Lo saltó como nada y corrió!

Reportero: "O sea que esto empezó como una broma pero cambió ahora…".

María: "Sí, pero no es un payaso. Es una persona toda vestida de negro, con una peluca negra, a cara descubierta y con un machete anda."

Reportero: "¿Y amenaza a la gente con un machete?"

María: "Sí. Amenaza a la gente. A una nena también, creo. La lastimó, es lo que se escucha… Pero no lo pudimos agarrar."

Reportero: "Empezó primero el chiste, después la paranoia en el pueblo, pero ahora hay alguien que se disfraza con esa peluca y ya agredió a la gente de al lado."

María: "Y nunca anda con la misma ropa. Siempre cambia."

Reportero: "Un día negro, un día blanco. ¿Dicen que lo vieron?

María: "Sí. Así anda. Y siempre anda buscando a alguien para asustar, para agarrar o para hacerle algo. Algún daño."

Reportero: "¿Siempre por acá, en esta zona, barrio Cavagnaro?

María: "Sí, en el barrio, dicen que anda."

Reportero: "¿Por qué? ¿Por qué hay montes por acá?

María: Acá tiene muchos lugares para esconderse. Hay mucho terreno… Anoche, creo, que quiso atacar a una mujer, o quiso entrar en una casa y todos salieron a buscarlo."

Reportero: "La policía, ¿hizo algo?

María: "¿La policía? No. Yo, la verdad, lo único que hacen es dar vuelta en patrulleros. Yo creo que deberían andar caminando para buscarlo."

Invitado por el periodista, un supuesto miembro de los grupos de búsqueda vecinales, agrega:

Vecino (anónimo): "Para mí no es un payaso. Es un tipo muy ágil. Salta los alambres y los tapiales como si fueran… no sé. ¡Anda en el aire, prácticamente! Estaba en un mosquito fumigador (maquinaria agrícola), como aquel que está allá. Estaba arriba, echado. Pasa el chico en la moto y se le larga. Y cuando el chico frena para poder hablar y agarrarlo ¡desapareció! ¡Saltó otro alambre y no se pudo encontrar más! ¡Muy ágil!

Sorpresivamente, el reportero pretende alimentar la noticia con otra pregunta:

Reportero: "¿Puede ser más de una persona?"

Vecino: "No, no, no… Es una sola persona, pero es una cosa de no creer lo que puede ser de ágil un tipo así. Yo no puedo creer cómo puede ser tan ágil."

Reportero: "Y anoche ¿hubo como una especie de cacería, acá en el barrio?

Vecino: Anoche estuvimos todos de guardia para ver si lo podíamos cazar, pero lo que pasa es que debe ser un tipo muy ágil. Una persona que sabe dónde no está el movimiento. Es una persona que conoce todo el barrio."

Reportero: "Previo a estos ataques, ¿había habido bromas en esta zona?

Vecino: Bromas de los chicos que se habían disfrazado para el día de la primavera, y de ahí empezó a suceder esto. Terminó en algo complicado porque ahora amenaza a los chicos, a los menores agarra también. Va por los menores, ¿viste?

Incorporada nuevamente Maria a la charla, el periodista le pregunta:

Reportero: "María, ¿dice algo este atacante? ¿Hace ruidos? ¿Cómo lo identifican?

María: "Sí. Creo que grita un poco"

Vecino: "Sí, grita con un grito como: ¡Uuuuuh! ¡Uuuuuh! ¡Uuuuuh!"

Reportero: "¿Siempre de sorpresa?"

Vecino: "¡Siempre de sorpresa!"

Otro vecino: "Si, tipo ocho, nueve de la noche, sale."

Reportero: "¿Todos los días viene saliendo?"

Vecino 2: "Y… hace dos o tres días que viene saliendo a esa hora. Siempre acá. Atacó a la nena, la agarró del cuello y después saltó el alambre que tiene como dos metros. Corrió y no lo vimos más."

Las similitudes con la leyenda del Hombre-Gato, que circulara en nuestro país a mediados de la década de 1980, son sorprendentes.[7] Es como si el mismo personaje hubiera reencarnado con el aspecto de un payaso. Aunque, si nos atenemos a los "testigos" que acabamos de transcribir, poco de payaso tiene el individuo. Evidentemente, la influencia de Internet y del cine de terror ha jugado un rol importante en todo este asunto.

El hecho de que un noticiero de alcance nacional, como el de TELEFE, le haya dedicado al payaso asustador poco más de 20 minutos, dentro de un programa que dura 1 hora (restándole los 10 a 15 minutos de publicidad) revela el nivel informativo a que nos tienen acostumbrados las empresas periodísticas.

Que la mitad de un informativo "serio", "culto" y "de clase media" dedicara al personaje que nos convoca esa cantidad de tiempo, es más que suficiente para que el efecto rebote se diera en todas las demás cadenas del interior del país; y, vía Internet, no se tardara más de 24 horas para que el suceso se difundiera por todos lados.

Desde Tucumán a Chubut, pasando por las provincias del Este y del Oeste de la Argentina, la gente supo de la existencia (sic) del ahora famoso clown. De pronto, todo el país hablaba de él (muchas veces con una cuota de sorna disimulada) y, como era de suponer, la psicosis se expandió por otras localidades. Ya a partir del 8 de octubre de 2014 (menos de una semana después del primer reporte) se hablaba de que un payaso rondaba las ciudades de Junín[8]9 de Julio[9]Bragado[10]Chacabuco[11]La Plata[12]y Salto[13]

Un desfile de macabros payasos noctámbulos invadió la provincia de Buenos Aires y decenas de "testigos" se encargaron de agregarle a la leyenda su propio granito de arena.

La construcción colectiva del mito urbano estaba en plena marcha y a una velocidad sorprendente. La misma celeridad con lo que se interrumpió hacia fines de octubre.

Para inicios del presente mes de noviembre de 2014, el payaso (al menos en provincia de Buenos Aires) "pasó a ser historia".

Dejó de aparecer en los medios (por el momento).

Desapareció de la misma manera en que desaparecieron las prédicas de los periodistas. Fue como si nunca hubiera existido.

Una noticia tapa a la otra, dicen. Y es lo que ocurrió.

¿Estamos frente a una nueva leyenda urbana?

Contrariamente a lo que desde el principio creyeron y afirmaron los medios de comunicación, somos unos convencidos de que detrás del Payaso Asustador no existe ninguna persona real o concreta.[14] En nuestra opinión, el mentado payaso no es más que una construcción colectiva. Un mito urbano que, como el del Hombre-Gato de la década del "80 o el vampiro servio Sava Savanovic del 2012, son el producto de un imaginario social interesado en materializar la angustia y la incertidumbre que muchos sectores tienen.[15]

Como ya hemos dicho anteriormente, el miedo es la trama principal que sobrevuela por detrás de los rumores que los testigos hacen circular. Miedos nuevos y antiguos se amalgaman y toman cuerpo en lo que Jorge Halperín llama "sueños colectivos"; que no son más que los terrores culturales construidos a lo largo de la historia: el temor a los extraños, a la oscuridad, a ser atacados, a perder la integridad física, miedo a perder los hijos o a la ruptura de las normas sociales.[16] Una ilusión amplificada de inmenso poder de propagación, en el que la cadena de vecinos y periodistas cumplen un rol fundamental.

Como dijera Adolfo Colombres en Seres Sobrenaturales de la Cultura Popular Argentina:

"Seres imaginarios que, como tales, escapan al rigor de las leyes (…) ha poblado siempre las noches del planeta y también la luz, sin que la era del átomo y la cibernética haya podido acabar con ellos, acaso porque el conocimiento científico y las utopías sociales están aún lejos de calmar todos los miedo ancestrales del hombre y de colmar sus esperanzas."[17]

Pero, ¿por qué un payaso? ¿Qué puede estar representando un personaje en esencia gracioso y dulce? ¿O es que acaso ya no simboliza eso?

Todo parece que indicar que la década de 1980 se convirtió en una bisagra a la hora de conceptualizar a estos personajes. A partir de entonces, por influencia de la novela de Stephen King (It, 1986) y su secuela cinematográfica en 1990, los payasos cobraron un status que no habían tenido hasta ese momento, o no se había desarrollado suficientemente.[18] Por otro lado, el ajusticiamiento de John Wayne Gacy en Estados Unidos (1978), el famoso payaso asesino Pogo (que se cobrara la vida de más de 30 adolescentes, a los que enterraba en el sótano de su propia casa) debió contribuir a ennegrecer la imagen que estos personajes, en parte, ya arrastraban.[19] Finalmente, en la primera parte del año 2014 una serie de videos, que mostraban a bromistas disfrazados de payasos persiguiendo con motosierras, martillos y cuchillos a desprevenidos transeúntes (filmados con cámara oculta) inundaron Internet. Y este nuevo fogón, difusor de miedos, conspiraciones y leyendas, proporcionó con seguridad el condimento final.

Los payasos, en sí mismos, son personajes ambiguos. "No dan la cara". Se disfrazan. Ocultan su verdadera identidad. Escondidos detrás del maquillaje (hoy directamente máscaras) representan, con sus rasgos falsos y exagerados, el espíritu de las viejas carnestolendas; del carnaval, que antaño simbolizaba el caos, el desorden y la confusión. Hoy, el payaso, está a un paso entre la risa y el terror. Sus comportamientos son estrafalarios, imprevisibles, ligados al desorden, a lo ambiguo. Es el lado opuesto de la seriedad y del recato. Rompe con el molde de la conducta esperada. Y esto, en una época que genera monstruos por todos lados, sintetiza los temores que siente la sociedad.

PARTE 2

Payaso mediático

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"Cualquiera puede ver

lo que no existe."

Jorge Halperín

"El miedo a nosotros mismos,

resultado de un miedo más general,

constituirá la base de la educación de

las pedagogías futuras."

E. M. Cioran

En el capítulo 9 de El Fabuloso Libro de las Leyendas Urbanas (Vol. II), Jan Harold Brunvand, profesor especialista en folklore de la Universidad de Utah, transcribe los dichos de un reconocido periodista norteamericano:

"Vivimos en una era fascinada por la mala información, escribió Joel Achenbach en el Washington Post (4 de diciembre de 1996). Y proseguía: Está por todas partes. En las calles, divulgándose de boca en boca. Se agazapa en oscuros rincones de Internet. Está en los periódicos. Está en la mesa de nuestras cenas, relatada como hecho comprobado, irrefutable evidencia, atribuida a científicos, a investigadores y a estudios sin nombre."[20]

Este tipo de fascinación es la que se detecta claramente en el caso del Payaso Asustador y la que nutre las leyendas urbanas que circulan por el mundo.

Y es cierto.

Nuestra experiencia está marcada, entre otras cosas, por lo que se publica en los medios masivos y por el modo en que se transmite la noticia. Por otro lado, las redes sociales, e Internet en general, hoy contribuyen profundamente a ello, sumándose y catalizando la circulación de rumores que, hasta hace poco, se apoyaban únicamente en la experiencia directa del boca a boca. Por ende, son muchos los factores condicionantes de nuestra percepción de la realidad; y los titulares de los periódicos son protagonistas principales en todo este asunto.

Si como en la leyenda urbana del Hombre-Gato la del Payaso Asustador se encuadra dentro de lo que Guillermo Barrantes y Víctor Coviello denominan relatos fundados en el miedo[21]bueno sería transcribir algunos de los títulos con los que los diarios lo hicieron famoso y alimentaron así la morbosa vocación de mantener asustada a la gente.

El listado es largo e interesante al mismo tiempo (especialmente para aquellas personas que se limitan a leer sólo los titulares de los periódicos, físicos o digitales).

Ellos son:

  • EL PAYASO ASUSTADOR DE ALBERTI: ¿MITO O REALIDAD?[22]

  • EL PAYASO QUE ASUSTA.[23]

  • UN PAYASO ATERRORIZA A LOS NIÑOS Y VECINOS DE UN PUEBLO DEL INTERIOR.[24]

  • PAYASO ASUSTADOR CAUSA CONMOCIÓN EN ALBERTI.[25]

  • VECINOS DE ALBERTI SE ARMAN CON PALOS CONTRA EL PAYASO ASUSTADOR.[26]

  • TERROR EN UN PUEBLO BONAERENSE POR UN PAYASO ASUSTADOR.[27]

  • LA CIUDAD DE ALBERTI PARALIZADA POR UN PAYASO ASUSTADOR.[28]

  • TEMOR EN LOS VECINOS DE ALBERTI POR EL PAYASO ASUSTADOR.[29]

  • PSICOSIS POR EL PAYASO ASUSTADOR: ALBERTI, UN PUEBLO EN PÁNICO.[30]

  • PAYASO ASUSTADOR ATEMORIZA A LA CIUDAD DE ALBERTI.[31]

  • PÁNICO POR UN PAYASO QUE ASUSTA A POBLADORES EN ALBERTI.[32]

  • PAYASO ASUSTADOR CONMOCIONA A LA POBLACIÓN DE ALBERTI.[33]

  • VECINOSDE ARMAN CON PALOS PARA SALIR A LA CAZA DEL PAYASO ASUSTADOR EN UNA LOCALIDAD BONAERENSE.[34]

  • PAYASO ASUSTADOR ATEMORIZA A TODA LA CIUDAD.[35]

  • POR EL PAYASO ASUSTADOR "NO SE VE GENTE FUERA DE SUS CASAS".[36]

  • TERROR EN ALBERTI POR EL PAYASO ASUSTADOR.[37]

  • PAYASO ASUSTADOR ATERRORIZA A LOS NIÑOS Y VECINOS.[38]

  • EL MIEDO AL PAYASO ASUSTADOR HIZO QUE LOS VECINOS DE ALBERTI SE ARMEN CON PALOS.[39]

  • EL MISTERIOSO PAYASO ASUSTADOR.[40]

  • SE SUMA UN NUEVO ATAQUE DEL PAYASO ASUSTADOR.[41]

  • APARECIÓ OTRO PAYASO ASUSTADOR: LO VIERON CON UNA MOTOSIERRA EN JUNIN.[42]

Los listados, de cualquier tipo que sean, se parecen bastante a las historias de fantasmas: en número reducido entretienen e impactan, pero pasado cierto límite se vuelven terriblemente tediosos. Por ese motivo seleccionamos los artículos publicados más representativos, dejando de lado los que repiten conceptos o no agregan gran cosa a aquello que queríamos mostrar. De todas formas, basta con retener las palabras que marcamos en negritas y subrayado para observar el objetivo que, en conjunto e individualmente, se persigue: alertar, asustar, aterrorizar al lector (o televidente). Es que de ese modo se genera la cuota de misterio requerida para llamar la atención. Aunque habría que aclarar algo: del largo catálogo trascripto, hemos puesto aparte los textos que enfocaron el tema desde un ángulo crítico o incluso irónico (que por supuesto los hay, pero que constituyen un porcentaje minoritario del corpus rescatado).[43]

Por otra parte, algo que advertimos es que algunos medios (no todos), con el paso de los días, fueron cambiando el tono en que presentaban la noticia, pasando de una dramática alerta roja a una ironía que, en ocasiones terminó en burla.[44]

Claro que la fingida preocupación inicial ya había cumplido su cometido. El contagio estaba esparcido y su difusión se volvió imparable. La bola de nieve de advertencias y sentencias moralistas dejará cicatrices imborrables que serán, con seguridad, las que con el paso del tiempo se recuerden; puesto que han sido tejidas entrelazando sueños, miedos y prejuicios, presentes en toda la sociedad.

EL USO POLÍTICO Y PUBLICITARIO DE LA LEYENDA URBANA

Todo es política. Nada es ingenuo o inocente. Lo ideológico está siempre presente cada vez que se edita o difunde una noticia, incluso una, en apariencia tan tonta, como la del Payaso Asustador.

No nos engañemos: la objetividad no existe. Es como el horizonte, al que te tiende a sabiendas de que nunca se lo podrá alcanzar. Hay que decirlo: la objetividad radica en admitir que se es subjetivo. Que siempre hay un punto de vista, una interpretación. Intereses. Pero, reconocer eso de entrada ¿no era algo que llamábamos "honestidad intelectual"?

El fenómeno del Payaso Asustador no deja de ser una denuncia (interesada, por cierto) respecto de la ineficiencia del Estado (en cuidarnos) y del tema que los sectores más conservadores siempre han levantado como bandera: el de la inseguridad reinante. Dentro del mapa del miedo, que algunos propusieron hace un tiempo, el payaso bien podría darle el nombre a una avenida o calle del conurbano (o mejor a una plaza muy arbolada, con mucho "monte" y, en lo posible, casas abandonadas).

El hecho de que la noticia haya sido tomada y difundida durante varios días por medios "serios" (opositores) y no sólo por aquellos considerados "populares y sensacionalistas" (Diario Crónica, Diario Popular, como fue con el caso del Hombre-Gato durante los "80) revela el clima de tensión pre-electoral que el tema arrastra y los intereses que hay en juego.

Por otra parte, el humor político tampoco estuvo ausente con relación al payaso asustador. Resulta interesante observar cómo, a través de las redes sociales, el payaso fue asociado al gobierno de turno (que asusta con sus medidas) o a la oposición (que asusta del modo en que mete miedo). La ambivalencia de lo cómico se advierte en las diversas formas que la leyenda encarna, identificándose ideológicamente con el poder o criticándolo, inclinándose hacia el lado de los que no lo apoyan.

Como era de esperar, no faltaron aquellos que buscaron un antecedente al fenómeno (sin considerar el que nosotros hemos señalado en más de una oportunidad, el del Hombre-Gato). Por tal motivo, ciertos medios porteños destacaron la noticia de que en Inglaterra, en el año 2013, se habían dado rumores y denuncias respecto de payasos asustadores británicos. Estos personajes, según consignan los diarios, se limitaban a estaquearse en un lugar, de noche, y observar detenidamente a los transeúntes generándoles, como es obvio, un profundo terror. Si los ingleses, que siempre han sido considerados tan cultos y civilizados, fueron capaces de difundir relatos de este tipo, ¿por qué no podía ocurrir lo mismo en Argentina?

De todos modos, lo que se deja entrever es que el payaso inglés es presentado como un personaje más flemático y correcto que nuestro clown vernáculo. Ninguno de los medios lo dice de manera directa, pero estamos convencidos de que así lo piensan. Tienen tan internalizado el hecho de considerar lo proveniente de Europa como superior a lo propio, que el contraste entre el payaso británico y el nuestro, queda sintetizado en el comportamiento violento y salvaje que tiene el asustador criollo. Éste no se limita a mirar a los que pasan. Anda con cuchillo, con motosierra, con látigo (según un testigo), reproduciendo así un notable primitivismo frente a su circunspecto par del otro lado del Atlántico. Tal vez el llamado humor inglés tenga algo que ver con estas diferencias.

Tampoco hay que descartar la posibilidad de que el catalizador de la psicosis, iniciada a fines de septiembre/principios de octubre de 2014, se deba a una campaña publicitaria previa al estreno de una famosa serie de televisión norteamericana American Horror Story que, en su tercer temporada (inaugurada justamente en octubre), la trama transcurra en el ámbito de un circo en donde los personajes freak son la norma y en el que un payaso loco se dedica a asesinar indiscriminadamente a inocentes. ¿Publicidad solapada del programa de TV? No lo sabemos. Pero dado el proceso de globalización en el que estamos sumidos, no sería de extrañar que algo así fuera factible.

Partes: 1, 2

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