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El dragón rojo: La China moderna y su influencia en el mundo actual




Enviado por leoescorpio



    I

    Durante la década de 60, y antes de licenciarse,
    James Petras (1937) fue militante de los derechos humanos y
    líder estudiantil en la Universidad de Berkeley, Estados
    Unidos. Se doctoró en Filosofía en la Universidad
    de California. Desde 1960 a 1973 enseñó y
    dirigió investigaciones en algunos países
    latinoamericanos, especialmente en Chile, donde colaboró
    con el gobierno de Salvador Allende. Luego del golpe de Estado de
    Augusto Pinochet, Petras fue miembro del Tribunal Russel sobre la
    represión en América Latina, junto a Julio
    Cortázar y Gabriel García
    Márquez.

    En las décadas del 70 y 80 participó
    activamente en el movimiento de derechos humanos que
    combatió las torturas y desapariciones provocadas por las
    dictaduras latinoamericanas, y escribió para renombrados
    periódicos de izquierda: Le Monde Diplomatique, New Left
    Review, Monthly Review. Entre 1982 y 1984 fue director del
    Instituto de Estudios Mediterráneos de Atenas. Petras
    también enseñó en la Universidad de
    Pennsylvania y fue director del Proyecto de Estudio del
    Desarrollo Latinoamericano en el Instituto de
    Administración Pública de la misma
    universidad.

    Entre los temas de toda su producción
    intelectual, especializada en la problemática
    latinoamericana, se destacan sus reflexiones sobre el conflicto
    entre clases sociales, el imperialismo, el Estado, la
    revolución, la transición a la democracia, y otros.
    En la actualidad tres temas son los que ocupan su
    atención: las rivalidades entre las distintas potencias
    imperialistas (Estados Unidos, Japón y Europa), el
    repliegue de los intelectuales críticos durante la
    década del 80, y las contradicciones del socialismo de
    mercado.

    Sin embargo, Petras vincula mucho estos temas al
    fenómeno del imperialismo. El autor define al "estado
    imperial" (identificado sobre todo con Estados Unidos) como el
    "que impone nuevas reglas que moldean el comportamiento de los
    demás Estados". Ahora bien este "estado imperial" responde
    a las demandas y los intereses de sus capitalistas que tratan de
    desplazar el capital hacia el exterior a fin de realizar
    actividades lucrativas a nivel mundial. En su libro, Globaloney,
    afirma que "de las 500 empresas más grandes del mundo,
    vehículos de circulación de capitales como
    instrumento de la globalización, el 49% son
    norteamericanas, el 37% son europeas y el 10% son japonesas". En
    este sentido, el término "globalización"
    vendría a ser un sustituto de "imperialismo": "el concepto
    de globalización entró en la jerga
    periodística para describir el fenómeno de
    expansión de capitales y de empresas norteamericanas,
    europeas y japonesas conquistando espacios
    económicos"

    Este análisis está profundamente vinculado
    con un problema muy actual para los países
    latinoamericanos: las políticas de ajuste estructural que
    se vienen aplicando por recomendación de los organismos de
    crédito internacional (FMI y Banco Mundial)

    Según el autor, las políticas del FMI,
    aunque aparentaran tratar con problemas específicos,
    técnicos de la balanza de pagos de cada país,
    buscaban remodelar la economía global centrándose
    en el cambio del papel del Estado en la economía y la
    expansión de las relaciones de mercado.

    Petras es terminante a la hora de analizar las
    consecuencias de la aplicación de esas políticas:
    "Las elites locales e internacionales se han beneficiado mucho
    del ajuste estructural. Las deudas privadas las ha asumido el
    Estado, los bancos acreedores han recibido miles de millones, las
    organizaciones de las clases trabajadoras han sido aplastadas o
    dramáticamente debilitadas mediante la represión y
    las consecuencias económicas del ajuste. El ajuste
    estructural sería una forma de lucha de clases con otro
    nombre, organizando un cambio drástico en términos
    de poder de clases en beneficio de los ricos y
    privilegiados".

    Dentro de este contexto globalizador nos apoyamos en
    Petras y otros autores para hacer algunas reflexiones del auge y
    poderío de la China moderna hasta convertirse en la
    segunda mayor economía mundial lo que fue posible solo a
    través de los éxitos de la revolución
    comunista china de mediados del siglo XX. El Ejército Rojo
    de Liberación Popular derrotó primero al invasor
    ejército imperialista japonés y después al
    ejército nacionalista del Kuomintang, al que apoyaba el
    imperialismo estadounidense. Esto permitió reunificar
    China como estado soberano independiente. El gobierno comunista
    abolió los privilegios extraterritoriales de los
    imperialistas occidentales, puso fin a los feudos territoriales
    de los señores de la guerra y gánsteres regionales
    y expulsó a los millonarios propietarios de burdeles, a
    los traficantes de mujeres y drogas así como a otros
    "proveedores de servicios" al Imperio
    Europeo-Estadounidense.

    La revolución comunista forjó el moderno
    estado chino en todos los sentidos. Los nuevos dirigentes
    procedieron entonces a reconstruir una economía arrasada
    por las guerras imperiales y saqueada por los capitalistas
    japoneses y occidentales. Después de 150 años de
    infamia y humillación, el pueblo chino recuperó su
    orgullo y dignidad nacionales. Los elementos
    socio-psicológicos eran esenciales para motivar a los
    chinos en la defensa de su país ante los ataques,
    sabotajes, boicots y bloqueos orquestados por EEUU inmediatamente
    después de su liberación.

    II

    A diferencia de lo que dicen los economistas
    neoliberales chinos y occidentales, el crecimiento
    dinámico de China no empezó en 1980. Empezó
    en 1950, cuando la reforma agraria proporcionó tierra,
    infraestructuras, créditos y asistencia técnica a
    cientos de millones de campesinos destituidos y trabajadores
    rurales sin tierras. Mediante lo que ahora se llama "capital
    humano" y una movilización social gigantesca, los
    comunistas construyeron carreteras, aeropuertos, puentes, canales
    y vías férreas así como industrias
    básicas, como la del carbón, hierro y acero, para
    formar la columna vertebral de la economía moderna china.
    Los inmensos sistemas sanitario y educativo gratuitos de la China
    comunista crearon una fuerza de trabajo saludable, educada y
    motivada. Su ejército, altamente profesional,
    impidió que EEUU extendiera su imperio militar a
    través de la península de Corea hasta las fronteras
    territoriales chinas. Al igual que los académicos y
    propagandistas occidentales del pasado fabricaron una historia
    acerca de un imperio "estancado y decadente" para justificar sus
    destructivas conquistas, de la misma forma sus homólogos
    modernos han vuelto a escribir los primeros treinta años
    de la historia comunista china, negando el papel de la
    revolución en el desarrollo de todos los elementos
    esenciales para un estado, una sociedad y una economía
    modernas. Está claro que el rápido crecimiento
    económico de China se basó en el desarrollo de su
    mercado interno, en el rápido crecimiento de su equipo de
    científicos, técnicos y trabajadores bien formados
    y en la red de seguridad social que protegió y
    promovió la movilidad de la clase trabajadora y
    campesinado, todo ello producto de la planificación e
    inversiones chinas.

    El auge de China como potencial global empezó en
    1949 con la eliminación de las parásitas clases
    financieras, compradoras y especulativas que habían
    servido de intermediarias para los imperialistas europeos,
    japoneses y estadounidenses que despojaron a China de sus grandes
    riquezas.

    A principios de 1980, el gobierno chino inició un
    cambio drástico en su estrategia económica: Durante
    las tres décadas siguientes, abrió el país a
    la inversión exterior a gran escala; privatizó
    miles de industrias y puso en marcha un proceso de
    concentración de la renta basado en una deliberada
    estrategia de recrear una clase económica dominante de
    multimillonarios vinculados a capitalistas extranjeros. La clase
    política gobernante china abrazó la idea de
    "prestar" conocimientos técnicos y el acceso a los
    mercados de ultramar de firmas extranjeras a cambio de
    proporcionar abundante mano de obra barata al coste más
    bajo. El estado chino desvió subvenciones públicas
    masivas a promover un alto crecimiento capitalista desmantelando
    su sistema nacional de educación y sanidad públicas
    gratuitas. Acabaron con la vivienda pública subvencionada
    para cientos de millones de campesinos y trabajadores de
    fábricas urbanas y proporcionaron financiación a
    los especuladores inmobiliarios para la construcción de
    apartamentos privados de lujo y rascacielos de oficinas. La nueva
    estrategia capitalista de China, así como su crecimiento
    de dos dígitos, se basaron en los profundos cambios
    estructurales y en las masivas inversiones públicas del
    anterior gobierno comunista. El despegue del sector privado de
    China se llevó a cabo en base a los inmensos desembolsos
    públicos hechos a partir de 1949.

    La nueva clase capitalista triunfante y sus
    colaboradores occidentales reclamaron todo el crédito
    posible para este "milagro económico" mientras China se
    convertía en la segunda mayor economía mundial.
    Estas nuevas elites chinas han estado menos dispuestas a anunciar
    el estatus de primera categoría de China a partir de las
    brutales desigualdades de clase, rivalizando solo con
    EEUU.

    El sostenido crecimiento chino en el sector
    manufacturero fue consecuencia de inversiones públicas
    altamente concentradas, altos beneficios, innovaciones
    tecnológicas y un mercado interno protegido. Aunque el
    capital extranjero obtuvo beneficios, fue siempre dentro del
    marco de las prioridades y reglamentaciones estatales chinas. La
    dinámica del régimen de la "estrategia de
    exportación" ha creado inmensos excedentes comerciales,
    que finalmente han hecho de China uno de los mayores acreedores
    del mundo, especialmente de deuda estadounidense. Para mantener
    sus dinámicas industrias, China ha necesitado de entradas
    inmensas de materias primas, lo que ha motivado inversiones
    exteriores a gran escala y acuerdos comerciales con países
    exportadores de agro-minerales en África y
    Latinoamérica. En 2010, China desplazó a EEUU y
    Europa como principal socio comercial de muchos países de
    Asia, África y Latinoamérica.

    El ascenso de la China moderna a potencia
    económica mundial, como su predecesora entre 1100 y 1800,
    se ha basado en su gigantesca capacidad productiva: el comercio y
    la inversión se han regido por una política de
    estricta no interferencia en las relaciones internas de sus
    socios comerciales. A diferencia de EEUU, China no inició
    guerras brutales por el petróleo; en cambio firmó
    contratos lucrativos. Y China no combatió guerras en
    interés de los chinos de ultramar, como EEUU ha hecho en
    Oriente Medio a favor de Israel.

    El aparente desequilibrio entre el poder
    económico y militar de China contrasta de forma aguda con
    EEUU, donde un imperio militar inflado y parasitario
    continúa socavando su propia presencia económica
    global.

    III

    El gasto militar de EEUU es doce veces el de China. Cada
    vez más, el ejército de EEUU juega un papel clave a
    la hora de moldear la política en Washington mientras
    trata de debilitar el ascenso de China a potencia
    global.

    China ha estado creciendo a un 9% por año y sus
    productos y servicios están aumentando rápidamente
    en calidad y valor. En cambio, EEUU y Europa llevan
    revolcándose en un crecimiento 0% desde 2007 a 2012. El
    innovador establishment tecno-científico chino asimila
    rutinariamente los inventos más recientes de Occidente (y
    Japón) mejorándolos, rebajando por tanto los costes
    de producción. China ha sustituido a las "instituciones
    financieras internacionales" controladas por EEUU y Europa (el
    FMI, el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Interamericano)
    como principal prestamista en Latinoamérica. China
    continúa estando a la cabeza como principal inversor en
    los recursos mineros y energéticos de África. China
    ha sustituido a EEUU como principal mercado para el
    petróleo iraní, sudanés y saudí y
    pronto sustituirá a EEUU como principal mercado para los
    productos petrolíferos venezolanos. En la actualidad,
    China es el mayor exportador y fabricante de manufacturas del
    mundo, dominando incluso el mercado estadounidense, mientras
    juega el papel de salvavidas financiero al poseer alrededor de
    1.300 billones de dólares en bonos del Tesoro
    estadounidense.

    Bajo las crecientes presiones de sus trabajadores y
    campesinos, los gobernantes chinos han estado desarrollando el
    mercado interno aumentando los salarios y el gasto social para
    reequilibrar la economía y evitar el espectro de la
    inestabilidad social. En cambio, los salarios y servicios
    públicos vitales de EEUU han disminuido de forma aguda en
    términos absolutos y relativos.

    Teniendo en cuenta las tendencias históricas
    actuales, está claro que China sustituirá a EEUU
    como principal potencia económica mundial en la
    próxima década si el imperio estadounidense no
    contraataca y si las profundas desigualdades de clase chinas no
    provocan importantes agitaciones sociales.

    El ascenso de la China moderna a potencia global
    enfrenta serios desafíos. A diferencia del
    histórico ascenso chino a nivel mundial del pasado, el
    poder económico global moderno chino no va
    acompañado de ninguna empresa imperialista. China ha
    quedado seriamente rezagada detrás de EEUU y Europa en
    cuanto a la capacidad agresiva de hacer la guerra. Quizá
    esto ha permitido a China dirigir recursos públicos a
    maximizar el crecimiento económico, pero ha dejado a China
    en situación vulnerable ante la superioridad militar
    estadounidense frente a su arsenal masivo, su red de bases de
    avanzada y sus posiciones geomilitares y estratégicas
    justo frente a la costa china y en los territorios
    colindantes.

    En el siglo XIX, el imperialismo británico
    echó abajo la posición global china con su
    superioridad militar, apropiándose de los puertos chinos,
    debido a la confianza de China en su "superioridad
    mercantil".

    La conquista de la India, Birmania y la mayor parte de
    Asia permitió a los británicos establecer bases
    coloniales y reclutar ejércitos mercenarios locales. Los
    británicos y sus mercenarios aliados cercaron y aislaron a
    China, preparando el camino para perturbar los mercados chinos e
    imponer condiciones brutales a su comercio. La presencia armada
    del Imperio británico dictó lo que China
    tenía que importar (con el opio alcanzando el 50% de las
    exportaciones británicas en la década que se
    inició en 1850) mientras socavaban las ventajas
    competitivas de China a través de políticas
    arancelarias.

    Hoy en día, EEUU está siguiendo
    políticas parecidas: La flota naval estadounidense
    patrulla y controla las rutas marítimas comerciales chinas
    y los recursos petroleros extraterritoriales a través de
    sus bases en el exterior. La Casa Blanca de Obama está en
    proceso de desarrollar una respuesta militar rápida que
    implicará a sus bases en Australia, Filipinas y otros
    lugares de Asia. EEUU está intensificando sus esfuerzos
    para socavar el acceso exterior de China a los recursos
    estratégicos mientras se dedica a apoyar "bases" de
    separatistas e "insurgentes" en el oeste de China, Tíbet,
    Sudán, Birmania, Irán, Libia, Siria y otros
    lugares. Los acuerdos militares de EEUU con la India y la
    instalación de un régimen-títere
    acomodaticio en Pakistán han hecho avanzar su estrategia
    de aislar a China. Aunque China mantiene su política de
    "desarrollo armonioso" y "no interferencia en los asuntos
    internos de otros países", se ha hecho a un lado cuando el
    imperialismo bélico europeo y estadounidense ha atacado a
    alguno de los socios comerciales de China con el objetivo
    fundamental de invertir la pacífica expansión
    comercial de China. La carencia de una estrategia
    ideológica y política de China capaz de proteger
    sus intereses económicos en el exterior ha sido una
    invitación para que EEUU y la OTAN establecieran
    regímenes hostiles a China. El ejemplo más
    destacado es Libia, donde EEUU y la OTAN intervinieron para
    derrocar a un gobierno independiente dirigido por el presidente
    Gadafi, con quien China había firmado acuerdos comerciales
    e inversiones por valor multimillonario. Los bombardeos de
    ciudades, puertos e instalaciones petrolíferas por la OTAN
    obligaron a los chinos a retirar a 35.000 trabajadores de la
    construcción e ingenieros del petróleo chinos en
    cuestión de días. Lo mismo sucedió en
    Sudán, donde China había invertido miles de
    millones para desarrollar su industria petrolera. EEUU, Israel y
    Europa armaron a los rebeldes de Sudán del Sur para
    interrumpir el flujo de petróleo y atacar a los
    trabajadores chinos en el sector.

    En ambos casos, China permitió pasivamente que
    los imperialistas estadounidenses y europeos atacaran a sus
    socios comerciales y frenaran sus inversiones.

    IV

    Bajo Mao Tse Tung, China tuvo una política activa
    de contención de la agresión imperial: Apoyaba a
    movimientos revolucionarios y a gobiernos del Tercer Mundo. En la
    actualidad, la China capitalista no tiene una política
    activa para apoyar gobiernos o movimientos capaces de proteger el
    comercio bilateral y los acuerdos de inversión de China.
    La política exterior de China está moldeada por
    grandes intereses comerciales, financieros y manufactureros que
    confían en el "aspecto económico competitivo" para
    conseguir cuotas de mercado y no entienden de bases militares y
    de seguridad del poder económico global. La clase
    política china está profundamente influida por una
    nueva clase de multimillonarios con fuertes vínculos con
    los fondos de capital occidentales que han absorbido sin reparo
    los valores culturales occidentales. Esto queda ilustrado por su
    preferencia a enviar a sus propios hijos a las universidades de
    elite en EEUU y en Europa. Tratan de "acomodarse a Occidente" a
    cualquier precio. Esta falta de comprensión
    estratégica de la construcción del imperio militar
    les ha llevado a responder de forma ineficaz y ad hoc a cada
    acción imperialista que ha socavado su acceso a recursos y
    mercados.

    Aunque la visión de China del "negocio primero"
    pudo haber funcionado cuando era un actor menor en la
    economía mundial y los constructores del imperio
    estadounidense veían la "apertura al capitalismo" como un
    oportunidad de hacerse fácilmente con las empresas
    públicas de China y saquear su economía, sin
    embargo, cuando China (a diferencia de la ex URSS) decidió
    retener los controles de capital y desarrollar una
    "política industrial" cuidadosamente calibrada, y bajo
    control estatal, dirigiendo el capital occidental y la
    transferencia de tecnología a las empresas estatales, que
    penetraron eficazmente en los mercados internos y exteriores de
    EEUU, Washington empezó a quejarse y a hablar de
    represalias.

    Los inmensos excedentes comerciales de China con EEUU
    provocaron una respuesta dual de Washington: Vendió
    cantidades masivas de bonos del Tesoro estadounidense a los
    chinos y empezó a desarrollar una estrategia global para
    bloquear el avance chino. Como EEUU carecía de
    apalancamiento económico para revertir su decadencia,
    confió solo en su "ventaja comparativa": su superioridad
    militar basada en un amplio sistema mundial de bases de ataque,
    una red de regímenes-clientes en el exterior, apoderados
    militares, ONG, intelectuales y mercenarios armados. Washington
    se volvió hacia su inmenso, secreto y clandestino aparato
    de seguridad para debilitar a los socios comerciales de China.
    Washington depende desde hace mucho tiempo de sus lazos con
    gobernantes corruptos, disidentes, periodistas y magnates de los
    medios para proporcionar la cobertura más poderosa
    propagandística mientras avanza en su ofensiva militar
    contra los intereses de China en el exterior.

    China no tiene nada para competir con el "aparato de
    seguridad" de EEUU debido a que practica una política de
    "no interferencia". Dado el avanzado estado de la ofensiva
    imperial occidental, China ha adoptado tan solo unas cuantas
    iniciativas diplomáticas, tales como financiar algunas
    cadenas de medios en lengua inglesa para presentar sus puntos de
    vista, utilizando su poder de veto en el Consejo de Seguridad de
    las Naciones Unidas para oponerse a los esfuerzos de EEUU para
    derrocar el régimen de Asad en Siria y oponerse a la
    imposición de sanciones drásticas contra
    Irán. Repudió severamente el vitriólico
    cuestionamiento de la exsecretaria de estado de EEUU Hillary
    Clinton acerca de la "legitimidad" del estado chino cuando
    votó contra la resolución de EEUU y la ONU
    preparando un ataque contra Siria.

    Los estrategas militares chinos son más
    conscientes de la situación y se sienten alarmados ante la
    creciente amenaza militar hacia China. Han pedido, y se les ha
    aceptado, un 19% de incremento anual en el gasto militar para los
    próximos cinco años (2011-2015). Incluso con este
    incremento, los gastos militares de China serán menos de
    la quinta parte del presupuesto militar estadounidense y China no
    tiene ninguna base en el exterior en marcado contraste con las
    más de 750 instalaciones de EEUU por todo el mundo. Las
    operaciones de inteligencia chinas en el exterior son
    mínimas e ineficaces. Sus embajadas se ocupan de estrechos
    intereses comerciales y no entendieron en absoluto la brutal
    política de la OTAN para cambiar el régimen en
    Libia y no informaron a Pekín de su importancia para el
    estado chino.

    Existen otras dos debilidades estructurales que socavan
    el ascenso de China como potencia mundial. Esto incluye a la muy
    "occidentalizada" inteligencia, que se ha tragado sin sentido
    crítico la doctrina económica estadounidense sobre
    el libre mercado mientras pasan por alto su militarizada
    economía. Esos intelectuales chinos repiten como papagayos
    la propaganda de EEUU acerca de las "virtudes
    democráticas" de las multimillonarias campañas
    presidenciales a la vez que apoyan la desregulación
    financiera que habría llevado a Wall Street a apoderarse
    de los bancos y ahorros chinos. Muchos asesores empresariales y
    académicos chinos se han educado en EEUU y están
    influenciados por sus lazos con los académicos
    estadounidenses y las instituciones financieras internacionales
    directamente vinculadas con Wall Street y la City londinense. Han
    prosperado como asesores bien remunerados que logran puestos
    prestigiosos en las instituciones chinas. Identifican la
    "liberalización de los mercados financieros" con las
    "economías avanzadas" capaces de profundizar los lazos con
    los mercados globales en lugar de ser una fuente importante de la
    actual crisis financiera global. Estos "intelectuales
    occidentalizados" son como sus homólogos los compradores
    del siglo XIX, que subestimaron y rechazaron las consecuencias a
    largo plazo de la penetración imperial occidental. Son
    incapaces de comprender cómo la desreglamentación
    financiera en EEUU fue lo que precipitó la actual crisis y
    cómo la desregulación va a llevar a que Occidente
    se apodere del sistema financiero chino, cuyas consecuencias
    redistribuirían los ahorros internos chinos en actividades
    no productivas (especulación inmobiliaria),
    precipitarían la crisis financiera y, en último
    término, socavarían la importante posición
    global de China.

    Esos yuppies chinos imitan lo peor de los estilos de
    vida consumistas de Occidente, y sus puntos de vista
    políticos están influidos por esos estilos de vida
    e identidades occidentalizadas que excluyen cualquier sentido de
    solidaridad con su propia clase trabajadora.

    V

    Hay una base económica para los sentimientos
    pro-occidentales de los neocompradores chinos. Han transferido
    miles de millones de dólares a cuentas en bancos
    extranjeros, han comprado casas y apartamentos de lujo en
    Londres, Toronto, Los Ángeles, Manhattan, París,
    Hong Kong y Singapur. Solo tienen un pie en China (la fuente de
    su riqueza) y el otro en Occidente (donde consumen y esconden su
    riqueza).

    Los compradores occidentalizados están
    profundamente empotrados en el sistema económico de China
    al tener vínculos familiares con los dirigentes
    políticos en el aparato del partido y el estado. Sus
    conexiones son más débiles en el ejército y
    en los crecientes movimientos sociales, aunque algunos
    estudiantes "disidentes" y activistas académicos de los
    "movimientos pro democracia" cuentan con el apoyo de las ONG
    imperiales de Occidente. En la medida en que los compradores van
    ganando influencia, van debilitando las fuertes instituciones
    estatales económicas que han dirigido el ascenso chino a
    potencia global, al igual que hicieron en el siglo XIX actuando
    como intermediarios para el Imperio británico. Proclamando
    el "liberalismo" del siglo XIX, 50 millones de chinos se
    volvieron adictos al opio en menos de una década.
    Proclamando la "democracia y los derechos humanos", las
    cañoneras estadounidenses patrullan ahora frente a las
    costas de China. El ascenso de China, dirigido por las elites, a
    potencia económica global ha engendrado desigualdades
    monumentales entre unos miles de nuevos multimillonarios y
    millonarios en lo alto de la pirámide y cientos de
    millones de empobrecidos trabajadores, campesinos y emigrantes en
    la base.

    La rápida acumulación de riqueza y capital
    de China ha sido posible a través de una intensa
    explotación de sus trabajadores a los que se
    despojó de sus anteriores redes de seguridad social y
    condiciones reguladas de trabajo que el comunismo garantizaba.
    Millones de hogares chinos han quedado desposeídos a fin
    de promover a los promotores/especuladores inmobiliarios que se
    han dedicado después a construir oficinas de alto nivel y
    apartamentos de lujo para las elites internas y extranjeras. Esos
    rasgos brutales de ascendente capitalismo chino han creado una
    fusión entre la lucha de las masas por un lugar de trabajo
    y por un espacio para vivir que es mayor cada año. El
    eslogan de los promotores/especuladores de "hacerse rico es
    maravilloso" ha perdido su capacidad de engañar a la
    gente. En 2011, había alrededor de 200.000 fábricas
    costeras urbanas que englobaban pueblos rurales. El
    próximo paso, que seguro se producirá, será
    la unificación de estas luchas en nuevos movimientos
    sociales nacionales con una agenda de clase exigiendo la
    restauración de los servicios educativos y sanitarios
    disfrutados bajo la era comunista así como una mayor
    porción de la riqueza de China. Las actuales demandas de
    mayores salarios pueden convertirse en demandas de mayor
    democracia en el lugar del trabajo. Para responder a estas
    demandas populares, los nuevos liberales compradores
    occidentalizados no pueden señalar hacia su "modelo" en el
    imperio estadounidense, donde sus trabajadores están
    inmersos en un proceso por el que les están despojando de
    los mismos beneficios que los trabajadores chinos están
    intentando recuperar.

    China, asolada por un conflicto político y de
    profundización de los enfrentamientos de clase cada vez
    más profundo, no puede mantener su deriva hacia el
    liderazgo económico global. Las elites chinas no pueden
    afrontar la creciente amenaza militar imperial global de EEUU,
    con sus aliados compradores en la elite liberal interna, mientras
    en el país la sociedad está profundamente dividida
    con unas clases trabajadoras cada vez más hostiles. La
    época de explotación desenfrenada de la mano de
    obra china tiene que terminar para poder enfrentar el cerco
    militar estadounidense de China y el desbaratamiento
    económico de sus mercados en el exterior. China posee
    enormes recursos. Con más de 1.500 billones de
    dólares en reservas, China puede financiar un amplio
    programa sanitario y educativo nacional por todo el
    país.

    China puede permitirse poner en marcha un "programa de
    vivienda pública" intensivo para los 250 millones de
    trabajadores que han emigrado del campo y que en la actualidad
    están viviendo en la miseria urbana. China puede imponer
    un sistema fiscal progresivo a sus nuevos multimillonarios y
    millonarios y financiar las pequeñas cooperativas
    agrícolas familiares y las industrias rurales a fin de
    reequilibrar la economía. Su programa de desarrollo de
    fuentes energéticas alternativas, como paneles solares y
    energía eólica, son un prometedor comienzo para
    abordar su grave contaminación medioambiental. La
    degradación del medio ambiente y los problemas
    relacionados con la salud están ya preocupando a decenas
    de millones de chinos. En última instancia, la mejor
    defensa de China contra las invasiones imperiales es un
    régimen estable basado en la justicia social para cientos
    de millones y una política exterior de apoyo a los
    movimientos y regímenes antiimperialistas en el exterior,
    cuya independencia es de vital interés para China. Lo que
    se necesita es una política proactiva basada en empresas
    mixtas mutuamente beneficiosas, incluida la solidaridad militar y
    diplomática. Hay ya un grupo pequeño, aunque
    influyente, de intelectuales chinos que están planteando
    la cuestión de la creciente amenaza militar estadounidense
    y están "diciendo no a la diplomacia de las
    cañoneras".

    VI

    La China moderna cuenta con multitud de recursos y
    oportunidades de los que no disponía la China del siglo
    XIX, cuando se vio subyugada por el Imperio británico. Si
    EEUU prosigue intensificando su política agresiva
    militarista contra China, Pekín puede poner en marcha una
    seria crisis fiscal inundando el mercado con varios de sus
    cientos de miles de millones de dólares en bonos del
    Tesoro estadounidense. China, una potencia nuclear,
    debería contactar con su vecina Rusia, armada y amenazada
    por igual, para enfrentar y frustrar los belicosos comentarios de
    los halcones yanquis. El próximo presidente ruso Putin ha
    prometido incrementar el gasto militar del 3% al 6% del PIB en la
    próxima década para contrarrestar la ofensiva de
    bases de misiles de Washington en las fronteras de Rusia y
    truncar los programas de "cambio de régimen" de Obama
    contra sus aliados, como en el caso de Siria.

    China tiene redes poderosas comerciales, financieras e
    inversiones por todo el planeta así como potentes socios
    económicos. Estos lazos se han convertido en algo esencial
    para el crecimiento continuado de muchos países en el
    mundo en desarrollo. Al enfrentarse a China, EEUU tendrá
    que enfrentar la oposición de muchas elites poderosas de
    mercado por todo el mundo. Pocos países o elites
    pensarían en vincular en el futuro sus fortunas con un
    imperio económicamente inestable y basado en el
    militarismo y en destructivas ocupaciones coloniales.

    Es decir, la China moderna, como potencia mundial, es
    incomparablemente más fuerte que a principios del siglo
    XVIII. EEUU no tiene el apalancamiento colonial que el ascendente
    Imperio británico poseía en el período
    previo a las Guerras del Opio. Además, muchos
    intelectuales chinos y la inmensa mayoría de sus
    ciudadanos no tienen la intención de aceptar que los
    actuales "compradores occidentalizados" vendan el país.
    Nada aceleraría más la polarización
    política en la sociedad china y adelantaría la
    llegada de una segunda revolución social china que unos
    dirigentes pacatos sometiéndose a una nueva era de pillaje
    imperial de Occidente.

    El presupuesto militar chino es el segundo en el mundo
    después del de EE.UU. ¿Qué armas chinas
    deberían causar más preocupación en el
    Pentágono? La revista 'The National Interest'
    seleccionó cinco de ellas.

    China, un gigante en pleno auge económico,
    tecnológico y militar, desarrolla una amplia variedad de
    nuevas armas, pero cinco de ellas realmente deberían
    alarmar al Ejército de Washington, apunta en su reciente
    artículo la revista estadounidense 'The National
    Interest'.

    En su proyección de fuerza hacia los mares que la
    rodean y para apoyar sus reivindicaciones territoriales, China
    reconoce la probabilidad de un conflicto armado con Estados
    Unidos, por lo cual invierte recursos en el desarrollo de armas
    'especificas' destinadas a atacar a fuerzas estadounidenses,
    cinco de las cuales representan un particular peligro para el
    Ejército de EE.UU., sugiere el analista Kyle
    Mizokami.

    El arma más peligrosa para las fuerzas
    estadounidenses en la región asiática del
    Pacífico es el misil balístico antibuque Dong
    Feng-21D, que ya ha merecido el apodo de 'asesino de
    portaaviones'. El DF-21D es un misil balístico de medio
    alcance diseñado específicamente para atacar a los
    portaaviones estadounidenses burlando la defensa de la Armada
    norteamericana para atacar los buques desde arriba a una
    velocidad hipersónica.

    El DF-21D es un sistema terrestre con un alcance
    estimado de hasta 1.500 kilómetros. Una vez lanzado, el
    cohete portador 'suelta' un misil de reentrada múltiple
    capaz de alcanzar una velocidad de hasta 10-12 Mach.

    La velocidad y energía cinética
    resultante, por no hablar de la carga útil del
    vehículo de reentrada, causarían graves
    daños incluso a los buques de guerra más grandes.
    Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero se cree que el impacto
    directo de un DF-21D podría poner un portaaviones fuera de
    combate, o incluso hundirlo.

    Montado sobre un transportador de ruedas y lanzador, el
    DF-21D sería un todoterreno móvil y por lo tanto
    sería muy difícil localizarlo antes del
    lanzamiento. La velocidad hipersónica del vehículo
    de reentrada haría difícil, pero no imposible,
    derribarlo. El primer caza de quinta generación chino, el
    J-20, es un pesado caza multifuncional bimotor actualmente en la
    fase de prototipos. La misión de los J-20 aún se
    desconoce, pero el robusto diseño de la aeronave parece
    apoyar la idea de que actuaría en varias misiones. El
    avión promete tener una gran autonomía, ser
    rápido y sigiloso para los radares enemigos.

    Se especula que el avión estaría dotado de
    un radar AESA. Dos grandes depósitos internos para armas
    podrían albergar una amplia gama de misiles aire-aire,
    aire-tierra y antibuque.

    La función más obvia del J-20 es la de
    caza de superioridad aérea. La gran autonomía del
    J-20 significa que la aeronave podría operar lejos de las
    costas de China, interceptando aviones de combate
    estadounidenses, cazabombarderos F/A-18 y bombarderos B-1 y B-2.
    Como caza de largo alcance, el J-20 también podría
    patrullar territorios en disputa, en particular en apoyo de la
    recientemente declarada zona de identificación de defensa
    aérea de China en el mar de la China Oriental.

    China también podría utilizar los J-20
    para atacar aviones de apoyo estadounidenses, como aviones de
    alerta temprana y aviones de reabastecimiento en
    vuelo.

    Otra posible función de la invisibilidad para los
    radares del J-20 sería atacar naves y bases de Estados
    Unidos en la región de Asia-Pacífico. Grupos de
    aviones J-20 dotados de misiles de ataque a tierra podrían
    preceder un ataque con misiles balísticos y neutralizar
    las baterías estadounidenses de misiles tierra-aire, bases
    aéreas y radares para abrir paso a ataques con misiles
    balísticos.

    VII

    Durante décadas, los 'activos' militares
    estadounidenses en el espacio han dado al Pentágono una
    ventaja considerable en el campo de batalla. Los satélites
    son esenciales para la estrategia bélica estadounidense.
    Esto es especialmente cierto en la región
    Asia-Pacífico, donde las distancias desde el territorio
    continental de Estados Unidos se miden en miles de
    kilómetros.

    China tiene al menos un arma operativa, el misil SC-19.
    Un derivado del DF-21, el misil balístico SC-19
    está equipado con el KT-2, una ojiva de acción
    cinética, es decir, de impacto directo.

    Una vez lanzado al espacio, el KT-2 es guiado hacia su
    objetivo por sensores infrarrojos. El KT-2 no tiene una cabeza
    explosiva pero destruye satélites enemigos con impacto
    directo.

    En 2007, un KT-2 golpeó y destruyó un
    satélite chino fuera de servicio. En mayo de 2013 China
    puso en marcha lo que describió como un "cohete sonda"
    para llevar experimentos a gran altitud. La inteligencia de
    EE.UU. está segura de que aquello fue en realidad una
    prueba del SC-19/KT-2. Se cree que el SC-19 es capaz de alcanzar
    la órbita terrestre media, representando un peligro para
    los satélites de navegación GPS
    estadounidenses.

    Con la pérdida de inteligencia, comunicaciones y
    navegación satélites, EE.UU. tendría
    difícil llevar a cabo misiones de reconocimiento sobre
    China. El uso de armas antisatélites también
    podría interferir en la navegación aérea,
    terrestre y marítima, entorpecer la comunicación y
    prevenir el uso de armas guiadas por GPS.

    La capacidad de China para desembarcar sus tropas en
    archipiélagos en disputa como los de Diaouyu, Paracel y
    Spratly podría envalentonar a los dirigentes chinos, algo
    que teme Estados Unidos.

    China cuenta con tres buques de asalto anfibio tipo 071:
    el Kunlunshan, el Jinggangshan y el Changbaishan. Los tres buques
    son considerados por observadores navales occidentales como los
    "caimanes navales" de China: son buques proyectados para
    transportar y desembarcar a infantes de Marina en costas
    hostiles.

    Cada buque desplaza 20.000 toneladas y mide cerca de 213
    metros de largo. Los buques clase 071 pueden transportar hasta un
    batallón de infantes de Marina: de 400 a 800 soldados y
    hasta 18 vehículos blindados.

    Las naves tienen una cubierta de vuelo capaz de operar
    simultáneamente dos helicópteros de transporte de
    tropas, y pueden almacenar otros cuatro en un gran hangar. Los
    barcos también pueden portar y lanzar vehículos
    anfibios y cuatro aerodeslizadores de transporte de
    tropas.

    Las tres naves forman parte de la Flota del Mar Oriental
    de China, donde pueden ser utilizadas para intimidar o invadir
    Taiwán. Sin embargo, al igual que en las Armadas
    occidentales, China acepta su uso en otras misiones como naves de
    mando y control, de socorro y de asistencia
    humanitaria.

    El Ejército Popular de Liberación cree que
    establecer su "superioridad electrónica" desde el
    principio es fundamental para tener éxito en un futuro
    conflicto armado. De las cinco armas chinas que Estados Unidos
    más teme, la más enigmática es la capacidad
    de China para llevar a cabo operaciones cibernéticas
    ofensivas.

    Las operaciones cibernéticas ofensivas incluyen
    un amplio espectro de actividades, desde operaciones
    psicológicas hasta la destrucción de equipos e
    infraestructura enemigos.

    El objetivo y la esencia de la guerra electrónica
    han sido bien definidos por el miembro de la Academia de
    Ingeniería de China, rector de la Universidad de
    Tecnología Informática y general mayor del
    Ejército chino Wu Xing Jiang: "Este tipo de
    confrontación (…) perjudica principalmente a la
    infraestructura de telecomunicaciones y a varios sistemas
    informáticos, y solo después afecta al mundo real,
    produciendo agitación y disturbios. Por ejemplo, se trata
    de desorganizar el sistema financiero, el de transporte y el de
    energía, lo cual repercute directamente en el potencial
    militar del país e influye en el curso de una
    guerra".

    "Y, por último, no hay que olvidar que las
    guerras modernas son guerras de tecnologías
    informáticas, de armas de precisión. Mediante una
    ciberguerra se podría disminuir la precisión de
    este tipo de armas", afirmó el especialista en una extensa
    entrevista concedida al semanario local 'Oriental
    Outlook'.

     

     

    Autor:

    Joel Hurtado Ramón

    Enviado por:

    Leo Escorpio

     

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