Enviado por sohne_98
Indice
1.
Introducción
2.
Adicciones
3. Drogadicción
4.
Alcoholismo
5.
Tabaquismo
El siguiente trabajo de investigación estará destinado a
profundizar nuestros conocimientos acerca de las adicciones;
también nos interesaremos por sus causas, consecuencias y
formas de recuperación.
Nos dedicaremos de lleno solo a las adicciones que consideramos
más relevantes como el tabaquismo, el
alcoholismo y
la
drogadicción. Además nos ocuparemos de
averiguar cómo influyen estas adicciones en la sociedad y
cómo modifican las relaciones familiares.
Nuestra principal fuente de información ha sido Internet, ya que es nuestro
medio más accesible y además contiene los datos más
actualizados. Hemos encontrado gran cantidad de material, por lo
cual fue necesario clasificarla y seleccionar la que tuviera
mayor contenido y que resultara de mayor interés.
Para organizarnos mejor y hacer más entendible nuestro
informe, hemos
planteado objetivos que
servirán para guiarnos a lo largo de la
investigación. Para facilitar nuestra tarea los hemos
dividido en generales y particulares.
Los generales son:
Los particulares son:
Si logramos cumplir con todos estos objetivos, podremos decir que hemos realizado una investigación productiva que contribuirá a aumentar nuestros conocimientos e impedirá que caigamos en las "garras" de las adicciones.
Las adicciones son un síndrome constituido por un
conjunto de signos y síntomas carcaterísticos. El
origen de la mismas es multifactorial, entre los que podemos
mencionar factores biológicos, genéticos,
psicológicos y sociales.
Algunos síntomas característicos de las adicciones
son:
Estudios demuestran que existen cambios
neuroquímicos involucrados en las personas con desordenes
adictivos y que además es posible que exista
predisposición biogenética a desarrollar estas
enfermedades.
Puede desarrollarse adicciones tanto a sustancias
psicotrópicas como a actividades y hasta relaciones.
Algunos casos de adicciones que podemos mencionar son:
La naturaleza exacta
de las adicciones continua siendo motivo de análisis científicos y cada
día se hacen descubrimientos que nos facilitan la
comprensión de este fenómeno, que afecta a miles de
personas a nivel mundial.
En este trabajo nos ocuparemos de tratar ciertas adicciones y no
todas, dada la complejidad de tema. Las dependencias a tratar
serán:
La drogadicción es una enfermedad
biopsicosocial, caracterizada por el abuso y la dependencia de
sustancias químicas. Produce graves problemas
físicos, familiares, laborales y sociales.
Cabe destacar que el interés público prevalece
sobre las libertades individuales cuando éstas afectan
derechos e
intereses de terceros. En sí esta dependencia es una forma
de conducta social disvaliosa, pero no cumple los principios
fundamentales como para que esta conducta sea merecedora de
penas. Podemos señalar que la aplicación de medidas
frente a esta situación, provoca un aumento de los
perjuicios y no así de los beneficios que puede
acarrear.
Los sistemas actuales
de tratamiento para adictos tienen escasa efectividad.
Generalmente para la recuperación se plantea la
creación de granjas comunitarias, con un régimen
flexible, y de amplia y activa participación familiar y
social.
En este momento no nos encargaremos de ampliar estos puntos, sino
que haremos una lista de las clases de drogas existentes, con sus
características y consecuencias.
Anabolicos esteroides
Los anabólicos esteroides, más precisamente
anabólicos androgénicos esteroides, pertenecen al
grupo de
drogas ergogénicas, también llamadas drogas de
performance. Son sustancias sintéticas derivadas de la
testoesterona, una hormona natural masculina. "Anabólico"
significa "constructor" o "fabricante", y "androgénico"
significa "masculinizante", es decir que otorga
características sexuales masculinas. Los esteroides
derivan de las hormonas; a su
vez, los anabólicos esteroides conforman un grupo dentro
de estas drogas hormonales. Un hombre sano
produce entre 2 y 10 miligramos de testosterona al día
(las mujeres también la producen, pero en cantidades
residuales). Las hormonas anabólicas ayudan al cuerpo a
absorber las proteínas,
propician el desarrollo
muscular, óseo y de la piel. Las
características androgénicas de la testosterona se
relacionan con la masculinidad: durante la pubertad permite el
desarrollo sexual masculino, el crecimiento capilar en el cuerpo
y el agravamiento de la voz.
Estas sustancias están diseñadas para imitar las funciones de crecimiento de la testosterona, pero afectando mínimamente sus efectos masculinizantes. Hay muchas clases y combinaciones de propiedades anabólico - androgénicas. Estos productos son usados desde tiempos relativamente recientes: en 1930 la testosterona fue sintetizada por primera vez, y se introdujo en la práctica deportiva en los años '40. En las Olimpíadas de 1952, los rusos arrasaron con las medallas en levantamiento de pesas gracias a su uso, que desde esa época se hizo masivo. Paralelamente a su utilización, los médicos notaron sus efectos secundarios. A pesar de ello, su uso fue en aumento hasta 1975, en que fueron prohibidos. Hasta la fecha, el Comité Olímpico Internacional incluyó 17 clases de anabólicos y compuestos relacionados en las listas sustancias prohibidas. Durante los años '80, muchos jóvenes no atletas los utilizaron por sus propiedades de desarrollo corporal, creándose un floreciente mercado ilegal tanto de producción como de venta de estas drogas. En la actualidad, no solo los atletas usan anabólicos esteroides. Miles de jóvenes usan estas drogas para aumentar su potencia muscular, o simplemente por "motivos cosméticos", para mejorar su apariencia física y autoestima. Además, este consumo no se limita a los hombres sino incluye a un número creciente de mujeres.
Sus usos médicos son variados, siendo utilizados en terapias contra ciertas clases de anemia, cáncer de pecho, osteoporosis y otras enfermedades. Algunos médicos afirman que sería útil su uso post quirúrgico, con el objetivo de mejorar el apetito del paciente, pero son necesarias mayores investigaciones que sustenten esta posición. El uso no terapéutico de anabólicos androgénicos esteroides en adolescentes y jóvenes adultos aumentó significativamente durante las dos últimas décadas. Los más recientes estudios hechos por The National Institute on Drug Abuse y el National Clearinghouse on Alcohol and Drug Information de los Estados Unidos prueban que el uso indiscriminado y sin control de esteroides produce severos problemas a la salud física y psiquica.
Los anabólicos son normalmente tomados en forma de comprimidos. Algunos que no pueden ser absorbidos oralmente son inyectados. Su utilización sin fines médicos acarrea gravísimos riesgos que son potenciados por la utilización de "megadosis": una dosis normal prescrita con fines médicos varía entre 1 y 5 miligramos; más de 7 miligramos implican una sobredosis; algunos consumidores se aplican megadosis de 100 o más miligramos, implicando intoxicaciones que pueden llegar a ser mortales. El uso de estas megadosis se debe al falso convencimiento de que a mayores cantidades se consiguen mejores resultados. Además, llegan a saturarse de hormonas de diferentes tipos, muchas veces combinadas con otras drogas como ser estimulantes, analgésicos y antiinflamatorios. Por otra parte recurren a un consumo "cíclico", creyendo que así eliminan los efectos perjudiciales y su detección mediante análisis.
Una minoría los obtiene en el mercado legal, mediante recetas fraudulentas. La mayoría de sus usuarios los obtienen ilegalmente, gracias a un complejo mercado negro de producción y tráfico que en los Estados Unidos mueve alrededor de 400 millones de dólares al año. Estas sustancias son elaboradas sin ningún tipo de control de calidad, presentando impurezas que bien pueden ser catalogadas como venenos.
Peligros que acarrean
Se han encontrado abundantes evidencias sobre los perjuicios que
el uso de anabólicos esteroides causan al cuerpo y la
mente de sus consumidores. Su uso prolongado afecta la capacidad
de procesamiento de información del cerebro, pudiendo
derivar en enfermedades mentales irreversibles. Además, se
detectan síntomas similares a las adicciones a otras
drogas: deseo incontenible de consumir nuevamente, imposibilidad
de reducir las dosis y síndrome de abstinencia. Se ha
probado la dependencia psicológica, estudiándose la
dependencia física. Como dato significativo, se han
observado ampliamente estos efectos perjudiciales no solo entre
quienes se sometieron a megadosis, sino también entre
quienes lo hicieron con dosis moderadas. Quienes consumen grandes
dosis, típicamente sufren cambios en la experiencia y
características sexuales. Los efectos perjudiciales se
pueden dividir en:
Estos efectos son especialmente peligrosos en preadolescentes y adolescentes, ya que su utilización aún en dosis mínimas puede afectar irreversiblemente el crecimiento. Por ello, su prescripción médica es sumamente rara, reduciéndose a casos de enfermedades graves. Por otra parte, el factor de riesgo de caer en adicción a éstas y otras sustancias, desaconsejan su uso. La forma inyectable expone al contagio con el virus HIV (que produce el SIDA), además de otras enfermedades infectocontagiosas. Es un hecho que muchos adictos a sustancias inyectables no solo no utilizan agujas descartables, sino además comparten las agujas sin esterillizar. Los efectos de los anabólicos sobre la mente fueron objeto de investigaciones en la Universidad de Harvard, donde se demostró que provocan diferentes trastornos psicológicos como ser: depresión; extrema irritabilidad: incremento en la agresividad, llegando a agresiones físicas e incluso homicidios; celos paranoicos; sentimientos de invencibilidad; expresiones grandilocuentes; megalomanía.
Opio
El opio proviene de la desecación del látex de la
cápsula de la amapola (papaver somniferum), planta
cultivada en varios países, principalmente China,
India,
Irán y Egipto. La
planta, cuyas flores son usadas como adorno, tiene una
cápsula o fruto que al serle hecha una incisión
segrega un líquido lactescente que el aire oscurece y
deseca, que luego se pulveriza para elaborar el opio. Éste
contiene numerosos alcaloides que se forman a partir de las
moléculas básicas de la morfina o de la
codeína, y otras sustancias del grupo
isoquinolínico, cuyo alcaloide principal es la papaverina.
De todas ellas, la morfina al 10% es la que tiene propiedades
más importantes, tanto terapéuticas como
tóxicas. Los demás alcaloides tienen
concentraciones menores: de 1 a 2%.
Los derivados del opio, tanto naturales como
semisintéticos, crean gran dependencia tanto física
como psíquica y producen la desaparición de todas
las necesidades primarias. Los preparados sintéticos
poseen propiedades muy parecidas, tanto en lo que respecta a sus
efectos inmediatos, como en cuanto a sus consecuencias
psico-físicas.
La morfina es uno de los derivados semisintéticos de los
alcaloides opiáceos naturales. Al igual que otras drogas
con estructura
química
distinta, producen analgesia, depresión respiratoria y
dependencia síquica. Clínicamente se sabe que la
morfina y otros opiáceos actúan sobre los sistemas
responsables de las respuestas afectivas y los estímulos
dolorosos, produciendo un incremento en la tolerancia al
dolor mientras duran sus efectos.
Las causas de la adicción a los opiáceos se explica por los fenómenos de la tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia. La tolerancia metabólica consiste en una transformación en el hígado, lugar donde se metabolizan las drogas. Si la exposición al tóxico es continua, los efectos del mismo son menos duraderos al haberse acelerado su eliminación. Este fenómeno se da también con otras sustancias, como la aspirina o la penicilina, siendo de mayor gravedad en los opiáceos. El tipo más destacado de tolerancia es la celular, de forma tal que quienes la poseen apenas sienten el efecto de la sustancia, a pesar de tener cantidades en el organismo (esas mismas concentraciones en la sangre de un sujeto no adicto resultarían fatales). Tras el efecto de la tolerancia sucumbe la dependencia física que implica la situación de hiperexcitabilidad, depresión y super e hipersensibilidad al dolor cuando se suprime el suministro, entre otros síntomas. Finalmente deviene el síndrome de abstinencia o búsqueda compulsiva de la droga. Estudios recientes indican que en el adicto sobrevienen cambios fisiológicos que ponen en perpetua dependencia a los consumidores de opiáceos, de forma similar al diabético que precisa insulina.
Sólo una parte de adictos contrae el hábito por razones terapéuticas. El habito se produce por su uso indiscriminado y prolongado en el tratamiento de afecciones que pueden atenderse de otra manera, siendo las mujeres las más predispuestas. La mayoría ingresa en la intoxicación por sugestión de otros adictos. En Oriente el modo común de hacerse adicto proviene del hábito de fumar o ingerir opio, aunque esa forma está siendo reemplazada la vía hipodérmica. En general, el adicto es una persona joven, con personalidad inestable y de escasa voluntad, que encuentra una evasión en la droga. El uso continuado agrava los factores negativos y sumerge al enfermo en abulia y ensoñación. La tolerancia se desarrolla con rapidez. El plazo en que se adquiere dependencia es corto, bastan dos semanas y a veces pocos días para producirla: por ello su aplicación terapéutica se reduce a lapsos muy cortos. Los recién nacidos hijos de toxicómanas que persistieron en la adicción durante el embarazo tienen síntomas de abstinencia, presentando convulsiones por falta de droga, pudiendo resultar en la muerte.
La intoxicación por sobredosis es habitual en países con gran número de morfinómanos (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Italia, Holanda, España, Francia, Bélgica). Además, puede producirse por error terapéutico o por intoxicación suicida, accidental o raramente criminal. La dosis mortal en personas no acostumbradas es de 0,2 g para la morfina, la heroína y el nalline; 0,5 g para la codeína; 0,30 g para el opio. Estas dosis pueden ser 10 veces más elevadas en los adictos y 100 veces más bajas en los niños. En algunos casos la intoxicación adopta una evolución sobreaguda, con coma profundo, colapso cardiovascular, miosis y paro respiratorio. Habitualmente se presentan náuseas, vómitos, sequedad corporal y calor facial. Sobreviene una somnolencia progresiva, donde al principio hay respuesta a los estímulos, pero luego se transforma en coma profundo. Durante éste, la respiración se deprime hasta hacerse muy lenta: de dos a cuatro respiraciones por minuto; ello produce una cianosis intensa. Los reflejos se atenúan hasta desaparecer. La piel se enfría por la humedad y el sudor característico en ésta etapa. Las pupilas están mióticas. Al comienzo la presión arterial se mantiene y el pulso es tenso, ya que la morfina ejerce poco efecto sobre el centro vasomotor y el aparato circulatorio, pero a medida que la hipoxia progresa, la presión desciende hasta el colapso y el shock. La temperatura desciende y a veces aparecen erupciones cutáneas. La musculatura suele estar flácida, pero en ocasiones pueden sobrevenir convulsiones. La muerte se produce por colapso cardiorespiratorio, complicaciones pulmonares, o muerte cerebral. Los síntomas agudos de intoxicación suelen presentarse dentro de los 15 minutos, aunque pueden retrasarse hasta 12 hs.
Heroína
Los efectos de la heroína y la morfina son similares. La
principal diferencia es la mayor potencia de la heroína,
ya que un gramo equivale a entre 1,80 y 2,66 de morfina en
sulfato. La heroína (diacetilmorfina) es un opiáceo
de gran intensidad que produce una mayor toxicidad
neuropsíquica. Es sin duda alguna, una de las más
peligrosas drogas, de mayor difusión y cuya dependencia
más rápidamente se contrae (dos a tres semanas).
Sus efectos se sienten a los 10 minutos del suministro,
alcanzando el cenit a los 60, cesando a las 3 ó 4 horas.
Estos efectos son muy distintos, según se la consuma por
primera vez o habitualmente. En las primeras tomas el efecto
psíquico es muy fuerte, pero se va reduciendo hasta ser
desplazado por la necesidad física para combatir el
síndrome de abstinencia. En un período de tiempo
extremadamente corto, el adicto renuncia a otro tipo de vivencias
y actividades, para dedicar su vida a la obtención y
consumo del estupefaciente. Los adictos suelen consumirla
mezclándola con otras sustancias, como cocaína,
anfetaminas, cánnabis o benzodiacepinas. La mezcla tiene
dos motivos: la adulteración por el traficante y la
reducción de sus efectos, ya que la ingestión de
heroína en estado de alta
pureza puede causar la muerte. La mezcla o corte suele ser hecha
con otras drogas como anfetaminas, o excipientes tales como yeso,
talco, quinina y estricnina, sustancias que son fáciles de
confundir con el elemento principal.
Pasividad y reducción de impulsos agresivos son consecuencias típicas del tóxico, pese a la acción euforizante que también posee. Tomada por vía nasal o fumada, la heroína tiene efectos similares a la morfina. Luego del efecto placentero de la droga sigue un estado de malestar generalizado (que no debe confundirse con el síndrome de abstinencia) que produce un descenso en picada con sentimientos de profunda depresión, que derivan en necesidad de una nueva toma. Ello comporta el riesgo de tomas sucesivas, que pueden llevar a la muerte por sobredosis, algo que que, además, es habitual entre los consumidores de esta sustancia. La dosis varía de 60 mg en personas sin tolerancia a 5 gr en quienes ya la poseen. El consumo regular de la droga conduce a la frigidez y la falta de potencia sexual. Además, provoca conductas homicidas y suicidas, así como implicaciones en accidentes. El toxicómano entra en una fase degenerativa en la que no puede realizar razonamientos complejos teniendo escasa o nula capacidad de concentración.
Coca
La coca, hoja del arbusto americano «Erythroxylon
coca», pertenece al grupo de los estimulantes. Su consumo
es ancestral en ciertas partes de Latinoamérica, donde es una práctica
habitual mascar las hojas, siendo una gran mayoría de los
consumidores de las zonas donde se cultiva. Su efecto sobre el
sistema nervioso
central es menor que el de la cocaína, dado que para
extraer un gramo de esta sustancia se necesitan 160 hojas de
coca. La coca es mascada con polvos alcalinos como cenizas
vegetales o cal. También es fumada tanto sola como
mezclada con tabaco o marihuana. La
masticación de coca fue objeto de estudio por varios
facultativos, como CHOPRA (1958), comprobando síntomas de
abstinencia, depresión, fatiga, toxicidad y alucinaciones,
seguidos por NEGRETE (1967), BRUCK (1968) quienes recogían
lesiones cerebrales en masticadores frecuentes.
Cocaina
La cocaína es un alcaloide contenido en las hojas del
arbusto «Erythroxylon coca» siendo
químicamente un derivado de la latropina. Es un
estimulante cerebral extremadamente potente, de efectos similares
a las anfetaminas. Además, es un enérgico
vasoconstrictor y anestésico local, siendo absorbido por
las mucosas nasales cuando se la aspira, se metaboliza en el
hígado y se elimina por la orina. Fue usada inicialmente
para el tratamiento de trastornos respiratorios y depresivos. Por
su efecto analgésico, se usó en intervenciones
quirúrgicas. Posteriormente se empleó con fines
militares por su efecto vigorizante y el componente de
agresividad que otorga. A comienzos del Siglo XX comienza a
consumirse por aspiración nasal. En esta época,
eran desconocidos sus efectos perjudiciales por lo que estaba
presente en las fórmulas de bebidas, jarabe contra la tos,
lociones capilares y cigarrillos. En 1909 existían en
EE.UU. más de 70 bebidas registradas con componentes de
cocaína, lo que incrementó la producción en
los países donde se cultivaba coca, fundamentalmente
Perú. Los estudios del uso de cocaína comenzaron,
con FREUD, al que
siguieron HEMMOND (1887) y BOSE (1902), los cuales encontraron
sintomatología aguda y crónica en el consumo. En la
década de 1980, los experimentos
sobre patrones de consumo y cantidades certificaron sus efectos
sobre la adrenalina, muy relacionada con la agresividad. El
consumo de esta sustancia se relaciona estrechamente con hechos
delictivos y de violencia. En
las dos útimas décadas hubo un enorme incremento en
la cantidad de personas adictas a la cocaína,
resaltándose como dato significativo la adicción
simultánea a otras sustancias. Las consecuencias de su
consumo son complejas, involucrando daños de muy diversa
índole: cerebrales, sociales, familiares,
medioambientales, etc.
La cocaína estimula el sistema nervioso central, actuando directamente sobre el cerebro. Sus efectos fisiológicos inmediatos son: sudoración, aumento en la potencia muscular, midriasis, incremento de actividad cardíaca y presión sanguínea, dilatación de los vasos sanguíneos periféricos, convulsiones, aumento en el ritmo respiratorio y de la temperatura corporal. Estos síntomas pueden provocar la muerte por paro cardíaco o fallas respiratorias. Además se presentan irritaciones y úlceras en la mucosa nasal. Comúnmente causa congestión nasal, que puede presentarse o no con secreción liquida. El uso por vía inyectable expone al adicto a infecciones de SIDA, hepatitis B y C, tétanos y otras enfermedades infectocontagiosas. La infección con el HIV puede producirse por transmisión directa de virus al compartir agujas y otros dispositivos contaminados. Además, puede producirse indirectamente por transmisión prenatal a un niño cuya madre está infectada con el HIV. El uso y abuso de drogas ilícitas, incluyendo el crack y la cocaína, se ha convertido en el principal factor de riesgo de contagio con el virus HIV. Sumado a ello, la hepatitis C se está difundiendo rápidamente entre los adictos que se inyectan; el índice de infección varía entre el 65 y el 90 por ciento en este grupo de personas, de acuerdo al país. Hasta hoy, no se ha descubierto una vacuna contra el virus de la hepatitis C, y el único tratamiento disponible es caro, muchas veces infructuoso y con serios efectos colaterales.
La cocaína es una droga extremadamente adictiva, cuyos efectos se perciben en un lapso de 10 segundos y duran alrededor de 20 minutos. Actúa directamente sobre los centros cerebrales encargados de las sensaciones del placer. Dada su alta capacidad de producir daños y hasta destrucción celular, las sensaciones que eran placenteras en sujetos recién iniciados se convierten en efectos desagradables como agitación, llanto, irritabilidad, alucinaciones de tipo visual, auditiva y táctil, delirio paranoide, amnesia, confusión, fobias o terror desmedido, ansiedad, estupor, depresión grave y tendencias suicidas. Los efectos psíquicos reconocidos por la mayoría de los autores y recogidos en publicaciones recientes incluyen euforia, inestabilidad, aumento de la comunicación verbal y de la seguridad en uno mismo, inquietud, anorexia, insomnio e hipomanía. El adicto experimenta pérdida de interés e imposibilidad de sentir placer ante la falta de la sustancia. Así, la cocaína se convierte en el único objetivo y motivo en la vida del adicto, desplazando todo tipo de sentimientos. La relación con los fenómenos criminales es expresamente citado por los autores, asociándose su consumo a la predisposición al delito.
La cocaína es consumida por muy variados tipos de sujetos y motivos. Los consumidores ocacionales son sujetos con personalidades débiles e inestables que desarrollan una rápida dependencia psicológica. La adicción a la cocaína posee condicionantes que la desencadenan, que pueden ser el reforzamiento de una personalidad insegura, que recibe un apoyo en el estímulo del tóxico. En lugar de tratar este déficit patológico con antidepresivos o fármacos estabilizadores del estado de ánimo se recurre a una vía aparentemente rápida. Los adictos habituales presentan tolerancia y necesitan de mayores dosis para alcanzar iguales resultados. A ésto puede llegarse por causas diversas pero siempre relacionadas con factores familiares, sociales y ambientales determinantes. Dado que los efectos de la cocaína sobrepasan su punto álgido a los treinta minutos, el individuo precisa varias dosis durante el día para alcanzar cierta estabilidad emocional y evitar el efecto disfórico que la propia droga ocasiona luego de varias horas desde la ingesta.
Cocaina y desarrollo embrio-fetal
El uso de cocaína es altamente susceptible de producir
daños irreparables en recién nacidos, cuyas madres
mantuvieron su adicción durante el embarazo. Esto
último hizo que algunos Estados de los EE.UU. obliguen a
las adictas embarazadas a realizarse tratamientos forzosos con
privación de libertad
mientras dura el embarazo. Aún se desconoce la total
extensión de los efectos de la exposición prenatal
a la cocaína, pero los estudios indican que estos
bebés nacen prematuramente e insuficientemente
desarrollados: con menor peso, diámetro craneal inferior y
menor longitud. La determinación exacta de las
consecuencias para el recién nacido es compleja, y
varía de acuerdo a la droga que fue consumida por la
madre. Sumado a ello, se sabe estadísticamente que las
madres adictas a la cocaína abusan de otra u otras
sustancias. El cuadro se complica al considerar la cantidad y
variedad de drogas consumidas, la falta de cuidados prenatales,
el status socioeconómico, pobre alimentación, la
exposición a enfermedades infectocontagiosas, otros
problemas de salud, y muchos otros factores que intervienen
directamente sobre la salud del feto y el recién nacido.
Se ha descubierto que la exposición a la cocaína
durante el desarrollo fetal puede provocar retrasos y otras
deficiencias mentales, como así también
imposibilidad de mantener la atención y la concentración por
períodos de tiempo mínimos como para permitir
el
aprendizaje. A pesar que las modernas técnicas
de tratamiento permiten una recuperación significativa, es
un hecho que estas terapias son sólo paliativas, y no
pueden tomarse como verdaderamente eficaces.
Crack
También denominado "cocaína del pobre", acarrea un
grave riesgo social y sanitario, por la dependencia que provoca y
los efectos nocivos que ocasiona en el organismo. Se obtiene de
la maceración de hojas de coca con kerosene y compuestos
sulfurados, que lavada posteriormente con ciertos elementos
volátiles, se convierte en el clorhidrato de
cocaína. La denominada base es un tóxico de mayor
potencial nocivo que la cocaína, posee impurezas que
impiden su administración endovenosa. Se ingiere por
inhalación, lo que conlleva lesiones en la mucosa nasal y
en el aparato
digestivo. También se consume fumada en cigarrillos o
pipas diseñadas al efecto.
La intoxicación por esta sustancia implica cuadros delirantes seguidos de procesos depresivos intensos. Sus consecuencias nocivas sobre el organismo son equiparables a las de las anfetaminas administradas por vía endovenosa, desestructurando la personalidad, y colocándola en una adicción compulsiva. Las lesiones orgánicas son evidentes e irreversibles. Usualmente, los adictos crónicos o aquellos que llevan varios meses con ingestas de relevante cantidad y de forma continuada, sufren patologías mentales graves y crónicas como demencia o paranoia. Las lesiones en el cerebro son irreversibles.
Speedball
Es un combinado de heroína y cocaína con efectos psicológicos muy intensos y repercusión jurídico criminal destacable, por la perturbación mental que ocasiona. Es frecuente el consumo de estas dos sustancias simultáneamente. Los consumidores intentan evitar las consecuencias desagradables de la cocaína, manteniendo el efecto de euforia, alegría y potencia que proporciona . En otros casos el consumo conjunto de ambos tóxicos se realiza para evitar el efecto sedante de la heroína. La mezcla de un depresor con un excitante, ambos de gran potencial, provoca un estado de aturdimiento general, incoherencia, obnubilación, estupor, sopor y estado general confusión. Esta unión provoca descontrol y descoordinación psicomotriz, con riesgo de coma y muerte. Pueden presentarse cuadros delirantes paranoides, así como depresiones de gran intensidad, alucinaciones auditivas, sensoriales y visuales.
Anfetaminas
Fueron sintetizadas por primera vez entre la última
década del siglo XIX y la primera del siglo XX. Los
primeros experimentos clínicos se iniciaron hacia 1930, y
desde 1935 se comercializó con gran difusión en el
Reino Unido, Francia y Alemania. Durante la Segunda Guerra
Mundial fue utilizada indiscriminadamente por todos los
bandos, dado el carácter
euforizante que contiene la sustancia y la agresividad
otorga.
El consumo de este excitante está ampliamente extendido y distribuido por todas las clase sociales. A diferencia de lo que sucede con la cocaína que la consumen preferentemente los sectores medios y altos, las anfetaminas son consumidas tanto por ejecutivos que pretenden sobreexcitación como por amas de casa que buscan un anoréxico para sus dietas o por estudiantes que preparan exámenes. Al incidir en el sistema ortosimpático causan hipertensión, taquicardia, hiperglucemia, midriasis, vasodilatación periférica, hiperpnea, hiporexia, etc. El estado de ánimo del adicto oscila entre la distrofia y la hipomanía, presentándose ansiedad, insomnio, cefalea, temblores y vértigo. Pueden aparecer cuadros depresivos y síndromes paranoides anfetamínicos. A dosis normales, sus efectos varían de acuerdo al individuo y las condiciones de ingesta. Pueden producir efectos placenteros, hiperactividad y sensación desbordante de energía, pero también causan temblor, ansiedad irritabilidad, ira inmotivada y repentina, trastornos amnésicos e incoherencia. En la última fase se describen depresión, cuadros paranoides y delirios paranoides, alucinaciones y trastornos de conducta. El consumo de anfetaminas puede conducir a actuaciones agresivas, al igual que los barbitúricos y el alcohol, por su gran efecto euforizante, unido a un descontrol en los instintos inhibitorios. Tales situaciones se producen cuando las dosis suministradas, generalmente por vía endovenosa, superan los 2 gr. Está demostrado un mayor potencial en las anfetaminas que en la cocaína, tanto en su punto más álgido como en la duración de los efectos. Reacciones muy graves se producen al consumirlas con barbitúricos en el conocido fenómeno de la pluritoxicomanía. Tomadas en dosis importantes son causantes de confusión, tensión, ansiedad aguda y miedo. También pueden precipitar psicosis paranoide en sujetos no psicóticos. La psicosis anfetamínica desarrollada por el sujeto se asemeja a la psicosis paranoica y a la esquizofrenia paranoica.
Éxtasis o MDMA
La metilendioximetanfetamina (MDMA) (también conocida como
"éxtasis", "ectasi", "XTC", "tiza", "cristal", "X", etc.)
es una droga sintética sicoactiva con propiedades
alucinógenas de gran potencial emotivo y perturbador
psicológico, con efectos similares a las anfetaminas. Es
una droga peligrosa en extremo por sus propiedades
neurotóxicas y alta adicción, afectando a diversas
zonas del sistema nervioso central. Su producción se
realiza en laboratorios clandestinos a partir de materias primas
relativamente fáciles de conseguir. De color blanco, sin
olor pero con sabor amargo, se presenta en forma de comprimidos,
cápsulas o en polvo cristalino que se disuelve en
líquidos, pudiendo ser bebida, ingerida o inyectada. Sus
consumidores son principalmente jóvenes adultos, que
buscan en ella un estimulante que los lleva a bailar durante
extensos períodos de tiempo (por ello se las suele
denominar "disco-drogas", "club-drugs", "dance-drugs", etc.).
Durante los años sesenta se utilizó con fines
terapéuticos dado que según determinados sectores
de la psiquiatría ayudaba a la comunicación y al tratamiento de neurosis
fóbicas. Surgió entonces la polémica
médico - legal, atribuyendo a su consumo repercusiones en
la delincuencia,
por lo que finalmente fue ilegalizado.
El éxtasis produce efectos síquicos de gran potencial perturbador, cuya duración fluctúa entre las 3 y las 6 horas desde su consumo. Inicialmente el sujeto experimenta sensaciones de confianza y excitación, a las que sigue un estado de hiperactividad e incremento en los pensamientos morbosos. Los efectos del estimulante se diluyen provocando trastornos sicológicos, confusión, problemas con el sueño (pesadillas, insomnio), pérdida de memoria, deseo incontenible de consumir nuevamente drogas, depresión, violencia, ansiedad grave, psicosis y paranoia. Estos efectos se presentan incluso luego de varias semanas del consumo. También se informaron casos graves de psicosis. Entre los síntomas físicos se citan: hiperpnea, taquicardia, anorexia, tensión y trastornos musculares similares a los presentes en la enfermedad de Parkinson, bruxismo, náuseas, visión borrosa, nistagmus, desmayos, escalofríos y sudación excesiva, signo característico durante la intoxicación. Se ha comprobado que el aumento de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial es causal de ataques cardíacos y otros trastornos cardiocirculatorios. Informes forenses indican que es causal de muerte súbita. La hiperactividad acarrea, además de los problemas cardíacos, hipertermia, deshidratación y fallas renales.
Su estructura química, 3-4 metilendioximetanfetamina (MDMA), se asemeja a la estructura de la metilendioxietilanfetamina (MDEA), la metilendioxianfetamina (MDA) y la metanfetamina (MA), todas ellas drogas sintéticas causantes de daños cerebrales. La MDA, el fármaco de origen de la MDMA, es una droga similar a la anfetamina que también ha sido abusada, presentando efectos psico-físicos similares a los de la MDMA. Las investigaciones demuestran que la MDMA destruye las neuronas productoras de serotonina, que regulan directamente la agresión, el estado de ánimo, la actividad sexual, el sueño y la sensibilidad al dolor. Es probable que esta acción sobre el sistema productor de serotonina sea el origen de las propiedades síquicas. La MDMA también guarda relación en su estructura y sus efectos con la metanfetamina, la cual ha demostrado ser causante de la degeneración de las neuronas que contienen la sustancia neurotransmisora dopamina.
En experimentos de laboratorio, una sola exposición a la metanfetamina en dosis elevadas o el uso prolongado en dosis bajas destruye hasta un 50% de las células cerebrales. Aunque éste daño no sea inmediatamente aparente, los estudios científicos muestran que con el envejecimiento o la exposición a otros tóxicos pueden aparecer síntomas de la enfermedad de Parkinson. Estos comienzan con falta de coordinación y temblores y a la larga pueden causar una forma de parálisis.
Alucinógenos
La palabra "alucinógeno" hace referencia a las sustancias
que alteran los sentidos,
produciendo distorsión en la percepción
de visiones, audiciones y generando sensaciones irreales. La
alucinación es un síntoma de las psicosis y
patologías de la mente más grave y su
aparición distorsiona el
conocimiento y la voluntad. Las drogas alucinógenas
más importantes son el LSD-25, cánnabis sativa o
marihuana, mezcalina, psilocibina y psilocina. Además de
dichas sustancias hay otros muchos vegetales alucinógenos.
A continuación, se presenta la descripción de los principales
alucinógenos.
LSD – 25 (ácido lisérgico)
El LSD es una sustancia semisintética, derivado del ergot,
extracto éste del cornezuelo del centeno, usado en
medicina al
final de la Edad Media.
También fue muy utilizado en obstetricia para evitar
hemorragias puerperales y promover la contracción del
útero. En un principio fue utilizado con fines
terapéuticos en alcohólicos, cancerosos y otros
enfermos terminales para ayudarles a superar el trance.
Posteriormente fue abandonada la práctica al comprobarse
los resultados adversos, tales como suicidios a causa de las
engañosas imágenes y
terroríficas visualizaciones. También se
comprobó que podía desencadenar esquizofrenia y
deterioros mentales variados.
La relación entre drogas alucinógenas y
movimientos místico-religiosos, es un hecho comprobable
históricamente, como podrá verse al estudiar otras
drogas de este tipo en muchas culturas indígenas del
Centro y Sur de América, donde el consumo de drogas y las
prácticas religiosas siguen siendo algo inseparable.
Descubierto en 1938, se considera al ácido
lisérgico como el alucinógeno más poderoso,
aunque no el más nocivo. Como fenómenos
físicos hay que citar la midriasis, temblores, e
hiperreflexia, también pueden aparecer náuseas,
palidez, sudoración, taquicardia y lipotimia. Los
fenómenos psíquicos se caracterizan en lo referente
al estado de ánimo por fluctuaciones del humor, variando
entre distimias displacenteras, euforias expansivas tales como
verborrea y risa irrefrenable. La exaltación
mística es tal que algunos autores denominan estas drogas
como místicomiméticos. Se consideran productos
psicodélicos que inhiben los mecanismos de defensa del yo,
y facilitan la distribución de la sensibilidad así
como la aparición de imágenes
desconcertantes.
Cannabis Sativa – Hachis – Marihuana
El cannabis sativa es un arbusto silvestre que crece en zonas
templadas y tropicales, pudiendo llegar una altura de seis
metros, extrayéndose de su resina el hachís. Su
componente psicoactivo más relevante es el
delta–9-tetrahidrocannabinol (delta-9-THC), conteniendo la
planta más de sesenta componentes relacionados. Se consume
preferentemente fumada, aunque pueden realizarse infusiones, con
efectos distintos. Un cigarrillo de marihuana puede contener 150
mg. de THC, y llegar hasta el doble si contiene aceite de
hachís, lo cual según algunos autores puede llevar
al síndrome de abstinencia si se consume entre 10 y 20
días. La tolerancia está acreditada, siendo cruzada
cuando se consume conjuntamente con opiáceos y alcohol.
Respecto a la dependencia, se considera primordialmente
psíquica. Los síntomas característicos de la
intoxicación son: ansiedad, irritabilidad, temblores,
insomnios, muy similares a los de las benzodiacepinas.
Puede presentarse en distintas modalidades de consumo, sea en hojas que se fuman directamente, en resina del arbusto o en aceite desprendido de éste último. El color de la hoja va del verde amarillento al marrón oscuro según el lugar de procedencia. De la modalidad en que se presente la droga dependerá su denominación: "marihuana" es el nombre de las hojas del cáñamo desmenuzadas, que después de secarse y ser tratadas pueden fumarse (también es conocida como "hierba", "marijuana", mariguana", "mota", "mafú", "pasto", "maría", "monte", "moy", "café", "chocolate", "chala", etc.; en inglés se la conoce como: "pot", "herb", "grass", "weed", "Mary Jane", "reefer", "skunk", "boom", "gangster", "kif", "ganja", etc.); su efecto es aproximadamente cinco veces menor que el del hachís. El nombre hachís (también conocido como "hashis") deriva de los terribles asesinos (hashiscins) árabes, que combatieran en las cruzadas entre los años 1090 y 1256. El hachís se obtiene de la inflorescencia del cáñamo hembra, sustancia resinosa que se presenta en forma de láminas compactas con un característico olor. La marihuana es la forma más frecuente, conteniendo de 0,3 a 3,5 % de THC; la concentración de THC llega al 10 % en el hachís, siendo su efecto diverso según factores como la velocidad con la que se fuma, la duración de la inhalación, cantidad inhalada, tiempo que el consumidor retiene la respiración después de inhalar y el estado anímico del sujeto. El consumo oral, tanto de marihuana como de hachís, implica efectos psicológicos similares a los expresados en la forma fumada pero de mayor intensidad y duración y con efectos nocivos potenciados.
Terapéuticamente se aconsejó para tratamientos de insomnio y como sedante para el dolor. También se prescribió para terapias de patologías nerviosas, así como para el tratamiento de la tos, temblores en parálisis compulsivas, espasmos de vejiga e impotencia sexual que no provenga de enfermedad orgánica. Así mismo se recomendó como afrodisiaco, antineurálgico, tranquilizante para maníaco-depresivos, antihistérico, tónico cerebral, remedio para el vómito nervioso, epilepsia y enfermedades nerviosas. Estas recomendaciones fueron posteriormente desaconsejadas unánimemente por la medicina, estando en la actualidad en estudio sólo la legalización de un fármaco derivado de esta sustancia para mitigar los dolores en enfermos cancerosos. Este empleo terapéutico ha creado profundas polémicas. En la actualidad, los científicos sostienen que la marihuana no puede considerarse medicamento en ninguna de las formas en que es consumida por los adictos. Al tratar su posible uso como medicamento, se distingue entre la marihuana y el THC puro y otros químicos específicos derivados del cánnabis. La marihuana pura contiene cientos de químicos, algunos de ellos sumamente dañinos a la salud. El THC en forma de píldora para consumo oral (no se fuma) podría utilizarse en el tratamiento de los efectos colaterales (nauseas y vómito) en algunos tratamientos contra el cáncer. Otro químico relacionado con el THC (nabilone) ha sido autorizado por la "Food and Drug Administration" de Estados Unidos para el tratamiento de los enfermos de cáncer que sufren náuseas. En su forma oral, el THC también se usa en enfermos de SIDA, porque les ayuda a comer mejor y mantener su peso. Los científicos estudian la posibilidad de que el THC y otros químicos relacionados con la marihuana tengan ciertos valores medicinales. Algunos piensan que estos químicos se podrían usar en el tratamiento del dolor severo, pero es necesario tener más evidencia antes de usarlos para el tratamiento de problemas médicos.
Durante los años sesenta comienza el consumo casi masivo de esta sustancia así como de otros alucinógenos como LSD, peyote, etc. En el mundo de la música y luego entre la burguesía intelectual norteamericana cundió la moda de fumar marihuana y hachís, extendiéndose a Europa Occidental. El cánnabis fue un signo más del movimiento contracultural pretendiendo una nueva ideología dentro de la burguesía, basada en el pacifismo, el orientalismo, el amor libre y la vida en la naturaleza. Al principio el consumo afectó a estudiantes y clases altas y medias, para después extenderse por todos los estratos sociales, consumiéndose junto con alcohol y comenzando a crear problemas sanitarios. A pesar de ser una sustancia ilegal, su consumo continúa en aumento. Está probada la relación entre el consumo de esta droga y otras como alcohol, LSD, cocaína, anfetaminas y opiáceos, habiéndose probado su función en la escalada a drogas más peligrosas.
Las modalidades de marihuana disponibles a los jóvenes son más potentes que las que existían en la década del '60. Ello se debe a que los laboratorios clandestinos de los traficantes han conseguido realizar cambios a nivel genético en el cánnabis mediante sofisticados métodos de biotecnología, resultando en una mayor concentración de THC. La potencia de la droga se mide de acuerdo a la cantidad promedio de THC que se encuentra en las muestras de marihuana que confiscan las agencias policíacas. La marihuana común contiene un promedio de 3,5 % de THC. El hachís (resina gomosa de las flores de las plantas hembras) puede tener hasta 28 % de THC. El aceite de hachís, un líquido resinoso y espeso que se destila del hachís, tiene un promedio de 16 % de THC, pero puede llegar a tener hasta 43 %.
El THC afecta a las células del cerebro encargadas de la memoria. Eso hace que la persona tenga dificultad en recordar eventos recientes (como lo que sucedió hace algunos minutos), y dificulta el aprendizaje bajo influencia de la droga. Para que una persona pueda aprender y desempeñar tareas que requieren de más de dos pasos, es necesario que tenga una capacidad normal de memoria a corto plazo. Estudios recientes demuestran que la marihuana crea disfunciones mentales y disminución de la capacidad intelectual en las personas que la fuman mucho y por muchos años. En un grupo de fumadores crónicos en Costa Rica, se encontró que los sujetos tenían mucha dificultad en recordar una corta lista de palabras (que es una prueba básica de memoria). Las personas en el estudio también tuvieron gran dificultad en prestar atención a las pruebas que se les presentaron.
Es posible que la marihuana destruya las células de ciertas regiones especializadas del cerebro. En estudios científicos se observó que al someter a las ratas de laboratorio jóvenes al THC, presentaron pérdida de células cerebrales similares a las que se encuentran entre los animales viejos.
Existen serias preocupaciones por sus efectos a largo plazo sobre la salud. Exámenes hechos sobre 450 fumadores diarios de marihuana (que no fumaban tabaco) indican que en comparación con otras personas no fumadoras, dichas personas tenían más ausencias de trabajo por enfermedad y más visitas médicas por problemas respiratorios y otras enfermedades. Los resultados muestran que el uso regular de la marihuana o del THC son factores que provocan cáncer y problemas en los sistemas respiratorio, inmunológico y reproductivo:
Barbitúricos y sedantes
Son los fármacos más utilizados en los
países desarrollados. En 1887 se describieron los primeros
cuadros de dependencias a tranquilizantes como el
paraldehído, habiéndose extendido posteriormente a
sustancias como cloral, barbitúricos, bromureído,
diacepan, meprobanato, matacuolona, etc. El consumo de estas
sustancias está extendido en toda la población sin haberse detectado grupos
sociales o de edad determinados, aunque están
más predispuestas las mujeres. En pequeñas dosis se
utilizan como ansiolíticos, es decir, como fármaco
que mitigan la angustia e intranquilidad, y en grandes cantidades
sus efectos son embriagadores, similares a los que puede producir
el alcohol.
La síntesis del primer barbitúrico se sitúa en 1863, habiendo en la actualidad más de 2.500 derivados de esta sustancia. El barbital o dietil-barbitúrico fue comercializado en 1903, teniendo gran difusión años después. Estas sustancias provocan una dependencia física y psíquica, así como tendencia a aumentar el consumo por el grado de tolerancia que poseen. Los sujetos con base neurótica son los más predispuestos a la dependencia de esta sustancia, al desear aliviar la ansiedad que sufren. La mortalidad por sobredosis es elevada, siendo el tipo de fármaco más usado para el suicidio. El consumo simultáneo con alcohol es frecuente, creando interacciones potenciadoras de los efectos de ambas drogas, caracterizadas por trastornos en la coordinación psicomotriz y por el descenso del nivel de conciencia. A grandes dosis pueden presentarse cuadros comparables al "delirium tremens" del alcohol.
Determinados toxicómanos consumen esta sustancia en unión de otras como alcohol, café o anfetaminas, llegando a situaciones de perturbación psíquica y física muy importantes y afectando muy notoriamente el autocontrol. La dependencia aparece después de varios meses de haber ingerido dosis diarias, aunque depende del tipo de barbitúrico. El consumo continuado durante años llega a cambiar la personalidad, transformándola en más irritable, depresiva, y comporta pérdida de memoria y concentración. Con el tiempo los síntomas van instalándose en el sujeto pudiendo quedar una obnubilación mental permanente. En fases muy avanzadas aparecen crisis crepusculares, desorientación y alucinaciones que remiten en varios días tras disminuir o abandonar el consumo pero que pueden extenderse hasta dos meses.
Benzodiacepinas
El cerebro regula normalmente las emociones, pero
cuando se desbordan finalizan en sensaciones de angustia
incontrolables. Mediante las benzodiacepinas se aminora e incluso
se anula esta sensación, provocando una situación
de bienestar. Estas sustancias provocan, como otras drogas, el
fenómeno de la tolerancia y en especial la "tolerancia
cruzada", que es un efecto por el cual un consumidor de varias
drogas se hace tolerante a otras, a pesar de no haber tenido con
éstas ningún encuentro previo. De esta forma un
sujeto que fue tratado con un barbitúrico puede volverse
tolerante al mismo, necesitando tomar cada vez más
cantidad para obtener la misma sensación. Ese mismo
individuo precisará mayores dosis de benzodiacepinas que
las que habría necesitado si nunca se hubiese hecho
tolerante al barbitúrico.
Flunitrazepan – Rohypnol
Rohypnol es el principal nombre comercial del Flunitrazepam,
fármaco perteneciente al grupo de las benzodiacepinas que
se usa en el tratamiento a corto plazo de insomnio y como un
sedante hipnótico y preanestésico (entre sus
consumidores es conocido como "Rophy", "circle", "R-2",
"roach-2", "roofies", "roopies", "Valium mexicano", "costilla",
"cucaracha" "soga", etc.
Tiene efectos fisiológicos similares al diazepam (cuyo nombre comercial es Valium), aunque el flunitrazepam es aproximadamente 10 veces más potente. Este fármaco es producido y vendido legalmente en Europa y América Latina bajo prescripción y control médico, pero en Estados Unidos de América su comercialización y consumo es ilegal. El modo de ingreso a este país es mediante contrabando, generalmente asociado al tráfico de otras substancias ilegales, principalmente cocaína y marihuana. Las estadísticas indican que su distribución y abuso están aumentando, sobre todo en Estados del sur y del sudoeste debido a su muy bajo costo, por lo que su consumo está difundido entre las personas jóvenes. Informes epidemiológicos muestran el marcado crecimiento de su consumo por parte de jóvenes, que toman la droga con alcohol o lo usan después de la ingestión de cocaína. La gran difusión de esta sustancia entre las personas jóvenes puede explicarse, en primer lugar debido a la creencia errónea de que se trata de sustancias que no pueden ser adulteradas, y en segundo lugar porque piensan que no puede detectarse su consumo mediante análisis de orina.
Los adictos consumen flunitrazepam por vía oral,
frecuentemente junto con alcohol u otras drogas, incluso
heroína. Sus efectos empiezan dentro de 30 minutos,
alcanza el cenit hacia 2 horas, y pueden persistir 8 o más
horas, dependiendo en la dosis. Los efectos colaterales asociados
con su uso incluyen la hipotensión, deterioro de memoria,
adormecimiento, dificultades visuales, vértigo,
confusión, perturbaciones gastrointestinales y
retención urinaria. Aunque se trata de una droga
depresiva, pueden presentarse efectos antagónicos
induciendo excitación y comportamiento
agresivo en algunos usuarios.
El consumo de esta droga acarrea dependencia. Una vez que
ésta se desarrolla, el adicto experimenta graves efectos
psíquicos como ser ansiedad extrema, tensión,
inquietud, confusión, irritabilidad, pérdida de
identidad,
alucinaciones, delirios, fobias o terror desmedido. Entre los
efectos físicos se presentan dolores de cabeza y muscular,
entumecimiento y prurito en las extremidades, convulsiones,
trastorno e incluso colapso cardiovascular. Todos estos efectos
pueden retrasarse incluso más allá de una semana
desde el último consumo. Al igual que en otras
benzodiacepinas, el tratamiento para la dependencia del
flunitrazepam debe ser gradual, con una progresiva
disminución en su consumo. Esta sustancia es usado por
muchos adictos para aliviar síntomas de la
abstinencia.
Químicos inhalables
Dentro de este grupo de sustancias pueden citarse: 1) adhesivos:
colas, tolueno, xileno, acetona, benzoles, benzaldehido; 2)
aerosoles-sprays-gases: gases
propelentes, óxido nitroso; 3) cementos plásticos:
hexano; 4) solventes de pinturas y relacionados: petróleo,
butano, trementina, aguarrás; 5) líquidos para
limpieza: xileno, benzol, éter de petróleo; 6)
anestésicos: éter etílico puro; 7)
combustibles: bencina, naftas; 8) thinner: hidrocarburos
halogenados; 10) vasodilatadores: nitrito de amilo, nitrito de
butilo; y muchas otras más.
El consumo de estas sustancias presenta graves problemas sanitarios. Sus consumidores son principalmente marginales, especialmente niños, aunque la adicción también se da con relativa frecuencia en ciertos grupos profesionales. Las edades más frecuentes del uso crónico de inhalantes son al principio o al final de la adolescencia. Esto se debe en parte a la invitación o presión por parte de los compañeros de escuela y amigos, curiosidad e ignorancia de los efectos tóxicos e inseguridad personal. Lo más importante es la ignorancia del problema en la casa y la negación de los padres de que sus hijos puedan tener este problema. Los motivos del consumo se deben a la curiosidad, aburrimiento, falta de estímulos, desarraigo y anomia. En el caso de los profesionales, el contacto habitual con las sustancias puede crear una adicción involuntaria; la adicción voluntaria es menos frecuente, aunque no excepcional. Generalmente estos productos son fáciles de obtener y están al alcance del adicto, son muy baratos, y no precisan de instrumentos para su uso. Asimismo, no es necesario contactar a un criminal para obtenerlos. Su uso puede hacerse en cualquier lugar, son fáciles de esconder y difíciles de detectar. Otro factor muy importante es el desconocimiento de las consecuencias y peligros de su uso.
Estas sustancias se consumen en determinadas zonas rurales, como así también en ambientes marginales o de bajos recursos, donde son de las pocas drogas a las que tiene acceso fácil. Ello agrava el problema de una sustancia legal que es utilizada de forma incorrecta. La adicción a estas sustancias es el paso previo a otras drogas, llevando situaciones irreversibles. Esto suele ser desconocido tanto por la familia como por el entorno social, dado que estas sustancias pasan desapercibidas y no son relacionadas con adicciones. Hay tres grandes grupos de consumidores: 1) niños y adolescentes de poblaciones marginadas que consumen en grupo; 2) adultos que acceden al químico por su profesión o por asociación con grupos de personas con hábitos similares; 3) adultos marginales que inhalan las sustancias al igual que los niños, pero en solitario. El aspecto familiar es determinante para entender el fenómeno, habiéndose constatado cómo los inhaladores también presentan problemas con el alcohol, siendo de una clase social media baja y baja, y con problemas de abandono familiar.
El uso continuado provoca dependencia psíquica, creando una situación de necesidad de ingesta similar a otras drogas. A consecuencia de la rápida distribución por los pulmones, el inicio de la intoxicación es inmediato. Se relaciona el consumo de estas sustancias con conductas criminales y autodestructivas. La sensación de euforia primero y aturdimiento después, habitual con estos tóxicos, conlleva una perturbación psíquica grave que altera la inteligencia y la percepción. Está acreditado el fenómeno de la tolerancia respecto de los efectos en el sistema nervioso central, mientras que la dependencia física es discutida. El nivel de inteligencia disminuye, haciendo frecuentes los problemas escolares. Se presentan cambios y descuido en la apariencia física, falta de higiene, falta de atención, alteración de la memoria, disminución de la capacidad de abstracción y razonamiento, personalidad antisocial, agresividad, depresión, ataques de pánico, ansiedad y alucinaciones con trastorno en el juicio crítico y la percepción. Se presentan ataxia, oraciones incoherentes y precipitadas, diplopia, náuseas y vómitos. La interrupción de la inhalación, como así también una intensa aspiración, pueden provocar la muerte.
Son causales de dependencia psíquica,
pudiéndose presentar psicosis tóxicas con
daños cerebrales irreparables. Los inhalantes producen una
fácil sugestionabilidad, dándose experiencias
alucinatorias colectivas, lo que da ejemplo de la complejidad de
la intoxicación. También provoca sentimientos
paranoides y excitación sexual. Se considera que la
embriaguez por inhalantes es de mayor gravedad que la
alcohólica, a pesar que los efectos de la
intoxicación no son muy prolongados.
Uno de los inhalables adictivos más difundidos es el
tolueno, sustancia presente en cierto tipo de pegamentos para
cueros, gomas, cauchos, corchos, cartones, etc. Es una de las
sustancias que mayores trastornos ocasiona, por lo que en
Argentina fue
prohibida su venta a menores de edad y se tiende a su
supresión. Se considera que el límite de este
tóxico que puede aspirarse sin sufrir efectos secundarios
es de una concentración de la sustancia en aire de
100/1.000.000. La intoxicación se presenta con 1,5
microgramos, siendo el cuadro muy grave si llega a 10
microgramos. Los efectos agudos acostumbran a durar entre 30 y 45
minutos. Las consecuencias psico-perceptivas del consumo de este
tipo de sustancias es alarmante, presentándose cuadros de
exaltación, alucinaciones visuales, auditivas y
táctiles, como así también ilusiones
catatímicas.
El pegamento plástico y los correctores ortográficos contienen químicos adictivos, siendo muy utilizados por menores y adolescentes, habiendo aumentado considerablemente su consumo en los últimos años. En un principio, las primeras ingestas suponen un estado de euforia o subida del ánimo, pero tras instalarse la tolerancia que se desarrolla tras semanas o meses los consumidores habituados deben inhalar varios tubos de sustancia para alcanzar el efecto deseado. La intoxicación se caracteriza por euforia, excitación, sensación flotante, vértigo, habla farfullante y ataxia. La inhalación va acompañada de pérdida de inhibición con sensación de fuerza y capacidad no reales. La intoxicación otorga agresividad, euforia, exaltación y situaciones violentas, por lo que se potencian las posibilidades de comisión de delitos, a lo siguen, al igual que con el alcohol, periodos de amnesia donde el adicto no recuerda absolutamente nada de lo acaecido durante la intoxicación. En ocasiones aparecen alucinaciones visuales que pueden llegar a durar varias horas, lo que demuestra su gran potencial perturbador. Todos ello hace recomendable que padres y docentes realicen un control y seguimiento en la utilización de pegamentos y correctores ortográficos.
Signos y síntomas de la adicción a
químicos inhalables
Estos pueden ser muy variados, dependiendo del tipo de sustancia
química y de la cantidad inhalada o aspirada.
Frecuentemente hay olor o aliento a sustancias químicas,
irritación de nariz, labios, boca o piel, manchas de
sustancias químicas o pintura en la
nariz, boca, manos y/o en la ropa. Los ojos suelen estar
enrojecidos, algunas veces con movimientos oculares laterales
rápidos involuntarios (nistagmus). Los efectos inmediatos
son: mareos, somnolencia, pérdida del equilibrio,
falta de coordinación, embriaguez, temblores,
alteración de la memoria, falta de concentración,
lentitud de movimientos, lenguaje lento
e incoherente. Puede seguir un estado de excitación,
tensión muscular, aprensión, agitación,
irritabilidad, cambios en la presión arterial y ritmo
cardiaco. Se presentan cambios de conducta y personalidad,
pudiendo presentarse casos de furia histérica y violencia
verbal y/o física.
Debido a que el efecto dura de 15 a 45 minutos, el adicto tiende a inhalar nuevamente la sustancia tóxica. Pueden presentarse nauseas, vómitos y anorexia. Inmediatamente después del uso pueden presentarse convulsiones, estado de coma, y muerte súbita por arritmia, fallas cardíacas, asfixia, o accidente vascular cerebral. Luego de algunas horas, pueden desarrollarse acumulación de líquido e inflamación de los pulmones (edema pulmonar), hipoxia o anoxia, neumonías, convulsiones. El uso repetido o crónico deja daño permanente en el organismo: temblores, falta de coordinación, pérdida del sentido del equilibrio, reducción de la memoria e inteligencia, estados de depresión o psicosis, infartos cerebrales, trastornos del lenguaje y la memoria, epilepsia, trastornos en la sensibilidad y movimiento de las extremidades, daño al hígado y riñones, leucemia, bronquitis crónica, ceguera, sordera, daño cerebral permanente, problemas respiratorios crónicos.
Daños fisicos que causan los quimicos inhalables
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