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Counseling

Enviado por cevo29



Partes: 1, 2

Indice
1. La personalidad y su crecimiento
2. Aproximación teórica al counseling.
3. Técnicas de relación.
4. Técnicas de interpretación
5. Referencia Bibliográfica

1. La personalidad y su crecimiento.-

"Hay quienes no pueden aflojar sus propias cadenas
y sin embargo pueden liberar a sus amigos"
- Federico Nietzsche -
Definición de personalidad. La personalidad ha sido definida de múltiples maneras, según han habido diversos teóricos sobre ella. No podemos aspirar a una concepción y a una definición únicas. En lo que sí parece haber consenso es en el hecho de que la personalidad se forma en la interacción con los demás, con los otros significativos, y que las experiencias resultantes de esta interacción repercuten y moldean nuestra herencia biológica. Es decir, que somos el resultado de lo social y lo biológico.
Gordón Allport es uno de los más importantes teóricos de la personalidad. Su definición de la misma es la siguiente: "Personalidad es la organización dinámica en el interior del individuo de los sistemas psicofísicos que determinan su conducta y su pensamiento característicos". Analicemos los componentes de esta definición.
Se considera que la personalidad es una organización porque está constituida por configuraciones, niveles, jerarquías y estructuras de hábitos, ideas y formas de sentir, que dirigen y se manifiestan en la conducta. Este término implica su opuesto recíproco de desorganización, que hace referencia a las personalidades anómalas.
El término psicofísico nos recuerda que la personalidad no es ni exclusivamente mental ni exclusivamente neural (física). Su funcionamiento requiere de ambos en unidad dialéctica. La base biológica es el temperamento.
Sistema. Todo sistema es un complejo de elementos en mutua interacción. Una costumbre es un sistema, como lo es también un sentimiento, un rasgo o característica, un concepto, un estilo de conducta. Estos sistemas existen en el organismo en estado latente incluso cuando no son activos. Son nuestro potencial para la acción.
Determinan. La personalidad es algo y hace algo. Los sistemas psicofísicos latentes, cuando son llamados a la acción, motivan o dirigen una actividad y un pensamiento específico. Todos los sistemas comprendidos en la personalidad han de considerarse como tendencias determinantes.
Característicos. Todo pensamiento y toda conducta son característicos de la persona, únicos y existentes solamente en un individuo. Incluso los actos y los conceptos que aparentemente compartimos con otros son en el fondo individuales e idiosincrásicos.
Conducta y pensamiento. La conducta y el pensamiento son producto de la personalidad, al igual que las emociones y sentimientos, y en su conjunto son el vehículo para adaptarnos a la realidad.
Campo experiencial y self. Carl Rogers denomina "campo experiencial" al conjunto de experiencias que tiene el organismo en interacción con su entorno, en un momento dado, y que potencialmente pueden acceder a la conciencia. El self, sí mismo o Yo, es la parte del campo experiencial que puede ser representada verbalmente, es decir, hecha conciente e identificada como propia del sujeto; es todo lo que en un momento determinado podemos decir que somos nosotros: "tengo tales y cuales emociones, mi inteligencia y aptitudes son así o asá, mis habilidades son estas, mis deseos y necesidades aquellos, etc." De todo lo que experimentamos de nosotros mismos, identificamos, con cierta continuidad en el tiempo, un conjunto de rasgos y cualidades que nos dan identidad: "esto soy" "esto puedo" "esto valgo"; a eso le denominamos "self". Pero este self es sólo un porcentaje mínimo de lo que realmente somos y que aún no hemos descubierto ni verbalizado.
Una cualidad del self es que está en constante movimiento, como una célula, expandiéndose y contrayéndose, incorporando y expulsando experiencias e ideas, abarcando más o abarcando menos del campo experiencial, es decir, representando más o menos de nosotros mismos. De ahí que nuestro self, nuestro autoconcepto, no permanezca estático; que cambie constantemente.
Ahora bien, dado que el self es básicamente verbal, y que las palabras connotan juicios de valor, nuestro self y sus cualidades se verán inexorablemente ligadas a apreciaciones valorativas provenientes del exterior, de nuestros padres y criadores, y que nosotros internalizamos (introyectamos: introyectos) y asumimos como propios. Si el ambiente que nos rodeó y nos rodea es más o menos aceptador, nutritivo y empático frente a nuestras necesidades, entonces nuestros introyectos serán relativamente favorables, reales y facilitadores del autodescubrimiento y la autoexperiencia. Si el ambiente y los introyectos son descalificadores y agresivos, nos negaremos a experimentar lo suficiente por temor y aceptaremos como propios, sin ponerlos a prueba lo suficiente, los introyectos ajenos; estos introyectos muchas veces no corresponderán a la realidad, y desarrollaremos así lo que se conoce como "falso self" o "self incongruente".
Self congruente e incongruente. Si consideramos que el campo experiencial es el territorio y el self es el mapa de dicho territorio (no sólo cognitivo, sino también afectivo-valorativo), el "self congruente" vendría a ser un mapa que refleja casi fielmente el territorio, y además enfatiza y resalta sus cualidades, haciéndolo atractivo de visitar. El "self incongruente", en cambio, sería un mapa que corresponde poco con el territorio y encima enfatiza lo negativo, haciendo del paseo una labor tediosa, frustrante y que asusta. Es fácil deducir cuál de las dos personas, el congruente o el incongruente, será más eficaz y eficiente en su actividad; cuál tendrá más facilidad para elegir con éxito, conociendo cuáles son sus recursos y limitaciones reales, sintiéndose apoya por sí mismo, y cuál dará "manotazos de ciego" por guiarse con un mapa falso.
Condiciones para el paso de la incongruencia a la congruencia. Toda persona, dice Rogers, tiene el potencial innato de crecer hacia la congruencia, desarrollando un self auténtico que refleje lo que es y lo ayude realmente a desenvolverse en el medio. Aún en medio de nuestra limitaciones genéticas y biológicas podemos desarrollar un grado adecuado de congruencia. No obstante, "las personas de funcionamiento cabal", como él las denomina, no son precisamente abundantes. Esto, creemos, se debe a que la calidad del entorno en que vivimos y los introyectos que recibimos contrarrestan negativamente dicha tendencia innata.
Podríamos usar la siguiente metáfora: la semilla del crecimiento cabal y congruente está presente en todos nosotros, aunque no en la misma proporción ni representando a la misma especie vegetal (sino todos seríamos aburridos clones). Para que esta semilla crezca necesita un terreno rico en tres sustancias básicas: aceptación incondicional, empatía y autenticidad. Con esto presente empezaremos explorarnos, a conocernos, a valorarnos y a desarrollar lo que podemos y queremos ser a cabalidad.
Creemos firmemente que un ambiente facilitador para el crecimiento puede y debe gestarse en la consejería y la tutoría. La relación de ayuda que exponemos a continuación abunda en ello.

La relación de ayuda.-
En sus libros "Orientación psicológica y psicoterapia", "Psicoterapia centrada en el cliente" y "El proceso de convertirse en persona", Carl Rogers realiza una serie de planteamientos tendientes a esclarecer su posición frente al counseling, el proceso terapéutico, la personalidad y la naturaleza humana. En dichos textos establece la siguiente hipótesis como eje de toda su concepción psicológica: "Que el individuo tiene la capacidad suficiente para manejar en forma constructiva todos los aspectos de su vida que potencialmente pueden ser reconocidos en la conciencia" (Rogers, 1972, 1978). Dicha hipótesis es, a nuestro entender, el planteamiento esencial del enfoque, y, a su vez, lo que genera mayores polémicas. Veámosla con mayor detenimiento.
Rogers asume -en base a datos empíricos, según dice- que existe en todo ser humano una tendencia innata a la actualización, esto es, al desarrollo progresivo y a la superación constante, si se encuentran presentes las condiciones adecuadas (Rogers y Kinget, 1971). Algo similar a la autorrealización, también innata, que proponen Maslow y May y todos los demás psicoterapeutas humanistas (Frick, 1973), y a la autorregulación organística de Fritz Perls (Perls, 1987).


El hombre , dice Rogers, es positivo por naturaleza , y por ello requiere respeto absoluto, especialmente en cuanto a sus aspiraciones de superación (Di Caprio, 1976). De ello se desprende que está contraindicado para el consejero realizar todo tipo de conducción o dirección sobre el individuo; todo tipo de diagnóstico o interpretación, porque ello constituiría un atentado contra las posibilidades del sujeto y contra su tendencia a la actualización. Se recomienda situarse en el punto de vista del cliente , asumir su campo perceptual y trabajar en base a ello como una especie de alter ego. Incluso la palabra "cliente" es asumida de una manera especial: el cliente es aquella persona que responsablemente busca un servicio y participa del proceso terapéutico de la misma manera; aquella, explícita o implícitamente, conciente de su capacidad de desarrollo no utilizada, que no va "a ser ayudada" sino que trata de ayudarse a sí misma y participa activamente en el proceso. Se descartan del lenguaje rogeriano los términos paciente, enfermo, curación, diagnóstico , etc., porque connotan dependencia, limitación y falta de respeto por la persona.
Esta actitud frente a la dignidad del cliente, la aceptación incondicional y el respeto que se le tiene cobran una importancia tal que se les consideran factores que favorecen u obstaculizan (de faltar) la adquisición del enfoque centrado en el cliente. Aceptación y respecto deben estar enraizados en la personalidad del consejeto o tutor, formar parte esencial de su ser, y ello pasa, antes que nada, por aceptarse a sí mismos.
En síntesis , la hipótesis central propone que el ser humano puede, si se le presentan las condiciones adecuadas, desarrollarse o actualizarse, ampliar sus capacidades y ser conciente de lo que experimenta a fin de poder auto controlarse. "No se puede manejar eficazmente lo que no se percibe concientemente", propone Rogers. De allí la necesidad de ampliar el concepto de sí mismo del cliente, su self, y de incluir en él todo (o casi todo) lo que vivencia. Pero no se pretende hacerlo actuando sobre él sino, como dice Kinget, "acompañándolo" en la experiencia, brindándole las condiciones requeridas y dándole seguridad (Rogers y Kinget, 1971).
En este contexto teórico, la ayuda viene a ser "...toda relación en la que al menos una de las partes intenta promover en el otro el crecimiento, el desarrollo, la maduración y la capacidad de funcionar mejor y enfrentar la vida de manera más adecuada..."; "...relación en la que uno de los participantes intenta hacer surgir, en una o ambas partes, una mejor apreciación y expresión de los recursos latentes del individuo y un uso más funcional de estos" (C. Rogers). Ayudar, entonces, más que solucionar ES PROMOVER Y FACILITAR, creando condiciones adecuadas para que se de el impulso innato al crecimiento. No es sufrir por el otro, ni desvivirse por los demás negándose a sí mismos; no es hacer por los demás sino inducir a que ellos hagan por sí mismos.
La relación de ayuda tiene las siguientes características:

  1. Tiene lugar por consentimiento mutuo de los participantes: no se puede ayudar por obligación ni nadie puede ser obligado a que lo ayuden. Para que sea útil no puede haber presión ni coerción.
  2. En la relación de ayuda se expresa afecto: el cliente tiene el derecho de depositar en el consejero todos los afectos que surjan, y éste debe estar en condiciones de soportarlos y dar el holding correspondiente. Los únicos afectos que el consejero o tutor puede dar son la aceptación, la autenticidad y la empatía. Lo más personal e íntimo se lo guarda para su propio consejero.
  3. La relación de ayuda tiene sentido: trata de experiencias directas y personales que le dan significado; de allí que no se trate de un aleccionamiento ni de darle "charlas", sino de explorar, reconocer y aceptar lo que el cliente es.
  4. En la relación de ayuda se manifiesta la persona total: se respeta al individuo y su integridad. Supone honestidad intelectual y emocional entre los participantes; no hay lugar para el fingimiento.
  5. La relación de ayuda se da porque el cliente necesita comprensión, un ambiente facilitador del crecimiento, información, vínculos reparadores, etc. Las necesidades principales son las del cliente, las de consejero pasan a un segundo plano.
  6. La persona que ayuda es accesible y se muestra segura: reconoce para sí sus límites, y aunque no tenga toda su vida solucionada no mezcla sus problemas con los del cliente ni lo usa para sentirse bien consigo mismo. Se muestra cordial y dispuesto a escuchar.
  7. La relación de ayuda es una situación estructurada: tiene ciertas reglas, límites, objetivos y procedimientos. Exige roles y capacidades diferenciadas. No es una simple charla entre amigos.
  8. Promueve el cambio: consejero y cliente aprenden el uno del otro y el resultado es el cambio, es decir, formas diferentes y más adaptativas de pensar, sentir y comportarse, resultado del trabajo conjunto.

Tal vez la relación de ayuda puede quedar más clara en su esencia si resaltamos lo que ésta no es. Al respecto Charles Patterson plantea lo siguiente:

  1. No es el suministro de información, aunque durante el proceso de ayuda ésta pueda proporcionarse.
  2. No es dar consejos, sugerencias o recomendaciones.
  3. No es influir, abierta o sutilmente, sobre las creencias o conductas por medio de la persuasión, creencias o convicción, por más indirectas o inocuas que puedan ser. No queremos que el aconsejado esté hecho a nuestra imagen y semejanza.
  4. No consiste en influir sobre la conducta mediante advertencias, amenazas, prevenciones u otros modos de obligar sin el empleo de la coerción o la fuerza física (la disciplina y la labor pseudo policiaca no es counseling ni ayuda).
  5. No consiste en la selección y distribución de los individuos para las diversas tareas y actividades.

    Counseling y psicoterapia.-

    La relación de ayuda puede manifestarse de muchas maneras, pero para los fines que perseguimos resaltaremos las dos principales:

    1. El counseling, y
    2. La psicoterapia
  6. No consiste solamente en realizar entrevistas, sino en la actitud con la que éstas se llevan a cabo.

En lo que sigue abordaremos y profundizaremos en el counseling, así que ahora sólo revisaremos brevemente qué es la psicoterapia y cuáles son las diferencias básicas con la consejería.
La psicoterapia es un tipo de ayuda en el cual un profesional entrenado (exclusivamente psiquiatras y psicólogos con formación), utilizando determinados enfoques teóricos y técnicas, trata de inducir cambios importantes en la personalidad y la conducta del cliente. Este cliente adolece de dificultades que trascienden lo meramente adaptativo o coyuntural, y hacen suponer trastornos de personalidad o enfermedad mental. Sus problemas se manifiestan a través de signos y síntomas estructurales. La psicoterapia es una forma de tratamiento y tiene un carácter curativo. El counseling es preventivo, dirigido a personas sanas que atraviesan por dificultades situacionales que implican el escoger o el ejecutar, y que requieren apoyo emocional. Básicamente el counseling surge para subsanar ciertas carencias de apoyo que toda persona necesita en momentos claves de su vida, y que lamentablemente la sociedad y la familia proporcionan cada vez menos. En una familia funcional el rol del consejero correspondería de manera natural al grupo familiar en su conjunto; pero al fallar éste se crea un reemplazo en el tutor o consejero.
En síntesis, la psicoterapia tiene un carácter curativo, es más profunda, dura más, requiere de una formación más especializada y se avoca a problemas que entrañan fallas esenciales de la salud mental. En counseling es preventivo, "superficial", requiere de menos especialización y se avoca a la superación de crisis y situaciones problemáticas pero no a fallas de la personalidad.

Counseling
Psicoterapia

  • Capacita al individuo para que utilice sus recursos con mayor eficiencia y eficacia en el afronte de problemas (terapia de cambio mínimo).
  • Se centra en la solución de problemas específicos y no arraigados.
  • Se centra en partes sanas a desarrollar; busca lo normal aún en personas anormales.
  • Trabaja con clientes cuyo nivel de malestar interfiere o quebrante, pero no incapacita, limita o desintegra.
  • Preventivo, superficial y breve.
  • Busca cambiar aspectos disfuncionales o anormales de la personalidad.
  • Trata de modificar el nivel de ansiedad, las defensas y otros hábitos generaliados de respuesta.
  • Se centra en debilidades a superar. Busca anormalidades en personas normales.
  • Pacientes con niveles de ansiedad, malestar por encima de lo adaptativo.
  • Curativo, profundo, extenso.

2. Aproximación teórica al counseling.

El uso de la palabra "COUNSELING" en inglés, se ha convertido en un término técnico. La traducción no es precisa y pueden usarse diversos términos para referirse a ella: Orientación, consejo, consultoría, asesoría...hasta tutoría. Lo mejor, creemos, es usar el vocablo inglés a fin de ahorrarnos engorrosas discusiones, ya que los términos mencionados no son totalmente sinónimos, y entrañan sutiles diferencias semánticas.
El counseling es una profesión nueva en Sudamérica, aunque hace más de cincuenta años que existe en los Estados Unidos, Europa, Canadá, y más recientemente en la India, Japón, China y México.
Es una subdivisión de la Ciencia Psicológica y una especialidad en sí misma, que brinda la posibilidad de ayudar a personas normales, en sus crisis y angustias cotidianas. El counseling es un proceso de apoyo, es una filosofía que trata de definir un saber estar con las personas. Son técnicas de apoyo emocional, que con su manejo adecuado en manos de profesionales, son capaces de ayudar a las personas a resolver sus propios conflictos, si se les da la oportunidad. El aspecto más importante del counseling es la elaboración de los sentimientos.
También se ocupa del sufrimiento común del ser humano, no de la patología mental. Su finalidad es facilitar un aprendizaje cognitivo-emocional para la prevención, el cambio y el desarrollo personal.
Pone énfasis en crear salud para evitar la enfermedad, usando nuestras facultades y talentos, y ayuda a descubrir por sí mismo el sentido de la vida.
Es tarea del Counselor brindar un clima de encuentro, de libertad y de amor. El consultante debe estar dispuesto a revisar sus actitudes y conductas, y además asumir la responsabilidad sobre sí mismo.
Se trabaja en forma individual o grupal y se usan recursos lingüísticos, corporales e  imaginación.
Son acciones terapeuticas cortas cuya duración varía entre algunas semanas a unos pocos meses, según el caso.
El COUNSELING se va insertando en el ámbito educativo, laboral y también en el área hospitalaria como en clínicas privadas, apuntando a la calidad de vida de todos.

Reglas básicas del counseling.-
Cuenta con ocho normas de apoyo emocional que deben estar siempre presentes y que deberíamos aplicarlas en nuestra labor como tutores y consejeros. Éstas son:
- No juzgues
- Sé empático
- No des consejos
- No preguntes nunca por qué…
- No tomes la responsabilidad del problema del otro
- No interpretes la situación del otro
- Concéntrate en el aquí y el ahora
- Concéntrate primero en los sentimientos

En muchas ocasiones, nuestra propia intuición nos hace actuar usando algunas o todas de estas normas, pero es importante, si queremos evolucionar a un mayor reconocimiento de nuestra labor tutoral, que seamos conscientes de por qué usamos estas normas y hacia dónde llevan.

No juzgues.
Nuestra labor no es la de juzgar a nadie, y menos a las personas que buscan consejo en nosotros. En nuestro quehacer diario cometemos el error de establecer una sentencia de culpabilidad o no culpabilidad a las conductas de las personas, con lo cual reeditamos el ambiente descalificador que llevó al aconsejado a la crisis o problema que lo aqueja; es decir, no ayudamos en nada. Muy al contrario, el consejero o tutor debe crear un ambiente de aceptación –poco usual en nuestro medio, por lo demás- a fin de que la persona se anime a explorarse a sí misma y supere sus dificultades. Aceptar al consultante no significa estar de acuerdo con él ni compartir sus creencias; significa, lisa y llanamente, evitar juzgarlo o criticarlo. Alcanzar esta meta implica haber recorrido el 50% del camino de un proceso de orientación o consejo.

Sé empático.
Definimos empatía como el proceso de colocarse, cognoscitiva y efectivamente, en la situación del otro, de procurar entender sus sentimientos, vivencias y el significado personal de sus experiencias más importantes, dejando de lado en lo posible nuestro propio campo experiencial. La aplicamos mediante :

  • La escucha activa: en principio...callarse y escuchar con atención al otro, poniendo énfasis en lo que pasa aquí y ahora, en su marco de referencia interno, tratando de no anticiparnos a lo que va a ocurrir; tratar de captar el significado emocional de lo que dice en lugar de centrarnos sólo en los hechos o anécdotas narrados. En pocas palabras, sensibilizar el oído al discurso emocional del interlocutor. Además, comunicar al cliente lo que hemos captado en él con fines de retroalimentarlo y facilitar su autoconocimiento.
  • La postura corporal empática:
    • Mirar a los ojos.
    • Hacer señales con la cabeza en señal de aliento.
    • Copiar sutilmente las expresiones del aconsejado para demostrarle empatía.
    • Adoptar una postura cordial, relajada y abierta inclinándose ligeramente en dirección al cliente.

Cabe establecer una diferenciación entre simpatía y empatía, para que no caigamos en errores. La simpatía es superficial, y hasta cierto punto entraña sentimientos de pena, lástima, solidaridad, cortesía, condolencia o similares, pero desde una actitud de "estar fuera del marco referencial del aconsejado". El consejero que "simpatiza" no se esfuerza por entender usando las claves mentales del otro sino conservando las suyas propias, y es desde allí que juzga y simpatiza. Obviamente, esto no es de mucha ayuda, pues no hay un verdadero acompañamiento emocional, que es lo verdaderamente terapéutico en esta clase de relaciones. La empatía, en cambio, supone un renunciamiento personal momentáneo; un tratar de asumir al otro en todo lo posible a fin de comprenderlo.
No siempre vamos a poder empatizar con todo el mundo y esto no significa que no seamos buenos consejeros. Pero si que es verdad que aunque no podamos empatizar si que podemos tratar de averiguar qué sentimientos tiene la otra persona en esos momentos. Esto de por sí ya es bastante ayuda.

No des consejos
Curiosamente lo que menos se recomienda a un "consejero" es aconsejar. Si partimos del principio básico del counseling, el cual dice que la persona es capaz de resolver sus propios conflictos si se le dan las condiciones psicológicas adecuadas, dar consejos puede ser innecesario y hasta contraproducente, pues decirle a la persona lo que debe hacer violaría este principio básico, ya que implicaría que nosotros, los "aconsejadores", sabemos mejor que él lo que debe hacer con su vida. Además, casi siempre, de todo el tiempo que estemos con el aconsejado, seguramente no se va a acordar de lo que le hayamos dicho pero sí que se acordará de cómo se sintió con ese profesional. Obviamente esto tiene sus excepciones; hay casos, muy puntuales y concretos, donde un consejo puede ser tolerado, pero no exageremos.

No preguntes nunca (o casi nunca) por qué
La vía regia para la superación de los conflictos y problemas es la toma de contacto y la exploración de las emociones y sentimientos; esto lleva al autoconocimiento y al cambio positivo. La búsqueda de "porques" nos aleja de esta meta y nos lleva automáticamente a la racionalización y al autoengaño. El por qué nos empuja a buscar la causa de la causa de la causa... y para eso el consejero o el tutor no son necesarios. Si necesitamos hacer preguntas, más útil resulta el "cómo". Preguntar cómo suceden las cosas nos lleva a centrarnos en los procesos y a una mayor toma de conciencia. El por qué, además, lleva también a buscar culpables y/o responsables, y a evadir nuestra propia responsabilidad por lo que nos sucede.

No tomes la responsabilidad del problema del otro
Un fenómeno que recién se empieza a estudiar y que aqueja a las personas que ejercen profesiones de ayuda (entre ellas los maestros y consejeros) es el llamado "síndrome del quemado", del burnout o de Thomas. Esto es, un estado de estrés permanente y desgastador que acarrea trastornos psicosomáticos y puede llegar a dejar fuera de combate a quien lo padece. Por ello es necesario aprender a no llevarse el trabajo y sus problemas a casa; no querer vivir por los demás ni solucionar los problemas ajenos a como de lugar. Como decía el maestro Humberto Rotondo, cuidarnos del "furor curandis". Un principio básico del counsaling dice que la ayuda no puede ser obligatoria; no se puede ni se debe forzar a nadie a recibir nuestro auxilio, porque de ser así más nos estaríamos ayudando a nosotros mismos al sentirnos "útiles", que a la persona aquejada. El verdadero profesional de la ayuda sabe que ésta tiene su momento, y que muchas personas que parecen necesitarla no siempre están maduras para recibirla. No está demás resaltar el hecho de que una persona que se siente demasiado involucrada por los problemas ajenos necesita, para sí mismo, ayuda. La excesiva solidaridad (así como la excesiva indiferencia) no son indicadores de salud mental.

No interpretes la situación del otro
Interpretar es buscar el significado, oculto a la actual comprensión del aconsejado, de su conducta y sus experiencias. Interpretar es juzgar, y ya hemos dicho los factores nocivos de ello. El que interpreta muchas veces demuestra (a sí mismo, narcisísticamente) su sapiencia, pero pocas veces ayuda. Mucho más útil es reflejar las emociones de la persona, servirle de eco para que retome el contacto con sus propias experiencias. La interpretación, para ser de utilidad, tiene que darse en un contexto psicoterapéutico, y ello escapa a los objetivos de la tutoría.

Concéntrate en el aquí y ahora
Todo lo que nos sucede, sucede en el aquí y ahora. Sin descuidar las experiencias del pasado, no nos centremos excesivamente en ellas; antes bien, analicemos básicamente el presente del aconsejado o las repercusiones actuales del pasado. Jugar a la arqueología con los aconsejados tampoco va a ser de mucha utilidad.

Concéntrate primero en los sentimientos
Nos debemos preguntar siempre qué estemos ante un paciente ¿cómo se siente?¿Qué expresa? ¿Cómo lo expresa?. Su postura, su mirada, el tono de su voz. Desde el counseling y sin darnos cuenta estamos ofreciendo una terapia al paciente a la vez que nos produce una satisfacción a nosotros mismos el saber qué hemos actuado desde los sentimientos.

Orientación y consejo.-
El counseling puede ser dividido, para fines didácticos, en dos grandes rubros, como son la orientación y el consejo propiamente dicho.

La orientación
Está dirigida a personas normales pero que requieren ayuda para aprender a tomar decisiones, y darle una estructura más clara a su vida. Se centra en facilitar el proceso de elección del cliente y le ayuda a elegir con éxito en aspectos vitales.
En la vida cotidiana se dan momentos en los que debemos tomar decisiones trascendentales para nuestra existencia, y por ello mismo y/o porque las condiciones que nos rodean no son favorables, se nos hace difícil elegir.
Todos podemos recordar momentos en los cuales nos vimos en la necesidad de optar por algo muy importante para nuestras vidas, y cuyas repercusiones no eran del todo previsibles. Seguramente dichos momentos estuvieron cargados de tensión, ansiedad y otros "síntomas" esperables y normales. Tal vez incluso no nos atrevimos a compartir esta situación con nadie y nos vimos cercados por la soledad y la desesperación. Elegir no siempre es fácil; puede llevar a un estado de crisis que requiere de alguien que nos ayude. Es aquí donde la orientación entra a tallar.
Aquí el profesional trata de crear esas condiciones favorables para facilitar que la persona elija y decida sobre su vida con libertad y sin miedo ni presiones. Se convierte en un facilitador: facilita la búsqueda y la obtención de la información necesaria (opciones) para la elección; fomenta el autoconocimiento del cliente para que estas decisiones vitales se den sobre bases sólidas y no sobre fantasías o falsas creencias; ayuda a evaluarlas; sopesa junto con el cliente su aplicabilidad, las posibles consecuencia para su vida, y la mejor manera de ejecutar lo elegido, monitoreando sus efectos.
El cliente al sentirse acompañado y comprendido se dará cuenta que él puede hallar las respuestas para las interrogantes esenciales de su vida. Que puede tomar decisiones sin el temor de equivocarse porque habrá descubierto en la relación de ayuda que los errores no tienen que ser necesariamente una catástrofe y hacernos miserables.
Ejemplos de casos típicos para orientación:

  • Orientación vocacional y/o laboral.
  • Elección de pareja / casarse o no / tener o no tener hijos.
  • Realización de viajes y cambios de estilos de vida.
  • Emancipación y salida del hogar.
  • Desarrollo de un proyecto de vida.

En la orientación las preguntas que el cliente desea que le ayudemos a contestar son:
¿Qué hago? ¿qué escojo? ¿qué es lo más conveniente para mí?
Cabe advertir, a contrapelo de lo que el término sugiere, que el orientador no decide por el cliente. Crea las condiciones psicosociales para que él lo haga.

El consejo
Aconsejar es ayudar a llevar a cabo las elecciones ya tomadas; ayudar a instrumentalizarlas en la vida real y eficazmente. Puede que una persona esté en condiciones de elegir, pero que encuentre dificultades para ejecutar su elección. Siente que le falta saber cómo implementar las decisiones de su vida; tal vez tiene temor a fallar, a no tener apoyo. Los problemas de consejería son adaptativos frente a lo externo. Requieren de información y entrenamiento, y es esto lo que le proporciona el consejero a su cliente.
Como se ve, el consejo es el segundo momento y la consecuencia lógica de la orientación; aunque no siempre van de la mano. Esto depende de las condiciones y características del cliente; de si su problema radica en la falta de seguridad para elegir, en la falta de pericia para implementar sus elecciones o en ambas.
En el consejo la interrogante a resolver es:
¿Cómo lo hago? ¿cómo lo llevo a cabo?
Algunos casos ejemplificadores serían:

  • ¿Cómo hago para estudiar con éxito la carrera que ya elegí?.
  • ¿De qué manera puedo llevar a buen puerto una relación de pareja?.
  • ¿Cuáles son las claves para sobrevivir viviendo solo, fuera de la casa de mis padres?.

Estas interrogantes también pueden generar malestar, si no se cuenta con el apoyo material y emocional necesario; pero ese malestar no es el problema principal. No podemos cometer el error de confundir el efecto con la causa. En muchos casos los clientes acudirán al consejero quejándose de tal o cuál síntoma (desgano, tristeza, miedo, desaliento, irritabilidad, etc.) pero será esencial que discriminemos si tal queja refleja algo estructural, enraizado en la persona, o si es algo coyuntural y situacional, que responde a situaciones existenciales concretas.

El proceso de orientación y consejo.-
Tanto la orientación como el consejo siguen sendos procesos, como entidades organizadas. Es conveniente tenerlos en cuenta a fin de monitorear nuestro trabajo y no caer en el caos y la desorganización.
A.S. Egan identifica tres fases en el desarrollo del proceso de counseling:

  1. Fase de exploración: el profesional desarrolla el clima cálido adecuado para que el cliente pueda explorar el problema desde sus sistema de referencias, antes de centrarse en cuestiones concretas. Las herramientas de las que disponemos para ello son: estar atentos, escuchar activamente y las técnicas de relación. El objetivo es que el cliente confíe en el consejero con fines de crear las condiciones para la fase siguiente.
  2. Fase de nueva comprensión: se ayuda al sujeto a que vea su situación desde nuevas perspectivas y a que se centre en lo que podría hacer para afrontarla de un modo más efectivo. Se le ayuda para que vea los recursos de los que dispone y que podría utilizar. Las herramientas siguen siendo la comprensión y la escucha activa, profundizando en la comprensión empática, ayudando al cliente a reconocer temas, patrones de conducta, inconsistencias y sentimientos. Se debe propiciar que el cliente se vea a sí mismo desde diversos ángulos a fin de que supere formas rígidas y auto devaluadoras de percibirse a sí mismo.
  3. Fase de acción: consiste en ayudar al cliente a considerar los posibles modos de actuar, ver costos o consecuencias, planear la acción, llevarla a cabo y evaluarla. Las técnicas de resolución de problemas y toma de decisiones son muy útiles aquí. Hay que tener en claro que en el counseling no existe "lo adecuado" y "lo inadecuado", sino lo que puede ser más adecuado, en ese momento, para esa persona, en sus circunstancias específicas.

El proceso de orientación:

1) establecimiento de la relación:
Aquí son importantes tres actitudes básicas, como son, la aceptación incondicional, la empatía y la autenticidad. Sin una buena relación inicial, basada en el respeto y la confianza, es probable que el proceso de orientación fracase.

2) Delimitación de objetivos:
En esta fase es importante que, de manera conjunta con el cliente, se establezca qué es lo que él desea conseguir en dos esferas: en la consulta y en su vida. O dicho de otro modo, qué desea ser en la vida y cómo la consulta puede ayudarlo para ello. La delimitación de objetivos le dará coherencia y estructura al proceso.

3) Análisis de posibilidades:
Se trata de que la persona sea capaz de elaborar posibilidades de elección para conseguir los objetivos vitales que se ha planteado. Para elegir necesita información sobre si mismo, el entorno, sus recursos, obstáculos, etc., y sopesarlos con ecuanimidad. Darse cuenta de las opciones reales con las que cuenta y del peso específico de cada una en relación a su persona.

4) Toma de decisiones:
En esta fase el cliente elige y para ello el consejero le brinda seguridad y apoyo. Lo acompaña para vencer los miedos que involucran tomar decisiones vitales.

5) Búsqueda de una estructura:
La fase final del consejo consiste en que el cliente empiece a implementar las decisiones adoptadas; que se estructuren en la vida real, más allá del consultorio. El consejero monitorea esta implementación y al constatar su efectividad da por concluido el proceso.

El proceso de consejería:
1) establecimiento de la relación:
El proceso es similar, a lo descrito en la primera fase de la orientación.

2) Delimitación del problema:

Se debe establecer con claridad, precisión y detalle en qué consiste la dificultad del cliente. Cómo se manifiesta, desde cuándo, frente a quiénes, qué intentos de solución ha utilizado, qué desea lograr, etc.

3) Análisis del problema:
Conociendo cómo es el problema de manera realista, se procede a buscar soluciones, apelando para ello a todas las fuentes y recursos disponibles.

4) Planteamiento de soluciones:
Una vez recabada toda la información posible, se procede a depurarla y a escoger dos o tres alternativas que aparezcan como las más viables. En base a ellas se diseñan planes de acción a realizar por el cliente.

5) Estructuración:
Se ejecutan estos planes de acción y se monitorea su efectividad. En caso de no obtener el éxito deseado se reemplazan las soluciones intentadas por otras, o se diseñan alternativas nuevas.
En este caso se supone que el cliente sabe lo que desea; la ayuda sólo radica en ayudarlo a obtenerlo.

La derivación.
Pueden darse casos en los cuales el cliente no responde a nuestras estrategias de counseling; que a pesar de implementar adecuadamente las técnicas el sujeto no se anima a elegir, no elige bien, tiene serias dificultades para implementar sus decisiones, etc., todo lo cual va acompañado de un creciente malestar. Si anlizamos nuestro accionar como tutores y descartamos que el problema sea de ejecución nuestra, entonces muy probablemente estaremos frente a un caso más serio, que requiere tratamiento especializado y derivación.
No se nos debe ocurrir nunca tratar casos graves como el consumo de sustancias, abuso sexual, depresiones e intentos de suicidio, psicosis y neurosis graves, trastornos de personalidad, etc. En estos casos hay que usar las técnicas descritas para convencer y encaminar al cliente hacia el profesional especializado, y hacer todo lo posible para que llegue a él. Incluso reportarlo, es necesario, pues no siempre la persona querrá recurrir a los profesionales por los supuestos estigmas que estos acarrean. No asustarnos y descalificar a la persona; sólo derivar.

Partes: 1, 2

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