La voz que clama

en el desierto

Según la teología católica y protestante, Yehoshuah fue tentado en el desierto por Satanás, y después se dejó bautizar en el Jordán por el profeta Yokanaán. Sin embargo, hay que aclarar que esas llamadas tentaciones no fueron más que las tentativas de los sacerdotes de la religión de su tiempo de comprar el silencio de Yehoshuah de Nazerat con el fin de adormecer la conciencia de los pobres, tentativas que se repitieron a lo largo de la vida del nazareno y que fueron más allá del absurdo, una fría noche.

Tentaciones religiosas

El rabí de Nazerat compartía con sus amigos obreros todas las experiencias humanas que solía vivir, incluyendo las visitas inesperadas que al principio los sacerdotes realizaban para ofrecerle dinero por el silencio de sus palabras. Pero todo este tipo de hechos llegó al absurdo una noche, cuando durmiendo profundamente después de un largo y agotador día de trabajo, representantes del rabinato de Israel tocaron a su puerta de tal manera que su familia se asustó, pues querían llevar al carpintero ante el Sumo Pontífice. Y estando Yehoshuah delante del jerarca, este dijo al carpintero:

–Yehoshuah, he oído hablar de tí y de tu defensa de los pobres; eso está bien, pero si vienes con nosotros podrás dejar de cuidar las ovejas de otros, de oler a pescado o de hacer chapuzas con la madera y entrarás a formar parte del sanedrín, incluso con tu don de gentes, podrías llegar a ser si te lo propones mi sucesor; vivirás bien y nadie te molestará, y lo más importante es que no pasarás hambre, ni tú, ni tu familia. Podrás seguir predicando a los pobres como haces ahora, pero estando con nosotros; ¿qué nos dices Yehoshuah?

Pero el rabí rechazó la propuesta del sumo pontífice judío diciendole: –Es cierto que en mi familia pasamos necesidad, y es tentador lo que me ofreces; pero dime una cosa, tú que eres el jefe espiritual del judaismo, ¿de qué me sirve el dinero, la posición social, tener un lugar en el sanedrín judío ó mandar a otros hombres que trabajen para mí, si pierdo mi espíritu?. ¡No! te agradezco el ofrecimiento, pero yo no me vendo por un plato de lentejas!, volvió a gritar el carpintero fuertemente, esta vez delante del sumo sacerdote.

Si de verdad quieres ayudarme, haz lo mismo que hago yo; dí a tus sacerdotes que trabajen y luego prediquen como hacían los profetas, con el ejemplo; es muy sencillo, sólo hay que dejar que el Espíritu os guíe; aprended también vosotros de mí; pero vender al Maestro jamás. Esto es lo único que puedo deciros sobre vuestra oferta.

Yehoshuah habló de este hecho a sus amigos y compartía con ellos aquella delicada situación en la que estaba; por una parte falto de trabajo, y por la otra, teniendo que alimentar a su familia, aquellas palabras de los sacerdotes resultaron en su principio tentadoras para su mente, pero aquél hecho asentó más las convicciones tanto del rabí de Nazerat, como las de sus cercanos seguidores que anduvieron con él durante años escuchando sus sencillas enseñanzas.

Pero lo acontecido a Yehoshuah de Nazerat es algo que le ha ocurrido y ocurre contínuamente a mucha gente; a mí mismo me ha pasado en muchas ocasiones con diferentes religiones. En el transcurso de la historia ha habido, y hay personas que se han mantenido fieles a los dictados de su conciencia y del espíritu de justicia social, que en definitiva es lo que predicó el rabí. Casos como el de Dolores Ibarruri llamada la Pasionaria o la otra pasionaria mallorquina llamada Aurora Picornell asesinada en la época franquista, nos pueden servir de ejemplos para conocer en que tipo de fundamentos se basaba el mensaje o evangelio de Yehoshuah, desconocido por la religión organizada.

Estos fundamentos podían haber sido base para Francisco de Asís, llamado el poverello, pero ya en vida el fraile permitió asentar las bases del gran negocio de conventos y escuelas católicas llamadas franciscanas, donde difícilmente hoy pueden acceder a sus recintos los hijos de obreros, de pobres. Y es que el catolicismo siempre ha visto un peligro en que los pobres recordaran, como así trató de recordar Francisco de Asís, la sinagoga pobre que dió a entender el rabí de Nazerat.

Indudablemente sólo con Yehoshuah se cumplieron las palabras del profeta Sofonías cuando dijo:

"Y dejaré en medio de tí un pueblo humilde y pobre, el cual esperará en el nombre del Señor"Sofonías 3-12

El reino es de los pobres

Yehoshuah solía hablar a las gentes de la pobreza y de la justicia de Dios y en contadas ocasiones dentro de las sinagogas, en las que sus palabras acababan siendo polémica y motivo de discusión y enfado de los rabinos, incluyendo su pueblo Nazerat. Pero cuando podía aprovechaba, y ensalzaba a los pobres y denunciaba las injusticias morales a las que eran sometidos con el consentimiento de la religión judía de Israel; tanto era así que acabó siendo censurado y finalmente expulsado de aquellas llamadas casas de estudio.

Al rabí siempre le acompañaban algunos de sus amigos pescadores, como en aquella ocasión, que estando dentro de la sinagoga de su pueblo natal Nazerat, se levantó para hablar después de los rezos de costumbre, y empezó diciendo:

–Se nos dice que la Ley de Moisés habla de los profetas como hombres inspirados por Dios y que predicaban la llegada del Mesías. También se nos dice que, cuando se cumpla la profecía de la venida del Mesías desaparecerá la esclavitud, las guerras, el hambre, la explotación, la miseria y que además de esto, habrá justicia para todos, hombres y mujeres.

Pero yo os digo que esta profecía se está cumpliendo ya, entre nosotros los pobres, si tenemos en cuenta las palabras de los profetas que nos dejaron dicho que lo importante es amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo.

Os digo que a Dios nadie lo ha visto jamás, pero si practicamos el amor los unos con los otros, Dios está con nosotros, es más, tendremos al Mesías dentro de nosotros, y todos los hombres y mujeres nos convertiremos en profetas y sacerdotes de Dios, porque si el amor, que es el Espíritu de Dios, el Mesías, no tiene límites, y el amor está en todas partes, también está dentro de nosotros, los pobres, ahora, cumpliéndose en estos momentos las palabras de los profetas.

Los sacerdotes se irritaron al escuchar las palabras de Yehoshuah, pero en ese momento no pudieron parar al carpintero que continuaba diciendo: –¿Por qué os molestan mis palabras?, ¿acaso no tenemos el ejemplo de los profetas que durante siglos han sido el espejo donde mirarnos todos?. Si ellos procuraron seguir la voz de Dios y no necesitaron encerrarse en los templos para hablar y soñar con nuestro Padre Dios, ¿acaso no podemos hacer todos los hombres lo mismo acudiendo al Padre directamente?.

¿Cuántos profetas como Yokanaán han venido a Israel clamando justicia y no han sido escuchados?. Sin embargo Yokanaán no fue una caña sacudida por el viento, ni un hombre rico como los que se sientan en las mesas de los reyes; vosotros mismos lo fuisteis a buscar por el desierto y por los campos donde trabajaba, ¿y qué salisteis a ver que no fuera a un hombre pobre, a un trabajador honrado, a un verdadero profeta?.

Entonces los rabinos se enfurecieron tanto por las palabras de Yehoshuah que acabó formandose una gran discusión dentro de la sinagoga mientras algunos decían: –¿Quién és este para hablar de estas cosas?–. Pero el rabí continuaba hablando con voz fuerte y rotunda:

–Sólo hay un Maestro, el Espíritu, que nos habla a todos como habló a los profetas, y como habla hoy a todos los hombres y mujeres con bondad en el corazón. Tener al Espíritu en uno mismo, es estar en y con Dios; pero nadie puede tener al Espíritu si no practica la justicia y el amor con el prójimo. Vosotros, sacerdotes, no debéis olvidar que el más pequeño e insignificante de los hombres puede albergar un gran espíritu, porque así Dios lo quiere.

Irritados por sus palabras, los sacerdotes querían expulsar a Yehoshuah y a la gente pobre que le seguía de la sinagoga mientras que el carpintero continuaba exclamando: –¡Ya veo que nadie es profeta en su tierra!, pero doy gracias a nuestro Padre, el Señor de los cielos y de la Tierra, de que estas cosas las esconda de vosotros, sabios y entendidos, y las revele a los más pobres. ¡Misericordia quiero y no sacrificios, dice Dios!.

¡Salgamos de aquí amigos!, –decía a los pobres, a los obreros que habían venido con él– ¡salgamos de la sinagoga de los ricos, y venid conmigo y os enseñaré a quitaros todo este yugo y carga religiosa!.

Yehoshuah de Nazerat, como en otras ocasiones, fue expulsado de la sinagoga bajo el enfado de los rabinos, pero los había que estaban sorprendidos de las palabras del carpintero y decían entre sí: –Pero, ¿no és este el carpintero de Nazerat, hijo de José y María, y no están entre nosotros sus hermanos José, Jacobo, Judas y Simón?, ¿no viven sus hermanas entre nosotros?, ¿de dónde saca todas estas cosas?.

Que un pobre, un jornalero como era Yehoshuah, entrara y saliera de las sinagogas, gritando justicia a los sacerdotes y a la gente rica de Israel, y en tiempos de una dictadura como era la del imperio romano que dominaba aquella tierra, es incomprensible, ya que de haber sido así, no habría tenido tiempo de predicar aquel sencillo evangelio de bondad y justicia que predicó, ya que lo habrían matado enseguida.

Es evidente que la dignidad de Yehoshuah estaba por encima de los convencionalismos religiosos, y que, la conciencia de libertad y justicia que le caracterizó, lo alejaba de la religión organizada hasta el punto de sentenciar contínuamente cualquier vinculo entre Dios y los sacerdotes con expresiones tales como: –No se puede servir a Dios y al dinero; es más fácil pasar un camello..., etc.–

No es Yehoshuah de Nazerat quien se ha contradicho en estos dos mil años, sino las organizaciones religiosas que, usando el engaño, el poder y la ignorancia de los pueblos, han hecho decir y hacer cosas a este sencillo carpintero que vinieran bien a sus intereses; por ejemplo, que Yehoshuah empezara a predicar a las gentes después de ser purificado por Yokanaán en el río Jordán, que aleccionara a un pequeño grupo de personas o que incitara a los que le seguían a dejar el trabajo que ejercían, para predicar, etc.

Toda la jerarquía del llamado cristianismo organizado ha usado ideas de este tipo para asegurar su pan gratuito y para justificar de esta manera cosas como las llamadas misiones, carrera sacerdotal, vida de clausura, evangelizaciones indígenas e inclusive un celoso celibato impuesto a hombres y mujeres durante siglos.

Un obrero despierto como era Yehoshuah, que desde muy joven llevaba en sí al espíritu de los profetas, –conservado en su interior seguramente de otras vidas y de la tradición oral de su familia– y que además vivía humanamente en su piel la injusticia social y religiosa que realizaban los poderosos y sacerdotes de Israel, no era un extraño en su pueblo, incomprendido por sus palabras, es posible, –sobre todo por los sacerdotes–, pero no un extraño, sobre todo para quienes le vieron crecer y lo conocían desde su infancia.

Yehoshuah conocía bien a sus amigos, pero ellos a él también, sobre todo su trayectoria humana y espiritual, comprobando como, día a día, dedicó su vida a trabajar sencillamente para comer y a predicar la única verdad posible en aquella y esta época, la bondad, un ejemplo por el cual se le llegó a considerar un profeta, el último profeta de Israel.

Nada pues de colgar las redes del trabajo para ir a predicar, nada de abandonar a los padres para seguirle y nada de ponerse a las órdenes de Yehoshuah como si fuera el dirigente de una organización religiosa, tal y como ha tratado de presentarlo durante siglos la teología católica y protestante.

Si hoy en día se usara más el sentido común dentro de los templos, los adeptos de dichas organizaciones preguntarían a sus sacerdotes, lo mismo que hubieran preguntado al rabí de haber actuado como actúan hoy día, los dirigentes de las organizaciones religiosas: –Pero Yehoshuah, ¿no ves que nuestros hijos nos ayudan en el trabajo?; si ellos se van para seguirte y predicar tu filosofía, ¿de qué comerán nuestras familias?; ¿qué espiritualidad predicas a nuestros hijos que haces que abandonen sus familia?; pero lo cierto es que no fue así y esto pesa en las conciencias de los que predican solo religión.

La Buena Nueva

Al ser expulsado de las sinagogas, Yehoshuah llamaba con más fuerza a reunirse con sus amigos, y después de acabar el trabajo, les decía que tenía buenas noticias que contarles, y en muchas ocasiones sus amigos, los pobres, al acabar sus trabajos iban a buscarlo allí donde sabían que trabajaba y como una cosa normal el carpintero les decía:

–Bien amigos, vamos a conversar un rato más; ya es hora de comunicarlo; la buena noticia que os tengo que decir es que debemos buscar a Dios en nosotros mismos, sin intermediarios. Ha llegado el momento de decir a todo el mundo lo más importante de esta buena nueva; los pobres no necesitamos sacerdotes ni rabinos que nos organicen nuestra vida espiritual, porque si ellos no han visto jamás a Dios, tenemos tanto derecho como ellos a predicar lo que pensamos.

Es necesario que estas cosas que hablamos se digan a la gente, y no tengáis miedo a la hora de hablar, porque es el Espíritu que habla y guía nuestras palabras; y así como os he dicho que la luz se pone encima de la mesa para alumbrar, así han de dar luz vuestras palabras, para que se cumplan las profecías del Espíritu en boca de los pobres. No tengáis pues temor amigos, vosotros sois también hijos del trueno como lo eran los profetas; y ya es hora de que todo lo que oigamos al oído del Espíritu, lo prediquemos desde los terrados si es necesario.

Las palabras de aliento del carpintero fueron muy importantes para aquél pequeño grupo de pobres, pescadores, jornaleros, sirvientes y esclavos que le seguían, y apoyaban su enseñanza espiritual, y les comprometió espiritualmente sabiendo la tensión social que existía en aquellos momentos en todo Israel; aunque algunos se apartaron por temor, otros en cambio continuaron a su lado:

–Maestro, estoy contigo y te seguiré, –dijo uno– pero primero he de enterrar a mi padre que ha muerto–. Pero Yehoshuah siempre tenía las palabras de enseñanza a cada momento y les explicaba las cosas con cariño y paciencia diciendo:

–Dejad que los muertos entierren a sus muertos y tratad de entender estas cosas; esta bien que enterremos a nuestros seres queridos, pero no olvidemos que por causa de la religión, el espíritu de mucha gente ha quedado tan dormido practicando sin sentido costumbres y ritos religiosos, que los han convertido en muertos que andan, rezan, creen y siguen a ciegas a pastores tan ciegos como ellos, sin saber a donde van.

Yo os aconsejo que procuréis estar siempre despiertos en estas cosas y no tengáis tanto temor de la muerte, sino estar despiertos delante de quienes tratan de matar vuestro espíritu. La religión de Dios es vida para el espíritu y nada tiene que ver con los ritos de sufrimiento religioso; procurad entender estas cosas y tratad de enriquecer vuestra vida espiritual.

Yehoshuah y el Espíritu Universal ó «Cristo»

En continuas ocasiones, cuando el rabí se reunía con sus amigos, sus sabias palabras y el Espíritu Universal que llamamos Cristo, se expresaba por su boca de esta manera:

–"Yo soy el Buen Pastor, la Verdad, la Vida, –dice el Espíritu; yo soy el que puedo daros la verdadera agua para calmar la sed espiritual". Cuando os digo que nadie puede ir a Dios sin mi, sin el Espíritu, es para daros la idea de que nadie puede vivir sin la vida y cuando os digo que los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan o los muertos vuelven a la vida, me refiero a la vida del espíritu ya que las cosas que os hablo son verdad y espíritu, la carne nada aprovecha.

Tened presente que el cuerpo de un ser humano ciego, cojo, etc., en muchas ocasiones es habitación de un espíritu muy elevado, muy evolucionado; no basta pues, nacer de nuevo a la vida física para evolucionar, sino renacer en el Espíritu en esta misma vida, de esta forma los seres humanos iréis conociendo la Verdad y la Verdad os hará libres.

Antes que Abraham, Noé ó Adam existiesen, yo ya existía como aliento de Dios, como Espíritu Universal, pero todos los espíritus existen desde la Eternidad, a los cuales yo voy despertando, enseñando, ayudándoles a andar en el camino o montaña que llega al Padre, a Dios, ya convertidos en espíritus desarrollados, en dioses, o sea, en hijos de Dios ya mayores de edad.

Cuidado pues con los falsos maestros que dicen cuidar al rebaño como pastores, pues sólo hay un verdadero Pastor, el Espíritu; yo soy el Buen Pastor, pero el Buen Pastor dá su vida por las ovejas, más el asalariado, cuando ve venir al lobo, huye; pero vosotros no temáis nada, manada pequeña, grupo pequeño, no temáis a los que matan el cuerpo, pero cuidaos de los sacerdotes religiosos, ya que son ellos los que procuran por todos los medios adormecer nuestro espíritu.

Ahora os hablo a través de uno más como vosotros, pero si me buscáis en vuestro propio corazón, en vosotros mismos, me encontraréis y me tendréis siempre; esta es la Verdad Universal, la de Dios. Se dice: «ama a tu prójimo como a tí mismo», pero yo os aclaro más esto y os digo: «amaos los unos a los otros, para que no olvidéis nunca que nuestro Padre Dios es Amor, es bondad.

El Espíritu Universal o Cristo que inspiraba a Yehoshuah de Nazerat, se expresaba de manera muy sencilla y daba siempre a entender que los seres humanos –como parte de un algo universal– nunca hemos nacido, y por lo tanto, nunca moriremos, ya que el físico tan sólo es un vehículo para vivir en este mundo, el cual aparcamos a la hora de entrar en el Gran Templo de Dios, que es el Infinito Universo.

Un Espíritu sin barreras

No hace mucho tiempo –sobre 1999– soñé (y a esto le llaman viaje astral) que me encontraba en el espacio observando una gran masa de tierra; miles, millones de soles juntos desprendiendo unas llamaradas enormes y unas alturas de agua grandiosas, además de otras cosas que no puedo definir con palabras pero que se movían, grandes y pequeñas; todo junto me parecía como un enorme almacén de mundos.

Pocos meses después, los astrónomos anunciaron el descubrimiento de "un enorme agujero negro, curiosamente lleno de millones de soles y de mundos a punto de reventar, y que creará una nueva explosión, y por tanto una nueva galaxia más en el Universo". Pero lo cierto es que en este Universo que conozco, se suceden contínuas explosiones, una detrás de otra, sin principio ni final.

Pero este hecho, que ocurre físicamente, y de manera contínua a nuestro alrededor, no es nada cuando lo comparamos con la vivencia infinita del espíritu, capaz de ver a través de todas las cosas, acontecidas o explosionadas como las que todavía han de ocurrir o explosionar.

Esta realidad podríamos considerar que acontece físicamente cerca de nosotros, pero si expandimos nuestra imaginación y pensamiento, veremos con claridad que en el Universo existen billones y billones (el número es infinito) de galaxias que aún tienen que reventar, es decir renacer ó reencarnar, dando a entender al hombre que todo lo que existe dentro o fuera de nuestro pequeño mundo se crea y se recrea a las órdenes del Único y Gran Arquitecto, Dios. –En la casa de nuestro Padre Dios hay muchas habitaciones..", decía el Maestro Yehoshuah para dar una idea amplia de esta infinidad que nos rodea y de la que formamos parte, pero también decía "vosotros sois dioses" refiriéndose a lo más profundo del ser humano, nuestro espíritu, ese algo que no necesita del físico para seguir aprendiendo más allá del espacio y del tiempo.

Recuerdo que en otro de estos sueños o viaje astral, el Maestro me dió un trozo de roca, una especie de piedra de cristal: –Rómpela y lanza los trozos al espacio– me dijo; y así lo hice partiendo la piedra en dos trozos y soltándola en el Universo; en un momento empezaron a dar vueltas y en unos segundos lo que eran trozos de piedra y polvo se convirtieron en dos mundos y al ver aquello pregunté al Maestro: –Rabí, ¿y esto?"; y él sonriendo me respondió: –¿Acaso no te acuerdas de que os dije que mayores cosas que estas haríais?, todos somos dioses, porque cada uno de nosotros estamos en y con el Padre, con nuestro Creador.

Al vivir estas experiencias pienso seriamente en la vida humana y me pregunto, ¿dónde queda mi orgullo y mi vanidad cuando me encuentro frente a esta realidad universal?. Cuando el hombre vive a Dios, tiene experiencias en su interior que le hacen superar las vanidades y orgullos humanos, y esto es así porque, acudir a Dios sin intermediarios, es beber de la fuente de agua pura y cristalina, y no de las aguas turbias y removidas de la religión. Y es cuando se viven estas cosas, que se puede ver con claridad que el mensaje o evangelio pobre predicado por Yehoshuah de Nazerat se resume en el eterno mensaje de bondad que el Espíritu o Cristo recuerda siempre que viva el ser humano: –Bienaventurados los de manos limpias y corazón puro –decía el Maestro–, porque el Espíritu está en ellos.

Algunos, cuando oían hablar de estas cosas al carpintero le decían entusiasmados: –Rabí, ¿podemos seguirte?.

Y el rabí les aclaraba las cosas diciendo: –Claro que podéis seguirme y aprender de mí; pero mirad que las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero yo, como hijo de pobres, no tengo donde reclinar mi cabeza; debemos trabajar todos para ganarnos el pan que comemos y no querer hacernos ricos a costa del trabajo de los demás; carguemos cada uno con nuestra propia cruz y cojamos fuerza para hablar de estas cosas a los demás pobres, teniendo presente que la verdadera sinagoga o templo de oración está en nuestra casa y en vuestro interior. Así pues, buscad primero el Reino de nuestro Padre Dios en vosotros mismos, y las demás cosas os vendrán por añadidura y procuremos ser perfectos como nuestro Padre Dios es perfecto, no hay más.

Toma tu cruz y sígueme

El carpintero de Nazerat siempre decía a quien pedía sus consejos: –Toma tu cruz y sígueme. Pero ¿qué és la cruz?.

A diferencia de las organizaciones religiosas, Yehoshuah de Nazerat hacía de la vida un cúmulo de experiencias, y no un relicario de cargas, sufrimientos, tormentos y dolor. El rabí. que hablaba desde su propia experiencia, siempre aclaraba que había que trabajar para comer y no ser carga para nadie, no como hacían los ricos y sacerdotes, que al no trabajar para ganarse el pan que comen, hacen cargar a los pobres con la cruz social, antihumana y anticristiana de la explotación que ellos bendicen dentro de sus templos.

Hoy, tanto ricos católicos como protestantes, se hacen llamar cristianos, pero ¿qué autoridad moral les avala para expoliar la Tierra y explotar a millones de seres humanos en todo el mundo, si no es la autoridad moral de las organizaciones religiosas que nunca, a través de la historia de los pueblos, han movido un solo dedo para condenar este insulto a la razón humana y blasfemia a Dios que es la explotación?.

Viendo esto y sabiendo que el cristianismo de Yehoshuah de Nazerat se basó en la justicia de Dios, –Sencillos como palomas, pero prudentes como serpientes–, los pobres debemos aprender la lección de una vez por todas; ser buenos no quiere decir ser tontos y dejarnos engañar por quienes en las cosas de Dios son ciegos, ni lo han visto jamás, ni saben donde se encuentran ellos mismos.

–Buscad el reino de Dios y su justicia las demás cosas vendrán por añadidura–, decía también el rabí, no la justicia humana, las leyes humanas, sino la justicia del Creador de todo; ¿por qué?, porque a través de la historia humana vemos como la religiones, divididas entre ricos y pobres, permiten con sus bendiciones, que unos se hagan ricos a costa del trabajo de otros llamando a esto justicia, cultura, civilización, cristianismo, etc. Y es precisamente hoy que se empieza a comprender que esto no es el cristianismo de Yehoshuah, la pacífica revolución de justicia que predicó el carpintero de Nazerat.

En España, y en muchas partes del mundo se celebra el día del trabajador; en esas fechas se suceden manifestaciones, huelgas, etc.; seres humanos, los pobres del mundo, pidiendo trabajo digno, reducción laboral, menos horas de explotación, pidiendo más responsabilidad a los gobiernos y a las empresas para que contengan los incesantes accidentes laborales, las condiciones precarias, la discriminación, etc. Pero gobiernos, sindicatos, empresarios, partidos o religiones, etc., de todo el mundo se olvidan de que lo más importante es la justicia, pero no la justicia elitista de jueces y abogados, sino la justicia de Dios, la que es para todos los seres humanos.

Los obreros, los pobres del mundo trabajamos, –incluyendo los hoy parados y los que hemos trabajado y ahora somos jubilados– y gracias a nuestro trabajo se produce riqueza que es acumulada por unos pocos que se hacen llamar ricos; estos pocos seres humanos lo tienen todo (casas, tierra, coches, fábricas, oro, armas, etc.,) y para calmar su conciencia y buscar justificaciones al ejercicio de su poder, acuden a las religiones para que los sacerdotes bendigan sus actos de limosneo hacia los pobres, bárbara injusticia que no tiene justificación posible.

Yehoshuah hablaba con claridad sobre estas cosas: –Buscad primero el reino de Dios... Tengamos pues en cuenta que la búsqueda humana de la paz, la justicia y la bondad en uno mismo, es (sin intermediarios, sacerdotes, religiones, etc.,) una experiencia espiritual profunda y comprometida capaz de producir una auténtica transformación radical en el espíritu; solo así comprenderemos que todo lo artificial fabricado alrededor de la vida humana, ejércitos, religiones, políticas, etc. para el espíritu que trata de evolucionar, sobra.

Esta actitud aparentemente anarquista –como algunos puedan clasificar–, es el cristianismo de Yehoshuah de Nazerat; sí, podemos llamarlo anarquismo, comunismo, socialismo, etc., pero no olvidemos nunca que el mensaje de Yehoshuah de Nazerat siempre ha sido una revolución de la conciencia, pacífica, espiritual, y no religiosa o política.

Con esta aclaración podríamos decir que Yehoshuah de Nazerat fue y es el mayor anarquista, comunista o socialista espiritual de la historia de la humanidad, y sin duda enseñó y enseña a los pobres de todo el mundo que hay que romper, no sólo las cadenas de hierro de la esclavitud social impuesta por el capitalismo mundial, sino también las cadenas invisibles que la religión ha sellado en el espíritu humano durante siglos.

La bondad atea de un samaritano

Un sábado, rodeado Yehoshuah de sus amigos y de gente del pueblo que le escuchaba, les hablaba y les decía:

–Bienaventurados los pobres que estáis hoy aquí y alegraos de oir lo que se está hablando hoy aquí; porque muchos profetas y reyes desearon ver y oir lo mismo que vosotros, y sin embargo ellos ni vieron ni oyeron por estar cerrados al Espíritu de nuestro Padre Dios, y demos gracias a nuestro Creador de que estas cosas las guarde de los sabios y entendidos y nos las revele a los pobres, a todos aquellos que tratamos de estar en sus sabias manos.

Un estudioso de la Ley que estaba entre la gente, le preguntó:

–Rabí, según tus palabras, los que estudiamos las escrituras estamos ciegos, entonces según tú, ¿que debemos hacer para entrar en el reino de Dios?.

Y Yehoshuah le dijo: –¿Estudiáis la Ley de los profetas y las escrituras y no sabéis como debéis actuar?, ¿acaso no os han enseñado cual es el mayor de los mandamientos escritos?.

Y el docto en la Ley contestó: –Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con todo tu entendimiento y al prójimo como a uno mismo. Y Yehoshuah le dijo: –Así es.

Pero el levita, estudioso de la Ley, herido en su orgullo le volvió a preguntar: –Pero, ¿quién es mi prójimo?.

Y el carpintero que veía las intenciones del religioso dijo: –Para que me entendáis todos, os contaré una historia. Un hombre bajaba a Jericó desde Jerusalem, y en el camino le asaltaron unos ladrones que le robaron todo lo que tenía, lo desnudaron y lo dejaron mal herido en el camino. Estando el pobre hombre agonizando, bajaba por el lugar un sacerdote que al verlo se asustó y pasó de largo. Lo mismo hizo un levita que al estar cerca de aquel hombre lo miró con desprecio y se fue dejándolo tendido en el suelo.

Pasaba por el camino un samaritano que solía hacer aquella ruta, y al ver al pobre hombre tirado en el suelo tuvo compasión de él y lo recogió, vendó sus heridas después de limpiarlas con aceite y vino y lo montó en su asno hasta llevarlo a un mesón donde cuidó de él. Al día siguiente el samaritano partió del mesón hacia su trabajo, pero antes dió dos denarios al posadero y le dijo: –Cuida de este hombre y dale todo lo que necesite para que se recupere, y yo al venir te pagaré los gastos.

Al acabar la parábola Yehoshuah se dirigió al doctor de la Ley y le dijo: –Y yo te pregunto a tí, como estudioso de las escrituras y de la Ley, ¿cuál de estos tres hombres crees que fue el prójimo para aquella pobre víctima de los ladrones?.

Sonriendo, el docto contestó: –El samaritano, ya que fue el único que tuvo misericordia; pero Yehoshuah le dijo: –Con esto queda contestada tu pregunta, ahora falta que tú, como estudioso de la Ley, practiques lo mismo que hizo el samaritano, y no te enredes tanto con la letra, ¿o no te das cuenta de que la letra mata y sólo el Espíritu es el que dá vida?.

La razón y la justicia no siempre es del agrado de todos, sobre todo de los sacerdotes y de la gente rica que se oponía al carpintero por las cosas que hablaba; pero al ver que no podían vencer sus palabras, trataban de comprarlo.

Las organizaciones religiosas han escondido este hecho para no evidenciar lo que ellas mismas han estado haciendo a través de la historia infundiendo a las gentes sentimientos de culpa con la llamada tentación; pero la realidad es que el clero judío intentó durante la vida del carpintero comprar su silencio y apropiarse de sus ideas a cambio de dinero y poder, la llamada simonía.

En mi caso, recuerdo que trabajando de yesero, llegaron a desfilar por mi casa rabinos, sacerdotes católicos, monjas, frailes, testigos de Jehová y pastores evangélicos, todos en momentos diferentes y en ocasiones laboralmente difíciles, pero con el mismo objetivo que tuvieron los rabinos con Yehoshuah, comprar mi silencio.

Recuerdo que hasta el mismo obispo católico, en la época franquista, vino a mi casa en el Camp Redó estando enferma mi madre y con la excusa de darle la extremaunción. Pero en Palma, en aquella época pequeña y cerrada como un pueblo, se sabía que el xueta Cayetano Martí, desde la edad de 14 años hacía reuniónes en su casa para hablar del rabí; sobre todo lo sabían los jesuitas, que intentaron convencer a mi madre para internarme en un seminario, pero no lo consiguieron. Esa misma religión que años más tarde me ofrecía buenos puestos para dejar de trabajar de yesero, trabajos fáciles de hacer pero en los que tenía que callarme la boca y dejar de hablar del carpintero, del bon Mestre, como le decimos en mi familia a Yehoshuah de Nazerat. ¡Pero no!, ¡Yo no me vendo por un plato de lentejas!, he dicho siempre a todos.

Pero la censura, encargada de esconder la manipulación que se realiza de la historia humana, también se ha encargado de ocultar el resurgir de las enseñanzas libres del rabí, que algunos descendientes hemos conservado a través de esa misma historia, en ocasiones terrible, sobre todo de Mallorca (persecuciones, gueto, hogueras en la Plaza Gomila, inquisición y autos de fe en el convento de Santo Domingo, etc.), a pesar de que las autoridades, Vaticano de Roma, incluso los mismos reyes de España que residen en el llamado Palacio de Marivent de la capital, estén informados de esta realidad social y cultural de Mallorca. La complicidad y el silencio implica al poder en todo el mundo cuando la verdad se quita el manto de la opresión, se libera y denuncia, a pesar de los intentos por ocultar dicha historia humana, ¿hasta cuando el poder religioso podrá oprimir la conciencia?; el tiempo y la razón común lo dirá.

Purificación en el Jordán

La gente pobre trataba de seguir y escuchar a Yehoshuah, aunque sus palabras a veces eran o parecían difíciles de entender. Así pasó un día en el Jordán cuando el rabí se acercó como uno más a dejarse purificar por su pariente Yokanaán; el profeta de la purificación se alegró tanto de verlo que empezó a decir a la gente cercana a él:

–¡Amigos, acercaos y escuchad al rabí Yehoshuah!; así como yo os purifico con agua según la tradición, él sabe como purificaros a través de las palabras del Espíritu, porque en las cosas del verdadero Maestro yo no soy digno ni de desatarle las sandalias; ¡escuchadlo!.

Y allí, después de la purificación, y sentados cerca del río Jordán, tanto seguidores de Yokanaán como los amigos de Yehoshuah, escucharon al carpintero que hablando el Espíritu, por su boca les decía:

–Yo soy la Luz, –nos dice el espíritu–, y el que venga conmigo nunca estará en tinieblas; soy la Luz del mundo, la Verdad, el Camino, pero debo purificaros en Espíritu porque Dios es Espíritu y los que le adoramos debemos hacerlo con verdad y con el espíritu. Hombres y mujeres estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, que es Espíritu, es nuestro Padre, Creador y origen de todas las cosas. Todos somos dioses en potencia, somos parte de Dios, pero Dios no está dividido, es Todo; por esto debemos amarnos los unos a los otros, porque Dios es amor, y el que vive en amor vive en Dios y Dios en él.

Los sacerdotes dicen que hay que seguir sus enseñanzas, los ritos, etc., pero yo os digo que todo esto no es necesario, porque el Creador de todas las cosas no habita en templos hechos de mano de hombre, nosotros mismos somos el sagrado Templo de Dios; tratad de entender estas cosas. Debemos purificar nuestro cuerpo físico, cuidarlo, alimentarlo, y si procuramos limpiar nuestros pensamientos de odio, egoísmo, ambición, venganza, vicios, etc. nuestro espíritu podrá vivir y evolucionar en esta casa limpia que es nuestro cuerpo.

Pero en la gran casa de nuestro Padre Dios (que es el Infinito Universo) hay muchas habitaciones, y nosotros, como buenos hijos, no debemos perder el tiempo estropeando y acaparando cosas, oro, casas, tierras, etc., o sea, egoísmo. El cielo de nuestro mundo y todos los cielos que existen y no se ven con los ojos del cuerpo, son la casa de nuestro Padre Dios, y no están para adorno, no están porque sí; todo lo que nos ocurre en la vida tiene su sentido, su misión.

Escuchadme pues, espíritus pequeños y atrasados, y yo os purificaré y podréis crecer y adelantar para comprender estas cosas; Yokanaán os purifica con agua, yo os purificaré además el espíritu.

De esta forma sencilla y natural, el rabí se dejó limpiar en el Jordán como uno más, no con un bautismo, sino con una purificación, con la que el profeta Yokanaán, conocido como el purificador, alentaba a que se realizara el pueblo hebreo en las orillas del río.

La purificación era una costumbre extendida en Judea y se realizaba en los cauces del Jordán, bajo un sentido idéntico al producido en la India, cuyos peregrinos cada 12 años acuden a la confluencia del Ganges y del Jumna para expiar sus conciencias bajo un baño en sus aguas.

Pero en la cultura judía, la tradición de la purificación nada tenía que ver con el posterior y propagado bautismo religioso cristiano surgido siglos después de la muerte del rabí; controlar los nacimientos de las familias católicas y adquirir cada vez más poder político, y fue la premisa del Vaticano para reclamar a los gobiernos grandes sumas de dinero y privilegios sociales con la excusa de tener mayoría de adeptos, práctica que continuaron durantes siglos los diferentes grupos protestantes en Europa y América.

Por lo que cabe preguntar a la teología religiosa católica y protestante, ¿bajo qué referencia histórica imponen el bautizar a los fieles, sobre todo siendo niños, si el carpintero de Nazerat sólo se dejó purificar a la edad de 30 ó 40 años y además, por un profeta apartado de la religión judía?.

No olvidemos además, que el rabí fue presentado al templo como un bebé judío más, entendiendo con esto que Yehoshuah de Nazerat ya fue purificado (bautizado para el cristianismo organizado) en la tradición judía a través del rito de la circuncisión; ¿por qué no se ha respetado este hecho cultural judío en la persona del carpintero?.

Sea cual fuere la intención o tradición empleada para asegurarse al adepto, el hecho de que el carpintero se prestara en su edad adulta, a ser bendecido por su pariente, deja patente una natural humildad que demuestra lo importante que era para el rabí decidir libremente sobre su vida espiritual. Pero jamás podrá decidir el ser humano por sí mismo, si desde la infancia se adoctrinan las mentes y los espíritus, coartando lo más preciado que Dios nos ha dado para nuestro crecimiento, el uso de la razón.

Para evitar este aborto espiritual que ocasionan los distintos grupos religiosos a la propia conciencia infantil, es necesario romper –desde la misma familia y centros de enseñanza– todos los tabúes y temores religiosos impuestos durante siglos, para dar paso no a una enseñanza religiosa determinada, sino a una verdadera historia de las religiones.

A partir de este conocimiento nuestros hijos y en general todo ser humano sentirán la necesidad de ser espiritualmente libres, y valorarán por ellos mismos lo que las religiones no han querido valorar nunca por miedo a perder adeptos y poder, la libertad de conciencia, o como decía el rabí: –La verdad os hará libres.

¡Jerusalem!, ¡Jerusalem!

Los publicanos y las rameras os van delante

Una hermosa mañana de sábado en Jerusalem y estando en la plaza, frente al templo, un buen grupo de personas rodeaban al rabí y escuchaban sus sabias palabras, entre ellos algunos escribas y fariseos; aquél día, el Espíritu, hablando por la boca del carpintero Yehoshuah de Nazerat, empezó de esta manera:

–Muchas veces han repetido los sacerdotes y rabinos que los profetas hablaban de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo; y yo os digo igual, es más, también os digo que todas las cosas que deseésis que los demás hagan por vosotros, que digan de vosotros, etc., haced vosotros lo mismo por ellos, esto es todo, sobran pues las ceremonias, ritos, rezos, etc. en el templo, ya que Dios no tiene en cuenta las creencias, ni juzga estas cosas, sino los actos positivos de completo acuerdo con el espíritu de los seres humanos en la vida diaria.

La religión verdadera es vida, es paz interior que se manifiesta al exterior; no es malo ir al templo, pero esto demuestra claramente que si buscáis a Dios en el templo, es porque no lo tenéis en vuestro corazón; Dios no es un ser al que hay que buscar en un lugar determinado, acudir a Él, etc., sino que es en uno mismo donde hay que buscarlo, mejor dicho, descubrirlo; nosotros, como espíritus, estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, que es nuestro Creador.

Cuando os digo que soy la Verdad, la Vida, la Luz, etc., os digo claramente lo que sois vosotros mismos, lo que pasa es que muchos de vosotros no me entendéis, estáis como muertos, debéis renacer, resucitar de nuevo, y esto lo podéis hacer ahora; apartad de vuestra mente todo lo negativo, pensad solamente en el Espíritu, tratad de amar a Dios con todas vuestras fuerzas, tratad de repartir este amor con el prójimo y notaréis en vosotros mismos que vais creciendo espiritualmente, esto os será por señal que el Mesías empieza a estar en vosotros mismos, después, todas las cosas que necesitéis os serán dadas.

Somos todos dioses en potencia ya que somos Dios mismo; muchos de vosotros tratáis de seguirme, os gusta escuchar mis enseñanzas, pero si no ponéis en práctica estas cosas que os hablo no adelantaréis nada, el verdadero judaismo es practicar las enseñanzas de los profetas y no solamente creerlas, porque saber un oficio y no practicarlo de nada sirve; los mandamientos de Dios no son para creer, recitarlos en voz alta, hablar de ellos, etc., son para vivirlos; así pues, no se trata de creer o no creer en nuestro Padre Dios, hay que sentirlo en uno mismo, nuestro espíritu debe estar en completa armonía y unión con el Espíritu Universal de Dios.

Aprended de mi, soy Yehoshuah de Nazerat vuestro amigo; tener al Espíritu es tener la Luz, la Paz, la Justicia, el Amor de Dios en uno mismo; vivid estas cosas y después podréis predicarlas, enseñarlas a los demás siendo verdaderamente mis discípulos.

Sobran pues los maestros religiosos ya que la religión de Dios tiene un sólo Sacerdote, un sólo Rabí, el Espíritu Universal, que al estar en y con los espíritus humanos, hombres y mujeres, nos transforma a todos en verdaderos sacerdotes y profetas de Dios.

Pero como a los sacerdotes les molestaba que un simple chapucero de la madera predicara cerca del templo y sobre todo como lo hacía Yehoshuah gritando en voz alta, salieron junto a los ancianos, del templo, molestos de esa falta de respeto a las costumbres religiosas, y acercándose al rabí le dijeron: –¿Quién te ha dado autoridad para predicar como rabí?. Entonces Yehoshuah con toda naturalidad, después de unos segundos de silencio les dijo: –Vosotros queréis saber con qué autoridad hablo de nuestro Padre Dios, pero antes explicad a la gente si la purificación de Yokanaán en el Jordán le venía dada del cielo o no.

Entonces los sacerdotes mirándose unos a otros dijeron que no sabían nada de ello y antes que pudieran de nuevo hablar el rabí les volvió a decir: –Pues de igual manera tampoco os puedo explicar la autoridad porqué hablo estas cosas, que no sea a través del Espíritu de los profetas que está en mí y en todo hombre y mujer; pero os pondré un ejemplo para que vosotros sacerdotes lo entendáis mejor:

Un hombre tenía un campo que labrar y dos hijos que le ayudaban. Un día dijo al primero: –Hijo, ayúdame a labrar esta mañana el campo que ya le hace falta; el hijo le contestó que no podía, pero después le supo mal y fue a ayudar a su padre. Al día siguiente dijo lo mismo al segundo y este le contestó que sí, que le ayudaría, pero al final no lo hizo y dejó a su padre sólo con todo el trabajo.

Habiendo escuchado esto, os pregunto como estudiosos de la Ley, ¿cual de los dos hijos obró bien con su padre?. Los sacerdotes y ancianos sonriendo contestaron: –El primero.

Entonces el carpintero les dijo: –Muy bien, pero ahora como sacerdotes de la religión judía os pregunto, ¿cómo es que sabéis decirnos donde se encuentra la buena acción de los dos hijos e ignoráis si la purificación de Yokanaán era de Dios o no?; ¿no os dais cuenta de que hasta los publicanos y las rameras os van delante en las cosas del Espíritu?.

Todo el mundo sabe que Yokanaán era un hombre bueno y de justicia, un profeta, sin embargo vosotros sacerdotes no lo reconocisteis como tal, si no al contrario, lo abandonasteis delante de los romanos y permitisteis que lo mataran sin oponeros a esta injusticia; sin embargo nosotros, los pobres, los publicanos y las rameras a los que tanto condenáis en vuestros sermones, sí que lo reconocimos y hasta nos dejamos purificar por él en el Jordán.

Piedras angulares

Los sacerdotes se indignaron de lo que decía el rabí, pero no sabían que contestarle. Yehoshuah continuó hablando a todos con otra parábola: –Imaginaos a un hombre que plantó un viñedo y como tenía que irse lejos, lo dejó al cuidado de unos labradores. Pasó el tiempo y cuando era época de recogida el hombre envió un ayudante para recoger el fruto de la cosecha; pero al verlo llegar los labradores, celosos del fruto, lo apalizaron y expulsaron. Entonces el hombre volvió a enviar otro ayudante y pasó lo mismo. Por último el hombre envió a su hijo creyendo que lo respetarían y los labradores al verlo pensaron que si mataban al heredero ellos se podrían quedar con el viñedo; y así hicieron matando al hijo. Así pues, ¿cómo actuará el hombre con aquellos labradores que no sea con justicia e indignación?.

Y es que los profetas solían decir que las piedras que eran rechazadas por los constructores, acababan siendo colocadas en las esquinas de las calles. Entended que Dios no hace acepción entre los seres humanos, hombres o mujeres, es más, tampoco os ha de sorprender que los profetas salgan de entre los pobres, porque Dios es justo.

Los ancianos y sacerdotes volvieron a indignarse de las palabras de Yehoshuah, pero como no podían rebatirle porque la gente estaba con él, se marcharon ante la mirada de todos y Yehoshuah continuó hablando en parábolas diciendo: –La justicia de nuestro Padre Dios es semejante a la de aquél hombre que, feliz de la boda de su hijo, hizo una gran fiesta e invitó a todo el pueblo a participar; sin embargo los más ricos del pueblo le empezaron a poner excusas para no ir a la fiesta y llegada la hora sólo aparecieron los familiares y amigos. El hombre indignado empezó a recorrer calles, plazas y caminos y escogió de entre todos a la gente más pobre y humilde del pueblo para llevarlos a la fiesta donde comieron y se hartaron hasta el amanecer.

En las cosas del Espíritu, muchos son los llamados pero pocos los escogidos, y no por tener dinero, poder o conocimientos religiosos, se esta más cerca de Dios.

Dos únicos mandamientos

Un fariseo que le escuchaba le dijo: –Rabí, tú que hablas de justicia y dices que la verdad está por encima de todas las cosas, dinos, ¿debemos pagar el tributo al César o tenemos que negarnos?. Pero Yehoshuah vió las intenciones del fariseo y le contestó: –¿De quién es la moneda?; –del César, replicó el fariseo; –Entonces dá al César lo que es del César, pero no te olvides de dar a Dios lo que es de Dios; –y el rabí añadió– y si el Espíritu viene de Dios y también la vida que nos da para respirar, ¿con qué tributo se queda el César que no sea con unas miserables monedas?.

El fariseo sorprendido no sabía que contestar, entonces un saduceo le preguntó: –Rabí, la Ley de Moisés dice que cuando muera un hombre casado y tenga hermanos, su mujer ha de ser tomada como esposa por el siguiente hermano y si este muere también, a continuación el otro hermano ha de tomarla y así hasta el último. Pero al final, cuando la mujer muera y se encuentre frente a todos los hermanos, ¿de cual de ellos será aquella mujer?.

Y el rabí Yehoshuah le contestó: –Vosotros vivís según la religión, os casáis según los ritos y al morir seguís ignorando donde vais a ir; pero el ser humano que verdaderamente está con Dios sabe que todo es Espíritu y que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios que es el Espíritu. Y el Espíritu, que no tiene sexo, ni es hombre ni mujer sino que es infinito por ser Dios mismo y por tanto no puede ya más morir, reencarnarse en otro físico para seguir evolucionando sí, pero no morir, porque todo es vida.

Os es necesario comprender que el Dios del que os estoy hablando no es el dios muerto que os predican en los templos, sino el Dios de la verdadera vida; porque no hay nada en los cielos y en la Tierra que no tenga vida, ya que todo lo que existe está en Él.

El saduceo dijo al carpintero: –Hablas con sabiduría y en verdad debe ser así.

Entonces salió un escriba que estaba escuchando entre la multitud y le dijo: –Rabí, quisiera hacerte una pregunta, ¿cuál es el mandamiento más grande que has leído de la Ley?. Y en aquél momento volvió a repetirse el silencio producido en la montaña tiempo atrás, y después de unos segundos, el rabí exclamó en voz alta: –Shemá Israel Iedonah Ealohenu Iedonah Ajad; ¡Oye, Isra-e-l: el Señor, nuestro Dios, el Señor es Uno!; amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza, y a tu prójimo como a tí mismo; estos son los dos únicos y más grandes mandamientos en los que se han basado, tanto los profetas, como la Ley.

El escriba emocionado dijo al rabí: –Rabí, en verdad tú enseñas el camino para ir a Dios, porque está escrito que el Señor es Uno y no hay otro mandamiento mayor a estos, y amar a nuestro Padre Dios con todo el corazón, con toda nuestra alma y con todo nuestro entendimiento así como amar al prójimo como a nosotros mismos, es mayor que todos los holocaustos y sacrificios religiosos que podamos hacer.

Yehoshuah lo miró con cariño y le contestó: –Ya veo que reconoces donde se encuentra la verdad y no estás lejos de comprender lo que es el reino de los cielos. Entonces se dirigió a los demás escribas y fariseos que se encontraban escuchando y les dijo: –Contestadme a una pregunta vosotros que sois escribas, fariseos, hombres de religión, decidme, ¿por qué los sacerdotes predicáis que el Espíritu es hijo del rey David si David le llamaba "mi Señor" en sus oraciones?.

Aquellos hombres se miraban pero no sabían que contestar, y Yehoshuah continuó diciendoles: –La cosa es muy sencilla, porque en vez de respetar el sencillo mandamiento del amor al prójimo, los hombres han organizado religiones y establecido por encima de Dios jerarquías humanas, grupos compuestos de ricos y pobres, unos que nadan en la abundancia mientras que los pobres, si no tenemos trabajo acabamos mendigando robando o apartados como hacéis con los leprosos. Mientras tanto vosotros que os metéis en comunidades o en los templos para ser sacerdotes y que os llamen rabí, acabáis interpretando la Ley de Moisés como os han enseñado, según la conveniencia de vuestra jerarquía.

Entonces se escuchó un fuerte murmullo entre la gente que estaba escuchando con atención sus palabras. Pero el rabí continuó diciendo a todos:

–Amigos, oid bien lo que os estoy diciendo; tened cuidado con la religión; escudriñadlo todo, pero retened sólo lo bueno; podéis escuchar lo que dicen los sacerdotes, pero cuidado con seguirles. Todos sabemos que lo que predican no lo cumplen, y en cambio imponen cargas pesadas a los pobres que nadie puede llevar; que en vez de trabajar y ganarse el pan que comen, sólo se preocupan de sus vestidos y de su limpieza exterior, pero por dentro son aves de rapiña cargados de egoísmo e hipocresía, vanidosos a los que les gusta rezar y ayunar en las plazas para ser vistos por todos; buscando los primeros sitios dentro de las sinagogas y paseándose por las calles para que les llaméis ¡rabí, rabí!

No olvidéis que un buen judío no llama a nadie rabí, porque comprende que sólo hay un Rabí, el Espíritu que nos inspira a todos; tampoco llama a nadie padre espiritual pues sabe que sólo tenemos un Padre Espiritual que es Dios. Comprended que no hay diferencia alguna entre los seres humanos, todos somos iguales ante Dios. El más grande en la Tierra, es el más pequeño delante de Dios y el más pequeño de entre los hombres, es grande delante de nuestro Padre, porque Él es justo y así quiere que seamos nosotros.

Pero algunos escribas se sintieron ofendidos de la crítica y uno de ellos le dijo: –Rabí nos estas ofendiendo a todos cuando criticas a los sacerdotes.

Entonces Yehoshuah se volvió hacia los escribas y en voz alta les dijo: –Vosotros sacerdotes, si de verdad practicarais el amor al prójimo, no pondríais tantas pegas a los pobres y a la justicia de Dios que denunciaban los profetas; pero como muchos de vosotros no queréis trabajar para ganaros el pan que coméis, os escondéis tras la letra muerta. sois vosotros los que ofendéis a los pobres ocultando las injusticias, y ni entráis en las cosas de Dios ni dejáis entrar a los que os siguen; ciegos que guían a otros ciegos y al final todos caen por vuestra culpa.

¿De qué os sirve escucharme por caminos y pueblos o por las orillas de Gineret, si lo hacéis tan sólo para criticarme y acusarme de blasfemo o comilón?; falsos, hipócritas!, ¿acaso no sois vosotros los que vais rezando en las casas de las pobres viudas cuando están indefensas, para luego devorarles los pocos bienes que les quedan?. ¿No son vuestras leyes religiosas las que condenan a todo aquél que jura por el templo?, sin embargo nada se dice del oro que es acumulado en el, ¿acaso Dios necesita oro y riquezas humanas para ser adorado?; generación de víboras!, ¿por qué condenáis a quien tiene por templo el cielo estrellado y ora desde su casa al Dios que lo creó?. Los pobres no os necesitamos para hablar con nuestro Creador?.

Y vosotros, ¡fariseos ciegos!, ¿de qué os sirve limpiar tanto el vaso y el plato, si delante de la suciedad de las injusticias os calláis?; no sois más que sepulcros blanqueados, bien vestidos para ser mirados, pero por dentro podridos y llenos de huesos. ¿Por qué edificáis sepulcros en recuerdo a los profetas si en vida los estáis continuamente persiguiendo?. ¡No sois más que guías ciegos, que vais colando el mosquito y os tragáis el camello!.

Ya decían los profetas: –¡Jerusalem, Jerusalem!, que matas a los profetas y echas a pedradas a los que Dios envía; cuantas veces he querido juntar a tus hijos a través del Espíritu y tú no has querido por causa de tu egoísmo y fanatismo religioso–.

Y todo esto que digo no soy yo, sino el Espíritu que continuamente dice a los poderosos de Israel a través de los siglos: "Te envío profetas, gente pobre que clama justicia, y en cambio vosotros los perseguís de ciudad en ciudad deseando su muerte, crucificándolos y azotándolos en los templos y sinagogas. En verdad te digo Israel que llegará el día en el que tus calles y plazas quedarán desiertas de profetas y tus gentes clamarán al cielo para que de nuevo vuelvan, pero ya no quedará ni tan siquiera del templo piedra sobre piedra".

En aquél momento se había concentrado mucha gente alrededor del rabí y los sacerdotes habían avisado a los romanos; al llegar los guardias empezaron a dispersar a la gente diciendo: –¿Quién es el responsable de esto?.

Entonces el rabí les dijo: –Dejad a la gente que se vaya pues no tienen culpa, si tenéis que arrestar a alguien arrestadme a mi. Al ver que se iban a llevar al carpintero, algunos de sus amigos dijeron a los romanos: –Si os lleváis al rabí llevadnos también a nosotros, porque si es delito hablar, delito también debe ser escuchar.

Pero la sencillez y lealtad de los amigos de Yehoshuah hizo que los soldados acabaran con aquél incidente tan sólo dispersando a la gente de aquél lugar. Al salir de la ciudad, los amigos y seguidores del rabí estaban asustados y esperaban la peor de las represalias, tanto de los romanos, como del poder de los sacerdotes, pero el rabí los tranquilizaba con ánimos y palabras de aliento.

El poder milagroso atribuido religiosamente al judío carpintero Yehoshuah de Nazerat, no ha hecho más que alejarlo de la comprensión sencilla de la gente, confundiendo su realidad humana con la fantasía religiosa que se ha fabricado a su costa.

Si en la actualidad pudiéramos entrar en cualquier iglesia, pagoda, mezquita, asram, sinagoga, etc. existentes en el mundo y rebatir a los sacerdotes o dirigentes religiosos sus argumentos con palabras acusadoras, seguro que acabaríamos siendo expulsados incluso por la propia policía. Sin embargo ese poder divino atribuido al rabí ha acabado convenciendo al mundo creyente de que el entorno político, religioso y social en el cual vivía el obrero carpintero estaba contínuamente pendiente de él y de sus palabras, pendiente de un sencillo y pobre trabajador; ¿por qué toda esta parafernalia?, ¿para demostrar la divinidad de un sencillo campesino judío?.

Poco se han manipulado aquellas palabras del rabí cuando dice: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"; o aquellas otras que dicen: "Dios es Espíritu y Vida y nosotros somos exactamente lo mismo, Espíritu y Vida". El mensaje espiritual o evangelio pobre del rabí siempre consistió en aclarar a los pobres y de paso recordar a los dirigentes de las religiones, que todo es divino y que nadie tiene derecho a manipular la vida, y mucho menos la vida espiritual del hombre, sea éste religioso o no lo sea.

Otra cosa era y es cumplir con las normas simples y humanas de convivencia, pagar contribuciones, aplicar leyes de reparto del trabajo y vida social, etc., si con ello se consigue un auténtico desarrollo social y humano que permita mejorar la convivencia. Pero como antaño, en la actualidad se siguen pagando ciegos tributos de una manera feudal a un César actual llamado capitalismo, impidiendo así que la conciencia se mantenga libre y siempre vigilante, con el fin de que el poder humano, político y religioso no atente ni sobrepasase la esencia de lo que realmente somos, espíritus libres.

Las religiones, en vez de aclarar estas palabras las han targiversado para continuar cobrándose un tributo que dura siglos, tributo que les han convertido en amenazantes poderes políticos enriquecidos a costa del empobrecimiento de gran parte de la humanidad. Lo triste de todo esto es que la bendición religiosa que reciben hasta el día de hoy los ejércitos de todo el mundo, sólo sirve para poder masacrar pueblos enteros en nombre de Dios. ¿Qué derecho tienen los gobiernos, militares y sectas consideradas religiones, para disponer de la vida de millones de pobres, armarnos y obligarnos a matar en sus guerras de poder?.

Si los dirigentes religiosos entendieran un ápice las palabras y el mensaje pobre de Yehoshuah de Nazerat, hace siglos que hubieran dicho al mundo y a sus seguidores: –¡Cuidado amigos!, si queréis ser cristianos no se puede entrar en un cuartel y manejar armas para matar a otro ser humano que es vida, ya que la misma vida es Dios; "dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" nos ha dicho el rabí de Nazerat. ¿Por qué no dicen estas cosas las religiones de todo el mundo, sobre todo el catolicismo y el protestantismo, retirando a sus sacerdotes, pastores, rabinos, etc., de los cuarteles, barcos y aviones de guerra de todo el mundo y excomulgando a todo aquél que compre, venda o use armas para matar a otros seres humanos?.

En Mallorca y en muchas partes de España, el respeto hacia una persona anciana u hombre sabio y bondadoso es traducido bajo la palabra "maestro", –es decir, maestro Juan, maestro Pedro, etc.,– siendo esta sencilla veneración el mejor respeto para la condición de ser humano. La adoración y veneración personal que exigen las jerarquías religiosas a sus creyentes, constituye una auténtica y obligada ofrenda al César y es contraria al mensaje espiritual del rabí, siendo esta una clara manipulación de la realidad humana tanto de Yehoshuah de Nazerat como de todo hombre y mujer que aporte un poco de luz a esta cegada humanidad.

A los sacerdotes y dirigentes de las religiones organizadas, sobre todos de las llamadas cristianas, se les tendría que caer la cara de vergüenza por ocupar puestos de relevancia social, o de presentarse ante el mundo bajo la tutela de estudios y títulos honoríficos basados en unos supuestos conocimientos sobre los hechos y vivencias del sencillo jornalero Yehoshuah; más bien nos tendrían que pedir perdón a todos los pobres del mundo por habernos hecho sufrir los atropellos del poder de sus instituciones eclesiásticas, sembrando de terror y de miedo a nuestros antepasados durante siglos.

De comprender el sencillo cristianismo del carpintero Yehoshuah de Nazerat, la cúpula sacerdotal acabaría de una vez por todas eliminando la ridícula hegemonía jerárquica, y en un acto de humildad pública, como así lo hizo hace 2000 años un escriba a Yehoshuah, desnudarían su conciencia bajo aquellas mismas palabras diciendo: –Rabí (maestro), en verdad estas enseñando el verdadero camino hacia Dios, y siempre has tenido razón cuando repetías al mundo que, el amar al prójimo con todo el corazón y con todas las fuerzas, es mejor que cualquier sacrificio religioso que pueda hacer el ser humano.

Este podría ser el primer paso que ayudaría a redimir espiritualmente las múltiples atrocidades que todas las organizaciones religiosas ha cometido durante siglos con los pobres del mundo, seamos o no creyentes, y no las escusas y el perdón pedido a los pueblos, como fue en su momento al pueblo israelita, que de nada sirven si se sigue amparando la injusticia social dentro de los mismos templos, engrandeciendo de esta manera la deuda moral con un mundo en el que va encaminado irremediablemente a la practica de la justicia, responsabilidad esta a cargo del tribunal Internacional.

Un carpintero profeta

Yehoshuah de Nazerat era un carpintero, un galileo pobre, pero no un ser tonto e ignorante; eran intensos y acalorados los debates que realizaba con sus amigos y seguidores al terminar el trabajo, y cuando no, sus amigos lo buscaban allá donde fuera para pedirle consejo, con el único fin de que les hablara de Dios y del futuro del hombre.

"En la redondez de la tierra"

Así ocurrió en aquella ocasión en Jerusalem, cuando el rabí y sus amigos fueron reprendidos por los romanos en una discusión con los sacerdotes; aquél día, por las montañas cercanas a Jerusalem, los seguidores y amigos que habían ido con él a la ciudad, empezaron a hacerle preguntas sobre el futuro: –Rabí, cuéntanos algo más sobre las cosas que han de venir, ¿es cierto que el templo desaparecerá?.

Y el rabí les decía: –No solamente el templo, sino también las jerarquías de todas las religiones; la verdadera religión del futuro no es más que la bondad y la justicia puestas en práctica, por eso el verdadero profeta cuando habla del futuro, no predice más que el presente que vive dentro de sí mismo. Los pobres debemos guiarnos por la única verdad de Dios, el amor al prójimo y no como hacen los ricos, a través de mentiras, robos, engaños y asesinatos como ocurre ahora.

A los religiosos les molesta que los pobres hablemos de justicia y de Dios fuera de sus templos y sinagogas; ellos saben que la religión del futuro se encuentra dentro de los hombres, y no fuera de ellos, una religión sin sacerdotes ni jerarquías, sin templos ni riquezas. Y como temen esto, usan el poder que tienen para crear conflictos y enemistar a los pueblos creando guerras para que los pobres se odien, se maten unos a otros y no tengan tiempo de pensar en lo importante que es vivir en justicia y en paz, la paz de Dios.

Por eso os digo, procurad estar despiertos y no ser engañados; yo no estaré siempre con vosotros, y es seguro que en vuestra vida encontraréis muchos hombres, en general vividores, que os dirán lo que debéis hacer y como tenéis que actuar; sed vosotros mismos y no os preocupéis por vuestras palabras y forma de hablar, que el Espíritu de los profetas estará con vosotros y hablará por vuestra boca.

–Rabí –dijo uno que deseaba saber más del futuro de Israel–, nuestros padres fueros esclavos en Egipto, ahora lo somos nosotros de Roma, ¿cuándo acabará esta esclavitud que sufrimos?

–¿Qué cuando acabará esto?, –dijo el rabí– cuando se deje de alimentar el odio entre los pueblos, ¿es que no habéis visto lo que ha pasado hoy con los sacerdotes en Jerusalem?. La religión sólo sirve para dividir y sus sacerdotes son preparados para ocultar toda aquella verdad que haga a los hombres más libres y más humanos. Y usarán las guerras como excusa, o nos entregarán en los concilios oy nos matarán si les conviene, por el simple hecho de hablar de la verdad, por defender algo tan simple y sencillo como es la bondad humana.

Pero no os preocupéis porque todo esto ha de pasar; es cierto que es difícil entender tanto sufrimiento, tantas injusticias, guerras entre pueblos, miseria, familias enfrentadas entre sí por el odio y el egoísmo, etc., además de los desastres y enfermedades naturales que padecemos de la tierra; cuantas veces en mis oraciones he pedido al Padre cuando acabará todo esto.

Por eso vosotras, mujeres, debéis tener cuidado en no traer tantos hijos a estos tiempos, porque los hijos son como perlas que no deben tirarse a los cerdos que dominan, pues el sufrimiento será aún mayor del que ahora tenemos; la guerra es como un diluvio, nadie sabe cuando empieza, ni tampoco cuando acabará, viene sin avisar y destroza todo cuanto encuentra en su camino; pero el Dios que nos ha enviado a esta Tierra, que es el Dios de la vida y no de la muerte, nos ha dado una cabeza para que pensemos por nosotros mismos y no nos dejemos engañar por los sermones de los sacerdotes y poderosos de la Tierra: razonemos bien las cosas y reduciremos el sufrimiento humano.

Al oir estas palabras uno de sus seguidores le preguntó: –Rabí, ¿y cuándo acontecerá todo esto?.

Yehoshuah les continuaba diciendo: –Pensemos por un momento en los árboles, sobre todo en una higuera, durante un tiempo parece que está muerta porque la vemos seca, pero cuando le empiezan a salir las hojas todos sabemos que se acerca el buen tiempo para que dé fruto. Lo mismo ocurrirá con el mensaje o buena nueva que estamos hablando; las religiones poderosas intentarán ocultar estas verdades a los pobres y esclavos de Israel y en general de otros pueblos, incluyendo los de Roma, pero no podrán, y la idea de que el Espíritu de Dios se encuentra en el interior de todo hombre y mujer, será la pesadilla de los sacerdotes religiosos del futuro que se levantarán como falsos profetas y guiarán al engaño a toda la humanidad mientras puedan.

Porque es culpa de los sacerdotes que la gente sufra por causa de sus ansias de poder; son ellos los que generación tras generación nos imponen cargas, temor y sufrimiento a los pobres, hombres, mujeres y niños, sin respetar tan siquiera la vida; "pero el cielo y la tierra pasarán, sin embargo mis palabras no pasarán en vano", nos dice a todos el verdadero Maestro, el Espíritu.

En el futuro, llegará un momento en el que el hombre, guiado por el Espíritu, sentirá necesidad de mirar al cielo, y entonces nuestros descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando hoy aquí, siendo de nuevo entre los pobres que surgirán mis palabras sacando a la luz lo que tanto tiempo ocultaron las religiones, la justicia de Dios.

En aquellos días, la Luna, el Sol y las estrellas estarán más cerca de la humanidad que nunca y la verdad volará por la redondez de la Tierra y nadie podrá ocultarla; ese será el momento de renacimiento del Espíritu entre los pobres y el fin de todas las religiones, acabando la higuera su época estéril y anunciando así la llegada del verano. Como hace un buen pastor separando a la izquierda las ovejas y a la derecha los cabritos, así hará simbólicamente el Espíritu con los hombres en aquel tiempo.

Y dirá a los de su izquierda: ¡Venid, pobres del mundo, venid y heredad la tierra que desde el principio os perteneció!, porque cuando tuve hambre, me disteis de comer; cuando tuve sed, me disteis de beber; estando desnudo me cubristeis, enfermo y me consolasteis; encerrado en la cárcel y me vinisteis a ver. Entonces, los pobres y justos le dirán: –Pero Señor, ¿cuándo hicimos todas estas cosas, ya que no nos acordamos?. Y el Espíritu les contestará: –En verdad os digo que todo cuanto hicísteis de bien en el mundo, a mi me lo hicísteis.

Y cogerá a los de su derecha y les dirá: –Apartáos de mi, que no os conozco, porque tuve hambre y no me disteis de comer, sed y no me disteis de beber, estuve desnudo y no me cubristeis, enfermo y no me consolasteis, en la cárcel y me abandonasteis. Y también los de su derecha contestarán: –Pero Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, enfermo o en la cárcel?. Y el Espíritu les recordará: –También a vosotros os digo que todo cuanto habéis hecho a los más débiles e indefensos, a mi me lo habéis hecho.

Los amigos obreros que estaban con él, entre los que se encontraba Simón el pescador, se emocionaron oyendo hablar al rabí del futuro, al tiempo que quedaron pensativos. Yehoshuah, para romper el silencio les preguntó: –Hablando de otra cosa, cuando la gente habla del hijo del hombre, ¿a quien se refiere?. Y sus amigos contestaron: –Hay quienes creen que a Yokanaán el purificador o a alguno de los profetas de la antigüedad como Jeremías o Elías.

Y volvió a preguntarles: –¿Y vosotros qué pensáis de esto?. Y Simón le dijo: –Rabí, hablan de tí creyendo que eres un mesías, un libertador; pero yo pienso que el verdadero Mesías es el Espíritu de Dios que está contigo. Y Yehoshuah le dijo: –Exacto Simón, sólo agarrándose fuertemente a la roca del Espíritu, que es Dios, se puede edificar el verdadero templo que se encuentra dentro de todo ser humano, aunque lo importante para el hombre sea el vivir la bondad, ser bueno no significa ser tonto; hay que ser sencillo como una paloma, pero prudente como una serpiente, porque si sólo somos palomas, al final seremos pisoteados, pero si sólo somos serpientes acabaremos siendo odiados y muertos.

A los sacerdotes, sobre todo de Jerusalem, no les gusta que la gente pobre alce la voz y les resten importancia, y seguro que no dudarán en denunciarnos y entregarnos a los romanos si hablamos de los derechos de los pobres y de la justicia humana; pero lo importante es sembrar la semilla del Espíritu, porque llegará un día en el que esta semilla que tratan de ocultar siempre los poderosos crecerá por toda la Tierra, como crece la hierba al tercer día de haber sido sembrada.

Al oir las palabras de Yehoshuah, sus amigos tuvieron miedo y Simón le volvió a decir: –Pero Yehoshuah, sabiendo como están las cosas con los romanos, ¿acaso vale la pena comprometerse tanto con una idea?.

Y Yehoshuah le contestó: –Te entiendo Simón, yo también tengo miedo al sufrimiento; cuantas veces hablando con el Maestro le he pedido que apartara las injusticias y el sufrimiento que nos producen los poderosos a los pobres. Pero cuando estás con el Maestro, el Espíritu, los temores desaparecen, y te das cuenta con claridad que lo importante en este mundo es crecer espiritualmente, y en la medida que se pueda, ayudar a otros a que hagan lo mismo, y así, todos, ir avanzando en la perfección que és Dios.

Y aunque es cierto que hay que ir con prudencia, tampoco hay que quedarse cruzado de brazos, porque esto también es muerte. Hacer comprender que la verdadera vida está en el espíritu y no en el cuerpo, es lo importante, porque al final, nuestro cuerpo vuelve a la tierra de donde salió y nada se lleva con él; recordad que las cosas que os hablo son verdad y espíritu, y que de la carne nada se aprovecha.

Después de oir las palabras del rabí, nadie volvió a preguntar nada en aquella tarde, volviendo de nuevo todos a Galilea.

El sueño de los profetas

Una tarde de verano siendo shabat, estaba el rabí con su hijo Yokanaán y con algunos de sus amigos por los montes cercanos de Galilea; aquel atardecer se presentaba agradable por lo que pasaron la noche en la montaña. Sentados por el suelo después de comer continuaron hablando y contando sus experiencias personales.

Uno de ellos empezó a contar un sueño que había tenido; mientras lo hacía tanto el rabí como los demás amigos escuchaban atentamente sus palabras:

–La otra noche soñé que nos encontrábamos como ahora, encima de una montaña muy alta y Yeschu estaba hablando con unos hombres luminosos que me parecían antiguos profetas. Recuerdo que era tan agradable aquel momento que pedí al rabí y a los profetas quedarnos allí; recuerdo que me desperté tan emocionado que hasta lloré. Al acabar de contar el sueño se dirigió a Yehoshuah y le preguntó: –Rabí ¿es posible a través de los sueños hablar con los profetas?. Yehoshuah asentando con la cabeza decía: –Me alegra que también vosotros me contéis vuestros sueños y experiencias, porque las casualidades en estas cosas no existen; no es casualidad que hoy estemos en esta montaña juntos, como no es casualidad que tengáis estos sueños; todo lo que podáis experimentar espiritualmente está ahí, en el aire, sólo hay que sentirlo, experimentarlo. ¡¿Hablar con los profetas?, si cada día hablo con ellos!; ¿en cuántas ocasiones os he dicho que lo importante es la oración, el diálogo con Dios?, !orad sin cesar!.

No hace falta estar dormido para hablar o conversar con Dios o con los profetas, basta que concentréis vuestro pensamiento en este deseo y se producirá. –Enséñanos pues, cómo lo haces tú– decían sus amigos. Entonces el rabí, para darles idea acerca de la meditación y de la oración, sentado en el suelo y mientras les explicaba en voz baja la forma de relajarse y ponerse tranquilo, quedó profundamente dormido pero con los ojos abiertos y fijos en un punto.

Así estuvo durante un largo tiempo hasta que algunos de ellos, incluyendo Simón, acabaron durmiéndose también ante el silencio de la noche. Pero quienes quedaron despiertos durante un tiempo más, oyeron como el rabí conversaba emocionadamente con los profetas y con el Maestro, con el Espíritu; así estuvo el rabí durante un largo tiempo hasta que al despertar, emocionado y con lágrimas en los ojos, se encontró con que todos dormían por lo avanzada de la noche, salvo su hijo Yokanaán que agarrado a él no dejó de observarlo hasta que al final se quedó dormido en su hombro.

De madrugada Simón puso en pié a todos para regresar al pueblo y cuando fue a despertar al rabí y a su hijo, este no se atrevía porque fue el primero en dormirse. Una vez despiertos todos, empezaron a bajar al pueblo hablando sobre la noche en la montaña y Simón entusiasmado, tropezó y estuvo a punto de caerse al suelo, entonces el rabí que estaba a su lado lo agarró del brazo y le dijo: –Con lo grande que eres Simón y con lo que pesas, y una simple piedra pequeña casi te hace caer. Pero Simón le contestó: –Es que todavía estoy dormido rabí. –Sí ya lo veo, –volvió a decir Yehoshuah– ayer noche fuiste el primero en dormirte y hoy eres el último en despertarte. En ese momento todos reventaron a reir, incluyendo a Simón.

Y cuando acabaron de reir, uno de ellos le decía: –Rabí, los escribas dicen que antes de que venga el Mesías, ha de venir Elías, pero si tú dices que el Mesías está entre nosotros, ¿dónde está Elías?. Entonces Yehoshuah les contestó: –¿No os dais cuenta de que Elías ha estado también entre nosotros y que por hablar de justicia han hecho con él lo mismo que con los demás profetas?.

Entendiendo pues que el carpintero les hablaba de Yokanaán el purificador, volvieron a quedar en silencio hasta que llegaron de nuevo al pueblo.

El impuesto de los pobres

En cierta ocasión, entrando Yehoshuah en el pueblo con sus amigos, tras una larga y agotadora jornada de pesca, los recaudadores de impuestos los abordaron en la calle recordándoles la obligación del pago del impuesto: –Pensad en pagar el tributo, y tú Yeschu no olvides que debes dinero por el censo de tus hijos.

Pero tanto el rabí como sus amigos pescadores no tenían dinero y no podían pagar, así que Yehoshuah dijo a Simón: –Simón, sólo queda una solución, vender los peces que hemos pescado y sacar dinero para pagar el tributo–. Así hicieron, vendiendo como pudieron la pesca y con el dinero que les quedó, pagaron el impuesto a los recaudadores, y se quedaron aquel día sin poder llevar nada que comer a sus casas.

Pero de vuelta a sus hogares, sin nada que ofrecer a sus familias aquel día, pasaron delante del templo y vieron como una pobre anciana antes de entrar en el edificio se sacaba dinero para darlo a los sacerdotes; Yehoshuah no pudo aguantar aquella escena, entonces se acercó a la pobre anciana y le dijo: –Mujer, guarda tu dinero, no lo des a los sacerdotes, porque, si no es justo que los pobres tengamos que pasar hambre para pagar impuestos a los romanos, más injusto es que pasemos hambre para enriquecer a quienes no trabajan y predican las cosas de la religión.

Y contándole lo que les había pasado con el pescado y el impuesto, la mujer agradeció las palabras del rabí y desde aquel día la anciana ya no dió más dinero al templo. El rabí, dirigiéndose a sus seguidores les decía: –¿Os habéis dado cuenta de la lección que hemos tenido hoy?.

Y Simón le dijo: –¿Qué quieres decirnos con esto rabí?. Entonces Yehoshuah le contestó preguntándole: –Dime Simón, los romanos, ¿a quienes cobran el tributo, a los ricos o a los pobres?. Y Simón le respondió: –A los pobres. –Entonces, –dijo el rabí– ¿no te das cuenta de que los únicos extraños en nuestra propia tierra somos los pobres, y que los rabinos y sacerdotes, en vez de denunciar esto se callan y continúan ellos también con la injusticia exprimiendo al pueblo?. Ya veis, tan sólo les preocupa el dinero, aunque los más pobres tengan que pasar hambre; abrid pues los ojos y procurad estar atentos a estas cosas.

Mesías del corazón y de la razón

No era de extrañar pues que, cuando el carpintero hablaba a la gente, sobre todo cuando estaban presentes sacerdotes, fariseos o religiosos, hablara con más contundencia de este futuro religioso, asegurando que llegaría un momento en el que el Mesías sería vivido ya por todo ser humano, fuera hombre o mujer; por eso sus palabras e ideas siempre sonaban en la gente como profecías, pero como sentencias en los oídos de los religiosos.

En otra ocasión, los mismos fariseos le preguntaron que cuando acontecerían todas estas cosas, y él les decía: –El día y la hora nadie lo sabe, pero el Mesías ya está aquí, lo que pasa es que vosotros no lo veis porque estáis ciegos, ya que de nada sirve buscar fuera del hombre aquello que está ocurriendo dentro de su corazón y de su pensamiento. El Mesías no es un hombre que vendrá para arreglar las cosas en el futuro, sino el eterno milagro de la bondad hecho realidad en el corazón de todos los hombres.

Y continuaba poniendo ejemplos en forma de parábolas:

–Os pondré un ejemplo para que lo entendáis mejor. Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano; cuando entraron en el templo, el fariseo se colocó delante y estando de pie, dialogaba consigo mismo diciendo: –Señor, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrón, adúltero, injusto, etc., ni tan siquiera como el publicano que está en la puerta; yo ayuno varios días a la semana y entrego mi diezmo religiosamente al templo.

Mientras tanto estaba el publicano en un rincón de la entrada, y agachando su cabeza pedía perdón a Dios en silencio y murmuraba para sí en voz baja diciendo: –Ayúdame Señor, y perdona mis errores humanos, tanto los que me acuerdo como aquellos que no me acuerdo; y continuó guardando silencio.

Con esto os digo que no por darse golpes de pecho y decir con la boca ¡Señor, Señor!, se está más cerca de Dios; porque todo aquel que se ensalza delante de los hombres será humillado y quien se humilla, será ensalzado; es más, el que vive la bondad en sí mismo y con los demás, no necesita ir a ningún templo religioso, ya que vive al verdadero Mesías que es el Espíritu dentro de sí mismo, y Este le guía en su vida. Esta es la auténtica religión de Dios, el verdadero Mesías que se vive y se vivirá en el futuro; de Éste es del que os hablo.

Pero los fariseos como siempre le discutían: –Si es así como tú dices, ¿por qué no hablan las escrituras de esto?; si nos das una sola señal que venga del cielo te creeremos.

Como en otras ocasiones el rabí acabó diciendo: –Si me pedís señal del cielo, es porque ignoráis la fuerza del Espíritu, sólo tenéis estudios y os falta lo más importante, el Espíritu. Si pensáis por un momento en los profetas, veréis que ellos, cuando hablaban de Dios lo hacían a través de sus experiencias; y así como Jonás quedó atrapado simbólicamente en la oscuridad de una ballena durante un tiempo, hasta llegado el momento de salir a la luz y hablar, lo mismo está pasando con la justicia del Mesías, ocultada desde hace siglos por los sacerdotes. Decir cuando llegará el Mesías a la Tierra, es decir cuando acabarán las guerras entre los seres humanos, cuando se dejará de perseguir y torturar a los inocentes, ancianos y niños, o cuando dejarán de engañar y torturar a los pueblos, los que tienen el poder de las armas y de la religión.

La falta de bondad entre los hombres y los pueblos, es lo que produce la guerra; ¿cómo puede venir el Mesías a Israel si aquellos que enseñan al pueblo siguen bendiciendo la guerra y la injusticia de ricos y pobres aún dentro de las propias sinagogas?. La señal de que el Mesías está con nosotros, sólo la sabe Dios, y todo ojo la verá cuando haya justicia entre todos los hombres, no antes.

Así pues, Yehoshuah de Nazerat profetizaba un futuro espiritual de una manera muy sencilla, la revolución pacífica e interior, sin esperar grandes milagros o señales del cielo, pero tampoco sin promover revoluciones violentas en la Tierra; usando la mejor herramienta disponible en el ser humano, el cerebro, hizo pensar y razonar las cosas con el único propósito de que la gente que lo conociera tomara conciencia de la realidad que vivía.

Comunismo a pesar de todo

Se habla mucho de que Yehoshuah eligió a unos cuantos hombres (nada se dice de mujeres) para predicar por pueblos y ciudades, y que además dió potestad a otros pobres como él para salvar o condenar a quienes les pareciera bien hacerlo, asegurando estas supuestas órdenes con expresiones de condenación y sufrimiento eterno si dejaban de cumplir el mensaje religioso que se le atribuye.

Con las ideas de infierno, condenación y salvación, el Vaticano de Roma y el protestantismo de Lutero reinventaron extraños personajes en los evangelios canónicos, como el llamado "Satanás", un personaje infiltrado de manera subliminal entre parábola y parábola de Yehoshuah, para condicionar las mentes de los futuros adeptos religiosos: "Si Satanás echa fuera a Satanás...", hacen decir a Yehoshuah, para defender la existencia buena o mala de dicho personaje, que nada tiene que ver con el concepto de bien o mal de la cultura semita a la que pertenecía el nazareno.

En el recuerdo de la historia de Job, –simbólico profeta del llamado Antiguo Testamento– Dios hace subir y bajar en multitud de ocasiones a un personaje que representa al mal –entendido este por la teología católica y protestante como Satanás–, y que va tentando al profeta según las órdenes del Creador, dando a entender que tanto la bondad como la maldad forman parte de una misma cosa, como una cosa son son las dos caras de una misma moneda.

Y es que muchas cosas bíblicas, entre ellas algunos de los profetas, no son más que personajes simbólicos que sirvieron en la antigüedad para relatar enseñanzas de la llamada Biblia o Torah judía. Que el cristianismo organizado usara estos personajes para dar cuerpo a sus temores y miedos, hasta el punto de transformarlos en seres demoníacos, es la carga de ignorancia que pesa sobre todas estas organizaciones y sobre sus seguidores.

Recordemos que para la cultura semita, la maldad se reducía al Seol, o sea, a todo aquello que se encuentra bajo la oscuridad de la tierra, que por tanto el hombre desconoce y que por consecuencia teme; de ahí la insistencia de los profetas de la antigüedad en hablar de la luz y la oscuridad, o lo que es lo mismo, de la sabiduría o la ignorancia dentro del propio ser humano. Y es que son tan absurdas las interpretaciones religiosas que se han creado en torno a estos temas, que están causando una enorme confusión en la mente de muchos seres humanos.

Otro ejemplo lo tenemos con Adan y Eva, considerados por la teología católica y protestante como el primer hombre y la primera mujer de nuestro planeta. Sin embargo Adam, en hebreo, es una abreviatura de A-da-má (tierra) y E-va (vida) y no la incomprensible concepción religiosa de un hombre y una mujer por los cuales surgiera la raza humana, interpretación que conduce a la única salida posible de reproducción, el incesto familiar, considerado además por estas organizaciones religiosas como un hecho aberrante en nuestra "cristiana" sociedad.

Y es que la idea del bien (o sea, la luz o sabiduría de Dios en el ser humano) siempre es capaz de renacer por encima de la idea del mal (oscuridad o ignorancia humana), a pesar del paso de lo que llamamos tiempo, un tiempo también simbólico que explicaban los propios profetas de la Torah cuando decían aquello de "un día para Dios son mil años y mil años para Dios es un día".

La visión profética que Yehoshuah de Nazerat tenía sobre la vida nunca ha podido ser bien entendida, a causa del agnosticismo de quienes se hicieron amos y señores de su vida durante siglos; sin embargo, esta visión universal del rabí trasmitida exclusivamente a sus amigos los pobres, es lo que ha permitido que hoy, los mismos pobres saquen a la luz su mensaje sencillo, sin parafernalias religiosas.

El rabí formó una pequeña sinagoga pobre y compuesta por pobres. Pero no olvidemos que la palabra sinagoga o Beth hakenéseth o Midraix en hebreo significa casa de asamblea, de reunión o estudio; por lo tanto para aquella pobre gente sin medios y sin estudios, sólo era posible crear una sinagoga en el propio hogar, una idea que cogió tanta fuerza durante los años siguientes a la muerte del rabí, que se pudo conservar intacta durante siglos a pesar de las persecuciones.

Esta experiencia jamás borrada de la mente de los descendientes de aquellos primeros israelitas cristianos esparcidos por el mundo, ha sido, junto con las sencillas enseñanzas del rabí, el aliciente del cual se han alimentado todos las revoluciones sociales que hoy conocemos y clasificamos como "ismos", tales como anarquismo, comunis-mo, socialismo, etc.

El rabí conoció las palabras de los profetas, como todo judío, al llegar la Bar Mitsvá (hijo del deber), una vez cumplidos los 13 años, y por tanto, no ignoraba el mensaje de justicia que envolvía muchas de aquellas profecías de la Torá. Para un hombre de justicia como era el carpintero, el mensaje de los profetas como Isaías no podía pasar por alto, palabras de justicia e igualdad que hablaban de una nueva forma humana y espiritual de concebir la vida:

"Así dice el Eterno: porque he aquí que yo creo nuevos cielos y una nueva tierra, y las cosas pasadas ya no serán más recordadas ni traídas a la mente, sino que os alegraréis y regocijaréis por siempre en lo que yo creo... Y me deleitaré en Jerusalem, y me alborozaré en mi pueblo, y no se oirá más en ella la voz del llanto, ni la voz de los lamentos. No habrá más allí un infante ni un anciano que no colmen sus días, porque el más joven morirá a los cien años, y el pecador, de cien años será maldito.

Y construirán casas, y las habitarán, y plantarán viñedos, y comerán sus frutos. Ya no edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma, porque como los días de un árbol serán los días de mi pueblo, y mis elegidos disfrutarán por largo tiempo la obra de sus manos... No trabajarán en vano, ni parirán por terror, porque son la simiente bendecida del Eterno, y su descendencia con ellos... No lastimarán ni destruirán en toda mi santa montaña, dice el Eterno". Isaías 65-21

Pocas cosas en secreto habló el rabí que no las pudieran escuchar todos, incluso los sacerdotes, pero sin duda, quienes más atentamente le escuchaban y entendían eran los pobres a los que el rabí siempre se dirigía de esta manera:

–Agradar a Dios es muy sencillo, basta con vivir la vida sencilla, trabajar para poder comer y ser justo; y si hay ocasión de hablar con la gente, no la perdáis, confiad en que el Espíritu guíe vuestros pasos y vuestras palabras; sólo así podréis abrir los ojos a los que están ciegos, sólo así podréis resucitar el espíritu a los que están muertos y sólo así curaréis a los que están enfermos; y procurad no vender vuestra primogenitura por un plato de lentejas para llenar de oro y plata en vuestras alforjas; recordad que las cosas de Dios no se compran ni se venden, y si gratis las recibimos de Él, gratis las debemos dar.

Yo mismo me doy cuenta de que no he venido para predicar la paz de los cementerios, sino para remover el espíritu humano; haced lo mismo vosotros en vuestra vida, empezando primero en vuestra casa, porque en muchas ocasiones la discordia se encuentra dentro de la familia. Así pues, llevad primero vuestra carga, y luego podréis ayudar a otros a llevar la suya.

Los creyentes del catolicismo y del protestantismo han acabado aceptando la idea que, un ser humano, Yehoshuah de Nazerat, resucitó físicamente después de morir; pero los obreros, aquellos que para el rabí formamos de por sí la iglesia o sinagoga pobre que predicó en Galilea, y estemos en la actualidad en Mallorca o en cualquier parte de este mundo, tenemos el derecho y el deber de aclarar definitivamente todo lo concerniente al mensaje de nuestro rabí.

Y la cosa esta muy clara; desde Yehoshuah hasta nuestros días, han pasado dos milenios (dos días para Dios), habiendo entrado en estos momentos en el tercer milenio (tercer día). Si razonáis estas cosas veréis que después de tanto siglos, jamás en la historia del llamado cristianismo católico y protestante, se había hablado con tanta claridad de la sinagoga pobre de Yehoshuah y del retorno del Espíritu o Cristo a través de la justicia, de la conciencia y de las palabras de los pobres en el mundo.

Que la injusticia humana se asienta dentro de las religiones al estar compuestas por ricos y pobres, explotados y explotadores es más que evidente; que la religión organizada siempre ha