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Amor

Enviado por gvillalever



"La experiencia nos enseña que
amar no significa en absoluto mirarnos el uno al otro,
sino mirar juntos en la misma dirección.
No existen compañeros si no se hallan unidos en idéntica tarea,
si no se encaminan juntos hacia la misma cumbre"

Antoine de Saint-Exupéry

Relevancia del amor.

Amor es una de esas palabras cargadas de múltiples sentidos. Explicarla con cierto rigor no es fácil, pues de ella hay un auténtico abuso y para que esto no ocurra es necesario precisar en el sentido verdadero de la terminología de esta palabra buscando su esencia para comprender su trascendencia en la vida y el sentido que tiene vivirla. Dicho de otro modo, hay que poner orden en ese sinfín de palabras que se juntan en torno al término amor. Es preciso huir de los tópicos que esta palabra presenta con frecuencia, pues uno se pierde con facilidad cuando llegan distintas confusiones que, inevitablemente, le quitan o aumentan la relevancia que en realidad el amor tiene separándola de su verdadero significado; hay que enfatizar, en cambio, su importancia como forma de vida.

El amor es una complicada realidad que hace referencia a múltiples aspectos de nuestro ser que determinan nuestra existencia en las distintas relaciones que tenemos en la vida; tales casos son, por ejemplo: el amor de amistad, amor al prójimo, amor entre cónyuges, amor de Padres a Hijos, amor a Dios etc. Es decir, en la vida cotidiana nos encontramos de una manera palpable con el amor, pero muy pocas veces nos damos cuenta de su presencia, de su significado. Siendo humanos, nuestra única motivación que tenemos para afrontar todos los problemas que surgen en la vida, el impulso que nos mueve a seguir adelante y da origen a un sinnúmero de relaciones sociales es, justamente, el amor. Y, por su complejidad, sólo el hombre es capaz y tiene la necesidad de amar. O bien, "Sólo la persona puede amar y sólo la persona puede ser amada. Esta es, ante todo, una afirmación de la naturaleza ontológica, de la que surge una afirmación de naturaleza ética. El amor es una exigencia ontológica y ética de la persona. La persona debe ser amada ya que sólo el amor corresponde a lo que es la persona"

Y dicho esto, nos podemos explicar el sentido que tiene vivir amando puesto que todo hombre actúa para así o para los demás por amor. Un hombre, por ejemplo, que va a la guerra y pelea con valor, probablemente lo hace por amor a su patria; una madre que cocina con devoción y esmero en cada platillo que realiza, sin duda que lo hace por amor a sus hijos; un hombre que se suicida es porque ha perdido todo amor que sentía por sí mismo y por los demás dejándose llevar por una depresión, y así podemos seguir diciendo millares de ejemplos que ponen en relieve el amor que motiva a actuar de cierta manera a todos los hombres y que exige una entrega personal de cada uno de nosotros.

Para encontrar con preciso delineamiento el significado y la naturaleza del amor, es necesario hacer una retrospectiva del constitutivo de los seres humanos no obstante para entender y practicar el sentido del amor.

Naturaleza del amor.

"El hombre, que es la única criatura sobre la tierra a la que Dios ha querido por sí mismo, no puede realizarse plenamente si no es mediante la entrega desinteresada de sí mismo".

Dado que el hombre es una persona, o sea, un ser que se posee a sí mismo y que se gobierna por sí mismo, resulta que puede 'entregarse', que puede hacerse 'don' para los demás sin rehusar por ello a su específico estatuto ontológico. No supone, ciertamente, una entrega simple si no hay de por medio un 'bien' que de sentido a esa entrega. Este deseo de obtener o proteger a ese 'bien' es la pauta que hace surgir al amor de cada quien.

Santo Tomás asentía en que todo hombre está inclinado a la persecución de un bien. Todo ser humano encuentra en la libertad la libre elección del bien al cual se dirigirá. Pero junto con la libertad se encuentra el amor que, desde un punto de vista filosófico es: el sentido último o primero de la libertad, es su fundamento, hacia donde ella se dirige; es el motivo que mueve a los hombres a aceptar o querer tal bien.

"Santo Tomás lo afirmaba de manera explícita: todo ser dotado de inteligencia se encuentra necesariamente provisto de esa inclinación al bien en cuanto bien que denominamos voluntad, y cuyos frutos naturales son la libertad y el amor […] Siendo de esta manera y algo que se realiza gracias a las facultades superiores del alma humana, se puede afirmar que únicamente la persona resulta capaz de amar y únicamente ella es digna de ser amada. La entraña personal de la persona exhibe, pues, un nexo constitutivo con el amor".

Por lo tanto, es el hombre completo el que ama pero a través de la voluntad y a su vez ésta "impera, (…), movida por un gran amor". Y ya que el hombre, único ser dotado de inteligencia y voluntad, tiene como cometido en la vida su trascendencia espiritual, ésta sólo se logrará por el amor; es algo que viene implícito en nuestra naturaleza, y que llevándolo a la práctica nos permite realizar plenamente nuestra esencia humana. Para lograr tal objetivo, necesitamos un motivo que nos impulse a realizarnos, que sea la causa de nuestro vivir, que nos de sentido a nuestra existencia. En palabras de Frankl:

"Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Lo que precisa no es eliminar la tensión a toda costa, sino sentir la llamada de un sentido potencial que está esperando a que él lo cumpla"

Ese esfuerzo y esa lucha que merece nuestro existir, es motivado por el amor y sólo en razón de ella y por ella, podremos alcanzar nuestra trascendencia. Es, por ejemplo, el caso de una persona que sufre algún mal incurable; sus esfuerzos y esperanzas por luchar por tal enfermedad, sólo puede ser justificado por el amor que siente dicha persona ya sea a Dios, a su esposa, a sus hijos, a él mismo etc. Esta es la radical importancia y naturaleza del amor: olvidarse de sí mismo buscando, en los otros y en obras, la trascendencia de uno mismo la cual, es motivada y fundada por el amor hacia los demás. Y es que el hombre se encuentra a sí mismo, como tal, cuando se entrega a otro. El siguiente relato de Viktor Frankl puede ayudar a ilustrar un poco más:

"¿Qué me ha llevado a casarme con Tilly? Cierto día ella preparaba el almuerzo en mi casa, o sea, la casa de mis padres, en la calle Czerningasse, cuando llaman al teléfono. El hospital de Rothschild me requería en forma urgente: acababa de ser internado un caso de envenenamiento por medicación para dormir, que fue declarado insalvable por los médicos clínicos. […] No esperé a que me prepararan un café: me comí unos granos de café, masticándolos mientras corría a la parada de taxi. Dos horas después volvía a casa. El almuerzo compartido estaba arruinado. Suponía que los demás ya habían comido, lo que mis padres habían hecho. Pero Tilly había esperado, y su primera reacción no fue: 'Al fin llegaste, porque te he esperado con la comida'. No. Su reacción fue: '¿Cómo fue la operación y cómo se encuentra el paciente?'. En ese instante me decidí a hacer de esta niña mi mujer, no porque era tal o cual cosa para mí, sino porque ella era ella".

Ese olvido de sí misma, esa entrega total y desprendimiento de cualquier egocentrismo, fue lo que conmovió a Frankl para saber que aquella mujer conocía el verdadero sentido del amor. Y sin vacilar, la hizo su esposa. Poco después el mismo autor escribió: "La veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre (…) La salvación del hombre está en el amor y a través del amor"

Y a lo anteriormente dicho, cabe añadir: "(…) el hombre, terminativa y perfectamente hombre, es amor. Y si no es amor, no es hombre, es hombre frustrado, autorreducido a cosa".

Por eso "…el primer y radical efecto del amor es ‘hacer ser’, de modo que cuando una persona no alcanza en la vida la meta que está llamada a conseguir –cuando ‘no es nadie’-, podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que ‘no ha sido amada’, que ninguna otra persona ha hecho de ella el término de su dilección. En efecto, el amor confirma en el ser a la persona querida, busca su plenitud conclusiva o terminal e inventa los medios más eficaces para que el amado o la amada conquisten ese apogeo perfectivo. Como de rechazo […] quien ama, olvidándose plena y radicalmente de sí, pendiente solo del bien del otro, obtiene también su propia mejora personal: más aún, sólo a través del amor inicia y consuma cualquier individuo humano el proceso perfectivo que lo colma como persona. Un ser humano vale, siempre, lo que valen sus amores".

Si el amor confirma en su ser a la persona a quien se ama y somos nosotros, cada uno, capaces de lograr esto por la persona a la que amamos, repercutirá en nosotros a través de una profunda alegría; una donación de nuestro ser para el bienestar y felicidad del otro, es la verdadera esencia del sentido del amor. Y mayor será nuestra alegría si mayor es el esfuerzo y la entrega que se hace al ser amado.

La Amistad: amor electivo.

La persona es, sin duda, capaz de un tipo de amor superior al de concupiscencia -querer instintivo que sólo ve objetos con los cuales satisfacer sus propios apetitos- sino que ahonda más en su espíritu, buscando una entrega y desarrollo de su ser con otros: el amor de amistad, capaz de conocer y amar a las personas por sí mismas. Un amor capaz de generosidad, de entrega de uno mismo: se ama al otro porque se le reconoce como digno de ser amado. Un amor que genera la comunión entre personas, ya que cada uno considera el bien del otro como propio. Es el don de sí hecho a quien se ama, en lo que se descubre, y se actualiza la propia bondad, mediante la comunión de personas y donde se aprende el valor de amar y ser amado:

"La amistad […] son dos amores que se buscan y se corresponden; un comercio en que se entrega y recibe, pero siempre poniendo la atención en ese supremo placer de dar, de desprendernos de lo nuestro".

Este don, es implícito a la persona humana; es parte de nuestra propia naturaleza el tener amigos. "Ahora bien, entre los bienes que podemos recibir de los demás hombres, el de la amistad es el más precioso, el más estimable: Nadie puede vivir sin un amigo, decía Aristóteles". Y es así como el ser humano necesita entregarse sinceramente para encontrase así mismo con seres iguales a él; crecerá más en la medida que más tenga amigos.

Por eso encontramos que el amor humano electivo es más perfecto encontrado en la amistad dado que todo ser humano encuentra en el amigo una prolongación de sí mismo; encontramos en el amigo o amiga a una persona que nos conoce y entiende, que ríe y sufre con nosotros, que busca en el otro un consuelo a su problemática cotidiana. Y he aquí el gran mérito de los amigos: se escogen libremente. Encuentran en el otro una similitud o característica que los identifica mutuamente -mismo sexo, mismos gustos, mismas aficiones, etc.- y que hacen de esa persona una elección de preferencia convirtiéndose así en amigos. Y esta simpatía mutua, hace que ambos se entreguen recíprocamente buscando en su amigo la trascendencia de su propio ser. Dicho en palabras de Viktor Frankl: "[…] el hombre no es sólo un sistema psicológico. La realidad humana se refiere a algo más allá de sí misma. Está dirigida hacia algo que no es ella misma. Los seres humanos buscan algo más allá de sí mismos: un sentido en el mundo. Están tratando de encontrar un significado que realizar, una causa para servir o una persona a quien amar. Y sólo así los seres humanos se comportan como verdaderamente humanos."

Y en este mismo sentido, podemos decir que encontramos en el amigo a: "[…] lo que se dice 'otro yo': el mismo ideal nos subyuga, nuestras voluntades armonizan, nuestras acciones cooperan, nuestras alegrías se comparten y nuestras lágrimas se mezclan; No formamos más que un corazón y una sola alma"

Claro es que no siempre encontraremos en el otro a una persona que realmente se de a sí misma por nosotros o viceversa. Es lógico que muchas veces habrá una 'amistad' utilitaria, placentera o por conveniencia pero que desaparecerá al paso del tiempo y no es, por tanto, una verdadera amistad. La amistad que se basa en ella no puede tener consistencia: cae apenas cesa el interés y el provecho. En cambio, una relación desinteresada se prolonga a través del tiempo; "Amar con amor de amistad a alguien es amarle por él mismo, estimando y venerando su persona misma".

Un ejemplo muy claro de amistad, lo relata Frankl en tiempos de la segunda guerra mundial: "Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas - la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias - para decidir su propio camino." Para Frankl, una ley fundamental de la vida del hombre es la ‘autotrascendencia de la existencia humana’ Lo que quiero indicar con ello -escribe- es el hecho de que el ser humano apunta siempre a algo que él no es, a algo o a alguien: a un sentido que debe adquirir, o a otro ser humano al que encontramos en el amor. EI hombre se logra a sí mismo sirviendo a una causa o amando a una persona. Cuanto más se pierde en su tarea, cuanto más se centra aquello con lo que se relaciona, tanto más hombre se hace, tanto más llega a ser él mismo. Sólo puede realizarse en la medida en que se olvida de sí mismo, no se mira a sí mismo.

Más de alguna vez lo habremos experimentado: en la medida en la que nos olvidamos de nosotros y nuestros problemas encauzando nuestro ser a un ideal superior, más nos van pareciendo triviales las cosas por las que nos preocupábamos y mayor bien es el que tenemos oportunidad de hacer. Por eso, por su misma naturaleza el amor electivo no limita ni restringe el número de amigos, ya que el amor mismo se enriquece en la relación con otros amigos.

Amor conyugal: entrega personalmente única.

El ejemplo más palpable de amor, es el que se vive día a día en el corazón de la vida familiar; más concretamente, en el amor conyugal. Dado que, gran parte de la formación de la persona y de sus valores y virtudes son aprendidos en la familia, la importancia del amor de los cónyuges es pieza fundamental para el desarrollo de sus hijos. Dicho en palabras de Enrique Rojas: "La pareja brilla con luz propia. El análisis del mismo nos ayuda a comprender y clarifica los anteriores usos de esta palabra. Es tal la grandeza, la riqueza de matices y la profundidad del amor humano, que nos revela las cualidades de cualquier otro tipo de amor".

El amor conyugal nos revela un amor no antes sentido, un cariño recíproco entre el hombre y la mujer que despierta hasta las sensaciones más diminutas y pasivas del ser humano. El Papa Pablo VI se refería a éste amor así: "Es ante todo, el amor conyugal un amor plenamente humano, es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es, por tanto, una simple efusión del instinto y del sentimiento, sino que es también, y principalmente, un acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegrías y los dolores de la vida cotidiana, de forma que los esposos se conviertan en un solo corazón y en una sola alma y juntos alcancen su perfección humana" y termina puntualizando: "Es un amor total, esto es, una forma singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente todo, sin reservas indebidas o cálculos egoístas. Quien ama de verdad a su propio consorte, no lo ama sólo por lo que de él recibe, sino por sí mismo, gozoso de poderlo enriquecer con el don de sí"

Así pues, nos encontramos sobre una dimensión de amor superior al de la amistad; puesto que un hombre y una mujer, de una manera libre, deciden formar una unión que creará una nueva familia. Esta unión entre ellos, es motivada por un amor mucho mayor al de amistad siendo así consortes de toda la vida. Dicho de otra forma, la entrega de los novios llega a un punto de donación total que se consolida con la formalización del matrimonio que, a la larga, hará de estos dos seres uno solo en dos cuerpos distintos.

Y en este sentido lo afirma la Iglesia Católica: "Cuando el amor se vive en el matrimonio, comprende y supera la amistad y se plasma en la entrega total de un hombre y una mujer, de acuerdo con su masculinidad y feminidad, que con el pacto conyugal fundan aquella comunión de personas en la cual será concebida, nacerá y se desarrollará la vida humana. A este amor conyugal, y sólo a él, pertenece la donación sexual, que se realiza de modo verdaderamente humano, solamente cuando es parte integrante del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen entre sí hasta la muerte".

Por lo tanto, es incondicional paso para los novios que sean amigos primero. Es principio en toda relación de amor, que primero exista una amistad de confianza para poder desenvolverse con la pareja y llegar a una entrega total que culmine con el amor conyugal. Ya que el matrimonio es, también, una relación natural en los seres humanos pues implica, a su vez, el lenguaje táctil que se da específicamente en el afecto y en las expresiones corpóreas de afecto: El abrazo, la caricia, la ternura, el cachete, etc., son un lenguaje cuya importancia resulta muchas veces decisiva, no sólo durante los primeros años de la infancia, sino incluso en la vida del hombre adulto, en lo que respecta al equilibrio humano y a la posibilidad de comunicar con los demás.

Necesitamos 'sentir' que el otro nos ama y también necesitamos manifestarle al otro que lo amamos. Esto lo manifestamos con nuestro cuerpo. El cuerpo es el campo expresivo del hombre donde realiza su existencia en todo sentido. Y en el hecho de que se une con su ser amado, hace que el cuerpo adquiera otro significado, como presencia en el mundo, como origen de la instrumentalidad y de la cultura y en este caso que nos interesa a nosotros, como comunicación con el otro y reconocimiento del otro.

Y esta es una gran verdad sobre el enamoramiento entre el hombre y la mujer que constituyen un matrimonio pleno, fuerte e indisoluble. "solamente el yo que tiende a un tú puede integrar el propio ello".

Sólo cuando los esposos se entreguen con generosidad al otro ser amado, constituirán una unión indivisible capaz de vencer cualquier adversidad. "Esta donación tiene que ser total, pues de lo contrario, sería un engaño que, antes o después, se descubriría; si la persona se reserva algo, ya no se da totalmente. Esa es la pieza básica: el compromiso fecundo y responsable".

Puesto que uno se 'refleja' en el otro, en el matrimonio, los cónyuges dejan de ser dos desemejantes; se convierten en una sola persona con dos cuerpos distintos, en una 'extensión' del otro ser.

"El matrimonio es un sacramento mediante el cual la sexualidad se integra en un camino de santidad, con un vínculo que refuerza aún más su indisoluble unidad: « El don del sacramento es al mismo tiempo vocación y mandamiento para los esposos cristianos, para que permanezcan siempre fieles entre sí, por encima de toda prueba y dificultad, en generosa obediencia a la santa voluntad del Señor: "lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre"

Un verdadero amor conyugal, crea en los esposos un signo indeleble de lealtad para con el otro de: fidelidad, verdad, amor, entrega y

unión con su consorte para toda la vida logrando así, un desarrollo pleno de su ser y un campo de desarrollo para los hijos.

La familia y el amor a los hijos.

El amor en la familia, es esencial en la vida de todo hombre; es la base de todas las relaciones sociales que tiene el hombre y, por consiguiente, es el principio de todos los amores de la persona. Es la cuna de un sinfín de vínculos espirituales y afectivos que tiene el ser querido para con los suyos. Muy difícilmente puede amar alguien si no encuentra en su familia un amor legítimo que le permita donarse a los otros o encontrar en su parentela un sustento amoroso que le permita desenvolverse en la sociedad. Es por lo mismo, que el cónyuge necesita dar y darse para tener una relación fecunda que se perfeccionará como tal y llegará a su cúspide con la procreación de hijos. Si no hay familia no habrá manera en que la persona se desarrolle plenamente o bien: "Si no me relaciono, no existo como persona, no me constituyo como ser humano cabal".

En este mismo sentido, podemos afirmar que: "La familia es el vehículo privilegiado para la transmisión de aquellos valores sociales y culturales que ayudan a la persona a adquirir la propia identidad. Fundada en el amor y abierta al don de la vida, la familia lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz".

Y es por tanto, en la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble, necesario considerarla como la semilla primera y natural de la sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social como en la esfera cultural y ética. De aquí se desprende la necesidad del estado de proteger a la familia: no solo es "la célula primera y vital de la sociedad", es además el centro interactivo de las relaciones humanas en la cual, el hombre conoce al mundo y se hace valer en él; aprende a relacionarse, obedecer, amar, reír, llorar y desenvolverse en su medio ambiente natural.

Entre los numerosos caminos para poder amar, la familia es el primero y el más importante. Es un camino común, aunque particular, único e irrepetible, como irrepetible es todo hombre; un camino del cual no puede alejarse el ser humano. En efecto, él viene al mundo en el seno de una familia, por lo cual puede decirse que debe a ella el hecho mismo de existir como hombre. Cuando falta la familia, se crea en la persona que viene al mundo una carencia preocupante y dolorosa que pesará posteriormente durante toda la vida.

De aquí se deriva la gran importancia de las relaciones en el seno familiar pues, siendo la familia el principio de los amores de la persona lo es, también, de los valores y virtudes que adquiere el individuo y que luego dará a conocer en sociedad. Y esto se manifiesta claramente al ver en el hijo un evidente reflejo del amor fusionado de dos personas, que además, colaboran estrechamente en la creación de lazos conyugales que enriquecen el amor entre los esposos. "Según recuerda Tomás de Aquino, recogiendo una tradición ya antigua, los hijos componen el bien común de los cónyuges. Y la amistad se caracteriza precisamente, (…), como un querer con el amigo, que engloba y trasciende, sublimándolo al simple quererlo a él, propio de cualquier amor. En consecuencia cada vástago constituirá un apoyo insustituible para enriquecer el amor entre los cónyuges con las propiedades específicas de una auténtica y genuina amistad". De esta forma es posible comprender que, cuando el consorte exprese su amor a los hijos, está amando a su cónyuge doblemente y, de igual manera, el amor que en adelante se profesen mutuamente, fructificará de modo natural hacia los hijos.

Y de igual manera podemos afirmar que el valor de vivir en familia es pieza clave en la vida espiritual del hombre. Ya que del amor familiar nacen los valores de la persona humana, sólo en virtud de la vivencia de estos valores entre los miembros familiares se verá la calidad de vida que lleva la persona. Esto, "lo podrá conseguir la familia, en primer lugar, mediante el recíproco amor de los cónyuges, llamados a una unión de vida total y plena por el significado natural del matrimonio; lo podrá conseguir, además, mediante el adecuado cumplimiento de la tarea educativa, que obliga a los padres a formar a los hijos en el respeto de la dignidad de cada persona y en los valores de la paz. Tales valores, más que 'enseñados', han de ser testimoniados en un ambiente familiar en el que se viva aquel amor oblativo que es capaz de acoger al otro en su diversidad, sintiendo como propias las necesidades y exigencias, y haciéndolo partícipe de los propios bienes".

Para cada nuevo miembro que llega a la familia habrá, sin duda alguna, afecto: amor natural porque existen lazos de sangre que nos unen a esa persona; pero, por ser la familia una comunidad, habrá que perfeccionar ese amor con la amistad y dirigir nuestra voluntad para amar de manera electiva a quien de forma natural tendemos a amar.

"(…) Uno de los ideales más relevantes de los padres que aspiran a encarnar la plenitud de su condición de origen, fundamento y motor del propio hogar, para conducirlo a su apogeo perfectivo terminal, cristalice en un fundamental propósito: llegar a ser auténticos amigos de sus hijos…. y ser, también, auténticos amigos entre sí. Representando la amistad …, la manifestación más cabal del amor electivo –de ese amor que quiere al otro en cuanto otro, por su condición estricta de persona-, ninguna familia conquistará su plena entraña de ámbito interpersonal –de esfera en la que se vive formal y acabadamente como personas– mientras al amor natural de quienes la integran no se sume un genuino y eficaz amor electivo…: mientras el afecto no se vea enriquecido y transformado por la presencia enaltecedora de la amistad".

Y es así como podemos llegar a la conclusión de que el sentido del amor familiar es trascendental en las comunidades; una desgarradora verdad de muchos, demasiados niños, es que están privados del calor de una familia. A veces ésta, falta de hecho: los padres, movidos por otros intereses, abandonan a los hijos. Otras veces, la familia ni siquiera existe: hay millares de niños que no tienen más casa que la calle y no pueden contar con ningún otro recurso fuera de sí mismos. Algunos de estos niños de la calle encuentran la muerte de modo trágico. Otros son inducidos al consumo y al tráfico de drogas, a la prostitución, y a menudo terminan en las organizaciones del crimen. No es posible ignorar situaciones tan escandalosas y difundidas Está en juego el futuro mismo de la sociedad. Una comunidad que rechaza a los niños, los margina, o los reduce a situaciones sin esperanza, nunca podrá conocer la paz.

El dominio de sí como condición de entrega.

" El amor, con la admirable armonía de sus leyes, exige castidad. La castidad es el precio del amor. La superioridad del hombre, la serenidad del espíritu, la integridad de la vida, la armonía de la familia, la salud de los hijos. Por la castidad, el hombre gusta alegrías dulcísimas que no pueden proporcionar los placeres del sentido. Al contrario, en éstos se halla, cuando son desordenados, un fondo de amargura que aleja y una necesidad de llorar que ahoga. Los hombres disolutos no son felices ni libres. Y tiene que ser así, porque el corazón del hombre, no se sacia con el fango. Las aspiraciones al verdadero amor, a la alegría humana, trascienden las satisfacciones del sentido. Y el corazón del hombre, por los caminos del placer impuro, a la par que se entristece, siente cada vez más penetrante el aguijón del deseo. No sucede lo mismo con las almas castas. Poseen una riqueza interior inagotable. No son presa de la náusea de la vida, porque contemplan el mundo con ojos rejuvenecidos y transparentes de eternos niños. Y no es ni siquiera necesario su testimonio para convencerse de ello. Toda alma que conserve aún algo de humano no puede por menos de sentir la angustiosa nostalgia de su perdida inocencia y de llorar perdido el sentido del amor".

La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado Toda persona sabe, también por experiencia, que la castidad requiere rechazar ciertos pensamientos, palabras y acciones pecaminosas […]. Por esto se requiere una capacidad y una aptitud de dominio de sí que son signo de libertad interior, de responsabilidad hacia sí mismo y hacia los demás y, al mismo tiempo, manifiestan una conciencia de fe; este dominio de sí comporta tanto evitar las ocasiones de provocación e incentivos al pecado, como superar los impulsos instintivos de la propia naturaleza.

"Es fácil establecer el orden de una sociedad sobre la base de la sumisión de todos a las reglas fijas. Es fácil modelar un hombre ciego que sufra, sin protestar, a un amo o a un Corán. Pero mucho más valiosa es la conquista que consiste en hacer que el hombre, para liberarse, reine sobre sí mismo".

Actualmente se habla de que la sociedad contemporánea está atravesando por una crisis de valores y esta crisis ha resultado tan potente que se está introduciendo en las familias, en los individuos y en las conciencias de los mismos. Por todos lados vemos un bombardeo tremendo de erotismo: por donde quiera que se vaya se verá que se está luchando por aniquilar el verdadero sentido de la vida y del amor. La gente actualmente no sabe para qué vive, piensa que el único y último sentido de su existencia se encuentra en el disfrutar, gozar: vivir el momento de manera placentera. El hombre actual no se plantea una verdadera entrega de sí mismo, un sublimar los sufrimientos, un amar plenamente. Y precisamente no se lo plantea porque vive pendiente del placer y el gozo fugaz que aparentemente pueda obtener de cada situación.

El placer no es el valor supremo, nunca se encontrará por arriba del amor ya que lo importante de la naturaleza humana no está en el poder dominar al otro y con ello saciar la afirmación de sí mismo, sino que la plena realización del hombre se encuentra en el servir, y servir es amar. Sólo es cuestión de ordenar nuestra escala de valores: no es posible concebir como valor supremo y último, al que debemos de tender, el placer, pues es algo completamente fuera de contexto y hacia lo que no nos dedicamos a encontrar como lo más importante. Hacia lo que verdaderamente nos encontramos llamados es hacia el Bien en plenitud.

"Ese amasijo de erotismo y violencia es posible porque la reducción erótica de una persona a objeto de complacencia -a medio para los propios fines egoístas- es violenta de por sí, ya que resulta envilecedora. Esta caída en un plano inferior al personal es delatada por el uso del vocablo ‘hacer’ en la expresión ‘hacer el amor’ El amor se crea, se suscita, se instaura entre dos personas. No se hace. Se pueden hacer objetos y utensilios, pero no un poema literario o una sinfonía musical. Estos se crean. Mucho más la relación de amor, que marca un momento cumbre en la vida de las personas. Utilizar en este contexto el verbo hacer indica que se entiende el amor en un nivel mucho más bajo que aquél en que debe darse".

De igual forma, éstas tendencias de buscar el placer como último fin impulsan a los individuos a una 'devaluación' del cuerpo, reduciendo éste a mero objeto de satisfacciones y deslindándolo por completo del alma, como si la persona humana ‘tuviera’ cuerpo, en vez de ‘ser’ cuerpo y alma, unidad indisoluble. Claro está, al no formar parte del ‘ser’ de persona, el cuerpo se rebaja a un objeto que puede ser intercambiado, usado y dispuesto a capricho del ‘comprador’. El cuerpo, por formar una unidad con el espíritu y ser la realidad más inmediata y palpable que podemos percibir, se convierte en expresión dinámica del espíritu y, por lo tanto, de la persona entera: "El cuerpo es expresión de la persona entera. Te digo una broma y te sonríes. En esa sonrisa percibo toda tu persona que me mira complaciente . No veo sólo el cuerpo; veo toda tu persona que me sonríe. En el cuerpo vibra la persona entera".

Esta afirmación desmedida respecto al cuerpo nos puede conducir a una acentuación desmedida de la importancia que reviste éste sobre cualquier otro aspecto de la persona, aniquilando la esencia de la misma y reduciendo lo más noble que existe en ella a mero deseo de satisfacción. Víktor Frankl lo comenta así: "La acentuación de la apariencia externa lleva a exagerar, en general, la importancia de la ‘belleza’ física en el campo de lo erótico. A la par con ello, se rebaja en cierta medida el valor de lo humano. Cuando decimos, por ejemplo, que una mujer es ‘bonita’ este juicio envuelve, en rigor, una humillación para la persona de que se trata. ¿Qué quiere decir, en última instancia, sino que quien lo emite prefiere, por caridad, no hablar, con respecto a la persona en cuestión, de otros valores, de los valores espirituales, supongamos? El hecho de que el juicio haga hincapié positivamente en este campo de valores relativamente bajos despierta necesariamente la sospecha de que se trata de silenciar un juicio negativo respecto a un campo superior de valores"

El que busca el erotismo parte del egoísmo porque no se entrega, no da, solo va buscando lo que le apetece. El amor parte de la generosidad. Y la actitud de la que se parte en la vida es la opción fundamental, la que dirige hacia el fin.

Por lo tanto, antes de dejarnos guiar por los instintos, debemos recobrar nuestro ser de persona humana y utilizar la razón de manera que ésta sea la que dirija las demás facultades: "El instinto es excelente para los simples animales, pero nosotros no somos simples animales, somos racionales. Y el precio que pagamos por la racionalidad es que la razón es nuestro único guía seguro; ignorarla es siempre un desastre. El instinto sexual no tiene un privilegio especial que lo exima a él solo del control de la razón. El que sea más excitante que los otros hace que tenga no menos sino más necesidad de control. Cualquiera de los instintos, incontrolado, puede hacer imposible la vida humana, y el sexo quizá más que los otros".

Las personas que se meten en este "juego" piensan que van a poder salir de él ilesos, pero eso no es verdad, lo que va en contra de la naturaleza, siempre paga su precio, y este resulta muy alto. Así lo expresa López Quintás: "La vida sexual no es un juguete, un oso de peluche que podamos tomar cuando queramos para divertirnos un rato y volver a dejarlo tranquilo y modoso en su caja. Eso parece desprenderse de ciertos folletos y espacios televisivos, pero se trata de un espejismo nefasto. La sexualidad no es un objeto. Es una parte de la vida del hombre, que puede ser dulce como un pequeño lago o impetuoso como un río desmadrado. Lleva un ingrediente pasional, y tiende al descontrol. E1 que diga que la vida sexual es un recurso que el hombre tiene sencillamente a mano para procurarse sensaciones placenteras con la misma sencillez con que paladea un bombón de chocolate demuestra no ser realista; no se atiene a la realidad, sino a su mera fantasía. Toma sus deseos por realidades. Por eso es incapaz de prever, de mirar más allá de sus apetitos saciados y averiguar qué sucede cuando se abren las puertas a las exigencias de los instintos" Respecto a esto, también dice el doctor Sheed: "‘Más próximo a la verdad sería decir que no es el hombre el que juega con el sexo, sino el sexo el que juega con el hombre, y el juego puede resultar catastrófico. Porque el sexo comienza con fuerza y puede llegar a ser incontrolable. Aun sin llegar a este extremo, puede convertirse en un gran tirano, acosando al individuo, emponzoñando todas sus relaciones humanas’"

El amor surge en el encuentro, y en este sentido, encuentro no implica precisamente una cercanía física: el verdadero encuentro se da a nivel del espíritu porque es lo que trasciende del hombre, es lo que no va a perecer, sí, en cambio, el cuerpo. Por eso mismo, el encuentro, en sentido estricto, se refiere a un entretejer dos realidades de dos personas distintas para llevarlos a un enriquecimiento mutuo, un compartir su ser que los conduce a enriquecerlo. Por lo tanto, es absurdo pensar que éstas relaciones fugaces del llamado 'amor libre' conduzcan a un auténtico desarrollo de una y otra parte, ya que lo único que se busca es satisfacer el placer inmediato, dominando a la otra persona y rebajándola al nivel de objeto de satisfacción, cerrando en este egoísmo, toda posibilidad de hacer del otro el fin de mi amor.

Pero este encuentro amoroso implica donar la totalidad del ser mismo, presentándose al otro tal cual como uno es, porque el mantener la verdadera identidad oculta no significa otra cosa que desconfianza: el estarme reservando para mí mismo mi verdadero yo. Si la otra persona lo percibe, indudablemente que tampoco se mostrará conmigo como es realmente ella y esto provoca un círculo vicioso en donde cada uno se va replegando más hacia sí mismo y alejándose más del otro. Pudieran darse en éstas circunstancias las relaciones físicas, pero nunca un verdadero encuentro.

"Lo describe muy bien Gustavo Thibon: ‘No hay nada tan vulgar, tan vacío bajo el brillo de las apariencias, nada tampoco tan frágil y vulnerable al tiempo como un amor dominado por los impulsos de los sentidos. Se ha dicho que el matrimonio no resuelve la cuestión sexual. Esto es verdad si se hace de la cuestión sexual un absoluto, si se diviniza la carne separada del alma. (El culto a la carne, la sexolatría, es una de las plagas de nuestro tiempo). Pero es falso si se restituye la sexualidad a su lugar, si se la considera, no ya como un todo autónomo, sino como un aporte ligado orgánicamente a un conjunto e impregnada de ese conjunto’. ‘Nosotros (...) no queremos una plenitud sexual que se compre al precio de la plenitud humana; no sentimos ningún gusto por costumbres que, bajo pretexto de satisfacer plenamente al sexo, vacían todo lo demás del hombre. Unicamente el matrimonio puede al mismo tiempo satisfacer el instinto sin degradar a la persona...’"

El hombre, al igual que los animales tiene instintos, sin embargo para éstos, los instintos representan su única guía segura para alcanzar su 'meta' mientras viven, esto es, para alcanzar la perfección de su ser, en cuanto que son tal o cual animal. Sin embargo, el hombre, posee un alma espiritual que lo hace elevar radicalmente su rango de criatura: su inteligencia y su voluntad constituyen, principalmente, la guía que le permitirá encontrar y llevar a cabo el sentido de su vida. Más aún, actualmente es imposible dirigir la conducta sin una referencia que garantice que se está actuando de acuerdo a la propia naturaleza y este punto de apoyo nos lo da la ética, ciencia en el estricto sentido de la palabra que no deberá de confundirse con corrientes moralistas o determinadas religiones. Es ésta la que nos proporcionará un sustento común que nos permita retomar el diálogo entre quienes tenemos diferentes puntos de vista. "Es muy difícil hacer cambiar a las gentes en lo tocante a sus actitudes éticas, políticas y religiosas, ya que éstas vienen determinadas en buena medida por mil influencias y están cargadas de adherencias sentimentales. De ahí la posibilidad de que personas bien dotadas sostengan ideas muy diferentes, incluso enfrentadas, en materia de política, ética y religión. La ciencia—en cambio—prescinde de motivaciones personales y ejercita un modo de investigación neutral que suscita el asentimiento de toda persona que tenga los conocimientos necesarios para comprender los resultados de la misma. (…) Bien es cierto que este proceso investigador se halla limitado a ciertos tipos de realidades. las cuestiones éticas, políticas, jurídicas, estéticas y religiosas no pueden ser objeto de investigación científica. Sin embargo, por lo que toca a la Etica, la ciencia puede facilitarnos datos básicos sobre el ser humano que nos permitan inducir cómo ha de ser la conducta del hombre que quiera desarrollarse de forma cabal".

Precisamente los fundamentos que ofrece la ética nos permiten profundizar en nuestra realidad de ser-personas: sólo en la medida en la que conozcamos nuestra verdadera naturaleza y el sentido de nuestra particular existencia vamos a poder evitar el dejarnos llevar por las tendencias manipuladoras del erotismo, ya que éstas no tienen fundamento en sí mismas puesto que se caracterizan por su frivolidad y superficialidad.

Debemos tener firmeza en nuestras convicciones y ardor para defenderlas: "entusiasmo no debe entenderse como Fanatismo. Fanático es el que sostiene algo a ultranza y no altera su posición cuando se le dan razones convincentes para ello. Entusiasta es el que se asombra ante la grandeza de los valores más relevantes y siente que, al asumirlos, se realiza plenamente como hombre. El entusiasmo así entendido no implica apego a las propias convicciones, sino respeto a la realidad. Si sé que , al afirmar algo, estoy reflejando lo que es la realidad de la que hablo, me muevo con seguridad, con firmeza, no me deja vencer fácilmente a no ser que se me muestre que la realidad desmiente mi opinión. Puede alguien decirme que mi postura no es progresista, ni moderna, ni liberal... Me da lo mismo. Estas palabras sólo tienen valor cuando significan que una persona se atiene a la realidad, no a sus especulaciones".

La integración de los amores.

Como se mencionó renglones arriba, lo que para el amante importa no es algún rasgo físico o de carácter del amado, sino que va mucho más allá. Por eso dice Víktor Frankl que "El amor es algo más que un estado emotivo: un acto ‘intencional’. Tiene en mientes –intendere– el ser así de otra persona. Este ser así –la esencia de esta otra persona– es en última instancia, independiente de la existencia; en efecto, la ‘esencia’ no depende de la ‘existencia’ y se halla, consiguientemente, por encima.

Por eso, la corporalidad no agota nunca la esencia de la persona, sino sólo la manifiesta, la transmite y es ésta la que recobra la verdadera importancia para el amante. Y como expresión de la espiritualidad de una persona, las manifestaciones del cuerpo inclinan al amante a elegir a tal o cual persona que manifestó ciertos rasgos físicos, psíquicos o de carácter que exteriorizan y dan a conocer su ser mismo. Por lo tanto, podemos decir que el cuerpo es la expresión física del espíritu y, por lo mismo, la relación sexual no es mas que un medio de expresión del auténtico amor que se basa en la relación espiritual. López Quintás lo expresa de la siguiente manera: "Unicamente en el caso de que reconozcas en ella (o él) tal valor absoluto, le profesarás un amor incondicional, no sometido a tus intereses más o menos inconfesables. Y sólo cuando profesas un amor incondicional, te liberas de la sumisión a tus apetitos. Eres libre, sabes elegir con la debida perspectiva y conferir a tu vida el debido sentido"

Víktor Frankl hace énfasis en la poca importancia que adquiere la apariencia física cuando realmente se ama a una persona: "La impresión externa de la apariencia física de una persona es relativamente indiferente en cuanto a la posibilidad de que se la ame. Es el amor y solamente él lo que infunde dignidad erótica a los rasgos individuales psico-somáticos, lo que los convierte en cualidades ‘dignas de ser amadas’ (en portadores de una psicofisis concreta). Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama"

Como se ha venido diciendo, quien verdaderamente ama, no se fija en lo corruptible de la persona amada, sino en lo imperecedero. Dicho amor, por tener como objetivo algo perene –el ser del amado- debe ser también eterno. No se puede comprender que se le dijera al amado –te amo, solo por hoy, mañana ya no-, ya que no se trata del estado de ánimo en el que se encuentre al amante, sino de su voluntad misma que quiere querer al otro: "Cuando en verdad hemos llegado a captar la esencia de otro ser, contemplándolo en el amor, tampoco hay quien mueva esta verdad y nada podrá apartarnos ya de este amor, ni apartar a este amor de nosotros"

"¿Se dan ustedes cuenta de lo que significa para la vida amorosa esta consideración de la otra persona como única e insustituible? El que vea en la persona amada algo único para él, comprenderá fácilmente lo que afirman los grandes especialistas de Etica: que el amor pide perennidad, que no tiene sentido prometer amor para un lapso determinado de tiempo. Amar a una persona, decía Gabriel Marcel, es decirle: ‘Tú no morirás nunca’. En virtud de su misma esencia, el amor verdadero pide fidelidad"

De esta manera, podemos concluir que el amor no es un simple sentimiento de afectividad que el hombre tiene como parte de su apetito concupiscible; es una aptitud ante la vida de verdadera entrega de sí mismo para con los seres amados. El sentido de la vida de todo hombre, es motivado por el amor que éste siente y necesita de otros. No se puede menospreciar el valor que tiene ni mucho menos poner en duda su efectividad. Cualquier forma de trascender del hombre solo se logra si esta es fundada en el amor que tiene sobre tal ser e impulsado, de esta manera, logra concretizar y realizar sus metas haciendo hasta el último esfuerzo para lograr tal fin. Es, por lo tanto, necesario amar, pues su valor se verá reflejado en todos los ámbitos de la vida.

Y es así como el hombre encuentra sustentado todas las acciones que realiza ya que encuentra un motivo que lo influye a realizar determinada acción o una concreta aptitud ante la vida. Encuentra en el amor un fundamento inherente de entrega incesante a los demás que se verá reflejado en el amor de los demás hacia uno mismo.

La trascendencia del hombre se comprueba con el amor que cada individuo desprende de sí mismo haciendo ver el lado más humano de cada uno.

Comparto la idea de que el "sentido de la vida, (...) está en el amor. Sólo quien sabe amar perfectamente y se olvida de sí mismo para darse (...), realiza de forma plena la propia vida y expresa en el máximo grado el valor de la propia recompensa terrena".

 

 

 

 

Autor:

Gabriel Villalever

 


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