Indice
2. Sigmund Freud
(1856-1939).
3. Estructura del aparato
psíquico.
4. Tótem Y
Tabú
5. Religión y
neurosis
6. Dios y el
demonio
7. La relación entre
religión neurosis
8. Oración y
omnipotencia
9. Más allá de lo real
y lo ilusorio
10. ¿Con quién hablamos
en la
oración?
11. La
Oración
12. Conclusión Y
Crítica
Nuestro trabajo pretende ser una confrontación
entre el pensamiento
Freudiano y la experiencia religiosa. Aplicaremos al tema de lo
religioso aquello más valido que en texto
Freudiano, imagen de Dios,
culpa, pecado, salvación, sexo, poder y
finalmente la oración.
Nuestro trabajo consta de varias partes:
1) Breve síntesis
biográfica de Sigmund
Freud.
2) Breve desarrollo de
la estructura del
Aparato Psíquico según Freud.
3) Estudio de lo religioso según Freud en su obra
"Tótem y tabú".
4) Reflexión sobre la oración a partir del pensamiento de
Freud.
5) Conclusión y crítica.
2. Sigmund Freud (1856-1939).
Antes de pasar a desarrollar la estructura del
Aparato Psíquico según Freud, haremos una breve
síntesis de su biografía ya que lo
consideramos importante para el desarrollo de
nuestro tema.
Sigmund Freud (1856-1939), nace en Freiberg de Moravia
(actualmente República Checa), pequeña ciudad
católica, donde sólo había un dos por ciento
de judíos y protestantes.
Su padre Jakob Freud, de temperamento patriarcal y educado en el
judaísmo ortodoxo; su madre Amalie Freud, adoctrina a su
hijo en la fe judía. Muerto ya su padre, cuando Sigmund
contaba con cuarenta años, constata en su
autoanálisis el clímax de una neurosis: una
inconsciente rivalidad y repulsa contra su padre, que
había sido para él la encarnación de la
autoridad, la
prohibición y la coacción, a la par que una
pasión por su juvenil madre; en una palabra lo que
él definió Complejo de Edipo.
Hacia la mitad del Siglo XIX el materialismo
dominaba el campo de las ciencias, y
cuando Freud estudiaba medicina, esta
mentalidad empirista lo llevó a vincular su
profesión con la explicación materialista de los
fenómenos humanos. De la fisiología pasará a estudiar
psicología. Estudiaba con Charcot
(París) la histeria y emplea el método de
la hipnosis. Mas tarde comienza a interpretar la histeria no como
un fenómeno neurológico sino como un
fenómeno psíquico, lo que encuentra confirmado por
la técnica de la "interpretación de los
sueños". Así descubre que, tras los
fenómenos neuróticos, se ocultan perturbaciones
sexuales (presentes o pasadas). Centró su estudio en el
método
terapéutico o "Psicoanálisis", que lo condujo a elaborar
una concepción de hombre y la
religión.
Para comprender el aporte de Freud es indispensable conocer la
visión del hombre o
"Metapsicología", que orienta toda la terapia
psicoanalítica y descubre el papel de la
religión.
3. Estructura del aparato psíquico.
Freud emplea el término "tópicas" (del
griego topos = lugar),en sentido metafórico, para indicar
que no se puede comprender el psiquismo humano sin un modelo
espacial que nos represente distintas regiones ( o sistemas
dispocisionales ) con su modo propio de funcionamiento y sus
mutuas relaciones : ésta división y ordenamiento se
lo había impuesto su
experiencia clínica.
Freud elabora su "primera tópica" en los últimos
años del siglo XIX, la cual revisará nuevamente en
1920 ( después de la cual no queda anulada la primera,
sino que sería sustituida por la segunda corregida), Freud
llamó "Sistemas", en su
primera elaboración, a los procesos
psíquicos; en su elaboración revisada; prefiere
llamarles "Cualidades".
Dentro de la primera tópica encontramos : el inconsciente,
el preconsciente, y el consciente.
El inconsciente : Es la zona realmente descubierta y en parte
explorada por Freud, la cual el explica de la siguiente manera :
"Denominaremos inconsciente a aquellas representaciones latentes
de las que tenemos algún fundamento para sospechar que se
hallan contenidas en la vida anímica...", más
adelante Freud profundiza afirmando : "Una representación
inconsciente será entonces una representación que
no percibimos, pero cuya existencia estamos, sin embargo, prontos
a afirmar, basándonos en indicios y pruebas.".
Partiendo del hecho clínico de la resistencia que
mostraban sus pacientes al concientizar ciertos contenidos
representativos de los que no tenían la menor idea, Freud
explica : "Nuestra cotidiana experiencia personal nos
muestra
ocurrencias cuyo origen desconocemos y resultados de procesos
mentales cuya elaboración ignoramos. Todos éstos
actos conscientes resultarán faltos de sentido y
coherencia si mantenemos la teoría
de que la totalidad de nuestros actos psíquicos ha de
sernos dada a conocer por nuestra consciencia y, en cambio,
quedarán ordenados dentro de un conjunto coherente e
inteligible si interpolamos entre ellos los actos inconscientes
deducidos.". Freud va captando progresivamente las característica extrañas que
presentan los contenidos de ese oculto sistema, especie
de escenario fantasmal ("la otra escena", en
contraposición al campo de la consciencia) donde los
representantes ideáticos de las Pulsiones instintivas, a
las que se les prohibió una normal expresión
consciente, han sido condenados a vivir su muerte oficial
en ese antro oscuro. Freud lo explica de la siguiente manera :
"El psicoanálisis nos ha revelado que la
escencia del proceso de la
represión no consiste en suprimir y destruir una idea que
representa a la pulsión sino en impedirle hacerse
consciente. Decimos entonces que dicha idea es inconsciente y
tenemos pruebas de
que, aún siéndolo, puede producir determinados
efectos, incluyendo algunos que acaban por llegar a la conciencia. Todo
lo reprimido tiene que permanecer inconsciente; pero queremos
dejar sentado desde un principio que no forma por sí solo
todo el contenido de lo inconsciente. Lo reprimido es, por tanto,
una parte de lo inconsciente."
Lo más inaudito es que el verdugo y la víctima son
el propio sujeto: la parte consciente del YO no se ha enterado de
lo que ha llevado a cabo su parte represora, borrando de su
diario autobiográfico líneas o páginas
enteras de su verdad más íntima.
Por lo tanto las características más importantes del
inconsciente serían:
* Sus contenidos están constituidos por
representaciones de las pulsiones instintivas, en forma de
fantasías, ideas, deseos.
* No existen allí coordenadas espacio tiempo que rigen
la lógica
de las representaciones de loas representaciones de la realidad,
en el ámbito consciente, ni sigue su lógica
normal, sino más bien las del deseo pulsional; no hay
allí, en definitiva, ni negación ni principio de
contradicción, ni matizaciones dubitativas.
* Estos contenidos están cargados de energía
instintiva, dotada de gran movilidad: por una parte, se producen
desplazamientos (de esta forma su carga energética pasa de
una representación a otra), y condensaciones de muchas en
una sola; y, por otra parte, se empeñan en retornar a la
conciencia,
tropezando entonces con la barrera de la censura defensiva, no
pudiendo acceder a los sistemas preconscientes y conscientes sino
"disfrazados" (en forma de compromiso o transacción) entre
dos impulsos optativos inconciliables.
* El inconsciente parecería como estratificado (en
distintas capas más o menos profundas), estando entre las
más profundas los contenidos reprimidos en la infancia, en
torno a un
núcleo último (especie de esquema pre-individuales,
productores de protofantasías que informarían las
vivencias sexuales infantiles).
Freud expone, en síntesis, lo siguiente: "Resumiendo,
diremos que los caracteres que esperamos encontrar en los
procesos pertenecientes al sistema
INCONSCIENTE, son la falta de contradicción, el proceso
primario (movilidad de las cargas), la independencia
del tiempo y la
sustitución de la realidad interior por la
Psíquica."
El preconsciente: es el sistema situado entre el inconsciente y
el consciente, separándole de aquél, la
censura.
A pesar de que sus contenidos no están dotados de
conciencia, se diferencian de los estrictamente inconscientes por
una serie de características, a saber:
* No tienen prohibido el paso a la consciencia, en cuanto que no
han sido rechazados o expulsados de ella por la represión,
ni existe una censura de carácter
inconsciente.
* Se rigen por el proceso secundario, lo mismo que ocurre
respecto a los del sistema consciente, y sus representaciones
están ligadas a las palabras, es decir, el lenguaje
verbal.
* El normal almacenaje de información en la memoria se
haría en el preconsciente, mientras que las huellas de
ciertas experiencias vivenciales que han sido objeto
represión se inscribirían en el sistema
inconsciente.
El consciente: dice Freud: "No es necesario caracterizar lo que
denominamos consciente, pues coincide con la conciencia de los
filósofos y del habla cotidiana."
En la segunda tópica, la definitiva, Freud presenta un
carácter más antropomórfico
del "aparato psíquico"; se trata de tres instancias de
la
personalidad, que se relacionan entre sí, casi como si
fueran, tres sujetos en uno. Éstas tres instancias son las
que él denomina: el ELLO, el YO, y el SUPERYO.
El ello: Sería la primera expresión psíquica
todavía impersonal de lo instintivo, habiéndose por
un extremo a los propios procesos somáticos y estando en
secreta complicidad, por el otro extremo, con aspectos del YO y
del SUPERYO. Sin embargo, ante la conciencia del sujeto sus
contenidos aparecen extraños, desconcertantes, a veces: un
impulso una ocurrencia, una fantasía, un miedo angustioso,
un deseo o "ganas de". Como si procediesen de un mundo oscuro,
caótico y contradictorio, y ante los cuales el sujeto
puede sentir horror, fascinación o ambas cosas a un
tiempo. Según Freud, el ELLO- a pesar de ser todo
inconsciente-- solo una parte del mismo contiene elementos
reprimidos, teniendo los demás carácter hereditario
e innato. Todos ellos regidos por el principio de el placer.
EL YO: Es la instancia central y mediadora dentro de el aparato
psíquico, abierta a la realidad de el mundo exterior, ante
el cual representa a todo el sujeto, de algún modo, pues
debe dar cuenta racional de su conducta.
Además de su conciencia y de aspectos preconscientes,
tiene una parte defensiva inconsciente, presenta determinados
aspectos de su funcionamiento: conocimiento
objetivo-
deformación de la verdad, razonamiento--
racionalización o satisfacción pulsional- defensa
compulsiva contra los impulsos inconscientes.
En el origen del YO, Freud adopta dos puntos de vista: el primero
- más fisiologista naturalista, explica su emergencia de
forma evolutiva como una parte diferenciada del ello por su
contacto con la realidad exterior estimulante ( una especie de
piel o
superficie con órganos perceptivos y protectores de el
aparato psíquico, en su necesidad de adaptación al
entorno, organizándose así como mediadora entre
este y el ello. El segundo más psicológico y
estructural, ve la psicogénesis del YO como un largo
proceso que, partiendo de la imagen corporal y
de el cuerpo vivido, en un campo de relaciones
interpersonales, se va organizando mediante sucesivas
identificaciones, introyecciones, y diversos procesos de
simbolización integradora.
El superyó: Se trata de la instancia critica del
pensamiento. Es la expresión de las prohibiciones,
leyes y
normas
parentales y de la sociedad, en
general: ejerce así su dominio "sobre"
el YO, "castigándolo" con el sentimiento de culpabilidad y
desaprobación cuando intenta transgredir dichas normas, ahora
interiorizadas, como resultado del Complejo de Edipo.
El factor principal de su origen parece ser la
identificación parental, sobre todo con la figura del
padre, no sólo en cuanto al individuo particular, sino
como representante o símbolo cultural: esto
produciría en el YO naciente en una ulterior
"diferenciación" ( "división") que se
organizaría como instancia propia, con dos aspectos: como
instancia crítica y prohibidora, por un lado; y como Ideal
del YO (modelo a
imitar, por el otro. Por sus conexiones con el ELLO,
recogería también el SUPERYÓ, sobre todo en
cuanto ideal de YO ( " lo que la biología y los
destino de la especie humana han creado y dejado en el ELLO"),
presentando así una relación con las adquisiciones
filogenética del individuo ( su herencia ).
Con esta instancia "superyoica", Freud intenta explicar
psicoanalítica el origen de la conciencia moral y de los
elevados valores de
el hombre
ético- religioso:" Aquello que en la vida psíquica
individual a pertenecido a lo más bajo es convertido por
la formación de el ideal en lo más elevado de el
alma humana, conforme siempre a nuestra escala de
valores
...
No es difícil penetrar que el ideal del yo satisface todas
aquellas exigencias que se plantean en la aspiración hacia
el padre, el nódulo del que han partido todas las religiones. La
convicción de la propia insuficiencia, resultante de la
comparación de el yo con su ideal, da origen a la
religiosa humildad de los creyentes " .
En síntesis, estableciendo una relación entre la
primera tópica y la segunda, diríamos que: el ELLO
es lo totalmente inconsciente; el YO tiene partes inconscientes,
preconscientes y conscientes; y el SUPERYO parte preconscientes e
inconscientes.
En verdad, la aportación de Freud a la historia del pensamiento ha
sido verdaderamente gigantesca. Sin embargo, en lo referente a la
crítica religiosa, debemos decir que se precipitó
con frecuencia. Manejó de forma caprichosa una disciplina que
no dominaba y presentó como leyes generales
lo que no pasaban de ser intuiciones personales. Las bases
etnológicas de su obra clave tótem y tabú,
con las que pretendió demostrar la existencia de un
complejo de Edipo en los albores de la humanidad; recordemos :
todo aquello del señor y amo despótico de la horda
primitiva que poseía a todas las mujeres y que fue
asesinado por sus propios hijos que acabaron después
venerándolo como a un Dios.
Mas arbitraria todavía resulta su "novela" (no
sabríamos como podría calificarse de otra manera)
Moisés y el monoteísmo, con la que pretendió
aplicar Tótem y tabú a la religión
judeo-cristiana. Las afirmaciones de un Moisés egipcio de
Atón (lo que obliga, por cierto, a retrasar un siglo la
cronología) su posterior asesinato, etc., son pura
fantasía. Algo parecido podríamos decir de El
porvenir de una ilusión, que vamos a comentar en seguida.
Como dice Andrés Tornos, las tres obras mas importantes de
Freud sobre la religión "constituye un caso de la que el
mismo llamaba 'psicoanálisis salvaje'. No se a escuchado a
la otra parte, no se ha dialogado con ella, no se han considera
mucho más datos que los de
antemano se buscaban".
Y sin embargo, no caeremos en el recurso fácil de
desautorizar en bloque la crítica que Freud hace a la
religión, con el pretexto de la falta de rigor de los
datos
históricos que le han servido de premisas. Debemos
considerar con atención a las observaciones
psicoanalíticas que contiene, pasando en cambio por
alto sus "fundamentos" pseudo históricos. Algo parecido si
se nos permite la comparación a lo que hace la
teología actual con la doctrina del pecado original:
descubrir la verdad antropológica que aparece escondida
tras la narración de una caída (Gen 3) que en
sí misma, no fue histórica.
Vallamos, pues, a analizar lo que Freud elaboró sobre la
religión. Freud considera que la religión muestra todas las
características de ese fenómeno psicológico
que se conoce como ilusión. Y aclara que "una
ilusión no es lo mismo que un error, ni es necesariamente
un error. Una de las características más genuinas
de la ilusión es la de tener su punto de partida en deseos
humanos, de los cuales se deriva".
Reconoce igualmente que las ilusiones pueden ser "saludables", es
decir, pueden contribuir al bienestar del hombre evitando el
displacer y proporcionando satisfacción. Sin embargo el
precio que
pagamos por las ilusiones es doble: mientras creemos en ellas, la
insinceridad; cuando la creencia se derrumba, la
decepción.
Conviene advertir que la religión no es, ni mucho menos,
la única realidad humana que Freud califica con el
infamante nombre de "ilusión ". Ante la mirada de este
incorregible "maestro de la sospecha" van cayendo sucesivamente
como "ilusiones" la noción de progreso, el fundamento de
las instituciones
políticas, las relaciones entre los sexos y
la confianza en la ciencia,
así como la utopías marxistas o anarquistas. Pero
en este momento nos interesa fijarnos únicamente en la
religión.
"A los dioses -dice nuestro autor- se atribuye una triple
función: espantar los terrores de la
naturaleza,
conciliar al hombre con la crueldad del destino, especialmente
tal como se manifiesta en la muerte, y
compensarlo de los dolores y de las privaciones que la vida
civilizada en común le impone". "Se crea así un
acervo de representaciones, nacido de la necesidad de hacer
tolerable la indefensión humana y formado con el material
extraído del recuerdo de la indefensión de nuestra
propia infancia
individual y de la infancia de la humanidad".
El problema del teísmo religioso es que, habiendo
desempeñado en otro tiempo un papel
importante necesario de hecho, en el desarrollo
humano, y habiendo sido útil al hombre para afrontar
las incertidumbres y perplejidades absolutamente reales, se ha
perpetuado más allá de su necesidad y utilidad. En
opinión de Freud, el hombre
actual puede inventar medios
más adecuados que la religión para abordar los
mismos problemas. Es
más, la perpetuación de la ilusión
religiosa, más que superflua, puede resultar nociva si
retarda el desarrollo de el hombre: "conforme a esta teoría,
hemos de suponer que el abandono de la religión se
cumplirá con toda la inexorable fatalidad de un proceso de
crecimiento, y que en la actualidad nos encontramos ya dentro de
esta fase de la evolución".
El hombre que rehace la idea de Dios "se hallará como el
niño que ha abandonado el hogar paterno, en cual se
sentía seguro y dichoso.
Pero ¿no es también cierto que el infantilismo ha
de ser vencido y superado? El hombre no puede permanecer
eternamente niño; tiene que salir algún día
a la vida, a la dura 'vida enemiga' . ¿Habré de
decir todavía que el único propósito del
presente trabajo es señalar la necesidad de tal
progreso?".
De esta forma Freud pretende explicar,
psicoanalíticamente, la religión (recurre a la
psicología
infantil). Entonces: la conciencia religiosa proviene de un
colectivo complejo de Edipo; fundado en el deseo de todo
niño, de asesinar a su padre y casarse con su madre. Una
vez cometido el crimen la culpa impulsa a castigarse, este
castigo lo priva del beneficio del crimen.
En síntesis: la religión de la humanidad presenta
la misma evolución de la sexualidad
infantil, para Freud lo religioso tiene un nexo común con
el complejo de Edipo y por lo tanto con el desarrollo sexual.
Esta explicación continúa mostrando el origen del
sentimiento religioso de culpa: la prohibición de matar el
animal-tótem, sustituto del padre, en cierto sentido es
levantada con el banquete sacrificial, donde el religioso al
comer el animal, se identifica con el padre-Dios pues come de su
carne. Esta obsesión (culpa) es la raíz de la
religiosidad.
La fuerza de la
creencia religiosa, radica en que las ideas religiosas son
"ilusiones". Mas si bien la religión es ilusión, no
es mentira, o sea no es algo contrario a la realidad
psicológica, y va motivada por la necesidad del deseo. La
religión es proyección del deseo infantil nacido
del complejo de Edipo, que de personal se hace
universal. La religión logra lo que la cultura, a
pesar de sus avances, no ha podido realizar: subsanar el profundo
sentimiento de impotencia frente a la falta de dominio de la
naturaleza.
5. Religión y neurosis
La religión surge en el texto
freudiano desde los primeros momentos asociado a los estudios de
la neurosis
histérica. En ella, la disociación de la conciencia
(fenómeno fundamental que abrió las puertas del
psicoanálisis) dejaba ver el proceso que Freud denominaba
perversión de la voluntad. Es decir, un querer
inconsciente que desde lo reprimido se impone al querer y a la
voluntad conscientes del sujeto. En esta lucha de voluntades la
experiencia religiosa surge ante los ojos de Freud como un
elemento que claramente juega a favor del querer consciente y
represor. La religiosidad se presenta entonces como un oponente
importante al mundo de los deseos y pulsiones del individuo y, en
consecuencia, como un factor que con cierta frecuencia juega de
modo decisivo en la causación de la neurosis.
Tras las primeras investigaciones
en el campo de la neurosis histéricas, las neurosis
obsesivas se ofrecieron a Freud como otro campo fundamental para
la investigación del mundo inconsciente. Es en
este segundo tipo de neurosis donde Freud encontrará la
clave interpretativa fundamental para todo su posterior análisis del hecho religioso. A diferencia
de la neurosis histérica, la neurosis obsesiva se presenta
ante sus ojos con un tipo de lenguaje
enormemente parecido al lenguaje de
los fenómenos culturales.
En el ensayo Los
actos obsesivos y las practicas religiosas (1907), primer texto
importante dedicado al tema de la religión, Freud resalta
la analogía, no meramente superficial, existente entre los
ceremoniales obsesivos y religiosos. Ambos parecen motivados por
unos intensos sentimientos de culpa, originados a su vez en
deseos reprimidos en el inconsciente, de los que uno y otro (el
neurótico y el hombre religioso) se defienden mediante el
ceremonial.
En la practica de la religión encuentra Freud
también la misma transacción entre la
prohibición y el deseo, entre la tendencia represora y la
reprimida; pues, como nos indica muchas veces en nombre de la
religión y a favor de la misma se realizan justamente
todos aquellos actos que la religión oficialmente
prohibe.
Sobre el sentido de ésta doble y ambivalente tendencia
actuante en la experiencia religiosa quedan todavía muchas
cosas por determinar. Pero a partir de lo entrevisto hasta ese
momento, Freud se atreve a señalar con una fórmula
que adquirirá celebridad que, desde una perspectiva
psicoanalítica, la neurosis obsesiva debe ser considerada
como una religión individual y la religión como una
neurosis obsesiva universal.
Hasta aquí llega, pues, la analogía entre
religión y neurosis establecidas en los escritos de esta
primera época. La diferencia que en ellos se establece (y
que mas tarde desaparecerá) estriba en el hecho de que el
neurótico obsesivo ha llevado a cabo una represión
de contenidos sexuales, mientras que tras la conducta
religiosa cree adivinar más bien la represión de
contenidos antisociales y egoístas. El esquema de la
primera teoría sobre las pulsiones, en las que al grupo de las
tendencias sexuales se enfrentaban las pulsiones del yo, se
trasluce en esta diferenciación que Freud lleva a cabo
entre la represión del obsesivo y la del hombre religioso.
El primero teme a la sexualidad y,
desde este temor, crea su neurosis; el segundo teme sus impulsos
egoístas y antisociales y, desde ese temor crea su
religiosidad. Dicha diferencia caerá por tierra cuando,
a partir de 1914, en un nuevo esquema sobre la vida pulsional,
los impulsos del yo queden también libidinizados; y
cuando, tras la analogía entre conducta obsesiva y
religiosa, se establezca no ya una simple analogía, sino
más bien una identidad del conflicto
originante.
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