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El siglo XX y la producción armamentista mundial (página 2)

Enviado por colo_27



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4. Carrera Armamentista

El que el eje de los conflictos –que pese a todo siguen involucrando a las potencias industriales, tanto grandes como pequeñas- se haya desplazado hacia los países pobres.

Solamente en el siglo XX han sacrificado más de 100 millones de víctimas a la guerra.

Así, al desarrollo de las armas nucleares se añade la carrera de los llamados armamentos convencionales, que se extiende a los estados más pequeños y más pobres.

Semejante estado de cosas determina un sistema de prioridades en materia de inversiones y privilegia ciertas estructuras económicas que, al haberse vuelto esenciales para la vida de las naciones, harán más difícil la indispensable reconversión de la industria de armamentos en actividades pacificas.

La magnitud de los gastos militares mundiales es tal que estos pueden calcularse, proporcionalmente, en cerca de un millón de dólares por minuto.

Uno de los rasgos más importantes que se advierten en la curva seguidos por los gastos militares en los últimos años es la proporción creciente que de ellos corresponde al Tercer Mundo. En efecto, cerca del 75% del comercio mundial actual de armas importantes –tanques, aviones, buques, y mísiles- se realiza con los países del tercer mundo. Las cifras sobre transferencias de armas que aparecen en el cuadro no incluyen armas menores, artillería ni pertrechos: de ahí que representen solo la mitad de las adquisiciones totales de equipo bélico por parte de esos países.

Es en la esfera del potencial científico y tecnológico donde la desviación de recursos para fines militares alcanza más vastas proporciones. Se estima que, en la actualidad, alrededor del 25% del personal científico mundial se dedica a actividades relacionadas con asuntos militares. Y se ha calculado que, del total acumulado de gastos en investigación y desarrollo desde la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente el 40% se ha destinado a fines bélicos.

En los países en vías de desarrollo existen enormes necesidades, inexploradas en casi todos sus aspectos, cuya satisfacción debe ser abordada de manera sistemática, en gran escala y con la adecuada movilización de medios, cosas que hasta ahora han sido privilegio casi exclusivo de la investigación militar.

También en lo que atañe a la mano de obra origina la carrera de armamentos una enorme desviación de recursos. Las fuerzas armadas en servicio en todo el mundo cuentan aproximadamente con 22 millones de personas. En los Estados Unidos, por cada tres personas pertenecientes a las fuerzas armadas hay otras cuatro en empleos relacionados con el sector militar. Se calcula que en todo el mundo unos 60 millones de personas, uniformadas o de paisano, en el sector público o privado, trabajan en ocupaciones relacionadas con ese sector. Las actividades militares y las conexas absorben en todas partes una proporción mucho mayor de las categorías de personas más calificadas de lo que cabe prever de acuerdo con la proporción que representa el presupuesto militar en el producto nacional bruto.

Las fuerzas armadas de todos los países son también consumidores importantes de una gran variedad de recursos no renovables y de reservas tanto energéticas como de materias primas. Es evidente que el consumo de materias primas. Es evidente que el consumo de materias primas con fines bélicos se concentra en las principales potencias militares aun más que el consumo de recursos en general. En el caso de metales como el aluminio, el cobre, el plomo y en zinc, la demanda militar de los Estados Unidos oscila entre el 11% y el 14% de la demanda total; respecto de varios otros metales, es de cerca del 10%. En el caso del titanio excede del 40%.

Si se extrapolaran las cifras correspondientes a los EEUU, el consumo militar mundial de hidrocarburos líquidos ( con exclusión de los productos derivados del petróleo que se utilizan en la producción de armas y material) se ha estimado en unos 700 a 750 millones de barriles anuales, es decir el doble del consumo anual de toda África y aproximadamente al 3,5% del consumo mundial.

Por otra parte, se afirma que el consumo militar de combustible para aviones de reacción en épocas de paz, asciende a la tercera parte del consumo total de los EEUU. Es evidente que en muchos casos, el sector bélico contribuye ampliamente al agotamiento de los recursos naturales.

Los recursos dedicados a la investigación médica en el mundo entero constituyen tan solo una quinta parte de los dedicados a la investigación y el desarrollo militares. En todos los vasos, los recursos que consume el sector bélico son cuantiosísimos en comparación con los gastos públicos de orden social, incluso en esferas tan importantes como la educación y la salud, lo que es indicio del triste orden de prioridades por el que se rige la asignación de fondos públicos en todo el mundo.

La organización mundial de salud (OMS) dedicó unos 83 millones de dólares en un lapso de 10 años a eliminar la viruela en el mundo. Esa suma bastaría siquiera para comprar un solo bombardero estratégico moderno. El programa de la OMS para eliminar el paludismo en el mundo, cuyo costo aproximado se calcula en 450 millones de dólares avanza lentamente debido a la falta de fondos. Sin embargo, su costo total hasta ahora representa solo la mitad de lo que se gasta cada día para fines militares y solo una tercera parte de lo que se gastará únicamente para la adquisición de cada nuevo submarino con proyectiles nucleares "Trident".

En numerosos países industrializados y en algunos en vías de desarrollo la industria armamentista es hoy uno de los sectores de la economía que experimentan un crecimiento más rápido.

En ciertos países existe un marcado contraste entre un sector militar aún en expansión, por una parte, y una economía civil deprimida con un presupuesto público restringido o francamente austero, por la otra. Hay países que han logrado mejorar la situación de su balanza de pagos aumentando las exportaciones de armamentos.

El aumento cada vez mayor de los gastos de armamentos no es una forma eficaz de combatir la recesión. Los gastos en sectores como la educación, la salud, la vivienda y el bienestar social son medios más eficaces para ello en virtud de consideraciones tanto económicas como sociales

Si los gastos en armamentos siguen siendo elevados o van en aumento, mientras los ingresos públicos se estancan o disminuyen , los países pueden tender a hacer economías en sectores tales como la salud, la educación y el bienestar, con todas las consecuencias sociales negativas que ellos entraña.

Los cuantiosos gastos públicos en armamentos aumentan la demanda sin incrementar el volumen de bienes vendibles o exportables. De esta forma, intensifican los problemas de inflación y del desequilibrio externo.

La mano de obra constituye un recurso real que podría utilizarse de manera útil si se liberara de las ocupaciones vinculadas con el sector militar.

Las personas desempleadas no están porque no haya mas necesidades que satisfacer, sino como consecuencia de movimientos de recesión o problemas estructurales de la economía, los que a su vez, se ven agravados por los elevados gastos militares.

Los gobiernos pregonan los supuestos beneficios que entrañarían para el empleo las compras de armas que prevé hacer, sin añadir que los mismos fondos dedicados a otros usos crearían también puestos de trabajo, incluso normalmente muchos más.

Los gastos militares no son los únicos capaces de crear empleos. En realidad, aunque los gastos militares evidentemente crean puestos en las industrias que aprovisionan a las fuerzas armadas, la parte creciente de los gastos militares dedicada a la tecnología de vanguardia reduce su capacidad general y directa para crear trabajo.

Según los cálculos del Gobierno de los Estados Unidos: 1000 millones de dólares de gastos militares crean 76.000 empleos. Pero si la misma suma se gasta en programas civiles del gobierno Federal, los empleos creados son 100.000 .

Se afirma que el afán de lograr una mejora continua de los armamentos y del material militar ha representado un importante estímulo para el progreso tecnológico y que de no ser por la presión de las demandas militares, no se habrían obtenido fondos en escala suficiente.

EN realidad, es sorprendente el número de invenciones de enorme importancia civil que no deben absolutamente nada en su origen y muy poco o nada en su ulterior desarrollo a la investigación y desarrollo militares, aún cuando n una etapa posterior fueron adoptadas muchas veces por el sector militar y adaptadas a sus necesidades.

Los beneficios secundarios que para el sector militar entrañan las investigaciones civiles han sido incomparablemente mayores que los beneficios secundarios para el sector civil de las investigaciones militares.

Típicamente, la investigación militar se ha aplicado fundamentalmente a dispositivos nuevos que pueden cumplir las mismas funciones que los viejos, pero con más precisión, eficacia y fiabilidad. Por lo tanto, los beneficios secundarios de importancia para el sector civil han sido escasos y poco frecuentes.

Durante la Guerra Fría, EE.UU. y la Unión Soviética se alinearan en pos de esta conquista. Controlar las fuentes petrolíferas era de vital importancias para las dos potencias que se disputaban el manejo del mundo, desde lo político y lo económico.

Hoy día, cuando las armas nucleares estratégicas acumuladas en los arsenales del mundo bastarían para destruir varias veces nuestro planeta ( su potencia combinada es de mas de un millón de veces superior a la de la bomba que destruyó a Hiroshima en 1945), la atención se centra sobre todo en el perfeccionamiento de las armas nucleares tácticas. Como la bomba de neutrones superradiactiva, de baja potencia explosiva: aproximadamente un kilotón, o sea el equivalente de 1000 toneladas de TNT. En este caso el perfeccionamiento consiste en que ese tipo de bomba es más destructiva para la viada que para los bienes materiales.

El Decenio del Desarme, proclamado en 1969 por las Naciones Unidas. En estos 10 años se han firmados diversos acuerdos y tratados internacionales. Sin embargo, la carrera de armamentos se aceleró dando origen a una interminable serie de conflictos.

Desde hace varios años el mundo avenido destinando anualmente alrededor de 350.000 millones de dólares a los gastos militares. Tres cuartas partes de ese total corresponden a los países que ocupan los seis primeros lugares por la importancia de su presupuesto militar: Estados Unidos, Unión Soviética, China, Francia, Reino Unido, Republica Federal de Alemania. En conjunto del 5 al 6% de la producción total mundial de bienes y servicios se destina a fines militares. En la mayoría de los países, esa cifra oscila casi siempre entre el 2 y el 8%; en algunos casos es superior al 30%.

El rápido aumento de los gatos militares durante el decenio de 1960, seguido de una nivelación en los últimos ocho años, reproduce un esquema ya observado varias veces anteriormente. Los períodos de expansión militar masiva, generalmente en relación con una guerra, han alternado con períodos estables de varios años de duración.

En realidad, la tendencia esencial en la mayoría de los países es un aumento irregular y a largo plazo de los presupuestos militares.

Los países no publican inventarios de sus existencias de armas, los cálculos de las existencias mundiales son inevitablemente bastante inciertos.

Las actuales existencias de armas nucleares bastan para destruir el mundo varias veces.

En 1974 las fuerzas nucleares llamadas "estratégicas" de los Estados Unidos y la Unión Soviética incluían entre 11.000 ojivas de guerra termonuclear lanzables mediante proyectiles o desde bombarderos.

Se estima que su potencia explosiva total equivale a la de 1.300.000 bombas del tipo de la empleada en Hiroshima.

En lo que atañe a las armas nucleares llamadas "tácticas", la situación es más incierta. Su potencia explosiva total equivale a unos 700 millones de tonaledas de TNT o a unas 50.000 bombas del tipo de la empleada en Hiroshima.

En cuanto a los principales tipos de armamentos corrientes, tales como aviones, buques de guerra y tanques, los cálculos efectuados ofrecen una indicación aproximada de la evolución general. Los buques de guerra, el valor de las existencias mundiales se duplico de 1960 a 1970 y aumentó nuevamente en un 30% entre 1970 y 1976.

Solo trece países en desarrollo tenían aviones supersónicos en 1965. Diez años más tarde, esas cifras habían aumentado a 41. Durante los últimos 30 años, unos pocos países, que figuran entre los principales productores de armas, han fabricado y vendido en conjunto mas de 70 tipos distintos de aviones interceptadores, de caza y de ataque y más de 140 variantes de esos tipos.

El precio unitario de esos aviones de caza se ha duplicado cada 4 o 5 años, pasando de unos 250.000 dólares por avión durante la Segunda Guerra Mundial a más de 10 millones de dólares en la actualidad, como consecuencia de las mejoras en su funcionamiento como consecuencia en las mejoras en su funcionamiento y armamento.

A los seis países que más gastos militares efectúan, no solo les corresponden las tres cuartas partes de los gastos mundiales en dicha esfera, sino la casi totalidad de los gatos de investigación y desarrollo militares.

Ha habido un rápido aumento de la exportación de armas importantes a una serie de países del mundo. Las exportaciones de armas importantes a países en desarrollo aumentaron de 3000 millones de dólares en 1970 a 6300 millones en 1975 y a 7300 millones en 1976. Estas exportaciones tienden a estimular sectores importantes de la economía del país exportador, como la ingeniería mecánica, la industria electrónica y las industrias que abastecen a estos sectores. Los países importadores están subvencionando las actividades de investigación y desarrollo militar de los países exportadores de armas.

Están cobrando importancia diversas formas de cooperación internacional para la producción de armamentos. En los países industrializados existe una tendencia a la coproduccion, en que varios de ellos usan en forma mancomunada las instalaciones existentes para producir distintos componentes de sistemas de armas singularmente caros y complejos, y , con menor frecuencia a la colaboración en la concepción y realización de las armas, repartiéndose los costos.

En los países en desarrollo la norma habitual consiste en establecer instalaciones locales de mantenimiento y luego encargarse de la reparación. Más recientemente, algunos países han logrado acelerar este proceso adquiriendo instalaciones completas de producción mediante acuerdos en que el contratista extranjero proporciona todo el sistema: los planos, las instalaciones, los conocimientos técnicos y algunas piezas del arma terminada.

Desde un punto de vista social y político, se está produciendo un fenómeno sobremanera importante y radicalmente nuevo. En algunos casos puede tratarse del comienzo de un proceso en que los complejos militares industriales de los países abastecedores, salgan de sus propias fronteras, arraiguen en el extranjero y reproduzca en el nuevo ambiente toda la red de relaciones entre la industria, los productores y subcontratistas, los sindicatos, el gobierno, y las fuerzas armadas.

Cuando lo que se transfiere son los sistemas de armas completos y operacionales y lo que se presta son servicios de asesores militares, igual que otras formas de cooperación militar, las relaciones entre los países abastecedores y receptores tienden a limitarse a la esfera militar. En cambio, en los tipos de producción multilateral o de producción local dependiente, lo que se afianza y difunde en toda la sociedad, rebasando con mucho el sector militar propiamente dicho, es todo el conjunto de relaciones de apoyo mutuo y de intereses creados que persiguen la perpetuación del proceso armamentista.

El aspecto más importante y espectacular de la carrera de armamentos en el decenio de 1960 fue el desarrollo y el despliegue en gran escala de los proyectiles balísticos intercontinentales (ICBM), y de los proyectiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM), así como la instalación paralela de sistemas de vigilancia y comunicaciones mediante satélites.

En los primeros acuerdos sobre la limitación de armas estratégicas entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (SALT I) firmados en mayo de 1972, se establecían límites máximos al número de emplazamientos de proyectiles antibalísticos intercontinentales y de proyectiles balísticos lanzados desde submarinos. En 1976 , en cifras redondas, ambas potencias disponían conjuntamente de 2500 ICBM y 1400 SLBM.

En los últimos años la carrera de armamentos nucleares estratégicos ha adquirido cada vez mas un carácter cualitativo, poniéndose en marcha importantes programas de investigación y desarrollo para perfeccionar los sistemas antimisiles.

En general, los acuerdos SALT no han ejercido ninguna influencia perceptible en el despliegue de los vehículos múltiples de reingreso para objetivos independientes (MIRV). Como resultado, la cantidad de ojivas nucleares que pueden lanzarse con los ICBM y los SLBM ha venido aumentando a razón de 1000 por año.

Una importante innovación que representa un progreso del potencial de destrucción con respecto a los MIRV. Se trata de un vehículo de reingreso maniobrable (MARV) que puede cambiar de dirección en las etapas finales de su trayectoria. Este vehículo puede dificultar la defensa contra un ataque de proyectiles balísticos, puede dotar a los proyectiles de reingreso maniobrable de una precisión de unas cuantas decenas de metros.

Ello permite naturalmente concebir nuevos usos para las armas nucleares "estratégicas". Además de constituir un instrumento de represalia en gran escala contra los centros industriales y de población y un medio esencial de disuasión, es hoy posible pensar en utilizar proyectiles balísticos con fines de "contrafuerza" para lograr una ventaja militar al comienzo de una guerra destruyendo las armas e instalaciones militares de enemigo, o emplearlos para librar una guerra nuclear supuestamente limitada.

La proliferación de la tecnología nuclear continua a un ritmo acelerado. Francia y China se dotaron de armas nucleares en el decenio de 1960. En 1974, la India, que no es parte en el tratado de No Proliferación [acuerdo de 1º de julio de 1968 firmado por el Reino Unido, los Estados Unidos y la Unión Soviética y varios otros Estados, en virtud del cual los tres firmantes principales convinieron en no ayudar a los estados desprovistos de armas nucleares a adquirirlas o producirlas], realizó un experimento subterráneo de explosión nuclear. Cabe la posibilidad de que otros países hayan adquirido la capacidad de producir armas nucleares, pero sin revelarlo con una explosión.

En lo que toca a la mayoría de los países industrializados y a varios países en desarrollo, no existen hoy barreras tecnológicas o económicas importantes que se opongan a la realización de un programa de fabricación de armas nucleares. Los únicos obstáculos a la proliferación horizontal son ahora políticos: las obligaciones asumidas en virtud del Tratado de No Proliferación, el sentido común de los gobiernos.

Los adelantos en el uso del espacio con fines militares se han visto eclipsados en la mente del público por las hazañas espaciales de carácter civil. Sin embargo, han tenido una importancia decisiva. En la guerra de Indochina, se utilizaron satélites para las comunicaciones, para las previsiones meteorológicas antes de los bombardeos y para la navegación con fines de bombardeo naval, pero solamente ahora se están materializando todas las potencialidades de esos medios.

La tecnología de los satélites tiene hoy día una repercusión decisiva por lo menos en tres esferas, en las que confiere una superioridad considerable a las principales potencias militares: identificación de objetivos, navegación y evaluación de daños en relación con las estrategias de contrafuerza en la guerra nuclear; vigilancia, identificación de objetivos y navegación en la guerra "convencional"; información y vigilancia mundiales sobre los programas militares de otros países y sobre las guerras en que las grandes potencias no participan directamente.

El programa NAVSTAR podría hervir para indicar lo que en adelante será posible. Se trata de un sistema de 24 satélites. El sistema sería instalado entre 1977 y 1984 y costaría unos 3.000 millones de dólares.

 

En lo que se refiere a los sistemas de armas convencionales, durante el decenio de 1960 se fueron perfeccionando constante y muy rápidamente en cuanto a tamaño, velocidad, propulsión, potencia de fuego, precisión, etc. En general, durante ese período el costo unitario de los principales sistemas de armamento se duplicó, en valor real. En cuanto a los aviones, los precios aumentaron a ritmo dos veces mayor.

Tanto en los países industrializados como en los menos desarrollados, los armamentos de gran complejidad técnica incluidos los aviones supersónicos, se convirtieron en algo normal en los arsenales.

Se han fabricado nuevos proyectiles de precisión dirigidos ( PGM), vehículos de control remoto (RPV), y otros aparatos destinados a llevar una carga explosiva corriente hasta el blanco con enorme precisión, o , en el caso de los RPB, para misiones de reconocimiento u otras analogías. En esferas como la tecnología láser, la microelectrónica, los aparatos electromagnéticos en las gamas de los rayos infrarrojos y ópticas y los aparatos de información de banda ancha para una amplia serie de aparatos de dirección automática o de orientación hacia el blanco.

Las nuevas armas, juntamente con los adelantos a lo relativo a instrumentos de visión nocturna, vigilancia del campo de batalla y comunicaciones, acelerarán seguramente el ritmo de la guerra moderna y realzarán aún más la importancia de las fuerzas militares permanentes.

Con los extraordinarios perfeccionamientos en materia de precisión, el rendimiento de la carga explosiva pierde importancia como parámetro para evaluar la eficacia. Por ejemplo, se ha sugerido que algunas de las misiones ahora confiadas a armas nucleares "tácticas", podrían asignarse a armas de lanzamiento preciso que llevasen una ojiva de tipo corriente. En principio, esto podría significar que los responsables militares se mostraran más dispuestos a no usar armas nucleares en los conflictos limitados, pero, en la práctica también podría surtir el efecto de hacer más borrosa la diferencia entre el empleo de las armas nucleares y el de las no nucleares, lo que agravaría el peligro de que un conflicto armado desembocara en una guerra nuclear.

Se han fabricado nuevas armas y municiones basadas en sus efectos de explosión, fragmentación e incendio, las cuales se han utilizados para efectuar bombardeos de saturación en zonas extensas. Estas técnicas de bombardeos se acercan a las armas nucleares en cuanto a la destrucción ciega e indiscriminada que provocan, los efectos ecológicos a largo plazo a que dan origen y la elevada proporción de heridos y mutilados entre sus víctimas.

Tambien se han logrado adelantos importantes en otras esferas, tales como la tecnología del radar, las técnicas de guerra antisubmarina, los aviones interceptores de baja latitud, el cañón guiado por láser y muchas más.

La competencia en materia de armamentos entre las principales potencias militares es aún más intensa de lo que inducían la enorme magnitud y la rápida expansión de los arsenales militares porque es de índole mas bien cualitativa que cuantitativa, de modo que cada generación de armamentos resulta mas refinada y destructiva que los sistemas que sustituye.

Cuando la carrera de armamentos hace hincapié en los adelantos tecnológicos, el proceso de fabricación de armas y contraarmas tiende a convertirse en cierta medida en un proceso puramente intranacional que, en algunos casos, tiene poco que ver con los niveles realmente alcanzados por otros países. Cada país busca activamente los medios de contrarestar sus propias armas más adelantadas y de neutralizar sus propios sistemas de defensa más recientes, haciendo así que el desarrollo de la tecnología militar sea más rápido y que esta caiga en desuso más pronto que en aplicaciones civiles comparables.

Una carrera de armamentos de índole cualitativa, con su larga perspectiva hacia el porvenir y su insistencia en las posibilidades actuales, tiende a moverse en una sola dirección: Los adelantos de un país en materias de armamentos incitarán a otros a emularle, pero, en cambio, su moderación no suscitará necesariamente la de los demás. Análogamente, el aumento de la tensión internacional puede acelerar la carrera de armamentos, pero el mejoramiento del clima internacional no bastará forzosamente para frenar a esta.

En la tecnología militar de vanguardia, cuando se conciben nuevas armas, el cumplimiento de normas técnicas muy estrictas y de plazos de entrega muy cortos tiende a predominar sobre las consideraciones de costo. La superación importante de los costos respecto de lo previsto, que se ha convertido en una característica casi normal de los proyectos militares de avanzada ilustra este hecho. El resultado es el crecimiento de las actividades de investigación y desarrollo con cada nueva generación de armas.

Desde hace muchos años, las necesidades crecientes en materia de investigación y desarrollo han tenido que atenderse mas bien aumentando el personal que ampliando el período de producción, para que las armas no resultaran ya anticuadas al entrar en servicio.

El abandono de muchos programas de armas complejas antes de que se iniciara su producción pero después de haber gastado cientos de millones de dólares en su desarrollo,, que ha sido también característica reiterada de los últimos decenios, el problema de la capacidad excedentaria.

Aun sin tener en cuenta el carácter antieconómico inherente a las armas propiamente dichas, su producción en las condiciones de una carrera cualitativa de armamentos parece constituir un proceso excepcionalmente dispendioso, independientemente de la forma en que asuma el derroche: sea como cancelaciones de proyectos a la mitad de camino, como subempleo intermitente o como arsenales militares cuyo aumento se permite mas por razones industriales que militares.

En la esfera de la producción civil existe una ley bien conocida según la cual, en condiciones de progreso técnico continuo, incluso una política de condiciones netas nulas dará como resultado una producción en constante aumento. Lo mismo se aplica a los gastos militares. Aun en el caso de que no aumenten en términos reales, la dedicación de una gran parte de esos gastos militares a actividades de investigación y desarrollo y al mejoramiento cualitativo significa que el poder de destrucción del aparato bélico y el peligro potencial que encierra siguen aumentando.

La concentración en la carrera cualitativa (es decir tecnológica) de armamentos requiere un mayor empleo de mano de obra calificada particularmente escasa (científicos, técnicos, administradores, trabajadores muy especializados), optar por un progreso cualitativo rápido puede ser perjudicial desde el punto de vista económico, incluso cuando va acompañado por una reducción del gasto militar total.

La incesante búsqueda búsqueda de innovaciones cualitativas esta profundamente enraizada en la lógica intrínseca de la carrera de armamentos. De cualquier manera, por grandes que sean las dificultades que presente el control de esta dimensión de la carrera de armamentos, no lo es menos la necesidad de tomar medidas decididas en ese sentido. Cada año que pasa aparecen una inmensa cantidad de nuevas armas y los programas existentes se afianzan cada vez mas en los sistemas militares y políticos de los países, con lo que resulta más difícil interrumpirlos.

En el siglo XX la preocupación militar se ha concentrado menos en derrotar a grupos de tropas del enemigo que impedir que este ocupara terreno. Esto ha conducido a un aumento masivo en la potencia de fuego –en particular, la gran concentración de misiles capaces de destruir enormes superficies- y a la utilización de armas de efectos indiscriminados, tales como las bombas múltiples y de acción retardada, las minas de fragmentación no direccionales y las minas disimuladas de todo tipo.

En una carrera de armamentos orientada tan decididamente hacia los mejoramientos cualitativos y hacia la consecución de grandes avances tecnológicos, el simple examen de la evolución da una imagen errónea del verdadero incremento del poder destructivo

Las instituciones militares contemporáneas constituyen con frecuencia sectores tan poderosos e influyentes de la sociedad que pueden repercutir en las condiciones y las concepciones políticas y sociales e imponer limites importantes a la evolución de las sociedades.

Durante los últimos veinte años ha sido imposible concretar un tratado de prohibición total de las pruebas nucleares debido a la dificultad que presenta llegar a un acuerdo acerca de los medios eficaces de verificar su cumplimiento. En efecto, esa verificación exigiría aplicar una serie de métodos como la vigilancia mediante satélites, la inspección in situ y la detección e identificación sísmica de las explosiones nucleares subterráneas

La guerra ha sido un rasgo permanente del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las armas han funcionado prácticamente sin interrupción por lo general en varios lugares simultáneamente. En una proporción abrumadora, esos conflictos se han producido fuera de las principales regiones industrializadas del mundo, aunque en muchos casos con la participación directa de algunas grandes potencias que, casi sin excepción, suministraban los medios bélicos. Estas son, junto con la omnipresente amenaza de una conflagración nuclear, las consecuencias estrictamente militares de la carrera de armamentos.

Como resultado de sus efectos económicos, la carrera de armamentos contribuye a mantener y aumentar las diferencias entre los países desarrollados y en desarrollo y las desigualdades dentro de cada uno de ellos.

La producción industrial de armas permitió guerras prolongadas y desencadeno una violencia hasta entonces desconocida. En cuanto al costo de los armamentos modernos, cuya carga es difícil de soportar, literalmente, ha devastado numerosas economías.

Esta comprobación tan simple no ha bastado sin embargo para imponer la idea de un desarme general. Muy fuerte en los años cincuenta, esta idea cedió el paso, en los años sesenta, al concepto más realista y limitado de control de armamentos. Las grandes potencias nucleares negociaban entonces para ponerse de acuerdo en algunas reglas de buena vecindad y en cuanto al incremento de sus arsenales respectivos. Los materiales nucleares norteamericanos y soviéticos nunca progresaron con tanta rapidez como en la época de las SALT.

Para algunos países del Tercer Mundo, que desde hace unos quince años han penetrado fuertemente en el mercado de los armamentos, esas exportaciones representan ahora un sector importante de sus economías. La multiplicación de los conflictos localizados ha dado mayor envergadura a ciertos mercados, en especial el de las armas ligeras de nivel técnico medio.

En Europa, países como Checoslovaquia o Rusia pronto se dieron cuenta de que económica y socialmente, les resultaba totalmente imposible suprimir su aparato de producción de armamentos. Al parecer, en la economía rusa, es el único sector que logra autofinanciarse en divisas.

Después de la Guerra del Golfo, las técnicas que allí habían demostrado su eficacia se comercializaron ampliamente. La gran liquidación postsoviética se tradujo en transferencias superabundantes y acelerada. Y a esos proveedores clásicos se sumaron poderosos productores del Tercer Mundo.

En el último decenio los Estados miembros de dos alianzas constituidas en torno a los polos norteamericano y soviético han empezado a dar los pasos necesarios para lograr un autentico desarme.

La amenaza que constituían para occidente los ejércitos del pacto de Varsovia se han esfumado, las armas nucleares tácticas (ANT) han desaparecido casi totalmente del continente europeo y el nuevo concepto estratégico de la OTAN asigna un lugar destacado al control de los armamentos y al desarme.

En lo tocante a la puesta en práctica del desarme subsisten incertidumbres debidas a fricciones políticas.

Los gastos militares son improductivos y, sin embargo, representan casi un billón de dólares (5% del PNB mundial), más de 50 millones de personas trabajan en actividades militares, y más de 20% de los ingenieros científicos del planeta están empleados en el sector de investigación y desarrollo de armas. Según los economistas marxistas, las economías del mercado necesitan que aumenten los gastos militares para luchar contra la baja tendencial del índice de beneficios. Para Galbraith, la función del presupuesto militar consiste en esterilizar una parte del excedente de productos que resultan del desequilibrio entre una oferta cada vez mayor y una demanda reducida por la disminución constante del poder adquisitivo. Los liberares rechazan este tipo de conclusiones y estiman que la economía de mercado debería desembocar a la vez en el desarme y el desarrollo.

Si bien los gastos militares pueden tener a corto plazo efectos positivos en el crecimiento de algunos países, esos beneficios son menores que los que reportan los demás gastos públicos. Es innegable que los gastos militares son, de todos los gastos públicos, los que menos empleo y actividad económica generan.

Los gastos militares hacen disminuir el esfuerzo de inversión. Así, no solo entrañan una amenaza para el crecimiento a corto plazo, sino también para el desarrollo económico a largo plazo.

Sin embargo, es innegable que estos análisis globales solo tienen validez a escala mundial. A nivel nacional, una actividad armamentista puede resultar provechosa para la economía de algunos países. Así pues las opiniones están divididas. Pero no caben dudas de que los modelos generales no son aplicables a los casos particulares y de que cada situación debe examinarse individualmente. Con todo, sería erróneo creer que una política de armamento con efectos beneficiosos a corto plazo en la economía de un país tendrá las mismas consecuencias para la economía de otro.

El exceso de armamento provoca siempre situaciones de crisis.

Existen diversas formas de desarme –reducción de los gastos militares, supresión de las existencias de armas, eliminación de determinadas armas- naturalmente con consecuencias económicas distintas.

En términos generales se puede afirmar que, si bien una desaceleración de la carrera de armamentos suele tener efectos económicos negativos a corto plazo, a la larga el desarme favorece el desarrollo.

Si se produce el desarme, éste ha de ser general. Por consiguiente, puede tener a corto plazo consecuencias perniciosas para la industria de armamento de los países exportadores. Pero a largo plazo las repercusiones económicas deberían ser positivas, si la regresión económica debida a la reducción de las adquisiciones internas de armamento no tiene efectos irreversibles. Incluso es probable que un manejo adecuado de la reducción de los gastos militares tenga consecuencias positivas para el sector civil de investigación y desarrollo, la productividad real de las economías nacionales y la confianza en las relaciones internacionales de intercambio.

Las ventajas económicas que cabe esperar de un desarme duradero pueden ser considerables a largo plazo. Los modelos econométricos ponen de relieve sus efectos positivos, sobre todo en caso de una transferencia parcial de los recursos así liberados en favor de los países del Tercer Mundo. Dado el carácter improductivo de los gastos militares, es indiscutible que, una vez resuelta la primera crisis de conversión, la nueva situación de paz repercutirá favorablemente en el desarrollo económico mundial.

Es necesario transferir a los países del Tercer Mundo parte de los recursos economizados gracias a la reducción de la carrera de armamentos; por otro es indispensable eliminar las causas primeras de los conflictos armados.

Pero el esfuerzo del desarme solo podrá tener efectos favorables si el ahorro así obtenido no es confiscado por grupos sociales que deciden darle un destino improductivo. Una transferencia solo reviste interés desde el punto de vista económico si se traduce en una actividad altamente productiva.

La ayuda internacional puede tener también efectos perniciosos si lleva a las economías pobres a una destrucción de la producción local y a una dependencia económica progresiva.

Las transferencias de armamentos de los países industrializados a los países del tercer mundo constituyen desde hace mucho tiempo, la mayor parte del comercio internacional de equipo militar. Está claro que los principales productores de armamento se ven enfrentados a un nuevo dilema cada vez más acuciante: ¿ cómo conciliar los intereses económicos ligados a las exportaciones de material de guerra con los imperativos de la no-proliferación y de la seguridad ?.

Proliferación de armas modernas en los países del tercer mundo

Numero de países

La Guerra del Golfo reafirmó la importancia de la superioridad tecnológica en materia de armamentos convencionales (tanto aéreos y terrestres como navales). Ese tipo de material es el que más se produce y se vende en el mundo y los intentos de limitar su comercio son sumamente recientes.

En la época de la guerra fría, el antagonismo este-oeste estimulaba la producción de armas convencionales. Los principales productores eran también, en su mayoría, los principales exportadores. Para esos países, proporcionar armas al tercer mundo era algo que entraba al juego de la competencia bipolar en la que estaban empeñados a escala mundial. Si uno de los dos bloques armaba a un beligerante de cualquier región del mundo, su adversario esta prácticamente seguro de obtener apoyo del bloque contrario. Las superpotencias rivalizaban así por ejercer una influencia en la periferia de su entrenamiento directo, y los protagonistas de los enfrentamientos regionales sacaban partido de esa situación.

Hoy día esa etapa está totalmente superada. Pero no por eso ha cesado el suministro de armas al Tercer Mundo. En el planeta persisten tensiones diferentes de las alimentadas por el antiguo conflicto Este-Oeste y esta situación estimula la demanda de armamentos de algunos Estados en desarrollo.

El Oriente Medio tiene en ese plano particular importancia, pero no es un caso único. La mayoría de los estados de la región del golfo arabo-pérsico han empezado a comprar armas en los mercados internacionales.

Sin embargo es la guerra del golfo la que ha provocado una nueva reflexión y ha dado lugar a diversas iniciativas al más alto nivel para tratar de disminuir las transferencias de armamento hacia el oriente medio. El ejemplo dado por Irak, al que la superabundancia de armamentos motivó a invadir a uno de sus vecinos es muy elocuente en ese sentido.

Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas acordaron reunirse periódicamente a fin de elaborar un código de conducta común en materia de exportación de armamentos convencionales. De esos cinco estados, tomados en conjunto, procede mas del 80% de las exportaciones de armas convencionales hacia el Tercer Mundo en el curso de los últimos diez años.

Como segunda medida, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución de "transparencia" en materia de armamento. Los estados miembros de las Naciones Unidas, deberán en lo sucesivo entregar anualmente un inventario de las importaciones y exportaciones de armamentos que hayan efectuado en los doce meses precedentes.

El hecho de que, en el campo de batalla de la guerra del Golfo, el arsenal Iraquí se volviera contra algunos de sus principales proveedores puso claramente de manifiesto los riesgos que entrañan la carrera de armamentos en el Tercer Mundo.

Los principales productores de armamento se disputan a brazo partido los mercados de exportación.

Más ambiciosos otros Estados siguen empeñados en concebir y producir sus propios armamentos. Tal es el caso de Taiwán. Pero incluso esos países no pueden prescindir de los aportes de tecnología extranjera. Por otra parte ciertos Estados del Sur que hace algún tiempo parecieron poder convertirse en productores de gran envergadura no han logrado, sin embargo, competir con los países del Norte industrializados.

El futuro de las exportaciones de armamentos dependerá, pues, esencialmente de la política de los principales productores.

Los cambios que ha experimentado la estructura política del mundo en estos últimos años han permitido llegar a algunos acuerdos de reducción del armamento nuclear. Pero, al mismo tiempo, la revelación del programa de armamento nuclear que Irak venía realizando desde hace muchos años atrás sin que nadie lo supiera ni lo descubriera, ha reavivado las inquietudes acerca de los riesgos de proliferación nuclear.

Por más de 45 años se ha hecho creer a la gente que el armamento nuclear permitía mantener la paz en Europa. No hay modo de comprobar la validez de este aserto, pero lo cierto es que encontró eco en numerosos países, en particular en los medios gubernamentales.

Numerosos Estados carecen de medios para dotarse de armamento nuclear o no se sienten suficientemente amenazados para hacerlos. Pero son muchos lo que, desean adquirir ese tipo de armamento, lo que lleva a los países vecinos a hacer otro tanto.

El número de ojivas nucleares que era inferior a 12.000 en 1968, se eleva a 55.000 veinte años después.

Nadie sabe quien ni en qué medida controla el armamento nuclear la Ex-Unión Soviética.

La persistencia de la crisis socio-económica, solo puede acentuar los riesgos de "fugas" tecnológicas y de divulgación de la información estratégica.

La transformación de las relaciones políticas entre Estados Unidos y la Unión Soviética es la que abrió realmente el camino de la reducción del armamento nuclear.

Ahora bien, la multiplicación de países poseedores de armamento nuclear solo puede agravar esta disimetría, dando lugar a una inestabilidad favorable a la proliferación.

138 Estados, la mayoría del hemisferio Sur, desde 1978 vienen votando regularmente en las Naciones Unidas para reclamar una convención que prohíba el empleo o la amenaza de emplear armas nucleares. Este sería el medio más radical para desacreditar el armamento de este tipo y debilitar la confianza en su eficacia.

5. Armas Químicas

El gas de cloro fue usado por los alemanes contra los rusos en enero de 1915, y contra los británicos y los franceses en Flandes, tres meses mas tarde. A pesar del desarrollo de las máscaras antigás, ambos bandos hicieron mucho daño con el uso masivo de gases durante la I Guerra Mundial. Los alemanes reemplazaron el cloro con un gas más letal, el fosgeno, y (en 1917) con el gas mostaza, un agente abrasivo que fue usado a menudo durante la contienda. Debido al rechazo suscitado por el empleo de estos gases, se acordó una prohibición internacional de las armas químicas (gases venenosos y nerviosos) en 1925, pero esto no impidió que los iraquíes los usaran contra los rebeldes kurdos en Halabja, en marzo de 1988.

Durante la Guerra del Golfo, en 1991, se temió que los iraquíes utilizaran armas químicas y biológicas (virus) contra las fuerzas de la alianza liderada por Estados Unidos, o contra la población de Arabia Saudí e Israel. Al final, la amenaza no se materializó, pero la inquietud internacional a propósito de la proliferación y abuso de armas químicas y biológicas aún existe. Es posible que actualmente numerosos países estén en posesión de estas armas, a menudo descritas como la "bomba atómica de los pobres".

6. Armas Biologicas

Varios países han desarrollado trabajos de diferente categoría sobre agentes biológicos para que fueran utilizados en la guerra. Seleccionados o adaptados a partir de microbios patógenos causantes de diversas enfermedades que atacan al hombre, a los animales domésticos o a las cosechas de alimentos vitales, tales agentes comprenden bacterias, hongos y virus o diversas toxinas. Los microbios patógenos que causan el botulismo, la peste, la fiebre aftosa y el añublo del trigo se cuentan entre los muchos que pueden ser utilizados contra los ejércitos enemigos o las actividades económicas que les sirven de sustento. La ingeniería genética también ofrece la posibilidad de desarrollar nuevos virus contra los que se carece de medios para establecer una defensa previa.

La guerra biológica a larga escala se ha mantenido en un estado teórico, si bien en la década de 1980 se supo que Japón había utilizado agentes biológicos en China en las décadas de 1930 y 1940. Al comienzo de la década de 1980 surgieron controvertidas acusaciones de que la Unión Soviética en Afganistán, y Vietnam en Laos y Kampuchea (hoy Camboya) estaban usando toxinas fungicidas —en una forma llamada lluvia amarilla— como armas biológicas.

7. Guerra De Las Galaxias

La idea de un sistema de defensa con mísiles basados en el espacio, aporta la promesa de que pueda terminarse con la horrible amenaza planteada por los arsenales nucleares.

El SDI Strategic Defense Initiative (Iniciativa de Defensa Estratégica), proviene de un deseo de proteger a los Estados Unidos de un golpe nuclear Soviético, basado en algo más que en el temor del Kremlin por una represalia norteamericana. El conseguir esa protección significa hallar una manera de interceptar a los Misiles Balísticos Intercontinentales Soviéticos (ICBM) en vuelo. Para conseguirlo, los científicos han sugerido adaptar varias técnicas superavanzadas provistas de laceres, rayos de partículas o proyectiles que puedan ser dirigidos a través del espacio sobre objetos en movimiento.

El presupuesto del SDI para el año en curso es de 1400 millones de dólares, y el SDI costará 26 mil millones de dólares en el correr delos próximos 5 años. Son poco menos de 100 empleados ocupados full time ; la mayor parte de los fondos van a investigaciones de proyectos asignados a empresas privadas o fabricas federales.

La meta de los Estados Unidos será lograr una "defensa impenetrable", destinada a derribar las cabezas nucleares del enemigo durante cada una de las fases de su vuelo.

8. Actualidad

Recientemente el prestigioso diario estadounidense"The Washington Post", ha revelado que Perú estaría dispuesto a gastar 53 millones de dólares en la adquisición de misiles Scud, aquellos de triste fama durante la guerra del golfo, cuando Irak decidió bombardear ciudades de Israel y Arabia Saudita, con un alcance promedio de 540 km, evidentemente de ingresar ese letal ingenio bélico se produciría un grave desbalance en cuanto al equilibrio de fuerzas que mantiene con Ecuador país con el que sostuvo una breve guerra de poco mas de un mes a comienzos del año 1995 por una disputa fronteriza en la cordillera del Cóndor.

De acuerdo con las justificaciones que se escuchan y leen en Lima, la medida constituiría una respuesta a la anunciada adquisición de cazabombarderos Israelíes K-fir por parte de Quito, hecho que representaría una desventaja que puede costarle caro a Perú si Ecuador reinicia sus hostilidades en la frontera amazónica.

Por su parte las fuerzas armadas ecuatorianas han manifestado preocupación por informes de inteligencia que revelan que su vecino está adquiriendo armas y otros elementos de guerra ( aviones, helicópteros, tanques, transportes y algunos barcos) por 1500 millones de dólares. Esta compra representaría prácticamente una renovación total de sus arsenales.

Resulta lamentable para el espíritu de unidad americana que Perú y Ecuador hayan comenzado a transitar el peligroso camino del armamentismo desenfrenado. Con un destino común, (destruir el desarrollo de sus pueblos a favor de un futuro de promisión) y escollos que, como el atraso económico y social, lejos de ser paulatinamente superados, parecen adquirir cada vez mayores dimensiones, resulta una verdadera insensatez iniciar una carrera armamentista de tal nivel. Es de esperar que el sentido común prime sobre el delirio y que el verdadero patriotismo ayude a dejar de lado perniciosos sentimientos de revancha colectiva.

No tendrá el esplendor de otros tiempos, pero el negocio de las armas sigue siendo rentable en el planeta. Hay por lo menos 20 focos de guerra en este momento en distintas partes del mundo. El auge de las guerras focalizadas está haciendo pasar por uno de sus mejores momentos al comercio internacional de armas. Una paradoja, ya que la industria armamentista atraviesa una de sus peores épocas. Mientras las grandes industrias bélicas cierran sus puertas y despiden a cientos de miles de técnicos y trabajadores, los traficantes de armas disponen de grandes arsenales a precios de liquidación. Se sabe que entre 1987 y 1992 los gastos militares mundiales cayeron en 120.000 millones de dólares, de los que 90.000 millones corresponden al ahorro de EEUU y Rusia. La industria armamentista perdió 300.000 puestos de trabajo entre 1988 y 1991 en EEUU y los países de la comunidad europea también sacrificaron mas de 100.000 empleos.

Esta descripción no significa que la industria de guerra valla a desaparecer sino que desde hace un tiempo ha entrado en un periodo de reconversión de la que nacerá la nueva producción militar, adaptada a experiencias como el conflicto del Golfo Pérsico, y con un elevado componente de tecnología informática y electrónica.

La reconversión es la palabra maldita en la industria armamentista, en los hechos significa que millares de hombres quedan sin trabajo de un día para el otro, mientras todos ruegan para que aparezca un ingeniero genial que permita fabricar rápidamente refrigeradores familiares o juguetes mecánicos en las mismas plantas de montajes que producen ametralladoras o misiles.

Muchas bases de la industria militar Norteamericana tuvieron la secreta esperanza de que en las penúltimas elecciones ganara George Bush para que el pentágono contara con un abultado presupuesto de guerra a pesar de la eliminación de su enemigo comunista, pero la victoria de Bill Clinton acabó con las ilusiones. Clinton estimó que entre 1993 y 1997 EEUU debió invertir no más de 1 billón trescientos sesenta mil millones de dólares en gastos militares, un recorte de 60.000 millones sobre la estimación preliminar de Bus para este período. La diferencia es algo mayor que la deuda externa Argentina hacia 1993 y golpea particularmente a los fabricantes de armas, ya que los gastos de personal u mantenimiento de bases representan un gasto difícil de reducir.

El consumo de armas en los Balcanes es muy veloz porque los milicianos gastan rápidamente lo que un soldado profesional puede conservar en bien estado durante mucho tiempo. Desde el punto de vista de los traficantes de armas se explica entonces que ellos prefieren las guerras civiles a los conflictos internacionales, donde los estados recuperan plenamente su papel. En resumidas cuentas, que los comerciantes de la muerte están de parabienes en este sangriento desorden mundial que, según ha sido prometido, es la antesala del nuevo orden mundial.

9. Fabricantes De Armas

Una encuesta realizada en junio del 99 mostró que 73% de los habitantes de Estados Unidos está a favor de controles más estrictos para la tenencia de armas.

Mas de 20 ciudades iniciaron acciones legales en las que culpan a la industria de las armas de la asombrosa cantidad de bajas producidas por la violencia urbana con armas de fuego y están tratando de conseguir cientos de millones de dólares de indemnización por daño.

El uso de armas para cometer delitos representa mucho menos que el 1% de las armas y municiones vendidas. La oficina de alcohol, tabaco y armas de fuego (ATF) respalda el control obligatorio de antecedentes en las exposiciones de armas.

Debido a que casi todas las grandes fábricas son empresas de propiedad privada que se manejan con reserva, poco se sabe de sus ganancias o de su facturación, pero por lo menos desde hace una década el mercado interno de armas de fuego viene en lenta retirada, principalmente por la declinación de la Caza deportiva. La producción de armas en los Estados Unidos alcanzó su pico de 5,7 millones de dólares en 1980 y promedió aproximadamente 4 millones de unidades anuales entre 1995 y 1997.

El mercado de armas es ferozmente competitivo. En 1997 Smith & Wesson, el principal fabricante de pistolas, se quedó con solo el 19% del negocio. Las 10 empresas que lo siguieron se dividieron entre ellas 36% del mercado, dejando 45% a las importaciones y a los más de 40 pequeños productores restantes. Sturm, Ruger & Co., la única fábrica que cotiza en la Bolsa en los Estados Unidos, ganó solo 23 millones de dólares el año pasado, sobre una facturación de 212 millones de dólares, y estas ganancias incluyen las de los negocios de la firma no vinculados con las armas. Colt’s, que se hundió en la bancarrota en 1994, el año pasado tuvo ganancias de aproximadamente 6 millones de dólares sobre ventas por valor de 96 millones de dólares.

El futuro nunca fue tan incierto para la industria manufacturera más antigua de los Estados Unidos.

El Colt 45 no se venderá más en las armerías. La fabrica que tiene 197 años, teme a los juicios contra la venta de armas en EEUU y producirá solo para coleccionistas, la policía y las fuerzas armadas. La Colt 45. Inmortalizada por John Wayne y convertida en mito por los cowboys en el far west, se dejará de producir. Ahora Colt tendrá que despedir a 300 de sus 700 trabajadores. En sus años de historia, la empresa Colt pasó por varios períodos de bonanzas y depresión. Su primera bancarrota fue en 1842, cuando apenas había nacido, No obstante, Samuel Colt murió a los 47 años millonario, su viuda vendió la empresa en 1901, al calor de las dos guerras mundiales siguió creciendo. Pero en 1955 comenzó otra vez a tener problemas. Entonces la salvó el famoso fusil M16, que fabricó para las fuerzas armadas, después la guerra de Vietnam la hizo florecer pero en los años 80 entró otra vez en crisis. En 1998 tuvo ventas de 96 millones de dólares.

10. El Negocio De Las Armas

La noticia de la victoria norteamericana sobre Irak fue un tónico largamente esperado por las más importantes empresas vinculadas a la defensa. Los representantes de la industria se percataron de que los clientes extranjeros golpearían a sus puertas procurando comprar los armamentos vencedores.

Estos son tiempos pendencieros en el bazar internacional de las armas. Los países del Medio Oriente no terminaron de recobrarse de la guerra, pero sus gobiernos ya piensan como prepararse para la próxima. Y los fabricantes de armas de Europa, Estados Unidos y Rusia corren, cabeza a cabeza, ha satisfacer los pedidos. La administración Bush se expidió a favor del control de armas en lo referente a misiles balísticos y armas químicas y nucleares, pero cuando se trata de armas convencionales, como tanques y aviones, la política norteamericana sigue siendo permisiva.

Los esfuerzos por limitar el tráfico de armas son tan viejos como el mismo tráfico. Después de la Primera Guerra Mundial la liga de las naciones produjo un informe culpando de la contienda al voraz trafico de armas, pero los esfuerzos en pro del desarme no llegaron a nada. El surgimiento de la Alemania nazi demostró que las restricciones unilaterales no impiden que las naciones se armen a sí mismas. En 1977 el presidente Carter trató de limitar la venta de armas convencionales, pero desistió cuando los soviéticos invadieron Afganistán. El misil norteamericano tierra-aire Stinger resulto un arma clave en el arsenal de los rebeldes afganos.

Uno de los factores que impulsan actualmente al bazar de las armas es la finalización de la Guerra Fría. En cuanto los Estados Unidos, la Unión Soviética y Europa Occidental reducen sus compras militares, sus fabricantes de armas protestan por la capacidad ociosa. Necesitan clientes de ultramar para mantener su base industrial.

En la Unión Soviética, que es el más grande exportador de armas, la política y los beneficios impulsan un renovado interés en la venta de armas.

Actualmente las ventas de armas de la Unión Soviética son indiferentes a la ideología.

El tercer vendedor de armas, Francia, también se preocupa. Durante la década de 1980 Irak fue el mejor cliente de Francia. Paris perdió la cuenta de Bagdad, pero la mayoría de los productos franceses, elaborados en fabricas estatales emergieron exitosamente de la Guerra del Golfo. Los franceses se vieron inundados con pedidos de Arabia Saudita, Bahrein, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

China planea intensificar sus ventas de armas para hacerse del dinero necesario para modernizar sus fuerzas armadas. El comercio de armas representó para Pekín mas de 12 mil millones de dólares en el decenio de 1980, mas de la mitad de los cuales se originaron en el abastecimiento a ambas partes durante la guerra Irak-Irán. Las armas chinas son, en general, actualizaciones de anticuadas tecnología soviética, atractivas solamente para países que no pueden pagar nada mejor.

La Casa Blanca anunció sus deseos de que el Export-Import Bank garantice la venta de armas a países de la OTAN, Japón, Israel y Australia. Pero, el congreso sospecha que se extenderán a países del tercer mundo que, con frecuencia, terminan no pagando y dejándole la adición al contribuyente norteamericano.

11. Trafico De Armas

El trafico ilegal de armas livianas, es un negocio de más de 1000 millones de dólares que alimenta guerras y crímenes, y que causa un millar de muertes diarias. Se estima que más de 500 millones de armas ligeras, una de cada doce en el planeta, son accesibles en mercados negros, y llegan frecuentemente a manos de soldados niños. Algunos países no quieren perder esta fuente de ingresos y otros consideran cualquier medida relevante como una violación a su derecho de defenderse. El trafico de armas es el segundo negocio ilícito después del de las drogas.

Las armas pequeñas fueron las predilectas en 46 de los 49 conflictos armados desde 1990, contribuyendo a cuatro millones de muertes, el 80% de las cuales fueron mujeres y niños.

12. Conclusión

A lo largo de unos 250.000 años –hacia mediados del Pleistoceno nuestros antepasados inventaban ya toscas armas que empleaban contra los animales y contra sus semejantes- la historia de esas armas ha sido la historia de la progresión constante de su invención, de su mejoramiento y de su perfeccionamiento, lograda con tan fértil ingenio maléfico que cabe preguntarse si no es el cerebro humano la más mortífera de las armas.

13. Bibliografía

  • Artículos extraídos de los Diarios: Clarín, La Capital, La Nación
  • Artículos extraídos de las Revistas: Somos, el Correo de la UNESCO
  • Internet : www.monografías.com
  • Enciclopedia Microsoft Encarta 2002

 

 

 

 

Autor:


Norberto Dettler

Partes: 1, 2


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