En la Provincia de Buenos Aires, a 67 kilómetros al oeste de la Capital Federal, a la vera del río homónimo, se encuentra ubicada la localidad de Luján, nombre que recuerda al sobrino de Don Pedro de Mendoza, el capitán Pedro Luján, muerto en lugar cercano por los indios, el 15 de junio de 1536.
Luján se encuentra entre los 34° y 35° grados de latitud sur y a los 59° de longitud oeste. Tiene una superficie 787,20 kilómetros cuadrados. Sus limites son: al norte, Exaltación de la cruz; nordeste, Pilar; este, General Rodríguez; sudeste, General Las Heras; sur, Navarro; sudoeste, Mercedes; oeste, San Andrés de Giles.


Luján es una ciudad de fácil acceso ya que cuenta con distintos medios
de transportes para llegar a ella. A continuación veremos un plano con las rutas y el ramal de ferrocarril de la línea Sarmiento que son las variantes para conducirnos a dicha ciudad.
En determinado momento, algunos sostuvieron que el nombre de Luján derivaba de la nación de los indios "Lojaes", mientras que otros, basados en antiguos documentos, afirmaron que el río ya llevaba el nombre de HUYAN o SCHUYAN.
Pero la discusión quedó cerrada, o más bien aplastada por el peso de la tradición, o de la versión histórica más aceptada, la que afirma que el río lleva el nombre del capitán español que perdiera la vida en sus orillas , luego de la batalla que las fuerzas de los conquistadores perdieran contra los indios querandíes, un 15 de junio de 1536, un día en que se celebraba la festividad del Corpus Christi.
La historia cuenta que los belicosos indios muy poco se hicieron esperar para incendiar las naves y el caserío de los intrusos, y fue entonces, cuando al mando de Diego de Mendoza, el hermano del Adelantado, unos 300 españoles salieron en son de escarmiento y en busca de víveres, hasta que al encontrarse con los indios sufrieron una derrota que les ocasionó 38 bajas, entre las cuales se contaba al hermano del conquistador (Diego), el capitán Luján, y a otros ilustres hidalgos.
Fue entonces, durante el fragor de la batalla, cuando el caballo de Pedro de Luján se disparó sin que este pudiera sujetarlo por encontrarse mal herido; y llegando a la orilla derecha de un río que hoy lleva su nombre, el hidalgo caballero español cayó ya sin vida, siendo sus huesos encontrados días después y su caballo pastando en las cercanías.
Según los estudiosos, el combate debió librarse no muy lejos de donde 100 años más tarde se produciría la milagrosa detención de la carreta, y el capitán Luján, habría venido a morir muy cerca de un paraje llamado años más tarde "El Árbol Solo", en donde tiempos después nacía la gran ciudad mariana de Luján.
Desanimados por la bravura de los querandíes y ya sin naves, los conquistadores no tardaron en abandonar el fuerte, emprendiendo la retirada por tierra, dirigiéndose hacia el interior del continente con la esperanza de encontrarse con Pizarro que se hallaba abocado a la conquista del Perú.
Luego de 44 años en 1580, los conquistadores vuelven a la carga, esta vez a las órdenes de don Juan de Garay, quien fundó un nuevo fuerte en el mismo lugar en donde lo había hecho don Pedro de Mendoza. Y fue en ese mismo momento cuando comenzó a repartir tierras entre sus acompañantes. Y un límite natural para la citada distribución de "suerte de estancias", lo constituía nuestro río, el cual a la llegada de Garay, ya era llamado con el nombre de Luján.
Recordamos entonces que , el río se llamaba Luján; a la zona se la denominó "Valle de la Muerte", "Valle de la Matanza", o "Valle de Corpus Christi"" (por la batalla de 1536) y a este lugar que hoy ocupamos como ciudad, se la llamó "El Árbol Solo", en función de un inmenso sauce solitario que sirvió de referencia territorial para el reparto de tierras.
La razón por la cual debieron transcurrir más de 50 años, desde el primer reparto de tierras, hasta que en el paraje llamado "El Árbol Solo" se estableciera el primer español, puede hallarse al comprender que ni la gran extensión de tierras asignadas, ni la riqueza natural que ellas ofrecían, ni la abundancia del ganado vacuno y caballar, resultaron elementos suficientes para que los conquistadores vieran sus sueños realizados. Porque la soledad de estas tierras, más el constante acecho de los malones, en la mayoría de los casos, hacía que los improvisados estancieros decidieran cambiar sus extensas tierras por un poco de tranquilidad, que encontraban en Buenos Aires.
Y por este motivo las tierras volvían a ser asignadas y nuevamente abandonadas.
No obstante, en cada nuevo intento, cada estancia se transformaba en un puesto de avanzada, en un puesto de frontera; y al organizar su propia defensa, se convertía virtualmente en un fortín.
La Basílica Nacional Nuestra Señora de Luján, se encuentra ubicada frente a la plaza Belgrano, en la manzana circundada por las calles San Martín (frente), Padre Salvaire (lateral derecho), Bartolomé Mitre (contrafrente) y 9 de julio (lateral izquierdo).
A continuación podemos ver la ubicación de la Basílica en el plano.

Calles circundantes
San Martín: es la calle principal de Luján, pasa por el frente de la Basílica. Hace referencia al Libertador de la Argentina, Chile y Perú.
Don José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, en la Provincia de Corrientes. En 1785 viajó con sus padres a España, allí estudio la carrera militar y llegó al grado de Coronel. Las informaciones de que la Revolución de Mayo de 1810 había dado lugar a la formación de un Gobierno Patrio, lo lleva a renunciar al Ejercito Español y regresar a su Patria.
Acompañado por otros Patriotas que también deseaban participar en la causa de la América libre, llega a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812. En este mismo año contrae matrimonio con Remedios de Escalada, con quien tuvo su única hija, Mercedes.
Crea el Regimiento de Granaderos a Caballo y el 3 de febrero de 1813 vence a los realistas en el llamado Combate de San Lorenzo. En 1815 inicia la formación del Ejército de los Andes, asciende a General y prepara sus fuerzas para lograr la Libertad de América. El 12 de febrero de 1818 derrota a las fuerzas realistas, en lo que fue conocido como el Combate de Chacabuco. El 5 de abril de 1818 se produce otro enfrentamiento entre el ejercito de San Martín y las fuerzas realistas; el triunfo del Ejercito de los Andes hace que Chile sea libre. En la Batalla de Maipú es en la que se lleva a cabo el abrazo entre el General San Martín y O’Higgins. El 28 de julio de 1821 se juró la Independencia en Perú, después de terminar con las fuerzas realistas. En 1823 regresa a Buenos Aires, para atender a su hija Mercedes, ya que su esposa había fallecido. El Libertador, enfermo y sin recursos, se embarca junto a su hija rumbo a España. En 1832 su hija se casa con Mariano Balcarce. En 1848 se traslada al sur de Boulogne. Allí muere el 17 de agosto de 1850, a los 72 años de edad. Sus restos fueron repatriados en 1880 y descansan en el Mausoleo de la Catedral de Buenos Aires, donde los Granaderos le rinden custodia y homenaje permanentemente.
9 de Julio: Pasa por el lateral izquierdo de la Basílica. Hace referencia al día de la declaración de nuestra Independencia. En el año 1816, los realistas se preparaban para atacar desde distintos frentes, querían recuperar estas tierras.
Cuando se convoco al Congreso de Tucumán, las Provincias Unidas del Río de la Plata, era la única de las colonias españolas en América donde se mantenía el Gobierno surgido de la Revolución emancipadora de 1910. El congreso de Tucumán inició sus sesiones el 24 de marzo de 1816. El Congreso estaba integrado por diputados de todas las Provincias, menos los representantes de las Provincias que se hallaban en la Liga de Artigas. Luego de mucho disentir, y bajo la influencia de Belgrano y San Martín, se declaró la Independencia el 9 de julio de 1816, siendo Presidente del Congreso Francisco Laprida, el secretario Juan José Paso, quien preguntó a los diputados "si querían que las Provincias Unidas fuesen una Nación libre e independiente de los Reyes de España y su metrópoli".
La respuesta afirmativa fue unánime. Así fue como comenzamos a ser definitivamente un nuevo país.
Padre Salvaire: Esta calle recorre el lateral derecho. Hace mención al Sacerdote que propulsó la magnifica construcción de la Basílica Nacional de Luján.
(Más adelante detallaremos su vida y obra)
Bartolomé Mitre: Pasa por el contrafrente de la Basílica. En honor al Gobernador de Buenos Aires, Presidente de la República, fundador de la Unión Cívica Radical y General de los ejércitos de la Patria. Tras el triunfo de Nicolás Avellaneda en las elecciones presidenciales de 1874, se sublevó y fue tomado prisionero asignándole como cárcel el edificio del ex Cabildo de Luján.
Complejo Museográfico "Enrique Udaondo"
El Complejo Museográfico está dividido en cuatro áreas, donde encontraremos distintas expresiones del pasado de la Villa de Luján, de los aborígenes, gauchos y personalidades importantes de nuestro país. En todas las dependencias del complejo existen testimonios de las etapas fundamentales de nuestro pasado. En sus patios estuvieron detenidos el Capitán Carr Beresford y el Coronel Pack, ambos jefes británicos durante las Invasiones Inglesas. Como también, pero en los calabozos de la antigua cárcel del Cabildo, que podremos observar en su estado original, estuvieron detenidos Cornelio Saavedra, Bartolomé Mitre y el General Paz. También estuvieron detenidos los hermanos Reynafé y Santos Pérez, acusados del asesinato de Facundo Quiroga.
La arquitectura de cabildo es de estilo colonial, tiene cinco arcos en la parte inferior, que forman una galería, y cinco en la parte superior.
Cuenta la historia, que en el arco principal eran colgados los ladrones y asesinos, para que toda la población los viese y no imitasen sus actos delictivos.
Tiene una campana que servia para anuncios importantes o en caso de peligro.
La casa-cabildo y la cárcel comenzaron a construirse en 1770. En 1821, por decreto de Bernardino Rivadavia (quien había pasado parte se su infancia en Luján), los Cabildos cesaron sus funciones, desde esa época, el edificio paso a ser sede del juzgado de paz, de la comisaría y mas tarde de la administración municipal, hasta 1910.
A punto de ser demolido en 1917, el entonces comisionado municipal Domingo Fernández Beschtedt, logro qué el gobernador Cantilo destinara el edificio para crear allí el Museo Colonial Histórico.
Don Enrique Udaondo, fue su director "ad honorem"desde el 12 de octubre de 1923, año en el que el museo fue fundado, hasta su muerte en 1962.
Don Enrique Udaondo, fue autor de importantes libros, consagro su vida a los museos, bibliotecas populares y a difundir el valor de la historia.
Vendió una de sus estancias para construir un pabellón de este complejo y muchas de las "donaciones" que lograba, en realidad habían sido compradas con su propio dinero.
Investigar el pasado y conservar sus testimonios lo llevaron a ocupar los cargos mas altos. Fue pionero de la museologia Argentina.
Actualmente forma parte del complejo museográfico anteriormente mencionado. Fue construida en 1772 siendo una de las edificaciones mas antiguas de este territorio.
Recibe este nombre en el año 1806 cuando el Virrey Sobremonte se aloja en ella, cuando en su huida hacia Córdoba con los tesoros del Fuerte debido a las invasiones inglesas, debió detenerse en esta villa por el mal estado de los caminos.
Esta propiedad fue sede del Real Estanco de Tabacos, Oficina de Recaudación de Impuestos y mas tarde pulpería. Desde 1829 paso muchos años de su vida un gran sabio de la historia nacional, Don Francisco Javier Muñiz, docente, pionero de la medicina Argentina, Diputado, Senador y Soldado de la Patria. Fue conocido mundialmente ya que sus investigaciones ayudaron a descubrir la vacuna antivariólica.
Hoy declarado Monumento Histórico Nacional, tuvo varios dueños hasta fines del siglo XIX. Por aquellos años se creía que en las casas antiguas, que habitan habitado personas de fortuna, en iglesias o conventos, que se consideraban construcciones o sitios seguros, habría dinero u otros objetos de valor enterrados en lugares secretos, especialmente en tiempos de guerra o revoluciones. Por esta teoría se afirmaba que los dueños de grandes riquezas escondían sus pertenencias de valor en el piso o en los muros del edificio, por miedo a los posibles saqueos.
Basados en esta teoría muchos se enriquecieron encontrando verdaderos tesoros ocultos en antiguas construcciones, no siendo el caso de los que adquirieron, en 1889, "La Casa del Virrey" suponiendo que en ella hallarían enterrado el tesoro que el Virrey podría haber escondido en su huída a Córdoba.
En 1894 se convirtió en imprenta, que fue llamada "La Justicia", más tarde fue sede del Circulo Católico de Obreros, y finalmente pasó a formar parte del museo.
Esta se encuentra circundada por las calles San Martín, 9 de Julio, Lavalle y Lezica y Torrezuri. Ubicada frente a la Basílica Nacional, sitio de descanso para los peregrinos.
La tierra que ocupa actualmente la plaza, era propiedad de Doña Ana de Matos. Su primer nombre fue Plaza Real, por que antiguamente pasaba el Camino Real, por lo que hoy es la calle San Martín.
En esta plaza se realizaban corridas de toros y se jugaba al pato.
Mas tarde se la llamo Plaza de La Justicia, por que allí se azotaban a los delincuentes o se les dictaba la pena de muerte.
En 1856 tras sancionarse la primera Constitución, el antiguo Camino Real comienza a llamarse Constitución, como también lo que era hasta ese momento la Plaza de La Justicia. Fue en esta misma plaza donde dos años mas tarde se erigió el primer monumento al General Manuel Belgrano.
En la Plaza se encuentra el Hito Nro. 0 de la argentinidad. Este monumento fue inaugurado el 15 de agosto de 1974, en homenaje a los primeros hombres que defendieron la libertad.
Se encuentra también la Fuente de los Deseos, inaugurada el 23 de Marzo por los amigos de Plaza Belgrano, que actualmente se encuentra enrejada para evitar saqueos.
En frente de la Basílica se encuentra un mástil, donde todos los domingos a las diez de la mañana se iza la Bandera Argentina.
En el centro de la Plaza se encuentra la estatua ecuestre, realizada en bronce, la cual muestra al General Belgrano portando, con su brazo derecho en alto, la bandera de su creación. Posee un basamento de cuatro metros de altura, el que es un prisma de granito de Bélgica. Al frente presenta una alegoría tallada en piedras, en relieve, compuesta por el escudo, laureles, espadas cruzadas y la leyenda "Dios y Patria". Además se lee "Al General Belgrano el Pueblo de la Villa de Luján. MCMXXX".
Dos excelentes bajorrelieves hechos en fundiciones francesas, muestran en el lateral derecho, la muerte del creador de la bandera, y en el lateral izquierdo, al General conduciendo a su ejercito a la batalla.
El 25 de mayo de 1910 se había colocado la Piedra Fundamental del monumento. No obstante, mediante suscripción popular, el mismo se concretó un año mas tarde.
Al comenzar el año 1930, se prevé la inauguración para el día 7 de septiembre. La revolución del 6 de septiembre impidió la concretación del acto, que se llevó a cabo el 16 de noviembre de 1930, previa noche de gala en la municipalidad.
En la ocasión estuvo presente el nieto del prócer, Sr. Mario Belgrano.
En aquellos años, se contaba con dos caminos para dirigirse hacia las Provincias del Norte; uno era el antiguo, que seguía poco mas o menos el recorrido de la actual Ruta Nacional N° 8; y el otro era el nuevo que marcaba su recorrido de manera casi idéntica que nuestra actual Ruta Nacional N° 7. En 1663, el camino nuevo fue oficializado al mismo tiempo que se declaraba en desuso el antiguo camino, por el cual transitó la carreta del milagro con rumbo a la casa de un estanciero sumampeño, en donde comenzó a gestarse el prodigio que dio origen a nuestra ciudad de Luján.
Y es en un nombre, el de Antonio Farías de Sáa, hasta donde llega las raíces mas remotas de esta historia; llegan hasta el mismo momento cuando este caballero portugués decidió construir una capilla en su propiedad, para dedicarlo al culto de María.
Debió haber llegado a América en los albores de los años 1500, y por lo que después se verá, debemos suponer que Farías lo hizo arribando a las costas norteñas del Brasil.
Según pudo confirmarse, al poco tiempo se radicó en la ciudad de Córdoba, en donde sus progresos económicos le permitieron reunir la suma necesaria como para convertirse en propietario de una extensa fracción de tierras en Sumampa, jurisdicción de Córdoba de Tucumán, hoy provincia de Córdoba. Fue entonces, cuando el portugués, soñó con tener una capilla propia para dedicársela a la Imagen de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María.
En consecuencia, con tal propósito, es casi seguro que a mediados del mes de julio de 1629, encontrándose en el puerto de Buenos Aires, Farías le entregó una carta a un capitán de navío, persona de su amistad, para que éste la pusiera en manos de otro amigo suyo, un portugués del cual nunca se supo el nombre, pero que se da por seguro que residía en Pernambuco, en las costas norteñas del Brasil, zona en la cual, seguramente Farías habría vivido por algún tiempo.
En aquel legendario mensaje, el estanciero sumampeño le pedía a su amigo de Brasil, que le enviara una imagen de María, sabiendo que aquella zona de Brasil era famosa por la fabricación de las mejores imágenes religiosas construidas en terracota.
En virtud de dicho encargo, nunca se supo porque razón pero lo cierto fue que el paisano del Brasil, en lugar de una, le mandó dos imágenes a su amigo de Sumampa. Una, conforme lo había solicitado Farías, era la de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, y la otra, era una réplica de la Madre de Dios con el Niño Jesús en sus brazos, que fue la que realmente si llegó a destino, es decir, a Sumampa.
Y finalmente, llegó aquel 21 de marzo de 1630, día en que el navío "San Andrés" arribo al puerto de Buenos Aires, transportando a las dos Sagradas Imágenes cuidadosamente embaladas, cada una en su respectivo cajón, para que, no sufrieran rotura alguna en tan largo viaje. Pero los problemas no se hicieron esperar demasiado, ya que todas las mercancías del navío fueron decomisadas en la Aduana, y tanto Andrea Juan como todos sus acompañantes fueron detenidos, posiblemente por tratarse de un asunto de contrabando. Pero la oportuna intervención de Bernabé González Filiano, de gran poderío económico en aquellos tiempos, hizo posible que todos fueran liberados y que pudieran proseguir con el itinerario preestablecido. Y es probable que fuera en ese momento, cuando el africano de nombre Manuel que vino en aquella embarcación en condición de esclavo adquirido en el Brasil, se halla venido con Filiano a cumplir servicio en la estancia que éste poseía a orillas del río Luján.
Por lógica, debieron haber tomado por el camino nuevo, es decir, el que pasaba por donde hoy es nuestra ciudad, pero seguramente que, razones de amistad, o de tratos comerciales con Filiano, hicieron posible que las carretas se condujeran por el antiguo camino. Fue así que, al anochecer del primer día, la caravana se detuvo junto al río de las Conchas, en un lugar llamado años más tarde Paso Morales (hoy partido de Morón) y una vez reanudado el camino y vadeado el río, llegaron al atardecer del segundo día, a orillas del río Luján, haciendo noche en la propiedad que estaba a cargo de Bernabé González Filiano, pero que se conocía como la estancia de Rosendo, y cuya casa se hallaba un poco al norte de donde se encuentra la ciudad de Pilar, en un lugar hoy llamado Villa Rosa, y en donde actualmente se alza una ermita evocativa de aquel milagroso suceso.
Cuando las primeras luces del nuevo día comenzaron a asomar, inician los preparativos para continuar con el recorrido. El conductor de las Sagradas Imágenes, unció sus bueyes al yugo; y cuando atados ya al carretón intentaba seguir, es aquí que sucedió, que el vehículo se negaba completamente a seguir; el carrero atribuyó que los bueyes estarían cansados y que el camino estaba pesado. Y así dispuso que se atasen otras yuntas de bueyes que los ayudasen a arrancar el carretón del sitio en el que estaba detenido, aunque se puso todo el esfuerzo para excitar los animales todo fue en vano.
No comprendiendo todavía los circunstantes, aconsejaron al dueño descargar del carretón los bultos que llevaba. Y así se hizo, y al punto le movieron los bueyes con mayor facilidad. Admirados todos los testigos de tan singular novedad, le preguntaron al conductor, que era lo que llevaba allí que pudiese servir de impedimento a su viaje; y le respondió que iban dos Imágenes de la Santísima Virgen.
Le dijeron que embarcara nuevamente los dos cajoncitos en el carretón, para cerciorarse sí el estorbo venia de ellos. Los subieron a la carreta y luego trataron de hacer caminar los bueyes; pero volvieron a hallarse con el impedimento primero.
Ante tan inexplicable suceso, algún individuo de los presentes, le dijo al conductor que saque uno de los cajones de la carreta, así se hizo pero en vano; porque por más que tiraban los bueyes, y a pesar del menor peso y de no estar atascadas las ruedas, el carretón permaneció inmóvil. Entonces se procedió a trucar los cajones, y sin más estimulo tiraron los bueyes cómodamente y sin ninguna dificultad moviéndose el carretón.
Insinúo entonces alguno de los asistentes, que este portento no podía significar otra cosa sino el adorable designio de la Divina Providencia, por el cual manifestaba su voluntad de que se quedase en aquel mismo paraje, la Imagen de la Santísima Virgen encerrada en aquel cajón.
Uno de los asistentes, no sin profunda emoción, sí, con muy legitimo estremecimiento procedió a la apertura del cajón; y todos fueron testigos de que el tesoro que contenía era bien en efecto, como lo había declarado el portugués conductor del carretón, un bello simulacro de bulto de la Purísima Concepción de la Virgen.
Estuvieron algún tiempo suspensos, llenos de alegría ante la Sagrada Imagen y resolvieron llevarla todos juntos y con el mayor respeto a la propia morada de Don Rosendo. Formaron, con este fin, todos los asistentes una procesión sencilla y acompañaron así formados a la Santa Imagen.
Llegados a la humilde morada de Don Rosendo, depositaron la imagen en el aposento más decente de ella, y habiéndola colocado en el rústico trono que, en medio de sus alcances, le improvisaron, de nuevo se postraron unánimes a rendirle homenaje.
Después prosiguieron camino hacia su destino, llevándose consigo aquella otra imagen destinada a la ermita de Sumampa.
Precisar el lugar exacto y el año en que se produjo el milagro no fue tarea para nada sencilla, sino todo lo contrario.
Y un dato que por mucho tiempo se manejó incorrectamente, fue el nombre de Rosendo de Oramas, el cual, en realidad, nunca existió, aunque haya algo de verdad en todo esto, ya que de esta historia tomaron parte dos personas: un tal Rosendo y un tal Oramas.
No caben dudas de que el milagro sucedió en la estancia de Rosendo, como siempre la llamó la gente, y que la misma estaba a unas cinco leguas de nuestra actual Basílica Nacional, pero no en la Cañada de la Cruz, en las inmediaciones del actual pueblo de Villa Ruiz, sino que estaba ubicada en un paraje hoy denominado Villa Rosa en el partido de Pilar. Y si bien siempre se la llamó la estancia de Rosendo, se debe de tener muy presente que la misma fue administrada por Filiano y más tarde por Oramas, porque aquí nació la tradición oral nos trajo un nombre inexistente: el del legendario Don Rosendo de Oramas.
Tomas Rosendo era natural de Valladolid de España e hijo también de padres Vallisoletanos. Llego Tomas a estas regiones del Plata en 1616, después de haber estado en Potosí y aquí se caso en 1617 con doña Francisca de Trigueros Enciso hija de Diego Trigueros y Caro.
Tomas Rosendo ejerció el cargo de regidor de nuestra Ciudad hasta el año 1621, en el que fallecía atacado por una terrible peste que atacó a Buenos Aires. Tuvo un único hijo: Diego Rosendo Trigueros.
Doña Francisca de Trigueros Enciso al enviudar, se caso por segunda vez con Bernabé González Filiano, de origen canario. Este hizo gran fortuna con el comercio de contrabando y sus bienes, unidos a los de su mujer, constituyeron la tercera fortuna de la Ciudad con 9 estancias y 24 esclavos. De este segundo matrimonio vinieron al mundo cuatro hijos: tres mujeres y un varón, llamados Juan, Isabel, Basilia, Magdalena. Esta ultima moriría infante.
Falleció Bernabé González en 1645 y su mujer lo siguió 4 años más tarde, extendiendo su poder testamentario en favor de su hijo Diego Rosendo.
Dicha estancia era un bien patrimonial y Diego Rosendo entro a ejercer las responsabilidades de propietario cuando llego a la mayoría de edad. Diego Rosendo fue licenciado en cánones y teología y lo ordeno de prebisterio el obispo Cristóbal de la Mancha en 1648. Estuvo varios años de cura en la Catedral de Buenos Aires y paso luego a Corrientes y Santa Fe, con el mismo cargo. Murió en esta ultima ciudad declarando por herederos a sus hermanos los Oramas.
Los tres restantes heredaron al morir Diego Rosendo su fortuna; pero desde muchos años antes de la muerte de Diego, acaecida en 1680, ya Juan de Oramas administraba los bienes de su hermanastro a voluntad y beneplácito, por un amplio poder que aquel le otorgara.
Juan de Oramas fue, como su hermanastro, cura de la Catedral de Buenos Aires por espacio de muchísimos años y en dicho puesto lo halla la muerte en 1706.
Diego Rosendo en su minoridad quedó al cuidado de su padrastro Bernabé González Filiano y fue este quien cuidó de su estancia de Luján y quien atendía en la fecha del milagro.
A partir del momento del milagro, los fieles comenzaron a llegarse hasta la casa de Filiano para visitar a la Sagrada Imagen e implorar ente ella el amparo de la Madre de Dios. Fue así que en consecuencia, el dueño de casa consideró necesario construir un oratorio a un costado de la casa, el cual no era más que un modesto ranchito de barro y paja, con una cruz en lo alto que lo distinguía en aquellos despoblados lugares.
La Santa imagen, estaba colocada en un nicho que descansaba sobre el rústico altarcito, y si bien estaba blanqueado el interior, la luz que penetraba era escasa y sólo brindaba una semipenumbra que predisponía para el recogimiento y la oración.
El Oratorio de Rosendo, como lo llamaba la gente, en 1663 comenzó a los peregrinos al tiempo que el nombre de la Virgen del Río de Luján, se divulgaba cada vez más.
El Primer Propagador del Culto
En aquel pequeño y humilde oratorio transcurrieron unos 40 años, durante los cuales, el primer y principal propagador del culto fue un esclavo africano de nombre Manuel, quien al momento del milagro de 1630, no tenía 8 años de edad como siempre se dijo, sino que era un muchacho de 26 años.
Desde el momento del milagro, el negro Manuel fue consagrado por completo al cuidado de la Santa Imagen, reconociéndose él mismo como el verdadero y exclusivo esclavo de la Virgen del Río de la Plata. Atender a los enfermos, enseñar el camino de Dios y consolar a los afligidos eran algunas de las tareas a las que se encontraba abocado.
En su venerable ancianidad, vestido de tosco sayal, con una larga barba blanca a manera de ermitaño, y con un profundo aspecto místico, supuestamente en 1686, a los 82 años de edad, y cuando el esclavo de la Virgen había alcanzado una gran influencia sobre todos los creyentes, llegando a ser amigo y consejero de todos ellos.
"En su muerte se le hallaron un depósito de 14 mil pesos de las limosnas que los devotos y peregrinos habían ofrecido para el culto de la Santa Imagen, y con esta plata se fundaron después las haciendas de ganados que hoy posee el Santuario". Esto indicaría que además de la administración que ejercían tanto el mayordomo como el capellán del Santuario, los peregrinos, por confianza o por tradición, ofrecían algunas limosnas a Manuel.
"Hallándose el negro Manuel en la última enfermedad dijo un día que su ama le había anunciado que moriría el viernes, y que el sábado siguiente lo llevaría a la gloria. Esto aconteció según lo expresado por la Virgen.
Es tradición que por sus insuperables méritos, su cuerpo haya sido sepultado detrás del altar mayor a los pies de su amada Madre, aunque toda búsqueda al respecto haya resultado infructuosa.
Alrededor de cuarenta años habían pasado ya desde aquel día en que se produjo el milagroso suceso a orillas del Río Luján, y el futuro de aquel culto a María, parecía orientarse hacia un panorama cada vez más sombrío. Todo parecía indicar que su extinción se avecinaba y que resultaba irremediable.
Mientras Diego Rosendo estuvo en Bs. As. La vida en la estancia y en capilla se desarrollaba normalmente, pero una vez que partió hacia Corrientes en 1666 hasta 1680 en el año en el cual muere, todo cambio en la estancia. Un virtual estado de abandono se apoderó entonces de aquel lugar, cuando Juan de Oramas, su hermanastro, y también clérigo, quedo a cargo de la Catedral Porteña, y además se convirtió en administrador de todos los bienes de Diego Rosendo.
La estancia y por lo tanto la capilla, estaban abandonadas por completo, no ofreciendo siquiera a los peregrinos un lugar en donde pasar la noche; el camino que por allí pasaba había sido definitivamente clausurado en 1663; el Negro Manuel, el único que mantenía en vida al culto, había sido reclamado por los Oramas para cumplir servicios en Bs. As., y seguramente, lo más importante: tanto Rosendo, como Oramas, en ningún momento se sintieron parte de la causa Mariana Lujanense, basándonos en que estos clérigos, jamás pugnaron por oficializar el culto que se desarrollaba en su estancia.
Todo parecía atentar contra aquel culto de María... Pero no era la voluntad de Dios que éste desapareciera... Porque allí quedó por espacio de 5 largos años, en aquella desolación tan doliente, el estoico Negro de la Virgen, que faltó de todo recurso material, con su sola inspiración Divina, supo mantener viva la llama de aquel perdido culto de María, en medio de la majestuosa nada de la pampa.
Pero la intervención oportuna de Doña Ana de Matos, vendría a revertir esta triste situación...
La compra de la Sagrada Imagen
Doña Ana de Matos se presentó entonces ante el rector de la Catedral de Bs. As. para adquirir los derechos sobre la Sagrada Imagen. Juan de Oramas, hombre absolutamente práctico como administrador, y que además atribuía a los peregrinos gran parte de desaparición del ganado de su estancia, no dudó en acceder al deseo de la dama mediante el pago de $200.
Una vez cumplimentada la correspondiente tramitación, la señora acudió presurosa a la desolada ermita, y se trajo consigo a la Santa Imagen, dejando allí al Negro Manuel.
Una vieja tradición afirma, a esa misma noche, la Sagrada Imagen volvió por sus propios medios (traslocación) a la Ermita de Rosendo, junto a su esclavo africano. Colmada de asombro, Ana de Matos dio la orden para que el traslado se efectuara nuevamente hacia su estancia, y volvió a colocar la Efigie en el mismo lugar del día anterior. Y para mayor seguridad dispuso de una guardia especial en torno a la habitación. Pero no obstante, a ello, sin que nadie pudiera explicarse cómo, la Sagrada Imagen volvió a desaparecer, siendo hallada al día sig., nuevamente junto a su devoto esclavo.
Entonces, ahora sí, seriamente afligida por la doble desaparición, Doña Ana de Matos comenzó a presentir que todo aquello que estaba ocurriendo era algo sobrenatural, algo de origen Divino, razón por la cual, no se atrevió a efectuar un tercer traslado, sin antes exponer debidamente es misterio ante el Obispo Fray Cristóbal de Mancha y Velazco, y ante el Gobernador don José Martínez de Salazar.
Luego de un exhaustivo y concienzudo examen de la singular situación, ambas autoridades coincidieron en la necesidad de tomar una imperiosa decisión: efectuar ellos mismos el traslado. Conformándose una gran comitiva integrada por lo más representativo de Bs. As. y una considerable cantidad de público que se unió a ella.
Una vez e la estancia de Rosendo, el Obispo procedió a informarse minuciosamente de todo lo sucedido, inspeccionando el lugar, examinado uno a uno a todos los testigos de las misteriosas desapariciones, y luego de esto reconoció ahora sí, la indivisible intervención de Dios, antes de autorizar la histórica traslación.
Fue así entonces que, la Sagrada Imagen fue levantada en andas y en procesión comenzó de a pié aquel traslado encabezado por un Obispo y un Gobernador, también iba entre el público, un esclavo, el preferido de la Virgen, el Negro Manuel.
Según el examen serio y detenido de extensa documentación, dicho traslado debió ocurrir a finales del año 1671, y quizás en una fecha muy cercana al 8 de Diciembre, como preparativo de una nueva fiesta de la Pura y Limpia Concepción.
Las cinco leguas (20 Km.) fueron cubiertas en dos jornadas sucesivas de peregrinar rezando a través del campo, hasta llegar a la casa-fortín de Ana de Matos, en donde por espacio de tres días se celebraron misas, se rezó el Santo Rosario se cantaron las letanías y los himnos a María Inmaculada. Finalmente, el Prelado dejó autorizado oficialmente el culto a la Pura y Limpia Concepción del Río de Luján, quedando así, luego de 40 años del Milagro, canonizada la devoción de un pueblo y proclamada por siempre, el nombre de Nuestra Señora de Luján.
Ahora sí, la Imagen de María se quedaría para siempre por estos lugares. Vendría el oratorio junto a la casa de Doña Ana, y más tarde las distintas capillas antecesoras de su octavo lugar de culto, el actual Santuario Nacional; pero todos ellos a pocos pasos del casco de la estancia, ubicado junto al río paterno, a la altura de la actual Av. Dr. Muñiz.
Antes de que Doña Ana donara las tierras para la construcción del primer gran templo en torno del cual comenzó a formarse el desordenado caserío que se convertiría luego en el Pago de Luján.
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