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Relaciones Humanas

Enviado por viniciojordan



Partes: 1, 2

 

Indice
1. Introducción
2. Perfeccionar las relaciones humanas
3. La vida social y sus consecuencias en el individuo
4. La disciplina apropiada, requerimiento indispensable para el bien común
5. Relaciones humanas en el trabajo
6. Madurez Humana
7. La comunicación y sus elementos
8. Conclusiones y recomendaciones
9. Bibliografía

1. Introducción

El hombre actual es un ser social, pues para satisfacer sus necesidades se relaciona con otros seres humanos, teniendo la oportunidad a la vez de satisfacer las necesidades de ellos. Las capacidades que poseemos de desenvolvernos y darnos a conocer con otros individuos dentro de una sociedad se llaman Relaciones Humanas, y deben ser desarrolladas de manera que faciliten nuestra convivencia con las personas que forman nuestro entorno familiar y laboral, tomando en cuenta que en el nivel en que sea buena o mala la ínter actuación que tengamos con otras personas se nos hace fácil o difícil vivir en armonía, las buenas relaciones humanas se logran través de una buena comunicación y así también dependen de la madurez humana que poseamos.
La presente investigación tiene como objetivo primordial mejorar las relaciones interpersonales en nuestro medio. Para ello debemos conocer que la base de las relaciones humanas se encuentra en la aceptación

Objetivos generales

  • Fomentar el habito de investigación en el estudiante.
  • Incentivar al estudiante sobre el trabajo en equipo para que este determine la importancia de esta actividad.
  • Promover en el estudiante el habito de exponer en publico un trabajo preparado por el mismo.
  • Fomentar el interés en los estudiantes acerca de cada uno de los temas que serán expuestos.

Objetivos especificos

  • Determinar la importancia de las buenas relaciones interpersonales no solo a nivel laboral sino del circulo social en el que se desarrolla la persona como parte de este.
  • Determinar características comportamiento y reacciones ante diversas situaciones de un individuo que lo definirán con un ser maduro ante la sociedad.
  • Determinar la importancia de la comunicación a nivel laboral, los elementos que la definen y de que forma influye la comunicación en las relaciones humanas.
  • Definir las características de una comunicación efectiva y las barreras que pueden impedir que esta se logre.

Aceptacion.
El concepto de aceptación esta compuesto de tres partes, y se desarrolla en el orden que se enumeran a continuación:

  1. Aceptación de sí mismo
  2. Aceptación de los demás
  3. Aceptación por los demás

De estos tres tipos de aceptación, nacen los objetivos primordiales de las relaciones humanas:

  1. Mediante su propio conocimiento y el de los demás, procurar mejorar la convivencia con ellos.
  2. Promover la eficacia y facilitar la comunicación interpersonal.
  3. Buscar armonía individual y social, eliminando las causas de las fricciones.
  4. Hacer de la relación con los demás un motivo de expansión del ego y de esta forma contribuir al crecimiento personal.
  5. Buscar en todo momento el bienestar individual y proyectarlo al nivel del bien social.
  6. Aceptar las limitaciones humanas como algo natural y saber que esta influido por las diferencias individuales.

Resumiendo todo esto podemos decir que el resultado de una conducta social acertada no es la ausencia de conflictos sino la minimización de consecuencias desfavorables.

2. Perfeccionar las relaciones humanas

¿Por qué? ¿Para qué?
El sino del ser humano es vivir en sociedad. Y allí su requerimiento máximo es el de disfrutar de relaciones humanas armónicas. En efecto, todo el mundo sabe muy bien de lo satisfactorio y placentero que es el disfrutar de buenas relaciones humanas y de la tragedia que significa el no tenerlas. El tan inquietante y comentado "estrés" (tensión) en los seres humanos es prácticamente siempre producto de experiencias de relaciones humanas insatisfactorias o del riesgo de que así ocurra. Es decir, malas relaciones humanas implican una amenaza claramente comprobada de problemas de salud tanto mental como orgánica.
No es necesario ser un experto para saber como afectan a las personas los conflictos conyugales, las problemáticas familiares (relaciones padres-hijos, relaciones entre hermanos, crisis de adolescencia, etc.) o las relaciones humanas insatisfactorias en el trabajo.
En efecto, es bien conocido el que las llamadas enfermedades psicosomáticas (colon irritable, asma, alergias, hipertensión, etc.) son consecuencias directas de la tensión. También, que la tensión acelera la arteriosclerosis, que afecta las funciones sexuales al alterar el balance de las hormonas respectivas, y así sucesivamente. También hay consenso entre los especialistas que el cáncer tiene como factor destacado a la tensión.
Y por su parte los trastornos mentales funcionales (neurosis, inhibiciones, psicosis funcionales) dependen esencialmente de las problemáticas en relaciones humanas. Incluso, el fracaso en los estudios, descartando el factor capacidad intelectual, deriva en la mayoría de los casos de relaciones humanas perturbadas del estudiante con sus familiares o con sus profesores.
En suma, para tener una vida feliz es requisito indispensable el gozar de buenas relaciones humanas.
Por otra parte la eficiencia y productividad en empresas e instituciones diversas (clubes deportivos, instituciones vecinales, etc.) tienen como factor de primera importancia la constitución de equipos de trabajo que tengan buenas relaciones humanas. Porque en ambientes conflictivos y con discordias en que predominan los antagonismos, resentimientos y desconfianza sucede precisamente lo contrario. Lo que impulsa cada vez más a ejecutivos y directivos tanto a aplicarse en propia capacitación en relaciones humanas, como a la puesta en práctica de programas destinados a mejorar el respectivo clima organizacional.

3. La vida social y sus consecuencias en el individuo

Los grupos humanos constituyen siempre una sociedad en que encontramos una estructura y una dinámica. En la estructura hay distintos elementos que dan una organización peculiar a cada grupo-sociedad. Es común la jefatura y también variedades de roles tales como los de hombre y mujer. Las instituciones de justicia son también frecuentes en grupos que tienen algún grado de desarrollo.
Cada estructura da las bases para la dinámica social que es la interacción que se da entre individuos y subgrupos o parcialidades de la sociedad. En última instancia esta dinámica es simplemente una expresión de los requerimientos u objetivos de los individuos que componen esa sociedad. Los que se ven forzados para alcanzarlos a accionar conforme al orden social que se ha generado en la respectiva sociedad.
En teoría de la acción operacional, se ha mostrado que la vida en grupo deriva de características hereditarias y experienciales de dependencia del ser humano. Es así como de una u otra forma buscamos a otros humanos para que nos den "seguridad por respaldo social". La que obtenemos en las relaciones interpersonales y en la pertenencia a grupos.
En los grupos este requerimiento básico del ser humano lleva prácticamente a todos los fenómenos sociales. Cada cual acepta el orden social por su necesidad de pertenecer e incluso participa en el control social buscando la integridad del grupo, presionando a los otros a adecuarse a él. Cuando el grupo da satisfacción a la mayoría de sus miembros a este requerimiento de respaldo social existe el espíritu de cuerpo. Por él todos no sólo tratan de mantener al grupo íntegro, evitando su desintegración, además se preocupan de la suerte de todos sus integrantes. Es así que el bien común rige la acción de todos los miembros del grupo. Lo que asegura un sólido orden social
Además, cada cual se preocupa por el proceso de socialización que es hacer que los recién ingresados al grupo se adecuen al orden social existente. A mayor espíritu de cuerpo hay mayor coincidencia en las representaciones que corresponden a ese orden social.
Para mayor claridad señalemos que, el orden social está constituido por conjuntos de normas ligadas en su mayoría a instituciones o costumbres que dan las pautas de conductas que uniforman las actividades de los grupos totales o parciales de él. Además le da seguridad a sus miembros porque todo está conformándose en patrones estables y se puede confiar en que los otros actuarán de maneras determinadas, aparte de que cada uno conforma su accionar a esas pautas de conducta.
Es necesario tener presente que el orden social no es un fin en sí mismo. Es sólo un medio para alcanzar los objetivos del grupo-sociedad. Estos objetivos son muy específicos y también, generales. Los valores, a que ya nos hemos referido corresponden a estos últimos. Porque se trata de que el grupo logre o evite hechos y situaciones. Entonces se promueve el lograr lo bueno y el combatir lo malo.
De todas formas, los valores en última instancia son medios para objetivos específicos. Así, por ejemplo, el valor de la fidelidad conyugal que está presente en la mayoría de las culturas tiende obviamente a prevenir la existencia de conflictos. Es decir, está al servicio de la armonía interna del grupo que es un objetivo específico.
El control social está constituido por conjuntos de normas y los valores. El cumplimiento de las normas se obtiene a través de sanciones claramente estipuladas y bien conocidas por los individuos. Debido a que las normas se dan en torno a situaciones específicas como son las instituciones o costumbres, son atingentes en su mayoría a sectores particulares del grupo-sociedad. Aunque hay conjuntos de normas que corresponden a la situación de pertenencia y por lo mismo son generales para todos los individuos que integran la sociedad. Un ejemplo común es la prohibición de los asesinatos.
Un alto valor social personal le da garantías de un trato deferente y consideraciones especiales. Lo contrario sucede si el valor social personal es bajo. Obviamente, normalmente, todos tratan de actuar conforme a los valores de su grupo.
Este valor social personal se presenta en tres tipos distintos:

  1. Evaluación social personal, que dan los grupos primarios (la familia, los amigos, etc.).
  2. Status que se obtiene en la sociedad o en grupos secundarios, en que claramente se constata la llamada estratificación social.
  3. Prestigio que se logra en base a rendimientos circunstanciales y por lo mismo tiene una duración determinada, como sucede con artistas, deportistas y otros que cumplen con determinados valores del momento en la respectiva sociedad.

Para lograr un valor social personal alto los individuos pueden hacer muchos sacrificios. Y el no lograrlo se constituye en una situación de maltrato importante.
A diferencia de lo que ocurre con los valores, las normas son controladas por la sociedad a través de sanciones que normalmente están claramente determinadas. Con el paso del tiempo, las normas tienden a integrarse en códigos escritos que constituyen la estructura de la justicia en cada sociedad.
Es así como nuestro destino está enmarcado por la pertenencia a los grupos y sociedad en que vivamos. El accionar distinto al respectivo orden social implica consecuencias graves, debido a que genera las correspondientes situaciones de maltrato.
La armonía y paz indispensable en un grupo humano o en una sociedad depende esencialmente de que los individuos consideren no sólo a los que están cercanos, o ligados a él por distintos lazos, sino que a todo el universo que compone esa sociedad o grupo en cuanto a sus intereses y requerimientos. El bien común es su resultado. De otra forma surgen las tensiones y los conflictos que llevan a luchas abiertas con todas las consecuencias negativas conocidas.
Deriva de todo lo anterior el marco en que forzosamente habrá de desenvolverse la vida social para todo individuo y, en consecuencia, lo que hará de ella algo satisfactorio o extraordinariamente perjudicial

4. La disciplina apropiada, requerimiento indispensable para el bien común

Porque la disciplina es un medio o procedimiento destinado a alcanzar determinados logros. Evidentemente, la magistratura requiere de disciplina para un adecuado impartir justicia, la Iglesia para mantener la fe en sus feligreses y la adhesión a su doctrina y el ejército para enfrentar con éxito al enemigo. La disciplina militar es sin duda paradigmática (la Historia nos habla de la disciplina espartana o de la disciplina del ejército romano).
De esta manera, una primera conclusión de lo anterior es que la disciplina no es buena ni mala en sí. Lo que es bueno o malo es lo que se pretenda con ella. O ¿hay alguien que se atreva a protestar contra la disciplina del estudiante que tiene buenos rendimientos académicos? o, ¿contra el deportista que alcanza éxito en las competencias?. Sin embargo, ya el Larousse nos muestra una connotación negativa "Instrumento de flagelación. Azote..." y que recuerda que un instrumento de elección para mantener la disciplina en grupos e instituciones ha sido el castigo. Porque, conociendo a los seres humanos, resulta ilusorio el intentar mantener la disciplina en agrupaciones humanas solamente con premios (los refuerzos de los conductistas).
De todas formas, lo ya examinado permite inferir la relación (olvidada) de la disciplina con el bien común. Porque es de suponer que lo que pretende la magistratura, a Iglesia y el ejército es bueno para todos sus integrantes. En realidad, no podríamos considerar el éxito de todas estas instituciones como negativos para todos sus integrantes (con la excepción de los escasos y eternos disidentes).
Justamente, el bien común es uno del que pueden gozar la totalidad o la gran mayoría de los miembros de una agrupación humana (grupo o sociedad). Entonces, ¿que se requiere para la real existencia de un bien común?
Las investigaciones de las ciencias humanas nos aportan una información que es valiosa, especialmente para la acción operacional. El bien común está ligado íntimamente a un alto espíritu de cuerpo y éste se presenta en grupos con alta cohesión. O, lo que es lo mismo, a sistemas sociales orgánicos. En otras palabras, se trata de grupos o sociedades en que la totalidad de sus miembros se empeñan en colaborar tras los logros de estas agrupaciones y que comparten un alto espíritu de solidaridad en relación a todos sus miembros (los que no se pliegan son sencillamente eliminados).
En ellas destaca la existencia de normas que implican derechos y deberes complementarios para todos los miembros del grupo, y las consiguientes garantías para los individuos y, asimismo, para la subsistencia del grupo. Puesto que un orden social adecuado asegura la prevención y control de la mayoría de las perturbaciones que ocurren en un sistema social. Es obvio que, si no hay orden social, impera la ley de la selva (la plena libertad, suprema aspiración de la denominada economía de mercado facilita enriquecerse a los más astutos y deshonestos utilizando procedimientos que chocan con la moral tradicional).
En todo caso, este requerimiento de orden social es explicado claramente por la teoría de la acción operativa (biokinesis) y permite deducir los lineamientos necesarios no sólo para la eficiencia de la organización, sino para que ella perdure.
La explicación básica es que los seres humanos reaccionan mal si son perjudicados. En consecuencia, para disponer de un control social exitoso, éste debe ser simultáneamente satisfactorio tanto para el grupo como para los individuos. Entonces el orden social demanda el disminuir al máximo las posibilidades de maltrato para todos y cada uno de sus integrantes, que es la condición ineludible del llamado bien común. No debe olvidarse que esta condición implica también el logro de satisfacciones que los individuos consideren necesarias. Exigencia que está claramente corroborada por el denominado egoísmo vital (el pivote de la teoría de la biokinesis).
Existen distintas concepciones de lo que es el bien común. Ellas dependen de la cultura del respectivo entorno social y sus valores, además del concepto o representación que se tenga del ser humano. En esta cuestión, la teoría de la acción operativa plantea un concepto de ser humano específico, en que destaca en un primer plano el requerimiento de seguridad por respaldo social. Desde esa perspectiva, el bien común adquiere características particulares, puesto que en primer término se trata de que todos y cada uno de los miembros del grupo tengan seguridad por respaldo social. Y ello acarrea una serie de consecuencias transcendentes tanto para los individuos como para el grupo.
Y en cuanto a la disciplina, obviamente los individuos la aceptarán sin mayor problema si en efecto ella les aporta beneficios (lo que resulta del efectivo bien común).
Desde otro ángulo de aproximación a la cuestión de la disciplina, nos encontramos con que ciertamente un aspecto esencial en ella viene a ser la adecuación del individuo al medio social. Porque en su proceso de socialización cada cual adquiere conciencia de sus obligaciones con el grupo o sociedad y consecuentemente se ejercita en adaptarse a ella. Por otra parte, recordemos que la disciplina cumple una función instrumental. Y así, quién se disciplina lo hace primordialmente a fin de alcanzar ciertos logros en el medio social o para evitarse problemas en el mismo. Y aún, si se ejerce en el área de la ingesta alimenticia o del desarrollo muscular (entre otras modas), además de cuidar el propio organismo, se trata de adecuarse al medio social y específicamente a los valores allí imperantes.
Desgraciadamente todo lo anterior aparece claramente ignorado por los especialistas que se suponen son los indicados para impartir orientaciones tanto en educación como en prevención en salud mental. De hecho, desde hace muchas décadas, y producto de la hegemonía de los psicólogos conductistas en el área de las profesiones de ayuda y en educación, se ha preconizado que la disciplina y la autoridad son elementos negativos para el desarrollo normal del niño. Se ha supuesto que el desarrollo psicológico del niño era afectado negativamente tanto por la autoridad como por la disciplina generando problemas de personalidad y neurosis. Por lo tanto, padres y profesores debían abstenerse de imponer autoridad en sus hijos, suprimir los castigos y sólo usar premios (refuerzos) en su relación con los niños. Últimamente, en ese ambiente, incluso han aparecido especialistas que declaran que los niños no deben tener deberes sino solamente derechos. Todo esto además ha sido respaldado por ideólogos libertarios que se olvidan de que el ser humano requiere vivir con otros humanos, lo que implica automáticamente el perder parte de la libertad
Sin duda, estos planteamientos muestran un claro desconocimiento de lo que es un ser humano y la sociedad humana. Desde luego no consideran que toda sociedad humana, en el referido proceso de socialización acciona tras el adecuar a los niños al respectivo orden social. Y menos aún, el que el individuo por el solo hecho de vivir en sociedad tiene obligaciones con ella, que existe un bien común, que al necesitar de otros humanos se requiere de autocontrol, etc.
Pero, el postulado de que los niños deben ser libres, que jamás se les debe obligar y menos aún aplicarles correctivos se ha extendido de tal forma que los padres y los maestros que tienen actuaciones de autoridad viven profundos sentimientos de inadecuación, con la convicción de que van a recibir una repulsa del respectivo entorno social. Además, los padres se quedan sorprendidos y evidentemente consideran aberrante al profesional que les plantea que es necesario obligar al niño, que eventualmente implica el aplicar sanciones.
Curiosamente esto sucede en momentos en que en el mismo EE. UU. ya están dando marcha atrás. Y es así que tanto la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP), como los directivos a cargo de la lucha contra las drogas preconizan sin tapujos que los niños tienen que ser disciplinados y debe dárseles responsabilidades.
Es evidente que el cambio en estas orientaciones es consecuencia de los tremendos costos que ha significado para EE. UU. el dejar crecer a los niños sin directivas (drogas, delincuencia, promiscuidad sexual y embarazo de adolescentes, etc.). En consecuencia, para ellos han dejado de ser las sanciones algo aberrante (¿habrá quién pueda suponer que se logrará éxito en asignar responsabilidades y disciplinar en plena libertad y haciendo uso solamente de premios?).
En todo caso, creemos necesario adelantar
1º que lo negativo de la autoridad está constituido por las arbitrariedades, abusos e injusticias que se cometan, y
2º que es perfectamente posible el dar responsabilidades y disciplinar sin recurrir a castigos físicos.

Disciplina Y Familia
Frente a las preocupaciones y contrariedades que ocasionan los niños y adolescentes, la primera pregunta a formular es: ¿cuál es la problemática de su familia como sistema social?
Porque normalmente, cuando los niños y adolescentes presentan algún tipo de alteración, la más de las veces de lo que se trata efectivamente es de la existencia de problemas en la familia. Y la posible patología de los primeros a menudo es una resultante de conflictos que son álgidos en otros sectores del sistema. Porque al ser ellos los más débiles, resienten y reaccionan conforme a sus posibilidades y recursos. A guisa de ejemplo, señalemos que los conflictos en la pareja parental repercuten directamente en el trato que reciban los hijos (para unos bueno y para otros malo).
De todas formas, en la época actual lo más usual en la problemática familiar deriva de no considerar el requerimiento básico de un sistema social. Ya que éste consiste en el disponer de un adecuado orden social que enmarque el accionar de todos y cada uno de sus miembros, cualesquiera que sea el tipo o dimensión del respectivo sistema. Además, no olvidemos que este orden social sólo se encontrará asentado sólidamente si se basa en el bien común (que implica el considerar los intereses de todos los miembros del respectivo grupo).
Todo lo cual no es más que una faceta de la inevitable pérdida de libertad que tenemos los humanos al convivir en un grupo. Pérdida que se acrecienta en una relación directa con la armonía con que se desenvuelva el respectivo grupo. Siempre es necesario tener presente que lo opuesto, el exceso de libertad, lleva indefectiblemente a la ley de la selva y a la consiguiente pérdida de la seguridad por respaldo social de los miembros del correspondiente grupo o sociedad.
Se trata entonces de instaurar en el hogar un orden social regido por el bien común. La clara conciencia de que el bien común significa algo bueno para todos los que integren el determinado grupo asegura el que los miembros se plieguen a este orden social, lo hagan suyo y por lo mismo se conviertan en parte activa del sistema. Se encargarán ellos mismos de cumplir con el orden social de que se trate y obligarán a los otros a adecuarse a él, es decir, lo harán realidad. De esta forma los procesos de socialización serán bienvenidos y estimulados en su desarrollo.
El precisar el bien común y el control social que lo lleve a una práctica efectiva dentro del hogar, es de responsabilidad de los padres. Y debería estructurarse de manera gradual en la medida en que la familia se amplíe con el nacimiento de los hijos y su paulatino desarrollo. Los padres habrán de ponerse de acuerdo y mantener unidad de criterios ante los problemas que se presenten y explicarle claramente las reglas al niño o al adolescente. Además de tener presente que es más fácil evitar que el comportamiento indeseable comience que el ponerle fin cuando ya está presente.
Ahora bien, el conocimiento de los sistemas binarios de interacción nos indica que para establecer un orden social sobre bases sólidas es indispensable el considerar cuatro normas básicas y una cuarta optativa. Ellas son:
1) Respeto y consideración por el otro.
2) Justicia y equidad.
3) Espíritu de cuerpo (todos para uno y uno para todos).
4) Proceder mediante acuerdos (que habrá de aplicarse entre adultos y también con los niños cuando efectivamente estén, conforme a su proceso de desarrollo, en condiciones de decidir con racionalidad sobre la problemática que corresponda).
El atenerse a estas normas garantiza a los personas una condición de vida satisfactoria y por lo mismo una disposición a colaborar en cuanto al orden social. Si cualesquiera de estas normas es pasada por alto, automáticamente se abre la posibilidad de que todo el mundo encuentre preferible el velar por sus propios intereses. Lo no sólo lleva a olvidarse del de los otros, sino que se pavimenta el camino para que en el grupo respectivo se establezca la ley de la selva, en que los más fuertes o los más astutos llevan la parte del león. Además de las consiguientes luchas y conflictos derivados especialmente del resentimiento de quienes quedan en condiciones desmedradas en situaciones de este tipo. Estos, sin duda, tratarán de hacerse justicia con las indeseables consecuencias que son obvias si consideramos que se trata de interacciones negativas (expresiones tangibles de los conflictos abiertos o encubiertos).
Para alcanzar un orden social satisfactorio para la familia y sustentado en una base sólida se requiere que los padres logren acuerdos entre ellos respecto a las normas a instaurar. Lo mismo es necesario, en cuanto a las sanciones que correspondan a las transgresiones de las mismas. De otra forma difícilmente se alcanzarán buenos resultados. Y si hay hijos adolescentes, necesariamente tendrán que integrarse ellos a los respectivos acuerdos.
Es así como las sanciones deben enmarcarse en un contexto totalmente distinto al que constatamos normalmente. En primer término no se trata de un régimen de castigos sino uno del bien común, propendiendo las normas respectivas a su preservación o desarrollo. Consecuentemente, los niños deben saber con antelación que es lo que deben y que es lo que no deben. Y luego, se trata de precisar los sanciones, el tipo de ellas y las ocasiones en que se aplicarán.
Demás está decirlo, pero lo que proponemos es una disciplina racional y adecuada a los objetivos de que se trate y a las características de los respectivos niños. Porque, evidentemente, no se puede exigir a un niño de 6 años lo que con formación a los interesados. Esto conforma el requerido proceso de socialización.
El análisis anterior nos permite precisar lo que diferencia las sanciones adecuadas de las que no lo son. Efectivamente, se trata en primer término que ellas están condicionadas por la existencia de una norma previa.
En efecto, el niño no supondrá mala intención, arbitrariedad, abuso, injusticia y similares si con antelación ha sido informado de la norma respectiva. Es necesario hacerle saber con claridad lo que debe y lo que no, y las consecuencias de no cumplir con la norma en cuestión (las sanciones correspondientes). De esta forma se asegura que el niño no confunda el castigo con una interacción negativa, previniendo la conformación de una interacción negativa falsa).
Nuestra experiencia en consultoría de padres con niños problemas y cursos de relación padres-hijos resulta sistemáticamente confirmatoria al respecto. Así el niño toma normalmente conciencia de su responsabilidad, de manera tal que no queda resentido al ser sancionado porque no supone intenciones negativas en sus progenitores.
En efecto, un hecho repetido en nuestros seminarios de relación padres hijos y también en consultoría individual es el que niños de edades en torno a los 6 años se castigan por iniciativa propia. Y es así como con frecuencia se nos acercan madres que nos dicen "Fulanito me dijo: Mamá hice (tal cosa), así que me voy a ir a castigar". Esto permite suponer que a través del proceso evolutivo en los seres humanos se han desarrollado centros neurológicos que hacen posible tomar con facilidad el orden social e, incluso, que este fenómeno corresponde al proceso de "imprinting" toda vez que unos años después ya no es posible lograr con la misma facilidad el interiorizar las normas.
Pero, también en la socialización pueden intervenir otros factores. En efecto, el incitar al niño a hacer aquello que se considera bueno y hacerlo sentir que eso es bueno actúa en la misma dirección. Ello contribuye a consolidar una buena exoestima (conciencia de tener méritos como persona) y es el instrumento más sólido de adecuación social.
Los premios dan también resultados porque efectivamente tienden a hacer que se repita la actuación que se desea del niño. Este es el muy recomendado refuerzo de los conductistas que nosotros consideramos con reserva, toda vez que es común que ello lleve a la convicción del niño de que todo su accionar debe ser seguido de algo placentero. Al efecto, padres que han puesto en práctica este procedimiento se quejan de que los niños "se ponen interesados" y, por ejemplo, preguntan: "Hago eso ¿y que me das?".
Y finalmente, es obvio que todo lo anterior incide directamente en la cuestión de la libertad. Sin embargo, precisemos lo que es que bien sabido: que la libertad varía según distintas situaciones. Es decir, la libertad que podamos otorgar o de la que podamos disponer depende de las circunstancias o situaciones respectivas. En algunas de ellas es posible un alto grado de libertad, en tanto que en otras la libertad forzosamente es muy restringida. Por lo tanto, es un error hablar de libertad en general. Previo es el contestarse preguntas muy conocidas: ¿qué?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿donde?, ¿cuando?, ¿como?. En suma, se trata de precisar los grados de libertad para los distintos tipos de situaciones. Al menos para las más frecuentes, y enunciando criterios generales para las otras.
De esta manera podemos establecer las condiciones que conforman en general una adecuada aplicación de la norma:
1) Declaración de la norma, estableciendo que es válida para todos los niños de la casa y precisando lo que se debe o no se debe hacer (de ser necesarias excepciones habrá que estudiarlas cuidadosamente). Y en lo posible dejar en claro que es expresión o tiene relación con el bien común, con los deberes y derechos complementarios de cada cual, etc.
2) Indicación del castigo o correctivo que corresponda a la transgresión de la norma. Este idealmente debe ser de poca monta, dando la posibilidad de aumentar su rigor de persistir en su quebrantamiento. Se evita así el riesgo de que sea tomado más que como correctivo, como venganza o simplemente un medio para descargar rabia y resentimiento.
3) En el caso de transgresión, el castigo debe ser dado en forma impersonal (implica no mostrar rabia, satisfacción, etc.). Insistimos, jamás usarlo para hacerse justicia sino únicamente para corregir. Porque en el primer caso se constituye en interacción negativa con todas las consecuencias que ello conlleva. Es decir, en un primer plano debe aparecer el orden social y el bien común y no el interés de quien aplica el castigo. Es la forma más segura de que el niño internalice el sentido del deber (obligación de la persona con su grupo y con todos sus miembros).
4) Las sanciones prometidas deben cumplirse siempre y jamás perdonar o restar importancia a los hechos respectivos ("hacer la vista gorda"). El dar castigos esporádicos o conforme al estado de humor de la persona es nefasto en cualquier proceso de socialización o de reeducación. Esto último indefectiblemente lleva a una situación cognitiva de ambigüedad (no hay un buen "rayado de cancha") en que el niño descubre que existen posibilidades de escabullir el castigo. Dedicará en consecuencia sus esfuerzos a buscar esas posibilidades y alternativas para eludirlo y no cumplir la norma (con el consiguiente uso de múltiples artimañas o "tretas").
Los padres deben saber que, si se es consistente y persistente en la respectiva sanción, el niño deja de lado la acción o conducta inadecuada en tiempos relativamente breves. Pero, desgraciadamente el proceso tiende a resultar más prolongado cuando se trata de niños mayores y de adolescentes. Consecuencia en buena parte del anquilosamiento del proceso cognitivo de padres e hijos y de que, a buen seguro, ya están entrabados en encadenamientos de interacciones negativas.
5) Jamás se dará disculpas por la aplicación del castigo. Ello lleva a hacer sentir al niño que el castigo recibido es altamente negativo, dañino, doloroso, e incluso equivocado. Evidentemente, si el castigo no es adecuado puede interpretarse como injusto y en consecuencia va a despertar rebelión, trasladándose el problema del cumplir con el bien común a una lucha por hacerse justicia con los resultados imprevisibles a los cuales ya nos hemos referido. Igualmente nunca se habrá de extenderse en explicaciones, sólo las mínimas y razonables. Exceso de argumentaciones puede ser muestra de debilidad para el niño. Éstas y las disculpas fácilmente lo hacen sentir que quién lo castiga no las tiene todas consigo. De esta forma se le plantean posibilidades para imponer su criterio y hacer tabla raza del orden social que se trata de establecer
6) Nunca reprochar porque ello no sólo no es eficiente sino que genera interacciones negativas. El recriminar ("retar") normalmente tiende a la descalificación del trasgresor de la norma, es decir, afecta el valor social personal de éste y va a generar resentimiento e interacciones negativas (luego, no se puede esperar colaboración y "buena voluntad").
7) Cuando el niño está al borde de trasgredir la norma la actuación más apropiada del adulto es la de mostrarse firme delante del niño. Lo que implica no usar amenazas ni advertencias. Bastará la simple mirada, siempre que el niño vea una actitud sólida del adulto, para impedir actuaciones inadecuadas. Repetimos, las amenazas conjuntamente con el dar muchas explicaciones (especialmente si son niños pequeños) muestra debilidad de la persona que las emite y naturalmente no tiene mayor resultado, excepto que genera inseguridad en el niño.
Los adultos deben tener presente que el mostrarse débiles e inseguros frente a los niños provoca en éstos gran inquietud y temor (muchas hiperkinesis son el resultado de la inseguridad de los adultos en su relación con los menores).
8) En toda acción de socialización como en cualquier plan corrector la expresión de afectos hacia el niño debe ser estable. Todo cambio en este ámbito resulta perturbador. Así, el volcarse a mucho cariño y alabanzas luego de haber estado en permanentes interacciones negativas aparecerá sospechoso sin ninguna duda, con todas las consecuencias que ello puede acarrear. Por lo demás, el cariño genuino brota naturalmente al desaparecer las interacciones negativas y no se va a prestar nunca para interpretaciones inadecuadas.
9) El exceso de alabanzas es igualmente altamente perjudicial. Dar constantemente elogios puede aparecer como un interés personal de quién las hace, como el querer tener hijos maravillosos, lograr imponer su voluntad, etc. Así, alabanzas y felicitaciones deben ser ponderadas y destinadas "únicamente" a mostrar que se reconocen los méritos de que se trate.
10) No convertir la aplicación de la norma y de las sanciones en un triunfo sobre el niño. Puesto que así se traslada el problema a otro de competencia y rivalidad que no corresponde. Además de que deja de lado el faro orientador en todo lo que hemos descrito y es el que se trata del bien común (no de "quién gana"). Porque el niño debe tener siempre claro que lo que importa es el bien de todos y cada uno de los integrantes del grupo familiar y no de ventajas especiales para alguno de ellos en detrimento de otro u otros. El imponerse sobre otros o abusar sobre otros es la antítesis del bien común. Además, una actuación de este tipo muestra claramente debilidad del progenitor con las consecuencias que es de suponer. Al niño le deja la puerta abierta para desafiarlo posteriormente con posibilidades de éxito y de seguro el adulto habrá de prepararse para dificultades futuras.

Y finalmente, un indicación general:
La experiencia nos muestra que es corriente que sean muchas las normas a aplicar. Porque en la actualidad lo común es que no se haya disciplinado a los niños por temor a actuar de manera criticable (conforme a lo mencionado anteriormente: los padre oyen y leen en todas partes que los niños deben ser libres, que el ejercer autoridad es pernicioso, etc.). En este caso resulta indispensable el proceder en forma paulatina. Por ello hablamos del progreso en escalones, porque habrá que plantear una o dos normas a los niños y aplicarse hasta que se cumplan a cabalidad. Sólo cuando ello se haya afirmado, habrá que subir al peldaño siguiente (una o dos normas más). Y así, sucesivamente.
De esta forma tenemos garantía de una tarea factible y exitosa.

5. Relaciones humanas en el trabajo

Antes que nada debemos de saber que para poder desenvolvernos bien en nuestro lugar de trabajo, debemos de tener en cuenta que además de las presiones y el ritmo de vida acelerado, la interactuación con los demás es otra fuente de estrés para muchas personas. Aprender a defender los propios derechos sin agredir ni ser agredido es una estrategia útil para lograr relaciones interpersonales más relajadas y positivas y así poder vivir mejor y realizar nuestras labores cotidianas con una conducta social acertada con nuestros compañeros de labores y así mismo tener mejores resultados satisfactorios para nosotros mismos y para la empresa en donde trabajamos.
Una conducta social acertada implica la expresión directa de los propios sentimientos, deseos, derechos legítimos y opiniones sin castigar ni violar los de los demás.
Esta conducta supone respeto hacia si mismo y respeto hacia los derechos y necesidades de las otras personas.
En resumidas palabras para poder trabajar y vivir en armonía con nuestros compañeros de trabajo debemos conducirnos apropiadamente. A continuación se muestran algunos puntos de mucha importancia que nos podrían ser de mucha utilidad para poder lograr el éxito y tener una mejor estabilidad laboral así como económica.

  • Tenga un buen concepto de si mismo. Recuerde siempre que usted es tan importante como los demás.
  • Sea educado. Considere los puntos de vista de los demás y educada, pero firmemente, exponga su opinión.
  • Discúlpese solo cuando sea necesario. Así no disminuye ni el valor de una disculpa ni el propio, y los demás lo tomaran en serio.
  • No arrincone a los demás. Esto provoca cólera y resentimiento. Para asegurarse la cooperación de otros, deles siempre una salida.
  • Nunca recurra a las amenazas. Afirme tranquilamente los pasos que esta dispuesto a seguir y asegúrese de cumplirlos.
  • Acepte la derrota cuando sea necesario. Si se le ve aceptar situaciones cortésmente tras una discusión, la gente le respetara más.

Como relacionarse con la gente dificil
Tenemos claro que el ser humano es un ser racional y por lo tanto sabemos que no todas las personas se comportan del mismo modo ya que lo que diferencia a una persona de la otra es su forma de expresarse y comportarse con los demás individuos que lo rodean. Por lo mismo tenemos que aclarar que en la vida de todo ser humano existen muchas conductas que el mismo se forma o le forman cuando es todavía un niño y que a través de los años estas conductas van creciendo y desarrollándose a través de su vida afectándole para bien o para mal, afectando todo esto de alguna manera en la personalidad y comportamiento de la persona.
Para muestra, podemos hablar de dos conductas de todo ser humano que le pueden llegar a afectar de una manera positiva o negativa en su vida, según sea esta la que el individuo domine más.

  1. Conducta pasiva:
  2. Son socialmente pasivas las personas que transgreden sus propios derechos al no ser capaces de expresar sentimientos y opiniones o hacerlo con falta de confianza, de modo que los demás pueden no hacerle caso. Esta actitud muestra falta de respeto hacia las propias necesidades. Su objetivo es evitar conflictos a toda costa.
    Quien es objeto de esta conducta tiene que adivinar constantemente lo que realmente esta diciendo la otra persona, lo cual puede generar frustración e incluso ira hacia la persona pasiva.

  3. Conducta agresiva:

Esta conducta se da cuando se defienden los derechos personales de manera inapropiada e impositiva.
La conducta agresiva puede expresarse de manera directa o indirecta.
La agresión verbal directa incluye ofensas verbales, insultos, amenazas y comentarios humillantes.
El componente no verbal incluye gestos hostiles o amenazantes, como puños apretados, miradas intensas y ataques físicos. La agresión verbal indirecta se da con comentarios sarcásticos y murmuraciones.
Las víctimas de personas agresivas acaban por sentir resentimiento y evitarlas.

Partes: 1, 2

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