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El cristianismo judío de un chueta pobre




Partes: 1, 2

  1. En la Espiritualidad de la Infancia
  2. Un Sueño Iniciático en el Astral
  3. Unificando 500 años de Historia en Mallorca
  4. Por los Tejados del Vaticano
  5. Las Pasiones de un Yesero Pintor
  6. La religión de la Conciencia
  7. La Iglesia Pobre de Cristo
  8. El Profeta del 3er Milenio
  9. La Biblioteca del Espíritu
  10. Carta abierta al papa católico
  11. Provocación
  12. Bibliografia

Introducción

Después de un riguroso estudio sobre los descendientes de judíos conversos en Mallorca llamados chuetas, Baruch Braunstein, historiador y rabino nacido en Pelsilvania, en su tesis titulada "The chuetas of Majorca. Conversos and the Inquisition of Majorca" (Ktav Publishing House, Inc., Nova York, 1972) y publicado por Ediciones Curial. Barcelona 1976, definió a un curioso personaje del siglo XX, en plena era franquista, de esta manera:

"En el año 1959 un tal Cayetano Martí Valls realizó una lista compuesta entre aquellos chuetas aislados durante más de 500 años, con tal de saber quienes deseaban emigrar a Israel bajo su dirección para volver a su tierra y abrazar de nuevo la fe judía. Treinta familias formaron esa lista, toda compuesta de nombres que podían haber sido sacados de documentos inquisitoriales. Parece totalmente increíble la historia de este grupo establecido primero por la presión exterior y más tarde por la propia decisión de aislarse de la presión de las gentes de la isla. Es una historia trágica, iluminada con momentos de heroísmo y con un gran idealismo...."

Y es que en todos los lugares de nuestro planeta azul y a la sombra de los acontecimientos relevantes que van cambiando el rumbo de la historia humana, existen personas que por su idiosincrasia personal, el vigor y la cordura que les otorga la vida, se transforman en focos de luz que van aclarando el devenir de los tiempos e iluminando las zonas oscuras de nuestra malograda cultura occidental.

En este caso concreto, se repite el mismo hecho histórico de los antiguos profetas y filósofos que superando las teorías, las tesis y las conjeturas, dieron paso a la provocación de la experiencia vivida tal y como ha hecho nuestro personaje, que sin tener estudios ni carrera, ha convertido su vida y su ejemplo en un legado humano que ha tenido que tenerse en cuenta, aunque sean extranjeros los que abran las puertas a estos acontecimientos humanos ante la ceguera de los que esconden su propia historia. Dicha provocación surge cuando el personaje en cuestión, Cayetano Martí Valls, rompe el silencio histórico de su condición de descendiente israelita y destapa el gran reto espiritual que esconde nuestra cultura judeocristiana, el cristianismo judío dado por un chueta pobre. Si bien no es nada nuevo el hecho que se ha repetido a lo largo de la historia en pequeños conatos de personajes conocidos como Ramón Llull, es obvio empero que jamás se había planteado tan claramente como lo hace el personaje en cuestión.

Y es que ya estamos siendo testigos del resurgir de una nueva forma de pensar, sentir y vivir, de un cristianismo desconocido por la mayoría, el cristianismo primitivo judío perseguido durante siglos, o lo que es lo mismo, el retorno de la comprensión de una sencilla iglesia o sinagoga pobre, doméstica, fuera de la retórica organizativa y de postulados que han matado históricamente el espíritu humano; esto nos lleva a plantear una serie de preguntas de corte histórico que está conformando el telón de fondo, ya no sólo de la isla del Mediterráneo llamada Mallorca cuna de este resurgir, sino de toda la orbe cristiana actual; ¿es éste un fenómeno aislado, condicionado por unos hechos históricos exclusivos del Mediterráneo o es un fenómeno creciente que surge bajo la experiencia del espíritu humano cuando se libera de todas las ataduras sociales y sobre todo religiosas?.

Sin duda alguna estas dos preguntas como tantas otras planteadas con total libertad, ayudan a aclarar toda esta confusión que nos envuelve y que durante siglos nunca se ha visto con claridad. Indudablemente no es cuestión de buscar entre papeles o encuestas las respuestas a esta muy posible realidad cristiana de este sencillo yesero chueta, aunque no sería mala idea para los historiadores repasar el éxodo israelita y su expansión por el Mediterráneo y los tumultuosos años en que esto ocurrió, ya que nuestro personaje tiene bien claro que el cristianismo pobre y judío que le ha sido transmitido no tiene nada que ver con Roma y sus satélites, y mucho menos con la joven Norteamérica que ha ido inundando el mundo con su supermercado religioso, sobre todo en este último siglo.

Es un reto para los defensores de esta llamada cultura judeocristiana reconocer que sus antecesores se han equivocado al asentar las bases de nuestra civilización occidental bajo una ostentosa interpretación religiosa que tiene como principal protagonista a un obrero carpintero judío, Jesús de Nazareth, reto que tendrán que asumir en el transcurso de los venideros años cuando ya no haya lugar a dudas sobre cual fue la realidad humana no sólo del carpintero Jesús sino de los obreros que le apoyaron y se identificaron con él. Cayetano Martí, queramos o no queramos, sigue y seguirá siendo ese eslabón encontrado que conectará a aquella primitiva realidad espiritual cristiana que hoy por hoy es necesaria destapar para tener un punto de referencia en la Hª. de la espiritualidad humana.

Pero sea cual fuere el motivo por el cual nuestro personaje ha sido inspirado para sacar a la luz este legado de cristianismo judío, el hecho está en que Mallorca se ha convertido en un foco muy importante de investigación para muchos historiadores que en el transcurso de estos últimos años todavía no han sabido descifrar con exactitud cuestiones tan evidentes como la venida de judíos a la isla de la cual hemos hablado y por consiguiente de cristianos judíos, por lo que nos hace sospechar que siguen existiendo grandes intereses por mantener tapada esta verdad histórica que trataremos de evidenciar bajo la única realidad comprensible para todos, la realidad de la razón y de la justicia.

Pero antes de derivar en una larga conversación en donde el protagonista de esta historia humana dé rienda suelta a su bagaje espiritual, es obvio que antes el lector adquiera unos ligeros conocimientos de las circunstancias humanas que han envuelto al personaje a través de su vida y que harán más fácil percibir con sensibilidad aquello que a continuación quedará plasmado en esta carismática y profunda entrevista.

Fue en 1918, bajo una impresionante epidemia de gripe que afectó a toda Mallorca y en donde murieron miles de isleños, cuando Lucía Valls Aguiló y Bartolomé Martí Forteza, de condición obrera y padres de Cayetano, tuvieron a éste en Inca, localidad situada en el centro de la isla, quedando desde muy joven huérfano de su padre. A partir de entonces su abuelo Onofre Valls Aguiló, chueta, hombre robusto y muy temperamental, se hizo cargo de éste y de su hermano José Valls trabajando de peón en el muelle de la capital, Palma.

Durante su infancia, el abuelo fue trasmitiéndole a modo de sencillas enseñanzas, ligeros recuerdos del cristianismo judío que había ido conservando de manera oral, incitándole así a no depender de ninguna de las dos formas culturales del momento, conocidas como judaísmo y catolicismo.

Este profundo sentimiento de libertad espiritual le fue marcando como pauta en su vida. Pero no solamente era la tradición oral el punto de comprensión del cristianismo que descubría ante él; ya se ha dicho que el ser humano sin experiencias es como un baúl de recuerdos vacío y en el caso de este polifacético personaje heterodoxo, la experiencia la fue conformando a través de su conexión espiritual con el mundo de los sueños, hoy conocida como viaje astral. Pero este aspecto es el que menos se puede desarrollar bajo una explicación introductiva, por lo que conviene para su mayor comprensión, que el mismo personaje sea a través de su experiencia propia y sus palabras el que dé conocimiento de este hecho, algo que facilitará en gran manera la comprensión necesaria que se ha de tener para entender todo lo que espiritualmente envuelve a nuestro protagonista.

Pero fue con la muerte de su abuelo Onofre cuando nuestro interlocutor se lanzó a la investigación autodidacta de las religiones que aparecían a su alrededor y de esta manera sobre 1940 trabajando de yesero y en los ratos libres, fue investigando una por una aquellas denominaciones llamadas cristianas, comprobando la gran diferencia existente entre el cristianismo judío que había heredado y las organizaciones religiosas que bajo el nombre de cristianas aparecían en su vida.

Dicha trayectoria fue curiosamente seguida de cerca por los medios de comunicación que no tardaron en calificarle con el sobrenombre de "el Ghandi mallorquín"; desde visionario, utópico, autodidacta, universalista, etc., hasta el punto de ser considerado "un grito profético" dentro de la geografía isleña por el mismo obispo Teodoro Úbeda, Cayetano Martí ha desatado en distintas épocas de su vida auténticas revoluciones humanísticas. Sus continuos saltos por las distintas confesiones religiosas y por la comunidad judía internacional le llevaron a cartearse con la Reina Isabel de Inglaterra y con el primer presidente de Israel David Ben Gurión. Su extensa correspondencia de 50 años le ha permitido llegar a contactar con personas de casi todo el mundo y de todas las clases sociales, inclusive con el mismo Vaticano de Roma en donde desde hace años retienen sus mensajes y tienen buen conocimiento del cristianismo judío de este chueta pobre.

A pesar de ser tuerto desde su infancia, su visión amplia y universal sobre la vida ha sido comparable con la del propio filósofo y místico catalán nacido en Mallorca Ramón Llull y si bien son dos mundos distintos separados por 700 años de historia, un mismo espíritu de sincretismo desató la pasión de universalizar sus vidas, hecho que todavía sigue siendo novedoso hasta nuestro días.

Pero el sincretismo de nuestro personaje no se basa en el aspecto intelectual, cultural o filosófico que tan arduamente buscan estudiar los amantes de la filosofía luliana, sino en el más puro sentimiento de justicia humana que denota su condición obrera y su descendencia cristiana primitiva. Su condición obrera le ha llevado a defender con orgullo los aspectos más punzantes del cristianismo judío pobre en un marco social en donde todas las referencias hacia el tema judío iban dirigidas a acusar de materialismo y caciquismo a quienes descendían de conversos en Mallorca. Indudablemente este aspecto cristiano de justicia social dentro de la orbe religiosa imperante en nuestra sociedad actual, ha sido la espinilla histórica que más se ha tratado de ocultar, ya que entra en conflicto directo con la explotación del hombre por el hombre y deja en evidencia la diferencia existente entre las iglesias ricas históricamente constantinianas y el cristianismo pobre que en el caso de Cayetano y de Mallorca surge como algo autóctono de la historia de la isla y de algunas de sus gentes.

Así pues nos encontramos hoy día ante un hecho muy difícil de calibrar, aunque ciertamente y frente a las condiciones históricas que vivimos, cualquier cosa puede ocurrir que cambie el rumbo del pensamiento humano y si bien el cristianismo católico y protestante está hoy día en tela de juicio y bajo sospecha por los detractores de su bárbara historia, es hora ya de que se comience a investigar y experimentar los acontecimientos que tanto hace 2000 años atrás como en la actualidad han estado conformando un espíritu crítico pero constructivo de espiritualidad humana al margen de las organizaciones religiosas.

El trabajo de nuestro personaje cuyo mérito es múltiple, ya no sólo por conservar y estudiar en sí mismo y a su alrededor el contenido oral de su vida, sino por atreverse a lanzar a la humanidad esta realidad espiritual desde su condición sencilla de chueta pobre, es un gran paso en esa aventura humana de trasformación íntegra espiritual que tan necesaria es desarrollar desde el interior de cada individuo.

Será como dice la curia romana un grito profético lo de Cayetano Martí, permitiendo el retorno literal del cristianismo pobre del carpintero y por lo tanto esa famosa venida del Cristo Universal a la conciencia humana, pero el hecho real es que nuestro personaje ha descubierto la manera de restaurar el cristianismo integral sin necesidad de organizar nada y de esta manera dar a conocer la Iglesia Pobre de Cristo que 2000 años atrás quedó olvidada y que hoy forma parte inseparable de la cultura contemporánea actual como ya ocurre en Mallorca.

Cayetano Martí Valls, chueta obrero, casado y con 78 años de edad nos vuelve a revolucionar el espíritu como lo hicieron los antiguos profetas, en su más anárquica independencia de lo establecido, pero bajo un profundo respeto hacia el ser humano que es el motivo de su universal sentimiento cristiano, sentimiento que brotará desde los rincones del espíritu humano sensible y hará reconocer a los detractores de la verdad que es mejor tener cerca a un enemigo como él, que a muchos amigos en la mentira.

Así pues, sirvan estas palabras a modo de entrevista de aliento al espíritu humano y como decían aquellos antiguos profetas, "quien tenga ojos vea, quien tenga espíritu sienta".

En la Espiritualidad de la Infancia

Cayetano Martí es una hombre pequeño, canoso, tuerto del ojo derecho y encorvado por el peso de sus 78 años de edad y de la artrósica humedad de la isla de Mallorca a la cual pastando yeso dedicó gran parte de su vida laboral. Reside en un humilde cuarto piso junto con su esposa Magdalena y su hermano José y son pocos los momentos en que la soledad hace residencia en su casa, ya que ésta es un continuo devenir de personas en busca de sus alentadoras palabras y de esa amistad que va mas allá de convencionalismos sociales.

Resulta difícil crearle un repertorio de preguntas con las que iniciar este ligero repaso por su vida, ya que Cayetano, como dice su esposa, habla por los codos y hemos comprobado que esto es así desde el primer momento. Por esto la entrevista no se revestirá del tono interrogativo como suele hacerse en estos casos, ya que en esta ocasión resulta evidente que el personaje no necesita de muletas para destapar su vida y su misticismo sobre ella, algo que sabe hacer con toda naturalidad y con una sorprendente dialéctica basada en las antiguas y proféticas parábolas, vocabulario sencillo que a modo intuitivo o de inspiración espontánea le surge en su conversación, como podremos apreciar de ahora en adelante.

–Nací en Inca, Mallorca, y a la edad de un año o dos me trajeron a Palma en donde fui a vivir con mis padres a La Plaza de la Paja, al lado del Temple (antigua casa del rabinato judío). Recuerdo que cuando ya tenía cinco o seis años de edad empecé a formar una pandillita de niños por la plaza y jugábamos, pero yo era el jefe de la pandilla; y me acuerdo que entrábamos en la Iglesia del Socorro con unos cromos y estampitas que se pegaban y las poníamos encima de los bancos cuando se iban a sentar las beatas y cuando se levantaban se lo llevaban pegado en el vestido y nosotros, venga a reír, aunque en algunas ocasiones el cura se daba cuenta y nos perseguía; de esto sí que me acuerdo bien.

Pero sobre los nueve años de edad, en nuestra casa, después de morir mi padre, había mucha necesidad y mi madre me puso a trabajar con un herrero en esa misma plaza, al lado de nuestra casa. Así que solo pude ir a la escuela muy pocas semanas, al llamado Patronato Obrero, dirigido por un jesuita llamado padre Vives que hacía escuela, pero enseñaba más a rezar que otra cosa. Allí aprendí las primeras letras y nada más; o sea, que he tenido que ir aprendiendo a leer y a escribir un poco yo solo. Más tarde, desde los nueve a los catorce años trabajé de mozo de herrero y un poco de carpintero, pero sobre la edad de catorce años ya empecé a trabajar de yesero, oficio que he ejercido toda mi vida hasta mi jubilación. Ahora bien, con nosotros, vivían mi abuelo y mi abuela por parte de mi madre, ya que los padres de mi padre habían muerto.

Pero el asunto está que mi abuelo, un hombre alto, robusto y con mucho temperamento, siempre trataba de darme toda clase de explicaciones acerca del "Bon Jesús", el Bon Mestre –el Buen Jesús, el Buen Maestro–, como siempre hemos dicho en mi casa; y así continuó el hecho de la "tradición". Él me iba contando todo lo que ya le habían contado sus padres, sus abuelos, etc., de un Jesús de Nazareth que era totalmente desconocido por los católicos, que chocaba con todo lo predicado, hasta que un día yo le dije: –Abuelo, ¿dónde tienes la Biblia?–, –¿la Biblia?, yo no he leído nunca la Biblia–, me dijo, –entonces, ¿cómo es que me hablas de Jesús y de todo esto?–, –Todo lo llevo dentro de la cabeza y del corazón, de lo que me han contado a mí y que ahora te lo cuento yo a ti–.

O sea, que este cristianismo que me enseñaron fue para mí un regalo enorme, que con el paso del tiempo he ido comprendiendo cada vez más su auténtico significado y que ha sido y es el motivo principal de mi vida.

Y para entender un poco todo esto que os digo me remontaré a algunos ejemplos que de mi infancia tengo de todo esto; como aquel día que vinieron unos señores de la asociación católica llamada San Vicente de Paul a nuestra casa, pues daban unas tarjetas para poder ir a buscar un poco de leche, pan, o un poco de carne, etc.; pero en ese caso vinieron con un retrato de "el corazón de Jesús" y un trozo de trapo rojo, el cual era para entronizar, según ellos, colocándolo a la pared y rezando unas oraciones suyas; yo era muy joven y no comprendía aquello. Al cabo de dos o tres días, mi abuelo, muy aficionado a realizar remiendos caseros, sacó de entre las pocas herramientas que tenía una sierra de esas antiguas, con la hoja que se estira a base de unas cuerdas, y buscó un lugar para colgarla y en un pedacito de pared enfrente del retrato que habían colocado aquella gente, colocó él la sierra vieja. –Abuelo, -dije yo- ¿y ahora por qué cuelgas esta sierra aquí?; y mi abuelo riéndose me dijo, –Bueno, ahora empezaré a contarte una serie de cosas que has de saber. Esta sierra la he puesto al lado de lo que han traído estos señores, porque lo que han traído quiere representar al Buen Jesús, al Buen Maestro, pero este Buen Maestro trabajaba de carpintero, y es por eso que he puesto la sierra enfrente, para que no se olvide esto–. Entonces me acuerdo que pasaron unos días y vinieron de nuevo estos señores a rezar y me di cuenta que en vez de prestar atención a lo que rezaban, no dejaban de mirar la sierra que estaba bien visible al lado del cuadro que pusieron; pero no dijeron nada.

Pero detalles como éstos se fueron sucediendo continuamente en el transcurso de mi infancia; cosas como realizar misas en la calle para mis amiguitos, con un cajón viejo y una vela y algunas estampitas, así como cuando me metía debajo de una mesa pequeña y vieja de la cocina de mi madre me sentía como si estuviese dentro de una gran catedral, eran sentimientos y recuerdos que se fueron aclarando a medida que iba creciendo.

Recuerdo como si fuera ayer, aquel día de verano siendo yo un niño, que sobre el atardecer jugaba con mis amiguitos por la calle y, como era costumbre, las gentes sacaban sus sillas a los portales para hacer tertulia, ya que no había apenas circulación y se podía hablar; y mis amiguitos me decían –Cayetano, nos dirás cuantos palomos tiene maestro Juan y maestro Antonio en la boardilla–, si, ya os lo diré mañana, esta noche iré. Mi madre, que estaba hablando con unas vecinas al lado de nosotros me oyó, y se giró diciéndome, –¿Qué es esto?, que vea yo que subes al palomar de maestro Juan o maestro Antonio sin permiso– no mamá, le dije, yo voy por las noches, volando, –ah, si vas volando puedes ir–. Entonces mi madre se dirigió a las vecinas y les dijo –hay que ver estos niños, la fantasía que tienen–.

Fue pasando el tiempo y los años, y mi madre un día me dijo –y yo que creía que aquello era cosas de niños, ¿podrás ir a visitar a madò María?–, una mujer que sufría del vientre, amiga de mi madre, pero que vivía en un pueblo de Mallorca y yo iba por las noches a darle un poco de consuelo, pero soñando, o sea, en el astral, como suelen decir ahora a estas cosas. Y cada noche iba a varios sitios siempre para ayudar desde el astral.

Con el paso del tiempo me fui dando cuenta del porqué siempre estaba rodeado de niños siendo yo el jefe de la pandilla, aunque eran ellos mismos los que me buscaban para ser el jefe. Era tan fuerte la adicción a mí, que las madres de mis amiguitos cuando querían castigar a sus hijos les bastaba decirles que no irían a jugar con Cayetano y para ellos era un castigo muy grande. O de aquel día que después de insistirle un montón de veces a mi madre para no llevar corbata, como era costumbre, al final mi madre me dio por imposible, y orgulloso me fui con mis amigos y todos empezaron a preguntarme el porqué no llevaba corbata, yo les dije –para no ser como los demás, yo quiero ser diferente a los demás–. Así que todos empezaron a no querer llevar corbata poniendo algunos la excusa de mí y siendo castigados aún más, pero yo ya les daba ideas de que tenían que ser ellos y no hacer las cosas porque lo hacen los demás, aunque fuese yo el jefe.

Entre juego y juego se establecía un dialogo sencillo con el Bon Jesús, al Buen Maestro al cual siempre me dirigía de manera espontánea, casi siempre para pedirle cosas. Y recordando siempre las palabras del abuelo cuando me decía que no me preocupara si el mundo se tambaleara, pues el que lo ha hecho sabrá hacer otro nuevo; cuando estábamos en la plaza de La Paja, vivíamos en una casa muy vieja que para entrar había que bajar un par de escalones, así que cuando llovía mucho el agua entraba dentro de la casa. Y un día llovió tanto que cuando vi que estaba entrando mucho dentro de la casa me asusté y me fui corriendo a un Cristo de madera muy viejo que teníamos en casa, y subiendo unos escalones me ponía a hablarle diciendo; ¡Maestro, tienes que parar la lluvia, que nos llega ya dentro de la casa!. Recuerdo como si fuera ayer que a los pocos minutos escasos paró la lluvia y me fui corriendo al Cristo de madera y le dije; ¡Gracias Maestro!, saliendo a jugar luego a la calle con mis amiguitos.

Así pues, este contacto u oración directa con el Buen Maestro, con el Cristo, es desde pequeño, como el viaje astral o las reuniones que desde los 16 años llevo dando en mi casa, tratando de dar a entender el hecho de este cristianismo sencillo, pobre y judío que tan pocos conocen.

Pero mi intriga era saber cosas acerca de lo que me contaba mi abuelo y fue así como iba descubriendo el cristianismo sencillo que residía en mi familia, una familia de descendencia chueta de la cual mi abuelo se enorgullecía. Tanto era así que un día estábamos en casa y mi abuelo, como he dicho antes, muy temperamental y que no escatimaba palabras para blasfemar, me dijo, –Cayetano no olvides nunca que con quien tienes que estar bien es con Dios, con el Buen Jesús, nuestro Maestro, pero a los curas de todas las religiones los mandas a casa de una puta–. Mi madre, que no le gustaba que el abuelo blasfemara, le dijo: –no digas estas cosas al niño–, ya que era muy pequeño, entonces mi abuelo me dijo, –bueno a los curas los mandas a hacer puñetas–.

–Cayetano, ¿tuvo tu abuelo experiencias espirituales aparte de la tradición oral que te trasmitió?

–Claro que sí, es más, poco me hubiera dicho sobre estas cosas al igual que yo comento ahora, de no haber comprendido que el cristianismo del judío carpintero Jesús es vida y experiencia propia y no teorías y cuentos de curas; lo que pasa es que antes se vivía de manera más sencilla y mas espontánea, no se tenían tantos conocimientos como ahora, pero en lo concerniente a lo espiritual mi abuelo tenía bien claro que la vida cotidiana era un buen libro para aprender con mucha profundidad. Por eso me acuerdo que él siempre me contaba cosas de las que había vivido, como aquel día en la escuela en donde su profesor dijo: –el que me diga dónde está Dios, tendrá como recompensa una naranja- . Y el profesor fue preguntando a cada uno de la clase; por aquel entonces existía una cancioncilla que decía, "Dios está en el fuego y no se quema, Dios está en el agua y no se baña, ...etc.", y cuando llegó a mi abuelo éste le dijo, venga Nofret -Onofre en diminutivo- dime dónde está Dios. Y mi abuelo, que no tenía pelos en la lengua le dijo, la naranja es para usted si me dice dónde es que no está Dios-. El profesor se indignó con él pero quiso dejarlo en ridículo delante de toda la clase y le volvió a decir, -entonces Dios está en el patio de tu casa- no señor, Dios no está en el patio de mi casa, -cómo que no, dijo el profesor- no, porque en mi casa no hay patio. El profesor indignado se quejó al padre de mi abuelo y éste le soltó un bofetón delante de él, pero una vez que se hubo ido, le dijo su padre, que había hecho bien, que estaba orgulloso de él, aunque mi abuelo se acordó bien del bofetón.

Era difícil poder expresar con claridad aquello que todavía no se podía definir claramente por temor, pero en algunos momentos era difícil para mi abuelo aguantar la hipocresía social que hacía la religión y recuerdo que me contó que un día en semana santa, paseaban una figura de Jesús crucificado y vio que había un cura que iba con un plato pidiendo dinero para descolgar a Jesús; claro, la gente daba casi obligada, por el que dirán, etc., hasta que llegaron a donde vivía mi abuelo y sus padres y también les pidieron dinero para descolgar a Jesús, y mi abuelo no pudo callarse aquello y dijo en voz alta -¿dinero?, que no lo hubieran clavado ni colgado y así no necesitarían pedir dinero–. De nuevo su padre le propinó un bofetón delante del cura que junto con la gente le miraban mal, pero al pasar la procesión le volvió a decir, -les has pegado bien fuerte-; –sí, pero tú también me has dado a mí bien fuerte– dijo el abuelo.

Lo cierto es que mi abuelo siempre tuvo las ideas bien claras con respecto al Buen Jesús, como solía decirme, y del cristianismo práctico, aunque no dijera, como yo digo ahora, Iglesia Pobre, pero cuando murió su padre, recuerdo que me dijo que sus hermanos se disputaban la herencia y un día cogió a sus hermanos y les dijo; –Yo no quiero nada de la herencia, os la podéis quedar vosotros, os la vendo por dos décimos (un décimo era una pequeña parte de un real, que a su vez era una cuarta parte de una peseta); esto sorprendió mucho a sus hermanos, aunque algo así se esperaban de él pues ya sabían como era. Lo que sí sorprendió mucho esta decisión fue a las demás gente, amigos, vecinos, que tomaron a mi abuelo cómo a un chiflado, un tipo raro y loco.

Durante una temporada, antes de ocurrir todo esto y de nacer yo, mi abuelo Onofre bajaba de Sa Pobla o Santa Margarita con un hombre del pueblo de Santa Margarita y venían a Palma con un carro cargado de patatas y vendían las patatas en la calle. Pero un día éste de Santa Margarita le dijo: –Onofre, me parece que podríamos dejar esto; esto solamente nos da para comer; ven conmigo y haremos contrabando de tabaco con una gente que he conocido–, y mi abuelo le dijo: –No, yo no vengo, ves tú porque a mi no me va bien ensuciarme las manos con cosas raras–. Entonces mi abuelo decidió dejar a partir de aquel momento ese trabajo y se puso a trabajar de "bastaix", o sea, de mozo de cuerda, cordeles, etc., y aquel hombre se metió a hacer contrabando de tabaco con otros y venga a ganar dinero, y cada vez más y más, y aparte de tabaco otras cosas, etc. Este buen señor llegó a ser el famoso Don Juan March, el viejo que ya murió. Pero me acuerdo que mi abuelo me contaba que durante un tiempo, a causa de la gran necesidad que había, iba a la calle San Miguel donde vivían los March, ya que el viejo había dado la orden a los criados que cuando viniera "mestre Onofre" (que en aquel entonces llevaba una barba muy larga), siempre hubiera dispuesto por lo menos un duro, que en aquel entonces eran de plata. Pero eran tiempos muy difíciles... para los pobres y como era necesario mi abuelo decía: –Es que a mí me sabe mal ir a Ca’n Juan pero..., ahora tengo que ir– e iba disgustado. Pero no iba siempre porque el orgullo de mi abuelo no era de ir a pedir limosna a sus compañeros cada día. Pero cuando iba sabía que había seguro por lo menos el duro de plata.

Muchos años después de muerto mi abuelo, trabajando yo de yesero fuimos a hacer una gran reforma en Ca’n March, incluyendo una gran posesión conocida como Sa Vall (El Valle), un palacio cerca de la catedral de Palma y sobre todo a unas salas enormes las cuáles convirtieron en bibliotecas, y el encargado de los albañiles me dijo: –A ti Cayetano, que te interesa siempre ojear las cosas, ven, ven y mira esto; y me enseñó cajones llenos de libros y otros que habían por encima de las mesas preparados para poner en la biblioteca, muchos libros de historia de los chuetas, de judíos y muebles con la estrella de David, y candelabros de figuras, y...; se ve que la sabía bien larga este March. Está claro que se pasó y la propia república lo tuvo que juzgar. Pero dejando esto aparte, lo importante es tener bien claro lo de ricos y pobres, cosa que nosotros hemos tenido siempre presente, tanto mis abuelos, como los abuelos de mis abuelos, sus padres etc., siempre desde atrás. –¡No, no, sólo el trabajo!, porque si hacemos negocio, nos iremos haciendo ricos a costa del trabajo de los demás y esto, el Buen Maestro no lo quiere, porque Jesús de Nazareth que era el Buen Maestro, trabajaba de carpintero–, me decía mi abuelo.

Tenía yo unos 30 años cuando murió mi abuelo que en aquel entonces tendría unos 80 años de edad, mi hermano Pepe era un poco mas joven que yo, y como todo en la vida, ésta se compone de una de cal y otra de arena y a pesar de que yo apreciaba mucho a mi abuelo y era para nosotros como un padre, en algunas ocasiones le hubiera dado unos buenos azotes, ya que se pasaba un poco bebiendo"seca", más conocida como "cazalla"; no bebía más que esto. Pero, ¡caramba!, murió con toda su dentadura; era capaz de coger las almendras y partirlas con la boca; alzaba una tinaja enorme de beber agua con un solo brazo; cuando extendía los brazos nos podíamos colgar dos ó tres niños de cada brazo y nos aguantaba perfectamente; –si me abrís el puño, lo que encontréis dentro es para vosotros–, nos decía, y claro, si no aflojaba un poco no había manera de abrirle la mano, y luego encontrábamos dos céntimos, cuatro céntimos...

Así pues, las experiencias espirituales muchas veces ocurren de la manera más sencilla, ya que la vida vivida con sencillez es en si espiritual, que no hay que confundirla como hacen las religiones en religiosidad, o sea, ir a misa, confesarse, seguir normas, ritos, ceremonias, etc. He ahí pues que mi abuelo y también mi abuela me dijeran cosas como –si las cosas te van bien, da gracias a Dios, y si las cosas te van mal, da gracias a Dios–, o cosas como –si ves que el mundo va para mal y se rompe, no te preocupes, que Dios ya sabrá hacer otro porque Él es sabio en estas cosas–. Y esto no es resignación, sino comprensión de la grandeza de Dios, del Infinito Universo de la cual todos formamos parte.

Comprendo que en el transcurso de mi vida hayan pues querido comprarme, ya que quienes dominan la mente y la vida de las gentes, sobre todo las religiones llamadas cristianas, saben bien que el cristianismo auténtico no es beatería religiosa, ni ceremonias, ni costumbres, sino vida, y esta no se discute, se vive, pero no hace socios ni adeptos, ni cuotas.

Nunca olvidaré aquella vez siendo niño, por el año 1925 o 1926, cuando estos mismos señores de la religión católica que entregaban vales para buscar comida dijeron un día a mi madre: –si usted quiere nos podemos hacer cargo de la educación de su hijo; podrá ingresar en la escuela y su enseñanza será gratuita, luego mas adelante podrá cursar estudios y así entrar en el seminario a fin de que ud. pueda estar más tranquila y el niño tener su futuro asegurado.– Mi madre se dirigió a mí preguntándome lo que me parecía; lo único que recuerdo es que me puse a gritar como un loco, diciendo ¡yo no quiero ir, yo no quiero dejar a mi mamá!; y salí corriendo al patio para jugar con mis amiguitos. No insistieron mucho a mi madre, ya que a ella tampoco le hacía mucha gracia. Pero siempre me he preguntado el porqué estos señores de la religión católica fueron a mi casa, una casa de xuetas pobres no muy simpatizantes de su organización religiosa que digamos.

–Vemos que has perdido la visión del ojo derecho, ¿nos podrías decir si es de nacimiento o es de algún accidente en el transcurso de tu vida?.

No, no es de nacimiento sino de un accidente cuando era un niño. Y curiosamente este hecho ha sido para mi una de las cosas más importantes que me han ocurrido en mi vida, ya que gracias a esto hoy puedo contaros lo que os estoy contando. Fue un día que estaba con mis amigos jugando en la calle y tirábamos gravilla al aire para dar a entender que llovía y todo iba bien hasta que en una de las veces levanté la cara y una de las piedrecitas entró en mi ojo derecho cortándomelo y haciéndome una herida importante. Fui operado por aquel entonces pero acabé perdiendo la visión. Así que he tenido que trabajar toda mi vida de yesero con un sólo ojo hasta mi jubilación, que tuvo que ser antes a causa de la recomendación de los médicos que veían peligrar la salud también del otro ojo. Pero a pesar de la desgracia, más tarde pude comprobar que no fue tal desgracia sino una excusa importantísima que me salvó la vida cuando me llamaron a filas en la guerra civil española, cosa que os comentaré más adelante.

Pero lo importante es que comprendáis que no hay casualidades, todo tiene un motivo de ser y siempre se puede encontrar un punto de conexión con lo espiritual, con el Maestro, y así como yo recuerdo todo esto de mi vida y trate de destapar el cristianismo que vivo, vosotros podéis hacer exactamente lo mismo con vuestra vida, ya que el Maestro no hace acepción de personas y a todos nos da lo mismo, experiencias que vivir y que descubrir.

Un Sueño Iniciático en el Astral

Resulta difícil comprender los motivos y la fuerza que empuja a un ser humano a mantener una postura firme y en algunos casos considerada utópica dentro de un mundo como el nuestro, cambiante y generalmente manipulado por la diversidad de pensamientos e ideologías de índole político, social y sobre todo religioso. Es indudable que cada ser humano es un mundo aparte en donde la persona establece sus propias necesidades vitales, condicionada por el momento que vive, las circunstancias, etc. Pero también es indudable que todo ser humano posee la fuerza interior como para superar cualquier condicionamiento, cosa que muy pocos la ejercen ya que es más cómodo delegar esta función a individuos a sueldo, que potenciar esa Fuerza Vital que Cayetano llama el Cristo, desde el compromiso interior de cada uno.

Cayetano Martí es una de esas personas que no son propicias a delegar su autoestima a nadie, sin embargo vamos comprobando que es un caudal de sinceridad hacia quien le abre su corazón también con sinceridad. Por lo visto esto también forma parte de su inseparable historia humana, que desde los 16 años le ha ido acompañando en sus reuniones informales y en esa pubertad dedicada libre y exclusivamente a un fin concreto que poco a poco nos va desvelando.

Hechos trascendentes para un espíritu inquieto como los que nos relata a continuación, van conformando la personalidad de Cayetano, unos hechos que si bien muchas personas pasan por alto sin darles más importancia que la curiosa anécdota, para él han constituido todo un caudal de fuerza y estímulo que dan sentido a su legado espiritual, al cristianismo judío de un chueta pobre.

–Fue a partir de aquellas sencillas reuniones en una vieja casa de la calle San Miguel donde empecé a comprender lo importante que era para mi expresar todo cuanto mi abuelo me había contado y lo que dentro de mi sucedía, además de las experiencias que se estaban destapando cada vez mas claramente en mi vida. –Venga Cayetano, suéltate y predica, me decía, y no tengas miedo de hablar de nuestro Maestro, el Bon Jesús–; era pues mi abuelo en aquellos momentos mi manager.

De esta manera y con nuestra familia empecé a dar charlas, hasta que poco a poco empezaron a venir algunos vecinos y amigos. Siempre fue algo muy sencillo y distendido y si bien mis conversaciones eran sobre las palabras del Maestro Jesús, en algunas ocasiones y siempre entre familia, celebrábamos simbólicamente el Shabat comiendo un poco de pan y vino, pero eso era todo. Era el simbolismo sencillo de un recuerdo del pasado que no tenía más importancia que la del momento, y más en un lugar condicionado históricamente por el catolicismo romano. No podemos olvidar que Jesús, el carpintero de Nazareth era israelita, mal le pese al judaísmo religioso y al catolicismo romano.

Pero luego estalló la guerra civil española y estando yo en la cruz roja nos llamaron a todos y nos presentamos en el cuartel del Carmen, pero antes pasamos por un tribunal médico teniendo yo este ojo así, –venga, venga, útil–. Nos metieron en un barco en donde estaba lleno de gente lisiada, pero gente pobre, ya que me acuerdo bien que cuando estábamos en el tribunal médico, delante de mí había uno que lo dieron por inútil y veía más que yo, pero era hijo de un médico, y bien que me acuerdo. Pero a causa de lo del ojo, la guerra, etc., y con esto del astral, el Maestro, yo decía a mi madre antes de partir, –tranquila que todo encaja, no pases pena de nada– y me llevaron a Guadalajara. Estuve dos o tres meses en las montañas y sólo hubo un ataque (yo disparé un montón de veces, pero al aire, nadie se enteraba pues se podía disimular muy bien), y una mañana estaba con los ojos cerrados, había nieve y mucho frío y de repente dije –"He, me voy a Mallorca", y es que había visto a mi abuela que me decía "no pases pena, que ahora vendrás" pero desde el astral, medio atontado y de pié, dentro de la trinchera. Al haber dicho esto me vi rodeado de aquellos soldados, que me encañonaban, ya que la consigna era que si alguno huía y no disparabas contra el, te pegarían un tiro a ti, ya que había quienes se pasaban al bando que llamaban rojo y para asegurar que esto no ocurriera ponían un soldado, un falangista, un moro y salteando así la cosa. Así pues vino un oficial, me tocó la frente y pensó que tenía fiebre; me bajaron de la montaña y me llevaron a un médico que al verme el ojo operado se extrañó mucho de que me hubieran enviado al frente, ya que al tener el ojo operado me era muy difícil disparar. Por miedo a este fallo me enviaron a Sigüenza y al llegar allí ya habían dado la orden de atacar y empezaron a llegar ambulancias. Vi a un chico del Pont d’Inca de Mallorca al cual había conocido en aquellas circunstancias que ya había muerto, aquel oficial que me había enviado al médico también estaba muerto y prácticamente casi todos habían perecido en el ataque. Luego me enviaron a Mahón, en Menorca, pero como camillero y así poco a poco menguando la cosa hasta que acabó todo.

Gracias pues al accidente que de niño tuve y con el cual perdí el ojo, años más tarde pude salvar la vida y continuar predicando el cristianismo chueta en las reuniones de mi casa, cosa que jamás he pensado que fuera una casualidad ya que siempre he confiado más en el Buen Maestro, el Cristo Universal que en las casuales circunstancias de la vida, que por otro lado no son tan casuales cuando Dios que lo sabe todo, sabe el futuro y por tanto lo que nos tiene reservado en el.

–A partir de qué momento fuiste consciente de tu realidad espiritual frente a las estructuras organizadas llamadas religiones?

Desde niño, desde que mi abuelo empezó a aleccionarme sobre la vida y ante todo sobre nuestro Rabí Jesús. Lo que pasó es que después de la guerra los ánimos se calmaron y empecé a trabajar de nuevo, que por cierto yo era muy tímido y era mi madre la que en muchas ocasiones tenía que hablar por mi para todo, y continuaron empero las reuniones en mi casa ya en la calle San Miguel, en una casa muy deteriorada que para acceder había que subir unos escalones, como había dicho antes. Cambiaron algunas circunstancias exteriores, hechos sobre todo políticos, pero todo seguía igual, la pobreza, el clero católico dominando el país, etc., pero yo insistiendo con el cristianismo pobre del carpintero y en sus sencillas enseñanzas.

Fueron a partir de aquellos momentos cuando expandí más mis reuniones, en la calle San Miguel y venían a escuchar mis sermones más gente. Recuerdo que el tranvía pasaba por delante de nuestra casa y luego bajaba hacia la calle de los Olmos dando curva y el guardia que vigilaba aquella zona, como no había tanto tráfico como ahora, en muchas ocasiones decía a mi madre –¿ya predica otra vez su hijo?–, –sí, ha comenzado ya–, y mientras tanto se sentaba en los escalones de la casa; también en ocasiones el conductor del tranvía, antes de girar para de desviarse a la calle de los Olmos, paraba unos segundos la máquina para escuchar, ya que en aquellos momentos yo gritaba mucho y se me podía oír incluso desde la calle, ya que no cabían en nuestra casa que era muy pequeña y algunos tenían que escuchar mis palabras sentados como el guardia, en la escalera.

De entre la gente que venía estaba Luis Pomar, conocido como el veterinario, un hombre alto, robusto que cuando venía a mi casa subía los escalones de un solo salto, claro que era más joven que ahora como lo era yo. Un día vino y vio que mi madre remendaba unas sábanas y le dijo de manera campechana: –¿qué hacéis madona?–, –cosiendo esto que está roto–. Y sin decir nada se fue y al cabo de unos minutos volvió con unas sábanas nuevas y le dijo a mi madre, –tomad esto y dejad de coser que os vais a gastar la vista– luego empezamos a hablar de cosas, pues también era muy inquieto este hombre.

Pero también recuerdo que en muchas ocasiones a las reuniones de mi casa venían camisas viejas, o sea, la falange a oirme, supongo que para controlar la situación y para ver qué es lo que pasaba pues se vigilaba mucho todo esto por si se formaban grupos políticos. Igualmente venían sacerdotes, con sotana incluida, también para vigilar, –Cayetano, venimos a escucharte,– me decían. Pero nunca encontraron en mí a un adversario en el sentido político, pues siempre he tratado de dar a entender el cristianismo pobre del Maestro Jesús y claro está que jamás pudieron tener a Cayetano como a un enemigo.

Por el contrario, recuerdo que viviendo en la calle San Miguel, en esa casa vieja en la que inicié mis charlas, un día vinieron unos jesuitas e intentaron comprarme, ofreciéndome un buen puesto de trabajo, dentro de su organización religiosa, pero con la condición de dejar de predicar este cristianismo pobre, obrero y judío. Ya empezaba a tener claro lo de genio y figura hasta la sepultura y siempre he sido muy testarudo como lo era mi abuelo. Pero este hecho se ha repetido varias veces en el transcurso de mi vida; rabinos, pastores protestantes e incluso con testigos de Jehová, estos últimos me llegaron a decir que cobraría con dólares. Pero jamás he podido renunciar a este cristianismo pobre y chueta que siempre he vivido, y mucho menos vender mi primogenitura por un plato de lentejas, a pesar de seguir circulando las treinta monedas con las que muchos todavía siguen vendiendo al Maestro.

Un día el Maestro, desde el astral, me enseñó un círculo de hombres vestidos de sacerdotes de diferentes formas, o sea, de distintas religiones, y en medio del círculo un sombrero de paja en donde todos depositaban una moneda; el Maestro me dijo que también pusiera yo una moneda y le dije que sólo tenía una peseta, y así hice, depositándola en el sombrero de paja. –¿Y esto qué es Maestro– dije, -Ya te lo diré, respondió el Maestro, ahora ve tranquilo–.

Lo cierto es que pasó un tiempo y un día vino un amigo mío, Joaquín Ballester, al que conocía desde niño de cuando vivíamos en la calle de los Olmos y me comentó que en esa misma calle había una iglesia protestante. A mi aquello me vino de nuevo porque no sabía nada de estas cosas ya que solo habíamos conocido como cosa organizada el catolicismo y nada más. Fuimos pues y en un pisito estaba la supuesta iglesia de la cual me hablaba mi amigo, tocamos y nos abrió un señor que al preguntarle si aquello era una iglesia protestante, nos contestó que era la Iglesia Evangélica de los Hermanos de Plimount. Yo le dije que era Cayetano y me contestó que me conocían, seguramente por mis reuniones en casa. Éramos pues muy jóvenes por aquel entonces acabada la guerra, pero nos presentamos el domingo siguiente sobre las once de la mañana llenos de intriga y entramos a una pequeña habitación en donde había unas pocas personas reunidas tomando un poco de pan y vino y así fue como conocí a los Hermanos de Plimount. Estos "hermanos" me dieron una tarjeta para conocer a otros que estaban en la calle de Murillo, que eran los metodistas, que acabaron fusionándose con la Iglesia Evangélica Española, y empecé así a estudiar la Biblia con todos cuantos iba conociendo, también la estudié con algunos curas católicos y con uno que era chueta, este último casi siempre me hacía callar, era sacerdote de la Iglesia de San Magín y había dirigido al grupo de trabajadores de la OOAC (Organización Obrera de Acción Católica).

Entonces comprendí lo del sueño que había tenido y vi claramente la necesidad de conocer todo aquello para poder "comparar" el cristianismo pobre y judío que conservaba mi familia con las denominaciones religiosas que bajo el nombre de cristianas aparecían en el mundo, en España y concretamente en Mallorca. Había tenido un sueño iniciático en el astral, si comprendemos que la palabra iniciático viene de iniciar, o sea, empezar un camino, un camino de comprensión y de descubrimiento autodidacta sobre el mundo y la vida.

Por aquel entonces me presentaron a Antonio Pons, historiador y sacerdote católico que escribió la "Historia de Mallorca" al cual no tenía por chueta, pero con el que mantuve intensas conversaciones sobre el tema del cristianismo judío y claramente le presenté el tema del cristianismo de mis antepasados xuetas. –Claro que sí, esto es así como tú dices, me comentaba, pero yo que escribo la historia no puedo decir lo que tú me dices..., no tengo pruebas, pero aún así estoy contigo–. Siempre trataba de desviarme la conversación al tema del judaísmo religioso y en alguna que otra ocasión me invitó a cenar con periodistas y rabinos, pero yo siempre le insistía en lo mismo, ricos y pobres, "oreja alta y oreja baja", pero él insistiendo con el judaísmo religioso y claro, chocábamos continuamente.

Fueron años de un continuo ir y venir dentro de las denominaciones religiosas, ahora con unos, ahora con otros, estudiando a fondo las grandes contradicciones existentes entre ellos mismos y todos en su conjunto con el cristianismo pobre e israelita del carpintero Jesús de Nazareth. Mi madre, mujer temerosa y cauta, no podía comprender el porqué hacía todo aquello, a pesar de que trataba de explicarle lo más comprensiblemente el motivo; en ocasiones me expresaba su preocupación a causa de las habladurías sobre mi, si estaba loco, chiflado, etc., y acababa expresándome cosas como que "no era ni carne ni pescado" y "¿qué ganas predicando estas cosas?". Pero aquella inquietud se iba aclarando más y más a medida que pasaban los años.

Durante los años de post-guerra hasta bien entrado los sesenta dentro de la dictadura de Franco, mis reuniones en casa no cambiaron en absoluto, seguí realizando mis charlas sobre El Maestro, el Cristo, y al mismo tiempo manteniendo una intensa relación con distintas confesiones religiosas, cuyos dirigentes con el tiempo acababan viéndome con reparo e intriga. No obstante, llegué a cartearme varias veces con la Reina Isabel de Inglaterra a través de su Gabinete como cabeza visible de la Iglesia Anglicana con la que mantenía en aquellos momentos relación; también mantuve correspondencia durante bastante tiempo con los cuáqueros de Barcelona e Inglaterra, hasta que llegó un punto en que establecí con este contacto la formación del primer grupo cuáquero en Mallorca sobre 1966, algo que el historiador mallorquín Mascaró Pasarius reflejó en su Historia de Mallorca de 1978; pero antes de que ocurriera este hecho de los cuáqueros produjo un tanto de crispación a la dictadura en la isla y por este motivo en varias ocasiones fui llamado a comisaría, ya que a través de mí se enviaban desde Inglaterra paquetes de ropa, zapatos y prendas de vestir en general para ser repartidos entre la gente más necesitada. Durante una larga temporada fui requerido constantemente por el comisario Sr. Lladó, el cual acabó diciendo a sus empleados que allí donde hubiera una reunión y me encontrara yo, que me dejaran tranquilo, que no pasaba nada.

Pero el temor era muy grande por parte de aquellos grupos protestantes que veían como la dictadura les coartaba su libertad de practicar las distinta y variadas formas religiosas que se importaban en su gran mayoría desde Norteamérica. Mormones, testigos de Jehová, pentecostales, adventistas, novo-testamentarios, ciencia cristiana, y un largo etc., de agrupaciones con las cuáles mantuve relación; fueron suficientes algunos meses de relación en cada una de ellas para conocer y comparar la clase de cristianismo organizado que se ha fabricado en torno del obrero Jesús, el carpintero judío de Nazareth.

Durante este tiempo de iniciación e investigación de la llamada cultura judeocristiana, conocí una chica que trabajaba de cocinera en casa de unos abogados. No tardó mucho cuando decidimos casarnos, pero la gran pega en aquel momento era que no pretendíamos hacerlo por el catolicismo sino civilmente, como ocurría en otros países como Inglaterra, Francia, Norteamérica, etc., pero el gobierno franquista no permitía este hecho ya que el catolicismo se implantó como la única vía posible para llevar a cabo el matrimonio. Así pues, ni corto ni perezoso escribí una carta a Franco exponiéndole nuestro caso y pidiéndole que facilitara el matrimonio civil en España, como ocurría en otros países. Recuerdo que el pastor de la iglesia evangélica de Palma temblaba cuando le comenté lo que había hecho, "nos encerrarán a todos, nos fusilarán por rojos" me comentaba todo asustado. –Tranquilo, no pasará nada–, le decía para calmarlo.

Lo cierto es que pasaron algunos meses desde que escribí y nada ocurrió, no me contestaron ni me encerraron, y un día este mismo pastor evangélico me vino todo asustado y sorprendido con el Boletín Oficial del Estado en la mano y no podía leerme lo que había sido publicado que era algo así: "Toda pareja que desee casarse fuera de la religión católica, a partir de la fecha dispuesta en el boletín podrán hacerlo siempre que pertenezcan a alguna denominación religiosa que no sea católica".

El pastor evangélico no daba crédito a lo que había ocurrido y no dejaba de dar saltos de alegría, pero una vez calmado me dijo que ya no me preocupara, que nos podía casar tranquilamente en la iglesia evangélica y todos contentos.

Y así lo hicieron, Magdalena Moll y Cayetano Martí fueron una de las primeras parejas que se unieron ante un juez en los juzgados de Palma de Mallorca sobre el año 1945, un juez que no podía comprender lo que estaba pasando en aquellos momentos y en una isla llamada Mallorca, cuyo cristianismo judío estaba surgiendo desde hacía años a través de un chueta obrero al que muy pocos comprendían.

 

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