En 1867 se promovió en el Congreso Nacional una ley (N°215) por la que se establecía la extensión de la frontera sur hasta el Río Negro. Esto debia llevarse a cabo luego de finalizar la guerra con Paraguay. Como tareas previas, los jefes de los distintos puntos de vigilancia comenzaron a ocupar las aguadas, las bifurcaciones de caminos y otros lugares de vital importancia para el desplazamiento de las tropas, en una futura penetración hacia el sur.
A fines de 1870 se iban a iniciar estas operaciones, pero las luchas civiles de la provincia de Entre Ríos y la revolución de López Jordán lo impidieron.
En marzo de 1872, el cacique Cufulcurá, al frente de 6.000 naturales, atacó los partidos bonaerenses de Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio y se apoderó de 200.000 cabezas de ganado y de 500 cautivos, tras asesinar a 300 pobladores e incendiar sus viviendas. El 8 de marzo el general Ignacio Rivas, aliado con Catriel, venció a Cufulcurá, a quien sucedió su hijo Namuncurá.
Durante la presidencia de Nicolás Avellaneda (1874-1878), su ministro de Guerra y Marina, Adolfo Alsina implementó un proyecto defensivo y propuso al Congreso Nacional la conquista del desierto.
En 1875 se planteó en el gobierno nacional el avance de fuertes y fortines y la creación de nuevos pueblos, para extender las plantaciones, sembradíos y estancias. El plan consistía en ir rechazando al indio progresivamente, aunque con más rapidez que hasta allí, desalojándolo de las buenas tierras que ocupaban para entregarlas a los colonos balncos. El plan fue elaborado por Adolfo Alsina, ministro de guerra; se proponía aumentar el área de poblamiento de las fronteras, un hecho que la experiencia había mostrado dificil. "El plan del poder ejecutivo -decía Alsina en su informe al Congreso en 1877- es contra el desierto para poblarlo y no contra los indios para destruirlos".
Se dispuso llevar hacia el suroeste las líneas telegráficas existentes, para unir Buenos Aires con los fortines de la provincia y la tardanza en recibir los materiales requeridos de Europa retardó la iniciación de la marcha. La tropa fue provista de coraza, para que tuviese mejor defensa contra las lanzas enemigas.
SUBLEVACIÓN
Como las tierras que ocupaba Juan José Catriel con su tribu, en las proximidades de Azul, eran muy buenas y los indios no cultivaban, quiso lograr Alsina por medio de acuerdos con los aborígenes que se desplazaran hacia el oeste, donde donde se les organizaría militarmente como guardias nacionales a cambio de alimentación y vestuario. A fines de 1875 firmó, en efecto, un tratado con los indios de Azul, a consecuencia del cual quedaron algunos descontentos. Namuncurá organizó una sublevación general, contando con Juan José Catriel, Pincén y Baigorrita y sus indios de pelea. Catriel, aunque firmo en diciembre de 1875 una alianza con las tropas del gobierno, se puso en seguida de lado de Namuncurá y los malones se intensificaron.
La sublevación se inició en la tribu de Catriel y los otros caciques acudieron en su ayuda, formando un total de 3.500 a 4.000 lanceros. El frente de la invasión abarcó desde Tres Arroyos a Alvear; los indios penetraron profundamente hasta las poblaciones y estancias de Tandil, Azul y Tapalqué; asesinaron a soldados de los fortines sorprendidos y a pobladores, capturaron mujeres y niños, incendiaron poblaciones y viviendas y arrearon haciendas. Solamente en la zona de Tandil fueron asesinados unos 400 vecinos, tomados 500 cautivos y arreados 300.000 animales.
LAS TROPAS NACIONALES EN ACCIÓN
Las tropas nacionales de los sectores sur y oeste se pusieron en marcha contra la invsión; el teniente coronel Lorenzo Winter tenía el mando de esas fuerzas. El 1° de enero de 1876, en la laguna de La Tigra, al suroeste de Olavarría, fue hallada la masa principal de las huestes de Namuncurá y Catriel, unos 1.500 hombres. Los indios fueron nuevamente castigados y los sobrevivientes se alejaron dejando 170.000 vacunos, 30.000 yaguarizos, 40.000 lanares. La persecución llegó hasta el paso del arroyo Sauce, es decir, una extensión de más de 100 kilómetros.
En la región de Tapalqué, el coronel Conrado E. Vilegas salió del fuerte Lavalle hacia el Oeste el 2 de enero de 1876 y alcanzó una partida de 200 indios al oeste de San Carlos, quitándoles el producto de los saqueos.
Salvador Maldonado, con la división de la costa sur, atacó y venció en la Horqueta del Sauce a los indios de Rumay, unos 2.000; Rumay era hermano de Namuncurá,; la acción tuvo lugar el 10 de marzo. Los indios resistieron a pie la fusilería, y la artillería enemigas y fueron diezmados; se rehicieron y volvieron a atacar a las tropas de Donovan, siendo rechazados nuevamente.
La operación más importante fue la de la columna de las divisiones sur y de la costa sur al mando del coronel Nicolás Levalle, que culminó en el triunfo de Lagunas Paraguil, 80 km. al oeste de Juárez, el 18 de marzo. Los indios sumaban unos 3.000, pertenecientes a las tribus de Namuncurá, Catriel y Pincén, y avancaban como una tromba sobre Juárez, Tres Arroyos y Necochea. Levalle salió a su encuentro desde cerca del fortín Defensa y chocó con el enemigo un día de niebla, trabando combate cuerpo a cuerpo y al arma blanca. La lucha duro cinco horas y al despejarse el día se vio a los blancos rodeados por fuerzas numéricamente muy superiores y en situación fcrítica. La situación fue salvada por la reserva de Lavalle, el regimiento de caballería de Maldonado, que cargó sobre los indios diseminados a raíz de la lucha e hizo una gran matanza en ellos, salvándose los que pudieron con la fuga, pero abandonando la hacienda arreada.
Pasados esos reveses y sufridas esas pérdidas, los indios se replegaron buscando nuevas aguadas al oeste. Irritados al verse despojados de sus tierras, intensificaron las depredaciones y venganzas, aunque esta vez, frente a tropas veteranas y organizadas, sus malones habituales se hicieron más difíciles. Al retirarse con los arreos de hacienda de las estancias, con forzosa lentitud, tenían que dar cara al enemigo y en esos encuentros fueron sistemáticamente derrotados, aunque no aniquilados.
El Cacique Namuncurá, lo mismo que Catriel, fue perdiendo prestigio; desmoralizados por los constantes castigos y desastres, los indios se mostraron mas propensos a la aceptación del plan de Alsina.
En marzo de 1876, se inició el avance de la nueva línea de fronteras, empezando por el ala derecha. La división sur de Santa Fe, con 400 hombres, al mando del coronel Leopoldo Nelson, llego a su objetivo, Italó, el 25 de marzo. La división norte partió el 22 de marzo con 700 hombres del fuerte Lavalle a las órdenes de Conrado E. Villegas, llegando a Trenque Lauquen el 12 de abril sin hallar enemigos ni hostilidades en el trayecto, a pesar de tener cerca sus tolderías los ranqueles y Pincén; la división oeste, con unos 700 hombres también, al mando del coronel Freyre partió el 19 de marzo de San Carlos, batió el 30 del mismo mes a unos 300 lanceros de Catriel en arroyo Mello Leufú, cerca de Guaminí. La división sur, con unos 1.100 hombres, al mando de Lavalle, salió de Fuerte Lavalle el 14 de abril y el 22 se unió a la división costa sur de Maldonado, siguiendo luego a Pigué, su objetivo. Los indios no se opusieron y se instalaron al este de la zona ocupada. La división costa Sur salió el 15 de abril del fuerte San Martín con 800 hombres, al mando del coronel Maldonado, y se incorporó a la división sur de Lavalle.
Las nuevas líneas mantuvieron permanente exploración con el avance, pero evitaron el combate; construyeron jagueles en el trayecto, establecieron postas de enlace con la línea de fuertes dejadas atrás como reserva, y en la nuea línea se comenzó la construcción de fuertes, fortines y corrales y a cavar una trinchera de 3,5m de ancho y 2,6 de profundidad., aproximadamente, como un foso de la nueva línea defensiva, una especie de muralla china, pero invertida. Y en cada punto principal se inició la formación de un pueblo.
La nueva línea no contaba con obstáculos naturales protectores, como los que ofrecían más al sur los rios Colorado y Negro, pero tenía ventajas sobre la anterior.
Alsina se proponía partir de esa nueva linea para destruir las tolderías. Su larga línea, con una guarnición debil podía ser cruzada en cualquier parte por entre los fuertes y fortines, entre los cuales seguía subsistiendo el desierto. Pero con todo se habian conquistado 50.000 kilómetros cuadrados de buenas tierras y se acortó en cerca de 200 km. el frente de la frontera interior de Buenos Aires, aunque la seguridad de los pobladores y el fruto de su trabajo seguían en peligro.
CAMPAÑAS CONTRA PINCÉN Y CATRIEL EN 1876
Fuertes contingentes indígenas seguían amenazando la línea de la frontera, que defendía los sectores de Córdoba, San Luis y Mendoza, al mando del coronel Racedo, con los tenientes coroneles Ruiz Moreno y Tejedor, el todo al mando del general Julio A. Roca, en total unos 1.100 hombres. En 1876 disponían los indios del sur de la confederación pampa de Namuncurá, de 2.200 hombres de pelea más otros 6.600 de Renque Curá, hermano de Calfucurá, en los valles de losríos Negro y Colorado; de 760 lanceros más 3.000 de chusma de Catriel, al oeste de Guatraché; contingentes de de Pincén en la parte de Toay; otras fuerzas de los caciques Grande y Tripalao, en las Salinas Grandes; unos 600 ranqueles de pelea de los caciques Ramón, Mariano y Baigorrita, distribuidos entre Catriló, Leuvucó y Nahuel Mapú, al sur de San Luis; además indios pehuenches y muluches en la zona de río Grande y en las mesetas de los Andes, con caciques menores, a los que se adherían blancos chilenos en sus correrías al sur de Mendoza.
Namuncurá y Catriel, con 1.600 hombres, realizaron una invsión de represalia, cruzaron Olavarría, pasaron al este de la segunda línea y llegaron a Azul saqueando estancias y poblaciones y regresando con el botín. Antonio Donovan salió en busca de los invasores, que fueron alcanzados con su arreo y batidos, rescatando unos 50.000 vacunos, aunque el arreo are mucho mayor, y matando unos 100 indios.
Namuncurá y Renqué Curá , con 2.000 lanzas, penetran, a comienzos de octubre, por el sector centro sin ser advertidos, porque lso indios amigos encargados de la vigilancia se pasaron a los invasores. Garmendia se dirigió al suroeste en busca de los indígenas con tropas de los alrededores de Chivilcoy y las de su mando, y les quitó 9.000 animales después de causarles algunas bajas. Al día siguiente fue sorprendida la retaguardia de los invasores en la laguna del Cardón, a 35 km. de Quemú Quemú.
El 11 de octubre otra invasión encabezada por el cacique Coliqueo, que regresaba con su arreo y su botín desde las cercanías de de Bragado, fue batida en el mismo lugar, recuperando 20.000 animales.
El 2 de diciembre volvió Pincén a invadir el sector norte de Buenos Aires y regresó con hacienda de las orillas del Salado. Se reunieron las tropas de Junín y las de Fuerte Lavalle, al mando del coronel Manuel Sanabria, persiguieron a los invasores en direccion a fortín Triunfo, 70 km. al suroeste de Junín, los atacaron, causándoles muertos, y recuperaron yaguarizos y otros ganados.
En el sur de Mendoza hubo en noviembre una invasión indígena que arreó 5.000 animales.
Las invaciones y depredaciones indígenas querían neutralizar los planes de Alsina que proyectaban un nuevo avance de la frontera. La primera de ellas con una gran masa de indios de lanza y otras con núcleos de menos cuantía. Produjeron grandes daños, pérdidas de vidas, de hacienda y destrucciones. Las dos líneas fortificadas, que habían costado siete millones de duros, no habían sido obstáculo para que las cruzasen los indios, pero ya en los primeros meses de 1877 los indígenas, debilitados, no reincidieron en incursiones de magnitud, sino que se contentaron con pequeñas tentativas con fines de saqueo. Namuncurá quiso someterse a cambio de la provisión de víveres y de la devolución de sus tierras de Carhué, pero el gobierno rechazo sus pretenciones y desde mediados de año, Alsina resolvió iniciar las ofensivas previstas en el plan de 1875.
El 9 de octubre salió Teodoro García de Puán con 400 hombres, incluidos 80 indios amigos, en busca de Juan José Catriel, al oeste de Guatraché. Dos días después sorprendió las tolderías y una parte de los indios se rindieron y otros se dispersaron. Catriel tuvo 160 muertos, 65 prisioneros, 300 cautivos de chusma y varios centenares de animales rescatados.
El coronel Conrado E. Villegas se puso en marcha contra las tolderías de Pincén en Malal el 13 de noviembre con 170 hombres de un regimiento de caballería, y llegó cuatro días después a 40 km. de Toay; atacó las tolderías al amanecer del día 18 y los indios huyeron. La columna regresó a Trenque Lauren, considerando a Pincén enteramente vencido.
Hubo otras pequeñas expediciones de castigo contra los indígenas que se acercaban sigilosamente para robar las caballerías de los fuertes y fortines, incursiones que realizaban los ranqueles de Buenos Aires y otras tribus al sur de Mendoza.
Las penurias comenzaron a hacerse sentir en las tolderías y unos corrían elmriesgo de aventuras peligrosas en busca de hacienda y otros se entregaban en grupos a las guarniciones de la frontera como los caciques Ramón y Manuel Grande; o se alejaban hacia lugares menos peligrosos como el valle del río Colorado.
LA ZANJA DE ALSINA
Se llevó a cabo, la construcción de una zanja que debía cubrir toda la línea de la nueva frontera fijada por Alsina, que se iniciaba en Bahia Blanca, pasaba por el oeste de la sierra de la Ventana y por las lagunas Guaminí, Carhué, y Trenque Lauquen hasta la laguna Amarga, y desembocaba en el río Quinto, e incluía las estratégicas bases de Italó y Puán; seguía en la provincia de Santa Fe por Vutaló, en Córdoba por Río Cuarto y llegaba hasta San Rafael, en Mendoza. Esta zanja alcanzó a cubrir en Julio de 1877, 374 kilómetros de largo, aunque estuvo ideada para más de 600 kilómetros.
El proyecto de Alsina de defender el desierto conquistado por una larga y costosa zanja era una concepción de tipo faraónico, pero no era insalvable. Decía Alsina: "En este punto el gobierno está resuelto a no omitir gastos; ha de hacer el foso que dejo indicado, inviértase en él el tiempo que se invierta, debiendo tener 4 varas de ancho por 3 de profundidad y cayendo toda la tierra que se extraiga sobre la parte inferior." La dirección de las obras fue confiada al ingeniero Alfredo Ebelot. Entre Guaminí y Trenque Lauquen trabajaron dos regimientos de guardias nacionales y una cuadrilla de 60 a 80 peones; hacia el norte, hasta Italó, se contrató a una empresa privada que empleaba 300 personas. El foso-zanja tenia 2 metros de profundidad y 3 de anchura, y un parapeto de 1m de alto por 4,50m de ancho. El fondo era de solo 60cm. Variaba cuando el terreno era duro y rocoso. La nueva línea de la frontera estaba a cargo de seis comandancias con sus fuertes respectivos: Bahia Blanca: 89.000 metros; Puán: 80.000; Carhué: 52.000; Guaminí: 98.000; Trenque Lauquen: 152.000; Italó: 13.000. Se levantaron sobre esa linea 109 fortineas a una distancia de una legua, más o menos, uno de otro; en algunos casos la distancia era de hasta 4 leguas. Cada fortín se formaba en un terraplén circular rodeado de un foso, una pequeña habitación y un mangrullo para la observación, todo ello a cargo de un oficial y de ocho o diez soldados que debían realizar descubiertas diaramente a lo largo de la linea.
No obstante todos los inconvenientes y la inseguridad que dejaba la costosa zanja, las operaciones de Alsina dieron un incremento de 56.000 km cuadrados a la explotación ganadera; acortó 186 km. la frontera bonaerense que medía 610 km; empujó a los indios más lejos en el desierto; se instalaron al amparo de la conquista lograda cinco pueblos nuevos; se extendió la red telegráfica a las comandancias militares de los pueblos de Guaminí, Carhué y Puán recién fundados; se abrieron nuevos caminos.
LA MUERTE DE ALSINA
Alsina murió el 29 de diciembre de 1877, apenas construida la zanja. Había enfermado en su campamento de Carhué y tuvo que ser transportando en este grave estado a su domicilio en Buenos Aires. Mucho del plan previsto se había cumplido,; la frontera se habia acortado y se ganaron muchos millares de kilómetros de tierras, se fundaron pueblos y se extendieron las estancias y los cultivos. El coronel Lavalle fundó el pueblo Adolfo Alsina al margen del arroyo Pigué. El sucesor de Alsina fue el general Julio Argentino Roca, avezado militar de carrera. Roca nunca había estado de acuerdo con con el plan de Alsina, ni con la zanja, ni con ningún método defensivo. A su juicio, el mejor método para acabar con los indios, ya fuera extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del Río Negro, era la guerra ofensiva. Una ofensiva de gran alcance, una especie de malón invertido de las tropas nacionales contra las tolderías indigenas.
Para el ministerio de guerra y marina, vacante por el fallecimiento de Adolfo Alsina, fue designado en enero de 1878 el general Julio A. Roca, que había sido jefe de frontera recientemente y conocía por experiencia propia los territorios del sur, el clima, la posición de las tolderías y la calidad de sus ocupantes, su modo de combatir y el valor de sus combatientes.
Estanislao Zeballos hizo este comentario: "El doctor Alsina daba al indio mayor importancia y temía al desierto más de lo que en realidad era razonable, y de ahí esa negativa constante a marchar al río Negro, como primer y principal objetivo y su resolución de gastar ingentes caudales en preparar líneas paralelas y sucesivas, prosiguiendo el sistema trazadp por el conquistador español." Aunque no hay que perder de vista que la historia de las expediciones al desierto desde Martín Rodriguez a Emilio Mitre y otras no había sido más que una sucesión de sufriemientos y de desastres y que al iniciar Roca sus operaciones en 1878 los recursos militares eran mucho mas eficaces y los indios habían sido debilitados y diezmados en el curso de la acción de Alsina.
Concibió Roca, no una guerra con objetivos defensivos, como la que había hecho Alsina, después de adelantar la línea de la frontera, sino una campaña ofensiva, que juzgaba posible por disponer entonces de 6.000 soldados veteranos con armamento moderno, mientras el indio había sido duramente castigado en la reciente campaña. Propuso Roca al presidente una ofensiva general que partiría de la llamada zanja Alsina. Se proponía eliminar a los indios hasta la linea del río Negro y su prolongación aguas arriba por el río Neuquén, conteniendo luego a los aborígenes en esos rios.
Mientras se preparaba la campaña general continuarían las expediciones de menor alcance que había iniciado su antecesor contra las tolderías, para no dejar en paz a sus habitantes y privarlos de su ganado.
La linea de los ríos Negro y Neuquén era más corta y más facilmente defendible que la fijada hasta allí. La frontera representaba una pérdida continua de vidas y un alto costo financiero que gravitaba sobre el país; solamente las campañas de 1855 a 1858 causaron 2500 muertos y heridos en las fuerzas nacionales. Se aplacaba transitoriamente la lucha dando víveres, sueldos y grados de coronel y de general a los caciques sometidos después de haberse distinguido en las depredaciones. Calculó Roca que los ganados vendidos a Chile por los indios, producto de los malones, eran unas 40.000 cabezas al año. El alejamiento del indio de la zona de colonización de los blancos daría a estos una seguridad que hasta allí no habían tenido, además el país se vería libre de la sangría de sus cotingentes de la frontera, retirados del trabajo productivo, en una línea fortificada, pero no infranqueable.
Se dió orden de suspender la excavación de la zanja Alsina, cuando esta llevaba 374 km. de extensión; se ampliaron las lineas telegráficas; las tropas se prepararon para una guerra de gran movilidad; se eliminó la artillería, se libró a la tropa de las corazas, se acumuló gran cantidad de ganado para uso militar, se prepararon equipos, abastecimientos, servicios, etc; se intentó el sometimiento pacífico de los caciques, con ofertas de tierras, animales y útiles de trabajo, pero las gestiones pacíficas fracasaron. Los fondos de la campaña fueron reunidos, aunque no se contaba con el crédito exterior y amenazaba el conflicto con Chile.
OPERACIONES PRELIMINARES
Antes de la ofensiva general, se realizaron diversas operaciones de desagste y sorpresa. El coronel Levalle, en enero de 1878, con fuerzas de Carhué, Puhán y Guaminí, se dirigió a la tolderías de Namuncurá, que se trasladaron unos 100 km. al oeste, despues de perder 200 indios. El mayor Camilo García, en julio del mismo año, partiendo del sector de Bahía Blanca, avanzó hasta Guatraché, dispersó a 300 indios, tomándoles prisioneros y ganando. Teodoro García partió de Puán el 4 de octubre con 250 hombres para sorprender a la tribu de Gañumil, a 60km al oeste de Guatraché; allí sorprendió al enemigo, lo dispersó y tomó un centenar de prisioneros. El teniente coronel Freyre se dirigió al norte de Chiloé con 300 hombres, dio muerte a enemigos, tomó prisioneros y liberó cautivos. En el mismo mes, el coronel Racedo cayó sobre los toldos de Epumer Rosas, causó estragos en ellos y tomó unos 370 prisioneros. En el mismo período el coronel Winter, desde el sector de Bahía Blanca, hizo una exploración por ambas orillas del Colorado hasta Leuvú (Salado), destacando grupos de reconocimiento. Al regreso se informó sobre las tolderías de Catriel y decidió avanzar sobre ellas, pero el cacique eludió el encuentro; no obstante, logró capturar 120 indios de chusma y lanza. El 2 de noviembre salió el coronel Villegas de Trenque Lauren con 300 hombres, entre ellos 100 infantes y varios baqueanos, en busca de Pincén, y consiguió captirarlo en Malal, con otros 33 indios, aparte del rescate de cautivos y de hacienda.
El 8 de noviembre el teniente coronel Rudecindo Roca salió de Villa Mercedes, San Luis, con un batallón, un regimiento de caballería y algunos indios amigos, en busca del cacique Lucho; llegó el 14 a Leuvucó y el 18 a Poitahué, donde capturó 300 indios. Se detuvo allí a descansar y fue atacado el 21 por contingentes de Epumer y Baigorrita, a los cuales rechazó, regresando luego a su punto de partida.
El 10 de noviembre, el coronel L. Nelson se dirigió a la laguna de Trenel en busca de tolderías y no hallo indios. A fines de noviembre, el sargento mayor Germán Sosa salió hacia Toay, sorprendió tolderías, tomó prisioneros y dio muerte a algunos indígenas.
El 25 de noviembre, inició Nicolás Levalle una nueva expedición contra Namuncurá en Salinas Grandes, donde, segun se decía, este cacique preparaba una invsión. Los indios huyeron, los persiguió pero no pudo dar con Namuncurá, que se retiró hacia el Colorado.
El 11 de diciembre el coronel Eduardo Racedo volvió a expedicionar contra los ranqueles desde la frontera sur de Córdoba, en busca de Epomer y Baigorrita; adelantó dos fracciones, una a las órdenes del capitán Ambrosio, que tomo prisioner a Epumer y algunos indios, y la otra a las del mayor Sócrates Anayá, desde Catriló hasta Curru Mahuída. La columna de Racedo estuvo de regreso en enero de 1879 después de recorrer 400 km. de norte a sur y 150 de ese a oeste en su hostigamiento incesante contra los raqueles.
El teniente coronel Rufino Ortega, desde la frontera de Mendoza, hizo un reconocimiento ofensivo con unos 100 hombres hacia el sur del río Curuleuvú o Curileo. Otra expedición fue la emprendida por el teniente coronel Benito Herrero desde el 15 de enero de 1879 en el sector sur de Buenos Aires hacia los toldos de los ranqueles restantes.
En estas operaciones preliminares de la campaña del desierto, murieron o fueron capturados varios caciques principales, como Pincén y Epumer, pero quedaban todavía Namancurá y Baigorrita con fuerzas respetables, aunque ya relativamente ablandadas. En total se hicieron 23 expediciones menores desde mayo a diciembre de 1878; los indios tuvieron unas 5000 bajas entre muertos y prisioneros -entre ellos 68 caciques y capitanejos- y perdieron 14000 cabezas de ganado. Las bajas de las tropas nacionales fueron escasas; por otra parte se hizo un reconocimiento del terreno en el que haría proto su ofensiva general el ejército.
LA CAMPAÑA DECISIVA
El general Roca dispuso un ejército de 6000 hombres bien armados con 820 indios amigos, 7000 caballos, 1290 mulas, 270 bueyes. La operación a realizar estaba perfectamente articulada en abril de 1879. Se avanzaría en cinco columnas desde la línea de Alsina prolongada hacia el oeste para llegar a los ríos Negro y Neuquén y ocuparlos sin dejar indios bravos detrás.
La primera división al mando directo del general Roca se componia de 14440 hombres, distribuidos en tres regimientos de caballería, dos escuadrones de indios y dos batallones; partiría de Carhué y marcharía hacia el sur hasta Choele Choel, desde donde continuaría costeando el río Negro hacia el oeste.
La segunda división al mando del coronel Levalle, con unos 450 hombres, distribuidos en un regimiento de caballería, unescuadron de indios y un batallón, partiría de Carhué y seguiría hacia el oeste hasta Traurú Lauquen.
La tercera división, a las órdenes del coronel Edgardo Racedo, con unos 1300 hombres distribuidos en dos regimientos de caballería, un escuadrón de indios amigos y dos batallones, avanzaría desde Vila Mercedes y Fuerte Sarmiento para reunirse en Poitahué, al sur de Leuvucó; desde allí se destacarían contingentes para limpiar el territorio de indios hasta las márgenes del Salado o Chadileuvú y explorar el desierto.
La cuarta división, a las órdenes del teniente coronel Napoleón Uriburu, se componía de un batallón, dos compañias de guardias nacionales, un regimiento de caballería, ingenieros y baqueanos. Marcharia desde San Rafael por fuerte San Martin hacia Neuquén, estableciéndose al norte del río homónimo, pero antes debía limpiar de indios las franjas entre los ríos Barrancas, Colorado y Neuquén; luego instalaría una guardia en el paso utilizado por los indios para seguir desde el oeste hacia la pampa.
La quinta división, al mando del coronel Hilario Lagos, se componia de un regimiento de caballería y un batallón, debía partir de Trenque Lauquen y seguir al oeste por el camino de Toay o Malalpara detenerse allí, asegurando su retaguardia con pequeños fortines enguarnecidos. Un destacamiento de esa división, al mando de Godoy, saldría de Guaminí y se restablecería a la Columna en Nanincó.
Casi todas las tropas eran de línea; el movimiento previsto cortaba a los indios la retirada a la cordillera. Las columnas tenian aseguradas sus comunicaciones por rutas con agua y pastos, con caminos de enlace entre ellas; los indígenas no tenian otra opción que la de rendirse o sucumbir; se trataba de una operación de limpieza total, para poner término al dominio territorial de los aborígenes.
LA ACCIÓN DE LAS DIVERSAS COLUMNAS
La primera división, la de la izquierda, salió el 29 de abril de Carhué hacia el sur y destacó desde Puán un escuadrón a las órdenes de José S. Daza para reconocer aguadas y campos de pastos; debía seguir por Guatraché hasta río Colorado y Choele Choel en el río Negro: allí entraría en contacto con una expedición naval que remontaba el río Negro al mando del comandante Guerrico. La división llegó el 4 de mayo a Nueva Roma, el 10 al Colorado, que cruzo unos dias después; el 12 a Choique Mahuída, 70 kilómetros al noroeste de Choele Choel, donde dejó undestacamento. El 24 de mayo cruzó el suroeste y llegó en el día a río Negro, fremte a Choele Choel, despues de haber recorrido 700 km. Desde alli el general Roca, con 100 hombres de escolta al mando del teniente coronel Ignacio Fotheringham, salió el 2 de junio costeando aguas arriba el río y llegó a la confluencia del Limay y el Neuquén el 11 del mismo mes, a unos 90 km del campamento de la cuarta división al mando de Uriburu.
El 8 de Junio salió el mayor Jordán Witsochi hacia la costa sur de Patagones y llegó a Puerto San Antonio. El 13 de junio regresó Roca a Choele Choel, quedando en confluencia una pequeña fuerza para impedir el paso de los indios. Poco después dio Roca por cumplido su plan estratégico, destinó las divisiones 1 y 4 a las órdenes del coronel Villegas a la protección de la nueva frontera en el curso superior del río Negro y Neuquén y regreso a Buenos Aires; el resto de las unidades volvió a sus guarniciones.
La segunda división partió el 1 de Mayo hacia Traurú Lauquen (Acha) y llegó a su objetivo el 24 del mismo mes, despues de dejar guarniciones para cuatro fortines que hizo construir.
Una vez en contacto con la columna de Godoy y con la división de Racedo, la columna de Levalle, siguió su marcha hacia Lihuel Calel, donde acampó. Desde allí partieron grupos de exploración al mando de Camilo Herrera, Máximo Bedoya y Florencio Monteagudo; luego salieron otras fuerzas en busca de tolderías. La región fue recorrida en toda dirección; algunos destacamentos no tropezaron con indio alguno; otros hallaron pequeños grupos, matando a los que se resistieron y tomando prisioneros a los demás; a fines de junio no quedaban indios en esa parte de la pampa.
La tercera división, la de Racedo, inició su marcha en dos columnas el 10 de abril y se reunieron el 29 del mismo mes en la laguna del Médano Colorado, despues de construir en el trayecto algunos fortines. El 18 de mayo se halló en Poitahué, pero como escaseaban allí los pastos se dirigió a Pitre Lauquen. La captura de indios fue reducida, pues los ranqueles se habían refugiado con Baigorrita en las márgenes del salado o Chadileuvú. El teniente coronel Rudecindo Roca avanzo con 200 hombres sobre dicho rio para destruir esa concentración y capturar al cacique, pero la operación no dio resultado porque Baigorrita, advertido, huyó hacia el suroeste, y cayó con sus hombres en poder de la división de Uriburu, que los aniquiló. Toda la parte sur de San Luis y noroeste de La Pampa quedó libre de indios, víctimas al mismo tiempo de una epidemia de viruela. A fines de julio, la división de Racedo había cumplido su cometido y San Luis y Córdoba quedaron definitivamente libres de malones indígenas.
La cuarta división, la columna de la derecha, salió del fuerte San Martín el 21 de abril y llegó al Rio Grande el 23, donde descansó hasta el 27, el 30 estaba en un punto desde donde fueron adelantados víveres al río Neuquén y patrullas de exploración; el 2 de mayo llegó al rio Barrancas y el 5 a al punto sobre el Neuquén que hoy se llama Chos Malal, donde fundó el fuerte Cuarta División. La vanguardia destrozó los toldos de Peuyemán, el cual resultó muerto con otros 14 indios más, ; fueron tomados 60 prisioneros, casi todos ranqueles que emigraban hacia la cordillera. El 12 reanudó la marcha hacia el sur, el 19 cruzó el río Agro. Los indios picunches de la región se habían refugiado en la cordillera con su cacique Purrán. El mayor Illescas persiguió a un grupo de indios de Painé, procedente de la pampa, siendo apresado el cacique y otros 60 más. Los capturados dijeron que Baigorrita huía de la persecución de otras columnas; el 21 la cuarta división se hallaba en la confluencia del Covuncó y el Neuquén, donde se detuvo. El 22 fue destacado el mayor Torres con el objeto de ocupar el paso del camino desde la pampa por el río Neuquén, el 11 de junio Torres sorprendió a un grupo de ranqueles pampeanos que buscaba amparo en los toldos de Purrán; fueron capturados 100 de ellos. Asi fueron cayendo sucsivamente nuevos contingentes de fugitivos en los pasos y vados, cuando huían de la pampa acosados por las otras divisiones y buscaban refugio en los valles cordilleranos sin conocer la presencia de la división de Uriburu y de la de Roca. Llegaban a Neuquén enfermos, sedientos, cansados y algunos, a pie, habiendo dejado en e camino del éxodo mujeres, viejos y niños muertos y eran capturados o muertos cuando ya se consideraban a salvo. En ese período fue muerto Baigorrita.
La cuarta división cruzo 500 kilómetros de territorio difícil, soportando frios intensos hasta los doce grados bajo cero, por sendas o sin ellas. Pero en tres meses de campaña cumplió su misión y dejo libre de indios el territorio al sur de Mendoza hasta el río Neuquén.
La quinta división salió de Trenque Lauquen el 2 de mayo, llego el 23 a Luan Lauquén y quedó allí, en contacto con las divisiones vecinas. La columna de Godoy salió de Guaminí el mismo día y recorrió 200 km en busca de tolderías, llegando el 12 a Nanincó sin haber hallado ninguna, tan solo el 13 capturó 25 indios y algunos más en su avance posterior, rescatando cautivos y causando la muerte de algunos que se resistieron; el 22 fue alcanzado y muerto el cacique Lemunier. El 9 de junio llegó Godoy al campamento de Lagos con 270 prisioneros de pelea y 470 de chusma, 40 cautivos liberados, dando muerte a 36 indios, sin ninguna baja en las fuerzas nacionales.
La expedición de Roca no solo dió al gobierno nacional el dominio de grandes territorios hasta allí practicamente inaccesibles para la empresa colonizadora, sino que ofreció valiosa información de caracter científico. Hombres de ciencia de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba se sumaron a los expedicionarios con fines científicos: Pablo Lorentz, Adolfo Doring, Gustavo Niederlein, Federico Schulz, Alfredo Ebelot -que ya había colaborado con Alsina- y otros, aparte de la acción de los misioneros Cagliero, Antonio Spinosa, Costamagna, y Botta. Cagliero fue luego un cardenal ilustre de la Iglesia que no olvidó nunca su acción misionera en las regiones patagónicas.
SÍNTESIS DE LA CAMPAÑA
En tres meses de operaciones de limpieza a cargo del ejército nacional se dio muerte a 6 caciques principales, 1.600 indios de pelea murieron o cayeron prisioneros, 10.500 de chusma fueron capturados y 1.500 reducidos; al terminar la campaña solo quedaban algunos núcleos indígenas al sur del río Negro y Neuquén, en especial en los valles cordilleranos. El plan de Roca tuvo excelente preparación en la campaña anterior de Alsina y en las exploraciones ofensivas que se realizaron por orden suya antes de la campaña final. Esta vez se quería eliminar definitivamente todo de parte de los indios en el territorio nacional, cuyas tierras, antes patrimonio de esos moradores, fuewron conquistadas para entregarlas a la colonización de los inmigrantes europeos y de los hacendados y especuladores criollos. Los malones aborígenesfueron suprimidos y los establecimientos ganaderos se expandieron hacia el sur en las provincias de Mendoza, San Luis, Córdoba y Buenos Aires. Se integraron practicamente a la soberanía efectiva del país 550.000 kilómetros cuadrados que antes no eran más que nominalmente parte del territorio nacional.
En conocimiento de lo ocurrido, los caciques de las tribus al sur del río Neuquén buscaron la paz, y ya durante el resto de 1879 Renque Curá, Sayhueque y otros entraron en tratos con el gobierno y se mantuvieron tranquilos.
Cuando Roca asumió la presidencia en 1880, no estando satisfecho aún con su primer avance, encomendó a su ministro de guerra, el general Benjamín Victorica, nuevas operaciones contra los indígenas. Éste envio al comandante de la línea de rio Negro, el coronel Conrado Villegas, al mando de una expedición sobre el territorio de Neuquén, lugar en que se refugiaban las tribus que todavía permanecían hostiles. Villegas rastrilló y limpió toda esa región y, en abril de 1881, sus tres brigadas, a las órdenes de Vintter, Bernal y Rufino Ortega, se unieron a las orillas del Nahuel Huapi. En este lugar, Villegas comprobó la necesidad de reforzar los pasos cordilleranos, pues, los indios podian continuar con sus invasiones desde Chile. Además, estos tenían conocimiento de que Villegas había tenido que replegarse hasta sus anteriores guarniciones por no estar sus hombres equipados para soportar las bajas temperaturas del invierno en la zona precordillerana. Por esta razón, iniciándose la primaverda de 1882, inició una avanzada de la línea militar hacia la propia cordillera y efectuó minuciosas batidas hasta el mismo límite con Chile. De esta manera, Villegas aseguró la frontera austral en forma definitiva y los indios, imposibilitados de realizar ninguna acción se sometieron a él, con Namuncurá a la cabeza, en marzo de 1884.
Mas o menos simultáneamente con la acción de Villegas, se desarrolló en la Patagonia la etapa final de la guerra contra el indio. Como gobernador de la misma y jefe de la guarnición estaba el general Lorenzo Vintter, quen, entre fines de 1883 y principios de 1884 inició una campaña contra las tribus rebeldes del poderoso cacique Sayhueque. de Inakayal y de Foguel. Vinter salio vencedor de la misma y tomó prisioneros a los caciques y a alrededor de 3500 indígenas de lanza. Estas operaciones permitieron la instalación definitiva de poblaciones estables, tales como Conesa y Pringles en río Negro, Chaos Malal y Junín de los Andes en Neuquén y Acha y Vctorica en La Pampa.
ESPÍRITU DE LA CAMPAÑA DE ROCA
Es oportuno hacer notar que la conquista del desierto fue la lucha más larga de nuestra historia, pues no olvidemos que se inició en la época colonial, siendo superada en el año 1885, en los confines patagónicos.
Con la ocupación de la Patagonia realizada por el General Roca y sus fuerzas, en el año 1879, significó al par que el fin del azote que sufría el país, la consolidación de soberanía sobre casi medio país, que era ambicionado por Chile en el siglo XIX. Los indios y sus malones no solo aniquilaron poblaciones y obligaron a distraer fuerzas en la frontera, indispensables para tratar de mantener la paz interna tan alterada en esa época, sino que también su rapiña ganadera llegó al punto de establecer los mismos precios de la hacienda en todo el continente.
Los malones sustraían el ganado del territorio argentino, de las estancias de las provincia de Buenos Aires y escapaban para Chile, por el lugar llamado precisamente "el camino de los chilenos", y ante una queja de las autoridades argentinas a los gobernantes trasandinos llegaron a decir que estaban inhibidos de frenar sus robos, pues la Constitución garantizaba la "libre empresa".
La convivencia de ciertos indígenas, verdad es que también hubo muchos leales, con quienes pretendían nuestro territorio llevó al general Roca a decir: "Casi todos los caciques de esas tribus acuden al llamado de las autoridades chilenas y el principal de todos esos, Feliciano Purrán, quien tiene su residencia en el campanario, 12 leguas al sur de Neuquén. titulándose gobernador o general, recibe sueldos del gobierno chileno para hacer sus intereses." Esto lo expresa en el boletin informativo N° 22 de la asociación de expedicionarios al desierto.
En 1874, las elecciones presidenciales proclaman al doctor Nicolás Avellaneda como primer magustrado de la Nación. Bartolomé Mitre, no conforme con ese resultado, provoca una revolución, alegando fraudes electorales. Lo secundó el general Rivas en Buenos Aires. El entonces coronel Roca, jefe de la frontera sur, derrotó al comandante Arreondo en Santa Rosa (Mendoza).
Todo esto convulsiona al país y atrasa el avance de las fronteras internas. Hubo nuevas invasiones indígenas ya que los vencidos se apoyaban en los caciques Cipriano y Juan José Catriel.
Normalizada la situación política y militar, el doctor Alsina, ministro de guerra del presidente Avellaneda, (que posteriormente sería remplazado por Roca) se dedico a organizar un plan defensivo contra los indigenas, y asi comienzan entonces, las campañas del desierto...
JULIO CÉSAR DE LA VEGA – Consultor de historia Argentina.
OLGA GABRIELA FULCO DE CASACCIA – Campañas del desierto.
Se extrajeron datos de apunte basado en la siguiente bibliografía:
TRABAJO REALIZADO POR:
ALEJANDRO DANINO
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