Al iniciarse el tercer milenio, hemos tenido la oportunidad de presenciar uno de los anuncios en el ámbito científico-tecnológico probablemente más importante en la historia de la humanidad, comparable solamente con la llegada del hombre a la Luna o a la explosión de la primera bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. Este es el Proyecto Genoma Humano, (PGH), iniciativa que comprometió a miles de científicos en cientos de laboratorios de investigación repartidos por todo el mundo. Por más de 15 años, trabajaron para llegar a descifrar la secuencia completa de bases nitrogenadas que forman parte del Genoma Humano. Esta ardua labor, ha permitido lograr un enorme avance en el conocimiento de la información contenida en esta secuencia, lo que para algunos autores de artículos sobre el tema, representa conocer ni más ni menos que "el libro de la vida". (1)
El estudio del genoma y de sus potenciales aplicaciones, tiene implicaciones tan amplias, que alcanzan ámbitos muy variados en áreas sociales, económicas y culturales, aparte de aquellas propias de las ciencias biológicas. Algunas de sus consecuencias pueden ser muy beneficiosas y otras probablemente dañinas para las nuevas generaciones. Por esta razón, es necesario considerarla un tema transversal para nuestra generación y también requiere lograr involucrar a toda la sociedad en su conocimiento y en consecuencia, ser discutida en todos los espacios que esta sociedad ofrezca y si no es así, los sectores involucrados en el tema deben generarlos.
La importancia que tiene esta iniciativa para la humanidad es tan grande, que la UNESCO no ha dudado en declararla Patrimonio Universal de la Humanidad, evitando así, al menos nominalmente, que empresas y agencias involucradas pudieran apropiarse del nuevo conocimiento e incrementar así, la actuales barreras que separan a los países desarrollados de los más rezagados.(3)
Origen del Proyecto Genoma Humano (PGH)
Las actividades propias del Proyecto Genoma Humano, se inician alrededor del año 1984, cuando el biólogo molecular Robert Sinshheimerm, en ese momento Rector de la Universidad de California en Santa Cruz (EE.UU), planteó la idea de fundar un instituto para secuenciar el genoma humano. Esta iniciativa había surgido varios años antes como proyectos institucionales en muchos estados y universidades de aquel país, fundamentalmente motivados por los grandes recursos económicos que atraería la iniciativa.
En forma independiente apareció también interesado en el tema, el Departamento de Energía de EE.UU. (DOE), institución gubernamental que estaba interesada en estudiar los efectos que potencialmente producirían en la genética y en las mutaciones del material genético, las actividades experimentales de sus programas nucleares, tanto militares como civiles.(4)
El PGH en su comienzo, enfrentó a dos grupos diferentes de científicos: por un lado, los biólogos moleculares de universidades y por otro, aquellos de los institutos de investigación del NIH (National Institute of Healt), organismo estatal que recibía casi todos los fondos federales destinados a la investigación biomédica. En lo fundamental, la disputa se centró en la preocupación de los científicos por la magnitud y costos de la empresa. En efecto, aunque no existía ninguna duda que la iniciativa representaría un avance importante en la ciencia de la vida, existían fuertes discrepancias en términos de definir las vías más adecuadas para lograr los objetivos propuestos. Para ubicarnos " ma- terialmente" en el tema, consideremos solamente que para comenzar a desarrollar el Proyecto, el NIH destinó 28,2 millones de dólares para el período 1988-1989 y el DOE, sólo 10 millones menos. Por su parte, el gobierno de EE.UU. comprometió recursos por 3.000 millones de dólares para 15 años de trabajo y dispuso que un porcentaje de los aportes internacionales obtenidos para estas investigaciones, se canalizara al estudio de los aspectos éticos y las repercusiones sociales del PGH.
En el año 1988, el biólogo molecular James Watson (coautor y Premio Nóbel de Medicina en 1953 junto a Francis Crick por generara un modelo estructural de la molécula de ADN), asumió como Director Ejecutivo de la Investigación del Genoma Humano en el NIH. Al asumir el cargo, se firmó un acuerdo con el DOE mediante el cual ambas instituciones se comprometían a cooperar en la investigación del genoma. De este modo, el Proyecto Genoma Humano de los EE.UU., iniciaba su marcha con el liderazgo del NIH en lugar del DOE.
El interés del resto de las naciones creció en forma notable, muchas de ellas motivadas fundamentalmente por no quedarse atrás de EE.UU. en un tema de tanta trascendencia. En un Congreso de Científicos realizada en Cold Spring Harbor (EE.UU.), los investigadores asistentes decidieron fundar la Organización del Genoma Humano (HuGO), cuyo objetivo fundamental fue coordinar los trabajos en el tema realizados en el ámbito internacional y para evitar repeticiones y solapamientos. El primer director de esta naciente organización fue el genetista norteamericano Víctor McKusic, reconocido investigador que se ha destacado mundialmente por sus importantes aportes al conocimiento en el campo de la genética humana a nivel clínico. Al primer director de HuGO, le sucedió el investigador inglés sir Walter Bodmer, en ese momento director del Fondo Imperial para la Investigación del Cáncer.
En otro hito importante del PGH se sitúa en el año 1994 cuando un ex investigador de uno los centro del NIH, Craig Venter fundó, con un financiamiento mixto, el Instituto para la Investigación Genética (TIGR), institución que se destacó rápidamente en la opinión pública, porque dio a conocer en 1995, la secuencia nucleotídica del primer organismo completo que se publicó: la de la bacteria Haemophilus influenzae con 1.8 Mb (mil ochocientos pares de bases) que forman parte de 1.740 genes.
En el mes de Mayo de 1998, se estableció comercialmente la primera empresa relacionada con el Proyecto: CELERA GENOMICS, empresa que surge por la unión de TIGR con Applied Biosystem y simultánemente se concreta un join venture entre estas empresas para comercializar los resultados de sus descubrimientos.
La aventura por secuencia el genoma humano se transformó en una actividad frenética en todos los laboratorios que estaban trabajando en el tema. Se trataba de secuenciar trozos de cromosomas humanos y rápidamente incorporar sus secuencias a las bases de datos de HuGO, para atribuírselas y luego poder patentarlas.
Aunque no lo había mencionado anteriormente, desde los inicios del PGH, se acordó desarrollarlo a través de dos vías independientes, pero relacionadas y ambas esenciales:
1. SECUENCIACIÓN: actividad relacionada con la definición de la posición en que se encuentran dispuestos los nucleotidos (cada uno conteniendo una de las cuatro bases nitrogenadas propias del Acido desoxirribonucleico) en la molécula de ADN.
2. CARTOGRAFIA O MAPEO GÉNICO: procedimiento que consiste en la localización de los genes en cada uno de los 23 pares de cromosomas del ser humano. Esta etapa tuvo su primer cierre en 1998, y cada día recibe nuevos aportes, que aunque menores, incrementan notablemente el conocimiento sobre el tema.
Más recientemente, el 6 de Abril del año 2000 se anunció públicamente que se había terminado el primer "borrador" conteniendo la secuencia competa del genoma humano y la localización de los genes en los cromosomas.
Finalmente el día 15 y 16 de febrero de 2001, las dos más prestigiosas revistas científicas norteamericanas, NATURE y SCIENCE, publicaron la secuencia definitiva del Genoma Humano, con u 99,9% de confiabilidad y casi un año antes de lo que se había presupuestado y prometido.
Características del genoma reveladas por el Proyecto Genoma Humano.
El PGH se planteó inicialmente como objetivos los siguientes:
Con relación los objetivos propuestos inicialmente en el PGH, podemos afirmar que se ha logrado establecer que:
Antecedentes históricos de la Bioética
La bioética es una disciplina que tuvo su origen en el último cuarto del siglo pasado, intentando establecer un nexo entre la biología y las humanidades. En el mes de septiembre de 1992, se efectuó una reunión en la Universidad de Washington (Seattle, EE.UU.) para celebrar el trigésimo aniversario del nacimiento de la disciplina, situando este comienzo, con la publicación de un artículo en la revista norteamericana "LIFE" que refería el trabajo de un comité de esta ciudad norteamericana, creado con la misión de seleccionar pacientes para ofrecerles un tratamiento nuevo: la hemodiálisis de pacientes con insuficiencia renal terminal, gracias al invento de la conexión y la cánula arteriovenosa del médico Belding Scribner. Luego de transcurrir muy poco tiempo de que se hiciera público la existencia de esta nueva tecnología, las autoridades de salud de la ciudad de Seattle, pudieron constatar que las personas que requerían la aplicación del tratamiento, superaban largamente las disponibilidades reales de atención y por ello decidieron formar este comité que fue integrado por personas preferentemente del ambiente no-medico y a quienes se les encargó seleccionar a los beneficiarios de esta intervención juzgando sobre la base de otros antecedentes que no fueran los clínicos (dado que por antecedentes clínicos, todos merecían la atención). El artículo al que se hace mención, se tituló: "They decide who lives, who dies". Este articulo merece ser considerado un muy importante hito en la historia de la Bioética, ya que describe la constitución de un comité anónimo no-medico que tomó decisiones cruciales respecto a la vida, la muerte y el destino de personas y además revela la constitución de un comité de no-expertos que comparte decisiones que tradicionalmente eran tomadas por profesionales médicos(6).
Esta historia constituye la primera vez en que se describe un acontecimiento en el ámbito de la Bioética y es descrito por Albert Jonseu, un profesor de ciencias sociales de la universidad de Washington en Seattle y revela el asombro que causa a un profesional extraño a la profesión médica, que las decisiones cruciales se vuelvan colectivas y dejen de ser individuales , que se concreten a través de comités dialogantes y que no-médicos tengan influencia en ellas. Surge a partir de la situación descrita, un hecho trascendente: el paciente empieza a gozar de privilegios de las minorías. La reflexión de este profesor es que la tecnología en y por si misma no es importante, sino que lo es cómo siente la gente que debe responder a la tecnología.
Un segundo episodio clave en la historia de la Bioética, proviene de un artículo publicado en 1966 en la muy conocida y prestigiosa revista medica New England Journal of Medicine. En ella su auto, Henry Boecher, profesor de Anestesiología de Harvard School of Medicine, declaró como no éticos, doce de cien artículos consecutivos publicados desde 1964 por una excelente revista médica. Este antecedente desató una ardua polémica entre los médicos, ya que mostraba transgresiones a los derechos humanos perpetrados en nombre de la ciencia y que podrían compararse con los cometidos por el régimen nazi en Alemania. El gran impacto causado por este artículo, adquiere relieves notables ya que éste no es un asunto que se discutía habitualmente en la época en las revistas profesionales.
Un tercer antecedente en respaldo a la discusión bioética, se sitúa en el año 1967 cuando el cardiocirujano sudafricano Christian Barnard realiza su primer trasplante del corazón en un hospital de Ciudad del Cabo. Aunque hay que reconocer que la práctica de trasplantes de órganos en humanos se realizaba desde hace unos 15 años, la diferencia en este caso, es que por primera vez se trata de trasplantar un órgano para lo cual se requiere la muerte del donante. Este aspecto del procedimiento abarca varios temas, desde la intención del muerto de donar los órganos hasta definir jurídicamente el momento de la muerte y la "obligación" de mantener en buen estado al donante hasta el momento de materializar la operación. En 1968, una comisión reunida en la Universidad de Harvard para discutir sobre el tema y que presidió el propio Boecher, propuso aceptar la noción de "muerte cerebral" (electroencefalograma plano después de transcurrir horas desde el cese de la actividad cardíaca). Este criterio ha sido ampliamente aceptado hasta nuestros días, aunque existen sostenedores y detractores.
Desde la década de los 60’, se han agregado nuevos temas a la discusión y muy probablemente la historia de la bioética seguirá recibiendo "nuevos aportes". Así en el pasado más reciente se han escrito libros sobre el tema como el de Joseph Fletcher, "Morals and Medicine" (1984) y de Paul Ramsey, "The Patient as Person" (1970). No se puede dejar mencionar tampoco la discusión de temas trascendentales como el del "consentimiento informado" que asiste al paciente sometido a un determinado tratamiento o intervención medica, la diferencia entre vida consciente y vida vegetal (caso Quinlan en 1976), el derecho de la mujer al aborto en el caso Roe versus Wade, el mal uso de personas incapaces de defenderse, como el famoso caso Tuskagee Syphillis Study y muchos otros, ampliamente reseñados por los medios informativos en EE.UU.
En otros países la situación no es diferente, tal vez los antecedentes no han sido discutidas públicamente, pero no debemos olvidar que en muchas naciones como la nuestra, han existido prácticas muy discutible en el ámbito médico y que ha resultado en que algunas de ellas al ser sometidas al debate público, han sido encubiertas por organismos que obedecen a intereses de diversa índole, como por ejemplo, la protecciones de sectores gremiales a sus asociados.
La Bioética en el Proyecto Genoma Humano.
Aunque la historia y evolución de la bioética está íntimamente ligada a la actividad médica, en la actualidad somos testigos de su aplicación en el ámbito de la investigación científica relacionada. En efecto, como lo describí al comienzo de este ensayo, una de las áreas del conocimiento biológico que ha tenido el mayor crecimiento, es el relacionado con aquella generada por Proyecto Genoma Humano.
En este sentido, los conocimientos genómicos derivado de este Proyecto, se están traduciendo en mejores métodos diagnósticos que se basan en análisis directos del ADN, que se emplean para confirmar una sospecha clínica de una patología de naturaleza genética y también para el diagnóstico prenatal en el caso de embarazos en que se sospecha la existencia de riesgo reproductivo, es decir, gestación de un ser humano portador de alteraciones morfológicas o funcionales que incluso podrían poner en riesgo su propia existencia y/o la de su madre. También es factible aplicar estas técnicas, a niños y adultos asintomáticos para resolver si pudieran haber heredado de algún progenitor una mutación causal de una enfermedad genética que se desarrolle en el futuro. Otra de las posibilidades derivada de este conocimiento, es que se detecten mutaciones que favorezcan una predisposición genética a algunas patologías, como el cáncer de mama, enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, o la predisposición a la arterioesclerosis coronaria. Sin embargo, como plantea Penchaszadeh (7), aún cuando esta visión parece prometedora en la resolución de algunas enfermedades, no debemos perder la perspectiva que en este momento no se vislumbra con claridad que este conocimiento genómico se traduzca en medidas preventivas y terapéuticas efectivas y eficaces. Así planteado el tema se percibe entonces, una importante brecha entre la capacidad diagnóstica y predictiva por un lado y la falta de intervenciones preventivas y terapéuticas por otro, del conocimiento genómico, identificados como conflictos éticos surgidos del Proyecto Genoma Humano.
En otras de las áreas donde se ha visto aplicado el conocimiento derivado del PGH, es en el asesoramiento genético a individuos y a parejas en riesgo de padecer o trasmitir una enfermedad genética a sus hijos. Este tema también a concitado el interés de los expertos en bioética y se han establecido principios éticos en su practica y que incluyen:
Los reales alcances del PGH, sin embargo, han generado ansiedad en el público y también en ciertos sectores de profesionales médicos, debido fundamentalmente a la falta de conocimientos de algunos médicos y la mistificación de la genética generada por los medios de difusión. Esta desorientación de los médicos, se traduce en algunos casos en la indicación de pruebas genéticas cuyo valor y/o perjuicios para los pacientes o sus familias, desconocen. Esto ha determinado la creación de Comités de Pruebas Genéticas en varios países, cuyo objetivo es efectuar una muy estricta supervisión sobre la introducción de análisis de tests de este tipo en el mercado. En adición a este problema, no debemos desconocer que también existe un sector que ejerce una presión muy fuerte en la controversia sobre el tema para introducir nuevas pruebas o tests, estos sectores responden a los intereses de la industria farmacéutica, algunas de las cuales son también "dueñas" de la información genómica del PGH, información que han "adquirido" al contribuir a financiar las investigaciones de los grupos de investigadores en muchos países de Europa y Norteamérica, a poco de iniciarse las actividades del Proyecto
Otro problema ético de primera importancia que se ha generado a partir del PGH, es el patentamiento de genes y secuencias génicas por parte de compañías biotecnológicas, universidades y gobiernos. Este es un tema que debe recibir una crítica ética particular, ya que transforma un conocimiento "natural" en una posible reserva de mercados para posteriormente explotarlos comercialmente. Estas prácticas, han afectado la competitividad de la investigación y la libertad de acceso al conocimiento y sin duda a los posibles beneficios médicos de la genética humana, sin marginar el hecho que muchos de los recursos invertidos provinieron de fondos estatales, es decir, del dinero de los contribuyentes
Como toda actividad humana, la investigación del genoma humano y sus aplicaciones médicas, que ya aparecen tan vastas, ocurre en contextos sociales e históricos determinados. Si examinamos el contexto mundial de hoy, no cabe duda que su principal característica es la desigualdad social y económica, las enormes distancias que existen entre países ricos y pobres y dentro de las propias naciones, entre minorías ricas y mayorías pobres, situación que se presenta tanto en países desarrollados como en los llamados "en vías de desarrollo". Esto va a producir una inequidad en el acceso a los benéficos del saber médico, derivado del PGH.
Un planteamiento que talvez provoque discusión, es que las consecuencias o productos del PGH, están generando tensiones éticas que corresponden a la aplicación de una tecnología que como hemos visto, hasta ahora sólo ofrece ayuda en materia diagnóstica y de predicciones poco definidas y con resultados poco claros en el tratamiento de muchas patologías (terapias). Afortunadamente esta situación está cambiando lentamente y cada día surgen nuevas acciones terapéuticas en un contexto de patologías en todo caso, hasta ahora limitado.
En un artículo ya citado, Penchaszadeh (7) termina planteando necesidad absoluta de desmistificar a la genética en la "mente del publico y de los profesionales de la salud para asegurar que la tecnología genética se aplique efectivamente para el bienestar y la salud de la gente y no para beneficio de grandes corporaciones." La pregunta es quién debe tomar esta responsabilidad. Personalmente creo, que la primera línea debería estar formada por los investigadores en genética humana y luego el resto de la comunidad científica, en la medida que demuestren experiencia en algunos aspectos de este tema. Una gran acción de este sector, podría ser contribuir en la formación o el perfeccionamiento de profesores de ciencias o en la enseñanza directa a estudiantes de educación media, a través de charlas o de visitas guiadas a los laboratorios de investigación como una forma de motivarlos a discutir e investigar sobre el tema. Por otra parte, debería ser un aporte importante para motivar la discusión ilustrada del tema en nuestra sociedad, el incorporar los temas del ámbito de la bioética en los programas de la enseñanza básica y media del país.
291(5507):1219-1222. 2001.
Prof. Hector Diaz Bórquez
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