Quizá sea la frase bíblica "No hay nada nuevo bajo el sol" la que mejor resuma el carácter último que tiene la intertextualidad: todo texto es, en mayor o menor medida, producto de la influencia de otros con los que el autor ha entrado en contacto.
El presente artículo pretende explicar el significado que tiene la intertextualidad dentro del corpus narrativo de Gabriel García Márquez: en las novelas del escritor colombiano hemos encontrado un suficiente número de repeticiones ( tanto de textos ajenos como propios) como para considerar interesante hacerlas objeto de estudio y clasificación.
La cuestión intertextual ha sido estudiada ampliamente por críticos de las escuelas europeas y americanas, a pesar de lo cual existen todavía puntos divergentes a la hora de proporcionar una denominación concreta, única y válida de la intertextualidad. Empezaremos pues por intentar acercarnos a la definición del fenómeno intertextual mediante las teorías de una serie de autores que han trabajado sobre éste, para aclarar después de que concepto o conceptos vamos a partir en este estudio. A continuación, pasaremos a clasificar los que son, a nuestro juicio, los distintos tipos de intertextualidad que aparecen en la narrativa de García Márquez, ejemplificando (esperamos que sobradamente) cada uno de ellos.
Nació en Aracataca, en el hogar de Gabriel Eligio García, telegrafista y de Luisa Santiaga Márquez Iguarán. Siendo muy niño fue dejado al cuidado de sus abuelos maternos, el Coronel Nicolás Márquez Iguarán -su ídolo de toda la vida- y Tranquilina Iguarán Cortés. El reconoce que su madre es quien descubre los personajes de sus novelas a través de sus recuerdos. Por haber vivido retirado al comienzo de su padre, le fue difícil tratarlo con confianza en la adolescencia; "nunca me sentía seguro frente a él, no sabía cómo complacerlo. El era de una seriedad que yo confundía con la incomprensión", dice García Márquez.
En 1936, cuando murió su abuelo, fue enviado a
estudiar a Barranquilla. En 1940, viajó a
Zipaquirá, donde fue becado para estudiar bachillerato.
"Allí, como no tenía suficiente dinero para
perder ni suficiente billar para ganar, prefería quedarme
en el cuarto encerrado, leyendo", comenta el Nobel. En 1946
terminó bachillerato. Al año siguiente se
matriculó en la Facultad de Ciencias
Políticas de la Universidad
Nacional y editó en diario "El Espectador" su cuento, "La
primera designación". En 1950, escribió una columna
en el
periódico "El Heraldo" de Barranquilla, bajo el
seudónimo de Séptimus y en 1952, publicó el
capítulo inicial de "La Hojarasca", -su primera novela en ese
diario- en el que colaboró desde 1956. En 1958, se
casó con Mercedes Barcha. Tienen dos hijos, Rodrigo y
Gonzalo. Gabriel García Márquez, quien está
radicado en Ciudad de México
desde 1975, en una vieja casona restaurada por él mismo,
es amigo cercano de inportantes personalidades mundiales, lo fue
de Omar Torrijos y conserva fuertes lazos con Fidel Castro,
Carlos Andrés Pérez, François Miterrand, los
presidentes de México,
Venezuela,
Colombia y otros
muchos.
El 11 de diciembre de 1982, después de que por
votación unánime de los 18 miembros de la Academia
Sueca, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por su
obra.
La vida y obra del Nobel García
Márquez ha sido reconocida públicamente: en 1961
recibió el Premio Esso, en 1977, fue homenajeado en el
XIII Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana;
en 1971, declarado "Doctor Honoris Causa" por la Universidad de
Columbia, en Nueva York; en 1972, obtuvo el Premio Rómulo
Gallegos por su obra "La Cándida Eréndira y su
abuela desalmada". En 1981, el gobierno
francés le concedió la condecoración
"Legión de Honor" en el grado de Gran Comendador. Ese
año asistió a la posesión de su amigo y
Presidente de la República, François Miterrand. En
1992, fue nombrado jurado del Festival de Cine de
Cannes.
El último libro de
Gabriel García Márquez fue publicado en 1994. Sobre
él, "Del amor y otros
demonios", dijo Alvaro Mutis: "es una novela perfecta
desde el punto de vista histórico, con fuertes
planteamientos de carácter
dogmático en la que aparecen ciertos personajes cuya
caracterización es realmente genial".
Gabriel García Márquez, quien hoy prepara un
libro que
titulará "La profesión más hermosa del
mundo", sobre periodismo, a
sus 66 años es considerado por un importante grupo de
intelectuales como el escritor vivo más importante del
mundo, según lecturas dominicales de El Tiempo del 28 de
agosto de 1994.
"Gabo", quien alterna su vida entre México y Colombia, prácticamente vive en un avión. Ha recorrido el mundo entero y engrandecido el nombre del país en el exterior, llevando nuestros paisajes y costumbres de un continente a otro, itinerario que inició en 1957 cuando visitó la República Democrática Alemana, Checoslovaquia, Polonia, Hungría y la Unión Soviética, temas de su artículo "Noventa días en la cortina de hierro". Después de 1967 cuando se fue a vivir a Barcelona y cuando el mundo se dio cuenta de su obra maestra "Cien Años de Soledad", que ha marcado la historia de la literatura de nuestro siglo, García Márquez se ha convertido en invitado de honor de sucesos intercontinentales, de congresos, de festivales, de posesiones y de eventos, porque su presencia tiene un valor muy especial. hijo, Gonzalo, y su
Gabriel José
García Márquez nació en Aracataca
(Colombia) en 1928. Cursó estudios secundarios en San
José a partir de 1940 y finalizó su bachillerato en
el Colegio Liceo de Zipaquirá, el 12 de diciembre de 1946.
Se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad
Nacional de Cartagena el 25 de febrero de 1947, aunque sin
mostrar excesivo interés
por los estudios. Su amistad con el
médico y escritor Manuel Zapata Olivella le
permitió acceder al periodismo.
Inmediatamente después del "Bogotazo" (el asesinato del
dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán en
Bogotá, las posteriores manifestaciones y la brutal
represión de las mismas), comenzaron sus colaboraciones en
el periódico
liberal El Universal, que había sido fundado el mes de
marzo de ese mismo año por Domingo López
Escauriaza.
Había comenzado su carrera
profesional trabajando desde joven para periódicos
locales; más tarde residiría en Francia,
México y España. En
Italia fue
alumno del Centro experimental de cinematografía. Durante
su estancia en Sucre (donde había acudido por motivos de
salud),
entró en contacto con el grupo de
intelectuales de Barranquilla, entre los que se contaba Ramón
Vinyes, ex propietario de una librería que habría
de tener una notable influencia en la vida intelectual de los
años 1910-20, y a quien se le conocía con el apodo
de "el Catalán" -el mismo que aparecerá en las
últimas páginas de la obra más
célebre del escritor, Cien años
de soledad (1967). Desde 1953 colabora en el
periódico de Barranquilla El nacional: sus columnas
revelan una constante preocupación expresiva y una
acendrada vocación de estilo que refleja, como él
mismo confesará, la influencia de las greguerías de
Ramón
Gómez de la Serna. Su carrera de escritor comenzará
con una novela breve, que evidencia la fuerte influencia del
escritor norteamericano William Faulkner: La hojarasca (1955). La
acción transcurre entre 1903 y 1928 (fecha del nacimiento
del autor) en Macondo, mítico y legendario pueblo creado
por García Márquez. Tres personajes, representantes
de tres generaciones distintas, desatan -cada uno por su cuenta-
un monólogo interior centrado en la muerte de
un médico que acaba de suicidarse. En el relato aparece la
premonitoria figura de un viejo coronel, y "la hojarasca" es el
símbolo de la compañía bananera, elementos
ambos que serían retomados por el autor en obras
sucesivas.
En 1961 publicó El coronel no tiene
quien le escriba, relato en que aparecen ya los temas
recurrentes de la lluvia incesante, el coronel abandonado a una
soledad devastadora, a penas si compartida por su mujer, un gallo,
el recuerdo de un hijo muerto, la añoranza de batallas
pasadas y... la miseria. El estilo lacónico, áspero
y breve, produce unos resultados sumamente eficaces. En 1962
reúne algunos de sus cuentos -ocho
en total- bajo el título de Los funerales de Mamá
Grande, y publica su novela La mala hora.
Pero toda la obra anterior a Cien años de soledad es
sólo un acercamiento al proyecto global y
mucho más ambicioso que constituirá justamente esa
gran novela. En efecto, muchos de los elementos de sus relatos
cobran un interés
inusitado al ser integrados en Cien años de soledad.
En ella, Márquez edifica y da vida al pueblo mítico
de Macondo (y la legendaria estirpe de los Buendía): un
territorio imaginario donde lo inverosímil y mágico
no es menos real que lo cotidiano y lógico; este es el
postulado básico de lo que después sería
conocido como realismo
mágico. Se ha dicho muchas veces que, en el fondo, se
trata de una gran saga americana. Macondo podría
representar cualquier pueblo, o mejor, toda
Hispanoamérica: a través de la narración,
asistimos a su fundación, a su desarrollo, a
la explotación bananera norteamericana, a las
revoluciones, a las contrarrevoluciones... En suma, una síntesis
novelada de la historia de las tierras
latinoamericanas. En un plano aún más amplio puede
verse como una parábola de cualquier civilización,
de su nacimiento a su ocaso.
Tras este libro, el autor publicó la que, en sus propias palabras, constituiría su novela preferida: El otoño del patriarca (1975), una historia turbia y cargada de tintes visionarios acerca del absurdo periplo de un dictador solitario y grotesco. Albo más tarde, publicaría los cuentos La increíble historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1977), y Crónica de una muerte anunciada (1981), novela breve basada en un suceso real de amor y venganza que adquiere dimensiones de leyenda, gracias a un desarrollo narrativo de una precisión y una intensidad insuperables. Su siguiente gran obra, El amor en los tiempos del cólera, se publicó en 1987: se trata de una historia de amor que atraviesa los tiempos y las edades, retomando el estilo mítico y maravilloso. Una originalísima y gran novela de amor, que revela un profundo conocimiento del corazón humano. Pero es mucho más que eso, debido a la multitud de episodios que se entretejen con la historia central, y en los que brilla hasta lo increíble la imaginación del autor.
En 1982 le había sido concedido, no menos que merecidamente, el Premio Nobel de Literatura. Una vez concluida su anterior novela vuelve al reportaje con Miguel Littin, clandestino en Chile (1986), escribe un texto teatral, Diatriba de amor para un hombre sentado (1987), y recupera el tema del dictador latinoamericano en El general en su laberinto (1989), e incluso agrupa algunos relatos desperdigados bajo el título Doce cuentos peregrinos (1992). Nuevamente, en sus últimas obras, podemos apreciar la conjunción de la novela amorosa y sentimental con el reportaje: así en Del amor y otros demonios (1994) y Noticia de un secuestro (1997). Ha publicado también libros de crónicas, guiones cinematográficos y varios volúmenes de recopilación de sus artículos periodísticos: Textos costeños, Entre cachacos, Europa y América y Notas de prensa.
Recientemente, la editorial Alfaguara ha publicado una completa biografía de Gabriel García Márquez, Viaje a la semilla, de Dasso Saldívar. Finalmente, a quien le interese la voz directa de García Márquez, podrá consultar el libro de entrevistas El olor de la papaya (1982). O, mejor aún, los sucesivos tomos que constituirían la extensa autobiografía del autor, Vivir para contarlo, cuyo ejercicio, según el propio García Márquez constituye, básicamente, una garantía para mantener "el brazo caliente" entre dos novelas.
Un abuelo, una madre y un niño van al velatorio
el doctor del pueblo, son casi los únicos; el pueblo no
perdona al doctor que no socorriera a un moribundo.
La muerte de una
persona y su
cortejo, la muerte del
pueblo y su procesión: a través de los ojos del
niño te paseas por los fríos y tristes alrededores
de la muerte y del
velatorio; los mismos ojos te cuentan el ocaso del pueblo;
fundidas sus riquezas y apagado su esplendor por las guerras y las
crisis; esas
mismas que llenaron las calles y las casas de "una hojarasca
formada de desperdicios naturales y humanos".
De pronto, como si un remolino hubiera echado raíces
en el centro del pueblo, llegó la compañía
bananera perseguida por la hojarasca. Era una hojarasca revuelta,
alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales de
los otros pueblos: rastrojos de una guerra civil
que cada vez parecía más remota e
inverosímil. La hojarasca era implacable. Todo lo
contaminaba de su revuelto olor multitudinario, olor de
secreción a flor de piel y de
recóndita muerte
Fue el primer libro de García Márquez que
leí; me quedé asombrado, aún hoy tengo un
gran recuerdo. No es el título más leído, ni
siquiera el quinto más citado; pero con el nombre en la
solapa del libro de cualquier otro escritor, sería tenido
por una de las obras maestras de este siglo.
La Hojarasca (3), su primera novela, analizarla a la luz de los procesos socio-históricos que configuraron la región caribeña colombiana (modernización, procesos identitarios, de urbanización, de poblamiento) y presentar una lectura sociocrítica (4) de la misma que ilustre la emergencia de una visión Caribe del mundo al lado de la mise en abime (5) de un proceso de transformación socio-económica de un Pueblo Nuevo (6) como elementos estructurantes del relato y como manifestaciones de una manera especular de ver la realidad.
El texto de la novela nos revela la coexistencia de dos fuerzas antagónicas e irreconciliables que presentan dos visiones del mundo (7) igualmente opuestas. "Nosotros", paradigma del orden (conformado por las familias fundadoras de Macondo y representado por la figura mítica del Coronel), tiene como oponente al actante (8) "hojarasca" (formado por los desplazados de las guerras civiles alentados por la oportunidad de trabajo que abre la llegada de la compañía extranjera a Macondo), paradigma de lo entrópico que instituye nuevos héroes contradictores de los valores occidentales y lleva a cabo un proceso de organización desintegradora.
Todo ello se enmarca dentro de un proceso de evolución histórica caribeño sui-generis de la región norte-costera colombiana basado en la "eliminación-obliteración" del elemento autóctono y en la importación de población nueva. El resultado: una sociedad básicamente compuesta por "recién llegados" (9) (la expresión aparece en el prólogo de la novela) y un sincretismo cultural y racial que genera esa visión del mundo completamente nueva y original.
La costa caribeña
colombiana, especialmente el departamento del Magdalena,
presenta, por la llegada de la United fruit Company y al igual
que el resto del país, por la tecnificación del
cultivo del café,
una formación social caracterizada por el paso de un
sistema
semi-feudal amparado en la hacienda autosuficiente, a un tipo de
desarrollo capitalista del campo auspiciado por la
instalación de maquinaria moderna y la inversión de capital
extranjero. Como bien lo describe Salomon Kalmanovitz,
"este tipo de desarrollo capitalista en países
dependientes y semi-coloniales ciertamente salta etapas y combina
lo más moderno con el atraso de viejas formas productivas"
(10). Esta formación social genera, por tanto,
una formación ideológica análoga que nos
presenta la pugna entre dos ideologías: una conservadora y
moralista (la de los terratenientes dueños de haciendas,
dueños de abundante población servil sujetada por medio de
deudas, de control
político y la ideología católica) y otra, liberal
y progresista (la de un gran número de campesinos
arrendatarios libres luego de la guerra civil y
dispuestos a asalariarse).
El mismo preámbulo de La Hojarasca nos muestra, según Hélène Pouliquen (11), esa pugna: La ideología de un patriciado liberal en crisis es, en apariencia, el punto de vista ideológico que organiza el desarrollo del relato, pues el verdadero propósito de la novela es la "representación-evaluación" del advenimiento (¿de la postergación?) de la modernidad en colombia.
LA MISE EN ABIME
DE LA FORMACION DE UN PUEBLO NUEVO
El elemento responsable de gran parte de la producción de sentido en el texto de la novela es una formación social que enmarca el desarrollo histórico de la región caribeña colombiana dentro de la caracterización de Pueblo Nuevo y la opone a la de los "Pueblos Testimonios" (12) de la región Andina. Esta formación social implica, como ya se dijo, la eliminación-obliteración de la población autóctona y la importación de mano de obra esclava, en primera instancia, y luego, asalariada, producto de los flujos migratorios tan importantes en la conformación de todas las sociedades del Caribe.
En la novela, esta formación social se vehicula a través de tres articuladores semióticos: la figura del extranjero, la desaparición de Meme y la deshumanización-rebajamiento de los guajiros, y a través de la técnica del metarrelato o relato espejo.
Macondo es un pueblo reciente conformado por recién llegados (solo tiene unos 30 años, la edad de Isabel) y el propósito último de la novela es precisamente mostrar ese origen cercano, esa "novedad" y su evolución. La intención del autor (probablemente no-consciente) no es otra que buscar su origen, escudriñar su identidad, responderse a la pregunta: ¿De donde vengo? "De extranjeros, de recién llegados", parece ser la respuesta. Por eso son ellos los dinamizadores de la trama de la novela. El relato gira en torno al extranjero médico; el liderazgo en el pueblo es ejercido por el cachorro, otro recién llegado; Martín ejerce singular atracción sobre las mujeres de Macondo, e incluso, sobre el coronel; el coronel mismo es un recién llegado. Las uniones en el pueblo de las que tenemos conocimiento se dan siempre con extranjeros: Meme-Médico, Isabel-Martín, Genoveva-Titiriteros, signo inequívoco de la tendencia integracionista y de la tendencia al sincretismo de las sociedades caribeñas.
Así, se establece en el texto una microsemiótica referida a lo foráneo como elemento integral y constitutivo de Macondo: "La hojarasca volteó y salió a recibirlo y con la vuelta perdió el impulso, pero logró unidad y solidez; y sufrió el natural proceso de fermentación y se incorporó a los gérmenes de la tierra." (LH: 13)
Si uno de los rasgos sine qua non de los pueblos contigüos al mar Caribe fue el extermino casi total de la población autóctona, la pregunta obligada es por qué aparecen indígenas en un texto que pretende erigirse como imagen especular de la región donde se desarrolla; y, adicionalmente, y aún más intrigante: ¿Por qué guajiros? Cabe recordar, como lo señala Fabio Zambrano, que "el contacto de los españoles con la población indígena, tuvo drásticos efectos sobre ésta" (13) y como el mismo autor continúa diciendo "los indígenas fueron reemplazados por negros traídos de las antillas y del Africa, con lo cual se incidía en la modificación de la encomienda como sistema de producción ante la impresionante desaparición de los indígenas." (14) El texto traduce este proceso de exterminio a partir de un articulador semiótico: la desaparición de la india Meme y su descendencia. Este, a su vez, se articula discursivamente a través de la oposición del discurso oficial del extranjero "causante del exterminio": "en cuanto a Meme nos dio una explicación que habría podido parecer pueril, pero que fue dicha por él con el mismo acento con que habría dicho su verdad. Dijo que Meme se había ido, eso era todo" (LH: 133). Así, a través del discurso no-oficial portado por un pasquín: "Pero en el pasquín que apareció en esta esquina se decía que el médico asesinó a su concubina y le dio sepultura en el huerto" (LH:135)
En cuanto a la descendencia de la indígena, García Márquez utiliza la técnica del dato escondido, es decir, "narración por omisión o por omisiones significativas, silenciando temporal o definitivamente ciertos datos de la historia para dar más relieve o fuerza narrativa a esos mismos datos que han sido momentánea o totalmente suprimidos" (15), principio de organización narrativa muy apropiado para este caso, pues el discurso oficial, el del extranjero, es el que oculta y omite el dato: "Dígame una cosa, doctor: ¿Qué fue de la criatura? El no modificó la expresión: ¿Qué criatura, coronel?", "Tiene razón, coronel. Hasta me había olvidado de eso". (LH: 135)
Con esto, el autor y su región se autoexplican, se piensan. Sin embargo, aún queda por resolver el hecho más intrigante en este sentido: ¿Por qué guajiros? La respuesta parece residir, en mi opinión, en una formación social mucho más específica que se presenta en el departamento del Gran Magdalena, una de las subregiones de la costa Caribe colombiana, compuesta hasta los años sesenta por las regiones del Magdalena, La Guajira y El Cesar, territorios sobre los cuales la ciudad de Santa Marta ejercía importante influencia como capital. Según Adriana Mercedes Corso, "las actividades administrativas de la gobernación, las sesiones de la Asamblea Departamental, la oferta de servicios financieros (v. gr. la Caja Agraria) para esos territorios se realizaban en Santa Marta y se ofrecía educación de calidad en el Liceo Celedón, claustro en el cual se formaron muchos cesarenses y guajiros." (16) Producto de esa situación de primacía, encontramos una formación ideológica que señala la superioridad de los samarios y la inferioridad de los guajiros, tendencia xenofóbica que señala la categorización de vasallos para los últimos y señores para los primeros. Es por eso que el pueblo ve con 'malos ojos' la actitud de Meme de pretender ser una señora y está a punto de apedrearla: "Meme se había presentado a la iglesia, adornada como una cualquiera elevada a la categoría de señora" (LH:102). Y por eso Isabel la ve "vestida más como un pesebre de navidad que como una señora" (LH:39). Ya en 1778 Don Antonio de Narváez, gobernador de la entonces Provincia de Santa Marta y Rio Hacha, señalaba: "La reducción de los guajiros de esta Provincia del Hacha es mucho más difícil por su mayor número, valor, manejo de armas de fuego", "no estoy enterado a fondo de esta provincia, ni puedo hablar con perfecto conocimiento sobre los medios oportunos para la perfecta reducción de sus indios, y mejor adelantamiento de ella en particular; pero desde luego comprendo el más adecuado a ambos importantes fines, el aumentar quanto sea posible su población pues esta aumenta igualmente nuestra fuerza y preponderancia en ella" (17).
Esta estructura ideológica se reproduce en el texto a partir de la deshumanización-rebajamiento de los guajiros vasallos del Coronel. Así, para Isabel son "animales amaestrados en un circo" (LH:48), para el niño "cuatro cuervos en un caballete" (LH:48) y para el Coronel, una posesión, por eso los llama "mis hombres" (LH:147). Como señala Vargas Llosa, los guajiros "apenas son personas: meras presencias, se confunden con las vigas, con el catre solitario, con el ataúd." (18)
El relato espejo:
Punto culminante de la mise en abime
de la región caribeña y su evolución histórica
El punto culminante de la mise en abime de la región caribeña hecha por el autor reside quizá en la narración hecha por el niño. La pregunta obligada parece ser: ¿Por qué es el niño quien inicia y termina narrando en La Hojarasca, si el desconoce en su mayoría los datos de la historia? Mi hipótesis se orienta a que la inserción de su narración no tiene nada que ver con la historia del doctor narrada por los otros dos personajes, y a que, más bien, estamos en presencia de un metarrelato o relato espejo (19) que pretende ser una explicación, una revelación del propósito central de la novela: la formación de un pueblo nuevo o pueblo caribeño.
Los monólogos del niño no son otra cosa que la descripción de un despertar, de una iniciación: "Por primera vez he visto un cadáver", "He pasado frente al espejo de la sala y me he visto de cuerpo entero", "...Y he pensado: ese soy yo, como si hoy fuera domingo". (LH:15). El niño aparece, entonces, como símbolo de ese pueblo naciente, nuevo, inocente, en proceso de aprendizaje. Un pueblo sin pasado mítico y sin conciencia de futuro. De ahí que la narración del niño se desarrolle casi siempre en presente.
Si bien el personaje que tiene ecos del Mersault de Camus es el médico, el discurso existencial aflora, de manera explícita, en los monólogos del niño como signo inequívoco de esa búsqueda identitaria, de esa filosofía del ser. García Márquez, al igual que Hector Rojas Herazo, poeta y compañero del grupo de Cartagena, "sigue la línea heideggeriana del existencialismo ateo en la que el ser no se concibe de modo indirecto por vía del pensamiento intelectivo sino tan solo directamente revelándose al hombre a través de su existencia personal". (20) Como en el autor sucreño, el conocimiento del mundo se hace a través de los sentidos: "veo que tienen la cabeza acerada y un pañuelo amarrado a la mandíbula.", "veo que tiene la boca un poco abierta" (LH:16) "Y sentí ese olor a desperdicios" (LH:17), "y oigo a lo lejos el pito del tren que se pierde en la última vuelta" (LH:20), "Yo conozco los cuartos por el olor". (LH:76)
La presencia del discurso existencial se explica, asimismo, "en razón a una formación ideológica asociada al centralismo como actitud dominante en Colombia desde la década del 40 que de acuerdo con Jacques Gilard, se mostraba 'inmune a las disonancias de unas periferias cuya existencia no se reconocía sino en dosis homeopáticas' y que a finales de los 40 fue defendida y sustentada por el suplemento literario del periódico El tiempo, por unos años la publicación cultural de más amplia difusión en el país y cuyos colaboradores (Germán Arciniegas, Eduardo Caballero Calderón, entre otros) eran enemigos acérrimos del pensamiento existencialista". (21) El mismo García Márquez corrobora su apego al existencialismo en una entrevista con José Luis Díaz-Granados, al ser consultada su opinión sobre un cuento de éste último: "Está bueno el cuento. Pero no es existencialista." (22)
De esa forma, la narración del niño se constituye en metarrelato, es decir, relato que habla de sí mismo; en relato espejo que se constituye en 'señal' del texto básico que ayuda a clarificar el propósito central de éste.
Visión caribe del mundo
y panteón de héroes caribeños
Paralela a esta puesta en abismo de la formación de un pueblo caribeño, la novela patentiza la emergencia de una visión caribeña sui generis que instituye valores igualmente singulares, en marcada oposición a los valores occidentales fundamentados en la moral cristiana, introduciendo, de paso, un nuevo tipo de figuras "heroicas" que, como lo señala el profesor Avella (23), no siguen las reglas del juego sino que se juegan la regla.
Uno de los personajes mayormente ensalzados en la novela es, quizá, El Cachorro, la representación del anti-sacerdote. Es un religioso que no preconiza las bondades de la moral cristiana, defiende a un ateo y no lee la Biblia. El Cachorro es poco ortodoxo y menos doctrinario y, por tanto, muy caribe. Es uno de los representantes del desorden y aunque nació en el pueblo, también es un extranjero que llegó junto con la hojarasca. Para todos tiene características heroicas, incluso para el coronel, representante del orden, por ello es uno de los elementos que corrobora la desestabilización de la visión del mundo occidental y de la ideología conservadora-moralista que va de la mano con ella por parte de la visión caribeña.
Esta figura del cura "anti-religioso" parece surgir de una tendencia socio-religiosa escenificada a partir del Segundo Concilio Vaticano en una nueva generación de sacerdotes que, en palabras de Jaime Eduardo Jaramillo, "expresan una visión notablemente más secularizada que muchos de sus antecesores expresada en una enseñanza religiosa más moderna, tolerante y pragmática" (24).
El cachorro, a su vez, instituye otra figura en el panteón caribe: el almanaque Bristol, que reemplaza a uno de los símbolos más sagrados del mundo occidental: La Biblia. El mismo Coronel lo deja entrever: "De todos modos, lo que suceda tenía que suceder. Es como si lo hubiera anunciado el almanaque." (LH:150) Claro está que el ataque de García Márquez a la religión, en este sentido, también se encuentra ligado al papel de la iglesia católica como aparato ideológico y represivo del Estado durante la hegemonía conservadora de mitad de siglo.
La segunda gran figura heroica caribeña instituida por la novela, es la del trickster, tal vez la de mayor recurrencia en las manifestaciones folclóricas de todo el gran Caribe (recordemos a Ananse, por ejemplo). Martín, el esposo de Isabel, es la clara representación del ser astuto que logra engañar a todos valiéndose de los más ingeniosos ardides, consiguiendo la admiración de todos por ello. Así, Martín desposa a Isabel con el objetivo de ganarse la confianza del Coronel y llevar a cabo una empresa con el respaldo de los bienes de éste. A pesar de que ha desaparecido desde hace nueve años, el Coronel piensa: "han transcurrido nueve años pero no por ello tengo derecho a pensar que era un estafador. No tengo derecho a pensar que su matrimonio fue apenas una coartada para persuadirme de su buena fé." (LH:118). Sin embargo, en el fondo, el Coronel sabe que ha sido engañado por un especialista en timos y por eso señala más adelante: "si ambos nos equivocamos al confiar en Martín, corre como error compartido" (LH:118). Además, el coronel deja entrever cierta admiración por el astuto joven: "llegó a mi casa con un saco de cuatro botones, segregando juventud y dinamismo por todos los poros, envuelto en una luminosa atmósfera de simpatía" (LH:118). Isabel advierte esa situación: "Martín parecía vinculado a mi padre por una entrañable y sólida amistad y éste hablaba de aquél como si fuera él y no yo quien iba a casarse con Martín" (LH:105).
El ejemplo más diciente del juego de las reglas se da en la conversación del alcalde con el Coronel acerca del entierro del doctor. El alcalde se erige como el deshonesto, el hombre que se enfrenta al mundo adverso y sobrevive en una situación precaria jugándose la regla: "Y entonces comprendo que es deliberadamente ilógico, que está inventando trabas para impedir el entierro." (LH:42) Es aquí donde la desestabilización de esa visión del mundo occidental, lógica y racional, llega a su punto máximo. Es la visión caribe, anti-lógica y entrópica la que organiza claramente el desarrollo del relato y las relaciones de los personajes, pues el Coronel comienza a tener una visión menos ortodoxa: "Coronel, esto podríamos arreglarlo de otro modo. Y yo, sin darle tiempo a terminar, le digo: «Cuánto»" (LH:45).
Es posible afirmar, finalmente, que La Hojarasca es obra fundacional del Caribe Colombiano, en tanto se erige como espejo de su evolución histórica a través de la duplicación de las estructuras socio-históricas que dieron origen a ella. El texto presenta, paralelamente, una visión del mundo particular a la región caribeña que emerge desestabilizando e imponiéndose, en definitivas, a la visión aparentemente dominante, la visión del mundo occidental, cristiano-moralista, e instaurando, de paso, un nuevo "panteón heróico" que contraviene los valores y patrones axiomáticos introducidos por esa moral cristiana.
A nivel textual, este propósito se alcanza con el establecimiento de una red semiótica que apunta hacia el realce de lo extranjero, de lo recién llegado, y al rebajamiento de lo autóctono. Igualmente, se logra a partir de la introducción de la técnica del relato espejo y del discurso existencial y a través de la utilización de héroes investidos de anti-valores, anversos de los arquetipos tradicionales.
La suposición de que Remedios,
la bella, poseía poderes de muerte, estaba entonces
sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres
ligeros de palabra se complacían en decir que bien
valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan
conturbadora mujer, la verdad
fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo. Tal vez, no
sólo para rendirla sino también para conjurar sus
peligros, habría bastado con un sentimiento tan primitivo,
y simple como el amor, pero
eso fue lo único que no se le ocurrió a nadie.
Úrsula no volvió a ocuparse de ella. En otra
época, cuando todavía no renunciaba al
propósito de salvarla para el mundo, procuró que se
interesara por los asuntos elementales de la casa. "Los hombres
piden más de lo que tú crees", le decía
enigmáticamente. "Hay mucho que cocinar, mucho que barrer,
mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que
crees." En el fondo se engañaba a sí misma tratando
de adiestrarla para la felicidad doméstica,, porque estaba
convencida de que, una vez satisfecha la pasión, no
había un hombre sobre la tierra capaz
de soportar así fuera por un día una negligencia
que estaba más allá de toda comprensión. El
nacimiento del último José Arcadio, y su
inquebrantable voluntad de educarlo para Papa, terminaron por
hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La
abandonó a su suerte, confiando que tarde o temprano
ocurriera un milagro, y que en este mundo donde había de
todo hubiera también un hombre con suficiente cachaza para
cargar con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta había
renunciado a toda tentativa de convertirla en una mujer
útil. Desde las tardes olvidadas del costurero,
cuando la sobrina apenas se interesaba por darle vuelta a la
manivela de la máquina de coser, llegó a la
conclusión simple de que era boba. "Vamos a tener que
rifarte", le decía, perpleja ante su impermeabilidad a la
palabra de los hombres. Más tarde, cuando Úrsula se
empeñó en que Remedios, la bella, asistiera a misa
con la cara cubierta con una mantilla, Amaranta pensó que
aquel recurso misterioso resultaría tan provocador, que
muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como
para buscar con paciencia el punto débil de su corazón.
Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un
pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que
un príncipe, renunció a toda esperanza. Fernanda no
hizo siquiera la tentativa de comprenderla. Cuando vio a
Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval
sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria.
Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una
respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo
único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran
una vida tan larga. A pesar de que el coronel Aureliano
Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios,
la bella, era en realidad el ser más lúcido que
había conocido jamás, y que lo demostraba a cada
momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la
abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se
quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a
cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas,
en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios,
en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una
tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín
sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las
mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta
advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por
una palidez intensa.
-¿Te sientes mal? -le preguntó.
Remedios, la bella, que tenía agarrada la
sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de
lástima.
-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.
Acabó de decirlo, cuando Fernanda
sintió que un delicado viento de luz le
arrancó las sábanas de las manos y las
desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un
temblor misterioso en los encajes de sus pollerines y
trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el
instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse.
Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo
serenidad para identificar la naturaleza de
aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a
merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le
decía adiós con la mano, entre el deslumbrante
aleteo de las sábanas que subían con ella, que
abandonaban con ella el aire de los
escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del
aire donde
terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para
siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni
los más altos pájaros de la
memoria.
Wineruda
Fue el primer libro de García Márquez que
leí; me quedé asombrado, aún hoy tengo un
gran recuerdo. No es el título más leído, ni
siquiera el quinto más citado; pero con el nombre en la
solapa del libro de cualquier otro escritor, sería tenido
por una de las obras maestras de este siglo.
Yeyow
"La hojarasca" es un libro que me dejó muy
impresionado. No es de los más conocidos de Gabriel
García Márquez, pero es uno de los que
más me ha gustado de todos los que he leído (que
son unos cuantos). No te deja indiferente, es una lectura amarga
y totalmente desoladora. Si quieres pasar un rato agradable,
olvídate de este breve pero gran libro.
Carlos Andrés Para la mayoría de personas el libro "La hojarasca" no es muy nombrado como otros libros de Gabriel García Márquez, pero es uno de los mejores y además refleja una gran realidad en Colombia que es lo que trata de hacer García Márquez en la gran mayoría de sus libros.
Lennyroxana
Hace tres meses tuve la oportunidad de leer ese libro
maravilloso, lo empecé a leer por casualidad y me
encantó al mismo tiempo que me motivó a leer las
otras obras del autor, mi favorita es "El amor en los tiempos
del cólera".
Karfa
Yo desconocía la existencia de este libro ya que no
está en la lista de obras más roconocidas de
Gabriel García Márquez, sin embargo
caminando por un tianguis cultural me llamó la atención ver el libro "La hojarasca"
escrito por ete maravilloso autor y me dio mucha curiosidad
leerlo. Aunque no es tan reconocido me permito recomendarlo ya
que es un libro excepcional que ve la muerte desde otra
prespectiva y mostrándonos la realidad
colombiana.
Ese aprovechamiento exhaustivo de los recursos es, no hay duda, un elemento que merece la pena estudiar más detenidamente y no perder de vista en posteriores publicaciones del premio Nobel colombiano.
Bloom, Harold (editor). Gabriel García Márquez. Nueva York: Chelsea Books, 1989. El gran crítico americano recopila aquí 18 importantes trabajos críticos que analizan al novelista desde diversos ángulos metodológicos.
Cebrián, Juan Luis. Retrato de García Márquez. Barcelona: Círculo de Lectores, 1989. Biografía del periodista y del escritor, realizada por otro periodista y escritor.
Collazos, Óscar. García Márquez, la soledad y la gloria. Panamá: Printer Internacional de Panamá, 1983. Ensayo sobre la obra del escritor colombiano, realizada por otro escritor colombiano.
Earle, Peter G. (editor). Gabriel García Márquez. Madrid: Ediciones Taurus, 2ª ed., 1981. Recopilación de textos biográficos y críticos sobre el autor que ofrecen una amplia revisión de aspectos fundamentales de su persona y obra.
PRESENTADO POR:
ANY P. MIRANDA
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